TodoMomo Week
Día 2
"Lo que hace falta"
Yaoyorozu Momo sentía un vacío en su interior desde hace mucho tiempo y no entendía porqué. No había perdido nada importante, no que ella supiera. Su vida era la misma, mismo trabajo, mismas amistades, mismos poderes, misma rutina.
Aún así, un día despertó temblando, llorando, totalmente fría. Y esa sensación de tristeza nunca más se fue.
¿Qué había cambiado? ¿Qué le hacía falta? No le encontraba sentido por más que lo pensara.
—¿Todo bien? —Preguntó Kyoka, trayendo los dos vasos de café que habían pedido.
—Sí, sólo estaba pensando —Le sonrió a su amiga, mirándola sentarse.
—Pues hace un tiempo que no lo aparentas, YaoMomo —Suspiró con cansancio, mientras le pasaba su vaso y le daba un sorbo al suyo.
La muchacha más alta guardó silencio. Había llegado un punto en que incluso sus amigos más cercanos también lo habían notado, sin embargo, no era fácil de explicar.
Posó su vista grisácea sobre el ventanal de la tienda, la ciudad había retomado sus quehaceres rutinarios ya que, un mes atrás, la ciudad entera había estado de luto.
La noticia había resonado en todas partes, no había manera de no haberse enterado de ello: La muerte de uno de los mejores héroes que habían. Todoroki Shouto era su nombre.
Nunca llegó a conocerle pese a que trabajaban en el mismo mundo de héroes profesionales, nunca les había tocado un trabajo juntos o si quiera verse. Era un país con una población muy grande después de todo. No obstante, siempre recordaría el momento exacto cuando se enteró de la noticia y de cómo se había sentido.
Las lágrimas comenzaron a caer en cuanto vio una foto suya, supuso era por la gran empatía que poseía. Era un chico joven, muy joven como para morir a manos del enemigo cuando su carrera apenas estaba comenzando.
Ahora que lo pensaba, las fechas coincidían con sus malestares, con aquel sentimiento melancólico. Era como si le hubiera llorado, como si hubiera estado de luto por la muerte de un ser querido. Pero eso no podía ser, ni siquiera conocía bien su nombre para ese entonces.
Entonces, ¿por qué? No tenían conexión alguna, pero de alguna manera protagonizaba sus pensamientos casi diariamente. Cada vez que lo pensaba, se hacía más y más extraño.
—Hey, YaoMomo. —Nuevamente, Jirou la jaló delicadamente hacia la realidad. Yaoyorozu la observó, su amiga lucía preocupada por ella.
—¿Sí?
—¿Has oído hablar sobre las almas gemelas? —Momo parpadeó por unos segundos, pero asintió.
—Personas predestinadas a estar juntas. —Contestó.
—Dicen que hay almas gemelas que nunca llegan a encontrarse —Abrió un sobre de azúcar artificial con los dientes, sin quitar la vista de su propio café—. Así que nunca llegan a ser felices, ya que no se sienten completos. He escuchado que una persona pierde en brillo de su mirada cuando su alma gemela muere.
—¿Por qué me dices esto, Jirou-san? —Cuestionó un poco desconcertada.
—Momo, últimamente has perdido el brillo que solías tener.
Quizá hubiera preferido no saberlo nunca, pensó Momo. Pero al menos se permitió llorar una última vez. Nunca se sentiría completa, porque, efectivamente, algo hacía falta.
