¡Holiiiis, aquí un nuevo capítulo para ustedes! :3
Ésta vez no tardé mucho, eh, una porque ya se las debía al no haber actualizado desde septiembre ;w; y otra, porque el final está tan cerca que casi puedo saborearlo(?).
Lamento haberlos dejado con la dura intriga con el capítulo anterior, pero vamos, que ese dramón siempre da sabor a las historias, o al menos, en las mías xD. Ya saben cómo me gusta jugar con lo que escribo, explotando mi vena del drama, sorry(?).
Bueno, sin más, ¡a leer!
Ah, y una recomendación; escuchen éste soundtrack que les dejo mientras leen, para mayor impacto(?): watch?v=sltAjJJsHGQ
Las blancas paredes del hospital general de Tokyo transmitían algo de tranquilidad a las familias que estaban ahí por diferentes causas, pero ese no era el caso de Kagami Taiga, quien estaba caminando de un lado a otro en el pasillo, con el corazón desbocado por la preocupación a un hilo de la locura si algo salía mal. Porque por más peligrosa y horrorosa que estuvo la situación en la que Haizaki los metió, definitivamente podía empeorar y eso era lo que lo tenía sudando frío.
Y sino hubiese sido por los giros inesperados que tomaron las cosas, ni siquiera él estaría con vida ahora, aunque definitivamente prefería morir él en vez de que lo hiciera el chico que ahora estaba en una intervención quirúrgica.
Al final de cuentas, el pelirrojo sí había logrado mover sus piernas en el último momento y corrió.
Corrió hasta donde Aomine, deseando que sus brazos estuvieran libres para poder envolverlo en un fuerte abrazo y protegerlo por completo. Aunque lo único que pudo hacer fue chocar contra su pecho, con los ojos llenos de miedo y hasta cristalizados, así lo miró.
— ¡¿Qué diablos…?! —rugió Haizaki, cuando al disparar de una de sus armas, no salió ninguna bala, solo el simple sonido del gatillo vacío. Y no hubiese hecho tanto alboroto, de no ser porque esa pistola era la que cierto chico de cejas pobladas le dio— ¡Makoto, bastardo, ¿qué significa esto?!
El aludido chico miró fugazmente a dos de los otros que trabajaban ahí y apuntaron a la cabeza a los dos restantes del grupo, sin contar a Shogo, disparándoles y acabando con sus vidas.
Algo que fue en demasía sorpresivo para el chico de las rastas; no se lo esperaba, ¡para nada, por la mierda! Era la primera vez que alguien tenía los pantalones tan bien puestos para traicionarlo de esa manera y en su cara. No todos valoraban tan poco su vida.
—Pasa que te saludo de parte de Imayoshi —repuso Hanamiya serio y luego sonrió puramente malicioso y sus dos cómplices apuntaron contra el otro pelinegro.
—No pensé que alguien se tomara tan en serio a un inválido —Haizaki le escupió esas palabras y no borró su altanería de sus facciones—. Aunque tal vez debí matarlo cuando tuve la oportunidad —se puso a reír grotescamente.
Hanamiya endureció su expresión y sus orbes brillaron con desprecio, pero después alzó sus comisuras labiales con una burla de superioridad.
—Mis condolencias —musitó y preparó su arma.
Los sucesos volvieron a pasar de prisa y aunque ahora mismo Kagami dejó de prestar atención a su alrededor cuando sintió cerca el cuerpo del moreno y viceversa, no fue el caso de Himuro. Él, pese a que su ser fue apuñalado y herido de todas las maneras existentes, cuando sus ojos observaron a ese dúo, no omitió del todo lo que estaba sucediendo con el otro grupo.
Quería apartar la mirada, no podía ser que fuera tan masoquista como para seguir mirando a la pareja. Pero sencillamente le era imposible hacerlo, por más que lo intentara. Debía hacerlo pronto, antes de que Aomine y Taiga empezaran a decirse algo que demostrara todavía más ese indestructible amor que tenían, porque de seguro sería algo mucho peor que no soportaría si lo veía.
— ¡Aunque me mates, no me iré solo! —Haizaki apuntó su pistola, que sí tenía balas, contra quién lo traicionó, pero a último minuto, sonrió— ¡Muérete, maldito hijo de puta! —hubiese sido más lógico que el arma siguiera apuntando al chico de cejas pobladas, sin embargo, cambió la dirección.
Y otra vez apuntó contra Aomine, que ahora estaba junto al pelirrojo. Tenía una puntería excelente, así que seguramente le daría solo al primero, eso hasta Himuro lo sabía.
— ¡Cuidado! ¡Taiga! —aulló. Desgraciadamente, los dos chicos reaccionaron un segundo más tarde.
Hanamiya y Haizaki dispararon al mismo tiempo.
Kagami sabía que tenía que perder a uno de los dos y luego de haber estado atrapado unos segundos en el perfume de la piel del moreno, se percató que debía ser el pelinegro… No obstante, lo que pasó a continuación, no era lo que definitivamente quería. ¡Claro que no!
Aun así, Himuro había avanzado lo suficientemente rápido para situarse como un escudo, dándole la espalda a la bala, que impactó contra esa zona de su cuerpo.
Los balazos resonaron, hubiera sido mucho mejor que el disparo que hizo Hanamiya lograra ser más rápido, para así evitar a Haizaki disparar. Pero el motivo del porque el primer mencionado estaba ahí, no era para salvar a los chicos de quiénes el segundo nombrado quería vengarse, en lo más mínimo; no era tan noble para hacer eso, porque ni siquiera los conocía.
Makoto estaba ahí para vengar a aquel chico que amaba, quién había sufrido un asalto por la pandilla de Shogo, quedando gravemente herido y perdiendo la capacidad para caminar. Imayoshi no se merecía eso y no estaba dispuesto a dejar impune a ese desgraciado que casi lo mata, porque no confiaba en la policía y era mucho mejor para él hacer justicia propia.
Hanamiya necesitaba observar como Haizaki moría para quedar complacido, le costara lo que le costara.
Por eso, cuando cumplió su deseo, simplemente se fue, siendo seguido por aquellos dos chicos que le ayudaron. El resto de la pandilla del chico de rastas ya estaban muertos y ellos no se quedarían para que la policía los atrapara, porque ya mucho había hecho Makoto con llamar a Akashi de forma anónima, lo que sucediera ahora, no era de su inconveniente.
De todos modos, al echar un último vistazo hacía atrás, lanzó el par de llaves para los candados de las cadenas con que tenían amarrados a Daiki y a Himuro.
— ¡¿…Tatsu…ya…?! —Kagami mudó cuando los ojos ajenos le miraron con una intensa ternura y firmeza, como diciéndole "no me importa arriesgar mi vida por ti". Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos como vivas cascadas segundos antes de que encontrara su voz y gritó: — ¡TATSUYA!
Tal vez la soga con que estaba amarrado de las muñecas tenía un nudo fácil de deshacer, tal vez cuando Hanamiya lo sujetó de ahí, lo hizo a propósito, no lo sabía. Después de todo, por todas las amenazas que tuvo al estar atrapado y la inconsciencia que sufrió al ser transportado, no había podido hacer el intento de zafarse del amarre. Y hace unos momentos tampoco, por el miedo que lo tenía acorralado, ahí estaba en desventaja.
Por esa razón no supo cuando sus manos quedaron libres y se lanzó con sus brazos extendidos para sujetar el cuerpo del chico del lunar, mientras exclamaba un montón de cosas, como si hubiera enloquecido por completo. Su cerebro no le funcionaba bien y las lágrimas no iban a detener su aparición; su orgullo se perdió, sus facciones imponentes y salvajes se perdieron en una expresión del más inmenso dolor y no le importó si lo miraban llorar como un bebé. Sus manos se mancharon de sangre cuando palpó temblorosamente la espalda de Himuro.
— ¡POR FAVOR, POR FAVOR, TATSUYA…! —Kagami apretó los labios y le hizo a un lado el cabello al nombrado, dejándole al descubierto al fin ambos ojos. Sus lágrimas estaban manchando poco a poco el rostro ajeno, que estaba más pálido— ¡NO QUIERO QUE TE VAYAS! ¡RESISTE! —su garganta le ardía por la desesperación y la fuerza con que locamente exclamaba.
—No pasa nada, T-Taiga… —Himuro tosió sangre y manchó la ropa impropia, luego, sus ojos volaron unos segundos al peliazul que estaba contemplando todo y que no se había movido porque el sufrimiento del pelirrojo era tan intenso, que lo tenía abrumado. No era algo que se pudiera describir— Vas a estar bien —sonrió débilmente. Su cuerpo le dolía de muchas maneras; la bala en su espalda le hizo perder la sensibilidad ahí y seguramente esto tendría graves consecuencias… Quizá hasta podría desangrarse, sin embargo, él sabía que debía hacer esto.
Lo siento, Atsushi, no pude preparar ese postre para ti, pensó. En un momento como éste, que la imagen del rostro del pelimorado apareciera en su mente, combinado con los gritos que el pelirrojo daba, debía significar algo. No obstante, la consciencia lo estaba abandonando poco a poco como para darle importancia. Hubiese deseado hacer esto sin causarle tanto sufrimiento al ser que amaba.
La desesperación quería hacer explotar todavía más a Kagami, quién estaba temblando e hipaba ligeramente por el llanto. ¡¿Cómo es que no pudo impedir que el pelinegro hiciera eso?! ¡¿Por qué no se le ocurrió?! ¡¿Por qué no podía salvar a ambos?! Mierda, mierda, se sentía culpable, sentía que por él todo estaba pasando… Todo éste desastre.
Sí hubiese recobrado la memoria antes… Si se hubiese mostrado más interesado en resolver el misterio del anillo que sabía no tenía explicación… Si tan solo él… No ganaba nada con reclamarse, mas su culpa y su dolor no le permitían hacerlo.
— ¡Sí pasa, maldita sea, Tatsuya! —el sonido de las patrullas se escuchó más cerca de lo que se hubieran esperado, mas no les prestó atención— ¡No te vayas, no te vayas, no te vayas! ¡NO VUELVAS A DEJARME, TATSUYA! —y abrazó el cuerpo del contrario— ¡Por favor…, Tatsuya, quédate! —su voz se quebró, cuando los ojos ajenos seguían contemplando de una manera que solo él conocía.
Y el vacío que le atacó cuando miró como los orbes impropios empezaban a cerrarse, no tuvo comparación. Ni siquiera el agujero que causaba un meteoro al caer a la tierra podía asemejarse.
En ese momento, la presencia de Akashi con el resto del equipo de policías se hizo presente, pero todo, a los tres, parecía ajeno a que estaban por ser salvados. Y es que esa última frase fue como una bofetada para Aomine. ¿Cómo es que había sido tan ciego en creer que la clase de relación que tenía Taiga con Himuro podía quedar atrás así como así con todo lo que habían vivido?
Resultaba imposible que su elección cambiara solo porque el pelirrojo perdió la memoria, ¿o no? Bastaba con solo mirar cómo estaba de destrozado, terriblemente destrozado con el pelinegro herido y se notaba a kilómetros que no era alguien que Kagami estaba dispuesto a dejar ir.
Antes tal vez había creído que la elección era él, pero definitivamente con esto que observaba, fuera o no la respuesta ajena, ya no se interpondría. Por más que el sufrimiento le deparara a partir de ahora, ¿qué podía hacer? El optimismo que tuvo al inicio se vio quebrado de una manera dolorosamente fácil, con tan solo observar el actuar de Taiga, porque ni siquiera podía moverse para ayudarlo, ese control emocional que usualmente tenía, lo abandonó. Se sintió como un inútil.
Pero la resolución le llegó de todas maneras.
Simplemente no podía competir con el amor que existía entre Himuro y el pelirrojo, y había sido un error creer que podría hacerlo.
Alexandra había llegado a abrazar al pelirrojo, porque su pena era igual o mucho peor, dado que el amor de una madre era completamente diferente. Kagami trató de no llorar, porque la rubia lo estaba consolando a él mientras trataba de amortiguar sus lágrimas silenciosas en el pecho de ella. Se sentía tan culpable, joder, ¡él era la causa del porque Himuro estaba en un estado grave de salud, siendo operado y Alex lo consolaba! Debería ser al revés, porque no había podido proteger al pelinegro. Incluso debería disculparse, porque por él ahora mismo Himuro estaba… así.
A excepción de Kise, Takao y Midorima —los dos primeros no estaban en muy buenas condiciones emocionales y físicas como para venir al momento y el tercer se quedó a acompañarlos—, el resto de los chicos estaban en el hospital, no solo por el pelirrojo, sino por Aomine. Mismo que estaba de pie y reclinado en una pared con las manos empuñadas y los brazos en cada costado. Escuchaba y sentía el sufrir de Kagami y no podía hacer nada para quitárselo. Tal vez debió hacerse a un lado al inicio o quizá…
—Dai-chan, no es momento de echarte culpas innecesarias —susurró Momoi e inesperadamente, abrazó a su amigo, con mucha más fuerza de la que se esperaría de una chica.
Y por primera vez, el moreno no se negó al apoyo de la pelirrosa, porque él también necesitaba a alguien que lo sostuviera. No correspondió al gesto como tal, pero lo agradeció internamente. Su decisión y lo que observó hace unas horas con Kagami y Himuro, atacaron su mente, su corazón y su alma sin piedad, que frunció los labios y cerró los ojos, pues le picaban.
Satsuki se puso de puntitas y acomodó la cabeza del chico en su hombro para esconderle los ojos ahí, cuando sintió los estremecimientos de su amigo y se quedó callada, acompañándolo en su dolor y sus ojos también se llenaron de lágrimas.
Aomine no sabía que hizo de bueno en la vida para haber ganado a una amiga tan inigualable como la pelirrosa, pero definitivamente sí que lo agradecía. Pues ella siempre había estado ahí para él.
/Martes 22 de Octubre del 2013/
La madrugada atacó más fríamente a todo el desamor de la estancia, acompañada de un silencio triste y doloroso.
Kagami tenía los ojos rojos y estaba sentado al lado de la zona de cirugía del hospital. Había dejado de llorar hace un par de horas y no se sintió muy capaz de seguir mirando a la cara a Alex, sintiéndose así de culpable, por lo que prefirió irse más cerca de Himuro. No podía estar muy lejos y sin saber cómo estaba o en cuánto tiempo más la cirugía acabaría.
Tenía la mirada perdida y su pierna derecha estaba flexionada, sirviéndole de apoyo a su brazo de ese lado. Respiraba con agitación todavía; no reparó mucho en el exterior, al menos no quería hacerlo hasta saber que el pelinegro estaría bien.
—Va a salir bien, todo saldrá bien, Kagami —la voz de Aomine apareció de repente ahí, sorpresivamente serena. Luego de haber estado con su amiga, tuvo que ponerse durante mucho rato algodones con agua en los ojos, porque por nada del mundo expresaría lo mal que se sentía. Consideraba que su dolor ahora mismo no era importante.
El cabello del pelirrojo ocultó parte de su rostro y no alzó la mirada, solo apretó sus dientes. Sabía que seguía causándole daño al peliazul, no era idiota, ¿por qué no tomó desde antes la decisión? ¿Por qué no podía dejar de lastimarlo a él y a Tatsuya? Se sentía responsable de todo y lo peor era que no tenía en sus manos el poder para cambiar las cosas más que solo con su elección, una que de todos modos causaría daño y era tan incapaz de tomar, porque cuando creyó era así… Ahora estaba todo peor. No importaba lo que hiciera, solo seguiría causando sufrir.
Era un completo mundo de emociones encontradas y pasadas, que se peleaban sangrientamente en su interior sin ningún resultado. No merecía el amor de Aomine ni de Himuro, solo eso sabía.
Y aun así, ahí estaba el moreno, yendo a apoyarlo.
Daiki se sentò a su lado, en silencio, mirándolo de reojo, hasta que posó su mano sobre la izquierda impropia y la apretó con una significativa fuerza.
Y los pedazos del corazón roto del chico de ojos rojos fueron aplastados y quebrados una vez más.
Era el peor, así se sentía.
—Quiero que sepas… —Aomine suspiró— Necesito que sepas que sea cual tu decisión, voy a respetarla.
Kagami ya estaba quebrado, entonces, ¿por qué sentía que podía seguir haciéndolo? Esas palabras estaban lográndolo.
—A-Aomine, por favor, no… —su voz rota penetró como una bala el pecho del moreno y, de pronto, sintió como los brazos de éste lo envolvieron en un abrazo profundamente tierno.
Por el momento, la mirada de los dos no se había encontrado, ninguno estaba preparado para observarse a los ojos por lo que sea que fueran a descubrir ahí. Pero eso no impidió al peliazul demostrarle su apoyo, a pesar de todo su sufrimiento y que podría quebrarse otra vez, en cualquier momento, se arriesgó.
—No… —no merezco que hagas esto, maldición, pensó Kagami, removiéndose e intentando alejarse del impropio. Ya no quería seguir llorando, se sentía jodidamente débil si lo hacía y no era la víctima tampoco.
—No importa el camino que elijas, eso no significa que vaya a dejarte cargar con todo el dolor —Aomine le acarició el cabello y lo abrazó con mayor intensidad. Tampoco dejaré de amarte por algo como esto.
Taiga no supo si volvió a llorar o qué diablos pasó, solo fue consciente de haber ocultado su rostro en el pecho ajeno hasta quedarse dormido, envuelto en el maravilloso perfume de esa piel cobriza.
/Miércoles 23 de Octubre del 2013/
Una cama era ahora la que se encargaba de sostener el cuerpo del chico de cabello rojo —seguramente Aomine pidió prestada una para dejarlo descansar mejor ahí— y cuando se dio cuenta, se sentó tan rápido que se mareo, para buscar al moreno con la mirada. Y al no verlo, el lugar se sintió completamente frío, tan vacío. Sin embargo, encontró algo más.
Los ojos cafés rojizos de su padre, Yuu Kagami, quien lo veía con preocupación paternal, dejándolo mudo por la impresión que se llevó y cuando quiso hablar, se percató del dolor en su garganta; consecuencias por todas las enérgicas palabras que soltó cuando Himuro quedó herido y por todo lo que lloró. Seguramente sus ojos estarían hinchados y aún colorados por eso.
—Lamento mucho haberte hecho esperar tanto, hijo —dijo Yuu. Quería soltarle todas las cosas que sabía, que descubrió y sobre todo, disculparse por no haber hecho nada para impedir que toda su vida se complicara de ésta manera, cuando antaño tenía la felicidad. Aunque no era el mejor momento para hacerlo.
La puerta de esa habitación que tuvieron que rentar en el hospital, se abrió, impidiendo que la conversación padre e hijo se desarrollara y se resolvieron las dudas del pelirrojo. Era Alex y miró a Taiga y a su progenitor con un gesto de alivio; por la ausencia de sorpresa en sus ojos, era de suponerse que ella ya sabía desde antes la llegada de Yuu.
—Tatsuya ha despertado de la operación —avisó y sonrió. Tenía los ojos rojos, probablemente ella siguió llorando todavía mucho más y sobre todo cuando fue a ver a su hijo, pero eso no fue lo que hizo estremecer un poco al chico, sino el hecho de que la alegría de esa sonrisa en Alex, no le llegó a los orbes.
De todos modos, un golpe de calma y luz llegó a la mente gris del pelirrojo al momento en que esas palabras atravesaron sus oídos con intensidad y se incorporó. No sabía cuánto durmió, pero había sido suficiente, ni hambre tenía, únicamente deseaba ir con Himuro en estos momentos y nada se lo impediría.
—Creo que nuestra conversación puede esperar —comentó Yuu, incorporándose también y apretando el hombro del muchacho de tez bronceada con fuerza, dándole así apoyo.
Y aunque él todavía no entendía bien las cosas, miró a su progenitor y asintió.
—Gracias, papá —su voz sonó rasposa, pero fue sincero.
La tranquilidad y alivio que llenaba a todos ahí, se vio opacada cuando la figura de Mika apareció en el lugar, buscando con sus ojos, hasta que encontró a su hijo saliendo de una habitación que estaba en el pasillo principal del hospital.
— ¡Taiga, cariño! —exclamó ella y corrió para abrazarlo. Luego se separó un poco para tocarle el rostro y mirarle— ¡¿Estás bien, mi Taiga?! ¡¿No estás herido?! —lo abrazó nuevamente. De verdad había estado asustada— ¡Te dije que estar con ese tipo no te traería nada…! —se quedó callada cuando al fin notó el resentimiento y decepción con que los ojos del pelirrojo la estaban mirando, por lo que deshizo el abrazo lentamente— No me veas así, sabes que tengo razón.
En la habitación, Yuu estaba sujetando momentáneamente a Alexandra, dado que estaba dispuesta a golpear hasta agotarse a aquella mujer. Aomine le había contado que la madre de Taiga había sido la que mandó otra vez a Haizaki para matarlos, por lo que definitivamente tenía que ponerla en su lugar, aunque fuera golpes, pero lo haría. Sin embargo, Yuu no se la estaba dejando fácil.
—Ah, ¿en serio, madre? —Kagami enarcó una ceja y la miró con fingida ingenuidad— ¡¿Tanto como para pagarle a un bastardo para que matará a Aomine y Tatsuya?! —exclamó con un rugido mordaz, ignorando que más de una persona ajena, los quedó mirando.
La sangre huyó de la cara de Mika al escuchar a su hijo y si antes se las iba a cobrar a Haizaki por haber metido al pelirrojo tan directamente a su trato, ahora con más razón, por revelarlo. De todos modos, no tenía mucho por hacer, ya que sabía ese chico estaba muerto.
Y estaba dispuesta a hacer lo que fuera para convencer a su hijo que no era así.
— ¡Cómo puedes hacerme una acusación así, Taiga! —Mika le soltó una bofetada al mencionado y sus ojos se cristalizaron de dolor— ¡Soy tu madre, no una asesina a sueldo!
Kagami se sujetó la mejilla y tensó la mandíbula. Su progenitora era increíble.
—Jamás aprobé la relación que tuviste con esos… esos tipos —ella se llevó la mano con la que golpeó al ojirojo al pecho y sus ojos empezaron a soltar lágrimas lentas—. ¡Pero jamás pondría en riesgo la vida de nadie!
—Tu firma y tu letra, las conozco muy bien, madre —repuso Kagami con un tono endurecido, como su mirada. Esta situación le dolía, enfrentarse así con la persona que, pese a todo, le dio la vida, no era agradable. Después de todo, ella lo crío, le dio amor, lo protegió, por su mamá tenía muchas cosas, sin embargo, no era motivo para permitir que manejara su vida así—. Vi el contrato, ¡hasta lo leí, maldita sea, y sé que fuiste tú quién hizo todo eso! —alzó nuevamente su voz.
— ¡…Hijo…! —Mika mostró indignación y sus lágrimas seguían cayendo— ¡¿Cómo puedes acusarme así?! ¡¿Cómo puedes pagarme de ésta manera todo lo que he hecho por ti, Taiga?!
Ella se veía tan convincente para la gente particular de ahí y que estaba oyendo con más atención de la que deberían.
— ¡Ya basta, joder! ¡YA BASTA, MADRE! —Kagami la sujetó de los brazos y la miró— ¡Deja de mentir así, deja de hacerlo! ¡¿Cuánto más quieres herirme?!
— ¡Nunca he hecho eso, siempre he querido protegerte! —Mika le sujetó del rostro, con las lágrimas secas en sus mejillas— ¿Por qué no lo entiendes, cariño? ¡Solo te protejo y ya!
Lentamente, el muchacho de orbes rojos la soltó, cuando esas palabras empezaron a tener otro significado mientras recordaba. Porque sonaron a una poderosa afirmación y se estremeció cuando una idea más se formó.
— ¿Es que acaso… tú…? —Kagami no quería seguir acusando al ser que le dio la vida, pero, esto no era algo que se pudiera ignorar y debía afrontarlo— ¡¿Es que acaso tú tuviste algo que ver con el accidente de hace dos años?!
Mika empezó a negar rápidamente.
—No, mi Taiga, no, no, no… —le apretó de las mejillas— Solo te he estado protegiendo, nada más, protegiéndote de esas aberraciones.
— ¡No me has estado protegiendo de nada!
— ¡Tú no lo entiendes porque no tienes hijos! ¡Por eso no entiendes el dolor que se siente de verlos en el camino del mal!
— ¡Respóndeme, mamá! —Taiga les dio un manotazo a las muñecas de su progenitora para que le soltara el rostro. Y la miró con seriedad. Estaba siendo quizá demasiado duro, sin embargo, sino lo hacía, se quebraría ahí mismo y lo menos que quería era darle una oportunidad a su madre para manipular la situación.
Mika frunció los labios del mismo modo que su ceño y las lágrimas falsas se detuvieron cuando la presión llegó al límite. Estaba cansada y fastidiada de que su hijo la viera como la mala del cuento, ¡¿por qué no entendía que ella solamente quería protegerlo?! ¡No quería que sufriera un destino tan cruel como el de su abuelo! Y además, era algo anti natural que definitivamente terminaría dañando más adelante a su hijo.
— ¡Sí, yo lo hice! ¡¿Esperabas que me quedara tranquila cuando sabía que te ibas a casar con ese enfermo de Himuro?! ¡Ibas a cometer el peor error de tu vida! —aceptó al fin y aunque el chico ya sabía las respuestas inconscientemente, saberlo de esta forma tan consciente, eran más dolorosas de lo que esperaba— ¡Y no se diga de esa aberración de Aomine! —exclamó con desprecio— ¡Lo volvería a hacer con tal de protegerte, cariño! ¿Por qué no lo entiendes y regresas conmigo?
— ¡…!
—Yo te cuidaré siempre de todo lo malo del mundo, Taiga. ¡No estoy dispuesta a dejarte con toda esta bola de enfermos mentales!
— ¡¿Cómo diablos puedes decirme eso de forma tan tranquila?! —reaccionó Kagami cuando terminó de procesar la verdad. Joder, esta era la primera vez que tenía tantos golpes emocionales— ¡Por tu culpa yo…! —la viva ira atacó su sistema y el peor de los deseos llegó a su pensamiento, pese a que se trataba de su madre, era imposible detener esa furia en su sangre. Pero debía abstenerse o, en serio, no sabía que podría terminar diciendo—… Vete —susurró finalmente con una firmeza que fue lo mismo a que si le hubiera golpeado.
— ¡Taiga, entiende, por favor! —insistió Mika al momento de percibir el odio de los ojos de su primogénito.
— ¡Vete y no quiero que te acerques a mi vida jamás! —siseó en voz baja, pero con intensidad. Expresaba toda su ira, del mismo modo que decepción y tristeza, mismas emociones que perforaron a su madre como si fuera la paliza que cierta rubia todavía deseaba darle— ¡Ya has arruinado demasiado mi vida!
El vínculo de madre e hijo se había roto. Mika lo sintió y fue como si todo lo que creía hizo de bueno, se rompiera en miles de pedazos, mostrándole otra verdad en todo lo que ella consideraba lo era. Pero ya no había marcha atrás.
—Sinceramente, no pensé que de verdad Mika-san terminara aceptándolo de esa manera —una calmada voz iba a acercándose poco a poco, con la única gracia que el mismo Akashi podía irradiar al hacer su trabajo. Su papá ya le había informado del caso desde antes y por eso estaba ahí—. Imagino que hay madres tóxicas.
Al momento en que la aludida señora volteó, soltó su bolso. Tres policías estaban justo detrás de ella y no repararon en sujetarla antes de que hiciera algún intento de escapar.
—Suzuki Mika —pronunció Akashi con una fría seriedad que podría ser hasta una expresión cruel—, ¿o debería decir Takashima Mika? —inquirió, tomando por sorpresa al otro pelirrojo— No solo usurpaste una identidad y manejaste documentos falsos, sino que mandaste a asesinar a tu padre y su pareja —contó—, incluso atentaste indirectamente con otros dos chicos y la vida de tu hijo.
—No… ¡No! —Mika empezó a removerse con violencia al escuchar eso que tanto tiempo trató de olvidar y su garganta comenzó a soltar gritos desesperados— ¡No es verdad, yo solo he querido proteger a mi familia! ¡Taiga! —miró con histeria al susodicho, pero éste le miró unos segundos, negó y desvió la mirada.
—Por todas esas cosas, está bajo arresto —finalizó Akashi con toda la autoridad que poseía su persona.
Antes de que sucediera algo más, la puerta de la habitación de donde antes salió el muchacho de ojos rojos, se abrió y Alex salió de ahí como una bala. Le costó soltarse de los brazos de Yuu, mas lo consiguió y cuando tuvo frente a frente a la ex mujer del anterior mencionado, los deseos de matarla a golpes hirvieron cual agua sobre el fuego, era imposible de apagar su furia, sobre todo cuando sabía ella era la causa por la que Tatsuya estaba así.
Sin embargo, a pesar de todo el deseo que tenía por degollarla viva, lo único que hizo fue abofetearla. Eso sí, con tanta fuerza, que hasta su mano le ardió y quedó marcada en la mejilla de Mika.
La miró con infinito despreció y después negó, suspirando internamente para tratar de calmarse, y apretó el brazo de Taiga en un gesto maternal.
Mika fue sacada rápidamente de ahí para que no siguiera alterando la calma del hospital con sus gritos. Y Akashi le dedicó una mirada a Kagami, una que no supo interpretar, y asintió para darse la vuelta e irse.
Otra vez, los sentimientos del chico fueron removidos como si alguien hubiera enterrado un cuchillo en su cabeza y estuviera mezclándole todo el cerebro.
Aquel escándalo que sucedió en el pasillo del hospital fue ignorado por Aomine y Tatsuya, que se miraban fijamente con una rivalidad todavía viva.
—No sé si debería sentirme alegre de tener otra visita… o pedir que te saquen —dijo Himuro con una sonrisa amablemente irritante para el moreno. Era una de las pocas personas que podía sacarlo de sus casillas de esa manera.
—Créeme que no estaría aquí en lo más mínimo sino fuera por… —Aomine apretó los puños en que tenía convertidas sus manos. Suspiró para no molestarse de más— Kagami, él por lo visto no tiene su elección pérdida y…
— ¿Vas a echármela en cara? —Himuro se tornó inexpresivo y frío.
—Te estoy ordenando que no se te ocurra dejarlo nunca —terminó Aomine, ignorando la interrupción impropia.
Tatsuya lo observó durante un minuto y pese a la sorpresa que esas palabras le ocasionaron, su rostro se mantuvo inexpresivo. ¿Estaba escuchando lo que creyó escuchar? Era una persona bastante analítica, así que no le fue difícil suponer que Daiki se hizo a la idea de que el pelirrojo lo eligió a él. Quiso reír amargamente, ¿pero por qué no darle un poquito más de incógnita al moreno?
—Lo haré, pero no porque tú me lo estés ordenando —replicó, serio todavía—. La lealtad de mis sentimientos no flaquea, Aomine-kun —era completamente cierto, sin embargo, en el tiempo que duró la operación para quitarle la bala de la espalda, su propia decisión tomó forma.
—Perfecto, entonces ya no tengo nada que hacer aquí —resopló Aomine con cierta prepotencia.
Llegó hasta la puerta y cuando agarró el picaporte, Himuro habló otra vez:
—Cuando ese maldito disparó, supe que la bala no le llegaría a Taiga aunque estuviera a tu lado, así que no tenía necesidad de estar dispuesto a morir e interponerme. De hecho, hubiese sido mejor que no lo hiciera.
Daiki se paró en seco y parpadeó por el impactó que esas palabras. Se giró para mirar al pelinegro, mas él no le devolvió el gesto, únicamente seguía inexpresivo. Iba a exigirle una explicación, pero escuchó que Kagami se acercaba por uno de los pasillos a la habitación y como no era lo mejor que lo encontrara ahí, salió rápidamente.
—"El daño que la bala causó en la columna de Himuro-san es grave y no podrá volver a caminar sino lleva rehabilitación".
Esas habían sido las palabras que el médico les soltó a Alex y Kagami, siendo un golpe bajo para toda esa complicada situación. La rubia ya lo sabía, pues Himuro había comentado algo de eso cuando lo fue a visitar al despertar, pero de todos modos, las lágrimas volvieron a caer de sus ojos y fue Yuu quién la abrazó, mientras le decía que le ayudaría para que regresara a América y tuviera el mejor apoyo médico; tenía muchos errores y nada podía cambiar eso, mas sí podía mostrar lo mucho que había cambiado.
Y el pelirrojo aprovechó eso para salir corriendo a la habitación del pelinegro.
Kagami no vio a sus amigos por ahí, ni siquiera a Aomine —y quizá eso era lo mejor por ahora— en el recorrido que hizo hasta llegar a la habitación donde estaba el chico del lunar y la abrió de golpe, a la vez que respiraba agitadamente. Y en el momento de cruzar ambas miradas, volvió a encogerse de dolor.
—Hey, Taiga. Me alegra verte —saludó Himuro con una sonrisa fresca y su inexpresivo rostro se iluminó solo un poco.
Kagami azotó la puerta y llegó a la cama ajena, donde se lanzó a abrazarlo con mucha fuerza y el otro chico comprendió que ya sabía la noticia de su estado e iba a decir algo, mas no supo qué, cuando a él igualmente le dolía todo esto y difícilmente una máscara funcionaría con el pelirrojo en éste momento. Así que solo correspondió al abrazo y cerró los ojos.
— ¡Lo siento mucho…, Tatsuya…! —susurró con aflicción— No pude evitar tu dolor… Soy el culpable de esto, de todo esto… Perdóname...
—Taiga, no digas esas cosas…
—Nunca debí dejarte solo, Tatsuya… No he podido protegerte, soy un jodido cabrón… —las disculpas y las despotricaciones contra sí mismo no dejaron de salir…
…hasta que Himuro hizo que se callara con un suave y corto beso en los labios. Quizá no era la mejor acción que podía hacer, mas no quería desaprovechar éste momento con el contrario, antes de empezar a hacer lo que se había dicho.
Taiga se estremeció cuando sintió los belfos impropios y cerró los ojos del mismo modo que el pelinegro. Se suponía que solo era uno corto, pero tal vez ambos sabían que ésta sería la última vez que podrían hacerlo y que el momento de decir adiós estaba muy cerca.
Por esa razón, el pelirrojo sujetó con fuerza el rostro impropio y el ósculo se profundizó con un sentimiento de amor tan lleno de nostalgia. Era un sabor imposible, de esos que aparecían cuando la realidad golpeaba y se sabía que las cosas no pueden cambiarse una vez están hechas así.
Himuro sintió como el dolor de los dos se convirtió en uno solo y se abrazó al cuello contrario, devolviéndole el beso con la misma fuerza, con el mismo deseo, con muchos "Te amo" en su mente.
Fue un beso largo y masoquista. Y hubiese sido capaz de durar horas, de no ser porque ellos necesitaban respirar. Volvieron a observarse con agitación y se besaron cortamente en más de una ocasión nuevamente, hasta que el pelinegro habló finalmente:
—No eres el culpable de nada, Taiga. Tú no fuiste quién organizo todos esos accidentes.
—No es eso a lo que me refiero… Yo… No debí dejar que te pusieras en el camino de esa bala —Kagami bajó la mirada y abrazó otra vez al chico.
En este caso, Himuro no estaba dispuesto a decir las mismas palabras que le dijo a Aomine hace unos momentos, en lo más mínimo, porque sabía que tendría un resultado por completo negativo en el pelirrojo y no era ese su deseo. Y es que si se interpuso en el camino de esa bala, cuando sino lo hacía, tendría el camino libre al dejar que Aomine muriera…
… Sabía que Kagami no sería capaz de levantarse jamás si perdía al moreno a comparación si era él quién se iba. No por pesimismo, pero él sobrevivió sin Himuro más de dos años, que aunque no lo recordara, lo hizo y estaba seguro volvería a salir adelante si se iba.
—Era tu vida la que estaba en riesgo y no iba a dejar que algo te pasara, Taiga.
—Haces eso, cuando yo ni siquiera he podido proteger la tuya como tal…
—Lo hiciste esa vez en que el disparo era para mí —recordó Himuro con un mirada intensa.
—Tatsuya… —Kagami le devolvió la mirada, ambos se reconfortaban bastante bien—, no deseo perderte de esa manera y ahora no te voy a dejar solo.
Sin embargo, el mencionado muchacho de cabellos negros le sonrió y negó.
—Te conozco muy bien, Taiga —recordó, como lo hacía algunas veces en el tiempo en que vivieron juntos—, y estoy seguro que del mismo modo en que yo noté lo que has decidido, tú ya lo has hecho.
— ¡…! —él no pudo responder. Porque sabía que era así, sino, el beso que compartieron no hubiese sabido de esa forma.
—Y no estoy dispuesto a permitir que te niegues a aceptarla —añadió Himuro al no recibir respuesta. Le dolía, por supuesto que sí, deseaba poder desahogarse, porque la catarsis estaba muy cerca de romper su cascaron.
Kagami lo observó intensamente durante dos minutos en donde reinó el silencio.
Y asintió finalmente, aunque también dijo:
—Tatsuya, no es el momento para hablar de eso, porque también tengo otra elección.
¡Y eso ha sido todo! ; ;
AKSHKDJSAKDHJSAKDHSJKDAS, ME DOLIÓ TANTO CUANDO LO ESCRIBÍ, AH. Y eso que no será lo más emotivo que leerán, repito, aún falta algo más, y sumamente importante, porque ya se hizo una clara indirecta de la decisión de Kagami ;w;
Mis feels volvieron a removerse cuando estaba editando el capítulo, joder. Recuerdo que incluso lloré mientras lo imaginaba y fue tan… Aaaahh… No sé, ¿qué provocó en ustedes todo esto? ¿Ayudó la canción que les dejé en el link a que las emociones del capítulo penetrarán aún más en ustedes? ¿O sin necesidad de escuchar la música? x'D.
Bueno, como se dieron cuenta, Imayoshi fue un punto importante, y no porque apareciera en la historia a diferencia de los otros personajes, pero fue fundamental para que Haizaki no lograra su objetivo al tener a Hanamiya en medio. ¿Se lo imaginaron?
En, Satsuki es una excelente amiga y Himuro realmente es más bueno de lo que él mismo cree uwu.
No sé si mañana volveré a actualizar, ya saben, es Noche Buena, así que de una vez, me adelanto al decirles… ¡FELIZ NAVIDAD, QUERIDOS MÍOS! Espero que disfruten estar con su familia, la comida, que se lo merecen luego de un arduo año uvu.
¡Nos vemos pronto! ¡Y no duden en dejarme sus comentarios, eh! Ya saben que me encanta leer siempre su opinión y reacción de lo que escribo.
