Han pasado aproximadamente dos semana desde que recibí aquella carta en mi casillero, esa broma de tan mal gusto. Estuve hundida en mis propios pensamientos sobre quién sería esa persona tan cruel como para gastarme semejante inocentada, de momento solo tenía una prueba, un nombre.

Kruger

Susurre a mis adentros, seguramente sería la quinta vez que lo hacia en esas escasas horas. Durante todos estos días no solo había intentado buscar al responsable para hacerle hablar, puesto que sus palabras no hicieron otra cosa más que ponerme nerviosa, temiendo que mi máscara fuera nuevamente destrozada por otra persona que sin saber como, había descubierto lo más preciado para mi.

Por desgracia, esa labor tuve que dejarla de lado, siendo eclipsada por la tarea de preparar la graduación de mi generación, los cuales pasaríamos a la universidad el próximo año, dando por finalizado el bachiller.

Después de la última clase, me dispuse a andar hasta el consejo, donde de nuevo tendríamos una reunión sobre los preparativos que había que llevar a cabo, los cuales están acabados en su gran mayoría.

-¡Bubuzuke, llegas tarde!- saludó como solo ella sabía hacer, la aún presidenta del comité disciplinario.

-Buenas tardes, Haruka-san.- caminé dignamente a mi escritorio, omitiendo totalmente los gritos e improperios que aún me lanzaba.

-¡No solo me superas en las calificaciones, haciéndome ser la segunda, si no que también te retrasas!- pronunció con una notoria envidia.

-Ara, uno de los maestros me pidió ayuda para llevar unas fotocopias hasta la sala de profesores.- con total tranquilidad, empecé a servirte el té que ya me habían preparado mis discípulos. -Pensé que no tendrías ningún problema en llevar el control de la reunión, Haruka-san.- sorbí con la misma parsimonia. -¿Me equivoco?-

El semblante enojado de la rubia cambió a uno totalmente brillante, apoyando su mano echa un puño en su pecho en un gesto de orgullo.

Había vuelto a caer en mis juegos, como siempre.

-¡Por supuesto que no! ¡Lo tenía todo controlado, además, casi habíamos acabado la reunión gracias a mi autoridad! ¿Verdad, Yukino?- buscó respaldo en su amiga, quién con un movimiento de cabeza asintió, no atreviéndose a abrir la boca en mi presencia, como era costumbre.

Volví a beber de mi exquisita bebida, casi llegando al fondo de esta.

La reunión no duró mucho más para mi satisfacción, simplemente di algunas instrucciones y firmé algunos documentos, finalizando por fin los preparativos de la ceremonia.

Cada se fueron de la sala, dejándome completamente sola, acompañada nada más que de mi té y de mi ordenador, el cual en realidad era propiedad del centro. Así estuve por casi una hora, aligerando trabajo que no quería imponerle a Kikukawa-san cuando ascendiera a mi cargo, queriendo de esta forma, que su miedo hacia mi fuera disminuyendo.

Aunque muy en el fondo sabía que eso nunca iba a cambiar, el odio que me tenía por lo fría que fui con ella y Haruka-san siempre quedará grabado en las mentes de ambas, lo que ella no sabe, es que yo no solo cargo con eso, si no con muchas otras muertes y destrucciones que para mi suerte, no han sido rebeladas, solo una joven de cabello cobalto y yo sabemos de ellas.

La puerta corredera se abrió, dejándose ver a la mujer que recorría mis pensamientos, como tantas veces había hecho. Por un momento quedé atónita viéndola, seguramente se dio cuenta de la intensidad de mi mirada, puesto que alejó sus ojos de mi figura, ignorándome por completo, hasta que por fin me habló.

-Déjame tu ordenador.- pronunció con total sequedad, omitiendo completamente mi nombre en la frase, aunque bien sabía que se refería a mi.

-Ara, Natsuki, que inesperada visita.- intenté mostrar tranquilidad, pero solo conseguí que el desconcierto se apoderase de mis palabras.

-Déjame tu ordenador.- repitió de nuevo, casi como una amenaza.

-¿Para qué lo necesitas, Natsuki?- mis manos empezaban a temblar, tanto de impotencia como de coraje por su ya común indiferencia, pero la ojiverde no pareció darse cuenta.

-No es de tu incumbencia.- silabeó como dagas hacia mi persona. -Si no me lo ibas a dejar desde un principio, podrías haberme ahorrado tiempo.- intentó darse media vuelta para irse, pero mis palabras la detuvieron.

-Aquí lo tienes.- resignada, me levanté de mi silla para darle a entender que se sentara ahí.

No compartimos ninguna palabra más, simplemente me quedé en la ventana observándola fugazmente, intentando no molestarla o incomodarla por mis acciones, pero bien como ella comprendía, no podía dejarla como si nada en la sala del consejo estudiantil con aquel material del centro.

Esto irremediablemente me traía recuerdos. Desde un principio mis planes no eran convertirme en la presidenta del consejo estudiantil, no buscaba poder ni popularidad, era algo que sin quererlo ya lo tenía en el centro. Natsuki en una ocasión me pidió acceder a información de la academia, pensando que en mi cargo de delegada de la clase, podría obtener ese tipo de documentación para ella, para su desgracia no fue así, ya que mi cargo en ese momento era demasiado bajo para algo tan bien guardado. Así fue como por mi propia voluntad y mis sentimientos de hacer feliz a Natsuki, me inscribí como candidata a presidenta del consejo estudiantil en las votaciones, saliendo ganadora por una victoria casi perfecta, derrotando a Haruka Suzushiro, quien desde entonces, se proclama como mi rival.

En esos días compartimos muchos momentos entre estas cuatro paredes. A menudo se escaqueaba de sus clases, viniendo aquí cuando sabía que estaría en vez de esconderse por los frondosos bosques que rodean la institución. En otras ocasiones, me la encontraba sola en la sala con el ordenador, buscando información de temas que pocas veces me contaba, incluso una vez, me la encontré dormida en el escritorio.

Suspiré con nostalgia, en unos días todo eso no quedaría más que en lo que era, un mísero recuerdo, para convertirse en un anhelo de lo viví y bien sabía, no se podría volver a repetir.

No solo por la distancia que notablemente, Natsuki había creado entre nosotras, si no también por la despedida de aquel centro para dar inicio a la entrada de lo que sería una vida adulta.

Para información de curiosos, ya había echado la inscripción a las carreras que había elegido, puesto que las notas y los trámites habían finalizado hacía una semana. Mi primera opción fue derecho, cosa que a muchos les sorprendió, pensando que echaría a lo que más prestigio pudiera darme, cuando en verdad, solo quería estudiar lo que quería. Con el apoyo de mis padres, me quedaré en Fuuka si consiguiera entrar a la universidad de esta localidad, dejando de lado la primera opción de mis progenitores, que era volver a Kyoto y continuar allí con mis estudios.

Seguramente la mejor elección hubiera sido irme lejos de aquí y volver a comenzar con mi vida, lejos de recuerdos y pecados. Pero mi persona aún estaba ligada a esta isla, ya que si la estrella roja volviera a renacer, tendría que estar presente para finalizar el destino de las Himes de nuevo, lo cual deseaba con todas mis fuerzas, no se volviera a repetir.

Un sonoro golpe en la mesa se escuchó acompañado de otro por el portátil, el cual había sido cerrado con demasiada brusquedad.

-¡Maldita sea!- masculló una enfadada peliazul.

-Natsuki, ¿estás bien?- me preocupé por su repentino ataque de ira.

-Déjame en paz, Shizuru.- casi me gritó mientras salía apresurada del aula, echando odio por cada pisada, dejándome totalmente incómoda y herida por sus palabras.

En esta ocasión parecía más distante y molesta por mi presencia, pero como era ya costumbre, no me dio ninguna explicación por su comportamiento, ni hoy ni los días siguientes.

¿Qué buscaba en la computadora como para que la pusiera así?


Faltaba solo un día para la fiesta de graduación, la cual estaba planificada para empezar en el centro, con el reparto de los diplomas para finalizarla en un local que por votación, fue elegido.

Respiré hondo, queriendo marcar con fuego en mis recuerdos el olor de las flores que rodeaban la institución, pasé por las aulas, rozando con mis delicadas manos los pupitres de roble, intentando que esa sensación permaneciera en mis sentidos por el máximo tiempo posible. Mi último día en el Fuuka Gakuen estuvo lleno de tristeza y nostalgia, después de todo había pasado muchos años en estas instalaciones.

Durante toda la mañana gran cantidad de alumnos menores me obsequiaron pequeños detalles, bien como flores o dulces como despedida, aunque parte de ellos los volvería a ver en la graduación como invitados, aún así, los sentimientos apesadumbrados que me mostraron, me hicieron sentir que había aportado algo importante como presidenta del consejo estudiantil, lo cual hizo más difícil mi partida.

Con las manos llenas de regalos, me dirigí a mi casillero, queriendo depositar algunos allí para llevarlos más tarde a mi habitación. Claramente ninguno era de la persona de la que realmente quería alguna despedida, pero no me abatí, sabiendo que esto sucedería desde el principio.

No se pueden romper las esperanzas cuando no se tienen.

Encima de mi calzado, una gran cantidad de cartas se dejaron ver, apenada por no poder dejar ninguno de los obsequios en ese pequeño espacio, las recogí para alejarme a algún lugar donde mi séquito de fans no pudiera encontrarme y empezar a leerlas, intentando de esta forma quitar cosas que tener que llevarme a mi departamento.

En su gran mayoría eran cartas de despedida, halagándome como presidenta del consejo estudiantil, otras recalcaban que querían ser como yo, refinadas, inteligentes y confiables. Sonreí ante aquello, sin duda mi máscara siempre hizo un buen trabajo.

Cuando ya pensé haber terminado de ojearlas todas, una con un sobre que reconocí se asomó entre ellas, la cual abrí rápidamente, sacando de este un papel azulado para a continuación, leerla:

Ya ha llegado el momento, disfrutemos de tu graduación, iré a darte el regalo que te prometí como obsequio por tu entrada a la universidad.

Atte: Kruger

Otra vez, esa persona que aún no se había mostrado a mi se volvía a aparecer, pero en esta ocasión, no eran solo palabras sin sentido o frases profundas, era una solicitud a vernos.

En la fiesta de despedida iba a aparecer quién parecía ser mi seguidor secreto con lo que él llama "mi mayor anhelo".

Durante esa noche no pude conciliar el sueño, sumergiéndome en un mar de pensamientos, debatiéndome sobre si ir o no, después de todo no sabía quién podría ser esa persona que por lo que decía en sus cartas, parecía conocerme ya, llegando a saber incluso de mis más oscuros sentimientos.

El amor es un sentimiento agradable, te ahoga en un abismo para darte cuenta al final, que nunca podrás salir de él, excepto si es por la persona que amas.

Repetí en mi cabeza, eran las palabras que me dirigió en la primera carta, las cuales sin querer, me causaron un agradable calor en mi interior, como si por primera vez, me sintiera entendida y no repudiada por mis sentimientos.


Todo estaba preparado, una gran cantidad de sillas repartidas en orden simétrico justo delante del escenario, al fondo, unas mesas decoradas cuidadosamente por la familia Suzushiro con los mejores aperitivos para los invitados, los cuales se trataban tanto de familiares como de alumnos, todos eran bienvenidos para esta ocasión.

En un principio, los profesores hicieron su aparición entre lágrimas y palabras agradables, dándonos ánimos para continuar con nuestros estudios y llegar a ser la esperanza del país, convirtiéndonos en la próxima generación que haría más grande a Japón. No tardaron los aplausos, los cuales se hicieron más notorios en cuanto me levanté de mi respectivo asiento para avanzar hasta el escenario, donde los tutores que anteriormente habían hablado, me dejaban espacio al lado del micrófono, haciéndome un gesto para que prosiguiera hasta él.

Les dirigí una sonrisa amable, totalmente caracterizada conmigo, para posteriormente, hacer lo mismo con mis compañeros, los cuales volvieron a aplaudir después de ese simple gesto. Mis palabras fueron fríamente calculadas, todas anteriormente escritas, eran recitadas como si de un poema se tratara, pareciendo que estaba improvisando ante todo cuando en realidad, solo seguía mi tétrico manual de como agradar a las personas, el cual consistía de una máscara bien ensayada y unas palabras bonitas.

Ahora los aplausos se convirtieron en alaridos de emoción y algún que otro llanto. Mi labor como Kaichou-sama llegaba a su fin. Con una reverencia ante todos y una mueca de mis comisuras, caminé hasta el final del escenario para volver a mi asiento. Por el camino mis compañeros me felicitaron por mi trabajo y por mi discurso, lo cual correspondí con unas agradables palabras con mi melodioso acento Kyoto-ben.

Cuando estaba a punto de sentarme, mi tranquilidad anteriormente mostrada ante todos se esfumó por unos segundos, clavando mi mirada en la persona que a paso apresurado, caminaba detrás del escenario. Una silueta atlética acompañado de una cabellera cobalta se perdía entre la multitud.

Sinceramente, en ningún momento pensé que Natsuki se apareciera en la graduación del último curso de Bachiller, después de todo, ningún alumno la ligaba a esta generación. Por un momento las palabras de la carta recorrieron velozmente mi mente.

"Mi mayor anhelo".

Resoplé con disimulo, intentando no llamar la atención de nadie. Tenía que quitarme esas ideas estúpidas de la cabeza, en ningún momento Natsuki sería mía, era una realidad.

Recorrí con la mirada el camino que había tomado Natsuki, visualizando en la esquina opuesta por donde se había esfumado a Mai Tokiha, su mayor confidente en la actualidad, posiblemente la más cercana a ella. Tokiha-san parecía bastante confusa y perdida, la cual miraba hacia la dirección de Natsuki como queriendo comprobar algo. Mis cavilaciones no dudaron mucho más, puesto que los gritos de Haruka-san en el escenario me obligaron a prestarle toda la atención posible, dándolo ese detalle como regalo de graduación.

La ceremonia terminó tal y como había empezado, con sonoros gritos y lágrimas oprimidas. Por mi parte, me disponía a salir del recinto para dirigirme a mi departamento, cambiar mi uniforme por ropas más casuales y dirigirme con mis compañeros a la fiesta que ya estaba programada, quizás esta noche si me diera el capricho de tomar algo de alcohol y olvidar todo este embrollo de emociones.

-Pensé que tendrías más ganas de saber de mí.- habló una ronca voz a mis espaldas, haciéndome girar abruptamente, algo asustada.

Una mujer algo mayor que yo con una melena azulada se mostraba ante mi, llevaba unas ropas con un toque masculino, ceñidas, las cuales le remarcaban de una forma muy atractiva unas femeninas curvas y un plano vientre, notándose de este modo una figura casi perfecta, acompañada de una no muy notoria delantera, posiblemente a causa de la vestimenta. Intenté mirarla a los ojos, pero la parte superior de su rostro estaba siendo escondido por un borsalino, algo anticuado posiblemente, pero aún así, le daba un aire misterioso muy engatusador.

-Ara, disculpe, pero tengo que prepararme para la continuación de la graduación.- intenté escabullirme.

-No tienes de que preocuparte Shizuru, seré breve.- arrancó de nuevo la conversación, transformando su grave voz en una más agradable, haciéndoseme familiar.

Miré a mi alrededor, notando miradas curiosidad clavándose en mi, sin duda esta mujer resaltaba ante los demás. -Quizás podamos hablar en un lugar menos concurrido.- sugerí

-Lo que prefieras.-

Sin más que añadir, nos dirigimos a los jardines de Fuuka Gakuen, el lugar donde había conocido a Natsuki por primera vez años atrás. No caminamos juntas, yo iba delante de ella guiándola hasta donde sabía, iba a ser una zona segura y poco concurrida.

-¿Puedo saber con quién hablo?- pregunté cuando llegamos al destino que yo fijé, hablando calmadamente, escondiendo mi incomodidad.

-Hemos estado hablando por cartas desde hace unas semanas.- contestó con tranquilidad, como si hubiéramos hablado con holgura.

-Ara, ha estado hablando usted, querrá decir.- dirigí el tema.

-No creí que ese fuera un problema, Shizuru.- volvió a pronunciar mi nombre, notando como cada vez que este salía de sus labios, lo decía con satisfacción, como si este fuera una exquisitez.

-¿Quién eres?- interrogué en esta ocasión sin tacto, buscando terminar de una vez con estas vueltas innecesarias. Ante esto, la desconocida dio un paso hacia mi, pero me mantuve en mi sitio, procurando no acobardarme por sus acciones.

-Soy tu mayor anhelo.- susurró orgullosa, con una socarrona sonrisa en sus labios.

Ante esas palabras, mi enfado se hizo visible, echando chispas por mis orbes carmesis, todas dirigidas a la persona que con descaro, se proclamaba algo tan importante para mi, cuando desde un principio sabía, solo existía una persona que pudiera ocupar ese lugar.

-¿Crees que con eso puedes engañarme? No seas hipócrita, no eres ningún anhelo para mi.- pronuncie como cuchillas hacia la mujer de cabello cobalto, la cual solo pudo ensanchar más su sonrisa.

-¿Quién es entonces tu mayor anhelo?- otro paso hacia mi. -¿No es Natsuki Kuga?-

No palidecí, tampoco retrocedí, desde un principio tenía presente la opción de que la desconocida supiera mi secreto, pero llegados a este punto, no podía hacer más que avanzar e intrépidamente, hacerle frente.

-Tú no eres Natsuki Kuga.- pronuncié con desdén, recalcando lo obvio, a lo que ella solo dio otro paso más hacia mi, quedando peligrosamente cerca.

-Tienes razón, no lo soy.- otro paso.

-¿Qué quieres entonces, Kruger?- intenté terminar con la conversación, sintiéndome victoriosa por el rumbo del tema.

-Te quiero a ti, he venido aquí por ti.-

La sonrisa que pocos segundos antes se había ocultado, volvió a relucir mientras se quitaba el borsalino, clavándose su mirada con la mía. Sus ojos verdes eran hipnotizantes, no conseguí separar mis rubíes de ella. Era tan parecida a Natsuki, las únicas diferencias que tenían era la altura, puesto que la mujer que tenía delante me sacaba cerca de 10 centímetros de diferencia, y sus facciones maduras, las cuales aún cuando eran idénticas a las de mi amada, mostraban un pasado distinto, lo cual también se reflejaba en su mirada, puesto que esta no era tan fría y calculadora como la de mi Natsuki. Se volvió a acercar a mi posición.

-¿Quién eres?- susurré con el poco aire que quedaba en mis pulmones, habiéndose ido la mayoría de su interior en el momento que nuestras penetrantes miradas se juntaron. En un acto reflejo, rodeó su brazo por mi cintura, mientras rozaba su aliento con el mio, que salía descompasado de mis labios. Mi mente estaba completamente en blanco, sentía como la fragancia de Natsuki me envolvía, notaba su cálido brazo rodeándome, atrayéndome más hacia ella, consiguiendo con estas acciones que mi agitación fuera más notoria. -¿Quién eres?- volví a preguntar mientras ella se acercaba a mis labios, cerrando mis ojos por inercia.

-Soy Natsuki Kruger, y como ya dije, he venido aquí por ti, Shizuru.- su aliento volvió a chocar con el mio hasta que nuestros labios se juntaron.

Un beso lento y acompasado, sin cruzar barreras, simplemente degustando los deliciosos manjares de la otra en una completa muestra de afecto. Una lágrima cayó por mi rostro, abrí mis ojos, notando como la propietaria de esa pena no era yo. Kruger había dejado escapar esa gota sin quererlo, humedeciendo por el camino mi delicado rostro.

Nos separamos, y en el proceso mi mente volvió a funcionar, haciendome una gran cantidad de preguntas sobre la persona que tenía delante de mí. Sin quererlo rocé mis comisuras con la punta de mis dedos, notando la sensación de los labios de Kruger, recordando como eran tan similares a los de Natsuki.

No tuve tiempo de más, puesto que la mujer me sumergió en un apasionado abrazo, dejándome algo desconcertada, consiguiendo que el olor de mi amada volviera a recorrer mis fosas nasales, intoxicándome.

-Shizuru...- susurró, degustando de nuevo mi nombre.

Le correspondí al abrazo, percatándome que justo detrás de ella, la mujer de la que estaba enamorada nos observaba.

Natsuki había estado detrás de nosotras, quién sabe por cuanto tiempo, pero por su rostro de desconcierto y algo de temor, suponía que había sido espectador de ese cálido momento, cuando habíamos juntado nuestros labios.

-Natsuki...-


Sin duda tengo que agradecerles a todos por los comentarios, nunca pensé que podría tener 14 en un solo capítulo, y aún más siendo el primero, no se si podré expresar mi emoción a causa de eso, pero puesto que esta es una de mis parejas favoritas (seguramente la favorita), y teniendo en cuenta que es el primero que hago de ellas pues... es muy gratificante y me ha ayudado mucho, gracias ^^

El próximo capítulo escribiré sobre el punto de vista de Natsuki, para dar a entender algunas cosas que posiblemente hayan quedado en el aire... pero de eso trata xD

Y no se preocupen, la personalidad que tiene ahora es la necesaria para el rumbo que va a seguir la historia, solo sean pacientes.

Gracias a todos y hasta el siguiente.