Desde el incidente de las Himes mi relación con Shizuru no ha sido como solía ser, la confianza de la que antes podíamos alardear ante los demás había desaparecido para dar paso a la inseguridad y en mi caso, al miedo. Sí, es cierto, ese sentimiento recorrió todo mi cuerpo en varias ocasiones, ¿quién lo iba a pensar? Natsuki Kuga, la princesa del hielo, conocida en todo el campus como un ser frío, distante y sin corazón, temiendo de la persona que era la más importante para ella, su mejor amiga, Shizuru Fujino.
Mi miedo no era causado por sus sentimientos, incluso en un momento me sentí alagada por ellos, pero entonces los recuerdos empezaron a invadir mi cabeza. Esa noche en la que había sido consciente de las cosas en las que se involucró mi madre, las atrocidades que en un principio estaba dispuesta a hacerme por una dichosa cantidad de dinero, vendiéndome. Al final Shizuru me salvó de la trampa de Nao, llevándome a una casa de un alumno con el que compartían la clase extraescolar de ceremonia del té.
Me salvó, pero a la vez me utilizó.
No recuerdo lo que pasó, ni como ocurrió todo, simplemente pequeños toques en mi cuerpo y palabras que salían de sus labios, pero con solo ver su reacción cuando me alejé de ella enfrente de Haruka y Yukino, esos recuerdos aparecieron en mi mente, me dejaron ver que no era un sueño, ni mucho menos había sido una ilusión, consistía en una realidad.
Shizuru había abusado de mí, omitiendo las circunstancias en las que se desenvolvió, yo no debía estar consciente, si no, lo recordaría.
En ese momento la expresión de mi mejor amiga fue dolorosa incluso para mi, ver como sus lágrimas recorrieron su rostro, para posteriormente, convertirse en una persona completamente ajena a ella. En ese momento Shizuru había desaparecido ante mis ojos para convertirse en Kiyohime, una máquina de destrucción inundada de desesperación donde su mayor prioridad, según me dejó saber, era protegerme.
Cabe destacar que estos sucesos no los he olvidado, al igual que le ha pasado a Nao y a Yukino. Pero yo no era ellas, mi relación con Shizuru había sido mucho más profunda, después de todo, ella fue la persona que me salvó de convertirme en una verdadera delincuente, cediendome su confianza, a lo que yo hice lo mismo, forjando una sana amistad.
Shizuru, fuiste la primera en venir a mí cuando no podía confiar en nadie, pero no puedo sentir lo que a ti te gustaría...
Esas fueron mis palabras cuando la besé en la iglesia en medio de nuestra pelea, rechazándola, dando el final de nuestra historia en la batallas de las Himes.
Durhan, carga el cartucho de plata... ¡dispara!
Repetía en mis memorias como si hubiera sido ayer.
Nuestra relación ya no ha vuelto a ser la misma, aún cuando mis palabras, con las que no correspondí a sus sentimientos, fueron dulces y delicadas, en mi interior una gran mezcla de emociones contradictorias enterraban una parte del aprecio que le había tenido a Shizuru. Por un lado, mis sentimientos de amistad y los recuerdos con ella me hacían preocuparme e interesarme por su bienestar, el cual desde que finalizó el carnaval, se había deteriorado, mostrándose de nuevo la chica perfecta apreciada por todos, escondiéndose de la gente con una tímida pero agradable sonrisa dedicada a todos por igual. En el otro extremo, mis sentimientos de incomodidad y confusión hacia su persona parecían tener más cabida en mí, sobresaliendo ante los otros en parte por mi orgullo. Aquellas últimas emociones eran a causa de lo ocurrido y descubierto en la batalla, las acciones que hizo Shizuru en mí sin mi consentimiento, su frialdad con Nao, la destrucción del primer distrito... todo eso me hizo plantearme quién era Shizuru.
-Ahora no estoy sola, tengo a Mai y a Mikoto.- pensé en voz alta, apoyada en uno de los árboles del campus mientras me terminaba mi bocadillo de mayonesa con jamón.
En todo este tiempo había tenido el apoyo de Mai, sobretodo, mientras seguía pensando en lo que debería o quería hacer respecto a la castaña. En un principio intenté dejar a Shizuru de lado, como si nunca hubiera entrado en mi vida, pero aún cuando tengo un mote tan poco original en la academia, no es tan fiel a mi como podría parecer, refiriéndome a todo esto, que mi corazón no era de hielo, de modo que no podía dejar tirada a alguien que en su momento me había aportado tanto.
Pegué el último bocado para finalmente levantarme y tirar el envoltorio. Era hora de entrar de nuevo a clase, siendo estas las últimas.
No podía prestar atención al profesor, mis pensamientos volvían a inundarme, ahogándome en sentimientos que solo nacían en estas pequeñas desconexiones con el mundo exterior. La campana sonó, dando por finalizado lo que estuviera explicando el maestro, a lo que salí sin mucho ánimo hasta los casilleros para cambiar mi calzado e irme a mi departamento a perder el tiempo, tal y como hacía en clase.
Para mi sorpresa, un sobre se encontraba en su interior, el cual cogí con una mueca de desagrado, dándole vueltas para encontrar quién lo había dejado ahí, pero no ponía nada. Sin prestarle más atención, cambié mis zapatillas, colgué mi mochila en mi hombro y me dispuse a caminar hasta la salida, dirigiendo mis pasos hacia las afueras del centro para recoger mi motocicleta.
Solo por curiosidad, empecé a abrir el sobre, después de todo esto era algo nuevo para mí, a lo que encontré un papel azulado con una simple palabra:
Gracias
Atte: Kruger
¿Quién diablos era Kruger? Hice un chasquido con la lengua, molesta por haber caído en una broma tan tonta, a lo que tiré la carta en la papelera más cercana y seguí mi camino, ignorando totalmente ese momento.
Pero eso no terminó ahí, algunos días volvía a encontrar el mismo sobre con un papel en su interior del mismo color, escritas en él cosas sin sentido.
Un día me adentré en la sala del consejo estudiantil molesta, me cansaba el anonimato de esa estúpida persona que se escondía detrás de las cartas, por lo que en presencia de Shizuru, intenté buscar su identidad en la base de datos de la academia, pero fue en vano, parecía que esa persona no existía. Enfadada salí de allí, sin prestar atención a la castaña, inundando mi boca con improperios dedicados nada más ni nada menos que a ese tal "Kruger".
Las cartas siguieron llegando sin descanso, cada vez más largas pero con textos aún sin ninguna coherencia para mí, en las cuales ponía:
No deberías ser tan cruel con ella, sus sentimientos son sinceros.
Atte: Kruger
O bien:
No pretendo interferir con vosotras, pero veo que ese no será el problema.
Atte: Kruger
Con cada una de ellas, hacía una bonita bola de papel e intentaba encestarla sin fallar en la papelera más cercana, elevando un poco el puño como pose de victoria cuando lo conseguía.
Hasta que la última carta llegó:
Necesito que nos veamos, tengo que preguntarte una cosa, es importante Natsuki, este viernes a las 18:00 en el parque de la estación, no faltes, por favor.
Atte: Kruger
La releí, confundida por las extrañas palabras.
¿Quería que nos viéramos? ¿Algo que preguntarme?
Por unos segundos dudé si seguir la misma pauta con esta carta, a lo que negué con la cabeza y la metí en uno de mis bolsillos, dirigiéndome a mi ducati, como era costumbre.
Mentiría si dijera que no dudaba respecto a ir o no, después de todo se trataba de un desconocido, ni si quiera sabía su género, simplemente el nombre con el que firmaba las cartas. Aún así, ahí me encontraba, el día y a la hora que me había citado, enfrente de la puerta del respectivo parque, dudando de nueva cuenta, si entrar o no.
Ya en su interior, busqué con la mirada, encontrándome a varias personas, sin reconocer a nadie, lógicamente. Una mujer se acercó a mi posición, tenía el cabello atado en una coleta de caballo, del mismo color que el mio, también portaba unas gafas de sol oscuras, las cuales no me dejaban ver sus ojos, aún así, me asusté.
Esta mujer era igual que yo pero más adulta.
Su estatura era mayor que la mía, sus facciones, más maduras y desgastadas hacían referencia a su edad adulta. Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando me saludó por mi nombre, notando como su grave voz, era casi igual a la mía.
-Natsuki, por un momento pensé que no vendrías.-
-Tenía que hacer pagar a quién se atrevió a acosarme a base de cartas en la academia.- intenté que mi voz sonara firme y decidida, consiguiéndolo en este caso. -¿Quién eres?- interrogué sin compasión.
-No te preocupes, responderé a todas tus preguntas.- con indiferencia, me señaló unos bancos algo más alejados de los demás. -¿Nos sentamos?-
Su tono de voz me resultaba tan familiar que hasta sentía las intenciones que esta transmitía. Notando que no se trataba de ninguna amenaza, la seguí hasta los asientos.
-¿Me dirás de una condenada vez quién eres?- intenté apresurarla.
-Me llamo Natsuki Kruger.- se presentó, quitándose los anteojos, mostrándome sus orbes esmeraldas, los cuales se cruzaron con mi mirada, a lo que no me dejé intimidar e hice lo mismo. -Se podría decir que soy tú, pero de otro mundo.- soltó con total normalidad, rindiéndose en esa pelea de miradas.
Cuando salí del trance en el que me habían metido sus particulares orbes, los cual eran iguales a lo míos, me volví a meter en otro por sus palabras. Sacudí la cabeza para intentar ignorar la incomodidad en la que me había sumergido por sus acciones.
-Deja de bromear, te estoy preguntando en serio.-
-¿Crees que es solo coincidencia que parezcamos la misma persona?- ante aquello callé sin saber que responderle, esperando que continuara. -Los ojos verdes no son tan comunes.-
-Tampoco son únicos, es sencillo encontrar a gente que los tiene si buscas.- intenté defenderme.
-¿De esta tonalidad?- señaló los orbes de ambas mientras yo miraba hacia otro lado, sabiendo la respuesta de esa pregunta. -Además, no me he tintado el cabello.- bromeó por lo que para ella, parecía lo más lógico del mundo, el hecho de que eramos iguales.
-Si solo te vas a quedar conmigo, me iré.- amenacé mientras me levantaba, a lo que ella agarró uno de mis brazos para volver a sentarme y yo obedecí a regañadientes.
-Conozco el suceso de las Himes.- la escruté con la mirada. -En mi mundo también apareció la estrella roja.-
-¿A que te refieres con tu mundo?-
-No te hagas una idea equivocada, es como este, pero tenemos diferente tecnología y reglas.- se quedó pensativa unos segundos, buscando las palabras con las que explicarse mejor. -Se podría decir que es un mundo paralelo pero que ha seguido otro camino en la historia.- paseó la mirada por todos lados, analizando lo que tenían a su alrededor. -Se podría decir que está más actualizado que este...- susurró con algo de menosprecio.
Por unos minutos nos mantuvimos en silencio mientras yo analizaba sus palabras, hasta que volví a hablar.
-¿Cómo llegaste aquí?-
-Primero debería contarte porqué estoy aquí.-
-Hm.- asentí malhumorada, posando mi mirada en ella para prestar atención su explicación, a lo que Kruger se puso más seria de lo que estaba.
-He venido a por alguien a este mundo.- cogió aire mientras pensaba cuidadosamente como proseguir. -Pero no quiero causar un desequilibrio en lo que aquí ya existe, por eso necesitaba hablar contigo.- seguramente mi rostro de confusión debió ser demasiado expresivo, ya que sonrió.
Tenía la misma sonrisa que yo.
-¿De verdad somos la misma persona?- interrogué, mostrándome ahora ella un gesto de desagrado por tener que repetir lo que le parecía obvio.
-Físicamente sí, personalmente no lo sé.- finalizó, convenciéndome por fin que esto tan descabellado, podría ser real.
-¿A quién buscas?- continué con su explicación anterior, retomando de nuevo ese tema.
-Es una buena amiga tuya.- sonrió amargamente. -Shizuru.- pronunció con cariño, a lo que mi confusión volvió a inundar mi rostro.
-¿Shizuru?-
-No creo que sea momento de dar detalles, pero quiero tenerla.- comentó mientras levantaba su mano, dirigiéndola hacia el horizonte y la cerraba en un puño, mostrando lo cerca que estaba lo que quería conseguir. -Sé que está enamorada de ti, conozco todo lo que sucedió en la batalla de las Himes.-
Alejé mi mirada hacia otro lado, recordando de nuevo los acontecimientos del carnaval, a lo que Kruger se dio cuenta.
-¿Que diablos pinto yo en todo esto?- pregunté con molestia.
-Como ya dije, no quiero causar un desequilibro, además...- pausa dramática. -Se podría decir que tu la viste primero, por lo que tienes preferencia...- bromeó, intentado picarme.
-No me hagas reír, soy heterosexual.- recalqué aquello último.
-¿Estás segura? Shizuru te quiere de verdad.-
-Pero yo no le correspondo.-
-Sinceramente pensaba que después de lo que sucedió en el carnaval os quedaríais juntas.- suspiró aliviada. -Veo que no.-
Sus palabras me molestaron, yo no sentía los mismos sentimientos que Shizuru, por eso la rechacé en la iglesia antes de morir.
-Puedes quedártela.- pronuncié sin pensar, percatándome al final de mis palabras, a lo que abrí mi boca para discrepar lo que había dicho, hasta que entendí la situación.
Esta era mi oportunidad para que Shizuru ya no tuviera sentimientos por mí, que se enamorara de otra persona sería lo más beneficioso para ambas, de este modo podría volver a tenerla como amiga, sin tener que preocuparme por lo pudiera suceder. Además, Shizuru me tendría a mi, por lo que sería feliz, aunque técnicamente no era yo pero...
-¿Estás segura?- volvió a preguntar, notando mi estado de pensamientos internos.
-Sólo cuídala.- sentencié, a lo que noté un leve dolor en mi pecho, como una especie de punzada.
Imagino que así se sentirá un padre cuando accede al matrimonio de su hija.
Sonreí por esa ocurrencia, percatándome de que el dolor ya se había ido.
-Lo prometo.- acercó su mano hasta mi, queriendo cerrar la conversación con un pacto más formal.
-Bien.- fue lo único que dije, estrechando mi mano con la suya. -Y bien ¿cómo llegaste aquí?- cambié de tema.
Por un momento Kruger me miró incrédula, seguramente pensaría que iba a terminar la conversación ahí. -Como ya te dije, en mi mundo también había una estrella roja, aunque por lo que sé, no habían Himes.- mantuve silencio, esperando que continuara. -Ya te comenté que mi mundo es distinto, allí tenemos una tecnología mucho más actualizada, eso fue lo que me ayudó a venir aquí.-
-¿Y la estrella que pinta en todo esto?-
-Ella fue la que me abrió el camino, después de todo era algo que estaba conectado en ambos mundos, de ese modo pude usarla como puerta hasta esta dimensión.- abrí ligeramente de más mis orbes tras su explicación, imaginándome la tecnología que deberían tener allí como para poder hacer algo así.
-¿De verdad se puede hacer eso?- pregunté incrédula.
-Como ya te dije, allí estamos más actualizados.- sonrió. -Gracias a nuestras máquinas pude saber que nosotros mismos existimos en otro mundo diferente.- su gesto se agrandó. -De ese modo supe que Shizuru estaría aquí.-
Mi incomodidad por sus palabras de aprecio se hizo visible, acomodándome mejor en el banco.
-¿Tanto trabajo solo para venir a por ella?- interrogué algo dudosa de mis palabras, pensando en la importancia que podría tener la castaña para ella.
-Haría eso y más por tenerla cerca.- sentenció, a lo que la miré incómoda.
Puesto que Kruger era una clara imagen de mi misma, parecía que esas palabras salían de mi boca.
La conversación no fue más hallá, intenté indagar del porque quería a Shizuru, pero no hubieron respuestas. Finalmente nos despedimos.
-Nos veremos en la graduación de Shizuru entonces.- gritó a lo lejos, desapareciendo de mi vista.
En un principio no tenía pensado ir a verla en su despedida del centro, podría ser incomodo para las dos, pero a la vez, tenía curiosidad por la reacción de la castaña al ver a Kruger, tal vez le correspondiera.
Sonreí irónicamente ante ese pensamiento, ya que si ese fuera el caso, solo le importaría mi físico, dándole la mínima importancia a mi personalidad.
Un escalofrió me recorrió sin tener conocimiento del por qué.
El día de la graduación llegó. Busqué a Kruger por distintos sitios de la institución, pero no hubo forma, hasta que encontré a Mai muy cerca del escenario donde los graduados esperaban impacientes su turno para la recogida de diplomas.
-Mai, pensaba que no vendrías.- saludé por cortesía.
-¿Natsuki?- me preguntó con un deje de molestia que me sorprendió, ya que es cierto que en un principio le dije que no asistiría, pero tampoco era para ponerse así.
-Recapacité y seguí tu consejo, no debía dejar a Shizuru sola en un día tan importante.- intenté excusarme repitiendo las palabras que la pelirroja me había dicho tiempo atrás.
-No me refiero a eso.- suspiró. -Antes te saludé y me ignoraste completamente- otro suspiro. -Deberías ser un poco más considerada con tus amigos.- me miró de arriba a abajo. -¿Cuándo te cambiaste de ropas?- cuestionó incrédula.
Por un momento me repetí sus palabras en mi mente, ¿cuando la había ignorado? Si era la primera vez que la veía en ese día. Con un chasquido de lengua mostré mi molestia por lo idiota que estaba siendo, dándome una reprimenda mental, me despedí de Mai hasta llegar al jardín exterior de Fuuka Gakuen, donde tiempo atrás había conocido a Shizuru, siendo esta mi primera opción para la búsqueda.
No parecía haber nadie, a lo que me volví a maldecir en mis adentros, dando vueltas por los alrededores, buscando una cabellera idéntica a la mía. No parecía dar resultado, era una pena, me hubiera gustado ver la actuación de Kruger para conquistar a la castaña. No es que yo fuera especialmente curiosa ni me gustaran los chismes, pero creo que es bastante comprensible que tratándose de una amiga que en su momento fue muy importante para mí y con quién, ignorando algunas cosas del pasado, podría volver a tener una amistad sin preocupaciones. Además de mi otro yo más mayor, quién intentaría enamorarla pues... irremediablemente me entraba la curiosidad.
Cuando por fin salí de mis cavilaciones, pude ver como dos personas se acercaban hacia el jardín.
Una muy reconocible cabellera castaña hizo acto de presencia ante mis ojos, caminaba con elegancia y a una distancia prudente de su acompañante, quién la seguía por detrás, una mujer de cabellera cobalta con una vestimenta algo extraña. Ambas se pararon y empezaron a hablar.
Seguí con la vista todos sus gestos, seguidas por pequeñas punzadas en mi estómago que me causaban un gran malestar.
Había desayunado bien, pero quizás la próxima vez deba comer más, algo estaba mal con mis entrañas.
Y entonces el momento llegó, Kruger se acercó a Shizuru y esta no se alejó, juntando sus labios mientras ambas cerraban los ojos. Mentiría si dijera que no me quedé atónita por la imagen, en ningún momento se me había cruzado la idea de que se besaran, después de todo Shizuru no era una mujer fácil.
Por un momento me asusté mientras los veía, Kruger ya tenía a la castaña, ¿tan pronto se podía olvidar de mi? Las punzadas volvieron a mí, empezando a cabrearme junté mi visión con la de Shizuru, quién abrazaba a la más mayor.
Me miraba con confusión mientras me sujetaba el estómago e intentaba retroceder, pero sus orbes carmines me escrutaban con la mirada, como intentando descifrar mis sentimientos. Observé como mi nombre salió de sus labios sin llegar a escucharlo, consiguiendo nada más que el dolor se intensificara, ¿qué diablos pasaba?
No lo sabía, pero estaba asustada, lo cual por lo que pude ver, no fui la única que se dio cuenta.
Finalmente corrí de la escena, dejando a una aún más perpleja castaña entre los brazos de Kruger.
Pero me daba igual, en ese momento lo único que quería era desaparecer de allí, ignorando lo que mi corazón me gritaba.
Tal vez no debía habérsela entregado a Kruger tan a la ligera.
Y aquí la visión de Natsuki, se han descubierto bastantes cosas respecto a Kruger. El próximo volverá a ser (creo) desde la perspectiva de Shizuru.
¡Hasta otra y gracias por los comentarios! Sin duda si actualizo tan rápido no es solo porque me guste escribir, o porque me encanten ellas... también es por el apoyo :D
