Bien como saben la historia no es mia, solo hice unos cambios mas que nada con aspecto físico y nombres y en realidad su autora es LOIS FAYE DYER y el verdadero autor de nuestros personajes es Hiro Mashima-sama, el cruel que no nos dio NALU pero por ello estamos aquí.
Summary: Cuando el guapísimo Natsu Dragneel la invitó al baile del año, Lucy Heatphilia se imaginó una velada mágica en la que se sentiría como Cenicienta. El reloj dio las doce y todavía estaba en los fuertes brazos del doctor, pero sabía que aquel donjuán no podría ser jamás el padre que necesitaba su hijita… y decidió dejarse de fantasías.
Cap 6
Lucy aún estaba enfadada cuando entró en el Starbucks a la mañana siguiente. Encontró a su exmarido sentado en una pequeña mesa redonda casi al fondo del establecimiento, que estaba empezando a vaciarse pues era media mañana y muchos clientes habían regresado ya a sus puestos de trabajo. Dan se puso de pie y agitó la mano, y ella se dirigió hacia él cruzando por entre las mesas. Él le sostuvo la silla antes de volver a sentarse, alisándose las arrugas del pantalón del traje meticulosamente.
—Te he pedido un café con leche desnatada y vainilla —le dijo Dan con una sonrisa amistosa—. Recuerdo que es lo que solías tomar. —Gracias.
Lucy se había propuesto ser educada y aprovechar para sacarle información y evaluar hasta qué punto eran ciertas las amenazas de Dan, y si las llevaría a cabo. Seguía sin tener intención alguna de ayudarle pidiéndole a Natsu que le facilitara conseguir un puesto en el Instituto Armstrong, pero no quería que iniciara un procedimiento judicial que pudiera poner en peligro la estabilidad de la vida de Charle. Tomó un sorbo de café mirándolo por encima del borde de la taza.
—Tengo que confesarte, Dan, que siento curiosidad por saber cómo me has encontrado. En ese artículo del periódico en el que salía mi foto con Natsu no se decía nada de mí más que mi nombre.
—Cierto —asintió Dan—. Fue el detective privado quien me dio los detalles, incluida tu dirección actual.
—¿Detective privado? —repitió ella.
—Sí. No me lo dijo explícitamente, pero me dio a entender que la familia Dragneel lo había contratado para investigar a la mujer con la que estaba saliendo su hijo —Dan entornó los ojos—. Sabes quién es tu querido doctor Dragneel, ¿no? .
Lucy enarcó una ceja, pero no respondió.
—No lo sabes… —Dan se rió entre dientes y sacudió la cabeza, como divertido—. Debes ser la única mujer de Magnolia que no sabe que Natsu Dragneel es el único hijo de Ignnel Dragneel y heredero del imperio transportista de los Dragneel.
Aturdida por aquella información, la mente de Lucy se convirtió en un torbellino mientras intentaba recordar lo poco que Natsu le había contado de su familia aparte de que eran gente pudiente. Lo cierto era que ni su esmoquin hecho a medida, ni su bonita casa, ni su lujoso Jaguar la habían hecho pensar que fuese de una familia millonaria (N/A: vamos que todos las personas de salario común tienen un jaguar, y una casa jodidamente grande, vamos que la semana pasada choque mi jaguar y mejor me compre otro). Había pensado simplemente que tenía un buen sueldo y que podía permitirse esas cosas.
—Claro, que cuando el detective me preguntó sobre ciertos datos muy personales respecto a ti, me di cuenta de que los padres del doctor Dragneel se lo habían tomado muy en serio. Tu relación con él, quiero decir —añadió Dan con una expresión de autosuficiencia—. Lo cual, naturalmente, fue un descubrimiento muy interesante. —¿Y eso por qué? —inquirió ella, conteniéndose para mantener su ira bajo control, cuando lo que estaba deseando hacer era echarle el café caliente por la cabeza.
—Pues porque… en fin, aquí estoy yo, que acabo de terminar mi carrera de Medicina, y he enviado mi currículum al Instituto Fairy Tail para solicitar un puesto en el departamento de investigación —le explicó Dan. Luego, la señaló a ella y añadió—: Y aquí estás tú, mi exmujer, que estás saliendo con un hombre que tiene una gran influencia en esa clínica. Y los dos tenemos una hija para la que estoy seguro que los dos queremos lo mejor.
—Ya te lo he dicho. No te presentaré a Natsu, ni intentaré convencerle para que te dé ningún tipo de facilidades para conseguir un puesto en la clínica. Tendrás que apañártelas con tu diploma y tu experiencia. Charle y yo no tenemos nada que ver con eso. —Puede que no —respondió él—, pero tú y yo tenemos una hija en común, así que quizá deberíamos pasar a discutir nuestros deberes parentales, y de si no atentaría contra el interés de Charle que me niegues el derecho a visitarla. (N/A: perro infeliz)
—Sé perfectamente que no tienes el menor interés en ver a Charle — le espetó ella mordaz—. Nunca lo has tenido, así que no finjas tenerlo ahora. —Como quieras. Pero si decides no cooperar, haré que mi abogado te lleve a juicio con una demanda por derechos de visita… y tal vez incluso por la custodia.
Lucy sintió que un sudor frío le recorría la espalda.
—No serás capaz —masculló entre dientes. —Por supuesto que sí —le aseguró él con cinismo y una mirada fría—. Estoy decidido a conseguir un puesto en el Instituto Fairy Tail… a cualquier precio —se inclinó hacia delante y le susurró en un tono amenazante—: No te interpongas en mi camino, Lucy. —Eres despreciable —le dijo Lucy con la voz temblorosa por la furia.
Dan se echó hacia atrás y se encogió de hombros. —Puedes llamarme lo que quieras… siempre y cuando hagas lo que te he pedido. Si no —le advirtió—, te aseguro que reclamaré mis derechos como padre.
Lucy se puso de pie, incapaz de aguantar un segundo más en su compañía. —Tendré que pensarlo. No tengo ni idea de cómo podría influir en Natsu cuando no tengo conexión alguna con su trabajo. De hecho, ni siquiera sé qué clase de decisiones está facultado a tomar en la clínica; nunca me ha hablado de eso. —Ni falta que hace —replicó Dan levantándose también—. Lo único que tienes que hacer es convencerle para que me facilite las cosas y me den un puesto. Te concederé un par de semanas, o un poco más de tiempo si es necesario, pero si no obtengo resultados, tendré que hacerle una visita a mi abogado.
Lucy no contestó. De haber abierto la boca en ese momento, sin duda, lo habría mandado al infierno, así que se mordió la lengua y se marchó, con la sangre hirviéndole en las venas. No podía pedirle a Natsu que contratase a Dan. Era una víbora, y no estaba dispuesta a utilizarlo; ni siquiera para salvar a Charle. Pero, ¿cómo podría impedir que Dan llevase a cabo sus amenazas?
Después de aquella tarde lluviosa jugando al Cluedo, Natsu se sorprendió a sí mismo aprovechando cualquier oportunidad que se le presentaba de pasar el mayor tiempo posible con Lucy y Charle.
Y aunque cada vez que estaba con Lucy la llama del deseo ardía constantemente en su vientre, ni una sola vez la había presionado para que pasase la noche con él. El instinto le decía que debía cortejarla, darle tiempo para que se acostumbrase a su presencia en su vida y en la de Charle. Sabía que para Lucy su cita del día del Baile del Fundador y la noche que habían pasado juntos habían sido algo ocasional, pero él estaba decidido a llevarla a su cama de nuevo.
Sospechaba que Lucy seguía debatiéndose entre, por un lado, aferrarse a sus metas en la vida y a sus normas, lo cual lo excluía a él, y, por otro, dejarlo entrar en su mundo cuando temía que eso pudiera afectar a la promesa que se había hecho de proteger a Charle. A cada día que pasaba, Natsu estaba más convencido de que no iba a pasar por la vida de Lucy como algo temporal. Estaba empezando a creer que quizá, y sólo quizá, su vida le parecería completa si Lucy y Charle formasen parte de ella.
(N/A: grito de fan loca)
El sábado por la mañana, justo antes de almorzar, Natsu llegó al apartamento de Lucy acompañado de Happy. Ella abrió la puerta, y una sonrisa iluminó su rostro al verlo.
Happy, sujeto por la correa que Natsu llevaba en la mano, cruzó el umbral moviéndose de un lado a otro con placer.
—Pasad —le dijo a Natsu, y se agachó para darle un abrazo al perro. Happy soltó un ladrido amistoso e intentó lamerle la cara.
—¿Mami?, ¿qué ha sido ese ruido? —Charle salió en ese momento al salón, y se paró en seco abriendo mucho los ojos—. ¡Es un perro! —Charle, éste es Happy —le dijo Natsu—. Happy, dile hola a Charle.
Happy se sentó sobre sus cuartos traseros y volvió a ladrar. Tenía las orejas levantadas y estaba observando a Charle con interés. —Hola, Happy —lo saludó la niña. Miró a Natsu—. ¿Puedo tocarlo? —Claro —dijo él haciéndole un gesto para que se acercara—. Extiende tu mano y deja que la huela.
Cualquier temor que hubieran tenido Natsu y Lucy de que el animal no aceptara a Charle, se disipó de inmediato cuando al poco rato ya estaba la pequeña sentada junto a Happy con un brazo en torno a su cuello y murmurándole algo al oído. —Estoy preparando unos sándwiches para comer —le dijo Lucy a Natsu—. ¿Te unes a nosotras? —le preguntó pasando a la pequeña cocina.
Natsu la siguió, y abrió un armario para sacar una taza y servirse un poco de café. —Envuélvelos y así podríamos llevarnos a Charle de picnic al parque que hay cerca de mi casa —le sugirió Natsu.
Lucy alzó la vista hacia él. Natsu estaba apoyado en la encimera con la taza en la mano y una mirada cálida en sus ojos jade.
—Y podemos llevarnos a Happy también —añadió Natsu—. Y un frisbee, por supuesto. Le enseñaré a Charle a lanzarlo para que Happy lo atrape. Se le da muy bien —añadió con una sonrisa. —A Charle le encantaría —dijo Lucy—. ¿Estás seguro de que quieres pasar una tarde con una niña que no para en un sitio con tanto espacio abierto para correr? —¿Estás sugiriendo que no seré capaz de seguirle el ritmo? —inquirió él, haciéndose el ofendido. —Lo que estoy diciendo es que yo desde luego hay veces que no soy capaz —lo corrigió ella riéndose—. Pero si quieres que probemos, por mí no hay problema. —Estupendo.
Natsu dejó la taza de café sobre la encimera, rodeó a Lucy con los brazos y la levantó para luego plantarle un beso en la boca. —Voy a decírselo a Charle y a ponerle la correa a Happy —dejó a Lucy en el suelo y miró la encimera detrás de ella—. ¿Quieres que te ayude con los sándwiches? —No, no hace falta —replicó Lucy, y lo echó de la cocina sacudiendo la cabeza afectuosamente, mientras sacaba unos envases de plástico de un armario. (N/A: un tupper para mas fácil).
Una media hora más tarde, Natsu aparcaba el coche frente a su casa. Descargaron, y se dirigieron al parque.
—¿Está muy lejos, Natsu? —le preguntó Charle, caminando a saltitos y de espaldas detrás de él. —A seis manzanas —respondió él.
Charle se dio la vuelta y corrió al lado de Happy. El rottweiler caminaba feliz al otro extremo de la correa que sujetaba Natsu, olisqueando el cálido aire primaveral. También respondía a las frecuentes caricias de Charle con un lametón y un ladrido de entusiasmo.
—Vaya par, ¿eh? —le comentó Lucy a Natsu—. No sé quién está más ilusionado con esta salida, si Happy o Charle. —Creo que están empatados —dijo Natsu.
Lucy lo miró de reojo. Con una mano, Natsu sostenía la correa, controlando sin problemas al enorme y ansioso perro, sobre el hombro llevaba colgada una manta roja y en la otra mano llevaba la cesta de mimbre con lo que ella había preparado para el picnic. Sus largas piernas estaban enfundadas en unos vaqueros gastados bajo los que se marcaban los músculos de sus muslos, e iba calzado con unas botas negras relucientes de cuero.
El sol arrancaba destellos del Rolex que adornaba su muñeca, y llevaba un polo de manga corta que dejaba sus fuertes antebrazos al aire. El sólo mirarlo la hacía feliz. Natsu giró la cabeza hacia ella, y cuando sus ojos se encontraron, enarcó una ceja a modo de pregunta.
—¿Qué? —inquirió. —Nada —replicó ella con una sonrisa—; soy feliz.
Los ojos de Natsu se oscurecieron. —Me alegra saberlo —murmuró con voz ronca.
Lucy se estremeció, y el deseo se extendió desde su vientre al resto de su cuerpo como los zarcillos de una planta trepadora. —¡Mira, mamá, ahí está el parque! —exclamó Charle entusiasmada.
Lucy se esforzó por recobrar el control sobre su cuerpo y miró hacia delante. A una manzana de donde estaban se veía la verja de entrada a una enorme extensión de césped y árboles.
—Parece un parque muy grande —comentó, mirando luego a Natsu. Él asintió. —Lo es. El parque es una de las razones por las que me instalé en este barrio. Si quieres tener un perro es bueno tener un parque cerca. Por no mencionar un buen surtido de bolsas de plástico —añadió con una sonrisa. —¿Para qué quieres bolsas de plástico? —le preguntó Charle confundida. —Para recoger las cacas de tu perro. Si no lo haces, el Ayuntamiento puede ponerte una multa. —Puaj —dijo Charle con una mueca—. Qué asco. —No es para tanto —replicó él—. Sólo tienes que usar la bolsa de plástico para recogerlas, hacerle un nudo y echarla en una de las papeleras del parque.
Charle no parecía muy convencida. —Es una de las cosas que tiene ser dueño de un perro —le dijo su madre—. Si tienes una mascota tienes que cuidar bien de ella. —Bueno, supongo que merece la pena —dijo la pequeña mirando a Happy pensativa, como si estuviera considerándolo. —Se parece muchísimo a ti —le dijo Natsu a Lucy en un susurro. —Espero que eso sea bueno. —Pues claro que es bueno —contestó él al instante—. Eres una mujer decidida, comprometida… ¿Qué puede haber de malo en eso?.
Entraron en el parque, y siguieron un sendero entre los árboles, entre cuyas hojas nuevas susurraba una suave brisa primaveral.
A ambos lados del camino se extendían amplias extensiones de césped recién cortado, salpicadas aquí y allá por macizos de flores rojas, amarillas, violetas y azules. Había unas cuantas parejas y familias disfrutando del sol, y los niños corrían y reían, algunos con globos de colores atados a la muñeca.
—¿Dónde vamos a hacer nuestro picnic, Natsu? —preguntó Charle. —Hay un sitio estupendo un poco más adelante —respondió él—. A unos metros del camino, cerca de la cascada. —¡Oooh! ¿También hay una cascada? ¡Qué divertido! —exclamó la niña y se puso a andar a saltitos otra vez junto a Happy.
Sus rizos blancos rebotaban con cada movimiento sobre el suéter rosa que llevaba encima de un vestido azul celeste.
—¿De dónde saca toda esa energía? —se preguntó Natsu en voz alta mientras la observaba.
—No lo sé, pero yo daría lo que fuera por tener siquiera una cuarta parte —contestó Lucy con una sonrisa. —Los niños son increíbles, ¿verdad? —Bueno, no sé si todos, pero Charle desde luego lo es. Claro que es mi hija y supongo que eso no me hace precisamente imparcial. —No, supongo que no —asintió él divertido—, pero como testigo objetivo puedo decir que tienes razón.
Lucy se dejó llevar por un impulso y se puso de puntillas para besarlo en la mejilla.
—¿Y eso? —inquirió él con una mirada intensa. —Porque me apetecía.
Extendieron la manta, se sentaron y Natsu le quitó la correa al perro.
—¿Happy también puede tomar un sándwich, mamá? —le preguntó Charle a Lucy. Ésta miró a Natsu. —¿Puede tomar sándwiches de mantequilla de cacahuete y de mermelada? —Probablemente se le pegará al paladar, pero seguro que le encanta —respondió Natsu.
Lucy fue distribuyendo los sándwiches, las patatas fritas y un par de pepinillos en varios platos. Le pasó uno a Natsu y otro a Charle, pero vaciló cuando iba a servirle a Happy. —¿Le gustarán los pepinillos? —Happy tiene un estómago de hierro —le dijo Natsu—. Cualquier cosa que sea comestible, se la come.
—¿Siempre le das de comer de lo que tú comes? —le preguntó ella cuando empezaron a comer, viendo a Happy devorar lo que le habían puesto en el plato.
—No, normalmente lo pienso y de vez en cuando carne o un hueso grande para que se entretenga royéndolo —Natsu alargó la mano para remeter un mechón de cabello rubio tras la oreja de Lucy, al tiempo que acariciaba con los dedos su mejilla—. El veterinario me dijo que darle de lo que nosotros comemos no es malo, siempre y cuando sea algo ocasional. No le hace daño.
Justo en ese momento pasó cerca de ellos un anciano seguido de tres cachorros Golden Retriever y su madre, todos sujetos con sus respectivas correas. Happy ladró e iba a incorporarse, pero Natsu le ordenó en un tono tranquilo:
—Happy, siéntate.
El rottweiler se volvió a sentar, pero estaba temblando de excitación. Los cachorrillos lo habían oído ladrar, y se soltaron para acercarse. Sus hocicos olisquearon el de Happy, y se pusieron a jugar con él. Su madre se mostró amistosa, pero más cauta. Charle agarró uno de los cachorros y apretó su cálido cuerpecillo contra su pecho.
—Mami, yo quiero un cachorrito como éste.
—Cariño, si por ti fuera tendrías un cachorrito como todos los que ves —respondió Lucy con una sonrisa.
Natsu y ella ayudaron al anciano a separar a los cachorros de Happy, y finalmente se alejó con ellos por el camino hacia el puente que cruzaba el estanque.
—¿Podemos jugar a lanzarle el frisbee a Happy para que vaya a por él? —le preguntó Charle a Natsu cuando ya sólo quedaban las migajas en sus platos. El perro, tendido junto a ella, levantó la cabeza curioso al oír su nombre. —Pues claro —asintió Natsu. Miró a Lucy—. Si a tu madre le parece bien. —Me parece bien —respondió ella con una sonrisa.
Los siguió con la mirada mientras se alejaban, Charle corriendo en cabeza, Happy trotando detrás de ella y Natsu con paso tranquilo tras los dos. Natsu le había pedido permiso para que Charle fuera a jugar, pensó halagada. ¿Habría en el mundo un hombre más considerado que aquél?
—Buenos días.
Natsu, que estaba sentado tras la mesa de su consulta, alzó la vista. Su compañero de laboratorio, Gray Fullbuster, estaba de pie en el umbral de la puerta con una humeante taza de café en la mano. Tenía el pelo algo revuelto, como si hubiese estado pasándose las manos por él una y otra vez. Los dos habían estudiado juntos en la Facultad de Medicina de Magnolia, y Natsu reconoció al instante aquel signo de frustración en su amigo.
—Buenos días. Anda, pasa, cierra la puerta y cuéntame qué te pasa — le dijo. —¿Qué te hace pensar que me pasa algo? —Gray cerró la puerta y fue a sentarse en una de las sillas frente a su escritorio. —La cara que traes y tu pelo —contestó Natsu echándose hacia atrás para apoyar los pies, con los tobillos cruzados, en el extremo de su mesa.
Gray lo miró contrariado. —¿Mi pelo? —Lo tienes todo revuelto, como cuando te pones a pasarte las manos por él desesperado, como si quisieras arrancártelo.
Gray farfulló algo y se peinó un poco con los dedos. —¿Mejor? Natsu se encogió de hombros. —Bueno, y ahora cuéntame qué pasa. —He recibido malas noticias —dijo Gray decaído. —Déjame adivinar: los resultados de las pruebas no han salido como esperábamos —aventuró Natsu, pensando en qué otras opciones podía haber si era así.
Podrían probar con otra teoría nueva en la que habían estado trabajando. Se les había ocurrido que quizá el bajo porcentaje de embarazos viables derivados de las fecundaciones in vitro tal vez podrían resolverse incorporando más vitaminas y minerales para optimizar la salud de la madre en los seis meses anteriores a la concepción. Las pruebas de laboratorio, hasta la fecha, parecían indicar que funcionaba.
—No, están bien. Más o menos lo que esperábamos. Natsu se quedó mirándolo. —Oh. Bien —dijo, dando tiempo a Gray en vez de presionarlo. —La mala noticia es que Juvia me ha dicho que una consultora ha auditado en secreto las cuentas de la clínica, y parece ser que el informe ha desvelado problemas financieros importantes.
—Diablos —murmuró Natsu anonadado—. ¿Está segura de eso? Gray asintió. —Se lo ha contado Minerva.
—Una fuente bastante fiable —dijo Natsu. Minerva Orland no sólo era hija del fundador de la clínica, sino también la directora administrativa. Si Minerva se lo había dicho a la esposa de Gray, probablemente era cierto.
—¿Y le dijo Minerva algo más? —Pues que es evidente que los problemas son tan graves que la financiación de las investigaciones de la clínica están en la cuerda floja. Natsu maldijo entre dientes. —¿Pero cómo ha podido pasar? Oí que el Baile del Fundador había sido un éxito y que no sólo se habían recaudado fondos, sino que además habían aumentado las donaciones. ¿Qué diablos está pasando? —No tiene sentido, ¿no? —dijo Gray, entornando los ojos pensativo. —No, no lo tiene —asintió Natsu, pasándose una mano por el cabello—. Y encima esto llega en un momento crítico en nuestra investigación —añadió sombrío—. No quiero ni pensar en lo que podría pasar si tuviéramos que empezar de cero en otro centro. —Lo sé —murmuró Gray—. Podría retrasarnos meses; o años. —No puedo creer cuántos escándalos se han desatado en torno a la clínica en los últimos meses —comentó Natsu—. Me sorprende que no se haya hundido ya bajo el peso de tanta mala prensa. Gray asintió con la cabeza, apretando los labios, y tomó un sorbo de café. —Yo quiero creer que esto se superará. Al fin y al cabo mira de cuántas tormentas ha salido indemne desde su fundación. —Espero que tengas razón —Natsu bajó los pies al suelo y se puso de pie—. Entretanto, sugiero que bajemos al laboratorio y le echemos un vistazo a los resultados de esa prueba.
Durante el resto del día, Natsu estuvo inmerso en aquel trabajo que les resultaba estimulante y frustrante a partes iguales a Gray y a él. El meticuloso trabajo de laboratorio con un nutrido grupo de voluntarios era un proceso largo y tedioso, pero necesario para probar su teoría. Y la posibilidad de aumentar las posibilidades de que una pareja con problemas de fertilidad pudieran concebir un hijo sano, bien merecía el esfuerzo.
Esa tarde, al salir de la clínica, fue al apartamento de Lucy, y se detuvo de camino para comprar una película familiar en DVD y una pizza. Últimamente, cada vez que tenía problemas en el trabajo se refugiaba en Lucy. Era algo que no le había pasado desapercibido.
Al llamar al timbre, ella le abrió con una sonrisa, y Natsu se inclinó para darle un abrazo. Ella le pasó los brazos por la cintura y permaneció abrazada a él un momento antes de apartarse para mirarlo.
—¿Va todo bien? —le preguntó, y sus ojos azules escrutaron su rostro preocupados. —Hay problemas en la clínica —le explicó él—, pero ahora que estoy aquí ya me siento mejor. —Me alegro —Lucy lo tomó de la mano y lo hizo pasar dentro—. ¡Charle! —llamó a la pequeña mientras cerraba la puerta—. ¡Ha venido Natsu! —¡Natsu! —exclamó la niña entrando como un torbellino en el salón.
Los ojos se le iluminaron al ver la caja que llevaba en la mano—. ¡Pizza! Natsu sonrió y le tendió la caja del DVD.
La niña la tomó y lo siguió hasta la cocina con ella en alto, como un trofeo. Lucy sacó platos, vasos y un cuchillo. —Mamá, ¿podemos comer en el salón mientras vemos la película? Por favor… —le suplicó Charle. —Está bien, pero sólo por esta vez —claudicó su madre.
Sirvieron la pizza en los tres platos, llenaron los vasos con agua con hielo y se sentaron en el sofá a ver la película. Cuando los platos y los vasos estuvieron vacíos, Charle se tendió boca abajo en el suelo con la barbilla apoyada en la mano para seguir viendo la película. Natsu ayudó a Lucy a llevar las cosas a la cocina y meterlas en el lavavajillas, y justo cuando terminaron sonó el teléfono.
—Vuelve con Charle a ver la película —le dijo Lucy—. Yo me uniré a vosotros en cuanto haya atendido esa llamada. Natsu la besó en los labios y volvió al salón.
Apenas se había sentado en el sofá cuando Lucy tomó el teléfono y contestó. Desde allí podía verla, y no le pasó inadvertido lo tensa que se puso de pronto, antes de darle la espalda y murmurar algo a la persona que estaba al otro lado de la línea. Picado por la curiosidad, apenas escuchó el diálogo de la película, aunque tampoco podía oír la conversación de Lucy en la cocina. Sin embargo, su lenguaje corporal no era difícil de interpretar.
—¿Va todo bien? —le preguntó cuando se unió a él en el sofá. —Sí, bien —respondió ella con una breve sonrisa.
Natsu le pasó un brazo por los hombros y la atrajo hacia sí. Lucy apoyó la cabeza en su pecho. Lo mejor sería esperar a que Charle estuviese en la cama para intentar que le contara qué había ocurrido, decidió Natsu. Dijera lo que dijera Lucy, por lo pálida que se había puesto y la preocupación en sus ojos era evidente que no todo iba bien.
Dos horas más tarde, Charle estaba ya acostada. Natsu le quitó la voz a la televisión con el mando a distancia y se giró para mirar a Lucy.
—Háblame de esa llamada de antes. Ella lo miró como asustada. —Puedes decirme que no era nada, que no era nadie —continuó él—, pero vi tu cara cuando colgaste, y sé que esa llamada te ha disgustado. Anda, cuéntamelo —la instó.
Hizo que se echase hacia atrás, le levantó las piernas para colocarlas sobre su regazo, y se puso a masajearle los pies.
—Umm… Qué maravilla —murmuró ella cerrando los ojos y dejando escapar un profundo suspiro. —No cambies de tema, Luce. Dime qué ha pasado. Ella abrió los ojos y lo miró sombría.
—Era mi exmarido. Las manos de Natsu se detuvieron un instante antes de continuar con el masaje.
—No sabía que seguíais en contacto. —No habíamos vuelto a hablar desde que nos divorciamos —le explicó ella—, pero ésta es la tercera vez en lo que va de mes que se pone en contacto conmigo. —¿Y qué es lo que quiere? —inquirió Natsu frunciendo el ceño. —No te lo creerás —le advirtió ella—. Es demasiado ridículo. —Cuéntamelo —insistió él. —Dan, mi ex, vio esa foto nuestra que salió en el periódico, la que nos hicieron en el Baile del Fundador. Hace poco ha terminado sus estudios de Medicina, y ha solicitado un puesto en el Instituto Fairy Tail. Quiere que te pida que le contrates.
Lucy estaba siendo directa, pero le había soltado aquella parrafada como si quisiera acabar cuanto antes con el tema.
—Tengo la sensación de que hay algo que no estás contándome —le dijo Natsu, trazando un círculo con las yemas de los pulgares en las plantas de sus pies. —Dios, qué bien se te da eso… —suspiró Lucy y se estiró con un gemido. Los dedos de Natsu se detuvieron. —Ya vuelves a cambiar de tema. —De acuerdo, de acuerdo, está bien, te lo contaré, pero por favor no dejes de masajearme los pies.
—Muy bien —accedió él, retomándolo donde lo había dejado. Lucy casi ronroneó—. Cuéntame el resto. —Intentó hacerme chantaje con Charle. —¿Qué? —Natsu levantó las manos de sus pies y la agarró por los hombros. —¡Ay! —protestó Lucy. —Perdona —murmuró él.
Apartó las manos y la tomó de la barbilla para que lo mirara a los ojos—. ¿Qué clase de chantaje? —Me amenazó con llevarme a juicio, con demandarme para conseguir derechos de visita. —Creía que había renunciado voluntariamente a cualquier derecho como padre cuando os divorciasteis. —Accedió a renunciar a esos derechos si a cambio yo renunciaba a exigirle una pensión alimenticia, pero fue un acuerdo verbal —lo corrigió Lucy—. Yo estaba embarazada cuando interpuso la demanda de divorcio y declaró que no teníamos hijos. —Qué canalla —masculló Natsu—. ¿Cómo te pudiste casar con ese tipo? ¿Qué pudo ver en alguien así una mujer como tú, fuerte e inteligente? —¿Es así como me ves? —inquirió ella con una sonrisa emocionada. —Pues claro que sí, y deja ya de intentar cambiar de tema —la reprendió por tercera vez. —Yo era muy joven, y él parecía un tipo encantador. Eso no lo excusa, lo sé, pero la verdad es que yo era una ingenua y me dejé embaucar por las apariencias. Lo único que puedo alegar en mi defensa es que me bajé del barco cuando descubrí que no era tan maravilloso como había creído —hizo una pausa—. Aunque supongo que algo bueno salió de aquel matrimonio: tengo a Charle. —Pues debe ser lo único que salvaría a tu ex de la hoguera — comentó Natsu—. Entonces lo de su renuncia a sus derechos parentales… ¿sólo fue verbal? Los ojos de Lucy se oscurecieron y asintió. —La verdad es que entonces nunca se me ocurrió pensar que un día pudiera querer reclamarlos. Nunca la ha visto; ni ha querido. Y ahora tampoco; sólo está utilizándola para chantajearme y obligarme a cooperar —su mirada se tornó fiera—. Yo… quiero que sepas que no voy a pedirte que ayudes a mi exmarido a conseguir un trabajo en la clínica. No sé qué voy a hacer respecto a sus amenazas, pero tengo la esperanza de que desistirá cuando vea que su chantaje no sirve de nada. —Cariño, en ningún momento se me ha pasado por la cabeza que fueras a hacer algo semejante —le aseguró Natsu. La atrajo hacia sí y la estrechó entre sus brazos—. No quiero que te preocupes por Charle. Se nos ocurrirá una manera de pararle los pies. Y si es necesario recurriré a los abogados de mi familia. Todavía está por ver que hayan perdido un caso.
Lucy se apretó más contra él, y Natsu hundió los dedos en su pelo para hacerle levantar la cabeza y mirarla a los ojos.
—No voy a dejar que nadie os amenace.
El tono de su voz era fiero, pero los labios con los que cubrió las comisuras de sus labios eran tiernos, balsámicos. Lucy suspiró y sus labios buscaron los de él. Al cabo de media hora los dos estaban excitados, y su respiración se había tornado rápida y jadeante. Natsu suspiró y se levantó del sofá, haciendo que ella se levantara también. —A menos que vayas a llevarme a tu cama, creo que será mejor que me vaya a casa —le dijo—. Mi capacidad de autocontrol es limitada, y me temo que esta noche ya la he agotado. —Lo siento, Natsu. Es que no estoy segura de que… —comenzó ella. Él la interrumpió poniendo un dedo sobre sus labios húmedos. —Lo sé. No estás preparada.
Le rodeó los hombros con el brazo y la llevó al vestíbulo. El beso que le dio antes de abrir la puerta fue un beso ardiente y a la vez cargado de frustración. —Echa el cerrojo en cuanto salga —le dijo Natsu. —Buenas noches —murmuró ella. —Hasta mañana.
Natsu salió, y esperó a oír el chasquido del cerrojo antes de bajar las escaleras. De camino a casa en el coche iba dándole vueltas a lo que Lucy le había contado. Su mente bullía, intentando hallar el modo de extirpar a aquella sabandija de la vida de Lucy para siempre, y para cuando llegó a casa sabía exactamente cómo iba a proceder.
Avances del siguiente y ultimo capitulo:
—Doctor Dragneel. El caballero al que había citado a las tres ya está aquí.
…
Natsu se puso de pie lentamente, estudiando al exmarido de Lucy…
Hola chicos y chicas cuanto tiempo, en realidad una semana, me acabo de dar una pequeña escapada de la redacción del marco teorico de mi tesis para traerles este capitulo, disfrútenlo, como dije… ¿escribi? Hace unos momentos el siguiente capitulo es el eipologo o final, en realidad este debería ser el final pero como ya era muy largo lo he dividido en 2 partes, espero no tardar tanto en subir el siguiente, pero espero me disculpen si llego a tardar, como algunos pocos o aquellos que han leído mmi bio saben que estudio enfermería u cada semestre nos soloicitan ir a hacer practicas a hospitales pues me encuentro en eso, asi que he estado un poco acupada. Sin mas se les quiere. Y recuerden a aquellos que me solicitaron libros deben de mandar por MP su correo para que pueda enviárselos, le recuerdo mas abajo los libros que poseo en PDF.
Lista de libros que pueden pedir:
el libro de Jade (libro 1 de saga de 11 libros. Saga Vanir).
El libro de la Sacerdotisa (libro 2 de saga de 11 libros. Saga Vanir).
El libro de la elegida (libro 3 de saga de 11 libros. Saga Vanir).
El ragnarok parte 1 (libro 9 de saga de 11libros. Saga Vanir).
El ragnarok parte 2 (libro 10 de saga de 11 libros. Saga Vanir).
El libro de los bardos (libro 11 de saga de 11 libros. Saga Vanir).
Aprendi a necesitarte- Reme Hernan
Nueve reglas que romper para conquistar a un granuja
10 lecciones para dar caza a un lord y que te adore.
El dia que el cielo se caiga- Megan Maxwell
El psicoanalista.
La historia del loco- Katzenbach
Me lo enseño una bruja
Los 3 hombres lobo
No sonrias que me enamoro.
Otros 100 cafes contigo.
Por negocios o por amor.
Seras mi luz siempre.
Siete años para pecar.
Soy un gato- soseki natsume
Te acostarias conmigo
Un gato callejero llamado bob.
Besar a un angel.
El hombre perfecto.
Deseo concedido.
Melocotón loco.
Yo antes de ti.
La saga Oscuros.
La saga de las Nuevas Especies
Oye morena tu que miras.
Ética para amador.
El esclavo.
Dorothy debe morir.
Un amante de ensueño.
Lazos de sangre
Sin compasión
8 dias en roma
A la de tres te quiero.
Aprendi a necesitarte.
Buscando a Alaska.
Cartas de amor a los muertos.
Caza a la mentirosa.
Cuidades de papel.
Un novio en el mar
Diez negritos de Agatha Cristie
El amor es todo menos sencillo.
El dia que Nietszhe lloro.
Sin reservas J.L. Langley (yaoi)
Con precaucion. J.L. Langley (yaoi)
La muñeca viajera. Kafka
Legalmente suya.
Atracción salvaje.
Una noche, dos hijos.
La sonrisa de las mujeres.
La mecánica del corazón.
La novia ideal.
Los cuentos de Beedle el Bardo. J.K Rowling
Y muchos mas.
