TodoMomo Week

Día 7

"Alchemist of Hearts"

Última parte: Los finales felices no sólo son de cuentos de hadas

Las cosas a partir de ese entonces no fueron para nada fáciles, la verdad no podía estar oculta por siempre, y cuando le tuvieron que dar un reporte sobre su estado a la heroína. Ella sólo soltó un pequeño oh, y quedó muda. Literalmente. Ella no había vuelto a decir nada.

Esa semana Todoroki la visitó todos los días, en los horarios permitidos, al no ser legalmente un familiar, las normas eran estrictas.

Él no era de muchas palabras, eso cualquiera que lo conociera un poco lo sabría, pero en ese momento, no dejaba de hablarle. Le contaba sobre su día, sobre cómo las cosas se manejaban ahí, le decía que Jirou se fue a regañadientes hasta el aeropuerto, que Bakugou le había enviado unas cosas desde Japón por órdenes de Covery Girl. Y sin embargo, no había respuesta, más que miradas que no podía descifrar.

Eso duró una, dos semanas y media, casi un mes.

Al lado de su camilla, Momo siempre podía ver distintas y frescas flores cambiar cada día.

La familia de la chica apenas y pudo pasar con ella dos o tres días, tenían muchas cosas por hacer y habían hecho lo posible por ir al lugar. El jefe de la familia Yaoyorozu sólo se limitó a darle unas palmadas en el hombro al heterocromático, Shouto entendió nuevamente esa forma más sutil de decir "cuida de ella". No se creía merecer tener la confianza de la familia después de dejar que todo eso pasara.

Cierta tarde Todoroki fue al hospital con un leve retraso por el tráfico (y un asalto en la calle), pero al llegar a la habitación de la morena, la cama estaba vacía. Rápidamente preguntó a una enfermera, ella le dijo que la paciente había pedido ser dada de alta, y al considerarle fuera de cualquier riesgo, la habían dejado ir tras llenar un papeleo y pasar un último chequeo médico.

Shouto comenzó a hacer llamadas. Yaoyorozu aún no conocía del todo las calles de Hong Kong, por lo que sus posibles ubicaciones eran extremadamente limitadas. Sin tener más ideas, fue a casa. Y ahí estaba ella, bebiendo una taza de cocoa caliente, mientras estaba sentada junto a la ventana que daba a la ciudad. Las cortinas apenas estaban abiertas los suficiente para darle paso a los últimos rayos de sol del día, sol que aún entre los edificios se asomaba, tintando el cielo en tonos desde naranjas hasta un suave lavanda.

—Bienvenido a casa—, dice ella sin mirarle, Shouto se sorprende al oír su voz, después de todo aquel tiempo en que parecía haber carecido de ellas. Nunca antes había extrañado tanto aquella dulce voz.

—Yaoyorozu...—intenta comenzar él, pero la azabache le interrumpe mientas pone su taza de cocoa a un lado.

—Yo sé. No tienes que disculparte ni nada, Todoroki-san, no es tu culpa—. Comenta, mientras vuelve su vista hasta la ventana—, es algo que podía pasar en cualquier momento, y a cualquiera de los dos. Somos héroes y desde el instante en que lo decidimos aceptamos poner nuestras vidas en riesgo.

Shouto decidió dejar las cosas en ese estado por el momento, se limitó a ir hasta donde la chica, y se sentó a su lado en el sofá, tomándose el lujo de pasar una mano por su cintura, para que la otra tuviera un hombro en el cual apoyarse. Esa vez la azabache se permitió llorar lo que había contenido ante su familia y amigos, ante los extraños que la observaban todos los días con pena. Solo ellos dos con el atardecer como único testigo.

Esa tarde, ninguno de los dos notó que el sol había desaparecido dándole paso a la tranquilidad de la noche, esta vez era turno de las estrellas de presenciar como aquellos dos quedaban dormidos uno junto al otro, sin necesidad de más que la calidez de sus cuerpos acurrucándose y dándose confort, para comenzar a aliviar aquellas heridas que seguían frescas, pero con el tiempo, podían llegar a sanar. Después de todo, decían por ahí que el amor era la mejor cura, ¿no?

El tiempo hizo lo suyo, un día más, Todoroki pidió un permiso en su trabajo para no dejar a Momo sola; una semana después, comenzaron a hablar sobre sus planes, sólo faltaba un año para que sus contratos vencieran. Shouto le dijo que cuando eso pasara irían de vuelta a Japón; un mes y Momo volvió a ser de las mejores heroínas que Hong Kong haya visto (palabras de Shouto, por supuesto).

La prensa no dejaba de hacer preguntas, la información de alguna manera se había filtrado. Habían comenzado a cuestionar más a la chica, en las conferencias le hacían preguntas insinuando sobre su vida personal. Pero ella jamás dejó que algo como eso le afectara. Seguía sonriendo, porque pese algunos reporteros no tenían piedad, las inocentes cartas de infantes dándole las gracias, eran más que suficiente para alegrarle, porque de ello trataba su trabajo. Ayudar, salvar a los demás.

Todoroki comenzó a exasperarse al ver como los medios no podían ver eso, ¿Cómo podían juzgaban sobre algo que pasó mientras salvaba la vida de esas mismas personas?

— Solo hazlo, hijo de puta, ¿qué tan difícil puede ser? — Le decía Katsuki al teléfono, no sabía cómo había pasado, pero Bakugou era el único que se le venía a la mente al tratarse de tal situación —, y no me vengas con tus estupideces de la imagen pública a mí, porque creo que soy a quien menos le puedes venir con una pendejada como esa.

—Creo que aún no es tiempo para ello, Bakugou—, inquiere el semi pelirrojo, al otro lado de la línea escucha un resoplido con exasperación.

—Déjame analizar los putos hechos por ti, mitad-mitad—, menciona el rubio con un toque de sarcasmo, o eso pensó Shouto en el momento—, esperaron casi dos jodidos años para si quiera para la maldita confesión, te le declaraste cuando el mismo día que te fuiste del jodido país, mantuvieron un año una relación a distancia, te la llevaste un año más a otro país, ¿Y ahora me vienes con tus pinches dudas? ¡Vete a la chingada! —Y le cuelga.

Todoroki queda con las palabras de Bakugou rondando por su cabeza un buen tiempo (censurando automáticamente partes de su vocabulario), fuera del mal carácter del otro, tenía razón, todo por lo que habían pasado los últimos años tenían mucho peso para él.

Esa noche, mientras Momo dormía tranquilamente, Todoroki hizo unas cuantas llamadas. Todo se llevaría a cabo en unos días, no por nada había sido conocido como uno de los mejores estrategas de UA durante sus años de escuela.

—¿Conferencia de prensa? —Cuestiona la azabache por el teléfono, mirando a su novio—, Bien, estaremos ahí.

Era de su agencia, al parecer habían organizado una conferencia que los incluía a ambos, tras ser de los mejores que tenían y los que les representaban mayormente como una imagen pública.

A la morena se le había hecho muy extraño, puesto, mayormente esas cosas se tenían que organizar previamente, no de un día a otro. Aún así, tenía que presentarse, pese a lo mucho que quería disfrutar de sus pocos días libres en los que podía estar con Todoroki.

Ella sabía que no era de las favoritas (o al menos, no en un sentido positivo) de los medios y reporteros, incluso estando en Japón, su carrera no había sido fácil. Pero el estar acompañada de Shouto era reconfortante.

No se había equivocado, al momento de llegar su turno de contestar, las personas habían comenzado a lanzar preguntas que ya conocía: "¿No te da pena usar tu traje de héroe? ¿Aún después del último incidente, te sientes capacitada para ser héroe? ¿Crees que algún día podrás luchar debidamente sola sin que tenga apoyo de otro héroe?" Y más.

Una gota de sudor frio recorre su mejilla, no sabía que decir primero, no había orden alguno, no tenía idea de que responder después de que le hicieron preguntas tan directas.

Pero en ese momento, el ruido ensordecedor de un desnivel de sonido en una bocina hizo que todos en aquella conferencia callaran. Momo voltea mediamente para confirmar que pasaba, era Todoroki a su lado, habiéndose levantado de su asiento para darle unos pequeños golpes a su micrófono.

— ¿Todoroki-san? —La muchacha inquiere más confusa que la misma prensa.

Shouto se limita a dedicarle una leve sonrisa, esas que muy pocas personas habían visto, y que no tardó en ser captada por las cámaras del lugar. El poseedor de doble particularidad sacó un pequeño comunicador de su bolsillo, la cara de Yaoyorozu era un poema, no entendía para nada qué estaba pasando.

—Alquimista de hielo, en posición—, dice el menor de los Todoroki, y a los segundos se escucharon voces familiares responder.

—Alquimista de tierra y Quimera en posición.

—Alquimista vibrante y eléctrico en posición.

—Alquimista del aire y de las estrellas, en posición.

Momo parpadea un par de veces, el silencio prevalece entre el "Público".

—Todoroki-san, ¿Qué esta...?

No logra terminar su oración, las luces se apagaron, de repente el techo de la carpa se abrió como si el lugar hubiera estado preparado para ello. En el cielo se podían apreciar globos de distintos colores en forma de corazones, flotando pese a que no parecían utilizar helio, luces que no había logrado ver antes se encendieron alrededor, no entendía cómo, si en aquel lugar no debía haber tantos accesos eléctricos como para ello. Todo culminó a brillantes explosiones que llenaban de color el cielo, como fuegos artificiales.

Momo miró de inmediato al de su lado, pero si pensaba que todo eso había acabado, estaba equivocada, Todoroki le hizo una seña para que terminara de ver lo que en el cielo se formaba.

Entre las coloridas explosiones algo terminaba por formarse en el cielo, eran letras, palabras, más bien:

"Te amo, Momo"

La muchacha tuvo que llevarse las manos a la boca para cubrir su evidente sorpresa, había quedado sin palabra alguna.

—Yaoyorozu —, escucha la voz de Shouto llamarle, sacándole aquel trance. No se había dado cuenta de en qué momento el otro se había arrodillado. Abriendo una pequeña caja roja de terciopelo, que se encontraba entre sus manos.

—Todoroki-san... —Susurra sin aliento, sus manos estaban temblando, su corazón retumbaba contra su pecho fuertemente. Era tan repentino, tan irreal.

—Momo—, alude el otro, le había llamado por su nombre. En ese momento captó por completo lo que estaba pasando—, ¿Quieres casarte conmigo?

Las lágrimas caían nuevamente, pero esta vez, era felicidad, después de todo lo que había pasado, Yaoyorozu Momo vuelve a sentir la auténtica alegría a flor de piel.