El calor en el ambiente era tan notorio que parecía el mismísimo infierno. La respiración forzosa de Kruger por la ira y sus gélidos orbes verdes, los cuales me clavaba como si de dagas se trataran, consiguiendo de ese modo que una punzada de culpabilidad me atravesara el alma por las palabras tan crueles que le había dirigido a Shizuru en esa pregunta.

Quizás me hubiera equivocado, pero hasta que las cosas no estuvieran bien explicadas, no podría dejarme llevar por esa opción.

-¿Ha que te refieres?- pregunté directamente a la mayor, procurando no tartamudear.

Kruger tardó un poco en contestarme, como si estuviera escaneando el panorama y de ese modo, viendo que hacer. Su semblante, aún furioso, dejó de ser tan amenazante como en el momento de su aparición, por otro lado Shizuru mantenía las manos en su boca con una mirada vacía dirigida a mí. Kruger al verla, suavizó su mirada, dirigiéndole una de cariño y comprensión. Finalmente se acercó a ella, besando su frente y abrazándola, cubriéndola por completo de mi vista.

-¿Qué recuerdas?- interrogó ahora ella, pero no sabía que contestar ya que si le contaba mis memorias, quizás solo hiciera más daño a Shizuru.

Unos brazos delicados salieron de los costados de Kruger para rodearla del mismo modo que hacía ella. La castaña estaba abrazando fuertemente a la peliazul. Un casi inaudible sollozo se escuchaba en la atmósfera mientras el abrazo que ambas mujeres compartían se intensificaba.

Shizuru estaba llorando, pero no podía verla por el cuerpo de Kruger, quién con una de sus manos comenzó a acariciarle la cabeza y susurrarle palabras al oído, las cuales no pude escuchar.

Miré a otro lado, algo incómoda por la escena tan íntima que se estaba dando delante de mí.

-Mis recuerdos son muy borrosos.- intenté justificarme, consiguiendo que un suspiro cansado saliera de la mayor.

-Te ayudaré a recordarlo si es lo que quieres, pero primero dejaremos a Shizuru en su casa.-

-Quiero quedarme.- la castaña levantó su rostro hasta juntar sus orbes carmesíes con los esmeraldas de su acompañante. Su voz sonaba tan afligida que podía romper el alma de cualquier ser vivo, aún así, no cambie mi expresión.

Kruger volvió a suspirar mientras afirmaba con la cabeza para a continuación, dirigirse a otra zona más privadas sin soltar en ningún momento a Shizuru. Sin cruzar palabras, las seguí.

-Mejor hablaremos aquí.- indicó un gran árbol para posteriormente sentarse debajo de él, en el mullido césped.

Kruger dirigió a Shizuru hasta sus piernas, indicándole que apoyara ahí su cabeza y se acostara, lo cual cumplió sin rechistar. Yo por otro lado me sentaba delante de la peliazul, enfoqué mi mirada a Shizuru, pero solo se dio media vuelta, escondiendo su rostro entre la camiseta de Kruger, consiguiendo que solo pudiera ver su sedoso cabello.

Ninguna habló, la más mayor solamente acariciaba el cabello de la castaña hasta que se tranquilizó del todo y al final, se durmió.

-Bueno, no me esperaba todo esto la verdad.- comenzó a hablar Kruger con total sinceridad. -Fue por esto por lo que te comenté que después de lo que sucedió en el carnaval, pensaba que os ibais a quedar juntas.- por primera vez desde que estábamos allí alejó la mirada de la mujer que ahora dormía en su regazo y me la dirigió. -Aunque como entenderás ahora no te la daré.- aclaró mientras me observaba amenazante.

-Cuéntamelo de una maldita vez.- casi grité, pero bajé el tono para que la castaña, que tan cómoda se veía, no despertara.

Kruger carraspeó, dándome a entender que sería una larga charla. -¿Recuerdas como llegaste allí?-

-Shizuru me salvó de Nao y me llevó a la casa de un antiguo compañero suyo de ceremonia del té.-

La mayor pensó un poco para ver como enfocar el tema en lo que ella quería, finalmente continuó con la conversación. -¿Por qué no peleaste contra Nao cuando te secuestró?-

-Si antes has estado escuchando, ya sabrás lo que pasó con mi madre, no voy a repetir eso.- mis orbes se oscurecieron por los recuerdos. -Simplemente entre en un estado en el cual no podía acudir a Duran o a mis pistolas.- intenté resumir.

-Bien, hasta ahí quería llegar. Ahora te explicaré lo que sucedió esa noche.-

Punto de vista de Kruger

Hacía varias semanas que había llegado a este mundo, pero solo pasaron unos escasos días desde que encontré a Shizuru.

Una gran pelea parecía llevarse a cabo en Fuuka, estando involucradas tanto Shizuru como tú, Natsuki.

La primera vez que vi a Shizuru aquí no pude remediar alegrarme, mi semblante serio y frío cambió drásticamente solo con poder observar una vez más esos destelleantes orbes rojos que desde tanto tiempo, habían sabido todos mis secretos y había pasado tantos momentos a mi lado.

Hacía muchos años que no la veía, aunque esta fuera su versión más joven, seguía igual de elegante y radiante.

No sabía que sucedía en esta realidad, tampoco tenía muy claro que clase de relación tendríais vosotras dos aquí, de ese modo, me mantuve completamente al margen de sus problemas. Después de todo no había venido hasta aquí para amargar a mi otro yo.

Una enorme casa al estilo japonés se alzaba entre unos bellos y decorosos jardines con pequeñas fuentes a los costados.

Acababas de ser salvada por Shizuru al lado de una carretera, en un pequeño mirador y finalmente te llevó hasta ese lugar para sanarte.

Imagino que Nao nunca cambia esté donde esté. Sonreí por mi ocurrencia, recordando como la araña me molestaba cuando iba a clase, incluso cuando yo era la directora, no me tenía ningún respeto.

La oscuridad de la noche empezaba a inundar el cielo, consiguiendo que me debatiera en si quedarme o irme por lo tarde que se hacía. Finalmente me quedé allí, escondida fuera de la casa, pensando que esta podría ser mi oportunidad para conocer vuestra relación.

-Deberías comer algo, Natsuki.- la melodiosa voz de Shizuru me aisló todas las posibilidades de irme, solo escuchando su tan conocido acento conseguía que no quisiera irme de su lado.

-No tengo hambre.- en esta ocasión una sinfonía más grave salía del interior de la casa.

La chica de Kioto había dejado la puerta corredera de estilo japonés abierta, por lo que sin muchos escrúpulos me acerqué a una zona donde pudiera observar el interior de una forma muy discreta. Shizuru parecía estar midiéndote la temperatura con una de sus manos, su rostro no podía camuflar la angustia que sentía por el estado tan deplorable en el que te encontrabas.

Durante un tiempo ella intentó que probaras bocado, que bebieras o mínimamente que dijeras más de tres palabras seguidas, pero todo pareció inútil, te encontrabas en un estado completamente ausente. Aún así Shizuru no se rindió y consiguió que reaccionaras cuando comenzó a hablar de lo sucedido poco antes.

-Lamento haberte ocultado tanto tiempo mi marca Hime, Natsuki, pero no podía permitirme ser descubierta.- cerca suya se encontraba un conjunto de vasija dedicada a la elaboración del té, con la cual se sirvió una taza de su amada bebida, indicándote con un gesto si querías, pero negaste con la cabeza. -Tenía que protegerte, te estabas metiendo en terrenos muy peligrosos.- prosiguió con su relato mientras bebía delicadamente el té.

-No hacía falta Shizuru.- unas lágrimas salieron de tus ojos. -Ya no me importa lo que pueda pasarme, no tengo razón para pelear.- tu llanto se agrandó, llamando de sobremanera la atención de la mujer que te atendía.

-¿Por qué dices eso?- dejó la bebida a un lado y se acercó más a ti.

-Aunque lo estuve intentando, Duran no vino a por mi cuando lo llamé. Ni si quiera mis pistolas quisieron ayudarme a defenderme de Nao.- se te notaba dolida, la voz más ronca que de costumbre, tu piel blanca y las cuencas vacías de tus ojos hablaban por si solas. -La persona que más me importaba posiblemente haya sido la que más daño me ha hecho.- cerraste los parpados mientras te mordías el labio inferior, seguramente intentando que no salieran más lágrimas por los recuerdos de tu madre.

-Natsuki...- por unos momentos no supo que decir para reconfortarte, pero pareciese que no buscabas apoyo, simplemente ser escuchada.

-Toda mi vida he buscado vengar a mi madre, pero ya nada de eso tiene sentido.- por primera vez no salieron más penas de tus esmeraldas.

-Natsuki, aún si no tienes a nadie importante, tú si lo eres para algunas personas.- acarició delicadamente tus sedosos cabellos azules, colocando algunos por detrás de la oreja para que tu rostro se viera mejor, aunque no pareció gustarte esa idea, puesto que miraste a otro lado intentando que no viera tu aspecto. -A mi me importas, Natsuki.-

-Shizuru...- esas palabras habían conseguido calmarte, tu respiración acelerada hace unos segundos por las memorias y el llanto se conseguía regular.

-Yo siempre te protegeré, Natsuki.- la castaña se levantó, separando todo contacto que teníais, de lo cual te percataste, ya que la miraste con reproche, percatándote de que se acababa de levantar mientras seguías acostada en el futón. -Deberías descansar, mañana será otro día.- intentó calmar tu angustia con algo de esperanza.

En cuanto se dio media vuelta acercaste tu mano a su brazo para agarrarla con desesperación, consiguiendo que hasta yo me sorprendiera por ese acto tan impropio. El rostro de Shizuru era un poema, totalmente desubicada por tu acción. Aún así se acercó a ti de nuevo, suponiendo que ese era tu objetivo.

Te volviste a tumbar mientras ella se sentaba de nuevo. Giraste tu cuerpo quedando de espaldas a ella por la vergüenza de haber actuado de esa manera tan infantil.

-Shizuru, no te vayas, por favor.-

-Está bien, Natsuki, no me iré hasta que tú no quieras.- volvió a dirigir una de sus cálidas manos hasta tu nuca para revolver aquellos cabellos que tanto les gustaba, mientras tanto, una sonrisa de felicidad por la situación se dibujaba en la comisura de la castaña, dándome un vuelco el corazón solo con verla.

Estuvisteis así durante unos minutos. Un silencio agradable reinaba la atmósfera pero a ninguna os importaba, la sensación de estar cerca de la otra persona era mucho más gratificante que cualquier conversación.

-Shizuru...- susurraste, consiguiendo que aún así fueras escuchada. Giraste de nuevo todo tu cuerpo hasta quedar frente a ella, elevándote un poco. -¿Podrías ser mi persona especial?- casi suplicaste.

Tu rostro estaba blanco, todas las características ausentes que antes tenías seguían ahí. Sin duda no parecías la misma persona de siempre, como si algo te hubiera trastocado. Pero Shizuru no parecía darse cuenta, posiblemente fuera por las palabras que le dirigías o la noche tan íntima que estabais pasando. De cualquier modo, la castaña se mostró feliz por tu declaración, a comparación del tuyo, ella desprendía una cálida sensación con una ráfaga de alegría.

-Ara, ¿qué estás diciendo tan repentinamente, Natsuki?- aún cuando intentaba mostrarse indiferente por tus palabras, le era imposible mostrar otra cara que no fuera de hechizada por las palabras escuchadas.

-Shizuru yo...- te acercaste más a ella, quedando vuestros rostros bastante cerca. -...Me siento vacía...- sin dejar un espacio a que ella respondiera, la besaste, saboreándola fugazmente.

La confusión se notaba en el aire al igual que la inquietud. Aunque habían sido unos escasos segundos de roce mutuo, había conseguido encender una infinidad de sensaciones en ambas. No se trataba de un fuego lujurioso, tampoco una sensación de hambre dirigida a la otra, más bien un amor que simplemente con ver las pupilas de ambas, se podía notar que no era unilateral.

Otro beso, en esta ocasión lo había comenzado Shizuru, pero esta vez había durado lo suficiente como para que os diera tiempo a cerrar los ojos y de ese modo profundizar un poco más el contacto. Se os veía felices, quizás de manera diferente, porque aunque Shizuru no lo notara yo si me di cuenta. En todo momento estabas ausente, como si no fueras tú la que llevaba dichas acciones.

Dirigiste a la castaña más cerca de ti, hasta que quedó de rodillas rodeando tus piernas, poniendola de ese modo encima de estas. Tú por otro lado te apoyabas con una mano en el suelo para no caer y con la otra acariciabas la mejilla de la mujer que en ese momento no se creía lo que estaba sucediendo. Estuvisteis así por un buen rato hasta que los pulmones os pidieron auxilio, separándoos para cederles aire.

-Natsuki, yo...-

No le diste tiempo a decir nada, la volviste a inundar de emociones con tus labios, recostándote en esta ocasión con ella en el futón. Ante esas acciones Shizuru se separó un poco, no sabiendo muy bien como reaccionar a lo que parecía se avecinaba.

-Shizuru, dijiste que no te irías hasta que yo lo quisiera.- volviste a implorar, en esta ocasión con un toque más infantil, consiguiendo que una graciosa sonrisa se asomara en la castaña por tu actitud. Se volvió a posicionar encima de ti, de ese modo la abrazaste por la espalda, aferrándola con posesividad.

-Natsuki, te quiero...- la volviste a silenciar, omitiendo todo lo que pudiera decir después de esa confesión.

La cosa parecía caldearse poco a poco, por lo que opté por alejarme de la zona y dejaros intimidad.

Según había entendido Shizuru estaba enamorada de ti, pero no estaba totalmente convencida de tus sentimientos. Esa actitud tan fría y cohibida que tenías no me parecía ser propia de tu persona, por eso no me rendí, manteniéndome cerca de ustedes en el carnaval.

Fin del punto de vista de Kruger.

No sabía que contestar, una gran cantidad de ideas surcaban mi mente, cada una de ellas más veloz que la anterior, consiguiendo de ese modo que no pudiera enfocarme en ninguna. Miré a Shizuru, para mi suerte seguía dormida, ya que no hubiera podido hacerle frente después de esta revelación. ¿De verdad había sucedido todo eso?

-No tiene sentido.- conseguí decir, poniendo en duda el relato de la mayor con solo tres palabras. -Es imposible que no recuerde todo eso.- intenté autoconvencerme.

-No recuerdas nada desde la llegada a esa casa, no es de extrañar.- respondió con total tranquilidad mientras acariciaba de nuevo los cabellos castaños de la mujer que descansaba en su regazo. -Habías sufrido un gran shock por lo sucedido con tu madre, posiblemente por eso accediste a hacer todo eso.- ambas peliazules nos ruborizamos por la insinuación.

-Shizuru me lo hubiera dicho.-

-Aunque lo intente mostrar, ella no es de piedra y lo sabes.- me escrutó con la mirada. -¿Qué hubiera pasado si no la hubieras creído?- iba a defenderme de esa acusación, pero me mantuve callada, analizando de forma realista sus palabras.

Tenía razón, no la hubiera creído y ni imaginar como reaccionaría.

-Todo esto me parece demasiado...- no sabía como terminar la frase, poco a poco iba comprendiendo la situación, el como había actuado injustamente con Shizuru y lo que debió de sufrir por mi indiferencia e hipócrita actitud.

-Yo pensaría igual.- la miré sin ganas, levantando una ceja por su broma de mal gusto, ¿no que eran la misma persona? Obvio que pensaría igual. -Imagino que por eso puedo comprender mejor a Shizuru.-

Me rasqué la nuca sin saber de nuevo que decir, en estos momentos solo me encontraba irritada conmigo misma y confundida por lo que acababa de contarme, no era tan fácil asimilar que me había acostado con Shizuru, aunque en un principio ya lo sabía, el que fuera consentido lo hacía un poco más incomodo. Por otro lado, la sensación de punzadas en mi pecho habían desaparecido y un regustillo extraño se avecinaba en mi estómago, pero lo omití completamente, habían temas a tratar más importantes.

-Creo que debería irme.- me levanté con intención de alejarme del lugar.

-Deberías disculparte cuando se despierte.- un tono exigente se hizo de notar.

-También debería descansar.- miré para otro lado. -Ha estado llorando un buen rato.- un agudo dolor inundó mi pecho de nuevo, consiguiendo de ese modo que un quejido saliera de mis labios, poniendo alerta de ese modo a Kruger.

-Como ya te dije no te la daré.- habló posesivamente.

-Yo te la cedí, no voy a ir a por ella.- intenté hacerla entender, pero de nuevo la punzada y al mismo tiempo el quejido.

-Por desgracia o por suerte, somos la misma persona, Natsuki.- su mano libre la pasó por su sien molesta. -Esa faceta de orgullo y autoconvencimiento también la he pasado yo.-

-Pareces Mai.- una mueca de asco se me dejó ver por sus palabras tan familiares.

-He vivido más tiempo que tú.- se excusó, pero fue inútil. -También tengo una Mai en mi mundo, y sí, son iguales.- ahora si pareció funcionar su argumento.

Rendida, cedí a su exigencia, acercándome a la joven que aún seguía descansando en las piernas de la mayor. Iba a despertarla pero Kruger fue más rápida, la movió despacio, como si fuera de cristal y de ese modo, poco a poco fue despertando.

Unos quejidos por la interrupción de su sueño salieron de sus labios hasta que abrió los parpados y nos deleitó a ambas involuntariamente con sus enormes orbes rojizos, intercambiando la mirada con ambas en distintas ocasiones. Tragué grueso por lo que me tocaría hacer, algo a lo que no estaba acostumbrada, disculparme.

-Has estado durmiendo un buen rato.- continuó acariciando los cabellos de la bella durmiente.

-¿Kruger?- le dedicó una sonrisa aún adormilada. -¿Natsuki?- ese gesto tan agradable que le había mostrado a la mayor fue borrado de su rostro cuando enfocó su vista a mi persona. Otro agudo dolor en mi interior.

-Shizuru...- tragué grueso mientras me ruborizaba. Cerré los ojos, convencida de que contra antes lo dijera antes podría acabar esta incomodidad que sentía. -Lo siento.- pronuncié con total simplicidad, desubicando de ese modo a la castaña.

-Ara, ¿a que viene...?- su semblante cambió a uno de angustia como si los recuerdos de hace unas horas le hubieran golpeado directamente, levantándose bruscamente.

-Ya lo sabe.- Kruger habló, apoyándose de nuevo en el árbol para acercar a Shizuru contra ella y rodearla con los brazos de una forma algo protectora. -Está bien, no lo recuerda, pero ya no tiene esas ideas erróneas en su mente.- me miró sin ningún escrúpulo, asesinándome con sus orbes verdes por la acusación que le hice a la castaña en ese mismo día.

-Natsuki, lo siento, si lo hubiera sabido yo no...- aunque fuera algo bastante inusual, un muy leve tono rojizo se apoderó de sus mejillas.

-Oi, está bien.- la interrumpí, prefería hablar solo yo y terminar con esta situación. -Por lo que sé no estaba muy consciente y... es normal que no te dieras cuenta y claro... s-si tu realmente me querías era normal que...- mi rostro caliente me obligaba a callar para que no me desmayara por la cantidad de sangre que había acumulado.

-No tienes de que preocuparte ya, Natsuki.- con algo más de fuerza pasó los brazos de lado a lado por la mujer que ya contenían mientras al mismo tiempo depositaba su rostro en uno de sus hombros, dedicándole un pequeño beso. -Shizuru estará conmigo.-

Un balde de agua fría me cayó encima, consiguiendo de ese modo que toda la sangre bajara de una sentada mientras las miraba algo perplejas. ¿Kruger lo había conseguido? ¿Estaban juntas?

Shizuru me miró algo incomoda pero sin negar lo que la mayor había prácticamente afirmado, entendiendo de ese modo la respuesta a mis preguntas. No negaré que me sorprendía que la castaña hubiera caído en sus encantos, aunque no me convencía del todo, pero claro...

Si no puedes tener una Natsuki, ¿por qué no ir a por la otra?

Un amargo sabor inundó mi boca por el pensamiento, sin duda debía irme ya de aquí.

-Me alegro por ustedes.- intenté sonreír, Shizuru era mi amiga y que menos que intentar apoyarla, ya lo había pasado bastante mal conmigo y por lo que la situación parecía, la posibilidad de que volviéramos a ser amigas iba resurgiendo.

Cierto, aún podíamos ser amigas, pero sin saber porque, ese pensamiento no conseguía quitarme el asqueroso sabor de la boca, solo lo intensificaba.

-Quizás deberías ir a casa ya.- le comentó la mayor a la castaña, soltándola del abrazo. -Está comenzando a oscurecer.- tenía razón, sin darme cuenta estábamos siendo alumbradas nada más que por unas simples farolas. -Natsuki, saluda a Mai de mi parte.- comentó dejándome algo desconcertada.

Nos levantamos, dirigiéndonos algunas palabras más amigables y nos fuimos cada una por su lado. Estaba a punto de irme pero algo en mi mente me ordenaba a que no lo hiciera. Claramente no le hice caso, pero ya me fue imposible parar mi cuerpo cuando se dio la vuelta, enfocando mi vista en las dos personas que seguían su recorrido.

Kruger tenía pasado uno de sus brazos por la cintura de Shizuru, acercándola de ese modo a ella. Su rostro tenía una tonalidad algo rojiza, seguramente la mujer de orbes carmesíes le estaría gastando alguna de sus famosas bromas. Finalmente ambas rieron por la ocurrencia que se le hubiese ocurrido a cualquiera de ellas, de ese modo no se dieron cuenta de como las miraba sin ninguna expresión en mi rostro.

Las punzadas de mi interior se habían esfumado, siendo reemplazadas por la soledad.

-¿No tienes los huesos calados? Hace demasiado frío, os habéis quedado hasta muy tarde.- una voz animada me hablaba a mis espaldas, girando todo mi cuerpo por la sorpresa, chocando mis esmeraldas con dos comprensibles ojos violetas.

-¿Está de moda espiar a la gente? Ahora entiendo a que se refería Kruger con que te saludara...- suspiré molesta, suponiendo que se había quedado todo el rato cerca de nosotras.

-Vi a Kruger escabullirse hacia donde estabais y la seguí.- expuso con total inocencia.

-Era un tema privado.-

-Desde que me comentaste tus recuerdos me incluiste en tus problemas.- volví a suspirar, derrotada por sus palabras. -Al menos ahora sabes la verdad.- intentó animarme.

-No se si realmente hubiera querido saberla.- comencé a andar rumbo a mi departamento, pasando de largo de Mai, quién acabo siguiéndome.

-Aún así las cosas no parecen haber ido tan mal, tú sabes la verdad, Shizuru se ve más feliz.- comenzó a enumerar mientras una vena sobresalía de mi sien. Había conseguido escapar de ellas para volver a sacar el tema ahora con la pelinaranja. -Incluso podríais volver a ser ami...-

-¡Sí, ya lo sé, podremos volver a ser amigas!- grité sin darme cuenta, acabando con un semblante bastante sorprendido, al igual que mi acompañante.

No había sido algo que pensara, simplemente mis cuerdas vocales tal como mi cuerpo reaccionó por si solo, como hacía unos minutos. Finalmente fruncí el ceño molesta conmigo misma. ¡Qué cojones pasaba conmigo!

-Natsuki... ¿Estás bien?- iba a contestarle con el mismo tono enojado, pero mis palabras fueron calladas cuando señaló mi rostro, no entendiendo ese gesto. -Estás llorando.- tenía razón, unas agudas gotas rodaban por todo mi rostro, saliendo sin ninguna razón de mis esmeraldas. Con la manga de mi camiseta las limpié de una sola pasada. Enfoqué la vista en Mai, quién me miraba algo preocupada. -Es por Shizuru, ¿verdad?- su nombre fue dirigido como un arma blanca hacia mi cuerpo, consiguiendo de ese modo que unas rebeldes lágrimas salieran en contra de mi voluntad. -Estás enamorada de ella.-

Como si una bomba explotara en mi interior, perdí el equilibrio pero no caí, consiguiendo mantener un mínimo de compostura. Una pelea interna comenzó en mi mente, lo que quería creer se enfrentaba frenéticamente contra la realidad.

-¿A que viene eso?- de nuevo pasé una de mis mangas por mi rostro para limpiarlo.

-Escuché lo que te dijo Kruger.- miró al cielo pensativa. -Ella es tú, ¿no? Y aún cuando te dijo lo que te estaba sucediendo no la creíste.- mi silencio la incitó a continuar. -¿Por qué te cuesta tanto admitirlo?-

Otro golpe de parte de la realidad. Poco a poco ganó más terreno en mis pensamientos hasta que sin darme cuenta, fui entrelazando recuerdos, sentimientos, emociones y acciones que sin ningún permiso mi cuerpo había estado efectuando.

¿Esto era el amor?

Dolor punzantes, angustias, malos sabores y continuas confusiones, ¿de verdad trataba eso?

-De eso trata un amor no correspondido.- la miré incrédula, pensando que me había leído la mente. -Lo has dicho en voz alta.- contestó a mi duda. -Seguramente Shizuru haya sufrido eso también, aunque por más tiempo y no de una forma tan penosa.- la escruté con la mirada por lo último. -Ella pareció admitirlo sin darle tantos rodeos.- aclaró.

-Normalmente estas cosas no se sienten así.-

-Eso es en las películas, esta es la vida real.- me sermoneó como toda una madre.

-No me gusta todo esto.- suspiré de nuevo como ya era costumbre, aunque muy dentro de mí, me sentía en una calma que hacía tiempo no poseía.

Entonces de verdad era eso... estaba enamorada de Shizuru.

-Aún así pareces entenderlo, pensaba que eras más espesa con estas cosas.- alcé una ceja por sus palabras, ¿se estaba riendo de mí?

-Oi, no tiene gracia.- una pequeña carcajada fue su respuesta.

-Y bien, ¿qué harás? Por lo que parece ahora está con Kruger.- cambió su típica voz animada a una completamente seria, dándole de ese modo el enfoque que quería a sus palabras. -¿Se la vas a ceder?-

-Ya se la cedí.- con la calma de vuelta en mí y sin ninguna lágrima, me puse seria también. -Shizuru está bien con ella, si de verdad me gusta no debería irrumpir, ¿no?- pregunté dudosa, no sabiendo muy bien si lo que estaba diciendo era lo que se debía hacer en este tipo de situaciones.

-Pero Shizuru te sigue queriendo.-

-Conseguirá olvidarse de mí.- medité unos segundos, dudando en decir las siguientes palabras. -Y yo de ella.-

El frío de la noche se intensificó, consiguiendo de ese modo que aligeráramos el paso para refugiarnos en nuestras respectivas viviendas. Mai se fue preocupada, pero después de una infinidad de veces repitiendole que estaría bien, conseguí que se fuera donde Mikoto la estaría esperando hambrienta.

Nada más entrar en mi departamento dejé las llaves, me quité todo lo que llevaba encima y me metí en la ducha, era una buena forma para analizar todo lo que había ocurrido ese día.

Shizuru no había hecho nada que al parecer yo no quisiera. Se dejó lleva por sus emociones y al final... lo hicimos...

Intenté alejar todo pensamiento impuro de mi mente para volver al tema principal, no era momento de divagar más de la cuenta.

Por otro lado, me había enterado de que posiblemente Shizuru y Kruger estarían manteniendo una relación. De nuevo mi mente se inundó de imágenes innecesarias donde las dos nombradas compartían un momento intimo como el que presencié en los jardines de la academia. Una vena de irritación se dejó ver en mi rostro al igual que el característico ceño fruncido.

Para finalizar, había comprendido, a duras penas, que estaba enamorada de Shizuru. Por más que lo pensaba no conseguía ponerle una fecha a ese sentimiento, quizás nació después de verla con Kruger o bien pudo estar ahí desde siempre y no haberlo notado.

El agua helada me avisaba de que se había terminado la caliente que quedaba en el depósito, de ese modo pude darme cuenta de cuanto tiempo había estado ahí dentro, el cual había sido demasiado.

Mentiría si dijera que esa noche dormí a pata suelta. En teoría sería lo normal. Me había sincerado conmigo misma y había comprendido que Shizuru no hizo nada sin mi permiso. Aún así, eso no me aliviaba, durante todas esas largas horas nocturnas, solo un pensamiento inundaba mi mente, el cual era suficientemente fuerte como para no dejarme pegar ojo.

El mismo día que había comprendido mis sentimientos por Shizuru la había perdido, y al mismo tiempo, me había rendido en intentar estar con ella.


Hay capítulos que cuestan más que otros, y este ha sido uno de esos. Seguramente el que fuera un punto clave en la historia haya influenciado, ya que quería que quedara bien explicado y demás... bueno, espero sea de sus gustos.

Por unos segundos se me pasó por la mente en dejarlo aquí... sería cruel... pero no quedaría tan mal, pero no, no es el caso, esto continuará ^^

Quería comentar dos cosas, una de ellas me hubiera gustado ponerlo en el capítulo anterior pero me olvidé:

- Me da mucha lástima poner a Shizuru tan débil y dolida en una buena parte del fic, pero claro... sabiendo lo que ya saben hasta ahora, se entenderá que esa es la actitud que tiene que adoptar, aunque por lo general me gusta más una Shizuru fuerte y muy coqueta.

- Me arrepiento un poco de poner a Nao como que no aguanta a Shizuru, pero claro... volvemos a lo de antes, según como termina el anime y demás, era lo más obvio. Esto viene porque me gusta mucho el personaje de Nao y me da pena no poder ponerlo más seguido en el fic.

El próximo será el punto de vista de Shizuru, que ya le toca. Finalmente gracias por los comentarios y el apoyo, nos vemos en el siguiente ^^