NA: Esta historia esta inspirada en el universo de Harry Potter hasta el final del séptimo libro, no tiene en cuenta el último (Harry Potter and The Cursed Child). Además he cambiado un poco algunas cosas para el trasfondo del fic.


San Mungo I

Cuando empezó a distinguir los sonidos a su alrededor, incluso antes de despertarse del todo, sintió que no estaba dónde debía. Apenas recordaba que había pasado antes de desmayarse. Tenia un caso sobre unos ladrones. Recordaba un almacén pero lo siguiente no eran más que imágenes confusas de luces de colores. Debió lastimarse, tal vez una explosión. Se sentía agotado y la cabeza le dolía horrores. Pero había algo más. Algo más no estaba en su sitio. Esa no era la primera vez que despertaba en un hospital tras un caso, confuso y aturdido, pero esta vez había algo diferente en el aire. Y entonces lo sintió. Una corriente de aire le hizo estremecer y mandó señales alarmantes a su cerebro. Pero no se trataba de una corriente de aire. Esa sensación era cómo cuando percibía algo que no debería de ser real en sus casos pero multiplicada por diez. Esta vez era cómo estar sumergido en esa sensación. Se tensó con el corazón acelerado, la adrenalina empezando a llenar su sistema circulatorio, preparándolo para el peligro, y abrió los ojos.

Lo primero que vio fue una vara de madera delgada, un poco tosca y con un extremo brillando de color anaranjado, siendo pasada por encima de su rostro, justo delante de sus ojos. En ese instante todos los recuerdos llenaron su cerebro: el almacén, los tres sujetos, los varas de madera, los rayos de colores, los tipos de azul y la batalla surrealista en la que participó involuntariamente. Y también recordó a los sujetos de azul amenazándolo.

Se incorporó de un salto, agarrando la fina mano que sostenía el palo, apartándolo de él y utilizando el movimiento para girar a la persona en cuestión y, ignorando sus gritos asustados, moverse hasta situarse en su espalda con el brazo del arma retorcido. Fue entonces que se dio cuenta de que se trataba de una mujer mayor vestida con una túnica blanca larga hasta los pies y un sombrero pequeño y extraño. La pobre mujer gritaba asustada y se removía en sus brazos. Por un momento se sintió culpable y estuvo a punto de soltarla pero entonces recordó lo que hacían esos palos y se detuvo indeciso. Justo en ese momento la puerta se abrió y entró un hombre de aspecto asiático vestido con la túnica azul que ya había visto anteriormente. Le apuntó con un palo de esos y pronunció unas palabras en lo que parecía latín.

- ¡Petrifficus Totalus!

De repente todos los músculos de su cuerpo se tensaron y se quedaron inmóviles en esa posición, los brazos se le pegaron al cuerpo y sintió como caía hacia atrás. Quiso cerrar los ojos o hacer algo para evitar el golpe pero por más que lo intentó no logró ni siquiera parpadear. Caía rápida e inevitablemente.

- ¡Wingardium Leviosa!

Y de golpe dejó de caer, se detuvo en el aire cuando ya estaba inclinado mas de 45º y en teoría no habría de haber nada que frenara la fuerza de la gravedad. Pero de alguna forma algo la frenaba. Entonces vio como el techo se acercaba y se movía lateralmente, tardó unos segundos en darse cuenta de que en realidad era su cuerpo el que se estaba moviendo. Por el aire. Sin su permiso. Y aún seguía sin poder mover ningún músculo. Vio como lo bajaban mientras su estomago se retorcía por la impresión, hasta que notó de nuevo la suavidad y comodidad de la cama donde se había despertado. Se sintió aliviado, seguía sin moverse pero al menos ya no "flotaba". Incapaz de hacer nada más que escuchar oyó claramente las siguientes palabras que pronunció el hombre, esta vez en perfecto y claro inglés.

- ¿Se encuentra bien?

Quiso gritar "¡NO! ¡¿Acaso no te das cuenta de que no me puedo mover?!" pero por obvias razones no pudo mover ni un músculo facial. Y eso lo estaba volviendo loco. ¡Los Williams no estaban hechos para estar inmóviles! La necesidad de movimiento y el pelo rubio eran dos rasgos vinculados genéticamente entre sí que pertenecían a todo Williams que se enorgulleciera de serlo. Y también a algunos que no se sentían orgullosos al respecto; cosas de la genética.

- Si, gracias agente - respondió una temblorosa voz femenina. - Sólo me ha sorprendido.

- ¿Que ha ocurrido? - insistió el hombre mientras Danny quería gritar de frustración pero no podía.

- Simplemente se ha levantado de golpe y me ha agarrado de improviso – contestó con la voz más firme. - No creo que quisiera hacerme daño, más bien creo que se asustó y reaccionó por instinto. Es comprensible, sobretodo teniendo en cuenta su... condición.

La forma en que fue pronunciada la última palabra y el silencio antes de ésta le hicieron fruncir el ceño. O al menos mentalmente. Y ya que estaba hizo un par de pataletas. Ventajas de hacerlo solo en la privacidad de su mente.

- Eso pensé – contestó el hombre mientras seguía ignorando al hombre-estatua. – ¿Pudo terminar su revisión?

- Aún no – contestó ella mientras Danny se exasperaba por momentos. - Pero supongo que puedo esperar unos minutos, no parece tener ninguna dificultad ni dolor. Iré a revisar mis otros pacientes, si ocurre algo solo llámeme.

- Gracias - musitó el hombre.

Se oyeron unos pasos y una puerta cerrarse. Entonces silencio. Danny empezaba a pensar que el hombre se había volatilizado en el aire cuando volvió a hablar.

- Sr. Williams, entiendo que se haya sobresaltado hace un momento y la verdad no voy a inculparlo por este incidente. - empezó el hombre con voz solemne, Danny no podía verlo pero podía asegurar que su expresión seguramente era igual de seria. - Le garantizo que todo se ha tratado de un malentendido, aquí nadie va a hacerle daño. Voy a permitirle que se mueva pero le advierto que si siento que va a reaccionar de la misma forma impulsiva que hace unos segundos no dudaré en dejarlo toda la noche paralizado.

Ante esta advertencia Danny se horrorizó. "¿Toda la noche inmóvil?" La peor pesadilla para alguien de su familia.

- Finitte Incantatem – oyó murmurar al hombre.

Y de golpe, cómo si le hubieran cortado las cuerdas a una marioneta, cayó sobre el colchón, dándose cuenta entonces que la posición en la que quedo paralizado no le permitía hacerlo del todo. Siguió sin moverse unos segundos, parpadeando incrédulo, antes de mover ligeramente el pie izquierdo. La felicidad que sintió al sentir los músculos obedecerlo era en cierto modo vergonzosa. Siguió moviendo lentamente el resto de partes del cuerpo, consciente por primera vez de los movimientos que hacia constantemente sin darse cuenta. Sólo entonces se incorporó lentamente y se giró hacia el otro hombre. Éste se encontraba sentado en un sillón, con posición relajada, la vara de madera descansando inofensiva en su regazo. Inofensiva pero a la vista como clara advertencia.

- No vuelva a hacer eso – murmuró casi sin creer él mismo lo que estaba diciendo.

- ¿Disculpe? - preguntó el hombre con cara de no entender.

- ¡Lo que sea que ha hecho! - musitó ahora más fuerte, sintiendo la necesidad de movimiento apremiándolo. - ¡Lo de paralizarme! ¡O lo que sea eso! - insistió. - ¡Nunca paralice a un Williams! ¿Es que quiere que me dé un ataque al corazón? Y no lo digo por decir, ¡hay precedentes! - se levantó de golpe, ignorando la tensión en el otro hombre y empezó a pasear en círculos por la sala, fregándose la nuca con desesperación. – Creo que fue una tía abuela de mi padre, en fin, la cuestión es que acabo de superar el récord de inmovilismo de la familia.

- ¿Inmovilismo? - repitió, su voz sonando esta vez divertida. - ¿Esa palabra existe?

- ¡Debería! - exclamó Danny, respirando profundamente y observando la habitación.

A simple vista parecía una habitación de hospital común y corriente, suficientemente amplia para varias camas, pero había sutiles diferencias. Para empezar todo el mobiliario de la sala parecía antiguo e anticuado, de uno o dos siglos atrás. Y luego había la manca de objetos tan comunes como la televisión, los timbres de llamada de emergencia o las luces. Ni siquiera había luces. Solo unas velas colocadas estratégicamente y un par de luces de aceite en una mesita, juntamente con un gran ventanal con cortinas. No parecían ser suficientes pero curiosamente la habitación estaba perfectamente iluminada aunque no sabría decir de donde procedía exactamente la luz. Giró la vista y observó una estantería antigua con un montón de viales, por no encontrar otra palabra para describirlos, con líquidos de colores distintos y etiquetas con los nombres más rocambolescos posibles, como por ejemplo "Poción crece-huesos" o "Antídoto de Leprechaun". Parecía que hubiera ido a parar al escenario de una película de vampiros del siglo XVIII.

- Esta bien – musitó, encarándose de nuevo hacia el otro hombre que aún seguía recostado cómodamente en el sillón, aparentemente divirtiéndose con sus paseos. - Me rindo, no entiendo nada de lo que esta pasando. ¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado aquí? ¡Y qué clase de broma es esta?

- Antes que nada – empezó el hombre, levantándose de la silla. - Creo que deberíamos presentarnos debidamente. Soy Chin Ho Kelly, del Departamento de Seguridad del Ministerio, vengo en representación de la Oficina de Aurores. - musitó extendiéndole una mano para saludarlo.

- Detective Daniel Williams – respondió Danny al saludo mientras le estrechaba la mano. - Aunque todos me llaman Danny. ¿Aurores ha dicho? ¿Y eso que rayos es?. - musitó extendiéndole una mano para saludarlo.

- Sr. Williams... – empezó de nuevo Kelly antes de que Danny lo cortara.

- Danny, por favor.

- Danny entonces – prosiguió Kelly. - Verá, los aurores son algo parecido a los policías que conoce tan bien. Solo hay pequeñas diferencias.

- Cómo que pueden volatilizarse en el aire, aparecer de la nada, volar en algo que, si mal no recuerdo, parecían escobas, y lanzar rayos de luz multicolor que pueden tener múltiples efectos? - cuestiono Danny, impaciente por ir al grano. - Lo he notado. Múltiples veces si me lo permite decir.

La media sonrisa en el rostro del asiático lo relajó por alguna extraña razón. Su nuca sin embargo seguía mandándole señales escalofriantes. Se pasó la mano descuidadamente, intentando aliviar las sensaciones.

- Supongo que esas serian algunas de las diferencias – respondió Kelly en tono divertido. - Pero le aseguro que no son ni una centésima parte de lo que los diferencia. La cuestión sin embargo no es esa. El hecho es que fue encontrado en la escena de un crimen, de hecho, participó en la captura de un criminal sin autorización y de una forma altamente peligrosa.

- ¡Eh! ¡Esa era mi escena del crimen! - respondió con indignación mientras se señalaba a si mismo para enfatizar. - Llevábamos más de una semana tras esos ladrones y justo cuando los tenemos acorralados aparecieron de la nada todos esos payasos disfrazados – pausó un momento para mirar el atuendo de Kelly. – Sin ofender, ¿eh? - ante el gesto sin importancia de Kelly prosiguió. – Pues eso, que después de tanto trabajo cuando Peter, Meka y yo ya los teníamos...

Y entonces se detuvo de golpe, tanto en su discurso como en sus movimientos. ¡Sus compañeros! ¡Con la tensión del momento ni siquiera había pensado en ellos! Miró a sus lados frenético, casi esperando verlos en alguna de las camas vacías de la habitación. Recordaba perfectamente que Peter apenas respiraba y Meka estaba inconsciente y con un brazo roto la ultima vez que lo vio. Kelly se tensó de nuevo al verlo inquieto.

- ¿Ocurre algo? - preguntó con cautela.

- ¡Mis compañeros! - exclamó Danny asustado. - ¡Peter y Meka! ¡Dios mio! ¡Casi me olvido de ellos! Tengo que encontrarlos, ¿están por aquí en algún sitio también? - preguntó pero antes de que Kelly respondiera ya se estaba dirigiendo a la puerta.

- Tranquilícese – dijo Kelly barrandole el paso, con las manos levantadas – No están aquí, nos aseguramos de que estuvieran bien y se los llevaran en la ambulancia que pidió antes de irnos. Estarán bien.

- ¿Como lo sabe? ¿Y porque no me lo ha dicho antes? - exclamó – ¡Los dos estaban inconscientes! Y a demás los chicos de la retaguardia tampoco aparecieron - volvía a pasear histérico por la sala - ¡El móvil! ¿Como no me he acordado? Llamaré a la oficina a ver que saben de ellos.

Se palpó los bolsillos para encontrar el móvil pero se sorprendió cuando se dio cuenta de que no llevaba su ropa sino unas túnicas blancas largas hasta el suelo bastante parecidas a las que llevaba la mujer de antes pero sin bolsillos. Ni pantalones debajo. A pesar de la fina tela no sentía ningún frío. Sin embargo eso era el colmo. Se quedó petrificado y notó como le empezaba a aparecer un tic en la ceja derecha.

- Mi ropa – murmuró mas para sí mismo que para alguien más. - ¡¿Dónde diablos están mis cosas?! - gritó esta vez.

Kelly, que no parecía alterado en lo más mínimo, se acercó a él con las manos en alto y hablándole con cautela, como se haría con un loco.

- Iba a explicárselo ahora, pero primero necesito que se tranquilice - le cogió suavemente de un brazo y lo sentó en el sillón. - Aunque tal vez no se lo parezca esto es un hospital y si se altera demasiado lo dormirán o inmovilizaran.

"¡No por favor! ¡No mas inmovilización por hoy!" pensó Danny con desesperación. Cerró los ojos e intentó respirar profunda y lentamente.

- Cayó inconsciente en el almacén, en Witney, y lo trajimos aquí, se encuentra en San Mungo - empezó Kelly. - Sus amigos fueron atendidos y enviados con la ambulancia al hospital más cercano. La patrulla que aguardaba afuera esta bien, solo sufrió un ligero contratiempo que le impidió entrar al edificio - prosiguió Kelly y al ver la mirada acusadora de Danny se explicó. – No podíamos dejar que entraran en el almacén, era demasiado peligroso, así que los... dormimos.

- Los dormisteis - musitó Danny con incredulidad. – ¿Y como lo hicisteis? ¿Con polvos mágicos? - preguntó con sarcasmo.

- En realidad de una forma bastante parecida a como lo inmovilice hace unos momentos - simplificó Kelly, ignorando el estremecimiento de Danny al recordarlo. - La cuestión es que sus amigos están bien y usted, bueno, su caso era especial así que lo llevamos a San Mungo.

- Especial - inquirió Danny, extremadamente consciente de su ceño fruncido, esta vez de verdad.

- No fue lastimado en la confrontación sino después y las causas de eso nos sorprendieron. Por decirlo de una forma - musitó el Auror. - Así que fue trasladado aquí para que podamos hacerle un par de pruebas y algunas preguntas al respecto.

Danny se tenso de inmediato. Preguntas. Tal vez lo que en realidad querían esa gente era información clasificada. Ningún problema. Aún con esas armas. Mientras no metieran a Grace de por medio no lograrían sacarle nada. Razón de más por lo que debía despistar a ese hombre y salir de allí cuanto antes mejor.

- Preguntas - repitió Danny con tono escéptico antes de cambiar súbitamente de táctica. – De acuerdo, ningún problema. Ya se debe de haber dado cuenta de que no me disgusta hablar – comentó en tono jocoso. - Pero la verdad es que no estoy acostumbrado a este tipo de ropa, no es mi estilo precisamente. No es que tenga nada de malo como vestís por aquí pero algunos preferimos llevar nuestras partes bien cubiertas. Eso de no llevar nada debajo de esta tela tan fina me da escalofríos solo de pensarlo. Así que si pudiera devolverme la ropa se lo agradecería - prosiguió casi sin respirar. - Porque seamos sinceros, si me quieren tener aquí respondiendo vete a saber cuantas de sus "preguntas" lo menos que pueden hacer es devolverme la ropa, ¿no? - insistió sin descanso. - Estoy seguro que debe haber algún derecho humano que contemple el derecho a llevar la ropa que uno prefiera, como mínimo en una situación así. Creo que era el articulo 12 del apartado 5a donde decía que…

- Esta bien, esta bien - suspiró Kelly, frotándose levemente la frente, posiblemente para prevenir una jaquea, un efecto secundario frecuente de tratar con un Williams. - Miraré de conseguirle su ropa y sus cosas.

Danny sonrió disimuladamente mientras el Auror se dirigía a la puerta, el articulo 12 siempre funcionaba; allí tenia la oportunidad que estaba esperando. Kelly se detuvo unos segundos en la puerta, donde se giró para decirle una ultima frase antes de salir.

- No tardaré, le recomiendo que se quede aquí.

Y entonces salió y cerró la puerta. Danny espero diez segundos prudenciales antes de acercarse a ésta. Aguardó unos segundos más, escuchando los pasos alejarse y luego se fijó en la puerta, intentando notar si había algo extraño allí, más de lo regular en ese lugar al menos. Sus sentidos, sin embargo, estaban saturados con la presión constante en el ambiente así que no pudo distinguir nada diferente. Inspiró profundamente y se arriesgó. Abrió la puerta y miró a ambos lados antes de salir.

Una vez fuera se encontró en un pasillo des de donde se intuía una enorme sala de paredes blancas y mobiliario parecido al de la habitación en un extremo. Se dirigió hacia allí, mirando a su espalda de vez en cuando por si alguien notaba algo sospechoso y daba la alarma de su fuga. En la sala en cuestión empezaban varios pasillos como el suyo a lo largo de toda la longitud de ésta y en cada uno de ellos habían puertas idénticas a la que acababa de atravesar, por lo que supuso que se trataban de más habitaciones. Las paredes y suelo eran de lo que parecía mármol blanco y había una escultura oscura y enorme en el centro de la sala con forma humanoide. En una de las paredes de la sala, justo al lado opuesto de donde se encontraba, había lo que parecía una salida al exterior, mientras que en la pared próxima había un montón de chimeneas, tan grandes que cabrían fácilmente tres adultos de pie dentro. En el espacio entre pasadizos había grandes ventanales que permitían la entrada de los rayos de sol, iluminando toda la sala. El techo de ésta no se podía ver desde su posición de lo alto que era y la iluminación seguía siendo un misterio puesto que no había más luces que en la habitación.

Sin embargo lo que realmente llamó su atención no fue la arquitectura en sí sino la gente que circulaba en todas las direcciones. Aunque "gente" tal vez no era un término correcto. Vio pasar a dos hombres corpulentos con la piel llena de ampollas verdes, algunas de ellas reventadas y expulsando un liquido violeta que apestaba. En otro pasillo había una mujer y una niña, seguramente su hija, con un pelo que le llegaba hasta el suelo y que no paraba de crecer rápidamente, suficientemente rápido como para ser capaz de verlo con sus propios ojos. Por encima de su cabeza pasaron volando un grupo de avionetas de papel de distintos colores que se separaron una vez en la sala y siguieron por distintos pasillos. En todos sitios había personal con la túnica blanca atendiendo a los demás y llevando objetos de un pasillo a otro. Uno de esos chicos pasó por su lado, con un carrito lleno de viales y vendas flotando detrás de él. En la sala no paraba de aparecer y desaparecer gente de la nada o saliendo y entrando por las chimeneas en lo que parecía un estallido de fuego verde. Cerca de la estatua central había un grupo con túnicas blancas tras un escritorio enorme con pergaminos y plumas que escribían solas mientras los nuevos llegados explicaban sus problemas. Observó atónito como los pergaminos se doblaban solos al terminar, formando una especie de boca que daba algunas indicaciones para luego cambiar de forma otra vez y convertirse en un avioncito que levantaba el vuelo y que los pacientes seguían por los distintos pasillos. En algunas paredes había cuadros de paisajes dignos de un cuento de hadas, con algunas siluetas dibujadas que parecía que tenían vida propia y que se movían en total libertad por el cuadro o incluso pasaban de un cuadro a otro.

Todo junto le recordaba a una mezcla entre un hospital y un aeropuerto muy transitado. Un hospital donde las cosas flotaban por doquier y los pacientes sufrían de fenómenos tan surrealistas como las ropas que llevaban. Porque la mayoría de la gente vestía con túnicas multicolores largas hasta los pies y sombreros de punta con colores a juego, de vez en cuando veía a alguien vestido mas normal pero aun así de un estilo no muy corriente. Como por ejemplo un matrimonio que parecía que llevaran las ropas del otro, la mujer con un traje de levita que no se veía de su talla ni diseñado para mujeres y el hombre con un vestidito corto de verano y un pañuelo por encima. Daría gracia si no fuera tan real. Se apartó del camino de otro enfermero con un carrito flotante y casi sin darse cuenta terminó dentro de la sala principal, mirando atónito hacia arriba donde al parecer no había techo, al menos no uno solido, sino una especie de superficie gelatinosa que cambiaba constantemente de forma y color. Éste, sin embargo, se encontraba mas de 50 metros arriba y desde la sala podía vislumbrar al menos diez pisos con pasadizos y estructura similares. Y entre cada piso había una especie de ascensores que no parecían sujetos a nada y que se movían hacia arriba, abajo, derecha, izquierda e incluso en diagonal entre los distintos pasillos.

Se agarró a la pared mas cercana al sentir que las piernas le temblaban y la cabeza le daba vueltas. ¿Donde diablos estaba?

- ¿La primera vez impresiona un poco verdad? - comentó una voz a su lado. - A mi nunca deja de sorprenderme.

Se giró y se encontró con una mujer de unos cincuenta años, unos centímetros mas bajita que él, con una rizada melena castaña y ojos y sonrisa amables. Sin embargo lo que más le alivió fue ver que iba vestida de manera perfectamente normal, con un conjunto de falda y camisa de color marrón claro y unos zapatos de tacón negros. Nada de túnicas ni sombreros. Se sintió tan aliviado que podría haberla abrazado.

- El Detective Williams, ¿verdad? - prosiguió ella. - Me alegra de ver que ya se encuentra mejor, ahora mismo iba a visitarle. Sé que al principio cuesta de asimilar una información así pero confío en que Chin se lo habrá explicado con... delicadeza, por decirlo de algún modo.

Danny estaba tan sorprendido que a duras penas logró recordar que por Chin se refería al Auror Kelly. Decir que entendía algo de lo que le hablaba esta mujer seria una blasfemia.

- ¡Pero que cabeza la mía! Ni siquiera me he presentado - exclamó ella de repente. - Hermione Weasley, Jefe de la División de Estudio de los Orígenes Mágicos e Integración de Tecnologías Actuales del Ministerio de Magia - soltó ella de carrerilla. - DEOMITA para abreviar - terminó con una sonrisa.

- Deo... que? - logró musitar Danny para luego recordar la parte de la oración que más le había asustado. - ¡¿Ha dicho Estudio de Orígenes Mágicos?!

- E Integración de Tecnologías Actuales – corrigió ella. - Nuestra división se encarga de estudiar el origen de la magia en si misma para poder entender mejor sus manifestaciones, así y como mezclarla con las nuevas tecnologías muggles sin que estas se estropeen - prosiguió, sin darse cuenta de que Danny apenas la escuchaba. - Modernizar un poco la decoración tampoco estaría mal, ¿no cree? ¡A veces creo que aun vivimos sumergidos en el siglo pasado!

Danny asintió ausente mirando a su alrededor. Acababa de llegar un chico con la piel azul con topos rojos y se discutía con otro que tenia los brazos mas largos que las piernas y los arrastraba tras de sí. Un sueño. Tenia que ser todo un sueño. No había otra explicación.

- ¿Entonces esta listo para la prueba de su nivel de magia? - oyó que la mujer le preguntaba, a lo que casi se cae al oírla.

- ¡¿Mi nivel de que?! - exclamó ahora visiblemente asustado y buscando una salida. La ventana parecía una buena opción.

- Su nivel de... - insistió antes de detenerse de golpe y observarlo con ojos críticos. – ¡Por las barbas de Merlín! Chin no le ha explicado nada aún, ¿verdad?

- ¡¿Explicarme que?! - prácticamente gritó, a esas alturas aterrado del todo.

- Hubiera preferido informarle de otra forma, la verdad - musitó con voz queda. - ¡Diantres de muchacho! ¡Cuando encuentre a ese auror de pacotilla me va a oír! - observó a la mujer suspirar antes de levantar decididamente la barbilla y mirarlo directa y desafiantemente. - Muy bien, ¡allí va! Sr. Williams estoy prácticamente segura de que es usted un mago.

"¡¿Un que?!" no pudo evitar pensar Danny. Hubiera esperado cualquier cosa, desde la típica "¡Esto es una cámara oculta! ¡Salude al publico!" hasta un "Lo siento señor pero lamento decirle que se ha vuelto completamente loco", pero nunca, jamas, se hubiera esperado eso. Se echó a reír. De una forma descontrolada y un poco histérica, esperando que en cualquier momento la mujer empezara a reír con el y le confesara que todo era un montaje. Pero ella no reía. Se quedó en la misma posición, quieta y seria, esperando pacientemente hasta que la risa se apago, agotándolo.

- ¿Es una broma verdad? - pregunto casi con miedo. – ¡Por favor dígame que todo es un montaje!

- Mire a su alrededor Sr. Williams - respondió simplemente ella. - ¿Le parece esto un montaje? Y si lo fuera, ¿cree que alguien se tomaría las molestias de crear un montaje de esta magnitud para una simple broma?

La tal Weasley tenia un punto de razón en eso. Al único que conocía con dinero suficiente para hacer algo así era a Stan. Y los dos se odiaban demasiado como para irse gastando bromas. A no ser que fuera realmente un montaje para volverlo loco y así robarle a Grace. Extrañamente no creía que ni siquiera Stan fuera capaz de hacer algo así.

- Sé que es difícil de asimilar esto que le voy a decir pero debe saber que la magia existe - prosiguió ella, con tono solemne. - Siempre ha existido. Simplemente no se deja ver con facilidad.

- ¿Y eso que diablos significa? - preguntó sin entender nada.

- Significa que las fábulas y leyendas, los mitos y las historias fantásticas que usted y yo conocemos tienen un base más real de lo que nadie llegaría nunca a imaginar - comentó ella con tono esta vez soñador. - Hay un mundo oculto bajo el mundo que usted conoce señor Williams, el Mundo Mágico - prosiguió ella mientras se acercaba a la ventana. - Y antes de que diga que no me cree por favor acérquese y véalo por usted mismo.

Otro de los defectos de su familia, a parte de la incapacidad de estarse quietos, era la curiosidad. Fue esa curiosidad hereditaria e irresistible la que lo empujó a acercarse a la ventana y fue esa curiosidad la que lo impulsó a echar un vistazo. Y una vez lo hizo sintió que no había marcha atrás. Porque lo que había al otro lado del cristal era una calle llena de tiendas y gente, todos vestidos de forma extraña, y comprando objetos aun más extraños, calderos, escobas, túnicas, sapos, y un sin fin de otros artilugios e animales inusuales. Por todos lados volaban búhos llevando cartas, paquetes y diarios de un lado a otro, tropezando a veces con unos chicos jóvenes que volaban a gran velocidad montados en esas escobas tan raras. Pero lo más extraño era que entre la gente se podían ver criaturas de tamaños, colores y formas que definitivamente no eran humanos. Pequeñas criaturas encorvadas de grandes orejas y pocas prendas de ropa; criaturas poco mayores y similares pero bien vestidos y con gestos huraños y miradas desagradables en sus fríos ojos, las manos controlando constantemente pequeños saquitos de monedas en su cintura; hombres y mujeres de más de tres metros de altura, abriéndose paso a empujones; pequeñas figuras brillantes que volaban, en ocasiones suficiente cerca del cristal como para poder distinguir un cuerpo diminuto azulado y un par de alas grandes y transparentes.

No era real, eso no podía ser el mundo real. Y por otro lado encajaba a la perfección con las cosas que había estado notando y viendo a lo largo de los años. Las cosas inexplicables que le ocurrían en su adolescencia cuando se enfadaba o asustaba, o incluso cuando se emocionaba demasiado. Los casos sin resolución y los delincuentes que desaparecían entre sus dedos. Y la batalla del día anterior. Sintió una mano en su hombro y se giró levemente viendo los ojos amables y la sonrisa comprensible de la Sra. Weasley.

- ¿Que le parece si le ofrezco una taza de te o un café en mi oficina privada? - ofreció suavemente. - Sé del cierto lo difícil que puede ser aceptar una realidad como ésta. Y también que tendrá un montón de preguntas sin respuesta cuando lo haya asimilado. Ademas como ya le he dicho antes quiero hacerle una prueba - insistió presionándole suavemente en el hombro para hacerlo andar. - ¿Le parece bien si mando a buscar a Chin para que le traiga sus cosas y luego lo acompaño a mi oficina?

Antes incluso de que Danny pudiera procesar la pregunta, apareció el susodicho auror con sus cosas, acompañado de la enfermera del principio. Danny observó ausente cómo la Sr. Weasley le recriminaba el no haberlo informado correctamente y cómo éste aguantaba el chaparrón sin decir nada. Volvió a observar por la ventana, incapaz de moverse ni procesar nada de la conversa. "Es todo tan surreal" pensó mientras vio aterrizar un coche volador y a unos niños lanzarse chispas de colores con algunos de esos palos pero esta vez decorados con colores vistosos.

Sintió una mano en un hombro y se giró para ver a la enfermera estudiándolo cuidadosamente. Detrás de ella la Sra. Weasley seguía recriminándole algo a Chin, amenazándole con ir a hablar con un tal Harry.

- ¿Se encuentra bien Sr. Williams? - preguntó la buena mujer en tono amable. Al ver que no contestaba prosiguió. - Debe de estar un poco en estado de Shock, si siente que se marea siéntese libre de sentarse - continuó con tono profesional.

- Estoy bien – murmuro Danny. - Es solo que esto... todo esto... es…

- Lo se - respondió ella suavemente. - En realidad nunca me he encontrado en su posición porque yo ya nací en este mundo pero entiendo como se debe sentir. ¿Le parece bien que regresemos a la habitación? - preguntó, empujándolo levemente del hombro hacia el pasillo. - Allí estaremos más seguros y podré terminar de revisar su estado.

- ¿Pero y ellos? - musitó Danny señalando a los otros dos que aún seguían, una hablando de los deberes y la responsabilidad de uno y el otro callado con cara de sufrimiento.

- No se preocupe, cuando se cansen sabrán donde encontrarnos.

Danny asintió como un autómata y se dejo conducir de nuevo a la habitación. Una vez sentado en la cama y con la puerta cerrada se sintió capaz de respirar con mayor facilidad. La enfermera empezó a analizarlo de nuevo con la vara de madera, explicándole que estaba haciendo en cada momento, tal vez para evitar un ataque de pánico como el anterior. Por el que, por cierto, aún no se había disculpado.

- Escuche - empezó Danny - lamento mucho lo que ocurrió antes, espero no haberle hecho daño.

- No se preocupe, no es necesario que se disculpe – respondió ella, anotando un par de datos en un pergamino flotante para luego girarle la cabeza y observarle los oídos.

- Pero siento que le debo una disculpa - insistió Danny. - Verá, cuando desperté y vi esa... ¿como le llaman a esos palos que usan? - preguntó incómodo.

- ¿Esto? - le pregunto mostrándole el suyo. - Se llaman varitas.

- ¿Varitas? - pregunto Danny con tono jocoso. - ¿En serio? ¿Como las de los magos? - intentó contener la risa por lo ridículo de la situación.

- ¿A que se refiere? - preguntó ella extrañada. - Ya lo sabe que los que los usamos somos magos y brujas, ¿verdad?

- Si, si – asintió. - No importa, es algo de donde vengo – respondió, ignorando la imagen de mago con chistera y conejo que le vino a la mente. - Como iba diciendo, ya había visto lo que sus "varitas" pueden hacer y al ver una tan cerca al despertar actué por instinto - se excusó. - Lamento haberla asustado.

- Tranquilo, ya he dicho que lo entiendo - terminó ella, haciendo una última pasada con su "varita", esta vez con la punta brillando de azul, y provocándole un estremecimiento tan fuerte que lo hizo temblar. – ¿Ocurre algo? ¿Se encuentra bien? - preguntó en seguida la mujer, seguramente alertada por su reacción.

- Si, si. - respondió Danny, frotándose los brazos con fuerza, sentía todo el vello del cuerpo de punta. – Solo es el hormigueo de siempre.

- ¿Hormigueo? - preguntó ella.

- Si, ya sabe, seguro que para ustedes es habitual y ya deben estar inmunizados o algo así pero para mi es muy nuevo - empezó él, sintiéndose ridículo y nervioso. - Quiero decir, obviamente ya lo había notado antes pero nunca tanto y tan de golpe y tengo los sentidos un poco saturados, la verdad. Supongo que ya me habituaré, pero que me pase esa varita tan cerca incrementa la sensación y se hace un poco difícil.

- ¿Inmuni..? - murmuró la enfermera. - Un momento, ¿me esta diciendo que percibe la magia?

- Pues... - meditó Danny. – ¿Tal vez? Solo sé que esta sensación siempre aparece cuando ocurren cosas extrañas, como la pelea en el almacén o el brillo azulado que a veces tienen algunas puertas.

- ¿Brillo azulado? - insistió ella.

- Si, ya sabe – empezó a gesticular Danny, intentando hacerse entender. - Es la misma sensación cada vez que estoy cerca de una de esas varitas. Y es más fuerte antes de que salgan esos rayos mortíferos, o lo que sea que sean.

- Increíble - musitó la mujer, tapándose levemente la boca con las manos. - Esos rayos son un tipo de magia, ¿dice que puede sentirlos antes de que sean ejecutados con la varita?

- Eso explicaría muchas cosas - respondió una voz desde la puerta, sorprendiéndoles a los dos. - Me estaba preguntando como lo hizo para evitar los ataques de Jacob, Detective.

Danny se giró para encontrar al auror Kelly en la puerta con su ropa y sus cosas, incluyendo su pistola y su placa.

- ¡Kelly! - exclamó para luego recordar lo que se suponía que éste le tendría que haber contado. - ¡¿Ahora apareces?! ¿No se te olvidó contarme algo? ¿Como, por poner un ejemplo, que estoy viviendo en un cuento de hadas? ¿Es que acaso querías que me diera un ataque al corazón? - exclamó.

- Le recomendé que se quedara en la habitación, Detective - contestó éste sin ni siquiera inmutarse.

- ¡No me vengas ahora con formalismos! - exclamó enojado - ¡¿Pretendías que me quedara encerrado como un niño bueno?! - chilló, levantándose de la cama e ignorando a la enfermera. - Lo hiciste expresamente, verdad? Podrías haber cerrado la puerta o haberla hecho brillar de azul, ¡lo que sea que eso signifique! ¡O incluso podrías haber usado uno de esos escudos amarillos! ¡O simplemente cerrar con llave! ¿O es que no sabéis lo que son las llaves por aquí?

- ¿Si te hubiera contado la verdad me habrías creído? - preguntó Chin, ahora que habían pasado a tutearse era simplemente Chin. - Dime Danny, ¿me habrías creído si te hubiera dicho que eres un mago, que la magia existe y que hay toda una sociedad mágica oculta bajo la muggle? ¿Me habrías creído sin ninguna prueba?

Danny abrió la boca dispuesto a contestarle pero se encontró por unos instantes sin saber que decir. En ese aspecto tenia razón. Si no fuera porque había visto con sus propios ojos lo que había fuera de esa habitación no habría creído ninguna de sus palabras, es más, se habría reído a carcajada limpia. Ni siquiera después de haber visto lo que había visto estaba seguro de que no fuese todo un engaño. ¿Quien le aseguraba que no se trataba solo de una ilusión o un montaje, un engaño a sus sentidos? No podía recriminarle al auror que hubiera actuado de esa forma. Incluso le había "recomendado" que se quedara en su habitación, como si eso no fuera un incentivo más para salir. No había recriminación posible. Al menos no a eso.

- ¿Que rayos significa muggle?! - preguntó en cambio. - ¡Todos insisten en llamarme así!

- No es nada despectivo si es lo que te preocupa. - respondió Chin, dejando sus cosas en la cama, visiblemente más relajado. - "Muggle" es el término que utilizamos para designar a las personas que no poseen magia.

- Entonces Mundo Muggle

- Es tu mundo, el mundo construido por las personas sin magia - respondió Chin. - Todos los avances tecnológicos son de origen muggle, nosotros no utilizamos electricidad, gasolina, electrónica ni nada parecido. Es más, hay pocos magos que sepan lo que es la electricidad.

- ¿Y todos los estudios científicos como la química o la física tampoco existen aquí?

- No - respondió Chin complacido por su interés. - La magia tergiversa algunas de las leyes de la física y de la química, como ya habrás notado.

- Entonces toda la ciencia es errónea - murmuro Danny incrédulo. Una de sus hermanas era doctorada en Física y solía jactarse de ello en las cenas familiares, no querría ser él quien le dijera que el estudio de su vida era una simple pantalla de humo.

- No, los estudios muggles son ciertos pero sólo en un ambiente no mágico - respondió Chin. - La magia seria un elemento más a considerar, como la gravedad o la atracción magnética

- Un momento, ¿como sabes tu de esas cosas? - pregunto de repente Danny, dándose cuenta de la cara desorientada de la enfermera y recordando que ella siempre había vivido en ese mundo - ¿No se supone que los magos no saben nada de eso?

- Cierto, pero yo tuve durante un tiempo una muy buena fuente de información de ese mundo - musitó Chin antes de desviar la mirada, incómodo. - Deberías cambiarte, la señora Weasley te espera para tomar el té - comentó el auror con una sonrisa en los labios.

- ¿Que es tan gracioso? - pregunto Danny intrigado.

- Nada. Solo que de entre toda la gente que te podías encontrar allí fuera te pones a hablar con una de las personas más importantes de nuestro mundo - rió Chin suavemente. - Con titulo de "Héroe de guerra" y todo.

Danny no sabia de que estaba hablando el auror pero eso de héroe sonaba demasiado a cómic o a serie de la televisión. Y ya había tenido suficientes experiencias extrañas por un día. Estaba agotado y solo quería dormir y despertar convencido de que todo había sido un sueño. Tomaría el té, haría la dichosa prueba e incluso respondería a las malditas preguntas si luego le dejaban volver a su apartamento.

- Disculpen señores pero antes de que se vayan necesito corroborar una cosa - les interrumpió la enfermera, de la cual aun no sabia el nombre, por cierto. - Hace un momento ha dicho que las puertas a veces brillan de azul, ¿cierto? - Danny asintió con la cabeza. - Pero también ha dicho que los escudos, voy a presuponer que se refería a los protectores, eran de color amarillo, ¿verdad? - volvió a asentir, preguntándose a donde quería llegar esta mujer. - ¿Entonces esta diciendo que puede ver los hechizos a simple vista? Me refiero a verlos claramente, la forma y el color.

- Si, algunas veces con mas claridad que otras pero si - respondió Danny, observando el intercambio de miradas entre los otros dos. - ¿Acaso no me creen? Es lo usual, ¿no? - preguntó extrañado. – Ver esas cosas en vuestro mundo debe de ser lo normal pero para mi es difícil de explicar.

- No - respondió Chin. - No es imposible tampoco pero usualmente para ver el efecto y tipo de algunos conjuros hace falta otro conjuro - eso empezaba a ser confuso para Danny. - Por ejemplo, los escudos protectores no se ven a simple vista, seria inútil entonces disparar a un blanco con un Protego activado. Los "rayos" como tu dices son visibles porque los conjuros ofensivos requieren una gran concentración de magia. Pero el resto de conjuros usualmente no se ven, solo sus efectos. Por ejemplo muchos de los hechizos curativos no son visibles pero sí el efecto que tienen en el paciente.

- Lo que el auror Kelly quiere decir – interrumpió la enfermera. - Es que excluyendo algunos casos aislados usualmente se requiere una magia de percepción de alto nivel para visualizar la magia, es un poco irónico pero es así - comentó con una breve sonrisa. - ¿Esta seguro de que puede verlo?

- Cuando me desperté su varita brillaba de color naranja, ¿me esta diciendo que soy el único que lo vio? - preguntó Danny, incrédulo - Y lo que ha hecho hace un momento, hizo que brillara de color azul.

La pareja de magos se miraron de nuevo, esta vez con caras de asombro e incredulidad. Chin alzó las cejas, haciéndole una pregunta muda a la enfermera, a lo que ella respondió asintiendo y murmurando una respuesta de la cual solo entendió "alto nivel sensorial" y "extremadamente raro". Genial. Ahora era un bicho raro incluso para el mundo de los bichos raros. ¿Eso donde lo dejaba?

- Necesitaré hacerle un par de análisis de sangre y magia, Detective. - dijo la enfermera, aparentemente saliendo de su estupor.

- ¿Análisis de magia? - murmuro Danny, incrédulo.

La enfermera lo ignoró y empezó a reclutar objetos por la habitación, descartando algunos y aparentemente buscando algo que no encontraba. Al final volvió con lo que parecía una pequeña esfera plateada y una jeringuilla. El hecho de que la jeringuilla lo tranquilizara debería ser razón suficiente para internarlo en un psiquiátrico. No lo era. Al menos eso sabia para que servia, no podía decir lo mismo de la esfera. La enfermera empezó a prepararle para una extracción de sangre, explicándole los pasos hasta que él le dijo que no se preocupara, que se había hecho muchas análisis de sangre en su vida y que sabia como funcionaban. La mujer solo murmuro nerviosa un "por supuesto" y procedió a extraerle una muestra con manos temblorosas y dubitativas. Estuvo a punto de ofrecerse a hacerlo él mismo pero se contuvo, no era buena idea asustar a alguien que tuviera una aguja tan cerca de su piel. No fue hasta que la mujer terminó con la extracción y le pidió que cogiera la esfera que no empezó a ponerse nervioso.

- ¿Y cuando la haya cogido que pasara? - pregunto Danny con precaución.

- Esto es un Expirter y sirve para extraer una pequeña muestra de magia para poder analizarla - explicó la enfermera. - Es un aparato bastante moderno y maravilloso que nos ha facilitado el diagnostico de muchas enfermedades y trastornos mágicos.

- Es una broma, ¿verdad? - dijo el Detective, con el miedo reflejado en el rostro.

- No se preocupe, es indoloro y absorbe tan poca magia que los niveles se restablecen en apenas una hora - intentó tranquilizarlo la mujer. - Solo sentirá un tirón en su magia y puede que se maree un poco.

- Todos están presuponiendo que yo tengo magia pero yo no estaría tan seguro - insistió él.

- En ese caso la esfera no le causara efecto alguno - le tranquilizó la mujer.

- Esta bien - se rindió al final Danny, volviéndose a sentar en la cama, en caso del mencionado mareo. - ¿Que tengo que hacer?

- Solo tiene que cogerlo con la mano, entonces yo lo activaré y el aparato absorberá su magia directamente desde su piel - dijo mientras le ponía la esfera en la mano, estaba fría y apenas pesaba. - Solo un consejo, no intente luchar contra el objeto, deje que haga su trabajo. Relájese y no lo resista.

Dicho eso apuntó con a la esfera con su palo, "Varita, Danny, es una varita!" se recordó a sí mismo, y murmuró unas palabras que Danny no logró discernir. Entonces la esfera empezó a brillar de rojo y todo el mundo de Danny empezó a dar vueltas. Sentía como su alrededor se difuminaba mientras la esfera le quemaba en la mano. Comenzó a sentirse débil y una necesidad de soltar la esfera o arrojarla al otro lado de la habitación empezó a hacerse más y más fuerte en su mente, como una vocecita que chillaba asustada en su cabeza. Cerró los ojos, mareado, y los volvió a abrir solo para ver varios de los objetos de la habitación flotando en círculos, algunos muebles temblando y al auror y la enfermera escondidos detrás de un escudo amarillo diciendo algo. Sólo su experiencia como policía y un caso particularmente difícil de su pasado le permitieron leer el "¡Relájese!" en los labios de la asustada mujer, sus oídos neutralizados por un zumbido constante. Cerró los ojos de nuevo e inspiró profundamente, intentando relajarse. "Piensa en algo agradable" pensó, para seguidamente ver en su mente una carita sonriente y unas colas rubias. Grace. Se relajó casi instantáneamente, ignorando lo mejor que podía el quemazón en su mano. Y entonces todo se detuvo. El mareo, el ardor y la voz en su cabeza. La debilidad sin embargo permaneció. Abrió los ojos, casi asustado de lo que vería al hacerlo y se encontró con los dos magos mirándolo incrédulos y asombrados. Bajó la mirada a su mano, donde la esfera ahora brillaba de un color azul oscuro, era caliente al tacto y parecía que pesara un poco mas. Imaginaciones suyas, seguro.

Levantó la vista de nuevo y alzó la mano hacia la enfermera, una muda petición de que recuperara la dichosa bola. Cuando dejó de sentir el peso de ésta, respiró mas aliviado.

- ¿Que ha sido eso? - musitó el auror aun mirándolo con suspicacia.

- ¿Lo siento? - respondió Danny, indeciso. - Ni siquiera se que ha pasado – murmuro antes de girarse hacia la mujer. - Sé que me pidió que me relajara, ¡pero es ligeramente difícil hacerlo cuando tienes a esa cosa quemándote la piel como si fueran ascuas ardientes! - exclamó exasperado. - ¡¿No dijo que no dolería?! ¡No hacia falta que me mintiera para que cogiera la esfera! ¡Ya soy mayorcito como para que me engañen antes de ponerme una vacuna!

- ¿Quemando? - respondió la enfermera extrañada después de guardar la esfera en un pequeño cofre. - ¿Le quemó?

- ¡Pues claro que me quemó! Si quiere le enseño la marca que seguro que me ha dejado en... - se interrumpió al ver que en su mano no había ninguna quemadura, el dolor sin embargo contradecía lo que veía. - ¿Que diablos? Aun siento el dolor, lo aseguro - terminó diciendo en tono casi suplicante.

- No se preocupe - respondió ella. - Como pensé debe de tener un nivel de percepción mágica muy alto, más de lo que nunca ha sido registrado en un mago - comentó antes de girarse y coger un bote con un liquido rosado con pequeños trozos de algo negro flotando en él. Llenó un vaso y se giró hacia él de nuevo - Tómese esto, le hará disminuir su percepción y tal vez le permita reducir esa sensación de escalofríos que mencionó antes.

Danny se tomo el contenido del vaso sin preguntar y casi sin mirar, harto de cuestionarlo todo para solo obtener más dudas en cada respuesta. Casi inmediatamente el cosquilleo en su piel, que ya casi había aprendido a ignorar, desapareció dejándolo en un leve estado de sopor.

- Wow - dejó escapar sin poder contenerse. - Mucho mejor.

La enfermera lo obsequió con una amplia sonrisa para luego hacer un movimiento de varita a su alrededor. Los muebles volvieron solos a su posición inicial y todo el estropicio de objetos y botellas desparramados y rotos por el suelo se recompusieron y guardaron solos en sus sitios. Impresionante. Eso si que seria útil. Sobretodo los días que tenia a Grace.

- Bueno, caballeros - terminó la mujer, dando un par de palmadas, el cofre flotando a su alrededor. - Necesitaré un par de horas para analizar los resultados y usted tiene un té al que asistir señor Williams - comentó risueña, ignorando el suspiro de Chin. - Así que les sugiero que no hagan esperar más a la señora Weasley, cuando tenga los resultados de la analítica se los haré llegar directamente a su despacho.

Seguidamente de eso se dirigió a la puerta, para girarse en el último momento.

- Detective Williams, ha sido todo un placer conocerlo - le dedicó otra de sus sonrisas amables. - Si logro escaparme a tiempo iré personalmente a entregarle los informes a la señora Weasley así que nos volveremos a ver, si no es así sepa que puede preguntar por mi en cualquier momento - cogió el cofre con las manos mientras le dirigía una ultima mirada. - Por cierto, mi nombre es Dawlish, Minerva Dawlish.

- Un placer - respondió Danny. - Y disculpe de nuevo por todas las molestias que le he causado.

- No se preocupe, Detective - sonrió ella. - Ha sido interesante.

Y con eso se fue. Quedaron de nuevo Chin y él a solas.

- Deberías cambiarte - comentó Chin acercándole la ropa. - Tiene razón, la Sra. Weasley nos estará esperando.

- Y que hay de esas preguntas que tenias que hacerme? - pregunto Danny mientras empezaba a vestirse.

- Ya te las haré luego - se encogió de hombros Chin. - Prefiero no tener que aguantar otro sermón. Uno por día es más que suficiente.

Danny suspiró. Estaba agotado y lo peor seguramente aún no había ni empezado. ¡¿En que lio se habría metido sin pretenderlo?!