¡Nos estamos viendo nuevamente! ¡Holi! xD

Como bien les había dicho, no iba a volver a tardar tanto como la vez pasada, sin embargo, ya el lunes entro a clases, así que a ver que sale después xD. No tengo mucho que decir como prólogo a éste capítulo, pero al final tengo información para ustedes :3.

¡Qué disfruten la lectura!


Las manos de Kagami se habían aferrado a la playera del moreno, mientras que las manos de este otro le sujetaban cariñosamente del rostro, con un tinte por demás posesivo.

Seguían besándose, como hace casi un minuto, parecían completamente sedientos, maldita sea, sentían que habían estado separados demasiado tiempo, demasiado para su propia salud.

El aliento de los dos estaba mezclado y parecía que eso encendía la llama de sus corazones, o mejor dicho, de su alma, porque de pronto, fue como si ese abismo negro de su pecho jamás hubiera existido, era como si esa parte que les faltaba a cada uno, hubiera regresado y no podían negar que ahora se sentían completos consigo mismos.

Era algo maravillosamente íntimo.

El sonido que provocaban sus besos por el frenesí con que lo hacían era ahogado por los sonidos del tráfico y nadie les prestaba atención, debido al lugar en que estaban metidos, como su propia burbuja de amor, por más cursi que sonara. O mejor dicho, no era una burbuja, era un completo mundo lo que les tenía apartados del mundo "real".

Una de las manos de Aomine acarició el cabello rojo del otro chico. Ambos estaban con la respiración acelerada, casi jadeando, mientras usaban sus lenguas para saborearse cada rincón de la boca, apretujándose más contra aquella pared. Ninguno quería separarse.

Ahora mismo, Daiki se sentía un completo imbécil, ¿cómo había sido capaz de terminar algo que lo mantenía así de despierto, así de vivo, así de completo? No podía creer que de verdad hubiera soportado tanto tiempo sin estar con el pelirrojo, porque ahora era como si todo volviera a cobrar sentido, como si todo fuera mejor, a pesar de que sabía que la lucha comenzaba, sin embargo también sabía que no estaba perdida. La forma en que el otro le besaba, lo dejaba en claro.

Ahí estaba otra vez esa sensación de libertad, pese a que ahora mismo estaban completamente sujetos. Su sistema se llenaba de un poder tan limpio y puro, así como fuerte. Como la firmeza de la tierra y la gloria del fuego.

Así era su amor. Realmente indestructible.

—Hah… —Kagami jadeó sobre la boca ajena y cuando su mirada conectó con la azul, se ruborizó un poco, no solo de aparente vergüenza, sino de irritación— ¡¿Por qué carajo has…?!

—Porque te amo, ¿hay una respuesta más clara que esa? —contestó Aomine con naturalidad, contemplado el rostro ajeno, encantado con ese pequeño rubor, normalizando su respiración.

— ¡…! —Kagami mostró impresión y se quedó sin habla. Eso… eso no era algo que se hubiera esperado como respuesta, no teniendo en cuenta el modo en que terminó su relación— ¡¿A qué estás jugando ahora?! —replicó de nueva cuenta, removiéndose para salir de la posición en que el peliazul le tenía, pero este mismo se lo impidió, empujándose más contra él, colocando las manos en cada lado de su cabeza.

—Tch, te digo que te amo luego de besarte, ¿y tú otra vez crees que estoy jugando? —Aomine se mostró ofendido, aunque no es que no sintiera que el pelirrojo no tuviera razón, no porque lo estuviera haciendo, sino porque fue él quien terminó la relación y ahora venía como si nada a raptarlo y besarlo, además de decirle lo que sentía.

—No se trata de eso —Kagami frunció el ceño y le enfrentó con la mirada, un teniendo el corazón a mil por hora y sentirse confundido por completo—. ¡Se supone que ya no somos nada y vienes y me besas tras decir…! —no pudo completar la frase, se sintió incómodo el traer a su mente al pelinegro después de haber besado al moreno.

Aomine se dio cuenta de eso, por lo que arrugó el ceño y suspiró.

—Tampoco es fácil estar en mi lugar, Kagami —espetó con aparente calma, mirándole con intensidad—. Que haya… dicho que esto acabara, no significa que yo de verdad hubiera querido eso —Aomine se sentía torpe, buscando las palabras correctas ahora que su orgullo se hizo a un lado—. Es solo que… no soporto la maldita idea de tener que verte sintiendo algo más por otro tipo y encima, comprometido… —apretó los dientes con fuerza, casi por gruñir cuando divisó el anillo colgando de la cadena ajena.

Taiga le veía sobrecogido, no era la primera vez que veía al moreno sincerarse con él, dejando atrás ese orgullo y terquedad, pero por cómo quedó todo antes, no pensaba que algo como esto llegara a pasar, al menos, no tan pronto.

—Literalmente, ya no estoy comprometido —rectificó, mirándole de igual forma, no obstante, bajó unos segundos la mirada—. Pero también yo…

—Lo sé —le interrumpió Aomine y le acarició la mejilla con cierta ternura—. Y es por eso que te dije, que no le voy a dejar el camino fácil a ese tipo, ¿sabes? Creo en el amor que tú y yo nos tenemos.

Esa última frase logró que Kagami se ruborizara suavemente, casi sin tomar color en su rostro y es que le gustó como sonó.

— ¡No tienes que decir algo tan… tan vergonzoso, cielos!

—Es la verdad —Aomine sonrió de lado y rozó su nariz con la contraria, dejando un corto beso más sobre los labios de este.

—Tsk… de todos modos, tú… —Kagami estaba resistiendo el impulso de reclamarle aquello que su amigo peliceleste le contó el sábado pasado, después de todo, ahora mismo no tenía cara para hacerlo, estando como estaba.

—Kise y yo no tenemos nada que ver, idiota —pronunció Aomine, leyendo la expresión del contrario, algo divertido. Le gustaba ver celoso al pelirrojo.

—No importa —Kagami desvió la mirada—. Supongo que en su momento me molestó, ahora ya no.

—Eres un mal mentiroso, Bakagami —canturreó Aomine con una risa, haciendo que el otro le fulminara con la mirada e impidió que hablara, poniendo el dedo índice sobre la boca ajena—. No te dije ese suceso, porque bueno, después de lo que el mierda de Haizaki hizo, hubo más cosas importantes como para que tuviera tiempo de contarte las cosas de ese hecho. No obstante, en su momento tenía planeado decírtelo —recordó—. Antes de eso no lo hice, porque sinceramente no lo recordaba; fue algo que pasó en secundaria y estaba ebrio —puso los ojos en blanco—, para mí no fue algo importante.

El pelirrojo suspiró y se sintió idiota. Claro, ahora tenía sentido, igual en su momento se sintió completamente celoso, por esa razón se mostró enfurruñado.

—Hah, y pues eso, Kise es solo un latoso amigo —añadió Aomine, estudiando al otro con la mirada—. Así que no tienes por qué celarte de nuevo —sonrió burlón.

— ¡Nadie está celoso, Ahomine!

—Síno hubiera sido así, no tenías por qué haberte ido de esa manera aquella vez. Estabas ahí para verme, ¿no?

—Sí, tenía la esperanza de que dejaras de ser tan terco y me escucharas —Kagami le miró con gesto solemne.

—Ya no es necesario —repuso Aomine y rápidamente agregó: —. Es decir, sí quieres te escucharé, lo haré. Sin embargo, te digo que no hace falta, porque voy a hacer que tú también creas en este amor, Kagami. Nuestro amor y haré que solamente me mires a mí y que en tú corazón no haya espacio para nadie más —aseguró.

Y Kagami se quedó sin habla ante esa declaración, admirado. Sinceramente, no había esperado que el peliazul dijera algo como eso y una sensación de satisfacción le recorrió el cuerpo


Resultó que al final Himuro tuvo que llamar al celular del pelirrojo para saber dónde estaba, para luego esperar como quince minutos a que apareciera.

Y en ese tiempo de espera, por más que intentó distraer su mente en cualquier cosa, no podía dejar de sentir ese cosquilleo en sus labios gracias al beso que Murasakibara le robó, se sentía completamente inquieto, porque pese a que se repetía a si mismo que solo amaba a Taiga, no encontraba sentirse culpable por dejar que le besara y eso solo lo hacía sentir más confuso.

Sí a lo mucho llevaba solo dos semanas de conocer al pelimorado, no entendía el motivo del porque su interior estaba un caos con solo un simple tacto labial. Todo se sentió tan surreal, pero sencillamente fue algo a lo que no pudo negarse.

Se mentiría a sí mismo si no aceptaba que cuando estaba con Atsushi se sentía muy bien, en las pocas salidas que tuvo con este en las dos semanas; era tan cómodo permanecer a su lado, tan natural como respirar, tan pacífico. Y aquel mismo sentir, había sido lo que lo tuvo un poco distraído de la penumbra que era su corazón con todo el problema que se suscitó, esperando la elección del pelirrojo. No era algo que había hecho a propósito, simplemente era como lo sentía, mas solo había asociado eso a la amistad creciente entre ambos, nada más.

Sin embargo, ahora que no hacía mucho el pelimorado le había plantado un beso… Era como si algo en su interior quisiera liberarse y alcanzarlo. Estaba siendo muy difícil mantenerse sereno e inexpresivo ahora con todo lo que su mente pensaba.

Himuro no era tonto, sabía reconocer sus emociones—sin necesidad de demostrárselas a los demás—, pero en esta ocasión, la confusión seguía ahí y estar centrado solo en cierto pelirrojo, era también lo que impedía muchas cosas.

— ¡Tatsuya! —exclamó Kagami, sacando de los pensamientos al mencionado muchacho. Había llegado corriendo, luego de terminar de hablar con el peliazul y tenía la respiración acelerada, no solo por la carrera, sino porque el anterior mencionado no se fue, sino hasta robarle unos buenos besos— L-Lo siento…, tuve algo que hacer.

—Oh, Taiga, no te preocupes —Himuro le miró con atención, con la expresión neutral y la mirada cariñosa, ocultando su propia confusión y sin moverse para así evitar que el pelirrojo no notara algo extraño (con eso de que ambos eran capaces de leerse con las acciones físicas)—. ¿En dónde estabas?

La respiración de Kagami se detuvo unos momentos, siendo ese gesto una señal para el ojigris. No tenía caso mentir sobre su respuesta, pero no significaba que quisiera decirlo, aunque debía ser justo.

—Con… con Aomine. Cuando te fuiste, él apareció y bueno…

— ¿Hablaste con él? —interrumpió Himuro como si nada. La verdad es que saberlo le causó miles de pinchazos en su pecho. Dolía saberlo y es que una parte de él, ya sabía la respuesta, sobre todo, porque notó un cambio en la mirada del chico de ojos rojos. Ahí había algo que no tenía incluso luego de que ambos hicieran el amor.

—Sí. Aclaré lo mismo que contigo —contestó Kagami y suspiró—. Tatsuya…

—No digas nada, Taiga, no pasa nada —aseguró Himuro, alzando la diestra y se incorporó—. Es lo justo y no te preocupes, lo que pasó ayer no se volverá a repetir.

—Tatsuya, no pienses que yo no disfruté o… —intentó decir Kagami, no quería que el otro pensara que aquello solo fue por simple culpa o algo similar. Pero no podía expresarse como quería y además le resultó un poco vergonzoso decirlo así, de sopetón y en la calle.

—No, Taiga, tranquilo —negó Himuro—. Te dije bien que yo asumiría las consecuencias de lo que pasó, después de todo, tú me advertiste y yo insistí —sonrió un poco, sincero, mas por dentro se estaba rompiendo al decir lo que decía. Era realista, no obstante era cierto que su esperanza aumentó luego de que ambos hubieran hecho el amor y revivido muchas cosas de su pasado; sabía y sentía que el pelirrojo le amaba todavía, aun sabiendo que eso no era suficiente para que este lo eligiera definitivamente.

— ¡No se trata de eso!, yo sabía bien lo quería también y no te hago responsable, es solo que yo ahora… No puedo… —Kagami frunció el ceño y suspiró con frustración—. No es que no quiera, Tatsuya, pero así no llegaré a algo.

—Sí, lo sé, Taiga —Himuro acentuó su sonrisa y le acarició el rostro con dulzura—. Debo irme ahora, sin embargo disfruté mucho estos dos días que pasé a tu lado —afirmó con la mirada llena de ternura—. Nos vemos otro día, ¿quieres?

—Claro que sí —Kagami le miró de la misma forma, sintiéndose realmente mal con las palabras de ambos. Le jodía mucho sentirse como bipolar; entre la emoción y alegría que sintió cuando volvió a ver al peliazul y las cosas quedaron claras para ambos (aunque sin retomar su relación romántica por obvias razones), ahora se sentía triste, porque aunque su corazón quisiera que la noche anterior con el ojigris se repitiera, no podía ser. Debían seguir con la distancia que tienen simples "amigos" y esperar.


/Sábado 5 de Octubre del 2013/

El día de ayer, Alex había visto llegar a su hijo con una expresión algo atípica, sabía bien lo bueno que era para ocultarlas, por lo que para verlo llegar con un aspecto un poco distraído significaba que algo estaba cociéndose en esa cabeza suya y hasta donde sabía, la única persona que había logrado hacer eso en Himuro, era Kagami. Solo que este no le dejaba con expresiones o miradas confusas o incrédulas, sino más bien llenas de nostalgia y tristeza.

No era que le echara en cara eso al pelirrojo, era una simple observación que la mamá rubia había hecho en todo este tiempo desde que llegaron a Japón hace un mes. Y se sentía impotente de no poder hacer más por ellos, sus dos niños.

— ¿Hoy no irás a ver a Taiga? —preguntó Alex, curiosa mientras se asomaba a la habitación de su hijo.

El chico estaba sentado en su cama, aparentemente viendo la televisión, aunque su mente estaba en otro mundo realmente, pero al oír a su madre, giró su rostro para verla un momento.

—No, todavía esta trabajando —respondió Himuro con un gesto suave.

—Ah… Ya veo —Alex asintió como si nada y se cruzó de brazos, reclinándose en el marco de la puerta.

Su instinto de madre le decía que algo más estaba pasando ahí, con su hijo y no importaba que este ocultara lo que le pasaba con su expresión neutral, ella como su progenitora que era, lo conocía perfectamente.

— ¿Pasó algo nuevo, Tatsuya? —inquirió Alex, con paciencia.

—… No, solo… lo mismo de siempre. Espero a Taiga —fue la contestación de Himuro, con la mirada en el televisor.

La rubia suspiró y se acercó hasta sentarse a la cama de su hijo.

—Ayer estabas completamente animado con ir a verlo, luego de que no llegaras a dormir tampoco —recordó Alex con suavidad, notando como la expresión del pelinegro se volvía casi fría—. No te pregunto que pasó con eso, los detalles no son necesarios —aclaró, por si las dudas—. Aunque si no quieres decirme que te tiene así de pensativo, está bien, pero no dudes que estaré cuando necesites contarme algo —Alex le sonrió a su hijo y le apretó la mano en un gesto profundamente maternal, dejando claro que no le presionaba en nada, ya sabía lo difícil que era todo esto.

El muchacho miró la acción de su madre unos segundos y posteriormente a ella. No es como si gustara de ocultarle cosas a su progenitora, después de todo, ella le había demostrado ser digna de confianza y en todo ese tiempo, siempre le apoyó. Era la mejor madre, la verdad, porque también sabía ser una buena amiga para todo. Solo que a veces, Himuro era bastante reservado con muchas cosas de su persona, aunque parecía que su mamá podía notar bien eso y aun así, raras veces se metía, porque prefería que él se las contara.

De modo que, suspiró y apagó la televisión con el control remoto.

—Atsushi me besó —dijo al fin Himuro, dejando ver el tinte de perplejidad en su mirada, no por el suceso en sí, sino por la reacción que seguía teniendo ante eso.

Y Alex se mostró igual, sus ojos se abrieron como platos por la impresión.

— ¡¿Atsushi, el chico altísimo de cabello morado?! —exclamó y su hijo asintió— ¿Fue quién te regaló esos dulces en el hospital? —recibió otro asentimiento como respuesta— Pero, ¿cómo es que pasó eso? ¿Le gustas?

Tatsuya desvió unos segundos la mirada y cerró los ojos un momento.

—Yo… no sé —frunció solo un poco el ceño, regresando luego a su inexpresión típica—. Ayer estaba con Taiga y Atsushi llegó, como si nada me jaló para llevarme a otro lugar, hablamos y antes de irse me besó —omitió algunos detalles que no consideraba necesarios, resumiendo.

— ¿Así, sin más? —inquirió Alex, estupefacta, con un ligero brillo de emoción por eso. ¡Ya sabía que algo había notado desde el hospital! Aunque en ese momento, todo era demasiado pronto como para siquiera considerar algo, pero ahora poco a poco las cosas parecían empezar a querer tomar un lugar.

—Sí, así —el recuerdo hizo que a Himuro casi se le escapara una sonrisa, se dio cuenta a tiempo y se mantuvo frío, expectante. Algo debía estar mal con él, esto no era normal, no debería pensarlo tanto, tenía una mezcla extraña de pensamientos con el pelimorado y el pelirrojo.

— ¿Eso era lo que te tiene tan pensativo? —preguntó Alex, como quién no quiere la cosa y sin darle tiempo a responder al otro, porque era obvio, volvió a cuestionar con cierto cuidado: —Tatsuya, ¿a ti te gustó ese beso?

— ¡…! —Himuro se quedó helado por la pregunta directa y fijó su mirada en la de su madre— Yo estoy enamorado de Taiga, mamá.

—Eso no es lo que te pregunté —señaló Alex con suspicacia y enarcó una ceja.

—No puede gustarme, al único que amo es a Taiga, nada más —insistió Himuro con calma y firmeza.

—Yo sé que amas a Taiga, pero justamente en él tienes un espejo —recordó Alex—. ¿Te gustó entonces ese beso?

—Mamá… —Himuro le miró con cierta incomodidad.

Alex suspiró.

—Vamos, ¿tan malo es que te gustara?

—Yo no tengo intenciones de traicionar el amor que le tengo a Taiga.

—No lo estarías haciendo, porque, bueno, cariño, aún no son nada —dijo Alex con suavidad, como la simple constatación de un hecho.

—Eso lo sé, aun así, la única persona que amaré es a Taiga —replicó Himuro, sin más.

—Aun así, tú le estás dando demasiadas vueltas al asunto del beso, Tatsuya —Alex le sonrió con dulzura.

—… —Himuro apretó los dientes ligeramente— Eso es porque…

—Te gustó el beso, ¿no es así? —aventuró Alex, alzando ambas cejas.

Himuro suspiró nuevamente. De alguna forma se sentía como un niño obstinado, al estar negado aquello, sin embargo para él no era fácil querer aceptarlo, siendo que estaba enamorado de Kagami y él era alguien fiel a lo que sentía.

—Ah… No sé si fue así… —aceptó al fin, con resignación— Pero yo no me siento culpable…

Alex le quedó mirando de forma cariñosa, mientras a la vez lo examinaba con su sexto sentido materno y le acarició suavemente el cabello. La vida era tan irónica.

—Cariño, no te cierres.

Tatsuya solo le dedicó una mirada fija, sin entender del todo realmente y sin rechazar el contacto con su madre.

—Quizá ahora te esté llegando la oportunidad de experimentar algo nuevo y diferente, cielo —explicó Alex de buena manera—. Sabes que incluso así, puedes llegar a sentir algo más, a veces pasa.

— ¿Estás diciendo que me dé el lujo de darle una oportunidad a otra persona que no sea Taiga? —Himuro se mostró algo molesto.

—No, Tatsuya. Solo no quiero te cierres a las nuevas posibilidades que la vida tiene para ti, aún eres joven.

— ¡Yo solo amo a Taiga, mamá, y no es algo que vaya a cambiar, no importa que pase! —Himuro frunció el ceño, completamente en desacuerdo, ¿cómo es que su mamá decía algo como eso? Él estaba completamente seguro de sus sentimientos, no dudaba de su amor por el pelirrojo, no tenía por qué fijar su atención en alguien más y es que incluso aunque no fuera la elección para el chico de cabello rojo, aun así, lo seguiría amando. Y así sería siempre, no tenía que más caminos a elegir y de todos modos, no lo haría, no tenía porque, cuando su corazón ya tenía dueño.

—Eso lo sé, cielo. Yo misma te dije que su relación no es algo fácil de deslindar —habló Alex sin perder la firmeza en sus palabras y miró del mismo modo a su hijo—. Pero no dejes que lo que sientes por Taiga, te haga engañarte a ti mismo, Tatsuya; la vida siempre está llena de sorpresas. Por eso, no te cierres ante ellas —repitió y le apretó nuevamente la mano, sonriéndole maternal.


/Martes 8 de Octubre del 2013/

"No me gusta compartir mis dulces favoritos".

Esa frase seguía en la mente de Himuro desde el sábado, al terminar la charla con su madre. Ahora mismo pensaba que hubiese sido mejor no contarle nada, sentía sus pensamientos más confusos y le molestaba eso; ya amaba a Taiga, ¿entonces por qué se ponía así? ¿Qué no lo amaba lo suficiente? Era obvio que lo hacía, lo amaba demasiado.

Incluso así, su mente estaba intranquila y era algo curioso que justamente la persona que le brindaba la sensación de paz, causara ese efecto en sí y solo con un beso.

Seguía sintiéndose molesto consigo mismo por no encontrar atisbo en su interior que le indicara sentirse mal o enojado por el actuar que tuvo Murasakibara ese día. No lo había vuelto a ver ni llamar ni dejar mensajes de whatsapp, ni nada, quizá era mejor que no volviera a verlo.

O eso se decía a sí mismo, aunque la verdad, no era lo que realmente quería y eso solo lo hacía sentirse frustrado.

Por esa misma razón, es que tampoco había querido ver a Kagami. No quería que este notara algo diferente en su actuar justo como su madre y que quizá le dijera algo similar o peor que Alex y la verdad lo menos que quería era escuchar algo así del pelirrojo, sería demasiado. Y tampoco quería hacerlo sentir mal.

Aun así, ahora mismo iba caminando hacía el trabajo de Taiga, por lo menos para pasar a verlo sin hablarle y es que se sentía completamente ansioso si pasaba más de una semana sin saber del chico, se preocupaba, era imposible no hacerlo y siempre había así desde que ambos habían empezado su relación.

El clima era caluroso por el verano que aún seguía ahí, en espera del otoño que cada vez se acercaba más, por eso quizá es que había bastante viento que alborotaba suavemente sus cabellos negros mientras caminaba. Había decidido usar un camino más largo del normal hacía el trabajo del pelirrojo, además de que iba caminando también, para disfrutar el paisaje que era la ciudad; no todo era tan malo de vivir en un lugar urbano y Tokyo tenía muchas que admirar también; entre las áreas verdes de la ciudad, como las luces y muchos puestos.

Solamente iba vestido con una playera de manga larga de color morado oscuro y unos jeans grises con un par de tenis converse, con su anillo colgando de su cadena, reluciendo con orgullo, pese a toda la historia triste que lo envolvía.

No obstante, los pasos de Himuro se detuvieron cuando al pasar cerca de un puesto de comida, se encontró a cierto pelimorado saliendo de esta y no estaba solo, sino acompañado de un muchacho de probablemente su edad, solo que mucho más bajo que él y tenía el cabello rojo claro, que podría confundirse con fucsia. Ese chico tenía los ojos del mismo color y desprendía un aura elegante, se veía que era de la alta sociedad, aunque lejos de verse como los estirados ricachones, tenía un semblante amable y tranquilo. Le parecía familiar, mas ahora mismo estaba prestándole atención a otra cosa. Pronto dejó de verlo, cuando los ojos morados del chico más alto lo notaron también.

— ¿Por qué no avanzas, Murasakibara? —preguntó Akashi con duda, llegando hasta el chico y así notando la presencia del chico azabache, mismo que recordaba como aquel que estaba secuestrado junto con su amigo rubio, el peliazul y el novio de este último— ¿Es un amigo tuyo?

—Ah, hm, sí. Es Muro-chin —respondió Murasakibara, mordiendo de su maibu de fresa, todavía viendo al ojigris con aparente desinterés. Pero no era así, justamente sintió un hormigueo en sus labios que ni los dulces le dejaban, era como si estuviera sintiendo el deseo de volver a robarle un beso, mas por ahora, prefería evitar ciertas cosas que solo requerían demasiado esfuerzo.

—Ya veo. Es un gusto —Akashi le dedicó una amigable sonrisa al pelinegro y se acercó para estrecharle la mano, educado como era—. Soy Akashi Seijuro.

—El gusto es mío —repuso Himuro, algo desconcertado por unos momentos. Él también había sentido ese mismo hormigueo y aunque eso le disgustó, logró devolverle la sonrisa al pelirrojo—. Mi nombre es Himuro Tatsuya —se preguntó también, estrechando la mano contraria.

—Bueno, no sabía que le conocías, Murasakibara —señaló Akashi, terminando aquel saludo, mirándole de reojo.

—Lo conocí en el hospital —Murasakibara se encogió de hombros, con las comisuras de su boca elevadas como si estuviera sonriendo por la forma de comer que tenía, dándole un aspecto aniñado a su rostro, pese a la gran altura y su edad adulta.

Y Himuro sintió que su estómago se removió al verle así. Agh, no era la primera vez que veía esa expresión en el otro chico, ¿por qué ahora reaccionó así? Y lo que era peor, su ser quería saber el motivo del porqué precisamente el pelimorado estaba con el hijo del jefe de la policía, ahora que había recordado al pelirrojo. Todo eso, logró disimularlo a la perfección.

Solo que para Akashi, notar esos detalles, no era difícil, no para alguien como él, que estudiaba criminología.

—Oh, ahora comprendo —sonrió cortamente—. Bueno, no quitamos más tu tiempo por hoy, Himuro-san y de nueva cuenta, fue un gusto —asintió Akashi, despidiéndose de modo cortés.

—No hay problema, fue un placer, Akashi-kun —Himuro le devolvió la sonrisa.

Seijuro le miró con amabilidad y luego miró al más alto de los tres.

—Vamos, Murasakibara.

—Mah, no vayas tan rápido, Aka-chin —se quejó Murasakibara, viendo al más bajo y dispuesto a marcharse, no sin antes, ver de reojo al pelinegro y decir: —Nos vemos, Muro-chin.

—… Adiós, Atsushi —fue la corta contestación de Himuro.

Definitivamente, no le gustaba notar el modo que tenía el pelimorado de segur al pelirrojo, los veía cercanos, aunque quizá estuviera exagerando. Y cuando se dio cuenta de eso, lo único que hizo fue cerrar los ojos unos segundos y negar, ¿qué le estaba pasando? ¿Cómo es que ese simple beso que el no devolvió en ningún momento logró ponerle así? No fue algo correspondido y aun así, ese acto estaba teniendo un significativo peso en su mente.

Por si fuera poco, estaba la molestia que también sentía por ver a Atsushi con alguien más.

Todo era tan prematuro como para decir que aquello eran celos o algo similar. Además de que aunque Tatsuya decidió que era mejor no volver a ver al pelimorado, ahora se encontraba deseando que aquel rencuentro hubiera durado más, por lo menos para aclarar ciertas cosas. Y no solo era eso, sino que también la pequeña máscara de tranquilidad que había logrado ponerse para poder ir a ver a Taiga, se había roto, como si el viento la hubiera golpeado tan fuerte como para agrietarla y eso, con la simple mirada de Murasakibara.


Cuando Midorima iba dentro de aquel elevador, sabía que debía estar preparado para todo el drama que cierto rubio modelo le tiraría tan pronto llegara a verlo. Aunque no es como si no supiera que probablemente se lo tenía "merecido", dado que no se había parado a verlo en una semana luego de que supiera lo trasladaron a su departamento y en el corto tiempo que este estuvo en el hospital—que fue una semana completa— tampoco se pasó a visitarlo mucho que digamos, solo lo normal para alguien como era el peliverde.

Y es que no sabía cómo el tiempo pasaba tan rápido entre sus estudios como al estar al lado de Takao, porque sí, su relación iba bien, la verdad. Este último todavía estaba yendo a terapia, pero su mejora estaba en excelentes condiciones para alivio de su hermana y Shintaro. Eso también le había tenido ocupado, asimismo que había estado teniendo precauciones por lo que pasó con Haizaki no solo a su novio, sino a sus amigos y aunque supiera que Akashi era quien estaba a cargo de su arresto y juicio, tenía una mala corazonada, no solo porque Oha Asa venía diciéndola entre algunos signos que eran los de sus amigos para colmo, sino su instinto se lo decía.

Al menos hoy, la suerte para cáncer era excelente, anudado el hecho que llevaba su fiel artefacto de la suerte que este día era un vaso de plástico color naranja. Takao se había burlado de él toda la mañana en la universidad, pero bueno, se mantuvo inmune y luego se quedó callado en la sesión de besos que estuvieron dándose en la zotea de la escuela.

Por Kuroko sabía también, que las cosas no estaban pintando bien para Aomine ni Kagami. Y es que el peliverde igualmente pudo notar aquel ambiente que se generaba con el pelirrojo y aquel a quien decía era su "hermano". Aunque no es como si de igual forma estuviera enterado de todas las cosas, solo sabía lo escencial, por así decirlo.

Una vez que llegó frente al departamento del rubio, tocó el timbre educadamente dos veces, hasta que la puerta no tardó en abrirse y se topó con un par de ojos celestes al bajar la mirada.

—Midorima-kun, que gusto verte —fue el tranquilo, pero amistoso saludo de Kuroko.

—Kuroko —respondió de forma cortante Midorima, para después ingresar al departamento al tener el permiso ajeno—. ¿Cómo está Kise?

—Está mejor, los medicamentos le han caído muy bien y tan pronto sus cicatrices sanen, empezará la terapia —contestó Kuroko con una apenas visible sonrisa en el transcurso del pequeño pasillo hasta llegar a la espaciosa sala.

Ahí estaba el rubio, sentado cómodamente en el sofá que parecía el doble de su tamaño, con sus piernas encima de algunas almohadas, mientras leía una revista de espectáculos y tenía un tazón de verdura hervida a su lado, en la mesita de centro. Cuando escuchó llegar a su novio y a quién era el que le acompañaba, alzó rápidamente la mirada para sonreír.

— ¡Midorimacchi! —exclamó Kise, tan efusivo como siempre, mostrando la alegría que tenía de ver a uno de sus amigos. De no ser porque todavía no podía caminar bien, seguramente se hubiera lazando contra el otro— ¡Al fin te veo! Me tenías muy abandonado —dramatizó.

—No seas escandaloso, Kise —amonestó Midorima, tan serio como siempre y se acomodó las gafas con elegancia—. Las personas tienen más cosas que hacer en su vida.

—Moo, que cruel, Midorimacchi —lloriquedó Kise, haciendo un mohín, solo por unos segundos, porque luego volvió a sonreír—. ¿Por qué no te sientas? Justo ahora estábamos por ver el estreno de un dorama.

—Gracias —Midorima se sentó y luego aceptó el poco de jugo que el peliceleste le ofreció—. No me quedaré mucho tiempo, Kise, solo he pasado a ver qué tal estas.

—Pues estoy mejor. El doctor me dijo que en dos semanas más y podré dejar la silla de ruedas para caminar con las muletas cuando mi pierna derecha sane del rozón de la bala —explicó Kise de forma alegre a la vez que su novio se sentó a su lado—. Aunque a mi pierna izquierda le tomará más tiempo —suspiró, pero sin perder su sonrisa.

—Mientras sigas todas las indicaciones que el doctor y enfermeras te digan, sanarás pronto —puntualizó Midorima, la verdad es que aunque no lo dijera, le provocaba cierta admiración ver el optimismo con que el rubio tomaba todo.

—Sí, aunque es muy aburrido estar encerrado en el departamento —Kise hizo una expresión tristona y de resignación—. Extraño mi trabajo.

—Todavía es muy pronto para que salgas a la calle así sin más, recuerda la prensa, Kise-kun —dijo Kuroko.

—Podrían pedirle ayuda a Akashi para eso, alguien de la autoridad que los cuide para que no se acerquen —sugirió Midorima, dando un sorbo a su jugo servido.

—Lo pensé, sin embargo Akashicci ya ha hecho mucho por nosotros —pronunció Kise, ahora animado y agarró el control remoto para encender la televisión—. Mira, Midorimacchi, seguro que este dorama te gustara.

El peliverde suspiró y terminó su jugo.

—Debo regresar para estudiar, los parciales de medicina estan cerca, por las vacaciones de otoño —dijo Midorima, rechazando así la propuesta de ver aquello, que para nada le iba.

— ¡Moo, tanto estudio te matará de estrés! —molestó Kise— Además, Kurokocchi está en las mismas y se toma su tiempo para divertirse.

—Eso es porque es tu novio y debe soportarte —resopló Midorima, frunciendo el ceño.

Ryota iba a replicar, quizá empezando una pequeña e infantil discusión entre amigos, bajo al divertida mirada del peliceleste, no obstante, un corte a la programación en la televisión, desvió la atención de los tres.

—Lamentamos interrumpir la programación —habló una coductora del noticiero que estaría pasando en el canal principal de Tokyo—, pero nos ha llegado el aviso de que el delincuente que estuvo relacionado con el secuestro y accidente del famoso modelo, Kise Ryota, se ha fugado de las manos de la policía —aunque en la televisión el sonido era fuerte, en la sala del departamento, todos se quedaron mudos y con la expresión llena de perplejidad y sorpresa. No encontraban que decir—. No sabemos qué es lo que pudo ocurrir para que el ejemplar Seijuro Akashi no haya podido impedir tal suceso, pues testigos afirman que la fuga se dio en el momento del traslado esa misma noche en que fue capturado. Muchos están… —la voz de la conductora se perdió, cuando el aparato tecnológico fue apagado por el rubio.

Así que por eso era ese presentimiento, pensó Midorima, frunciendo el ceño y la mirada fija en la televisión. Esto no le gustaba para nada y de pronto, sintió la urgencia de estar al lado de Takao; no sabía bien lo que sea que ahora Haizaki iba a hacer, pero si de algo estaba seguro, era de que él no se detendría por el hecho de estar siendo buscado, aun así actuaría con su maldita venganza.


Kagami suspiró de alivio cuando el cocinero del turno de la tarde llegó y así, quedó listo que su jornada de trabajo terminaba al fin.

Ciertamente disfrutaba mucho su trabajo, su jefe era buena persona, aunque estricto; le había agradecido mucho la segunda oportunidad que le dio por haber faltado al trabajo sin haber avisado con tiempo adelantado. Le costó sus dos días libres de la semana, pero no importaba, estaba realmente conforme con trabajar ahí, lo había dejado claro. Y bueno, al dueño tampoco le convenía dejar ir a un cocinero tan bueno como lo era el pelirrojo.

Se despidió apropiadamente de su relevo y el jefe una vez se había quitado el uniforme y salió por la puerta de atrás del café-bar. Y justo estaba pensando que hacía días que no había visto a Himuro, solo habían compartido algunos mensajes, pero nada más y como la mayoría de las veces este era quién le buscaba, tal vez ya era hora de que lo fuera a visitar él. Después de todo, quería mantener esa relación de "amistad" por ahora, no iba a mantenerse al margen de él o Aomine solo por su indecisión amorosa, que estaba seguro, eso no le ayudaría en nada.

No obstante, ese pensamiento se borró de su mente cuando vio la figura morena del anterior mencionado reclinado en un poste, tras salir por el pasillo entre el café-bar y otro edificio.

—Hey, Kagami, ¿qué tal un partido uno a uno? —invitó Aomine, como saludo, sonriendo de forma torcida.

—… —Kagami le quedó mirando algo asombrado, la verdad es que no creyó verlo precisamente ahí, esperándolo frente a su trabajo, porque desde aquel día en que se habían visto y, prácticamente reconciliado, no habían podido volver a verse; no porque no quisiera, sino porque su fin de semana estuvo ocupadísimo y el peliazul tenía clases que recuperar— Claro, te haré morder el polvo —aceptó al fin, devolviéndole la sonrisa.

Es que ellos sencillamente no podían mantenerse alejados, era así, su conexión era magnética y eso nada podía cambiarlo.


De acuerdo, hemos llegado al final del capítulo con un ¡bum! muy grande por parte de Aomine, jajajaja, creo que era lo que muchos (incluida yo), estaban esperando. Así que ésto se pone cada vez más bueno y la presión en Kagami se vuelve más grande :'v.

Bueno, pasemos a lo que quería decirles xD

Esta nota tiene tres motivos de ser.

Primero.

¡Es pasar a saludarnos! Como en ésta historia no suelo dejar mensajitos de inicio o final del capítulo, pues hoy sí vengo dejándoles amor y agradecimiento por todo el apoyo que me brindan con sus lecturas y comentarios.

Sé que puede sonar repetitivo, pero siempre es tan grato y motivante saber que ustedes, los lectores, siempre están presente. Y es tan importante para mí conocer lo que piensan de cómo va avanzando la historia y lo que sienten; me gusta ir interactuando con las personas poco a poquito.

Los adoro mucho, en verdad.

Segundo.

Abordar la crisis existencial de Kagami xD.

Esto no solo lo hago porque amé a mi pelirrojo, más que nada es porque me gusta explicar el pedo de mis personajes y darles otra perspectiva a ustedes.

Sé que a muchos les inconformó la parte donde Kagami no se niega a los sentimientos que tiene por Himuro y tiene sexo con él; de hecho, tuve cierta dificultad en esa parte al escribirla, pero, ¿sí el personaje no tiene una "recaída", cómo va a recuperarse por completo?

Por mucho que él amé a Aomine, tengamos en cuenta que también ama a Himuro. Es algo que no puede evitar; ese amor siempre estuvo ahí, escondido y no lo entendía ni era consciente de éste por la amnesia.

Cuando recuperó la memoria y entendió finalmente lo que le atraía de Himuro, fue un shock para él. Imagínense a una pared que siempre estuvo firme, recta, y de la nada una bola de grúa la impacta para romper lo que ya tenía construido; la pared tiene que volver a ser construida.

Entonces, la situación de Kagami es así y por ende sus emociones se volvieron inestables; lo que creía que era su mundo resultó que no era así, porque habían más cosas escondidas, ¿qué estuvo haciendo entonces? Por lo tanto, ahora tiene que volver a construirse y volver a poseer la firmeza que siempre le ha acompañado; y es que está cargando con el peso de las promesas que tenía con Himuro y las promesas que tenía Aomine, está cargando con el amor que tiene por Himuro ahora que ya es consciente y con el amor presente que tiene de Aomine. Y por si no fuera poco, con el dolor e inseguridad que le generó la ruptura de Aomine. ¿Se imaginan tener todo ese peso emocional encima? Y por si fuera poco, todo en un mismo día.

Literalmente, está en la espada y la pared, (ah, amo estos dramas, sorry, jajaja) y no puede negarse a ninguna tampoco. Porque ese golpe emocional fue suficiente para hacerlo tambalearse un poco; claro, va a recuperarse al Kagami de siempre, pero salir de agujeros no es fácil y toma su tiempo.

Y para que alguien pueda encontrarse a sí mismo nuevamente, debe tener experiencias. Así que veamos la parte donde tiene sexo con Himuro como algo qué, a la larga le va a servir para entender y saber qué quiere de verdad.

Por supuesto, otro cuento hubiese sido si Aomine no hubiese terminado con él. Por lo tanto, no procede lo mismo con él.

Muchos pudieron haber llegado a analizar ésta parte de Kagami, de todos modos, creo que no ésta de más que lo mencione.

Con Aomine creo que quedó entendido el porqué de sus dudas y no luchar, pero si no es así, o quieren otra explicación, me dicen. (?)

Tercero

¡Ya hemos entrado a la recta final de éste fanfic, aaaah! T_T

Me duele, me da nostalgia y felicidad a la vez, jajaja, todo a la vez x'D, ahora imagínense cuando acabe, lol.

No les voy a decir cuántos capítulos faltan para que termine la historia, sin embargo sí váyanse preparado, que en algún momento aparecerá "epílogo" en la notificación y, asdljkasdljkdla.

En fin, eso ha sido todo por hoy xD. Ojalá no les haya aburrido esto, jajaja.

¡Besos y abrazos para ustedes! ¡Estaré esperando sus comentarios, eh! No se priven de decirme qué les pareció el capítulo y lo que llegaron a sentir xD.