Hola otra vez ewe.

Seguro que ésto no se lo esperaban, pero tómenlo como un regalo por todo lo que han tenido que esperar por ésta historia x'D. Sin embargo, éste capítulo es para darles una noticia; ¡entramos a la recta final de ésta historia! Así que para que vayan preparándose que en algún momento les saldrá el título de "Epílogo".

Aún no sé que hayan pensado respecto a las acciones de Kagami (de verdad espero se animen a comentármelo xD), pero creo que éste capítulo será una luz en medio de la oscuridad(?).

¡Disfrútenlo!


/Jueves 3 de Octubre del 2013/

¿Cuánto tiempo hacía desde la última vez en que había observado dormir a Kagami? Y aun así, este seguía pareciendo como un niño al tenerle abrazado como si fuera un almohada o un peluche, descansando la cabeza sobre su pecho.

Himuro sonrió y le acarició el cabello rojo con fervor. Ayer ya ni comieron, al menos no alimentos fisícos, por lo que estaba seguro que hoy el chico estaría muriendo de hambre, así que le sugeriría pedir algo de comer.

Cerró los ojos durante unos momentos, recordando todas las cosas que habían hecho el día de ayer; la forma en que las manos de Taiga le recorrieron la piel por cada rincón, el modo en que sus cuerpos se unieron en más de una ocasión y todas las poses en las que el placer desbordante lo consumió por completo. La forma en que se besaron, el modo en que el pelirrojo parecía cambiar de su bonita inocencia y vergüenza a una faceta completamente dominante.

A Tatsuya no le gustaba que nadie más llevara el control en las cosas, de hecho, pese a su aspecto algo afeminado por su gran elegancia y delicadeza en algunos movimientos que tenía, no era una persona en lo más mínimo, sumisa. Al contrario, en alguna ocasión, había dejado ver un lado de él manipulante y controlador. Pero muy diferente era cuando se trataba de Kagami, no era que le hubiera podida dar una excitante lucha de dominancia en la cama, era que con él un lado masoquista que no conocía salía a relucir y le encantaba ver brillar al pelirrojo en todo su esplendor, orgulloso y apasionado.

— ¿Tan interesante es verme dormir? —preguntó Kagami de pronto, trayendo a la realidad al otro chico, para luego dar un bostezo. No hacía mucho se despertó y se notaba soñoliento, aun así se mantuvo bien abrazado al ajeno.

—Siempre has sido interesante, Taiga —respondió Himuro como si nada, dejándole un beso en la frente al otro.

—Hmm… —Kagami se avergonzó solo un poco por ese mote cariñoso, pero sonrió bastante alegre— Puedo decir lo mismo entonces —sin más, le dejó un beso en el abdomen, aprovechando su posición y se removió en la cama como si fuera un felino.

—No hagas eso, Taiga, me haces cosquillas —Himuro también se removió y rió suavemente.

—Me muero de hambre, ayer no tuvimos tiempo para comer —refunfuñó Kagami, reacomodando las sábanas sin ninguna intención de levantarse, aunque su estómago gruñera también, pues estaba muy cómodo ahí.

—Podemos pedir algo de comer —sugirió Himuro, aprovechando la nueva posición para acomodarse en el regazo del otro muchacho y dejarle un beso en la mejilla con ternura.

Sus acciones salían espontaneas y justas. Y porque no, después de todo, ellos eran una pareja antes de aquel fatal accidente y oficialmente, no habían terminado… sin embargo, con todos los hechos que habían pasado desde entonces, estaba de más poner la ruptura en palabras. No obstante, ambos chicos seguían cargando sus anillos de compromiso.

Y además, ¿de qué otra manera podrían comportarse dos personas después de tener sexo, o mejor dicho, hacer el amor? Porque tanto Taiga como Tatsuya, se amaban, no era solo follar por simple diversión o desquite.

—Bien… porque no tengo ganas de levantarme —suspiró Kagami, mirando al otro chico y sonriendo. Buscó su celular en la gaveta del buro que estaba al lado de su cama desde ayer en la mañana y marcó al restaurante que no era el de su madre, ordenando un sinfín de cosas bajo la divertida expresión del pelinegro, hasta que colgó.

—Me pregunto qué clase de metabolismo tienes, Taiga.

—Es normal, ustedes son quiénes comen poco siempre, Tatsuya.

El chico del lunar bajo el ojo rió por lo bajo y negó.

—Sería bueno que nos ducháramos antes de que venga… —Himuro tomó el celular del pelirrojo para ver la hora— la comida.

Sí, eran justamente las dos en punto. Era normal que hubiesen dormido también toda la mañana luego de tres sesiones sexuales seguidas.

Kagami sintió un cosquilleo por esa proposición y se sintió con repentina energía, haciendo que el otro chico enarcara una ceja, con falsa inocencia; esto les trajo a ambos un hermoso deja vú.

—No perdamos tiempo entonces.

Pero esto era algo completamente diferente a aquella vez. Y no solo por las razones obvias, puesto Himuro también lo sintió así.

—Vamos.

Este último se incorporó, haciendo a un lado las sábanas y dejando expuesta su desnudez sin pena alguna, logrando que el pelirrojo se quedara embobado viéndolo de pies a cabeza. Maldita sea que Tatsuya era realmente atractivo en todos los sentidos y siempre se había considerado afortunado porque este le amara.

— ¿Todo bien, Taiga? —inquirió Himuro como quién no quiere la cosa, tratando de no sonreír, con su aparente neutralidad.

—Ah, eh… Sí, vamos —Kagami desvió unos segundos la mirada, casi ruborizándose y se incorporó sin necesidad de taparse tampoco.

El pelinegro se acercó al más alto y se puso de puntitas para robarle un beso, que aunque fue corto, el pelirrojo se sostuvo del rostro para hacer más prolongado el contacto; sus corazones respiraban tan bien ahora.

Himuro se estremeció de repente y dio un pequeño quejido que alertó al otro.

— ¿Estás bien, Tatsuya? —ahora sí, Kagami se sintió mortalmente preocupado. Se supone ayer debió de haber tenido más cuidado por todo el tiempo en que habían pasado sin hacerlo e incluso lo hicieron tres veces y no fue precisamente delicado…

—Hah… sí, Taiga… —pero la mentira de Himuro no fue nada creíble cuando volvió a estremecerse con fuerza y las piernas le flaquearon y seguramente se hubiera caído, de no ser porque los brazos del pelirrojo le sostuvieron.

—C-creo que debería cargarte… —esta vez, la cara de Kagami estaba colorada y no solo por lo anterior, sino porque sus ojos captaron como del cuerpo del pelinegro empezaba a escurrir todo el semen que vertió el día de ayer.

—Será lo mejor… —a Himuro también le golpeó un poco la vergüenza y se ruborizó ligeramente, a comparación del otro, ocultando su rostro en el pecho ajeno. Mierda, cuando se había despertado, el malestar no había llegado, probablemente porque estaba acostado y su cuerpo empezó a resentirlo cuando empezó a caminar y dolía demasiado; sentía su recto hinchado y como si la cadera se le fuera a caer.

Kagami no dijo nada más y con todo el cuidado que sus toscas manos le permitieron dar, alzó al pelinegro con ambos brazos, como si cargara a un bebé. Y Himuro se inclinó un poco para darle un beso en la mejilla, viéndole con atención y sonrió, recibiendo como respuesta la sonrisa del pelirrojo. Esa confianza que trasmitían sus miradas dejaba en claro muchas cosas, pero que a la vez todo seguía sin definirse.

No importaban las consecuencias de esto, Taiga no se arrepentía de nada.


/Viernes 4 de Octubre del 2013/

Ese día, Aomine había intentado ir a clase luego de más de una semana sin aparecerse por el campus de la universidad, con el falso permiso que Momoi le consiguió en dónde había sufrido un daño físico por la agresión en que se vio envuelto por el ataque de Haizaki y claro que también tuvo que salir a relucir el apellido "Akashi" para obtenerlo.

Para ser sincero, su día siguió igual de patético incluso en la escuela, donde pensó que probablemente lograría distraer su mente de aquella confusión que seguía sin pista de querer desaparecer. Más de uno de sus compañeros le saludaron e intentaron acercarse para preguntar sobre su estado, puesto a alguno le pareció notar esa falta de chispa en la personalidad del peliazul que se mostró mucho más evasivo que antes.

Gracias a eso es que terminó largándose a la azotea de uno de los edificios de la universidad y se quedó dormido, justo como hacía en la secundaria.

Las palabras de Kuroko y Momoi seguían golpeando su mente y corazón con gran insistencia; no era que ellos no tuvieran razón, parte de Aomine sabía que la tenían, sin embargo no terminaba de aceptarla por completo. No era tan fácil como parecía. Pero entonces, ¿qué más quería para decidir ya? ¿De verdad iba a dejar que Kagami se escapara de sus manos más de lo que parecía irse ahora?

Era obvio que no quería eso, no obstante, tampoco tenía idea de cómo lidiaría con el hecho de que el pelirrojo también siguiera sintiendo algo por ese tal Himuro. Quizá fuera mejor que dejara de pensar tanto, no obstante, todo esto le estaba afectando demasiado como para no hacerlo.

De modo que al final, mucho antes de la hora acordada, terminó yéndose de la fastidiosa escuela. Extrañaba jugar, quería hacerlo ahora, pese a que eso también traería sus consecuencias, porque de no ser así, mucho antes se hubiera refugiado en el juego, mas aquello le traía demasiados recuerdos a su cabeza y su cuerpo empezaba a gritar por todos sus poros que ahí hacía falta alguien para completar la ecuación y lejos de ayudarle, eso terminaba haciéndolo todo peor.

Kagami estaba presente en todo lo que hacía, seguía presente en toda su vida aunque su relación ya estaba terminada. Realmente ese chico lo tenía completamente perdido, completamente enamorado como para seguir así luego de más de una semana.

Sus manos, sus brazos y su piel añoraban el sentir aquel cuerpo bronceado y bien formado del pelirrojo, cada noche lo pedía, arrebatándole el sueño por toda la semana. Y justo cuando al fin pudo dormir, esos deseos aparecieron en sueños. Era tan desesperante, porque Aomine de verdad quería hacer eso. Y además, estaba esa nueva sensación que le atacó ayer, de la nada. Como si su alma estuviera hundiéndose, fue algo tan grande, que fue necesario que se metiera a duchar para calmarse o seguramente le hubiera dado algo. Fue como si estuviera perdiendo todavía más, cosa que no entendía, si ya no tenía a Kagami.

Había llegado justo frente al supermercado, tal vez sería bueno pasar a comprar comida ya preparada para evitar las habilidades desastrosas en la cocina de su amiga pelirrosa. En eso estaba, cuando de pronto, sus ojos azules encontraron la figura del pelirrojo, justo en frente, en aquel parque de la zona centro de la ciudad. Y no estaba solo, estaba con ese idiota de Himuro y ambos estaban con un maldito helado en la mano; quizá no fuera una situación comprometedora de ambos chicos, de no ser porque Kagami se terminó manchado en su mano y el pelinegro le terminó lamiendo esta, ajenos al mar de miradas que tuvieron por ese acción tan…

Aomine se quedó de piedra por ese gesto, sobre todo, al ver la cara de Kagami, quién no rechazó eso. El ambiente de esos dos se percibía hasta donde estaba, maldición.

Tú ya le has dado las llaves, Aomine-kun y Kagami-kun en algún momento se cansará de esperarte y hará su elección sin ti, aquella frase que Kuroko le dijo, apareció en su mente, como si eso fuera la explicación de lo que sus ojos estaban captando en estos momentos.

El peliazul sintió la necesidad de golpear hasta el cansancio algo, pese a que su expresión se mantuvo fría y ceñuda, todavía como fiel expectante de aquel ambiente entre esos dos. Esto le estaba doliendo como una mierda, en serio, sentía como si su corazón fuese a salirse de su cuerpo por la manera tan fuerte en que se estrujaba, como si fuera golpeado en la zona del pecho con un martillo más de una vez.

Sintió coraje, la vil ira en su sistema por esa escena y su orgullo también hizo aparición. ¿Así que así de fácil, eh, Kagami?, pensó de pronto con una sonrisa amarga. ¿Para este desenlace es que había estado pensando tanto? ¿Le iba servir luchar ahora? Aomine negó con la decepción pintada en todo su sistema y aquella agonía empezando a azotar su alma, ¿por qué mierda tuvo que terminar con el pelirrojo? Una cosa era muy distinta a ya no estar con él a verlo con otra persona en un ambiente que destilaba romanticismo contenido, pero al fin y al cabo, se notaba su maldita unión.

Sentir ese dolor empezar a bañar hasta su alma, como si fuera un veneno caliente, como si fuera lejía que lo dejaba completamente desnudo y con el ardor en su pecho.

Esto era mucho peor, sí pensó que con terminarle a Kagami se iba a librar de esto, había estado muy equivocado, ahora lo sabía.

Quería dejar de verlos, de ver como sonreían como si nada, de cómo Himuro le veía con ese destello de amor en los ojos, de ver como Kagami no le era indiferente… Y no podía, quería largarse de ahí, mas sus piernas no reaccionaban.

Patético, la verdad, y estúpido también. Porque ahora ni su orgullo podía salvarle del desastre que sentía en su interior, esto era demasiado, no estaba preparado.

Te voy a decir algo, Aomine, de pronto, en medio de todo el dolor y caos en su corazón, aquella breve discusión que tuvo con el pelinegro ese, empezó a reproducirse en su mente, esta vez no como un sueño, sino como un recuerdo demasiado real, mientras sus ojos continuaban fijos en aquel par. No hables por hablar. Lo que nos une a Taiga no se romperá simplemente por qué él se haya fijado en alguien más.

El peliazul rechinó los dientes con fuerza y apretó las manos en puños, conteniendo las ganas de darle un puñetazo a lo primero que encontrara, llenándose de ira con esas malditas palabras, porque ahora parecían llevar toda la razón y darse cuenta de eso, le hizo empeorar como se sentía. Quería quitarse esas estúpidas palabras de su cabeza ahora y tampoco podía.

No. No, no soportaba, no soportaba la maldita imagen de ese jodido emo y Kagami, juntos, luciendo como pareja. No, simplemente no lo toleraba, no. ¡No podía tolerar eso!

Lo que nos une a Taiga no se romperá simplemente por qué él se haya fijado en alguien más.

Aomine gruñó con tremenda fuerza y frunció el ceño. No, no, no. ¿Qué acaso ese maldito tipo era el estúpido futuro o destino para saber algo así? Odiaba la tonta arrogancia con que esas palabras salieron de la boca de Himuro ese día y para colmo, se repetían de la misma manera en su cerebro.

Já, como si ese emo pudiera decidir eso. ¿Qué se creía ese chico para haber hablado con tanta altanería aquel día? Él no conocía los sentimientos que su pelirrojo le tenía... Porque no importaba si ese tipo le tenía ventaja por ser su pasado y tener más recuerdos con Kagami, Himuro no conocía en nada como era su relación con Taiga, no sabía lo que pasaron para iniciarla y sobre todo, no sabía el amor que Daiki le tenía.

Porque sí, pese a que se encontraba viendo las acciones y como parecía ser aquella relación entre el pelirrojo y Himuro, no era nada comparada como la que él tenía con Kagami, no eran iguales.

No hables por hablar.

Aquella frase fue lo que derramó la gota del vaso de la "paciencia" del peliazul y terminó frunciendo la boca, en una mueca de disgusto, más que nada, ahora parecía un felino en posición para defender a su territorio. Porque su orgullo resurgió, sí, en medio de todo ese dolor, de ese nido de víboras en su corazón que le pinchaban el alma, logró salir y lejos de querer mandar al infierno a ambos, solo quiso mandar a uno.

¡Himuro no conocía el amor que seguía existiendo entre él y Taiga! Y la verdad, la verdad ahora más que nada quería estamparle la realidad a ese tipo. No importaba si los estaba viendo juntos, no importaba que Kagami le estuviera viendo con amor, no importaba, pero había algo en lo que Aomine llevaba ventaja y no fue hasta ahora que se estaba dando cuenta como era debido.

Kagami también lo seguía amando, esa era la realidad. Justo como había dicho Satsuki.

Definitivamente, Aomine no toleraba el tener que pensar que Kagami también estaba enamorado de otro sujeto, no obstante, había algo que odiaba con más intensidad que eso y aquello era tener que ceder lo que era suyo, algo que había estado a punto de cometer. Si bien el pelirrojo no era un objeto, lo cierto era que si de verdad el estúpido lazo que tenía este último con Himuro no se podía romper, el destino no hubiera permitido en un principio que Taiga se fijara en Daiki.

Y sobre todo, el peliazul nunca hablaba por hablar, si esa vez dijo que Kagami era suyo, era porque era suyo. Ahora más que nunca, tenía en claro que iba a ser capaz de borrar el pasado del pelirrojo, aún si el proceso fuera un calvario, lo haría, no le dejaría el camino libre a Himuro, por nada del mundo. Pese a que ya le hubiera tendido las llaves a Taiga cuando decidió terminar su relación, sin embargo, no lo iba a dejar ir.

Iba a luchar y se iba a arriesgar lo que hiciera falta. Después de todo, Kagami ya lo había hecho por él cuando se fijó en su persona, siendo como era y pese a que jugó con él.

Porque al final de cuentas, el pelirrojo era la luz que lo salvó de aquella oscuridad y no la soltaría, su cielo no era cielo sin el sol.


— ¿Estás bien, Taiga? —preguntó Himuro, dándole una mordida la helado y viendo al pelirrojo.

—Eh, sí… Solo me dio un calambre en las ansías por el frío —respondió Kagami con una sonrisa, señalando su helado. Había sentido un estremecimiento, era cierto, pero no tenía nada que ver con aquello que dijo, de hecho, ni siquiera sabía porque lo había tenido. Muy aparte fue de lo que sintió cuando la lengua del pelinegro le limpió la mano manchada.

—Quizá debimos comprar otra cosa —aventuró Himuro, con calma, notando a el pelirrojo más distraído de lo normal, sin lograr notar en él el motivo.

El día de ayer, tuvieron muchos movimientos, sobre todo, cuando Kagami recordó que había faltado al trabajo y tuvo que inventar un problema familiar para que el dueño no terminara corriéndolo. Afortunadamente, había funcionado gracias a que ese día no hubo mucha clientela, pero tenía que reponer esas horas el fin de semana, debido a que el dueño no tuvo tiempo de avisarle a otro cocinero y terminó llamándole sin previo aviso. Eso o le descontaban el día.

Himuro prefirió no quedarse otra vez en el departamento del pelirrojo, por más que sí quisiera, no iba a aprovecharse de aquello tampoco, pese a lo que había pasado entre los dos. Y además, el pelirrojo no le hizo desistir por esa decisión, era mejor así.

No obstante, ahora su relación parecía diferente. Porque Taiga le había pedido salir a comer luego del trabajo y ahí estaban ahora, paseando como si fueran novios, en el centro y comiendo un helado, como en los viejos tiempos. Tenían planeado ir luego al cine, pero la aparición de cierto chico de cabellos morados ahí, arruinó sus planes.

— ¿A-Atsuhi? —Himuro parpadeó sorprendido al ver la imponente figura del gran muchacho.

— ¿Quién es? —preguntó Kagami con un destello de perspicacia y nada feliz, sobre todo porque el pelinegro había llamado por su primer nombre a aquel muchacho y eso no era nada típico. No le gustó nada eso, nada.

—Ah, él es… un amigo —respondió Himuro, todavía viendo al pelimorado, ¿era su imaginación o lo notaba diferente?— Atsushi, ¿qué haces a-?

—Hm —Murasakibara no dijo nada, solo frunció ligeramente el ceño y jaló al pelinegro de la mano para apartarlo.

— ¡¿Pero qué es lo que estás haciendo?! —exclamó Kagami, ahora bastante irritado por la forma tan… infantil en que ese chico desconocido para él estaba actuando y llevándose al chico del lunar.

—Es Muro-chin a quién busco, no a ti —repuso Murasakibara con un tono que sonó lejos de ser el perezoso que siempre oía el pelinegro de ojos grises.

—Está bien, Taiga, no pasa nada —calmó Himuro al chico de ojos rojos al notar como estaba por replicar e interponerse, evitando así algún pleito—. Volveré pronto —le sonrió cortamente.

— ¡Pero…!

Kagami se quedó con la cara de póker por aquello y hasta mandó a la basura su helado, refunfuñando. ¿Quién era ese tipo? ¿Y por qué demonios parecía tener gran confianza con Tatsuya? Y sí, era obvio que estaba celoso y bastante, probablemente no tenía derecho porque no eran nada, incluso aunque hubiesen hecho el amor, no eran pareja. Al menos no todavía y quizá al ritmo en que iba todo esto, tal vez no tardaría en cambiar ese hecho.

O eso era lo que creía, por lo menos, hasta luego de que Himuro y ese tal Atsushi desaparecieron de su vista y cuando estaba por sentarse, una mano lo tomó del brazo con brusquedad y le jaló ahora hacía otro lado.

Y si Taiga no hizo nada, fue porque su cuerpo ya conocía ese tacto y sentirlo otra vez, le hizo acelerar su pulso cardiaco, sumado que la sorpresa llegó a su sistema cuando contempló como Aomine tiraba de él para llevarlo a otro lado.


A veces, Murasakibara podía resultar completamente infantil, pero en varias ocasiones, un lado completamente diferente de él salía a flote por alguna situación que no era de su agrado.

En este caso, era el hecho de que no le gustó la sensación que le provocó el ver a Himuro con aquel chico pelirrojo, que aunque había oído hablar de él por sus demás amigos, no logró recordar su nombre y tampoco es que eso le importara. No ahora que parecía estar bastante molesto, cosa que no pasaba a menos que se metieran con su comida, con sus amados dulces.

Y ni había tenido tiempo de probar los que compró en el supermercado, seguían en la bolsa que cargaba colgando de su muñeca.

—Atsushi, no es necesario que me lleves así, yo puedo caminar solo —pronunció Himuro con el ceño ligeramente fruncido, no estaba nada feliz por la manera en que fue apartado del pelirrojo y se zafó del agarre del contrario.

Estaban bastante lejos ahora, puesto los árboles del parque tapaban la vista del lugar donde había quedado Kagami.

—No me gusta, simplemente es eso —musitó Murasakibara, deteniendo su andar y mirando al pelinegro.

— ¿Perdón? —Himuro le miró.

—Habías dicho que saldríamos el día de hoy —repuso Murasakibara, metiendo la mano en su bolsa de dulces para sacar una bolsa de papas fritas—, sin embargo no llamaste.

—Eso es porque estaba con Taiga —contestó Himuro, sin entender muy bien de que iba todo esto—. A él simplemente no podía hacerlo a un lado.

El ceño del chico de cabellos morados se frunció nuevamente y destapó con más fuerza su bolsa de papas fritas. No le gustaba sentirse desplazado, porque así se había sentido.

Era extraño, usualmente no le daba tanta importancia a las personas, demasiado esfuerzo para alguien perezoso como él, pero tratándose de Tatsuya era completamente diferente, con él no podía hacerse de la vista corta ni oídos sordos.

—Y de todos modos, eso no te da motivo para ir y jalarme así, como si nada, Atsushi. No vuelvas a hacer eso —volvió a hablar Himuro, de un modo bastante frío y viéndole penetrante. Él no se intimidaba por la altura del pelimorado, para nada.

Era justo así, no le gustaba que lo mangonearan, era él quién gustaba de tener el control como para quedarse callado ante eso.

—Tch, es molesto que te pongas así —dijo Murasakibara, tampoco nada feliz con la forma de hablar del otro. Bueno, tampoco es como si fuera a decirle algo como "creo que me dieron celos de verte con otra persona que no sea yo", era infantil y bobo de alguna manera, mas siempre había excepciones.

—Es aún más molesto que llegues y actúes así —contraatacó Himuro, sin cambiar el gesto de su expresión, que si bien se mostraba sereno, su mirada denotaba molestia.

— ¿Tan importante ese chico, eh? —esta vez, Murasakibara suavizó su expresión cuando comió la primera papa frita y su voz regresó a tener el mismo tinte infantil o por lo menos unos momentos.

Himuro suspiró y asintió.

—Bastante, sí. Lamento si olvidé llamarte para confirmar la salida.

Tampoco es como si fuera a ponerse a contar toda la historia de amor que venía adjunta con Kagami a un chico, que pese a que se sentía extrañamente vinculado, no llevaba muchos días de conocerlo realmente. Sin embargo, tenía una rara sensación de incomodidad en su pecho cuando pensó que Atsushi no tenía por qué saber algo como eso.

Era como si cuerpo le dijera que no debía ocultarle nada.

—Bueno, supongo que no importa.

A Murasakibara le causó un pinchazo extraño el darse cuenta de que sí, ese pelirrojo era visto como algo más por el pelinegro. Pero, ¿por qué? Sabía bien como eran los sentimientos ligados al sexo, mas este sentir era completamente diferente. ¿Qué era lo que tenía con Himuro? Era como si fuera un capricho del que no quisiera tener que verlo con otro tipo, menos con el pelirrojo… O algo así, no podía definirlo bien. Y eso le hizo molestarse bastante.

Tatsuya notó el cambio de expresión del pelimorado y de pronto, se sintió algo mal.

—Atsushi…

—Como sea, adiós —Murasakibara comió un poco más de sus papas fritas y se dio la vuelta, dispuesto a irse. En primer lugar, no tenía por qué haber llegado y acercarse así al pelinegro, desafortunamente el sentimiento egoísta le llegó tan repentinamente, que no fue algo que se detuviera a pensar.

Los pasos del chico gigante eran prácticamente zancadas largas, que hicieron que avanzara rápido pese a la lentitud con que se movía y aunque Himuro extendió su brazo para que no se fuera, al final no le alcanzó. ¿Para qué lo iba a detener? ¿Y por qué estaba la sensación en su pecho que hacía parecer esto más bien una discusión de pareja en lugar de una simple entre amigos?

Su corazón ya tenía dueño, era Taiga, pero entonces, ¿por qué? ¿Qué demonios le estaba pasando a su cuerpo para reaccionar así.

Estaba tan lejos de comprenderlo y no fue de mucha ayuda, cuando notó como el cuerpo de Atsushi se detenía y giraba la cabeza para verle.

El pelimorado estaba sintiéndose extraño también. Y ese sentimiento de aparente "egoísmo" regresó, cuando se dio cuenta que Himuro regresaría otra vez con ese pelirrojo. Frunció un poco el ceño y se terminó la bolsa de papas fritas antes de volver a regresar y sujetar al pelinegro de la muñeca con algo de fuerza.

— ¿Atsushi, qué…?

Himuro iba a reclamarle nuevamente, pero no pudo, gracias a que los labios del pelimorado tocaron por solo unos segundos los propios de una forma algo inocente, como si Murasakibara estuviera probando y dando el visto bueno a un dulce.

Si hubiera sido otra persona, Tatsuya hubiera respondido con un golpe y se hubiera apartado, no obstante, en este caso, aunque su mente le dijo que se negara, que le reclamara o algo similar, no hubo reacción, solo se quedó quieto. Y eso no pintaba nada bueno. ¡Él amaba a Taiga, no tenía porque dejar que alguien más tocara sus labios!

—… —Murasakibara le contempló y como si nada, destapó una paleta y se la llevó a la boca— No me gusta compartir mis dulces favoritos —fue lo único que dijo de tal modo nada propio en él y se dio la vuelta para irse nuevamente.

— ¡…!

Himuro se quedó sin habla por eso, ¿qué fue esa seriedad que mostró Atsushi? Nunca antes la había visto, pero tal parecía que el chico no era solo alguien con una personalidad algo infantil, sino que escondía más. Y que lo estuviera analizando tan de fondo, solo le hizo sentirse confundido, sobre todo, porque esperó que la culpa llegara, cosa que no fue así.

No sintió arrepentimientos por eso y solo pudo tocarse los labios, ahí donde el pelimorado le besó durante unos segundos.

¡¿En qué estoy pensando?! ¡No! Yo estoy enamorado de Taiga, algo como esto no se volverá a repetir, negó, frunciendo el ceño, disgustado.

Mas cuando volvió al lugar donde estaban antes, el pelirrojo no estaba ahí.


— ¡Suéltame ya, Aomine! —ordenó Kagami, forcejeando una vez se hubo recuperado de la sorpresa, mientras fruncía el ceño.

El peliazul solo se limitó a verlo y puso más fuerza en su agarre, logrando cruzar la calle y jalar con todo su esfuerzo al pelirrojo—quién tenía la misma fuerza que él, así que no se lo ponía fácil— arrastró al pelirrojo en el pequeño y oscuro pasillo que había entre dos edificios.

Estaba llevando a cabo su decisión ahora y le daba igual dónde estuvieran, no iba esperar un día más, ya había dejado pasar demasiado tiempo.

— ¡¿Cuál es tú maldito problema, idiota?! —exigió saber Kagami, al momento en que fue estampado contra la pared de aquel pasillo, que aunque estaba algo oscuro, era capaz de ver la expresión del moreno y un escalofrío le recorrió la espalda cuando vio sus ojos. Esos ojos completamente decididos.

—Estás mal, Bakagami, si crees que le voy a dejar libre el camino al imbécil de Himuro —dijo Aomine sin más, con una seguridad tan grande, tan propia de él que casi parecía arrogancia.

Kagami iba a replicar, pero sus palabras murieron en su garganta cuando la boca de Daiki buscó la suya y se unieron en un beso.

Un beso que no dudó ni un miserable segundo en corresponder. Porque Taiga no podía engañarse a sí mismo y aquel ósculo, era algo que había estado anhelando desde hace mucho.

Tanto así, que el orgullo y la molestia que llegó a sentir, se fueron a la mierda con tan solo sentir la tibieza de los labios contrarios acariciarle los propios de ese modo tan único que tenía Aomine.

Ese maravilloso ósculo provocó un corto circuito en ambos, como las chispas que provoca enchufar algún aparato electrónico, haciéndolo despertar.


¡Y finalmente Aomine hizo su aparición! xD

No se enojen con el pobre del negro, está en una situación muy difícil de asimilar, así que necesitaba tiempo para él mismo y pensar qué hacer y cómo hacerlo; además que Kagami es su primer amors, obvio no tiene experiencia, sumando el orgullo... Fue ganancia que no se tardara más en darse cuenta, jajajaja.

Así que el triángulo amoroso está más que definido, ¿o acaso será un cuadrado?(?) ¿Ustedes qué creen? :v

Puede que la elección de Kagami sea predispuesta, como puede que no, jéjeje. Si se han sentido confundidos, créanme que no son los únicos; me he sentido así por ésta historia y eso que soy la autora xDDD.

En fin, ¡estaré esperando sus comentarios! ¡Besos!