Capítulo 2 Entre recuerdos

Blaise Zabini no era el tipo de persona a la que le gusta estar rodeada de personas, siempre fue un chico solitario, nunca fue de los que hacen lazos o forman amistades para toda la vida, pero eso, había cambiado después de la guerra.

Él había dejado el país marchándose con su madre a Italia, justo después de la última batalla, pero no había podido permanecer mucho tiempo lejos de lo que consideraba su hogar, así que, decidido a reconstruir su mansión, regreso después de terminar el primer año de su carrera.

Logró entrar en una de las mejores escuelas de administración en Londres, para poder continuar con sus estudios, ahí fue donde se reencontró con Pansy Parkinson y, por consiguiente, con Draco Malfoy.

El chico nunca había sido mucho de su agrado, pero en cuanto un tema de interés había surgido entre los dos, todo había terminado en una plática amena y agradable para ambos, un par de meses después, las conversaciones habían terminado en todo lo vivido en Hogwarts, en todo lo que querían dejar atrás, y en como tendrían un nuevo comienzo.

No sabía exactamente en qué momento Draco Malfoy se había convertido en una parte importante de su vida, en qué momento se había convertido en su familia, por eso ahora, no sabía si estallar en carcajadas o gritarle a su amigo hasta que se quedara sin voz, estaba tan sorprendido, aquello simplemente no podía estar pasando. Así que esta vez Blaise, no había podido evitar decirle todo a su esposa.

Su ex profesor lo había llamado casi después del desayuno, argumentando que necesitaba su ayuda para poder sacar a Draco de aquel encierro al que había recurrido después de la noticia.

Llevaba ya dos horas en su habitación y hasta ahora, ni Pansy había logrado que abriera, descubriendo que su amigo era bastante poderoso poniendo hechizos a las puertas.

—Espero que usted sepa quién es el padre— dijo el profesor una vez que los tres se acomodaron en la sala, habían decidido esperar un poco para regresar al intento de abrir para ver a Draco.

Los esposos intercambiaron miradas, realmente ni ellos sabían si Draco estaba saliendo con alguien.

—Jamás creí que Draco cometiera tremenda estupidez— volvió a hablar Severus— pero ya no se puede hacer nada, y ahora… — suspiro pesadamente.

—Volveré para ver si puedo hablar con el— dijo Blaise poniéndose de pie antes de que el hombre siguiera hablando, porque una loca teoría se había instalado en su cabeza y esperaba que Draco tuviera a algún novio secreto, antes de que el tuviera la razón.


Draco sentía que el mundo se hundía bajo sus pies, como era posible que eso le estuviera pasando, él era un Malfoy, un Malfoy maldita sea, alguien que siempre pesaba las cosas antes de hacerlas, alguien que tenía controlado todo a su alrededor, simplemente no podía estar…

No pudo evitar bajar la vista a su vientre y posar una mano sobre él, un ligero cosquilleo lo sorprendió logrando que la retirara casi al instante.

—Draco— escucho que lo llamaban nuevamente, pero realmente no tenía ánimos de escuchar sermones, solo quería dormirse y despertar dándose cuenta que todo aquello había sido un sueño más— vamos Draco abre la puerta solo soy yo.

Suspiro pesadamente creyendo que tal vez Blaise podría ayudarlo, solo él, de entre todas las personas, podría hacerlo sentir menos miserable, movió su varita ligeramente y la puerta se abrió.

—Draco— volvió a decir Blaise, caminando hacia su amigo para sentándose en el piso junto a él, estaba muy pálido y sus ojos estaban rojos.

—Dime que es un error, que lo que dijo Severus no es verdad.

—Draco…

—Por favor Blaise, yo no sé qué podría hacer, y además…

Blaise se puso de pie al mismo tiempo que Draco, el chico había empezado a caminar de un lado a lado en la habitación y su magia empezaba a alterarse, camino junto a él y lo tomo del brazo para poder verlo a la cara.

—¿Sabes quién es el padre?

—No— dijo Draco viéndolo directo a los ojos— maldita sea, no tengo ni idea, ¿Cómo puso pasar?, yo nunca me había dejado llevar de esa manera, ¿en que estaba pensando?

—Tienes que calmarte, eso no puede ser bueno para…

—No lo digas, por favor no lo digas— lo interrumpió mientras se tapaba la cara con ambas manos.

—Vas ser padre Draco, te guste o no, a menos que estés pensando en… no tenerlo.

Draco siguió con la cara tapada, las palabras de su amigo resonando en su cabeza; por supuesto que había pensado en aquello, pero lo había desechándolo de inmediato, él no era un monstro, siempre se había negado a lastimar y matar gente, gente que no conocía, y el simple hecho de pensar en deshacerse de un ser humano de esa manera tan cruel, a su… hacía que se le revolviera el estómago, pero, aun así, se le hacía difícil terminar de aceptar su realidad.

—Sabes que no podría hacerle daño a nadie—dijo después de un momento en un susurro.

—Eso pensé— suspiro Blaise, por un momento creyendo que su amigo podría estar dispuesto a cometer una locura —Creo que, ¿puedes recodar si quiera algo de la última vez que te acostaste con alguien?

—Supongo que, en tu fiesta, después de ahí no he vuelto a salir y antes… realmente tenía mucho que no salía.

—Tendremos que decirle a tu padrino.

—No

—Draco, si no le dices esto será peor además…

—Además tu padre no tardara en darse cuenta— dijo Severus entrando en la habitación haciendo sobresaltar a los dos chicos—el tapis en la mansión revela cuando alguien de la familia está esperando descendencia, y sé que, realmente no te importa mucho lo que diga Lucius, pero quieras o no, sigues siendo parte de su familia— continúo diciendo— tu hijo—enfatizo—será parte de su familia, y no puedes estar sin saber quién es el padre Draco—termino diciendo, simplemente dando a entender lo obvio.

Draco giro a ver a Blaise y este reflejo el temor que el mismo sentía, ¿Cómo demonios harían para encontrar al padre de su heredero? Porque le gustara o no Severus tenía algo de razón, no volvería a probar una gota de alcohol en su vida.


Mientras que Snape les ayudaba a pensar que hacer, Pansy garabateaba frenética en un pergamino. Después del sermón que les dio, había decidido ayudarles, él tenía que regresar a Hogwarts, pero les dejaría la mayor cantidad de ayuda que pudiera.

—La lista completa de invitados— anuncio Pansy entregándole el pergamino a su esposo.

—Ahora necesitamos ver tus pensamientos Draco— dijo un instante después Severus.

Draco suspiro pesadamente, no sabía de qué serviría hacer aquello, si no podía recordar casi nada.

—¿Estás listo? — pregunto el profesor apuntándolo ya con la varita.

—Espera, quiero que lo haga Blaise— dijo de repente Draco, realmente no se sentía listo para que su padrino viera lo que fuera que pudiera encontrar.

—¿Estás seguro? Yo no soy muy bueno…

—Sí, solo hazlo…

—Bien— suspiro Blaise— ¿Listo?

Draco se acomodó mejor en su lugar y asintió con la cabeza, mientras Severus se ponía a un lado para darle lugar al chico, no sintiéndose muy convencido de la decisión de su ahijado.

—Legermens

Todo a su alrededor se movió y de repente pudo ver claramente la entrada del lugar en donde habían estado aquella noche, sabiendo que ahí no encontraría nada, Blaise indago un poco más adelante, llegando un par de horas después, cuando ya todos estaban disfrutando de la música en la pista de baile, de inmediato ubico a Draco.

Vamos no te hagas del rogar— escucho que le decía un hombre como de unos treinta y cinco años a su amigo, mientras Draco bailaba descaradamente frente a él.

No gracias— respondió Draco sin dejar de bailar, un par de segundos después se movió un poco más al centro, chocando en el proceso con Theo.

Cuando noto de quien se trataba se le colgó de inmediato del cuello al mismo tiempo que le susurraba un bésame que Blaise pudo entender perfectamente.

Blaise sintió en ese momento como Draco trataba de sacarlo de sus pensamientos, sabía que aquello era vergonzoso para su amigo, pero tenía que ayudarlo a resolver aquel lio, y por más que Draco insistiera en que saliera, él se mantendría ahí hasta que descubriera algo que pudiera ayudar.

Y así lo hizo, cuando pudo estabilizarse nuevamente, Draco ya caminaba hacia uno de los pasillos, uno que llevaba hasta los baños del lugar. Camino hacia él y trato de sostenerlo cuando casi cae al suelo, pero recordó que no lo podía tocar, trato de ver en donde entraba, pero el pasillo se empezaba a volver realmente obscuro y borroso, pero aun pudo escuchar con claridad la voz de Draco.

Tú— escucho que decía acompañado de unas carcajadas exageradas muy poco dignas de un Malfoy, lo último que escucho fue algo muy parecido a alguien cayendo antes de que todo desapareciera a su alrededor.

Draco abrió los ojos lentamente sintiendo como su pecho subía y bajaba muy aprisa por el esfuerzo, levanto la vista hacia su amigo y observo que se encontraba en la misma situación que él, sus miradas se cruzaron y pudo ver aquel apoyo que solo un amigo podía ofrecer, aquel que no sabía cómo se había formado entre ellos, pero que agradecía infinitamente.

—¿Pudieron encontrar algo? — la voz de Snape los regreso al presente.

—Yo…

—No exactamente, pero creo que es por donde podemos empezar— respondió Blaise ganándole la palabra a Draco.

Draco solo asintió un poco con la cabeza, un se sentía demasiado aturdido para poder responder algo coherente.


Los domingos de reunión familiar en la madriguera siempre solían ser bástate ruidosos, aquellos días solían poner una enorme mesa en el jardín para que todos se pudieran acomodar a degustar de la fabulosa comida que Molly siempre tenía para ellos.

Harry no podía recordar cuando la familia había crecido tanto, en un principio, cuando habían finalizado sus estudios en Hogwarts, aquellas reuniones eran en la pequeña mesa de la cocina, donde los ocupantes solo eran los hermanos Weasley y él, ahora, sin saber cuándo, la casa estaba llena de niños corriendo por todos lados.

Charly y Bill ya tenían dos pequeños cada uno, George un pequeño de dos años y Ron en espera del primero, aquello lo hacía feliz, los niños lo consideraban como un tío más, y no podía negar que lo adoraban, pero también lo hacía pensar que él, ni siquiera podía ser capaz de mantener una relación, así que mucho menos, pensar en empezar a formar una familia como sus amigos.

—Un knut por tus pensamientos.

—Ginny— saludo Harry en cuanto la chica se sentó a su lado— no sabía que ya estabas de vuelta.

—Regresé ayer, me marcho el martes y quise aprovechar para pasar un día con la familia— respondió la chica dándole una sonrisa radiante.

Ginny había encontrado su vocación en el quidditch, ahora jugaba en uno de los mejores equipos de Alemania.

—Es genial, todos por aquí te extrañan.

—Espero que tú también— dijo tratando de parecer coqueta, pero desilusionándose cuando Harry solo lo dio una pequeña sonrisa.

Harry ya no dijo nada, aquellos comentarios lo descolocaban, no sabía cómo no decir algo que no terminara de romper el corazón de la chica, quería que siguieran siendo amigos, pero ella no parecía querer lo mismo.

Un momento después todos empezaron a acomodarse en la larga mesa y la comida apareció, cinco minutos después el bullicio se hizo presente.

—¿Qué tal la fiesta Harry?

—Bastante… ostentosa— respondió Harry hacia Hermione— pero agradable.

—Aún no puedo creer que Neville este saliendo con ese— dijo Ron.

—¿Quién ese? — pregunto Charly desde un extremo de la mesa

—Nott— respondieron al unísono Harry, Ron y Hermione.

—Vaya que se lo tenía bien guardadito— dijo esta vez George— quien diría que terminaría eligiendo a una serpiente.

—Y me temo que van muy en serio— comento Harry recordando lo que Neville la había dicho con respecto a comprar un anillo.

—Espero que no, una serpiente siempre será una serpiente— masculló Ron con la boca ya llena de panqueques, recibiendo un codazo por parte de su esposa.

—Pero Neville se ve feliz— dijo Harry sin poder evitarlo— y créeme, están muy cambiados.

—¿Cómo cambiados? — pregunto Hermione, mientras tomaba roseaba un poco más de miel a su tocino, sin notar la cara de asco de la mayoría de los ocupantes de la mesa.

—Por merlín Harry— Ron casi grito ganándole la palabra— ahora tú también, Neville decía exactamente lo mismo y ahora sale con Nott.

—Pero yo no trabajo con uno de ellos casi las veinticuatro horas del día.

—Me alegro compañero, porque ahora casado Zabini, solo te quedaría el hurón— dijo Ron tratando de poner cara de asco haciendo reír a casi todos los presentes.

Ante la mención de Malfoy, Harry no pudo evitar atragantarse con el jugo de calabaza que estaba bebiendo en ese momento, no sabiendo la razón de aquello.

—Harry no tiene tan malos gustos— respondió Ginny mientras le daba pequeñas palmadas en la espalda.

—No, claro que no, el los prefiere grandes y musculosos— grito George desde su lugar, haciendo que todos o la mayoría soltaran una carcajada.

Era una broma que nunca pasaría de moda, cuando Harry les había confesado de su homosexualidad, coincidió, cuando Charly había llevado a un amigo a casa, un tipo bastante alto y fuerte, todo lo que se espera de un domador de dragones.

Harry con todas las hormonas alborotadas, no podía evitar sonrojarse cada que el hombre estaba cerca, cosa que, por supuesto notaron todos, ahora ya no le afectaba tanto aquello, y de alguna manera agradecía que la que él consideraba su familia, lo hubiera tomado de esa manera, y aunque aún siguieran burlándose de él, lo apoyaran en todo.

—Ya dejen a Harry tranquilo y sigan desayunando o desapareceré toda la comida— la risa ceso de inmediato ante las palabras de matriarca Weasley, Harry sonrió disfrutando de un domingo más en familia.


Las investigaciones habían iniciado más o menos bien, el primer hombre al que había visitado no había opuesto resistencia en mostrar sus recuerdos, no era la gran cosa, solo mostraban a Draco bailando con el hombre que ahora tenían enfrente y que empezaba a complicarles un poco las cosas.

—¿Y sospechan de alguno de los invitados?

—No precisamente— dijo tranquilamente Blaise—el dije que buscamos pudo tomarlo cualquier persona, alguien del servicio, por ejemplo.

El dichoso dije que supuestamente buscaban, era parte de la cuartada que tenían para poder obtener los recuerdos, más simple que decir que buscaban al idiota que había embarazado al heredero Malfoy.

—¿Y es muy valioso?

—Muy antiguo en mi familia—respondió esta vez Draco, aquel imbécil no dejaba de hacerle ojitos y si no paraba se levantaría y partiría su horrible cara.

—Ya veo— dijo poniéndose de pie y caminando hacia una estantería— no creo ser de mucha ayuda, pero quizá esto sirva— masculló mientras que con su varita dirigía un pequeño hilo plateado hacia un frasco que había tomado, para después dirigirse a Draco que ya también estaba de pie y dárselo.

—Gracias—dijo el rubio en el tono más helado que encontró.

—Cuando gustes— respondió aun así el hombre de manera coqueta, Blaise tuvo que sostener fuertemente a su amigo.

—Nos marchamos entonces— anuncio Blaise jalando a Draco directo a la salida— y gracias de nuevo.

—Claro, claro espero que recuperes tu reliquia.

Escucho Draco cuando ya estaban fuera de la oficina, aquel sujeto era uno de los inversionistas en una de las empresas de la familia Parkinson, invitado por compromiso.

—Es un imbécil— dijo Draco cuando atravesaron la chimenea de su casa.

—Te recuerdo que cualquiera de esos imbéciles puede…

—Ya lo sé, ya lo sé— interrumpió rápidamente Draco, aquello no dejaba de darle vueltas en la cabeza y que alguien más se lo dijera, no ayuda en mucho— vayamos a ver en que nos ayuda esto—dijo ya caminando hacia su habitación donde habían colocado el pensadero.

Un par de minutos después los dos observaban con la boca abierta, como Draco trataba de desabrocharle el pantalón al hombre que acaban de visitar.

—Mierda—susurro el rubio mientras cerraba los ojos, pero Blaise lo llamo para que siguiera viendo.

Cuando levanto la vista se vio a el mismo, caminando hacia otra esquina del lugar, y al hombre tratando de llamar su atención nuevamente, pero Draco parecía haber encontrado algo más interesante, lo último que vieron fue al rubio chocando con un hombre bastante guapo, el cual lo tomo en sus brazos de inmediato.

—Al menos parece que el dueño de la memoria no es— dijo Blaise una vez que salieron del pensadero.

—¿Sabes quién es? — pregunto el rubio simplemente, todo aquello le empezaba a parecer una muy mala broma.

—Sí, el gerente de una de mis empresas, mañana…

—Ve tú, yo no creo poder seguir con esto.

Blaise observo unos segundos a su amigo, se veía agotado, quizá había pasado la noche sin dormir.

—De acuerdo, en cuanto sepa algo vendré a verte.

Draco no respondió solo se recostó en su cama y en menos de tres segundos, el sueño lo había vencido.


Los días pasaban y Draco empezaba a sentirse realmente irritado, gracias a que aún no podían encontrar al culpable de su estado y aunado a esto, las náuseas se habían incrementado notablemente, acompañadas de un estado de fatiga, que lograba que se quedara dormido en casi cualquier lugar.

Blaise había notado todo ese desgaste que tenía, por eso el día anterior no había podido evitar que lo arrastrara directo a un medimago; apenas se había dado cuenta en el lio que estaba metido cinco minutos después que el hombre empezará a hablar.

El medimago había hablado de síntomas que tendría que soportar por meses, cambios de humor y quizás el sobrepeso que le podría quedaría después del embarazo, y eso no era todo, las cosas podrían ser mucho más intensas si no tenía cerca la ayuda del otro padre, ya que muchas veces en los embarazos masculinos podían lograr reducir sus malestares con la ayuda de la magia de su pareja.

Se acomodó mejor sobre su cama tratando de ya no pensar en eso, porque el que encontrara a dicho hombre, no le aseguraba que él quisiera compartir todo aquello, menos si era un idiota más de los que había ido conociendo en los últimos días, y él era un Malfoy, si había vivido con el mismísimo señor tenebroso, podría soportar un embarazo.

Estaba a punto de quedarse dormido nuevamente, cuando una voz, aquella voz que lograba recordarle cosas que quería olvidar, llego con claridad desde la sala de su casa. Se levantó rápidamente y salió con el pijama todavía puesta.

—Padre— saludo tratando de mantener un tono neutral.

Lucius lo miro de arriba abajo desde el centro de la habitación, cuando Draco ya no soporto el escrutinio e intento hablar nuevamente, el hombre avanzó, y en dos zancadas ya estaba frente a él.

—Podrías explicarme ¿qué es esto? —masculló en un tono tan bajo y amenazador, que Draco no pudo evitar retroceder un paso, mientras observaba con atención el trozo de pergamino que su padre tenía entre sus manos— porque podría jurar que se trata de una maldita equivocación, pero sabes que todo lo relacionado a nuestra familia es sagrado y confiable.

Draco tomó el trozo de pergamino y lo abrió, sus ojos se abrieron como plato al ver la tenue y pequeña ramificación que salía de su nombre, un espacio en blanco que parecía brillar ligeramente.

—¿Cómo pudiste hacer esto Draco?

—Yo…

—Por Salazar— interrumpió Lucius empezando a caminar de un lado a otro de la habitación— exigió saber quién el padre.

Draco no sabía qué decir, ¿qué podía hacer? Simplemente ya se sentía lo bastante estúpido, como para también admitirlo delante de su padre.

—¿Quién es? — volvió a preguntar parándose nuevamente frente a él, pero el resplandor de la chimenea los hizo girar para ver a su inesperado visitante.

Draco agradeció cuando fue Blaise el que apareció frente a ellos.

—Draco creo que…—empezó a decir Blaise, pero se detuvo de inmediato al ver al otro hombre— señor Malfoy— saludo cortésmente.

Lucius solo observo de un chico a otro, para centrar nuevamente su atención en su hijo.

—El domingo los espero para tomar él te— dijo simplemente, no necesitaba decir más, Draco sabía perfectamente a quienes se refería.

—¿Cómo lo supo? — pregunto Blaise cuando las llamas se consumieron.

—Eso no importa, ¿Qué demonios voy hacer? No puedo llegar y decir que su nieto será un…— ni siquiera él podía considerarlo así, pero para las familias de sangre pura, un hijo fuera del matrimonio seria siempre un bastardo.

—Tengo una pista, una que creo nos llevara…

—No cambia en nada ¿no?, es decir, no me voy a casar con cualquiera— interrumpió Draco empezando a sentirse nuevamente con sueño—ve si quieres, yo, tratare de pensar en cómo lidiar con mis padres.

Blaise ya no dijo nada, solo se limitó a seguir con la mirada a su amigo que ya caminaba de regreso a su habitación, pensando en que nunca lo había visto así, y esperando esta vez, encontrar a la persona correcta.


Hasta aquí el capítulo 2, nos leemos en el siguiente.