¿Hola? -Se asoma apenas- lo sé, lo sé. Me he desaparecido por muchísimo tiempo. En realidad, no tengo una excusa cierta. En un principio fue por el hecho de que acababa de encontrar un empleo, y no me adaptaba del todo a los tiempos. Luego fue solo por descuido, y en verdad lo lamento. Cierto es que, también, me ha costado un pelín retomar el hilo de mis fics, y el hecho de que mi beta se encuentre sumida en trabajo no me lo hace más sencillo. Pero en fin, la cosa es que -pra bien o para mal- he regresado con el fin de poder, al fin, llegar al final de mi historia. Espero que continuen apoyandome a pesar de todo, y les agradezco por todo el amor que le han dado a esta pareja. ¡Las quiero!
® Los personajes de avatar no son de mi creación ni me pertenecen a mí, sino a Bryan Konietzko, Michael Dante DiMartino, y a Nickelodeon. La trama de la historia, sin embargo, sí que lo hacen. Escribo esto solo con fines de entretención, y espero que respeten su autoría.
Paso 12
TOCALA CON LA DELICADEZA QUE UNA FLOR MERECE
Cuando eres ciega de nacimiento, todas las cosas, colores y formas te resultan imposibles de imaginar, tan difícil como darle un rostro a una persona dependiendo solo de lo que tus dedos acariciaban, de lo que tus otros sentidos gritaban.
Hallándose ya en la flor de su adolescencia, y con el sonido de los jadeos masculinos haciendo eco en sus oídos, Toph Beifong podía decir que, al fin, era capaz de visualizar perfectamente a una persona que no era ella misma.
Sin necesidad de verlo, podía indicar con exactitud donde se encontraba la más pequeña y oculta cicatriz en el cuerpo de Zuko. El punto preciso de su espalda donde el aroma a azufre comenzaba a tornarse almizclado y masculino. Donde la piel rugosa y áspera daba inicio a una extremadamente suave y sensible. Lo sabía todo del mayor en ese momento.
-Es mi turno, fugitiva. -El aliento escapó de entre sus labios como un cálido suspiro al momento en el que sus posiciones cambiaron, los dedos de Zuko acariciando ahora sus pómulos. -También quiero verte con detalle.
-Ya puedes hacerlo con tus ojos.
-No, Toph. -Una risita se le escapó, la piel perlada de sudor se rozó con la femenina al inclinarse él, sus labios acariciando el mentón de la muchacha ciega. -Quiero ver como tú lo haces.
No estaba segura de lo que ocurría con exactitud con su cuerpo, ni porqué la única palabra que podía formular era el nombre de su amado. Como una baja letanía, el nombre de Zuko volvía a salir de entre sus labios, su espalda volvía a encorvarse y la mente se le nublaba por completo, prisionera de los dedos que, con trémula dedicación, continuaban explorando su piel.
Jadeó, aferrándose a las sábanas arremolinadas bajo ellos cuando Zuko unió sus cuerpos, musitando bajito una maldición que habría espantado al mismísimo avatar de haberla escuchado.
-Luces hermosa en estos momentos Toph. -Escuchó al señor del fuego susurrar, los cálidos labios acariciando su cuello. -Mi bella bandida.
Y fue por ese instante -como en una alucinación- que Toph creyó poder ver su rostro perlado por el sudor, una sonrisa satisfecha curvando los suaves labios masculinos.
Espíritus… él era hermoso.
