¡Heeey, hola nuevamente!

Ufff, yo sé que ha pasado muchísimo tiempo desde que actualicé por aquí ;_; y de verdad me disculpo por eso. Ya saben que ser universitario no es fácil, puesto eso es lo que principalmente me alejó de estos lares. De ahí, no hubo día que no deseara pasar a dejarles aunque sea un capítulo, asldjkdaslas.

Los extrañé mucho, así que espero que disfruten éste capítulo. Ah, todo es tan sad ahora por aquí, espero no se desesperen, ya saben que me encanta el angst, jajaja xD.


El ambiente lejos de sentirse incómodo o tenso por el silencio en que se vieron sumidos, ya que Kagami no pudo seguir hablando, se sentía… tranquilo y contenido. Como si fueran dos globos que estaban llenándose lentamente de aire, mientras se veían a los ojos, hablándose con la mirada como solo los enamorados lo hacían. Y se entendían, aun así las palabras eran necesarias, pues ellos dos necesitaban esa plática, era justo para ambos por todos los hechos que habían pasado desde hace dos años y que lastimosamente cambió sus caminos juntos, pero que de todos modos no hizo que sus sentimientos cambiaran, para nada.

Himuro bajó su mirada al anillo que colgaba de la cadena del pelirrojo y tuvo un brillo de nostalgia; con sus manos sujetó el objeto con delicadeza, envolviéndolo entre estas, sin evitar sonreír por los recuerdos que le atacaron en ese momento. Para él significaba mucho que pese a la amnesia de Kagami, este aun así no se hubiera desecho del anillo de compromiso, que lo conservara tal y como estaba.

—Nunca hubiera sido capaz de deshacerme de nuestro anillo —murmuró Kagami con la voz ronca, viendo ahora el anillo del pelinegro y tocándolo suavemente. Él también tuvo recuerdos por eso y su pecho se contrajo; tenía una extraña mezcla de "felicidad" y dolor, divididos del mismo modo que su corazón.

—Y me alegra saberlo —Himuro alzó su mirada, encontrándose con los orbes rojos del contrario. ¿En qué momento habían acercándose tanto como para ahora ser capaz de sentir sus respiraciones golpear contra sus narices? Había un espacio anhelante entre ambos que los estaba envolviendo—. Siempre he sabido que tú nunca fallarías a tus palabras, Taiga —añadió, sujetándole el rostro con suavidad y de forma tierna

—Pero aun así, yo me olvidé de todo y… —empezó a decir Kagami, desviando la mirada unos segundos, era notorio que sentía coraje consigo mismo por ese hecho y no continuó hablando, porque el pelinegro le puso dos dedos en los labios para que se callara.

—Eso no es tu culpa, Taiga. Tú hiciste todo para protegernos ese día y yo no te culpo ni reclamo nada —aseguró Himuro, sincero, porque esa era la verdad. Si bien al principio sí llegó a sentirse traicionado, pues enterarse de todo, aquella vez y de esa forma lo tomó con la guardia baja, sobre todo porque él creía que el pelirrojo seguía esperándolo y si no lo hizo, fue porque simplemente no le recordaba y esa amnesia solo era por el accidente.

Le tomó tiempo aceptarlo y creérselo, de hecho, Alex ayudó mucho para que el pelinegro lo comprendiera o por lo menos se calmara y así pudiera pensar mejor con la cabeza fría. Por eso es que ahora se le facilitaba ser sincero, aunque su corazón le doliera, aunque también estuviera sufriendo, mas lo ocultaba o eso intentaba, porque también sabía que Taiga podía darse cuenta de eso.

—No son excusas, la verdad —Kagami suspiró, con frustración—. Tal vez yo debí buscar e interesarme más por mí pasado… Pero cada que lo hacía, mi mente entraba como en transe y mi madre… —puso los ojos en blanco— ella no fue de gran ayuda, ¿sabes?

—Taiga, tú no recordabas nada, no había modo que supieras que tenías qué buscar —Himuro le sujetó del rostro, viéndole fijamente. No le gustaba ver como el chico se atormentaba y se sentía culpable por eso.

—Pero siempre sentía que algo me ocultaban… Y además, más de una ocasión, mi madre quiso deshacerse del anillo y evadía temas de este mismo —explicó Kagami, recordando como en una ocasión que él se había metido a bañar, su madre insistió en que dejara su cadena fuera para que no se oxidara y le hizo caso, sin embargo al salir de la ducha, su anillo no estaba. Le preguntó a su madre, mas ella solo dijo que seguramente se había caído a la ropa sucia, diciendo que no tenía importancia, que le podía comprar otro. Ese día, Kagami casi discutió con Mika y no fue hasta luego de una semana que encontró su anillo, escondido en las cosas de su madre.

Eso debió de ser un indicio, sentía que en ese tiempo había tenido demasiadas indirectas y no las había notado. Sentía que debía ser su deber darse cuenta de eso, que debió haberlo notado y hacer algo al respecto.

—No es tu culpa, tú no lo sabías y ni siquiera lo imaginaste, Taiga —insistió también Himuro, sonriéndole cariñosamente, soltándole del rostro, pero sin dejar de verle.

—Tatsuya, sin embargo ahora es por mi culpa que tú… Ahora soy yo quién te está causando sufrimiento —murmuró Kagami, devolviéndole la mirada, sintiendo una pesadez en su pecho ahora que se combinó con el otro agujero en su ser, siendo más devastador que casi palideció.

El mencionado muchacho no dijo nada y negó suavemente. También sintió como punzadas de dolor aparecieron en cada rincón de su cuerpo e hizo como si no las estuviera sintiendo, mostrándose tan neutral como siempre. Pero por sus acciones físicas, era fácil de notar, al menos para Taiga.

—Al amar siempre se corren riesgos, Taiga. Yo lo sabía y no me importa pasarlo, porque eres tú —Himuro sonrió con delicadeza, de forma a penas visible y sujetó su anillo, alzándolo para la vista de ambos—. No por nada los tenemos, sabes bien que no solo son de compromiso.

—Tatsuya… —musitó Kagami. Sí, sabía bien que el pelinegro seguía enamorado de él, era obvio, porque él también lo seguía estando, pero que el chico lo pusiera a palabras así… Le hizo sentir un nudo en la garganta y una sensación agridulce; feliz por saber ese hecho, pero incómodo. ¿Cómo es que su cuerpo podía dividirse de esa forma tan complicada por esos sentimientos?

Himuro notó completamente esa lucha interna en el otro, por lo que suspiró y desvió un momento su mirada. Que el corazón de Taiga ya no fuera solo suyo… Era atroz. Sentía que quizá en cualquier momento podría derrumbarse por eso, porque venía conteniéndose por el bien de este, pues no quería darle ninguna carga.

—No tienes por qué preocuparte, Taiga, sé bien que ahora nosotros ya no…

—Mis sentimientos por ti no han cambiado en nada, Tatsuya —le interrumpió Kagami, ahora armándose de valor para verle y poder hacer el intento de expresarse como quería. El ojigris se quedó quieto por esas palabras y le regresó la mirada, a la vez que su corazón dio un latido de esperanza—. T-todavía sigo enamorado de ti… —Kagami estaba serio, mas suspiró y frunció suavemente el ceño— Que más quisiera volver contigo como antes, que nuestra relación siguiera como antes y no dejarte —sus ojos rojos brillaron con un fugaz anhelo cuando dijo eso.

Era cierto, de nada le iba servir negar eso, puesto una parte de él quería hacerlo, quería estar con el pelinegro y recuperar el tiempo perdido; no quería dejarlo ir. Sin embargo, tampoco iba a ocultar lo que la otra parte de su ser quería, por lo que no tardó en añadir: —Pero ahora yo… Ahora yo también estoy enamorado de otra persona y las cosas no son fáciles.

Tatsuya se estremeció al oír eso. Ah, ya lo sabía y aun así oírlo de la propia voz de Taiga era mucho peor; sintió como un tremendo frío empezó a teñir lentamente su corazón y quizá si hubiera estado de pie, sus piernas hubieran flaqueado unos segundos. Qué bueno que era alguien con buen control de sus emociones, por ello su expresión neutral no se vio afectada, pero su dolor era casi tangible.

—Hah, Taiga… —suspiró y casi sonrió, aunque ese gesto no era para nada de alegría— Lo sé, por eso yo no quiero presionarte y sí tu elección es…

Sin embargo, Kagami negó, interrumpiéndolo, haciendo parpadear al otro.

—Con lo que te he dicho, no significa que yo esté eligiendo a Aomine, yo todavía necesito pensar y aclarar mis sentimientos —ya está, ya lo había dicho. Tal vez estaría haciendo mal para muchos al decir eso, puesto estaba sembrando esperanza en el pelinegro. Pero, Kagami no hubiera dicho lo que dijo sino fuera porque de verdad lo sintiera así; no importaba que estuviera así de devastado por la ruptura de su relación con el peliazul, no importaba cuanto le doliera y afectara, eso no era suficiente para que tomara una decisión.

Para que hiciera una elección eso no bastaba. Después de todo, amar a dos personas no era un simple juego de azar, ni sencillo.

Sus sentimientos se estaban peleando en estos momentos, porque un tremendo deseo se apoderó del pelirrojo de querer besar a Himuro, cuando este mostró esa expresión tan… Tan… No sabía cómo describirlo, pero desde antes, eso había sido capaz de sacarlo de su razón y simplemente dejarse llevar por él. Quería hacerlo ahora, sin embargo no era apropiado, sería hacer demasiado. Y no debía, no cuando su elección seguía incógnita hasta para él.

—Taiga… —Himuro no pudo evitar que en su voz sonara cierto alivio; de cierta forma, esperaba oír esas palabras, que aunque no quitaran el dolor en su pecho, le daba cierta fuerza para seguir soportándolo. Al menos ahora sabía con certeza que el amor que antes les unió tanto, seguía ahí; compitiendo con los otros sentimientos del pelirrojo, pero ahí estaba.

No dijo nada más, no encontró que palabras serían las correctas en esos momentos, solo atinó a quedárselo viendo fijamente, trasmitiéndole sus sentimientos de esa manera.

La pesadez que se dio hace unos segundos estaba disolviéndose poco a poco, casi de forma peligrosa, porque estaban ellos dos solos, a punto de darle una calada a su amor.

Y quizá lo hubieran hecho, de no ser porque en ese momento, el timbre sonó más de una ocasión, haciendo sobresaltar a ambos muchachos.

—Creo que debo irme —susurró Kagami, incorporándose de golpe. No es que no quisiera haberse dejado de llevar, para nada, pero no sería justo hacerlo, sobre todo para el pelinegro; ya no quería lastimarlo más.

—Seguro es la comida que pedí, ¿no quieres quedarte a comer? —ofreció Himuro, con calma, pero con el corazón latiéndole a mil por hora, gracias a lo que estuvo a punto de pasar.

—No te preocupes, ya comí antes de venir —Kagami sonrió—. Además, debo ir a una entrevista de trabajo, no dejaré que solo me mantenga mi padre.

Himuro le observó unos segundos antes de darse la vuelta para ir a abrir la puerta.

—Ah, entiendo. Está bien, tal vez puedas venir uno de estos días a comer con nosotros, sabes que a mi madre le encanta pasar tiempo contigo también —le sonrió fugazmente para después atender al empleado que había llegado a repartirle la comida.

—Podría venirles a cocinar, seguro —asintió Kagami, viendo como ahora el pelinegro pagaba la comida y el empleado se iba momentos después—. Entonces, yo… Te veré luego.

—Cuídate, Taiga, cuídate mucho —la mirada que Himuro le dedicó, fue intensa y llena de sentimientos.

—Tú también… —masculló Kagami, no resistiéndose y sujetándole de la mejilla con su diestra unos segundos, en una torpe, pero cariñoso gesto— Nos vemos —se despidió, cuando sintió otra vez esas ganas de dar un paso más y dejar de contenerse.


/Miércoles 25 de Septiembre del 2013/

Momoi dio un pesado suspiro, luego de que por enésima vez, tocara a la puerta de la habitación de su mejor amigo y siguiera sin dejarla entrar. Ya llevaba cinco días ahí adentro sin salir, más que solo para bañarse y comer, claro que cuando lo hacía, era en los momentos en que ella no estaba en la casa. Se notaba que la estaba evitando o mejor dicho, estaba evitando hablar con alguien, sin importar quién fuera.

Evitando la realidad.

—Moo, ¡Dai-chan! —resopló Momoi, haciendo un puchero, molesta por la actitud de su amigo, ¿por qué no se dejaba ayudar?

Entendía que el peliazul no quisiera hablar con nadie, porque era bastante reservado en cuanto a sus sentimientos, pero también sabía que era realmente malo que se guardara todo eso, sobre todo si le estaba afectando de esta manera tan fuerte. Y es que la pelirrosa sabía bien que era la primera vez que su amigo se enamoraba, ella lo conocía bastante bien y por eso sentía que debían hablar, sobre todo porque se daba una idea también del porqué la ruptura con su relación con Kagami.

—Deja de insistir, Satsuki, y déjame tranquilo. No te necesito —dijo Aomine, alzando un poco la voz, puesto la puerta seguía cerrada y no quería levantarse a abrirla y mucho menos hablar con ella. No quería un maldito sermón.

¿Qué le iba a decir? Seguramente todo lo que Momoi fuera a decirle, él mismo lo sabía, no era idiota y además, la conocía muy bien a ella como para no darse una idea. Prefería ahorrarse el discurso y seguir centrado en sus videojuegos, hasta que tuviera las malditas ganas de salir, porque las tendría, aunque siguiera sintiéndose para la mierda, no sería algo eterno esto. O eso se decía a sí mismo.

—Dai-chan, por una vez en tu vida, deberías considerar dejar a un lado tu orgullo —volvió a decir Momoi, detrás de la puerta, con un tono que dejaba en claro su indirecta.

—Tch…

Aomine terminó aventando a un lado el estúpido control de su consola y se acostó en el suelo de su habitación, molesto por aquellas palabras. ¿Qué dejara su orgullo? Seguro para una mujer era fácil decir eso—o eso suponía— y además, no se trataba simplemente de su orgullo herido o lo que fuera, también se sentía traicionado, porque incluso aunque Kagami no hubiera "hecho" todo lo que hizo a propósito, no podía evitar sentirse así. Y ese maldito dolor que lo acribillaba sin piedad cuando movía su cuerpo o se quedaba sin qué hacer y los recuerdos llegaban de la nada, atormentándolo. Bueno, también era cierto que extrañaba al pelirrojo. Que necesitaba respirar otra vez el perfume que emanaba de esa piel, abrazarlo y perderse en esa calidez tan propia de Kagami.

—Sé que es difícil para ti, Dai-chan, pero también lo es para Kagamin. Deberías darte cuenta de eso —la voz de Momoi sonó inusualmente seria—. Compré algo de comida, yo saldré por una tarea de equipo. Ah, también conseguí los apuntes de tus clases.

—… —Aomine no respondió, solo cerró los ojos y frunció el ceño con fuerza, escuchando como ahora los pasos de su amiga se alejaban.

Intentó dormir, pero le fue imposible. Y es que Aomine no tenía una maldita idea de cómo tratar con su corazón roto.


/Jueves 26 de Septiembre del 2013/

El sol continuaba oculto tras las nubes el día de hoy también y curiosamente contrastaba mucho con los ánimos de cierto pelinegro, mismo que era alguien bueno para ocultarlo, al menos para la gente del supermercado que no le conocían, pues solo eran simples desconocidos. Nadie demasiado importante.

Himuro había salido a comprar algunas cosas para uso personal de él y su madre; esta última no le acompañó, porque también había estado atendiendo algunas cosas de su trabajo vía internet, pese a que había solicitado unas vacaciones para estar con su hijo un tiempo aquí también. Ya después regresaría a América, aunque si fuera por Alex, ella se quedara aquí todo el tiempo que fuera necesario, sobre todo porque notaba bien el ambiente que había entre su hijo desde ese día que le comentó que llegó Taiga. Era obvio que la nostalgia y la melancolía estaban tiñendo al pelinegro.

Alex no culpaba al pelirrojo por todo esto, sabía bien todo se dio por una simple jugarreta del destino y además, eran algunos riesgos que se corrían al enamorarse, lo único que podía hacer era apoyar a ambos chicos o al menos, darle algunos consejos a su hijo. Mas la verdad, Tatsuya no gustaba hablar mucho del tema y siempre decía comentarios que cerraban completamente la conversación, aun tratándose de su madre.

Porque seguía conteniéndose mucho, ya que tampoco quería hacer sufrir a su madre o a Taiga—más de lo que ya estaba sufriendo ahora con este conflicto—, pero no negaba que su cuerpo se resentía mucho por no desahogarse como era debido y probablemente se lo terminaría cobrando en algún momento.

Su mente se distrajo cuando fue su turno de pasar a caja, donde pagó con la cantidad justa para tener que ahorrarse el esperar el cambio. Y así, terminó saliendo del supermercado con un andar algo rápido, para evitar ponerse a pensar otra vez en el camino.

No obstante, se detuvo por inercia cuando se topó con una máquina de dulces, que tenía el eslogan de la marca de pocky e inevitablemente, su mente le trajo el recuerdo de cierto chico gigante de cabellos morados y sonrió. Sintió el antojo de comer nuevamente de aquellos dulces, por lo que se acercó a la máquina con toda la intensión de comprar una caja de pocky de ahí. Y justo cuando iba a introducir la moneda, una mano mucho más grande, le sostuvo de la muñeca para evitar eso, haciendo que Himuro se sorprendiera, pero si no se mostró molesto por eso, fue porque inmediatamente vio de quién se trataba.

—Atsushi, no esperaba verte por aquí —lo cierto era que no debía sorprenderse, después de todo, estaba frente a una máquina de dulces y el pelimorado parecía tener mucho apego por estos.

—Esa máquina no sirve, yo intenté sacar algunos dulces, no me dejó y solo se robó mi dinero —dijo Murasakibara con una voz terriblemente floja, mientras sostenía con la muñeca zurda una bolsa que estaba llena de dulces y algunos jugos.

—Oh, bueno, gracias por el aviso —Himuro sonrió, con cierta gracia al contemplar al gran chico—. Pero veo que de todos modos encontraste donde más comprar tus dulces.

—En el supermercado —respondió Murasakibara, dando una mordida a un umaibu que sostenía también con la zurda.

— ¿Me habías visto desde ahí? —preguntó Himuro como quién no quiere la cosa, sin sentirse realmente molesto por eso, la verdad. Luego rió discretamente y miró la mano contraria, que todavía le sostenía.

—Te vi cuando estabas saliendo —contestó nuevamente Murasakibara, soltándole lentamente. Se había casi olvidado de ese detalle y es que la piel del pelinegro se sintió tan inusualmente suave y bonita, como la crema de un helado. Ante aquella comparación, se le terminó antojando, por lo que sus ojos volaron al puesto de paletas y helados que estaba justamente en la esquina.

—Ya veo —Himuro siguió la trayectoria de la mirada ajena y se situó a su lado—. Hace algo de frío, sin embargo ahora que tengo la oportunidad de verte otra vez, déjame invitarte un helado, por aquella vez en el hospital.

Murasakibara le vio mientras continuaba comiendo de su dulce con las comisuras levantadas de su boca.

—De coco —asintió, diciendo el sabor que le apetecía.

—Entonces vamos —Himuro volvió a sonreírle.

La verdad es que estaba dando muchas sonrisas con la presencia del pelimorado ahora, pero no lo podía evitar, sobre todo porque le gustaba mucho la sencillez y simpleza que parecía tener el chico ante el mundo. Y parecía tan… inocente de cierta forma, así como despreocupado, no podía negar que esas características le llamaban la atención, además de que hacían un contraste inusual con un muchacho así de alto, que usualmente debería parecer solo intimidante, pero no era el caso. Al menos no para Himuro.

La tienda no estaba precisamente lejos, a la esquina solo les llevaría unos treinta pasos quizá. Y gracias a que Atsushi iba a un ritmo bastante perezoso, es que a Tatsuya no se le dificultaba para nada caminar a su lado; no iban hablando realmente de muchas cosas, no obstante era un silencio bastante cómodo, parecían llevarse muy bien a simple vista, aunque ni siquiera se conocían mucho.

Esta sería la tercera vez que se estaban viendo.

Justo llegaron frente a la tienda de helados, cuando de la nada, el pelimorado puso una cajita de pocky frente a la cara de Tatsuya, tomándolo por sorpresa y ante la mirada de perplejidad de este, dijo:

—Hoy querías una, ¿no, Muro-chin?

—Sí, pero no es necesario, Atsushi —repuso Himuro de forma simpática.

—Lo es —dijo a su vez, Murasakibara, sosteniendo aún la cajita delante del otro chico. Tenía una expresión de pereza, y aunque el rostro del pelinegro estuviera ocultando todo, había algo que le indicó que justo como en el hospital, este último lo necesitaba, como un gesto de apoyo.

Tatsuya también lo notó, por lo que no fue capaz de negarse a recibir aquel dulce, e incluso se le hizo algo lindo, como si fuera eso que necesitaba para de verdad dejar de ocultarse un momento y tener una sonrisa de sincera alegría.

—Gracias, Atsushi.

—Hmm, vamos por el helado —Murasakibara desvió su vista al frente, sin decir algo más sobre el tema.

Entonces, Himuro le jaló de la muñeca y si no olvidaría este día, no era simplemente porque tal parecía había encontrado a un buen amigo, sino por la poderosa sensación que recorrió su cuerpo por el gesto que hizo.

Y aunque los dos chicos la sintieron, hicieron caso omiso.


/Sábado 28 de Septiembre del 2013/

La botella de agua que había estado tomando Kagami, fue lanzada a un cesto de basura en ese momento. Estaba bañado en sudor, ya que mientras caminaba por las calles de Tokyo, luego de ir a su última entrevista de trabajo de la semana, tuvo la invitación a un partido de basquetbol por otros muchachos desconocidos para él, pero no por eso se negó. Además, hacía justamente una semana que no había podido darse el lujo de jugar lo que tanto amaba, no solo porque se la había pasado metido en busca de un empleo, sino porque si lo hacía iba a terminar con una nube gris en su mente con todos los recuerdos de su ahora ex novio y eso terminaría por arruinarle el humor, impidiéndole seguir como si nada en esos días.

Y Kagami no quería eso, para nada. Pero tampoco es como si pudiera obligarse a no pensar, porque lo hacía, cada que salía en busca de su trabajo, terminaba sentado en alguna banca de los parques, sumido en su mente e ignorando a todo el mundo con un aura nada usual en él. Y sería mucho peor atascarse de recuerdos justamente por algo que él amaba y que con más ganas le recordaba a Aomine. Tampoco era masoquista o no de forma tan consciente, más bien.

Los días habían pasado y seguía sin tener alguna decisión, sencillamente aún no podía. Menos cuando se sentía intranquilo porque al final, no pudo hablar como quiso con Aomine aquella vez; pese a que su orgullo le decía que en todo caso eso no era su culpa, sabía que de todos modos se lo debía al moreno, ya que sin importar como habían terminado, por respeto a la relación que tenían y a sus sentimientos.

Kagami se había dado cuenta que todavía quería hablar con él sobre el tema, lo necesitaba también para decidirse, pero no sabía de qué manera hacerlo, pues estaba seguro que el moreno seguiría negándose como hace días y eso tampoco era de ayuda.

Aun así, no iba a dejar que el tiempo siguiera pasando así, de modo que aunque no supiera como demonios haría para convencer a Aomine de que le escuchara, no se quedaría sin hacer nada.

De modo qué, una vez se despidió de aquellos chicos desconocidos con los que jugó un partido, tomó camino hacía la casa del moreno.

Su corazón estaba latiendo con tremenda fuerza mientras caminaba y los nervios empezaron a aparecer en su sistema. No sentía lo mismo que cuando tenía que ir con Himuro para hablar con este, era una reacción completamente diferente, pero esto tampoco ayudaba para que tuviera la decisión clara, no era así. De hecho, esto se debía a que su relación con Aomine estaba ahora de forma diferente a como con Tatsuya y este último en ningún momento se negó a escucharlo ni le culpó, más bien, se mostró comprensivo al respecto, contrario del peliazul, aunque quizá el modo en que ambos se sentían no era precisamente muy distinto.

Para suerte de Taiga, la casa del moreno no estaba muy lejos de donde estaba ahora y aunque sintiera ese vuelco en el estómago, no se echaría para atrás, porque de verdad hablar con Aomine, era lo que quería y sentía debía hacer. Lo intentaría por segunda vez, pero si el resultado no era como esperaba, dudaba si volvería a intentarlo una tercera.

Negó, era mejor no ponerse a pensar en respuestas negativas o cosas similares o su orgullo terminaría agarrando terreno en estos momentos.

Sin embargo, eso se estaba diciendo a sí mismo, cuando al dar la vuelta en la esquina, quedando frente a la casa donde vivían Momoi y Aomine, vio a este último sentado en el patio y no solo; Kise estaba acompañándolo, sentado en una silla de ruedas—seguramente porque no podía caminar por la operación— mientras hablaba.

Tiempo atrás, ver eso no lo molestaba, es decir, era celoso, pero cuando de verdad le daban razones y sabía que esos dos eran amigos. Entonces, ¿por qué ahora sintió el terrible fuego de los celos al verlos platicar ahí, solos y demasiado… cercanos? Kagami no era imbécil, podía ser despistado en muchas ocasiones, mas no cuando se trataba de algo o alguien sumamente importante.

Por eso era capaz de notar cierto ambiente en esa casual charla entre dos amigos; su intuición le decía que algo se le estaba escapando en esos momentos, mientras los veía, pero, ¿qué era? ¿Qué era lo que no le estaba gustando? Le valía un pepino si ya no tenía derecho de molestarse, porque no era novio de Aomine, porque algo estaba mal.

—Kagami-kun —la repentina voz de Kuroko hizo aparición, haciendo sobresaltar al pelirrojo.

—Tch, ¡Kuroko! —resopló Kagami, viéndolo mal unos segundos, le hubiera reclamado, sin embargo su visión regresó al par de chicos en el patio de aquella casa y el peliceleste siguió la trayectoria de dicha mirada.

—Le dieron de alta hoy a Kise-kun, porque su manager dijo que sería mejor y más discreto que descansara y se recuperara en su casa —explicó Kuroko con un tono calmado—. Quiso pasar a saludar a Aomine-kun, porque ni tú ni él fueron a visitarle al hospital —señaló, no con reproche, si no como la constatación de un hecho, si sabía bien el caos que sus dos amigos estaban pasando.

—Kuroko, dime que yo no soy él único que nota algo más ahí —masculló Kagami, más por inercia, que porque de verdad quisiera decirlo. Pero después de todo, el peliceleste era algo así como su mejor amigo.

El aludido chico le observó unos segundos y luego suspiró discretamente, mirando hacía el par que parecía no haberse dado cuenta de que los veían. Por la forma en que el pelirrojo reaccionaba, era obvio que no sabía nada y no quiso quedarse callado ahora, porque no le pareció justo que Taiga estuviera sintiéndose culpable por no hablar con Daiki, siendo que este último tampoco se tomó la molestia de contarle ciertos sucesos cuando eran pareja.

—En secundaria media, Aomine-kun fue de mucha ayuda para Kise-kun —dijo Kuroko, logrando que con eso, los ojos rojos del otro chico le vieran con suma atención y confusión.

— ¿Qué? —Kagami frunció el ceño. Tenía el presentimiento que lo que fuera que le iba a decir el otro, no le gustaría.

—Había alguien que estaba enamorado de Kise-kun en tercer año de secundaria —empezó a decir Kuroko con tanta tranquilidad, que resultaba algo estremecedor, pero es que recordarlo para él tampoco era muy grato, sobre todo porque se trataba de su novio—. Lo conociste, se trata de Haizaki-san —sus ojos celestes le vieron con fijeza cuando la expresión del pelirrojo se descompuso por la impresión, empezando a atar los cabos sueltos—. Fue nuestro compañero en el equipo de basquetbol y pese a que no tenía muy buena reputación, nunca pensamos que él intentaría hacer algo más… —el rostro de Kuroko adquirió un fugaz toque sombrío que dejó ver su molestia por eso— Haizaki-san empezó a acosar a Kise-kun, sin embargo éste no nos dijo nada.

— ¿Y qué pasó? —Kagami se mostró algo dubitativo sobre que preguntar sobre el tema.

—Kise-kun fue secuestrado por Haizaki-san un día —contestó Kuroko, dirigiendo un mirada más a su pareja que seguía platicando como si nada y sin descanso con el peliazul—. El padre de Akashi-kun ayudó mucho en su búsqueda, no obstante, la persona que lo encontró primero y enfrentó a Haizaki-san fue Aomine-kun —sus ojos volvieron a ver al pelirrojo, quien de alguna manera, ya se esperaba esa respuesta y no dijo nada, solo le devolvió la mirada y Kuroko continuó hablando—. Aomine-kun rescató a Kise-kun esa vez, luego llegamos nosotros a ayudar a Aomine-kun, pero la policía se hizo cargo de Haizaki-san y este juró venganza contra todos, aunque no le temíamos, después de todo, fue directo a la correccional de menores y sería trasladado al cumplir la mayoría de edad.

—Así que por eso terminó yéndose contra mí también esa noche… Para vengarse de Aomine —habló Kagami al fin. Todavía se mostró receloso, algo le decía que faltaba más en esa historia, por lo que no apartó su mirada del peliceleste.

—Por todo eso, Kise-kun estuvo muy agradecido y tal parece que por eso, la admiración que sentía por Aomine-kun, se convirtió en algo más —Kuroko usó una voz bastante calmada, cuando notó como el pelirrojo entrecerró los ojos.

— ¿Estás de broma, verdad? —Kagami empezó a sentir como la furia provocada no solo por los celos, crecía en su pecho, llevándolo a empuñar ambas manos y fruncir el ceño con fuerza.

—Kise-kun se enamoró de Aomine-kun en ese tiempo —confirmó Kuroko y antes de que el pelirrojo reaccionara peor, se apresuró a agregar: —Aomine-kun nunca le correspondió, aunque…

— ¡¿Aunque qué, Kuroko?! ¡¿Todavía hay más?! —exclamó Kagami, ya sin importarle el tener baja su voz en ese momento.

Kuroko suspiró.

—Yo era amigo de ellos en ese entonces, así que… Supe que ambos tuvieron algún filtreo, ya sabes la forma de ser de Aomine-kun, pero fuera de eso, Kise-kun se cansó de esperar y pasaron muchas cosas, y entre él y yo empezó a haber…

—Guardarme tu historia de amor para otro día, Kuroko. Yo me largo —resopló Kagami, dando un puñetazo a la pared de la otra casa que estaba ahí, en ese momento, dándose cuenta que la atención del peliazul y el rubio estaba en él. Tal parecía, ya se habían dado cuenta de su presencia—. Tsk… —Kagami les miró unos segundos y luego negó.

El pelirrojo mandó todo lo que iba a hacer a la mierda y se dio la vuelta, caminando furioso.

Ahora él se sentía indignado; tuviera derecho o no, por cómo estaba su situación ahora, eso sentía. No le cabía en la cabeza, no comprendía porque Aomine no le había contado eso, ¿acaso no le tenía confianza? ¿No había sido suficiente el tiempo de amistad que vivieron y luego como sus sentimientos románticos se desarrollaron? Y lo peor de todo era qué, si había llegado a tener algo que ver con Kise antes, ¿cómo es que tuvo el maldito descaro para comportarse así cuando supo que estaba enamorado de él? ¿Cómo pudo estar así de tranquilo esas veces en que prácticamente jugó con sus sentimientos?

Era algo del pasado, sí y no debería de recordar aquella época gris entre su relación, ¡pero no podía evitarlo! Ahora mismo estaba demasiado furioso como para detenerse a pensar fríamente. Y es que no era lo mismo, en este momento no creía que se lo merecía, porque al final de cuentas, si Kagami no contó nada de su relación con Himuro, era porque no la recordaba, por su amnesia, ¿pero Aomine? ¿Qué motivo tenía Aomine como para ocultarle eso luego de todo lo que ya habían vivido juntos? Y es que Taiga nunca le ocultó nada de su pasado o el que recordaba, no le mentía, jamás lo hizo en más del mes que duró su relación, porque confiaba en el peliazul, no solo como su pareja, sino como su amigo. ¿Acaso Daiki no lo hacía con él?

Lentamente, mientras caminaba con los ojos picándole por la furia y decepción, se dio cuenta de que era así. Pese a la gran conexión que había entre Aomine y él, su comunicación no era realmente apta, porque de la forma en que el moreno le ocultó todo eso, era porque no confiaba en Kagami del mismo modo en que este lo hacía con él. Y quizá, ese era el mismo motivo por el cual el peliazul se negaba con tanto fervor a escucharle.

Gracias a eso, en estos momentos Kagami no sabía si de verdad quería dejar en claro las cosas a una persona que no tenía la intención de dejarle aclararle los hechos a él.

Porque Taiga no iba a rogarle. Ahora mismo, su orgullo había ganado terreno.


La voz aguada de Kise sonaba en todo el patio de la casa del peliazul, de forma un poco desesperante, pero la verdad era que oírle parlotear sin sentido sobre su vida, le ayudaba a su mente a distraerse y que no terminara cayendo en otros pensamientos que incluían a cierto pelirrojo. Valía la pena la irritación que se ganaría por esto. Además, una pequeña parte de él estaba preocupada por el rubio, por eso de la operación y su herida, aunque no tuvo que preguntar, porque una vez aceptó la visita del modelo, este empezó a parlotear y le reprochó porque no fue a verle al hospital.

Al principio, pensó que Kise le bombardearía con preguntas absurdas sobre su estado emocional y lo que sucedió con Kagami aquel día, pero no fue así y se sintió terriblemente aliviado por eso, aunque tampoco lo esperó del rubio, siendo como era. Por eso estaba agradecido, tal parecía que Kise no era solo la rubia parlante y dramática que todos conocían desde la secundaria.

También había llegado Kuroko, custodiado por la manager del modelo y otros dos sujetos que vinieron acompañando a Ryota por simple seguridad e impedir a los periodistas cerca. Tenían suerte que la casa de Aomine fuera desconocida para el mundo del espectáculo, por ello se le permitió al rubio ir. Los dejaron solos a ambos unos momentos, pues la manager y los dos sujetos fueron a darle la vuelta al fraccionamiento para asegurarse de que no hubiera ninguna cámara escondida o algún periodista cerca, mientras que Kuroko había ido a verificar al edificio de departamentos donde estaba el hogar de su pareja, por si había algún reportero también.

Probablemente la mejor opción fuese que Kise y Aomine entraran a la casa de este último en lugar de quedarse en el patio delantero donde muchas personas podrían verlos y hasta reconocer al primer chico, pero lo cierto era que el peliazul necesitaba respirar algo de aire fresco y dentro de su casa, el ambiente se sentía pesado, además de que estaba hecho todo un desorden, puesto Satsuki había salido a visitar a sus padres. Le insistió muchísimo en la mañana y la única manera en que la que Daiki se salvó, fue diciéndole que ayudaría a Kise a regresar a su departamento, cosa que le confirmó a su amiga con un mensaje, porque esta no le creyó. Y solo así, es que Momoi se fue más tranquila, pero diciendo que volvería en la noche. Así que le quedaban seis horas libres.

— ¡Y entonces, Ayumi-san terminó cocinando algo para mí por eso! La comida de hospital no es mala, pero, afff… Eso de que confundan tu ración… —Kise negó, luciendo algo diva por el gesto que hizo, no obstante, sonreía ampliamente. Suspiró cuando se dio cuenta de la mirada sumida del moreno— Moo, no me estás haciendo mucho caso, ¿verdad, Aominecchi?

—Hah, bueno, dígamos que aunque no te vea, no es fácil ignorarte —espetó Aomine con cierto desdén amargo—. Pero está bien, prefiero soportarte a ti, antes que a Satsuki.

—Hm, que malo eres con Momocchi —señaló Kise, apoyado sus codos en su pierna sana, flexionándolos para sostener su rostro con ambas manos y verle.

—No es eso, solo que en estos días me ha estado atosigando sobre cosas de las que yo no quiero hablar —aclaró Aomine con una mueca. Su mirada no tenía el brillo de cierta vanidad que siempre solía tener, al contrario, estaba apagado, parecía que sus gestos eran forzosos además.

—Es porque está preocupada por ti —dijo Kise como si fuera obvio y sonrió con paciencia.

—Aun así —Aomine puso los ojos en blanco y negó—. Por lo menos tú, aunque hables sin parar, no te has metido en lo que no te importa.

—Mi presencia aquí no es para incomodarte, Aominecchi —replicó Kise algo ofendido. De hecho, había estado hablando sin parar sobre todo lo que vivió en el hospital esa semana a propósito y no es que se le dificultara realmente hacer eso, pero lo que pretendía era eso; distraer al peliazul aunque sea un poco.

—Bueno, es la primera vez en todos los años que nos conocemos, que has logrado no hacerlo —resopló Aomine, alzando momentáneamente las cejas y viéndole.

Ryota simplemente le dedicó una deslumbrante sonrisa, una muy parecida a aquella que le dedicó cuando se le declaró y le dijo que no importaba que le correspondiera o no, sus sentimientos no desaparecían.

Claro qué, el tiempo pasa y el primer amor si no es el definitivo, se supera y ese fue el caso del rubio cuando sus sentimientos empezaron a transformarse una tarde de invierno, por Kuroko.

Los dos chicos se habían quedado unos segundos en silencio, viéndose, sumidos cada uno en los ojos del otro, hasta que les llegó el eco de una voz bastante familiar y los orbes de ambos muchachos, buscaron el origen, hasta encontrar a Kagami, justo a una calle de ellos y no estaba solo, Kuroko estaba con él.

Sí bien no escucharon todas las palabras de cada uno, el enojo del pelirrojo fue evidente y la mirada que les dedicó a Kise y Aomine, puso alerta a este último.

Se incorporó por inercia, sintiendo de pronto el maldito deseo de ir tras Taiga, pero, ¿por qué demonios debía hacerlo? Y para empezar, ¿por qué Kagami estaba ahí, frente a su casa, siendo que ya no eran nada y que sus pertenencias ya las había llevado? Aun así, eso parecía no importarle a su corazón, que dio un vuelco cuando le vio ahí, sintiéndose ansioso, sintiendo el deseo de querer hablarle y de oír su voz… Aunque con esa mirada que le dedicó antes de darse la vuelta, sintió que el dolor en su pecho le apuñaló el corazón sin piedad alguna, ¿qué era eso? ¿Acaso los ojos de Kagami mostraron decepción?

No fue hasta que Kuroko entró por la reja de la barda del patio, que Aomine despegó sus ojos de la esquina para situarlos en su amigo, con cierto recelo.

—Tetsu, ¿qué mierda hacía Kagami aquí? —le exigió saber, luego se corrigió y volvió a cuestionar de forma demandante— No, ¿qué es lo que le dijiste?

— ¿Para qué quieres saber, Aomine-kun? Si según yo, tengo entendido que ustedes ya no son pareja —respondió Kuroko de forma neutral, notando como a su lado, el rubio se sorprendía, puesto no estaba enterado de eso.

—Tch… —Aomine apretó las manos en puños y frunció el ceño, disgustado no solo por la forma en que el peliceleste dijo eso, sino por la forma en que sonaba eso; lo hacía todo más difícil— ¡¿Qué mierda le dijiste a Kagami, joder?! —hizo ademán de querer sujetar de la ropa al chico de ojos celestes, pero rápidamente el rubio avanzó con la silla de ruedas y le puso una mano en el pecho, viéndole con cierta advertencia, negando. Aomine se quitó ese gesto de un manotazo.

— ¿Por qué no le dijiste nada a Kagami-kun de tu pasado con Kise-kun? —inquirió Kuroko, esta vez, mostrando una minúscula parte de expresión en su mirada.

— ¡¿Ah?! ¡¿De qué demonios hablas, Tetsu?!

Kise se había quedado callado y miraba al moreno y luego al peliceleste. La verdad era qué, eso era algo que tampoco le había llegado a contar a su pareja, porque simplemente era algo que habían acordado quedara como una simple noche de copas, sin importar los sentimientos que el rubio tenía.

—Ninguno de los dos me dijo algo al respecto y lo entiendo, en ese entonces, de amigos no pasábamos —Kuroko miró de reojo al rubio y luego regresó su mirada al peliazul—. Pero no puedes alegar que sientes decepción y señalar solo a Kagami-kun, cuando tú tampoco has sido completamente sincero con él, Aomine-kun.

—… ¡Eso es un tema completamente diferente! ¡Yo no estoy comprometido con nadie! —exclamó Aomine, ahora sí, sujetando al peliceleste de la ropa— No tienes derecho a venir a meterte en mis problemas, Tetsu.

—Kagami-kun tenía amnesia, no había forma de que dijera un pasado que no recordaba completo y aun así, él siempre fue sincero contigo, ¿o me equivoco? —Kuroko ni se intimidó por ese agarre violento.

— ¡Cállate, Tetsu! ¡¿Cómo coño sabes tú eso?! —Aomine estaba que destilaba ira por la mirada como si fueran nubes soltando lluvia.

—Yo era vecino de Kise-kun en secundaria y ustedes no eran precisamente muy discretos ni callados en lo que hacían —aunque Kuroko sintió cierto nudo en la garganta por recordarlo, no lo demostró.

—… —Kise apretó los labios, sintiendo cierta pesadez en su pecho porque esas palabras, fueron como una bofetada en su cara. Sabía que en algún momento tenía que decirle eso a su pareja, pero una promesa era una promesa y por respeto a su amistad, la había guardado y en ese momento pensó, que no era la gran cosa, sobre todo, cuando sus sentimientos cambiaron— Aominecchi, suéltalo.

—Eso no te da derecho a venir y contárselo a Kagami —Aomine soltó de un empujón al peliceleste.

—Tú tenías todo el derecho de hacerlo y no lo hiciste, del mismo modo que él tiene el derecho de hablar contigo —dijo Kuroko, todavía serio—. Pero supongo que con evitar el tema y huirle así, solo le dejas el camino libre a Himuro-san, así que no vayas a ponerte a echarle la culpa o señalar a Kagami-kun cuando decida irse con él. Porque tú ya le has dado las llaves, Aomine-kun y Kagami-kun en algún momento se cansará de esperarte y hará su elección sin ti.

Con esas palabras, fue como si la sangre del peliazul se bajara de golpe a sus pies y le dejó sin habla.


Y lord Kuroko hizo su aparición finalmente uwu.

Tal vez no lo hizo de una manera esperada, sin embargo Kuroko siempre tiene su propia manera de intervenir en las cosas, además su objetivo principal es que Aomine no solo se centre en su dolor; sino que traté de ver más allá. Una tarea difícil, pero vamos que eso lo hará interesante, jaja.

¿Qué opinan de las acciones de Kagami? Desde con Himuro y ahora por cómo reaccionó. Como ven, el lazo entre estos dos no será fácil de manejar; Kagamin tiene muchos conflictos ahora.

Vale, ¡en verdad deseo conocer su opinión respecto al capítulo! No sean tímidos, ¡anímense! :3

Trataré de volver en una semana. Los adoro.