Hola he regresado, es un tiempo récord actualizar seguido y me enorgullezco de ello, me siento muy feliz de que esta historia tenga aceptación, y aspiro a que más lectores llegaran... Pero ahora no tengo más que decir.

Sin más preámbulos comencemos...


Capítulo 3

Día dieciséis: Una radical decisión, mi espíritu engrandecido…

Mis entregas se hicieron en tiempo y forma, nadie podía negar que llegara a cumplir mi destino. Mi nombre ya era conocido en varios valles y todo el Valle de la Paz me apodaba "El repartidor sombra", porque desaparecía en un segundo y volvía en el menor tiempo posible. En fin esa fama me encantaba, porque era en base a lo que me llenaba de alegría y dicha.

Pero ese día algo inimaginable pasó, mi padre enfermó de una gripe muy fuerte que se curaba en una semana, todos los habitantes se preocuparon, pues para que la planta que lo curaría funcionara debía reposar en completa paz y sin estresarse. Lo que significaba que cerraría el local.

—Señor Keng, ¿no cree que cerrar su local en este tiempo será malo? —dijo uno de los tantos habitantes que iban a visitarlo, pero él negaba con la cabeza —. ¿No tiene a un suplente que se haga cargo del restaurante en este lapso?

Con esas palabras una idea brillante nació en mi mente, si heredaría el restaurante tenía que demostrar que era capaz de manejarlo.

—El señor Gung tiene razón padre —hablé haciendo que cinco vecinos que se encontraban alrededor de él voltearan a verme —. Yo puedo hacerme cargo si me das la oportunidad —mi padre se levantó de su cama al oír eso.

—Estás loco muchacho —eso me dolió en el alma —, apenas si puedes cortar y cocer vegetales, ¿y crees poder hacerte cargo de todo lo que implica cocinar, servir, atender y cobrar? —tragué grueso por esa cuestión.

Mentiría si dijera que no me intimidó, pero dejé a un lado todo ese temor y mirándolo a los ojos dije:

—Sí padre —sus ojos y pico se abrieron a más no poder, todos los vecinos me apoyaron y corearon mi nombre.

—Está bien —dijo no muy convencido —, pero esto no forma parte del reto, este es otro nuevo, el cual te puede sumar puntos. Pero trata de conseguir ayuda de alguien.

Me dirigí a todos para solicitar ayuda, pero ya no estaban, mi cabeza y fe decayeron, salí finalmente de ahí en la búsqueda de aquel que tenía destinado ayudarme en esta pesada labor de una semana. No tenía a nadie en mente, y el tiempo estaba reducido a unas horas.

Muchas dudas eran respondidas, y más se generaban conforme leían. El panda no dejaba de sorprenderse por la asombrosa vida de su padre y la determinación de sus acciones.

—Bárbaro —pronunció —, esa determinación de desobedecer y plantar tu decisión la heredé de él —Tigresa rio por esa deducción.

—Y lo triste es que lo que le pasó a su padre le pasó a él contigo referente a lo del kung fu —Po se rascó la nunca algo incómodo al recordar ese pasaje.

—Bueno, continuemos —y Tigresa le arrebató el pergamino.

—Ahora me toca a mí seguirlo —Po asintió.

—Adelante señorita —eso la sonrojó un poco.

Medio día: Versos de un loco…

La mejor forma para reflexionar era irme en medio del bosque, esperaba que los dioses o la madre naturaleza me dieran la respuesta a mi problema. Las corrientes de aire eran tranquilas, el cielo tenía unas cuantas nubes que hacían un recorrido normal, dando en ocasiones extensos espacios de sombra al igual que los árboles también podían.

Me senté sobre un tronco seco que siempre había estado ahí desde que tenía cinco años. Me troné el cuello, esa acción de volvió costumbre y me relajaba mucho el hacerla. Respiré con lentitud y cerré los ojos para entrar en estado de completa paz.

—¡No puedo creer que seas tan estúpido Jang! —alguien gritó derrumbando todo mi proceso anterior. Abrí los ojos para toparme a un lado mío a un lobo albino que cargaba veinte pergaminos en una mochila, todos de diferentes colores, yo arqueé una ceja por eso. Vestía una sheng keng negra con detalles de troncos de bambú plateados y un pantalón de seda rojo. Calculaba que tenía mi edad, o si no uno o dos años más que yo,

Uno de los tantos pergaminos cayó y rodó hacia mí, yo lo tomé pero en ese lapso se abrió revelando su contenido:

Musa sensual

Danzas alrededor del fuego de mi mente

Te diviertes cómo una niña con mis emociones,

Eres libre, fugaz y tu piel es el dulce que deseo probar

Pero me es imposible, pues te desvaneces en un abrir y cerrar de ojos.

Me impresioné por eso, un poema corto pero genial, nunca había tenido la oportunidad de leer uno tan corto que me gustara. Estaba por enrollarlo cuando me lo arrebataron de mis alas.

—No deberías leer cosas que no te incumben metiche —eso me hizo enojar; porque en primera el pergamino rodó hacia a mí y en segunda porque se abrió sin querer.

—Óyeme, no tienes derecho a catalogarme de una manera si ni siquiera me conoces —él negó con la cabeza.

—Si conozco, quieren robar mis escritos para venderlos y ganarse unas monedas —yo me sorprendí por eso —, pero esta vez no lo lograrán —sacó de su mochila un bastón que medía lo mismo que yo y apuntó haca mi dejándolo unos dos centímetros alejado de mi pico, retrocedí actuando con raciocinio, pero el caminó hacia adelante siguiéndome el paso.

—Espera, antes de que cometas una locura por algo que no es verdad —dije lo más sensato y tranquilo posible —, quiero decir que ese poema que leí es muy bueno, para ser corto es comparable a unos más largos —se detuvo al oír esas palabras.

—¿Lo dices enserio? —nunca imaginé que con esas simples palabras podía evitar un naciente conflicto, asentí afirmándolo. El bajó su bastó y lo guardó —. Perdona, es que en el camino que recorro suelo encontrarme con ese tipo de gente —me extendió su pata en señal de paz y yo mi ala sonriéndole. Nos sentamos una vez más.

—¿Por qué escribes esos versos? —pregunté con la curiosidad muy alta.

—Regularmente los hago para una hembra que vive de dónde yo vengo —eso me impresionó un poco.

—¿Se los regalas? —él asintió feliz —, ¿supongo que son pareja no? —él negó con la cabeza confundiéndome —, ¿entonces?

—No somos pareja, pero tenemos una relación que me da fuerza y energía para escribir estos versos —dijo mirando al cielo.

—¿Qué clase de relación? —interrogué, ahora comprendo lo preguntón y metiche que realmente era.

—A ella le gusta la poesía y que la plasmen en ella, yo soy un artista que goza del mundo —eso no me aclaraba nada —, yo le doy los pergaminos que quiera, los cuales escribo pensando en ella y hacemos el amor todo el tiempo que me quedó en el valle.

Yo no sabía que decir, era algo curioso, no tenía palabras para describirlo más que "loco".

—Después me voy de viaje largo y recorro numerosas ciudades y valles que me sirven de inspiración.

—¿Y cómo consigues dinero? —una pregunta muy tonta que en ese tiempo a mí me sonó razonable realizar.

—Los mismos versos me ayudan en ocasiones, la gente que realmente le gusta cómo escribo me da lo que quiera: a veces me dan veinte yuans, otras veces cien y en ocasiones cinco mil —mis ojos se expandieron a más no poder por esa mención; un simple pergamino con unas cuantas letras podía llegar a valer tanto: más que un alimento.

—No puedo creerlo —dije impresionado.

—No eres el primero —rio por eso —. ¿Te gustaría comprarme el pergamino? —eso me tomó por sorpresa —, no he comido en dos días y necesito algo en el estómago para seguir —fue en ese instante en que mi mente se iluminó otra vez, sonreí por ello.

—Te propongo algo mejor —él arqueó una ceja por ello.

—¿Qué?

—Trabajar una semana conmigo de mesero —él iba a decir algo pero no lo dejé hacerlo —, tengo un restaurante de fideos, yo tengo que suplir al cocinero y no hay quien me ayude para aligerar la carga. Te pagaré, te daré alimento y sobre todo hospedaje si decides ayudarme, estoy en dificultades y no sé a quién más recurrir —le extendí el ala una vez más.

—Hecho —tomó mi ala cerrando así el trato.

Po rio por ello y la emoción creció dentro de él para continuar con el relato.

—Wow, ¿qué suerte sería ser cómo ese lobo? —eso sacó a Tigresa de sí confundiéndola.

—¿Por qué? —y se sintió mal al pensar que Po pudiera tener ese tipo de deseos tan libidinosos y asquerosos a su criterio.

—Aunque ahí no lo diga, su hembra está enamorado de él y viceversa, y quisiera tener su don de escribir poesía para enamorar a alguien que me atrae —e inconscientemente le guiñó el ojo, ganándose otra cachetada de la felina, quién se intentaba refrescar con la brisa del viento que entraba por su venta, pues estaba muy acalorada con lo que él había dicho.

—¿Qué te ocurre?

—Olvídalo y continúa —se sobó la parte afectada y siguió.

Noche: el calor de la sopa, presión y una amistad.

Faltaba poco para que los clientes llegaran, Jang limpiaba y acomodaba las mesas y sillas. Yo estaba cara a cara quién en ese tiempo era mi enemigo: el cocedor. Saqué los vegetales de una tina que estaba cerca de ahí, los coloqué en una tabla. Tomé mis instrumentos y los dejé a un lado de los fideos.

El fuego se expandió por todo el cocedor, tragué grueso, la prueba llegó, y tenía que afrontarla… Inhalé profundamente y con una rapidez que nunca imaginé tener corté todos los vegetales.

—Ping, tres órdenes de fideos picantes y un plato grande de dumplings —indicó Jang, volteé para ver que tres clientes entraron, yo asentí.

Tomé la masa, la volteé y aplané varias veces, hice cómo cuarenta bolas y las coloqué en otra olla con agua. Los fideos metí en otra y las dos las metí al cocedor. Sudaba cómo ningún otro día, con el dorso de mi mano derecha me limpiaba la frente. Terminando todos los vegetales los vacié sobre la sopa para que se cocieran. Eché cinco especias.

Posicioné los platos, saqué los fideos y los puse en los platos; les vacié salsa y los revolví, metí la cuchara y encima una florecilla para darle un poco más de sabor. Luego saqué diez dumplings y los puse en otro plato finalizando esa orden.

—Listo —Jang llegó por ellos y los entregó.

Los tres clientes olieron la sopa, yo estaba temblando, pues un gran peso recaía en mí: la reputación del restaurante, mi habilidad culinaria y sobre todo el negocio ancestral. Uno de ellos probó, abrió los ojos muy impactado, su mandíbula se desencajó y su cuchará cayó de sus patas. Eso me aterró, miles de ideas hundieron mi mente, me sentí desfallecer. Pero luego sonrió y mis esperanzas crecieron.

—¡Está muy buena! —gritó sorprendiendo a todos y más a mí, Jang levantó su pulgar sonriéndome —, pero sabe muy diferente a las que hace tu padre Ping, ¿qué le echaste? —fue cuando mi mente recordó a Ackire y su sopa, sonreí una vez más.

—Esa sopa no la hace mi padre, esa es una receta mía —los tres se sorprendieron.

—¿Entonces?

—Es mi sopa de ingrediente secreto picante —Jang se asombró por esa explicación.

Esa noche se llenó cómo ningún otro día, revelándose finalmente todo mi potencial culinario, creando la fama de la sopa de ingrediente secreto. Jang a partir de ese día se hizo mi mejor amigo y consejero.

Ambos tenían la boca abierta por dicha historia, no articulaban palabra alguna, no tenían idea que opinar respecto a esa historia, así que Po sólo sonrió. Tomó el pergamino negro y lo abrió.


Espero que les haya gustado este capítulo, los invito a que dejen sus comentarios que me alientan a seguir escribiendo, también a que lean mis otras historias.

Sin más que agregar, se despide su amigo y escritor:

CARPINTERO IMPERIAL