Bien como saben la historia no es mia, solo hice unos cambios mas que nada con aspecto físico y nombres y en realidad su autora es LOIS FAYE DYER y el verdadero autor de nuestros personajes es Hiro Mashima-sama, el cruel que no nos dio NALU pero por ello estamos aquí.
Summary: Cuando el guapísimo Natsu Dragneel la invitó al baile del año, Lucy Heatphilia se imaginó una velada mágica en la que se sentiría como Cenicienta. El reloj dio las doce y todavía estaba en los fuertes brazos del doctor, pero sabía que aquel donjuán no podría ser jamás el padre que necesitaba su hijita… y decidió dejarse de fantasías.
CAPITULO 7- FINAL
En el capítulo anterior:
Natsu salió, y esperó a oír el chasquido del cerrojo antes de bajar las escaleras. De camino a casa en el coche iba dándole vueltas a lo que Lucy le había contado. Su mente bullía, intentando hallar el modo de extirpar a aquella sabandija de la vida de Lucy para siempre, y para cuando llegó a casa sabía exactamente cómo iba a proceder.
—Doctor Dragneel. El caballero al que había citado a las tres ya está aquí. —Hágalo pasar —respondió Natsu por el interfono antes de echarse hacia atrás en su asiento.
A excepción de una delgada carpeta y una pluma, la superficie de su escritorio estaba desnuda, creando una amplia barrera entre las dos sillas frente a la mesa y él. La puerta se abrió y entró un hombre joven.
Natsu se puso de pie lentamente, estudiando al exmarido de Lucy: de estatura media y enjuto, vestía un caro traje gris y una conservadora corbata de seda azul. Sus rasgos eran algo aniñados, y tenía una sonrisa afable que Natsu sospechó debía haber engañado a más de una mujer. Nada más verle sintió antipatía hacia él.
—¿Dan Evans? —Sí, señor —Dan extendió el brazo al llegar a la mesa y se estrecharon la mano—. Es un placer conocerlo, doctor Dragneel. He seguido su trabajo aquí durante los últimos meses con gran interés. —Gracias. Siéntese —Natsu le señaló una de las sillas frente a la mesa y él se sentó también.
Golpeteó con el índice la carpeta que tenía delante—. En su solicitud nos indica que acaba de terminar las prácticas en el Hospital General de Magnolia. ¿Qué lo llevó a solicitar un puesto en esta clínica? —Las labores de investigación que llevan a cabo aquí —respondió Dan al instante—. Estoy muy interesado en los nuevos métodos de fecundación in vitro y en sus esfuerzos por incrementar el porcentaje de éxitos. Además, el Instituto Fairy Tail está a la vanguardia en lo que a investigación se refiere. Quiero ser parte de su equipo —explicó con una sonrisa. —Ya veo —dijo Natsu—. Tengo entendido que estuvo casado con una buena amiga mía: Lucy Heartphilia. —Sí, es cierto —Dan mudó de expresión para fingirse triste—. Por desgracia éramos muy jóvenes y nuestro matrimonio no duró mucho. —Umm… —murmuró Natsu evasivo.
No le sorprendió que Dan ya tuviera preparada una respuesta; probablemente había supuesto que Lucy le habría hablado de su matrimonio. Sin embargo, apretó los puños antes de darse cuenta y abrirlos.
—Y según creo tiene una hija.
Dan se removió en su asiento y su rostro fingió tristeza. —Por mis circunstancias no he podido verla tan a menudo como habría querido, pero ahora que he terminado las prácticas espero que eso cambie.
Natsu ya había escuchado bastante y había tenido suficiente de la falsedad de Dan. Su opinión de él no había cambiado después de verlo cara a cara. Aquel tipo era un canalla al que Charle no le importaba un comino.
—Le sugiero que se replantee su relación con Charle —el tono de Natsu dejó de ser neutral y un trasfondo de amenaza tiñó sus palabras.
Dan parpadeó. —Perdón, ¿cómo dice? —inquirió con cautela. —He hecho que mi abogado redacte dos documentos. Los firmará, renunciando a sus derechos parentales sobre Charle, y dará su consentimiento para que pueda adoptarla un hombre capaz de ser el padre que necesita.
Dan echó su silla hacia atrás y se puso de pie con las mejillas enrojecidas por la ira.
—¿Qué le hace pensar que puede ordenarme que firme nada?
Natsu se levantó también, inclinándose para apoyar los puños en la mesa, y no hizo el menor esfuerzo por disimular el desprecio que sentía hacia él.
—Tengo la influencia suficiente como para evitar que lo contrate ningún departamento de investigación de la costa Este, y puede que hasta de todo Fiore. —No puede hacer eso —replicó Dan, pero había palidecido y miró la carpeta sobre la mesa y después a Natsu. —¿Qué apostamos? —le dijo Natsu en un tono gélido—. Y si vuelve a amenazar a Lucy o a Charle no perderé el tiempo llamando a su jefe o a su abogado. Iré a buscarlo yo mismo. —El que su apellido sea Dragneel no significa que pueda obligarme a firmar unos papeles renunciando a mis derechos como padre —rugió Dan.
El color iba y venía de su rostro, parcheándolo. Ya no parecía un Adonis, sino un niño con una rabieta. —No necesito el dinero de mi familia ni el respaldo de mi apellido para ocuparme de ti, sabandija, pero recurriré a lo que haga falta —le espetó Natsu apretando los dientes.
Abrió la carpeta y sacó los dos documentos legales redactados por su abogado, deslizándolos hacia él con la pluma encima—. Los dos sabemos que Charle y Lucy no te importan nada. Firma esos papeles de consentimiento.
Dan se quedó mirándolo lleno de rabia en un último gesto de obstinación antes de agarrar la pluma. Firmó deprisa y con pulso ligeramente tembloroso y empujó los documentos hacia Natsu. Éste los tomó y los miró para asegurarse de que estaban debidamente firmados y los guardó en la carpeta.
—¿Tengo su palabra de que no hará que me veten en otros centros? —exigió saber Dan, beligerante. —La tienes.
Dan se giró sobre los talones y se dirigió hacia la puerta. Apenas la había abierto cuando Natsu le advirtió con aspereza: —Si se filtra esta conversación sabré que fuiste tú. Y si me entero de que has hablado, nuestro acuerdo quedará automáticamente anulado. Te aseguro que experimentaría un gran placer asegurándome de que no practiques nunca la medicina.
Dan se puso lívido, y sin decir una palabra salió cerrando la puerta silenciosamente tras de sí. Natsu estaba tenso; había tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para no echar a patadas a Dan de su consulta. Se obligó a distender los puños y movió los hombros. Aún podía sentir la adrenalina corriendo por sus venas cuando fue hasta la ventana para asomarse al aparcamiento de la clínica. Esperó allí de pie hasta que Dan salió del edificio, se subió a su coche y se alejó de allí a toda prisa.
—Hasta nunca, Dan Evans —masculló.
Sentía una profunda satisfacción de saber que ya no tenía ningún derecho sobre Lucy ni Charle. Los documentos que había firmado habían demostrado a Natsu que lo que había sospechado era cierto: nunca había querido a Lucy ni a su hija. «Qué imbécil», pensó para sus adentros.
Si él hubiera tenido la suerte de casarse con una mujer como Lucy y de tener una hijita como Charle jamás las habría dejado ir. «Y no lo haré», pensó decidido, fruto de una repentina revelación. Quería que Lucy y la pequeña formasen parte de su vida de un modo permanente, que vivieran los tres juntos. Quería tener el derecho legal de protegerlas a ambas… y eso implicaba casarse con Lucy y adoptar a Charle. No sabía cuándo había empezado a sentir aquello por Lucy, pero sí que no iba a esperar para convertirla en su esposa si accedía a casarse con él. Sólo esperaba que ella sintiese lo mismo. Tomó la carpeta y salió de su consulta con la intención de ir al apartamento de Lucy para hablar con ella, pero justo en ese momento vio que su secretaria, que se había levantado de su mesa, se dirigía a toda prisa hacia él.
—Natsu, hay una urgencia: es la señora MacQuillen. Su marido ha llamado al 911 y la ambulancia la lleva directamente al hospital. —Voy para allá. Natsu salió al pasillo y marcó un número en su teléfono móvil mientras andaba. Aunque quería ver a Lucy, sus pacientes eran lo primero. Ralph MacQuillen contestó al tercer tono, visiblemente nervioso. —Ralph, soy el doctor Dragneel.
Natsu calmó al señor MacQuillen y le dijo que se reuniría con ellos en el hospital. Momentos después salía del aparcamiento consciente de que pasarían horas antes de que pudiese hablar con Lucy, pero centró su mente en el embarazo de la señora MacQuillen.
Unas horas antes, Lucy había llamado a Natsu a la clínica, pero le habían dicho que había salido. Mientras salía corriendo de casa para tomar el autobús para ir al trabajo se había preguntado dónde estaría, y había abrigado la esperanza de que esa tarde fuera a verlas a Charle y a ella. No tenía clase, y desde hacía tres semanas se había acostumbrado a contar con verlo cada vez que tenía la noche libre. «Me pregunto si eso significa que tenemos una relación», se preguntó. Sin embargo, esa tarde las horas pasaron y Natsu no apareció. Decepcionada, Lucy bañó a Charle y le leyó un cuento antes de apagarle la luz. Sola en el salón, fue pasando de un canal a otro pero no encontró nada interesante que ver. Echaba de menos a Natsu. Finalmente se quedó en una cadena donde estaban poniendo una serie de misterio, y trató de concentrarse en la historia para no pensar en él. Pasaban unos minutos de las diez de la noche cuando alguien llamó a la puerta con los nudillos.
Lucy echó un vistazo por la mirilla antes de abrir. —Hola —dijo haciéndose a un lado para dejar entrar a Natsu. Él pasó, cerró la puerta y la atrajo hacia sí, apretándola fuertemente contra su cuerpo mientras tomaba sus labios. —Hola —murmuró sin aliento cuando finalmente levantó la cabeza—. ¿Me has echado de menos? Lucy se rió. —Apenas hace veinticuatro horas de la última vez que nos vimos, pero sí. Pensaba que vendrías antes. —He estado ocupado —le dijo Natsu—: asegurándome de que tu exmarido no pueda volver a amenazaros ni a ti ni a Charle.
Lucy puso unos ojos como platos. —Natsu, ¿qué has hecho? —frunció las cejas preocupada—. ¿No lo habrás sobornado, verdad? No quería que cedieras a su chantaje. Si le has ayudado a conseguir un puesto en la clínica nunca podrás fiarte de él. —No he hecho lo que quería que hiciera —la tranquilizó Natsu. Metió una mano en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero y sacó dos hojas dobladas que le entregó—. Esto es para ti.
Confundida, Lucy tomó los papeles y los desdobló mientras Natsu se quitaba la chaqueta y la arrojaba sobre la mecedora. Lucy leyó los documentos dos veces sin dar crédito a lo que veían sus ojos. Estaban firmados por Dan, y en ellos se establecía que renunciaba a sus derechos parentales hacia Charle y que aceptaba la posibilidad de que fuera adoptada. —No sé qué decir —murmuró aturdida—. ¿Cómo has convencido a Dan para que firmara esto? —Sencillo —respondió él—. Le amenacé con convencer a los colegas de otros centros para que no lo contrataran —se encogió de hombros—. Tengo mis influencias, y él lo sabe, así que accedió a renunciar a Charle — apretó la mandíbula—. A cambio le he prometido que no haré que lo veten en ningún sitio. De todos modos, no creo que hubiera encajado en el Instituto Fairy. —Oh, Natsu… —los labios de Lucy temblaban y sus ojos se llenaron de lágrimas que amenazaban con rodar de un momento a otro por sus mejillas. —No llores, cariño —Natsu la atrajo hacia sí y Lucy hundió el rostro en el hueco de su cuello mientras él le acariciaba el cabello—. No sé si estás preparada para oír esto, pero necesito decirlo: quiero casarme contigo y adoptar a Charle.
Ella echó la cabeza hacia atrás y su mirada buscó la de él. Los ojos jades de Natsu brillaban con fiera convicción. —Di que sí, Lucy. Ésta es la primera vez que me enamoro, y sé que no tengo que seguir buscando. Quiero compartir mi vida contigo —sus brazos la apretaron. —Yo no sabía… No sabía que me querías… —murmuró ella. Natsu esbozó una media sonrisa. —Pensaba que no estabas preparada para oírlo. Además, nunca había sentido esto por nadie; pensaba que era obvio que estaba loco por ti. —Para mí no —murmuró Lucy—, pero tal vez fuera porque yo también estoy loca por ti. Los dedos de Natsu acariciaron sus brazos. —Me alegra que digas eso —dijo con un suspiro de alivio—. Porque si me hubieras dicho que no me querías no sé qué habría hecho. No tenía un plan B. —¿Y cuál era tu plan si decía que sí? —inquirió ella sonriente. Alzó la cabeza para besarlo en el cuello, e inspiró el aroma de su colonia. El corazón le palpitó con fuerza. —Esperaba que me llevaras a tu cama —le respondió él en un susurro —. No te he presionado porque sabía que te habías prometido que Charle nunca se despertaría y te encontraría en la cama con alguien, y respeto esa decisión. Pero si vamos a casarnos, y espero que sea lo antes posible, no quiero dejarte esta noche. —¿Y después de esta noche? —inquirió ella. —Quiero que os vengáis a vivir conmigo. Mi casa es muy grande — dijo Natsu acariciándole la mejilla con el pulgar—. Di que sí, Lucy. No quiero pasar ni una noche más sin ti. —Sí —respondió ella con una sonrisa y con la vista nublada por las lágrimas—. Sí, me casaré contigo. Natsu sonrió también y sus ojos se iluminaron. —Me siento como si hubiese ganado la lotería —la besó en la boca—. A Charle le encantará vivir con Happy, y Happy se pondrá loco de contento de tener a Charle allí.
—Nos va a costar separarlos por las noches —dijo ella. —Yo voto por que no libremos esa batalla: pongamos a Happy en su habitación —propuso Natsu. —Qué bien conoces a Charle —dijo Lucy riéndose. Con decisión, dio un paso atrás y tomó su mano. —Ven a la cama conmigo, Natsu —murmuró, saboreando las palabras—. Y quédate hasta mañana por la mañana. Cuando Charle se despierte desayunaremos los tres juntos y le daremos la noticia.
Los ojos de Natsu se oscurecieron de deseo, y ella lo condujo al dormitorio, a su cama, la cama en la que había dormido sola desde antes de que Charle naciera. Pero ya no volvería a dormir sola. Natsu compartiría su cama igual que se había adueñado de su corazón. Mientras él le sacaba la camiseta por la cabeza y se inclinaba para besarla en los labios, Lucy sintió que la embargaba la emoción. Natsu le había dado todo lo que no había tenido nunca: a su lado se sentía feliz, a salvo, valorada y amada. Justo antes de que él acabara de desvestirse y de desvestirla a ella y de que se tumbaran en la cama, Lucy se prometió que lo amaría siempre y lo haría tan feliz como él la hacía a ella. Un brillante horizonte, lleno de promesas, se extendía ante ellos. Parecía que por fin había encontrado a su príncipe azul.
Fin
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Hola minna, les hablo desde el mas allá, uhhhhh, es broma, les hablo desde mi cuarto en un universo paralelo en el que actualizo más rápido y veo más anime, en pocas palabras este universo se llama fin de semana y no temporada de exámenes, aunque en realidad los inicio el lunes /7-7/, en fin como dije este es el capítulo final de nuestra cenilucy, se me solicito volver a hacer una adaptación, como saben solo cambio los nombres por nuestro personajes y sus características físicas, pero en fin quería preguntarles cual libro quiere de adaptación, pondré 3 opciones y la más votada será aquella que se adapte, deja el summary abajo o si quieren un libro en específico pueden pedirlo.
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7 años para pecar de Silvia Day. Ranked: M +18
Cuanto mayor sea la resistencia…
Hace siete años, en la víspera de su boda, la educada Lady Lucy Heartphilia fue testigo de una escena licenciosa que ninguna joven inocente podría imaginar. Sorprendida, y extrañamente excitada, guardó silencio sobre el escandaloso Natsu Dragneel, y caminó por el pasillo como se esperaba. Pero a lo largo de los años de un matrimonio sereno y sin complicaciones, la imagen de Dragneel quedó grabada a fuego en su imaginación, alimentando los sueños más ilícitos… … más dulce será la recompensa.
Natsu huyó a las Indias Occidentales de la tentación que suponía esa debutante con el fuego de la pasión en sus ojos. Ahora como exitoso comerciante, tiene poco en común con ese joven libertino que ella conocía. Pero cuando Lucy, la reciente viuda, sube a su barco para un viaje transatlántico, el trabajo para ocultar el placer durante esos siete años, se mantiene bajo control solo por unas capas de seda y la certeza que sucumbir los consumiría a ambos
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Sucedió Por Casualidad de Ally Blake (T +18)
Cuando Lucy se dio cuenta de que había intercambiado el teléfono móvil con otra persona sin darse cuenta, supo cómo terminaría aquello: volvería a la ciudad, realizaría un intercambio de teléfonos con algún hombre mayor y barrigón y seguiría su camino. Pero se había equivocado, porque el hombre en cuestión era Natsu Dragneel, un millonario increíblemente sexy fuera de su alcance. Lucy había renegado de los hombres hacía mucho tiempo, pero con un tipo tan atractivo, ¿cómo iba a negarse a su perversa, seductora y sumamente indecente proposición?
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Una noche, dos hijos de Kathie Denosky (M+18)
Lucy Heartphilia estaba embarazada y el padre no aparecía por ningún sitio... hasta que un día se presentó de repente en su despacho. Natsu Dragneel, multimillonario y propietario de una cadena de hoteles, era el hombre con el que había tenido una aventura en Hargedon. ¿Cómo iba a confiar en él cuando le había mentido sobre su identidad y la había abandonado sin decir nada? Natsu no había olvidado a la belleza que le había dado siete días de felicidad. Pero encontrarla esperando gemelos suyos fue una sorpresa... como su negativa a casarse con él.
