Undercover Swing

Resumen: Mulder y Scully van de encubiertos como pareja a una misión para atrapar a un criminal atroz, el cual resulta ser tambien el anfitrión de numerosas fiestas sexuales.

DISCLAIMER: Este fic contiene material sexualmente explícito. Si este contenido no es de tu agrado puedes dejar de leer.

Pd: Como siempre todos sus comentarios, dudas, inquietudes, quejas y reclamos pueden dejarlas en un bello review para que se las pasemos a la autora original.


Capítulo 8: "Verdades al desnudo"

Sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura mientras él se inclinaba sobre su cuerpo, apoyando los antebrazos junto a su rostro. Sus dedos se enredaron en su pelo, y presionó los labios con ternura contra su frente. - ¿Estás bien? - Susurró, acariciando la nariz con la suya. Scully se arqueó hacia él, ajustando sus piernas mientras se acomodaba en el valle de sus muslos. Su erección se apretó contra ella, haciéndola gemir, sonriendo suavemente, y levantando la barbilla para pellizcar su labio inferior.

- Estoy muy bien. - Respondió, con la voz ronca. Arrastró sus uñas por sus costados, dejando pequeñas líneas rojas a su paso, haciéndolo jadear entre dientes, apretando las caderas contra su cuerpo.

- Bien. - Sonrió. - Porque aún tenemos una investigación que llevar a cabo. - Ella tiró de su cuerpo, hasta que se fundieron el uno en el otro. Suspiraron en un beso, disfrutando la sensación de sus cuerpos presionados tan íntimamente juntos.

La boca de Scully estaba caliente, y su lengua entraba y salía, jugueteando con él, sin terminar de ahondar completamente dentro de sus labios. Gimió, desesperado por reclamarla, desesperado por hacerla suya. Rompiendo el beso, bajó por su cuello, saboreando el cloro en su piel mientras se aventuraba.

Ella jadeó entre dientes cuando sus manos se cerraron sobre sus pechos, apretándolas y moldeándolas dentro de la extensión de sus palmas, donde encajaban perfectamente. Le dio un golpecito al pezón con el pulgar, y Scully se estremeció bajo él. Cuando su boca se cerró alrededor del otro, gimió, presionando su cara aún más contra su cuerpo. Aspirando aire a través de sus dientes, entrelazó sus dedos en su cabello y levantó la cabeza, mirándolo mientras la succionaba.

Las cejas del agente se fruncieron, centrado en su objetivo, mientras su otra mano continuaba su exploración, retorciéndole y pellizcando, tirando de su otro pico endurecido. Su lengua trabajaba fervientemente sobre su pecho, y cada una de sus calientes succiones se precipitaban directamente a su clítoris.

Tirando de su pezón entre los dientes, abrió los ojos y se encontró con los de ella mientras lo dejaba deslizar entre sus labios, enrojecido y húmedo. Besó el centro de sus pechos, dejando un largo y mojado sendero por el centro de su cuerpo. Cuando se detuvo en el ombligo, Scully abrió las piernas para él, esperando - la anticipación de su boca sobre su sexo nuevamente le hizo temblar los muslos. La observó unos segundos, y luego se deslizó hacia abajo, llegando a situarse en el borde de la cama.

- ¿Qué…? - Gimió en protesta, tratando de alcanzarlo.

Negó con la cabeza, tocando su pierna cariñosamente, sonriéndole para eliminar su inseguridad. - No... Sólo... quiero verte. - Susurró.

- Ya me viste desnuda antes. - Murmuró.

- No así. - Suspiró, su voz apenas un susurro. Se aclaró la garganta. - Jesús, Sc… - Se contuvo antes de que su nombre se deslizara, volviendo a concentrarse en ella, a la mujer que se extendía despreocupadamente frente a él.

Sus piernas se abrieron más, exponiendo la belleza de su forma femenina. Rosa, brillante... Él gruñó bajo en su garganta.

Ella levantó un brazo, usándolo como almohada para la cabeza, mientras que el otro comenzó a bajar... lentamente, tentándolo con cada pulgada que sus dedos atravesaban hacia su objetivo. Sus ojos verdes estaban enfocados en su mano y su lenta trayectoria por su vientre. Scully se sintió chorrear y, mordiéndose el labio, llegó a su destino, empujando su dedo medio entre su carne resbaladiza. Mulder gimió, se le pusieron los ojos en blanco mientras se aferraba a su pierna ferozmente.

- Unngh, no puedes... - Dijo, sacudiendo la cabeza, fue una dichosa agonía cuando sus dedos rodearon el clítoris, y siguieron bajando, dos de ellos se hundieron dentro, con un suave gemido. - No voy a durar mucho más tiempo si sigues haciendo eso... - Advirtió, con los ojos peligrosamente oscuros centrados en la mano moviéndose entre sus piernas.

¿Cuántas veces había pensado en esto, pensando verla haciendo esto? La realidad era más grande que cualquier sueño. La visión de ella, sus sonidos, su aroma... Carajo.

Levantó maliciosamente el costado de la boca, zumbando de placer, abriendo las piernas aún más bajo su mirada. El pecho le hormigueaba, la idea de que su compañero la mirara era tan extraña y audaz, atrevida. Pero la forma en que la observaba, la forma en que la contemplaba, la hacía sentir deseable, atractiva, sexy incluso. Dana Scully rara vez se sentía atractiva o sexy... pero se sentía atractiva y sexy bajo sus ojos.

Y mientras la observaba dándose placer a sí misma, él tomó su pene, comenzando a acariciarlo lentamente. Ella gimió, y sus dedos se movieron más rápido mientras lo observaba sacudir el puño arriba y abajo. Dos podrían jugar este juego...

- Dios... - Gimió, cerrando los ojos brevemente, demasiado excitado por la visión de su compañera para apartarla.

- Dijiste que a Paul le gustaba mirar. - Le explicó con timidez, como si eso la excusara de la tortura que le estaba infligiendo. Sus dedos nunca perdieron el ritmo, moviéndose sobre su clítoris a la misma velocidad con la que él sacudía el puño alrededor de su pene. La agonía nunca se había sentido tan bien...

- ¡Mierda! - Siseó, el sudor corría por la sien. - ¿Es esto? ¿Esto es lo que haces... cuando estás sola? - Dijo con voz áspera.

Ella gimió, arqueando su cuello mientras sumergía los dedos en su interior, extendiendo su excitación sobre su clítoris, reanudando su toque experto. Su pecho se alzaba, y sus pechos se balanceaban, provocándolo aún más.

- . - Respondió simplemente, con las mejillas ardiendo. Normalmente estaría avergonzada, renuente, a mostrar ese lado de sí misma a un hombre, a concederle esa fantasía, pero no podía detenerse. Se sentía demasiado bien. Y cada vez que pensaba en él observándola mientras acariciaba su pene, su clítoris le dolía más profundamente. Debería sentirse avergonzada, pero se sentía envalentonada. Quería que él la mirara.

Él resopló, cerrando los ojos. - ¿Soy... soy yo al que ves? ¿Desearías que fuera yo el que te tocara... el que frotara tu clítoris? - Su voz era ronca y sus ojos salvajes. Su clítoris palpitaba, hinchándose y doliendo más allá de lo que pensaba posible.

Sólo había una respuesta. - .

Se mordió el labio inferior dolorosamente, cerrando los ojos ante su admisión. Carajo, Scully... se encontró directamente con sus ojos, la tomó por los tobillos con fuerza, tirando de ella enérgicamente hacia él. Ella jadeó mientras se deslizaba por la cama, con los dedos profundizando sus movimientos entre las piernas. Alzándola por detrás de las rodillas, acunó sus piernas en la curva de los codos y alineó su sexo con su entrada. Levantándola del culo unos centímetros del colchón, la penetró lentamente, y ambos gimieron, nombres de deidades escaparon de sus labios en suaves susurros.

Su pene se movió entrando y saliendo, y él gimoteó con cada golpe. Su clítoris estaba hinchado, enrojecido por sus atenciones anteriores. Su espalda se arqueó contra la cama, y gimió efusivamente mientras Mulder se movía dentro. - Más rápido. - Exhaló, abriendo los ojos para ver su rostro. Él gruñó en respuesta y aceleró el ritmo, acercándose más al borde de la cama para poder embestirla con mayor ferocidad.

No podía controlar los sonidos que emanaban de su boca. Profundos gemidos guturales estallaron cuando su longitud se deslizó dentro y fuera de su sexo, su ritmo era tan frenético, que tuvo que estirarse hacia atrás para apoyarse contra el acolchado. - ¡Oh, Diooos! - Gritó, cuando su compañero inclinó sus caderas para que su pene golpeara la pared superior con cada movimiento.

- Tócate. - Dijo en una bocanada, mientras el sudor rodaba por su rostro, reuniéndose en el hueco de su garganta. Ella lloriqueó y dejó que su mano se deslizara lentamente hacia abajo, gimiendo de alivio cuando su dedo medio rodeó su clítoris de nuevo. Siseando, comenzó a oscilar sus caderas, al ritmo marcado por sus embestidas, con la misma fuerza, desesperada por la liberación.

Llevó sus ojos a su cara, observando la forma en que la miraba tocarse. - A ti te encanta mirar... - Canturreó, con los ojos entrecerrados. Una pequeña sonrisa se alzó en la comisura de su boca, jadeando entre cada embestida. - Te gusta ver cómo me toco... Te gusta verme acariciar mi sexo, ¿verdad? - Lo decía tan suavemente que él apenas podía oírlo, pero lo hizo, y tuvo que apretar los dientes para no acabar en ese momento.

- Dios, sí. - Exclamó hirviendo, sin entrecortar sus embestidas.

Sólo la había imaginado así, tan apasionada, tan deseosa. Era gloriosa. Se sentía increíble, tan estrecha y caliente, y sintió que sus bolas se contraían cada vez que se atrevía a mirar su rostro. Sus dedos trabajaban rápidamente contra su clítoris; y no podía apartar la mirada. Sus bíceps ardían por sujetar su cuerpo sobre la cama, pero no iba a detenerse. No podía parar.

La mano de Scully se deslizó más abajo, y extendió sus dedos alrededor de su pene mientras bombeaba dentro y fuera, recogiendo la humedad y extendiéndola sobre su clítoris. Cuando él encontró sus ojos, se llevó los dedos a la boca, succionándolos en un suave gemido. Mulder sonrió con admiración, moviendo la cabeza. Carajo... Holly era traviesa. Sabía exactamente lo que le estaba haciendo. Ella se mordió el labio colocando sus dedos brillantes de nuevo sobre su clítoris.

- Acaba... Acaba otra vez. - Exhaló con urgencia. Sus cuerpos se golpeaban con la fuerza de sus embestidas, y ella gimió con fuerza, girando la cabeza contra el acolchado.

Le devolvió la mirada con las cejas arqueadas. - No... No puedo... Ya acabé dos veces... quiero que tu acabes ahora...

Gruñó, cambiando el ángulo de su pene, levantándola por sus muslos. - No. Vas a acabar otra vez... Acaba para mí... - Instó agitado, a través de sus dientes. El sudor resbalaba por su cuello cayendo al pecho. - Carajo... sí... Sigue frotándote el clítoris...

Scully gimió mientras dejaba que el poder de sus deseos la consumiera. Esto era tan bueno. La forma en que su sexo se movía dentro de ella... Dios... ¿Esto se había estado perdiendo todo este tiempo? Oh, Dios mío. Se quedó sin aliento. - ¡Justo ahí! - Jadeó.

Su compañero gimió, balanceándose precariamente al borde. - Cristo... ungh... Yeah... justo así... Carajo, estás tan mojada.

Un dolor familiar se construyó entre sus piernas, sus pliegues palpitaron, pulsando, cuando su orgasmo se construyó dentro de su cuerpo. Unas cuantas embestidas más, y estaría allí.

- Oh, Dios... - Gruñó Mulder. - Tu sexo se siente tan bien... Tan bien… - Gimió entre cada empuje.

- Es tan bueno. - Suspiró ella, meciendo sus caderas frenéticamente, en busca de la liberación. No podía creer que iba a acabar de nuevo. ¿Qué le estaba pasando? ¿Mulder le estaba haciendo esto? ¿Paul? ¿Holly? Oh, ¿a quién mierda le importaba? simplemente no dejes de moverte, carajo.

Quería esto. Lo necesitaba. - Necesitabas que te cogieran, ¿verdad? - Exhaló. Su compañera guardó silencio, mordiéndose el labio y frunciendo el ceño con concentración mientras sus dedos no perdían el ritmo. - Necesitabas esto, mal. ¡Dímelo! - Exigió con tanta fuerza que ella abrió los ojos para mirarlo. Él levantó la barbilla. - Dímelo. - Repitió con voz ronca.

Asintió con la cabeza, gimiendo a través de su boca cerrada, los dientes sujetándose el labio inferior, desesperada por conservar una mínima sensación de control. La tomó del culo tirándola toscamente contra él, haciéndola gritar cuando su sexo golpeó su cuello uterino. Se estaba construyendo... desarrollándose más rápido de lo que estaba preparada.

- Dímelo... - Insistió con brusquedad, excitado, queriendo escuchar las palabras saliendo de su boca. Ella necesitaba decirlo, y él necesitaba oírlo.

- Yo... - Dijo en voz baja, jadeando mientras sentía su orgasmo desarrollándose velozmente. - Quiero esto... - Gimió. - No te detengas. - Levantando los dedos de su clítoris, extendió la mano. Mulder se inclinó, tomando sus dedos en la boca y chupando su excitación de las puntas. Su embriagador sabor almizclado lo hizo gemir. - Lo necesito. Cógeme. - Susurró, mirándolo con los ojos vidriosos y entrecerrados. Inmediatamente que las palabras salieron de su boca, estaba acabando... acabando con tanta fuerza que vio estrellas detrás de sus ojos. Su espalda se arqueó sobre la cama, sujetando las piernas a su alrededor. Se estremeció en sus brazos mientras él continuaba embistiéndola, una vez, dos veces, tres veces más antes de derrumbarse sobre su cuerpo, gruñendo, gritando y jadeando mientras derramaba su semilla en su interior. Ese fue el orgasmo más intenso que había experimentado en su maldita vida.

Colapsó en sus brazos, incapaz de mantener su peso corporal, se hundió sobre ella completamente. Scully lo envolvió con sus brazos y piernas, besándole la sien, la oreja, la mejilla sin afeitar... y cualquier lugar donde pudiera llegar. Sus cuerpos sudorosos se fundieron en el otro, cada uno en silencio, mientras poco a poco retornaban a la tierra.

Con un gemido, utilizó la poca fuerza que le quedaba para rodar sobre su espalda, quedando junto a su compañera, con el brazo sobre la frente. Su pecho aún agitado por el esfuerzo, y la boca abierta como si acabara de correr una carrera de 100 metros.

Cada pulgada de su pequeño cuerpo hormigueaba. Siete años de frustración sexual, siete años de anhelo… dejaron su cuerpo como por un exorcismo, liberando su alma de un purgatorio que ni siquiera se daba cuenta que habitaba.

Volvió la cabeza, echando una mirada sobre él mientras luchaba por recuperar la compostura. Al sentir sus ojos, él ciegamente arraigó con su mano libre, buscando sobre el colchón la de ella. La encontró y la apretó de manera tranquilizadora, llevándosela a los labios, antes de posarla sobre el pecho. Y envolvió con ambas manos sus pequeños dedos.

- ¡Santo Dios! - Gimió, sonriendo al techo.

- Lo mismo digo. - Dijo Scully en voz baja. Su respiración finalmente se desaceleró, volviendo a la normalidad, y rodó sobre su lado, observando su mano estrechamente unida a las suyas.

- A Holly... le gusta coger. - Resopló entre agitadas respiraciones, sonriendo mientras luchaba por abrir los ojos. - Ella podría matarme. - Abrió un ojo y la miró de soslayo con una sonrisa maliciosa, y ella giró la cara al acolchado para ocultar su rubor.

- Paul no está tan mal tampoco. - Afirmó, encontrando sus ojos cohibida. Mulder tiró de su brazo y llevó la cabeza hacia su pecho, envolviendo sus brazos alrededor de su compañera. - Dios, necesitaba esto. - Suspiró Scully contra su piel.

La atrajo con fuerza hacia él, presionando los labios en su cabeza. - Yo también. - Murmuró.

Ella suspiró con satisfacción. El aroma almizclado de su sexo, combinado con el olor a cloro de su piel, se deslizó en su nariz, y sonrió tontamente. Esperando que el olor a cloro le recordara siempre este momento, envuelta en sus brazos, disfrutando de la reminiscencia cosquilleante de un increíble, maravilloso sexo. Y volvió a sonreír.

Acomodándose mejor en la cama, se durmieron casi al instante. La respiración de él era suave contra la parte superior de su cabeza y su corazón tamborileaba en su oído, acunándola en el más profundo sueño, el más tranquilo que había tenido en años.

El sol se asomaba a través de las persianas, fundiendo franjas de sol transversalmente a su enmudecida cama. Se habían separado, alejándose en algún momento de la noche. Ella se enfrentó a su espalda desnuda, y observó sus costillas de arriba abajo. Tenía su cabello aplastado en la parte posterior de la cabeza, y contuvo el impulso de estirar la mano y correr los dedos por ahí. Su espalda estaba dorada, por el tiempo que había pasado a la intemperie el día anterior, y también por la manera en que el sol brillaba sobre su piel. Cerró los ojos con fuerza y suspiró.

Poco a poco y con cuidado de no despertarlo, rodó de la cama, haciendo una mueca al ponerse de pie, temblando sobre sus piernas. Estaba dolorida en lugares que desconocía incluso. No podía recordar la última vez que había sentido ese dolor sordo entre las piernas, esa clase de dolor que sólo un inclemente sexo puede dar, y sonrió con satisfacción. Si Mulder pudiera verla ahora, estaría sonriendo orgulloso. Sí, hombre, hiciste esto. No estaba mal para un par que estaban empujando los límites de sus treinta.

Después de unos pasos cautelosos, se dirigió al baño, haciendo una pausa para mirar hacia atrás mientras cerraba la puerta. Encendió la luz, parpadeando un par de veces para acostumbrarse a la luz. Observó su aspecto en el espejo, sacudiendo la cabeza y riéndose entre dientes frente a su reflejo. Su cabello iba en todas las direcciones, y su frente estaba rosada por el exceso de sol. Nuevas pecas adornaban sus mejillas y nariz, y sus labios estaban rojos, todavía inflamados de antes.

De antes.

Presionó los dedos sobre sus labios y cerró los ojos, sintiendo un pequeño escalofrío correr por su cuerpo. Como un toque fantasmal, todavía podía sentir sus manos en ella, la forma en que la tocaba, la forma en que la besaba, su forma de moverse dentro de su cuerpo... la forma en que la miraba. Era como si la hubiera visto por primera vez. Visto realmente.

Los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente. Pasado el momento, a la luz del día, se sonrojó ferozmente, rememorando todo lo que le había dicho. Cada cosa que Holly había dicho, racionalizó. Holly le había pedido que la cogiera. Holly le había dicho una y otra vez lo mucho que le gustaba. Jesús, ¿de verdad lo había hecho chuparle los dedos? Dios, Dana...

Por mucho que tratara de racionalizar su comportamiento como meramente Holly, se dio cuenta de que ella estaba dentro de sí misma. Había creado a Holly, después de todo.

Su mente aún zumbaba con sus palabras en la piscina. Su admisión de que la deseaba, que quería pasar horas haciéndole el amor. Tembló al pensar en las implicaciones de esas palabras: horas de la boca de Mulder en su cuerpo, las manos sobre su piel. Sus rodillas estaban débiles, y se aferró al lavabo para no perder el equilibrio. Ya habría tiempo suficiente para eso... Tenían todo el día antes de la fiesta final, antes de la "Sala Mágica". Contempló la posibilidad de arrastrarse de nuevo a la cama, pero su deseo de cafeína ganó la batalla.

Colocó su cepillo de dientes de nuevo en el vaso, se puso una camiseta gris de Mulder que colgaba detrás de la puerta. Levantó el dobladillo y la olió. Igual a él. Se perdió por unos momentos, disfrutando de la fragancia masculina. Nunca antes se había permitido tal indulgencia, y se encontró extrañándolo. Extrañando sus brazos alrededor de ella, su aliento en su cuello. Sus dedos tocando su punto de pulso, su piel hormigueó al recordar cómo su lengua la había acariciado íntimamente.

Dio un salto cuando sonó el teléfono, sintiendo el revuelo en su estómago al escuchar el murmullo de barítono de su compañero a través de la puerta. Estaba despierto. De repente sintiéndose nerviosa ante la temida "mañana siguiente", sus mejillas ardían y tenía un revuelo en el estómago... en anticipación. Ansiosa como estaba, tenía la piel en carne viva por el deseo de tocarlo otra vez, sentir sus manos sobre ella nuevamente.

Terminó de asearse, lavándose los restos pegajosos de su unión entre sus muslos. Sintiéndose limpia y presentable, abrió la puerta, apoyándose contra el marco mientras se frotaba loción en sus manos, observando su rostro mientras él terminaba la conversación telefónica. No la miraba. Se limitó a observar el espacio entre sus rodillas, estudiando la alfombra mientras hablaba.

- Ok... yeah... suena bien... nos vemos entonces... Ok... gracias, "Alicia".

Scully levantó las cejas. "Alicia" articuló en silencio, dejando que el nombre rodara por su lengua mientras frotaba el exceso de loción de sus brazos.

Se inclinó colgando el teléfono, frotándose la cara con las manos, y gimiendo. La sábana se extendía sobre su forma desnuda, y Scully no pudo evitar la oleada de calor entre sus muslos. Al parecer, notó su presencia finalmente, levantó el rostro hacia donde estaba, y ella vio como sus ojos somnolientos cobraban vida, una tierna sonrisa jugando en sus labios.

- Ey. - Dijo suavemente, y ella se sonrojó, agachando la barbilla y cambiando su peso sobre los pies. Sus mejillas ardieron cuando finalmente levantó los ojos a los suyos, y no pudo luchar contra la sonrisa en sus labios.

- Ey... - Repitió, sintiendo su estómago caer suavemente. Respiró profundo, castigándose mentalmente por estar nerviosa. Era Mulder. - Entonces, ¿esa era Alisha? - Preguntó en un tono demasiado alto. Cerró los ojos brevemente al oír el sonido.

- Yeah. - Dijo, haciendo un gesto hacia el teléfono. Estaba sonrojado, y Scully ladeó la cabeza divertida. - Ella uh... - Comenzó, rascándose la frente. - dijo que nos fuimos tan rápidamente anoche que olvidamos nuestra invitación a la fiesta de hoy. - Incluso sus orejas estaban rosas. Estaba vergonzoso... y eso era demasiado encantador. Contrólate, Dana. Y él continuó: - Dijo que habría llamado anoche, pero que no quería interrumpir lo que probablemente llamó, y cito: "Una cogida maratónica", por lo que decidió esperar hasta esta mañana. - Se rió entre dientes sin dejar de mirar la alfombra.

- ¿Cogida maratónica? - Preguntó con las cejas levantadas, su corazón latió más rápido. Él no respondió. - Bueno... - Dijo, volviéndose hacia la puerta. - Me alegro que no llamara, entonces. - Terminó simplemente, sintiendo un cosquilleo en la piel con una combinación de vergüenza y deseo. Salió de la habitación, hacia la cocina.

Mulder rápidamente se aseó, oliendo el café de la cocina. Al entrar, la vio apoyada en el desayunador, bebiendo de una humeante taza. Sonrió para sí mismo, sintiendo una presión en el pecho ante la imagen de su compañera usando su camiseta. ¿Cómo se había perdido esto antes? Hizo una nota mental para adquirir más y dejarlas dispersas por toda su casa. Scully lo miró brevemente, mientras le entregaba su taza. Sus dedos se tocaron a medida que se alejaban, y ella jadeó.

Giró hacia el periódico sobre el desayunador, moviendo los ojos a cualquier lugar, menos sobre él. - Se supone que supere los 37° hoy. - Dijo, como si el pronóstico del tiempo se hubiese convertido de repente en la historia más interesante que hubiera jamás leído. - Un poco de presión alta moviéndose desd…

Las palabras fueron interrumpidas por sus manos en las mejillas, sosteniendo su rostro mientras llevaba sus labios a los de ella. Era el beso más suave y tentador que había experimentado en su vida. Sus labios apenas rozaron los suyos, acariciándolos ligeramente mientras sus respiraciones se mezclaban. Tan diferente a la frenética pasión de la noche anterior.

- Buen día. - Susurró. Ella aguantó la respiración, y sintió el calor flotando bajo en su vientre. Levantando la barbilla para buscar su boca, casi se derrumbó cuando él se alejó. Jesús…

- Buenos días. - Exhaló en respuesta, lamiéndose los labios mientras trataba de recuperar la compostura. Él tomó su taza y sonrió, soplando el vapor del líquido caliente.

- ¿Cómo dormiste? - Preguntó, sonriendo detrás de sus labios fruncidos.

Ella sonrió, girándose hacia su compañero mientras se servía otra taza. - Sorprendentemente. - Respondió. - ¿Y tú?

Hizo una pausa aclarándose la garganta. - El mejor en años. - Scully alzó una ceja ante el doble significado. Lo miró a los ojos mientras él sonreía detrás de la cerámica verde sobre sus labios. Su clítoris traidor, hormigueó nuevamente excitado. No podía creer que el tipo podía hacer esto con su cuerpo, reducirla a un estado tan desesperado.

Dio un paso más cerca del espacio de su compañera, extendiéndose para tocar su brazo. - Pero en serio. - Dijo, poniendo su taza sobre la mesa. - Deberíamos hablar un poco... ¿Cómo estás? - Preguntó, mirando su rostro seriamente.

Scully suspiró, cerrando los ojos. Sabía que esto era inevitable -la obligatoria, y necesaria, discusión sobre sus sentimientos-, pero no la quería. No estaba preparada para eso. Aún no. No cuando siendo Holly se había sentido tan bien. Ya habría tiempo suficiente para sus verdades, para sus preguntas. Pero no todavía. Por favor.

Presionó los dedos en sus labios, moviendo la cabeza con suavidad. - Shhhh, no quiero hablar. - Le dijo en voz baja. - Sé que lo necesitamos... pero todavía no. - Alzó la mirada. - Vamos a actuar... ¿No podemos simplemente disfrutar de este último día... Sólo ser por una vez? - Sus ojos imploraban que la entendiera. - Sólo quiero disfrutarlo un poco más...

- Pensé que eso es exactamente lo que hicimos anoche. - Habló contra las yemas de sus dedos.

- Y quiero seguir haciéndolo. - Susurró.

Los ojos verdes se lanzaron a su boca, y ella se humedeció los labios inconscientemente. Mulder levantó los dedos de sus labios mientras asentía en comprensión. La tomó por la parte posterior de la cabeza con la mano atrayéndola hacia sí, esta vez dándole un beso febril.

Ella gimió cuando su lengua caliente empujó sus labios abiertos, y se aferró a sus lados desnudos cuando se encontraron, su lengua dándole la bienvenida a la suya. Estaba sedienta por su sabor, por la sensación de tenerlo. Se podría pensar que habían pasado semanas desde su último encuentro, no solamente horas.

Sus manos se deslizaron por su fuerte pecho, envolviéndose alrededor de su cuello, tirando de su cuerpo caliente hacia el suyo. Gimiendo en su boca, él se inclinó y la levantó del suelo, sentándola contra la baldosa fría de la encimera de la cocina. Ella jadeó sin aliento en su boca ante el contacto.

Dio un paso entre sus muslos abiertos, empujando sus caderas hacia él. La acarició por debajo de la camiseta, y gimió al notar que no llevaba ropa interior. Su piel era suave bajo sus dedos, y su compañera se retorcía mientras se acercaba más y más a la inmersión entre sus muslos. Su cuerpo temblaba de necesidad, después de haberlo experimentado una vez, ya sabía qué esperar. Aun así, cada toque en su cuerpo la hacía temblar y a su vientre vibrar. Sus caderas ondulaban, necesitándolo cada vez con más fuerza a cada segundo.

Dejó caer la cabeza hacia atrás mientras su boca caía sobre su cuello, saboreándola nuevamente sin cloro o alcohol que embotara sus papilas gustativas. Scully siseó cuando su lengua encontró el punto sensible justo debajo de su oreja, lo tomó por la parte posterior del cuello con una mano, mientras alcanzaba con la otra palma su erección prominente a través del fino algodón del pijama.

Mulder gimió, empujando las caderas contra su mano, serenando la lengua contra su punto de pulso con el fin de concentrarse en el dolor eléctrico en su pene. Sus respiraciones eran irregulares, ella volvió la cara en su cuello, mordiendo la vena abultada por su lado. Levantando la cabeza, él se encontró con sus ojos vidriosos. Gruñó bajo y profundo cuando vio la pequeña sonrisa lobuna curvando los labios de su compañera. ¿Qué había entrado en ella?

No es que se quejara.

- Jesús, Scully. - Suspiró mientras encontraba su boca a mitad de camino, asegurando sus labios a los suyos. Ella metió la mano en su pantalón y liberó su pene, acariciándolo desde la base a la punta mientras se deslizaba al borde de la encimera. Los dedos masculinos se clavaron en sus caderas, y ella sonrió en su boca cuando sintió su sexo contraerse en su mano.

Él gimió de frustración por el repique incesante del teléfono.

Se estiró alcanzándolo detrás de su cuerpo, y respondió con un molesto. - ¡Hola! - Las cejas de Scully se fruncieron cuando Mulder se apartó de repente, deslizando su erección de nuevo en sus pantalones con una mueca. - Sí, señor..

Suspiró frustrada, derrotada, y saltó de la encimera. Por supuesto que sería Skinner. Se cruzó de brazos, escuchando la conversación unilateral que Mulder estaba teniendo con su jefe.

Oyó como su compañero le daba a Skinner sus notas del caso, señalando que sospechaban del ponche, pero que no habían visto ninguna evidencia de manipulación. Hasta ahora Harold no había hecho acto de presencia, pero las cámaras estaban en las instalaciones, documentando su estadía allí. Parecía que Mulder y Skinner estaban de acuerdo en que la fiesta final sería donde Harold mostraría su mano.

Cuando Mulder le pasó el teléfono, lo tomó. - Scully.

- Agente Scully, quería hablarte en privado para asegurarme cómo estabas... - Se interrumpió, haciendo una pausa y suspiró en el teléfono. Casi podía verlo frotándose el puente de la nariz. - ¿Cómo vas llevando este caso? - Preguntó con suavidad.

- ¿Señor? - Preguntó, necesitando una aclaración.

- Sólo estoy chequeando cómo te sientes, agente Scully. No puedo imaginar cuán... incómodo debe ser este caso para ti.

- Estoy bien, señor. - Su respuesta fue corta y al grano.

Hubo una larga pausa en el otro extremo antes de volver a hablar. - Ok, bien... porque es la fiesta final... la "Sala Mágica". Tuvimos eh... los informes de inteligencia... que sugieren que un cierto porcentaje de intercambio de parejas ocurre en esa sala. No estoy pidiendo que hagas nada fuera de tu zona de confort...

Lo detuvo antes de que pudiera seguir. Prácticamente podía verlo sudar a través del teléfono, la conversación era tan incómoda y poco natural de tener con un agente. - Lo entiendo, señor. Ya… consideré a lo que potencialmente nos enfrentaremos. - Pasó saliva densamente, apartando el pensamiento de su mente. - El agente Mulder estará ahí... No debería existir la necesidad de…

Fue interrumpida por un exasperado suspiro. - Mira, confío en que harán lo que mejor crean conveniente. Y, honestamente, yo... no necesito saberlo, siempre y cuando te sientas cómoda con eso. - Ella sintió que sus mejillas se ruborizaban. Por suerte, cambió de tema: - Ya se lo dije al agente Mulder, pero quería que sepas, que tenemos los ojos sobre Harold, así como en su cómplice. Tenemos agentes siguiéndolos mientras estamos hablamos. Te avisaré si sucede algo que afecte el caso.

- Gracias Señor..

- Ok... Independientemente de lo que ocurra en la fiesta, tú y Mulder estarán en el primer vuelo de regreso a Washington DC mañana por la mañana. Podemos interrogarlos y seguir el procedimiento aquí. - Su voz era áspera y precisa, y estaba agradecida por ello. Pero entonces, en voz más suave, agregó. - Y... ¿Dana?

- ¿Señor?

- Cuídate esta noche.

- Sí, señor. Lo haré. Nos vemos de regreso en Washington mañana entonces. - Se despidieron, y colgó el teléfono.

Mañana. Mañana, y estaría de vuelta en su apartamento, de vuelta en su vida. Un día más como este... Eso era todo. Sólo un día más. Sintió los brazos de Mulder envolviéndola desde atrás, y suspiró en su abrazo, apoyando la cabeza contra su pecho.

- ¿Dónde estábamos? - Susurró en su cuello, y ella sonrió, frotando las manos a lo largo de sus brazos. El calor se extendió por su cuerpo cuando él besó su hombro, tirando el cuello de la camiseta a un lado para exponer más piel a su boca errante. - ¿Qué dijo Skinner? - Preguntó entre besos suaves.

- Nada. - Suspiró, tensándose ante su pregunta.

Apartó la boca de su cuello para descansar la barbilla en su hombro. - ¿Qué pasa?

Se volvió hacia su compañero. - Nada... de verdad. Algo que Skinner dijo... Yo sólo... Sé que la probabilidad no es... - Se calló, limpiándose la cara con las manos mientras tiraba para liberarse de su abrazo.

- ¿Scully?

- Estoy bien. - Dijo, colocando la mano en el centro de su pecho. - Sólo voy a darme una ducha... Sacudir todo esto de mí.

Se dirigió al baño, dejándolo parado allí. La enojaba estar molesta. ¿Por qué Skinner tenía que llamar? ¿Por qué tenía que estallar esa pequeña burbuja en la que quería vivir? ¿No merecían ni medio día de paz? Quería sentir las manos de Paul sobre Holly otra vez... sentir su boca mientras besaba el centro de su estómago antes de...

- Ey... - La llamó, rompiendo su sueño. - Habla conmigo. - Él entró al cuarto de baño, apoyando su cadera izquierda contra el vanitory, cruzando los brazos sobre el pecho.

- No quería lidiar con el caso. - Respondió suavemente. - Tenemos... Teníamos... todo el día para no hablar de eso. - Él se adelantó un paso y la envolvió entre sus brazos. Scully suspiró mientras se recostaba en su pecho, cerrando los ojos y permitiendo que su aroma la inundara. - No quería pensar en todo eso... y él trajo a colación algo que no quería pensar... y yo sólo... - Fue dejando de hablar.

- ¿Por qué no quieres hablar del caso? ¿Estás nerviosa? - Preguntó dulcemente, su aliento le hacía cosquillas al lado de su cuello. Apoyó la barbilla en su hombro, y sus ojos se encontraron en el espejo. - Porque si estás nerviosa, no deberías. - Se giró a su oído, su aliento caliente contra su piel. Scully se estremeció. Al verlo en el espejo, sus ojos azules se oscurecieron y su piel enrojeció. - Después de tu performance… - Continuó, su voz era densa. - Después de la interpretación de Holly... no creo que tengas que preocuparte por nada. - Su voz le dio un escalofrió, y sintió que sus pezones se tensaban contra su camiseta.

- ¿Te gustó Holly? - Susurró, con ojos intensos. Un estremecimiento se disparó por su espina dorsal con la simple mención de su nombre de cubierta. Mulder encontró sus ojos nuevamente en el espejo, notando sus pezones a través del delgado algodón de su camiseta. Sus manos avanzaron suavemente sobre la pequeña extensión de su torso, poco a poco hacia arriba. El pecho de Scully se movía con cada nuevo espacio cubierto por sus manos, le dolían los senos, que mantenía fuera de su alcance.

- Mmmm... - Gimoteó, acariciándole el cuello con la nariz. - Me gustó mucho Holly. - Prácticamente gruñó, y ella se sintió chorrear a borbotones, suspirando contra su pecho. - Y Creo que a ti, ella te gustó también.

Sus párpados se agitaron y levantó la barbilla. No era una pregunta, pero aún sentía que su estomago viraba bruscamente 180°, y el rubor se arrastraba desde su pecho camino al cuello. Sabía que esa era la verdad.

- Skinner... - Comenzó sin aliento. - Mencionó viejas muestras de archivos de... "intercambio de parejas", lo llamó... - Cerró los ojos y pasó saliva. Sus brazos se apretaron alrededor de ella.

- ¿Intercambio de parejas? - Se preguntó, con el estómago apretado ante la sola idea de otro hombre tocándola. Scully hizo una pausa, y sus ojos se encontraron intensamente. Su abrazo fue posesivo, apretado a su alrededor de su cuerpo. - ¿Quieres eso? ¿Un intercambio de parejas, Scully? - Susurró con voz ronca, con la mirada nerviosa mientras se miraban en el espejo.

Ella hizo correr las manos sobre sus brazos, dejando que sus uñas peinaran sus finos vellos.

Sacudió negativamente la cabeza. - No... - Su voz era ligera, pero Mulder la oyó, y dejó escapar el aliento que no sabía que estaba reteniendo. - Pero no importa lo que yo quiera. Hay roles que desempeñar... y estoy un poco nerviosa para responder preguntas. - Agregó, y la mandíbula de su compañero se tensó.

- Scully yo no… - Resopló, cerrando los ojos.

- "Scully" no estará en la fiesta de esta noche, Mulder. Holly irá. Holly y Paul son los swingers. Tenemos que recordar eso. - Dijo, sus ojos suplicándole a su reflejo.

Él asintió lentamente, accediendo a que la esquina de su boca se alzara en una sonrisa antes de humedecerse los labios. Peinándole el cabello rojo de su cuello, bajó los labios a su piel, permitiendo que su lengua se lanzara, saboreándola. Scully se quedó sin aliento, y le clavó las uñas en su brazo anticipándose a que lo hiciera nuevamente. Amaba ese punto.

- Es necesario recordar algo también, Scully. - El susurro en su oído la hizo estremecer, y arqueó la espalda, sus pezones presionaron contra su camiseta.

- ¿Qué? - Murmuró en respuesta, sin apartar los ojos del reflejo de su cuerpo. Sus ojos verdes estaban oscurecidos por el deseo mientras la atraía más, presionando su erección en su cadera.

- Que estamos juntos en esto... - Sus manos vagaban sobre su vientre, una se movía hacia arriba y la otra hacia abajo... Era un proceso lento, tentador, Scully hizo un gran esfuerzo para no embestir sus caderas buscando su tacto. - Que somos compañeros... - Agregó, acariciando más allá de su sexo pasando el dedo a lo largo de su muslo, jugando con el dobladillo de su camiseta. Su otra mano se detuvo justo debajo de su seno. El pecho de Scully se alzó cuando su respiración se aceleró, y su lengua salió para mojar los labios con urgencia. La mandíbula de Mulder se aflojó mientras observaba su reflejo.

- Compañeros. - Exhaló, cubriendo sus manos con las suyas, desesperada por que reanudaran su movimiento.

- Yeah... - Dijo en voz baja, los pulgares dibujaban círculos donde sus manos estaban detenidas. Podía sentir su temblorosa piel. - socios... marido y… mujer. - Gruñó prácticamente la última palabra en su oído, y ella gimió, reprimiendo el sonido en la garganta, su cabeza cayó nuevamente en su pecho. - Abre los ojos. - Su voz era ronca. Sus manos comenzaron su lento y tortuoso movimiento, y sus dedos se deslizaron entre sus muslos tan lentamente que ella pensó que su piel se quemaría por el calor de su mano. - Paul nunca dejaría que alguien toque a su esposa... Ya no, al menos. - agregó. Scully tembló cuando sus palabras hicieron cosquillas en su oreja. Los largos dedos le levantaron la camiseta, tirándola lentamente sobre su cabeza. La dejó caer y volvió su mirada hacia el espejo, admirando su forma desnuda.

- ¿Qué cambió? A Paul no parecía importarle eso ayer. - Manifestó, levantando una ceja, sintiéndose envalentonada.

Sus ojos verdes siguieron la trayectoria que sus manos tomaron por su cuerpo. Ella se estremeció cuando su dedo se deslizó por su esternón, deteniéndose en el ombligo. - ¿Te refieres al Sybian? - Preguntó, girando su dedo alrededor. Scully pasó saliva convulsivamente.

- El Sybian... besar a Kevin en la piscina... - Dijo. Carajo. Se había olvidado de eso, y se mordió el labio pensando en la imagen. Su estómago se tensó.

- Bueno... Eso fue antes... - Declaró pensativo, reanudando la exploración por su cuerpo. Sus pezones se apretaron en picos endurecidos ante sus ojos, y en sus brazos estalló la piel de gallina. Amaba observarla. Amaba ver exactamente lo que sus manos podían hacer en su cuerpo, observando las reacciones en su rostro.

- ¿Antes? - Susurró.

- Él quería impedir que Holly besara a Kevin, pero no creía que pudiera hacerlo, no sabía si quería que se lo impidiera, no sabía si ella lo deseaba a él, y sólo a él.

Giró la cara a su cabello, dejando que una mano se moviera lentamente por el centro de su cuerpo mientras la otra subía, acariciando su pecho. Ella jadeó de placer, sus ojos quedaron en blanco. Cubriendo su mano con la suya, lo presionó, esperando que él entendiera la indirecta. Tócame.

El pulgar de Mulder se extendió sobre su pezón erecto haciéndola suspirar, sintiendo la humedad inundando su sexo. - Y... - Susurró en su pelo. - fue antes de que realmente... realmente la sintiera. - Dijo con voz ronca, apretando su pecho con la mano. Scully se derrumbó contra su pecho, con la boca entreabierta. La otra mano de su compañero se arrastró por sus piernas, haciéndola sisear cuando sus dedos se deslizaron entre sus pliegues húmedos. Él gimió contra su cuero cabelludo, y su clítoris palpitó de deseo y necesidad.

Ella gimió cuando quitó la mano de su sexo. Mulder se llevó los dedos a la boca y chupó su deseo de ellos. Haciéndola jadear.

- Fue antes de que él la probara, la saboreara. - Sus ojos estaban peligrosamente oscuros al mirarla, y su piel enrojeció. Llevó la mano nuevamente a su centro, empujando sus dedos a través de su suave piel. Scully prácticamente sollozó cuando comenzó a girar en torno a su clítoris. - Antes de que él sintiera lo mojada que se ponía... por él. - Los ojos azules se cerraron.

- Por ti. - Replicó, estirando un brazo hacia atrás para tomarlo del cuello. Observaron sus cuerpos en el reflejo, la mano de Mulder acariciando su pecho mientras la mano de ella lo instaba sucesivamente. Su piel pálida contrastaba con su bronceado, al igual que su diferencia de altura. Ojos cargados de pasión, bocas entreabiertas. Los músculos de su antebrazo se agitaron mientras los dedos de su compañero trabajaban su clítoris hinchado, y su excitación brillaba a la luz del cuarto de baño.

- Después de todo eso... Después de tocarte... saborearte… nunca podría permitir que nadie más te tocara... y no me importa si eres Holly, o Scully.

Scully gimió bajo la fuerza de sus palabras, y él gruñó en su oído.

- Carajo, estás tan mojada. - Se quejó, deslizando sus dedos dentro de ella. Su gemido resonó en las paredes de esa habitación pequeña, pero sus ojos verdes nunca abandonaron su cara. Observándola. Invadiéndola.

Su piel estaba enrojecida, y el sudor le corría por el cuello, juntándose en el hueco de la garganta. Él se humedeció los labios, entristecido de no poder saborearlo en su lengua.

Su erección presionaba firmemente en su espalda, imposiblemente dura. Siseó cuando lo alcanzó detrás, tocándolo a través de la tela del pantalón. - Carajo. - Estaba hirviendo, mordió la arteria de su cuello desesperado. Las piernas de ella temblaron.

Jesús... sus dedos dentro de su cuerpo, los dientes en su cuello... Era una sobrecarga sensorial. Cada terminación nerviosa estaba en llamas, incendiada por su toque.

Embistió su pene contra su espalda varias veces, atrayéndola hacia él con fuerza. - Quiero cogerte. - Susurró, y Scully se estremeció, sus músculos internos se apretaron. La expresión de su cara era salvaje y primitiva. Ella nunca pensó que podría acabar con tan solo una mirada, pero estaba empezando a dudar de eso.

Él se movió para poder girarla, probablemente quería sentarla en el vanitory, pero la agente lo detuvo. Levantó la rodilla izquierda sobre la superficie fría del lavabo poniéndose en puntas de pie, y su sexo reluciente quedó expuesto. Mulder gruñó ante la visión de Scully abriéndose para él. Ella colocó su otro pie en el interior del gabinete inferior, y esto les dio el impulso necesario para que pudiera llegar a su compañera.

Envolviendo su brazo alrededor de su cintura, le mordió el hombro. Las manos de Scully se apoyaron con fuerza contra el espejo, empañando el cristal con cada respiración rápida. - Mantén los ojos abiertos. - Ordenó profundamente. - Observa lo jodidamente sexy que eres.

La penetró lentamente, llenándola, expandiéndola. Gimieron al unísono, el placer desde ese ángulo era completamente diferente a los demás. Mulder movió sus caderas una vez que estuvo completamente dentro de ella, doblando las rodillas y tirando de su espalda contra su pecho. Sus manos subieron por su torso, y la espalda de Scully se arqueó cuando recorrieron su cuerpo, ahuecándose en sus pechos y pellizcando sus pezones entre el pulgar y el índice.

Se balanceó lentamente, moviéndose dentro y fuera de su cuerpo. Manteniéndola cerca, maravillado de lo estrecha y caliente que se sentía alrededor de su sexo. Sus caderas embistiendo contra las suyas, en movimientos lentos y pausados.

- Míranos. - Resopló, y ella enfocó la mirada, asombrada por la imagen erótica ante sus ojos. - Esto es lo que todos verán esta noche. - Dijo con voz áspera, su respiración era irregular y apresurada. - Mírate... - Giró la cara, presionando su nariz contra su cuello. - Dios, eres hermosa. - Susurró, y ella gimió, su cuerpo estaba tembloroso.

Sus caderas lo impulsaron a moverse más rápido, y él siseó, rompiendo el contacto visual para observar como su sexo se deslizaba dentro y fuera de su calor húmedo.

- Carajo... - Exhaló, sus bolas se tensaron. La rodeó, frotando su clítoris con la mano libre, mientras que con la otra moldeaba su pecho en su palma.

Scully gimió con fuerza, sus piernas temblaban. - ¡Oh, dios! - Gritó, con el ceño fruncido de placer.

- Dios... - Gimoteó, mientras sus caderas continuaban moviéndose dentro de ella. - Me encanta… Amo cogerte. - Buscó sus ojos en el espejo.

Ella no sabía si hablaba como Paul, o si se trataba de Mulder. Ni si eso ya le importaba. Su pene se sentía tan bien moviéndose dentro de su cuerpo, no podía negar el hecho de que a ella también le encantaba. Amaba como se la cogía... - Es tan bueno. - Exhaló, jadeando cada vez que la cabeza de su pene golpeaba la pared superior con cada embestida.

- Eres mía. - Declaró enardecido, sus ojos eran salvajes. Scully asintió dos veces, gimiendo y lloriqueando mientras su liberación se construía dentro de ella. - Eres mía... Eres mía... Eres mía. - Repitió mientras la embestía, sintiendo su propio cuerpo acercándose más y más al borde del precipicio. ¿Era Paul, o era Mulder?

Observó su rostro con fascinación, forzando sus ojos a permanecer abiertos sólo para mirarlo. - Soy tuya. - Susurró al reflejo.

Sus ojos se dilataron. - Sc… - Comenzó, pero se detuvo, mordiéndole el hombro para evitar que su nombre escapara de sus labios. Era Mulder. La sensación de su aliento caliente en su oreja, su sexo moviéndose sin descanso dentro de ella, fue su perdición. No podía aguantar más.

En el fondo, profundo, lo sintió. Su clítoris pulsando mientras su sexo lo apretaba con fuerza, estremeciéndose a su alrededor mientras el bombeaba dentro de ella. - ¡Mmmulddderrrr! - Gritó, cayendo hacia adelante. Sus manos se tensaron, apoyándose contra el espejo mientras su orgasmo la atravesaba. Jadeando y gimiendo, se derramó en ella, las contracciones de su compañera apretaban y aflojaban los músculos sobre su pene, exprimiéndolo mientras ambos bajaban.

Envolvió sus brazos alrededor de Scully, afianzando su cuerpo tembloroso al suyo. Después de unos segundos, la ayudó a bajar del mueble, y ella giró hacia él. Con los ojos vidriosos, lo observo, trazando sus labios con las yemas de sus dedos.

- Soy tuya. - Susurró de nuevo, y Mulder bajó su boca, dejando que sus lenguas se fundieran en un beso caliente.

Paul y Holly. Mulder y Scully. No importaba. Él era suyo. Y ella era de él.

El sol ya estaba más bajo cuando abrieron los ojos de nuevo, el alto timbre del teléfono interrumpiendo sus sueños. Scully giró sobre sí misma y tomó el receptor.

- 'la. - Respondió adormilada, apoyándose en su codo. Se incorporó lentamente, secándose el sueño de los ojos. - No, no, está bien. Sólo me acosté un rato antes de ir a la fiesta... ¿Cómo puedo ayudarlo, señor?

Con sus últimas palabras, Mulder abrió los ojos, tendido de costado enfrentado a su espalda. Extendió la mano, trazando su espina dorsal con un dedo. Ella permaneció en silencio durante la mayor parte de la comunicación, murmurando su comprensión con pequeños gruñidos y "Sí, señor". Finalmente, puso fin a la llamada, colocando el teléfono en la mesa de noche.

Permaneció en silencio durante varios segundos, todavía dándole la espalda a su compañero.

- ¿Scully? - La llamó suavemente, apoyando la cabeza sobre la almohada y enfrentándola con una mirada interrogante.

Ella levantó la barbilla y respiró hondo. - Era Skinner.

- Sí, me di cuenta. ¿Qué quería? - Se pasó la mano por cara alejando el sueño y pasó el brazo detrás de su cabeza.

- Se acabó. - Su voz era tan suave, que salió más como un soplido.

Se apoyó sobre los codos, y preguntó: - ¿Qué?

Scully se puso de pie, girando para enfrentarlo finalmente. - No fue un fracaso. Harold fue capturado mientras compraba prostitutas menores de edad. Su ah... - Dijo, pellizcándose el puente de la nariz....colega fue detenida por cargos de drogas y armas. - Se dirigió al armario, levantando la fina bata del gancho en la parte posterior de la puerta.

Mulder se sentó, pasándose las manos por el cabello rebelde. - ¿Se acabó? - Preguntó, el shock fue evidente en su voz. Se quedaron en silencio unos instantes. - ¿Y ahora qué? - Dudó en voz baja. - Supongo que la fiesta está cancelada.

Asintió, tragando el nudo que se le había formado en la garganta. ¿Por qué la molestaba tanto eso? - Yeah, um. - Dijo, aclarándose la garganta. - Volvemos a ser Mulder y Scully, supongo.

- Volver a ser Mulder y Scully. - Repitió, sintiendo un ligero dolor en el pecho al pensarlo.

- Me imagino que ya no necesitamos... - Se fue apagando, con un suspiro. - toda esta uhm... investigación. - Terminó, pasando saliva con dificultad.

- Scully. - Dijo en un susurro.

Se humedeció los labios, sus ojos ardían por la emoción contenida. No podía hacer esto delante de su compañero. - Voy a ducharme y cambiarme. Skinner nos va a llamar con la nueva información del vuelo. Volamos esta noche.

- ¿Esta noche? - Cuestionó, la decepción era evidente. La alcanzó cuando estaba por salir del dormitorio, pero antes de que pudiera detenerla, ella cerró la puerta del baño. Tapándose la boca con la mano, se apoyó contra la puerta y se dejó deslizar hasta el suelo.

¿Qué carajo estaba pasando? Estaba en estado de shock. De repente, sintió como si su mundo terminaba en algún aspecto. El pequeño mundo que habían construido para sí mismos dentro de ese lamentable caso. Y ahora, su pequeño mundo acababa de derrumbarse.

No estaba lista, preparada para eso, había estado segura de que tendrían una noche más juntos. Una noche más para disfrutar de la fantasía, antes de tener que enfrentarse a la realidad. A la verdad.

No sabía si estaba dispuesta a dejarlo pasar. Si estaba lista para decirle adiós a Holly. O a Paul. No sabía si estaba lista para ser Scully otra vez.

¿Scully tendría el valor suficiente para reconstruir ese pequeño mundo con él? ¿En la vida real? ¿Incluso Mulder lo querría?

Conteniendo las lágrimas, abrió la ducha, mientras lo escuchaba llamarla desde el otro lado de la puerta.

¿Qué pasaría ahora?

Continuará…