Resumen: Mulder y Scully van de encubiertos como pareja a una misión para atrapar a un criminal atroz, el cual resulta ser tambien el anfitrión de numerosas fiestas sexuales.

DISCLAIMER: Este fic contiene material sexualmente explícito. Si este contenido no es de tu agrado puedes dejar de leer.

Pd: Mil gracias por los comentarios recibidos! Como siempre todos sus comentarios, dudas, inquietudes, quejas y reclamos pueden dejarlas en un bello review para que se las pasemos a la autora original.


Tal vez era el sol, quizás eran esas cuatro mujeres en la piscina sin la parte de arriba del bikini, tal vez eran los tres cócteles que Scully había consumido (o tragado enteros, como Mulder le había señalado), pero cualquiera fuera la razón, se encontró pasándola bien. Y, al igual que cierta alineación cósmica de los cielos, esos factores combinados eran peligrosos para Dana Scully, peligroso para una hermética, reservada y estirada agente del FBI cuya personalidad era totalmente distinta al personaje que debía interpretar, tan diferente, alejado de lo que ella era. A medida que observaba cómo el sol brillaba en los hombros húmedos de su compañero, mientras el agua caía en cascada por su espalda musculosa, pensó que tal vez esto era algo bueno. Nadie la conocía allí. ¿Realmente se conocía a sí misma?

Se movió bruscamente girando sobre sobre su hombro, la sábana y la manta se amontonaron alrededor de su piel caliente. Durante toda la noche, su piel se mantuvo zumbando con el recuerdo de las manos de Mulder sobre su cuerpo, de su boca sobre su piel. Sintió que sus mejillas ardían, la excitación fresca recorriéndola mientras intentaba recrear las sensaciones que sus manos habían creado. En su mente, la noche terminaba de manera diferente. En su mente, él no se detenía cuando le pedía que la tocara. Tiraba de su sujetador con fuerza sobre sus pechos y con ansiedad tomaba su pezón entre los dientes, retorciéndoselo y apretando contra esa protuberancia endurecida. Sus dedos se sumergían bajo sus bragas, acariciando su carne caliente mientras le susurraba sus intenciones al oído.

Besarte... Saborearte... Cogerte...

Con un gemido ahogado, se arqueó contra sus almohadas, su cuerpo temblando por la intensidad de su liberación. Jesús... Le había bastado sólo pensar en él... ¿Cómo iba a terminar este caso sin perder sus inhibiciones por completo?

Su mente no se detenía. Durante toda la noche esta bailó entre la aprehensión y el miedo, a la excitación y expectación. ¿Qué estaría pensando él? ¿Estaría despierto, también? Estaba sólo al final del pasillo en el segundo dormitorio, sería tan fácil salir de la cama y meterse en la suya. Culparía al caso. La culpa era el poder de su toque... Cualquier cosa serviría con tal de quitarse ese deseo.

Pero entonces los detalles del caso volvían a un primer plano, y su estómago se revolvía de ansiosa inseguridad. ¿Y si encontraba a alguien en la fiesta en la piscina que le gustara? ¿Sería capaz? ¿Actuaría en consecuencia? No podía enfocarse en eso, de todos modos. Había un caso que resolver, todos eran potenciales testigos. El deber de ambos era mezclarse e interactuar con los invitados, reunir información en contra del sospechoso. Pero, ¿podría hacerlo? ¿Podría separarlo? Al entrar en el caso pensó que podría. Pero después de la forma en que sus manos la tocaron esa noche... Dios... La manera en que su voz le susurró al oído... No podría separarlo ahora. Sólo esperaba que él no se diera cuenta. Una vez que este caso se cerrara, y ella estuviese de regreso en su propio espacio, todo volvería a la normalidad. Tenía que volver a la normalidad.

El único problema era que no sabía si podría pasar el resto de su vida sin sentir que él la tocara, o la besara de nuevo. Y si bien la idea de profundizar su relación la asustaba más que la mierda, la triste soledad de nunca sentirlo sobre su cuerpo otra vez le resultaba demasiado difícil de soportar.

Las lágrimas mancharon su almohada cuando el sueño finalmente la consumió.

Al día siguiente…

- Holly... espera. - Dijo, siguiéndola a la casa desde la piscina, estirándose para alcanzar su muñeca mientras ella se movía rápidamente hacia la cocina.

- Estoy bien. - Susurró, incapaz de mirarlo a los ojos, usando unas pequeñas pinzas de metal para dejar caer los cubos de hielo en su vaso con más fuerza de la necesaria. Mulder la estudió detenidamente, respirando hondo mientras miraba alrededor de la habitación. Las otras parejas estaban demasiado ocupadas en sus propias conversaciones para notar la disputa entre estos, supuestamente, marido y mujer.

- Holly. - Repitió, con la esperanza de que la fuerza detrás de su tono obligara a sus ojos encontrar los suyos. Finalmente, ella dejó caer sus manos y lo miró, frunció los labios y arqueó la ceja. Mulder pasó saliva con nerviosismo. - ¿Qué pasa? - Preguntó, casi en un susurro, mirando a su lado para asegurarse de que su conversación no estaba siendo escuchada.

Su barbilla se levantó, y alzó las cejas mientras negaba con la cabeza. - Nada está mal.

Él inclinó la cabeza hacia un lado, rodando ligeramente los ojos mientras se acercaba un paso. - Holly. - Advirtió.

Scully le echó una mirada, captando una genuina preocupación en sus ojos.

- ¿Sucedió algo? - La impulsó a hablar.

Los labios de su compañera formaron una delgada línea, y negó con la cabeza, reanudando el movimiento estratégico de dejar caer hielo dentro del vaso rojo. Cuando se estiró para llegar al cucharón del ponche, la mano de Mulder tomó la suya inmovilizándola. Ella jadeó, maldiciéndose a sí misma porque sólo con su cálida mano lograba que su estómago revolotee.

- El ponche... - Dijo con cautela, recordándole sus sospechas de que esa podría ser la fuente por la que Harold drogaba a sus invitados. Sin embargo, al ver el recipiente lleno, Scully se sintió aliviada al notar que los otros parecían haberlo evitado también.

Dejando caer el cucharón en el recipiente, apoyó los codos sobre el mostrador y puso la cara entre sus manos. - ¿Qué estamos haciendo aquí? - Se quejó en voz baja.

La tomó del codo tirando de él, impulsándola para atrapar su cuerpo entre sus brazos. Su intención era que el gesto fuera tranquilizador, relajando sus alterados nervios, pero un Mulder medio desnudo, caliente por el sol y oliendo a aceite bronceador de coco con matices de Jack Daniels era cualquier cosa menos relajante. Ella respiró profundamente, alejándose de su cuerpo.

- Estoy bien. - Susurró, pasándose los dedos por el pelo mientras se giraba y buscaba una adecuada botella de vodka.

Mulder se apoyó contra el mostrador, cruzando los brazos frente a su pecho. - Sigues diciendo eso. Y, sin embargo, tu comportamiento insinúa todo lo contrario.

Ella mezcló su bebida, cambiando su peso de un pie al otro. Estaba haciendo tiempo. Y él lo sabía.

- ¿Cuál es realmente el problema? - Preguntó.

Suspiró, cerrando los ojos mientras inclinaba la barbilla hacia el techo. - Es ridículo. - Susurró, probando su bebida.

Dio un paso más cerca de su compañera, pasando la mano por su brazo, deseando que se quitara el maldito pareo que ocultaba su bikini de su vista. - ¿Qué es lo ridículo?

Se volvió hacia él, y Mulder notó el rubor en sus mejillas que poco tenía que ver con el sol. - Simplemente no creo poder seguir con esto. - Miró nerviosa su vaso. Después de un momento, alzó los ojos para enfrentar los suyos, y el corazón le dio un vuelco al ver como parpadeaba divertido. - ¿Qué? - Preguntó, desconcertada por su expresión. Sus cejas se elevaron desafiantes. - ¿Crees que disfruto pasearme medio desnuda, mientras se supone que debo coquetear con tipos desconocidos... tipos desconocidos casados, que conste... y de servicio? ¡Vamos!... No soy yo. No tengo una cita desde… - Se interrumpió con un suspiro, llevando la bebida a sus labios.

Se burló. - Scu…Holly, podrías tener a cualquiera de los tipos de aquí, confía en mí. - Dijo, jugueteando con sus dedos, y apartando la mirada. Hizo una mueca cuando su estómago tocó fondo, retorciéndose y enrollándose ante el pensamiento de Scully persiguiendo a otro hombre, incluso si estuvieran en un caso. Había visto la forma en que la miraban. No estaba jodidamente ciego.

Se sonrojó, agachando la barbilla. - Bueno... incluso si ese fuera el caso, lo cual dudo mucho, por cierto, yo sólo... - Se interrumpió, suspirando mientras giraba los hombros con incomodidad. - No puedo fingir eso... Tú lo sabes. Interpretar este... sea lo que sea. Es sumamente difícil. No soy yo. - Terminó suavemente, observando el líquido rosado de su cóctel.

Estiró la mano, acariciándole la mejilla con el pulgar. - Lo sé. - Dijo bajando la voz, sonriendo dulcemente. - No soy el Don Juan que estas mujeres piensan. - Agregó, mirando alrededor de la habitación. Scully se burló.

- Por favor, hay sobre ti un montón de ojos desde que llegamos aquí, confía en mí. - Dijo copiando su frase, llevando el vaso a sus labios, ocultando su desdén con el plástico delgado.

Sus cejas se alzaron y se inclinó hacia adelante, intrigado. - ¿De verdad?

Ella ladeó la cabeza, dándole la expresión patentada que reservaba exclusivamente para sus pelotudeces.

Se enderezó y asintió, extendiendo la mano para tocar sus dedos. - Mira, sé que esto es demasiado... - Comenzó, mirando a su alrededor una vez más para evitar que alguna persona lo escuchara. - Pero estamos aquí por una razón, ¿verdad? - Preguntó, esperando que lo entendiera. Ella miró hacia los lados, asintiendo lentamente. - Está bien, entonces... ¿Qué tal si sólo salimos, nos metemos al agua, nos divertimos... y vemos que nos depara y a dónde nos lleva el día? - Finalizó. Scully no amaba la idea, pero sabía que era un mal necesario. Aun así, no podía evitar sentir ese pozo en el fondo del estómago. Sabía cómo era cuando había mujeres alrededor, había visto la forma en que las tocaba, y hablaba con ellas. El recuerdo de Phoebe, la Detective White, y Diana le nubló la visión. Haciendo que le hierva la sangre.

Se le rompió el corazón.

Diana casi había sido la muerte de su sociedad. No podría soportar si alguien se interpusiera entre ellos ahora. No podría verlo besar y amar a otra mujer de la manera que ella sólo había soñado.

- Lo que sucede aquí, se queda aquí, ¿verdad? - Dijo suavemente, sonriéndole, su pulgar se deslizó dulcemente por su mejilla. Ella sintió que sus pezones se endurecían al contacto. Extendió la mano para tomar la suya.

Se humedeció los labios y comenzó. - Tal vez sería mejor si tuviéramos algunas reglas para…

- ¡Ahí estás! - Una sensual voz femenina exclamó detrás de Mulder. Scully aspiró lentamente, mostrando su evidente fastidio sólo a la persona directamente frente a ella. Mulder esbozó una falsa sonrisa en su rostro y giró hacia la voz.

- Jessie, ¿verdad? - Preguntó. Scully se volvió hacia el mostrador, rodando los ojos mientras llenaba el vaso rojo hasta el borde, tragando el vodka estrepitosamente. Él la miró dos veces antes de girar hacia la mujer de pechos enormes a su lado.

- ¿Quieres acompañarme en la piscina? - Preguntó Jessie. Le sonrió, y luego giró la cara hacia Scully, observando críticamente su apariencia de arriba abajo. - Por supuesto, eres más que bienvenida a unirte, Holly. - Dijo, extendiendo la invitación casi a regañadientes.

- Sí, Holly... únetenos. - Pidió Mulder, fijando una mirada penetrante en ella. Por favor, haz esto conmigo, le decía. La última cosa que Scully quería hacer, era entrar en una piscina con su compañero, mientras unas mujeres semi desnudas se arrojaban sobre él mientras ella se esforzaba para (literalmente), mantener la cabeza por encima del agua.

Levantó la mano, sacudiendo la cabeza. - No, por favor... No tengo ganas de mojarme. Yo... yo sólo estorbaría. - Se rió incómodamente.

- Holly... Vamos. Será divertido. - Dijo Mulder sinceramente, estirándose para alcanzar su brazo.

Ella inclinó la cabeza hacia él. - Se trata de la "experiencia" ¿verdad? - Dijo, lanzándole sus propias palabras. - Jessie es hermosa. Diviértete. - Dijo, pasando saliva con fuerza, con la esperanza de que no escucharan o prestasen demasiada atención a esas últimas palabras. Pasó por delante de ambos, bajando los lentes de sol de su frente mientras salía al cálido sol del desierto. Adiós a las reglas.

Se sentó en la larga reposera junto a la piscina, enfurecida con Mulder detrás de sus lentes oscuros. No eran sus celos lo que más le molestaba, era la noción de que sabía que no debía estar celosa, y sin embargo, lo estaba. Esto no era personal. Era un caso. Ellos, de hecho, no eran una pareja. Por más difícil que le resultara admitirlo, sobre todo a sí misma. Y contemplando, incluso si lo fueran, que estaban interpretando el rol de una pareja swinger. Los celos no tenían ningún papel en este caso. Sólo complicarían aún más las cosas. Se sentía tonta y se golpearía a sí misma por sus ridículas emociones, si su corazón no estuviera tan constreñido en su pecho.

Él tenía un papel que desempeñar, comprendía eso. Al igual que ella tenía un rol que representar. Pero no era ella la que había estado correteando con casi todas las mujeres hermosas en la piscina esa tarde. Él estaba jugando perfectamente su papel, debía concederle eso. Pero podía ver las sonrisas exageradas y escuchar la risa falsa de las mujeres que estaban a su alrededor. Algunas incluso se habían quitado la parte de arriba del bikini, y sentía que azotaban su estómago con cada cordón que iban desatando.

Ni una sola vez su compañero giró para mirarla. Ni una sola vez, incluso pareció importarle lo que pensaba de su comportamiento. Era casi como si la forma íntima en que la había tocado la última noche no le importara. Y cada vez que él levantaba la mano del agua para tocar el brazo de otra mujer, o limpiaba el agua de algún rostro femenino, se estremecía, recordando perfectamente cómo sus manos se sentían sobre su cuerpo.

No debería causarle ese dolor verlo. Pero lo hacía. Más de lo que quería admitir.

Mulder se paró junto a ella en la piscina, Jessie. Era novata - una de las nuevas parejas que habían aparecido en la noche, y Scully supo que se sentiría atraído por ella en el preciso momento en que la mujer entró en la habitación. La pequeña Miss Double - D, de piernas largas, morena, con un tatuaje de callejera (en la parte baja de la espalda). Rodó los ojos y tomó un sorbo del fuerte cóctel, haciendo una mueca cuando el alcohol le quemó la garganta.

- ¿Fuerte? - Expresó una voz masculina a su lado. Scully entrecerró los ojos frente al fuerte sol del desierto, echando un vistazo al recién llegado.

- Lo siento, ¿qué? - Solicitó una clarificación.

El joven se sentó junto a ella, compartiendo el borde de la reposera mientras observaban fijamente la piscina. - Te pregunté si tu trago era fuerte... Un tipo me preparó uno, y temo que si bebo otro voy a aterrizar de culo. - Se rió entre dientes, apoyando la mano sobre la rodilla de Scully. Ella se estremeció bajo su tacto, y cruzó las piernas, retirando la mano de su piel. - Soy Kevin. - Se presentó, extendiendo la mano. - Mi esposa Jessie es la que estaba de fucsia hablando en el jacuzzi con tu marido, ¿verdad? - Preguntó, haciendo un gesto hacia Mulder y Jessie.

Scully asintió, y le estrechó la mano, presentándose.

Sorbiendo su bebida, se mostró cautelosa ante la cantidad de alcohol que corría por su cuerpo, y continuó observando a Mulder a través de los gruesos cristales oscuros de sus lentes de sol. Se quedaron en silencio durante unos instantes antes de que Kevin se aclarara la garganta.

- ¿Tú... eh… quieres unirte a mí... ellos... en el agua? - Preguntó nervioso.

Scully lo miró de reojo, y sonrió ante su evidente incomodidad. Encontró consuelo en el hecho de que era inexperto, como ella. Kevin era atractivo, no era grosero, ni aparentaba ser un machito sexual. Por el momento, realmente era una buena compañía. Se tragó el líquido restante del vaso y pasó saliva en forma audible, respirando lentamente por la boca cuando sintió el contenido encender un fuego en su vientre.

Miró a Kevin, y él sonrió, colocando su mano una vez más en su rodilla. - ¿Quieres? - Preguntó de nuevo, pasando saliva nervioso mientras estudiaba su rostro. Scully rió entre dientes tranquilamente agachando la barbilla. Se veía tan nervioso, mordiéndose el labio inferior de esa manera. Él retiró su mano y sacudió la cabeza, rascándose el cuero cabelludo. - Lo siento... Somos nuevos en esto... no tengo idea de lo que estoy haciendo. - Se rió, tomando un trago del largo cuello de la botella de cerveza.

Scully se acercó y le dio unas palmaditas en la pierna, dejando la mano en la parte superior del muslo. Él bajó la mirada, con los ojos sorprendidos. - Yeah, seguro. Vamos a nadar. - Dijo, sonriendo interiormente y echándole una mirada a Mulder y Jessie conversando cómodamente en un estrecho rincón de la piscina.

Al carajo, si Mulder iba a jugar ese juego, ella podía hacerlo también. ¿Y qué mejor que con el Sr. Doble - D?

Bajó los escalones de la piscina y nadó hacia el centro, manteniendo sus ojos en la espalda de su compañero mientras se deslizaba por el agua sedosa. ¿La vería? ¿Le importaría si estuviera envuelta en los brazos de otro hombre? Su estómago se retorció al observarlo llevar los dedos al pelo de Jessie, colocándolo detrás de la oreja, en el mismo movimiento fluido que había hecho cientos de veces con ella antes.

El largo deslizamiento de Kevin hacia donde estaba cerró la brecha y sintió sus brazos envolverla por la cintura, los suyos fueron instintivamente alrededor de su cuello. Se puso rígida bajo su tacto, bajando las manos posándolas sobre el pecho para proporcionar una necesaria distancia. Pero un nuevo vistazo a Mulder fue suficiente para hacerla olvidar de la "necesaria distancia", y envolvió sus brazos alrededor del cuello masculino.

- ¿Te incomoda que te sostenga de esta manera? - Preguntó él en voz baja, mientras los deslizaba a la parte más profunda de la piscina.

Le tocó el pecho con una mano y dejó la otra envuelta alrededor de su cuello. - Está bien... no puedo tocar el fondo de todos modos. - Racionalizó. Vio que sus labios se curvaban en una pequeña sonrisa, y ella se mordió el labio. ¿Cuándo fue la última vez que un atractivo hombre la había sostenido en sus brazos de esa manera, exceptuando Mulder? pensó. Esto estaba bien, se sentía bien, aunque ligeramente inquietante, dado el hecho de que no era su compañero.

Podría echarle la culpa a la bebida, o al sol, o a la enorme oleada de celos que sentía cada vez que veía a Jessie tocándolo, pero cuando sintió que el brazo de Kevin la apretaba alrededor de su cintura, se negó a pensar racionalmente, girándose en sus brazos para llevar sus labios a los suyos.

No sabía en lo que se estaba metiendo, pero la avalancha de cosas que sintió cuando su lengua penetró en su boca fue increíble, encendiendo un denso calor que se extendió por sus extremidades. Con una mano en su muslo y la otra detrás de la cabeza, Kevin los movió hasta acercarlos al borde de la piscina y la presionó contra el fresco concreto.

Profundizando el beso, ella se inclinó más hacia un lado y abrió los ojos...

Directamente a la mirada de un shockeado e impávido Mulder, con Miss Doble - D colgando de su brazo.

El doloroso reconocimiento en sus ojos debería haberla detenido, pero sólo la hizo besar a Kevin más apasionadamente. ¿No se suponía que era eso lo debían hacer de todos modos? ¿Swingers? ¿Intercambio de esposas?

¿Pero qué carajo está pasando, Scully?

Era casi doloroso verla así, pero no podía apartar la mirada de ella mientras su boca se aferraba con avidez a los labios del hombre entre sus brazos.

Entre sus brazos.

Frunió el ceño confundido por sus acciones, sus latidos resonaban en sus oídos como un tambor. Observó cómo sus brazos se apretaban alrededor del cuello de ese "Ken Malibú", y sintió que su corazón caía al fondo del estómago. Negó con la cabeza suavemente, genuinamente confundido... y si se lo permitía, herido.

Nunca hubiese esperado que buscara consuelo en los brazos de otro hombre.

La mirada que ella le dirigió mientras Kevin clavaba su lengua entre sus labios rosados llenos fue ilegible. Leyó una advertencia allí, "estamos en un caso", pero había algo más.

Algo que no podía descifrar aunque lo intentara. Se mordió el labio mientras la veía envolver sus piernas alrededor de su cintura, y sus ojos se estrecharon al notar la mano de Kevin correr debajo del agua, a lo largo de su muslo.

- Parece que Holly conoció a Kevin. - Jessie de repente levantó la voz, observando a su marido y a Scully con diversión. Se giró para enfrentarlo con su blanca sonrisa nacarada, y él la miró de soslayo, tragando con dificultad. Contempló a su compañera por unos instantes finales antes de girar y envolver sus brazos alrededor de la cintura de Jessie, aplastando su pecho contra el suyo. - Bueno... esto es agradable. - Comentó, su respiración era superficial y pausada. Mulder asintió, con la sensación de tener un nudo en la garganta. No podía hablar. ¿Qué mierda estaba haciendo? Su trabajo. Estaba haciendo su jodido trabajo, razonó.

Los cálidos labios de Jessie descendieron sobre los suyos, e inmediatamente sintió que su pene se endurecía. Deslizó su mano por el pelo mojado de la mujer, tratando de no pensar en que esos mechones castaño oscuro eran tan diferentes al color rojo fuego que consumía habitualmente sus fantasías.

Las manos de Kevin se movieron por sus muslos, apretando su carne mientras sus dientes mordían suavemente su yugular. Ella se quedó sin aliento ante la sensación y abrió los ojos, subrepticiamente buscando a su compañero desde su esquina. Y gimió suavemente al observar como su boca se movía lánguidamente sobre Jessie.

Miró como la morena alcanzaba y desataba las correas de neón de su espalda, sus pechos falsos se desbordaron de sus endebles envolturas, frotándose contra el pecho de Mulder. Se quedó sin aliento jadeando con horror mientras su estómago tocaba fondo. Kevin le acarició el cuello. - ¿Te gusta eso, nena? - Canturreó en su piel, confundiendo su jadeo de dolor por uno de placer. Se apartó, repentinamente desesperada por cierta distancia. - ¿Estás bien? - Preguntó desconcertado.

Sacudió la cabeza suavemente. - Lo siento... - Su voz se apagó, y volvió a mirar a Mulder cuya boca estaba succionando firmemente el cuello de Jessie. Las lágrimas pincharón en sus ojos, y se giró de nuevo hacia su acompañante. - Lo siento, Kevin... Esto no es... no puedo... - Balbuceó, buscando una explicación correcta.

Él le sonrió amablemente. - Está bien, Holly. - La consoló. Ella le sonrió agradecida y nadó hacia los escalones de la piscina. Subió casi arrastrándose, sus piernas se sentían pesadas, cargadas de alcohol y de angustia.

Se secó abrasivamente con la toalla mientras maldecía mentalmente a Skinner por involucrarla en este caso, para empezar. Claro, deseaba detener a Harold. Pensaba que lo que hacía era atroz, y acordó que merecía el castigo más duro por sus crímenes. Pero odiaba esta asignación. Odiaba lo que le estaba haciendo a su asociación con Mulder. A su relación con él. Hasta este caso, habían estado cada vez más cerca, pero ahora parecía que se estaban desgarrando, de repente rodeados de fricción, con más preguntas sin respuestas como si lo anterior no hubiera existido nunca.

Sólo deseaba irse a casa.

La voz de Alisha sonó desde el centro del patio. - ¡Muy bien, todo el mundo! ¡¿Quién quiere ir al Sybian?! - Gritó.

Scully centró su mirada en Mulder, viéndolo perderse en los brazos de una hermosa mujer. Una hermosa mujer que no era ella. Pasó saliva densamente, y envolvió la toalla alrededor de su cuerpo, ajustándola entre sus pechos mientras gruesas gotas de agua caían de las puntas de su cabello.

- ¡Holly! ¡Ven! ¡Prueba este bebé! - Dijo en voz alta Alisha. Scully miró en su dirección, y notó que algunas personas esperaban su respuesta. Hechó una nueva mirada a su compañero, viendo que todavía… seguía ocupado con otra cosa. Con un suspiro resignado, le sonrió escuetamente su anfitriona y se dirigió a su encuentro. "Sólo haz lo que sea necesario para llegar a la siguiente fiesta" se recordó. Cuanto antes terminara esto, antes podría volver a su vida normal.

Cuando llegó junto a la mujer, echó un vistazo al suelo para ver un dispositivo negro similar a una silla de montar con una almohadilla de goma en la parte superior. - ¿Qué es? - Preguntó, apartándose el pelo mojado de la frente.

Alisha se lamió los labios y sonrió. - Oooh, ¿nunca usaste esto antes? - Preguntó con entusiasmo. La ceja de Scully se arqueó, y empezó a preguntarse en qué se estaba metiendo.

- No. - Respondió vacilante, y los ojos de Alisha brillaron de alegría.

- Oh, dulzura... entonces tienes que probarlo. Tienes que hacerlo. Ven. Te voy a mostrar cómo funciona.

Scully dio un paso atrás y chocó contra una masa sólida y dura. Giró la cabeza y vio que Rod estaba de pie detrás. Él sonrió, colocando sus grandes manos sobre su pequeño cuerpo para estabilizarla. El cuerpo aceitado de Kathy estaba junto a su marido mientras le meneaba las cejas a ella. - En serio. Es asombroso. Sólo espera a ver. - Dijo Kathy, con una sonrisa alentadora.

Los ojos de Scully se dilataron como platos detrás de sus lentes, y giró para enfrentar a Alisha, que estaba preparando el aparato. ¿Qué diablos era esa cosa?

- Ok, entonces… Holly, vas a montarlo a horcajadas así. - Comenzó Alisha con indiferencia, mostrándole cómo debía sentarse en la silla, con las rodillas apoyadas en el hormigón caliente. - Este pequeño punto duro es donde tu necesitas centrar tu clítoris...

- Espera, ¿qué? - La interrumpió.

- Tu clítoris, Holly. - Alisha rió, como si Scully nunca hubiera oído la palabra "clítoris" antes.

La boca de la agente se abrió, y miró a Kathy, que asintió con aprobación. - Esto es tan bueno, Holly. Realmente. - La tranquilizó, avanzando para descansar la barbilla en su hombro. Scully sintió que un intenso rubor comenzaba a subir irradiando desde su pecho.

- ¿Así que tengo que...? ¿Voy a.…? - Tartamudeó, pidiendo una aclaración.

Kathy giró su barbilla hacia el cuello de Scully, sus labios junto a su oreja. - Vas a acabar tan jodidamente rápido y duro. - Susurró seductoramente en su oído, y ella no pudo reprimir el escalofrío que recorrió su cuerpo, tanto por sus palabras como por su proximidad. Colocando una mano en su cadera, la empujó suavemente hacia la máquina.

- Jesús... - Scully exhaló, tirando su labio entre sus dientes y mirando el "juguete".

Una pequeña multitud se congregó alrededor, y tuvo una sensación enferma en la garganta. ¿Dónde carajo estaba Mulder? Lo buscó a través de la multitud, pero no pudo encontrar su presencia tranquilizadora. Sólo al mirar con atención entre dos personas lo pudo ver, aún en el agua con Jessie, el sujetador de su bikini descartado junto a la piscina. Su estómago se revolvió violentamente.

- ¿Holly? - La llamó Kathy. Giró para verla de rodillas, sosteniendo una caja negra en su regazo directamente frente a la silla de montar. Su piel bronceada brillaba al sol del verano, en claro contraste con los triángulos blancos que sostenían sus pechos turgentes en su lugar. Scully no pudo evitar notar su escote perfecto, reduciendo el suyo que permanecía envuelto en una toalla mojada.

No podía creer que estuviera incluso considerando esto. ¿Un orgasmo delante de un grupo de personas...? Sintió que su garganta se contraía por los nervios y la vergüenza. Los invitados estaban a su alrededor mirándola como si lo que estaba a punto de suceder fuera una rutina, no una gran cosa. Cuando pensó en todas las otras cosas que podrían haber hecho en fiestas anteriores, razonó que un orgasmo en solitario con un poderoso vibrador era la menor de sus preocupaciones.

Pero aun así, deseaba que Mulder estuviera allí. Necesitaba su confort, su fuerza. Con una última mirada, observó la piscina, y al verlo todavía envuelto en los brazos de la bella morena, tomó una decisión.

Vete a la mierda, Mulder.

Se dirigió cautelosamente hacia el Sybian, los latidos de su corazón golpeaban nerviosamente en sus oídos. Observó al pequeño grupo a su alrededor, y mientras debería estar sintiéndose incómoda con su presencia, se sintió extrañamente apoyada por ellos, incluso alentada. Imágenes de las fraternidades con concursos de camisetas mojadas y beerpong inundaron su mente, se rió entre dientes ante los recuerdos, notando (con irónica diversión) cómo el círculo completo de su vida aparecía de repente.

Una vez más, persiguiendo las atenciones de un hombre que no estaba interesado, y avergonzándose a sí misma bajo la influencia del alcohol y la presión del grupo. "Sólo putamente maravilloso" pensó mientras se inclinaba y se sentaba a horcajadas sobre el cuero negro.

Tomó una respiración temblorosa, ajustando sus caderas contra la almohadilla de goma, caliente a la exposición del sol. Esperaba no avergonzarse. Tal vez podría permanecer inmóvil y en silencio... Pero, entonces se le ocurrió que montar un "show" podía ser exactamente lo que tenía que hacer, sobre todo si querían garantizar una invitación a la fiesta final.

Asintió. - Ok, ¿y ahora qué? - Preguntó. Kathy levantó la caja negra de su regazo para que la viera.

- Tengo el control. Esto va a vibrar, pero puedes decirme si lo quieres más fuerte o más ligero... simplemente permítete... disfrutar. - Dijo sonriéndole.

Scully se mordió el labio y balanceó las caderas para encontrar una mejor posición. - Ok. - Respiró. - Empieza despacio.

Kathy apretó la pequeña perilla en la caja de control y la giró hasta el primer dial.

Ella se sacudió a la primera vibración y movió las caderas, alineando su centro con la dura pieza vibrante. Jadeó al quedarse sin aliento, riéndose incómoda cuando su clítoris rozó la pulsante pieza de goma, apoyando sus manos delante de ella mientras se inclinaba al aparato.

- ¿Cómo es? - Kathy preguntó suavemente, su voz era baja y profunda. Los pechos de Scully prácticamente se derramaron de su traje de baño negro mientras sus brazos apretaban su escote hacia el centro. La parte inferior de su bikini se abrió mientras giraba suavemente y movía sus caderas contra la máquina.

Cerró los ojos, dejando caer la cabeza hacia delante para centrarse en las sensaciones que cautivaban su cuerpo. - Uhm... está bien. - Exhaló. Su clítoris dolía con la deliciosa vibración del Sybian, y gimió al sentir que la intensidad se incrementaba, la excitación húmeda inundó la parte inferior del bikini. Incluso en sus niveles más bajos, esa máquina ya era más intensa que cualquier otra cosa que ella tenía en casa, y con el ángulo en el que presionaba, la sensación se acentuaba aún más.

Sus pezones le dolían por la excitación. Distraídamente, levantó la mano y tocó su pecho, jadeando cuando el grupo murmuró su aprobación. Los dedos se cerraron alrededor de su nudo endurecido, y gimió mientras el deseo caliente se disparaba directamente a su clítoris. Todos los pensamientos dejaron su mente. Era totalmente liberador, y se sentía tan... putamente... bien.

- Más. - Exigió sin aliento. Sus ojos permanecían cerrados, con la cabeza hacia abajo mientras sus caderas suavemente se balanceaban hacia adelante y hacia atrás. No podía ver a la gente que la rodeaba, pero podía sentir su energía. Sentir la excitación corriendo desde ellos en oleadas. En su mente, se imaginó a Mulder allí, de pie... observándola. Se imaginó sus ojos sobre ella, su propio deseo sorprendentemente evidente en sus bermudas. Gimió profundamente ante esa imagen, con las piernas temblando por la fuerza de las vibraciones. - ¡Oh, Dios! - Chilló, su cabeza cayó hacia adelante aún más cerca de su pecho.

Podía sentir las vibraciones prácticamente en su rostro, su cuerpo entero zumbaba por la intensidad. Sacudió sus caderas, desesperada por aumentar la fricción, por aumentar las sensaciones.

Sus caderas se movían por propia voluntad, su carne hinchada se frotaba contra el material de la parte inferior del bikini. Sus ojos fuertemente cerrados, la boca abierta, y la mandíbula floja. Se humedeció el labio inferior y lo tiró entre sus dientes. - ¡Carajo! - Gimió, meciéndose más rápido. - Más… rápido... Sigue adelante… - Exigió, con la voz entrecortada y espesa. Kathy sonrió maliciosa e hizo girar la perilla dos niveles más arriba.

- ¡Ey, Paul! - Mulder escuchó mientras sus labios se movían sobre los de Jessie. - ¡Paul! Holly está montando el Sybian. ¡Vamos, hombre! - Se apartó y sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos. - ¿Paul? - La voz cargada de Rod sonó otra vez. - Amigo

Mulder volvió su atención hacia el enorme hombre de color. - ¿Qué? - Preguntó, aturdido.

- Tu esposa está montando el Sybian, y es jodidamente caliente. ¡Vamos! - Dijo, indicándole que saliera de la piscina y se uniera a la pequeña multitud. ¿Holly? ¿Esposa? ¿HOLLY? Scully...

Salió rápidamente del agua, miró a Jessie en tono de disculpa. Ella se encogió de hombros y nadó hasta el borde de la piscina, donde su marido había estado sentado, observándolos mientras se besaban. Mulder ni siquiera se había dado cuenta que el tipo estaba allí.

- ¿Qué está haciendo? - Le preguntó a Rod, señalando con el mentón a la pequeña multitud.

- Está montando el Sybian.

- ¿El qué? - Preguntó, revolviendo de su cabello el exceso de agua.

- Sólo ven a mirarla. Es demasiado caliente. Ella va a acabar tan putamente duro, hombre. - Dijo con entusiasmo.

- ¡¿Ella va a QUÉ?! - Se giró conmocionado. ¿Scully iba a acabar? ¿Qué?

Se abrió paso entre la multitud casi a empujones hasta que la vio, y sintió que su corazón se agitaba aumentando los latidos en su pecho ante la imagen.

Sus caderas se mecían, frotándose de un lado a otro. Tenía la cabeza echada hacia atrás, su pelo mojado cosquilleaba el espacio entre sus hombros. - Oh, Dios mío. - La oyó gemir. Sintió que su miembro se tensaba.

- ¿Es bueno? - La voz gutural de Kathy le preguntó a Scully, y él pasó saliva, con los ojos como dardos entre las dos mujeres.

La cabeza de Scully se adelantó, y Kathy tomó su labio inferior entre sus dientes, sus manos acercándose para pellizcarle los pezones. Profundos gemidos escaparon de las bocas de algunos de los hombres, y la mandíbula de Mulder se tensó. - ¿Sabe que la están mirando? - Le Preguntó a Rod, su voz ronca afectada y llena de excitación.

Rod asintió. - Oh, yeah…

Kathy llamó su atención y le hizo un gesto con la barbilla para que se una a ellas. Él avanzó en silencio, arrodillándose sobre el cálido hormigón. Sintió que su erección intentaba atravesar la tela de sus bermudas, y apretó el material, ajustándolo contra la carne sensible. Se habría avergonzado de no ser por el hecho de que cada uno de los tipos que estaban ahí observándola estaban igual de excitados y erectos. ¿Cómo no estarlo? Nunca había visto nada más jodidamente excitante en su vida.

La mano de su compañera amasó su propio pecho, gimiendo, usando su mano libre para estabilizar su cuerpo mientras se balanceaba contra la maquina. Mulder gimió bajo ante esa visión, imaginando el pequeño cuerpo moviéndose de la misma forma montada a horcajadas en su regazo, su sexo entrando y saliendo de su calor húmedo. Tragó saliva y avanzó de rodillas hasta que estuvo lo suficientemente cerca como para tocarla, necesitando que supiera que él estaba allí.

Estiró su mano, tocándole suavemente el muslo para alertarla de su presencia.

Ella sintió su mano, y la electricidad de su piel la sacudió violentamente. Gritó, y sacudió la cara como si la hubiesen abofeteado para ver quién la había tocado.

Mulder.

Ver su cara era suficiente para hacerla acabar, sintió que su sexo se contraía con un fresco deseo. - Ohhh, carajoo. - Gimió, aferrándose a los costados del Sybian con sus muslos temblorosos, riendo nerviosamente. No podía creer que su compañero la estuviese mirando. Pero no le importaba. Esto se sentía jodidamente bien para preocuparse. Todo pensamiento racional se había ido completamente de su mente. Su presencia sólo aumentaba su excitación, especialmente al notar la mirada de deseo en su rostro.

- ¡Ey! - Dijo Mulder, inseguro de qué decirle. Los lentes de sol le tapaban los ojos, y él se los quitó suavemente. Quería ver todo. Necesitaba verla por completo. Colocó sus gafas en el suelo y le apoyó las dos manos en los muslos, esperando que ella encontrara consuelo en su tacto, sabiendo que diez pares de ojos estaban pegados a su cuerpo retorciéndose.

Sólo podía asumir que debía sentirse extremadamente incómoda. Cómo iba a imaginarse que ella estaría cualquier cosa menos incómoda… Ya no, por lo menos.

Sus muslos se movieron bruscamente y se tensaron mientras él masajeaba la suave carne. - ¡Oh, yeah! Sigue tocándola, Paul. Eso sólo lo hace mejor. - Lo instó Kathy. - Tócala. Háblale. - Sugirió.

Sus labios estaban rojos e hinchados de ser succionados y mordidos, y sus pezones estaban duros y apretados contra la parte superior del bikini. Esta era una muerte torturante, pero nunca había tenido tantos deseos de morir así, con tanta fuerza, en toda su vida. Su clítoris estaba entumecido por la intensidad de las vibraciones, pero con cada balanceo, podía sentirlas cada vez más profundamente, estimulándola en lugares que ni siquiera sabía que existían. Estaba usando todo lo que tenía en su poder para contener su orgasmo.

Esto. Era. Putamente. Maravilloso.

- ¿Holly? - Mulder preguntó suavemente, frotando sus manos por sus muslos. Ella tembló, jadeando con fuerza, tomando sus manos grandes con las suyas. Su toque era eléctrico, y su piel se sentía como un cable de alta tensión con cada paso de sus palmas sobre sus piernas desnudas. - ¿Quieres que te toque?

Su boca quedó pendiendo al abrir los ojos, densos y entrecerrados por el deseo. - Siiiií… tócame… - Le rogó guturalmente, jadeando casi sin aliento por la excitación. Él gruñó bajo y avanzó, más cerca de ella.

Sus manos le rozaron los muslos y ella se sacudió, retorciéndose por la sensibilidad. Sus ojos azules se quedaron clavados en los suyos, Scully extendió sus brazos para poder sujetar sus hombros, aferrándose con fuerza a su carne firme, apretándola en sus puños mientras luchaba por no perder el control.

Tócametócametócametócametócametócame.

Su frente sudaba por el esfuerzo de contener su orgasmo, desesperada por sentir sus manos sobre su piel. Desesperada por prolongar esto.

Sus ojos verdes estaban oscuros y nublados por su propio deseo, y observó cómo los músculos de su mandíbula se retorcían y sus fosas nasales se dilataban. Tenía el pelo mojado y la piel dorada por el sol. Carajo, era hermoso.

- Dios… Tócame. - Gimió, su rostro era una mueca tensa. - Esto es demasiado. - Prácticamente sollozó.

Mulder alargó la mano tomándole su cara, y ella se movió contra su palma, inclinándose hacia adelante para succionarle el pulgar entre los dientes. Él gimió mientras su lengua giraba alrededor del digito y no pudo controlar el embestir brevemente con sus caderas cuando lo chupó profundamente en su boca, sus ojos azules rodaron quedando en blanco.

- Carajo. - Gimió con fuerza y su compañera abrió los ojos, con la boca floja por la excitación. Mulder quitó el pulgar de su boca, moviéndolo lentamente, dejando un rastro húmedo por su barbilla.

Ella inclinó la cabeza, sus caderas todavía balanceándose, buscando su placer. Sus ojos se clavaron en los de él viendo en ellos el deseo salvaje, centelleantes y vivos bajo sus pesados párpados. ¿Por qué no la estaba tocando? Se lo había pedido, le había dado permiso. No sólo sobrepasaría con creces el asegurar un lugar en la próxima fiesta, sino que… mierda… .Habí . .Tocara.

Se aferró desesperadamente a su mano, levantándola, y sin romper el contacto visual, se la llevó al pecho, corriendo su bikini para que su palma pudiera cubrir su pecho desnudo. Sus ojos se agitaron y ella gimió con fuerza cuando él tomó su pezón entre el pulgar y el índice, apretándolo, rodándolo.

Él gruñó y se enderezó sobre sus rodillas, llevando la otra mano al otro pecho, empujando la tela a un lado. Sus senos eran firmes y redondos en sus manos, y sus pezones rodaban y se desplazaban con sus movimientos.

- Mierda, síííííí… - Siseó Mulder, con el rostro a pulgadas del suyo. Sus pequeñas manos cubrieron las suyas empujándolas contra su piel, ayudándolo a comprimir sus pechos, llevándolas al centro. Él se inclinó presionando sus labios contra su escote, y la cabeza de Scully cayó hacia atrás.

Gimió en voz alta. - ¡Oh, Dios! - Su piel estaba enrojecida, el sudor goteaba por su cuello hasta el valle de sus senos. - No te detengas. - Susurró, y Mulder no supo si hablaba con Kathy o con él.

- Yeah, sigue así… no pares… - La instó, rodando sus pezones endurecidos firmemente entre sus dedos. - Eso es. Acaba para mí. - Su voz era suntuosa y profunda, y cada sílaba se asentaba profundamente en su interior. Carajo, ella podría acabar sólo escuchando su voz.

Gritó agudamente, sin romper la conexión con su mirada.

La respiración de Mulder era parecida a la suya, y su mandíbula colgaba floja. Se preguntó si su expresión sería similar cuando miraba películas porno, y la imagen de su compañero acariciándose su sexo duro no ayudó a mitigar el dolor agonizante en su clítoris. Estaba cerca. Tan cerca. Había estado cerca durante los últimos cinco minutos. El esfuerzo por evitar el orgasmo era abrumador.

- Acaba para mí. - Le susurró, su cálido aliento le hacía cosquillas en la piel de su rostro.

Scully lo tomó por las mejillas, empujándolo hacia ella. - Bésame. - Suplicó, y en menos de un segundo su boca estaba sobre la de su compañera, su lengua era caliente y húmeda contra la suya. Él retiró una mano de su pecho para llevarla a la parte de atrás de su cabeza, aferrándose a su pelo con el puño cerrado… Y de repente Scully estaba cayendo, sacudiéndose, acabando tan… jodidamente… duro…

Sintió que sus paredes internas convulsionaban, ondulando mientras el placer de su orgasmo la atravesaba, gritó en su boca, sus brazos lo envolvieron con fuerza alrededor del cuello, mientras su cuerpo se sacudía y se retorcía contra él.

Abrazó su pequeño cuerpo, sujetándolo estrechamente contra el suyo mientras cabalgaba su orgasmo más allá de lo que él hubiese creído posible. Con un exhausto gemido, finalmente se sentó sobre sus rodillas, rompiendo la conexión entre su clítoris y las vibraciones. Él continuó abrazándola, moviendo sus labios contra su mejilla, bajando por su cuello, donde la acarició suavemente con los labios.

- Jesús, Scully. - Susurró bien bajito contra su oído. Su nombre fue como una plegaria en sus labios. Dios, lo que se había estado perdiendo todos estos años. Deseaba verla hacer esto cada maldito día por el resto de su vida.

Los temblores residuales de su orgasmo la dejaron débil y floja, extenuada sacudiéndose entre sus brazos. Su clítoris continuaba hormigueando por las sensaciones restantes, y se rió en su cuello. - ¡Oh, Dios mío! - Exclamó asombrada, pasando los dedos por el cabello de su compañero mientras él la abrazaba con fuerza, sosteniéndola.

Kathy bajó la perilla de la máquina. - ¿Tenía razón? - Le preguntó a Holly. Scully asintió, volviendo a esconder la cara contra el cuello de Mulder.

Después de unos segundos apartó la cara de él para mirar su rostro, sus mejillas continuaban rosadas y sus pupilas aún estaban dilatadas.

- ¿Estás bien? - Le preguntó dulcemente Mulder, acariciándole la mejilla con una mano.

Sus ojos se encontraron mientras su respiración volvía lentamente a la normalidad. Él frotó su pulgar contra su sien, y ella cerró los ojos. - ¡Wow! - Exhaló. No había palabras. Con una pequeña risita y un beso en la frente, la ayudó a ponerse de pie, alejándola del grupo, mientras dos mujeres debatían quién iba en el siguiente turno.

Continuará…