San Mungo II

La oficina personal de la señora Weasley era casi normal, o al menos normal en sus estándares. Tenia un mesa de escritorio con sillas alrededor, un sofá y dos sillones a un lado con una mesita pequeña y en el rincón más alejado se vislumbraba una pequeña cocina medio oculta. El mobiliario contrastaba con el resto del hospital por tener un estilo mucho más modernista. Tres de las cinco paredes de la habitación, si, cinco, se encontraban llenas de librerías y estanterías con libros de toda clase. Seguía sin haber luces ni aparatos electrónicos más que una vieja radio en una esquina pero un gran ventanal llenaba el lugar de luz natural. La amable mujer ya tenia un par de tazas de café para ellos y otra para una chica joven que leía concentrada en uno de sus sillones. Ella se encontraba en otro sillón, con un té del que iba bebiendo a sorbitos cuando entraron.

- ¡Chicos! - exclamó al verlos. - Pasad, pasad. ¿Como os gusta el café? ¿Azúcar? ¿Crema?

- Dos cucharadas de azúcar por favor – pidió mientras se sentaba.

La castaña sonrió e agitó su varita dos veces. La cuchara de la azucarera se levantó sola, vació el contenido en su taza y repitió el proceso para luego agitar la mezcla e incluso dar un par de golpecitos en el borde antes de descender hasta un plato vacío. Se la quedó mirando un par de segundos más mientras los otros dos intercambiaban formalidades; no lograba acostumbrarse a que las cosas se movieran por sí solas pero empezaba a ver su utilidad.

- Lo siento señora Weasley pero no me puedo quedar, no esta vez – se disculpó Chin sin siquiera poner un pie dentro la oficina. - Tengo que informar del estado del Detective Williams a mis superiores.

- Danny – le corrigió él casi sin pensar.

- Voy a necesitar la presencia del Detective Williams en una hora para testificar en el caso de Jacob Rollins – prosiguió el auror, con especial énfasis en su nombre. - Confío en encontrarlos aquí, si surgiera cualquier inconveniente hágamelo saber vía lechuza por favor.

- Si, si, lo que tu digas Chin – refunfuño la señora Weasley mientras con un movimiento de muñeca agitaba la varita y la taza de Chin flotaba sola hasta la cocina - No creas que no se lo que estas haciendo, he tenido dos hijos, ¿recuerdas? Se cuando alguien intenta escaquearse de algo.

Chin simplemente sonrió educadamente, le dirigió a él una ultima mirada divertida y se fue. Por un momento un silencio incomodo inundo el despacho. Entonces vio que la chica joven lo estaba mirando con curiosidad y se presentó.

- Detective Williams, es un placer – le dijo con toda la formalidad que pudo mientras le ofrecía la mano para que la estrechara.

- Jenna Kaye – respondió ésta, devolviéndole el apretón. - Soy la asistente de la señora Weasley.

Jenna era mucho mas joven que él, no aparentaba tener más de veinte años y vestía de la forma rocambolesca que ya se le estaba haciendo habitual y que empezaba a asociar con la moda de ese mundo. Tenia el pelo corto y castaño claro, no llevaba mas ornamentación que un colgante con lo que parecía un trozo de cristal y tenia unos ojos vivos e inteligentes que lo estudiaban con curiosidad.

- Minerva me ha enviado un comunicado con lo ocurrido en enfermeria, Detective Williams – comentó casualmente la señora Weasley en un claro intento de romper el hielo. - La verdad es que mas que la manifestación espontanea de magia me ha sorprendido mucho más el alto nivel sensorial que al parecer posee, no es algo que se vea todos los días. Es realmente fascinante la variedad y habilidad de adaptación que tiene la magia. Si no le importa me gustaría hacerle algunas preguntas al respecto, Detective.

- Danny – respondió automáticamente, aun con la mirada puesta en la ayudante. - Llámeme Danny, por favor.

- En ese caso, llámeme Hermione. Eso de señora hace que una se sienta más mayor de lo que ya es. - replicó ésta con una sonrisa.

- No diga eso, no puede ser mucho más mayor que yo – contestó sinceramente, la castaña no aparentaba mas de cincuenta y él ya pasaba los treinta.

Para su sorpresa Jenna se atragantó con su café y la señora Weasley, Hermione, empezó a reír suavemente, como una quinceañera sonrojada. Se las quedó mirando atónito mientras que Jenna parecía hacer un intento de reír en medio de un ataque de tos y Hermione le daba una palmadita en la espalda.

- ¡Vaya Danny, eres todo un caballero! - le dijo Hermione mientras le guiñaba un ojo. - Por desgracia la realidad es mucho más cruel, cumpliré setenta y ocho este invierno.

Setenta y ocho. Era imposible. La mujer que tenia al lado no tenia ni un solo pelo claro en su abundante cabellera, era dinámica, aparentemente no tenia ningún problema de movilidad y en su cara solo tenia alguna pequeña marca de edad; nada comparable a alguien de la edad que decía tener. Le estaban tomando el pelo. Otra vez.

- ¿Es una broma no? - preguntó dudoso. - Es imposible que tenga esa edad, no aparenta más de cuarenta y cinco.

- Tal vez prefieran que los deje a solas – musitó Jenna con expresión seria pero un brillo sospechoso en los ojos. - Ya saben lo que dicen: tres son multitud y esas cosas.

- ¡Oh, Jenna! - exclamó la castaña mientras le golpeaba amistosamente en el brazo. - Deja de burlarte del pobre hombre – le recriminó con una sonrisa en los labios. - Aunque te agradezco el cumplido Danny, te estoy diciendo la verdad. La esperanza de vida de los magos y brujas es ligeramente más larga que la de los muggles, es uno de los múltiples efectos secundarios de poseer magia.

- ¿Efectos secundarios? Ya podría venir ese tipo de efecto secundario en según que medicamento – logró comentar mientras su cerebro intentaba procesar la nueva información. - ¿De cuanto más estamos hablando exactamente?

- En los últimos años la esperanza de vida de un mago o bruja ingleses se ha situado alrededor de los ciento-cuarenta años pero ha ido aumentando recientemente – le dijo con tono de profesora. - Eso por supuesto solo incluye muerte natural, nada de enfermedades, accidentes ni pociones de longevidad.

Ciento-cuarenta. Ciento-cuarenta años y sólo era un dato estadístico, un promedio, por lo que debía de haber mucha gente que vivía más tiempo, mucho más.

- ¡Eso no es justo! - protestó sin poderlo evitar. - Mi abuela apenas llegó a los cien, ¿y ahora me dice que la norma aquí es vivir casi cincuenta años mas? ¡Eso es media vida!

- No es que un mago elija serlo Danny, de la misma forma que alguien sin magia no elige esa opción – le respondió con serenidad Hermione. - La magia concede cierta resistencia a enfermedades muggles pero sobretodo la alta esperanza de vida se debe a que la mayoría de trastornos, enfermedades o lesiones naturales se pueden tratar fácilmente con magia sanitaria.

- ¿Entonces los magos nunca enferman? - preguntó con curiosidad recordando lo enfermizo que él era de pequeño.

- Claro que enfermamos, como todo el mundo. Pero la mayoría de enfermedades se curan instantáneamente con hechizos o pociones – explicó la bruja joven. - Por ejemplo un hueso roto que en condiciones normales tardaría varias semanas en curarse y podría dejar secuelas se puede curar instantáneamente con un simple hechizo.

Recordó, no sin cierto rencor, la lesión de rodilla que le obligó a dejar el equipo de beisbol en su adolescencia. Aun ahora le molestaba a veces si se forzaba demasiado.

- Sin embargo no creas que eso nos hace inmunes a lesiones o enfermedades Danny – prosiguió Hermione como si le hubiera leído la mente. - Las lesiones causadas por hechizos, los efectos de pociones y las maldiciones son muchas veces difíciles de tratar y es más probable que dejen secuelas, algunas crónicas e incurables. Incluso me atrevería a decir que hay más porcentaje de la población mágica con algún tipo de discapacidad que en la población muggle.

Enfermedades mágicas, conjuros, pociones, maldiciones… Le estaba empezando a doler la cabeza, probablemente por el esfuerzo inmenso que hacia su cerebro para analizar y aceptar toda esa nueva y disparatada información. Entonces una idea le vino de repente.

- Espera, entonces si al final resulta que también soy un mago significa eso que voy a vivir por más tiempo? - preguntó dudoso.

- En el caso de que no sufra ningún accidente y pueda acceder a San Mungo siempre que lo necesite es muy probable - contestó la ayudante.

Podría vivir hasta los ciento-cuarenta años. Era difícil de asimilar. No es que pensara en la muerte con frecuencia, incluso con el riesgo que implicaba su trabajo, pero siempre era una buena noticia saber que tendría mas tiempo para compartir con Grace. Mucho más que Rachel como mínimo.

- ¡Chupate esa Rachel! - no pudo evitar exclamar mientras levantaba un puño al cielo. - Ahora quien es el que tiene mayor esperanza de vida, ¿eh?

Sus acompañantes lo miraron en silencio con idénticas caras de estar aguantando la risa. Se sintió un poco ridículo así que bajó el brazo lo más sutilmente que pudo.

- Lo siento… - empezó a decir sin saber como continuar la frase.

- ¿Puedo preguntar si Rachel es tu novia? - pregunto Hermione aun con media sonrisa en el rostro. - ¿O esposa?

- Ex-esposa en realidad – respondió Danny mientras se recostaba del todo en el sillón. - Y mi pesadilla personal cada vez que me toca recoger a Grace.

Lo que por cierto lo hizo recordar que aun no había llamado a su pequeña. Empezó a buscar su móvil en los bolsillos de la chaqueta, ni siquiera sabia que hora era.

- ¿Y Grace es…? - insistió Jenna.

- Mi hija – respondió sin desviar la mirada de la pantalla apagada del móvil. - Es la niña más inteligente y adorable que te puedas encontrar, lo que es mala combinación cuando intenta escaparse de un castigo.

- ¿Y cuantos años tiene ahora? - oyó la voz de Hermione preguntar.

- Nueve – respondió ausente, el maldito móvil no arrancaba, de todos los momentos para estropearse. - Mi teléfono no funciona, ¿tenéis alguno aquí que pueda… ? - empezó a preguntar para interrumpirse al ver la mirada que intercambiaban las chicas. - ¿Que? ¿Que pasa ahora?

El humor había abandonado el rostro de las dos brujas que se miraban con seriedad una a la otra. Al final Jenna cogió su taza para dar un sorbo de su café mientras que Hermione hacía lo contrario y depositaba su taza en la mesa mientras suspiraba.

- Danny, hay algo que deberías saber – empezó la bruja. - Normalmente la magia tiende a manifestarse en una misma familia, no es exactamente por herencia genètica pero es similar. De forma que si alguien tiene magia hay casi un noventa por ciento de probabilidades de que sus hijos e hijas también sean magos y brujas.

Fue como si le hubieran volcado un cubo de agua fría encima. ¿Su Grace una bruja? ¿Su pequeña, dulce, inocente niña, una bruja?

- Pero Rachel, su madre, no lo es – protestó. - O al menos que yo sepa.

Al fin y al cabo él no supo que era un mago hasta unas horas antes. Aunque siendo sinceros siempre supo que él era diferente, a menudo pasaban cosas raras a su alrededor sobretodo cuando era un adolescente. Pero siempre pensó que era otra cosa, una especie de percepción extrasensorial. ¿No había tanta gente que afirmaba ver fantasmas? Era lo mismo para él.

- Muchos magos y brujas son descendientes de un mago y una muggle o al revés – explicó Jenna, participando por primera vez en la conversación. - La gente los suelen llamar Mestizos.

- ¡No digas esas cosas Jenna! - protestó la bruja, mirándola furiosa. - ¡Todas esas tonterías de la pureza de sangre no son más que excusas para discriminar a la gente! ¡Tu lo sabes mejor que nadie!

Era la primera vez que veía a la mujer tan enojada, sin duda ése era un tema sensible. Él por más que lo intentaba no lograba entender del todo lo que estaban diciendo.

- Por supuesto que son tonterías, yo soy la primera en contra de las etiquetas – dijo ella casi a la defensiva. - Pero la realidad es la que es y fingir que no existe es de imprudentes.

- Este tipo de pensamiento es lo que nos condujo a las dos últimas guerras – siguió debatiendo Hermione. - Tenemos que hacer un esfuerzo para cambiar la mentalidad colectiva y dar un buen ejemplo a nuestros hijos si no queremos que la historia se repita. ¡Nadie quiere el nacimiento de un nuevo Voldemort!

- Disculpad pero, ¿me podéis explicar de que estáis hablando? - inquirió Danny ya desesperado. - ¿Habéis dicho guerras? ¿Que significa eso de la "pureza de sangre"? ¿Y quien rayos es Voldemort?

Vio como dos pares de ojos se giraban hacia él, como si hubieran olvidado que él estaba allí. Lo que era bastante insultante la verdad ya que todo eso se suponía que era por él.

- Antes que eso, ¿podrías decirme si ha ocurrido algo inusual alrededor de tu hija? - preguntó la bruja, aparentemente más calmada. - Cualquier fenómeno fuera de la lógica normal, sobretodo en algún momento en que ella se sintiera asustada o muy contenta.

Quiso responder que no, que su hija era perfectamente normal y que por favor no la metieran en el mismo saco que en el que estaban ellas. Pero no pudo. Porque realmente si que había algún que otro momento. Como el hecho de que aunque le cortaran el pelo a Grace regularmente siempre lo tenia prácticamente de la misma longitud. O la vez en que apareció encima de un armario de metro y medio con solo un año de edad cuando él estaba seguro que la había dejado en la cuna no hacia ni medio minuto antes. O la vez que el perro del vecino le rompió su muñeca favorita para encontrarla en perfecto estado al día siguiente. Siempre pensó que había sido Rachel en esas ocasiones, que le había mentido o que le gastaba bromas usando a su hija. Tal vez todas las veces en que ella se enojaba cuando la acusaba de esas cosas no era que intentara mantener una mentira a capa y espada sino que realmente no era su culpa. Tal vez eso explicaría porque todo acabó tan mal entre ellos.

- Los niños normalmente no son capaces de controlar la magia y se manifiesta en forma espontanea y esporádica en respuesta a emociones fuertes – explicó Hermione de nuevo con el tono de profesora en su voz. - Por eso al cumplir los once años todos los niños con magia reciben una carta de invitación al colegio de magia más próximo a su zona. Para aprender a controlar la magia voluntariamente y usarla en su vida diaria.

- Pero eso no puede ser, ¿entonces por que yo nunca recibí una carta? - preguntó confuso

- Eso es lo que queremos averiguar – retomó la conversación Jenna. - ¿Has vivido siempre en Gran Bretaña?

- No, que va – respondió casi riendo. - Soy de Nueva Jersey, ¿acaso no se me nota el acento?

- Nueva Jersey… Tendremos que ponernos en contacto con el Ministerio Americano entonces y ver que sucedió - prosiguió ella mientras sacaba un nuevo pergamino y una pluma verde y los dejaba encima la mesa, la pluma empezando a escribir por si sola. - ¿Cuantos años tienes exactamente Danny?

- Haré treinta y uno en Julio.

- ¡Pero eso no puede ser! - exclamó Hermione de golpe, levantándose y empezando a pasear por el despacho.

- Bueno, mi madre tiene fotos de mi nacimiento y algunas muy vergonzosas de mis hermanas conmigo en brazos, por si necesitáis pruebas – replicó él con sarcasmo.

- No, si te creo Danny, ¡pero entonces eso significaría que tenemos un agujero en los registros de casi cuarenta años! - contesto ella mas para sí misma que para los demás. - Y eso es imposible, tardamos un tiempo en darnos cuenta del hechizo defectuoso, demasiado la verdad, ¡pero cuarenta años es ridículo!

No entendía nada pero ya se estaba acostumbrando a esa situación así que se giró hacia la bruja más joven y la miró fijamente, alzando las cejas hasta que ésta pilló la indirecta y empezó a explicarse.

- Hay un hechizo en el Ministerio, en cada Ministerio del mundo de hecho, que registra los nombres de los niños que manifiestan su magia antes de los once años.

- ¿Por que hasta los once precisamente?

- Es la edad en que se envían las cartas de las escuelas y son aceptados en ellas - siguió la joven con tranquilidad casi estresante. - La edad en que los niños manifiestan los primeros brotes de magia suele ser mucho antes pero a partir de los once es cuando pueden empezar a aprender a controlarla.

- En lo que yo discrepo por cierto – replicó distraídamente Hermione mientras seguía paseando por la sala, aparentemente pensando. - Cuanto antes se empezara a concienciar a los niños menor debería de ser el cambio, sobretodo en nacidos de muggles.

- El hecho es que en la última gran guerra mágica el Ministerio cayó en manos de magos oscuros, seguidores del mayor homicida del último siglo - siguió Jenna. - Se hacia llamar a sí mismo Lord Voldemort. Era un mago muy poderoso que empezó una cruzada contra los muggles, los nacidos de muggles, los mestizos, quien los protegiera u ocultara y en general cualquiera que se le opusiera.

- Maldita serpiente, aun tengo pesadillas – oyó que murmuraba la bruja mientras se sentaba de nuevo. - Tenia una mente asquerosamente retorcida.

Se la quedó mirando por unos momentos. De golpe recordó el anterior comentario de Chin, lo que la señora Weasley era considerada una "Héroe de guerra". No podía ser cierto.

- Espera Jenna, ¿de cuando estamos hablando? - la interrumpió incrédulo. - ¿Cuándo ocurrió eso?

- La primera vez que inició una masacre fue hace casi noventa años – respondió la bruja con voz cansada. - Yo aún no había nacido pero los padres de mi marido y de mis amigos lucharon en esa guerra. Los míos por suerte nunca se enteraron de nada.

- ¿Que quieres decir con eso de primera vez? - preguntó asustado. - ¿Es que hubo una segunda?

- Oh, si, por supuesto. Verás el muy psicópata uso magia negra de la más prohibida para crearse seguros de vida a si mismo de forma que sólo podía morir si lo asesinaban ocho veces – contestó la bruja con exagerado y falso tono alegre. - La primera vez que murió fue por accidente, el día que intentó matar a mi amigo Harry, cuando los dos teníamos solo un año, y el hechizo le rebotó en la cara. Primera persona en la historia en sobrevivir a ése maleficio por cierto. Harry aun tiene la famosa cicatriz.

Se estaba mareando. Ocho veces. ¿Como era posible? Ni los gatos tenían tantas vidas.

- Después de eso estuvo desaparecido un tiempo, unos diez años de paz – prosiguió la señora Weasley con la mirada distante. - Después se pasó todos y cada uno de los años que estuve en Hogwarts intentando matar a Harry de nuevo y romper la profecía del Niño-que-vivió. Se obsesionó con él y le hizo la vida imposible.

Volvía a estar perdido pero no se atrevió a decir nada que rompiera el extraño ambiente que se había formado en la habitación. De golpe Hermione parecía mucho más mayor y cansada, con el dolor de una vida dura a sus espaldas. Jenna tampoco decía nada pero la pluma no paraba de moverse frenéticamente.

- Murió tanta gente inocente - musitó la bruja con tristeza. - Todo por los delirios de un lunático y su grupo de fanáticos.

Se movió un poco en el sillón, de repente incómodo con la situación; le recordaba demasiado a las historias de su abuelo sobre la guerra. Nunca había entendido por que la gente mataba indiscriminadamente. Por eso era policía, para proteger a los inocentes.

- En fin – continuó Hermione, aparentemente de regreso de su viaje por los recuerdos. - Al final logramos derrotarlo el año que cumplí dieciocho pero el daño ya estaba hecho; el Ministerio junto con todos sus hechizos y artefactos estuvieron en sus manos por casi un año.

- Nuestra teoría es que fue entonces cuando de alguna forma alteraron el hechizo que registraba a los niños con magia – prosiguió Jenna con voz baja y grave. - No sabemos como lo hicieron ni cual era el objetivo pero el hecho es que el hechizo paso a identificar sólo a nacidos de padres magos, incluyendo a los mestizos.

- ¿Y los hijos de muggles? - preguntó intuyendo la respuesta.

- No se registraban así que no constaban como magos y por lo tanto las escuelas pertinentes no los consideraban ni enviaban las cartas. No porqué no quisieran, claro está, sino porque no eran conscientes del error - prosiguió Hermione. - Y al ser hijos de muggles sus padres no se extrañaron de que sus hijos no recibieran la carta a los once. Por eso tardamos casi una década en darnos cuenta de que el numero de magos nacidos de muggles había descendido de golpe.

- ¿Y eso que consecuencias trae? - insistió él. - A parte de no saber hacer trucos de magia.

- Los niños con magia descontrolada que no aprenden a controlarla suelen terminar de dos formas – explicó Jenna. - O lastiman a alguien, incluyendo ellos mismos y su círculo próximo de familiares y amigos, y son encarcelados injustamente por las autoridades o en un centro psiquiátrico o…

- Mueren – terminó Hermione con una mirada seca dirigida hacia su ayudante. - Un descontrol de su magia, sobretodo si intentan reprimirla acaba causando su muerte.

No supo que decir. No se trataba de una elección entonces. Si su hija tenia magia iba a tener que ir a esa escuela. No había otra opción, no si la alternativa era la locura o la muerte. Pero a ver quien se lo explicaba a Rachel.

- Pero no lo entiendo, ¿me estáis diciendo que en cincuenta años no habéis podido arreglar ese conjuro? - insistió incrédulo. - Además yo soy de Nueva Jersey, nacido y criado allí, ¿por qué me afecta a mi un conjuro defectuoso del Ministerio Inglés?

- El Ministerio de Magia Americano utiliza un hechizo diferente, una especie de registro por familias y luego comprueban individualmente los casos de magia espontánea – musitó Hermione. - Al parecer el porcentaje de magos nacidos de muggles en América es mucho menor, lo que es realmente interesante si lo comparamos con otros países.

- Pero eso sigue sin explicar por qué no he sabido de esto hasta ahora – insistió.

- ¡Lo se! - exclamó la bruja. - ¡No lo entiendo! Tendrías que haber sido registrado incluso estando en Nueva Jersey, no puede haber sido sólo un error burocrático, hay demasiados controles para evitar eso precisamente – continuó ella frustrada. - A no ser…

Prácticamente pudo ver como una idea se formaba en la mente de la mujer enfrente suyo. La vio ladear la cabeza mientras lo miraba fijamente, como si pudiera atravesarlo con la mirada. De golpe abrió mucho los ojos.

- ¡Danny! - casi chilló. - ¡Tus padres, Danny! ¿Alguno de tus padres creció en Inglaterra?

- Pues si, mi madre es inglesa pero se mudó a América con su familia cuando tenia diez años – respondió confuso. - ¿Que tiene eso que ver?

- ¿Y cuantos años te llevas con ella? - prosiguió la bruja, inclinada hacia adelante en el sillón como una niña emocionada. - ¿Cuantos años tenia cuando te tuvo a ti?

- Pues, treinta y cinco creo – musitó. - Soy el mediano de cuatro hermanos, ¿por que?

- ¿Que opinas Jenna? - le preguntó la castaña a la otra bruja, ignorándolo completamente. - Encaja con la situación ¿no crees?

- Hipotéticamente la señora Williams debía tener unos seis años aproximadamente durante el final de la guerra – respondió ella, utilizando la pluma manualmente esta vez para hacer cálculos en el pergamino. - Contando que pasaron unos ocho años hasta que el hechizo fue reparado y que se marcho del país a los diez se mudó antes de que el conjuro fuera reparado, probablemente incluso antes de que se detectara el error. Pero no entiendo como el Ministerio Americano pudo pasar por alto a una bruja recién llegada.

- ¿Recuerdas la teoría de Scamander? - insistió Hermione. - ¿Sobre como la alteración en el conjuro podría haber ido más allá de lo que suponíamos y que podría haber afectado a esos niños reprimiendo sus poderes?

- ¿Pero cómo? - preguntó ella, era fascinante ver a las dos brujas lanzarse ideas mutuamente, le recordaba a un partido de tenis.

- Estoy pensando en una variedad del hechizo Supreso – continuó Hermione. - Nunca supimos como habían alterado el hechizo realmente, simplemente lo anularon y lo lanzaron de nuevo. Eso fue un error, ya lo dije en su momento pero tenian demasiadas prisas para arreglar el estropicio y quedar bien en la prensa. - gruñó la bruja, claramente molesta. - La opinión general fue que simplemente no registraba a los hijos de muggles pero, ¿y si lo que realmente hacia era aplicar el hechizo Supreso o una variante en esos pobres niños? - la bruja se levantó de nuevo, aparentemente incapaz de mantenerse quieta por más de dos minutos. - En vez de hacer que el conjuro los ignore, hacer que los localice y debilite su magia hasta el punto en que no pueda ser utilizada ni detectada por otro conjuro. Y aplicada en un estado temprano de la maduración de un niño podría afectar permanentemente a su magia.

- Un momento, un momento. ¿Estas sugiriendo que mi madre es una bruja reprimida? - no pudo evitar la risa que se le escapó al oírse decir esa frase. - En el buen sentido de la palabra me refiero. Si es que hay uno.

- Danny tiene razón, aunque esa fuera la realidad no explicaría cómo en el Ministerio no lo registraron como mago.

- ¡Ey! ¡Aun no hemos aclarado que lo sea, eh! ¡Solo lo recalco!

- Danny, puedes ver auras mágicas y por lo que me han contado has hecho volar media enfermería no hace ni una hora – puntualizó Jenna. - Creo que es redundante y una perdida de tiempo seguirlo negando.

- Hay una manera, Jenna – murmuró la bruja, ignorando su pequeña disputa. - Recuerda que el efecto del hechizo no se extiende a una sola persona sino que puede afectar a los que la rodean también. Y sabiendo como funciona el sistema americano, su madre no seria registrada al entrar por lo que en todo caso Danny seria registrado como uno de esos casos puntuales que el Ministerio investiga puntualmente - concluyó antes de girarse hacia Danny. - Danny, ¿recuerdas si alguna vez viste o te paso algo inexplicable?

- Pues si, la verdad, casi constantemente – refunfuño Danny recordando su peor época en el colegio. - Nunca nadie me creía.

- Y cuando eso ocurría estabas lejos de tu madre, ¿verdad? - insistió Hermione.

- Pues…

Nunca se había parado a pensarlo de ese modo pero la verdad era que la mayoría de las cosas ocurrían fuera de casa. Cuando estaba con sus amigos, en el colegio o por la calle. En casa nunca le ocurría nada raro. Recordó que eso siempre le había dado una increíble seguridad, saber que su familia lo protegía.

- La verdad es que nunca me pasaba nada en casa, siempre era fuera.

- Y, se que esto será difícil de responder, pero ¿sabes si a tus hermanos les pasaba lo mismo? - insistió Hermione. - ¿O te suena haber visto gente sospechosa vigilándote a ti o a tus hermanos? ¿Gente que podrían ser agentes del ministerio encubiertos investigando registros de magia inexplicables?

- Lo repetiré: crecí en Nueva Jersey – insistió. - Lo raro seria no tener a todo el mundo vigilando a todo el mundo, eso es la jungla. En serio, deberíais salir de esta nublosa y asquerosamente húmeda isla de vez en cuando – protestó más para liberar tensión que por nada. - Os iría bien ampliar horizontes.

Justo en ese momento alguien golpeó en la puerta para luego abrir. Era Chin. Ya debía de haber pasado una hora.

- Lo siento pero necesito el testimonio de Danny – dijo él, con tono de disculpa. - No puedo esperar más.

- ¡Oh, vamos Chin! ¡Justo estamos arañando la superficie! - protestó Hermione como una niña pequeña.

Fue entonces que entendió que si les dejaba hacer esas dos brujas lo tendrían allí retenido por horas y horas con preguntas incómodas y teorías que no entendía y no hacían más que provocarle jaqueca. Tenia que ponerle freno en ese mismo instante si quería sobrevivir, así que levantó y empezó a excusarse.

- Lo siento chicas pero no creo que os pueda ser de mucha ayuda y realmente me gustaría salir de aquí y volver a mi "mundo" - sonaba ridículo incluso cuando lo decía él mismo. - Ni siquiera se como están mis compañeros y esta noche me toca recoger a Grace y no voy a perder ni un segundo de los pocos que tengo para estar con ella por nada en el mundo. En ninguno de los dos mundos.

- Pero… - Jenna se había levantado también y parecía dispuesta a atarlo si era necesario pero Hermione la interrumpió.

- De acuerdo, lo entiendo Danny, debe ser estresante para ti todo esto – respondió casi avergonzada. - Y Jenna y yo probablemente no ayudamos con nuestras locas teorías conspiratorias - sonrió levemente. - Sólo una cosa más Danny, me gustaría seguir en contacto contigo, al final no te realicé la prueba que quería y como hija de muggles me puedo imaginar lo difícil que es estar en tu situación así que siempre que necesites algo tan solo llámame.

Y dicho eso se levantó y le entregó una pequeña cajita que al abrirla vio que contenía un smartphone. Y no uno cualquiera, uno de los más nuevos del mercado.

- No puedo aceptar esto – murmuro con un nudo en el estomago. - No puedo pagarlo.

- Es un regalo Danny – respondió Hermione. - Los móviles muggles normalmente no funcionan en el mundo mágico y los magos usamos búhos y lechuzas para mandarnos correo o la red flu para llamar. Este móvil es un diseño aun en pruebas que mi departamento ha estado creando para integrar ambas redes.

Un movil mágico, quien lo iba a decir. Lo sacó de la caja y le dio la vuelta. Parecía un móvil normal.

- Funciona como un teléfono normal, con tarifa de datos ilimitados para Internet y llamadas nacionales ilimitadas incluidas – continuó la bruja en su mejor imitación de un vendedor en una tienda mientras escribía algo en un papel. - Pero si pulsas este código y luego pronuncias el nombre completo del mago o la bruja con el que quieres hablar y su dirección te conectará con su red flu, bajo previo consentimiento de éste o ésta.

Dicho eso le entregó el papel donde acababa de escribir un código y Hermione Weasley – La Madriguera del Conejo debajo. Decidió no preguntar. De golpe todo el peso de la información que había recibido en la última hora lo congeló en su sitio.

- Hermione – empezó, sin saber bien que preguntar. - Si lo de mi madre es verdad, lo podéis arreglar, ¿verdad?

Hermione lo abrazó de golpe y sin avisar. No supo si devolverle el abrazo o no.

- Te prometo que estudiaré la situación a fondo y te mantendré informado - le dijo mientras lo soltaba.

- ¿Y si Grace… ?- prosiguió, sin ser capaz ni siquiera de terminar la frase.

- Paso a paso, Danny – lo interrumpió con tono tranquilizador la bruja. - Iremos paso a paso, ¿de acuerdo?

Asintió sin decir nada. Era un poco vergonzoso. A sus treinta años y se sentía perdido y asustado como si volviera a ser un adolescente bajito y con más genio que inteligencia en Nueva Jersey. Respiró profundamente. Paso a paso.

- Gracias – le dijo asintiendo antes de girarse, despedirse con un gesto de la otra bruja y salir por la puerta con Chin.

Lo siguió en silencio por un rato. Estaba cansado, adolorido, agobiado y con su mundo vuelto patas arriba en unas horas y sin previo aviso. Tan sólo quería volver a su oficina, comprobar que sus amigos estaban bien, escribir su reporte e ir a pasar un rato con su hija. Sólo quería su normal y aburrida vida de vuelta.

- Lamento que tengas que pasar por esto compañero – le dijo Chin a su lado. - Supongo que después de todo lo que ha ocurrido rellenar un informe policial debe ser lo último que te apetece hacer ahora mismo.

- ¿Bromeas? - rió él sin ningún tipo de humor. - Probablemente sea lo único familiar y aburridamente normal que me apetece hacer ahora. No tanto como una ducha y fingir que nada de esto ha pasado pero mejor que escuchar a dos brujas decidir si mi madre es o no una bruja. - rió, esta vez de verdad. - Literalmente.

- Prometo ser todo lo rápido, conciso y aburrido posible entonces – respondió el auror. - En cuanto lleguemos a la Oficina de Aurores.

Se quedaron en silencio hasta que llegaron al ascensor. No pudo evitar mirar por el cristal nerviosamente, no se fiaba mucho de una caja metálica que al parecer flotaba por sí sola, sin cables ni nada que la sujetara. Hasta que no salieron, de vuelta al primer piso, no pudo respirar tranquilo.

- Oye Chin, gracias por sacarme de allí - le agradeció sinceramente. - Empezaba a sentirme como una rata de laboratorio entre ésas dos.

- Yo de ti no me las daria aun - respondió el auror con una sonrisa señalando algo en frente de ellos con un movimiento de cabeza.

- ¿Que quieres decir con que no…? - empezó a decir antes de mirar a su alrededor.

Se encontraban haciendo cola en frente de una de esas chimeneas enormes llenas de un fuego verde donde la gente entraba gritando nombres extravagantes como si fuera lo más normal del mundo. Algunos ni siquiera miraban lo que hacían, con la nariz puesta en todo momento en un diario con imágenes en movimiento.

- Bienvenido a la Red Flu, Danny – exclamó Chin alegremente.

- Tienes que estar bromeando – se quejó él.

Suspiró mientras Chin no podía contenerse más y se echaba a reír, probablemente de su cara de incredulidad. Normalidad, sólo pedía un poco de normalidad. Coger un coche, el metro, el bus o incluso un taxi, no una maldita hoguera verde. ¿Tan difícil era hacer las cosas de forma civilizada?

Al parecer en ese mundo lo era.