Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling y no mía.

*Este capítulo tiene más Drarry del que quería, jeje.

CITA

Una vez que Zabini despertó, se terminó la quietud en la habitación. El muchacho convenció a sus amigos de jugar snap explosivo para "animarse un poco", quejándose de que últimamente eran muy aburridos. Tomaron el almuerzo y bebieron un poco para recordar su época de estudiantes, cuando contrabandeaban bebidas alcohólicas dentro del dormitorio.

—¿Otra copa, Draco? —ofreció Nott, a la vez que volvía a llenar la suya.

—Estoy bien, gracias —declinó—. No falta mucho para irme, y no puedo llegar ebrio a mi cita.

—Potter ya sabe cómo te pones cuando bebes, no será problema —comentó Blaise, incitándolo a seguir tomando.

Draco sacudió negativamente la cabeza —Estaremos en un lugar público muggle, no quisiera dar espectáculos.

—¿A dónde te llevará tu novio? —inquirió Zabini antes de darle un sorbo a su copa.

—Nos veremos en un parque al que vamos con frecuencia.

Theo inclinó su cabeza para preguntar —¿Por qué no nos has llevado a ese lugar?

—Alguna vez lo haré —observó el reloj de muñeca que Harry le obsequió en su reciente cumpleaños—. Pero no hoy, nos vemos luego.

Theo asintió en acuerdo y Blaise hizo una seña de despedida con su mano. Draco viajó por red floo hasta el callejón Diagón y desde ahí salió al Londres muggle, caminó unas cuantas calles hasta su destino y se sentó en una banca a esperar a Harry Potter.

Malfoy se tensó al sentir unas manos cubrir sus ojos —¿Harry? —acto seguido retiraron las manos de su rostro y se giró para encontrar a un sonriente Harry.

—Obviamente, ¿o esperabas a alguien más? —preguntó el moreno con un deje de celos en su voz.

—Por supuesto que no, ¿cómo supiste que era yo?

Revolvió el cabello rubio a la vez que rodeaba la banca para sentarse a su lado —Este color es inconfundible.

Draco rápidamente apartó la mano de Harry de su cabeza y comenzó a peinarse con los dedos —Demonios, Potter. Sabes que odio que hagan eso, incluso si eres tú.

—No puedo evitarlo, es muy suave —admitió con una sonrisa.

Malfoy suspiró —Algo bueno debía tener mi familia, ¿no?

—No digas eso, Draco. En mi opinión, tú eres lo único bueno.

—No siempre lo he sido —respondió en un volumen bajo.

Potter posó su mano en el hombro del chico como muestra de apoyo —Mejor cambiemos de tema, ¿qué hacías antes de venir aquí? —preguntó con cierto interés.

—Lo de siempre, estaba con Blaise y Theo. ¿Qué hay de ti? —respondió Draco.

—Algo parecido, no te conté pero Hermione y yo pasamos el fin de semana en casa de los Weasley, estuve hasta medio día ahí y luego me fui a casa a comer con Sirius —explicó brevemente.

—Por alguna extraña razón, no me molesta que duermas con Weasley, que raro —admitió Draco encogiéndose de hombros, Harry rio por lo bajo.

—Es mi mejor amigo, jamás podría verlo de otra manera ni aunque él quisiera —dijo—. Y eso es que hemos dormido juntos desde más chicos.

Malfoy sonrió con inocencia —Sigue sin molestarme, tal vez porque él es feo —después alzó su barbilla orgullosamente y ambos rieron.

—No digas eso, yo jamás he dicho que tus amigos son feos.

—Porque ellos son atractivos, los tuyos están defectuosos de fábrica —Draco soltó una carcajada al oír sus propias palabras e hizo como que se limpió una lagrima—. Ay, soy tan gracioso.

Harry rodó los ojos, prefirió no responder y dejarlo ser.

«Mansión Malfoy»

Narcissa había aguantado apenas un par de días ignorando a su marido. ¡Cómo pudo ocultarle un asunto de tal magnitud?

La nueva noticia cambiaría la vida de todos, sin duda alguna, y lo que más le preocupaba a la mujer era Draco, pues no tenía idea de cómo reaccionaría al enterarse. El chico era impredecible, o más bien era que ella no lo conocía tanto como debía hacerlo al ser su único hijo. Sus cambios de humor eran frecuentes, a veces apacible, otras furioso, alegre… Comenzaba a sospechar que se estuviera viendo con alguien, pues en ocasiones mientras él tomaba un baño, lo había escuchado cantar. En el momento en que regresaba del jardín a la biblioteca, pasó frente a ella la persona que menos deseaba ver.

—Espera, Lucius —su voz era firme, pero al menos ya no sonaba tan enojada como los días anteriores.

El hombre se detuvo, esperó a que ella se acercara y habló —¿Qué pasa?

—Pasan muchas cosas —le dio una gélida mirada a su esposo—. Pero ese no es el punto ahora, aunque todavía no te perdono, por supuesto. No quiero que perdamos más tiempo, tienes que decírselo a Draco, el merece saberlo.

—¿Yo? ¿Darle tremenda noticia a un adolescente? —Ahogó una exclamación—. Podría hechizarme.

Narcissa giró su rostro para no ver a su marido —Desde luego que lo harás, tu eres el único culpable de todo esto, y si él te hechiza no lo reprenderé.

—Dame un día para prepararme mentalmente, además ya es tarde, y quien sabe a dónde podría huir si se enoja conmigo —su voz denotaba nerviosismo.

—Sabemos muy bien que la mayoría del tiempo está con sus amigos, no te preocupes por eso —afirmó la mujer dando la última palabra. Rodeó a Lucius y siguió su camino a la biblioteca, sellando las puertas con un hechizo para evitar molestias.

Estoy editando todo lo que puedo, trato de agregar algunos detalles para, según yo, mejorarlo.

Nia