Un bello odioso y un bestial idiota
Capitulo 11
Nota de autor: No actualizaba esto desde hace un año y esto es debido a que este ultimo año ha sido bastante loco en mi vida personal, solo encontré fuerzas para publicar lo que tanto tiempo estuvo en mis borradores después de que conseguí paz y dejé que todo mejorara. No pienso dejar esto en un hiatus indefinido. Les prometo que lo terminare.
Ojala lo disfruten
La mañana siempre era atareada y todo el mundo se encontraba ocupado en algo, ya sea preparando el desayuno, limpiando las habitaciones y salas, manteniendo el castillo lindo como siempre o haciendo un escuadrón humano para meter al amo en la bañera, pero esta vez la mañana de Nagumo fue diferente. El sol salía e iluminaba todo lo que estaba dentro de su habitación, incluyendo a Suzuno quien dormía plácidamente en su cojín; Nagumo tenía sus ojos puestos en él, con sus grandes ojeras causadas por qué entre tanto voltear para verle y tratar de evitar despertarlo no consiguió dormir mucho. La puerta se abrió y Nagumo se levantó de su cojín para volver a su actuación de amo misterioso mientras veía por el balcón.
—¿Está despierto tan temprano?— Sakuma entro a revisar a ambos hombres.
—Sí, no dormí muy bien anoche. ¿Podrías traer café?
—Enseguida. Por cierto ¿Ha visto a Kidou?
—No ha pasado por aquí hoy
—Es extraño, por lo general hace la revisión de la mañana a las seis en punto, ya casi son las siete y nadie le ha visto
Hizo una reverencia para ir a buscar el café y cuando volvieron a dejarles solos Nagumo pensó que quizá podría seguir jugando el peligroso juego de ver quien le atrapaba primero, alguno de los mayordomos o el mismísimo Suzuno.
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Haruna había empezado a asustarse cuando su hermano no aparecía, todo el mundo le buscaba por el castillo y hasta en los alrededores y ni pista de él, y nadie pensó siquiera en buscarle en su habitación porque simplemente Kidou no es un hombre que pierde la rutina y menos infringe su propio horario, pero alguien debía revisar.
"Si no está allí, tengo completo derecho caer en pánico" era lo que repetía en su cabeza mientras caminaba
Iba casi corriendo, sostenía su vestido para no tropezar, pero cuando estuvo a punto de llegar a la habitación la puerta se abrió y ella se escondió al ver que la persona que salía de ese cuarto era Fudou, lo vio hablando con una sonrisa en la cara y parecía como si no quisiera irse; noto que llevaba encima de sus hombros un abrigo negro que le pertenecía a su hermano y que andaba descalzo, cuando Fudou desapareció del pasillo ella corrió y tocó la puerta rápidamente, ansiosa por ver que su hermano estuviera bien. Su hermano abrió la puerta y ella se lanzó a sus brazos.
—Buenos días Haruna
—¡Nos tenías preocupados!— vio a los ojos de su hermano y él sonrió con cariño por la expresión que albergaba su hermana —Hemos estado buscándote por todos lados y no aparecías, pensamos que te había pasado algo… ¿Por qué no estás listo aún?
Kidou aún se estaba poniendo su chaleco y corbata, apenas y estaba peinado. Haruna vio como dudaba sobre qué decirle hasta que puso su mano en su cabeza.
—Se me hizo tarde, lo sé, lo siento. No dormí mucho ayer; pero sé que todos siguieron con normalidad la mañana sin necesidad de que estuviera ahí
—El desayuno ya está servido, Aphrodi y Hiroto ya comieron y ya se lo llevaron a Suzuno y al amo…. ¿Pero que hacia Fudou en tu recámara?
La joven dama no le dio muchas vueltas al asunto, sabía que con su hermano era preferible ir directo al punto y Kidou sintió que su cerebro se quedaba en blanco. Abrió la boca para hablar pero pensó bien lo que diría.
—El… vino a buscarme al igual que tú, y me estaba entregando algo que… Aphrodi me envió
—¿Pero por qué estaba aún en pijamas, descalzo y con uno de tus abrigos?
—Al parecer él también durmió de más y vino corriendo hacia acá así que le ofrecí mi abrigo para que no cogiera un resfriado. Deja de interrogarme, es de mala educación
La criada le sonrió con vergüenza, se disculpó por hacer tales preguntas a su propio hermano y se retiró con la excusa de que debía limpiar algunas habitaciones. Kidou volvió a su habitación para terminar de alistarse y empezar a trabajar y mientras arreglaba las sábanas de su cama vio una pequeña cinta negra caer al piso, era la que Fudou usaba para recoger su cabello y la cual tomó entre sus dedos y guardó en el pequeño bolsillo de su chaleco para poder devolvérsela a su dueño en el transcurso del día. Haruna recorrió los pasillos hasta llegar a una de las salas que le tocaba arreglar y, como si lo hubiera llamado con el pensamiento, Kogure estaba allí.
—¿Qué haces dentro del castillo?
—Me aburrí de esperar que Genda bajara de la montaña y Tsunami está hablando con las vacas de nuevo, así que vine a buscar algunos libros y confío a que no le dirás nada a tu queridísimo hermano ¿verdad?
Haruna levantó su meñique —Tienes mi palabra
Kogure volvió a escoger libros del estante que se encontraba en esa sala y Haruna empezó a desempolvar las cortinas. La ocupación de Kogure en el castillo era parecida a la de Fudou, un ayudante, solo que Fudou era más el chico de la cocina y Kogure el chico que ayudaba en el granero y al cazador cuando este se lo pidiera; por lo que no era muy fan al igual que Tsunami y Genda de estar en el castillo. Kidou tampoco se sentía feliz cuando decidía entrar simplemente a gastarle bromas al resto del personal, en especial a su hermana, por lo que desde que estuvo obligado a aceptar su regreso le había pedido el favor de que no pasará de la cocina, o al menos que no lo consiguiera recorriendo los pasillos libremente. Era algo con lo que Kogure podía vivir. Una pequeña conversación nació entre ambos mientras cada quien estaba ocupado en lo suyo.
—Estaba pensando en hablar que ya va siendo tiempo de que intentemos liberar a nuestro pájaro
—¿Nuestro pájaro?— Kogure guardó uno de los libros en el librero.
—Pues sí… Tsunami nos dijo que debíamos cuidarlo juntos para disculparnos apropiadamente
—Yo no tuve nada que ver, tú fuiste quien golpeó al pobre con la escoba—dejó salir un gran suspiro y se acercó a la criada—Y si recuerdo bien, intentabas golpearme a mí
—Si…. Por cierto, pensé que deberíamos ponerle un nombre o algo—Evitó el tema y Kogure también decidió dejarlo allí.
—No te encariñes mucho, tendremos que dejarlo en libertad
—Pero al menos podríamos enseñarle a John a volar
—¿John? ¿Es en serio?— Bufó ante la idea de ponerle un nombre tan serio a un pequeño pájaro que tenía más cara de Robert a su parecer.
—Vamos, es divertido, algo más que hacer además de la rutina
—Si… La rutina—su mirada vagó en la portada del libro—¿No quisieras salir del castillo algún día?
Haruna dejó de desempolvar un jarrón y volteo hacia el sofá donde Kogure se había sentado. Ahora su siempre traviesa expresión había sido cambiada por una bastante seria.
—¿A qué te refieres? A veces bajó a la aldea y-
—Me refiero a ir más lejos, quizás al mar, no has ido desde que cayó esta maldición sobre nosotros
—Por supuesto que no, soy una criada y mi deber es estar aquí, en el palacio, donde se me necesita. No creo tener mucho poder en cambiar eso
—Yo creo que te equivocas.
Kogure se levantó y con algo de recelo tomó con cuidado la delicada mano de Haruna, quien se sorprendió al tacto de esa mano que no recordaba tan áspera como lo era ahora. Levantó la mirada de su mano y la puso en Kogure, quien era de su misma estatura por lo que ambas miradas chocaron de inmediato.
—Puedes ir a donde quieras, hacer lo que deseas…. Al menos ahora las mujeres pueden hacer eso, adoraría que vieras eso
No había palabra alguna que pasara por su cabeza en ese momento y menos con Kogure acercándose a ella en la forma que lo hacía. Antes de balbucear algo la puerta se abrió y ambos, al igual que Kazemaru, se vieron entre ellos sin saber qué decir.
—Bueno… Esto es incómodo—Kogure soltó la mano de Haruna y tomó su libro—Dile a tu hermano que no se vuelva muy loco porque me llevé esto
Le sonrió como siempre hacía cuando no buscaba gastarle una broma y se fue de la habitación luego de despedirse de Kazemaru quien casi tropezó con sus palabras. La puerta se cerró y el mayordomo pestañeo un poco y luego sonrió para sí mismo antes de acercarse a Haruna.
—Vine a decirte que te estaban buscando en la cocina
Haruna lo vio y asintió con sus mejillas tomando un poco de color—Enseguida iré… Pero creo que me estoy enfermando
Tocó con la puntas de sus dedos sus enrojecidas mejillas junto a una mirada incrédula, Kazemaru le dedicó la sonrisa más comprensiva en todo el mundo.
—Quizás estás trabajando mucho. Relájate un rato
Ella asintió y agarró sus cosas para irse de la habitación junto a Kazemaru quien hablo de cualquier trivialidad para distraerla de lo que había pasado.
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Tsunami se encontraba en una de sus tareas favoritas de todos los tiempos: Recoger huevos.
—¡Brunhilde tuviste 7 huevos esta vez, que productiva!— Acaricio a la gallina blanca en su lomo para distraerla mientras que con su otra mano sacaba con cuidado los huevos —Solo dos más que las demás, pero Eva y Lisa casi te alcanzan
—Les pones nombres bastante curiosos a los animales
—Quizás porque no pienso en ellos como simples presas— Tsunami le sonrió de forma honesta a Genda quien solo rodó sus ojos en dirección a Kogure quien se encontraba sentado en un montón de paja con la vista pegada en un libro.
—¿Y él que tiene?
—No lo sé— Tsunami agarró a la gallina y la dejó fuera del granero junto a las demás —Está así desde que llegó hace un rato
—Estoy seguro de que no ha cambiado la página desde que llegué
Y exactamente eso era lo que pasaba, Kogure seguía en la misma página del prólogo del libro, con la cara enrojecida y la cabeza llena de réplicas a sí mismo por haber actuado de tal manera con Haruna hace solo algunos momentos. Cerró el libro y golpeo su frente con la portada dura antes de acostarse completamente en el monte de paja.
—¿Nos tenemos que preocupar?— Genda tenía el ceño fruncido y Tsunami seguía sonriendo para equilibrar algo el ambiente.
—No creo que después de la reprimenda que le diste por lo de la serpiente se sienta muy cómodo con tu consejo… ¿Preferirías ayudarme a ordeñar las vacas que me faltan?
—Solo si dejas de hablarles como si fueran tus amigas
—¡Son mis amigas!
Tsunami siguió su camino y Genda dudo; realmente prefería fingir que no le importaba escuchar a Tsunami parlotear con las vacas y ellas, de vez en cuando, respondiendoles, a tener que ayudar a Kogure en cualquier problema que tuviera él solo sin el apoyo de nadie, no era el mejor en temas personales o al menos no lo era con alguien que no fuera Sakuma. Él era la única persona por la que podría aceptar que luego de tanto tiempo en verdad se sentía incómodo al estar rodeado de personas y prefería vivir por su cuenta en las montañas. ¿Era un ermitaño? Quizás uno de los mejores; ¿Se arrepentía? De vez en cuando veía las luces del castillo apagarse por las noches desde su cabaña en las montañas y sentía un gran deseo de estar allí; discutir con Kidou era de lo más divertido, estar en la cocina y ver como todo lo que cazaba era preparado exquisitamente. No era fan del té pero sí le gustaba entrar en las conversaciones de los mayordomos de vez en cuando y añoraba las charlas nocturnas con Sakuma. Extrañaba a Sakuma más que a nada y le atormentaba saber que la carne pronto se acabaría así que debería volver a la montaña quizás durante un mes entero, ya que el invierno haría más difícil la caza. Fue difícil para él aceptar que ya no quería seguir estando solo.
—Llévalas a la cocina— Genda volvió a la tierra cuando Tsunami le entregó dos cubetas llenas de leche fresca.
Las tomó y se dirigió al castillo, en la cocina se encontraban Toramaru y Tobitaka tomando café luego de su desayuno y Endou lavaba los platos. Dejó la leche en el mesón y asintió cuando Endou le preguntó si quería una taza de café mientras que se secaba las manos al terminar con los platos. Empezó una conversación sobre el almuerzo entre el personal de la cocina y Genda prefirió continuar con su café.
—Deberíamos dejar el ganso para la cena
—¿Cuántos quedan?— Pregunto Tobitaka.
—7, y se conservaran bien si traemos más hielo
—De eso me encargo yo— Genda por fin pudo entrar en la conversación —Podría ir luego del almuerzo a la montaña y buscar unos cuantos bloques
—¿En serio? Pero acabas de llegar
—No hay problema, estaré aquí unos días más, al menos hasta que pasen las ventiscas
Toramaru le agradeció y continuó planeando junto a los otros dos el almuerzo; al menos se sintió útil, cuando iba al castillo prácticamente vagaba por los pasillos sin hallar qué hacer hasta que todos se desocupaban, a veces era acompañado por Fudou quien parecía tener la vagancia de profesión pero aún así su trabajo como ayudante le ocupaba al menos la mitad del día o cuando Toramaru le necesitara. No quería estar en el castillo sin hacer nada pero preferiría eso a estar en la montaña durante la helada más intensa que había visto en varios años. Le llamó la atención cuando la puerta se abría dejando ver a Kidou y Sakuma quienes traían consigo la cafetera y unas tazas usadas.
—Yo me encargo— Endou saltó a su deber de inmediato al acercarse al fregadero y empezar a lavar los platos.
—Al fin te dignas a aparecer. ¿Dónde estuviste toda la mañana?
Kidou se quedó callado ante el comentario de Toramaru y como todas las miradas se quedaban clavadas en él, aclaró su garganta y sonrió como solía hacer cuando no quería hablar de un tema.
—Me quedé hasta tarde haciendo la revisión de las cuentas y por eso dormí de más esta mañana, me disculpo si llegue a causar problemas
—No causaste problemas realmente ya que todo el mundo decidió desayunar en su habitación, no necesitamos de nadie sirviendo en el comedor. Pero si le diste un buen susto a tu hermana— Toramaru no indago más y volvió a su libreta donde anotaba sus recetas hasta que recordó algo —Genda, casi olvidé decirte que ayer hice revisión y parece que estamos bien de carne por el resto del invierno
—¿Qué? Pensé que quizás faltaría ….
—Trajiste suficiente la última temporada, y lo que falte es mejor comprarlo en el aldea antes de arriesgarse a que te pase algo en la montaña— Tobitaka tomó todas las tazas vacías y las puso en una bandeja —Deberías aprovechar de quedarte, sería peligroso estar solo en la montaña en esta época
—Me encargaré de pedirle permiso al amo para bajar al aldea. Además, eso sería una gran idea, no estaríamos tan preocupados, ¿Cierto Sakuma?—Kidou vio al mayordomo a su lado quien se sobresaltó un poco y bajó su cara mientras murmuraba un pequeño "Si, suena bien".
Genda juro ver las puntas de las orejas de Sakuma enrojecer y estuvo a punto de decir algo hasta que la puerta trasera se abrió y Fudou entro cubierto de nieve. Su capucha roja se encontraba llena de nieve al igual que sus botas así que pisó fuerte en la entrada para quitarse la nieve de encima y levantó la mirada para saludar a todos en la cocina.
—Esto se encuentra bastante lleno para después del desayuno ¿No?— se quitó la capucha de la cabeza y puso una canasta llena de hongos y hierbas en la mesa —Aquí está lo que me pediste Toramaru y me asegure que tuvieras el doble de todo porque no pienso salir de nuevo a la montaña con esa ventisca
—Sería mejor que no lo hicieras, voy a prepararte algo de té—Endou le sonrió y Fudou, curiosamente, se sintió animado y se la devolvió antes de sentarse a la mesa y poner sus manos enguantadas bajo sus brazos.
—¿Qué pasa con tu estilo de caperucita roja?— El comentario de Genda causó risas en todo el personal.
—Si no fuera porque me tiemblan los labios haría un comentario sobre como tu abrigo te hace ver como un orangután, pero parece que ya lo hice
—Yo solo quería decirte que se te ve de un adorable ánimo hoy
Endou puso una taza frente a él y con unas hierbas y agua hirviendo preparo un buen té que le hizo sentir mucho mejor, aunque aún tenía las puntas de las orejas, la nariz y mejillas rojas.
—Pues me siento de un gran ánimo para el frio que hace— tomó otro sorbo de té y cruzó sus ojos con los de Kidou y este juro que le sonrió con ellos
—Sakuma— el jefe de mayordomos volteo la mirada —Ya que Genda se quedará todo el invierno podrías arreglar una habitación para él, la que está junto a la tuya está disponible
—¿Junto a la mía?— tartamudeó y se mordió el labio antes de recuperar su compostura —Si, no hay problema
—Bien, Fudou, si no harás más mandados para Toramaru bien podrías ayudarme por hoy, si no te molesta
—No hay problema—Toramaru no levantó la mirada de su libreta —Tengo a Endou aquí, eso es suficiente
—Búscame en la biblioteca principal cuando te repongas
—Será todo un placer—le sonrió de una forma diferente a la usual risa sarcástica que era su fiel compañera cuando Kidou le decía que tenía que trabajar con él. Hoy se veía de lo más feliz por eso.
Kidou se retiró junto a Sakuma de la cocina. Fudou tomó otro sorbo al té caliente con el resto del personal de la cocina y Genda se le quedó mirando por su extraño buen ánimo, sobre todo luego de regresar de una ventisca.
—¿Tengo algo en la cara?
—Estas completamente rojo— Tobitaka le vio con sospecha —¿Por el frío no?
Fudou tapó su sonrisa con sus dedos —¿Por qué más podría ser?
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Suzuno nunca había añorado tanto tomar un baño caliente como lo hizo esa mañana que tuvo que salir de la habitación de Nagumo cubierto con la colcha porque el estúpido vestido, camisón, o lo que sea, le dejaba mucha piel descubierta y no ayudaba nada que el frío incrementara con el pasar de los días.
Agradeció a Dios por Midorikawa quien ya tenía listo su baño cuando llegó a la habitación; se sumergió varias veces en la bañera y aún si fue caprichoso de su parte, tocó varias veces la campana para pedir más agua caliente y así poder disfrutar más tiempo del baño de burbujas con esencia a rosas. El mayordomo le ofreció un masaje pero Suzuno prefirió quedarse un rato solo con sus pensamientos. Lo que había pasado ayer en la recámara de Nagumo fue algo que no se había imaginado haciendo hace un mes, o solo a un par de horas de haber mostrado su lado más débil frente a él, aceptó sentir pánico al darle el libro pero ver el cuidado que tenía cada vez que volteaba una página le hacía sentir un calor en el pecho que nunca pensó que Nagumo sería capaz de causar en él. Acepto ser su amigo y le gustaba la idea de que habían personas que querían ser sus amigos, por muy poco normal que fuera su situación, no imaginó que le tomaria cariño a las personas que trabajaban en su… Ya ni siquiera sabía si podía llamar "prisión" al castillo. Quizás sintió miedo al principio, y mucha incertidumbre, quizás no podía dejar de pensar en cómo estaría su familia, pero lo que sí sabía era que ellos eran fuertes y que él también debía serlo, y que ahora estaba completamente seguro de que nadie le haría daño en el castillo. Tocó la campana y Midorikawa se apareció por la puerta del baño.
—¿Necesitas algo?
—Quiero salir ya… ¿Te gustaría tomar el té conmigo?
La reacción de Midorikawa fue mejor de lo que esperaba. Sus bronceadas mejillas tomaron un color rojizo y sus ojos brillaban más que las estrellas en la noche, al igual que su sonrisa.
—¡Me encantaría!— tomó la bata de baño y fue hasta la bañera para ayudar a Suzuno a salir —Iré a que hagan las preparaciones y vendré por ti luego de que te vistas, te recomiendo usar guantes
El mayordomo salió sonriendo y Suzuno se felicitó a sí mismo, fue la primera vez que dijo algo con intenciones de hacer a alguien diferente de él feliz, y lo hizo porque quiso, no porque eso lo haría mejor persona si lo hacía. Secó su cabello con una toalla y tomó la ropa más la capa azul y los guantes negros que habían dejado para él en su cama; Midorikawa tocó a la puerta y Suzuno estaba listo para ir junto a él mayordomo a donde planeaba pasearle hoy; pasaron junto a las escaleras del primer trágico accidente y detuvo a Midorikawa para preguntarle algo.
—Ese día me querías llevar a algún lugar. ¿Qué hay allá arriba?
El mayordomo se tensó un poco y una pequeña sonrisa de Suzuno le ayudó a calmarse —Por lo general muebles rotos y mucho polvo, pero hay un pasadizo secreto que lleva a un observatorio en la cima de una de las torres
—¡¿Es enserio?! ¡¿Tienen telescopios aquí?!
La emoción de parte de Suzuno le sacó risas a Midorikawa.
—Sí, pero es mejor ir de noche, quizás esta noche podamos ir luego de la cena
—…Sería increíble, pero sigamos, se enfriará el té si seguimos hablando
Midorikawa no pudo ver la cara de Suzuno pero supo que estaba avergonzado por esa demostración de emociones tan repentina. Midorikawa le siguió todo el camino con una sonrisa.
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El bolígrafo chocando contra el papel y el pasar de las páginas del libro que Gouenji ojeaba de vez en cuando era lo único que se escuchaba en el despacho del doctor. Su ayudante decidió hacer lo mismo que él con los libros nuevos de medicina que había buscado hace unas semanas en la aldea que se encontraba en la falda de la montaña. La diferencia entre Fubuki y Gouenji en ese instante era que uno de ellos parecía prestarle más atención a los textos en el escritorio que a la persona que se encontraba al otro lado de la sala.
Desde el acontecimiento del día de ayer Fubuki estaba completamente sumergido en esos segundos que parecieron eternos cuando Gouenji decidió besarlo, en la justificación que le había dado y en cómo siguió actuando con normalidad el resto del día y también por la mañana. Fubuki perdió el sueño tratando de conectar puntos y aún si la respuesta era extremadamente obvia él no quería aceptarla, ya que no sabía si él sentía lo mismo.
—¿Podrías pasarme las jeringas?
Cuando Gouenji hablo, actuo como si nada le hubiera exaltado, fue hasta la repisa donde guardaban varios de los elementos médicos sin usar, tomó una caja metálica blanca y la puso en el escritorio donde Gouenji estaba escribiendo.
—¿Para que las usaras?
—Creo que sería bueno empezar a vacunar de nuevo— Abrió la caja y contó con la vista cuantas agujas esterilizadas habían —No podemos arriesgarnos a que pase algo grave si llegamos a quedar atrapados en el castillo por la ventisca, aún más con Suzuno quien es más propenso a-
—¿Morir?— su voz era cortante —Si, bien pensado— se dio la vuelta y regresó de nuevo a sus libros.
—¿Acabas de molestarte porque no quiero que Suzuno muera?— volteo la cabeza a un lado para ver con gran confusión a Fubuki quien le daba la espalda.
—No lo sé, parece que ahora a todos les agrada ese chico tan grosero— Fubuki estaba sorprendido por la amargura de sus palabras, mas no se detuvo —Y como en cada momento se enferma o se lastima parece que ahora es tu persona favorita
Cuando cerró la boca, sorprendido por lo que había dicho, sintió la mano de Gouenji en su hombro que le volteo y luego la otra en su frente midiendo su temperatura.
—Detente por favor
—¿Por qué actúas así? Ser celoso no es normal en ti
—No tengo razones de estarlo—apartó la mano del doctor de un golpe y logró sacarle una sonrisa a Gouenji.
—Sabes que puedes ser completamente honesto conmigo
—Siempre me dices que eres médico, no psicólogo ¿Por qué intentas serlo ahora?— fue tan cortante que se disculpó tan rápido las palabras salieron de su boca y llegaron a sus oídos.
—Me preocupa que una persona que es usualmente dulce este amargado de la nada
Un pequeño sonrojo causado por el cumplido cubrió su nariz y soltó un gran suspiro para aliviar tensión.
—No es realmente nada, quizás es cansancio
—Está bien, por cierto, escuche que Tsunami bajará a la aldea hoy ¿Podrías comprar más jeringas y algo de antibióticos?
Gouenji le dio una lista con todas las cosas que necesitaba y Fubuki solo asintió, el doctor se dirigió de nuevo a su escritorio pero regresó casi de inmediato.
—¿Quizás te sientes atacado al ver que un chico con rasgos físicos parecidos a los tuyos está llamando más la atención que tú y por consiguiente, arrebatando tu lugar en el castillo?
Pestañeó tres veces y luego frunció el entrecejo —¿Estás leyendo libros de psicología otra vez verdad?
Gouenji prefirió desviar la mirada —Estaba algo aburrido ¿Pero acerté?
—Quizás. Pero él y yo no nos parecemos, él tiene el pelo blanco y yo gris, él ojos azules y yo grises también. ¡Y él es más alto y tiene una terrible personalidad!— volteó sus ojos y tomó aire para calmarse —Comparado con él, soy un ángel, si no es mucho alarde así que no, no me siento atacado
—Me preguntaste si pensaba que era mi persona favorita… En específico si era la mía
Aún si lo hubiera tratado de evitar, de cualquier manera hubiera terminado cayendo en el pequeño juego mental de Gouenji en algún momento.
—Creo que él es más bien la persona favorita del amo…— sus labios temblaron un poco.
Gouenji pasó su mano por su cabello rubio y lacio y lo ató con una cola de cabello —Está bien, me pondré a trabajar. Pero sabes que tu eres especial para mi, de eso no hay duda
Fubuki volvió su cabeza a sus libros y prosiguió a fingir que leía mientras que en su cabeza rondaban miles de cosas que no se atrevía a decir en ese momento.
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Kidou se encontraba quitando el polvo de los jarrones pero cada cinco minutos volteaba lentamente la cabeza hacía la puerta, esperando a que Fudou pasara por ella. Podría ser poco profesional de su parte, y antiético también el estar pensando en alguien más de la manera que lo hacía en ese momento, mientras trabajaba, pero aún si realmente solo trabajara para tres nobles que la historia debió de haber olvidado hace mucho -y uno de ellos era mitad perro- él debía crear algún tipo de estabilidad, fue lo que le enseñaron cuando solo era un niño y lo que le permitía levantarse cada mañana; solo que esa mañana no le importó para nada que el sol saliera y él siguiera en la cama, que sus pensamientos no fueran cómo llegar a crear un día sin problemas y que de nuevo fuera la hora de dormir, no pensaba en nada que no fuera ese mismo instante donde, aún medio dormido, pasaba sus dedos por el sorprendentemente suave cabello de Fudou. Si pensaba en cómo había estado llevando su vida privada hasta ahora le sorprendía lo deprimente que era, porque comparada con lo que había vivido y sentido aquella noche y esa misma mañana, se podría decir que ya entendía lo que vivían todos los personajes de tantas novelas románticas que había en el castillo y que era con lo que la mayoría ocupada su tiempo libre. Solía encontrar tales novelas tediosas y sin sentido. Esos libros que hacían que su hermana y los demás se emocionaran, y que les dejara tener la leve sensación de algo que jamás poseerán completamente.
Quizás la maldición que había sobre ellos era tan cruel que le gustaba ilusionarlos con la idea del amor para así nunca sentirlo. Dejó salir un pesado suspiro con una temblorosa risa, se sentía completamente afortunado y nunca en su extremadamente larga vida tuvo la ocasión de decirse a sí mismo que debía empezar a dar las gracias a quien sea que le dejó tener este sentimiento que, según dicen los libros, hace que te suden las manos, que tu cabeza de vueltas, pierdas la respiración y sientas una angustia abrumadora, lo cual Kidou no encontraba para nada placentero. Aún con todos estos agobiantes síntomas no pudo evitar sentir algo de alegría cuando a su memoria regresaron imágenes del culpable de su actual agonía, de cómo rodaba en la cama y ahora en vez de ver su espalda desnuda tenía frente a él su cara, con una expresión pacífica y Kidou disfrutó verle luchar con la luz del sol que se colaba por la ventana hasta que despertó.
Se topó con esos ojos que casi hicieron que se delatara en la cocina hace solo unos minutos pero que recordaba que en ese momento no podía dejar de ver, y sabía muy bien que Fudou no podía dejar de ver los suyos tampoco. Su ensoñación fue interrumpida por ligeros golpes a la puerta que hicieron que Kidou volviera a la tierra; dijo un silencioso "pase" y aún si estaba feliz rondando en sus recuerdos prefería ver a la persona que le causaba tales emociones en ese momento; cuando cruzaba por la puerta aún usando un gran abrigo rojo que le resguardaba del frío y entraba a la sala, Kidou juró verle dando saltitos cuando se acercaba hacía el.
—Pensé que eras del tipo de personas que escondía sus sentimientos
Fudou no evitó la sonrisa que se formó en sus labios —Pero si hoy dijiste que me veía lindo cuando sonrío
Mordía el interior de su mejilla para tranquilizarse —¿Estás jugando conmigo? ¿O en serio te encuentras tan contento porque te dije eso?
—No hay por qué ponerse a la defensiva— la sonrisa se borró levemente.
—Lo lamento— se disculpó de inmediato —Es que no actúas como tú mismo
—Quizás estaba cansado de estar amargado todo el tiempo ¿No crees?— cruzó sus brazos y frunció el ceño —Además, Gouenji siempre dice que sonreír nos hace mucho más sanos
—Bastante para alguien que no sonríe mucho
El comentario le sacó una gran risa a Fudou que silencio con su mano al escuchar lo fuerte que fue, se apenó algo y se sorprendió a sí mismo por estar actuando de una forma tan recatada alrededor de Kidou.
—Detén eso. Sé que es raro de mí hacer una broma pero no tienes por qué actuar así
Fudou aclaró su garganta y asintió aún con algo de pena, intento buscar su mirada con sus ojos pero solo consiguió que él se alejara unos pasos de él; ahí noto que quizás él no era el único que se sentía abrumado por tales síntomas que explicaba de forma burda el romance. Tanto él como Fudou eran nuevos en esto y estaban tratando de hacer cosas que hicieran feliz al otro, lo que en verdad le hizo darse de cuenta que Fudou en verdad le amaba.
—¿Qué necesitas que haga?— Tomó algo de valor y le vio a los ojos.
—Solo que me ayudaras más tarde con la platería…— sacó de su bolsillo la cinta negra y cuando Fudou la vio su mano fue directo a su cabello suelto —Dejaste esto en mi habitación
—Sí, quizás no la hubiera olvidado si no la hubieras arrancado de mi cabello anoche— Trató de ocultar su vergüenza con un comentario y una falsa sonrisa ganadora.
—Si fui el culpable, dejaras que te la ponga de nuevo
No le dio tiempo a Fudou de responder porque Kidou se acercó a él y pasó ambas manos por su cuello, sacando su cabello del cuello de su abrigo. Kidou sabía que aparentaba estar calmado, aun cuando su corazón no lo estuviera, y Fudou hacía un esfuerzo por que no le afectara en nada lo que Kidou hacía.
—Soy un perfeccionista, ya lo sabes, por eso es que siempre quise hacer esto
—¿Peinarme? Tienes gustos raros, tendré que empezar a cuidarme
—Te lo recomiendo— esbozó una sonrisa que dejó sin palabras a Fudou.
Usó sus dedos para arreglar la siempre desastrosa melena del hombre y deseó no tener sus guantes puestos, pero hizo lo mejor que pudo y le quitó casi todo el cabello de la cara excepto unos mechones que tapaban algo de su frente y dejaban ver más sus ojos, su nariz pequeña y labios finos. Hizo una fuerte cola de caballo para darle una apariencia prolija y limpia, quizás esta vista sea única, quizás Fudou la odiaría y nunca dejaría que le volviera a tocar el cabello, pero para él Fudou se veía atractivo por lo que puso una mano en su hombro y la otra en la parte trasera del cuello de Fudou y lo besó. Fue rápido, solo un choque de labios, era lo que Kidou se permitía a sí mismo durante horas de trabajo.
—Ve abajo y empieza a sacar la platería por favor. En unos minutos bajare
—Claro— no titubeo, ni se molestó o se sonrojo, solo sonrió levemente de nuevo y sin siquiera verse al espejo salió de la habitación.
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El castillo y sus jardines eran hermosos, eso lo tenía que reconocer, y aún no se decidía cuál era su lugar favorito, la biblioteca podría mantenerlo ocupado hasta sus últimos días y no leería todos los libros que allí se encontraban; también estaban cada una de las salitas de té donde podía relajarse leyendo, pero en ese momento su lugar favorito era él invernadero ya que aún con una gran capa de nieve en el techo que impedía que los rayos de luz del sol iluminaran completamente las plantas, ese pequeño jardín se veía y se sentía como si fuera primavera.
—¿Traigo más galletas?
La voz de Midorikawa le hizo regresar a tierra, a recordarle que justo frente a él estaba un chico que se veía más o menos incómodo por no hallar qué decir. Recostó su cabeza en el dorso de su mano y le vio a los ojos.
—¿Nunca te han dicho que pareces un niño?
—Creo ser más maduro que un infante, pero si, me lo dicen a menudo
Ambos tomaron de su té y Suzuno decidió no dejar morir la conversación.
—Hay algo en ti que me hace creer que nunca dirías algo para hacerme daño— la expresión cambiante en cara de Midorikawa le cauSó gozo —Algo puro y honesto. Los adultos no son así
—No lo creo, cuando me molesto me considero bastante odioso, pero gracias. ¿Fue un cumplido no?
—Eso creo— lo que le dijo le llamó la atención, quería ver esa otra cara de Midorikawa en algún momento —No soy muy bueno en esto de tratar bien al prójimo
El mayordomo sonrió tras su mano que andaba desnuda como le gustaba aún con el frío invierno que había.
—Lo hiciste a tu manera lo cual lo hizo encantador
Suzuno volvió a verlo fijamente y le sonrió
—Pero esto es raro… No sabía que podías alagar a las personas, ¿Algo bueno pasó?
"Algo bueno" Pensó, y no pudo evitar que el recuerdo de Nagumo leyendo para él fuera lo que cruzara por su memoria.
—¿Puedo confiarte algo? Algo que no le podrás decir a nadie, de ninguna manera. Lastimaría mi ego.
Midorikawa bajo su taza con cuidado y asintió en silencio.
—Ya sabes que pase toda la noche con Nagumo— se calló por un segundo al escuchar lo mal que sonaba eso, pero Midorikawa era incapaz de pensar en que algo hubiera sucedido esa noche —Nagumo me pidió algo
—¿Algo importante?
—Quiere que sea su amigo, y le dije que sí— Actuó como si no fuera la gran cosa, más recordar a aquel hombre cuando le pidió eso lograba que su corazón se acelerara.
—¡Eso es increíble!— el sonrojo regreso a sus mejillas mientras sonreía de una manera que estaba incomodando a Suzuno —¡Pensé que lo odiarías por siempre!
—Oye, nadie ha dicho que lo quiera o algo por el estilo
—¿Pero no son amigos ahora?
Tomó un sorbo de su té para no tener que responder al instante y notó que Midorikawa frunció el ceño.
—¿Mentiste?
—No soy tan despreciable… acepte por qué cuando lo vi a los ojos vi a un niño solitario que no sabía cómo arreglar sus errores. Me vi a mi mismo reflejado en él
—¿Sentiste alivio al hacerlo luego de lo que paso ayer?
—Me provocó cierta nostalgia. Ojalá alguien me hubiera pedido ser su amigo de la manera en la que él lo pidió cuando era más pequeño
El mayordomo dejó salir un suspiro y sus hombros tensos se relajaron —Sabes, si no fuera por esta maldición, el amo nunca te hubiera conocido. Es como si fuera obra del destino
La sonrisa de Midorikawa era diferente, esta escondía algo, y antes de que Suzuno pudiera indagar fueron interrumpidos por Hiroto quien les saludo y se unió a su pequeña reunión. La expresión de Midorikawa cambio suavemente al verlo llegar y tan rápido Hiroto se sentó a la mesa Suzuno se convirtió en el mal tercio. Esos dos hablaban de cualquier cosa que les pasara por la cabeza con tal facilidad que Suzuno sintió sus esfuerzos por mantener una conversación un desperdicio. Mientras hablaban, solo se veían a los ojos; para ellos Suzuno ni estaba allí y eso le irritó.
Fingió una fuerte tos y ni siquiera con eso llamó la atención de ninguno de los dos porque su conversación sobre lo lindas que estaban las flores era mucho más importante. Suzuno se sirvió el mismo otra taza de té, así no perdía el hábito; comió dos galletas y bostezo varias veces hasta que le vino a la cabeza algo sobre su conversación con Nagumo la noche anterior.
—Hiroto, tú qué sabes tanto del tema, ¿Me recomiendan alguna novela erótica de tu colección?
Habló lo suficientemente alto para que ambos le escucharan y para ver la reacción de Hiroto, quien se ahogó mientras tomaba un poco de té. Midorikawa le daba leves palmadas en la espalda y le ofrecía un pañuelo.
—¿Quién te dijo eso?— hablaba mientras reía y trataba de no ver a Midorikawa.
—Ayer tu primo y yo hablábamos sobre cosas y sin querer me comentó que tenías una buena colección de libros en tu habitación, una privada
—Sí, eso es cierto, más no son libros eróticos— intentó ocultar su vergüenza tras una sonrisa —Al menos… no la mayoría
—Pero es interesante ¿Tu sabías Midorikawa?— ahora su foco de atención era el mayordomo quien se había mantenido callado hasta ahora.
—Sabía que tenía una colección para él solo más no sabía el contenido
Suzuno se regocijo al ver a Hiroto incómodo, no tenía nada contra él pero sí quería aprovechar la situación.
—No importa— Midorikawa le sonrió —Todos tenemos nuestros gustos especiales, no hay porque juzgar eso.
El regocijo de Suzuno duró poco porque al momento de que Midorikawa se metiera de nuevo a la conversación, ambos volvieron a compartir tiernas miradas y a ignorarlo.
—¿Qué demonios hay entre ustedes dos? ¿Están enamorados o algo?
Al escucharlo los dos se dieron cuenta de que no estaban disimulando nada, como se supone que habían decidido actuar frente a Suzuno para que no se diera cuenta del plan del personal del castillo. Vieron hacia lados diferentes y Suzuno lo supo al instante.
—No puede ser. ¡Es cierto! ¡Ustedes están enamorados!— no se había sentido tan emocionado en semanas y ni siquiera sabía por qué —¡¿Cómo es posible?!
—¡No sabes de lo que hablas!— La risa incómoda acompañaba la voz de Midorikawa.
—Exacto, solo somos buenos amigos
—Los buenos amigos no se ven como si quisieran quitarse la ropa entre ellos
—¡Nosotros no hacemos eso!— gritaron ambos al mismo tiempo, cruzaron miradas, y luego las apartaron bruscamente tratando de disimular un inconfundible sonrojo.
—Solo era un comentario. Pero algo que encuentro completamente curioso es que hayan estado vivos durante tanto tiempo y… ya saben... ¿Se han relacionado a un nivel más íntimo entre ustedes? para eso no necesitan sentimientos
Suzuno no sabía de dónde sacaba esas preguntas pero toda la gama de expresiones que pasaban por las caras de Hiroto y Midorikawa eran oro, como ver a los mejores actores del mundo mostrando todo su repertorio emocional; hubo un momento donde juró ver a Midorikawa empalidecer tanto como la nieve que cubría los jardines del castillo.
—Esas preguntas—Hiroto aclaró su garganta —Son bastante privadas
—¿Significa que si lo han hecho? ¿Con personas del castillo?
—¡No! ¡Nunca!, aquí todos somos como familia— Midorikawa siguió riendo para ocultar sus nervios.
—Entonces ¿Cómo?— los tenía a ambos entre sus dedos y estaba disfrutando mucho de preguntarles sobre algo que sólo le empezó a interesar hace unos segundos.
—Digamos que siempre se puede viajar a las aldeas cercanas si quisiéramos. Somos humanos después de todo— Hiroto se tranquilizó para no darle tanto gusto a Suzuno de verle incómodo —No todos aquí lo han hecho, por lo que es bastante privado, y el querer relacionarse con alguien del castillo de esa manera es simplemente peligroso. Somos como un pueblo chico, todos nos conocemos demasiado y se sabría fácilmente
Suzuno se sorprendió con la franqueza de Hiroto y decidió dejar de molestarle —Sí, sé a qué te refieres con lo de los pueblos chicos— tomó de su té y desvió la mirada.
—Bueno, fueron bastantes emociones fuertes para la mañana— Se levantó de su asiento y arregló su abrigo azul —Si me disculpan debo ir a hablar con Tsunami
—¿Van a hacer algo?— preguntó el mayordomo.
—Parece que bajará a la aldea antes de que la tormenta descienda más así que le daré una lista de cosas que necesito para destilar más malta y unos cuantos cereales que me faltan
—¿Destilar malta? ¿Haces bebidas alcohólicas?
—Sí, sobre todo whiskey, un pequeño hobby que tome luego de varios años. Como tengo todo el tiempo del mundo para ver el licor añejarse a la perfección decidí hacerlo por mi cuenta— sonrió levemente—Pensé que ya lo sabías, ¿No me pediste una botella?
—Lo había olvidado por completo…
—No te preocupes, debí de haberlo recordado yo, ¿Qué prefieres? ¿15 años? ¿18?
—No lo sé, lo único que he tomado es vino y como escuche maravillas de tu licor pensé en preguntarte.
—Ah sí, me hubiera gustado tener viñedos aquí, pero por mucho que Tsunami y yo intentamos, las uvas sabían amargas. Pero si eres novato y es tu primera vez abriré un barril de 18 años para ti, de mis favoritos.
—Por supuesto que lo es…—el tono cortante en la voz de Midorikawa sorprendió a ambos hombres y Suzuno, al verle molesto, recordó muy bien para que quería una botella de whiskey. Sonrió tan ampliamente que le causó escalofríos al mayordomo. Hiroto no entendió aquel intercambio de miradas hasta que recordó aquel día que Midorikawa le había explicado por qué Suzuno quería una botella entera de whiskey.
—Ah…. Ryuuji tú…
—Ni aunque te lo comente me pudiste salvar de esta— Suspiró y se levantó, vio su reloj de bolsillo y lo volvió a guardar en su pantalón—Con permiso, voy a ayudar con el almuerzo.
Hiroto solo le vio marcharse y Suzuno podía escuchar como en su mente se decía que era un idiota y sintió lástima.
—No le voy a obligar a beberse toda la botella— quiso levantarle el ánimo y Hiroto solo le sonrió— Quizás podemos compartirnos la botella entre todos a la hora de la cena.
—Buena suerte dejando que Kidou te deje alterar el menú— dejó salir un gran suspiro—Lo mejor es que me retire.
—Iré contigo, no he visto a Alice hoy
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Todos los presentes en la cocina estaban sentados en la mesa donde compartían todas sus comidas, viendo fijamente a Fudou ir de un lado al otro, dándole los toques finales a la sopa del almuerzo y cortando unos vegetales, sin darse cuenta de lo que los demás hablaban a sus espaldas.
—Lo vi y no lo creí— exclamó Sakuma.
—Se ve tan diferente peinado así— continuó Kazemaru.
—No es solo su peinado— interrumpió Genda—Desde esta mañana está actuando diferente a lo usual.
—¿Viste como hablaba con tanta tranquilidad con Kidou mientras que pulían la platería?—Tachimukai no podía quitarle los ojos de encima a Fudou.
—Pensé que estaba molesto con él, ambos tenían más de un mes evitándose—Tobitaka entró en la conversación.
—¡Quizás hablaron y se amistaron otra vez!—Endou no pudo evitar sentirse feliz al ver que cualquier problema que hayan tenido ya había sido resuelto.
—¿Amigos? No iría tan lejos
—Vamos Sakuma—Endou se apoyó en la mesa y se acercó más al mayordomo—Se veían muy bien juntos, y creo que es la primera vez que veo a Fudou sonreír de esa manera.
—Se veía algo lindo— Tobitaka cruzó sus brazos y sonrió pero la atmósfera placentera fue interrumpida cuando Toramaru, quien había estado callado todo este tiempo, golpeó las manos contra la mesa y asustó a los presentes, logrando sacar a Fudou de su ensoñación.
—Ya es suficiente, todavía hay cosas que hacer y debemos prepararnos para el almuerzo que es en media hora— Se levantó y junto a él los tres mayordomos quienes se dirigieron al salón comedor.
El chef fue hacia la estufa y probó la sopa que Fudou término de condimentar y la encontró perfecta, y hasta más sabrosa que otros días.
—¿Qué le agregaste?
—Un poco más de perejil y un poco de romero para el aroma ¿No te gusta?
Casi nunca podía ver a Fudou a los ojos, casi siempre porque evitaba la mirada de los demás cuando no quería retarlos o su delgada cara se encontraba escondida detrás de su frondoso cabello, así que fue una experiencia nueva ver su reflejo en la mirada algo expectativa de Fudou y solo sonrió y negó con la cabeza.
—Esta deliciosa, ¿Podrías encargarte de lo demás por hoy?
—¿Te sientes mal?— frunció levemente el ceño— Es raro de ti el abandonar las comidas a la mitad.
—Me encuentro bien, gracias por la preocupación— sonrió ante la inquietud que mostró hacía él, algo raro de su parte—Solo quisiera salir de la cocina un rato.
El joven asintió lentamente al verlo dejar su delantal guindado detrás de la puerta de la cocina, abrirla e irse en silencio. Antes de que Fudou continuará con la comida Tobitaka llamó su atención.
—¿Toramaru salió a buscar algo?
—Me dijo que quería salir a dar una vuelta o algo así. Me dejó a cargo del resto del almuerzo
Volvió a sus deberes y Tobitaka sintió una pequeña inquietud al ver a Toramaru irse de la cocina sin siquiera mencionarlo. Últimamente había estado dando muchas vueltas alrededor del castillo. Pensó en ir a buscarlo pero Endou le llamó para pedirle ayuda con algo y termino distrayéndose de nuevo en el trabajo.
Toramaru recorrió el castillo un rato, como si nunca lo hubiera visto antes, pero esto era porque en realidad casi nunca dejaba los jardines o la cocina; durante un invierno como este era difícil salir a jugar en la nieve y tenía que mantenerse en el castillo. Le era difícil concentrarse y pensar por un momento mientras estaba rodeado de tantas personas, así que se concentraba en el trabajo para no tener que pensar en sí mismo, buscando excusas para no tener que tocar el tema de sus sentimientos. Suspiro levemente y subió hasta el consultorio de Gouenji, tocó la puerta y cuando esta se abrió el doctor le vio sorprendido.
—¿Qué haces por aquí cuando falta poco para el almuerzo?
Alzó los hombros y los dejó caer con pesadez—Quería huir un rato—No quiso cruzar su mirada con Gouenji y este entendió perfectamente.
Puso su mano en la espalda del chico y le hizo entrar—Creo tener unas galletas escondidas en algún lado, ¿Necesitas hablar?
—No… ahora no.
El hombre asintió y vio a Toramaru sentarse en el marco acojinado de la ventana, donde casi siempre se sentaba cuando tenía algún problema del cual no podía hablar, solo se quedaba allí viendo por la ventana el cambiante paisaje. Gouenji puso una caja con galletas de canela junto a él y le sirvió algo de leche fresca que Fubuki le había llevado hace poco y se sentó en la silla junto a la ventana y frente a él. Solo le miró durante un rato, comió unas galletas y se llevó el vaso de leche a la boca varias veces hasta dejarlo hasta la mitad, siempre con la mirada en los copos de nieve que caían. Cuando terminó su leche limpió su boca con su pañuelo y luego de guardarlo en el bolsillo de su chaqueta marrón su expresión pacífica cambio lentamente a un ceño fruncido y un mohín infantil.
—¿Por qué tengo tantas ganas de golpear a Tobitaka en la cara?
La pregunta tomó a Gouenji de sorpresa, pero ya se imaginaba que él causante de las inquietudes de Toramaru fuera Tobitaka.
—¿Hizo algo malo para que merezca que le amenaces?
—Dijo que Fudou era lindo— montó ambos pies en el marco de la ventana y abrazó sus piernas para esconder sus mejillas ruborizadas tras ellas.
—Pues Fudou es bien parecido, ¿Te molesta que diga la verdad?
Gouenji estaba jugando con fuego ya que al momento que dijo esto la mirada de Toramaru se puso más violenta de lo que ya estaba.
—No es eso. Es solo el hecho de que desde que se lo que siento por él he hecho lo máximo por tratar de descubrir si el siente lo mismo que yo. He tratado de hablar con él aún más de lo que solía hacerlo, hice lo que Aphrodi me recomendó de sonreír a su alrededor, ¡Hasta me he peinado diferente!— Señaló su cabello y unos mechones despeinados que caían sobre su frente —¡Solo para que me trate como siempre y ahora que Fudou se aparece con el pelo fuera de su cara y diga que él es lindo!
—Me suena a que estas celoso
Toramaru quería seguir quejándose pero Gouenji le quitó el gusto al momento de decir lo que era obvio. Se tomó el resto de la leche y saltó de nuevo al piso para irse.
—No te molestes conmigo por decirte lo que es— Gouenji se paró frente a él para evitar que se fuera.
—Tengo cosas que hacer
—Te lo repito, todo será más fácil si le dijeras cómo te sientes.
—No—se dio la vuelta y cruzó los brazos—No quiero que me rechacen.
El doctor suspiró y empujó a Toramaru hasta uno de los sillones junto a la ventana para luego sentarse frente a él
—¿Qué te hace pensar que te va a rechazar?
—¿Qué te hace pensar a ti que va a decir "Si, Toramaru, yo también te amo"?
La incertidumbre de si sería o no estaba estresando a Toramaru con cada día que pasaba y hacía lo mejor para evitar sentirse ansioso, o al menos no demostrarlo; salirse tanto de la cocina no era normal y sabía que estaba llamando la atención de los demás al hacer esto, ¿Pero que podría hacer?, no se atrevía a actuar como lo hacía cuando no sabía de sus propios sentimientos y no tenía el valor suficiente para ir a ver si en realidad lo que sentía era recíproco.
—No tengo una respuesta para eso
—Claro que no— se hundió más y más en el sillón— Nadie puede saberlo, y si llegaran a fallar en su plan para ser mortales de nuevo y él me dijera que no…
—¿Preferirías vivir una eternidad con la duda de si te quiso?
—Quizás es una mejor opción a una eternidad con el corazón roto
El punto al que el joven quería llegar era lógico, pero, para sorpresa de Gouenji, no llegaba a entenderlo. Si la persona de la que él está enamorado estuviera frente a él, no dudaría en decírselo, era un impulso que entendía no podía ser controlado, por esa misma razón fue por la cual había besado a Fubuki.
—Al final es tu decisión, pero te recomiendo que lo hagas, otras personas lo han hecho ya y te pueden decir que es muy liberador—se recostó del espaldar del sillón y sonrió con su vista perdida—Se ven tan felices que vale la pena el riesgo.
Toramaru se levantó de un salto al escuchar eso, se imaginaba que él no sería el único en el castillo que pasaba por tan incómoda situación, pero que otras personas hayan progresado más que él le causaba hasta más celos que los que pudiera sentir por Tobitaka halagando a alguien que no fuera él.
—¿Quiénes?
—No sería correcto de mi parte decir… Pero si quieres un buen y honesto consejo sobre qué hacer deberías hablar con Endou.
Se quedó en su lugar, dudando de que hacer hasta que le agradeció a Gouenji por las galletas y se fue de la habitación, casi chocando con Fubuki al salir.
—Estaba bastante apurado, ¿Sucedió algo?
Gouenji se levantó y suspiró— Nada por lo que valga la pena preocuparse mucho. ¿Hablaste con Kidou?
—Sí, me dijo que hablaría con Nagumo durante el almuerzo y después de eso un grupo bajaría al aldea.
—Está bien, y otra cosa ¿Te molestó que te haya besado ayer?
Fubuki se encontró sin saber que decir por un momento pero la expresión preocupada de Gouenji le traía algo de calma.
—No realmente… Solo que no me gusta que me usen de conejillo de indias
—No era un experimento.
Una campana sonó en la habitación e interrumpió a Gouenji; Fubuki no pudo escuchar lo que le había dicho.
—Parece que el almuerzo está listo, tengo ganas de comer con todos hoy
Se sonrieron el uno al otro y Gouenji prefirió decir lo que tenía en mente en otro momento.
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El almuerzo constaba de sopa y unos emparedados con carnes frías, Suzuno se sintió algo cómodo con esta comida que le trajo algo de nostalgia la cual se marcó en su cara.
—¿No te gustó?
Levantó la mirada para ver a Nagumo y le sonrío.
—No es eso… Comida tan sencilla como esta me recuerda a los picnics en primavera.
—¿Solías hacerlos con frecuencia?
—Un poco.
Hablo bajito y oculto su cara sin pensarlo, Nagumo luchó para poder verlo por encima del gigantesco arreglo floral y rápidamente notó algo, estar tan lejos en una mesa donde había espacio suficiente era molesto. Muchas veces cuando hablaban a la hora de comer debían de repetir lo que decían ya que la distancia entre ellos no ayudaba nada; no se había molestado mucho en remediarlo porque sabía que no podía acercarse a él con familiaridad, era su secuestrador después de todo, pero algo dentro de él le gritaba "Ve con él", y eso hizo. Llamó a Kidou con un gesto de su mano y le dijo que tomara la sopa, él tomó los emparedados y su copa y se levantó para caminar justo hacia el asiento junto a Suzuno.
—¿Te molesta que me siente aquí?—intentó actuar duro ya que la expresión sorprendida de Suzuno junto a la de Kidou y los demás mayordomos le hizo consciente de lo que hacía
—No realmente— lo vio sentarse y empezar a comer cuando Kidou puso la sopa frente a él.
—Entonces, picnics, ¿Te gustan?
La forma en la que Nagumo trataba de mantener la calma enterneció a Suzuno quien le sonrío y asintió.
—Bastante, solía hacerlos con Miki y luego con mis hermanos. Era lindo ver como las flores florecían y leer bajo los árboles.
—¿Y estaban sentados en el pasto?—se inclinó hacia Suzuno con una mirada llena de interés.
—Sí, sobre una sábana, así son los picnics.
—Los míos no… Si recuerdo bien, a mis padres y a mí siempre nos perseguían los mayordomos y un grupo de aristocráticos lame botas. Eran algo molestos—susurró para que Kidou no le escuchara.
—Era necesario que le siguieran amo— Kidou, al otro lado de la mesa, se mantenía sereno—¿O es que usted, como noble, podría arreglarlo por su cuenta?
Kazemaru aguanto la risa y Tachimukai tembló porque nada le asustaba más que Kidou vs Nagumo.
—Está bien—Nagumo se reclinó en su asiento—Esta la ganas tú.
El jefe de mayordomos dio una pequeña sonrisa y continuó a retirar los cubiertos y platos que Nagumo dejó al otro extremo de la mesa.
—El no teme a decirte la verdad
—Nunca, desde que éramos niños lo recuerdo así de estirado… Nunca quiso jugar con nosotros ¿Verdad?—Se dirigió a los mayordomos quienes sonrieron algo incómodos
—¿Tu jugabas con los hijos del personal?—Este descubrimiento llamó mucho la atención de Suzuno.
—Pensé que era obvio luego del accidente con Midorikawa. Era hijo único y mis padres eran realmente gentiles, nunca trataron a nadie como si fueran menos.
—Por eso les respetamos mucho— Kazemaru entró en la conversación.
—Aunque siempre se enojaban cuando duques y condesas venían e intentaban tratarnos como servidumbre— Tachimukai sonrió y rasco su cabeza— Aunque eso es lo que somos.
—Sus altezas no aceptaban el maltrato—Kidou decidió hablar por igual—Eso es todo. No los creo capaces de llamarnos servidumbre y luego dar grandes bailes para nosotros y el reino.
—Suenan como grandes personas.
Nagumo no notó que había hablado con tanta facilidad de sus ya fallecidos padres—Sí, lo eran. Pero aun así lo único divertido de los picnics era jugar en los jardines… Deberíamos organizar uno.
—No lo creo muy probable ya que estamos en invierno y una tormenta amenaza.
—Cierto...
El tema terminó allí y ambos volvieron a comer y a discutir de cualquier cosa que quisieran. Al terminar el almuerzo sus platos les fueron retirados pero Kidou se acercó hacía Nagumo antes de que se fuera junto a Suzuno a la biblioteca.
—Debemos buscar medicinas y cualquier otra cosa que necesitemos antes de que la tormenta descienda de la montaña, así que Tsunami y Fubuki piensan bajar a la aldea.
—Sí, Aphrodi me comentó que iría con ellos, yo no tengo problema alguno.
—Es raro de ustedes el salir del castillo—Suzuno señaló eso con algo de curiosidad.
—Ninguno es muy fanático de salir del castillo… ¿Quisieras tu ir con ellos?
La mano de Kazemaru chocó contra la copa vacía de Suzuno al sorprenderse por lo que Nagumo le había ofrecido. Tanto Tachimukai como Kidou se encontraban igual que Kazemaru, y Suzuno no reaccionó hasta que terminó de procesar lo que Nagumo le había propuesto. Parecía un chiste que tú captor te preguntará si querías salir a pasear un rato.
—¿Qué intentas?
—Nada, sólo pensé que te gustaría ver otra aldea además de la tuya ¿Quieres ir o no?
Empezó a jugar con sus largas uñas y Suzuno siguió sospechando de él
—Si, en realidad me gustaría.
—Bien, Aphrodi me ha dicho que no ha tenido muchas oportunidades de hablar contigo así que este será un buen momento ¿A qué hora saldrán?
—A las 3—Kidou se recompuso cuando Nagumo se dirigió hacia él.
—Tenemos todavía dos horas—Se levantó de su asiento y jaló suavemente la silla de Suzuno para que se levantara—Acompáñame mientras tanto por favor.
El chico asintió lentamente y ambos se fueron del comedor dejando a los tres mayordomos sorprendidos.
—¿Qué fue eso?— Tachimukai fue el primero en hablar— ¿Qué intenta el amo?
—Está jugando un juego peligroso. ¿Qué tal si Suzuno decide irse?
—Ambos cálmense—Kidou se acercó a Kazemaru y Tachimukai—El amo quizás solo estará probando su lealtad.
—Suzuno no se ve como el tipo de persona que le gusta que lo prueben, y seguramente se va a molestar cuando lo descubra— Kazemaru mordió sus labios y suspiró con pesimismo.
—Él es lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de eso y de tomar la decisión correcta—ambos mayordomos se asombraron al ver a Kidou tan preocupado, no fingiendo estar por encima de la situación para calmarles— Al menos espero que esa decisión sea la de quedarse. Hay mucho que perder si él se va.
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Genda veía a Sakuma ir de un lado al otro mientras terminaba de arreglar la habitación donde se quedaría durante el resto del invierno, estaba obviamente agitado tratando de terminar para quizás huir de allí.
—¿Jirou podrías parar?
—No, es mejor que te acomodes de una vez para que salgas con tranquilidad más tarde.
—Sí, pero yo quiero hablar contigo—lo tomó del brazo y le quito las sabanas de las manos para dejarlas en la cama. Le obligó a verle y Sakuma no se veía nada feliz con el hecho de que le estuviera tratando de esa manera.
—¿Cómo está tu brazo?
—¿Me interrumpes por eso?— Se sacudió para que Genda le soltara, desabrocho la muñeca de su camisa y le mostró el brazo—Mira, casi ni hay marca, no tienes de qué preocuparte.
—Ya lo sé, pero también quisiera que no te vieras tan molesto por que me quedaré en el castillo.
—No estoy molesto por eso— se arreglaba la manga de la camisa y volvía a poner el gemelo plateado en la muñeca— Me alivia saber que no estarás solo en la montaña.
—¿Entonces porque has estado tan raro desde que llegué?
—No he estado raro, solo algo ocupado. Si no lo has notado aun, estamos caminando todos sobre hielo debido a Suzuno, si él en verdad es capaz de romper la maldición entonces todos tenemos que hacer lo posible para que eso pase.
—Ya lo sé, pero creo que hay suficientes personas trabajando en eso como para que tú no puedas relajarte por un momento y hablar con tu amigo.
Al momento en que vio a Genda sonreírle puso su guardia baja, suspiró y se acercó a darle un pequeño abrazo. Antes de que Sakuma le soltara Genda le sostuvo con más fuerza.
—¿Podemos quedarnos un rato más así?—Sakuma alzó la vista para verlo confundido— Es que está haciendo frío
—Consigue una sábana— aun con ese comentario, no dejo de abrazar a Genda.
—Esto es mejor—hundió su cabeza en el cuello de Sakuma y esta cercanía que era algo usual entre ambos se sentía completamente diferente, se sentía como algo más.
El calor que ambos compartieron lo sentían único y especial, mas había cierta ansiedad en ambos que era imposible ocultar; Las manos de Genda empezaron a temblar y no sabía si era señal de que ya debía soltar a Sakuma aunque eso no era lo que quería.
—Genda ¿Quieres besarme?
No creía haber escuchado bien y no se atrevió a decirle que repitiera lo que había dicho. Sintió un fuerte golpe en el pecho pero Sakuma no se separó de él.
—Te pregunte si me quieres besar.
—Sí quiero.
Levantó su cabeza y se puso de puntas para pegar sus labios con los de Genda, al separarse rompió el abrazo, agarró las sábanas y puso un mechón de cabello tras su oreja, mostrando un obvio sonrojo.
—No tenemos que hablar de esto justo ahora, puedes pensar sobre esto y darme una respuesta esta noche— como siempre, Sakuma trató de manejar la situación con clase— Si me necesitas estaré en la cocina
Antes de que cruzara la puerta Genda le llamó por su nombre pero Sakuma no volteo a verle.
—No creo que haya mucho que pensar sobre esto— sonreía de oreja a oreja y Sakuma no necesitaba voltear a verlo para saberlo.
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El sonido de la taza de té cuando se destrozó en mil pedazos al caer al suelo trajo un gran silenció a la habitación, silencio el cual Aphrodi, responsable de soltar la taza, terminó al gritar.
—¡Es un idiota!— se levantó de su silla y pisó los pedazos de porcelana con sus botas de cuero
—Calmate, Aphrodi— Kidou dejó de recostarse en la puerta y se acercó a él —La taza no tenía la culpa y quizás el amo tenga una razón para hacer esto
—Déjame repetir lo que nos acabas de decir— Aphrodi se dirigió a todo el personal del castillo que se encontraba en la cocina luego de que Kidou les convocará— Nagumo, quien secuestro a ese chico y lo ha mantenido como prisionero por casi 2 meses ha decidido que es buena idea dejarle ir a pasear, sin pensar que Suzuno podría , no se, tomar esta oportunidad caída del cielo para irse. ¿No crees que eso es estúpido?
—Suena estúpido para mi— Fudou interrumpió la conversación y tomó un sorbo de su té.
—Y lo es—Hiroto entró a la conversación— Entiendo que Nagumo esté sintiendo cosas por él, y por muy incorrecto que suene lo que diré, no puede dejarle ir tan libremente
—Es en verdad una difícil pregunta moral—Tsunami hablo y Genda y Tobitaka asintieron
—Las probabilidades de que escape son 90 de 100… Yo escaparía— Kogure solo se ganó que Haruna le jalara de la oreja por decir eso
—¿Sería el 10% por qué nos quiere? Eso es ser optimista— Fubuki hundió su cara en sus brazos
— Quizás 5% a Nagumo y 5% a nosotros, a Midorikawa en especial — continuó Kogure aún si Haruna le reprochaba
—Quizás debería dejarlo ir
La atención de todos fue hacia Midorikawa que había estado completamente callado desde que había llegado con Hiroto a la cocina. Dejó su taza de té y tenía una expresión calmada en su rostro.
—¿Qué quieres decir Ryuuji?
—Si el lo hubiera querido ya se hubiera ido. Lo intentó esa vez que atacaron al amo y decidió quedarse, ¿Por qué se iría ahora?
Hiroto estaba sin palabras por su respuesta como el resto, y no negó que su corazón latía con más rapidez al escucharle hablar con tanta seguridad
—Midorikawa tiene razón— Endou se veía más serio de lo normal al hablar— Suzuno es inteligente y no es como si alguien lo estuviera vigilando las 24 horas del día, todos los días. De haber escapado ya habría encontrado la manera.
—¿Qué tal si su manera de escapar era ganar la confianza del amo y luego huir?
Luego de que Toramaru señalará ese hecho la habitación volvió a quedarse en completo silencio; Kidou vio las caras a sus alrededores, casi todos se veían desesperanzados, como si todo por lo que estuvieron trabajando fuera en vano y hasta él mismo sintió como su esperanza su acababa poco a poco cuando vio a Fudou sentado en la mesa, observando pequeños pétalos de jazmín flotando en su té y sintió una horrible presión en el pecho; que Suzuno escapara implica que todos los sentimientos que habían nacido dentro de él en ese tiempo se borrarán de nuevo, para todos el amor sería solo un recuerdo otra vez. Fue la primera vez que Kidou no supo qué hacer para mantener la tranquilidad dentro del castillo.
—Yo creo en él— Midorikawa se levantó y sonrió, intentó que su sonrisa fuera contagiosa como siempre— Yo he estado con él todo este tiempo y sé que no abandonaría a Nagumo ahora. ¡Así que mejor vayamos a trabajar!
—Midorikawa tiene razón, los llamé aquí solo para avisarles lo que pasaría — En un cerrar de ojos Kidou volvió a ser el mismo de antes gracias a Midorikawa— Aphrodi y Tsunami, deberían ir a arreglarse para partir. Los demás vuelvan a hacer sus deberes.
Kidou chocó sus manos y se molestó en sonreír un poco, así todos entendieron que lo mejor era seguir con lo que se debía hacer y esperar a ver qué pasará. Cuando todos salieron de la habitación Midorikawa se puso sus guantes y salió de la cocina con los demás , pero cuando intento ir hacia el cuarto de Suzuno, Hiroto lo detuvo en el pasillo.
—Ryuuji espera, necesito saber cómo te sientes en verdad por todo esto.
—Acabo de decir que confió en él, y en cualquiera que sea la decisión que tome
—He notado que te pusiste tus guantes sin que Kidou te lo dijera, haces eso cuando quieres pasar desapercibido por él. Estás preocupado
Hiroto se acercó mientras se quitaba su guante negro y ofreció su mano a Midorikawa quien se tomó su tiempo en quitarse su propio guante y le tomó de la mano. Sintió la suave y cálida mano de Hiroto contra la suya y la sonrisa en su cara se transformó lentamente en una mueca de preocupación.
—Le tengo un gran cariño a Suzuno, pero luego de que le dijo a Nagumo como se sentía y como extrañaba a su familia no puedo evitar pensar que es egoísta de nuestra parte el querer obligarlo a que esté aquí— Hiroto apretó fuertemente su mano y Midorikawa siguió hablando— Pero me da miedo pensar en que si él nos abandona, yo dejaría de estar enamorado de ti, y en lo mucho que lo extrañaré o como se sentirá Nagumo si se va sin al menos decir adiós.
Hiroto no esperó a que terminara de hablar y le abrazó fuertemente con su otro brazo, puso su barbilla sobre su cabeza y le apretó con fuerza contra su pecho a lo que Midorikawa solo acurrucó su cara en su pecho y se aferró con fuerza a su abrigo negro.
—Tu mismo lo dijiste, confías en él , así que no hay nada que temer.
Se separaron y sonrieron entre sí, luego Midorikawa recordó lo que Suzuno le dijo durante la hora del té y su sonrisa se hizo aún más grande.
—¿ Que pasa? ¿Vinieron buenos recuerdos a tu cabeza?
—¡ Si! Muy buenas cosas en realidad, te harían muy feliz, pero no puedo decírtelo por qué se lo prometí a Suzuno.
La sonrisa de Midorikawa era sincera y Hiroto no pensó dos veces en bajar su cabeza un poco y besarlo en los labios; aún si tomó a Midorikawa por sorpresa este correspondió el beso pero lo terminó cuando Hiroto , sin pensar, empezó a bajar su mano por su espalda. Tuvo que empujar el pecho de Hiroto para apartarle y entre tartamudeo, habló
—Tengo que ir a arreglar la ropa que Suzuno usará en la aldea así que te veré más tarde.
Midorikawa se fue alejando de Hiroto pero éste no le soltaba la mano y cuando lo hizo, lo dejó ir lentamente y le vio subir las escaleras, lo único que lo sacó de su ensoñación fue Aphrodi quien le agarró por la cintura para sorprenderle.
— ¿Era necesario que hagas eso?
—Te estaba llamando pero no respondias. Hay que ver que el amor te pone estúpido, pero te entiendo, Ryuuji es adorable
Hiroto sonrió y asintió.
—Pero si quieres tocarle el trasero te recomiendo un lugar menos público y quizás si te deje— Aphrodi guiño un ojo con picardía y le sonrió
— Lo tomaré en cuenta. ¿ No deberías ir a arreglarte para irte?— logró acabar esa conversación allí — ¿Qué vas a buscar en el aldea? Casi nunca bajas
—Quería ver que nuevas telas hay, quizás listones nuevos— jugó con su cabello entre sus dedos— ¿ Te traigo algo?
— Estoy bien… Aunque quizás unos dulces me ayudarían.
—¿Para qué quieres-?— se detuvo a sí mismo y golpeó suavemente el hombro de Hiroto cuando se dió de cuenta que los dulces eran para Midorikawa — Me encargaré de traer sus favoritos
Hiroto le agradeció y fue a su habitación. Aphrodi anotó en una pequeña libreta de cuero rojo que llevaba consigo lo que Hiroto le pidió y fue a su habitación mientras revisaba su lista de compras.
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Aún se encontraba sentado en la cama tratando de procesar lo que estaba pasando. Desde que el almuerzo había acabado y pasó un rato con Nagumo leyendo en la biblioteca, Suzuno le había dejado leyendo por su cuenta cuando Kidou se acercó a recordarle la hora. Sabe que aceptó casi de inmediato, pero no entendía muy bien si era posible que Nagumo le estuviera dejando ir tan fácilmente; estaban probando su fidelidad, de eso estaba muy seguro, pero lo que no entendía era por qué no estaba molesto y planeando cómo escaparse de una vez por todas. No entendía ni que estaba sintiendo en ese momento sobre su situación actual; no odiaba las atenciones desinteresadas que le daban, no odiaba a las personas en el castillo, más bien, estaba encantado al ver a tanta gente honesta consigo misma y que siempre velaba por el bienestar de los demás, le recordaban a su pequeño círculo familiar de cuatro personas. ¿Pero odiaba a Nagumo?. Hasta hace poco aún se despertaba en las noches teniendo pesadillas de la noche en la que lo separó de su familia, pero aún así, lo veía con una nueva luz. Lo veía más como humano y menos como monstruo. Los golpes en la puerta le sacaron de su ensoñación y dió permiso a Midorikawa para que entrara. Cuando el mayordomo le sonrió al entrar se sintió algo más tranquilo.
— ¿Ya sabes que usarás para ir al aldea?
Suzuno vio sus ropas y luego a Midorikawa confundido — ¿Qué no estoy vestido ya?
—No para salir, menos con el frío que hace.
Midorikawa fue hacía el closet y sacó un conjunto, unos pantalones de cuero negros y una chaqueta larga vinotinto que cubría una camisa de seda color perla . Se lo mostró a Suzuno y él se levantó lentamente de la cama y acercó sus manos casi con pena a la ropa. La tela se veía tan delicada y cara, al acercarse vio que las solapas de la chaqueta tenían cierto patrón de flores del mismo color, tocó los botones plateados y alejó su mano rápidamente
—¿Es eso plata?
—Claro que no, la plata es para platería— no pudo evitar reír ante la ingenuidad de Suzuno— Es oro blanco
Suzuno ahora estaba más impactado por la chaqueta que parecía valer más que él.
—Esto es demasiado. No sé si yo podría usar algo como eso.
Midorikawa suspiró ante la modestia de Suzuno y puso la ropa en la cama. Cerró el clóset y vio directamente a Suzuno quien le evitó la mirada.
— Sabes, cuando era pequeño y mi mamá era criada aquí, a veces ayuda a vestir a las invitadas. Muchas mujeres ricas de bolsillo pero no de mente que no pensaban en nada más que no fuera sentarse en la sala y hablar mal de quien se les atravesará. ¿Por qué merecerían esas personas usar cosas hermosas y no tu, que eres una bella persona?— Suzuno le vio sorprendido debido a la última parte y Midorikawa vio al piso con una media sonrisa— Si, descubrí tu secreto de que eres un gran ser humano. No le diré a nadie.
—No mientas. No soy tan bueno, simplemente me caiste bien y por eso soy bueno contigo.
—Aun así, nos has hecho el mejor regalo a todos en el castillo— se acercó a Suzuno y él dejó que le quitará la ropa— No te lo había dicho, pero desde que llegaste, el amo no ha tenido más pesadillas.
Al decir esto Suzuno solo se quedó callado, Midorikawa le quitó el chaleco que tenía y le ofreció la camisa y los pantalones a Suzuno quien los aceptó. Midorikawa fue a buscar más cosas que puso en la peinadora mientras Suzuno se vestía. Cuando se estaba poniendo los pantalones, Kazemaru tocó la puerta y Midorikawa le abrió.
—Venia a ver cuánto le faltaba a Suzuno para que empiecen a arreglar el carruaje.
—¡¿Carruaje?! Esperen un momento, ya es mucho con los botones de oro. ¡No pueden llevarme en carruaje!
—¿Prefieres ir a caballo?—Kazemaru y Midorikawa se vieron entre sí casi riendo— Puedo ir y avisarle a Tsunami para que prepare a tu yegua.
—Si, agradecería eso, Kazemaru.
El mayordomo no dijo más y se retiró de la habitación. Midorikawa puso unas botas altas de montar junto a Suzuno y volvió a lo suyo.
Las ropas que le habían dado siempre se sentían increíble, puras telas finas y tan suaves al tacto que Suzuno sentía la ropa fundirse con su piel, pero la camisa de seda que se puso en ese momento era tan suave, única. Cuando Midorikawa le puso la chaqueta y la abrochó vio que le quedaba perfectamente entallada en la cintura, haciéndola ver más delgada sin apretarle en nada. Un pañuelo negro de seda en su cuello, unos guantes negros y ya creía estar listo, pero Midorikawa le llevó a la peinadora que casi nunca usaba y lo sentó. Revisó con la vista todas las cosas frente a él y con una ceja levantada vio a Midorikawa sonriéndole.
—Ya que nunca me has dejado, pero vas a salir hoy así que ¿ Puedo peinarte?
—…. No cambies mi peinado.
Suzuno se dejó y Midorikawa se quitó sus guantes para proceder a poner un líquido sin color que olía a menta en su cabello y con un fino cepillo de mármol empezó a peinarle. Era extraño ser peinado cuando él siempre se peinaba con sus manos, pero decidió ver qué tal se vería.
—Puse varias colonias allí y algo de maquillaje si quieres probar.
—¿Maquillaje?
— Es divertido usarlo. Sabes, Haruna es la única mujer y por lo general yo y los otros mayordomos vamos al aldea de vez en cuando y ella se ve emocionada al ver a todas las señoritas. Siempre terminamos cediendo cuando nos pide ayudarla—Midorikawa se sonrojo al recordar a Haruna divirtiéndose con todos al maquillarles— Me enseñó cómo hacer algo sencillo.
—Ya me veo como muñeco de pastel, que importa algo de maquillaje— acercó sus manos a las botellas con perfumes y las olió para ver cuál le gustaba más.
—Esa de allí es de rosas, la de al lado es lavanda. El amo odia la lavanda
—¿Por qué?
—Cuando no podía dormir yo solía poner flores de lavanda en su cama, pero su olfato es muy sensible y después de tanto tiempo la empezó a detestar. Pero le gusta el de la botella rosada.
Suzuno levantó esa botella por curiosidad y olió dentro de ella luego de destaparla. Un gran olor a una flor desconocida para él inundó su olfato. No eran orquídeas o margaritas, era dulce pero no empalagoso. Al olerlo por un momento sintió su pecho cálido.
—¿Qué es esto?
—Flor de cerezo. Es muy difícil de conseguir por que ese árbol florece solo en primavera.
—Nunca he visto uno de esos
—El invierno terminará pronto así que sin duda podrás ver los que hay en los jardines del castillo.
Suzuno no pensó y puso unas gotas del perfume que sintió era más para mujer que de hombre -pero no le importo para nada- en su muñeca, la restregó contra su otra muñeca y puso un poco en su cuello.
Midorikawa terminó con su cabello y se sorprende al ver lo arreglado que su abundante cabello blanco podía verse. Midorikawa se sentó en un banco junto a él y puso algo de polvo blanco en su piel, más no pintó su cara de blanco como creyó, sino que hizo ver su piel lisa y tersa, sin brillo. Midorikawa puso solo un poco de tinte rojo en sus labios, lo suficiente para que se viera como un sonrosado natural y pinto una muy delgada línea negra sobre la línea de sus pestañas; procedió a peinar sus pestañas con un cepillo con una crema que las hizo ver más abundantes. Midorikawa tenía una expresión sorprendida, con un pequeño sonrojo en sus mejillas y Suzuno se puso más nervioso. Se levantó de su asiento y fue hacia el espejo de cuerpo entero y ahora era él quien estaba sorprendido. No sabía quién era esa persona reflejada en el espejo, se veía tan diferente, pero como él. Sus ojeras habían desaparecido y sus ojos se veían más grandes por lo que Midorikawa había hecho en ellos. Su cuerpo también, sentía que se veía hasta mejor que desnudo.
—¡Te ves muy bien! ¿No crees?
Suzuno no tenía palabras y solo asintió. Midorikawa sacó del clóset una capa roja con capucha que le serviría de abrigo contra el frío y la nieve y ambos salieron de la habitación.
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Aphrodi suspiró cuatro veces seguidas hasta que Kidou decidió preguntarle qué le sucedía y él solo golpeó los guantes que aguantaba en una mano con la otra.
—¿Debo vigilarlo o actuar como si nada y ver qué pasa?
—No lo sé. Haz lo que creas conveniente.
—No me ayudas mucho con eso.
—Ya sabes que él no es elocuente ¿Para qué preguntas?
Aphrodi rió junto a Fudou por su comentario y Kidou solo les ignoro. Fubuki bajó listo para ir a la aldea, con un abrigo azul marino y revisando con Gouenji una lista de las cosas que debía comprar. Tsunami entró al castillo y se unió al resto en el lobby mientras esperaban que Suzuno bajará para partir. Nagumo veía por una de las ventanas y Haruna se le acercó para ofrecerle un abrigo.
—¿Planea salir un rato?
—Si, gracias.
—Amo… sé que no debería de entrometerme pero… ¿Suzuno regresará para la cena?
Nagumo la vió mientras ella ocultaba sus manos detrás de su delantal y evitaba su mirada.
—¿ Hoy ayudarás con el postre verdad?
— Si, tarta de chocolate.
— Estoy seguro de que a Suzuno le encantará probar el postre de hoy, así que esfuerzate.
Haruna hizo una reverencia y se fue sonriendo. Nagumo volvió a ver por la ventana y no pudo evitar preguntarse a sí mismo si Suzuno de verdad probaría la tarta de chocolate esa noche. Volvió en sí cuando escucho el sonido de zapatos contra los escalones y volteó a ver quién era, tuvo que ver dos veces para saber qué esa persona que bajaba por la escalera era Suzuno. Bajó lentamente ya que conversaba de algo con Midorikawa o al menos eso creía Nagumo, que no podía dejar de verle; de un momento a otro el muchacho flacucho que sabía hacerlo enojar parecía un personaje sacado de un cuento de lo hermoso que se veía. Nagumo olfateo la flor de cerezo en el aire y el tiempo se detuvo para él.
—Se ve muy bien hoy— Kidou se acercó a Suzuno y le mostró una bolsa llena de monedas de oro que puso dentro de un bolso terciado de cuero negro — Esto es de parte del amo, para que compre lo que desee.
Suzuno sonrió con pena ante el halago y agarró la bolsa para ir hacia Nagumo.
—¿Les gusta cómo se ve? Yo lo maquille — exclamó Midorikawa orgulloso
—Parece un muñequito— Aphrodi llevó sus manos a sus mejillas y seguía con la mirada a Suzuno— ¡Buen trabajo!
—Quizás es un poco demasiado, hasta para él. ¿Cómo lograste que se dejará arreglar así?
—Diciendo "por favor"
—Interesante, quizás deberías hacer eso, Fudou—Kidou se ganó una mirada enojada de parte de Fudou— Y eso fue por decir que no soy elocuente.
Fudou solo vio hacia otro lado luego de hacer un gesto de molestia que más que enojar a Kidou le causó gracia.
Suzuno fue directo a la ventana donde Nagumo actuaba como si no le hubiera visto. Tocó su hombro y vio que el amo del castillo suspiró antes de cruzar miradas con el.
—¿Por qué me das dinero?
—Irás a una aldea comerciante por primera vez, y verás muchas cosas que nunca has visto. Haz lo que quieras con ese dinero.
Suzuno río y amarró fuertemente la bolsa con dinero a su cinturón—¿Se me nota tanto la cara de pueblerino?
—No— Nagumo tomó valor para verle completamente, de arriba a abajo, y no parecer un idiota mientras lo hacía— Te ves como alguien de la realeza. Ten cuidado
Las honestas palabras de Nagumo le sacaron de lugar; esta amabilidad que mostraba hacia él últimamente le confundía y hasta le aburría. No quería aceptarlo pero extrañaba las discusiones
—Algo que este chico de pueblo sabe es no confiar en la gente. Estaré bien.
Sonrió queriendo demostrar confianza y Nagumo solo le ignoró y fue hasta la puerta. Afuera, una yegua negra y otra de pelaje dorado, más dos caballos, uno blanco como la nieve y el otro blanco con manchas marrones y con una pequeña carreta atada, esperaban a ser montados. Suzuno fue directo hacía Alice y la acarició, notó que llevaba trenzado el pelo con un listón vinotinto y vió a Tsunami sonreírle.
—La puse bonita para su primera salida. Combina un poco con tu atuendo.
Suzuno culpo al frío de sus mejillas sonrojadas
Fubuki montó al caballo blanco y se despidió de Gouenji y los demás cuando fue directo hacía la salida sin esperar a nadie. Gouenji se acercó a Suzuno mientras se montaba sobre Alice.
—Se que ustedes no están en los mejores términos, pero ¿podria pedirte el favor de que veas a Fubuki por hoy?
—¿Está enfermo? ¿Por qué no le pides a Aphrodi o a Tsunami?
—Esto es algo que solo funcionará si lo haces tú
No dijo más nada y fue con el resto del personal del castillo que de repente se convirtió en un semicírculo alrededor de los caballos en la entrada. Midorikawa ajustó suavemente las riendas de Alice para no hacerle daño y acarició su costado.
—Ponte la capucha, así te protegerás del frío. Ten cuidado en la aldea y espero que te diviertas.
Midorikawa le sonrió con una calidez que escondía la tristeza de una posible despedida y fue hacia los demás. Cuando puso la capucha roja sobre su cabeza y dejó caer la capa sobre sus brazos, Nagumo se acercó a él. Ambos se vieron sin decir palabra alguna, Nagumo admiraba la forma en que sus blancas pestañas adornaban sus ojos azules, el suave sonrojo en sus mejillas y labios, y el hecho de que Suzuno se viera tan imponente viéndole por encima. Suzuno solo no sabía qué decir. Nagumo habló primero.
—Pasaré mi día leyendo por mi cuenta, trataré de escribir un poco también— El amo del castillo se encontró dubitativo de decir lo que tenía en mente pero aún así habló— Te ves como un personaje sacado de un cuento
—¿Cómo el campesino o como el villano?— Sonrió preparado para el insulto que vendría
—Más como un príncipe que debe ser rescatado
Nagumo no dijo nada más, bajó su cabeza un poco y se despidió de Aphrodi y Tsunami. Para Suzuno, cada nueva acción de Nagumo era un misterio, lo llamó "príncipe cautivo" sabiendo que él era su captor, se atrevió a verlo con esos ojos dorados que ya no daban tanto miedo, pero si le daban una sensación de melancolía. Y lo más importante, le dijo príncipe, no princesa. Suzuno se fue junto a Tsunami y Aphrodi luego de agitar levemente su mano hacía el personal del castillo y por primera vez en dos meses, había escapado de su cárcel. Durante el trayecto Fubuki y Tsunami hablaron de algo que no interesó a Suzuno, ya que su mente estaba revuelta de tantas cosas que pensar. Alice se veía feliz al ser montada después de tanto tiempo, eso le causó alegría, pero no podía sacarse de la mente la sonrisa de Midorikawa. En vez de seguir tratando de conseguir una respuesta por su cuenta le pregunto a Aphrodi.
—¿Estaba Midorikawa triste cuando partimos?
—No lo creo. Cuando está triste o algo le preocupa tiende a no hablar con nadie, como cuando tuviste el accidente— Aphrodi notó que Suzuno volvió a quedarse callado y continuó— ¿Algo te preocupó?
— Solo que parecía que quería decir algo, pero no lo hizo.
— Creo que no quería decir nada más. Para no obligarte a prometer cosas innecesarias.
Con eso Aphrodi lo dijo todo. Suzuno era lo suficientemente perceptivo para notar que todos estaban al tanto de la posibilidad de que no volvería. Que todos se reunieron para dar algo parecido a una despedida. Suzuno no sabía a ciencia cierta si en verdad no regresaría, lo único que sabía era que estaba muy bien vestido y que se dirigía una aldea cercana al castillo. Decidió poner de lado sus preocupaciones para intentar disfrutar un poco.
—Agradezco que Nagumo te haya ofrecido venir. No he tenido el placer de pasar mucho tiempo contigo
—No creo que pasar tiempo conmigo sea placentero, pero haré el intento por tu interés
—Para mi eres una persona muy interesante. Te he observado— Aphrodi ajustó su guante blanco en su mano— Espero seguir viendo más facetas de ti, Suzuno.
Ese comentario le saco algo de lugar, no fue hasta ese instante que Suzuno se dio cuenta que Aphrodi era algo misterioso. Era un conde que quedó varado en el castillo más siempre actuaba como si eso no le importara; tenía un gran cariño por Nagumo y por el resto del personal del castillo, y siempre aparecía cuando menos lo esperabas. Suzuno le vio adelantarse un poco e ir directo hacia Fubuki y Tsunami para charlar con ellos; algo en su risa era encantadora, al igual que sus manierismos. Suzuno sintió que tenía que ser cuidadoso alrededor de él
Cuando Nagumo los vio partir se quedó con la vista fija en el portón por un largo rato, el resto del personal volvió a sus deberes y solo Midorikawa espero a que Nagumo reaccionara. Nagumo tembló un poco ante el frío y Midorikawa decidió acercarse.
—Amo ¿Necesita algo de mi para sentirse más tranquilo?
—Tengo sueño. No dormí muy bien anoche.
—Preparare su cuarto.
—¿Te quedarías hasta que me duerma?
Midorikawa le sonrío cuando Nagumo volteo a verle.
—Por supuesto, amo.
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En cuestión de media hora llegaron a la concurrida aldea comerciante a la que gente de diferentes pueblos se acercaba a ver que productos habían. Desde tiendas de comida hasta ropa, medicinas y libros, había de todo un poco; cuando llegaron a la calle principal Suzuno sintió la mirada de casi todo el mundo sobre él y sabía que era debido a sus ropas. Tsunami y Fubuki vestían de forma modesta, con grandes abrigos protegiendolos del frío, Aphrodi sonreía mientras todos los ojos se posaban en él y en su elegante traje amarillo que hacía que te dolieran los ojos cuando le pegaba el sol. Suzuno estaba acostumbrado a las miradas al ser el centro de atención en su pueblo, pero aquí era mucha mas gente quien le observaba, y cuando una brisa que golpeó su rostro hizo que la capucha cayera de su cabeza se sintió aún más expuesto. Aphrodi notó su cara de incomodidad y se quitó también su capucha
—No pensé que fueras modesto. Te tome por el tipo pretencioso.
—Yo también creía que lo era…. No sé por qué me siento así.
—¿Cómo? ¿Hermoso?
Ni siquiera hacía tanto frío como para culpar al clima de su sonrojo. Llegaron a un establo donde dejaron a sus caballos y decidieron que harían.
—Tsunami y yo haremos los recados, no tardaremos más de una hora.
—Espera Tsunami, ¿Podrías comprar esto por mi?
Aphrodi tomó su pequeña libreta y arrancó un pedazo de papel que luego le entregó al chico junto a un poco de dinero; cuando leyó el nombre de la tienda sus ojos se iluminaron como si hubiera tenido una gran idea. Fubuki y Tsunami dejaron a Aphrodi y a Suzuno solos cuando se dirigieron a la calle principal del pueblo, ambos se quitaron sus capas y no sé necesito de mucha charla para que Aphrodi empezará a arrastrar a Suzuno a diferentes tiendas en la aldea. Mientras caminaba Suzuno veía que no solo él era el que vestía de manera extravagante; una aldea de comerciantes estaba llena de gente de diferentes países, usando ropas que nunca en su vida había visto. De repente se irguió, sintiendo más confianza en cómo vestía y entró junto a Aphrodi a una tienda de ropa donde predominaba la ropa de mujer. Increíbles vestidos de diferentes estilos y colores decoraban los pasillos en sus maniquíes sin cabeza y Suzuno no se pudo seguir distrayendo viendo un vestido rosado que le recordaba a Reina cuando Aphrodi le jaló del brazo para que fuera al mostrador.
—¿Cuál de estos listones te gusta más?
Le mostró un listón rojo con encaje negro y otro más sencillo, de satín negro que, si veías con cuidado, tenía decoraciones de flores negras.
—¿Para tí? Creí que te gustaban los colores más brillantes
—No son para mí, sino para Haruna. Dentro de poco es su cumpleaños y quería llevarle algo lindo— le pidió al vendedor que trajera más listones— Quería llevarle un vestido pero se niego. Ella si es modesta para ser una señorita tan hermosa.
—El negro combina con su uniforme, así lo usará más.
Aphrodi le dió al vendedor el listón para el cabello y siguió revisando la caja de madera que le habían entregado.
—¿Le gustará un collar?— Suzuno preguntó sin pensar y se ganó la mirada asombrada de Aphrodi—… Sería de mala educación no darle un regalo. Además, no se para que más usar el dinero que Nagumo me dió.
Puso sus ojos en unas gargantillas que estaban en el mostrador, eran cintas con piedras en el centro, otras tenían solo dijes. Haruna se veía muy sencilla, y aunque se supone que se ve como una mujer de 23 años su sonrisa aún tiene el brillo de una niña. Varias veces la observó mientras regañaba a Kogure y no pudo evitar pensar que le recordaba un poco a Reina.
—Haruna se sentirá muy feliz cuando vea que te tomaste las molestias de pensar en ella
—Ya te dije, solo es una cortesía.
Aphrodi aprovechó y pidió más gargantillas al vendedor para que Suzuno escogiera, entre las que le habían traído había varías con piedras preciosas y la que más llamó su atención fue una que tenía una cinta que parecía hacer juego con el listón que Aphrodi estaba pagando en ese momento; en el centro estaba aguantado con dije redondo de plata y en el medio de este, un cristal negro.
—Esta hace juego con el listón.
El vendedor tomó la gargantilla y la puso en una alargada caja roja. Suzuno siguió viendo las gargantillas y tomó otras dos, una amarilla con un pequeño dije de oro colgando y otra rosada con perlas. Aphrodi no dijo nada al respecto y le esperó mientras contaba las 10 monedas de oro que costaron las 3 gargantillas. Salieron de la tienda de nuevo a la concurrida calle central, vieron puestos de frutas exóticas y diferente puestos de artesanías y todo maravillaba a Suzuno, pero nada le decía " cómprame" como la joyería en la tienda. Ambos se detuvieron cuando Aphrodi quiso comprar un par de guantes nuevos en otra tienda de ropa, solo que esta tenía más ropa para caballeros.
—¿Te gustan estos?— le mostró sus manos que llevaban unos guantes de cuero pintados de azul marino.
—Son lindos.
Aún si Aphrodi seguía revisando en la tienda cualquier cosa que llamara su atención, Suzuno no encontró nada que le gustará. Había uno que otro traje bonito, pero su mente aún sentía que todo eso era mucho para él y Aphrodi lo notó, así que detuvo sus compras al ver la expresión de Suzuno y decidió dejar los guantes en las manos del vendedor que le seguía y salir de la tienda con Suzuno.
—¿No ibas a comprar los guantes?
—Dejaron de encantarme después de un rato. No gastaria mi dinero en algo que no adore siempre.
Suzuno encontró agradable el ver qué Aphrodi no era tan superficial como se veía.
—Ya he paseado lo suficiente y he comprado lo que necesitaba. ¿Qué quieres hacer tu?
—No tengo idea.
—¿Nada en particular llama tu atención?
Aún tenía mucho dinero, pero no sabía si gastarlo todo, no sabía si lo necesitaría luego. Su silencio se sentía sospechoso hasta para sí mismo pero Aphrodi le ayudó cuando tocó su hombro y señaló una tienda al otro lado de la calle que decía "Librería"
—Podríamos entrar allí. Debe ser una tienda nueva, nunca la había visto
—¿A una librería? ¿No hay suficientes libros para una vida en la biblioteca del castillo?
—Pense que quizas deberias buscar libretas, creo que quizás escribir un diario te ayudará ya que pareces ser del tipo de persona que no dice lo que siente.
Suzuno no dijo nada ante la gran idea de Aphrodi, le sorprendió de lo intuitivo que el conde era y sin decir nada le siguió a la librería que se encontraba vacía en comparación a otras tiendas. Al entrar las campanas de la puerta sonaron y vieron las repisas en las paredes llenas de libros, clasificados por géneros al igual que los libros en las mesas en medio de la tienda. Aphrodi se quitó sus guantes y empezó a tocar los lomos de los libros para sentir las decoraciones antes de ojearlos y Suzuno revisó los libreros lentamente hasta que escuchó unas pisadas al fondo de la tienda, aún así Aphrodi no prestó atención ya que un libro de cuentos de hadas se apoderó de toda su atención
Un joven chico, que parecía tener la misma edad que Suzuno, apareció al bajar unas escaleras al fondo de la tienda, estaba poniendo en una cola de caballo su cabello marrón rojizo, cuando apartó su cabello de sus ojos vió que tenía una cicatriz que cruzaba su frente y se detenía un poco por encima de su ceja. Dejó un pequeño libro dentro del bolsillo de su delantal y sonrió.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—Estaba buscando una libretas
—¿Las prefieres cubiertas de piel?
—Si, esas estan bien
El vendedor le sonrió y Suzuno encontró interesante sus ojos de color plateado. Lo llevó hacia una de las estanterías y sacó unas libretas de piel del estante inferior.
—También están estas con portada de terciopelo, son un poco más costosas.
El le entrego ambas libretas, una de cuero negro que se parecía a las que Suzuno solía tener, y luego la suave y elegante con tapa dura de terciopelo verde esmeralda que le gritaba "Cómprame"
—Quiero dos de terciopelo, por favor— se sintió vigorizado al poder comprar algo caro, y pedir dos del mismo, adoraba el hecho de tener dinero—¿Tendras de casualidad algún libro sobre psicología?
El vendedor se quedó pensativo debido al gran cambio de intereses que Suzuno había hecho.
—Si, tengo unos cuantos folletos. ¿Buscas algún tema en especial?
Suzuno pensó un buen rato antes de responder— Manejo de traumas. Y algo para entrenar canes.
—Tengo algo de psicología pero no se si tenga sobre perros
—Con eso me basta
El vendedor asintió y buscó justo frente a él un delgado folleto de no más de 30 páginas que le entregó a Suzuno antes de buscar la otra libreta que le había pedido. Aphrodi se acercó a ambos, con su vista aún pegada al libro.
—Suzuno este libro es muy lindo, deberías echarle un vistazo y...— cuando Aphrodi alzó la mirada las palabras no salieron de su garganta. Sus grandes ojos rojos observaban al vendedor mientras esté buscaba otra libreta en la estantería. Abrió un poco su boca como para decir algo y el vendedor volteó a verle, solo que Aphrodi volteó su cara y la escondió detrás del libro.
—¿Necesitas más libros como ése?
Aphrodi asintió rápidamente sin quitar el libro de su rostro. El vendedor siguió sonriendo y no pensó mucho en el comportamiento del hombre frente a él, solo fue hasta las estanterías al otro lado de la librería.
—¿Ahora que te pasa a ti?
Cuando Suzuno le hablo Aphrodi bajó el libro y aparentó estar calmado, pero sus mejillas sonrojadas y ojos dilatados le delataban.
—Es él— no veía a nada en particular mientras hablaba.
—¿Quíen? ¿El vendedor? ¿Lo conoces?
—Es él hombre de mis sueños.
Si Suzuno fuera juez de un concurso en donde los participantes tuvieran que decirles cosas absurdas que le sacaran de lugar, hubiera decidido que Aphrodi era el campeón indiscutible. Abrió la boca varias veces pero no sabía en realidad qué decir, y si hubiera dicho algo igual hubiera sido ignorado, Aphrodi puso toda su atención en el joven vendedor que buscaba libros al otro lado de la tienda. Suzuno sacudió su cabeza y se puso en frente de Aphrodi.
—¿A qué te refieres con "Hombre de tus sueños"?
—Hace muchos años leí un libro, y cuando imaginaba al protagonista... Solía soñar con un hombre igual a él. Tenía la misma cara, los mismos ojos y cabello, hasta la misma cicatriz en la frente
—Detente un momento… ¿Hace cuanto tiempo leiste esa novela?
Aphrodi se detuvo a pensar— Creo que hace 50 años
—¡Es imposible que hayas pensado en alguien 30 años antes de que naciera!— gritó en voz baja para que el vendedor no les viera
Aphrodi seguía sin prestarle atención, sus ojos estaban pegados a la espalda del vendedor que se acercó a ellos y Aphrodi volvió a leer el libro en sus manos.
—Estos otros libros son parecidos al libro que está leyendo.
El vendedor trató de ver la cara del chico que vestía de forma tan extravagante y Aphrodi recobró su compostura antes de sonreír como siempre lo hacía.
—Gracias. Los revisare.
Un delgado mechón rubio se coló en su cara cuando vió al joven a los ojos, el cual apartó con su mano y luego tomó los libros que le ofrecía. Sus manos se tocaron por un breve instante y ambos sintieron electricidad recorrer por todo su cuerpo por tan delicado toque. Ahora era turno del vendedor para no poder pronunciar ni una palabra, y cuando lo logro, no podía despegar sus ojos de los de Aphrodi.
—¿Te he visto en algún otro lugar?
Tanto Aphrodi como Suzuno se alarmaron.
—No lo creo— le arrebató los libros de las manos al vendedor y fue hacía el mostrador de madera al fondo de la tienda.
Suzuno encontró toda la situación extraña, pero intrigante. Como vio que Aphrodi no podía hablar con el vendedor, decidió hacerlo por su cuenta.
—Tienes muchas cosas interesantes aquí que nunca había visto antes. Nosotros somos viajeros, y esta es mi primera vez en la aldea
El vendedor los vio a ambos y sonrió con el ceño fruncido
—Disculpa si me meto en sus asuntos, pero están muy bien vestidos para ser viajeros.
—No venimos de tan lejos— Suzuno agradeció que sabía pensar rápido— Estamos de paso antes de regresar a nuestra… Casa en la montaña.
—Bueno, hago lo que puedo, ya que conseguir este tipo de libros es difícil. Apenas soy un recién llegado a esta aldea. Vengo de un país vecino y la gente aún no me toma confianza, por eso la librería está tan vacía.— dejó salir una risa algo avergonzada antes de seguir hablando— Mi nombre es Tadashi Hera, pero dime Hera. Es más corto y más fácil.
—Mi nombre es Fuusuke Suzuno…. Es curioso, llevas el nombre de una diosa griega, y el apodo de mi amigo es Aphrodi.
Hera volvió a ver al chico que ojeaba las páginas de el cuento que le había entregado. Se acercó al mostrador junto a Suzuno y cruzó al otro lado para poder ver de nuevo la cara del chico rubio, Aphrodi se irguió con la elegancia usual con la que solía presentarse y escogió dos de los libros que Hera le había entregado.
—Me gustaría llevar estos dos.
—Claro. ¿Llevarán también el folleto?
Suzuno puso las libretas y el folleto en el mostrador y Hera los envolvió todos en papel color beige, se los entregó a Aphrodi quien pagó todos los libros y se despidió con otra sonrisa, Suzuno hizo un gesto con su cabeza y siguió a Aphrodi fuera de la librería. Caminaron un buen rato sin poder hablar hasta que Suzuno escuchó que alguien llamaba a su nombre; Hera corrió hacía ellos y se detuvo para recobrar un poco el aliento antes de hablar y le extendió un folleto a Suzuno.
—Encontré este otro folleto que quizás te sirva.
—Pero no lo pague…
—Va por la casa, espero te sirva. Y tu amigo olvidó su guante—Hera vio de nuevo a Aphrodi, como si quisiera conservar su imagen en su mente. Se acercó al conde y le entregó su guante de satin blanco, tocando de nuevo su piel—Espero que pasen por mi tienda de nuevo
El joven vendedor desapareció entre la multitud y tanto Aphrodi como Suzuno seguían algo desconcertados. Suzuno sabía que le había entregado ese folleto para ver a Aphrodi de nuevo, y pensaba que Aphrodi estaría acostumbrado a que hombre y mujeres le alabaran por lo hermoso que es, no pensaba que se quedaría congelado por un hombre que había visto una vez en un sueño.
—Creo que le gustaste.
Aphrodi mordió su labio inferior al escuchar al Suzuno y volteo rápidamente su cabeza hacía él.
—Quizás, ¿Pero para qué necesitas un folleto para…?— asomó su cabeza sobre la mano de Suzuno para leer el título del pequeño folleto— ¿ Entrenar perros?
—Planeaba enseñarle a Nagumo a dar la pata.
Logró por fin sacar a Aphrodi de su estado de impacto al hacerlo reír.
—Sí Midorikawa estuviera aquí te diría "Perro viejo no aprende trucos nuevos", y Nagumo es bastante viejo.
—Si logré que leyera estoy seguro que puedo hacer que de la vuelta y saludar.
Suzuno hablaba con superioridad y Aphrodi se preguntó quién era el verdadero amo en esa relación. Varía horas pasaron y ambos se encontraban exhaustos después de recorrer media aldea, cuando se hizo la hora acordada regresaron a los establos y encontraron a Tsunami alimentando a los caballos y con la carreta llena de los alimentos que necesitaban.
—¿Te divertiste?— se dirigió a Suzuno
—Sí, fue entretenido ver un lugar diferente
— ¿Conseguiste lo que te pedí?
—Tres cajas de bombones y tres bolsas de caramelos— fue hasta la carreta y le entregó una caja y una bolsa tanto a Suzuno como a Aphrodi— Los caramelos van de parte mia.
El que le regalaran dulces fue una agradable sorpresa ya que estaba empezando a sentirse hambriento, tomó uno de los bombones, una pequeña esfera marrón y la puso en su boca. Se sorprendió al ver que era solo dura en el exterior pero su interior estaba lleno de dulce de leche; estaban deliciosos y decidió guardar el resto para después y por curiosidad probó uno de los caramelos, era duro y de fresa, y estaba tan bueno como el chocolate..
—¡Estan muy buenos!
—¡Esa es una buena expresión! — Tsunami le dio unas cuantas palmadas en la espalda y le sonreía, complacido al ver una expresión más jovial luego de comer dulces.
—¿Le compraste algo a Yuuki?
Tsunami se detuvo ante el comentario de Aphrodi y suspiro.
—Si no lo hiciera, estaría en problemas
Había un obvio cambio en la actitud de Tsunami, y solo por que le mencionaron un nombre. Suzuno hizo memoria y recordó que "Yuuki" era Tachimukai, y no pudo evitar sentir gran curiosidad por saber porque Tsunami tenía esa sonrisa tonta, diferente a la usual, cuando se lo mencionaron.
—Bueno, este paseo fue entretenido, pero mis pies duelen y aquí hay demasiada gente, tanta que se me quita el apetito para comer en algún restaurante ¿Nos vamos?— Aphrodi guardo sus libros y los dulces en la bolsa del asiento de su yegua y acaricio su costado.
— Falta Fubuki ¿Donde esta?
Tsunami se mostró algo decaído al escuchar ese nombre y dejó de darle manzanas a su caballo para sentarse en una paca de heno.
—Esta con su hermano, tan rápido regrese nos iremos.
—¿Su hermano? ¿Sigue él….?—Suzuno calló antes de terminar su pregunta al ver la misma sonrisa melancólica que Tsunami portaba en la cara de Aphrodi.
—Nosotros iremos por él, es mejor que no perdamos mucho tiempo antes de que oscurezca o nieve más.
El conde tomó a Suzuno por el brazo y lo arrastró fuera del establo sin decir nada; compró un ramo de flores en un puesto al borde de la calle y seguía en total silencio, pero Suzuno tampoco trató de hablar. Caminaron hacía una colina detrás de la iglesia, alejada de todo el bullicio de la gente de la aldea y allí Suzuno comprendió. En un cementerio pudo ver a Fubuki al fondo, parado en frente de una lápida.
—¿Podrías llevar estas por mi? Realmente no estoy vestido como para entrar a un cementerio— el conde le entregó el ramo de rosas blancas.
—Eres bastante tradicional con respecto a esto.
Suzuno acepto las flores con cierto recelo y caminó hacía donde Fubuki se encontraba. No dijo nada al llegar allí, no sabía que decir en esa situación y menos a Fubuki que era quizás el único al que sabía que no le agradaba en el castillo. Fubuki volteo al escuchar los pasos en la grama y frunció el ceño mientras veía con desprecio a Suzuno.
—¿Que haces aqui?
—Vine a dejarte las flores de...— volteó a buscar a Aphrodi con la mirada pero este ya no se encontraba allí, suspiro antes de hablar— Son para… tu hermano.
Fubuki vio el ramo de flores que Suzuno le entregaba y lo aceptó, lo puso sobre la tumba junto a las otras flores que él había llevado ese mismo día. Suzuno se paró junto a él sin decir nada; vio el nombre en la lápida que decía "Atsuya Fubuki, amado hijo, esposo, padre y abuelo" y contó que había vivido 103 años de edad antes de morir gracias a las fechas de nacimiento y muerte. Vivir tanto tiempo era un logro increíble y Suzuno no sabía de nadie que hubiese vivido tanto tiempo, pensaba que eso solo le pasaba a los sabios en los cuentos extranjeros, o a los magos en las historias de fantasía. La brisa golpeó el costado de su cara y vió que al lado de la lápida había un pequeño monumento con forma de un oso de peluche que estaba recostado de la lápida, como si durmiera allí, y una placa en la grama donde se leía " Para Shirou, donde quiera que estes"
—El… nunca te olvido.
—Atsuya es un buen niño, aún si solo lo conocí sus primeros meses de vida creo que mis padres le contaron sobre mi y sobre lo que nos pasó— sus hombros se relajaron al hablar—... Pensar que trató de vivir 300 años para conocerme.
—¿Cómo supiste que estaba enterrado en este cementerio?
—Al pasar los 300 años y poder ser capaces de salir del castillo lo primero que hicimos fue buscar información de lo que le paso a nuestra familia. Los que conocíamos estaban muertos, por supuesto, y su descendencia había dejado el país. Investigue y descubrí que solo mi familia se había quedado aquí, tratando de esperar; fue en vano por que mis padres murieron cuando Atsuya tenía 15 años así que tuvo que cuidarse solo, viajando de pueblo en pueblo, hasta que tuvo edad suficiente para entrar al ejercito. Fue a alguna guerra en contra del país vecino y regresó, se casó y tuvo hijos, y ellos tuvieron hijos y así continuó. Parece que siempre decía que esperaba que yo fuera por él.
—¿Como sabes todo eso?
—Mi sobrina, su tataranieta me lo comentó un día— pensó en la muchacha con el mismo cariño que sintió cuando la conoció— Era la única de su familia que quedaba aquí, un día yo aparecí y ella me lo contó todo al reconocer que yo era su familia
—¿Cómo supo quién eras tú?
Fubuki sonrió con tranquilidad y se sorprendió lo curioso que era Suzuno.
—No había mucha gente que se viera de 15 años y con cabello blanco, al menos no en este pueblo en ese momento. También ella tenía un antiguo retrato de mis padres y pudo ver el parecido.
La calma con la que hablaba le hacía olvidar la indiferencia con la que por lo general le trataba y pudo ver al dulce joven del que tanto le hablaban las demás personas en el castillo. Era cierto que a veces solo debes escuchar a una persona para entenderla.
—Yo perdí a mi hermana, la persona que me crió mis primeros años de vida. Ambos éramos obligados a trabajar en una granja y el dueño un día la mato a ella y a varios más. Aún ahora volví a perder a mi familia.
Fubuki volteó a verlo y puso su mano sobre el hombro de Suzuno mientras le apretaba.
—Lamento oír eso
Fubuki quitó su mano de su hombro y dudó si decir algo más. El sonido de las hojas moviéndose con el viento era lo que llenaba el ambiente tenso; Fubuki entendía por lo que pasaba Suzuno y si fuera él quien estuviera en su situación hubiera escapado hace mucho hacia su verdadero hogar, pero su hogar era el castillo y su maldición y ya lo había sido por muchos, muchos años. Sabía que era egoísta de su parte y de la de los demás en el castillo esperar ciegamente a que Suzuno rompiera el hechizo cuando era obvio que ese chico estaba sufriendo muy dentro de sí, pero era la única esperanza que tenían. Fubuki apretó la manga de su abrigo con fuerza y suspiró con pesadez.
—Suzuno, cuando pasaron los 300 años yo me cansé de estar vivo. Extrañaba a mi familia y ver cómo mi única sobrina se iba del país me hizo perder toda esperanza.
Suzuno dejó de ver a sus pies para posar sus ojos en Fubuki, en especial a su brazo cuando subió la manga de su abrigo para que pudiera ver su antebrazo. Sintió que su corazón se detuvo y la piel se le erizaba cuando vio la larga y transparente cicatriz que recorría en línea recta todo su delgado y pálido ante antebrazo.
—Por eso trate de quitarmela; por supuesto, falle, y solo conseguí perder mucha sangre y darle un buen susto a los demás, en especial a Gouenji quien hizo su mayor esfuerzo en hacer transfusiones aún cuando era un simple novato que aprendió medicina de los diarios de su padre.
Las mejillas de Suzuno tomaron color cuando Fubuki empezó a hablar de esa situación como si nada, y él no sabía qué decir ante alguien que había tratado de suicidarse así que cuando abrió la boca nada salió de ella y Fubuki tapó su cicatriz con su manga otra vez.
—Tranquilo, no lo esperabas así que no hay nada que decir. Y esos pensamientos que tenía quedaron en el pasado hace ya siglos, nunca volvería a hacer algo así. Le cause dolor a todos, en especial a Nagumo quien cree que fue su culpa…. Él aún siente que todo esto es su culpa. Hasta el día de hoy aún quiere hacer algo por todos nosotros.
—…¿Por qué me cuentas esto?
Puso sus dedos en su boca al escucharse a sí mismo. Fubuki lo ojeó y sonrió.
—Me dijiste cómo te sentías así que yo te dije como me sentía. Empezamos muy mal así que esperaba que esto nos llevará en una buena dirección.
—¿Tratas de ser mi amigo?
—Podemos empezar por llevarnos bien
Su corazón se aceleró en su pecho ante la proposición que Fubuki le hizo y asintió suavemente a lo que Fubuki sonrió.
—Ya se hace tarde, deberíamos ir al establo.
En el trayecto desde el cementerio al establo Suzuno conoció otro lado de Fubuki, conoció al verdadero Fubuki del que todos en el castillo hablaban. Un hombre de sonrisa dulce y amable como ninguno, se recriminó a sí mismo ser tan odioso que sacó a relucir un lado desagradable de esa persona. Fubuki había entendido que Suzuno estaría en shock luego de lo que le mostró así que fácilmente inició una conversación sobre la aldea y Suzuno le siguió.
—En serio…. Pareces un abuelo.
—¡Pensé que ahora estábamos en buenos términos!
Suzuno tapó su boca con su mano y le sonrió con pena ya que no supo expresarse, solo dijo lo primero que le vino a la mente.
—Me refiero a que en serio se nota la diferencia de edad entre nosotros
—Tengo más de mil años, niño.
La forma en que se lo recalcó le hizo sentir algo tonto. En serio era solo un niño comparado a todos los que vivían en el castillo, y le daba tanta curiosidad saber más de que habían hecho esas personas durante mil años.
—Lo se, y debe de ser duro.
—Fue difícil estar encerrados por 3 siglos, pero cuando salimos hicimos muchas cosas, varios iban y venían del castillo y exploraban el mundo.
—Si yo fuera inmortal lo haría
—Fue divertido, pero después de un tiempo te sientes muy solo. Ya ni recuerdo cuándo fue que decidimos quedarnos juntos hasta que el amo-
Tapó su boca rápidamente y vio a Suzuno, rogando por que no haya escuchado la última parte pero el que se haya quedado callado solo le avivó la curiosidad.
—¿Hasta que Nagumo que?
—Envejezca y muera.
No había pensado en eso, sabía que era una posibilidad luego de que Midorikawa se lo comentó, pero no había pensado que en serio Nagumo podía envejecer, tener un accidente o hasta enfermarse y morir. El simple hecho de saber eso le hizo sentirse algo solo
—… ¿Qué pasará con ustedes cuando él fallezca?
—No lo sé, lo más probable es que sigamos aquí hasta que el mundo acabe. Y después de eso también.
Suzuno se quedó callado y se detuvo de repente, haciendo que Fubuki se detuviera justo junto a él.
—¿Que tienes?
—No lo sé, me siento mal. Siento como si quisiera hacer algo por ustedes pero no se porque...— miró sus manos y luego tocó su pecho, el sentimiento de vacío se hizo más grande hasta que Fubuki puso su mano sobre su pecho.
—Tranquilo, ya estas haciendo mas que suficiente.
Quiso preguntarle a qué se refería con eso, pero antes de decir algo Aphrodi les llamó desde un árbol en la falda de la colina y Fubuki fue hacia él. Los tres caminaron hacia los establos donde Tsunami tenía todo listo para partir, Suzuno montó su yegua y salió del establo siguiendo a Aphrodi, aún absorto en sus pensamientos cuando el sonido de una explosión lo asusto a él y a Alice, no supo muy bien que paso o que fue, solo sabía que tomó con fuerza las riendas de su yegua y se abrazó a ella cuando esta salió corriendo asustada hacía la calle principal. Escuchó a Fubuki gritar su nombre pero solo cerró sus ojos fuertemente y trató de no caer; Alice evitó a los transeúntes, un puesto de frutas y en algún momento salió de la aldea y se adentro en el bosque, cuando empezó a cansarse fue que Suzuno abrió sus ojos y la detuvo. Se bajó rápidamente de la silla de montar y cayó sentado en la nieve, su corazón palpitaba tan fuerte que le dolía el pecho y su visión era vertiginosa. Estaba tan asustado en ese momento, pensó que moriría.
Hizo un esfuerzo para levantarse mientras se apoyaba de un árbol y cerró sus ojos hasta que sintió que recuperaba la visión. Tragó saliva, se limpió el sudor frío de la frente y fue hasta su yegua cuando la escuchó relinchar; daba unos cuantos saltos con sus patas delanteras y Suzuno se abalanzó a ella y abrazó su cabeza para que se detuviera. Entre los dos lograron calmarse y Suzuno pudo buscar una manzana en la bolsa de la silla de montar y se la dio para que se quedara quieta mientras él trataba de averiguar dónde estaba. Vió a sus alrededores y solo había árboles cubiertos de nieve, pensó en seguir los pasos que Alice dio para volver a la aldea pero había una gran ventisca helada que los cubrió con más nieve. Estaba perdido en un bosque en medio de la nada con la amenaza de una tormenta y al darse cuenta de esto dejó salir una risa temblorosa y vio la pequeña nube que salió de su boca.
—Alice, estamos perdidos.
La yegua relincho de nuevo y se acercó a Suzuno por detrás.
—Ojalá… Estuvieramos cerca del castillo, así Nagumo vendría por nosotros como la última vez.
Otra ventisca levantó algo de nieve del piso y Suzuno solo puso la capucha de su abrigo sobre su cabeza; mordió su labio inferior y suspiró molesto con la mala suerte que tenía. El frío parecía aumentar, quizás porque faltaban pocas horas para anochecer o por que la tormenta se estaba acercando, Suzuno sabía que tenía que hacer algo rápido si no quería morir congelado esa noche. Trató de volver por donde vino y decidió no montar a Alice, si caminaba sentía menos frío, pero por más que caminara no conseguía ver algo que no fuera nieve, un gran y vasto manto blanco cubriendo todo el escenario, ni siquiera veía ardillas o pájaros debido al frío. Empezó a sentirse algo decaído debido a su cansancio, y el hecho de que tenía frío y hambre no ayudaba, así que tomó otro bombón y otro caramelo, esta vez de limón; estaban tan buenos que no puedo evitar recordar la sonrisa de Tsunami cuando se los dio y pateó una bellota que cayó de un árbol, molesto por que su suerte en verdad era patética.
No supo cuánto tiempo caminó hasta que vió un viejo letrero de madera, cubierto en parte de nieve y señalando una dirección, corrió hacia él y con su mano limpió rápidamente la nieve para ver que decía; leyó con ansiedad el nombre del pueblito que señalaba el letrero y pensó que estaba soñando. El pueblo que el letrero señalaba, que decía quedaba solo a 1 km de donde estaba parado, era su pequeño pueblito, donde estaba su familia. Parpadeo varias veces y hasta se pellizcó fuertemente para ver si era cierto, y así era.
Si caminaba solo 1 Km en esa dirección, llegaría a casa.
