¡HOLI! xD

Bien, ésta vez no tardé demasiado; solo me queda una semana de vacaciones así que aprovecharé esto hasta donde pueda, jajaja, porque luego me costará más.

Ah, tengo los sentimientos removidos con éste capítulo. Editándolo y teniendo de fondo una canción del OST de la película de "Antes de ti" no ha sido una buena opción(?). Bueno, supongo que cuando lo lean entenderán a qué me refiero x'DDDD.

Si hay alguna parte que le incomode a alguien, son libres de saltearla :3


— ¿Estás enojado conmigo, Kurokocchi? —preguntó Kise, luego de que al fin su manager y los otros dos custodias se retiraron de su departamento a eso de las diez de la noche y dejarle muchas indicaciones después de cenar también.

Kuroko estaba sentado en el sofá, terminando de comer un delicioso coctel de frutas, dejando luego el vaso en la mesa del centro. El rubio estaba sentado a su lado, con la silla de ruedas en otro extremo doblada.

—No, es algo que pasó hace mucho tiempo —respondió sereno, como si nada.

Kise suspiró pesadamente y sonrió con cierta nostalgia. Podía ser un idiota en muchas ocasiones, pero no cuando se trataba de su querido novio; sabía que probablemente le debía una disculpa.

—Cuando solo éramos mejores amigos, quise contártelo, sin embargo Aominecchi me hizo prometer que no lo hiciera, porque su imagen con las mujeres quedaría dañada —confesó, viendo al más bajo, logrando que este le mirara.

—Era tu vida privada, Kise-kun, yo tampoco tenía derecho a meterme en ella y que hayas hecho eso antes y no me lo contaras, no significa que dude de ti ahora —explicó Kuroko con suavidad, viéndole sincero.

Aunque no podía negar que en un principio sintió un poco de celos, no por mucho tiempo, porque después quedó claro lo que el rubio sentía. Y no, para nada dudaba de este.

El modelo suspiró algo aliviado, aunque todavía se sentía un poco culpable por eso; siendo sinceros, no se acordaba mucho de aquel incidente, lo había guardado bien en su corazón esa vez para continuar viviendo como si nada, pese a que le costara una tormentosa semana dejar de deprimirse por el recuerdo; supo sobrellevarlo, pues Kise no era débil sentimentalmente, sabía luchar con ello.

—Kurokocchi —llamó Ryota y le tomó de la mano, viéndole a los ojos—. Yo te amo a ti, nada más y aunque no tengas dudas, quiero que sepas que así será siempre —le besó el dorso y volvió a decir: — Quizá no sea necesario decir esto, pero el único motivo por el que me preocupé así por Aominecchi es porque también le debo mucho a él cuando me salvó, es un gran amigo para mí. Pero solo eso.

El peliceleste le miró con intensidad unos segundos y luego, rompiendo su inexpresividad, sonrió como sólo el sabía y sin más, se acurrucó en un abrazo con el rubio.

—Lo sé, Kise-kun —musitó.

La verdad era que se sentía completamente aliviado ahora y aquel timbre de preocupación que llegó a sentir en un inicio al notar la nueva cercanía rara entre el peliazul y su novio, se desvaneció.


/Domingo 29 de Septiembre del 2013/

Las palabras que le había dicho Kuroko el día de ayer no dejaban de sonar en su cabeza, como una maldita canción en repetición del mp3. Seguramente si parte de él no considerara que tenía razón, no estaría escuchándolo más de doce horas en su mente como si tuviera esquizofrenia.

Para Aomine, eso no era algo fácil de aceptar. No solo su corazón estaba herido, no, era una herida más profunda que esa y lo único que le estaba ayudando poco a poco, era ese ego suyo que desde antes había tenido. Y es que simplemente no toleraba, no podía pensar que el corazón de Kagami no solo lo amaba a él, era algo que no entendía, ¿qué acaso el pelirrojo no lo amaba lo suficiente? ¿Cómo algo así era posible? No lo comprendía, porque ciertamente no lo había pasado, porque en cambio su corazón, solo latía por Taiga y nadie más. Sí, seguía completamente enamorado de ese estúpido pelirrojo; en en una semana sus sentimientos no iban a desaparecer, es más, Aomine creía que esa clase de amor nunca desaparecería.

Y su instinto posesivo no ayudaba tampoco; él quería a Kagami solo para él, no aceptaba el tener que compartir el amor de este con nadie, con nadie, aunque fuera solo de forma interna, porque estar en relación con una persona que sabes que no solo te ama a ti, suena demasiado masoquista, demasiado tonto. No se sabría si en algún momento de que esté contigo, su mente llegue a divagar con aquel otro tipo. Eso era lo que atormentaba a Aomine, eso era lo que no toleraba, lo que no quería tener que soportar; esa inseguridad de saber si Kagami en algún momento no tendría la necesidad de dejarlo y mejor irse con Himuro, porque nada le aseguraría que siempre el pelirrojo estaría a su lado.

Sí, sonaba egoísta, mucho, pero era inevitable que no lo pensara así, porque después de todo, la situación que Taiga vivía, no era nada fácil de comprender.

Esa misma inseguridad y su orgullo herido habían sido los detonantes a que decidiera romper la relación con Kagami hace más de una semana. En ese momento no había tenido dudas de hacerlo, quizá era porque no había podido pensar con razón y esos primeros sentimientos le llevaron a desencadenar una tremenda ira y en parte sí era justa su reacción, ¿a quién le gustaría ver como su novio ve con ojos de amor a otro tipo y se entera de que antes de su amnesia, estaba comprometido?

Y aunque le dolía como la mierda hasta el alma aquella ruptura, Aomine seguía firme en continuar así, en no volver con el pelirrojo. Pensó que podría manejarlo si volvía a verlo, porque para que mentirse, cierta parte del moreno esperaba verlo, pensó que Taiga insistiría más en hablar con él, pero como no lo hizo, eso solo le hizo seguir creyendo que su decisión de terminar la relación fue la correcta. No obstante, eso no significaba que no sintiera deseos de flaquear y querer verlo. Y lo confirmó cuando le vio ayer. Por si fuera poco, del mismo modo en que no se sacaba de la cabeza las palabras de Tetsuya, tampoco podía hacerlo con la mirada que Kagami le regaló antes de irse y la imagen que tuvo de él…

La decepción en los ojos de Taiga fue realmente notoria y expresiva, a pesar de todo, Aomine sintió culpa, se sintió todavía peor por verle así. Porque era por su causa. Y no era que antes no le tuviera confianza para contarle la estupidez que pasó con Kise en secundaria media, no, no se trataba de eso. El verdadero motivo era que Daiki no lo consideraba un hecho importante; en su momento sí le dejó mucho en que pensar y hasta sintió los deseos carnales de volver a repetirlo, sin embargo su terquedad y negación fue más grande. Ahora que se ponía a recordar eso, quizá el modelo sí llegó a gustarle pasajeramente, no fue nada que no pudiera sobrellevar ni que lograra tirar sus barreras, como en el caso de Kagami. Y por eso mismo, es que para el peliazul, era algo que no valía la pena contar, además de que hacía mucho de eso también, por lo que apenas y se acordaba.

Eran cosas muy diferentes, aun así fue tan obvio el modo en que ese hecho sin importancia le afectó a Kagami.

El corazón de Daiki dio un vuelco; esa reacción solo le recordó que el pelirrojo le seguía amando. Claro, sería demasiado que este estuviera olvidándolo, pese a tener la compañía de ese otro emo.

Imaginarse eso, fue corrosivo para su corazón, por lo que terminó gruñendo y se embrocó en la cama, cerrando los ojos con fuerza.


/Lunes 30 de Septiembre del 2013/

Cuando la alarma que estaba dentro de la cocina de ese restaurante sonó, Kagami supo que las seis horas que le tocaba por turno habían acabado.

De haber sabido que a tres cuadras del edificio departamental donde vivía estaba un café-bar que necesitaba un cocinero, se hubiera evitado todas esas negativas de los demás lugares donde había ido a presentar sus entrevistas de trabajo. Pero bueno, la verdad era que tampoco había estado muy centrado en el mundo esta semana, más bien había visto el letrero el sábado, cuando venía como alma que lleva el diablo, buscando en distraerse, porque no quería llegar a su departamento y estar solo o terminaría hundiéndose o haciendo un maldito desastre y ninguna de las dos opciones era buena. Añadido que tampoco quería tener a alguno de sus amigos cerca.

Por ello, este trabajo le había sentado bien a su mente, para que no se pasara pensando ni repitiendo los hechos que venían pasándole desde hace más de una semana y sobre todo, el del sábado. Lo cierto era que su jornada de trabajo era solo de seis horas, pero él había pedido si podía ser las doce horas completas y así fue, gracias a que el otro cocinero pidió permiso dos días por asuntos de salud, así que logró estar ocupado al menos por ese par de días.

Así que ahora, se despidió de su compañero de trabajo, para luego ir al pasillo que dividía la cocina de la caja para cambiarse su uniforme por su ropa normal; de salida se despidió de su jefe que era un rubio casi de su estatura con lentes azules que siempre estaba fumando. No perdió tiempo y seria a eso de la una y cuarto cuando salió del local o mejor dicho, cuando salió por la puerta del lugar, porque no pudo seguir avanzando ya que se encontró a cierto pelinegro ahí, despidiéndose de un chico muy alto de un peculiar cabello morado.

— ¡¿Tatsuya?! —dijo Kagami con bastante sorpresa, porque para nada hubiese imaginado encontrándose al pelinegro y mucho menos con otro muchacho. Hubo algo en esa despedida que le hizo sentir una tremenda molestia.

— ¡Oh, Taiga! —Himuro le sonrió de manera simpática unos segundos, mientras que de reojo vio como la espalda del pelimorado se alejaba poco a poco— No esperaba verte por aquí…

—Ah, sí… Resulta que aquí encontré trabajo —respondió Kagami con una sonrisa ligera, viendo el local de reojo y luego al otro muchacho de cabello morado que continuaba dándoles la espalda al irse. Algo no le estaba gustando para nada—. ¿Y tú qué hacías por aquí? —hizo lo posible para que su tono de voz no sonara… molesta, pero habían veces en que era como un libro abierto.

—Pasé por una bebida con un amigo —contestó Himuro, de forma algo divertida al notar los evidentes celos del pelirrojo y sonrió, como no sentirse bien al percatarse de eso. Le trajo un recuerdo también, de las veces en que el otro chico se había puesto así; los celos eran una parte que le encantaban del chico de ojos rojos.

— ¿Tan temprano? —inquirió Kagami con un gesto algo confundido.

—No era algo alcohólico, Taiga —repuso Himuro, acentuando su sonrisa.

—Ah… —Kagami se mordió su lengua para evitar seguir haciendo tontas preguntas que solo llegaría a permitirse si fueran pareja… Sin embargo, no lo eran y aunque estuviera enamorado del pelinegro, no tenía el derecho para hacerlo, sobre todo por la situación en que estaban. Se sintió un poco nervioso por la forma en que este último le miraba, por lo que negó ligeramente y volvió a hablar— Es mi hora de comer, ¿te gustaría acompañarme, Tatsuya?

El gesto de Himuro se iluminó por esa invitación y asintió.

—Sería un placer, Taiga.

El mencionado chico hizo un gesto con su cabeza y sonrió alegre por esa afirmativa, para así ambos empezar a caminar juntos en lo que no sería un gran trayecto realmente. El clima estaba bastante acalorado, pese a que el cielo estaba un poco nublado, dando una sensación de bochorno en el ambiente, pero ninguno de los dos se mostraba incómodo por eso. Sobre todo, cuando Himuro supo sacar un buen tema de conversación, no era que el silencio les molestara, al contrario, no podía sentirse incómodo al lado de Taiga, pero de todos modos, quería saber que había hecho en estos días luego de que se vieron aquel día. Porque aunque este último hubiese dicho que los iría a ver, no fue así y tampoco es que le culpara.

Kagami le contó que no lo hizo, por su trabajo, pues que había empezado con doce horas y lo único que hacía era comer y dormir al llegar a su casa, porque tampoco es como si fuera a decirle todo lo ocurrido con Aomine, no era que necesitara hablarlo con alguien.

Así que el transcurso fue corto, por la conversación en que se vieron metidos, que pese a que eran temas triviales y algo comunes, eran interesantes para cada uno de ellos.


/Martes 1 de Octubre del 2013/

Momoi tenía un ligero presentimiento desde que el día de ayer, Aomine había dejado la puerta abierta de su habitación, pese a que continuó sin salir de esta en todo el día y eso que tenía escuela el día de hoy. Aunque ahora lejos de parecer deprimido, parecía ensimismado en sus pensamientos; ya no jugaba como maniático de los videojuegos, parecía más dormir o estar en un estado de casi reflexión. Mismo hecho por el cual tampoco es que se atrevió a molestarlo.

Kuroko le había comentado de las cosas que pasaron el sábado, cuando Kagami le vino a buscar, aunque no supo para qué realmente, así como que también habló con Aomine sobre lo sucedido. Pero la pelirrosa no se quedaría callada, en el momento justo iría a decirle lo que de verdad quería decirle a su amigo, no lo iba a dejar así como así.

Justo estaba por irse a duchar, cuando vio como el peliazul salía de su habitación, bostezando.

— ¿Dai-chan? —parpadeó Momoi con cierta sorpresa.

—Tengo hambre, pediré comida —fue la única respuesta que dio Aomine.

La chica suspiró, se ofrecería hacer algo, sin embargo sabía bien que su comida sería rechazada y aunque le dolía a veces, sabía que era justificado, puesto ella tampoco podía comer lo que cocinaba.

Aceptaba que no era buena en ello.

No dijo nada más y se metió al baño, donde ya estaba todo su neceser para higienizarse, incluída su toalla.

Por otra parte, pese a que Daiki dijo que ordenaría algo para comer, solo bebió algo de leche directamente del envase y se tiró en el sofá, luego de abrir las ventanas y encender el televisor. En su cuarto también tenía uno, pero su cuerpo sentía que debía salir un poco. Su cabeza todavía seguía un lío, quizá por eso mismo.

Suspiró. La nostalgia seguía teñida en su pecho, esta estaba en equilibrio con el enojo que sentía desde hace una semana y ahora… no parecía del mismo grado. Lo sentía diferente, más desde el sábado que Kagami hizo aparición; no era ciego, podía notar que este último lucía diferente de cierta forma, no pudo verlo con precisión y tiempo necesario para poder definirlo bien, pero algo había alcanzado a notar. Fuera de eso, no lo que le inquietaba, realmente no.

Parecía increíble que en medio de todo este triángulo amoroso, lo que más le tenía atormentando era la mirada que Taiga le dedicó antes de irse. Era inevitable que su mente no se imaginara yendo tras él, a alcanzarlo, para hacer que esa mirada no volviera a repetirse, con un beso, justo como cuando le demostró que no estaba jugando con él.

—Maldición… —refunfuñó Aomine y cerró los ojos.

Así venía siendo desde el fin de semana. ¿De verdad tan mal estuvo que no le dijera su pasado? Y bueno, realmente no era que le ocultara todo su pasado, siempre le contó muchas cosas en el mes que duró su relación, todo lo que Kagami le preguntaba, se lo respondía.

Su mente volvió a divagar en el mismo hecho por enésima vez y sin darse cuenta, se quedó dormido en el sofá.


Tú eres parte de su pasado. Seguramente siempre estuviste enamorado de él y como siempre te rechazó, ahora te quieres aprovechar de su amnesia, ¿no? —se burló Aomine.

Te voy a decir algo, Aomine —Himuro se mantuvo serio y alzó ligeramente su cadena, reluciendo ese anillo—: no hables por hablar. Lo que nos une a Taiga no se romperá simplemente por qué él se haya fijado en alguien más.

No estés tan seguro —Aomine le sonrió altivo y seguro.

Lo estoy, ¿sabes por qué? —Himuro sonrió cortamente— Porque pese a su amnesia, Taiga no ha sido capaz de deshacerse de su anillo, incluso aunque te tenga a ti ahora.

Ahora fue turno de Aomine de quedarse callado y de que su sonrisa se le borrara.

Para su desgracia, eso era cierto; la vez que Kagami estuvo como loco buscando ese maldito collar luego de que hicieron el amor por segunda vez en su casa o cuando se negaba a dejarlo al cuidado de alguien más y jugaba con él.

¡Eso no es verdad! ¡Tú…! ¡Maldito…! —sin pensar, terminó jalando de la playera al otro chico, como si fuera a golpearlo.

Que reacciones de esta manera, hace ver que tengo razón —Himuro le miró con cierto triunfo.

¡Y una mierda! ¡Me vale una mierda tu estupidez del anillo! ¡Eso no quita que Kagami siga siendo mío, porque lo es! —siseó Aomine con furia.

A medias —dijo Himuro con tranquilidad.


— ¡Dai-chan, despierta! —la aguda voz de Momoi sonó en toda la sala, por quinta vez, mientras zarandeaba como podía el cuerpo del peliazul para despertarlo.

Y lo logró. Aunque su amigo no se mostró muy a gusto con esa forma tan… poco convencional.

— ¡¿Qué demonios quieres, Satsuki?! —exclamó Aomine, sentándose en el sofá, de muy mal humor y razones tenía.

La pelirrosa se le quedó viendo durante casi un minuto, que hizo irritar al peliazul. Y la verdad, cualquiera lo hubiera hecho si al salir del baño escuchan a su mejor amigo pronunciar "Kagami es mío" entre sueños. De verdad que Momoi no entendía cómo es que los hombres podían ser tan orgullosos, o al menos, los que conocía.

—Extrañas a Kagamin —dijo sin más.

— ¡¿Hah?! ¿Por qué tú…?

—Dai-chan, tú amas a Kagamin y es tan obvio que Kagamin también sigue enamorado de ti, pese a todo —interrumpió Momoi—. ¿Eso no es suficiente para luches por él?

—… —Aomine le quedó mirando con molestia y frunció el ceño, para después desviar su mirada.

Era cierto. Pese al sabor amargo que tenía en la boca luego de tremendo sueño tan jodido que le hizo querer romper todo en cuanto despertó, su amiga tenía razón.

Daiki no era una persona que se diera por vencido tan fácilmente, no lo era. Y ahora mismo estaba encendido por ese estúpido sueño.

Sí, estaba dolido por toda la situación. Pero incluso con todo esto, empezaba a darse cuenta que el hecho de imaginarse a Kagami con ese emo idiota, era algo infinitamente peor.

— Me voy a la cama —dicho eso, Daiki se incorporó, dejando con la palabra en la boca a la pelirrosa y se encerró.

Pensó que Momoi le iría a insistir y no fue así, cosa que le sorprendió. Lo que no sabía, era que la intuición femenina a veces podía llegar a asustar por su eficacia.


/Miércoles 2 de Octubre del 2013/

Himuro tomó asiento en uno de los sofás del departamento del pelirrojo. El lugar era de poco espacio en la sala y cocina, pero parecía tener más de una habitación, por lo que pensó que ese era el lugar justo para Kagami.

Desde el lunes, los chicos habían estado frecuentándose para comer juntos, sin ningún problema y ahora Taiga no tenía por qué negarse a seguir pasando más tiempo con el pelinegro, sobre todo, luego de su último pensamiento antes de irse de hablar con Kuruko.

Su mente había estado demasiada ocupada con su trabajo y en las tardes que siempre encontraba algo que hacer con Himuro y Alex; era mejor así, al menos para él. Y aunque eso no significaba que de la nada ya hubiera olvidado sus otros sentimientos, no pensar en ellos encerrados en su departamento, lo hacía más soportable o eso quería creer.

Era un poco curioso que desde que su relación con Aomine terminó, sus visitas frecuentes con Kuroko y los demás disminuyeron demasiado. Aunque con este último, siempre se comunicaba mediante mensajes, pero sus conversaciones no eran muy duraderas, aun así seguía siendo el único; no sabía que sería de la vida de Midorima y Takao ahora y Kise… bueno, esperaba que estuviera mejor luego de aquel accidente, pero tampoco tenía deseos de verlo.

— ¿Qué te gustaría comer, Tatsuya? —preguntó Taiga, mientras iba justo al refrigerador a revisar los ingredientes que tenía.

—Lo que sea está bien, sorpréndeme con tu don culinario —repuso Himuro con una tierna sonrisa—. ¿Necesitas que te ayude con algo? —ofreció, incorporándose y caminando hasta el pelirrojo, tocándole la espalda suavemente.

Eso ocasionó que Kagami se sobresaltara un poco, no era como cuando Kuroko se le aparecía de la nada, sino que más bien ese toque le hizo reaccionar y un estremecimiento le recorrió la espalda, haciendo que soltara las verduras que había sacado del refrigerador.

—Lo siento, Taiga —se disculpó Himuro al percatarse de eso, por a él también le recorrió ese escalofrío y de inmediato se agachó a ayudarle a recoger las verduras.

—N-no te preocupes, Tatsuya… —Kagami ya estaba de cuclillas, levantando los alimentos, por lo que cuando alzó el rostro para ver al pelinegro (no se había percatado de que el otro también estaba agachado con él porque tenía la mirada baja), sus narices casi chocan.

Y el silencio apareció, el tiempo se detuvo en el momento en que sus miradas conectaron y sus alientos se rozaron. Incluso las verduras que habían levantado, volvieron a caer al frío suelo, ajenas al ambiente que empezaba a envolver a los dos chicos ahí hincados.

Seguían siendo los globos de aire que poco a poco se iban llenando y así como estos, ellos también tenían un límite; porque, después de todo, con diferencias o no, ellos se amaban y habían pasado dos malditos años sin sentirse, sin tenerse, separados por la misma vida. Era obvio que ya no podían contenerse más, ya no, también eran humanos. Humanos enamorados—aunque el corazón de uno también amara a otro.

Ambos continuaron acercándose, rompiendo los pequeños milímetros que les separaban y entonces, pasó.

Se besaron. No como el primer beso, no, esta unión de labios fue como un huracán de aguas que se envolvía en fuego; acelerada, pero a la vez silenciosa, por lo que podía resultar tranquila, mas era feroz. Un beso de un jalón les robó el aliento, porque justamente ahora, fue cuando sintieron cuanta falta se habían hecho el uno del otro y no podían contenerse.


Las cortinas que cubrían las ventanas en la habitación de cierto peliazul, estaban corridas, de tal modo que si no estuviera la barda alrededor de la casa, las personas que pasaban en la calle, podrían ver al muchacho acostado en su cama, durmiendo, o eso creerían. Porque la verdad, Aomine no había vuelto a pegar un ojo desde las últimas palabras que su mejor amiga le dijo.

Le parecía estúpido que estuviera dando tantas vueltas al asunto, siendo una persona directa y sin rodeos, porque los odiaba. Sin embargo, ahí seguía, con la misma cantaleta. Era obvio que no pasaría página, no por masoquismo o algo similar, era que simplemente no podía, pero tampoco era tan fácil tomar una decisión más, una en la cual estaría contradiciendo la primera.

¿Por qué no solo tomaba ya la decisión? No era que su propio amor no fuera el suficiente para Kagami, de sus sentimientos no dudaba y de los del pelirrojo… Pues era cierto que verlo el sábado removió muchas cosas en su ser y ahora tenía más presente que antes, que este le seguía amando.

Eso no quitaba el hecho de que también amara a otro.

No era fácil. Y Aomine, pese a todo el orgullo y el fingido egocentrismo que tenía, era vulnerable, por eso es que la confusión seguía ahí, atacando su mente.

Y el sueño que había tenido ayer, con el recuerdo de aquella discusión, no le ayudaba realmente a calmarse como quería; esto no era como jugar un partido de basquetbol, para nada. Era infinitivamente más grande que eso y se necesitaba mucho más de él.

Aomine suspiró y se cruzó de brazos, fijando su mirada en el cielo algo nublado, que igual estaba lleno de estrellas.

Estúpido Kagami, vas a lograr volverme loco, pensó con un extraño desazón en su lengua.

Era cierto que estos días había estado un poco "mejor" o ese le comentó su amiga pelirrosa, pero la verdad es que no era así, qué más quisiera. Solo había roto la rutina que adquirió tras terminar con Taiga, no obstante, la dolencia seguía ahí, como si fuera un veneno en su cuerpo.

Un estremecimiento le recorrió el cuerpo y sintió un terrible frío abrazarle hasta los huesos, ¿qué era eso? Sus ventanas estaban cerradas, igual que su habitación, ¿de dónde rayos entró semejante viento para hacerle sentir así? Fue un golpe pesado y sintió que se ahogaba, como cuando se saca la cabeza de un auto que va a toda velocidad y el aire empuja el oxígeno, hostigando a los pulmones.

No supo con exactitud que significaba eso, pero algo era seguro, ahora se sentía peor.


Kagami se incorporó, jalando el delgado cuerpo de Himuro con él, para que el ósculo no se rompiera en sus movimientos; sus manos apretaron la cintura del contrario con fuerza y el pelinegro se apretó a al cuerpo ajeno con saña, como si intentaran fundirse en ese abrazo que empezó a quemarles al sangre, dándoles a entender que la ropa les estorbaba. Sus alientos se combinaron cuando sus lenguas entraron en contacto; incluso en ese beso, nadie sería capaz de igualarlos en la pasión que desbordaban, misma que estaba equilibrada a la perfección con el romanticismo de sus sentimientos.

Himuro empujó el cuerpo ajeno contra la pared más cercana, adivinando el camino, saboreando los labios contrarios, sintiendo como su estómago dio un vuelco tremendo, del mismo modo en que Taiga sintió el golpeteo de su corazón más rápido, como si quisiera sacar algo atrapado ahí.

No eran idiotas, sabían bien lo que sus cuerpos se pedían; lo que necesitaban, era obvio, habían pasado dos años después de todo. Y el cuerpo de cada uno ya tenía las caricias marcadas del otro y exigía por volverlas a sentir del mismo modo en que el estómago exige comida.

—T-Tatsuya… —jadeó Kagami, rompiendo el beso, con la respiración acelerada a la vez que con su diestra le sujetó del rostro y junto ambas frentes—. N-no está bien… Yo todavía no sé mi elección… Y no quiero que tú… —dejó de hablar, cuando el dedo índice del otro chico le apresó suavemente sus labios.

—Sé bien el riesgo que corremos con esto —Himuro le miró, su cabello estaba algo alborotado, por lo que sus dos ojos estaban a la vista del pelirrojo—, pero no me importa. No me importa, porque yo… —habían veces en que su máscara inexpresiva flaqueaba y no con cualquiera, no obstante, con el pelirrojo siempre había tenido esas excepciones, aparte de su madre, claro.

Himuro no era un llorón, para nada, era alguien demasiado fuerte, que estaba completamente enamorado y no le importaba tener que sacrificar sus sentimientos con tal de ver feliz a aquella persona, pero le era difícil renunciar a esta cuando sabía que ese amor seguía para ambos.

Y es que él no se estaba dando por vencido, la verdad era que no, él era alguien que luchaba por lo que quería, que se esforzaba y no hacerlo con Kagami era algo imposible, porque este último no era alguien que quisiera perder, no. Se negaba a hacerlo y no es como si fuera a presionarlo, pero sí quería recordarle a lo que sabía su amor, quería terminar de sacar de las sombras todos sus sentimientos, que dejaran de reprimirse y aun sí no terminaba siendo la elección de Taiga, no se arrepentiría, aun si sufría. No le importaba. Además, en estos momentos, el mundo estaba a parte de ellos y sus pieles pedían a gritos entrar en contacto.

—Yo he estado demasiado tiempo sin ti, Taiga —susurró Himuro con un nudo en la garganta—. Incluso aunque estuve en coma, no hubo un momento en el que mi mente no te soñara… Aun así, yo siempre te extrañé demasiado y al despertar y no verte ahí… Fue como si una parte de mí me hubiera abandonado —apretó sus labios y cerró los ojos con fuerza, no iba a llorar enfrente del otro, aunque se le estaba haciendo difícil. Después de todo, se había estado conteniendo demasiado, callándose.

—Tatsuya, no digas… —Kagami no supo cómo reaccionar ante esa manera en la que el pelinegro se mostró a él, eran pocas las veces que recordaba haberlo visto así, solo en casos extremos, cuando este se contenía mucho era que terminaba explotando de una manera u otra. Y lejos de sentirse culpable, un sentimiento protector empezó a hacer presencia.

—Sé que todo esto no es tú culpa, ya lo sé, pero… —Himuro apretó los hombros ajenos y entonces, le miró a los ojos— Pero yo sigo enamorado de ti como la primera vez, Taiga. Te amo, te amo y no importa lo que llegue a pasar, yo no…

Y los labios de Tatsuya se callaron, cuando la boca de Kagami se abalanzó a besarle nuevamente, de forma fiera, devorándole como si nunca lo hubiera besado antes. Y un gemido se ahogó en la garganta del primero por eso.

Las posiciones cambiaron, ahora esta vez, Taiga era quién tenía a Himuro contra la pared, besándolo con arrebatadas ganas, jadeando por la falta de respiración, apretando ambos cuerpos; el pelinegro también se empujaba contra él, luchando sin luchar, hasta que sus piernas flaquearon y dándole la oportunidad al pelirrojo se levantar el cuerpo del otro al sujetarle de las caderas con fuerza. Himuro se dejó hacer de momento, enrollando sus brazos en el cuerpo del otro muchacho y enrollando también sus piernas en la cintura ajena, con fuerza.

Sus labios se separaron un momento para tomar aire y se miraron, se miraron fijamente unos segundos, diciéndose mucho con ese gesto y entonces, Kagami empezó a besar y jalar la piel del cuello del pelinegro con muchas ganas, lo hacía de forma lenta, de una forma que demostraba pasión en lugar de desesperación. Esa zona era sensible también para Himuro, por lo que no evitó soltar alguno que otro sonido de forma baja por ahora, pero después, sujetó al pelirrojo del rostro para morderle el labio y succionar de este, sin dejar de verle a los ojos, jadeando.

Taiga le robó un beso más y le bajó para así, entre vueltas y choques, ambos dirigirse a la habitación, donde no les tomó mucho tiempo llegar.

Y una vez ahí dentro, rompieron el beso, no porque realmente quisieran, sino para aprovechar la pausa y mandar fuera sus playeras; no iban a negarse a lo que su piel y corazón les pedían en ese momento, nada podía hacer ahora que dieran un paso atrás, nada. En esos momentos, el mundo estaba en otra dimensión y los únicos que existían era Kagami y Himuro. Quienes, cuando volvieron a besarse y las pieles de sus torsos entraron en contacto, gimieron bajo; la sensación fue poderosa y acogedora, fue como si dijera "bienvenido a casa" y fue cuando la cordura entre los dos se perdió.

Ahora mismo, la boca del pelirrojo chupaba poco a poco uno de los pezones de Himuro, mientras este estaba montado en la pelvis ajena, moviéndose de forma lenta y sensual, rasguñando suavemente los hombros contrarios, jadeando y echando de vez en cuando la cabeza hacía atrás por las sensaciones estremecedoras que sentía ante las acciones del otro chico en su cuerpo.

Kagami lamió el pecho ajeno, hasta llegar al otro pezón y lo mordió con fuerza, haciendo que el otro gimiera y le apretara el cabello, a su vez que también le apretó los glúteos con fuerza. Pero su boca inquieta quería más, no importaba que tiempo atrás ya hubiera probado cada rincón del pelinegro, quería volver a saborearlo y recordarlo, por lo que, tratando de no ser brusco, empujó el cuerpo ajeno contra la cama, atacando nuevamente el cuello de Tatsuya mientras que sus manos se encargaron de desabrocharle el pantalón de mezclilla y empezar a bajárselo junto con la ropa interior de forma lenta, de no ser porque el pelinegro empezó a patalear un poco para terminar de quitarse esa molesta prenda.

Tenían la emoción del reencuentro, como si fueran alguien que estaba por volver a disfrutar todos los postres luego de la dieta, una analogía un poco inadecuada, pero lograba describir muy bien el sentir de ambos en estos momentos.

Una vez que el resto de la ropa de Himuro desapareció, el pelirrojo se acomodó mejor entre las piernas de este, tallándose contra el pene ya erecto del chico, haciéndole sentir su erección que estaba entre la ropa y cuando el otro quiso agarrársela, dejó de besarle el cuello para apoyarse con ambas manos y contemplarle con atención, con los ojos no solo llenos del deseo sexual, sino de cariño.

— ¿Te gusta lo que ves, Taiga? —preguntó Himuro, acelerado y acariciándole la mejilla, flexionando ambas piernas. Tenía un gesto inocente, pero una mirada traviesa, que envió estragos en el pene ajeno.

—Sí… Hah, me encanta… —Kagami se mostró serio unos momentos y luego se inclinó para besarle los labios de forma suave y devota, deslizándolos luego, dejando una serie de besos que iban de la mandíbula hasta llegar al vientre ajeno, donde se detuvo a succionar, arrancándole algunos gemidos al otro chico y que se moviera, sintiendo así el pene erecto ajeno.

Aprovechó y sujetó este, empezando a masturbarlo con lentitud, sintiendo las manos ajenas atrapando su cabello con fuerza, animándolo así a continuar. Por eso, Taiga dejó una mordida en aquel otro lugar y luego se metió la mitad del pene ajeno a la boca, chupándolo con fuerza, apretándolo.

—Nagh… —Himuro soltó un gemido mucho más grande que los anteriores y con los ojos entrecerrados, alzó un poco la cabeza para poder ver las acciones del contrario y sus piernas se abrieron más, para darle espacio. Y con sus dos manos, sujetó la cabeza ajena, para ser él quién empezara a marcar el ritmo de la felación; lento y duro.

Kagami sintió las arcadas, pero se aguantó, no hizo más que por ahora contemplar las expresiones que el pelinegro estaba haciendo por esto y le sujetó de las muñecas, no para apartarle el agarre, sino para hacerlo juntos. Si bien le estaba costando respirar así, no le importó, dejó que su saliva se escurriera por los muslos contrarios, porque ya le serviría después.

Por ahora, se encargó de apretar y aflojar en el tiempo justo sus labios contra la virilidad caliente ajena, succionando y chupando con fuerza, moviendo también su cabeza de forma circular con las manos del pelinegro marcándole todavía el paso.

Eso hasta que aprovechando como Himuro iba sumiéndose más en placer, soltando gruñidos y gemidos, coló su dedo índice a la entrada ajena, empezando a masajearla con devoción y de forma lenta, puesto tenía presente que debía ser más cuidadoso ahora, ya que había pasado bastante tiempo desde que lo habían hecho y no quería lastimarlo.

—Oh, cielos… Taiga… —Himuro tuvo que soltarle uno momento para apretar la sábana al sentir aquello y negó— Estaré bien, solo hazlo, ah…

—Hah… No quiero hacerte daño… —jadeó Kagami, desabrochándose el pantalón para empezar a bajárselo y masturbarse, mitigando así el dolor de su pene, aprovechando la pausa en la felación.

Himuro le dedicó una sonrisa entre coqueta y cariñosa y de improviso, se arqueó para alcanzar la mano ajena y así, meterse el dedo contrario, soltando un gemido. La sensación fue más incómoda que dolorosa, al menos por ahora.

—Tatsuya, no…

—Solo muévelo ahora, ah…

Aunque a Kagami no le pareció aquello, no iba a desaprovechar esto y empezó a mover su dedo, tocando el interior ajeno. Otra vez su boca no se quedó quieta y se agachó para dejar caer saliva ahí, toda la que podía para lubricar mejor aquella zona y lamió los testículos ajenos, chupándolos de igual modo. Ah, ese sabor tan suave y liviano que tenía la piel del pelinegro… Como si fuera morder un turrón; delicioso. E incluso, dejó más de una mordida en los muslos y glúteos, saboreando esa dulce piel, dejándose llevar del mismo modo que Tatsuya.

De modo que, luego de casi un minuto y medio así, el segundo dedo hizo acto de presencia en ese agujero ya mojado y sonrosado, moviéndose primero lento y después abriéndose como si fueran tijeras, escarbando en la carne contraria, buscando hacer espacio con paciencia.

Pero ahora, Kagami volvía a envolver el falo contrario entre su boca y solo una mano de Himuro le marcaba el ritmo, porque la otra estaba sujeta de una almohada con fuerza y de su boca continuaba saliendo esos hermosos sonidos que eran el ánimo a seguir del pelirrojo, además de que eso le excitaba todavía más. Entre ellos, la llama de la pasión era difícil de apagar una vez daba comienzo.

—Tú sabor no se ha perdido… —susurró Kagami de pronto, chupando solo el glande ajeno, metiendo ahora el tercer dedo.

— ¡Ah! —Himuro arqueó la espalda y se apoyó como pudo de un codo para verle— ¿E-en serio, hm…?

—Sigue igual… Igual que siempre… —masculló Kagami, dando una embestida con los tres dedos en el interior ajeno, haciendo que el pelinegro cayera acostado nuevamente y gimiera.

Himuro contrajo sus músculos internos y negó. Esas palabras solo sirvieron para aumentar el fuego en su corazón, estaba como el agua queriendo salir de una presa ahora.

—No puedo… esperar más, Taiga… Te quiero… te necesito adentro —eso sonó como una súplica, al contrario, fue dicho con cierta agresividad y de forma demandante. Eso era lo bueno de Himuro y que tanto cautivaba al pelirrojo; lo dominante que podía llegar a ser, sin importar el rol que desempeñara en la cama.

—Tatsuya, todavía no… —pese a sus palabras, Kagami ya se había situado entre las piernas ajenas y continuaba empujando sus dedos ahí dentro.

El pelinegro gimió y le miró. Sus ojos trasmitían la potencia de las olas del mar, ese sentimiento de pasión al moverse y el deseo de atrapar todo en sus aguas. Por ello, aprovechando la cercanía ajena, atrapó el rostro de este y lo acercó, rozando ambas narices.

—No, Taiga, ¡ngh, aah! —Himuro gimió nuevamente por la nueva presión dolorosa y placentera en su interior— Hazme el amor ya, hazlo… —lo pidió de forma suave, pero sin delicación, dejando besos rápidos y cortos en los labios ajenos.

—Sigues igual de impaciente que antes… —con la pasión imprimida, la voz de Kagami sonó tierna y sacó los tres dedos que se movían dentro del otro chico y con la otra mano le apartó los cabellos del rostro para verle y besó nuevamente los labios de este, profundizando ambos el contacto, danzando sus lenguas también.

La punta del pene de Taiga se posicionó en el orificio anal del pelinegro y aún cuando solo la punta se encontró adentro, ambos se vieron forzados a dejar de besarse para jadear y mirarse con impresión. Era el jodido cielo. Iban probando un pedazo de cielo en cada que el miembro del pelirrojo iba entrando.

Y cuando al final, la penetración estuvo completa y el pene de Kagami ahora era apretado por las paredes de Himuro, la poca razón que les quedó, se perdió.

Ahí estaba otra vez, aquella sensación que siempre marcaba sus encuentros sexuales; era algo sofocante, un calor que les exprimía y consumía el corazón y que pese a eso, lograba construir un sentimiento acogedor. Lo que ellos sentían, era como el humo que provocaba la combinación del fuego con el agua; ninguno desaparecía y su lucha por la dominancia era tal, que rayaba los límites de la pasión.

— ¡Oh, Dios… Ah! —Himuro enterró las uñas en la espalda contraria y apretó los labios. Le dolía sí, pero tenía cierto lado masoquista que lo estaba disfrutando como si fuera su primera vez.

—Agh, joder… Ah… —Kagami negó y gruñó, porque las paredes contrarias le apretaron como si quisieran arrancarle el pene de una magnifica forma.

Su amor era como el calor envolvente y sofocante de un incendio en el mar, y pese a eso, conservaba la calma del agua, volviéndolo apto. Una tremenda combinación de polos opuestos.

Las embestidas empezaron, por ahora de manera lenta, mientras sus bocas volvían a besarse febrilmente y las manos de Taiga se apoderaban de los glúteos de Tatsuya, enterrando sus uñas ahí del mismo modo en que el chico empezaba a rasguñarle con forme el ritmo de las embestidas aumentaban.

Entre ellos no se hacía esperar nada, porque desde aquella vez en que descubrieron lo que hacer el amor le dejaba en ellos, eran imparables. Y no es como si su relación hubiera dependido solo de ello, pues ambos compartieron mucho tiempo para otras cosas, pero era cierto que nunca perdían oportunidad.

Cuando sus bocas volvieron a separarse, Kagami cambió la posición; la favorita de ambos. Se hincó por completo y levanto las caderas de Himuro sujetándole ahora de los muslos, haciendo que el chico se sujetara con fuerza de las sábanas cuando volvió a penetrarle con fuerza.

— ¡Agh, Taiga…Mételo más…! ¡Quiero sentirte más profundo, cielos! —si bien la voz de Himuro era de un tono suave, esta vez sonó muy demandante y terminó rasguñando las piernas contrarias, pues en la posición en que estaban, sus brazos alcanzaron.

—Déjame escucharte más, Tatsuya,… Me aprietas tanto… argh —gimió roncamente Kagami, complaciendo al pelinegro, embistiéndolo lento, duro y profundo. Podía sentir y escuchar como su pre seminal se frotaba con la carne interior ajena, volviéndolo un sonido dulcemente perverso para ambos.

La musa de ambos eran sus propios gemidos, gruñidos y jadeos, así como el rechinar de la cama, porque Taiga lo penetraba con una fuerza tal… que rayaba en lo salvaje. Y por la posición, lo único que Himuro podía hacer, era rasguñar las sábanas o la cabecera de la cama o hasta las piernas del ajeno; el placer para ambos era desbordante, tocaba su corazón y lo jugaba con saña, desenvolviendo sus sentimientos de manera acalorada, alimentándolos.

Kagami disfrutaba de la vista que tenía y se relamió los labios y dejó caer su saliva en la punta del miembro ajeno que rebotaba por las fuertes embestidas, causando un estremecimiento en el chico. Su pene era tragado como nunca, podía incluso oírse las succiones del interior ajeno, pidiendo por más y es que en ellos, era normal.

Sus cuerpos se habían añorado tanto, se habían necesitado tanto… En la lejana razón de la mente del pelirrojo, se preguntó cómo le hizo esos dos años para estar sin el pelinegro, ¿cómo es que su cuerpo no lo resintió tanto, aun si su mente no recordaba?

Aunque esa posición era bastante deliciosa para los dos, la cambiaron. Himuro gimoteó cuando el miembro contrario salió de su interior, pero tras jadear un par de veces, empujó a Kagami contra la cabecera de la cama y le besó lentamente, acomodándose sobre este, penentrándose y empezando a cabalgar de forma lenta.

En el momento en que volvieron a respirar, se miraron a los ojos, rozando sus narices y sus manos se buscaron, entrelazándose, dándole un gesto romántico a la escena sexual. Momentos después, Kagami se soltó de una mano para atraerlo a su cuerpo, empujándole de la cadera y manteniendo el enlace con la otra.

—Hah, Taiga…, Taiga… —susurró Himuro entre gemidos de diferentes tonos, golpeándole con su aliento la boca al pelirrojo.

—No, agh… Tatsuya… —Kagami también pronunció más de un gemido, mientras se veían a los ojos y dejaban expuestas todas las expresiones de placer existentes entre ellos.

El pelinegro casi suelta un grito cuando entre las autopenetraciones que se iba dando, su punto al final fue encontrado y se estremeció con fuerza, haciéndose para atrás. Y como Taiga se dio cuenta de eso, le atrapó y usando esa acción, volvió a acomodar las posiciones, en donde Tatsuya estaba acostado nuevamente, ahora encima de este.

Cuando sus miradas volvieron a conectar, no hizo falta más y entonces, Kagami lo embistió, justo en aquel punto que segundos atrás pegó. Y los gemidos sonoros siguieron saliendo; seguramente luego ambos necesitarían algún te por el dolor de garganta, pero ahora, ninguno de los dos se detendría, no así.

La culminación llegó a la séptima embestida; a Himuro le recorrió el estremecimiento orgásmico de pies a cabeza, que le hizo temblar con verdaderas ganas y arquearse con fuerza, como si estuviera volviendo a la vida de una y soltando en un gran gemido el nombre del pelirrojo, soltando su esencia que le llegó hasta el pecho y parte del rostro. Por su parte, Kagami volvió a dar una embestida más, pese a que las paredes internas del pelinegro le apretaron dolorosamente que le hizo gruñir, pero que segundos después, le hicieron experimentar uno de los mejores orgasmos de su vida y terminando por correrse en el interior ajeno.

Sus manos estaban entrelazadas todavía y volvieron a besarse, todavía perdidos en su mundo, sin preocuparse de nada más.

No fue hasta que ambos se reacomodaron en la cama, ya sin sus cuerpos unidos, luego de llegar al orgasmo, que el primero en romper el silencio fue Kagami.

—Ha sido… genial…

Himuro estaba descansando en el regazo impropio y le abrazó con fuerza. Ahora mismo que habían terminado de hacer el amor, sentía su corazón más expuesto, porque el pelirrojo siempre terminaba llegando a este. También estaba completamente feliz, eso no podía negarlo, no podía evitar sentirse así, ¿cuánto había esperado para este momento? Estaba completamente rebosante de esos sentimientos tan cálidos y acogedores que el pelirrojo siempre había sabido brindarle. Aunque tampoco podía evadir la realidad así, pese a que era lo que más quería.

—Realmente…, yo…, Taiga... —negó. Era bueno que por la forma en que estaban abrazados, el rostro de Himuro no se veía, al menos no para el pelirojo— Te extrañe. Desde que había despertado, no había ni un solo día en que sintiera la ansiedad en mi corazón, de no saber dónde estabas, con quién estabas, si estabas bien… No sabía el daño que dejó en ti el accidente y me enojaba conmigo mismo por no poder estar contigo. De verdad me has hecho mucha falta todo este tiempo, incluso aunque sé que nada de eso es a propósito, no lo puedo evitar… —apretó sus labios, aguantándose las ganas que le entraron a sus ojos de soltar lágrimas; las logró contener, justo cuando los brazos del pelirrojo le envolvieron con fuerza, con mucha, mucha fuerza, como si la vida se le fuera en ese abrazo.

—Ya no digas más… —susurró Kagami, acomodando al pelinegro contra su regazo, besándole la frente. Y es que cuando lo escuchaba hablar así, el dolor y el vacío crecía, porque lo que tenía con el pelinegro ya tenía su propio lugar donde hacer las heridas en su corazón. No era que estuviera evadiendo el tema, no, pero su mente ya había dejado todo ese estrés que comenzó desde que recuperó su memoria en el momento en que empezaron a hacer el amor, y sí bien sus sentimientos seguían intactos, ahora mismo, no era como si estuviera traicionando a alguno. Después de todo, tenía que elegir.

—Lo siento…, yo no quiero que te dejes llevar y tomes una decisión precipitada, pero tenía que decírtelo, porque debes saber cuánto yo te a-…

El pelirrojo calló nuevamente a Himuro con un beso, esta vez más suave y profundo; sus manos volvieron a entrelazarse, mientras que sus bocas se movían sincronizadamente. Era una dulzura sin resultar empalagosa, como si fuera la exquisitez y elegancia de un vino en sus lenguas; no podían dejar de besarse ahora y la mano libre del pelirrojo recorrió con lentitud la espalda del otro chico, deleitándose como si fuera seda, hasta apresarle del rostro.

Tal parecía que su ronda no había terminado, incluso aunque ese ósculo y caricias estuvieran teñidos por la ternura que quitaba la amargura del pasado triste y nostálgico, la pasión era algo que entre ellos siempre estaba presente, por la más mínima caricia que se hicieran. Y más ahora, que ninguno estaba lleno ni satisfecho; necesitaban más de sí mismos para borrar completamente aquel espacio de dos años lejos y que mejor manera de seguir haciéndolo que uniéndose nuevamente. Las palabras no volvieron a ser necesarias, porque sus cuerpos volvieron a buscarse con frenesí por segunda vez en el día. Y hasta una tercera.

Hasta que los dos, terminaron rendidos en la cama, bañados en el sudor de su cuerpo, como del amor que entre ambos existía, envueltos en las sábanas.

El primero en dormirse fue Himuro, abrazado por el pelirrojo con fuerza, viéndolo dormir, soltando uno que otro suspiro, recordando cada palabra que este le había dicho.

Sabía bien que el pelinegro estaba sufriendo con todo eso, era obvio no solo por la forma en que ellos tenían de comprenderse y porque se conocían perfectamente. Aun así, su sentido de alerta no se había despertado del todo, hasta que el muchacho azabache se abrió completamente con su sentir.

—Perdóname por haberte dejado solo esos dos años, Tatsuya…, perdóname —susurró Kagami con un nudo en la garganta y el pecho estrujándose, mientras le acarició el cabello de forma un poco torpe, pero cariñosa.

Solo unos segundos después de esa caricia hacía el dormido Himuro, una lágrima delgada y fina salió de uno de los ojos de este y para el pelirrojo, fue como una explosión de impotencia y la necesidad de protegerlo, de estar con él, aumentó a niveles inimaginables. No era por culpa, maldición, lejos de sentir culpa, lo que sentía era la necesidad que sentía su corazón de recuperar parte de su esencia al estar con Tatsuya. ¿Qué había hecho en todo este tiempo, maldición?

Y entonces, una decisión empezó a ser un poco clara para Kagami, quien contempló al pelinegro un poco más para luego estrecharlo con fuerza y se dijo a sí mismo, que ya nunca volvería a dejarlo solo.


Y la bomba ha sido soltada.

¿Qué opinan del giro que dieron las acciones de Kagami? Pueden haber muchos análisis de ésto, ¿quieren compartirme alguno? xD

Como "justificación" a los actos de nuestro tigre, solo puedo decir... No se pueden borrar muchos años de relación cuando se vienen como huracán sentimientos que no sabías tenías :/. Para mí eso es algo muy conflictivo y nada fácil de aclarar y Kagamin tiene que probar un par de cosas para poder centrarse en lo que de verdad quiere, pues todo lo que creía querer no era tal y cómo lo creía; no sé si me doy a entender.

Es una ventaja que ya no esté en una relación con Aomine(?).

Well, esto ha sido por hoy, lectores míos. ¡Espero con emoción sus comentarios, eh! Seguramente tienen sentimientos y pensamientos encontrados con lo que acaba de pasar, así que no se repriman, suéltenlos en un review xD.

¡Besos!