Nuevamente buenos días, o lo que toque según la hora local en que me estén leyendo. Nuevamente vengo con todos los hierros a dejarles otro capítulo, en que espero que se diviertan igual que con los demás 😃
Día 218 – Reunión 28
Nuestro querido consejo de sabios se encontraba dándose la gran vida yéndose de viaje a unas montañas apartadas, a las orillas de un río donde el clima siempre era cálido a pesar de la altura. Ya Akago y Hakudoshi eran dos seres físicamente independientes uno del otro, y el segundo rápidamente se acostumbra a participar en los juegos de póquer del equipo.
─ Escalera de color. Aquí lo tienen ─ dice Hakudoshi con burla.
─ Tienes suerte que Kanna no esté en esta mano, mocoso, o de lo contrario te pondrías a llorar como un nene ─ dice Goshinki dejando a un lado sus cartas.
─ ¡Esto sí que es el paraíso! ─ dice Tsubaki en bikini y tomando el sol al igual que Kagura ─ No sé cómo es que este tipo de esparcimiento no lo pude conocer antes. Me siento verdaderamente genial.
─ Sí, eso y que la tal Hijiri te respondió por primera vez una carta ─ dice Kagura con burla.
─ Eso desde luego hace mejor este día, no se niega ─ a Tsubaki empieza a caerle baba de la comisura de la boca ─. Puede que su carta fuese muy neutral a primera vista, pero sé que más allá de eso la impresioné con mi poesía, y ahora mismo debe estar leyendo por quinta vez mi última misiva… Ya será cuestión de tiempo para que le entregue mi cuerpo definitivamente…
─ ¿Quieren un poco de té especial de mi jardín? ─ aparece Suiryu con una bandeja y dos tazas humeantes.
─ Gracias, pequeña. Eso ha sido muy lindo de tu parte ─ responde Tsubaki tomando una taza.
─ Yo también quiero uno ─ Kagura toma una taza y empieza a beberla ─. Está bastante bueno, seguro que mezclado con el sake del pueblo de Kagome quedaría inmejorable. Una combinación legendaria. Lástima que se me quedó en nuestro nuevo palacio.
En medio de aquel de alegría y sosiego de pronto de hace el silencio, como si hubiera llegado la noticia de la muerte de alguien. La temperatura disminuye ligeramente, aunque Tsubaki y Kagura se apresuran en vestirse más bien por la rabia que les causa saber quién era el causante de aquello.
─ Genial, ya llegó aquel ─ dice Kageromaru en un lamento.
─ Hola. Llegó por quien todos lloraban ─ dice Naraku con una sonrisa de autosuficiencia, y junto a él llegaba alguien que nadie más conocía.
─ ¿Quién es esa chica de allí? ¿Acaso encontraste a alguien tan loca como para soportarte? ─ se burla Goshinki.
─ No sean tan ridículos. Ella es nuestra nueva aliada. Su nombre es Abi, la princesa Abi.
Todos se quedan mirando raro a Abi, y esta se molesta rápidamente.
─ ¿Qué pasa? ¿Acaso hay que tener pene para estar en este lugar de mala muerte? ─ se queja la nueva.
─ ¡Un poco más de respeto, que aquí habemos cuatro mujeres… bueno, dos mujeres, una chiquilla y una youkai con aspecto de loli! ─ se defiende Tsubaki ─ Además, el fundador de este consejo de sabios, es decir Naraku, tampoco tiene pene.
Abi de pronto se desternilla de risa al igual que el resto del grupo menos Naraku, el cual se muestra bastante indignado y resopla con rabia.
─ ¡Un momento, que yo sí tengo pene! ─ protesta inflando el pecho de forma prepotente ─ De hecho, soy tan viril que he sido capaz de llevarme a cien hembras youkais a la vez a…
─ Vamos Naraku, que usted no engaña a nadie ─ interrumpe Suiryu ─. Yo estuve ahí aquella vez cuando raptó a la sacerdotisa Kikyo… Bueno, yo y medio barrio youkai, esa vez cuando creó aquel conjuro de envenenamiento para absorber al youkai que sobreviviera en aquella montaña, y que de paso consiguió hacerse luego con casi media perla gracias a Kikyo. Ahí estaba usted, desnudo, frente a Inuyasha y los demás que le acompañaban, y todo el mundo vio clarito como el agua que no tenía nada entre las piernas, y no solamente yo.
─ ¿Por qué nadie nos había contado esto antes? Es graciosísimo este dato ─ opina Kohaku.
─ ¡De las cosas que me entero apenas me integro! Creo que ahora sí me siento animada a estar aquí un rato ─ dice Abi sonriente.
─ ¡Les aseguro que todo eso es pura difamación, lo juro! ─ se defiende Naraku rojo de vergüenza y rabia ─ ¡Y tú! ¿Quién te crees que eres para humillarme de esa manera? ─ dice con la vista fija en Suiryu.
─ Mucho gusto, soy la princesa Suiryu, hija del insigne señor feudal Rinryu y heredera de sus tierras y ejércitos ─ dice ella tranquilamente, y Naraku palidece de golpe.
─ Uyuyuy, parece que "Onigu-chan" está en problemas ─ se burla Kageromaru.
─ Menos mal que estamos protegidos por la heredera de un poderoso reino youkai contra el que Naraku lo pensaría dos veces antes de intentar joder ─ opina Kagura.
─ Te paso esta nada más, pero atente a las consecuencias la próxima vez que pretendas hacerme enojar ─ amenaza Naraku a Suiryu, aunque la voz le temblaba un poco.
─ Sólo tóqueme un pelo, y enseguida me verá acompañada por la mitad de la guardia personal de mi padre, y eso si tiene suerte, porque podría acabar viniendo mi padre en persona hecho una furia ─ contrataca Suiryu con burla.
─ Ya tú y yo hablaremos, mocosa insolente ─ Naraku dirige la vista a Hakudoshi ─ ¿Ya averiguaste algo sobre el paradero del último fragmento de la perla? ¿Qué significa eso de los confines de este mundo con el otro?
─ He averiguado de todas las maneras posibles, Naraku ─ responde Hakudoshi con naturalidad ─. Luego de que medio matáramos a una veintena de monjes, acabamos pensando que así no íbamos a lograr nada, así que Kagura y yo recurrimos a una bruja que andaba tirando cartas para ver más allá de lo evidente, pero seguimos sin encontrar nada ─ los demás se aguantaban las risas al ver la cara de bobo que ponía Naraku mientras oía lo que decía Hakudoshi ─. Luego nos pusimos a matar youkais a granel, a diestra y siniestra, arriba y abajo, izquierda y derecha, pa'lante y pa'tras, pero lo más que se veía era una niebla rara ¿Verdad que sí, Kagura?
─ ¡Desde luego! ─ confirma Kagura con una sonrisita cómplice ─ Es una lástima que no hayamos encontrado gran cosa sobre el paradero del último fragmento de la perla, pero la vida sigue, ¿no?
─ Ustedes son unos completos inútiles ─ se queja Naraku ─. Kagura, por tu incapacidad debería reducirte el sueldo a la mitad.
─ No me afecta, porque tú no me pagas nada ─ responde Kagura sin darle importancia al asunto.
─ De todos modos estábamos descansando, Naraku. No deberías estar molestándonos a estas horas ─ señala Tsubaki.
─ Eso a mí no me interesa en absoluto. Aquí el que manda soy yo, y ustedes son quienes obedecen sin rechistar…
─ Eso puede que sea cierto, pero hay un límite ─ interviene nuevamente Suiryu ─. En la última reunión que tuvieron mi padre y el emperador, se proclamó una normativa de regulación laboral en la que incluso los esclavos más despreciables tienen derecho al disfrute al descanso, esparcimiento y condiciones dignas de vida, además que no deben trabajar más de ocho horas al día ni más de ocho días continuados, siendo en ese punto obligatorio que se goce de un mínimo de dos días continuados de descanso, y sólo puede este lapso ser reducido a uno si la cantidad de días continuados es de cuatro o menor.
Naraku estaba con cara de WTF y totalmente perdido, pues casi no había entendido nada de lo que había dicho Suiryu, y Kohaku sonríe orgulloso por tener una novia tan lista y maliciosa como para dejar de piedra a Naraku cada vez que se lo propusiera. Abi asiente sorprendida ante lo dicho por Suiryu, pues ella misma no sabía que se había proclamado ese cambio en las leyes imperiales de Japón.
─ Eres una mocosa insoportable, ¿lo sabías? ─ dice Naraku apretando los dientes.
─ Lo sé. Todos los enemigos de mi padre opinan siempre lo mismo.
─ Oh, por cierto ─ Abi señala la mesa portátil con las cartas desperdigadas encima ─, ¿qué es eso de allí? Jamás había visto nada parecido.
─ Y una vez que te acostumbres no lo vas a querer dejar ─ dice Kageromaru largando una risotada ─. Ya te vamos a enseñar cómo se juega. Vamos, Goshinki, Yuromaru.
Naraku bufa furioso ante la imposibilidad de imponer su voluntad a causa de Suiryu y su capacidad con la palabra, así que se retira de allí para desquitarse con la primera criatura débil que se encontrara. El resto del equipo se dedica entonces a jugar a las cartas o al dominó, todos excepto Kagura y Tsubaki, quienes vuelven a quedarse sólo en bikini y retoman su baño de sol. Todos sonreían triunfantes, pues contaban con un rato más de descanso y diversión.
CONTINUARÁ…
Una derrota épica para Naraku, ¿verdad? Seguro que con esto algunos habrán quedado agradados, y lo mejor es que Suiryu se quedará por varios capítulos (ya he hecho debutar a esta OC para emparejarla con Kohaku, así que no la voy a eliminar, y si la retiro sería sólo por un tiempo). Les dejo por ahora, y pronto he de volver para darles otra reunión ocurrente de este grupo.
Hasta otra
