Los personajes no me pertenecen.

Tú solo debes brillar.

Capítulo 2.

Sakura se miró por enésima vez en el espejo no muy convencida de su buen aspecto, hacía mucho tiempo que no pisaba el gimnasio, desde que era una adolescente a quien habían expulsado del equipo de animación por estar embarazada. Suspiró. Habían sido tiempos muy difíciles aquellos.

En los últimos días su mente estaba atestada de recuerdos y nostalgia.

El vestido que la madre de Tomoyo le había obsequiado estaba hecho de seda color verde esmeralda, haciendo que su piel se tornara más clara y que su cabello reluciera en relámpagos rojizos. Aun dudaba del amplio escote en su espalda, pero al menos la prenda le cubría hasta los tobillos. Sujetó la correa de sus zapatos y tambaleándose un poco se aproximó a la ventana.

Los listones rosas del vestido de Airis se ondeaban a través del pasto recién cercenado del jardín. Observar a su preciosa hija correteando sin preocupaciones por el lugar, le traía sentimientos agridulces. La noche estaba a punto de caer y en un instante su vista se vio cegada por el destello de los cientos de luces que adornaban la pista de baile.

No era la primera vez que su jardín se encontraba engalanado de una manera tan hermosa...

¡Corre Syaoran! —gritó ella, tirando la mano del chico a quien prácticamente había secuestrado de su habitación—. Llegaremos tarde.

Syaoran trastabilló mientras bajaban precipitadamente por los escalones, Sakura debía haberse vuelto loca.

No hagas tanto ruido —murmulló—, despertarás a tu abuela.

Y entonces sí estarían en serios problemas.

Sakura le lanzó una de sus encantadoras miradas traviesas e hizo que su corazón se acelerara un poco más. A medida que cruzaban a hurtadillas el jardín, la mano que la chica le sostenía se deslizaba lánguidamente por el sudor. No quería tener otra discusión con ella faltando tan pocos días para su partida. Iba a romperle el corazón a los dos cuando se lo anunciara.

Su pequeña novia frenó en el umbral de la destartalada cabaña donde solían encontrarse. Ahí donde sucedió su primer encuentro. Los escalones crujieron con su llegada y entraron a tientas en su pequeño refugio.

Deberíamos regresar —sugirió él, rompiendo el contacto entre los dos.

Aun en la oscuridad, Syaoran logró atisbar un destello de culpabilidad en los tiernos ojos de Sakura. Le encantaba admirar esa inocencia que coqueteaba en el rostro de la chica. Esa misma cualidad que jugaba con él y con todos los demás.

¿Sigues molesto conmigo? —preguntó con la voz quebrada.

Te lo advertí, Sakura —gruñó él, apretando los brazos cruzados sobre su pecho—. Te lo dije muchas veces, no tolero verte con Hiraguizawa. Y mucho menos encontrarlos encerrados en su habitación.

Sakura intentó acercarse y él dio un paso atrás.

Confié en ti. Te he dicho todo sobre mí —guardó silencio un momento, intentando tranquilizarse—, y no puedo tolerar que juegues conmigo de esta manera. Estás actuando como ella, ¿sabes?

Sakura abrió los ojos por la sorpresa, ¡no podía ser! Syaoran la estaba comparando con su madre.

Tú tampoco tienes derecho de hacerme esto —exclamó, cerrando los puños a sus costados—. Te conté acerca de mi madre porque es todo lo que la gente siempre cuenta sobre mí. Las mujeres me aíslan y me rechazan porque tienen miedo que yo sea la hija ilegítima de alguno de sus maridos, no me quieren junto a sus hijos porque podría ser su media hermana —secó una lagrima que resbaló por su mejilla—, y también sé que me desprecian porque cada día que pasa me parezco más y más a Nadeshiko.

Algo se rompió dentro de Syaoran con sus palabras. Él conocía mejor que nadie lo doloroso que resultaba un rechazo. Precisamente por eso se había apegado tanto a Sakura, la admiraba, realmente lo hacía. No podía creer que una chica tan frágil y entusiasta dominara esos malditos sentimientos negativos y sonreír como si nada. Para él era una cosa imposible.

Perdóname, no debí decir eso —dijo dolido—. No quise lastimarte de esa manera. Pero cuando se trata de ti, ni yo mismo me reconozco.

Tenía miedo. Miedo de perder a la única persona que hasta el momento podía considerar suya. Syaoran estaba consciente que eran apenas unos chiquillos jugando a ser algo más, pero todo ese disturbio de sentimientos que Sakura le generaba era único. Nadie en varios siglos podría compararse con ella. Nunca.

Lo arruiné, ¿cierto?

¿A qué te refieres? —susurró Sakura, intentando no llorar por la rabia que fluía dentro de ella. No odiaba a su madre por abandonarla; la mayoría de las veces no lo hacía y se esforzaba por demostrarle a la gente del pueblo que ella no sería la próxima en seguir sus pasos.

¿Acaso no me trajiste aquí para darme una sorpresa?

Syaoran habló como el chico tímido y educado que solo ella conocía. Sonrío mientras caminaba lentamente para encender las luces. Había pasado la mitad de la tarde limpiando y decorando la pequeña choza. Eriol ayudó preparando la comida para descargar un poco la pena que sentía por el malentendido, sin embargo eso es algo que jamás diría a Syaoran.

¿Te gusta?

Él conocía lugares realmente extraordinarios pero ninguno se le comparaba a aquel refugio en esos instantes. Sakura había llenado de luces las vigas del techo para darle un toque mágico a un sitio que espantaría a cualquiera, menos a él por supuesto. No con ella parada tímidamente en el centro esperando por él.

Debiste hablar conmigo sobre esto, podría haber ayudado —se acercó a ella y la envolvió con sus brazos.

Sakura se sonrojó y escondió la cabeza en el cuello del chico.

No quiero que sigamos enojados.

Syaoran suspiró. Ella era tan bonita. Aun luciendo el desgastado suéter rojo que ella llevaba a todos lados. Cuando le había le preguntado por qué siempre usaba aquella cosa tan fea, Sakura simplemente respondió que era su amuleto. Con mucho esfuerzo la separó de sí dándole un beso en la frente, quería decirle lo mucho que la apreciaba, que incluso podría jurar que ella era el amor de su vida pero Sakura acalló sus palabras con un suave beso de sus labios.

Era la primera vez que ambos disfrutaban de un beso apasionado. Incluso para Syaoran en su naciente carrera como actor no habían existido escenas de ese tipo. Se le escapó un jadeo y se sintió avergonzado. Sakura se aferraba temblorosamente a su cintura y cuando lo miró con sus tibias mejillas sonrojadas, la cordura dejó de existir en él.

El estruendoso sonido de un claxon sacó a Sakura de sus traicioneras memorias. Se le llenó la cara de rubor al encontrarse pensando en la primera vez que se había entregado a Syaoran. Dos chicos torpes que no sabían lo que hacían o al menos él lo había fingido muy bien, ya que al poco tiempo se enteró que Syaoran Li de inocente y torpe no tenía nada.

Bajó los escalones y con el ceño fruncido bajó al jardín.

—¡Mami el abuelo está aquí!

Todo rastro de amargura desapareció del rostro de la mujer. Airis sabía perfectamente que ese hombre no era su abuelo.

—Estás aquí —suspiró ella.

—No podría perderme el cumpleaños de mi pequeña hija —le consoló.

Sakura lo abrazó con afecto infinito en su corazón. De no haber sido por Fujitaka ella habría terminado en una casa hogar del gobierno mientras cumplía la mayoría de edad. Él fue un ángel en su vida desde el momento en que su abuela falleció. Todavía recordaba la tormentosa noche en que su padre adoptivo la recogió de la calle mientras ella intentaba regresar a casa desde el hospital con el dolor de haberse quedado oficialmente huérfana y a unos meses de convertirse en madre.

—No sé por qué insististe en hacer la fiesta en este lugar —dijo Fujitaka sosteniendo la mano de Sakura mientras comenzaban a caminar hacia las mesas—, yo podría haber ofrecido una recepción bastante buena en mi pequeña mansión.

Sakura se rió.

—Esa mansión de pequeña no tiene nada.

Él se enderezó las gafas trazando una sonrisa tímida. A pesar de ser el alcalde recién electo de Tomoeda su padre no era nada presuntuoso.

—¿Dónde van los regalos monstruo?

Sakura gruñó y perdió toda su feminidad al escuchar la voz de su hermano.

—¡Mi mamá no es ningún monstruo! —reclamó Airis.

Sakura estuvo orgullosa de su hija.

Touya torció su malvada sonrisa y atacó—: El bebé del monstruo defendiendo a su madre.

Airis gruñó molesta, intentando colgarse del cuello de su tío.

—Airis tampoco es ningún monstruo —reclamó Yui, corriendo detrás de Touya, a quien ayudaba a cargar los regalos.

Touya lanzó una mirada despectiva al pequeño mocoso con enormes gafas que siempre andaba tras su sobrina.

—Tú cállate, mocoso —mumuró—. Limítate a hacer tu trabajo, ¿no eres muy pequeño para aparcar los coches?

Yui ahogó un grito, sintiéndose insultado.

—¡Soy un invitado! Señora Sakura, haga algo por favor —se quejó.

Sakura dirigió una sonrisa malvada a su hermano, era imposible que un grandulón de mediana edad molestara de esa manera a un par de niños.

—No te preocupes, Yui. ¿Por qué no vas y esperas un momento por tu tía Nakuru? —Al escuchar ese nombre, Touya entrecerró los ojos y arrugó los labios en un gesto enojado—. En cuanto llegue la diriges junto a mi hermano, he reservado un lugar especial para ellos.

—No puedes hacerme esto —protestó Touya, su hermana sabía perfectamente que él se pasaba la vida huyendo de esa mujer.

—Claro que puedo —rebatió ella, apretando su agarre al brazo de su padre.

—Eres un monstruo —confirmó Touya encolerizado—. ¿Y qué haces con ese vestido? Ve a cambiarte.

Airis corrió en defensa de su madre.

—¡Pero tío, se ve hermosa!

—Tú también has algo con tu atuendo —le regañó a la pequeña. Sakura le había trenzado el cabello adornándolo con flores y como en pocas ocasiones llevaba sus gafas limpias. ¡Lucía adorable! Demasiado para gusto—. ¿Por qué no usas la máscara que te regalé en navidad?

Todos voltearon a mirarlo como si fuera un loco.

—¿Cómo voy a usarla? Es horrible.

Touya se sintió un poco insultado, se la había regalado con el objetivo que la usara los días en que aquel mocoso sobrino de Nakuro llegara a jugar con ella, le molestaba ver a ese niño cerca de su hermosa sobrina.

Fujitaka sonrió amablemente a la discusión de sus hijos.

—Deja de ser tan celoso, hijo —se detuvo a darle unas palmaditas en el hombro—. Esta es la noche de nuestras chicas, déjalas que se luzcan un poco.

Lleno de remilgos Touya aceptó dejar las cosas por la paz.

Sakura comenzó a recibir a sus invitados junto a Airis y Fujitaka no pudo estar más orgulloso de aquella joven. Si bien es cierto que él le había proporcionado un techo en tiempos difíciles, Sakura construyó su vida por sí sola.

Todavía no se le olvidaban los días que discutió con esa niña obstinada por la cantidad de horas que trabajaba y estudiaba para salir adelante con su bebé. ¡Y ni hablar de cuando se fue a la universidad sin su permiso! Sin embargo todos aquellos sacrificios tendrían su recompensa.

La cena transcurrió sin ningún inconveniente. Los niños disfrutaban de un espacio especial para ellos y por primera vez en mucho tiempo Sakura se sintió liberada de todas sus responsabilidades.

—¿Me concederías esta pieza?

Sakura tomó con cariño la mano del hombre a quien llamaba padre. Juntos se abrieron paso al centro de la pista y mecieron sus pies al suave ritmo de la melodía.

—Ha sido un evento bastante grato —aseguró Fujitaka—, y quisiera cerrarlo con broche de oro.

Sakura frunció el entrecejo mientras su padre sacaba un juego de llaves que cargaba en el bolsillo.

—Papá, sabes que no necesito nada más de lo que ya me has dado.

Fujitaka alzó una ceja.

—Eso es porque tú no te dejas consentir —miró a su alrededor. Ambos sabían que una vez terminada la fiesta los lujos que adornaban aquella propiedad desaparecerían—. Ustedes son mi familia Sakura. Mi nieta y tú merecen algo mejor que esto.

Sakura se tragó el nudo en su garganta. Hasta la fecha había dado lo mejor que podía a su hija con su trabajo y con su nuevo ascenso estaba segura que podría darle mucho más en el futuro. Sin embargo eso no alcanzaría para renovar todas las propiedades que un día pertenecieron a su familia.

Quizás había llegado la hora de dejarlo ir.

—Muchas gracias, papá.

Ella lo apretó en un fuerte abrazo y él sonrió, satisfecho.

—No serás mi vecina, pero te aseguro que vivirás bastante bien.


En otras noticias el famoso cantante Eriol Hiraguizawa hace oficial su ruptura con la modelo...

Syaoran apagó la televisión y arrojó el control remoto al otro extremo de la sala. Se incorporó y cerró la puerta del baño de golpe. Los años pasaban y él no dejaba de sentir aquel odio profundo por el infeliz de Hiraguizawa.

Dejó que los aguijones del agua fría perforaran su piel y eso solo era una pequeña muestra de lo que sentía su corazón cuando la recordaba a ella. Este día seguramente estaría festejando su cumpleaños en algún bar, rodeada de sus amiguitos. La última vez que supo algo sobre Sakura fue a través de los medios, quienes atraparon a Hiraguizawa escabulléndose con una misteriosa mujer en un controvertido club de Japón durante una de sus giras hacía siete años.

Syaoran supo de inmediato que la mujer de las fotografías era Sakura. Días más tarde el escándalo estalló cuando fueron vistos saliendo juntos del hotel donde el cantante se hospedaba. Y la furia no lo abandonaba desde entonces cada vez que la pensaba.

Se vistió rápidamente y se dispuso a salir de casa. Estaba pasando el rato en casa de su madre, llevaba tres días quedándose ahí y aun no tenía el infortunio de encontrarse con ella.

Tenía una cena con Susy en media hora. Se dispuso a conducir hacia el restaurante, para su suerte el tráfico estaba bastante fluido, si llegaba un minuto tarde, su prometida lo asesinaría. Pese a todos sus defectos Susy era una mujer bastante puntual.

Syaoran refunfuñó ante la insistencia de una llamada en su móvil. Se vio obligado a estacionarse un momento, hablar con Zhen, su agente, lo ponía de los nervios.

—Dime —espetó Syaoran—, tengo una cita con Sucy en menos de tres minutos.

El hombre soltó una carcajada en la línea. Sabía que con ese pretexto Syaoran lo instaba a ser breve.

—Pues mira, el equipo no ha quedado satisfecho con algunas escenas y están pensando en repetirlas... —anunció—, por lo tanto tendremos que trasladarnos por unos días fuera de la ciudad.

—¿De qué hablas? —Syaoran se alteró—. Terminamos de grabar hace tres semanas. Necesito un descanso. Lo hablé contigo.

Era verdad. Antes que su agenda se encontrara inundada de eventos promocionales, quería un tiempo para estar solo y tomar decisiones sobre su vida. Decisiones que también relacionaban a Susy.

—Lo sé, Syaoran —se disculpó—, te prometo que te haré un buen tiempo después. Pero para ello necesitamos acabar con esto.

Syaoran suspiró, dejando descansar su frente sobre el volante. No podía dejar que su reputación se viniera abajo, cuando se comprometía en un proyecto entregaba todo de sí hasta el final, y este no sería la excepción.

—Está bien, dame los detalles luego —acordó. No podía prever nada peor en su vida.


Hola gente hermosa! Aquí regreso con otro capítulo. Agradezco infinitamente sus review y follows, me encanta que tengan interés en mi historia. Cuídense, nos leemos pronto.