¡Hola otra vez! xD
Mi primer semana de regreso a clases no ha estado tan pesado como pensé, no he empezado el servicio social, seguramente por eso, sin embargo en la siguiente semana es seguro que ya no tendré el mismo tiempo libre de volver a actualizar ; ;
Por eso aproveché de una vez a venir a dejarles la continuación de ésta historia.
Recuerden que ya estamos en la recta final, así que cualquier cosa puede pasar.
¡Disfruten la lectura!
Si bien Murasakibara iba con un aire aparentemente normal en él, mientras comía dulces de la gran bolsa que venía cargando luego de habérselos comprado en aquel restaurante donde Akashi le llevó a comer, este último fue capaz de notar algo diferente en su persona. Y es que nada se le escapaba al pelirrojo, sobre todo si se trataba de sus amigos; la única persona que había sido capaz de ocultar algo enfrente de este, era Kuroko.
Por esa misma razón, ante el ligero fruncimiento de ceño del pelimorado, Seijuro intuía que algo sucedía y se atrevería a pensar que tenía que ver con aquel chico de cabello negro con el lunar debajo del ojo derecho, porque antes de habérselo topado, todo parecía casi normal. No era adivino tampoco, pero su intuición nunca le fallaba.
El silencio para Atsushi no era algo que le incomodara realmente, de hecho, lo prefería, así podía comer más a gusto de sus amadas golosinas. Pero sentía que eso no era suficiente, no en estos momentos, no luego de haber visto a Himuro, después de que pasaran tres días de la última vez que le vio y tuvo la brillante idea de haberle robado un beso así como así. No se arrepentía, por supuesto y menos de haber dicho las palabras que dijo tras eso; era solo que no terminaba de creérselo totalmente, sabía lo que había hecho y era la primera vez que lo hacía, porque no pudo contener ese instinto de posesión, justo como si el muchacho azabache fuera su mejor dulce. Aunque obviamente las sensaciones que tenía con este no eran las mismas que cuando comía un dulce, esto era infinitamente mejor.
Fuera algo tonto en algunas cosas, la verdad era que no era muy difícil adivinar que probablemente Tatsuya le estaba gustando, ya que Murasakibara no era de ir robando besos a la gente nada más por que sí. Pero era complicado, puesto ese mismo chico había dejado ver que podía tener algo más con el pelirrojo ese, que seguía sin recordar su nombre y eso no le gustaba para nada tampoco. No era de compartir precisamente, justo como había dicho. Y además, le molestaba un poco también el hecho de que no volvieron a tener ningún contacto luego de ese día, igual no es como si hubiera sabido decirle algo al respecto; el pelimorado podía seguir actuando como si nada y suponía que Himuro le reclamaría o algo similar y no tenía muchas ganas de ponerse a discutir.
Sinceramente, quería evitar meterse en alguna discordia amorosa, pero se le estaba haciendo demasiado difícil hacer oídos sordos a todo esto. Porque con el pelinegro se sentía bien, era indescriptible la forma en que se sentía a su lado; tan natural, tan libre, le gustaba, era como si pudiera ser él mismo sin barreras y bueno, era la primera vez que le pasaba.
No era como si fuera como con Akashi, quién era muy observador y prácticamente difícil de engañar, era diferente.
—Has estado muy pensativo, Murasakibara —señaló Seijuro con la mirada al frente, solo dándole un vistazo de reojo al chico.
— ¿Sí? No es la gran cosa tampoco —contestó Atsushi como si nada, comiendo lo que era un paquete de galletas de chocolate.
Las familias de ambos chicos se conocían, además de que ambos estudiaban en la misma universidad en Kyoto, aunque hasta hace poco, se habían transferido para que Akashi pudiera estar presente en algunos casos de la policía, porque su padre consideraba que ya era tiempo que empezara a sentir lo que era el ambiente de ese trabajo. Así que ahora asistían a una de las mejores universidades de Tokyo, que era la misma donde estaba Midorima con Takao; el peliverde era también muy amigo de Akashi, eran como primos, también sus familias eran muy amigas.
—Pudiste haberte quedado con tu amigo, después de todo, yo ahora mismo voy al edificio de policías —expresó Akashi con calma. Él no les había dicho nada a sus amigos del hecho de que aquel problemático pelinegro se escapó esa misma noche cuando le trasportaban en otra patrulla y prefería no hacerlo. No lo creía necesario, ya que al estar de fuga, se le hacía estúpido que como si nada volviera a atacar a sus amigos. De todos modos, tenía custodiados a todos ellos de forma discreta, sin que estos mismos lo notaran.
—Muro-chin parecía que tenía otras cosas que hacer —Murasakibara se encogió de hombros y se llevó una galleta a la boca, masticándola.
—A mí me pareció que se veía interesado en hablar contigo —opinó Akashi, casi sonriendo.
El pelimorado frunció el ceño, pero no dijo nada.
—Es una pena que Kise esté todavía recuperándose de todo, sino seguramente estuviera preparando algo para tu cumpleaños —volvió a hablar Akashi, mirando al más alto.
—Lo lamento solo por la comida que seguro habría —dijo Murasakibara, quien por fin había terminado sus galletas y ahora buscaba en la bolsa algo más para comer mientras seguían caminando.
—Yo estaré muy ocupado estos días, por eso te he adelantado mi regalo, que era la comida del día de hoy —recalcó Akashi.
—No importa, de todos modos la disfruté, Aka-chin.
El pelirrojo le dedicó una sonrisa tranquila y amable, justo cuando ambos chicos llegaron a la quinta esquina de su recorrido luego de dejar el restaurante, esperando que la luz del semáforo cambiara para dejarlos cruzar y cuando así lo hizo, ambos caminaron hasta llegar al otro lado de la calle.
—Bueno, aquí me despido yo —avisó Akashi, girando un poco su cuerpo para ver al más alto y sonreírle ligeramente—. En serio, Murasakibara, no deberías dejar pasar la oportunidad —el mencionado muchacho le miró como si no entendiera nada—. Nos vemos luego.
—Adiós, Aka-chin —se despidió Murasakibara también, alzando la mano y ver como el de menor estatura le daba la espalda para empezar a caminar en la dirección izquierda, rumbo al edificio de policías.
Suspiró y giró su rostro en dirección de donde habían venido. De todos modos, ahora ya no tenía caso regresar al lugar donde había visto al pelinegro, tal vez sería mejor esperar a topárselo otra vez.
Más de dos semanas habían pasado desde que Yuu pidió la ayuda de su mejor amigo para llevar a cabo aquella investigación que debió haber hecho hace dos años, pero que sencillamente, no fue algo que pudiera hacer no solo por la manipulación de su ex esposa, sino por su ingenuidad o quizá confianza en ella.
Masaomi le había advertido que esa investigación podía llevar más de un mes quizá, eran hechos que sucedieron hace dos años y las pistas no siempre se mantenían en espera de ser encontradas, aunque claro que por más difícil que eso pareciera, siendo el mejor detective de Japón, no lo dejaría tirado y además, se trataba para ayudar a un viejo amigo. Y como dejó de encargado a su joven hijo —en quién tenía una confianza inigualable—, no estaba preocupado para nada en lo que estuviera sucediendo en oriente. No era esa la razón por la que no le hubiera llamado más seguido, sino porque la misma investigación lo mantenía sumamente ocupado; no la llevaba a cabo solo, porque estando viviendo de momento en la gran casa de Yuu, hacía que ambos trabajaran juntos. Quizá este último no sabía mucho respecto a esto, pero era de buena ayuda, ya que nadie como él sabía bien todo lo sucedido.
No obstante, el señor Akashi le había dicho que necesitarían la ayuda de Alex, dado que esta estuvo en contacto con Kagami y Himuro, y necesitaba saber más de lo que vivieron en ese tiempo. Misma razón, por la que también se comunicaban con ella mediante vídeo llamadas o simples correos, pues se había negado a dejar solo a su hijo en Japón, sobre todo, luego de lo que pasó.
Ese hecho también fue comentado y puso alerta a ambos hombres, que se calmaron cuando la rubia les explicó mejor las cosas; que aquel incidente fue provocado por otra persona, que ya había sido capturado.
Yuu suspiró.
— ¿Qué es lo que tienes hasta ahora?
—No es mucho, lo que tenemos no nos ayuda en nada —respondió Masaome con el gesto serio—. ¿Sabes dónde vivía Mika-san en el tiempo que estuvo aquí?
—No estoy seguro, una vez recibí una carta desde ese domicilio, tal vez todavía la tenga —respuso Yuu y se incorporó de su asiento.
—Bien. Y Yuu, también necesito que me des el número de cuenta bancaria de ella —pidió Masaomi, quien estaba sentado frente al escritorio de su amigo, con un montón de papeles, estudiándolos y se detuvo de pronto—. Oye, el apellido de tú ex mujer, ¿cuál era?
—Suzuki. Suzuki Mika —contestó Yuu, regresando su atención al otro—. ¿Por qué? ¿Hayaste algo?
—En la lista de amigos que Alexadra nos dio y de los que hemos investigado, justamente hay alguien que se apellida así —señaló Masaomi, golpeando con su índice los papeles.
—Pero ella no tenía más familia… o eso fue lo que me contó —recordó Yuu.
—No necesariamente tiene que ser su familia, de hecho… —Masaomi entrecerró los ojos y abrió la laptop que tenía a un lado, metido en un sistema—qué suerte que tenía varios contactos incluso aquí— y tecleó—. Justo como lo pensé, no hay nadie que responda con el nombre de "Demían Suzuki".
— ¿Estás diciendo que es un nombre inventado? —Yuu se mostró sorprendido y se sentó al lado del contrario.
—Probablemente. Este es el único chico del que no me aparecieron datos al investigar —aclaró Masaomi, con el ceño fruncido.
—Así no podremos encontrarlo…
—Sí, sí podemos, aunque no será fácil —interrumpió Masaomi y dirigió la mirada a su amigo—. Tenemos que visitar el antiguo hogar de tu hijo y a sus amigos.
— ¡Já, ahí lo tienes, volví a ganar! —exclamó Aomine con una sonrisa triunfal y porque no decir, presumida, luego de haber lanzado uno de sus tiros sin forma.
—Tch, ¡dame la revancha, Ahomine! —gruñó Kagami, que pese a sentirse irritado por la actitud del otro, seguía mostrando una increíble seguridad.
—Es la tercera vez que lo has pedido, Baaakagami, acepta que no podrás ganarme… hoy —se burló Aomine con gracia, yendo a recoger el balón para lanzándoselo al contrario.
— ¡Eso no…!
—Recuerda la apuesta que hicimos, así que ahora ya no hay marcha atrás, Kagami.
Ambos chicos se habían pasado toda la tarde jugando basquetbol y fue un respiro de vida para los dos volver a hacerlo, siendo que es algo que amaban y que por el mismo problema que suscitó, las ganas de jugarlo habían disminuido bastante.
Hace una hora, el sol se había ocultado por completo y ahora el cielo estaba completamente azul oscuro, lleno de estrellas en el cielo, aunque algo nublado por las nubes, no obstante, seguía siendo una vista hermosa de la noche.
El dúo de chicos había apostado "pregunta y respuesta", para quién perdiera. Era notorio que la primera vez Aomine ganó, mas la segunda quedaron en empate y entre el pleito de ambos que no aceptaban aquello, decidieron apostar. Misma que fue elegida por el peliazul, de forma conveniente.
Por ello, ahora fue Kagami quien suspiró y se sentó en medio de la cancha, una vez que fue por su mochila que tenía agua y una toalla para secarse el sudor.
—Como sea entonces, empieza.
Aomine adquirió una expresión de fingida inocencia y se sentó, también con su mochila para beber agua de forma algo rápida y entonces, preguntó:
— ¿Cuándo te diste cuenta que estabas enamorado de mí?
El pelirrojo, quien también estaba bebiendo su agua, casi la escupe ante esa pregunta tan repentina y la naturalidad con que el moreno preguntó. Por ello, es que se ruborizó y le miró fulminante.
— ¿Qué clase de pregunta es esa? —Kagami no estaba conforme, quizá porque le dio vergüenza recordarlo.
—Solo es una simple y sencilla pregunta —respondió Aomine, alzando ambas cejas, evitando reírse por ahora, pero disfrutando en grande la reacción ajena.
— ¡Pregunta otra cosa! —Kagami tosió un poco y volvió a beber de su botella de agua.
—No, esa es mi pregunta, ahora responde, Bakagami —demandó Aomine—. Nunca dijimos el tipo de preguntas que podrían hacerse, ¿recuerdas?
—Tsk… —Kagami frunció el ceño con fuerza y desvió la mirada a su botella, sintiendo como se ponía rojo hasta las orejas ante lo que iba a responder ahora— Hace como nueve meses, no sé, simplemente estaba viéndote jugar y de pronto, las cosas quedaron claras para mí —quería que la tierra se lo tragara ahí mismo y su corazón estaba latiendo desbocado, recordar eso le estaba haciendo sentir vértigo, sobre todo, por la forma en que sentía la mirada del peliazul sobre su cuerpo.
Por otra parte, Aomine sintió que le podía dar una erección por la maldita reacción tan linda que había tenido el pelirrojo; no todos los días se podían ver a chicos de aspecto rudo ruborizándose así y avergonzándose. Mierda, sentía que el corazón se le iba a salir del pecho y la necesidad de besarlo, se hizo presente, por lo que de pronto, se inclinó para robarle un beso, sin embargo no en los labios, sino en la frente.
Y eso solo hizo que el pelirrojo terminara por sonrojarse aún más.
— ¡¿Qué estás…?! —Kagami le miró entre admirado e irritado— ¡Ahomine, no hagas eso tan de repente!
—Es tú culpa, te veías malditamente lindo —Aomine sonrió complacido y con una mirada presumida.
— ¡…! —Kagami, aprovechando que el balón estaba cerca, lo agarró y se lo tiró al estómago del contrario con ganas— ¡Yo no soy lindo, idiota! —le gruñó con un aura asesina.
Qué bueno que el peliazul tenía excelentes reflejos, por ello pudo atrapar el balón antes de que le golpeara.
—Vaya… —rio Aomine de forma altanera, nada más para provocar al pelirrojo y giró el balón sobre su dedo índice— Dime, Kagami, ¿cómo es que puedes llegar a parecer tsundere?
— ¡Cierra la boca! ¡No soy tsundere, idiota! —refunfuñó Kagami, ahora con su color de piel restablecido.
Empero las carcajadas de Aomine, dejaron sin aliento a Taiga; le gustaba verlo así de animado y saber que él era la causa de eso, provocó estragos en su corazón, por lo que fue inevitable que no se uniera a sus risas luego de verlo.
Tan metidos estaban en ellos mismos, que no prestaban atención a las pocas personas que pasaban y que quizá, los veían con más interés del debido.
/Miércoles 9 de Octubre del 2013/
¿Por qué estaba en una tienda de regalos, Dios mío? ¿Por qué el empeño de su cuerpo en reaccionar pese a todas las negativas que se dio a sí mismo?
Sabía bien que fecha era hoy, como no tenerlo en mente, si entre todas las salidas que se había suscitado con Murasakibara, ambos se dijeron su fecha de nacimiento, por lo tanto, Himuro sabía bien que hoy era el cumpleaños del chico gigante. Y aunque ni siquiera le mandó ningún mensaje para verse o algo similar, ahí estaba, dentro de una tienda de regalos comprándole una caja de caramelos de gran tamaño, mismos que tenían la bonita forma de un panda.
Una vez su compra estuvo hecha, el pelinegro salió del local y todavía sin tener nada decidido, empezó a caminar hacía su lado derecho. Era obvio que tenía que entregar el regalo que había comprado, pero no tenía la más remota idea de si sería apropiado, teniendo en cuenta la manera en que quedaron las cosas. Sin embargo, ayer que vio el chico, se veía simple, como si aquel beso robado nunca hubiera existido, cosa que cuando llegó a su casa, se dio cuenta de que le estaba molestando, sobre todo porque seguramente tenía que ver con que iba muy bien acompañado.
Y si bien Himuro no era nada infantil, era inevitable para él no sentir molestia, cosa que solo aumentaba su mal sentir. Más porque ayer ya no fue a ver a Taiga y hoy, tal parecía que tampoco lo haría.
—Ah, esto es increíble… —murmuró para sí mismo, mientras veía la caja que era el regalo y luego alzó su vista al cielo.
Las nubes tenían una tonalidad casi dorada, por la puesta de sol, que incluso parecía como si fueran caramelos adornando el cielo, algo que resultaba irónico al ser el cumpleaños de alguien que amaba los dulces. Este hecho, hizo sonreír al pelinegro y volvió a suspirar.
No entendía nada, no servía que estuviera pensando y analizando todo, no encontraba explicación.
Seguía seguro de sus sentimientos por Kagami, por supuesto, lo amaba y estaba enamorado de él y algo como eso, no iba a cambiar así como así; más de tres años de relación y amor, no acabarían de la noche a la mañana. Asimismo, Tatsuya tampoco aceptaba que ese amor podía llegar a su fin y sí bien esto no lo sabía, era el factor del porque no podía encontrar explicación alguna. Y sin embargo, ahí iba con un regalo para el pelimorado, aunque no le hubiera hablado ni nada.
— ¿Muro-chin? —la voz holgazana y aguda de Murasakibara hizo aparición e hizo sobresaltar al pelinegro cuando la escuchó.
— ¿Atsushi? —Himuro casi tira la caja del regalo y giró un poco su rostro para ver al dueño de aquella voz.
El chico de cabellos morados iba saliendo de uno de los edificios de aquella zona, mismo que era el de la policía, algo que no tenía mucho sentido para el chico del lunar, pero ese no era el problema de ahora, sino otro.
—No esperaba verte por aquí —Himuro sonrió calmadamente, con esa mascara suya típica.
—Venía a ver a un amigo —repuso Murasakibara, quien traía una bolsa de mini donas de chocolate e iba vestido con pantalones cortos color vino y una playera lila, calzando unas sandalias negras; era un atuendo bastante ligero y sencillo.
Vio al pelinegro como si no pasara nada importante, pero bueno, tener la expresión desinteresada o hasta aburrida, no era algo complicado para Atsushi. Tampoco le iba decir que venía por un problema sobre su secuestro, al menos no en este momento, sobre todo porque Akashi le había advertido que esto debía ser un asunto privado, algo que no salió así justamente, puesto alguien dentro de la policía había cantado cosas que no debía cerca de algunos reporteros que le escucharon y corrieron la noticia.
Por esa razón, Murasakibara sintió un nuevo deseo de protección. Era consciente también que Tatsuya no era alguien débil y que se iba así como así, tampoco sería buena idea. Aun así, sabiendo que Haizaki, responsable del secuestro del anterior mencionado estaba libre, le hizo sentir inquieto.
—Ah —Himuro se mostró tan amable como siempre, pese a sentir un revoloteo extraño en su interior, como si quisiera empujar su corazón—. Bueno, aprovechando el momento… —sus labios se volvieron a elevar en una sonrisa y extendió la caja— Feliz cumpleaños, Atsushi.
Solo hasta ese momento, el pelimorado fue consciente de lo que el otro sostenía y sus ojos morados bajaron hasta divisar aquella caja envuelta para regalo y la sostuvo por inercia. Oír aquellas palabras de los labios de Tatsuya, le llenó de una felicidad enorme y sonrió solo un poco —un gesto qué, no era muy común en su expresión— por unos segundos, mas los suficientes para que el pelinegro lo notara y lo dejara sin aire.
—Gracias, Muro-chin —ahora sí, Murasakibara no se contuvo y con la diestra, dio una caricia al cabello ajeno, como si fueran palmadas, aunque sin mucha fuerza.
—De nada… —Himuro se sorprendió a sí mismo, inclinándose hacía la caricia, por lo que luego reaccionó e hizo como si nada pasara.
Los ojos morados del más alto seguían atentos al rostro del azabache, con un gesto pensativo y por eso, Tatsuya volvió a decir:
— ¿No estás conforme con el regalo, Atsushi?
—No es eso, me gustó de hecho, pero… —eso no es suficiente para mí, pensó Murasakibara, inclinándose hacia adelante, como si fuera a robarle otro beso.
Por esa razón, Himuro reaccionó a tiempo e interpuso su dedo índice, tocando la boca ajena y deteniéndola así, causando en ambos una explosión interna.
— ¿Entonces? —mierda, pensó Himuro, sonriendo de forma algo nerviosa. Esto era malo, muy, muy malo. No era normal sentir esas sensaciones cuando ya estabas enamorado de alguien más, ¿qué rayos significaba todo esto?
—… —Murasakibara entornó su mirada en el ojo visible ajeno y aprovechando la cercanía de ese dedo, entreabrió los labios y lo lamió solo un poco— No es suficiente —dijo al fin.
Esa acción, hizo que el pelinegro se estremeciera y quiso alejar su dedo, sin embargo solo logró hacerlo un poco, además de que un ligero rubor apareció en sus mejillas; tenue, mas por el color de su piel, se podía notar. Y su corazón… bueno, parecía que no era su corazón lo que latía tan frenéticamente, sino algo mucho más profundo, más íntimo. Como si con esa lamida tan dulce y suave, algo en su alma se hubiese removido.
—Atsushi, no hagas… —intentó decir Himuro, ahora dejando atrás el sonrojo y frunciendo el ceño, no obstante se quedó callado cuando fue ahora el dedo índice del pelimorado que cerró sus labios en el tacto. Eso le hizo sentir entre molesto y admirado, por lo que su mirada fue seria, intimidante.
No le estaba gustando el rumbo que tomaban las cosas y se había dicho a sí mismo que pararía esto, no importaba si tenía que perder su amistad con el más alto, no se iba a dar el lujo de ilusionar un corazón cuando ya amaba a alguien más y sobre todo, no iba a traicionar el amor que le tenía al pelirrojo.
Aun así, Murasakibara no se inmutó para nada y se acercó más al rostro del contrario, sin importarle lo intimidante del otro y aunque las manos de Tatsuya intentaron alejarle, la diferencia de fuerzas y tamaños no ayudaba para nada.
El pelimorado detuvo su avance, cuando sus narices casi se rozaban.
—Tengo muchos dulces que comprar en la ciudad y estaría bien que me acompañaras.
Estaban tan cerca, que el aliento de Atsushi fue respirado por Himuro y eso fue suficiente para dispersar sus firmes pensamientos y decisiones en ese momento.
/Jueves 17 de Octubre del 2013/
Una muchacha de cabellos rubios hasta la cadera y unos ojos chocolate, cabalgaba sobre el miembro duro de cierto chico con rastas, que estaba sentado en un sofá de tres personas, ahí en la sala y sin el pudor de que sus demás compañeros de vivienda le escucharan o incluso pasaran por ahí. A él no le importaba nada más que el buen cuerpo de mujer que se estaba follando, mientras decía varias vulgaridades en cada embestida y la chica, lejos de mostrarse ofendida, parecía disfrutar más aquel vigorizante ejercicio dejando que sus senos fueran jugados completamente.
—Es curioso que todas las tipas que traigas para tener sexo sean rubias —dijo Hanamiya, algo asqueado y no pasaba a la sala para ver el acto vulgar de ese par, no, de hecho, acababa de llegar para avisar la información que tenía.
—Cierra la puta boca y habla de una vez… agh —le respondió Haizaki con una sonrisa maliciosa— Oh, sí, nena, que coño tan cerrado tienes —siseó lujuriosamente al oído de la rubia a la vez que le dio una nalgada.
Hanamiya frunció el ceño y sintió el deseo de tirarle un balazo al otro pelinegro, ¿cómo es que terminó trabajando para un tipo como él? No es como si no supiera su propio motivo, pero aun así…
—Preferiría decírtelo cuando termines de follar o en lugar de hablar, les vomitaré encima.
Haizaki se rió de forma escandalosa y algo raro, por los jadeos de placer que daba, aunque no se comparaba a los gemidos que la chica daba.
—Qué nena me saliste ahora, Hanamiya. Dilo de una vez, que en esta noche mi verga no descansará.
El mencionado chico suspiró con molestia y puso los ojos en blanco.
—Mejor cuando termines con tu… amiga, ve a leer esto que te dejaré en tu habitación —Hanamiya alzó una carpeta—. Ahí están todos los datos de los dos chicos —sentía que estaba perdiendo su poca paciencia cuando el sonido de las embestidas interrumpía sus palabras y es que aquello, cerca de provocarle excitación, le provocaba asco.
— ¡Hoh, muy bien, mierda! —felicitó Haizaki, para luego hundir la cara entre los senos de aquella chica y morderlos unos segundos— Ah, joder, sí… me voy a…
Hanamiya prácticamente salió de la sala corriendo ante eso, no iba a quedarse a presenciar como llegaban al orgasmo, sería mucho. Así que ya lejos de los sonidos sexuales, bajó por las escaleras hasta la habitación subterránea de Haizaki, donde entró y encendió la luz, haciendo de cuenta como si no hubiera visto un montón de juguetes sexuales mojados en la cama de este —tal parecía que ya había estado jugando con aquella chica en el cuarto— y dejó la carpeta en el buro de ahí, escribiendo "Aomine Daiki" con un plumón negro que encontró, para que así no se le fuera a pasar al idiota de su jefe leerlo y salió de ahí.
/Domingo 20 de Octubre del 2013/
En estos días, el instinto había sido el que había estado moviendo todo, al menos para Kagami y Aomine, quienes no habían dejado de frecuentarse todas las tardes para jugar sus famosos "uno a uno" en la cancha más cercana del trabajo del pelirrojo, donde se la pasaban toda la tarde, luego de haber comido claro está.
Si bien era un poco rutinario aquello, la verdad era que no les aburría para nada seguir haciéndolo y era el único pretexto real que ambos tenían para verse todos los días, sin necesidad de profundizar tanto en el tema de sus sentimientos, que eran obvios también. Del mismo modo que era obvio para Momoi ver como la actitud del peliazul mejoró mucho y dejó tirada ese aura de depresión y tristeza que se cargó por poco más de dos semanas e incluso para Kuroko, quien pese a solo estar más en contacto con el pelirrojo vía telefónica, podía notar la diferencia.
Y es que para todos era obvio que Aomine y Kagami se necesitaban porque se amaban.
Incluso para Himuro, quién había llegado a verle pocas veces en la noche, para pasar un agradable rato viendo alguna película o cuando Taiga iba a verlo a él y a Alex para hacerles también de cenar después de sus juegos con el moreno. Ese brillo que parecía perdido en los ojos rojos del chico, mismo que regresó cuando Aomine lo hizo, fue algo fácil de notar.
Aun así, la decisión seguía sin ser tomada y aunque no lo dijera, Tatsuya sentía que se ahogaba del dolor en la espera. Dolor que no era fácil de ignorar ni de soportar, sentía que era demasiado. Mas no es como si esperara que la vida fuera justa, aunque no es como si lo fuera.
Y aunque la esperanza siguiera en su corazón y se avivara cada que sentía como Kagami lo veía—lleno de cariño, de amor, de protección—, sentía la realidad golpearle duramente cuando en más de una ocasión, llegó a ver la forma en que el pelirrojo y Aomine se veían; había sido un miércoles, cuando pensó en ir a ver al trabajo al primero mencionado y topó a los dos hablando animadamente sobre el juego de ese día, razón por la cual, prefirió desaparecer antes de que le notaran.
Ya antes había observado el modo en que esos dos se miraban y no era lo mismo verlo a recordarlo, era mucho peor para él. Era como si se estuviera auto destruyendo, porque cuando eso pasaba, los recuerdos de esa noche en que hicieron el amor, lo hacían ahogarse más y más… Y era como si en cualquier momento llegaría a su límite y no sabría qué hacer.
Dramático sí, pero dolía. Y en demasía.
No obstante, no podía negar el alivio que Murasakibara le estaba trayendo a su vida gris en estos momentos y no era como si estuviera haciendo algo más, que luego de que se diera ese beso robado, no volvió a pasar ninguna acción similar a esa, solo uno que otro accidental acercamiento por parte de ambos. Sin embargo, de alguna forma, sin necesidad de hablar del tema, su amistad siguió funcionando, como si fueran las piezas perfectas de un puzzle, así mismo. Así que por esa razón, su mente dejó de pensar tanto cuando estaba al lado del pelimorado y simplemente se mostró natural, como era él mismo; era como si no tuviera aquella máscara de siempre para ocultar sus verdaderas emociones, que desafortunadamente aún la sentía en su cara y pese a eso, sentía que el pelimorado lo seguía viendo con claridad, del mismo modo que ahora sus ojos grises podían verlo a él. Seguía siendo extraño.
—Y te volví a ganar, Bakagami —señaló Aomine, con una gran sonrisa en su rostro y las manos en su cintura en gesto victorioso justo cuando la pelota rebotaba tras haber caído de la canasta.
— ¡Cállate, ayer te gané más veces yo, Ahomine! —replicó Kagami con irritación.
—Tch, ¡claro que no! Fue un empate —farfulló Aomine con desdén.
—Sí, sí, ¡y te volveré a ganar, dame la revancha! —demandó Kagami con una mirada de vivo desafío.
Aomine le miró con atención, todavía con una sonrisa de burla y suspiró.
—Ni hablar, ya es demasiado tarde y tú, idiota, mañana trabajas —recordó, dándose la vuelta para ir por su mochila donde estaban sus botellas de agua.
—Tch, no importa, puedo… —intentó convencer Kagami, no obstante el peliazul regresó para jalarle de la cintura y pegarse contra su cuerpo, haciéndole callar.
—Vaya, ¿todavía quieres seguir pasando tiempo conmigo? Eres muy conmovedor, Kawaiigami —dijo Aomine en tono socarrón.
— ¡¿Kawaii… gami?! —la expresión de póker de Kagami fue oro para los ojos del peliazul— ¡Qué demonios pasa contigo, idiota! ¡Y no se trata de eso!
Daiki se rió entre dientes y le soltó, mirándole de forma coqueta, que hizo al pelirrojo estremecerse.
—Bueno, mañana podemos volver a jugar, ¿no? Igual es tarde y Satsuki se pondrá de dramática si llego después de las doce —bufó.
—Oh, vaya, tú niñera —le molestó Kagami ahora, enarcando una ceja y yendo por su mochila para sacar su botella de agua.
—Pfffft, claro —Aomine puso los ojos en blanco y se quedó callado para dar tremendo trago a su botella.
—Aunque igual tú debes ir a la universidad, ¿no? —la forma en que Kagami lo dijo, sonó burlón.
—Sí… —Aomine le miró con recelo unos momentos, volviendo a guardar sus cosas una vez terminó su agua y suspiró— Bueno, te acompañaré a tu casa, vamos.
—No es necesario, yo puedo cuidarme solo, Aomine —le dijo Kagami, quién también ya había bebido suficiente agua y de nueva cuenta, guardó sus cosas.
—No te voy cuidando, idiota, quiero pasar un rato tranquilo contigo, caminando bajo las estrellas —señaló Aomine, sonriendo de lado y pasando un brazo por los hombros ajenos.
—Idiota —resopló Kagami, algo avergonzado, pero no hizo más que sonreír sin separarse del contacto.
Así en un semi abrazo "amistoso", aparentemente, los dos chicos empezaron a caminar sin prisa alguna. Pese a los vientos que lograban hacer estremecer a cualquiera, ellos no sentían frío en absoluto, al contrario, por su cercanía, todo era cálido y parecía que se derretirían en cualquier momento y para nada querían separarse.
No habían muchas personas caminando a esa hora, serían alrededor de las once y media, solo algunos carros pasaban por las calles y hace unos días atrás, el moreno le había dicho al pelirrojo que la zona donde se encontraba ese edificio nuevo era un poco silenciosa de noche, más que los otros lugares. Quizá porque estaba en una zona privada y no debería haber algo que temer igual, porque por esa misma razón de ser "privada", era una zona segura, sin embargo, especialmente hoy, ese recordatorio no se le hacía muy alentador a Kagami.
— ¿Y cómo están las cosas hasta ahora? —masculló Aomine, viéndole de reojo.
El pelirrojo entendió más o menos a lo que el peliazul se refería y sonrió sin muchas ganas.
—Empate —fue su contestación.
—Bueno, no esperaba que todo esto fuera rápido —Aomine sonrió ligeramente y le miró, como diciéndole "no te preocupes, yo seguiré esperando y luchando por ti".
—Es realmente frustrante, siento como si fuera dos yo —susurró Kagami, más para sí mismo, aun así, el otro logró escucharle.
—Oh, con que no te pase lo de Akashi, porque sería el colmo —expresó Aomine con sarcasmo.
— ¡Esto es diferente, no digas tonterías! —Kagami sabía más o menos ese detalle de la personalidad en ese otro pelirrojo, aunque tampoco conocía los detalles, solo había sido un tema que salió a colación en la semana que los dos estuvieron conviviendo y el peliazul se lo contó— Aunque igual, sé que no es fácil para los demás —era obvio que solo se refería a dos personas en específico, pero prefirió no usar nombres por simple comodidad entre ambos.
—Tú lo vales, para mí lo vales —afirmó Aomine de un modo que hizo que el pelirrojo le quedara viendo como idiota. Oh, mierda, no me veas así… en ese momento, se sintió algo avergonzado por sus palabras e hizo un mohín.
—Aomine, tú… —Kagami sintió que cuando sus ojos se miraron, quedó desnudo ante él, no de forma física, era como si sus almas se tocaran en lo más profundo de sus ojos.
Y entonces, volvieron a besarse. Pasó en un segundo tan rápido, que sus mentes no lo procesaron, mas ahí estaban, devorándose con sus bocas como dos felinos hambrientos en medio de la selva.
Qué bueno que era de noche. Y así, Aomine pudo empujar al pelirojo contra la pared más cercana, apretándose más a este, sintiendo como las manos ajenas le recorrían desde sus caderas hasta su espalda y le sujetaban del rostro. Por ello, no se quedó atrás y le acarició desde las piernas, subiendo hasta su torso, sintiéndose complacido al percatarse de como Kagami se estremeció por esas caricias.
Sus lenguas por ahora estaban tranquilas, sin tinte de pasión, solo del más puro y sincero romanticismo que raras veces se veían entre hombres así de sencillo y más si se trataba de dos chicos con aspecto rudo. Pero así era la vida, llena de sorpresas.
—Kagami, te amo y no sabes cuánto… —jadeó Aomine, casi siseando entre el beso.
Ante esa declaración, el pelirrojo sintió como si las piernas le temblaran y le miró.
—Yo… Yo también, pero…
—Me vale una mierda que tengas la decisión o no, Kagami, no me privaré de decírtelo cuando yo quiera —advirtió Aomine de forma recta, aunque extrañamente suave. Se sentía tan diferente, era él mismo por supuesto, solo que sin sus barreras, completamente desnudo para el pelirrojo.
Taiga se sintió ligeramente afligido, con el fugaz recuerdo de Himuro en su mente, pero fue suficiente una mirada de Daiki para sentirse bien consigo mismo, mas no supo que añadir.
—Bien, ya hemos llegado —Aomine se separó con un gesto solemne y señaló el edifico departamental.
El tiempo pasaba rápido cuando estaban juntos y además, la cancha donde estaban jugando tampoco estaba muy lejos.
Kagami suspiró, recuperando su respiración y miró al moreno.
—Nos vemos mañana.
—Vale, buenas noches —Aomine asintió y le dedicó la sombra de una sonrisa.
En cambio, el pelirrojo le dedicó un gesto cálido y se dio la vuelta para avanzar los pocos pasos que le separaban de la entrada del edificio, mientras que el moreno solo observó cómo se iba y no se dio la vuelta para irse rumbo a su casa hasta asegurarse que Kagami había entrado.
Todavía sentía en sus labios el sabor de la boca del pelirrojo, era algo tan salvaje, tan inolvidable que expresaba libertad en todo sentido. Un sabor digno.
Aomine suspiró y sonrió con cierta nostalgia, lo que daría porque las cosas fueran como antes, pero esto no podía ser fácil, después de todo, era algo que valía la pena. Aunque dolía, no del mismo modo que cuando estuvo separado de Taiga, no, ese dolor no tenía comparación, mas esto… Era como estar a la espera de una bomba que no se sabía en qué ubicación de la casa estaría y en cualquier momento iba a estallar y llenaría de dicha y/o de dolor.
Caminar solo por la calle era tan frío, así que el peliazul tuvo que usar el suéter que llevaba metido en su mochila para cubrirse del viento que hacía. Más adelante, había una esquina que solo tenía las luces de los faroles, porque allí ningún puesto continuaba abierto, a excepción de la siguiente esquina, donde estaba el café-bar en el que Kagami trabajaba, seguramente estarían cerrando en estos momentos.
El chico de ojos azules se detuvo antes de cruzar; el semáforo estaba en verde para los automóviles, pero por la calle no había nada y pensó en atravesarla, mas optó por esperar. E hizo bien, porque luego de un minuto ahí parado, el sonido de un auto empezó a acercarse y parecía que iba muy rápido, mismo que derrapó con ganas, justo frente a Aomine; este se mantuvo neutral.
Hasta que los cristales de los asientos de atrás se bajaron.
Y todo pasó tan rápido, que lo único que Daiki vio, fue como le habían apuntado con un arma.
Oh, god.
ASDJASLJDFLSKSDLSD x'DDDDDDDDDDDDD! Sorry, no me maten, but el drama no estará acabado con la presencia del enemigo número uno de la historia y no precisamente hablo de Haizaki(?).
Con eso he dicho suficiente, jajaja.
Como pueden ver, el que Aomine esté dispuesto a no abandonar a Kagami y luchar por él está ayudando mucho en la crisis que éste último ésta pasando. Lo que significa que esto se interpreta con obviedad, ¿no creen? Aunque bueno, Taiga todavía no puede entenderlo de esa manera tan analítica, tiene MUCHO que comprender todavía.
Lo que en un trauma viene, en otro trauma se va.(?)
En fin, eso ha sido todo xD. Espero en verdad hayan sentido fructífero el capítulo de hoy, y no duden en dejarme sus comentarios, ¡eh!
Besos :3
