Ahora sí, lo que tanto esperaba compartir con ustedes. El segundo especial navideño del consejo de sabios. Aquí lo tienen

Día de Nochebuena – Reunión especial 2

Vamos, vamos… Así, que ahí da una mejor imagen… ¡Excelente! Así está inmejorable ─ dice Kagura bastante satisfecha con la decoración ─. Parece que vamos a tener unas Navidades decentes de principio a fin. Justo como a mí me encanta.

─ Pues sí. Así se nota más recto el adorno. Nos vamos a ver como un consejo de sabios de alta alcurnia ─ opina Hakudoshi, igual de satisfecho que Kagura por el resultado obtenido.

─ Ya casi todo está listo, y la abuela casi termina de cocinar ─ anuncia Kanna.

─ Ahora hacen falta las luces del arbolito ─ dice Kohaku ─. El problema es que no tenemos ninguna manera de hacer que brille.

─ Podríamos tomar prestadas algunas luces espirituales, que adornan igual y seguramente aceptarán ayudarnos ─ dice Goshinki restando importancia al asunto.

El actual cuartel del consejo de sabios había sido arreglado hasta el último detalle acorde a los estándares que Kagome le habría explicado a Kagura. El árbol, los adornos, la mesa, el ambiente, la música reproducida desde el teléfono de la chica del futuro… Era bastante agradable todo, hasta el último detalle, y esto hacía sentir al grupo completamente aislado, aunque fuese por un rato, de todas las cosas desagradables que solían enfrentar afuera, día tras día. Kagura se dirige a su pequeña bodega personalizada y saca una enorme botella de sake, cosa que hace tiempo que ya a nadie impresionaba.

─ Vamos a hacer un brindis por el consejo de sabios, por nuestra libertad y nuestra paz.

─ ¿De qué están hablando? Ustedes deben brindar por mí, aunque no sé de dónde sacaron las bebidas.

El grupo dirige la vista a la puerta para encontrarse nada menos que con el despreciable y despreciado Naraku. Realmente nadie lo esperaba, y ahora que había llegado, todos trataban inmediatamente de hallar una manera de echarlo de su pequeña fiesta.

─ ¿Alguien te invitó a que vinieras? ─ dice Tsubaki de mala gana.

─ Yo no necesito invitación, malagradecida ─ se queja Naraku ─. Les recuerdo que quien manda aquí soy yo, y por tanto ustedes deberían obedecer, y ya déjense de niñerías y todo eso, que más debería importarles que tengo hambre ¿Qué hay para comer?

─ Nada. No hemos pensado todavía en qué hacer ─ responde Kohaku, recibiendo una sonrisa cómplice de los demás.

─ Mierda, tuve que venir en un mal momento ─ Naraku estaba por levantarse cuando aparece su madre con un enorme cerdo asado, para lamento de los demás.

─ Genial, justo a tiempo ─ dice Kageromaru con amarga ironía.

─ Acabo de hacer la cena para todos pequeños… Oh, Onigu-chan, al fin te dignas a ver a tu anciana madre, niño malagradecido.

El grupo se aguanta las ganas de reír por la manera en que la madre de Onigumo le había dicho a Naraku, y todos toman asiento alrededor de la mesa, cosa que a Naraku no le agradaba tener que compartir. Su actitud se había vuelto más egoísta y prepotente desde su transformación en la montaña Hakurei. Él quería comerse todo solo sin darle oportunidad a los demás siquiera a probar los huesos pelados. Pero estaba en la obligación de obedecer a su madre, y encima allí estaba Suiryu con su verborrea legal capaz de noquear mentalmente a cualquiera.

─ Bueno, esto ya no es la cena ideal por la llegada de Naraku, pero con esto al menos comemos ─ dice Suiryu.

─ Bonita manera de conocernos entre todos, presentar a Suiryu a la abuelita… Todo arruinado ─ se lamenta Kohaku en voz baja.

─ ¿De qué está hablando este niño? ¿Acaso está cayendo en drogas? ─ dice Naraku ─ Se supone que con mi presencia todo es mejor.

─ Síiii, claaaaaaro. Muchísimo mejor ─ dice Kagura con ironía.

─ Vamos niños, no quiero que se peleen entre sí, o Youkai Claus no les va a traer regalos ─ dice la madre de Onigumo.

─ A mí ya ni me importa si Youkai Claus trae algo o no. Ese viejo enano me ha despertado un tremendo asco ─ refunfuña Naraku cruzándose de brazos ─. Todos los años son iguales. Ese viejo enano y barbón jamás trae lo que quiero. Decidí entonces no pedirle nada. Ya no voy a estar esperando regalos de su parte.

─ Pues haces bien, porque de todos modos no te lo traería.

Todos voltean a ver que había llegado a la casa una versión papanoelesca de Jaken, y este no era otro sino Youkai Claus, una de las personalidades más admiradas y esperadas por todos los youkais y hanyous todas las navidades a nivel global. El consejo de sabios le da la bienvenida a Youkai Claus, y este recibe de buena manera el trozo de cerdo que se le ofrece para comer.

─ De verdad les agradezco el detalle, porque esta noche acabé saliendo de mi casa sin comer. La refunfuñona de mi esposa me castigó sin desayuno porque no le di su "jo jo jo" debido a mi trabajo, y ahora estaba un poco debilitado. Incluso llevaba unas cien casas consecutivas en las que entro dando tumbos por el mareo.

─ Pues con más razón debes comer. Ten un poquito más ─ la anciana corta otro trozo de carne.

─ ¡Mamá! ¡Se supone que el que más debería comer soy yo, y todavía no pruebo nada! ─ se queja Naraku.

─ ¿Qué te he enseñado sobre mostrar respeto ante lo invitados? ─ la anciana pone los brazos en jarras y le da una mirada aterradora a Naraku ─ Sinceramente no sé a quién habrás salido, porque ni tu padre ni yo te hemos enseñado a ser tan grosero. Mejor te sientas y esperas tu turno.

─ No se preocupe, señora. Ya estoy acostumbrado esa actitud de parte de Naraku ─ dice Youkai Claus tranquilamente ─. En todo caso, y como no acostumbro a dar regalos en dos años consecutivos, sólo vengo a saludar y a darle su regalo a Suiryu, que el año pasado no quiso pedir nada porque ya su padre le había comprado las cosas que deseaba.

─ Mi padre siempre me dice que Youkai Claus anda con mucho trabajo, así que casi siempre es él quien me compra los regalos para que Youkai Claus se pueda ahorrar un esfuerzo ─ confiesa Suiryu.

─ Bueno, en todo caso, tengo entendido que estabas deseando un traje de novia, y aquí mismo lo tengo ─ Youkai Claus saca el regalo de su enorme saco y se lo da a Suiryu, la cual lo recibe muy contenta.

─ ¿A ella sí y a mí no? ─ protesta Naraku.

─ Ella es muy bien portada, y además gracias a ella pude saber de la reforma imperial del horario de trabajo. Al menos así puedo trabajar menos y dejarles a algunos de mis ayudantes parte del trabajo.

─ No lo entiendo ¿Por qué todo el mundo recibe regalos menos yo?

─ En la vida hay que tener un poquito de humildad y honor, Naraku ─ le responde Tsubaki ─. El día que lo comprendas, sabrás porqué jamás te llega ningún regalo.

─ Esta comida se está volviendo muy conflictiva ─ dice Kanna para sí misma.

─ No entiendo por qué tuvo que venir precisamente hoy ─ se lamenta Kageromaru.

─ Bueno, ya es hora de que me vaya, aprovechando que finalmente he tenido una comida decente. Tengo que repartir un montón de regalos por todo el mundo, así que mejor me doy prisa ─ Youkai Claus recoge su enorme saco y se lo lleva hasta la entrada, donde se detiene para voltear a ver a Kohaku y las extensiones de Naraku ─. En cuanto tenga un rato libre paso por donde ustedes y les comento un poco de mi trabajo y las cosas que suelo ver durante mi viaje, que sé que a ustedes les gusta un mundo chismear sobre la vida de otros.

─Vamos, que tampoco hay que pintarlo de esa manera, ¿o no? ─ dice Hakudoshi viendo al resto.

─ Yo también creo que ese matriz está ligeramente exagerado ─ se defiende Goshinki ─. Nosotros simplemente somos adeptos a la idea de que la información es poder. Solamente eso.

─ Como sea, me voy ya mismo a darle sus regalos a la princesa Ayame del clan de los hombres lobo. Nos vemos pronto y hablamos. Chaíto.

Youkai Claus se va de allí, y cuando nuestro consejo de sabios regresa su atención a la mesa, encuentran que Naraku se estaba comiendo todo el cerdo él solo. Desde luego, eso no cayó bien a ninguno de ellos.

─ ¡Desgraciado! ¡Nos hemos quedado sin cena navideña! ─ protesta Tsubaki.

─ Me vale, que igual al menos puedo comer como quiero.

─ Yo pido el primer turno para destriparlo ─ dice Kagura destilando odio.

─ Yo sigo después ─ dice Kanna, para sorpresa de algunos.

─ Ya, niños, no tienen que pelearse de esa manera ─ exige la madre de Onigumo ─. Me tienes realmente decepcionada, Onigu-chan. De verdad no sé qué hacer contigo, pero da igual que te comas el cerdo tú solo, que yo ya he terminado de hacer uno todavía más grande, y ese pensaba dártelo a ti, pero como te encanta pelear por uno más pequeño, mejor reparto el otro para los demás y no te dejo probar de él.

─ ¿Quéeee? ─ Naraku deja la parte del cerdo que todavía no se comía y mira suplicante a su madre ─ Pero es para mí. Tú lo dijiste.

─ Era, hijo mío. Era. Si tu padre te viera, seguramente se estaría revolcando en su tumba de la decepción y tristeza que lo embargarían. Ahora te vas ya mismo para tu habitación, y de allí no sales hasta que hayas pensado en lo que hiciste.

─ O sea hasta que el infierno se congele ─ murmura Goshinki.

─ P-pero…

─ ¡He dicho que a tu habitación! ─ la anciana muestra una autoridad que asusta a todos, incluyendo al propio Naraku ─ No quiero quejas. Ya cenaste y no le diste a nadie. No vas a comer más esta noche, por grosero y mal portado.

Naraku aprieta los dientes y se pone a refunfuñar mientras hace lo que su madre le había ordenado. Los demás estaban haciendo un esfuerzo monumental para no partirse de risa ante la humillación de Naraku, y la madre de Onigumo se va a la cocina para luego traerse un enorme cerdo que los demás no sabían cómo le hacía para llevarlo, y más sin aparentar esfuerzo.

─ ¿Quieres que te ayude a cortarlo, abuelita? He practicado mucho sobre hacer cortes ─ se ofrece Kohaku.

─ Por supuesto, mi niño. Eso es un verdadero detalle de tu parte. Y también me explicas cómo es eso que te vas a casar tan joven, jejeje. Me recuerdas tanto a mi amado y a mí cuando nos casamos, el día más feliz de mi vida…

Kohaku se sonroja bastante mientras Suiryu esboza una sonrisa de oreja a oreja. Kagura se estaba haciendo la idea de que para la próxima Navidad podría pedir también un traje de novia para Kanna, pues estaba segura que estaría inmejorable. Incluso empezaba a salirse un delgado hilo de sangre de su nariz al momento de imaginarse las maneras de las que se valdría para quitarle ese vestido, haciendo que los demás (excepto la misma Kanna, quien solo se ruboriza al saber lo que pensaba Kagura) se quedaran mirando raro. Nuevamente el consejo de sabios podía disfrutar las navidades sin tener que lidiar con las imposiciones locas de Naraku. El espíritu navideño había triunfado nuevamente, y ahora sólo tocaba decidir dónde, cómo y para cuándo sería la boda entre Kohaku y Suiryu.

CONTINUARÁ…


Puede que este especial sea más corto que el anterior, pero no creo que eso lo haga menos por sí mismo. Con esto doy final a este segundo especial, y espero verles nuevamente muy pronto ¡Feliz Navidad y que Youkai Claus les dé sus regalos!

Hasta otra