-De ese modo, podemos sacar el resultado de un determinante de tercer grado y continuar con el problema que hace unos minutos habíamos dejado incompleto...- continuó hablando el profesor, ¿desde cuando habíamos cambiado a la asignatura de matemáticas?

Di un pequeño vistazo por encima de mis brazos, los cuales estaban apoyados de una manera despreocupada en mi pupitre, usándolos de apoyo para mi cabeza. Ni si quiera había estado pendiente de la asignatura anterior, pero si podía estar segura que no era la misma que en este momento se estaba implementando en la clase.

Suspiré, seguramente de aburrimiento, preocupándome absolutamente nada el hecho de que la gente lo notara, no es como si a ellos les interesara lo que estaban explicando en la pizarra. Cerré los ojos, esperando a que el tiempo corriera más deprisa y poder salir de ahí. No sabía porque, pero desde que había entrado en la aula, un gran pesar me había embriagado.

Inconscientemente recordé la conversación que hacía apenas unas horas había tenido con Shizuru, siendo consciente de que ese no era el problema de mi malestar, seguramente sería una maniobra de mi cerebro para entretenerme con algo que no fuesen las matemáticas, con las cuales no me llevaba muy bien. No era que no llevara bien esa materia, más bien lo contrario, pero no por eso me gustaba, como muchas otras.

Desde mi conversación con Kruger, y tras contemplar lo que fue un beso entre ambas, la idea de volver a tener ese vínculo entre nosotras se hacía más presente en mi mente, consiguiendo que fuera un tema que incluso me dificultara el sueño por las noches. Era consciente de que quizás de esta forma solo hiciera pasar un mal trago a Shizuru, pero con la conversación que tuvimos en la sala del consejo estudiantil me quedó claro que no sería un gran problema para ella, podría olvidarme, seguramente solo fui un sentimiento pasajero.

Una punzada se hizo notoria en mi estómago, sin duda las clases de matemáticas conseguían ponerme con mal cuerpo.

Claro está, que de pensar en volver a ser amigas a decírselo había un gran trecho, el cual en un principio no tenía pensado cruzar. Dejar las cosas como habían estado estos meses era una opción tan válida como otra. Abrí los ojos, enfocándolos en la pizarra, pero omitiendo todo lo que en esta ponía, simplemente era por aparentar ante el tutor.

No debía ser tan orgullosa, en realidad si extrañaba pasar el rato con Shizuru, no por nada era mi persona más importante en el festival, aún cuando me avergüenza en tantas ocasiones y me deja en mal lugar, es una agradable compañía, alguien con quien contar cuando tengo un problema, y eso amigos míos, no es tan fácil de encontrar.

Otro suspiro, sin duda la clase se me estaba haciendo eterna. Volví a cerrar los ojos, recordando lo anterior.

Como ya dije, no tenía pensado hablar con Shizuru sobre que quería volver a tenerla cerca, pero cuando en el pasillo pasó de largo, ignorándome completamente, no pude remediar que su nombre saliera de mis labios, llamando así su atención. El asunto de su séquito no es nada nuevo, parte de la mala fama que me había ganado en el centro era por las celosas y envidiosas fans de la castaña, las cuales lo que más ansiaban era que me alejara de su deidad.

Una sonrisa torcida se dejó ver en mi rostro. Esas escuálidas no tenían ni idea de como era en realidad Shizuru, solo se dejaban engañar por su estatus, su amabilidad y esa sonrisa fingida que a todos enseñaba, menudas incrédulas.

Cuando llegamos a la sala del consejo solas, me comporté como tiempo atrás hacía, sentándome en su escritorio de presidenta estudiantil de una forma muy poco femenina, comencé a hablar. Quizás fui demasiado sincera con ella, en el sentido de que mis palabras pudieron no ser las más apropiadas para intentar tener el mismo vínculo que antes, pero al fin y al cabo es mi personalidad. En un principio intentó no mostrar que mis palabras le afectaban, pero nos conocemos desde hace varios años y esas expresiones falsas no tienen el mismo efecto en mi como tiempo atrás. Muy posiblemente esa fuera la razón de ese malestar que sentí cuando hablamos y en cuanto me alejé de ella.

-Tierra llamando a Natsuki... ¿hola?- instintivamente, al escuchar mi nombre abrí los ojos, encontrándome con unos violetas que me miraban fijamente.

-Maldita Mai, estamos en clase, ¿qué quieres?- contesté malhumorada.

-Si tantas ganas tienes de aprender te dejaré en tu tan ansiada aula, pero yo me voy a ir a casa.- bromeó, a lo que respondí con el ceño fruncido, consiguiendo que una sonrisa victoriosa saliera de los labios de mi tan agradable amiga.

Contemplé con una mirada de desagrado la clase entera, percatándome de que solo quedábamos nosotras dos.

-¿Pero qué hora es?- me incorporé, sacando el móvil de uno de mis bolsillos para responder a mi pregunta.

-La hora de irnos a casa.- si esperar más explicación recogí las cosas y me dispuse a irme por la puerta. -Oye, al menos podrías esperarme.-

-No estoy de humor, Mai.- le sentencié, pretendiendo que dejara sus ironías.

-Cuéntame algo que no sepa.- continuó con su juego, a lo que le gruñí. Finalmente fuimos juntas a casa, todo por culpa de su carita de cachorrito, la cual me copió. -¿Por qué no te vienes a mi dormitorio hoy? Mikoto y yo teníamos pensado cenar ramen.- seguramente a petición de la pelinegra. -Y ver alguna película.-

-Creo que prefiero irme directamente a mi departamento.- rechacé su ofrecimiento.

-Mou, Natsuki, ya no sales con nosotras, pensaba que después del carnaval te abrirías más a nosotras.-

-No me hables de eso.-

-Incluso empezaste a ignorar a Fujino-san, pensaba que era tu persona más especial.- pensativa, llevó uno de sus dedos a su mentón. -Quizás me equivocaba.- Al escuchar el nombre de la castaña un escalofrío recorrió mi espina dorsal, lo cual no pasó desapercibido para mi amiga. -¿Pasó algo con Fujino-san?- preguntó con total inocencia.

-No.- respondí secamente, dándome cuenta de mi error, ya que con esa contestación le daba a entender a Mai que estaba mintiendo.

-Sabes que puedes contármelo.- paró de caminar, a lo que hice lo mismo, cambiando mi rostro a uno de molestia.

-Tate era tu persona especial y también te he visto pasando de él.- intenté cambiar de tema. Por una parte seguramente me vendría bien hablar de mis problemas con alguien, pero no era algo que saliera tan fácilmente de mi.

-¿Quién te dijo que era mi persona especial?- me miró como si tuviera más de una cabeza.

-Él desapareció, y...-

-Eso fue por Shiho-san.- ahora la que tenía un semblante molesto era ella. -Mi persona más importante no desapareció.-

-¿Pero entonces quién diablos...?- me interrumpió, sabiendo seguramente lo que le iba a preguntar.

-¿Te imaginas que Mikoto hubiera desaparecido? Sin poder comer más mi ramen ni jugar con sus amigos, los gatos.- sonrió de una forma muy maternal, contestando de ese modo a mi pregunta. He de reconocer que me pilló con la guardia baja, sabía que le tenía un gran aprecio a la pelinegra, desde que habían compartido habitación eran como hermanas, pero no pensé que llegara a ser tan importante para ella. -Por cierto, buen intentó cambiando de tema.- otro gruñido salió de mi garganta.

Aún cuando dijo eso, no pareció meter el tema de Shizuru de nuevo. Conversaciones triviales se hicieron presente en nuestra atmósfera mientras caminábamos hasta que llegamos a su habitación, la cual era parte de las instalaciones del centro. Mai entró pero no me cerró la puerta, seguramente esperaría que yo hiciera lo mismo aún cuando le dije que me iría a mi departamento. No sabía que hacer, reconocía que hablar sobre lo que rondaba por mi cabeza sería una ayuda para poder descansar por las noches, pero por otro lado mi orgullo me prohibía realizar tal acción.

Cogí aire, llenando mis pulmones, puse mi mente en blanco y me adentré a su habitación.

-Mikoto vendrá más tarde, cierra la puerta al entrar.- escuché al fondo de la sala mientras soltaba todo el aire.

Un portazo y ya no había vuelta atrás.

-¿Quieres tomar algo? Tenemos refrescos y té.- Mai se apareció de su habitación y se dirigió a la cocina.

-Lo que traigas estará bien.- escuché como se abría y cerraba el mini frigorífico que allí tenían para finalmente acercarse hasta el sofá del salón, donde yo me encontraba sentada. Me acercó un refresco y lo abrí, dándole un gran sorbo, perfecto para la ocasión.

-Al parecer, Fujino-san dejará su cargo al final de esta semana, cuando terminen las clases.- abrió el tema con total despreocupación.

-Son las reglas, ella se ha graduado ya.- otro sorbo.

-Al parecer Yukino ganó las elecciones, era de esperarse.- Mai hizo lo mismo.

-Le irá bien, es muy capaz para tomar ese cargo.-

-Mmmh... me preocupa un poco aún así, después de todo Suzushiro-san también se ha graduado.-

-Hn.-

La conversación pareció terminar ahí, escuchándose solamente el ruido que hacíamos al beber directamente de la lata. Por un momento pensé que Mai había desistido en sacar el tema de Shizuru, pero no fue así.

-¿Qué pasó con Fujino-san?- en esta ocasión fue bastante más directa.

Era inútil seguir fingiendo que no pasaba nada. -¿Cuándo te refieres?- contesté, descolocándola un poco. Ella no sabía nada sobre lo que pasó con nosotras en el carnaval, solo la pelea que tuvimos en la iglesia.

-No sabría decirte...- pensó por unos segundos como continuaría. -¿Qué ha pasado para que estés así?-

-¿Así cómo?-

-Antisocial, fría, con un malhumor permanente, cortante...- empezó a enumerar con los dedos, a lo que le hice un gesto para que parara, había entendido muy bien a que se refería.

-Por donde empezar...- suspiré, intentando recapitular. -Shizuru es muy importante para mí, fue la primera persona que confió en mí cuando estaba en mi etapa oscura y me ayudó mucho.- comencé, intentando preparar el terreno.

-Lo sé.- me incitó a que continuara.

-Pero Shizuru está enamorada de mi.- me ruboricé.

-Oooh...- se sorprendió, lo cual no me extrañaba, la tan aclamada Kaichou-sama pillada por alguien como yo. Aún así opino que su rostro ha sido demasiado exagerado.

-Me besó mientras dormía.- de nuevo el rubor.

-Vaya vaya...- esta vez su expresión fue de picarona, al parecer le hacía un poco de gracia todo esto. -Una relación de amistad que camuflaba una historia de amor, que romántico.- comentó mientras se le iluminaba el rostro. Esta mujer había visto demasiadas telenovelas.

-Puede ser lo que quieras, pero no una historia de amor, ya que después de todo es unilateral.- respondí algo cortante.

-¿En serio?- la fulminé con la mirada por su insinuación. -Pensé que no tenías problema en relaciones con el mismo género.- de nuevo salieron dagas de mis orbes.

-No tengo problemas, pero ese no es el caso, se trata de Shizuru.- intenté hacer énfasis en el nombre, resaltando quien era.

-Lo entiendo, la idolatrada Kaichou-sama, la musa de muchos, la deidad de todos y el sueño erótico de algunos otros.- se pueden imaginar mi rostro por lo último que dijo, era un completo poema rojizo.

-¡Desde cuando eres una vieja verde!- exclamé volviendo a mi color natural.

-Oh venga Natsuki, sabes que estoy bromeando.- su expresión no me dejaba muy en claro si lo que decía era de verdad una broma. -Pero sabes, realmente pensaba que te gustaba.- ante aquello, el rubor volvió a apoderarse de mí. -Es más, pensaba que la no correspondida eras tú.-

-Mai, deberías dejar de ver tantas telenovelas, te lavan el cerebro.- me acerqué a ella, acariciándole graciosamente la cabecita, como muestra de compasión por su estupidez.

De un manotazo alejó mi brazo de ella. -Igualmente no entiendo el porque esa incomodidad entre vosotras, comprendo que al principio no sería fácil, pero han pasado muchos meses.- volvimos al tema central con un semblante serio.

Ante aquellas palabras mi cuerpo se inmovilizó, dándome cuenta de que había sido descubierta, ya que ciertamente había algo más en la historia que no le había comentado, y era el causante de mi desconfianza hacia ella, mi forma tan poco cortés de hablarle y la constate lejanía entre nosotras, creada principalmente por mi.

-No puedo volver a confiar en ella.-

-Natsuki, entiendo que te sintieras engañada por el hecho de que no te fuera sincera con sus sentimientos, pero no creo que tuviera muchas más opciones.- ¿Por qué la defendía a ella todo el rato?

-No es por nada de eso...- le di el último sorbo a mi refresco para posteriormente dejarlo en la mesa vacío. -Cuando estuvimos en la casa de un alumno suyo de ceremonia del té...- miré a mi amiga, quién tenía una expresión de duda. -Ya sabes, cuando me enteré sobre lo de mi madre y Nao me capturo... que Shizuru me salvó.- intenté hacer que recordara, después de todo si le conté esa parte, omitiendo muchas cosas, claro.

-Sí sí, continua.- afirmaba con la cabeza esperando que prosiguiera.

-En una de las noches... Shizuru abusó de mí.- ante esas palabras, la expresión de Mai cambió en dos ocasiones, primero a una de sorpresa y a continuación a una de tristeza.

-¿A que te refieres?- preguntó, pensando que había escuchado mal.

-No lo recuerdo.- ahora el semblante de Mai era de confusión.

-¿Cómo puedes saberlo si no lo recuerdas?-

-Recuerdo...- hice memoria. -Era de noche, su cuerpo estaba contra el mio... podía notar su calor, su piel, su tacto por mi abdomen...-

-¿Cómo es posible que solo recuerdes eso?- al parecer mi amiga no estaba muy segura de mis palabras. -¿Has hablado de esto con Fujino-san?-

¿Acaso no me creía? Era mi amiga, no me estaba inventando nada. Mi enojó floreció, mostrándolo entre otras cosas, por el ceño fruncido.

-¡¿Crees que me lo estoy inventando!?- le grité mientras me levantaba por el calor del momento.

-No Natsuki, no es eso.- habló ella más calmadamente.

-¡¿Entonces por qué muestras tanta inseguridad ante mis palabras!?-

-¡Porque estás acusando a alguien de algo muy grave sin ninguna prueba!- ahora fue ella la que se levantó, dejándome bastante descolocada por su acción. Posteriormente me senté tal como si fuera una niña regañada por su madre. -¡No te estoy diciendo que sea mentira! Por dios eres mi amiga...- se sentó ahora ella. -Pero por lo que parece no lo has hablado con ella y has sacado conclusiones de unos recuerdos de los que ni siquiera estás segura.-

-No son solo recuerdos, son sensaciones.- intenté defenderme.

-¿Y que hubiera pasado si no fuera ella la que estaba en esa ocasión encima tuya?- salió a socorrer a la castaña.

-No puede ser el caso, nosotras estábamos solas y... esa sensación...- me forcé a mi misma a hacer memoria, pero era inútil, estaba en blanco.

-Natsuki, deberías ir a hablarlo con ella.- me aconsejó, e iba a seguir hablando hasta que un estruendo en la puerta principal nos sacó de la discusión. Mikoto acababa de llegar.

-¡Mai Mai! ¡Ramen!- gritaba como si se tratara de un saludo.

Sonreí por su efusividad por primera vez desde que había entrado, finalmente me despedí de ambas para irme a mi departamento, aunque la anfitriona no parecía muy convencida de dejar la conversación de ese modo.

Mi alma estaba en calma, había hablado de mis preocupaciones con una amiga y gracias a eso, una sensación tranquilizadora inundaba mi cuerpo. Para mi desgracia, no era lo único que se apoderaba de mi, ya que una gran cantidad de pensamientos contradictorios también buscaban incluirse en mi mente.

¿Y si Mai tenía razón? ¿Y si Shizuru no hubiera tenido nada que ver? Incluso pudo haber sido un sueño extremadamente real.

Maldita Mai, haciéndome dudar de esta manera... Imagino que incluso para ella debió de sonar extraño que la gran Kaichou-sama hiciera algo tan impropio, a mi también me sorprendió en su momento.

¿Pero y si realmente Shizuru había abusado de mí? En ese caso nada cambiaría, después de todo, era el pensamiento que había tenido todo este tiempo, como si esa fuera la única realidad.

Algo hizo click en mi cerebro, percatándome de que no había hecho las cosas bien. Me había dejado llevar por algo que desde un principio no estaba segura de que fuera real, y por si fuera poco, se lo había hecho pagar a Shizuru. Un malestar inundó mis entrañas mientras me dirigía a mi departamento. En el fondo quería que realmente lo hubiera hecho y de ese modo, no ser consciente de que me había equivocado, de que había hecho pagar a Shizuru de una ruin y desagradable manera, enseñándole la peor parte de mi personalidad.

Un ruido gutural salio de mis adentros, mostrando mi malestar por esos pensamientos tan egoístas.

Mai tenía razón, debía hablar de esto con Shizuru y resolver este tema tan importante, no podía seguir culpándola de algo tan grave a ciegas.

Los días continuaron, y como si de una súplica se tratara, las vacaciones llegaron, finalizando de este modo las clases. Mai no volvió a abrir el tema, tampoco me topé con Shizuru en esos días, lo cual no sabría explicar si era bueno o malo, puesto que mis pensamientos estaban bastante alocados aún, solo tenía una cosa clara.

Debía hablar con ella para que me explicara si realmente sucedió algo entre nosotras.

Mis planes para estas vacaciones eran muy simples y cómodos, consistían en llenar la bandeja del frigorífico superior de botes de mayonesa hasta que no cupieran más, comprar algunas cervezas, alquilar unas películas y ver como los días pasaban con mis mayores vicios presentes. Claro, todo sonaba muy bonito excepto por el detalle de que a mi segunda madre, Mai, no le gustaban mis malos hábitos, por lo que a duras penas, me sacaba de casa.

-Mai, hace calor, esto está abarrotado de gente y ni si quiera me has dejado tomar mayonesa en el desayuno.- me quejaba, recordando como me había confiscado mi tan amada salsa, con la que quería rociar las tostadas de esta mañana.

-Algún día me lo agradecerás, algún día...-

Mis pasos eran pesados, era demasiado pronto como para salir a la calle, a esta hora estaban en pie todos los juerguistas que celebraron el final de las clases la noche anterior, los cuales en su mayoría estaban borrachos. Pero claro... Mai quería lencería nueva, y a estos lugares no podía venir con Mikoto.

-Mai, a ti todo te quedará bien, déjame ir.- pareciese que estaba encadenada a algo, arrastro mis pies como si fuera una presa.

-No seas tan quejica, deberías agradecerme que te he sacado de tu cueva.- me regañó cual madre. -¡Mira que día más hermoso hace!- alargó sus brazos al horizonte para darle más énfasis a sus palabras.

-Precioso, ¿puedo irme ya?- lo intenté por segunda vez, total, no perdía nada, como mucho un tirón de oreja por mi insistencia.

-Ya casi hemos llegado.- ignoró mis palabras como toda una experta.

Acabamos entrando al local. Una gran cantidad de lencería, de distintos tipos y colores se abrían paso por los pasillos. El lugar era bastante grande, aquí es donde compré la mayoría de mi colección de ropa interior, seguramente esa sea una de las causas por las que Mai me arrastró hasta aquí. Miré hacia ambos lados buscando a la susodicha, percatándome de que me había dejado sola, se habría ido con alguna dependienta para que la aconsejara.

-¿Y para esto me hace venir?- refunfuñaba por lo bajo mientras fruncía el ceño.

Me adentré a la zona de camisones, tal vez no había sido tan mala idea venir hasta aquí, habían traído mercancía nueva.

-He de reconocer que la lencería de este mundo es mucho más glamurosa.- escuché bastante cerca de mí, reconociendo para mi desgracia la voz. Después de todo un tono tan ronco me era muy familiar.

-Ara, este es el mejor lugar para comprar este tipo de ropa.- ahora si que me paralicé, esa voz me era muchísimo más familiar, un acento inconfundible. -Quizás pueda ayudarte a elegir algo.- una palabras casi inaudibles se escaparon de la mayor por el comentario de la castaña.

No me caracterizo por ser curiosa, ni mucho menos por ser una cotilla, pero esta ocasión era de lo más extraña, por lo que sin pensarlo mucho, me escondí detrás de unas prendas colgadas, muy disimuladamente para que no me vieran, ya que la ropa me servía como muralla.

-Eres incorregible incluso aquí...- se quejó Kruger, haciendo un mohín para finalmente ser suplantado por una sonrisa sincera.

-Es muy divertido hacerte sonrojar.- ahora la que sonrió era ella.

Esas palabras que le dirigía a la peliazul, me las había repetido a mi una gran cantidad de veces.

-Que cruel, te gusta que me suba la sangre hasta la cabeza.- ¡Oh venga, yo no hubiera dicho eso!

-¿Qué te parece este conjunto rojo? Parece de esta temporada.- me tentaba dejar de escucharlas, tenían un tonteo constante muy molesto, consiguiendo que mi malhumor renaciera de nuevo.

Estaba a punto de irme para dejarles su propia privacidad, seguramente se tratara de una cita. Pero cierta mujer con muy buenos atributos prefirió que en vez de irme sigilosamente como si nada hubiera pasado, fuera descubierta.

-¡Natsuki, donde diablos estás!- gritó Mai casi rompiéndome los tímpanos. -¡Ah, ahí estás!- volvió a vocear hacia mi dirección, consiguiendo de ese modo que unos ojos carmines y unos verdosos también miraran a mi dirección, maldita sea...

Sí, fui descubierta, y de una forma muy poco respetuosa, de modo que, como es costumbre, me ruboricé de sobremanera.

-¿Natsuki?- un acento kioto-ben me nombró, separando parte de la ropa que anteriormente usaba como fortaleza.

-¡Natsuki, porqué diablos no me hacías...!- lo que había comenzado como una bronca, perdió fuerza por la presencia de la parejita. -Fujino-san, cuanto tiempo.- la saludó con la calma que no me había dirigido a mi.

-Ara, Mai-san.- nos miró a ambas hasta quedar sus rubíes en su acompañante. -Os presento, ella es Mai Tokiha, una amiga de Natsuki, asisten a la misma clase.- Kruger asintió.

-La heroína del carnaval de las Himes, me alegra conocerla, Tokiha-san.- ¿y esta era mi doble de otro mundo? Yo no hablo tan formal.

-Tokiha-san, ella es Natsuki Kruger.- en un principio no supo mucho más como presentarla, lo que no sabía Shizuru era que a Mai ya le había hablado de ella.

-¡Vaya! Entonces tu eres Kruger-san.-

-¿Nos conocíamos en este mundo?- preguntó de una forma algo extraña la peliazul, pero al parecer a Mai le hizo gracia.

-Te saludé en la graduación de Fujino-san, pero pasaste olímpicamente de mí.- me señaló. -En un principio pensaba que eras ella, por lo que no puedes imaginar la bronca que le eché por ignorarme.- se rascó la nuca despreocupadamente mientras yo hacía muecas de dolor al recordar el golpe que me dio en la cabeza.

-Sí, no puedes imaginártelo...-

-Después de eso me explicó un poco la historia y bueno...- silencio dramático. -Después del carnaval no hay mucho que me impresione.- volvió a reírse, ¿es que acaso no recuerda lo traumático que fue?

-Bueno, ya que las presentaciones están terminadas, ¿que les parecería ir a tomar algo?- nos invitó Shizuru a que nos uniéramos a su cita romántica, a lo cual no estaba por la labor.

-No gracias.- me di media vuelta y estaba dispuesta a caminar hasta la salida, pero una mano me agarró del cuello de la camiseta, consiguiendo de esa forma darme la vuelta y retornar al lugar que había dejado. -Mai...- sentencié a la susodicha de tal acción.

-¡Estaremos encantadas de ir con vosotras!- gritó alegremente la pelinaranja justo al lado mía, consiguiendo que mi audición empeorara.

Justo enfrente de la tienda de lencería se encontraba un restaurante familiar bastante simple, el cual sería nuestro nuevo destino. Entramos sin más reparos. Yo por mi parte estaba muerta de hambre, después de todo las calorías que necesitaba a la mañana no pude ingerirlas por cierta chica con un gran problema de sentido maternal.

Sé que podrían pensar, ¿qué puede haber peor que ser participe de lo que antes era una cita romántica entre una persona importante para mí y la que podría considerarse mi doble? Bien, yo les responderé gustosamente esa pregunta.

Una mesa redonda, cuatro sillas, dos peliazules, dos hamburguesas, un bote de mayonesa.

Nuestras miradas podían dejar sin aliento a cualquiera que las cruzara, habíamos creado una atmósfera terrorífica donde en el centro de esta, se hacía protagonista un solo bote de mayonesa con poca más de la mitad en su contenido. Con una rápida acción lancé mi brazo hacia el objetivo, buscando de este modo agarrarlo y quedarme con la victoria, pero fue en vano, la otra mujer, con más años de experiencia, fue mucho más rápido, quedando yo como la perdedora que no podría degustar de su tan ansiada ambición.

-En otro momento será, Kuga-san.- se reía maliciosamente la ganadora mientras destapaba el bote e inundaba la carne.

Empecé a salivar al estar presente de como la mayor se deleitaba con su plato. Bajé la mirada, chocando esta con un trozo de carne en todo su esplendor.

-Grr.- gruñí mientras en mi rostro se dibujaba una expresión de niño mimado al que le habían quitado su juguete favorito.

-Ara, gracias.- escuchaba a la castaña agradecer a alguien, pero mis orbes solo podían enfocar a mi "demasiado sana" comida. -Aquí tienes, Natsuki.- alargó su brazo para obsequiarme algo, subí la mirada.

Un bote de mayonesa casi entero esperaba ser cogido por mí.

-¡Shizuru, me has salvado!- grité como si me acabaran de rescatar de una isla desierta, a lo que ella se rió tiernamente.

-Hn, yo que había conseguido que no tomara esta mañana...- se lamentaba la pelinaranja.

-Y que sepas que no lo he olvidado, Mai.- la amenacé, pero a ella le dio completamente igual.

Abrí el bote y puse la hamburguesa a rebosar del condimento blanco mientras me relamía los labios de una manera algo infantil al ser participe del delicioso manjar que me iba a dar.

La conversación fue bastante agradable, excepto por los comentarios de Shizuru que en esta ocasión, ruborizaban por partida doble, mientras tanto Mai no podía dejar de reír por todos esos momentos en los que la castaña salía victoriosa en los comentarios vergonzosos, como toda una experta. Durante ese tiempo olvidé por completo mis inseguridades, esos pensamientos que deambulaban por mi mente desde la conversación con Mai, habían sido omitidos por agradables momentos y deliciosa comida.

Hasta que nos despedimos. La tarde fue muy divertida, después de comer dimos una vuelta por los alrededores. Volvimos a la tienda de lencería donde Mai escogió por fin un conjunto blanco muy coqueto. Pero como iba diciendo antes, la hora de irnos estaba presente y de nuevo las emociones negativas volvieron a mí.

-Natsuki, nos vemos pronto. Si piensas que te voy a dejar encerrarte en tu cueva la llevas clara.- Mai era tan agradable como siempre, mostrando su autoridad materna.

-Nos vemos.- con un gesto la despedí, finalmente solo quedábamos tres.

-Imagino que también es tiempo de que irme ya, ¿quieres que vaya a dejarte a tu casa, Shizuru?- se propuso como escolta Kruger, muy caballerosa. Yo por mi parte solo me crucé de brazos mirando a otro lado, esperando a que terminaran su numerito de enamoradas.

-No es necesario Kruger, pero gracias.- ¿por qué le sonríes? Esa no es la fachada que sueles enseñar.

La peliazul cogió por la cintura a Shizuru y la acercó hasta ella, abrazándola, aunque por lo que pude notar la castaña tardó más en reaccionar, aún así se lo correspondió. Giré de nuevo la mirada esperando de nuevo a que acabaran, hasta que un casi inaudible sonido de un beso se hizo presente.

Se habían dado un beso de despedida. Sin duda el amor me daba sarpullidos, de modo que incluso un nudo en el estómago se me creó a causa de eso.

Que desagradable sensación, esto no está hecho para mí.

Un gesto de despedida por mi parte y Kruger se perdió en el horizonte, ya solo quedábamos dos.

-Ha sido agradable pasar el día contigo Natsuki, nos vemos pronto.- se despidió ella, pero no podía desaprovechar esta oportunidad, debíamos hablar.

-Shizuru, espera.- la cogí del brazo para que no se girara y empezara a andar, consiguiendo que se sorprendiera. -¿Podemos hablar?- pregunté, ruborizándome por el camino a causa de mis esporádicas acciones.

-Claro.-

Y de ese modo nos dispusimos a sentarnos en uno de los bancos que por esa zona habían, mientras tanto, yo pensaba detenidamente en como sacar un tema tan poco respetuoso.

-Shizuru, hay algunas cosas sobre el carnaval de las Himes que no entiendo.- ya sentadas, bajé la cabeza y crucé los dedos, dándome un aire serio, lo cual notó la castaña, puesto que su expresión fue igual que la mía.

-Ara, ¿yo puedo ayudarte en eso?- preguntó por mi repentino silencio, esperando que continuara.

-Como decirlo...- chasqueé la lengua por mi falta de palabras. -¿Recuerdas cuando me rescataste de Nao?- comencé por lo más básico.

-¿La primera o la segunda vez?- respondió con algo de gracia, a lo que yo me ruboricé ligeramente.

-La primera.-

-Sí, más o menos.-

-¿Qué paso después de eso?-

-Te llevé a la casa de un alumno mio de ceremonia del té, allí te recuperaste, parecías estar bastante atormentada.- respondió sin tapujos.

-No te lo conté, pero poco antes de lo sucedido con Nao, me enteré de la verdad sobre mi madre.- contesté a lo que se refería con que no estaba en mis mejores condiciones. -Me vendió a la incorporación Sears por mi marca Hime.- me sinceré.

-Lo lamento.-

-Ya es pasado, no le des más vueltas.- empecé a mover mis dedos inquieta, cada vez nos acercábamos más al tema principal. -¿Qué paso allí?-

De pronto el rostro de Shizuru cambió a uno de incomodidad mientras pasaba una de sus manos por su brazo, parecía que sabía de lo que estaba hablando. Fui presenciando todas sus acciones mientras esperaba una respuesta.

-Te recuperaste y posteriormente aparecieron Kikukawa-san y Suzushiro-san.- se mordió el labio, intentando que algo no saliera de la comisura de sus labios. Intenté que nuestras miradas se encontraran para comprender lo que le estaba pasando, pero era inútil, en cada momento la evadía.

-Por la noche, ya sabes...- ella sabía algo que yo no, pero parecía no querer soltar prenda.

Shizuru era una gran actriz, pero no delante de mí. Yo era como su talón de Aquiles, su punto débil, en pocas ocasiones conseguía esconderme algo. Su cuerpo se tensó, sus orbes se cristalizaron y su mano recorría su brazo con más énfasis.

-No lo recuerdas, ¿verdad, Natsuki?- una lágrima salió de sus orbes, confundiéndome de sobremanera, ¿a que se debía esa reacción?

-Ne, Shizuru.- no podía seguir dando vueltas, todo apuntaba a lo que tenía en mente, debía ser directa. -¿Abusaste de mí?- ante esas palabras mis verdosos ojos se oscurecieron.

Shizuru dio un pequeño grito a causa del sobresalto, el cual intentó callar con ambas manos, las cuales se encontraban en sus labios. Por primera vez desde que nos habíamos sentado me dirigió la mirada, chocando descaradamente contra la mía. En ella pude ver miedo, terror y un asombro tan enorme que daba miedo. ¿Me había equivocado?

Iba a seguir hablando para intentar calmarla, no quería verla tan alterada, pero un gran grito me interrumpió.

-¡¿Cómo puedes llamar abuso a algo que fue consentido?!- Kruger apareció de detrás de unos arbustos, al parecer nos había estado siguiendo. Su rostro se encontraba rojo por el coraje, su voz había sonado como un gruñido de un animal salvaje, dirigiéndome esas palabras con toda la ira que pudiera albergar una persona.

La observé anonadada, intercambiando la mirada con ambas en varias ocasiones.

¿Qué diablos había pasado esa noche con Shizuru?


Soy cruel, lo sé, me proclamo culpable, pero entiendan que debo dejar parte de la intriga, además, esta revelación es muy importante en la historia. No se si lo notaron, pero desde el principio dejé muy abierto el tema de que había pasado la noche que estuvieron después de la pelea contra Nao. Mandé muchas indirectas xD

Por otro lado, he de decir, que como habrán notado, este capítulo tiene algo más de gracia, tampoco veo bien dejarlo todo en puro drama, en los otros capítulos expuse bastante los sentimientos de ambas. Igualmente, cuando estaba escribiendo, me hizo mucha gracia el imaginarme como sería ir a comer con las dos Natsuki's, y claramente, el bote de mayonesa no podía faltar xD.

Gracias a los que continuais la historia y a los comentarios, hasta el siguiente capítulo ^^