CASO 1: John McGarret I
Tener un smart-phone de última generación que no necesita cargar la batería, siempre tiene perfecta conexión a internet y que repara automáticamente cualquier pequeño defecto o golpe probablemente era el sueño de cualquier persona, joven o adulta. Danny lo odiaba. Sobretodo cuando sonaba a las cinco de la mañana y por más veces que lo tirara al suelo nunca se rompía.
- Son las cinco y veinte minutos de la mañana – refunfuñó sin siquiera mirar el numero que le llamaba. - Mas vale que sea algo serio porque sino de verdad que me cargo a alguien.
- Buenos días a ti también Danny – contestó la voz siempre calmada de Chin, su rostro apareciendo en la pantalla del móvil. - Perdona que te haya despertado pero necesitamos tu ayuda en la oficina.
Danny suspiró mientras se cubría los ojos con una mano, no era posible.
- Chin ya hablamos de ésto – replicó empezando a mosquearse. - Soy policía, ¿de acuerdo? ¡Soy un aburrido y normal policía muggle! No soy un auror y aunque resulta que veo auras mágicas de vez en cuando me gusta mi vida tal y como es. No tengo ninguna intención de convertirme en un mago de la noche a la mañana y menos de arriesgar mi pellejo contra lunáticos que pueden volar, desaparecer y hacer volar un barrio entero con un palo. Tengo una hija, ¿recuerdas? - intentó parar para respirar, no era culpa de Chin que fueran las malditas cinco y media de la mañana. - Así que lo siento pero no puedo ayudarte a capturar ningún mago loco ni contribuir en ninguna investigación donde el asesino sólo tuvo que murmurar unas palabras y agitar un palo para matar a alguien.
- Un ex-auror fue muerto con una arma muggle en su casa ayer, con la red Flu conectada – respondió Chin. - Fue mi mentor Danny, mi compañero cuando aun estaba en activo.
Eso cambiaba las cosas por mucho que le pesara. Había pasado un mes desde que supo que era un mago y Chin y Hermione le habían ayudado en todo lo que habían podido. Hermione había contactado con el Ministerio Americano para que hablaran con su familia y se había ofrecido a estar presente cuando él les comunicó la noticia y les avisó de la futura visita de los magos americanos. Chin le echaba una mano cada vez que encontraba huellas de magia en algún caso muggle y ambos se habían ofrecido en acompañarle a hablar con Grace y Rachel. Resultó que su pequeña hija podía mover cosas sin tocarlas pero no les había dicho nada a sus padres por miedo a su reacción. Por miedo, su propia hija había estado asustada de contarle algo, nunca se lo perdonaría. Desde entonces Hermione había sido un apoyo constante para su familia, contándole las maravillas del mundo mágico a su hija, regalándole libros con imágenes en movimiento y contándole historias. Incluso Rachel y Stan parecían agradecidos de poder preguntarle todas sus dudas a alguien que entendiera su situación. Su ex-mujer y Hermione se habían hecho amigas en el proceso, muy a su pesar, pero por suerte la bruja seguía teniéndolo a él en alta estima e intentaba suavizar las cosas. Rachel no estaba tan contenta con él. Mas bien al contrario, decidió culparlo a él de todos los futuros problemas a los que su niña podía tener que enfrentarse. Él también se culpaba pero sabía que no había nada que pudiera hacer salvo proteger a su niña tanto como pudiera.
- ¿Quien estaba al otro lado? - preguntó incorporándose.
- ¿Perdón? - contestó Chin, parecía que él no era el único dormido a esas horas de la mañana.
- Has dicho que la red Flu estaba conectada, ¿no? ¿Quien había al otro lado?
- Su hijo, Steve – respondió Chin con voz sombría. - Un mago golpeador que se encontraba en Corea del Sur apresando a un mago buscado internacionalmente. Al parecer el hermano de éste es el responsable del asesinato, Steve vio con sus propios ojos como disparaban a su padre.
Joder. Eso era intenso. Pobre hombre. Eso de que la red Flu funcionara como una video-llamada tenia sus ventajas pero estaba claro que también traía problemas, él tendría pesadillas solo de oír algo así pero verlo con los propios ojos desde millones de kilómetros de distancia sin poder hacer nada…
- ¿Mago golpeador? - preguntó mientras se levantaba y empezaba a buscar su ropa. - ¿Que es eso?
- Es una subdivisión del Departamento de Seguridad Mágica igual que la Oficina de Aurores pero ellos se encargan de los delincuentes más peligrosos, muchas veces internacionalmente – explicó Chin con la misma paciencia de siempre. - Supongo que en tu mundo serian el equivalente a los SWAT o a las élites militares como los SEAL.
Soltó un silbido. No sabia como funcionaba en el mundo mágico pero en el suyo no era precisamente fácil convertirse en un SWAT y menos en un SEAL, el tipo probablemente era peligroso. Y acababa de ver como mataban a su padre. Perfecto. Simplemente perfecto.
- Pero si lo vio entonces ya sabéis quien es el asesino, ¿no? - preguntó confuso. - ¿Para que me necesitáis?
- Sabemos quien es, si, se llama Víctor Hesse y al parecer el equipo de Steve lleva años tras él y su hermano. El problema es que no logramos encontrarlo, no por medios mágicos – continuó Chin, su frustración siendo levemente notoria en su expresión. - Ha desaparecido de la faz de la tierra.
No pudo evitar soltar una risita. Que justamente le dijera eso un mago después de las cosas alucinantes que los había visto hacer…
- ¿No habrá desaparecido ya de la isla? - prosiguió mientras buscaba el zapato que le faltaba, siempre perdía uno. - Eso que hacéis de desaparecer en el aire quiero decir.
- No, si lo hubiera hecho habría rastros de magia en la habitación y no encontramos nada, salió de allí por medios muggles - continuó el auror. - Además es peligroso usar la aparición para salir de la isla, tiene un limite en la distancia que se puede utilizar. Los otros medios de transporte como los trasladores, las escobas, la red Flu, las alfombras e incluso los animales mágicos están siendo controlados y vigilados. - Danny se atragantó cuando oyó "alfombras". - Sospechamos que tiene contactos muggles y que intenta salir de la isla usando un método muggle.
- Y allí es donde entro yo supongo – musitó él. - Dime que al menos habéis identificado el arma homicida.
Se giró hacia el móvil, aun apoyado en su mesita de noche cuando Chin tardó en responder. Su cara de confusión no le dio muchos ánimos precisamente.
- ¿Es importante? - preguntó el auror. - Ya sabemos que es una arma muggle, ¿para que necesitamos mas información?
No podía ser. Se suponía que los aurores eran policías, ¿verdad? ¿Como podían no tener en cuenta evidencias como esas en un caso de asesinato?
- Estas de guasa verdad, ¡dime que estas bromeando Chin! - exclamó enfatizando con sus manos.
El auror no respondió y pareció empalidecer en segundos.
- ¡Casi todas las armas están registradas Chin! - explicó incrédulo. - Podemos saber quien la compró, donde, cuando y des de allí encontrar un filo. Incluso las armas ilegales si han sido registradas alguna vez en otro caso, sea cual sea, permanecen en nuestra base de datos para poder utilizarlas en casos inesperados como este. Y si Hesse es un mago tiene que haber sacado el arma de algún lugar, algún contacto. ¡Dime que al menos habéis conservado la bala y el cuerpo tal y como estaba! ¡O que habéis limitado la escena del delito y evitado que se contaminara con la gente apareciendo allí de improviso!
La expresión aterrada de Chin fue toda la respuesta que necesitaba. Levantó las manos al cielo exasperado mientras sin darse cuenta levantaba la voz, a las cinco de la mañana. Sus vecinos le echarían la bronca, de nuevo.
- ¡¿Pero se puede saber como resolvéis los casos vosotros?!
- Normalmente usamos conjuros para descubrir que hechizos se han utilizado en el lugar y a partir de allí creamos un perfil – musitó Chin.
- ¿Y que pasa si eso falla? - increíble, eso era increíble.
- Nunca fallan – replicó Chin a la defensiva.
- Hasta ahora – gruñó Danny en respuesta.
- Si, hasta ahora – respondió Chin con aire de derrota. - Por eso necesito tu ayuda Danny, no estamos acostumbrados a resolver delitos sin magia involucrada. ¿Por favor?
Danny inspiró profundamente intentando relajarse. No había visto tal incompetencia desde sus años en la academia. Al próximo que insinuara algo sobre la superioridad de la magia lo golpearía.
- Esta bien, de acuerdo – aceptó resignado, sin mencionar que estaba dispuesto a ayudar desde que Chin le mencionó que conocía a la victima. - Pero voy a trabajar desde mi oficina, necesito la tecnología muggle para acceder a todas las bases de datos y a mi equipo para estudiar la escena del delito. Si es que queda algo que estudiar.
- Esta bien Danny, voy a hablar con mis superiores y te mandaré la información a tu magic-phone
Odiaba ese nombre. Le hacia pensar en los dibujos que veía Grace de adolescentes con trajes rosas intentando salvar el mundo. Era un móvil y punto.
- De acuerdo, vais a tener que hacer algo para pasar este caso como uno oficial, sino no voy a tener acceso a los recursos necesarios – prosiguió mientras se ponía la chaqueta y cogía el móvil. - ¿Cual es el nombre de la victima?
- McGarrett, John McGarrett.
- Llevo tanto rato que casi olvido con quien quería hablar – protestó Danny a la voz al otro lado del teléfono. - Necesito una orden escrita para implantar micrófonos en la residencia de un sospechoso relacionado con el asesinato de John McGarrett El nombre del sospechoso es Doran. Fred Doran. D-O-R-A-N. Gracias.
Colgó el teléfono justo cuando se abría la puerta de la ridículamente enorme mansión de Stan, su pequeña saliendo de la mano de su madre, que la acompañó hasta la puerta y se volvió, con su mochila rosa y una enorme jaula con un pájaro dentro. Miró por un segundo el unicornio de peluche que aguardaba en el asiento del copiloto antes de salir a abrazar a su hija.
- ¡Hola Papi! - lo saludo Grace justo antes de abrazarlo.
No pudo evitar estrechar a su hija por más tiempo del debido, era una tortura no poder verla todos los días. Por suerte el juez había accedido a su petición de llevar a su hija al colegio dos veces por semana aunque Rachel hubiera logrado la custodia. No sabía que es lo que haría si no pudiera verla al menos una vez a la semana y tuviera que esperar a sus fines de semana alternos.
- Buen abrazo, gracias – le dijo mientras la soltaba pero se quedaba agachado, a su altura, el pájaro de la jaula se movió inquieto. - ¿Y éste quien es?
- El señor Hoppy, Stan lo ha comprado para mi – respondió la pequeña con una sonrisa. - Es una lechuza mágica que puede llevar el correo, Stan dice que así podré mandaros cartas a ti y a mama cuando esté en Hogwarts. La voy a llevar al cole en el día de las mascotas.
- Vaya, el bueno de Stan – respondió con fingido entusiasmo. - Pero ya sabes que no puedes decir que es mágica, ¿verdad Monkey?
Hermione y Chin le habían hablado mil veces del Estatuto Internacional del Secreto Mágico y de la importancia de éste. No es que estuviera muy de acuerdo pero las leyes estaban allí por algo y él era prácticamente un novato en ese mundo. Rachel al ser madre de una bruja y Stan por ser su pareja formaban parte del reducido grupo de muggles que conocían el secreto acerca de la magia pero estaban bajo juramento de no hacer publica esa información. Y al parecer los juramentos mágicos no se podían romper. Por su parte, aunque no le gustaba la idea de enviar a Grace a un internado mágico, todo eso de la magia era algo nuevo para los dos y los había unido más de lo que ya estaban. La magia era algo entre ellos dos que Rachel nunca iba a poder comprender por más que lo intentara. Le sabría mal si ésta no hubiera decidido llevarse a su única hija a la otra punta del planeta, obligándolo a él a dejarlo todo e ir tras ellas.
- Si papi, Hermione me lo explicó – respondió la niña. - Pero las lechuzas mágicas no tienen nada de especial a parte de que pueden llevar las cartas y entrar en las casas de los magos.
- Me alegro, si tienes cualquier problema en el colegio me avisas, ¿de acuerdo? - insistió como cada vez que salia el tema, no quería que su hija fuera discriminada por rara el tiempo que le quedaba en esa escuela.
Grace asintió así que se levantó, cogiéndola de la mano y jugando un poco con ella antes de llevarla hasta el coche. Sabia que tal vez su niña era ya un poco mayor para esos juegos absurdos, pero de momento aun le sonreía cuando lo hacia y le soltaba algún "papiii" de vez en cuando, y con eso tenia suficiente. Justo antes de abrir la puerta distrajo a Grace y con la mano libre escondió el unicornio en el asiento trasero del coche, consciente de que no podía competir con una mascota de verdad. Gracias Stan por una vez más dejarme en ridículo, pensó con rencor.
Una vez en el asiento, con el cinturón bien abrochado y la lechuza en su falda Grace empezó a ponerle al día de todo lo que había sucedido en su vida desde su ultima llamada la noche anterior.
- Ya he acabado el libro que me regaló tía Hermione, papi – le comentó. - ¿Le puedes preguntar cuando la veas si tiene alguno de animales mágicos? ¿Que salgan unicornios y dragones?
Era increíble como su hija había abrazado ese nuevo mundo con ilusión y curiosidad cuando él aun intentaba asimilar la situación. Los niños eran increíbles, su capacidad de adaptación no tenia equivalente. Desde que habían hablado de la situación con ella, y habían descubierto lo asustada que estaba de si misma y lo que podía hacer, tanto él como Rachel habían hecho todo lo posible para acomodarse y hacerla sentir segura y querida. Hermione y su familia no tardaron en ser una presencia regular en sus vidas, sobretodo en la de él y Grace, y se había propuesto en proporcionarle a la pequeña toda la información que necesitara sobre el mundo mágico. En seguida pasó a ser tía Hermione a los ojos de Grace. Los había invitado a su casa un par de veces pero aun no se sentía preparado. Por suerte la bruja lo entendía.
- Ya te lo has terminado, ¿de verdad? - preguntó exagerando su asombro. - ¿Estas segura de que tu magia no te ha vuelto más inteligente que yo? Tal vez deberías de ser tu quien llevara el coche hoy.
- ¡Daaaanno! - protestó su hija.
No pudo evitar sonreír como siempre que la oía llamándole por ese mote. Esa era otra cosa entre ellos dos solamente. Esperaba que nunca dejara de llamarle de esa forma.
Pronto llegaron al colegio de Grace, se despidió de ella con su frase habitual y ella le sonrió. Sintió un pinchazo en el pecho al pensar que no la volvería a ver hasta el fin de semana. Al menos gracias a su nuevo móvil podría ver su carita cuando la llamara esa noche.
Entró en el coche de nuevo y configuró el GPS con la dirección de John McGarrett, hora de trabajar.
Al instante en que entró en la casa supo que algo no iba bien, había algo diferente en el ambiente, algo había cambiado desde la ultima vez que estuvo allí. Pasó por el salón, la sala donde había ocurrido el asesinato y un estremecimiento lo recorrió de la cabeza a los pies. Alguien había estado allí, un mago, y había hecho algún conjuro, podía notar la magia en el aire. Sacó la pistola e intentó enfocar sus sentidos cómo llevaba practicando desde que sabia exactamente que era su sexto sentido. Empezó a recorrer la casa con los ojos cerrados hasta que la sensación aumentó. Se detuvo y abrió los ojos, estaba en frente de la puerta que llevaba al garaje. Justo cuando decidía si sacar el arma o no oyó ruido proviniendo del garaje, definitivamente había alguien allí.
Sacó su pistola y empezó a descender los escalones tan silenciosamente como pudo. Cuando llegó abajo sintió una oleada leve de magia que había aprendido a asociar con la presencia de un mago o bruja. Y entonces vio a alguien hurgando en las cosas de la victima. Era un hombre alto y moreno, vestido con unos pantalones y una camiseta que habrían pasado por normales si no fuera porque hacia demasiado frio en la maldita Inglaterra como para vestir tan ligero. El hombre en cuestión se giró al instante, apuntándole con una varita, disipando toda posible duda.
- ¡Tu! ¡Manos arriba! - le gritó, calculando mentalmente el tiempo que tenia para evitar el primer hechizo. - ¡No te muevas!
- ¿Quien eres? - le gritaron en respuesta, sin dejar de apuntarlo pero sin ceder ni un milímetro.
- ¡¿Quien eres tu?! - le devolvió antes de intentar cambiar la táctica. - Soy el Detective Daniel Williams…
- ¡Steve McGarrett! ¡Esta es la casa de mi padre!
- ¡Baja la varita ahora mismo! - le exigió Danny, ignorando el claro desconcierto en el otro. - Si, se que es una varita y se que eres un mago, estoy colaborando con la Oficina de Aurores.
- ¡Enseñame tu identificación! - le respondió McGarrett, recuperado casi instantáneamente de la confusión.
- ¡No! ¡Enseñame tu tu identificación! ¡Ahora! - prosiguió él antes de darse cuenta de que la situación cada vez era más ridícula, estaba claro que el mago no iba a ceder y él tampoco.
- No pienso bajar mi varita – afirmo el mago, claramente llegando a la misma conclusión que él.
- Tampoco yo voy a bajar mi pistola – replicó en el mismo tono, realmente estaban en un punto muerto.
- Con tu mano libre coge tu identificación – le ordenó el mago con todo el descaro del mundo.
- Por favor, después de ti – respondió, harto del complejo de superioridad de algunos magos.
McGarrett, si es que realmente era él, se lo quedó mirando como si no se creyera lo que estaba pasando. Danny se preparó para disparar y esquivar el hechizo que sin duda el otro estaba a punto de lanzarle. Sin embargo lo sorprendió cuando en vez de atacarlo siguió hablando.
- ¿Al mismo tiempo? - le preguntó ladeando la cabeza.
- ¿Al mismo tiempo? - no pudo evitar repetir con sarcasmo, eso era absurdo, completamente cómico.
- ¡Si! ¡Al mismo tiempo! - gritó de nuevo el mago.
- ¿Como? ¿Cuento hasta tres? - se burló él
- Si, a la de tres esta bien – contraatacó el mago, sorprendiéndolo.
- Uno… - empezó Danny, soltando una mano del arma pero sin dejar de apuntar al otro, consciente de que el mago probablemente solo necesitaba una mano para conjurar.
- Dos… - los dos se llevaron la mano al bolsillo.
- Tres – incluso desde esa distancia pudo ver el logotipo de los Aurores junto con otro similar que probablemente era el de los Magos Golpeadores, bajó el arma al mismo tiempo que McGarrett bajaba la varita.
Si había una parte de ser policía que no le gustaba era las disputas de jurisdicción con otros departamentos como el FBI, la CIA o los militares. Parecía ser que ni siquiera el mundo mágico estaba libre de el papeleo. Ademas el hecho de que McGarrett no solo fuera el equivalente mágico a un militar sino que también fuera un familiar de la victima lo convertía en la pesadilla personal de Daniel Williams.
- Escucha – empezó, suavizando su voz. - Lo siento de veras por tu padre pero no puedes estar aquí ahora mismo, esto es la escena de un crimen en activo.
El mago se había girado de nuevo hacía un recipiente de cerámica que se encontraba encima la mesa y que él no había podido identificar en sus visitas anteriores.
- No parece muy activa si está en manos de un muggle – contestó sarcásticamente el mago.
- Detective, soy detective – replicó él antes de intentar controlar la rabia que le daba que lo menospreciara por ser muggle, aunque no fuera exactamente cierto. - No puedo hablar sobre una investigación abierta contigo.
Empezó a acercarse al otro hombre, intentando razonar con él.
- Hesse no estaba aquí solo cuando mi padre fue asesinado – empezó McGarrett, se detuvo para escucharlo, esperanzado de que si lo dejaba hablar seria capaz de razonar con él. - Alguien estaba sentado en el escritorio, había espacio para un portátil y mi padre odiaba la tecnología muggle. Es más, ni siquiera debería de haber funcionado en ésta casa por lo que se trata de tecnología muggle modificada.
Ése detalle no se le había ocurrido, por supuesto había tenido en cuenta la presencia de otro sujeto sin identificar pero no pensó en que la tecnología no debería de funcionar en esa casa. Era su primera vez en la casa de un mago, había notado la anticuada decoración y la falta de electrodomésticos pero no le había dado más importancia.
- Mira, se que fuiste testimonio del asesinato a través de la red Flu, y realmente tu declaración podría ayudarnos pero no de esta forma – insistió, tal vez si le daba algo que hacer, alguna forma de colaborar podría razonar con él. - tengo que pedirte de nuevo que te vayas.
- Muy bien – accedió el mago justo antes de coger el recipiente de cerámica, dispuesto a llevárselo con él.
- Y deja eso donde estaba, es una prueba – le exigió cuando pasó por su lado, empezaba a cabrearse. - Sabes que no puedes llevártela.
- Lo traje conmigo – le argumentó con todo el descaro del mundo.
- No, no lo hiciste – replicó andando hasta el lugar. - Puedo ver el agujero que ha dejado en el polvo de la mesa – insistió antes de volverse con curiosidad. - ¿Que es eso?
- ¿Ni siquiera sabes eso? - se burló McGarrett - ¿Cuanto tiempo llevas colaborando con los aurores? ¿Y como demonios permiten a un muggle investigar el asesinato de un ex-auror?
- No es asunto tuyo – protestó Danny, oficialmente cabreado. - ¿Quien eres tu para decir eso?
- Es mi asunto si estas investigando la muerte de mi padre.
- Lo estoy haciendo y me gustaría ponerme a ello de nuevo así que cuanto antes te vayas antes podré
- Lo que tu digas – gruño McGarrett mientras se giraba dispuesto a irse, con el recipiente aun bajo el brazo.
- Deja eso o te arrestaré – le exigió Danny, todo el cuerpo en tensión y preparado para actuar si el otro sacaba la varita de nuevo.
- ¿Vas a llamar a los refuerzos? - le desafió el mago.
- A San Mungo – respondió con bravuconería, no estaba seguro de cuales eran sus posibilidades contra un auror pero eso no lo iba a detener de hacer lo correcto.
McGarrett lo miró con superioridad unos segundos antes de dejar el recipiente encima del coche muggle que su padre, quien aparentemente odiaba todo lo muggle, tenia en el garaje.
- Gracias – empezó él.
- No me las des aun – replicó el mago mientras sacaba su varita.
Danny observó confuso cómo el mago movía la varita y sintió un estremecimiento mientras éste murmuraba unas palabras, justo antes de que una niebla blanca empezara a salir de ésta. Se tensó y se llevó una mano a la pistola pero la niebla no se acercó a él sino que se condensó en una figura pequeña que McGarrett ocultó con su cuerpo disimuladamente. Estuvo tentado a preguntar que era lo que estaba haciendo antes de que éste empezara a hablar con la figura.
- Primer Ministra, soy Steve McGarrett – lo oyó, aparentemente hablando sólo, increíble, eso no era posible. - Solo quería decirle que he cambiado de opinión, acepto el trabajo, dirigiré su nuevo Departamento y empezaré inmediatamente con la investigación del asesinato de mi padre. Por favor mándeme un Patronus con su confirmación. Gracias.
Y dicho eso la silueta se dirigió a la pared a toda velocidad y desapareció sin dejar más rastro que todo el vello de su cuerpo erizado. Danny no entendía que acababa de pasar.
- ¿Y bien? - preguntó. - ¿Se supone que eso es todo?
- Dame un momento a que reciba la contestación del mensaje – respondió el mago, apoyándose en el coche como si tuviera todo el día.
- ¿Mensaje? ¿Así es como enviáis mensajes los magos? - insistió curioso. - Pensaba que para eso teníais la red Flu y las lechuzas.
- Los Patronus son más seguros – replicó el mago. - Ya sabes, imposibles de rastrear, falsear o interceptar.
Patronus. O sea que ese era el nombre del conjuro que McGarrett acababa de hacer. ¿Y por que hablaba de él como si fuera un ser vivo?
- Menuda estupidez, no estamos en terreno hostil, ¿sabes? - gruñó él más por llevar la contraria que por nada. - ¿Y se puede saber que tenéis los magos en contra de los teléfonos? Son mucho más rápidos que esta locura de esperar una respuesta.
- ¿Es la primera vez que ves un Patronus? - replicó el mago en tono casi educado. - ¿Como puedes saber tanto de nuestro mundo y ser tan ignorante a la vez? ¿Eres un squib o algo así?
No tenia ni idea de lo que era un squib pero no le sonaba nada bien. Era casi peor que el término muggle. Estaba a punto de exigirle una explicación a McGarrett, seguido de un breve discurso de todo lo que detestaba de los magos como él, cuando sintió de nuevo el mismo escalofrío y apareció una figura plateada atravesando la pared. Se sobresaltó de tal forma que sacó el arma instintivamente. Tardó unos segundos en darse cuenta de la sonrisa burlona del mago y de que la figura plateada era un zorro de pequeño tamaño que se sentó en el suelo en frente de McGarrett Entonces el zorro abrió la boca y empezó a hablar con voz femenina.
- Me alegra escuchar eso Golpeador. A partir de este momento yo, Patricia Jameson, Primera Ministra del Ministerio de Magia de Gran Bretaña, le concedo la autoridad y los medios necesarios para resolver el asesinato de John McGarrett y atrapar a su asesino. Concretaremos los detalles del nuevo Departamento en cuanto tenga los resultados de este caso, manténgame informada agente.
Y con eso el zorro desapareció en la nada, deshaciéndose como si fuera humo sin dejar nada más que un último escalofrío recorriendo su espalda. Odiaba que hicieran hechizos tan cerca de él. McGarrett se incorporó y recuperó de nuevo el recipiente de cerámica antes de girarse hacia él decidido, sin rastro de sonrisa en el rostro.
- Ahora es mi escena del crimen.
Y con eso se giró y se fue sin que pudiera hacer nada para detenerlo. ¡Dios! ¡Como odiaba a algunos magos!
Al quedarse sin caso su superior le dio libre lo que quedaba del día, así que no tuvo más remedio que volver a casa con las manos vacías y sin nada que ocupara su mente más que la rabia y la impotencia de perder otra de las cosas que más valoraba en su vida: su trabajo. No era tan duro como perder a su hija y su esposa, y realmente no era como si hubiera perdido su trabajo, sólo un caso. Pero aun así odiaba la sensación de no poder hacer nada mientras le quitaban algo importante. Decidió que no volvería a involucrarse con los aurores por mucho que Chin le suplicara. Tal vez debería llamarle y contarle lo que había pasado, pedirle disculpas por no poder ayudar con el caso de su amigo. Odiaba eso.
Justo entonces llamaron a la puerta y se levantó dispuesto a despachar al loco que se atrevía a vender enciclopedias en medio de la lluvia que estaba cayendo. Justo antes de abrir la puerta sintió un leve estremecimiento así que no se sorprendió ni un ápice cuando vio a Steve McGarrett en su puerta. Llevaba una carpeta en sus manos, completamente seca a pesar de lo que llovía, y que se parecía sospechosamente a las que utilizaban en su comisaria
- Me pasé por tu comisaria, hable con tu superior – empezó el mago sin siquiera saludar. - Dijo que pediste un micrófono para un muggle llamado Fred Doran. Háblame de él – dijo justo antes de entrar a su piso sin siquiera pedir permiso.
- Por favor, entra, como si estuvieras en tu casa – gruñó en voz baja.
Cerró la puerta mientras el mago hacia un movimiento con la varita, llenando todo su apartamento de esa dichosa magia residual que le ponía los pelos de la nuca. Se preguntó si abrir las ventanas serviría de algo para limpiar la atmósfera. Entonces McGarrett se fijó en su mesita donde tenia su arma y una foto de Grace. Se giró hacia él con una media sonrisa estúpida que nunca hubiera esperado de él.
- ¿Es tu hija? - le preguntó
- Si, tienes unos dotes detectivescos impresionantes – le ladró en respuesta, no podía evitarlo, el tipo le había quitado su caso.
- En realidad no la tienes contigo en este lugar, ¿verdad? - inquirió mirando su pequeño estudio y su sofá-cama con toda la ropa desordenada.
- ¿Ahora quien eres? ¿SuperNanny? - se defendió, muy consciente de los defectos de su estudio pero vivir en Londres era ridículamente caro y hacia lo que podía para que Grace disfrutara el tiempo que estaba con él. Incluso si eso significaba reducir gastos de otros lugares.
McGarrett parecía decidido a dejar el tema y centrarse de nuevo en el caso. Tenia la carpeta abierta y efectivamente esos eran sus documentos. A saber lo que había hecho para lograrlos, no creía que amiga la ministra de magia tuviera mucha influencia en una comisaria muggle.
- ¿Entonces que sabes de este tío, Doran? - le exigió más que preguntó mientras le enseñaba la foto que él mismo había encontrado y puesto en ese archivo, le hablaba como si fuera su obligación responder.
- Estoy seguro de que no necesitas mi ayuda, ¿verdad? - le respondió sarcástico mientras se sentaba en una silla. - ¿Por que no mueves la varita, murmuras algo en latín y lo descubres por ti mismo?
- Iluminame – recibió por respuesta, claro desprecio a sus métodos de investigación en su tono de voz.
- Es un sospechoso de traficas de armas – contestó, decidido a bajar a ese egocéntrico de su pedestal. - Dos años en prisión por posesión de armas, es actualmente un sospechoso en un homicidio no relacionado, el arma nunca fue encontrada.
Vio como McGarrett guardaba la fotografía y le dedicaba toda su atención, como si por fin se hubiera dado cuenta de que Danny, de que el Detective Daniel Williams, sabia lo que se hacia. El muy desgraciado incluso parecía sorprendido, como si el no usar magia lo incapacitara para utilizar su inteligencia.
- ¿Y eso que tiene que ver con el asesinato de mi padre? - preguntó, esta vez sin sarcasmos en la voz.
- Cuando hice una comparación de balística con la bala que mató a tu padre encontré una coincidencia con la investigación de Doran – respondió con tranquilidad, en algún momento de la conversación había recordado que estaban hablando del asesinato del otro hombre, no de una victima cualquiera.
McGarrett pareció confundido por unos instantes, como si se hubiera perdido. Entonces Danny recordó la confusión de Chin cuando le habló de los métodos muggles de investigación. McGarrett parecía saber más del mundo muggle que el mago promedio, solo hacia falta ver como vestía y actuaba, pero tal vez no estaba realmente habituado a los recursos de la tecnología muggle. Se preguntó por primera vez que había empujado a un mago aparentemente tan orgulloso y seguro de si mismo a pedir ayuda a un muggle de entre todas las cosas. Probablemente McGarrett estaba más desesperado por encontrar a Hesse de lo que aparentaba.
- No se que sabes de los procedimientos en investigación en mi mundo – empezó tanteando el terreno. - Todas las armas compradas legalmente están registradas en una base de datos con información del vendedor y el actual propietario, lo mismo con la munición. En el caso de armas ilegales son clasificadas y archivadas en otra base de datos junto con la información de la investigación relacionada. Las balas pueden clasificarse por tipo de arma y si se tiene una muestra previa se pueden relacionar con una arma en concreto – explicó sintiéndose su profesor de primer año de academia. - Cuando aparece un arma o una bala en una investigación nueva lo primero que hacemos es compararla con nuestra base de datos.
McGarrett asintió con expresión seria. Si no supiera que no habría pensado que el mago ya sabia todo eso y sólo estaba dejándole hablar por compasión. ¿Tan difícil era reconocer que no sabía algo?
- Veras, mi teoría es que lo primero que hizo Hesse cuando llegó a la isla fue ponerse en contacto con Doran y conseguir un arma – prosiguió su explicación. - No se de donde sacó el contacto ni por que un mago decidiría comprar un arma muggle pero sospecho que sabia lo difícil que les seria a los aurores seguirle la pista de esa forma.
- Probablemente – asintió el mago. - Entonces puede que Doran aun sepa donde esta Hesse, así que iremos a hablar con él.
¿Iremos? ¿Como que iremos? ¿Desde cuando él estaba incluido en esa investigación? ¿Y encima con un mago egocéntrico incapaz de pedir ayuda como cualquier persona normal y que se creía superior a los muggles? No gracias. Prefería quedarse en su piso haciendo… en fin, haciendo nada.
- Ey, ey, ey, ey – protestó mientras se levantaba. - Perdoname, ?pero estas bien de la cabeza? Este ya no es mi caso.
- Tu superior dijo que fuiste transferido hace sólo un año de Nueva Jersey y ya has logrado formar un equipo competente con un alto porcentaje de casos resueltos – empezó el auror. - Obviamente estas familiarizado con la delincuencia en el mundo muggle y tienes los conocimientos y recursos para combatirla.
- Oye, de verdad que agradezco el cumplido pero no necesito que me psicoanalices – insistió sin éxito.
- Duermes en un sofá-cama, no llevas alianza, obviamente te mudaste a Londres para estar con tu hija – prosiguió McGarrett, imparable como un tren descarrilado. - Lo que quiere decir que entre visitas sólo tienes tu trabajo y eres bueno en él. Eso es todo lo que necesito.
- Ya pero, ¿sabes que? - gruñó Danny. - Son los tipos como tu, los magos como tu, quienes creen que saben hacerlo todo mejor que los demás, los que hacen mi trabajo más difícil
Eso sin mencionar que no tenia ningún interés en pasar horas al lado de auror, con su sexto sentido volviéndole loco con cada movimiento de varita, con la mera presencia de un mago cerca, y su sentido común gritándole que saliera corriendo en la dirección contraria.
- Resulta Detective que no tienes alternativa, la Primera Ministra me ha dado jurisdicción y he decidido que formes parte de mi nuevo equipo – le ordenó.
- Te has pasado cada segundo desde que me conoces llamándome muggle, ¿y no se te ha ocurrido pensar que vuestra Ministra, presidenta o lo que sea no tiene jurisdicción sobre mi? - gritó Danny más que harto de esa situación.
- Te sorprendería la interacción que hay entre nuestros dos gobiernos, te aseguro que si la Primera Ministra me ha dado jurisdicción eso incluye tu comisaria – explicó McGarrett con esa tranquilidad que tanto detestaba Danny. - Mira puedo mandar otro Patronus y puedes esperar aquí un par de horas hasta que el papeleo haya sido firmado mientras yo voy a por Doran. O puedes venir conmigo ahora y conservar tu caso, tu elección.
En realidad no había elección y ambos lo sabían. Prefería mil veces seguir la investigación que pasar lo que le quedaba del día encerrado en su minúsculo apartamento intentando evitar pensar en Grace y en porque tenia tanta mala suerte en la vida. Eso no quería decir que tuviera que ir saltando de alegría al lado de ese lunático.
- No te aguanto, que lo sepas – refunfuñó entre dientes.
- Vamos a ser compañeros así que vamos a tener que llevarnos bien - respondió el auror, interpretando correctamente su afirmación.
Y entonces se acercó a él, le puso un brazo en el hombro y antes de que pudiera protestar sintió como si una fuerza inmensa comprimiera todo su cuerpo y dejó de sentir el suelo bajo los pies. Luego sintió como si lo estuvieran empujando por un embudo demasiado pequeño y toda su piel erizada como si lo hubieran sumergido en agua helada antes de que todo se detuviera de golpe. Sus pies tocaron suelo de nuevo pero se sintió tan mareado que trastabilló y tuvo que agarrarse a la primera superficie que encontró, que resultó ser una pared. Sentía nauseas y deseos de vomitar pero controló el impulso como pudo.
- Oye, ¿estas bien? - oyó la voz de McGarrett - Vamos hombre, ¿no me digas que nunca te habías aparecido antes?
Aparecido. Se apartó de la pared con dificultad cuando el mareo disminuyó y miró a su alrededor. Se encontraban en un callejón oscuro que no le sonaba de nada. No sabia donde estaba pero estaba claro que no era su apartamento.
- No vuelvas a hacer eso – murmuró con la voz temblorosa.
Inspiró profundamente, mientras se fregaba los brazos en un intento de recuperar su calor corporal habitual.
- Si quieres puedo… - levantó la mirada sólo para encontrarse al auror con la varita apuntándole, mirada concentrada en el rostro.
- ¡¿Que te crees que haces?! - gritó mientras se alejaba como podía con piernas temblorosas.
- Solo iba a utilizar un hechizo calmante, para aliviar el mareo – musitó McGarrett levantando ambas manos en defensa propia. - Hay mucha gente que se marea la primera vez.
- ¡Maldita sea McGarrett! - siguió gritando. - ¡Tengo sensibilidad a la magia! ¿No leíste eso en tu informe cuando me investigaste? ¡Aleja esa maldita varita de mi!
El mago parecía realmente sorprendido esa vez así que probablemente no lo sabia. Pero eso no lo excusaba de arrastrarlo hasta quien sabia donde sin su consentimiento.
- ¿Donde estamos? - preguntó mientras intentaba recuperar la compostura.
- A una manzana del apartamento de Doran – respondió McGarrett, desviando la mirada para controlar la única entrada al callejón, como si esperara ser atacado, el muy lunático.
Terminó de ponerse bien su camisa y se palpó los bolsillos para asegurarse que no se había dejado nada. Y entonces se dio cuenta de que no llevaba su pistola encima. Eso es lo que pasa cuando te secuestran pensó, no hay tiempo para coger el arma.
- Me he dejado mi arma en casa – gruñó más que habló.
- No importa, ¡vamos! - lo ignoró el auror, dirigiéndose a la salida de la calle.
- ¡¿Como que no importa?! - explotó furioso. - ¡Me secuestras de mi apartamento, me llevas a la otra punta de la ciudad sin mi permiso, utilizas magia a mi alrededor sin ningún tipo de consideración y, de nuevo, sin siquiera preguntar, y ahora pretendes que te siga a la casa de un potencial traficante de armas sin respaldo y sin mi jodida arma! ¡¿Que problema tienes en tu cabeza?!
McGarrett se detuvo para girarse hacia él con expresión furiosa y las manos alzadas. Como si el muy desgraciado tuviera el más mínimo motivo para estar cabreado.
- Esta bien, ¡esta bien! - exclamó el mago. - ¿Si te traigo tu arma te callarás por lo menos un minuto entero?
Estuvo a punto de contestar airado pero decidió callar en el ultimo segundo. Bien pensado eso de tener alguien que podía aparecer de un lado de la ciudad a otro en un instante tenia sus ventajas.
- Traeme mi chaqueta también, y mi móvil, está en la mesita, al lado de mi arma – exigió intentando reprimir la sonrisa que intentaba escapar.
- ¿Desea algo más su majestad? - replicó con tono sarcástico el auror.
- Pues ya que lo mencionas…
- ¡Oh, por Merlín! - exclamó el mago antes de desaparecer en un remolino de luz blanca.
No pudo evitar soltar una carcajada ante la cara y la expresión del mago. ¿Quien mencionaba a Merlín? Magos, no había quien los entendiera. Se apartó del centro del callejón y se apoyó en la pared, dispuesto a esperar al mago.
En menos de un minuto el remolino apareció de nuevo, casi en el mismo sitio, y McGarrett apareció con todo lo que le había pedido. Pensó por un momento en decirle que estaba bromeando cuando le pidió la chaqueta pero decidió callarse y memorizar la expresión de enojo del auror. Lastima que no supiera utilizar aun la cámara de su móvil.
- ¿Ahora si que podemos ir? - gruñó McGarrett antes de arrojarle las cosas y empezar a andar hacia la calle principal, obviamente mosqueado con la situación.
Danny solo sonrió y lo siguió mientras se ponía la chaqueta y guardaba la pistola en su funda. Justo cuando llegaba a la altura de McGarrett su móvil. empezó a sonar con la música de Psicosis, el tono exclusivo de Rachel. Decidió ignorarlo, colgó la llamada y guardó el móvil. en el bolsillo. Podía sentir la mirada curiosa del auror así que no le sorprendió en lo más mínimo cuando éste empezó a hablar.
- Deduzco que tu matrimonio no acabó muy bien – comentó como quien habla del tiempo.
- No – respondió Danny, y casi sin saber por que se encontró despotricando contra su ex. - Tal vez si mi ex no se hubiera vuelto a casar y decidido arrastrar a mi hija a este infierno sin sol…
- ¿No te gusta Londres?
- No, no me gusta Londres
- ¿A quien no le gusta Londres?
- Me gustan las ciudades con sol en verano y nieve en invierno, ya sabes, contrastes que te hacen valorar y echar de menos la estación opuesta. No este infierno de lluvias constantes, días que no deciden en que clima aposentarse y dos días de sol al año.
- Dime que has hecho turismo.
- ¿Turismo?
- Ni siquiera has visitado el Big Ben, ¿verdad?
- Hago turismo, cuando es necesario, no porque lo disfrute.
- Claro – musitó el auror, echándole miradas como si estuviera juzgando su integridad mental. Viniendo de él era un insulto.
El móvil volvió a sonar con el tono de Rachel y decidió que era mejor escuchar a su ex ahora que hacerlo por el doble de tiempo más tarde, cuando ademas pudiera añadir "ignorar el teléfono" a la lista de razones por las que él era el peor padre del mundo.
- ¿Si, querida? - gruñó en el teléfono para sentir todo su enojo evaporarse al oír la dulce voz de su hija – Heeey, Monkey. No, no, pensaba que eras tu madre.
Pudo sentir como McGarrett se giraba a mirarlo asombrado. Era consciente de que estaba sonriendo como un bobo mientras hablaba con su hija y en un tono de voz completamente diferente al usual, pero no le importó lo mas mínimo. Ni siquiera se molestó cuando el auror lo detuvo con una mano en el brazo antes de cruzar la calle, como si fuera un niño pequeño. Escuchó a Grace hablar de su día en el colegio, como a todos les había gustado su nueva mascota y oyéndola hablar tan contenta no pudo seguir enojado con Stan por intentar hacer feliz su hija. Aunque nunca le perdonaría el haberle robado a su familia.
- Yo también lo espero ansioso, lo vamos a pasar muy bien este fin de semana – le dijo, intentando no dejar ver que contaba los minutos y segundos que faltaban para verla de nuevo. - Ey, recuerda que Danno te quiere, ¿vale?
Colgó el teléfono con un nudo en el estomago, como siempre que tenia que despedirse de su hija, aunque fuera sólo por unos días. Detestaba esa situación, detestaba que Rachel los hubiera arrastrado a todos a esa situación. Ando en silencio al lado del auror, casi sin acordarse de su presencia hasta que éste le habló de la nada.
- ¿Quien es Danno?
Eso si que no, eso ya era demasiado personal para tener al dichoso auror haciendo el cotilla.
- No – dijo negando con la cabeza y sin desviar la mirada de enfrente suyo - Tan solo..
- De acuerdo – respondió McGarrett, por primera vez dejando correr algo.
- Gracias
Estuvieron en silencio hasta que llegaron al bloque de pisos de Doran. Vivía en la segunda planta de un edificio viejo, en un barrio de mala muerte. Las expectativas no eran precisamente muy buenas.
- Ey, ¡ey! - detuvo a McGarrett cuando éste ya se preparaba para entrar al edificio – Éste tío es un traficante de armas, no deberíamos hacer ésto sin apoyo.
- Tu eres mi apoyo – respondió con una sonrisa de superioridad el mago.
- Genial, yo soy el apoyo – gruñó Danny más para si que para nadie más. - No lo aguanto – protestó mientras comprobaba de nuevo su arma. - Esto acabará mal, lo huelo.
Efectivamente la situación acabó fatal. Él con una herida en el brazo, el sospechoso escapando y agarrando a una inocente mujer como rehén y amenazando con matarla si McGarrett no soltaba la varita; lo que por cierto demostró que Doran estaba habituado a los magos y sus varitas. El auror cometió el error de bajar el arma y habría terminado con una bala en el cerebro si él no hubiera disparado a Doran por la espalda. Así que en conclusión: sospechoso muerto, una calle entera de gente que había visto a McGarrett hacer magia, él con una herida de bala en el brazo y el maldito auror ofendido con el mundo como si fuera un adolescente.
Para acabar de arreglar la situación al instante aparecieron magos con ropas raras en todos lados, alegando que eran del Departamento del Uso de Magia Indebida. Por poco no le borran la memoria a él por error junto con el resto de muggles, al parecer McGarrett no se había molestado en notificar a nadie que lo había reclamado como a su compañero en esa investigación. Por suerte un vistazo a su identificación especial, cortesía de Hermione, le salvó de ser obliviatado, como llamaban los magos al borrado de memoria. Un simple golpe de varita y su herida sanó sin dejar cicatriz pero dejando un cosquilleo ya habitual en la zona.
Aun estaba agradeciendo al medimago su ayuda cuando salió McGarrett del edificio, acompañando a una chica oriental sólo unos años mayor que Grace. Lo vio dejando a la chica con un medimago antes de dirigirse hacia él y empezar a lanzarle ideas sin siquiera preguntar como estaba su herida ni agradecerle por haberle salvado la vida. Se sentó en los escalones de la entrada de la casa y esperó por un hueco en el monologo.
- La trajeron de contrabando hace cuatro días con un barco de carga con sus padres y un grupo e unos doscientos refugiados mas. Solo recuerda bajar del barco, un hombre la agarró del brazo y la apareció en casa de Doran. Es muggle así que no entendió que había pasado – el auror hablaba casi para si mismo, sin esperar respuesta. - De modo que tenemos a un grupo de magos traficando con muggles y vendiendo a chicas como prostitutas a tipos como Doran.
- Perdona un momento – le interrumpió Danny, incapaz de contenerse más. - Este seria un buen momento para agradecerme que te haya salvado la vida.
- ¿Estas de coña? - le respondió McGarrett. - ¡Te has cargado mi única pista!
- ¿Me estas vacilando? - replicó Danny enojado, levantándose cuando McGarrett lo ignoró para seguir con su monologo.
- Si están introduciendo muggles ilegalmente en el país Hesse podría utilizar el mismo método para salir sin ser visto.
- ¡Nos pusiste a los dos en riesgo estúpidamente! - gritó Danny, incapaz de aguantarlo más. - ¿Eres consciente de ello?
- Sólo era un simple muggle, no era ninguna amenaza – contestó el auror impasible.
- ¡Bajaste tu varita! ¡Estuviste a dos segundos de palmarla! - le siguió gritando Danny, furioso. - ¡Y no me vengas con que tenias un hechizo a punto porque no es verdad, lo habría sentido!
El auror pareció aturdido por un momento, no supo si por lo que le estaba diciendo, por el tono de voz o si simplemente no estaba acostumbrado a que lo cuestionaran. Eso solo lo enfureció más. Se acercó más al mago mientras le seguía gritando.
- ¡No voy a acabar muerto por tu estúpida venganza! - prosiguió él. - ¡Tengo una hija! ¿Entiendes en lo más mínimo lo que significa eso?
- ¡Esa chica también es la hija de alguien! - le replicó McGarrett
- No lo entiendo, de verdad que no – gruñó Danny frustrado. - Para ser alguien que acaba de perder a su padre eres bastante denso.
- ¿Que has dicho? - respondió el auror, luciendo por primera vez furioso y no el robot que había visto hasta ese momento. - ¡¿Que me acabas de decir?! - Danny supo al instante que tal vez se había pasado, el hombre acababa de perder a su padre al fin y al cabo. - ¿Y si fuera la tuya? ¿¡Si fuera tu hija no harías todo lo que hiciera falta para pillar al desgraciado que le haya hecho eso a tu hija y hacérselo pagar?!
Eso era el colmo. Nadie tenia derecho a meter a Grace en una discusión. Nadie sugería ni de pasada que su hija pudiera llegar a pasar por esa situación y menos aun la usaban en su contra.
- No cuestiones mi determinación – le dijo, señalándole con el dedo.
- Una advertencia... saca ese dedo de mi cara – le gruño el auror, el tono condesciende y superior de nuevo haciendo su aparición y haciéndole hervir la sangre.
- ¡Escuchame, hijo de puta…! - le gritó Danny, completamente fuera de sus casillas.
En un segundo el otro mago tenia la varita en la mano, había murmurado algo y unas cadenas habían aparecido de la nada atándole el brazo derecho y retorciéndoselo hacia su espalda. Sintió una mano agarrándole del hombro contrario, manteniéndolo de rodillas en el suelo y a McGarrett inclinándose para hablarle como si estuviera regañando a un niño desobediente.
- ¿Que te he dicho? ¡Te lo advertí!
- ¿Eres un ninja ademas de un mago o que? - protestó él, incapaz de mantener la boca cerrada, la cadena en su brazo se tenso más haciéndole soltar un gruñido.
- Y enfrente de toda esta gente además… - le seguía diciendo casi en tono decepcionado. - Esta bien, esta todo bajo control. Volvamos al trabajo.
Fue entonces cuando vio que un par de magos se habían acercado dispuestos a ayudarlo solo para detenerse con una simple mirada del auror. Cobardes.
- No tengo que gustarte – continuó el moreno sin soltarlo ni por un instante. - Pero ahora mismo no hay nadie más que pueda hacer este trabajo.
- De acuerdo, suéltame – cedió Danny.
El mago lo soltó y las cadenas desaparecieron. Se incorporó, lanzándole una mirada acusadora a los magos que los miraban curiosos. Se giró hacia el auror cuando éste seguía con su monologo anterior como si nada hubiera ocurrido y le soltó su mejor derechazo en su estúpida cara.
- Tienes razón, no me gustas – le dijo
Y sin esperar que el otro se recuperara del golpe se dio media vuelta y paró al primer taxi que pasaba por allí. Ni loco iba a volver a casa apareciéndose con ese energúmeno.
Se encontró a McGarrett esperándole en la puerta de su casa, como si nada hubiera pasado. Lo ignoró y se fue directo a su coche. Ni siquiera abrió la boca cuando oyó la puerta del copiloto abrirse y a alguien sentarse en el asiento de al lado. Arrancó el coche e hizo lo posible para ignorar al mago pero su maldita sensibilidad no lo permitía. Tendría que pasar por San Mungo y pedir la Poción Inhibidora de nuevo si la situación se alargaba mucho más.
- ¿Como tienes el brazo? - le preguntó el mago en un claro intento de romper el hielo.
- No hablemos de ello, ¿de acuerdo? - ambos sabían de que tras el hechizo de los medimagos se encontraba bien pero esa no era ni seria nunca la cuestión.
- ¿Ahora mismo o nunca más? - insistió el auror.
- Los dos, ¿de acuerdo? - contestó lo más seco posible, intentaba controlarse, de verdad que lo intentaba. Estaba claro que era inútil hacer entrar en razón a ese suicida en potencia.
- ¿Sabes? Creo que se por que tu mujer te dejó – prosiguió McGarrett, al parecer dispuesto a meter la pata hasta lo más hondo y empezar a cavar.
- ¿En serio? - gruñó con sarcasmo.
- Si, eres bastante sensible – comentó el moreno con una media sonrisa, decididamente suicida.
- Sensible – rio Danny sin humor. - ¿Soy sensible entonces?
- Bueno, un poco, ya sabes.
- Cuando llegaste a esa conclusión, ¿eh? ¿Cuando utilizaste conmigo, y sin mi permiso, un hechizo que no sólo noté como me comprimía en un espacio diminuto sino que ademas me congeló el cuerpo entero debido a mi maldita habilidad? - replicó intentando frenar pero sin lograrlo. - ¿O fue acaso cuando una bala me atravesaba la piel y la carne? ¿Fue entonces?
McGarrett tan solo lo miraba en silencio, como si por una vez hubiera entendido que su mejor opción era mantener la boca cerrada y aguantar el chaparrón.
- Me alegro mucho de que tu no tengas miedo a nada, ¿vale? - prosiguió, calentándose por momentos. - Me encanta que tengas complejo de Superman y esa mirada fría de perseguir magos malvados por todo el mundo, ¿vale? Pero en el sociedad civilizada, en mi mundo, ¡tenemos reglas! ¡Es lo que nos diferencia de los hombres-lobo y los vampiros!
- ¿Los hombres-lobo y los vampiros? - oyó que el auror murmuraba casi en tono sarcástico.
- Las bestias salvajes, o como se llamen – siguió, ignorando la cara ofendida del auror. - La cuestión es, regla numero uno: si haces que alguien salga herido, ¡te disculpas! - no pudo evitar chillar la ultima frase por la ventana del coche, necesitando aliviar tensión de una manera o de otra.
- Lo siento
- No esperas una ocasión especial, ¿de acuerdo? - prosiguió ignorando el murmullo anterior.
- Lo siento.
- Como los cumpleaños o la Navidad...
- ¡Ey! - acabó gritando el auror para hacerse oír. - Lo siento, ¿de acuerdo? De verdad que lo siento, lo siento de verdad.
Danny se dijo a si mismo que con eso bastaba, que el auror había aprendido la lección y que seguir gritando no iba a ayudar a nadie cuando el muy desgraciado tuvo que meter la pata de nuevo.
- Llevo intentando decirte que lo siento desde el año pasado… - le dijo en su maldito tono condesciende. - Cuando empezamos esta conversación quiero decir.
Contó hasta diez antes de responder, intentando controlar el mal genio que aun lo inundaba.
- Tu disculpa queda anotada… - le respondió con el mismo tono que el auror había utilizado. - El perdón queda pendiente.
- Avisame cuando ocurra – contra-atacó el mago sin bajar el nivel de la discusión.
- Lo haré – gruñó él, realmente habían acabado discutiendo como niños pequeños, ¿verdad?
Disfrutó del bendito silencio por un minuto entero antes de que McGarrett lo rompiera de nuevo.
- Eres consciente de que los hombres-lobo y los vampiros existen, ¿verdad? - le comentó el mago tranquilamente. - Por si quieres cambiar tus comparaciones, no quisiera que ofendieras a alguno por error, pueden ser bastante impulsivos.
Genial, un peligro potencial más que añadir a la lista. Iba a necesitar más de ciento-cuarenta años para sentirse preparado para proteger a su hija del dichoso Mundo Mágico y sus infinitos riesgos.
- Callate, solo, callate. Por favor – suplicó Danny.
- Esta bien – respondió para romper su palabra al segundo siguiente. - Por cierto, ¿a donde vamos?
- Al Ministerio de Magia – respondió sin protestar, incluso él estaba cansado de escucharse. - Conozco a alguien allí que nos puede ayudar.
N.A: Tengo algunas dudas respecto a la diferencia entre los Aurores y los Magos Golpeadores, he intentado utilizarlos para diferenciar el rango de Steve en el mundo mágico, pero si los he usado al revés por favor decid algo y los cambio.
