Disclaimer: Evidentemente esto no me pertenece, si no estaría tan cagada en plata que mi autoestima sería mas alto, entonces subiría mas contenido semanalmente.

Capítulo 3: El veneno de su saliva

Gritos ensordecedores salían de la garganta del mago con gafas, siendo sostenido firmemente por Lupin. Pero Hermione no podía oír esos gritos debido al estado emocional rajado que tenia entre manos, mejor dicho entre neuronas.

Él, su mejor amigo, con las venas del cuello a punto de explotar, regalándole a la muerte de Sirius gritos desgarradores.

Y la miró.

Ella, una bruja desconocida, con los rasgos finos y marcados, mirando la escena con seriedad para luego esbozar una sonrisa seguida de una risita, por el final de una existencia que era de su propia sangre.

Harry salió disparado como una flecha hacía Bellatrix, toda la sala estaba en silencio.

Sin previo aviso, la batalla reanudó, con más coraje de parte de toda la Orden. La joven bruja se sentía sucia, como si hubiera profanado su honor por mirar y desear a la mujer mayor. Recurrió a pelear, con impotencia, furia y dolor para purificar su mente.

Deseando la mirada de la bruja negra, Reducto. Deseando el perfume, Stupefy.

Las lágrimas caían por sus mejillas camuflándose con el sudor, mirando fijamente al mortífago enmascarado con el que peleaba, escuchaba el rebote de esa voz lejana.

—¡Yo maté a Sirius Black! — Una risá demente retumbó—. ¿Vienes a buscarme?

Entre el sudor, las lágrimas y la voz de Bellatrix cantando, Hermione sintió como si se derritiera junto con su corazón. A pesar de todo lo ocurrido, el anhelo y el interés, no habían desaparecido.

En el baile que era esa batalla interminable, llegaron aurores para ayudar, ella fue corriendo con Ron detrás para encontrar a Harry. En su inconsciente intentaba no pensar que ella estaría ahí, para su suerte (o desgracia) no lo estaba. Solo Voldemort, desapareciendo y un grupo alejado. Podía ver a Fudge, Percy, Dumbledore, y a su amigo Harry en el suelo. Era hora de volver.

Por fin tocaban las vacaciones, lo único que quería era alejarse del mundo mágico por unos meses, eso era suficiente. Eso no quería decir que iba a dejar de estudiar, claro que no, su pasión era la absorción de conocimientos. Los días pasaban en calma, trataba de pasar tiempo con sus dos familias, sus amigos y sus padres, evitando todos los pensamientos extraños. Los únicos momentos en los que se encontraba sola con sus problemas eran las horas de dormir y las horas de estudiar. Manejaba muy bien su concentración para no tener que soportar el hecho de que padecía de ansiedad. Una ansiedad peligrosa que la llevaba acumulando la necesidad irresistible de volverla a ver. Una de esas noches de estudio, su mente se desató, y los pensamientos enjaulados rompieron la cerradura, escaparon.

—Mamá, tengo que hacerte una petición —Dijo parada frente a la cama de sus padres.

—¿Es sobre la salida de mañana? —Respondíó la Sr. Granger mientras cerraba su libro y lo dejaba en la almohada de su marido.

—.Si y no —dudó un segundo—. Bueno, quizás si — Frunció el ceño mirándose los pies.

—¿Recuerdas esa perfumería que esta sobre la calle principal?

—Como olvidarlo. No te quedabas atontada frente a una vidriera desde el día que se estrenó Juego de Tronos — Hermione le dedicó una sonrisa y continuó, titubeante.

—Es que...bueno, necesitaba encontrar el nombre de un perfume del cual solo recuerdo el olor... — Se enrojeció jugando con su cabello, como si estuviera confesándole algo inaceptable.

—Eso llevaría toda una tarde, incluso con una descripción acertada, ¿lo sabes, verdad?— Le dirigió una mirada inquisitiva a su hija.

—¡Lo sé! Pero no creo que nos tome tanto, y necesito tu ayuda, te prometo que llegaremos justo para vestirnos e ir a la fiesta —La mirada de perrito de seis meses dio resultado.

—Esta bien, ya sabes lo que pasa cuando usas esa cara —Musitó la señora mayor.

Luego de un beso en la mejilla, se dirigió a su alcoba, victoriosa a la luz de la luna. Lo había conseguido. Sin embargo, la perseguía un sentimiento de humillación. Ella sintió la necesidad imperiosa de volver a oler a la bruja oscura solamente por leer en un libro de historia de la magia el apellido Black.

Se sintió frágil, impulsiva, descontrolada. Casi tan inmanejable como su cabello al despertar.

Miró su cabello, ya había sobrevivido a la noche y se notaba. Observó el reloj de pared, eran las ocho en punto de la mañana. Luego de un arreglo general, dientes, cabello, ropa y comida, se hicieron las doce del mediodía y tenía que ir a la perfumería. En el camino, su madre se detuvo a mirar zapatos, ella decidió avanzar hasta su destino para que más tarde su progenitora la alcance.

Al ingresar miles de olores impactaron de lleno contra sus fosas nasales, era un lugar sumamente fino, de clase. Había unas cuatro mujeres en total recorriendo las góndolas, probablemente esas mujeres eran mucho mas afortunadas que ella, ya que de todas las tiendas de Londres, justo en esa, tenía que estar la rubia de ojos azules.

—Increíble verla en una tienda de esta categoría, Granger —El veneno en su saliva era casi tan espeso como el de Bellatrix.Y el olor que desprendía no era menos tampoco. Había sido escupida, salpicada por la lengua viperina de Narcissa Malfoy.

Quiero pedir unas disculpas a todos los lectores, pero sentí realmente que lo que hice no tenia valor alguno y dejé de entrar. Hoy entré y vi las 11 reviews y me dió pena por los que lo leían porque se como se siente dejar algo abandonado. Entonces decidí continuarlo. Gracias a todos por las buenas vibras. Por cierto, ¿les parece bien que maneje a Narcissa de una forma merameante provocativa hacia Jermayoni?. Si no les parece bien vayanse a la mierda, porque a mi si.