Muy buenas noches damas y caballeros (al estilo Marco Antonio Regil), después de ver que está historia me ha devuelto la inspiración de escribir fanfics he decidido no tardarme mucho en escribir capítulos... créanme que en un tiempo pensé en abandonar FanFiction, pero luego de recordar que aún tenía esta historia por contar decidí alejar esos pensamientos negativo y heme aquí. Debo decir que este capítulo no solo contendrá comedia en cierta parte también algo de drama que espero les guste. Otro punto a explicar es que mi amiga little tigress (fuegos artificiales explotan en el cielo al mismo tiempo que una banda sonora anuncia su nombre) hace una aparición especial en este capítulo, espero les agrade...

Sin más preámbulos... ¡comencemos! (al estilo Marco Antonio Regil nuevamente)


Capítulo 2

La puerta se abrió abruptamente, estaba cansado por las escaleras y el vomitar lo había dejado exhausto se acercó hacia Tigresa cayendo boca arriba. Giró a su derecha para ver a Tigresa sentada en posición de loto y frente ella los cinco pergaminos: cuatro semiabiertos y uno cerrado. Algo que lo confundió.

—¿Ya los leíste todos? —ella negó con la cabeza.

—Quise verificar la cronología para leerlos en orden y este —dijo señalando al amarillo —, es el que acabas de leer.

—Oh —dijo asombrado por tal detalle —Tigresa tomó el rojo y se lo extendió, pero Po negó con la cabeza cambiando la situación radicalmente —, no quiero encontrarme con sorpresas desagradables de mi padre otra vez, así que para prevenir quiero que tú leas el siguiente, por favor —Tigresa asintió y desenrolló totalmente el pergamino.

Día quince: tarde, fuertes ondas de viento, pequeños lapsos de lluvia… en fin, un día loco.

No podía ser un peor día para entregar treinta órdenes de fideos y cien panes de frijol. El viaje se complicaría pues estaba a dos días de llegada, debía detenerme en ciertos trayectos para dormir o reposar. Pero ante todo mi espíritu se encontraba inquebrantable, después de visitar a Mey el día anterior y tuve la dicha de experimentar trucos… mi energía estaba al límite, nada podría detenerme, ni siquiera la madre naturaleza que daba avisos muy contundentes y advertencias que nos indicaban que no volara.

—Hijo, mejor no vayas hoy, es peligroso —yo negué con la cabeza porque mi determinación era mucho más fuerte que todo.

—Te voy a demostrar que seré un gran cocinero y un excelente dueño —los ojos de mi padre se humedecieron por esa acción, me abrazó.

—Espero poder ver nietos con esa determinación y el amor por la cocina que tú tienes —yo asentí orgulloso de esas palabras que mi padre me dirigió y con la frente en alto emprendí el vuelo.

Se sacudió la nariz con un pañuelo, Tigresa lo miró con cara de incrédula por dicha reacción.

—Po no seas dramático —dijo cortándole el sentimiento casi teatralizado.

—Perdón —volvió a sonarse la nariz para volver a poner atención —, continúa.

Punto del atardecer: lluvia torrencial, rayos cayendo consecutivamente…

El clima empeoró más de lo que esperaba, tenía que encontrar algún Valle cercano, o en el último de los casos una cueva para refugiarme de esta lluvia que poco a poco me impedía alzar vuelo y me nublaba la visión. Afortunadamente me topé casi en medio del bosque con una casa, tras las ventanas se notaba que había luz; tenía una fachada sencilla hecha de pura roca y el techo de carrizos y troncos de bambú al igual que hojas y una pequeña chimenea por la que salía humo. Hizo un pequeño recorrido hacia mi olfato que me hipnotizó, olía delicioso. Así que decidí ir hasta la puerta y tocar, no tardaron mucho en abrirme: me sorprendió que se tratara de una pequeña pantera negra de no más de seis años, vestía un pantalón de seda blanco y una camisa de manga larga verde.

—¿Qué hay? —saludó amablemente.

—Hola, permíteme presentarme, me llamo Ping y volando por estos rumbos comenzó a llover y yo…

—¡Hermana hablan a la puerta! —cortó la presentación y se fue de ahí, después de él apareció frente a mí una tigresa.

Ambos se sorprendieron al leer esa línea, Tigresa se encontraba estupefacta por eso. Sus ojos se clavaron en un punto muerto, quedó estática.

—¿Tigresa? —pero nada, repitió su nombre diez veces y nada. Bajó a la cocina para preparar algo que la hiciera reaccionar. Que más que una sopa de fideos y una pequeña receta inventada por el que le llamaba "Tofú aliento de dragón"; que en simples palabras era tofú picante. Tomó un cubo y lo acercó a su nariz, el picante le irritó la nariz despertándola del trance, ella arrugó el entrecejo y golpeó la palma de Po haciendo que soltara el cubo.

—Te dije que no pongas esa aberración tuya que llamas con descaro tofú —dijo al mismo tiempo que se rascaba su nariz debido al intenso ardor que le había ocasionado.

—Perdóname pero no tuve otra opción —explicó extendiéndole la sopa de fideos para que la oliera y le quitara la esencia de picante —, pero te fuiste de esta dimensión, duraste unos momentos y esta fue la última alternativa que tuve para que reaccionaras.

—Bien —olió el vapor de la sopa haciendo que la irritación, la picazón y el ardor desapareciera —, dame una cuchara —dijo algo más seria, él se la dio y ella empezó a comer de la sopa —, continúa tú por favor —él asintió sintiéndose extraño por el cambio repentino de humor.

Noche: junto a la chimenea, unas tazas de té y una historia…

Era un té de manzanilla, sabía exquisito… yo llegaba a medir la pierna de ella, su nombre era Ackire, era muy raro, en la poca vida que tenía nunca había escuchado algo semejante, debía decir que era alguien bella, no estaba a la altura de Mey pero se defendía: vestía un shen-i naranja con detalles de flores amarillos. Nos sentamos sobre unas sillas que ella misma había hecho con fibra de palma, eran cómodas. La pequeña pantera era su hermano, otra cosa que me extrañó, cuyo nombre era Leay. La chimenea nos brindaba calor y tenía una olla colgando sobre una varilla metálica, como que cocinaba algo, y olía delicioso.

—¿Qué haces por estos lares Ping? —contando que tenía mi edad las formalidades podían salir sobrando.

—Yo soy habitante del Valle de la Paz —comencé a contarle mi historia —, mi padre y yo vivimos de un restaurante de fideos, él es el cocinero y dueño y yo soy solo su aprendiz y mesero.

—Qué interesante —mencionó dándole un sorbo a su té, yo continúe platicándole.

—Ese restaurante mi padre lo heredó de su padre que se lo ganó a un amigo en juego de Mahjong —ella río divertida por el dato —, entre la tradición familiar está en que el siguiente heredero debe tener el llamado sueño de los fideos, una vez que el hijo del dueño lo experimenta deberá cumplir su destino… pero hasta hace unos días ignoraba una cláusula que indicaba que ya tenido el sueño se debe poner a prueba siendo repartidor para calar si realmente está listo para serlo. Ya he repartido fideos en cinco valles aledaños a mi hogar y este al que tengo que llegar es el más lejano que me ha tocado.

—Vaya, ¿y a dónde te diriges? —preguntó aún más interesada, pero extrañamente algo fría en su forma de expresarse.

—Al Valle del Pom —otro rayo cayó con más fuerza que antes.

—Oye, ya que eres cocinero.

—Ayudante de cocina —rectifiqué rápidamente para que no me pusieran un título que no me correspondía aún.

—Bueno, ya que estás en contacto con la cocina —se acercó a la chimenea levantó la tapa de la olla —, ¿quisieras probar mi sopa y dar tu opinión?

—Seguro —por mí no había ningún problema y comer una sopa caliente era un lujo bajó el manto de ese clima. Sirvió dos platos, me extendió una cuchara. Di un sorbo y toda mi mente colapsó ante el mar de sabores que se desprendieron de aquel caldo, era la mejor sopa que jamás habría probado. Incluso era mejor que la de mi padre… —. Es estupenda, oficialmente me enamoré de esta sopa.

—Gracias, que bueno que te guste.

—¿Cuál es tu secreto?

—Eso no se dice, así la llamo, la sopa de ingrediente secreto —un nombre muy cínico, pero un producto muy bueno. Duramos toda la noche platicando y riendo, me terminé acabándome cinco platos.

—Bien, creo que ya deberíamos dormir, tu puedes quedarte aquí junto al fuego para que no tengas frío —me extendió una manta y se fue a otro cuarto.

En esa noche no pude dormir, pues su sala estaba repleta de objetos muy raros e interesantes: una medalla con el símbolo de la cola de un escorpión hasta libros en una lengua muy extraña que desconocía por completo. Un estandarte de colores y tres figuras unidas de color blanco; un triángulo abajo, encima unas líneas que se asemejaban a agua brotando y a los lados era igual.

Fue cuando escuche el ruido de algo rompiéndose, volteé a mi derecha y la ventana se encontraba rota, no lo pensé demasiado, era obvio quién había escapado, salí por ahí en su búsqueda.

Estaban estupefactos, la intriga era demasiada, nunca imaginaron que las crónicas de un simple repartidor podía tenerlos tan adentrados en su historia; dos puntos relevantes podían sacarse: el número uno era la existencia de más felinos aparte de leopardos y cabía la posibilidad de más tigres. Y número dos: las reliquias que describía el señor Ping eran de una tierra lejana, misteriosa y desconocida para ellos. Pero lo más revelador era que ella fue la que le enseñó la sopa de ingrediente secreto.

—No puede ser —decía Po inconscientemente —, tantas historias de kung fu que me sé de memoria y siempre ignoré las grandiosas aventuras de mi padre, incluso llegando a despreciar dicho oficio sin saber que tantas anécdotas puede encerrar un trabajo tan humilde.

—Yo tampoco puedo creer las historias que se pueden encerrar en una "simple" tarea —Po asintió con la cabeza —, voy a continuar yo si me permites —retiró el pergamino de sus patas y siguió la lectura.

Media noche: ¿una búsqueda o un rescate?, mi vista se nubló y mis plumas se empaparon impidiéndome seguir volando.

No concebía idea alguna del porque Leay huyó de su casa, lo que sí sabía es que debía encontrarlo, su hermana despertaría y se preocuparía por su ausencia y no sería para nada agradable que eso ocurriera. Llevaba mucho tiempo caminando sin rumbo aparente, esto debido a que mis alas no podían alzar vuelo debido a que mis plumas se habían empapado.

La pequeña luz de la luna que las nubes dejaban traspasar era mi guía en esa travesía. Me senté un momento sin importarme que pudiera haberme enfermado. Miré hacia el cielo, cerré los ojos y medité un momento, alguna de las enseñanzas de mi padre debía ayudarme en esos momentos.

Cuando un niño se siente triste siempre tratará de huir y encerrarse en sí mismo para lidiar con sus problemas emocionales.

Esa era la respuesta, me levante y miré al suelo inconscientemente, pequeñas huellas casi borrosas me indicaban el camino, las seguí hasta dar con una cueva.

Era grande incluso su oscuridad me infundía un temor indescriptible, pero en esos momentos era lo que menos debía sentir… respiré profundo y me adentré a la oscuridad corriendo el riesgo de que me topase con bandidos o en el peor de los casos con un abismo.

—¡Leay! —exclamé y el eco de la cueva se expandió, yo tenía mis alas extendidas tratando de encontrar algo que me ayudara a caminar no tan a ciegas —. ¿Estás ahí? —pero no recibía respuesta alguna —, ¡tu hermana está preocupada por ti!

—¡No es cierto! —rugió haciendo que mi corazón se detuviera durante diez segundos, unos ojos amarillos brillaron frente a mí.

—¿Por qué lo dices? —recobré la compostura.

—Ni siquiera es mi hermana —eso me extrañó.

—¿Enserio? —rodó sus ojos frustrado.

—¿No es obvio? —explicó algo enojado, yo nunca me lo hubiese imaginado.

—Ahora que lo dices tiene sentido —deduje al ver que él era una pantera negra y ella una tigresa.

—Sí, mucho sentido —su tono sardónico me hartó un poco.

—Entonces, ¿por qué vives con ella? —él se sentó al igual que yo, o eso suponía debido a que no veía nada más que sus brillantes ojos amarillos.

—Estoy con ella desde que tenía un año —contó algo triste —, según me explicó nosotros venimos dela tierra "donde el mar se hace espuma", dijo que nuestros padres llegaron aquí y se establecieron cómo agricultores.

—Comprendo.

—Pero después supe que yo no era un tigre si no esto, una pantera y que nunca tuvo padres, sólo una madre que tiempo después murió por una infección —lloró y eso me desgarró el alma, lo abracé fraternalmente —, yo fui adoptado y nunca me lo dijo —algo en ese punto se quedaría guardado para siempre en mi memoria.

—¿Y qué pretendías hacer? —cuestioné todo lo ocurrido hasta entonces.

—Huir y jamás regresar, porque no decir la verdad duele más que perder a tus padres o ser huérfano —esas palabras se clavaban y tenían más filo que una daga, su cabeza se cayó en mi hombro izquierdo.

—Yo creo que no lo hizo por maldad, debe haber una razón más fuerte —él me miró a los ojos una vez más.

—¿Eso crees? —preguntó con la voz quebrada.

—Sí, ahora debemos volver a tu casa para que arreglen las cosas tu hermana y tú —él asintió derrotado y salimos de ahí.

Una lágrima brotó de su ojo derecho, fue imposible evitarlo, era conmovedor, era casi inimaginable algo cómo ello.

—Ya no quiero seguir pero debo hacerlo —dijo sollozando, pero Tigresa seguía inflexible —, por favor no digas que no te da tristeza, si es así realmente no cambiaste nada desde Gongmen —pero lo único que recibió fue una fuerte bofetada que lo desconcertó, el pergamino cayó al suelo, fue cuando la vio otra vez que no podía creer que la líder radical de los Cinco Furiosos estaba llorando.

—No puedes juzgar a nadie sin antes entender el trasfondo del asunto Po —era un punto que lo hizo sentirse cómo un idiota, la abrazó y juntos reflexionaron sobre la historia, puesto que se sentían identificados con el pequeño Leay; pues ambos habían sido huérfanos y posteriormente adoptados por una especie distinta a la suya, solo que la diferencia es que ellos nunca quisieron huir y estaban conformes con su estilo de vida.

—Perdóname no quería que te sintieras mal —él levantó el pergamino el suelo.

Media noche: empapado, temblando y desconcertado… una historia desgarradora.

Ella no dejaba de llorar, se sentía culpable por el estado de Leay, yo no podía hacer otra cosa más que mirarla y escuchar lo que podía decir. Golpeaba la mesa con una fuerza descomunal, que casi podía romperla. Tragué grueso.

—Ya no puedo ocultar más el pasado, de alguna manera generó cicatrices que no podrán cerrarse o al menos no en un largo tiempo —con esas simples palabras mi mente me hizo hablar.

—Eso no lo sabes, al menos que lo platiques con él —ella negó con la cabeza.

—Tú no sabes todo lo que ocurrió.

—¿Qué?, que fue adoptado por tu madre, quien murió por una infección y que vienen de la tierra "donde el mar se hace espuma" —mencioné, ella volteó a verme.

—Es más que eso —yo arqueé una ceja muy sorprendido.

—Entonces es mejor que hables para que tú también estés en paz contigo mismo —ella miró al vacío y después se sentó frente a mí.

Ella contó que era de la tierra de Bali, que sus padres emigraron a China cuando ella tenía tan solo cinco años de edad, eran comerciantes de la ciudad de Gongmen. Que un día unos bárbaros arribaron al puerto dónde su padre recibía especias y productos. En una de esas traían esclavos para vender al emperador o a terratenientes que necesitaban gente que trabajara sus tierras. Una de ellas una pantera que cargaba a su hijo de no más de cuatro meses de nacido. Ella le contó a su padre que venían de esa tierra y que necesitaba que se llevara a su hijo para que no viviera cómo un esclavo, él así lo hizo pero la consecuencia fue de que los piratas lo persiguieron y lo asesinaron. Su madre y ella huyeron junto con la cría, volviéndose así su hermana y asentándose finalmente en medio de ese bosque, y qué cuando él creció ella le dijo que venían de ahí para que no sospechara ni se sintiera mal con la verdad. Tiempo después su madre murió víctima de la infección dejándola a ella sola con él.

—No lo puedo creer —fue lo que atiné a decir.

—Pues esa es la verdad, yo lo quiero cómo si fuera mi familia biológica, no sé, es un lazo que me ha atado a él y debo protegerlo de cualquier mal —le limpié las lágrimas.

—Si le comentas esto que me has comentado a mi seguro entenderá y su vida seguirá siendo la misma —ella me abrazó sorprendiéndome y yo le acaricié la cabeza haciéndola sentir mejor.

—¿Y cómo sobreviven? —ella se encontraba con su cara pegada a mi estómago.

—Yo escribo cuentos para niños y con lo que me dan comemos, es todo lo que hago —eso me pareció muy interesante.

—Bueno, es hora de dormir Ackire, yo debo madrugar —ella sonrió y me dio un beso en la mejilla, por alguna extraña razón tenía imán con las felinas.

Día once: al alba, un cuento y una despedida.

El tono verdoso del cielo junto a la humedad del suelo me hizo recuperar la energía perdida esa noche. Estaba listo para partir a mi destino, me estiré, me troné el cuello y tomé agua. Antes de irme le deseé lo mejor a Ackire y ella a mí.

—Espero te vaya bien Ping —me dijo un poco más feliz.

—Gracias, tú también espero que se resuelvan las cosas con tu hermano —la abracé, cosa que la hizo sonrojarse pues ahora yo le había dado la sorpresa. Ella me extendió dos pergaminos, uno rosa y uno blanco.

—El rosa es un cuento y el blanco es mi receta de sopa de ingrediente secreto —sonrió y mi felicidad no pudo describirse, asentí y alcé el vuelo.

—¡Espero poder regresar por estos lares! —dije finalmente despidiéndome.

En el caminó abrí el pergamino blanco, mis ansias no me permitieron esperar para poder descubrir el secreto de esa magnífica sopa… leí todo el pergamino, para al final encontrarme con la sorpresa.

No hay un ingrediente secreto, para hacer algo especial solo hay que creer que el especial.

Reí todo el camino muy feliz por esa enseñanza que llevaría toda mi vida.

Noche: baquetas, ritmo y fuego, una experiencia muy rara pero gratificante.

Después de la despedida de Ackire, el día en sí fue regular, nada fuera del otro mundo. Me detuve a descansar en dos valles y después continúe mi vuelo hasta dar finalmente con el Valle del Pom. La luna estaba llena, el color amarillento era simplemente bello. Recorrí todo el Valle y no encontré ni una sola alma.

Me alarmé por eso, miraba para todos lados, podía ser una trampa, no sabía de quién ni para qué, pero debía tener cuidado.

—Tú —dijo una voz grave detrás de mí.

—¡Ah! —grité arrojándole una roca en su cabeza, era un buey muy corpulento y alto.

—Oye, no te alarmes soy de aquí —eso me alivió un poco.

—¿Dónde están los demás habitantes? —interrogué demasiado desconfiado.

—En la punta de esa montaña —señaló, alcancé a percibir humo —, estamos celebrando la danza de la luna y necesitamos un percusionista porque uno de los nuestros se lastimó su brazo… ¿Eres de casualidad percusionista?

—¿Percu-qué? —él negó con la cabeza.

—No importa igual nos ayudarás —me tomó de la ala y corrió lo más rápido que pudo.

La gran fogata era impresionante, alrededor de ella danzaban seis féminas muy bellas: una lince, una conejita, una leopardo (ya era mucho que en cada uno de mis viajes tenía que toparme una o dos felinas), una gacela, una víbora y finalmente una cierva. A los alrededores se encontraban seis gorilas con unas extrañas ollas gigantes cubiertas con piel de pino y dos palos cada uno. Delante de ellos cuatro bueyes con dos troncos cubiertos de membrana de papiro. Entre ellos cinco conejos con panderetas y finalmente un ganso con una especie de mesa pero con tres hoyos en medio de los que le sobresalían tres pequeños gongs. Yo vi algo raro porque justo delante de él o con dirección frente a él había una mesa igual pero no había nadie.

—Tú tocarás la otra —indicó el buey yo lo miré temeroso.

—Pero yo no sé… —me extendió dos palos.

—No importa, sólo ejecuta con estas baquetas lo que sientas —tragué grueso y me coloqué frente a la mesa, lo curioso es que en mi posición no podía ver al otro ganso para basarme en sus movimientos porque el fuego era muy grande.

Primero comenzaron los gorilas a tocar, el sonido era algo parecido a un Pom-Pom… Pom-Pom… Pom-Pom…

Después los bueyes con algo parecido a un: tucu-ta-cutu-ca… tucu-ta-cutu-ca…tucu-ta-cutu-ca… Luego los conejos: tiqui-tiqui-tiqui-tiqui... taca-taca-taca-taca… Y por último yo en base a todo eso hice algo así: Pum-pam-pum-pam… tiki-tiki-tiki-tiki… tiki-tiki-pam… tiki-tiki-pum… Las bailarinas siguieron todo ese ritmo danzando alrededor del fuego en honor al luna… así toda la noche hasta el amanecer.

Después me pagaron las ordenes de fideos que no comieron en la noche por todo el ritual y después regresé al Valle.

Era una historia muy interesante, cómo había dado una vuelta de trescientos sesenta grados: de una tragedia hasta una experiencia asombrosa.

—Definitivamente hay que terminar los rollos —Tigresa asintió, tomó el azul y lo abrió.


Hasta aquí este capítulo... debo decir que me sentí muy feliz al incluir el imán hacia las felinas del señor Ping un leve guiño a otros fanfics en relación a Po, y sobretodo por primera vez escribir un fanfic de kung fu panda en el cual no hay alguna batalla de por medio ni escena de pelea.

Los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a seguir escribiendo: le mando un saludo a:

Raybus The Lotur Flower: gracias por ser la primera en darle una oportunidad a esta humilde historia, espero que te guste este capítulo.

Guest: tú eres uno de mis más ávidos lectores, espero que te guste este capítulo.

Copito: gracias por darte el tiempo de comentar y leer esta historia.

little tigress: que te digo que no te haya dicho ya, gracias por alentarme a no dejar ese espacio de escritura y por sacar a la luz esta loca idea, también por prestarte a participar cómo un personaje en este capítulo de todo corazón os lo agradezco, espero que te haya encantado el personaje.

Ahora sí, me despido... Su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL