CAPITULO 2. LA CONFESIÓN.
Una nueva mañana había comenzado en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Aquel día era realmente hermoso. Las nubes blancas que inundaban el cielo y los rayos del sol que apenas se asomaban entre ellas, hacían del inverno la mejor estación del año, inclusive para Hermione, quien a veces se quejaba del intenso frio del lugar.
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Un delgado brazo fue alargado por debajo de las colchas que lo cubrían para alcanzar el reloj de pulso que yacía en la mesita de lado. 6:55 de la mañana.
Sin procesar la hora que era, se giró sobre la cama y se volvió a poner cómoda entre las almohadas que la rodeaban. A decir verdad, no tenía muchas ganas de levantarse, lo que había pasado la noche anterior la había absorbido por completo. Bufó al recordar lo ocurrido. Ronald era un completo imbécil. La había estado engañando durante un mes con su compañera de cuarto Lavender Brown, y ella nunca estuvo ni cerca descubrirlo. Hasta ayer.
Cerró los ojos fuertemente tratando de olvidarse de aquello, pero la traición era evidente.
–¡Seis cincuenta y cinco!-chilló abriendo los ojos como platos, mientras con pies y manos se deshacía de las sabanas que hasta hace unos momentos la calentaban.
Caminó como loca alrededor de la habitación tratando de encontrar su varita. ¿En qué momento había dormido tanto?, ¿Por qué demonios Ginny no la había despertado a tiempo? ¿Qué excusa inventaría a los profesores, cuando le preguntaran por su retraso?..-mil preguntas comenzaron a surgir en su cabeza. Había pasado la noche en el dormitorio que su mejor amiga compartía con Parvati Patil. Dio gracias a Merlín que la pelirroja no le pidiera razones; pero sabía que tarde o temprano lo haría. Ella estaba al tanto de su relación con Ronald, y de los problemas que a veces tenían. Trataba de aconsejarla constantemente, pero Hermione estaba consciente de que no existía consejo suficiente para perdonar la infidelidad de Ron.
…
Poco a poco los alumnos fueron desocupando las mesas del Gran Comedor para dirigirse a las primeras clases del día. Esta vez el banquete del desayuno había estado mejor: omelettes, pan tostado, hotcakes, cereal, un poco de fruta fresca, y jugo natural.
Ronald Weasley y Harry Potter seguían sentados en la espera de su mejor amiga.
–Ron, ¿no te parece raro que Hermione aún no baje a desayunar? Ella es la primera que siempre está aquí, ¿no te parece que debemos ir a buscarla?–cuestionó preocupado el pelinegro.
Los músculos de Ron se tensaron ante la pregunta de su amigo. –No creo que eso sea necesario Harry–habló con desanimo.
–¿A qué te refieres, con que no es necesario?–dijo, mirándolo fijamente.
–La cagué Harry, la cagué con Mione–contestó el pelirrojo agachando la cabeza.
–Dime que no…–articuló Harry prediciendo lo que iba a decirle su amigo, pero fue interrumpido por éste.
–Sí–
Coraje fue poco en comparación a lo que Harry estaba sintiendo con la confesión de su amigo.
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