Advertencia: Bienvenidos a un nuevo capítulo del consejo de sabios. Pasen y disfruten, que no hace falta que paguen nada, aparte de los costos ordinarios de conexión (y obviamente no estoy contando a los que pueden robar Wi-fi) :p

Día 178 – Reunión 25

El consejo de sabios se encontraba disfrutando de un día soleado en el palacio de un señor feudal que había muerto recientemente en una de tantas batallas que estaban ocurriendo en todas partes. Todos se sentían a sus anchas en ese momento, y Kagura disfrutaba de un buen trago de sake traído de la época de Kagome, además que se divertía en grande viendo las últimas imágenes que las amigas de Kagome subían al Facebook, a veces al punto de reírse de la manera en que esas tres chicas del futuro se metían mano y exhibían la ropa interior de las otras.

─ Estas son de verdad unas locas ─ dice Kagura entre risas ─. Estoy viendo esto y no evito preguntarme si ellas tendrán padres, porque estoy seguro que ningún humano ordinario toleraría semejante actitud de sus propios hijos, y menos cuando lo hacen público de esta manera.

─ Sólo digamos que son misterios de esa aldea donde debe haber vivido Kagome ─ dice Goshinki ─. Todo el mundo sabe que cada aldea tiene sus particularidades y costumbres propias, aunque hay que admitir que esto desentona con cualquier cosa que haya visto.

─ Aquí está la comida que pidieron ─ entra en la habitación una muchacha que estaba asustada por tener como amos a una sacerdotisa mala, un exterminador de youkais sin memoria y seis youkais ─. Por favor no nos devoren ─ dice mientras algunas ayudantes llevaban las bandejas de comida.

─ No te preocupes. Mientras hagas tu trabajo no hay ningún problema ─ responde Goshinki mientras buscaba unas monedas para dárselas a la sirvienta, la cual las recibe asustada ─. Aquí tienes, humana. Al menos podrás comprarle algo bueno para comer a tus hijos.

La mujer hace una pobre imitación de sonrisa, hace una reverencia y se retira casi corriendo del lugar, cosa que ninguno de los nuevos señores del palacio tomó en cuenta. Tsubaki estaba mucho más relajada que antes, pero los demás se habían puesto de acuerdo para no decir nada que estuviese relacionado con Kikyo enfrente de ella. Kohaku estaba terminando de sacar filo a su arma y lo guarda, ya bastante satisfecho por su logro.

─ Es genial que nos hayamos podido quedar aquí ─ opina el chico ─. Podemos comer todo lo que queramos, y también hay amplios espacios para que pueda entrenar mis habilidades en combate.

─ También es un alentador golpe de suerte que en este palacio hubieran dejado guardados varios juegos de shogi, damas chinas y pachinko ─ dice Kageromaru muy contento ─. Aquí sí que nos podemos dar la gran vida como mejor nos parezca.

─ ¿Alguien aquí sabe cambiar pañales? Creo que necesito un cambio ─ dice de golpe Akago, quien hasta hace un momento estaba durmiendo.

─ ¿Ahora? Si ahora mismo lo estábamos pasando de maravilla ─ se queja Kagura ─. Caramba. Si no fuese porque la servidumbre humana se viese tan asustada, sin duda les pediría que se hiciera cargo. Esto va a ser rápido, pues Kagome me enseñó cómo se hace.

Kagura carga con tanto cuidado a Akago y se lo lleva mientras Kanna se decide a seguirla para asistirle en caso de necesidad.

─ Kohaku, ¿quieres que te ayude en tu entrenamiento? ─ dice Tsubaki, para sorpresa de todos.

─ Yo no tengo ningún problema en que me ayude, pero usted apenas se está recuperando de… ya usted sabe ─ responde Kohaku.

─ No pasa nada, si hasta necesito hacer esto ─ dice Tsubaki restándole importancia a lo que dijo Kohaku ─. Necesito algo de actividad, hacer algo diferente, o de lo contrario de arrugaré de tanta amargura que llevo. No puedo dejarme caer y seguir llorando por siempre.

─ Esa es la actitud, Tsubaki ─ felicita Kageromaru muy animado ─. Ya sabía yo que te levantarías finalmente y superarías todo este asunto sobre Kikyo y…

De pronto Tsubaki rompe a llorar y sale corriendo de allí, no permitiendo que Kageromaru terminase lo que decía. Obviamente todos los que estaban allí (Goshinki, Kohaku e incluso Yuromaru) voltearon a ver muy molestos a Kageromaru.

─ ¿En qué habíamos quedado, Kageromaru? ─ dice Goshinki con tono amenazador.

─ Ahí va mi compañera de entrenamiento ─ se lamenta Kohaku.

─ ¡Haaaaaaaaa! ─ dice Yuromaru.

─ Sí, me di cuenta que la he cagado. Se me salió sin querer ─ se excusa Kageromaru ─. Parece que ahora Tsubaki se quedará en su habitación hasta que llegue la hora de cenar.

Goshinki suspira y sale un momento de la habitación para dar una vuelta casual por el jardín del palacio, mientras Kohaku, Yuromaru y Kageromaru se agrupan alrededor de la mesa para comer mientras el chico seguía sacando filo a su arma, extrañando un poco a Kageromaru.

─ Niño, parece que deseas cortar el mundo entero de un solo tajo de tanto sacarle filo.

─ ¿De verdad? ─ Kohaku deja lo que hacía y se rasca la nuca con nerviosismo ─ Lo que pasa es que todavía me falta por aprender en esta parte, y por eso estuve todo el día practicando, aprovechando que mis armas no se desgastan fácilmente para no tener la necesidad de hacer pausas a cada rato.

─ Tiene sentido. Realmente tiene sentido ─ Kageromaru se desplaza por la mesa para tomar su plato de comida, pero se toma una pausa breve antes de empezar a comer.

Kagura regresa con Akago nuevamente dormido, y Kanna llevaba consigo algunas mantas que se notaban recién lavadas.

─ Ya está, el enano está durmiendo como… bueno, como un bebé ─ dice Kagura.

─ ¡Se me estaba olvidando! ─ Kohaku se levanta animado de su asiento ─ En unos días vendrá Suiryu a visitarnos, así que deberíamos prepararle una bienvenida, ¿no?

─ ¿Una bienvenida para la hija del señor feudal Rinryu? Por algo así sería capaz de trabajar nuevamente ampliando la casa, como cuando estábamos en el palacio de Naraku ─ dice Kageromaru.

─ Ya era hora de que venga para acá. De mucho nos valdría su presencia entre nosotros ─ dice Kagura sonriendo de lado ─. Tan solo espero que ella no te haya corrompido tanto como para dejar de actuar normal cuando ella esté aquí, Kohaku.

─ ¿Eh? ¿A qué te refieres, Kagura?

─ A nada, muchacho. Olvida lo que dije.

Kohaku solo se encoge de hombros y retoma su labor de afilar su arma un rato antes de decidirse a entrenar por su cuenta en el jardín, y Kagura deja a Akago a un lado para dedicarse a comer. El día que hacía era estupendo: Naraku no estaba ni había nada que sugiriese que venga pronto, llevaban varios días seguidos comiendo como reyes, tenían juegos y otras formas de entretenerse, y encima tenían reservas suficientes del sake de la época de Kagome como para un mes como mínimo. Aquello, finalmente podía llamarse vida en el pensar de las extensiones de Naraku.

CONTINUARÁ…


Así es. Para el próximo capítulo incluso por primera vez en esta historia un OC, cosa que no hago seguido en mis fics, pero bueno. Se cuidan mucho mientras esperan por el próximo capítulo, y espero que les vaya bien en la vida.

Hasta otra