Nota: Este capítulo es un poco extenso comparado con el anterior. Ojala y sea de su agrado. Respondo los review al final de la lectura. Disfruten esta segunda parte. El texto encerrado entre paréntesis son aclaraciones.
Capítulo 2: Nacimiento
Observó nuevamente la envoltura del obsequio y tras permanecer media hora en una indecisión insufrible, decidió decorarlo con papel de color azul cielo y colocar el objeto en un sitio donde esperaba no lo olvidase, y nadie lo cogiera sin preguntar. El hombre a su lado torció su boca en una tensa línea de total inexpresión mientras la fémina subió una de sus rubias cejas, intuyendo la razón de porque él la veía de aquella manera. Elaboró el respectivo moño y giró su cabeza en dirección a su silencioso marido, creyendo que lo intimidaría.
Estaba equivocada.
—¿Qué?
—¿Le darás eso a Sakura? —cuestionó en un tono que a Ino le colmó la paciencia.
—Si no comentarás cosas buenas… abstente de hablar ¿sí?
—Lo lamento.
La coqueta mujer masajeó el puente de su nariz, algo irritada.
—Escucha Sai, entiendo que tal vez este no sea un regalo para bebés pero yo confío que a ambos le agradará.
—En especial a Naruto —murmuró pensativo, manteniendo su dedo índice y pulgar en la barbilla.
Ella rió.
—Sí, sobre todo a él.
La pareja almorzaba en un restaurante de comida china acompañados de un exquisito menú que a sus ojos, parecía ser jugoso y costoso en términos monetarios. Por suerte, la florería Yamanaka abrió sus puertas en una época que rebosaban de gran clientela y pedidos al contado, cayendo toda la ganancia a el bolsillo de su respectiva dueña; Ino, quién cada cuanto debía rendirles cuenta a sus padres de lo que reportaban las personas que solicitaban la prestación de servicios. Vigilando el trabajo que ella hacía.
—¿No te ha llamado? —preguntó el joven que degustaba un trozo de suave manjar, mirando los celestes orbes de su prometida—. Según sé hoy tendrán a su bebé.
La rubia cogió una servilleta y limpió la comisura de sus labios, antes de responder: —Quedamos en que la iría a ver en el Hospital de Konoha, donde está siendo atendido su caso y es directora su antigua profesora de medicina; Tsunade.
—Creí que se había jubilado.
—Pues no, y la verdad no tengo idea porque. Lleva años de jefa absoluta y aún posee permiso para seguir en su cargo. Imagino que es por su intachable expediente profesional.
Uno de los meseros encargados de atender la mesa que usaban se acercó y vertió un poco de vino en las copas de cristal cuidadosamente pulidas, abandonando su puesto de inmediato al darse cuenta de la privacidad que irrumpía su innecesaria presencia e incomodaba a la pareja. Más que nada a la rubia de voluminoso cuerpo que ansiando volver a estar a solas con su esposo, pidió la totalización del consumo.
—¿Qué sucede?
—Hay un asunto que debo tratar contigo, Sai.
—Sí dime.
—Existen amigos de papá que desean invertir en el negocio de la familia, propusieron que la distribución de plantas se extienda a sucursales fuera del país y pues… —Detuvo el flujo de sus palabras no sabiendo cómo seguir, pero reponiéndose al instante— la única opción de firmar el contrato es que yo viaje.
El pelinegro no comprendió a donde quería llegar —¿Y?
—Estaré seis meses en el exterior.
—De acuerdo —contestó desinteresado, regresando a su actividad principal; ingerir el platillo.
—¿Y lo dices así? —sonó bastante indignada, y molesta—. ¿No me extrañarás o impedirás que vaya?
Él encogió sus hombros metiendo el filo del tenedor en un trozo de carne. —No, Ino.
A la rubia el apetito se le esfumó —Es increíble… Y yo pensando que…
—¿Qué lo haría? No. Mi intención nunca ha sido estorbar en tus planes, y si deseas renunciar a eso, que no sea yo el impedimento.
«Lo hace por mí», pensó Yamanaka.
—Señorita, tome la orden —susurró el empleado al ver que ella permanecía con la mirada perdida en un punto de la simple mesa asignada, ignorándolo (sin querer). De pronto Yamanaka negó con su cabeza y enfocó su atención en él, mostrando una sincera sonrisa.
—Gracias.
El chico quedó prendado de aquella expresión.
Sai en su (tremenda) inexperiencia en cuanto a señales de coqueteo se refiere, no notó el brillo en los ojos del trabajador. Pero Ino sí.
—¡Deidara! ¡Deidara! —llamaron del otro lado de la barra.
—¡Voy! —gritó desde su posición antes de correr hacia su amigo pelirrojo nombrado Sasori, que a cántaros reclamaba su ausencia en el repartidor de pedidos.
La fémina carraspeó un poco, clavó la vista en su acompañante y dijo: —Entonces te dejaré las llaves de la floristería mientras arreglo varias condiciones con ellos.
—No te preocupes —Masticó el ultimo bocado de alimento de su ahora vacío plato, elevando sus negros orbes hasta penetrar los de su mujer—. Sabes que la soledad no me es difícil. Estoy acostumbrado.
«Pero yo no…», quiso confesar la rubia, pero se tragó sus palabras.
…
—S-sasuke, espera.
—No quiero —afianzó su agarre en las ruborizadas mejillas de su mujer instantes previos a devorarle los labios en un arrebatado beso, sintiendo una ráfaga de intenso calor situarse en medio de sus piernas y sacudirlo como si fuese un juguete. Uno que ella podía manejar en un tronar de dedos.
Ambos estaban apretados contra la pared de la habitación matrimonial participando en un (ya conocido) arranque del Uchiha menor por hacerle el amor todos los días, robando el aliento que Hinata escasamente conseguía inhalar y terminaba en la garganta de su esposo debido a la gemidos que, aun tratando de que no escaparan, él los absorbía de su boca.
Presos de la irrefrenable pasión que ardía como fuego en sus pieles.
Él semidesnudo y ella con solo una fina bata de baño.
—Vas a matarla, hermanito.
La Hyuuga muerta de pena apartó a su excitado conyugue y observó la entrada donde su cuñado la veía embobado, con un extraño fulgor en los orbes ónix.
La rabia dominó al menor. —¿Qué haces aquí, Itachi?
—La puerta estaba abierta.
Y aunque a la pareja le pareciera raro, así fue.
—Hmp.
—Hinata —mencionó el pelinegro en un suspiro, la fémina percibió un escalofrío recorrer su columna y tramitando saliva, le devolvió la mirada—. ¿Necesitas algo?
Ella negó en un frenético cabeceo.
—Vete, Itachi —ordenó al percatarse de la profunda devoción con que contemplaba a su voluptuosa mujer, casi desnudándola.
«Sigue enamorado de mi esposa».
—Calma, hermanito —Desvió la mirada hacia él riendo su interior—. No entiendo tu mal carácter.
La chica ojos perlados los observó a los dos.
—Lo sabes mejor que yo —gruñó en respuesta el menor de la familia.
Itachi descruzó los brazos sobre su marcado pecho, enderezó su espalda e introdujo las manos en los bolsillos del ajustado jean que portaba desapareciendo del sitio con una evidente mueca de alegría. En el fondo de su corazón existía un gigantesco sentimiento por la heredera de la fortuna Hyuuga, más una punzada de culpa y remordimiento le impedía declarar a cuatro vientos su amor. Era el temor de herir a su "amargado" hermano Sasuke, y provocar una decepción en ella. Conocía a la perfección el afecto que Hinata le tenía, y la idea de perder esa confianza que entre años consiguió cosechar, lo detenía a cumplir su ansiado deseo de hablarle.
Debía enterrar eso antes de que no pudiera controlarlo.
—¿Te encuentras bien? —preguntó la chica.
—Sí, Hina —respondió segundos antes de bajar su vista y notar que la fina tela purpura de la mantita se había abierto en el inicio de los grandes pechos femeninos, sofocándolo.
Ella descubrió lo que su esposo hacía y a modo de protección, tapó la piel con sus palmas. —Iré a ducharme.
Y corriendo como si la fueran a asesinar, Hinata ingresó al cubículo del baño y hundió el seguro de la cerradura temiendo que su calenturiento marido no aguantase las ganas de tenerla en la cama.
«Olvidas que conozco la forma de quitar eso», pensó el chico cabello azabache del otro lado, sonriendo de una manera que a ella le hubiera causado muchos calambres.
…
Haruno caminaba en dirección al cuarto que junto a su rubio amante habían decorado meses anteriores, cuando la prisa de poseer lo necesario para el saludable nacimiento de Shinachiku los obligó a comprar todo tipo de artículos y pintar las paredes de color celeste. Adquirir una cuna, pañales, y una variedad excesiva de ropa para niños. La felicidad que reinaba en su espíritu no podía calcularse, no cabía en sí de la emoción.
—Serás nuestro consentido, mi amor —masajeó la superficie de su enorme panza con demasiada suavidad.
De pronto una patada en su interior la aturdió.
—Oh —exclamó en un deje de asombro y confusión. Sin imaginar que luego de aquello unas fuertes corrientes la forzarían a coger aire por la boca y apoyarse en el muro de la vivienda, experimentando una pizca de dolor que a los pocos minutos le harían cerrar los ojos y morder sus carnosos labios. Creciendo la sensación a niveles preocupantes. Respiró despacio intentando estar tranquila y mantener la estabilidad de sus pies, para después agarrar el teléfono celular y comunicarse con el Uzumaki, pero sus técnicas no resultaron como creyó.
Las contracciones aumentaron.
…
—Claro que no, ttebayo.
—¡Vamos, no seas aguafiestas!
Naruto comprendió que la insistencia de su antiguo profesor Jiraiya era ilimitada.
—No soy adicto al sake y lo sabes, viejo. Además, en este preciso instante estoy estacionando el auto en la casa. Vine a buscar a mi esposa para la cita médica programada, no la dejaré por ir contigo a beber en el bar.
—Ya, ya entendí —sonó la voz en el micrófono del móvil pantalla táctil—. Lo arreglaremos en otra ocasión. Debo colgar, unos clientes acaban de solicitar mi presencia y no puedo hacerlos esperar.
—Clientas, querrás decir. Anciano pervertido —musitó en tono de burla el rubio apagando el motor del automóvil.
—Los jóvenes de ahora no respetan a sus mayores —dijo tres segundos antes de finalizar la llamada.
El chico observó el aparato que sostenía en su mano y rió a carcajadas, creando en su mente la infantil reacción que su mejor amigo habría hecho si estuvieran uno frente al otro. Metió la llave en su negro chaleco, avanzó hacia la puerta de su hogar y giró el picaporte, entrando al pasillo de la sala. Buscó con la vista a la médico y se extrañó de no oírla en la cocina, por esa razón dirigió sus pasos a las recamaras. Cuando un hilito de voz llegó a sus orejas y una presión en su pecho lo asustó, trotando a toda prisa hacia las escaleras que conducían al segundo piso.
Quedó pasmado ante la escena que ocurría delante de sus azules ojos.
La pelirrosada abrazaba su propia barriga con sus extremidades superiores, llorando a mares por el dolor que agredía su anatomía. En el suelo.
—¡Sakura-chan! —llamó desesperado mientras se acercaba y la ayudó a recostar la espalda en la pared, ella entreabrió sus verdes orbes y liberó un grito ahogado, alterando la cordura del muchacho—. ¡¿Qué pasa?! ¡Háblame!
—E-el Hospital… llévame —balbuceó.
—Enseguida, ttebayo.
Naruto pasó sus brazos por debajo de la encogida silueta y la cargó al estilo nupcial —Aférrate a mí —murmuró mirando las cristalinas esferas que derramaban lágrimas de frustración y provocaban que su corazón se estrujara—. Resiste, Sakura-chan. No permitiré que a ti y al bebé les suceda algo malo.
—Apresúrate —pronunció angustiada, rodeando el moreno cuello de su ayudante con sus antebrazos.
Rogando al cielo que todo saliera bien.
…
—Buenas tardes.
El saludo de Shizune despabiló a la rubia doctora que revisaba unos informes de pacientes en estados críticos y alzó la vista al oírla.
—Me alegra que estés de vuelta.
—La gripa no duró mucho, esa es la razón del porque regresé tan pronto —avisó a la vez que tomaba asiento en una de las sillas frente a el escritorio de su superiora, observándola de soslayo—. ¿Ha escuchado noticias sobre el derrumbe en la zona de sur?
—No.
Tsunade retomó su análisis manteniendo la oreja atenta a lo que la pelinegra quería aportar, pero sus marrones ojos en el texto que lee.
—Hubieron daños graves en la estructura de los edificios, según rumores… no es alarmante la cantidad de heridos.
—Buenas noticias ¿no?
—Supongo.
Los gritos de una enfermera resonaron en la amplitud de la estancia.
—¿Qué acontece allá afuera? —interrogó Tsunade poniéndose de pie, quien seguida por la pelinegra abandonó la oficina y fue hasta el pasillo principal que guiaba al cuarto de emergencias.
Una de las mujeres que colaboró en el escándalo interceptó a la rubia —La estuvimos llamando, directora. Venga rápido, me informaron que su ex alumna Sakura presenta contracciones.
—¡¿Dónde está?!
Ella abrió la boca para responder pero alguien la interrumpió.
—¡Vieja! ¡Ayúdame! —Hizo acto de presencia Naruto que sin importar la masiva población que deambulaba en el lugar, creó camino entre las personas que al verlo sostener el peso de la fémina en sus musculosos brazos, cedían espacio para que continuase el trayecto hacia una de las camillas deshabitadas—. ¡Mi Sakura-chan perdió el conocimiento en el auto, nuestro hijo va a nacer!
Shizune se adelantó en manejar la situación —¡Trasládenla de inmediato al cuarto de partos, ahora!
—Rompió fuente —susurró la rubia cuando inspeccionó el rastro de humedad en la vestimenta de su querida discípula.
El rostro del Uzumaki mostró temor. —¿Qué significa eso?
Cinco asistentes de la adulta agarraron los metálicos tubos de la camilla que serviría de transporte, oyendo lo que conversaban.
—Que las cosas no serán sencillas —Le devolvió una mirada de preocupación que su receptor no supo cómo tomar—, esperemos que no hayan complicaciones.
—Sálvalos —suplicó el rubio cogiéndole la muñeca, y dejando que sus ojos se llenaran de lágrimas.
No imaginaba perderlos.
—Mmm… Naruto.
Ambos voltearon a donde se suscitó el bajo murmullo.
—Aquí estoy —suspiró entrelazando su mano con la de una soñolienta Haruno que recién despertaba del peligroso sueño—, no me apartaré de tu lado.
—No te separes… de mí.
—Métanla en la sala de urgencias —ordenó la mayor autoridad de la entidad medica observando el asentimiento de sus subordinadas, que obedeciendo sus palabras empezaron a rodar el material. El rubio las persiguió—. Detente, Naruto. No puedes entrar con ella.
—Es mi esposa, ¡tengo el derecho! —reprochó en un deje de molestia sin soltar la unión de sus extremidades.
—¡Lo sé! ¡Pero entiende que si te quedas allí Sakura no podrá concentrarse!
—Maestra, por favor —interfirió la aludida con los parpados cerrados—. Necesito a Naruto conmigo.
—Ni hablar, ya decidí lo que haré así que no hay marcha atrás —Apuró a las chicas que empujaban la camilla, juntándose al trote de llevarla a su destino.
Haruno quiso contrarrestar la necedad de su jefa al contemplar cómo sus dedos perdían contacto con la mano de su marido, y éste era detenido por los guardias de seguridad que lo sujetaban en los hombros. Olvidando el incidente cuando los dolores retornaron a sus huesos de forma insufrible y las puertas impidieron que lo siguiera viendo.
—Naruto.
Rebotó el ferviente llamado en las cuatro barreras que mantenían el techo en su altura.
…
—Puja con fuerza, ¡tú puedes!
La fémina pelirrosada sopló agitada y apretó los dientes haciendo un sobrehumano esfuerzo por expulsar el bebé que a duras penas tenía la cabecita afuera, y la mitad del cuerpo dentro de su vientre. Arrugó las sabanas de durante una hora apresaba en sus palmas y volvió a intentar lo mismo, sintiendo que el aire se le iba en cada respiro. Su antigua profesora era la encargada de sacar al feto y en compañía de Shizune, preparar todo para cuando estuviese frente al mundo.
—¡Ya casi lo logras, vamos Sakura! ¡Una vez más! —alentó la sudada pelinegra.
—¡Uno, dos, tres! ¡Ahora!
La madre aspiró una bocanada de oxígeno y dio un último empujón, oyendo segundos más tarde un ruidoso llanto de un niño que le fue familiar.
—Nació —La sonrisa de la rubia se amplió mientras lo cargaba—, ¡es un varón!
Shizune enfocó su mirada en él —Hermoso, sin lugar a dudas.
Naruto desde el otro lado de la sala también escuchó.
—Mi hijo —deletreó conmovido en presencia de los sujetos que lo vigilaban—, ¡ese es mi hijo!
La alegría lo embargó.
—Sakura, obsérvalo —suspiró la mujer de azabache cabello, absorta del agotamiento que se adueñaba de su amiga—. Tiene tu pelo y los ojos… son celestes, como los de tu marido.
La joven médico no respondió.
—¡Demonios, ten Shizune! —Le pasó el delicado cuerpecito de la criatura recién nacida aproximándose a las máquinas de reanimación. La subordinada entendió su reaccionar cuando notó que la madre cayó en un desmayo de latidos cardiacos sumamente débiles—. Su corazón está fallando.
Encendió el aparato, frotó la parte metálica del mismo y los colocó encima del pecho de la chica en un persistente método de regresarla a la normalidad. Pero su deseo parecía no cumplirse. Su pelinegra amiga con el niño en brazos la veían sospechar lo peor.
—¿Qué hacemos?
En medio de la angustia Tsunade prefirió no abandonar su fe —Tenemos que salvarla, ¡nunca me perdonaré que muera bajo mi control! Llévate a Shinachiku a la incubadora y vienes tan pronto como te sea posible.
—Sí.
Una vez que su empleada desapareció de la habitación, la rubia deshizo su postura de mandataria y prosiguió con la resucitación, aterrada de no oír los pitidos de la máquina.
—Vive, hija. ¡Debes vivir!
…
Ino, Hinata y Ten-ten que habían acudido al desesperado mensaje de texto que Naruto les envió informando que su esposa era atendida por los doctores, estaban justo en el momento que Shizune se traslada con un bebe en brazos rumbo al departamento de recién nacidos.
—¡Allí va!
El aviso de la Hyuuga bastó para que el Uzumaki alcanzase a la pelinegra y la hiciera detenerse frente a la puerta.
—Sí, es él —contestó a la incógnita de Naruto sobre si el pequeño era su hijo.
Los celestes orbes brillaron de la ilusión —¿Puedo cargarlo?
Yamanaka palmeó el masculino hombro en signo de apoyo. —Claro, idiota. Cógelo.
Tratando de no cometer una imprudencia o error en el movimiento que debía emplear, el rubio posó sus superiores extremidades debajo de las de Shizune y acunó en su pecho a la dormida criatura que yacía envuelta en una mantita color rosada. Las demás vieron enternecidas el acto.
—Posee el cabello de la frentona.
—También la tonalidad de piel —aportó la castaña.
La pelinegra miró nerviosa el pasillo de emergencias y luego al cariñoso padre —Lo lamento pero es necesario mantener al niño en observación.
—¿Por qué?
La pregunta no hizo que Naruto despegase la vista de su primogénito.
—¿Cómo está Sakura? —cuestionó la Hyuuga.
La chica vaciló en su respuesta.
El joven arrugó el ceño, y clavó sus orbes en ella —¿Qué ocurre? ¿Por qué trajiste a Shinachiku y no lo dejaste en manos de Sakura-chan?
Tsunade gritó el nombre de su empleada como alma que manipula el diablo. A las otras féminas aquello les indicó que algo grave sucedía y Naruto, meneando a su bebé para no se despertara, una presión en el pecho por poco lo ahoga.
Sintió que su amada pelirrosa lo necesitaba.
—¿Por qué la vieja está tan malhumorada?
—Me apena decirte esto, pero…
A una velocidad impresionante el Uzumaki depositó el cuerpecito que sostenía en los antebrazos de la mujer ojos perlados, emprendiendo la carrera al único sitio que podía pensar en ese instante; el cuarto de su esposa. Se escabulló igual a una serpiente por entre la multitud que transitaba a su alrededor, aterrizó delante de la entrada y derribó las puertas de una sola patada. Quedando helado en su posición cuando descubrió la figura inerte de Sakura encima de la camilla y con cables adheridos a la piel.
El temperamento de la rubia no tardó en explotar. —¡¿Quién demonios te pidió venir?! ¡Sal ya de aquí, Naruto!
El aludido no escuchó más nada que el sonido de los aparatos. —¿Qué pasa?
Tres enfermeros ingresaron en busca del rubio para sacarlo, pero él a toda voluntad se opuso.
—¡Suéltenme! —gruñó antes de arrojarse sobre la pelirrosada, tomándola de las mejillas—. ¡Mírame, Sakura-chan! ¡Te lo suplico, reacciona!
La gente del Hospital oía todo el alboroto.
Y por milagro del cielo… Haruno abrió sus verdes esmeraldas en una inhalación de aire que erizó los vellos de quienes permanecían ahí.
—¡Está viva!
El corazón de ella de nuevo volvió a latir.
—Lo sabía —pronunció exasperado el responsable de que haya regresado al mundo terrenal—, sé que no podías abandonarme, Sakura-chan.
Tsunade sonrió aliviada y los miró a todos —Váyanse rápido, debo revisar a mi paciente. Y eso te incluye a ti, atolondrado.
—Naruto —invocó la pediatra en un suspiro cansado y casi inaudible.
Durmiéndose otra vez.
—¡Largo! —Utilizó la rubia su fuerza brutal para echarlo a la sala de espera, sin medir la brusquedad—. Y no me desobedezcas en mi propio trabajo.
—¡Te amo, Sakura-chan!
…
—Por Dios, tranquilízate.
—¡Es imposible, ttebayo! Quiero saber que tanto dura adentro examinándola, si hace rato que tuvo a nuestro hijo.
La hermosa castaña le tendió un recipiente de humeante café y él negó en un cabeceo —Toma, te hará bien.
—Gracias Ten-ten, pero no.
Uzumaki consultó la hora en su reloj de pulsera y resopló inquieto, cruzando los brazos a la altura de su pecho —Resiste, por favor.
Unas pisadas resonaron en el área que ellos ocupaban.
—¿Y? ¿Qué dice la doctora? —cuestionó un inexpresivo Menma a la secretaria que ignorándolo, clavaba la vista en la pantalla del computador.
—¡Hermano!
El menor de la familia ladeó su rostro y lo observó acercarse a él.
—Pregunté el estado de tu mujer pero estas trabajadoras incompetentes no saben nada.
La chica que lo escuchó enarcó una ceja y le buscó con la mirada.
El pelinegro lo notó y encogiendo sus hombros, chasqueó la lengua.
Grosero como ninguno.
—¡Las personas que conozcan a Sakura Haruno, hagan el favor de prestar atención!
Ambos jóvenes corrieron en dirección a donde una Tsunade limpiaba el sudor de su frente con un pañuelo de tela suave, y boqueaba oxigeno exhausta de la jornada que le tocó suplir. La incertidumbre en las expresiones faciales de todos demostraba un miedo terrible a recibir malas noticias.
La del chico rubio parecía de tragedia.
—El parto presentó complicaciones graves, por suerte tanto ella como el niño sobrevivieron y ahora están bajo especiales cuidados. Sin embargo…
—¿Qué? —interrumpió el muchacho melena oscura, intercambiando un gesto de angustia que su hermano comprendió enseguida.
—Su corazón se debilita… cada vez más.
—¿Qué debe hacerse en ese caso? —Fue el turno de Ino en interferir, siendo objeto de miradas por breves segundos hasta que la directora tomó la palabra.
—Suplantación de órganos.
—Dilo de una forma que yo entienda, vieja. No uses lenguaje médico.
Tsunade enfocó su vista en Naruto. —Trasplante de corazón, o Sakura morirá.
Nota Final: Bien, creo que aquí hemos llegado al meollo de todo este asunto. Solo quedan dos capítulos más que traerán el drama a esta historia y el sufrimiento de nuestros protagonistas. Dios, lo único que deseo es hacerlos llorar U.U Sí, llámenme despiadada o lo que gusten, estoy abierta a que me tachen de desgraciada xD
Hanny Bell: Mi amada y querida Hanny :3 Debo decirte que me he llevado una enorme sorpresa al ver que has entrado en nuevos fandom y dominas a la perfección personajes que ni siquiera conozco. Creo que es evidente mi gusto por la serie Naruto, y que no he tenido chance de observar nada más. Tengo que arreglar eso. Y no, yo no soy la mejor en esto, ese título te pertenece a ti. Únicamente a ti. Quieres drama… pues lo tendrás, te lo aseguro. También me fascina decir "matrimonio Uzumaki", aunque prefiero el "matrimonio Uzumaki Haruno". Cielos, parezco una enferma jajaja. Oh sí, por favor, muero porque mi Naruto y Sakura sufran en tu fanfic. Me encanta verlos en aprietos. Ahora que recuerdo, casi padezco un infarto por ti culpa. No tienes idea de la felicidad que sintió mi pequeño corazoncito cuando por impulso fui a tu perfil y encontré mi name user en tu lista de autores favoritos. Válgame Dios, creo que te amo jajaja. O por lo menos… voy camino a eso. Ah, antes de que se me olvide (como siempre ocurre), de todos los futuros proyectos que tienes pensado desarrollar… me mataría (y lo digo enserio) que comiences con "Después del Alba". Mierda, sé que mi amor hacia el NaruSaku terminará acabando conmigo, pero es que no logro enfocar mi atención en otra pareja. Joder, no sé cómo lo haré pero tú te enamorarás de mi OTP tanto o más que yo. Perdón si me extendí :(
Angron11: Si tuviese un sombrero colgado en mi castaña cabellera, juro que me lo quitaría ante tan magnifico escritor. Debo confesar que he leído tu historia "Naruto gaiden: Kitsune no kibo (Zorro de Esperanza)", y créeme que me mata de vergüenza no haber dejado un merecido review, pero es que me perdí. No recuerdo en que capítulo quedé y ahora me toca leer de nuevo (todo un gusto, en realidad). El único problemita es que Dayani-chan empezó clases el día de hoy. Apenas y me alcanzará el tiempo para actualizar mis inventos. SIN EMBARGO, estaré atenta a tus publicaciones. No quiero desperdiciar la oportunidad de presenciar tu enorme progreso. Mil felicitaciones, de veras que tienes mucho talento. En pocos meses has avanzado de una manera que yo nunca, NUNCA lo hubiese hecho. Eso es de aplaudirse (bien duro, caray). Gracias por tenerme en tu lista de autores favoritos, es todo un honor. Cuando lea hasta el último capítulo de ese maravilloso proyecto, te aseguro que el comentario será muy (muy) largo. Y sí, la participación de Menma aquí es necesaria. Pronto sabrás el porqué. Saludos xD
Extra: El siguiente capítulo lo subiré a fin de mes si Dios lo permite. Cuando haya acabado con esto, continuaré las demás historias que esperan actualización. Hasta luego mis amados lectores :*
Se despide, Dayani.
