Los personajes no me pertenecen.

Tú solo debes brillar.

Capítulo 3.

Había sido un viaje bastante fastidioso. Primero el avión y después las interminables horas en la carretera. Syaoran sentía sus piernas entumecidas, lo único que deseaba era llegar al hotel y echarse a dormir lo que restaba del día.

Una fuerte sacudida en el interior de la camioneta lo hizo rebotar en el hombro de Zhen, su agente, quien viajaba a su lado e inmediatamente se sacó los descolocados audífonos de su cabeza y los dejó en el piso junto a su walkman.

¿Qué fue eso? —preguntó, posando su mano en el brazo de una de las miembros del staff que parecía nerviosa.

De seguro no fue nada —respondió Zhen, estirando su cuello por la ventana para verificar la situación en carretera.

Syaoran inspeccionó un momento a su agente, quien era varios años mayor que él, pero parecía más asustado que la mujer en el asiento delantero. Sonrió.

Oye no te preocupes, probablemente solo se trate de un neumático —especuló, deslizándose de su asiento hacia la puerta. Dio un salto afuera y avistó al conductor corroborando su versión de los hechos.

¡Oh, miren, solo es un neumático! —exclamó Zhen, a espaldas de Syaoran, secándose el sudor de preocupación en su frente—. No hay nada de qué asustarse.

Syaoran giró sobre su eje, escudriñando la amplia vegetación que los rodeaba. Tomoeda contaba con una de las reservas naturales más impresionantes del país por lo que se habían visto obligados a trasladar su locación a ese lugar para filmar los últimos capítulos de la serie que protagonizaba.

Pues si nos olvidamos de las bestias salvajes, sí, no hay nada de qué preocuparnos —bromeó Syaoran, guiñando un ojo a su agente.

Aquí no hay esa clase de bestias —tartamudeó el hombre, sosteniendo un enorme mapa de la zona en sus manos.

No las hay. Al menos no tan cerca —secundó Hikari, una de las maquillistas, corriendo hacia ellos.

Debido al incidente ocurrido a su automóvil, el resto del equipo se vio obligado a detener su caravana hacia el pueblo.

Es más, estamos bastante cerca del famoso sitio donde tu personaje morirá, Syaoran —aseguró emocionada la mujer.

¿Hablas en serio?

Sí, como a unos quince minutos —confirmó ella.

¡Genial! Quiero ir.

Syaoran comenzó a correr por delante de la camioneta y Zhen gritaba para detenerlo como si fuera un loco. Ese mocoso impertinente y sarcástico no podía pasearse con tanta despreocupación en un territorio completamente desconocido. Por la misma razón prefería hacerse cargo de actores maduros que ya hubieran superado los indómitos impulsos de la adolescencia, pero Syaoran había sido una excepción, un favor que no pudo negarle a su vieja amiga Qiang.

Después de lo que pareció una eternidad, encontraron el viejo complejo familiar Kinomoto. Syaoran se detuvo a observar el descolorido letrero y echó un vistazo a los alrededores, asumiendo que el lugar estaba desierto. Debido a que el drama ameritaba contar con refugios abandonados en medio del bosque, aquel lugar parecía perfecto. Pensó que con un presupuesto adecuado aquella propiedad lograría convertirse de nuevo en un confortable sitio vacacional.

Creo que deberíamos volver cuanto antes a la camioneta —sugirió Zhen en un jadeo, apoyando sus manos sobre sus rodillas.

Unas desordenadas pinceladas grises comenzaban a arremolinarse en el majestuoso cielo de Tomoeda.

Tú puedes descansar un rato si quieres —murmuró Syaoran, huyendo apresurado de la vista de Zhen.

Aunque sabía que se encontraba en ese lugar por trabajo, se sentía muy emocionado de poder salir de la ciudad. Nunca había ido de vacaciones con su familia e incluso en raras ocasiones se reunían en la mesa para cenar en días festivos. Hasta esa fecha había llevado una vida bastante solitaria; la misma vida que le había hecho descubrir su pasión por la actuación, solo encajonándose en ese mundo podría vivir y conocer más de lo que alguna vez imaginó.

Recorrió las orillas del lago turquesa dejando que la brisa fría alborotara su cabello, el liviano oleaje del agua empapó sus zapatos y decidió que aquel lugar era perfecto para morir. Dentro de la ficción, por supuesto.

A medida que caminaba, la vegetación iba haciéndose más espesa y se sintió un poco culpable por abandonar al desfallecido Zhen y al resto del grupo por su tonto impulso infantil. Estuvo a punto de girarse para regresar cuando se descubrió atraído por el melodioso sonido de una risa femenina.

Se escondió detrás de un árbol para husmear un poco. Había una chica salpicándole agua a un perro que le ladraba desde la orilla del lago, al parecer su amigo canino no disfrutaba del baño de burbujas que ambos compartían.

Syaoran esbozó una pequeña sonrisa ante la imagen de una niña disfrutando de un acto tan simple de semejante manera. Por un momento se sintió hechizado por los suaves rizos castaños que se le pegaban al rostro, enmarcando sus extraordinarios ojos verdes. Sabía que eran de un color único. Ya que hasta ese día, solo había sido capaz de admirar unos iguales en su querida amiga Qiang.

¡Kero, no! ¿Qué haces?

Syaoran despertó de su ensoñación con el grito de la chica, que ahora corría a toda prisa hacia él. Intentó retroceder apenado, no quería que ella lo confundiera con un acosador. Sin embargo, antes de poder hacer cualquier movimiento, el perro ya se le había lanzado encima, tirándolo al suelo.

¡Oh, no! ¡Suéltalo Kerberos!

El chico logró ponerse de pie, una vez que el animal cedió a los regaños de su dueña.

¿Estás bien? —interrogó ella de manera apresurada, tocándolo por todos lados en busca de lesiones—. Dime dónde te duele, iré por el kit de primeros auxilios a mi casa. Por favor no te preocupes, solo espera. Volveré en un minuto.

No es necesario, estoy bien.

Syaoran la sostuvo del brazo, haciendo que ella alzara la cabeza para mirarlo.

Pasaron unos segundos antes que ella reaccionara y algo en el interior de él imploró para que la chica lo reconociera. Sabía que su fama no era tan extensa en ese momento, su mayor logro era la serie televisiva que estaban produciendo. Así que fuera de unas cuantas obras de teatro y un par de comerciales todavía no contaba con un currículo sustentable. Aunque esperaba que fuera suficiente para hacer relucir aquellos ojos esmeralda que le encantaban.

Tú eres... eres...

Syaoran Li —completó él, hinchando el pecho de orgullo. ¡Así que ella lo reconocía!

Observó cómo poco a poco el rubor fue apoderándose del rostro de su acompañante. El inútil perro no paraba de ladrar, pero eso no impidió que sus ojos se deslizaran por el vestido húmedo de la chica, dejándole ver su ropa interior. Era hermosa. Toda ella era una armonía completa, su voz, su cuerpo y su cálida preocupación por él.

¿Puedo saber quién eres?

Le desvió la mirada.

Soy Sakura —murmuró bajito.

El perro se presentó a sí mismo gruñendo. Syaoran le lanzó una mirada despectiva, tenía el presentimiento que ese estúpido animal le causaría varios problemas.

Perdona a Kero —rogó ella—, él es amigable. Pero no está acostumbrado a los extraños. Tuvimos un incidente hace unos días y aun se comporta a la defensiva.

Fue difícil para Syaoran prestarle atención a sus palabras, tenía un revoltijo de ideas y sentimientos incendiando su ser.

Estoy bien, no te preocupes —aseguró.

¡Syaoran, tenemos que irnos! ¡Apresúrate, se hace tarde!

El chico gruñó decepcionado ante el alarido de Zhen, pero debía pensar en el resto del equipo. Además no deseaba tener amonestaciones por su irresponsabilidad en el trabajo. Cada minuto de su tiempo era valioso.

Entonces, nos vemos luego, Sakura.

El nombre fue tan dulce como el almíbar disipándose en su boca. Syaoran observó sobre su hombro mientras corría la enérgica forma en que la chica ondeaba su brazo despidiéndolo con un tímido rubor en sus mejillas.

Encontró la camioneta estacionada con las puertas abiertas fuera de la propiedad, subió de un brinco y se hundió en su asiento.

¿La viste? —le preguntó a Zhen, una vez éste se acomodó a su lado.

A la sucia chiquilla con la que hablabas —espetó él—. Por supuesto que la vi, ¿quién en el mundo usaría esos harapos?

Syaoran gruñó en respuesta, ella iba vestida como una traviesa hada del bosque encantado. Al cabo de unos minutos se encontraba acomodándose en su habitación dentro del hotel, la cual era bastante modesta pero era suficiente para descansar. Se tomó su tiempo para darse una ducha y justo cuando se disponía a dormir, alguien tocó su puerta.

No tengo hambre —respondió.

Anda, no puedes hacernos esto —insistió Zhen—, los chicos quieren dar una vuelta por los alrededores para cenar todos juntos, en los próximos días estaremos demasiado ocupados para hacerlo.

Syaoran bufó. Rechazarlos sería un gesto descortés de su parte y era muy importante para él hacerse de una buena opinión entre sus compañeros de trabajo. Se vistió rápidamente y bajó al pequeño lobby donde la mayoría ya estaban reunidos.

Durante su recorrido por el pueblo su coestrella Akiko se le colgó del brazo. Era una chica amable y bastante buena en las artes marciales, sus múltiples habilidades lo hacían admirarla mucho. Habían construido una buena relación durante el último año, Syaoran esperaba tener la oportunidad de trabajar con ella en el futuro.

Los miembros del staff disfrutaron de las alegres calles de Tomoeda, era impresionante la variedad de comida y todo tipo de artículos que encontraron en su recorrido por el mercado, incluso Syaoran se animó a comprarle un par de recuerdos a Qiang y Susy, para cuando decidieron donde cenar, a él le dolían los pies y comenzó a leer ansioso el menú.

Los pocos comensales que poblaban el pequeño restaurante no dejaban de mirarlos. Habían tenido que unir la mayoría de mesas en el local para poder acomodarlos y eso hacía sentir un poco cohibido a Syaoran.

Cambia esa cara hombre —le animó Zhen, quien había reemplazado su traje formal por unos jeans y una deportiva roja, se veía mucho más joven y Hikari no le quitaba la mirada de encima. Syaoran se sintió feliz de que les hubieran asignado habitaciones separadas—, un día serás tan famoso que tendrás que disfrazarte para salir a la calle y tener un poco de paz.

Syaoran no respondió. Miró a través de la ventana la tormenta que comenzaba a caer, algunas personas corrían apresurándose a sus casas y otras optaban por entrar al restaurante y pedir una taza de café mientras la tormenta cesaba.

Creyó estar alucinando por el agotamiento cuando la chica del lago atravesó el umbral, deslizándose la chamarra empapada de los hombros. Ella recorrió con la mirada el local en busca de una mesa, Syaoran notó que algunos fruncieron el ceño cuando ella pasó a su lado y como lentamente la chica caminó a refugiarse en la butaca del fondo.

Un hombre enorme y calvo se acercó a la mesa a darles la bienvenida, ofreciendo un pequeño discurso de lo honrado que estaba de poder contar con su compañía esa noche. El equipo agradeció al dueño del restaurante por su admiración y comenzó a tomar las órdenes.

Dime una cosa —dijo Syaoran, bajando la voz—. ¿Conoces a esa chica?

El dueño del restaurante se asombró ante la confianza con la que Syaoran le hablaba. Miró a la dirección que él señaló y asintió con la cabeza.

Sí, claro. Es la pequeña Sakura —respondió, frunciendo el ceño—. No me digas que ya te hablaron sobre ella. Llevas muy poco tiempo aquí y puedo asegurarte que son solo rumores, es una buena chica.

¿De qué hablas? —preguntó Syaoran, confundido. Todos en la mesa clavaron su mirada sobre él, seguramente preguntándose porqué tardaba tanto con su orden—. La conocí por casualidad. Mira solo quiero que le envíes de mi parte algo que a ella le guste y dile que no estoy enojado.

Con un guiño de complicidad el hombre asintió.

Syaoran apenas consiguió engullir su comida. Lo único que quería era ir y hablar con la chica, pero sería mal visto por los demás. Después de comentar experiencias graciosas ocurridas en la filmación y especular sobre el nivel de audiencia que tendrían los últimos episodios que emitirían, las personas se fueron retirando en pequeños grupos. Fue ahí donde él encontró su oportunidad.

Enseguida regreso, voy al baño —se disculpó.

Sin embargo corrió en dirección contraria y observó con alegría que Sakura había aceptado la comida que envió para ella.

Pareces un poco angustiada —le interrumpió Syaoran.

Sakura se sobresaltó, arrugando un poco la página de su libreta.

Yo, no soy muy buena en matemáticas, ¿sabes? —murmuró, cubriendo los garabatos que había hecho con las manos.

¿Me permites ayudarte un poco?

Sakura asintió con la cabeza, sin mirarla uno de sus actores favoritos le quitó la libreta de las manos.

Veo que tienes bastantes dificultades —sonrió él—, pero nada que no pueda resolver.

Syaoran deslizó su mano sobre la mesa y educadamente liberó el lápiz del apretado agarre de Sakura. Ser actor le había enseñado a dominar sus expresiones faciales pero su corazón golpeteaba como un loco en su pecho. Nunca en su vida se había sentido tan nervioso por una chica.

Sakura esperó silenciosamente a que Syaoran terminara de escribir, para alguien quien seguramente tuvo la mejor educación del mundo, las matemáticas no representarían ningún problema. Ni en el más fantasioso de sus sueños se imaginó que Syaoran Li siendo famoso y rico, tendría una personalidad tan sencilla.

Debes divertirte mucho en la escuela —dijo Syaoran, mirándola curioso.

A veces —susurró ella, no siempre era divertido—. ¿Tú no?

Yo estudié toda mi vida en casa —reveló él.

Sakura se quedó con la boca abierta. Sus mejillas se sonrojaron todavía más.

Oh, ya veo —carraspeó—. Gracias por la comida. Debí ser yo quien te invitara a cenar para disculparme. En verdad lo siento mucho.

Syaoran suspiró al notar que su arrepentimiento era sincero. Encontrarse con ella era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo.

Todavía puedes hacerlo —guiñó—, estaré largo rato por aquí.

Ella bajó la mirada, apretándose las manos en su regazo. Y se sintió desnuda al recordar que no llevaba puesto su amuleto. No creyó que Syaoran representara una amenaza para ella. Es más, ni siquiera le contaría a su abuela lo sucedido, no quería preocuparla.

Por su parte Syaoran pensó que jamás permitiría que una chica le invitara la cena, lo único que buscaba era una excusa para ver a la encantadora Sakura otra vez.

Syaoran despertó sobresaltado, notando su cuerpo cubierto de sudor. Susy dormía plácidamente a su lado, abrazando una almohada. Para él no era ningún consuelo dormir con aquella mujer a quien nunca le había importado ni el mínimo detalle de su vida.

Su madre había educado a Susy para ser una réplica de lo que ella misma era. Un bonito adorno sin sentimientos que se pasaba la vida colgada del brazo de su marido para proteger su fortuna de las oportunistas.

Hundió su cabeza en la almohada, adolorido. Llevaba años intentando olvidar a esa persona. Incluso el nombre de ella sabía amargo en su boca. Le atribuyó la culpa al estrés que le generó saber que unos días tendría que regresar al sitio donde se había enamorado, el hogar de la mujer que le rompió el corazón.


Sakura cerró la puerta de su automóvil con la cadera, haciendo malabares para no tirar la caja que llevaba en las manos. Airis corrió hacia la puerta de la casa, tratando de adivinar cuál era la llave correcta. Una vez lo consiguió, madre e hija se quedaron con la boca abierta admirando su nuevo hogar.

El reluciente piso de madera que las conduciría a una sala de estar moderna y completamente equipada además de una cocina que Sakura jamás imaginó tener, les había encantado. Ambas con pequeñas lágrimas en los ojos se miraron, atónitas. Soltaron un agudo grito de emoción al unísono y se apretaron emocionadas en un abrazo.

—Te dije que no es lo mejor, pero vivirás bien.

Sakura se sobresaltó al escuchar a su padre, sonriendo a sus espaldas.

—¡Oh, papá! —exclamó arrojándose a sus brazos.

Airis corrió dentro de la casa, ansiosa por escoger su habitación. Sakura la observó subir las escaleras, conmovida por la alegría en el rostro de su hija.

—¿Por qué no nos dejamos de lloriqueos y procedemos a lo que realmente vine? —se burló Touya.

Sakura se rió, siguiendo a su hermano.

—Está bien, puedes pedir toda la pizza que quieras.

—¿Ya oíste pequeña monstruo? —gritó, saludando a su sobrina—. sobrevivirás a tu primer día en esta casa. Tu tío ha venido a salvarte de la horripilante comida de tu madre.

—Ya no molestes a mi mamá —respondió la niña, dando zancadas a hacia la cocina.

Sakura estaba convencida que nada ni nadie podría arruinar su nueva y perfecta vida.


Hola otra vez amigos! Estoy muy contenta de estar con ustedes en un capítulo más. Les agradezco mucho sus mensajitos diciéndome que les va gustando la historia. Me siento muy contenta de leerles. Les mando un fuerte abrazo. Que estén bien. Nos vemos en la próxima :D