Disclaimer: No tengo nada, soy pobre. Los personajes no son míos, la saga literaria no es mía, ni mi vida es mía porque soy presa de mi misma. Todos los derechos para Rowling, que no se enoje, porque se que no aprobaría esta historia asquerosa.

Capítulo 4: Gran problema

Increíble verla en una tienda de esta categoría, Granger.

La situación era incómoda, Hermione no sabía si responder: "si, lo mismo digo" o quedarse callada. El quedarse callada era una opción, Narcissa Malfoy no la atacó directamente por su estatus sanguíneo. Y, si solo la desprecia, ¿para que se acercó a hablarle?. Ahí mismo, Hermione formuló su pregunta.

— ¿Que quiere, Narcissa?—. La miró, y al finalizar la frase apretó los dientes suavemente, dejando que su mandíbula se marcara un poco mas. En ese momento, tuvo una idea brillante que permitió que todo su odio se retirara momentáneamente. Sus expresiones faciales cambiaron, abrió los ojos dandose cuenta que tenía la solución justo a un metro de distancia.

Narcissa arqueó una ceja, debido al cambio facial de hermione.

—Yo...me disculpo— inhaló preparando mentalmente un explosivo que iba a lanzar en forma de pregunta.

— I-imagino que sabe lo que pasó con...su hermana, y...la batalla—. El explosivo estaba puesto, solo había que encenderlo. Tomó otro poco de aire, y exhalo. Narcissa esperaba pacientemente a que termine su oración.

— ¿Que colonia usa?— lo encendió, cabizbaja.

— Que...colonia...usa...— Narcissa separó las palabras con la ceja arqueada que mantuvo desde el cambio radical de la joven bruja, con una mano en la cintura y la otra sosteniendo un bolso, probablemente de gran valor.

Hermione recolectó su valentía del suelo y se erguió, tapando sus labios inferiores con los superiores, un claro tic nervioso para Narcissa, la cual comenzó a reír de manera sofisticada, sin hacerse notar, con mirada pícara. Explotó todo.

Se acercó lentamente al oido de la intelectual maga y le susurró:

— Miller Harris, de Jane Birkin.

La respiración de la bruja mayor fluía con calma contra la oreja de Hermione, la cual con un hilo de voz susurró un 'gracias' a penas distinguible, sobreviviendo a la "explosión". La rubia sin decir nada se alejó, retirándose del local con media sonrisa.

Hermione, en el limbo, reflexionó: si la fragancia de Bellatrix era toxina, la de Narcissa era veneno. No quería ni pensar en la de Andromeda, así que se puso en marcha.

Rememorando el nombre, y repitiendolo como buena aprendiz, (incluso con temor a pronunciarlo mal) consiguió la "toxina" tan deseada. Al darse media vuelta para dirigirse a la salida, se topó con su madre.

— Por la rapidez, puedo intuír que compraste cualquier perfume—. Sonrió con seis bolsas cargadas, tres en cada mano.

— Por la cantidad puedo intuír que compraste cualquier cosa—. Le dedicó una media sonrisa, ambas terminaron riendo. ¿Que sería de ella sin su madre? Una imagen de Harry vino a su mente, seguida de Neville. Y de Neville, a Bellatrix. Su sonrisa se fue escurriendo, hasta desaparecer.

— ¿Y esa cara tan larga? ¡Lo conseguiste y quiero saber cómo!— Preguntó con entusiasmo mientras caminaban por la calle centrica y recurrida. Hermione se apresuró a inventar algo, no queria nombrar a la matriarca Malfoy.

— No vas a creerlo, pero solo con el olfato pude reconocerlo en un catálogo reducido, es un perfume muy vendido—. Lo mencionó como si fuera algo que ni ella pudiera creerse.

— Eso demuestra que la persona que lo llevaba te dejó marcada. Y de buena manera, ¿no?—. La señora Granger la codeó. Hermione se empezó a poner colorada, clasico de ella.

— Deja que te ayude con esas bolsas, mamá- desvió el tema, quitandole tres de las seis bolsas.— ¿Que es lo que compraste, por cierto?

— ¿Como pensabas ir a la fiesta? ¿En chanclas?— Hermione rió, pero su madre dió un contra ataque. — ¿Quién es el afortunado?.

De nuevo en la misma historia.

Las horas transcurrieron, al anochecer, Narcissa con una copa de vino en la mano derecha recostada en un lujoso sofá de cuero, decidió compartir con su hermana la información del día.

— Entonces, mi hermana tiene una admiradora—. La rubia meneaba la copa de vino tinto, la bebida giraba sobre su propio eje.

Bellatrix estaba parada, mirando hacia la ventana en silencio. Una sonrisa se le extendió. Narcissa no pudo ver su sonrisa, pero se la imaginó. Lo que no podía imaginar era que se le pasaba por la cabeza a su hermana mayor.

—Cissy, consecuencias del futuro sobre actos del pasado. Si te apuntan con la varita en la boca, gran problema. Si me joden, gran problema. Si me roban, gran problema. Si me tocan, gran problema—. La mirada era fría, estaba fija en la luna, dandole la espalda a su hermana menor.

Narcissa no entendía. Tenía momentos que podían mantener una charla, pero cuando se trataba de algo que a Bellatrix le afectaba emocionalmente, hablaba en clave. Este era uno de esos casos.

—La sangre sucia, va a tener un gran problema. Se metió en un gran problema. Y tiene cien años de garantía. Voy a disfrutarlo. Va a lamentar la existencia propia.

Bueno, pasaron siglos, y no vale de nada una disculpa. Si mi estado anímico lo permite, voy a seguirlo. Hoy lo permitió. Esta flojo, lo sé, o así lo veo. Espero hacerlo mejor en el próximo.