Puesto que Natsuki Kuga y Natsuki Kruger se llaman igual, voy a llamar a la primera Natsuki y a la segunda Kruger durante toda (o gran parte) de la historia, para no causar confusiones.
-Pensaba que nunca vendría, "Kaichou-sama"- bromeó mi compañero, mientras con los dedos hacia gestos de comillas por nombrar mi anterior cargo.
-Ara, Kuzumi-san, sabe que ya no ocupo ese lugar, va a conseguir que me ponga nostálgica.- contestaba con total tranquilidad, recogiendo de la barra mi pedido.
El chico recién mencionado empezó a reír de una forma algo exagerada por su broma mientras se daba la vuelta para volver a la pista de baile, a diferencia de mi, él si parecía tener cuerpo para fiesta. Por otro lado, recogí mi vodka con naranja para irme a una zona más apartada, buscando algo de soledad para poder analizar todo lo que había ocurrido hacía apenas unas horas.
Mi graduación había transcurrido tal como lo habíamos planeado en el consejo, hubieron lágrimas y aplausos hasta que el sol empezó a ocultarse, posteriormente me encontré con quién parecía una hermana gemela de Natsuki, pero más mayor, quién resultó ser la persona que me escribía cartas para poder encontrarlas a mi salida en el casillero.
Suspiré, desechando la máscara que me había dado el placer de volver a ponerme desde que me despedí de Kruger, poniéndole de excusa que la fiesta estaba a punto de comenzar.
Kruger, una total desconocida que había conseguido bloquearme durante varios minutos, llegando incluso a besarme. Delicadamente pasé mis sedosos dedos por mi rostro con pesadumbre, percatándome antes de que nadie me estuviera viendo en ese momento. Aún recordaba su aroma, su tacto, su voz... todo era tan parecido a Natsuki, quizás pudiera decir incluso que igual.
Pero eso era imposible, no es como si fuera ella misma pero del futuro, o aún más descabellado, de otro mundo.
Por un momento pensé en esas suposiciones mientras perdía mi mirada en la bebida alcohólica que esperaba ser probada, a lo que le concedí el gusto, consiguiendo que ese ardiente sabor recorriese toda mi garganta hasta perderse por mi interior. Volví a observar el vodka, percatándome de que a causa de mi ensimismamiento por lo relacionado a cierta peliazul, casi había bebido toda la bebida.
Empecé a andar hacia la barra sola, por alguna razón no podía quedarme quieta, estaba nerviosa, ansiosa por conocer las respuestas a tantas preguntas.
Con un chirriante sonido moví el taburete hasta poder sentarme en él, dejando con cuidado el vaso en la mugrosa barra de madera.
Una sonrisa de medio lado se asomó en mis labios para rápidamente, camuflarla. Natsuki había presenciado ese beso, aún cuando fue algo breve, me pregunto que estaría pensando como para poner esa expresión...
Con algo de avidez volví a llevarme el vaso a los labios para ingerir lo restante del vaso, posteriormente lo volví a dejar en su sitio y pedí otra bebida, esta vez algo menos pesado.
-La fiesta acaba de empezar, debería disfrutar con mis compañeros- intenté autoconvencerme, pero mis piernas no se movían. Miré alrededor, nadie parecía requerir de mi presencia, lo cual ayudó a que me calmara.
Mis ojos volvieron a posicionarse en el nuevo vaso de alcohol que el barman me entregaba, visualizando el fondo de este, pero en esta ocasión, no le di ningún trago. Por otro lado, mis pensamientos no podían alejarse del asunto principal, a lo que metí la mano en uno de los bolsillos de la cazadora que llevaba para coger un pequeño papel azul.
Calle Nakae Chōmin, 25, a las 17:30.
Te estaré esperando.
Atte: Kruger.
Sonreí. No la conocía, pero sin duda los pequeños escritos eran su fuerte. Volví a meter la hoja en su lugar para proseguir a darle un pequeño sorbo a mi bebida, notando como mis labios ardían. En teoría esto tenía menos alcohol que lo anterior, pero por algún casual lo notaba más fuerte.
Otro suspiro escapó de mis comisuras, divagando de nuevo entre las posibles opciones.
¿Debería ir? No es como si no quisiera conocerla, mentiría si dijera que la curiosidad por saber quién es, fuera nula, pero por otro lado toda esta situación era muy alocada.
De nuevo su aroma, sus roncas palabras, su irrespetuosa personalidad... era igual que Natsuki.
Por un segundo la imagen de la mujer que me rechazó inundó mis pensamientos, pero con habilidad la conseguí alejar de estos para volver a recrearla con un aire de madurez que aún no portaba y una considerable estatura.
Tenía razón, no iba a verme con Natsuki, si no con Kruger. Aunque ambas se llamaran igual, no lo eran, y debía empezar concienciandome por ahí.
-Natsuki nunca será mía, sólo debería pensar en conseguir la amistad que antes teníamos.- susurré de nuevo para posteriormente volver a vaciar el vaso que tenía delante. -Mañana iré a ver a Kruger y le pediré explicaciones de muchas cosas.- sentencié, levantándome del taburete, despedirme de los compañeros que aún se encontraban de pie e irme dignamente por la puerta.
Debía estar presentable para mañana.
Un último retoque con el lápiz de ojos y terminé. Me observé en el espejo de cuerpo completo que ocupaba una parte considerable de la habitación. Una muy leve capa de maquillaje, el cabello bien arreglado y una vestimenta refinada pero sin llegar a ser elegante. Para finalizar di un par de vueltas algo infantiles, levantando mi falda blanca hasta las rodillas, observando lo bien que conjuntaba como mi camisa violeta.
Cuando me vi perfecta para la ocasión, recogí un pequeño bolso negro de uno de los percheros, al igual que una rebeca del mismo color, la cual marcaba de muy buena forma mis curvas.
Con un ligero movimiento de muñeca observé mi reloj. Aún quedaban 20 minutos hasta la hora acordada, podía ir con calma hasta el lugar acordado, por lo que sin más objeciones, proseguí a coger mi auto y dirigirme hasta la ubicación.
Estaba algo contenta por la situación, después de todo, cuando Natsuki me comunicó que no podría corresponder a mis sentimientos, el mundo se oscureció a mi alrededor, pero parecía que las cosas estaban cambiando.
Sin duda en ningún momento se me ocurrió que acudiría a una cita con alguien que no fuera Natsuki.
-Natsuki...- suspiré su nombre inconscientemente.
La dirección que me dio Kruger pareció ser de una pequeña cafetería. Entré, buscándola con la mirada, inspeccionando todo el local.
Era un lugar elegante, con una decoración occidental, quizás podría arriesgarme a decir que inglesa. Sus mesas circulares poseían unos manteles blancos de tela, acompañados con unas sillas rústicas. Sin mucho esfuerzo la visualice en una de las mesas, tras juntar nuestras miradas, ella me sonrió, pero yo no le devolví el gesto, andando tranquilamente a su ubicación.
-Me alegra que vinieras.- comenzó la conversación mientras delicadamente, me sentaba enfrente de ella. -¿Qué te gustaría tomar? He escuchado que aquí hacen un muy buen té.- volvió a sonreírme.
-¿Cómo sabes que me gusta el té?- pregunté sin mucha emoción, tampoco era ningún secreto para la gente de mi alrededor mi hábito de ingerir grandes cantidades de esa bebida.
-Una corazonada.- volvió a mostrarme sus blanca dentadura, ¿que acaso no podía dejar de sonreír a mi alrededor?
-Ara, pues no te equivocaste con ella.- le devolví el gesto por primera vez desde que llegué, recogiendo la carta para ver que podría pedir.
Habían una gran cantidades de infusiones y té, todos occidentales, los cuales me llamaron de sobremanera, aunque no lo mostrara. Cuando por fin me decidí, se acercó un camarero.
-¿En que puedo servirle?- se dirigió a mí.
-Un té inglés, por favor.- él asintió, recogió la carta de los pedidos y tal como vino, se fue. -Ara, ¿no vas a pedir nada?- pregunté a mi acompañante de forma educada.
-Pedí cuando no estabas.- con esas palabras, mis comisuras se volvieron a curvar, recordando que esas acciones tan irrespetuosas también las solía llevar a cabo cierta peliazul cuando quedaban para tomar algo.
El silencio se hizo presa de la mesa, aún así Kruger no dejaba de mirarme con cierto brillo en su mirada. Finalmente abrí yo la conversación.
-Kruger-san, ¿podría saber el por qué del encuentro?-
-Llámame Natsuki.-
-Preferiría seguir manteniendo las formalidades.- en el fondo sabía que me sería imposible llamarla por ese nombre, después de todo esa palabra se había vuelto un tabú en mi diccionario personal.
-En ese caso no me hables tan formal, Shizuru, con Kruger está bien.- decía con un deje de molestia. -A lo que me preguntabas...- pensó por un momento las mejores palabras para explicarse. -Pensé que querrías saber algunas cosas, ya sabes, la curiosidad.- terminaba de decir mientras pasaba una de sus manos por su nuca de una forma muy despreocupada.
Por un momento no respondí, después de todo me estaba hablando con una familiaridad que podría llegar a ser incomoda, aunque no era el caso. Lo que si puedo decir con seguridad, es que parecía que me conocía muy bien.
-En eso tiene razón, Kruger.- el camarero vino por fin, sirviéndome por fin mi té, aunque a la peliazul al parecer no le habían traído aún nada -¿De donde es? Si se puede saber.- sorbí de mi bebida.
-Seguramente no conozcas el sitio.- intentó aclarar, lo cual no fue así, puesto que no entendí a que se refería. -Dejemos esa pregunta para después mejor.- yo asentí.
-¿Qué edad tiene?- Volví a dar otro pequeño sorbo, sin duda estaba exquisito.
-Tengo 26.- respondió totalmente despreocupada.
-9 años más que Natsuki.- susurré, aún así me escuchó.
-Y 8 años más que tú.- susurró ella también, imitando mi gesto, aunque en su entonación pude notar un aire coqueto que me sorprendió.
Carraspeé, manteniendo la compostura, después de todo me había pillado con la guardia baja.
-¿Qué fue todo lo de ayer?-
-¿A que te refieres?- se hizo como si no entendiera.
-Me besaste.- le intenté reprochar, pero fue inútil, aún así, ella jugó con mis palabras.
-¿Te molestó?- volvió a hablar de una forma coqueta.
-Ara, no es de buena educación hacer esos actos a la gente por sorpresa.- intenté darle la vuelta al asunto, siendo yo la que llevara las riendas de la conversación, pero fue inútil, parecía que se conocía todos mis trucos.
-No parecías muy sorprendida.- se acercó a mi rostro. -Tampoco te negaste.- decía con superioridad, pero un leve sonrojo se hizo visible en su rostro, a lo que aproveché la oportunidad.
-Sus cartas eran realmente atrayentes.- pronuncié en esta ocasión, con la misma entonación seductora que ella.
Por un momento abrió la boca, pero ninguna palabra coherente salía de ella, simplemente balbuceaba mientras retrocedía a su lugar, alejándose de mi rostro con un sonrojo aún mayor. Finalmente suspiró derrotada.
-Nunca consigo ganarte en este juego, no se porque pensaría que en esta ocasión sería diferente.- hablaba ella sola mientras cruzaba los brazos y ponía una expresión algo infantil para su edad.
-¿Nos conocíamos de antes?-
Me miró a los ojos, volviendo a reflejarse mi tono rojizo en sus esmeraldas, los cuales brillaban de nuevo, como si estuviera viendo algo de gran valor. A continuación deshizo su mohín infantil y volvió a ponerse seria.
-Imagino que debería empezar a hablar ya de la razón por la que te hice venir.- volvió a suspirar con pesadez, como si tuviera que repetir algo por segunda vez. -Se podría decir que soy tu querida Natsuki, pero de otro mundo.- continuó como si lo que me estaba contando fuera algo completamente trivial. -Conozco el suceso de las Himes.-
Por un momento quedé sin aire mientras una gran cantidad de imágenes de ese suceso pasaron por mi mente. -¿Qué conoces?- pregunté alarmada, como si mi mayor secreto, o pecado, hubiera sido descubierto.
Kruger dibujó en su rostro una sonrisa torcida, como si se estuviera compadeciendo de mí. -No hiciste nada malo, Shizuru.- alargó una de sus manos hasta coger la mía, la cual estaba temblando. -Lamento que las cosas no salieran bien.- continuó apoyándome mientras con sus dedos me daba leves caricias.
-¿Qué sabes?- interrogué, intentando no mirarla a la cara, puesto que un gran remolino de emociones se había creado en mi interior, consiguiendo que de este modo me fuera imposible mostrar mi falsa faceta.
-La pelea contra Natsuki...- comenzó como si lo estuviese enumerando sin un orden aparente. -Tu confesión, su rechazo...- poco a poco volvió a acercarse a mi sin perder el contacto que nos unía. -Tus peleas contra Nao y Yukino, el beso que le robaste, cuando estabais en la casa del...-
-Es suficiente.- la interrumpí alejando mi mano de la suya, perdiendo todo el contacto.
Volvió a mirarme con compasión. -De verdad lamento que las cosas no salieran bien.- mientras hablaba, su aliento chocaba con mi rostro por la proximidad en la que se encontraba. -Pero he venido a cambiar eso...- susurró muy cerca de mi, consiguiendo que me pusiera nerviosa.
-No hace falta que cambies nada, las cosas están bien como están.-
Después de esas palabras Kruger se volvió a alejar, sonriendo victoriosa por haber conseguido esa reacción en mí. Finalmente omitió mis palabras para continuar con su relato.
-La estrella roja de las Himes también apareció en mi mundo, eso fue lo que me ayudó a llegar hasta aquí.-
-¿Cómo es eso posible?- cuestioné incrédula.
-Mi mundo es distinto a este, se podría decir que es paralelo, puesto que las mismas personas que se encuentran aquí, también están allí.- llevó su dedo hasta el mentón pensativa. -Pero la historia de cada lugar ha ido por diferentes caminos.- paró de hablar unos segundos buscando las palabras adecuadas. -De ese modo, allí tenemos una tecnología más avanzada, la cual fue la causante en parte de que me encuentre ahora aquí.- finalizó su explicación.
-¿Pero cómo podías saber que aquí estábamos las mismas personas que allí?- pregunté sin mucha seguridad, ya que después de todo lo que había pasado la creía, pero habían demasiado interrogantes aún en la mesa. -¿También fue por la tecnología?- hizo un gesto de "has acertado" como contestación.
-Me cuesta de creer que lo captes tan rápido.-
-Aún así hay cosas que no entiendo.- poco a poco volví a recomponerme por las acciones pasadas, mostrando una expresión seria y segura. -¿Qué tiene que ver esto conmigo y con lo que yo quiera?-
Kruger sonrió. -Lo que más quieres es a Natsuki, ¿verdad?- asentí, no es como si fuera ningún secreto a estas alturas. -Yo soy Natsuki.- comentó sin ningún reparo.
-Ara, ¿qué significa todo esto?- pregunté sin quitarle la mirada de encima, quedando bastante sorprendida por sus palabras.
-Yo tomaré su lugar.-
En esta ocasión la que quedó con la boca abierta sin pronunciar ninguna palabra era yo, ¿cómo que iba a tomar el lugar de Natsuki? Pero eso era imposible, un total disparate, no tenía ningún sentido...
-Lo lamento Kruger, pero estoy enamorada de Natsuki Kuga.- hice énfasis en el apellido, mostrando que eran personas diferentes.
-Shizuru...- me cogió de las manos sin antes poder reaccionar, juntandolas con las suyas. -Dame una oportunidad y te mostraré que también puedes enamorarte de mí.- de nuevo no se me ocurría nada para vocalizar por su repentina confesión.
-Tú no me conoces.- intenté zafarme de su agarre, pero mi cuerpo no reaccionaba.
Una mujer idéntica al amor de mi vida me estaba pidiendo una oportunidad, y aunque no quisiera admitirlo, muy dentro de mi se empezaba a crear un sentimiento de felicidad, como si mi mayor sueño se estuviera haciendo realidad en este mismo momento.
Pero debía calmarme, Kruger no era mi Natsuki, ¿verdad?
-Conocí a una Shizuru, sé que eres como ella.- por un momento algo se activo en mis pensamientos, consiguiendo que la incógnita saliera sola de mis labios.
-¿Dónde está la Shizuru del otro mundo?- El semblante de Kruger cambió a uno de incomodidad, lo cual fue extremadamente notorio para mi, consiguiendo que me sintiera algo culpable por la pregunta. -Lo siento.- me disculpé poniéndome en la peor situación, a lo que mi acompañante reaccionó.
-N-no es lo que piensas... Shizuru sólo... bueno...- empezó a titubear.
-No tienes porqué decírmelo si no quieres, perdona.- finalicé sus intentos de hablar, apretando mis manos con las suyas, haciendo más fuerte el contacto, dándole un apoyo que ni yo sabía a que era.
-Está bien, simplemente no es el mejor momento para hablar de eso.- se empezó a sonrojar por mis acciones.
Un silenció aceptable se hizo presente en la mesa. Muchas de mis preguntas fueron resueltas, en ese sentido mi mente estaba en paz, pero como remplazo, una proposición bastante precipitada empezaba a atormentarme, de este modo, no me percaté de que el camarero acababa de llegar con el pedido de la peliazul.
-Ara, ¿una hamburguesa?- pregunté mientras reía disimuladamente, era bastante cómico que en un lugar tan refinado se pidiera algo tan vulgar.
-N-no te rías, estaba en la carta.- de nuevo un mohín infantil.
Por costumbre cogí un bote de mayonesa que se encontraba cerca de mi posición para acercárselo a mi compañera, la cual me miró con una sonrisa que bien podría alumbrar todo el local.
-¡También tienen esto aquí!- haciendo referencia a este mundo. -Por un momento pensé que no sobreviviría.- dramatizó.
-Ara, ¿te agrada?- señalé el bote blanco que le acababa de entregar. -En un principio lo hice por inercia.- después de todo, cada vez que salía con Natsuki a comer siempre le tenía que pasar esa tan adictiva para ella, salsa.
-¡Por supuesto, es el mejor invento jamás creado por el hombre!- volvió a exagerar mientras inundaba su hamburguesa con el líquido blanco, escondiendo al completo lo que anteriormente podría considerarse una "comida sana".
Con los cubiertos empezó a cortar la carne y comerla con un rostro brillante, disfrutando de cada bocado, a lo que sin poder remediarlo, comencé a reír por la escena, después de todo era tal como cuando Natsuki se alimentaba con ese platillo.
Durante el tiempo en el que Kruger se comía la hamburguesa, no me dirigió ni una mirada, pareciese que hubiera quedado en un segundo plano, convirtiéndose en protagonista su alimento a rebosar de mayonesa, de ese modo, no pudo darse cuenta de como durante todo ese tiempo, no había podido separar mis rubís de ella, disfrutando de cada expresión y cada gesto que le dedicaba a su "nuevo amor".
Con una de mis manos, empecé a jugar con mi cabello, dudando si hablar o simplemente esperar, opté por lo primero.
-Tal vez podríamos conocernos.- susurré lo suficientemente alto para que solo ella pudiera escucharme, a lo que finalmente reaccionó a mi persona.
Estaba a punto de meterse el último trozo de comida a la boca cuando de mis labios salieron esas palabras, los cuales al parecer no podía dejar de mirar, como comprobando que la proposición que acababa de escuchar realmente salió de ellos. La hamburguesa cayó de su cubierto por culpa de su quietud, soltando posteriormente el utensilio, el cual hizo un sonido hueco al chocar con el plato, creando un eco entre el silencio que por unos segundos fue presente entre las dos.
-¿Cómo?- preguntó incrédula, esperando a que volviera a hablar.
-Ara, Kruger no me escucha cuando hablo.- bromeé, consiguiendo que otro sonrojo volviera a su rostro. Sin duda es bastante parecida a Natsuki. -Comentaba que podríamos vernos en otra ocasión.- hablaba como si no le diera mucha importancia a mis palabras, dándole vueltas a uno de mis mechones y mirando hacia otro lado.
-¿De verdad?- volvió a cuestionar, intentando actuar de la misma forma que yo, pero su amplia sonrisa era demasiado obvia como para camuflar sus sentimientos.
-¿Qué te parecería la semana que viene?- seguía con mi compostura, no mostrando ninguna prisa en mis palabras.
-Sería genial...-
En cuanto concretamos con el día y la fecha, la conversación se volvió más trivial, yo seguí bromeando y haciéndola sonrojar mientras que ella, inútilmente, intentaba hacer lo mismo, lo cual para su desgracia, no consiguió ni una mísera vez.
Esa noche descansé como hacía tiempo no había podido, consiguiendo que la imagen de Natsuki se desvaneciera de mis pensamientos con una pizca más de facilidad, lo cual aunque fuese muy poco, fue una gran ayuda para conciliar el sueño.
Los días volvieron a su transcurso habitual, aunque en esta ocasión no tendría porque volver a Fuuka Gakuen, puesto que me había graduado, no era el caso para la antigua presidenta del consejo estudiantil. Una semana era lo que separaba a los estudiantes que aún acudían a las clases de las vacaciones que daban por terminado el curso, y a causa de eso, mis quehaceres no habían finalizado, aunque solo tuviera que ir un par de horas por la mañana.
Durante esos escasos días procuré no pasar cerca de la clase de Natsuki, no sabía como reaccionaría por lo que vio en el jardín días atrás, ya que su rostro fue demasiado extraño como para descifrar sus emociones respecto a la escena que observó. Para mi mala suerte, no resultó efectivo el buscar pasar inadvertida por los pasillos, puesto que un séquito me seguía a todos lados, encontrándome de este modo con la peliazul.
Pasé cerca de ella, sin dirigirle una mirada, ni si quiera algunas palabras. Para mi sorpresa, ella fue la que me habló.
-Shizuru.- llamó mi atención al igual que la de mis seguidores cuando ya me encontraba a un par de metros de ella.
-Ara, ¿Natsuki?- intenté mantener la calma por las personas a mi alrededor, consiguiéndolo como de costumbre. Mi séquito por otro lado le dirigió una mirada asesina a la peliazul, la cual ni se inmutó, simplemente se acercó hasta mi posición.
-¡Ejem!- carraspeó a mi alrededor, buscando que mis fans le hicieran un poco de espacio hasta llevar a mí. -¿Podríamos hablar en otro lado?- preguntó con un poco de exigencia, mirando de una forma muy desafiante a la gente de alrededor.
-Claro, en la sala del consejo seguramente podamos hablar de forma más tranquila.- con un pequeño gesto, indiqué que nos dejaran a solas para posteriormente, dirigirnos hasta nuestro destino.
Durante el pequeño recorrido, un silencio algo incomodo nos inundó, aunque para mi no era así, puesto que el constante bombeo de mi corazón hacia eco en mis oídos, consiguiendo que no se me concediera ni una pizca de calma.
Hacía tiempo que Natsuki no me dirigía la palabra, ni mucho menos me hablaba de una forma tan poco... cortante.
-Adelante.- le hice un ademán para que entrara mientras le abría la puerta para, a continuación cerrarla, quedando ambas solas. -Hasta dentro de unas horas no tendría porque venir nadie.-
-Seré breve.- con total despreocupación, se sentó encima de mi mesa, como tiempo atrás hacía. -¿Qué sucedió el otro día?- preguntó sin mostrar ninguna emoción.
-Es una larga historia.- suspiré, recopilando toda la información que en su momento me dio Kruger para comenzar a hablar, hasta que fui interrumpida.
-Sé quién es Kruger, ya hablé con ella antes.- acortó la conversación. -¿Te gusta?- cuestionó, a lo que me quedé observándola, intentando descifrarla, pero pareciese que varios sentimientos la invadiesen, consiguiendo que no entendiera lo que pensaba al preguntarme eso.
-Ara, no sabía que a Natsuki le interesara mi vida amorosa.- me hice la desatendida, a lo que la peliazul se enojó.
-No me interesa.- me golpeó "sutilmente" con sus palabras. -Sólo responde.- intentó apresurar la conversación.
-Tenemos una cita.- contesté, después de todo no podría responderle una pregunta que ni si quiera yo sabía la respuesta.
-¿Con eso podrás olvidarte de mí?- preguntó, mostrando en esta ocasión una expresión de desagrado, seguramente el recordar cualquier cosa relacionada a mi amor por ella no le gustara.
-¿A donde quieres llegar?- ahora era yo quién se ponía seria.
-Me gustaría que siguiéramos siendo amigas.- juntó sus manos, buscando las palabras adecuadas. -Eres una persona importante para mi, pero no quiero gustarte.- dirigió sus ojos esmeraldas a los míos, consiguiendo que un pequeño escalofrío recorriera mi cuerpo. -No quiero tener nada relacionado contigo en ese sentido...- susurró, consiguiendo escucharla.
Por un momento me alegré pensando que podría volver a retomar mi amistad con Natsuki, pero al mismo tiempo no pude remediar entristecerme por la forma tan desagradable a la que se dirigía a mis sentimientos, ¿tantos males le han causado?
Era bastante duro ver como mi amor por ella, el cual era tan enorme que dolía, era visto de una forma tan despectiva.
-No te preocupes Natsuki.- hablé, intentando camuflar mi tristeza. -También quiero que sigamos siendo amigas, mis sentimientos por ti cambiarán.- mostré toda la convicción que podía en esas palabras.
No tenía más opción, tenía que mentirle, intentar que viera que me olvidaría de ella y que ya no la miraría con esos ojos, aunque muy dentro de mí, tenía ganas de llorar, pero en estos momentos, no quedaba de otra más que de continuar con la máscara puesta, como tantos años había hecho.
Me acercaría a Kruger, olvidaré todo lo relacionado con Natsuki para enfocarme en otra persona y de este modo no causarle más incomodidad a la mujer que tenía delante.
-Gracias, Shizuru.- me agradeció mientras se levantaba de la mesa y se dirigía a la puerta. -Volveremos a hablar más calmadamente algún día de estos.- sonrió para mí, consiguiendo que un mar de sentimientos me golpearan el estómago por la culpa de mentirle.
No podría olvidarla, aunque me enamorara de otra persona, nunca podría olvidarla.
Finalmente se fue, seguramente a su siguiente clase, yo por otro lado, me senté en mi escritorio para comenzar con el papeleo que había llegado esa mañana, intentando de ese modo ignorar todos mis pensamientos.
No quería sentir culpa, ni remordimientos, simplemente olvidar.
Por otro lado, una peliazul entraba en su aula sin mostrar ninguna emoción hasta que la clase dio comienzo, de ese modo se apoyó en su pupitre, no prestándole ni un mínimo de atención a su tutor, enterrando su rostro entre sus brazos para de ese modo, curvar sus labios hacia abajo, mostrando una expresión algo contradictoria a la que portaba cuando salió por la puerta de la sala del consejo estudiantil.
Espero que haya gustado, aún quedan varias cosas por descubrirse y demás, aunque tengo pensado cuales serán, no es el caso de "cuando serán". ¡Pero ahí está parte de la gracia!
También he de decir que parte de la tardanza ha sido que no sabía muy bien como escribir la conversación de Shizuru y Kruger, no quería que quedara corta para mostrar parte de la personalidad de Kruger, la cual es como la de Natsuki pero un poco más madura, sobretodo a la hora de hablar, aunque sus expresiones sean iguales.
Gracias a los que seguís la historia y por los comentarios ^^
