CASO 1: John McGarret II
A esas alturas conocía el camino hasta el Departamento de Control de Equipo Mágico, en la planta dos del Ministerio de Magia, casi tan bien como el de su Comisaria. Al parecer cuando Hermione y la enfermera que lo atendió en San Mungo se refirieron a Chin como "auror" lo hicieron sólo por respeto. Chin era un ex-auror. No sabia exactamente que problema había tenido con la oficina de aurores pero lo habían delegado a tareas administrativas en un departamento próximo. Al parecer lo acusaron de algo pero nunca tuvieron pruebas lo suficiente claras ni para encarcelarlo ni exculparlo completamente. Personalmente estaba convencido de que fuera lo que fuera Chin era inocente, pero no había nada que pudiera hacer para ayudarle. Solo era un muggle más a ojos de la mayoría de magos.
Chin se encontraba en su despacho, como siempre, medio escondido tras un montón inacabable de papeleo. Sonrió cuando lo vio entrar.
- ¡Danny! - se levantó a estrecharle la mano, él se la agarró con las dos, intentando mostrarle su apoyo.
- Chin, ¿como estas amigo?
- Sobreviviendo, ya sabes como es ésto – si, se hacia una idea, Chin era un hombre reservado pero un buen hombre, no se merecía eso.
- Chin te presento a… - se giró, dispuesto a presentar a McGarrett.
- Steve McGarrett – acabó la frase Chin, entusiasmado. - Es un honor.
El susodicho le estrechó la mano pero parecía confuso.
- Disculpa pero, ¿te conozco? - preguntó educadamente, o sea que cuando le interesaba sabia ser educado el muy desgraciado.
- ¡Más te vale! - exclamó Chin sin soltarle la mano – Chin Ho Kelly.
El mago golpeador sonrió amplia y sinceramente por primera vez desde que Danny lo conocía. La sonrisa le cambió totalmente el rostro, parecía mucho más joven.
- ¡Chin Ho Kelly! Por supuesto, de Hogwarts, fuiste un gran Cazador – lo felicitó McGarrett.
- Es muy amable que digas eso – empezó Chin con tono alegre. - Teniendo en cuenta que rompiste todos mis récords
- Fue hace mucho tiempo – replicó McGarrett con falsa modestia. - Fuiste compañero de mi padre, ¿verdad?
- Si, y él me apoyó cuando casi nadie más lo hizo – contestó Chin. - Nunca pude compensarle todo lo que había hecho por mi.
Y con esa frase el tono alegre de la conversación y la expresión de McGarrett cambiaron al sombrío y frío que él se había acostumbrado a ver en el moreno. Era un poco preocupante entender que ésa no era la autentica naturaleza del hombre que tenia en frente sino una máscara que aparecía con la sola mención de su padre o su asesino, Hesse.
- En realidad fue Chin quien sugirió mi colaboración en el caso – interrumpió él. - Es por él que mi Comisaria recibió instrucciones de ponerme en esa investigación.
No estaba acusando a Chin, simplemente quería recalcar su importancia y lo mucho que el ex-auror estaba interesado en esa investigación. No le culpaba por haberlo puesto en el camino del lunático de McGarrett, no era algo que el pobre hombre pudiera haber previsto.
- Ya me pareció extraño que pusieran a un muggle a investigar el asesinato de un ex-auror - comentó McGarrett en un tono neutral que no engañaba a nadie.
- Lo siento si eso te incomoda, Steve – se disculpó Chin, decidiendo saltar a tutearse en vez de esperar a que se lo exigieran como hizo con él, no supo si ofenderse o no. - Pero Danny no es realmente un muggle y se de primera mano lo buen detective que es, así que cuando los aurores llegaron a un callejón sin salida pensé que su experiencia podía ser de ayuda.
- Dejalo, Chin… - intentó desviar la atención Danny, no quería que el pobre hombre se pusiera en más problemas.
- Te lo agradezco Chin, fue una buena decisión – le interrumpió McGarrett, sorprendiéndolo. - La ayuda de Danny esta siendo de vital importancia para ésta investigación, es gracias a él que hemos podido progresar en lo más mínimo.
¿Cómo? Debía de estar soñando o alucinando porque juraría que había oído al estoico, egocéntrico e inaguantable Steve McGarrett reconocer que Danny estaba haciendo un buen trabajo. Debía de estar bajo un hechizo o algo.
- ¿Te importaría repetir eso? - dijo mientras sacaba su móvil, listo para grabarlo en video. - Me gustaría guardar este momento para la posterioridad.
- Danny… - le recriminó Chin con una sonrisa.
Tal vez Chin tenia razón y no era el momento. No era cómo si supiera hacer funcionar la cámara igualmente. Buscó en su móvil la foto de Chen Chi, la chica que habían encontrado en el piso de Doran, y se la pasó a Chin mientras lo ponía al corriente de lo que sabían y de sus hipótesis.
- El tipo que estamos buscando es de perfil alto: Víctor Hesse – decidió contribuir McGarrett. - El Ministerio Americano, el Ruso, incluso en el FBI muggle, está en el radar de todo el mundo. Lo que quiere decir que sólo se atrevió a venir aquí y salir a la luz si tiene una ruta de escape asegurada, probablemente por medios no mágicos que le permitan no ser detectado.
- Y crees que los que trajeron a esa chica muggle a la isla también trajeron a Hesse y son su vía de escape.
- Chen Chi fue capturada por magos tan solo pisar la isla Chin – le informó Danny. - La aparecieron en Londres en un instante sin que ella supiera lo que estaba pasando.
- Exacto, lo que nos indica que al menos hay magos colaborando con traficantes muggles, si no son los propios magos los que mueven los hilos y Hesse ya ha traficado antes con niños.
- Entonces estáis buscar un cabeza de serpiente – aseguró Chin. - Bandas locales, probablemente chinas, que se especializan en el trafico de personas.
- Perfecto, necesitamos un nombre – lo incitó Danny, feliz de ver a su amigo colaborar tan gratamente en una investigación, estaba seguro de que Chin echaba de menos ser auror.
- ¿Estas bromeando Danny? Mírame – contestó a la defensiva su amigo, con una sonrisa amarga en los labios. - Soy el hombre del papeleo ahora, nada más.
- Vamos amigo, estuviste con los aurores por quince años y tienes experiencia con las bandas locales – casi le suplicó, no era por el caso realmente que lo hacia sino por él, no sabia mejor manera de ayudar a su amigo que recordándole lo que era capaz de hacer y lo mucho que le gustaba.
- Esta bien, conozco un tipo con lazos en ese mundo pero no va a hablar con vosotros – empezó Chin. - Es un ex-informante confidencial, no se fía de nadie. Y menos de muggles, lo siento Danny, sabes que no es personal.
Por supuesto que lo sabia. No le ofendía en lo más mínimo que su amigo lo llamara muggle, casi nunca lo hacia y cuando lo hacia siempre era para informarle de algo, nunca para infravalorarlo o insultarlo. Le hizo un gesto con la mano indicándole que no se preocupara.
- Pues habla tu con él – replicó McGarrett y en ese instante, y sólo por eso, podría perdonarle todo lo que le había hecho en lo que llevaban de día.
- Estoy ocupado – se excusó estúpidamente Chin.
- ¿Estas ocupado? ¿En que exactamente? - le atacó molesto con su actitud. - ¿Los papeles se van a revelar y atacar a todo el que entre en el departamento sin jurisdicción?
Chin le lanzó una mirada recriminatoria y herida que casi le hace arrepentirse de su actitud. Pero Chin era su amigo y ésta podía ser su oportunidad de volver a la acción, de recuperar su vida. Y si necesitaba un empujón para hacer el paso lo empujaría las veces necesarias.
- Mirad, no puedo ser auror nunca más ni colaborar en ninguna investigación – les confesó en voz baja, como si temiera ser escuchado.
- ¡¿Por que no?! - gritó McGarrett, obviamente frustrado y furioso ante la perspectiva de perder su fino hilo hasta Hesse.
- ¡Porque no puedo! - chilló de vuelta Chin. - Fui acusado de robar objetos del Departamento de Misterios. El Wizengamot no pudo mandarme a Azkaban por falta de pruebas pero me delegaron a papeleo y mi reputación como auror quedó completamente arruinada. Creedme, soy la última persona a la que quieren trabajando en la Oficina de Aurores.
No sabia lo que era Azkaban pero probablemente fuera una prisión. Acusar a un policía de hurto no era precisamente algo que se hiciera a la ligera y llevaba consecuencias aunque el acusado fuera declarado inocente. Suponía que en el mundo mágico una acusación de ese calibre tendría el mismo peso. Tal vez no debería de haberlo presionado.
- ¿Lo hiciste? - preguntó de golpe McGarrett, sorprendiéndolos a los dos.
- ¿Disculpa? - preguntó Chin incrédulo.
- ¿Robaste objetos del Departamento de Misterios? - preguntó de nuevo, enfatizando cada palabra.
- No – negó Chin con toda la seguridad de quien dice la verdad.
- Pues ven con nosotros y no tendremos que hablar de ello nunca más – afirmó Steve mientras se levantaba. - Éste es tu billete de vuelta al juego. Llámalo recompensa o compensación o como quieras pero te necesito en ésta investigación y tengo los medios para ponerte de nuevo en circulación.
No podía creer lo que estaba viendo, Chin lo miró con expresión perdida y conmovida antes de levantarse él también.
- ¿Como sabes que puedes confiar en mi? - le preguntó a McGarrett con voz temblorosa.
- Porque mi padre lo hizo – le contestó el auror sin dudar ni un instante. - Y al parecer Danny, aquí presente, también lo hace. No necesito más.
Seguía siendo el mismo mago egocéntrico, egoísta y controlador de siempre pero en ese momento no le importó. De hecho estaba a un paso de abrazarlo y darle las gracias por lo que estaba haciendo por su amigo. Se levantó mirándolo incrédulo y sin saber cómo reaccionar.
- Recoge tus cosas Chin, yo me encargo del papeleo – dijo McGarrett antes de dedicarles una media sonrisa incomoda y salir de la habitación, dejándolos solos.
Se quedaron en silencio por unos instantes, mirada fija en la puerta con idénticas caras de asombro. Al cabo de unos instantes se giró hacia su amigo y lo vio con los ojos llorosos, el rostro desfigurado y las manos apoyadas en la mesa como si no confiara en sus propias piernas. Se movió tan rápido como pudo y abrazó a su amigo.
- Ven aquí Chin – le dijo mientras lo estrujaba contra sí mismo. - Te lo mereces amigo, ya era hora de que alguien lo viera.
- Gracias Danny – oyó que le decía éste desde donde tenia el rostro escondido en su camisa, sus manos correspondiendo el abrazo. - De verdad, gracias de todo corazón.
- No me las des a mi, hombre – refutó sintiéndose incomodo. - Dáselas a don Controlador McGarrett, es él quien ha decidido ésto.
- No, Danny – contestó Chin, apartándose de él y luciendo más calmado. - Steve ha decidido confiar en mi gracias a ti. Por que tu confiabas en mi.
- No seas absurdo Chin, ha sido porque trabajaste con su padre. Conozco al hombre sólo desde esta mañana y ya nos hemos liado a puñetazos – protestó, soltando a su amigo y acomodando sutilmente su ropa, arrugada por el agarre de Chin. - No nos soportamos.
- Yo no estaría tan seguro Danny – replicó su amigo con una sonrisa. - Yo sólo digo lo que veo.
- Necesitas gafas entonces – rió Danny mientras golpeaba en el brazo amistosamente a su amigo. - Vamos antes de que McGarrett incendie por accidente medio Ministerio.
La risa de Chin, desenfadada y honesta, era como un bálsamo para las heridas. Tal vez Steve McGarrett no fuera tan mal tipo al fin y al cabo.
Chin los llevó hasta un pequeño puesto de Fish&Chips y regalos típicos de turistas, cerca del Palacio de Buckingham, en plena zona turística. Allí un enorme hombre que por el aspecto parecía filipino saludó a Chin afectuosamente desde el otro lado del mostrador.
- ¿Como estas Kamekona?
- ¡Chin! Me alegro de verte hermano.
Unos minutos después, y sin entender aun el por qué ni cómo, McGarrett y él terminaron apoyados en su coche con dos estúpidas camisetas enormes con el rostro de Kamekona en el centro y una ración de patatas en las manos. Y McGarrett más ligero de efectivo por decirlo de una forma educada. Al menos tenia algo que comer, después de todo el día corriendo tras el auror necesitaba reponer energías.
- ¿Eres un poli? - oyó a una niña preguntar cerca.
Se giró para ver a una encantadora niña de no más de seis años interrogando al auror. Y éste la miraba como si se tratara de una bomba o algo peor. El tipo parecía aterrado. De una niña pequeña. Eso no tenia precio.
- No – oyó que respondía secamente, quiso golpearlo.
- Pues pareces un poli – insistió la niña.
- ¿Te gustan las patatas? - le dijo esta vez, agachándose para estar a su altura. - ¿Por que no le llevas éstas a tu madre?
- No me gustan – protestó ella. - Y mama siempre dice que no acepte comida de extraños.
Estuvo a punto de reírse de la cara de impotencia e incredulidad del otro hombre cuando recordó que aun tenia un peluche en el coche. Un enorme y estúpido peluche que ya no iba a poder dar a su hija sin sentirse inferior y que probablemente terminara en la papelera.
- Tengo algo que te podría gustar – le dijo a la niña, antes de que McGarrett la asustara y pasándole sus patatas para que las aguantara un segundo mientras maniobraba desde la ventana de su coche.
Vio como los ojos de la pequeña se iluminaban al ver el enorme unicornio de peluche y de golpe no se sintió tan estúpido por haberlo comprado.
- ¿Te gusta esto? - le dijo ofreciéndoselo.
- ¡Si! ¡Gracias! - respondió la niña antes de abrazar el muñeco e irse directa hacia su madre para enseñárselo.
Le hizo un gesto a la señora cuando lo miró con cara sospechosa y se giró a tiempo de ver a McGarrett viéndolo asombrado. Esa cara, junto con la camiseta de Kamekona y las manos llenas de bolsas de patatas, lo hacía lucir bastante ridículo. No pudo evitar reír. Chin no tardó en unirse y McGarrett los miró a los dos con una media sonrisa, como un adulto mirando a los niños jugar. Eso solo le hizo reír más fuerte.
- Tengo un nombre – dijo Chin cuando se calmó.
Con eso entraron en el coche, se movieron hasta una zona menos concurrida y aparcaron en un callejón desierto. McGarrett sacó su varita de nuevo y lanzó un hechizo que Danny percibió como una onda expansiva, de color verde, que se detuvo al contactar con el coche.
- Odio cuando hace eso – murmuró, tapándose la nariz y soplando por ésta para intentar destaponar los oídos. No sirvió de nada.
- Eso es nuevo – comentó Chin, mientras sacaba un pergamino en miniatura que siempre llevaba con él y lo ampliaba mágicamente. - Descríbemelo, Danny.
- ¿El que? - preguntó McGarrett desde el asiento del copiloto, mirándolos alternativamente.
- Es como estar bajo el agua, no puedo destaponarme los oídos – gruñó él mientras lo intentaba de nuevo. - Apenas puedo oír nada.
- Interesante – respondió Chin, haciendo caso omiso de sus quejas, como siempre. - ¿Color y forma?
- Chicos, ¿de que estáis hablando? - insistió McGarrett, aparentemente incapaz de mantenerse al margen.
- Danny tiene un alto nivel de percepción sensorial mágica, casi el más alto registrado jamas. Al ser un caso tan excepcional intentamos mantener un registro de sus percepciones. – explicó Chin distraídamente. - Puede ver físicamente todo tipo de conjuro, no sólo los ofensivos, y puede sentir concentraciones de magia tanto en objetos como en el ambiente.
- Y en algunos magos también, Chin – añadió Danny acordándose del incidente en casa de los McGarrett. - Supe que este lunático estaba en el garaje antes de oír sus pasos de elefante.
- Espera, espera, espera – insistió Steve. - ¿Me estas diciendo que sientes las auras mágicas? ¿Sin la ayuda de ningún hechizo ni aparato?
- Eso es exactamente lo que estoy diciendo, de hecho llevo todo el día diciéndote lo mucho que me molesta que hagas hechizos a mi alrededor pero tu ni caso – protestó Danny, empezaba a tener dolor de cabeza. - Me está empezando a provocar migraña Chin. Oh, y apunta que la aparición es como entrar por un tubo muy estrecho y como caer en un cubo de agua helada al mismo tiempo, se me congeló todo el cuerpo en un instante.
- ¿Te apareciste? - le preguntó Chin, levantando la vista del pergamino por primera vez. - ¡Danny! La aparición es perceptible incluso para los muggles, con tu percepción podías haber acabado gravemente afectado.
- Díselo a Mr. Impaciente aquí al lado – dijo señalando a McGarrett que de golpe lo miraba pálido como una hoja. - Podemos hacer lo que hemos venido a hacer y anular este maldito hechizo, ¿por favor? Es molesto.
- Claro, dime color, forma y cual crees que es el efecto y lo quito – insistió Chin.
- Verde claro como la hierba en primavera, o al menos en casa, en Jersey – respondió instantáneamente Danny, el dolor de cabeza parecía disminuir, tal vez se estaba adaptando a la presión del conjuro. - Y parecía como una onda, expandiéndose desde la varita hasta llenar todo el interior del coche. Eso junto con la sensación de presión me hace pensar en algún tipo de aislamiento mágico, ¿tal vez para no dejar que salga el sonido?
- Increíble – murmuró McGarrett. - Eso es alucinante. Y si, estas en lo correcto, es una variante del Protego Totalum que solo aísla el sonido.
- ¿Podemos centrarnos en el caso? - preguntó, sacudiendo la cabeza de nuevo.
- Por supuesto – contestó Chin, como si no hubiera sido su culpa que se hubieran desviado del tema. - El sospechoso se llama Sang Min.
Diez minutos después Danny se encontraba en el asiento del copiloto, mientras McGarrett conducía su coche. Iban en busca de un conocido de Chin, un familiar que al parecer estaba a punto de graduarse de la academia de aurores, para pedirle que les hiciera de cebo y les ayudara a encontrar pruebas que incriminaran a Sang Min. Lo justo para tener una excusa para interrogarlo.
- ¿Puedes repetirme por que no estoy conduciendo mi propio coche? - preguntó al aire, prácticamente sin esperanzas de recibir respuesta alguna.
- Decías que tenias dolor de cabeza y que mi aura te molestaba, no es una buena idea que conduzcas en ese estado – le respondió el moreno, con toda la naturalidad del mundo. - Sobretodo cuando, siendo de Nueva Jersey, estas acostumbrado a conducir por el otro lado de la carretera.
- No se por qué pero un lunático que normalmente aparece y desaparece de los sitios sin previo aviso, varita en mano, no me parece el mejor conductor del mundo – siguió protestando mientras se hundía más en el sillón y se cubría los ojos con una mano, realmente le dolía la cabeza.
- Relájate Danny, lo tengo controlado – oyó que le respondían desde su derecha.
- Te odio, te odio mucho – gruñó mientras se hundía más aun en el sillón.
No necesitaba sus ojos para saber que Chin estaba sonriendo des del sillón de atrás. Maldito traidor.
- Hemos llegado.
Danny suspiró y bajo la mano que aun cubría sus ojos pero no los abrió al instante. El dolor de cabeza había disminuido considerablemente pero tenia miedo de que con el mínimo rayo de luz volviera a plena potencia. Definitivamente necesitaba esa poción. Sobretodo si iba a seguir mucho más tiempo al lado de McGarret y su maldita manía de hacerlo conjuros cada dos segundos. Se armó de valor y abrió los ojos. Se encontraban en un descampado desierto, mal señalizado y con matojos creciendo salvajemente y ocupando toda la extensión.
- Estáis de coña – gruñó a los dos magos pero estos ya estaban saliendo del coche sin siquiera dudar por un instante.
Tenía que ser una broma, la novatada de turno. Salió del coche, dispuesto a decirles lo que pensaba exactamente de su humor y de que perdieran el tiempo de esa forma cuando se suponía que ese caso era tan importante. Pero al salir del coche percibió al instante algo raro en el aire. Miró a su alrededor confuso. El solar se encontraba entre dos bloques de pisos y a simple vista no parecía ocupar más de cuatro o cinco metros de ancho y unos seis de largo pero de alguna forma su percepción de la distancia era un poco… confusa. Un momento la distancia parecía ser mucho más corta que eso y al instante siguiente ser de kilómetros, cuanto más se fijaba más incierto estaba del tamaño exacto del susodicho solar.
- Aquí hay algo raro – musitó para sí mismo
- Es un hechizo de ocultación, Danny – le explicó Chin, al parecer en respuesta a su murmullo. - Se utiliza para ocultar lugares frecuentados por magos de la vista de los muggles.
Tendría cierta lógica si no fuera porque una área abandonada y sin nada entre dos grandes edificios en el centro de Londres no pasaba desapercibida precisamente. No tenia mucho sentido, ¿no seria más fácil darle el aspecto de un edificio parecido a los mil que llenaban esa calle?
- ¿Me estas diciendo que hacer que parezca una jungla abandonada en medio de Londres es menos sospechoso que lo que sea que se oculta? - preguntó extrañado. - No creo que este aspecto fuera a desmotivar a niños y adolescentes de explorar, la verdad.
- Normalmente hay más hechizos a parte del de ocultación – continuó Chin mientras saltaba la ridícula valla del local y se adentraba en éste. - Hechizos de disuasión, un leve confundus y un repelente.
Repelente. Como si los muggles fueran insectos. Gruñó para sus adentros mientras seguía a los dos magos. El aire era casi denso, le costaba moverse.
- ¿Que es lo que hay aquí que es tan importante esconder? - insistió él. - ¿Y por qué es aquí precisamente donde encontraremos a tu primo, Chin?
- En realidad es mi prima, no mi primo – replicó éste. - Y ahora mismo lo verás, no quiero estropearte la sorpresa.
Justo en ese momento McGarrett, que iba en frente de ellos, desapareció en la nada. Por un segundo pensó que había hecho eso de aparecerse pero no vio ningún remolino blanco ni tuvo la misma sensación que esa mañana. Además había algo en el ambiente, el paisaje pareció temblar y desenfocarse por unos instantes antes de volver a la normalidad.
- ¿Que demonios…? - empezó a preguntar, sin saber bien como acabar la frase.
Entonces Chin se giró con una media sonrisa antes de seguir avanzando hacia el frente, desapareciendo gradualmente. Al estar siguiendo a Chin con la mirada pudo ver como su cuerpo desaparecía de adelante hacia atrás, con cada paso. Como si hubiera cruzado una linea invisible. El final del solar pareció temblar de nuevo, como si Chin hubiera perturbado una superficie liquida. Una superficie liquida invisible y perpendicular al suelo.
Se pasó una mano por el pelo, sin importarle realmente estropear su peinado y miro a la calle a sus espaldas. La gente pasaba por enfrente del lugar pero no aparentaban darse cuenta de nada, incluso aquellos que parecían estar concentrados en los edificios desviaban sus ojos del anterior al escampado al que lo seguía sin dar señal de notar nada extraño. Se preguntó cuantos lugares como ese existirían en el mundo, cuanto había oculto a simple vista y a la vez a la vista de todos. Se dio cuenta de que estaba buscando excusas inconscientemente para no adentrarse en ese lugar desconocido así que inspiró profundamente y aceleró el paso. Sintió como si estuviera cruzando una catarata, o entrando en un espejo al mas puro estilo de Alicia en el País de las Maravillas. Y cuando vio lo que había al otro lado supo que no se había equivocado con su metáfora.
En frente de él había lo que parecía un enorme estadio de hierba verde bien cuidada y lineas blancas en el suelo. Tenia forma elíptica y había seis palos gruesos con círculos en la parte más alta, muchos metros arriba, agrupados de tres en tres en ambos extremos del campo. Había gradas altas en ambos lados del campo, en los lados opuestos de los círculos, y en general toda la zona era mucho más amplia de lo que parecía al principio. Se encontraban cerca de unas escaleras que subían a las mencionadas gradas, por las cuales McGarret ya subía de dos en dos.
- Bienvenido a tu primer campo de Quidditch Danny – le dijo animadamente Chin, mientras lo empujaba sutilmente hacia las escaleras con una mano en su hombro. - Sólo es un campo de entrenamiento por eso, no se puede comparar a los estadios oficiales. En el próximo campeonato recuérdame que te lleve.
Danny se dejó llevar sin decir nada. En el aire había unas figuras que se movían a gran velocidad entre los dos extremos de la pista. Tardó unos segundos en darse cuenta de que se trataban de magos montados en escobas voladoras con ropa de dos colores diferentes y pasándose unas pelotas rojas a toda velocidad. Incluso le pareció ver a algunos con bates de béisbol golpeando algo negro que volaba entre la gente en escoba. Menuda mezcla más rara.
- ¿Cual de ellos es tu prima, Chin? - oyó que McGarrett preguntaba desde su lado.
Al parecer se encontraban los tres sentados en las gradas y él no recordaba como había llegado allí. Eso parecía un sueño.
- La buscadora de los London Wings, el equipo rojo – oyó que Chin respondía desde su otro lado.
- ¿Buscadora? - preguntó en monosílabos, era incapaz de apartar la mirada de las figuras en movimiento y aun menos de formular una pregunta coherente.
- No me lo digas – oyó la voz sarcástica de McGarrett. - Tampoco sabes lo que es el Quidditch, ¿verdad?
Ese tono de voz lo espabiló de golpe. Detestaba ese tono superior y prepotente que el moreno usaba siempre que descubría algo que Danny no sabia sobre el mundo mágico y la magia en general. ¡Como odiaba ese tipo!
- ¡No todos tenemos el privilegio de nacer y crecer rodeados de tazas flotantes, escobas voladoras y varitas mágicas, McGarrett! - lo acusó, mirándole desafiante. - Algunos hace poco más de un mes que descubrimos que éramos magos o que la magia era más que un cuento de hadas para los niños, ¡así que disculpame por no saber cada maldito detalle de tu maldito extraño e ilógico mundo!
- ¿Un mes? - preguntó el mago, claramente confundido. - ¿Como que un mes? Eso no es posible.
- Oh, lo es, te aseguro que lo es - insistió él, con el mismo tono enojado. - Así que si dejaras de burlarte cada vez que algo me sorprende tal vez iríamos más rápido en la investigación. En la cual me incluiste sin siquiera informarte sobre mi y mi situación primero, por cierto.
- Yo solo pensé…
- Pensaste que no era más que un muggle y como tal no merecía que perdieras el más mínimo tiempo en informarte de mi, ¿verdad? - lo acusó. - Al fin y al cabo, solo soy un muggle, no necesitas saber nada más de mi para catalogarme como a un incompetente, ¿verdad?
- Eso no es…
- Chicos, ¿podéis dejar el flirteo para después? - interrumpió Chin con voz divertida. - Creo que Kono ha visto la Snitch.
Danny volvió la vista hacia el campo donde una silueta se lanzaba en picado hacia el suelo, con otro mago pisándole los talones. Se levantó asustado, convencido de que algo iba mal y estaba a punto de presenciar un terrible accidente pero entonces el mago que iba primero cambió súbitamente el rumbo cuando estaba a menos de un metro de distancia y empezó a volar en paralelo al suelo. La otra silueta siguió disparada hacia el suelo, estabellandose con el suelo en un crujido y saliendo despedido de la escoba.
- El Amago de Wronski – oyó que decía McGarrett con tranquilidad. - Tu prima tiene mucho talento, Chin.
- Y además de verdad, estuvo tres años competiendo profesionalmente en primera división hasta que se lesionó un brazo en un choque – contestó Chin sin inmutarse por el accidente. - Aunque se repuso no logró nunca recuperar completamente la fuerza necesaria para según que maniobras así que se retiró y entró a la Academia de Aurores. Se gradúa la semana que viene pero por desgracia es de la familia así que en la oficina nunca la tomarán en serio – musitó al final con tristeza.
- ¡¿Pero se puede saber que estáis haciendo aquí tan tranquilos?! - exclamó Danny, atónito. - ¿No habéis visto que acaba de ocurrir un accidente en frente vuestro?
- Relajate Danny, es normal, forma parte del juego – replicó McGarrett mientras seguía a Kono con la mirada.
- ¡¿Como que forma parte del juego?! - chilló él, incrédulo. - ¿Pero que tipo de juego cavernícola jugáis los magos?
- Es Quidditch – respondieron los otros dos a la vez, encogiéndose de hombros como si fuera lo más normal del mundo.
- Pero… - musitó él sin saber que más decir, eso no podía ser normal, los magos estaban locos.
- No te preocupes, siempre hay medimagos en los partidos preparados para estos accidentes – explicó Chin, señalando a la pisto donde efectivamente había un mago de túnica blanca ayudando a la silueta acostada. - ¿Ves? Es casi la norma que haya lesiones.
- Una vez vi una colisión de seis jugadores – comentó McGarrett. - Tuvieron que pausar el juego por una hora entera y solo tres pudieron volver al campo, los otros tuvieron que ser ingresados.
Danny se sentó de nuevo, en silencio. Si eso era lo que los magos llamaban deporte no le extrañaba que hubieran tantos accidentes, era mucho más peligroso que el peor deporte muggle, como hacer paracaidismo o lanzarse desde un helicóptero a los Alpes sólo con una tabla de snow. Con razón McGarrett estaba tan loco si había crecido con eso como modelo de deporte ejemplar.
Siguieron viendo el partido en silencio, con Chin explicando de vez en cuando las normas del juego o comentando con McGarrett alguna jugada o partido memorable de sus tiempos en el colegio. Él sólo pudo captar algunas palabras como Cazadores, Quaffle o Bludgers sin entender realmente el significado. Se dedicó a contemplar el juego atónito, alucinado sólo con el concepto de volar en escoba a esas velocidades y con esas maniobras tan arriesgadas. Esperaba que Grace nunca despertara interés en ese deporte, se moriría sólo de ver a su hija volando a más de un metro del suelo. Sólo de verla volando de echo, no importaba a cuantos metros. Salió de sus pensamientos cuando vio a todas las siluetas rojas abrazándose y haciendo una montaña alrededor de la prima de Chin, que parecía tener algo en sus manos. Cuando Chin y McGarrett se levantaron entendió que el partido había acabado.
Kono era mucho más joven de lo que se esperaba, aunque con la longevidad de los magos no se atrevía a judgar su edad por la apariencia, ya tuvo suficiente con meter la pata con Hermione. La vio abrazar afectuosamente a Chin y se alegró de que al menos su prima no le hiciera el vacío como al parecer el resto de su familia hacía. Se presentó y le estrechó la mano, sintiendo una corriente eléctrica recorriéndole el brazo al hacerlo. Genial, otra bruja con aura mágica que él podía detectar, eso iba a ser malo para su jaqueca. Soltó su mano de golpe cuando Chin se aclaró la garganta, mirándolo de reojo con expresión seria. Si no tenia suficientes problemas sólo le faltaba que Chin pensase que le atraía su prima. Aunque no negaba ni afirmaba nada, Kono era realmente atractiva al fin y al cabo.
- Dice tu primo que te gradúas de la academia la semana que viene – empezó McGarrett a lo que Kono asintió. - ¿Te gustaría tener alguna experiencia de campo adicional antes?
- Por supuesto, te escucho – respondió la chica, sonrisa en el rostro.
Un par de horas después Danny y McGarrett terminaron de optimar los detalles de la operación mientras Chin y Kono preparaban un encuentro con Sang Min. Sólo era cuestión de tiempo, no podían hacer nada más hasta que tuvieran respuesta del traficante así que compró algunas cervezas y las trajo a casa de McGarrett dispuesto a hacer una tregua con el hombre. No era buena idea que hubiera mal ambiente justo antes de una operación y el hombre al fin y al cabo le había echado un cable a Chin. Cierto que lo había echo por su propio interés pero realmente no tenia ninguna obligación en prometerle al auror trabajo permanente, teniendo a la Ministra de su lado podría haber hecho literalmente cualquier cosa sin que nadie se lo hubiera podido impedir. No podía ser tan mal tipo como había pensado en un inicio. Pronto estuvieron en su patio trasero, gozando de una esplendida vista de Londres. Su casa estaba en una parte más elevada que el resto de la ciudad, en un barrio residencial, y por algún motivo misterioso no hacia nada de frío aun estando al aire libre en Londres. Aunque siendo la casa de un mago no sabia porque le sorprendía.
- ¿Nunca vas a decirme que significa Danno? - le preguntó de golpe el mago, mientras se cambiaba la camiseta allí, al aire libre, en la fría Inglaterra.
- Si, cuando me digas que era eso que te llevaste el primer día – respondió sin inmutarse mientras se sentaba en una silla, botella en mano.
- Es un pensadero – le respondió con naturalidad. - Se utilizan para almacenar memorias y recuerdos y así poder acceder a ellos más tarde cuando sea necesario.
- Vaya – musitó él. - ¿De tu padre?
- Si, pero nunca lo había visto antes y él no era de los que usaban ese tipo de artefactos – comentó McGarrett mientras se sentaba. - No se aun que tiene de especial pero se que mi padre quería que lo encontrara, ahora mismo no es más que una incógnita más.
- ¿Sabes? A Grace y a mi se nos dan genial los rompecabezas – dijo casi impulsivamente, no sabia si intentando cambiar de tema o insinuar su ayuda.
Era cierto por eso. Recordaba las tardes sentados con su hija en frente de un rompecabezas tras otro, montándolo juntos y conversando. Alguna vez Rachel se unía pero no era realmente su fuerte, no tenia paciencia para ellos. Echaba de menos esos momentos.
- Eres un buen padre – dijo de golpe McGarrett, su expresión seria reflejando su honestidad.
- Tal vez, no lo se – suspiró, era lo que intentaba pero la mitad del tiempo no sabia si lo estaba haciendo bien. - Hay tres formas de mirarlo. Una: puede que me mate cualquier día de estos persiguiendo a algún cabrón drogadicto y entonces, ¿que tipo de padre sería?
- Siempre admiré a mi padre por su trabajo como auror – replicó el mago. - Los sacrificios que hizo por nuestra seguridad. Siempre deseé ser como él.
- Y terminaste siendo auror como él, ¿no?
- No exactamente, soy un mago golpeador Danny, no es lo mismo - lo corrigió él. - El caso es que siempre me sentí orgulloso de mi padre. Seguro que Grace siente lo mismo.
- Si, tal vez – respondió Danny, sintiéndose aliviado de oír a alguien decir lo que él se repetía a si mismo cada noche. - O eso o tal vez piensa que soy un egoísta que piensa más en sí mismo que en ella – intentó que no se notara su miedo en la voz pero no estaba seguro de haberlo logrado. - La verdad es que esto es todo lo que tengo, todo lo que soy, lo necesito. Quiero hacer algo en lo que se que soy bueno y quiero ser recordado por ello.
McGarrett lo miraba en silencio, sin judgar. Por primera vez Danny sintió que se podía relajar al lado de ese mago, definitivamente no era tan mal tipo cuando no estaba arrastrándolo a la casa de traficantes sin apoyo o haciendo conjuros sin preguntar.
- Si para lograr eso tengo que soportarte, con tu absurda idea de que nunca te equivocas y que eres mejor que los demás… - prosiguió Danny con voz relajada. - Que así sea.
El mago no dijo nada para defenderse ni contraatacar el insulto. Solo sonrió desde la silla continua y se inclinó para chocar sus dos botellas, en imitación a un brindis, y beber un sorbo. Danny sonrió también y se relajó en la silla, ambos mirando el paisaje en silencio por unos minutos.
- ¿Cuál es la tercera? - preguntó de nuevo el moreno, obligándole a rebobinar la conversación mentalmente hasta que entendió a que se estaba refiriendo.
- Bueno, incluso si me digo a mi mismo que esto no es permanente, Londres, y supongo que algún día el mundo mágico también, son el hogar de Grace ahora – explicó con pesadez, no era su hogar y nunca lo sería pero lo importante allí no eran sus sentimientos sino los de su hija. - Es mi trabajo mantenerlos seguros para ella.
McGarrett no le respondió pero lo observaba fijamente, como si lo hubiera visto bajo una luz diferente y no estuviera seguro de que hacer con ello. Volvió la mirada hacia el frente y siguió bebiendo sin decir nada más al mago. Había sido un día largo y le esperaba uno peor al día siguiente, no necesitaba además tener que preocuparse por la opinión que McGarret tuviera de él. No le importaba realmente, siempre que pudieran hacer el trabajo necesario y él no saliera herido por la impulsividad del mago. Vio asombrado como una lechuza se acercaba volando solo para soltar una carta a medio vuelo y volver a irse sin siquiera detenerse. El sobre voló por sí mismo hasta las manos de McGarrett y éste lo abrió con una mano mientras depositaba su cerveza en una pequeña mesa. Los magos nunca dejarían de sorprenderle, tan avanzados en algunos aspectos como la medicina y tan renuentes al cambio en cosas tan básicas como la comunicación.
- Es de Chin – explicó el mago sin necesidad de que le preguntara. - Sang Min picó el anzuelo y se encontrará con Kono mañana por la mañana.
- Perfecto, pero ten presente de que no tenemos ninguna garantía de que nos vaya a decir donde está Hesse - le respondió, pensando que tal vez si contemplaba la posibilidad antes no actuaria tan mal si se presentaba la situación.
- Tiene que hacerlo – replicó el mago golpeador con determinación. - Ésta es la única oportunidad que tengo de atrapar al hombre que asesinó a mi padre.
De acuerdo, Danny entendía sus motivaciones, de verdad, pero ese tipo de carga emocional era lo que te hacia actuar temerariamente y terminar herido o muerto. Y lo que ponía a los que están cerca de ti en peligro. Sabía que McGarrett tenía un auto-control impresionante, si él estuviera en su lugar probablemente lo tendrían que haber atado a una silla para impedirle irrumpir él solo en casa de Sang Min y exigir respuestas. Aun así era peligroso y por mucho que el hombre fuera arrogante y una pesadilla en la mejor de las situaciones no lo quería muerto. Pero incluso con lo poco que lo conocía ya sabia que seria imposible detenerlo.
Tendría que pegarse a él como una lapa y asegurarse de que ambos salían con vida de ese lugar.
Esa noche Danny a penas pudo pegar ojo. Llamó a Grace antes de que ésta se acostara sólo para poder escuchar su voz un rato y decirle cuanto la quería, como siempre hacía antes de una operación. No era que no la llamara cada noche, porque lo hacía, pero cuando sabía que iba a estar en una situación peligrosa de antemano siempre intentaba poner especial énfasis. Si pasaba lo peor quería que las ultimas palabras que su hija recordara de él fuera cuanto la quería.
Tomó un par de calmantes con la cena y se acostó temprano pero estuvo horas sin conciliar el sueño repasando una vez tras otra el plan y lo que sabia de Sang Min. Al parecer era un mago proveniente de China que llevaba casi quince años en Inglaterra. Su circulo más próximo también eran magos pero tenia muchos muggles sub-contratados que eran los que hacían el trabajo sucio. Por supuesto sin saber que su jefe era un mago. Al parecer normalmente se encargaba del trafico de muggles ilegalmente a la isla, cobraba una millonada para traer a familiares a la isla solo para venderlos luego al mercado negro, tanto muggle como mágico. Al parecer algunos de los peores maleficios y pociones necesitaban órganos humanos e incluso sacrificios. Se horrorizaba solo de pensarlo.
Estaba intentando mantener la mente abierta con todo lo referente a la magia y el Mundo Mágico, de verdad que lo hacia, pero cada nuevo aspecto que aprendía lo horrorizaba. Al parecer incluso el deporte oficial consistía en arriesgar la piel encima de un palo delgado de madera a muchos metros de altura y esquivar a jugadores y pelotas por igual. Todo era peligroso, ni siquiera te podías fiar de que las fotos se mantuvieran en su sitio al parecer. Era imposible para él, nunca le gustaría ese mundo. Haría un esfuerzo en aprender y adaptarse por Grace pero ese nunca seria su hogar.
Él nunca sería un mago, por muchas pruebas que le hicieran. Era y siempre sería un muggle, y orgulloso de ello.
- ¿Podéis explicarme de nuevo como funciona este cachivache? - preguntó por enésima vez Danny, observando lo que parecía un plato de plata con extraños dibujos en el borde.
- Ya te lo he dicho Danny – gruñó McGarrett mientras se ajustaba unos guantes de un tejido que nunca había visto. - Sólo es un recipiente atado al conjuro que le he puesto a Kono, cuando ella lo active podremos verla y oír lo que pasa en esa habitación.
- ¿Y no lo van a notar los otros? - insistió mientras se debatía en tocar el plato o no. - también hay magos allí dentro y si la descubren está muerta.
Kono estaba ya en el punto de encuentro esperando a Sang Min sin nada más que ropa muggle y su varita escondida en alguna parte, prefería no saber exactamente donde. Ni micrófonos, ni cámaras. Ciertamente si el conjuro que McGarrett funcionaba sería más seguro para ella que llevar ningún artilugio pero al tratar con magos no se fiaba, debían de tener una forma de detectar los hechizos. Ellos se encontraban en una habitación en el edificio contiguo, no quiso preguntar donde estaban los dueños del lugar ni como los habían despistado.
- Es un conjuro que usamos para casos de infiltración como éste, no será detectado con un simple Specialis revelio o un Finite incantatem – respondió el mago. - Hace falta un contra-hechizo especifico.
- Chicos, se está activando – los interrumpió Chin mientras ponía en marcha una grabadora anticuada al lado del plato, realmente que esos magos necesitaban ponerse al día de las nuevas tecnologías muggles.
La superficie plateada del plato empezó a brillar y pudieron ver a Kono de pie enfrente de Sang Min y algunos de sus secuaces. Entonces oyeron su voz saliendo del mismo plato.
- Tengo una tía y un tío en Nanjing que les gustaría mucho poder vivir aquí – se oyó la voz de Kono y sonaba mucho más suave e insegura que el día anterior, o era realmente buena actriz o estaba nerviosa. Esperaba que fuera lo primero.
- Puedo tener a tu familia aquí en dos semanas – oyeron una voz de hombre, por lo que el plato reflejaba era Sang Min. - Entrarlos al país es fácil. Pagar por el trayecto, eso es lo que es difícil.
- Tengo dinero ahorrado – dijo Kono con la misma voz, estaba fingiendo entonces, bien.
- ¿Te importaría contarme a que te dedicas? - insistió el traficante.
- Trabajo de recepcionista en una clínica dental y de camarera los fines de semana – contestó la chica.
- ¿Dos trabajos? Muy trabajadora – prosiguió Sang Min mientras daba vueltas a su alrededor como un carroñero. - Por desgracia la clase de dinero que necesitamos aquí está muy lejos de tus posibilidades, tesoro – y dicho eso alzó una mano y empezó a recorrer la piel de Kono, desde el cuello hasta el brazo y bajando, Danny quiso matarlo. - A no ser claro que encontremos otra forma de pagar.
Entonces la mano del asqueroso traficante rozó las palmas de la auror y se detuvo. Le agarró la muñeca y alzó su mano para estudiar su palma.
- Callos en las palmas – gruñó enojado. - ¿Que clase de recepcionista tiene las manos así de callosas?
Mierda. No se les había ocurrido comprobar ese detalle. Probablemente era consecuencia del Quidditch, de agarrar un palo de madera con las manos constantemente, incluso con los guantes. Y se suponía que Kono era muggle así que no tenia sentido. Estaba en peligro.
- Se acabó, la han pillado – dijo él, comprobando su arma por enésima vez. - Saquémosla de allí.
- Tranquilo Danny, puede manejar la situación sola – lo frenó Chin pero incluso él podía identificar la que significaban la tensión en su mandíbula y su mano buscando la varita inconscientemente.
- Si se huele que es una trampa la mata Chin – insistió.
- Confía en mi – contraatacó el auror y eso no era justo, no podía pedirle eso en una situación así.
En el plato Sang Min seguía agarrando de una mano a Kono pero ésta solo se encogió un poco sobre sí misma, como si estuviera aterrada, y siguió hablando.
- Los fines de semana al acabar mi turno también tengo que fregar el suelo del bar antes de cerrar.
- O quizás eres una bruja – contestó Sang Min, al parecer lanzando las precauciones por la ventana.
- ¿Perdón? - preguntó Kono en tono confundido, Dios esa chica era buena.
- ¿Alguien comprobó si llevaba algún conjuro encima? - preguntó el oriental a los otros hombres de la sala.
- Comprobamos si llevaba micros, no conjuros – confesó uno.
- Entonces probablemente te lo saltaste – le gruñó su líder mientras sacaba la varita él mismo y apuntaba a la auror.
Danny sintió como tanto él como los dos magos se tensaban. Si el mago usaba un hechizo lo suficiente potente… o si el hechizo de McGarrett no era tan bueno como él decía…
- Finite incantatem – pronunció Sang Min mientras agitaba la varita.
Esperaron unos segundos pero no pasó nada. Respiraron aliviados.
- No entiendo… - empezó a preguntar Kono, todo inocencia.
- Aun no he acabado – contestó Sang Min mientras sacaba un móvil de su bolsillo y le hacia una foto.
- ¿Que estas haciendo? - preguntó la auror escandalizada.
- Le estoy mandando tu foto a un amigo mio – respondió el mago mientras se sentaba de nuevo.
Nunca en su vida se había alegrado tanto de ser un paranoico con la seguridad. Había batallado con McGarrett duramente hasta que éste accedió a tener preparado un dispositivo muggle de seguimiento por si acaso. Tenían ese teléfono pinchado.
- ¿Danny? - oyó que preguntaba el mago golpeador pero él ya estaba en el ordenador, concentrando en encontrar el numero que había recibido esa foto.
De fondo oyó al traficante seguir con su discurso.
- Él se lo mostrará a sus amigos y si alguien te reconoce, estás muerta.
El localizador no pudo darle un numero en respuesta.
- El numero de teléfono está oculto – gruñó Danny, frustrado.
- ¿Y eso que significa? ¿Sabes quien es o no? - insistió McGarrett, obviamente sin entender nada de lo que él estaba intentando hacer.
- No se quien es pero puedo obtener una localización – explicó mientras introducía los comandos correspondientes.
El ordenador solo tardó unos segundos en darle un lugar pero fue el que menos se esperaba. Su comisaria, el teléfono estaba en su comisaria. Pensó por un momento en las implicaciones y que eso significaba que Kono estaba a salvo, era una comisaria muggle al fin y al cabo y ella era una bruja.
- ¡Danny!
- ¡Sale de mi comisaria! - respondió, aun pensando en las consecuencias de eso.
- Tenéis a un topo allí – acusó Chin con rabia y teniendo en cuenta su historial no le extrañaba su reacción.
Seguía dándole vueltas. Kono estaba a salvo, ¿verdad? No la conocían en la comisaria ya que no era policía y no era muggle así que no estaba registrada en el sistema. Estaba a salvo. Pero no lo estaba. Kono lo acompañó la tarde anterior a la comisaria cuando él fue a buscar el equipo de rastreo. Le había dicho que tenia curiosidad por ver una comisaria muggle. Recordaba su cara de sorpresa al ver tantos ordenadores y televisores en un mismo espacio. Y ahora esa pequeña excursión podía costarle la vida.
- ¡La vieron ayer conmigo! - exclamó, apartándose del ordenador y dirigiéndose a la puerta. - ¡Tenemos que sacarla de allí!
En el plato Kono y los otros magos empezaron a moverse, rayos empezando a volar.
- ¡No hay tiempo! - oyó la voz de McGarrett para luego sentir su mano en su brazo y la ya familiar sensación de aparecerse de improviso.
El mago lo soltó al instante que sus pies tocaron el suelo y mientras él intentaba recuperar el equilibrio y la respiración oyó una explosión a pocos metros. Levantó la vista y vio al moreno entrar como un torbellino furioso por el agujero recién creado en el edificio.
- Danny, ¿estas bien? - sintió a Chin preguntarle desde su lado, una mano en su hombro.
- Si, ves, ¡ves! - lo incitó mientras agitaba la cabeza intentando sacudirse el mareo y las nauseas de encima.
Trastabilló hasta la puerta abierta mientras sacaba su arma, intentando recuperarse lo suficiente cómo para ayudar. Entró por la puerta a tiempo de ver a un tipo sacar una pistola y apuntar a McGarrett desde su espalda.
- ¡Pistola! - advirtió y disparó al sujeto en el hombro.
En el momento de distracción Sang Min intentó aparecerse, esta vez viéndose como un torbellino gris oscuro. McGarrett usó el mismo hechizo al instante y empezó a perseguir al otro, un torbellino blanco pisándole los talones al gris. Se concentró en reducir a los traficantes en la sala, confiando en que el mago se ocuparía del líder. Y en efecto cuando salieron a fuera Sang Min estaba atado y amordazado.
Más tarde y gracias a un hechizo de Chin encontraron un centenar de muggles encerrados en el sótano del edificio. Entre ellos se encontraban los padres de Chen Chi, la chica que encontraron en casa de Doran. Algo se comprimió en su interior cuando vio a Steve McGarrett, al estoico e insufrible Steve McGarrett, conducir a la adolescente de la mano desde el coche de policía hasta sus padres. Cuando los vio abrazándola desesperados no pudo evitar pensar en su propia hija. McGarrett tenia razón, no había nada en el mundo que no habría hecho para recuperar a su hija. Cuando el mago pasó por su lado, poniéndole una mano en el hombro por un segundo, no pudo evitar corresponderle al gesto.
Definitivamente no un mal tipo, loco e imprudente pero no un mal tipo.
Steve y Chin lograron que Min confesara no sabia cómo y no iba a preguntar realmente. Hesse y su cómplice se encontraban en Richmond a punto de utilizar un traslador ilegal junto con un grupo de magos de dudosa reputación. Oyó a McGarrett discutir con la cabeza flotante de una mujer en medio de las llamas verdes de la chimenea de la Oficina de Aurores sobre inmunidad y medios antes de que éste se fuera directamente hacia él con una mano alzada.
- Vamos, Danny – ordenó éste sin ninguna contemplación.
- No – replicó él mientras evitaba el contacto. - No vas a aparecerme de nuevo McGarrett, dos veces en un día es más que suficiente para mi.
- No tenemos otra manera de llegar a tiempo – insistió el mago, avanzando de nuevo hacia él.
- ¡He dicho que no, Steve! - exclamó, evitando la mano de nuevo, sin darse cuenta de que había llamado al mago por su nombre por primera vez.
- Entonces iré yo y te veo allí – gruñó éste con el cejo fruncido.
- Error, no vas a ir tu sólo sin apoyo – le regañó, esta vez siendo él quien lo agarrara del brazo.
- ¡Danny! ¡No tenemos tiempo! - exclamó el mago pero curiosamente sin intentar arrastrarlo en su aparición esta vez. - El traslador se activara en menos de cuarenta minutos y no puedo llevarte en una escoba.
- Mi coche esta fuera, ¿recuerdas? - insistió él. - Si nos damos prisa llegaremos a tiempo mientras Chin y Kono organizan la caballería.
El mago lo miró mal por unos segundos antes de sacudir la cabeza, como si estuviera espantando una mosca. Luego se giró hacia los otros dos.
- Chin necesito que organices un área anti-aparición de al menos cincuenta metros cuadrados alrededor de las coordenadas del traslador – ordenó antes de girarse hacia la única chica del grupo. - Kono coordínate con el Departamento de Investigación y el de Magos Golpeadores a ver si nos pueden proporcionar apoyo, no sabemos quien más podemos encontrar allí pero definitivamente van a ser fugitivos. Estaremos en contacto mediante el teléfono de Danny.
No pudo evitar sonreír, sólo un día y ya veían la utilidad de los teléfonos, tal vez no seria tan difícil modernizar a esos magos al fin y al cabo.
- Vámonos Danny – lo llamó el mago en cuestión, haciendo volar las llaves de su coche hasta su mano con un simple movimiento de muñeca. - Yo conduzco.
Retiraba lo que pensó sobre él unas horas antes, ¿todo eso de que no era tan mal tío como creía? Error. Ese tío era insufrible.
McGarrett era un peligro fuera y dentro del coche. A parte de su tendencia a robarle las llaves constantemente y conducir coches ajenos parecía que estuviera haciendo una carrera contra el tiempo. Y contra las barreras de protección de las carreteras, le iba a hacer pagar por cada nuevo rasguño a su coche. Justo cuando empezaba a replantearse su vida y sus decisiones en ésta, agarrado a la puerta del coche cómo un naufrago a una tabla, sonó el tono de Rachel. De entre todos los malos momentos para llamarlo…
- ¿Si? - respondió
- ¿Me puedes explicar porque me han llamado del colegio de Grace diciendo que su padre no la ha ido a buscar? - oyó la voz enojada de su ex
- Rachel, no empieces – le respondió con el mismo tono mientras McGarrett le echaba miradas confundidas. - Te deje dos mensajes, diciéndote que la recogieras.
- ¡Mensajes! No te diste cuenta de que estaba ocupada cuando, tal vez, ¿no respondí al teléfono? - siguió Rachel con su campaña "hagamos la vida de Danny todo lo difícil que sea posible" - No contaba con eso, tengo una vida también, ¿sabes? Y intento planificar mi tiempo con antelación.
- ¡No me vengas con que tienes que cambiar tus planes! ¡Mandas un chófer a buscarla la mitad de las veces! - le rebatió, furioso con su egoísmo.
El coche tembló y con el ruido no oyó la contestación de Rachel. McGarrett al parecer había decidido hacer corto con un caminito campo a través en vez de seguir la carretera como las personas normales.
- ¿Vas a ir a buscarla entonces o tengo que decirle a mi hija que su padre tenia algo más importante que hacer? De nuevo – fue lo único que oyó del monologo de su ex pero fue más que suficiente.
- No, no puedo ir ahora mismo, estoy en medio de algo – respondió enojado, sin poder decirle exactamente en medio de que, lo que por cierto fue uno de los principales problemas en su relación. - Por favor para un segundo – la cortó cuando ella empezó de nuevo con su monologo. - ¿Puedes tan solo hacerme un favor?
- ¡¿Un favor?! - le chilló Rachel. - ¿Pero quien te crees que soy Danny? ¿Crees que esto es un juego?
- Sólo dile a Grace que Danno la quiere por favor – le pidió, sintiendo la mirada inquisidora del mago y la furia en su interior por ser incapaz de mantener una conversación civilizada con la que una vez fue el amor de su vida.
Rachel le colgó el teléfono sin responder pero Danny sabia que le pasaría el mensaje a su hija. Sin importar lo mal que pudiera acabar la situación entre ellos, lo mal que aun estaba, ambos adoraban a Grace y nunca harían nada que la hiciera sufrir. El esfuerzo reciente de Rachel y Stan para adaptarse a la idea de que Grace pudiera ser una bruja sólo lo demostraba. Aunque el mismo hecho sólo hubiera añadido más combustible al infierno entre ellos dos.
Giró la cabeza, intentando no pensar más en ello y concentrarse en el caso y vio a McGarret echarle miradas curiosas de reojo. No sabia exactamente cual era el factor que tenia al mago tan interesado, si su relación con su ex o con su hija. La verdad es que ni siquiera sabia si los magos y brujas se casaban o divorciaban. Tal vez era eso lo que le interesaba. Pero era un tema del que no tenia ninguna intención de hablar así que fue a por lo seguro.
- ¡De acuerdo! - empezó antes de desviar la mirada, realmente no le apetecía hablar de eso. - Cuando Grace tenia tres años y intentó llamarme por mi nombre por primera vez sólo le salió Danno – confesó rápido, como quien se quita una tirita. - De aquí viene el mote de Danno.
- ¿Y ya esta? - le insistió el mago, desviando los ojos del camino por enésima vez.
- Ya esta – afirmó, agarrándose de nuevo a la puerta ahora que la adrenalina de discutir con Rachel había mutado de nuevo a adrenalina por muerte inminente.
- Es tierno – respondió el mago y no, eso si que no.
- ¡Callate!
- ¿Por que no puedo decir que me parece tierno?
- Porque no necesito que pienses en nada sobre nosotros – rebatió Danny, sabia que estaba siendo irracional pero eso era un tema personal. - Esto es entre mi hija y yo, solo nosotros dos.
- De acuerdo – musitó McGarrett, claramente en desacuerdo.
Justo en ese momento el coche derrapó y se detuvo. En frente de ellos, a unos varios metros había unas siluetas en circulo alrededor de algo. Chin le había explicado que cualquier objeto podía ser convertido en traslador y que solo hacia falta tocarlo en el preciso momento en que se activara para ser transportado a miles de kilómetros de distancia. Al parecer habían llegado a tiempo. Miró a su reloj, sólo tenían un par de minutos.
- Agarrate – le advirtió McGarrett antes de acelerar y dirigirse directamente al grupo, sorprendiéndolos y logrando que se dispersaran momentáneamente.
Salió del coche al mismo tiempo que McGarrett pero en dirección contraria. Fue directo hacia donde había visto caer algo, al parecer una pelota de tenis, y la pateó hasta que quedó debajo del coche, fuera del alcance inmediato. Sólo necesitaban ganar un par de minutos realmente. Sintió un hechizo formarse a su espalda así que se tiró al suelo y rodó hasta terminar con la espalda en el suelo a unos metros, la pistola apuntando al mago y disparándole en el hombro de la varita. Se levantó mientras éste caía y lo aturdió de un golpe mientras le quitaba la varita y se la ponía en el cinturón. Un mago sin varita probablemente era como un gato sin uñas, aun podía morder pero no era ni la mitad de peligroso.
Se dio la vuelta buscando a McGarrett y lo vio a unos metros intercambiando conjuros con otro mago que supuso era Hesse. Sintió un escalofrío y se agachó por instinto, justo antes de que un rayo rojo le pasara por encima y hiciera añicos el árbol que tenia detrás. Se apartó de un salto cuando éste empezó a caer hasta que colapsó justo encima de su coche. Maldita sea.
Usó lo que quedaba de su coche de escudo sólo para salir justo cuando sintió un conjuro formándose, previniendo la trayectoria y esquivándolo incluso antes de que el mago acabara de formular las palabras. Eso le concedió los segundos suficientes como para apuntar y disparar. Y como siempre el haber sido tocado por una arma muggle parecía ser lo suficiente confuso para un mago como para darle el par de segundos necesarios para llegar hasta este y noquearlo. Le requisó la varita también a éste después de comprobar que sólo estaba inconsciente.
Le echó un vistazo a McGarrett y lo vio peleando con el mago peligrosamente cerca de un precipicio que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba allí. Intentó llegar hasta él pero otro mago se puso en medio y le obligó a hacer una maniobra evasiva de nuevo. En ese momento sintió un gran estremecimiento y empezaron a aparecer magos uniformados por todos lados. Los rayos volaron, los gritos de los aurores se mezclaban con los de los prófugos y entre el caos pudo distinguir a McGarrett de pie, sólo, en el borde del precipicio. Lo vio girarse y asentir levemente cuando sus miradas se cruzaron. Respiró aliviado y bajó el arma mientras se apoyaba en el tronco de un árbol.
Lo habían conseguido y habían vivido para contarlo
- Ey – oyó la voz de McGarrett, se giró hacia él mientras el medimago que lo atendía lo regañaba por moverse.
- Ey – respondió absurdamente.
- ¿Todo bien por aquí? - le preguntó el mago aun cuando él mismo tenia mucho peor aspecto.
El mago golpeador tenia el uniforme destrozado. Parecía haber sido quemado por abajo, apedazado por un lado y tenia un corte enorme en el frente, oscurecido por lo que aparentemente era sangre. El propio mago lucía horrible, lleno de cortes, quemadas y moratones.
- ¡¿A mi me lo preguntas?! - exclamó exasperado. - Está claro que no te has mirado en el espejo, tienes un aspecto horrible, ¿se puede saber que haces aquí y no con un medimago? - le interrogó antes de que una sospecha le inundara. - Espera, ningún medimago te dejaría pasear libremente por allí con esas pintas, ¿que le has hecho McGarret?
El moreno tuvo la decencia de lucir avergonzado unos momentos antes de recomponer su expresión impasible de siempre.
- Estoy bien, me han aplicado los primeros auxilios ya, el resto puede esperar.
- ¿Esperar? - preguntó con sarcasmo. - ¿Esperar a que? ¿A que te desangres?
- A esto.
Y dicho eso sacó la varita, la dirigió hacia las ruinas de lo que había sido su amado coche y la agitó al mismo tiempo que murmuraba Reparo. Ante sus ojos el tiempo pareció retroceder. El árbol que había caído encima de su coche se levantó y recompuso por si sólo, los cristales rotos de su coche se juntaron uno a uno hasta que volvieron a formar sus ventanas, las ruedas se formaron de nuevo de los pedazos esparcidos por el bosque y el motor se arregló sólo, fragmento a fragmento, y volvió a su lugar. Incluso las abolladuras que el coche tenía desde el accidente durante su primer mes en Inglaterra se arreglaron por sí solos.
Al final su coche quedó mejor que nuevo. Se dio cuenta de que tenia la boca abierta del asombro así que la cerró y le dirigió una mirada al mago. Le estaba sonriendo de nuevo.
- Buen trabajo, Danno.
- ¿Que te dije sobre ese mote? - protestó con una sonrisa, incapaz de estar enojado con el hombre que le había dejado el coche como nuevo. Después de destruirlo primero claro.
El mago sólo siguió sonriendo antes de dirigirse hacia un medimago, como debería haber hecho des del principio. La idea de que McGarrett había querido asegurarse de que él y su coche estaban bien antes de buscar ayuda medica para él mismo no debería de ser tan reconfortante.
Pero lo era, maldita sea, lo era.
NA: Hasta ahora he estado actualizando cada semana, aunque los capítulos fueran cortos, pero me es bastante difícil. Así que a partir de éste capitulo voy a actualizar cada dos. Lo siento pero creo que es la mejor manera de mantener un ritmo constante de publicación, algo a lo que estoy intentando habituarme.
Muchas gracias a todos aquellos que hayan leído hasta aquí. Como siempre los Kudos y comentarios son venerados.
