Capítulo 3: - "Que los juegos empiecen!"

Resumen: Mulder y Scully van de encubiertos como pareja a una misión para atrapar a un criminal atroz, el cual resulta ser tambien el anfitrión de numerosas fiestas sexuales.

DISCLAIMER: Este fic contiene material sexualmente explícito. Si este contenido no es de tu agrado puedes dejar de leer.

Pd: Como siempre todos sus comentarios, dudas, inquietudes, quejas y reclamos pueden dejarlas en un bello review para que se las pasemos a la autora original.

Scully estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas, las cejas arqueadas, cuando Mulder volvió del baño. Sonrió maliciosa al notar sus mejillas rojas, dándose cuenta que el considerable bulto que había tenido hacía unos momentos atrás ya no estaba presente. Se lamió los labios lentamente. Quizás, la próxima vez, podría darle una mano... El solo pensamiento le secó la garganta, y tomó un buen trago de su cóctel mientras las mejillas se le encendían. Él se sentó a su lado, descansando el brazo completamente sobre su regazo, apretándole el muslo izquierdo con su mano izquierda. Su palma estaba caliente, y Scully se sonrojó al recordar dónde había estado esa mano hacía unos minutos.

Se llevó la copa a los labios, bebiéndose el resto del cocktel de un gran trago.

Pasó saliva con fuerza, se quitó el pelo de la cara, y se apoyó en el costado de Mulder.

Comencemos con esto.

Alisha dio unos pasos hacia el centro de la sala, los sofás y las sillas formaban un círculo a su alrededor. Había seis parejas en total. Por supuesto, ya habían conocido a Kathy y Rod, pero no estaban familiarizados con el resto. Después de las presentaciones, Scully supo que la mayoría de ellos llevaban ese "estilo de vida" desde hacía muchos años; Kathy y Rod estaban en su segundo año, por así decirlo, dejándolos a ellos, y a otra pareja, como los novatos entre la multitud.

- Esta noche, vamos a hacer algo un poco diferente. - Dijo Alisha, sonriendo a los invitados. Cada uno miró a su pareja, arqueando las cejas intrigados. - Sé que por lo general hacemos un juego en nuestra primera noche, pero con Harold decidimos probar algo nuevo.

Caminó alrededor del perímetro de la habitación, apagando las luces y encendiendo algunas velas dispersas. La mano apoyada sobre la pierna de Scully se tensó. Ella giró la cabeza para mirarlo. Mulder se inclinó para que pudiera susurrarle al oído. - ¿Qué crees que está pasando? - Él negó con la cabeza.

- Esta noche, vamos a aprender algunas técnicas de masaje erótico. - Dijo Alisha, y las parejas en la habitación sonrieron, murmurando su aprobación, mientras que Mulder sintió a Scully tensarse pegada a él, pasando saliva ruidosamente.

Uno de las participantes más veteranas se reía ligeramente mientras su marido le acariciaba el cuello. - ¿Alisha, este masaje erótico será con una persona de nuestra elección, o con nuestras parejas? - Preguntó a la anfitriona.

Alisha rodó los ojos y se rió. - No, esto será con sus parejas, y sólo con su pareja. - Afirmó. Scully visiblemente se relajó apoyándose contra el cuerpo de su compañero, pero los nervios en la boca del estómago se mantuvieron firmes. ¿Qué implicaba esto con exactitud? - Chicos, miren… - Comenzó, tomando nota de algunas de las caras decepcionadas de sus invitados. - Este estilo de vida es, ante todo para las parejas con una relación fuerte. Este ejercicio es para demostrar que sus prioridades son, ante todo, su pareja... Pero les prometo que estarán tan desesperados y calientes al final de esto, que serán muy felices de irse a sus casas para coger. - Terminó. El grupo estalló en silbidos y alaridos, y Mulder se rió incómodo mientras Scully se sonrojaba, agachando la barbilla y esquivando su mirada. - Ok. Necesitarán una toalla, podrán encontrarlas allá en la esquina. Quiero que las mujeres se acuesten sobre ella, desvistiéndose a su nivel de comodidad. Maridos, deberán permanecer vestidos... por ahora. - Dijo con una sonrisa traviesa.

Las parejas se levantaron, los hombres fueron a buscar las toallas, mientras que las mujeres comenzaban a desvestirse. Scully podía sentir sus rodillas temblando mientras se sacaba los tacones.

- ¿Pueden los esposos venir conmigo por unos minutos? Ladies, deberán quitarse la ropa y acostarse sobre su espalda... voy a pedirles prestados a sus maridos, pero prometo regresarlos.

Mulder tomó el rostro de Scully entre sus manos, al ver el temor y la inquietud en sus ojos. - Lo que sea necesario. - Le susurró. Sus labios se curvaron en una sonrisa tensa, y ella asintió imperceptiblemente. Vio que las otras parejas se estaban besando y tocando, y los hombres las observaban desvestirse. Bajó la boca a la suya, su lengua saboreando la dulzura del jugo de su bebida. - Lo que suceda aquí, se queda aquí. - Susurró en su oído, guiñándole un ojo antes de abandonar la sala, uniéndose a los hombres que iban con Alisha.

Scully respiró hondo y le dio la espalda al grupo, levantando el borde de su blusa y tirando para comenzar a sacarla. "Es como estar en bikini", racionalizó. Kathy se acercó y le tocó el brazo. - Hey... ¿La estás pasando bien hasta ahora? - Le preguntó en voz baja, y Scully lanzó una risa temblorosa.

- Yo, eh... - Dijo, sacándose el pelo de los ojos, doblando su blusa. - Estaré bien. Es sólo algo nuevo. - Sonrió a la otra mujer. Sólo algo nuevo. Siete años de nuevo, se rió de la ironía, y su estómago se agitó en anticipación.

Kathy dio un paso hacia ella mientras se quitaba el sujetador. Scully apartó los ojos. Se sentía como en el vestuario del gimnasio; las mujeres seguras que se pavoneaban desnudas a través de las paredes cubiertas de azulejos, mientras ella permanecía sentada envuelta en una toalla blanca, intentando ser discreta mientras torpemente se vestía y desvestía.

La mujer se inclinó hacia ella de nuevo. - Déjate puesto el sujetador y las bragas... Con eso se lo pondremos más duro a los chicos... en más de un sentido. - Se rió burlona. Scully tomó nota de las mujeres a su alrededor, y se sintió aliviada al ver que una de las más veteranas también llevaba ropa interior. Deseaba jugar y que los volvieran a invitar... pero no estaba dispuesta a desnudarse frente a un grupo de personas.

Estiró su toalla en el suelo y se acostó, al notar que todas las mujeres habían hecho lo mismo. Algunas tenían los ojos abiertos, otras cerrados. La habitación era relajante. Las velas parpadeaban, las luces eran tenues, una música suave comenzó a sonar de fondo. Era casi como un spa. Respiró hondo.

El sonido de los hombres acercándose a la sala hizo que el estómago se le retorciera con energía nerviosa. Alisha ingresó a la habitación y se arrodilló en medio de la alfombra, hablando en voz baja. - Ok, señoras, se ven hermosas. Sus maridos están muy ansiosos por entrar y mostrarle lo que hemos discutido mientras ustedes se desvestían. Quiero que mantengan los ojos cerrados. Voy a colocar una pequeña bolsa de arroz de lavanda sobre ellos, cuanto más relajadas estén, más placentera será esta experiencia para todos. - Dijo, levantándose y caminando alrededor de la habitación.

Sintió su presencia antes de que él ni siquiera la tocara, y sus pezones se tensaron, su respiración se aceleró en anticipación. La bolsa de arroz sobre sus ojos estaba lejos de relajarla. Era desconcertante no poder verlo. Su piel se erizó, palpitando mientras esperaba su toque, su corazón latía rápidamente en su pecho.

El muslo de su compañero le rozó el pie, y ella se sacudió, su sentido del tacto aumentado sin el de la visión. Casi podía oír la sonrisa en sus labios, y se lamió los suyos. Le temblaban las manos, y su respiración se volvió superficial y rápida. Moviendo los dedos, desesperada por tocarlo, aunque sólo sea para tranquilizarse al saber que él estaba realmente allí.

La voz de Alisha, tan suave como era, resonó en sus oídos como un cañón, todos sus sentidos estaban en alerta máxima. Esperando... Esperando a que la tocara. No podía controlar la oleada de calor en su sexo, sus pliegues hinchándose con el deseo prohibido, su piel hormiguando en anticipación.

- Señoras… - Susurró. - manténganse lo más quietas posible, y conserven los ojos cerrados. El masaje erótico utiliza los cinco sentidos, y al eliminar la vista, se darán cuenta que sus otros sentidos se agudizan, estarán intensificados. Maridos, recuerden lo que hablamos en la otra habitación. Y todo el mundo, sin hablar. Van a aprender a excitar a su pareja sin depender del lenguaje. - Scully se estremeció ante sus palabras. Erótico. Sentidos. Intensificados. Hablar. Excitar.

Sintió el calor de su cuerpo cuando Mulder se arrodilló a su lado derecho, los diminutos vellos en su brazo se pusieron de punta, apuntando hacia él como un imán. La música similar a la de un spa sonaba extremadamente fuerte en sus oídos en comparación al silencio de la sala, y ella lo buscó en la oscuridad, necesitando su presencia.

Sus ojos se movieron detrás de esa máscara, y percibió el suave material deslizándose de su rostro al mover la cabeza. Los dedos de su compañero la tocaron en la sien, y ella jadeó. Su aliento le quemó la oreja. - Soy yo. - Susurró, haciéndola estremecer. Le ajustó la cubierta sobre los ojos, y ella se descubrió elevando la barbilla, buscándolo... deseando su calor.

Lo oyó toquetear algo junto a su cabeza, y se quedó sin aliento cuando un líquido caliente cayó sobre su estómago. Sus manos estaban tibias, ambas cubrían toda la extensión de su vientre. Moviéndose sobre su piel, deslizándose sin esfuerzo por el aceite que escurría entre sus dedos. Olía a tierra, masculino. Toques de cedro y patchouli flotando sobre ella. Sus manos la acariciaron, arremolinándose en grandes círculos bajo sus pechos hasta encima de sus bragas. Sus dedos deslizándose entre sus costillas, y sobre los huesos del torso, memorizándola. Con cada empuje y tirón, su cuerpo ligero se movía con sus caricias, de la misma manera en que los barcos se estrellaban contra el océano.

De pronto aligeró su toque, y Scully se mordió el labio para no lloriquear. Su cuerpo ansiaba ser tocado... lo necesitaba. Especialmente por él, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Con cada recorrido de las manos sobre su vientre, sentía su sinapsis disparándose, las neuronas creando las conexiones, intensificando sus actividades.

Su dedo se arremolinó alrededor de su ombligo, y ella se estremeció, su piel ondulando, con espasmos nerviosos. Las puntas de sus dedos eran ligeras como una pluma, burlándose de su piel, casi haciéndole cosquillas en su asalto. Lo barrió por su vientre, y fue bajando, con cada movimiento iba acercándose al borde de su ropa interior. Su vientre estremeciéndose en ondas, Scully se mordió el labio, arqueándose suavemente bajo sus manos.

Cada vez que sus dedos tocaban el borde del encaje negro que cubría su sexo, su centro se inflamaba, el calor manaba empapando el pequeño trozo de seda que separaba sus manos del lugar donde el cuerpo femenino más lo deseaba.

La respiración de Scully era rápida e irregular, su cuerpo temblaba sin control. Sus pezones estaban increíblemente duros, y con cada jadeo se elevaban chocando contra el delicado encaje que los protegía de su vista. Doloridos por la necesidad de ser tocados, hinchados y pesados a medida que su deseo crecía.

La respiración de su compañero era desigual por encima de ella, igualando la suya en intensidad. ¿Se estaba excitando mientras la tocaba, también? Le dolían las ganas de verlo, de tocarlo, pero sus manos estaban congeladas, se sentía incapaz de moverlas. Con un roce de sus dedos, él siguió su esternón. Su espalda se arqueó bajo su mano y ella gimió, mordiéndose el labio para amortiguar el sonido.

Jesús, el efecto que sus manos tenían en su cuerpo... ¿Cuántas veces había imaginado que la tocaba, la acariciaba? Su cuerpo reconocía sus manos como una segunda piel, y mientras su toque era normalmente algo utilizado para calmarla o guiarla, la forma en que la estaba tocando ahora tenía un efecto totalmente contrario. Su contacto la excitaba, la estimulaba, la encendía, y la evidencia de lo que estaba haciendo con ella estaba presente en todo su cuerpo.

Pequeños jadeos y gemidos se escucharon por toda la habitación, aumentando la atmósfera sensual, incrementando su propio deseo, triplicándolo. Sus oídos zumbaban con los sonidos, y su piel ardía de lujuria y deseo.

Pero entonces, sus manos desaparecieron, y un pequeño chillido escapó de su boca entreabierta. Su piel se estremeció ante su ausencia. Se movió sobre la toalla lamiéndose los labios. ¿Por qué se había detenido? Sabía que todavía estaba junto a ella, podía sentir su energía, sentir su calor. Podía oír su respiración, pesada e intensa.

Podía sentirlo observándola. Respirándola. Su clítoris palpitaba ante la idea. Su cuerpo estaba tan cerca, y sin embargo tan lejos.

Sus labios estaban secos, sus respiraciones urgentes y secas agrietaban la delicada piel. Y como si pudiera leer su mente, sintió sus dedos recorrerlos, trazando alrededor de ellos, el aceite amargo goteando en su boca. Estaba tan sensitiva, que podía notar las crestas de sus pulgares a lo largo de la superficie.

Sus labios se separaron, y el pulgar cayó sobre el inferior, dejando al descubierto la carne rosada y húmeda del interior de su boca. Su mandíbula se relajó y cuando él lo arrastró a través de su piel húmeda, ella atrapó la punta entre los dientes, su lengua se lanzó brevemente para acariciarlo. El pequeño jadeo de su compañero envió otro chorro de humedad a sus ya empapadas bragas. Sólo esperaba que él no se diera cuenta.

Su estómago se revolvió, temblando nervioso, la realidad se avecinaba como una nube oscura, amenazando con derramarse en cualquier momento. Es una investigación. Es una actuación, se recordaba. No la estaba tocando a ella, tocaba a Holly. Y la tocaba de la forma en que un marido tocaba a su esposa. Y ella no era su esposa. Ni siquiera era su amante. Pero con cada caricia y recorrido de sus cálidas manos a través de su piel, podía sentirlo, sentir su afecto, su ternura. Todo esto era extremadamente confuso.

El crujido de sus jeans la alertó de su movimiento, y contuvo el impulso de girar la cabeza hacia el ruido. Mulder mantuvo una mano sobre su piel mientras se movía a su alrededor. Ella abrió la boca jadeando temblorosa, mientras sus manos se cerraban alrededor de sus tobillos, extendiéndolos, apoyándolos junto a sus muslos sobre el suelo. Scully lo acarició con el pie, desesperada por aumentar la fricción, por incrementar la superficie de su cuerpo al suyo. Una parte de ella quería que él supiera lo que la estaba haciendo sentir, y la otra parte se mortificaba por lo que diría cuando su secreto fuera expuesto. ¿Qué carajo le estaba pasando?

La tomó con fuerza del tobillo en señal de advertencia. No puedes tocarme, decía. Frustrada frunció las cejas, y se humedeció los labios con la lengua, moviendo las caderas sobre la toalla. Los dedos de su compañero le recorrieron la piel, arañándole levemente la pierna, todo el camino hasta su rodilla, y luego de vuelta al tobillo. Ella podía sentir la carne de gallina estallando como pequeñas erecciones por toda su piel.

Mulder se movió de rodillas entre sus piernas abiertas, doblando y apoyando cada pie a su lado, hasta que la parte posterior de sus muslos descansó en el frente de sus jeans, su centro abierto, prácticamente expuesto. Ella se quedó sin aliento, jadeando ante la nueva posición.

- Jesús. - Lo oyó gruñir entre sus dientes apretados. Sus labios rojos formaron letras para las palabras, pero no emitió ningún sonido. Las manos aferradas a sus rodillas se tensaron, y ella reprimió un gemido, rotando las caderas hacia él. Fue en ese momento cuando pudo oler su propia excitación, limpia y terrosa, familiar a su propia nariz, que comprendió su reacción.

Podía olerla. Podía oler lo que estaba haciendo con ella.

Sus mejillas se enrojecieron, y agradeció la tenue iluminación de la sala y la bolsa sobre sus ojos. Su cuello le hormigueó de vergüenza, pero el dolor en su interior, y la tensión de sus paredes internas mendigando por ser colmadas, lo superaban todo.

Sus manos recorrieron los muslos suavemente, la palma de su mano indagando en su solida carne, y ella gimió. Las puntas de sus dedos tocaban la piel sensitiva de su entrepierna con cada caricia, y sus caderas se arquearon bajo sus manos. No podía evitarlo. Deseaba eso. Deseaba que la tocara.

Recolectó más aceite y, comenzando por las rodillas, masajeó el interior de sus muslos con trazos largos hasta que sus estos se apretaron involuntariamente. Carajo, eso se sentía tan bien. Ella gimió bajo en el fondo de su garganta, las manos de su compañero se detuvieron allí. No te detengas, quería decirle. Scully relajó sus muslos, dejándolos caer semiabiertos, y él tomó aire de forma inestable, temblorosa, reanudando sus atenciones.

Sus dedos fueron dibujando diminutos círculos en sus piernas, haciendo que se contraigan con cada nuevo contacto. Más allá, más lejos, aún más, hasta que los dedos rozaron sus bragas, haciendo una breve pausa, demorándose, bordeando la línea.

Scully se quedó sin aliento, empujando sus caderas hacia delante en una pequeña estocada. Una silenciosa invitación.

Una parte de su cerebro quería saber, quería abrir los ojos y mirar su rostro. Pero otra parte sabía que si lo miraba a los ojos, y su deseo no coincidía con el suyo, se desmoronaría en un millón de pedazos.

Las manos masculinas se aventuraron por el mismo sendero otra vez, suaves y deslizándose sin esfuerzo por las palmas resbaladizas. Su toque era profundo, fuerte y osado. Con cada gemido, con cada embestida de su centro hacia él, sus manos la tocaban más profundamente, su toque más y más confiado con cada señal que su compañera le daba.

Llegó al pliegue que delineaba su centro, y sus pulgares lo recorrieron muy por encima, de forma rápida, acariciando la parte más alta del interior de sus muslos. Estaba peligrosamente cerca de donde ella deseaba tan desesperadamente su contacto. Su sexo estaba hinchado, dolorido, completamente húmedo. ¿Mulder podía sentir su deseo cuando sus pulgares llegaban a un nivel tan alto? ¿Podía sentir la forma en que reaccionaba a él, a su tacto?

Su cuerpo temblaba de excitación, su mente ensombrecida por una niebla lujuriosa. Todo en lo que podía concentrarse era la sensación de sus pulgares bordeando esa línea. Cerca, tan cerca. Cada vez que su mano iba hacia atrás, ella gimoteaba, y cuando regresaba, sus piernas temblaban de deseo. Era la sensación más intensa que había vivido jamás, y estaba segura de que si tocaba su sexo húmedo e hinchado, acabaría directamente en sus manos. Era tan confuso, la bruma tan densa, que la realidad dejó de existir. Sin pensarlo, lloriqueó, y luego susurró suplicante: - Dios... tócame, por favor.

Sus manos se detuvieron de inmediato en sus piernas, y Scully se mordió el labio, retorciéndose contra la toalla, desesperada por su contacto.

- Holly... - Dijo, su voz era baja y profunda.

Scully se quedó sin aliento, jadeó con fuerza y la niebla se disipó rápidamente, su mente racional volvió a enfocarse. Sus mejillas ardían de vergüenza.

Se había dejado llevar por el momento.

No era Scully. No era Mulder. Era Holly. Y él Paul. Y estaba tocando a Holly. El pecho le ardía con un dolor que no pudo reconocer, e instintivamente, colocó los brazos sobre el pecho, juntó las rodillas. Se había olvidado de su papel, dejando que la excitación la controlara. Se maldijo por ser tan estúpida.

Escuchó la habitación llena de gente, los jadeos eróticos, los gemidos sin sentido, su piel hormigueando con el recuerdo de las manos de su compañero sobre su cuerpo. Se sentía desnuda, expuesta, e incómoda. Las caricias que hacía unos instantes eran tiernas y eróticas, ahora hacían que el estómago se le tensara por la mortificación. Estaba agradecida de que la bolsa de lavanda ocultara sus ojos de su vista, sobre todo cuando sintió la primera lágrima liberarse.

Nunca se había sentido más sola en toda su vida.

CONTINUARÁ….