Chapter 4: "Su Toque, su confianza"

Resumen: Mulder y Scully van de encubiertos como pareja a una misión para atrapar a un criminal atroz, el cual resulta ser tambien el anfitrión de numerosas fiestas sexuales.

DISCLAIMER: Este fic contiene material sexualmente explícito. Si este contenido no es de tu agrado puedes dejar de leer.

Pd: Como siempre todos sus comentarios, dudas, inquietudes, quejas y reclamos pueden dejarlas en un bello review para que se las pasemos a la autora original.

Mulder frunció el ceño, confundido cuando su compañera se cerró a él. Algo, evidentemente, había sucedido, pero no estaba seguro de qué era. Con los brazos cruzados sobre el pecho y las rodillas apretadas, sabía que esto no era parte de un acto. Su vacilación era real. Había ido demasiado lejos, la había incomodado. Sacudió la cabeza cuando la culpa lo invadió.

Dejó que sus manos se arrastran hacia abajo por sus piernas, deslizándose lentamente, con suavidad. Fue de rodillas hasta quedar junto a su cabeza y tomó sus mejillas. Pasándole los dedos por el pelo, dejando que los delicados mechones cayeran entre sus dedos. Sus pulgares le acariciaron la mandíbula, masajeándole el músculo tenso, dispuesto a que se relajara, a que confiara en él. Prefería morir antes que hacerle daño, y sólo esperaba que ella lo supiese.

Barrió sus pulgares por su cara, debajo de sus pómulos, a través de la barbilla y a lo largo de su mandíbula. Su rostro fue relajándose visiblemente bajo sus dedos, y no pudo evitar inclinarse para presionar los labios contra su frente. Sus manos se deslizaron por sus brazos, aún cruzados sobre su torso. Y se detuvieron en sus dedos, entrelazándolos con los suyos, sujetándolos en una súplica silenciosa, una petición de perdón.

A Scully se le cortó ligeramente la respiración, y cuando apretó sus dedos entre los suyos, él sonrió contra su frente, presionando otro beso en su piel caliente.

Apoyó su cara junto a la de ella, y su compañera volvió a apretar los dedos con fuerza entre los suyos. La besó en el hombro, y giró la cara en su oído. Ella se estremeció cuando su aliento caliente corrió sobre su excesivamente sensibilizada piel. - Dios, eres hermosa. - Susurró contra su cuello, y él sintió que su corazón se hinchaba al notar la piel de gallina estallando a lo largo de su cuerpo. ¿Tenía alguna idea de lo mucho que la quería?

Le levantó los brazos de su posición protectora, y las colocó suavemente a su lado, dejando que sus dedos se deslizaran por los suyos, presionándolos en el suelo, el aceite escurriéndose entre ellos cuando los entrelazó. Se había imaginado esto antes, por supuesto, aferrándose a sus dedos, mientras los presionaba sobre un colchón. Ella lo sujetaba con fuerza, a su vez, tranquilizándolo. Esto estaba bien. Todo estaba bien.

La habitación olía a sexo, la excitación femenina corría por el aire como el perfume en un centro comercial. Trató de controlar su respiración, para asegurarse de que ella no pudiese notar cómo lo estaba afectando. No podía saberlo. Por supuesto, lo entendería. Las mujeres gemían, suspiraban, jadeaban a su alrededor. Era natural que luciera la erección del siglo. Pero Scully no necesitaba saber que su excitación no tenía nada que ver con las demás, y todo que ver con ella.

Era todo un sueño, vestida con un shelf bra de encaje negro, sus pezones rozaban el borde del sujetador con cada jadeo e inspiración. El pequeño trozo de encaje negro que cubría su sexo se burlaba de él, atormentándolo, su mente imaginando todas las cosas que le gustaría poder estar haciendo con ella...

Se lamió los labios para no babear.

Su frente estaba perlada de sudor, y él se movió sobre sus rodillas, su erección estaba comenzando a ser dolorosa. Se arrastró entre sus piernas, pasando las manos por el frente de sus pantorrillas, arañándola levemente.

Se mordió el labio para no gemir mientras la observaba separar las piernas para él. Para él. Poco a poco y (esperaba) que respetuosamente, las colocó de nuevo junto a sus muslos, y el embriagador e intoxicante aroma de su excitación invadió su nariz una vez más. Este era el jodido cielo.

Recogió algo de aceite nuevamente, y volvió a acariciar sus piernas, recorriendo lentamente el camino de regreso de sus rodillas hasta los muslos. Observó como su respiración se aceleraba de nuevo, y se mordió el labio mientras sus muslos se estremecían con su toque.

Con cada pequeña contorsión, la piel sobre sus caderas se reflejaban a la luz, el aceite capturando los amarillos y dorados de las velas. Él deseaba que ella pudiera ver eso, ver lo jodidamente hermosa que estaba en ese momento, el ascenso y caída de sus pechos, sus pezones endurecidos elevando el fino encaje de su sostén, su reluciente cuerpo retorciéndose bajo sus manos.

Esta imagen se grabaría en su cerebro por toda la eternidad. Su rodilla derecha cayó abierta, y sus bragas se tensaron hacia el centro. Él llegó a vislumbrar su carne rosada, incluso con la tenue iluminación de la habitación.

- Mierda. - Jadeó, sus manos se aferraron a sus muslos internos con tal fuerza que ella lloriqueó. Le acarició su piel a modo de disculpa, y luego inclinó la cabeza para tener una mejor visión. Un pliegue se deslizaba casi en su totalidad fuera de los confines de su ropa interior, y él gruñó bajo.

Nunca se había sentido tan confuso en toda su vida; ¿debía cerrar sus piernas y moverse a otro lugar, o debía aprovechar la oportunidad? Esta era Scully, su compañera, abriendo las piernas para él...

Pero, por supuesto, ella no era Scully.

Era Holly.

Pensamiento iluso y optimista de su parte. Por supuesto que estaba interpretando un papel. Scully era sumamente profesional. Pero Dios, cómo le gustaría tocarla, hacer el amor con ella a su manera...

Se inclinó hacia delante, apoyando las manos a cada lado de su cintura. Acercando su rostro a la piel de su estómago, inhalando su aroma, las especias embriagadoras del aceite, su perfume, y algo profundamente femenino. Frunció los labios, soplando aire fresco alrededor de su ombligo, y sonrió al ver como se estremecía su piel.

Ella tembló debajo de su compañero, sus piernas se retorcieron. Él sopló de nuevo, esta vez directamente sobre la escultura de mármol de sus caderas. Se quedó ahí, junto a su cuerpo, su boca era excitante y caliente cuando soplaba sobre su cuerpo.

Mulder presionó los labios contra su piel, y la sintió arquearse contra él, un jadeo tembloroso se filtró de su garganta. Tenía la piel de gallina, y eso lo emocionó. No podía fingir eso. Él le estaba provocando esa reacción.

Ese conocimiento sobrecargó su cuerpo acelerándolo. Su pene estaba adolorido, desesperado por liberarse. Le mordió suavemente la cadera, casi gruñendo contra su piel, y ella corcoveó, aullando de sorpresa. Su lengua la tranquilizó, girando alrededor, degustándola. Scully volvió a arquearse hacia él, y sus manos se aferrarón a la toalla con tanta fuerza, que sus nudillos estaban blancos como el algodón.

Su sonrisa era salvaje mientras su lengua corría bajando desde la cadera hacia el pliegue del muslo, su nariz presionando en la sedosa carne justo fuera de su centro. Cristo, olía tan bien.

Su compañera de repente se calmó, y él levantó la vista hacia su rostro, preocupado de haber ido demasiado lejos. Pero no pasaba nada. Ella permaneció inmóvil, con el cuerpo tenso, y la respiración entrecortada. Apoyó su peso en una mano mientras la otra avanzaba, uniendo sus dedos entre los suyos. Un reconocimiento. Soy yo.

Con un firme apretón, regresó su gesto, y él mantuvo la mano unida a la suya, mientras presionaba sus labios en el suave espacio entre el ombligo y el borde de la ropa interior, arrastrando tiernos besos sobre su piel. Su cuerpo danzaba bajo sus labios, sus pequeños vellos brillaban a la luz de las velas.

La lengua masculina salió disparada, moviéndose en una línea caliente y húmeda en el pliegue de su muslo, y ella gimió, arqueando la espalda, las caderas chocando contra su cara. Él sonrió, repitiendo la acción en el otro lado, tratando de fundirse en su sabor. Se preguntó si se atrevería a mover su lengua más allá de la línea de su ropa interior, y si sería capaz de probar su excitación. Su pene se contrajo ante el pensamiento. Su aroma llenó sus fosas nasales, y sus bragas brillaban bajo la tenue luz, su deseo sangrando a través del encaje, empapándolo.

Sus piernas se retorcían mientras su boca seguía provocándola, atormentándola. Cada vez que movía sus piernas desplazaba de un lado al otro la tela de sus bragas, y su lengua iba descubriendo nuevos y desenfrenados territorios, conquistándolos con cada golpe lento.

Él gimió contra la pierna cuando su lengua finalmente probó la carne suave de sus pliegues exteriores. Carajo. Ella estaba depilada. Completamente. La imagen de Scully depilándose mientras se duchaba desnuda era más de lo que podía manejar, y embistió sus caderas contra la parte posterior de su pierna extendida. Cristo.

Necesitó toda su fuerza de voluntad para no arrancarle el encaje negro, y enterrar la cara entre sus piernas.

Pero no podía detenerse. Ella sabía tan bien, su piel era tan suave contra su lengua. Sería tan fácil, pensó. Tan fácil tirar de sus bragas hacia un lado y deslizar la lengua entre sus pliegues calientes. Se preguntó si Scully estaría tan desesperada porque hiciera eso como lo estaba él.

Esta era la forma en que iba a morir. Estaba segura de eso. Su ritmo cardíaco era errático, su respiración bordeaba la hiperventilación. Este era el final.

Su mano enorme la anclaba al suelo, disparando ráfagas de calor directamente a su centro. Estaba tan cerca de donde ella lo deseaba. Tan jodidamente cerca.

Sólo un poco... un poquito... más...

Luchó por mantener el control, por mantener su cuerpo lo más quieto posible, para no dejar que él le hiciera eso, haciéndole perder el control.

Pero era difícil. Muy difícil.

Su aliento era cálido contra su sexo, y se estremeció, gimiendo para no empujar el rostro de su compañero presionándolo contra su cuerpo y rotar su clítoris contra él.

Le dolía, estaba vibrando, latiendo. Sólo podía imaginar lo mojada que estaba. Apretó sus paredes internas, desesperada por algo que las llenara.

La lengua de Mulder se endureció, levantando el fino elástico, lanzándose por debajo. Ella gimió, su respiración era áspera. Se habría avergonzado por los sonidos que estaba haciendo, pero todas las otras mujeres emitían sonidos similares. ¿Sus parejas les estaban haciendo las mismas cosas? Jesús... Era enloquecedor. Era desesperadamente doloroso. Un exquisito y hermoso dolor desesperante.

Su clítoris palpitaba enfurecido, sus paredes se tensaban, apretando el vacío dentro de ella, la humedad se filtraba desde su centro. Y la lengua de Mulder seguía acariciando la línea, ahondando contra sus pliegues exteriores. Besó, lamió, y mordió el interior de sus muslos, los dedos nunca detuvieron sus movimientos contra la piel.

Él levantó la cabeza de su centro, besando mientras recorría lentamente un sendero imaginario hasta su cintura, haciendo una pausa para pellizcar suavemente su piel. Sus besos dejaron una línea húmeda desde su ombligo hasta el esternón, y el cuerpo femenino se arqueó para encontrarse con su boca en cada paso.

Se arrastró sobre su cuerpo, sus manos recorriéndola a lo largo de sus lados, con las piernas a horcajadas sobre sus caderas. El calor del cuerpo de su compañero encendiendo cada nervio en su interior, incluso los pequeños vellos de su piel seguían sus movimientos.

Él tomó sus manos entre las suyas, llevándolas al costado de su cabeza.

Scully podía sentir su aliento sobre su pecho y se retorció bajo su cuerpo, sus pezones erectos, suplicando que los tocasen.

Su aliento corría por su piel, su calor se filtraba a través del material del bra. Estaba prácticamente tumbado encima de ella, pero mantenía el pecho y las caderas ligeramente elevadas, sin presionar su cuerpo, manteniéndose lejos de donde Scully más lo deseaba.

La habitación daba vueltas. Sentía que las paredes se cerraban en torno a ella. Era una sobrecarga sensorial, y sus sentidos estaban en alerta máxima. No podía decir si los gemidos en sus oídos eran de ella o de las otras mujeres en la habitación, pero estaba acencándose a un placer insoportable. El placer hasta un punto doloroso. El dolor más exquisito y tortuoso.

Su espalda se arqueó drásticamente sobre la toalla cuando sus dientes se cerraron alrededor de su pezón. - ¡Dios! - Gritó, y él zumbó contra ella, mientras su lengua chasqueaba su pico endurecido.

Y ya no le importó. No le importó si estaban en un caso, o si él estaba actuando. Estaba tan desesperada por acabar. Necesitaba acabar en ese momento.

Sus párpados estaban cerrados, pero podía imaginarlo igual. Ese Mulder estaba loco de lujuria, con los ojos cargados de deseo. Podía ver la impresionante erección tensando la gruesa tela de sus jeans. Sus pupilas eran oscuras, dilatadas por la excitación. Por ella. Ese Mulder la quería, la deseaba... y no sólo en nombre del caso. Ese Mulder la deseaba tanto como ella lo deseaba a él. En su mente, sus dedos la tocaban, dándole lo que ella más deseaba. Carajo, era tan bueno.

Por ahora, se permitió creer esa verdad. La realidad caería muy pronto. Por ahora... por ahora se permitiría simplemente sentir.

Él levantó la cabeza y la miró. Dios era hermosa. Incluso con la mitad de su rostro cubierto con esa ridícula bolsa de arroz "relajante", era la criatura más hermosa que había visto nunca.

Por los sonidos en la habitación, supo que las otras mujeres estaban cerca; su tiempo con ella estaba llegando a su fin. El corazón le dolía de desilusion. ¿Volvería a verla así de nuevo? ¿Jadeando y retorciéndose? ¿Por él, y no sólo por trabajo?

Se trasladó de rodillas entre sus piernas y bajó su torso hasta presionarlo contra su cuerpo, necesitando sentirla, para volver a conectar, aunque sólo fuese un momento. Ella abrió la boca y gimió, sus dedos aferrándose a su mano con más fuerza. Dios, Scully se sentía increíble, tan suave, tan caliente. Maldijo ese ejercicio ridículo y su necesidad de permanecer vestido en todo momento. Quería sentirla, realmente sentirla, de verdad. Ella se arqueó contra él, respirando temblorosamente.

No pudo evitarlo. No podía dejar de sentirla solamente una vez, en la forma que había soñado durante tantos años. Lentamente, presionó su ingle en su centro y embistió, sólo una vez. Ella jadeó bruscamente, corcoveando contra él, su cuello arqueado, las piernas apretadas, el cuerpo tembloroso. Su prolongado gemido le cortó el aliento. Era lo más exquisito que jamás había experimentado.

Y por mucho que sabía que probablemente lo había fingido, en el fondo de su mente, mantuvo la esperanza de que, posiblemente, acababa de presenciar como Dana Scully tenía un orgasmo. Él gimió contra su cuello en señal de aprobación.

Cuando levantó la cabeza de su cuello unos segundos después, notó que la bolsa había caído de sus ojos. Pero ella los mantenía cerrados, su respiración lentamente volviendo a la normalidad. Él frotó su nariz con la suya, y barrió sus labios ligeramente con los suyos.

Scully inclinó la barbilla hacia arriba, buscándolo. Su lengua salió de su boca atrapando su labio inferior. Él gimió sorprendido, y presionó sus caderas involuntariamente contra ella nuevamente, y ambos jadearon al unísono.

Scully abrió la boca, y su lengua se lanzó para mojarse los labios. Él la tocó con la suya, jugando, explorándola abiertamente. Era increíblemente erótico, y estaba segura de que si él embestía contra su centro una vez más ella acabaría. De nuevo.

Su mente aún estaba girando con el poder de ese orgasmo que indujo sólo con un empuje de sus caderas. Jesús, ¿qué pasaría si la tocaba realmente? Se estremeció con el pensamiento, sintiendo una ola de deseo fresco entre sus piernas. Su lengua era suave y húmeda, y se deslizaba deliciosamente contra la suya. Ella se fundió en el poderoso beso.

Sus labios se moldearon sobre los de ella, y ambos suspiraron en el beso, sus lenguas girando alrededor de la del otro. Él la presionó contra el suelo aún más, sus dedos se aferraron a los suyos. Para Scully sentir sus labios calientes después del tierno asalto que sus dedos y boca didicaron sobre su cuerpo fue como golpear un cable de alta tensión. Zumbaban por el exceso de electricidad, y ella gimió alentadoramente en su boca.

Sus paredes interiores estaban todavía pulsando, palpitando con las réplicas, y la sensación de su cuerpo duro sobre ella no ayudaba a mitigar su deseo. Su compañero se apartó de sus labios, y llevó la boca a su oído. - Jesús, eres buena. Creo que definitivamente seremos invitados de nuevo. - Susurró, sonriendo en su cuello mientras la acariciaba cariñosamente.

Ella abrió los ojos por primera vez desde que el ejercicio había comenzado y los entornó automáticamente, a pesar de la débil iluminación.

Sentía el pecho pesado, y se le dificultó respirar. Esto era real. Esto acababa de suceder... y nada menos que en una habitación llena de extraños. Sus ojos verdes eran dulces, y su piel ruborizada, su excitación era evidente por la dureza presionando su muslo. La tomó de la mejilla, y bajó la mirada hacia ella con tal adoración, tal ternura que su pecho le dolió. Independientemente del motivo, éste era Mulder, su mejor amigo. Cerró los ojos, relajándose bajo su cuerpo. Sus dedos le acariciaron el pelo, y le dio un beso suave en la frente sin dejar de acariciarla.

De repente, Alisha se arrodilló junto a ellos y Scully se tensó, desconcertada por la presencia de un extraño en el pequeño espacio que ella y Mulder habían construido.

- Holly... Paul. - Susurró ella, sonriendo. - Hicieron un gran trabajo. Holly, tú y Paul tienen una química sexual increíble. Aquí está su invitación para la próxima fiesta. Si desean un momento de intimidad, la habitación al final del pasillo está abierta para su uso. Nos vemos mañana por la tarde. - Dijo, guiñándoles un ojo antes de ponerse de pie y dirigirse a la siguiente pareja.

Scully alzó la vista hacia el techo, y Mulder apoyó la frente contra su pecho, suspirando profundamente. Misión cumplida. De vuelta a la realidad.

Con un pequeño empujón, retiró a Mulder, y se sentó. Él se levantó y le ofreció la mano. Scully se pasó un brazo alrededor del pecho, sintiéndose expuesta, vulnerable en esa habitación llena de extraños.

Con la mirada abatida y pasando saliva ruidosamente, tomó su mano y su compañero la levantó del suelo. Recogió su ropa, agradecida de que las otras parejas estuvieran demasiado absortas en sí mismas para fijarse en ella.

Mulder envolvió su brazo alrededor de su cuerpo, conduciéndola por el pasillo donde se habían besado tan sólo una hora antes. Mierda. ¿Había pasado sólo hacía una hora?

Se dirigieron a la sala que Alisha les había indicado. Él colocó su mano en la parte baja de su espalda, tranquilizándola sobre sus intenciones. Una vez dentro, cerró la puerta y se apoyó en ella. - Las habitaciones son privadas. - Susurró, se escuchó un ruido sordo cuando la cabeza golpeó contra la madera suavemente. Scully se detuvo, sosteniendo la ropa en sus brazos, asintiendo en la oscuridad. Mulder sonrió con satisfacción, frotándose los labios. - Bueno, supongo que nuestra performance fue lo suficientemente buena para una segunda invitación. - Dijo, sonriendo.

Ella simplemente asintió otra vez, sin soltar sus prendas. Bien. Performance.

El aire era pesado, y sintió su mirada penetrante sobre la piel. La niebla de la lujuria se había aclarado, desapareciendo. Lo único que quedaba eran ellos dos… Mulder y Scully... y las secuelas de lo que había sucedido.

- ¿Estás bien? - Susurró, frunciendo las cejas con preocupación al notar su comportamiento, o la falta de él.

Sonrió para sí misma y sacudió la cabeza. - Estoy bien. - Dijo en voz baja, volviéndose hacia él. - De verdad... Sólo... - Suspiró.

- Lo sé. - Susurró. Scully se preguntó si realmente lo sabría. ¿Sabría lo que su contacto había hecho con ella?

Dejó caer la ropa en la cama y se vistió rápidamente. Sólo quería largarse jodidamente rápido de ahí.

Su compañero se apartó de la puerta, e hizo un gesto hacia la cama. - ¿Deberíamos uh...? - Sonrió con timidez, frotándose la nuca.

- ¿Qué? - Preguntó, con nerviosismo.

- La cama. - Aclaró. - ¿Deberíamos desordenarla o… algo? Hacer que parezca que... - Se interrumpió.

Los ojos azules vagaron sobre la cama, y el corazón se le estrujó dolorosamente en el pecho.

- ¿Cómo si hubiésemos hecho el amor? - Susurró, los ojos ardiendo por las lágrimas contenidas. Visualizó sus cuerpos moviéndose sobre las sábanas blancas, sus fuertes caderas embistiendo entre sus piernas, los gemidos de placer corriendo por el aire... Su clítoris despertó, palpitando de deseo, y apretó los muslos con la esperanza de evitar la sensación.

- . - Suspiró de acuerdo, con los ojos igual de vidriosos, aparentemente perdido en sus propios pensamientos. ¿Estaba teniendo la misma visión, las mismas imágenes pasando como una película en su mente?

Sacudió la cabeza, rechazando la esperanza de que si lo deseaba se haría realidad, y lo ayudó a retirar las sábanas y mantas.

Mulder suspiró y le echó un rápido vistazo a su compañera después de unos minutos, notando su contemplativa mirada en las sábanas arrugadas. - ¿Lista para salir? - Preguntó, extendiéndole su mano.

Scully asintió con la cabeza, y lo siguió fuera de la habitación después de entrelazar sus dedos.

El silencio en el interior del coche en su viaje de regreso al apartamento zumbaba en los oídos de Scully y su cerebro comenzó a evocar imágenes de lo que había sucedido entre ellos más temprano esa noche.

Mulder tocando su cuerpo...

La lengua de Mulder sobre su cuerpo...

Los labios de Mulder en su cuerpo...

El cuerpo de Mulder encima de ella... tocándola, besándola, acariciándola hasta que ella se deshizo.

Hubiera sido tan perfecto si no fuera por la hermosa ironía de que estaban trabajando en un caso. El hecho de que él asumiera que ella sólo estaba actuando. Interpretando una puta vida.

Como si se tratara de un campo de energía, podía sentirlo, su proximidad. Su brazo izquierdo ardía por su calor corporal. Se estremeció con los vestigios de su piel contra la de ella, y cruzó las piernas, ajustando su corta falda contra sus muslos. Por un momento, los ojos se le llenaron de lágrimas, deseando poder cubrir su cuerpo. Estaba desesperada por aparentar algo de normalidad, de modestia.

Se sentía ridícula. Se sentía expuesta. Sobre todo, se sentía confundida, y si era sincera consigo misma, se sentía algo avergonzada. ¿Por qué debería Mulder pensar en esto como algo más que un simple caso? ¿Por qué permitió que su cuerpo la llevara al borde de esa manera? El médico en ella le recordaba que la respuesta fisiológica no era algo que nuestros cuerpos necesariamente pudiesen controlar, y que era algo completamente normal excitarse al ser tocado. Pero la mujer en ella sintió un hueco en el estómago que tenía muy poco que ver con el hambre. Una parte de ella se sentía rechazada por el hombre que deseaba. Sabía que era ridículo. No era ni el momento, ni el lugar.

Desesperadamente deseaba que fuera tan fácil apagar sus sentimientos.

Notó como su compañera tironeaba de su ropa y pudo palpar su malestar. Se estiró para llegar al asiento trasero y le entregó su chaqueta. Ella la tomó sin decir nada y la envolvió sobre su cuerpo, suspirando débilmente cuando su aroma invadió su nariz.

- ¿Scully? ¿Qué sucede? - Preguntó.

Se humedeció el labio inferior y negó con la cabeza, dándole una pequeña sonrisa. - Estoy bien. - Susurró apenas, su voz sonó agobiada y estrangulada.

Su mandíbula tensa hacia juego con su estado y él sabía que lo mejor era no seguir presionándola. Decidió cambiar de tema, estableciéndose en el caso más que en su estado emocional. - Creo que tu interpretación fue maravillosa esta noche, Scully. - Dijo, sonriéndole mientras alternaba la mirada entre su perfil y la carretera.

Interpretación.

Yeah, menuda interpretación, pensó.

Se volvió hacia él, con un tono cortante. - Lo que sucedió en esa casa no sale de este coche. - Dijo intensamente.

Él la miró con el ceño fruncido. - Por supuesto. - Dijo con cautela. - Scully, yo nunca…

- Yo sólo... - Lo cortó, suspirando y haciendo un chasquido con sus labios. Cerró los ojos. - Sólo estoy... tratando de procesar esto… es todo... - Tomó una respiración profunda, peleando por evitar las náuseas que amenazaban con formarse. - No estoy acostumbrada a... - Se fue apagando.

Mulder suspiró, echándole una mirada. - Lo sé. - Dijo en voz baja, tratando de tranquilizarla al comprender. Hacerle ver que aún la respetaba. Que aún la amaba. - ¿Segura que estás bien, Scully? - Preguntó de nuevo mientras entraba al complejo de apartamentos. Estacionó el coche en el parque y sacó la llave del encendido, girando su cuerpo para hacerle frente. Llevaba su chaqueta hasta la barbilla, tenía los brazos enroscados sobre su pecho, había pasado los brazos por las mangas y se había colocado la prenda al revés, la espalda le cubría el torso, ella cerró los ojos y giró la cara hacia la ventana.

- Estoy bien... - Comenzó. Luego llevó su mano a la rodilla de su compañero y la palmeó. - Lo estoy, Mulder. Estoy bien. Yo sólo... Todo este caso está solamente... - De nuevo, buscando las palabras adecuadas. - Fue real, Mulder. - Susurró, tocándose las uñas.

- ¿Qué quieres decir? - Preguntó en voz baja.

Sus cejas se levantaron, y ajustó las mangas de la chaqueta alrededor de ella. - Quiero decir, eso fue real. Sabía que al avanzar este caso iba a haber un cierto nivel de… intimidad necesario. - Explicó, con las mejillas enrojecidas. - Pero supongo que no estaba muy preparada para eso...

Él no sabía qué responderle. Permanecieron en silencio durante unos instantes, dejando que el sonido de su respiración llenara el aire. Scully giró la cabeza y miró por la ventana, sintiendo un nudo en la garganta cuando las palabras finalmente salieron a la superficie.

- Lo siento. - Murmuró.

Mulder se volvió hacia ella, sus cejas arqueadas por la sorpresa. - ¿Qué? - Preguntó en voz baja.

Se humedeció los labios, suspirando pausadamente. - Durante el masaje, cuando tus manos estaban... - Hizo una pausa. - en mis muslos... - Se detuvo de nuevo, sintiendo que sus mejillas ardían. - Creo que gemí... y te pedí... - Suspiró, sintiendo que su estómago ardía nuevamente por la vergüenza. - Estaba respondiendo… reaccionando a ti... a lo que me hacías… y luego me llamaste "Holly"... y lo siento. Pasé la línea, sobrepasé los límites.

Él sacudió la cabeza. - Bueno, sí, te llamé "Holly". Ese supuestamente es tu nombre, y por otro lado... no debíamos hablar. - Finalizó. Ella asintió dos veces, volviendo la cara de nuevo a la ventanilla.

No lo entendió. Él no lo comprendía.

Mulder se encontró observando la parte posterior de su cabeza, tratando de evaluar su reacción. Era evidente que algo le seguía molestando. - Scully, tienes que ayudarme aquí. - Pidió, dando golpecitos con el dedo pulgar en el volante girando para poder verla mejor. - Hay algo que no me estás diciendo, y me siento como... Scully, me dijiste que ibas a mantener las líneas de comunicación abiertas. - Acotó suavemente. - Por favor, Scully… - Susurró suplicante. - Háblame. Este caso es tan incómodo para mí como lo es para ti, y necesito saber si te hice algo…

- No me hiciste nada, Mulder. Es mi culpa. - Lo interrumpió, con la voz ahogada por las lágrimas.

Él suspiró, sus angustiados ojos memorizando los reflejos de su cabello en la parte posterior de su cabeza. - ¿Qué? Pero tu no…

- Me perdí allí. - Dijo, enjugando rápidamente una lágrima perdida cayendo por su cara, preservando la evidencia de la mirada de su compañero. - Es sólo que... es vergonzoso. Lo siento. - Susurró.

- Pero soy yo, Scully. - Murmuró.

Frunció los labios, levantando las cejas. - Exactamente. Eres . - Respondió en voz tan baja, que él casi no pudo oírla.

- Scully, todavía no entiendo de lo que estás hablando. Ayúdame.

- Mulder, prácticamente te rogué para que me tocaras... - Levantó la voz, resonando en las paredes de la cabina. Hizo una pausa, mofándose de su comportamiento.

- ¿Qu..? - Su voz se apagó cuando el recuerdo desbordó en su mente. "Tócame, por favor." - ¡Oh! - Exhaló.

Scully resopló. - Yeah. Oh.

No podía negar que las palabras lo habían sorprendido, dándole una sacudida eléctrica cuando salieron de sus labios. Su pene se endureció con tan solo pensarlo. Suspiró, sacudiendo la cabeza mientras una risita brotó de sus labios. - No tienes nada por qué disculparte, Scully.

Sacudió la cabeza, cerrando los ojos. - No puedo creer que haya hecho algo así. - Susurró, agotada.

Él suspiró, sonriendo para sí mismo. - Bueno, estoy feliz de que lo hicieras. - Dijo. Scully se volvió hacia él, con los ojos incrédulos clavados en los suyos, pidiendo una aclaración. Mulder se encogió de hombros. - Mira, me alegro de que lo hayas disfrutado, es todo. - Señaló, mirando su regazo. Abrió y cerró la boca un par de veces, sin saber qué o cómo expresar lo que deseaba. Se removió en su asiento antes de decir suavemente. - Quería que te gustara, para que te relajaras.

Scully no pudo luchar contra la sonrisa que se formó en sus labios mientras observaba a su compañero con los ojos clavados tímidamente en sus piernas, incapaz de mirarla a los ojos. Su corazón se suavizó, y la vergüenza que estaba sintiendo se derritió al verlo. Realmente podía ser muy dulce a veces. Era una de las cosas que más le gustaba de él.

- Me gustó. - Susurró. - Claramente. - Añadió, riéndose de sí misma, aunque "relajante" no era ciertamente la palabra que usaría para describir la forma en que su contacto afectó su cuerpo.

Él levantó la cabeza y le sonrió. Scully lo miró a los ojos y le devolvió la sonrisa. Todo estaba bien.

Palmeando su muslo con la mano, le dijo: - Vamos, Mulder. Vayamos a dormir un poco. Creo que lo necesitamos después de esta noche.

Fuera del coche, él se acercó a su lado y envolvió sus brazos alrededor de ella tan pronto como salió del auto. Scully se ablandó en su abrazo, cerrando los ojos mientras su calor se apoderó de su cuerpo absorviéndola.

- ¿Estamos bien, Scully? - Le preguntó mientras apretaba los labios en la parte superior de su cabeza.

Ella se apartó un poco mirándolo a los ojos. - Yeah, Mulder. Estamos bien. - Afirmó.

- Entonces... Parece que es una fiesta en la piscina mañana... - Mulder sonrió mientras sacaba las llaves del bolsillo.

La agente asintió con la cabeza, arqueando la ceja ante su tono burlón.

- ¿Eso significa que finalmente voy a verte en bikini?

- Supongo que sólo tendrás que esperar hasta mañana para averiguarlo, ¿no? - Pasó por delante de él a través de la puerta, y se rió entre dientes ante la mirada sorprendida que estalló en su cara al escucharla.

CONTINUARÁ…