Advertencia: Que conste en acta que esto todavía no se acaba, aunque sé que habría algunos que lo lamentarían profundamente si así lo hiciese (me refiero a ti, Pirata). Inuyasha no me pertenece, también eso es necesario aclarar de vez en cuando.

Día 96 – Reunión 15

El consejo de sabios se encontraba en la habitación que ahora debían compartir Goshinki y Kohaku. Naraku estaba comiendo algo de arroz con salsa (que en realidad era sangre de algún inocente youkai menor), y sentadas, arreglando algunas cosas, estaban Kagura y Kanna, mientras que Yuromaru y Kageromaru simplemente veían.

─ Oigan, tengo una duda ─ dice Naraku ─ ¿Ustedes creen que alguien pudo darse cuenta de hacia dónde escapamos? Es una duda que no se sale de mi cabeza…

─ Tú tranquilo, Naraku ─ dice Kageromaru ─. Vinimos hasta acá en una gigantesca nube oscura que despedía una cantidad considerable de energía youkai, y que encima despedía rayos, iba escoltada por una miríada de youkais menores, y para remate volaba a escasa altura. Sería un milagro que alguien nos hubiese descubierto.

─ Y en una ocasión nos detuvimos para preguntar la dirección a una anciana en el camino, y antes de irnos le dimos algunas monedas ─ completa Kagura.

─ ¿Qué estás haciendo, Kohaku? ─ dice Goshinki luego de arreglar los futones.

─ Estoy intentando aprender a escribir ─ dice Kohaku ─. Es que quiero escribirle una carta a Suiryu, y es que ella me propuso que podríamos tener una relación a distancia.

─ ¿Suiryu? ¿La hija del señor feudal Rinryu? ─ se extraña Naraku ─ ¿Desde cuándo este mocoso anda saliendo con aquella chica youkai?

─ El único que todavía no se había enterado eras tú, Naraku ─ señala Kageromaru fingiendo lástima.

─ Único no. Recuerden que ahora también está mi madre humana.

─ Ten, hijito ─ llega la madre de Onigumo y le da a Kohaku algunas flores del monte ─. Son para que se los envíes también a tu noviecita, que estoy segura que se derretirá en cuanto las vea.

─ ¿Decías, Naraku? ─ se burla Kageromaru.

─ Un error lo comete cualquiera. Ni que fuera el fin del mundo ─ se defiende Naraku con la cara roja de vergüenza.

─ Oh, se me estaba olvidando algo muy importante ─ la madre de Onigumo toma asiento en el centro de la habitación, junto con Kagura y Kanna ─ ¿Cuándo será que conozca a la madre de mis amados nietos? Onigumo, espero que no la hayas matado ni nada por el estilo, que yo te conozco.

─ Nuestra madre lo abandonó ─ responde Kagura con voz ligeramente dramática ─. Papá era demasiado infiel, y por eso nuestra madre se fue de la casa, pero no pudo llevarnos a todos, pero prometió que algún día regresaría para recuperarnos y llevarnos a su hogar.

─ Oh, eres todo un cielo, Kagura ─ la anciana le da un fuerte abrazo a Kagura ─. Apuesto que deben extrañar mucho a su madre ─ todos los señalados asienten ─. No se preocupen, que mientras tanto está obaa-chan para lo que ustedes quieran.

─ No creo que haga falta consentirlos tanto, mamá ─ dice Naraku intentando disimular su enojo.

─ ¿Qué vas a saber de eso, Onigumo? Sé que no te di todo el amor que necesitabas cuando pequeño, pero me heriste muchísimo con toda la falta de respeto de tu parte, además que fuiste el único de mis hijos que jamás consiguió un trabajo digno ni recibió jamás una condecoración del señor feudal de donde vivíamos. Y pensar que aún tengo pinturas de cuando eras sólo un alevín…

─ ¿Alevín? ¿Qué es eso? ─ se interesa Kohaku.

─ Un alevín es una cría de pez recién nacida ─ dice Goshinki ─. Significa que las pinturas son de papá Onigumo cuando era un chiquillo, más o menos como tú.

─ En efecto. Aquí por ejemplo tengo un cuadro que hizo su padre cuando Onigumo cumplió trece años. Miren.

El grupo se congrega para ver la pintura que la señora entra a la habitación, y lo que ven les hace horrorizarse muchísimo. Nunca antes habían visto a un humano tan feo y repulsivo.

─ ¿Eso es él de joven? ─ Kohaku señala a Naraku.

─ Dios mío, supongo que esas quemaduras que sufrió antes de conocer a Kikyo más bien le reconstruyeron la cara ─ opina Goshinki ─. Jamás creí posible decir esto, pero es hasta más feo que Kageromaru.

─ ¡Oye!

─ Onigumo siempre había sido feo, eso le quitaba puntos de popularidad en los campos de arroz, el lugar donde se congregaban con mayor frecuencia las chicas por las mañanas ─ cuenta la madre de Onigumo ─. Mi familia y la de mi hermanastro siempre habíamos sido grandes admiradores de los youkais, e incluso teníamos una pequeña guardería para las crías de youkais de tipo zorro y comadreja, por poner un ejemplo. Pero si había un youkai que admiraba por encima de todos los demás, ese era el gran Inu no taisho, quien tengo entendido que era el padre del joven Sesshomaru.

─ ¿En serio conociste a Inu no taishou? ─ se sorprende Kagura ─ Tengo entendido que él lleva muerto como doscientos años ¿Cuántos años tienes en realidad, abuela?

─ Mujer que se respete jamás da su edad, jovencita ─ ríe la anciana antes de toser un poco y continuar ─. Nunca lo pude ver frente a frente, pero sí fui testigo de varias de sus hazañas, y he de admitir que me llegué a enamorar de él. Fíjense que una vez, mucho antes de casarme con mi hermanastro, era yo todavía una chiquilla, más o menos como Kohaku, traté de colarme en su palacio para pedirle que me hiciera la madre de sus hijos. No funcionó la estrategia, y al final me echaron de allí.

─ ¿En serio ibas a pedir esas cosas? ─ se sorprende Kageromaru ─ Eso me recuerda mucho a alguien, pero el nombre no me termina de llegar…

─ ¿El monje Miroku? ─ sugiere Goshinki.

─ ¡Sí! Ese mismo.

─ ¿Miroku? No, que va. Él se murió hace mucho tiempo ─ dice la anciana, extrañando mucho a todos ─. Miroku fue el último de mis diez hijos, y el único que no conocería a Onigumo, pues nacería después que Onigumo abandonara el nido. Miroku era un mucho bastante hábil e inteligente, además que se convirtió en un monje bastante, pero también era un poquito pervertido y libidinoso. Sé que llegó a tener un hijo, pero no tuvo tiempo para disfrutar de su compañía, porque moriría a causa de una maldición en su mano derecha.

─ ¿Una maldición? ─ se alarma Kagura ─ ¿Se trataba de un agujero que lo acabó absorbiendo?

─ Exacto. Es ese tipo de maldición ─ dice jubilosa la anciana ─. También su hijo acabó muriendo por esa maldición, y ahora el que está vivo es el nieto de mi Miroku. Me gustaría muchísimo conocerlo, pues aún no tengo el gusto de verlo.

─ Tampoco nosotros hemos tenido el gusto, abuelita. Nosotros tampoco ─ dice Kageromaru mirando mordazmente a Naraku.

─ Sólo espero que mi bisnieto tenga una actitud más sobria y respetuosa con las señoritas. Ya sería otra cosa que las chicas se le acerquen por propia voluntad ─ la anciana vuelve a reír y se levanta lentamente ─. En fin, luego de la cena, me gustaría mostrarles a todos los cuadros con que respaldamos la sangre Higurashi que corre por nuestras venas…

─ ¿Sangre Higurashi? ─ dice Kageromaru sin podérselo creer.

─ Sí, sangre Higurashi ─ reafirma la anciana con seguridad y orgullo ─. Mi padre, miembro insigne de nuestro árbol genealógico, fue un afamado monje que siempre veló por una sana y fraternal convivencia entre humanos y youkais, y de alguna manera se las arregló para casarse con mi madrastra, ambos ya teniendo hijos, y la importancia del apellido Higurashi me dio el derecho de darle mi apellido a todos mis hijos, ¡y estoy segura que nuestro apellido proyectará muy lejos en el futuro!

─ Sí, todos sabemos que así será ─ dice esta vez Kagura con la mirada completamente perdida.

La madre de Onigumo se retira de allí para servir la comida, y Kagura sale con ella para ayudarla. Naraku sale de allí como si nada, y el resto del equipo se queda allí un rato antes de empezar a trabajar juntos en el arreglo de la habitación. Ese día habían descubierto más cosas de la que se hubiesen esperado.

CONTINUARÁ…


Eso quedó más enredado que el capítulo 49618756805713584910518 de una telenovela, ¿verdad? Aún falta un mundo, de verdad que este fafic va para largo, como dicen por donde vivo, así que no se dejen de estar cómodos para la siguiente actualización, ¿de acuerdo?

Hasta otra