ENTRE-CASOS: Oficinas del DAP
- ¡Danny!
Sonrió cuando vio a Meka levantarse de la mesa para ir a saludarlo. Aun llevaba un brazo escayolado y no recordaba nada del caso de Jacob, como ninguno de los agentes que estuvieron implicados en el caso, pero por lo demás seguía siendo el mismo de siempre.
- ¿Como estas Meka? ¿Me has echado de menos? - le respondió mientras lo abrazaba con cuidado.
Su amigo le devolvió el abrazo con el único brazo libre que tenia en esos días y le sonrió ampliamente. Danny se sintió mal al pensar en todas las cosas que le estaba ocultando a su compañero y uno de sus mejores amigos. Meka era completamente muggle, como la mayoría de su comisaria, y eso implicaba que no podía contarle nada de la magia ni el Mundo Mágico. Y aunque lo hiciera Meka nunca lo creería, sobretodo al no ser capaz de demostrárselo, no era como si él pudiera agitar la mano y las cosas flotaran a su alrededor. Él sólo veía y sentía cosas. Solo tenia su sexto sentido, y Meka ya era consciente de ello así que no lo encontraría nada extraordinario.
- ¿Que dices? No sabes lo tranquilo que he estado estos días, podía incluso oírme a mi mismo pensar sin nadie que me interrumpiera – bromeó el moreno.
- ¡Vaya! ¿Y no te has roto nada al pensar tanto? - le siguió el juego él. - Ya sabes que la falta de practica tiene sus consecuencias.
Meka se echó a reír para después darle unas palmaditas en su hombro mientras lo medio arrastraba hasta su silla, justo al lado de la suya.
- Con el brazo tengo suficiente Danny – replicó el policía. - No sabes las ganas que tengo de quitarme este yeso y volver a las calles, me estoy volviendo loco.
Era cierto. Desde el caso de Jacob y debido a sus lesiones Meka había sido delegado al papeleo hasta que se recuperara. Cuando fue al hospital a verlo y lo encontró con el brazo enyesado y cara de dolor fue cuando llamó por primera vez a Hermione. Había intentado no hacerlo, olvidar todo lo que había visto y aprendido y volver a su vida como si no hubiera pasado nada pero ver a su amigo sufriendo después de la charla sobre lo maravillosa que era la medicina mágica lo puso tan furioso que terminó llamando a la bruja para pedir explicaciones. Al fin y al cabo Peter y Meka habían sido atendidos por magos antes de que llegara la ambulancia y era lógico pensar que si hubiesen querido podrían haberlo curado los medimagos con un simple movimiento de varita. La bruja le explicó que no se trataba de prejuicios contra los muggles, de lo que él la había acusado a ella y a todo su mundo en su ataque de ira, si no que simplemente los muggles no reaccionaban bien a la magia. Al parecer había algunos conjuros y pociones que les afectaban de forma normal, otros que no les hacían efecto y algunos eran perjudiciales. Por lo que le contó la medicina mágica básica funcionaba bien pero cuando se trataba de algo más serio podía causar severos efectos secundarios y por eso estaba prohibido su uso en no-mágicos. Curar huesos rotos era uno de esos conjuros que mejor no utilizar en muggles, mientras que lo que sea que utilizaron en Peter para devolverle la consciencia era seguro. No tenia ninguna lógica, como todo lo de ese Mundo.
- ¿Donde están los demás? - le preguntó al ver la oficina casi vacía. - ¿Están todos en activo?
- Algunos de ellos si – le respondió Meka mientras se sentaba de nuevo. - Otros están haciendo el cotilla.
- ¿Y eso? ¿Hay algún recluta nuevo o algo así? - se interesó Danny, curioso. - ¿Es una chica?
- Eso estaría bien, alegraría el ambiente – le guiñó un ojo su amigo. - En realidad ha aparecido un tipo que no había visto en mi vida hace un rato y se ha encerrado en la oficina del Superintendente. Aun están allí.
- Ya se lo contaré a Amy eso de alegrar el ambiente – le replicó con un guiño, feliz de estar de vuelta a la rutina. - ¿Como está por cierto? ¿Y Bill? Hace mucho que no los veo.
- Están bien – respondió con una sonrisa Meka para a continuación empezar a contarle anécdotas de su familia.
Danny se acomodó en su silla mientras conversaba con su amigo, sintiendo como la tensión de los últimos dos días desaparecía lentamente. La oficina se fue llenando de policías a medida que pasaban los minutos y Danny se levantó infinidad de veces a estrechar manos, saludar y dar golpes amistosos en espaldas ajenas. Solo habían sido dos días pero se alegraba de estar de vuelta.
Y entonces oyó una voz familiar a sus espaldas que le heló la sangre.
- ¡Ey, Danny!
No podía ser, estaba alucinando, no podía estar oyendo la voz del maldito Steve McGarrett en su oficina, en su comisaria, en su mundo. Se giró y efectivamente se encontró de frente con el auror, vestido con ropa muggle y una sonrisa arrogante en el rostro. Se quedó quieto unos instantes, apenas dándose cuenta de que a su alrededor todo el mundo se había callado de golpe, mirándolos con curiosidad.
- ¿Que diablo haces aquí McGarrett? - exclamó incrédulo, sin ser capaz de creer lo que sus ojos veían.
El moreno se limitó a sonreír de lado, un brillo sospechoso en sus ojos.
- ¿No puede uno hacer una visita cordial a su amigo en su trabajo sin ser interrogado?
- Antes que nada no somos amigos – le replicó, ignorando la cara de perrito abandonado del auror. - Somos conocidos, colegas como mucho, ¿amigos? Lo siento pero no, no aun al menos – y con eso la sonrisa arrogante volvió al rostro del moreno. - Y segundo, ¿puede alguien normal ir a visitar a un amigo? Por supuesto que puede, pero el problema aquí es la palabra "normal". Se que no la usas a menudo, probablemente ni siquiera sepas lo que significa, pero dejame decirte que tu eres muchas cosas pero normal no es una de ellas - prosiguió con su monologo mientras el mago lo miraba en silencio, aun sonriendo. - Así que si, en tu caso necesito una explicación más elaborada para entender que demonios haces en mi comisaria.
- ¿Entonces ya se conocen? Eso facilitará las cosas – oyó a alguien decir y tardó un instante en procesar que se trataba de jefe, el Superintendente Harrison.
Por lo que parecía ambos habían salido del despacho de éste y se dirigían a la salida cuando McGarrett lo saludó y él no se había ni percatado. Recordó al instante el comentario de Meka unos minutos atrás sobre un desconocido hablando con el Superintendente y que él había pasado por alto, quitándole importancia. No podía ser, no podía tener tan mala suerte.
- Ha sido un placer Superintendente – oyó que decía McGarrett mientras estrechaba la mano de su jefe, la sonrisa dando lugar a una expresión seria y profesional. - Tengo grandes expectativas en este proyecto, estoy seguro de que todos saldremos beneficiados.
- Por supuesto Agente – contestó el policía con expresión seria. - Pero se lleva uno de mis mejores hombres, espero que me lo devuelva pronto.
- Lo siento pero yo no contaría con ello – replicó el mago con expresión más arrogante de lo normal. - Te veo luego Danno – le dijo al pasar por su lado.
- ¡Que no me llames así! - gruñó él mientras lo seguía con la mirada.
McGarrett sólo sonrió de nuevo y se despidió con un gesto de mano mientras se dirigía a la salida, sin siquiera dignarse a girarse. Estuvo tentado a perseguir a ese lunático y golpearlo hasta quitarle la sonrisa de la cara. ¿Y que diantres hacia él allí? ¿Que quería decir con eso de "luego"?
- Williams, a mi oficina – oyó al Superintendente ordenar para luego girarse y entrar de nuevo en su despacho.
No entendía nada pero tenia un mal presentimiento, un muy mal presentimiento. Miró a su alrededor. Casi todos los demás policías lo estaban mirando con más o menos disimulo, la mayoría con expresiones desconfiadas y hurañas. Incluso aquellos que lo habían saludado efusivamente no hacia ni dos minutos atrás ahora lo miraban recelosos. Siempre había sabido que no todos sus compañeros estaban conformes con él, tanto por ser un recién llegado como por su impecable lista de casos resueltos que al parecer algunos encontraban ofensiva. Sabia que había algunos disconformes con su presencia en la comisaria pero parecía que de golpe fueran todos los oficiales los que estaban en su contra.
- ¡Danny! - oyó a Meka llamarlo en voz baja desde su derecha. - ¿Qué está pasando? ¿Quien era ese tipo?
- No se que esta pasando, yo tampoco lo entiendo – confesó con sinceridad. - McGarrett es un conocido con el que colaboré en el ultimo caso, nada más.
- Sea como sea es mejor que vayas con el Superintendente – replicó su amigo. - Sabes que no le gusta que le hagan esperar. Luego me lo cuentas, ¿de acuerdo?
Danny asintió con un nudo en la garganta y caminó hasta el despacho de su superior, ignorando las miradas acusadoras de los demás e intentando entender que estaba pasando.
- Señor… - dijo una vez en el despacho con la puerta cerrada.
- Siéntese Williams – le ordenó el Superintendente, sentado en la silla frente a su escritorio con los codos apoyados en la mesa y las manos juntas frente a su rostro, mirándolo fijamente.
- Señor, no se que… - intentó empezar, nervioso como un novato ante la mirada penetrante de su jefe.
- Acabo de ser informado de que el Alcalde desea formar un equipo especializado para encargarse de los casos más prioritarios – le explicó su superior con voz indiferente. - Al parecer consideran que en Scotland Yard no somos lo suficientemente buenos.
Danny abrió la boca para decir algo, negar esa afirmación o defenderse pero la mirada fija del Superintendente mantuvo su lengua atada. No le gustaba hacia donde se dirigía esa conversación.
- El equipo estará dirigido por Steve McGarrett, al que por lo visto ya conoce, y un equipo a su elección que tendrán autoridad ante Scotland Yard, la CoLP y cualquier otra oficina relacionada - prosiguió su jefe. - Al parecer nuestra obligación será bajarnos los pantalones y no solo regalar nuestros mayores casos si no encima estar a su disposición siempre que nos necesiten.
No podía ser. El desgraciado le había dicho la verdad, su maldita Primera Ministra tenia mucha más influencia en el Mundo Muggle de lo que nunca hubiera imaginado. Porque estaba claro que esa decisión no provenía del alcalde, el cual nunca se metía en los asuntos de Scotland Yard, si no de alguien por encima de él.
- ¿Le importaría explicarme Detective Williams por qué McGarrett lo ha escogido para formar parte de su grupo elitista?
No supo como responder a eso porque ni siquiera él lo sabía. Sinceramente no entendía porque McGarrett lo escogió a él como compañero en vez de a cualquier otro auror o policía. Tal vez el ser el investigador al cargo del caso de su padre tuvo algo que ver pero su disputa cuando se conocieron no indicaba que le tuviera mucho respeto precisamente. Probablemente fue tan sólo por el hecho de no ser exactamente un muggle normal.
- Siendo francos no se cual es el razonamiento de McGarrett, si es que hay alguno - empezó intentando sonar tranquilo y sincero cuando su mente le gritaba que no podía decirle la verdad. - Lo conozco des de hace poco tiempo pero tengo la impresión de que es un hombre dado a seguir sus impulsos.
- ¿Entonces me está diciendo que sólo lo escogió por un capricho personal? - inquirió el Superintendente.
- En absoluto - negó al instante, sintiendo su sangre arder ante la sugerencia. - Coincidimos en el último caso, cuando investigaba el asesinato de su padre, John McGarrett - prosiguió mirando fijamente a su superior. - Cuando supo que yo estaba a cargo de la investigación solicitó mi colaboración, supongo que lo encontró lógico.
- Es el caso que recibimos recientemente de la CoLP, ¿verdad? - le preguntó. - He de reconocer que me intrigó que solicitaran nuestra colaboración en un caso fuera de nuestra jurisdicción.
Danny no respondió a eso. No sabia cómo Chin había logrado hacer pasar el caso por uno de otra sucursal muggle pero sospechaba que había algún elemento mágico por en medio. Tan sólo esperaba que fuera lo que fuera se hubieran asegurado de atar los cabos sueltos, no quería que una simple llamada de teléfono levantara dudas en la mente de su superior.
- Entiendo la colaboración puntual en ese caso en particular pero eso no explica por que lo ha solicitado a usted como incorporación fija para su equipo - musitó en voz baja el otro hombre. - ¿Le comentó sus intenciones o la formación de ese nuevo equipo?
- Comentó algo al respecto sobre jurisdicción y tener autoridad pero sinceramente no creí que fuera en serio - confesó Danny, esta vez con sinceridad. - Y en ningún momento mencionó que quisiera mi colaboración para algo más que sólo ese caso en particular.
- Sea cómo sea así ha sido - concluyó el Superintendente. - A partir de mañana será trasladado a su departamento, mañana enviaran a uno de su equipo a ayudarle con el traspaso - concluyó desviando la atención a sus papeles, claramente dando la conversación por finalizada.
Danny cerró las manos en puños y apretó hasta que el dolor le ayudó a controlar su frustración. Había trabajado en esa comisaria por casi un año, había logrado hacerse un pequeño grupo de amigos y gente de confianza en un entorno que al principio fue hostil con él. Gracias a él y a su tozudez la media en casos resueltos de toda la comisaria había subido respecto al año anterior, con sólo uno de sus casos sin resolver. Había encarcelado a criminales de alto y bajo perfil y había trabajado noches enteras codo con codo con Meka durante semanas. Se había ganado un lugar en esa comisaria con sudor y sufrimiento. Y ahora todo eso no servía de nada tan sólo por los caprichos de un mago egoísta.
- Señor, ¿puedo hablar con sinceridad? - gruñó entre dientes.
- Por supuesto Williams - recibió por respuesta, los papeles olvidados de nuevo y toda la atención puesta en él.
- Llevo un año trabajando en esta comisaria, tengo estadísticas de más de un 90℅ de casos resueltos y mis compañeros y yo formamos un buen equipo - enumeró intentando moderar su tono de voz. - Se que no soy del agrado de todos los oficiales de esta comisaría pero hago un buen trabajo - prosiguió sintiendo sus manos temblar de la rabia. - Creo que me merezco permanecer aquí, no quiero tener que empezar de nuevo con un equipo nuevo y menos si McGarrett es el que da las ordenes.
- Puede que le sorprenda Williams pero yo tampoco estoy conforme con ésta situación - recibió en respuesta. - Pero las ordenes vienen de arriba, de hecho he solicitado que se adjudicara a otra persona para el cargo pero no ha servido de nada. Me han dejado bien claro que era a usted específicamente a quien querían y que no había negociación posible.
Eso le sorprendió. El Superintendente Harrison era su superior y como tal siempre había intentado mantener la profesionalidad con él en todo momento pero estaba claro que ninguno de los dos le tenia mucho aprecio al otro. Des del primer momento el Superintendente le dejó bien claro lo que pensaba de tener a un recién llegado en su comisaria, sobretodo cuándo éste era un americano. La hostilidad y tensión de los primeros días en la oficina tuvo que ser obvia incluso para él pero aunque nunca alentó esa conducta tampoco la sancionó. No le importaba realmente, no necesitaba a nadie que lo protegiera, pero ese acto no le inspiró respecto hacia su superior precisamente. Su propia incapacidad de mantener la boca cerrada y su tendencia a enfrentar directamente y a gritos los desprecios y comentarios de los otros oficiales tampoco ayudaron. Eso sumado a los casos más peligrosos que de alguna forma siempre acababan en su mesa convirtió sus primeros meses en Londres en un verdadero infierno. Entonces empezó a trabajar con Meka y el numero de sus casos resueltos empezaron a ser imposibles de ignorar y la situación mejoró.
- Se que no soy de su agrado Williams y no voy a fingir que yo no siento lo mismo, ya sabe lo que pienso de su carácter explosivo - prosiguió el otro hombre. - Pero usted es uno de mis mejores agentes y le aseguro que he hecho lo posible para no perderlo.
- ¿Tengo la más mínima posibilidad de refutar este traslado? - preguntó sin esperanza.
- Me temo que no a no ser que quiera cambiar de oficio - recibió en respuesta. - Recoja sus cosas Williams, sus compañeros pueden ocuparse del papeleo. Tómese el resto del día libre.
Lo primero que hizo al llegar a casa fue llamar a Chin y pasó los primeros treinta minutos de la conversación despotricando contra McGarrett, los magos en general, su maldita mala suerte y las miradas acusadoras de muchos de sus ex-compañeros, probablemente pensando que había ganado el traspaso con enchufe. Cómo si él realmente hubiera deseado eso. Chin lo dejó hablar hasta que se quedó sin aliento y sintió la garganta seca. Sólo entonces el asiático contribuyó a la conversación.
- Lo siento Danny, se que no es lo que deseas y que no te gusta que te mareen sin preguntar antes, pero personalmente me alegro de que vayas a ser parte del equipo.
- ¿Del equipo? - preguntó Danny, confuso por la manera en que lo había dicho. - ¿Por que lo llamas "el equipo"? Dijo de esa forma parece como si…
Se interrumpió cuando una idea le cruzó la mente. La sonrisa de Chin en la pantalla del móvil sólo confirmó sus sospechas. Se levantó de golpe y recuperó el teléfono de la mesita donde lo había dejado apoyado.
- ¡Chin! ¿Quiere eso decir que McGarrett te añadió al equipo también? - le preguntó esperanzado.
- Pues si – respondió éste con una amplia sonrisa. - Steve será muchas cosas pero al menos tiene palabra, dijo que si aceptaba no tendría que volver al papeleo, ¿recuerdas?
- Yo no estaría tan seguro amigo, no voy a ser el único que se encargue de esa parte del trabajo – le siguió el juego sintiendo una sonrisa aflorar en su rostro. - Y McGarrett me parece más del tipo que destroza paredes mágicamente en frente de miles de testimonios sin pensar en la pesadilla burocrática que eso supondrá después.
- Y además literalmente – rió Chin, mucho más alegre y relajado de lo que nunca lo había visto.
- ¿Quien más estará en el equipo? - preguntó Danny.
- Mi prima, Kono, en principio solo nosotros cuatro. Como en el caso de John.
Danny reflexionó sobre eso por unos instantes. Tal vez ese cambio no sería tan malo cómo él había temido. Chin era su amigo y tenia buenos instintos, estaba un poco verde en los métodos muggles pero aprendía rápido y ya adoraba la tecnología muggle. Kono era una novata pero había demostrado ser muy capaz y además eso implicaba que podría influenciar en su experiencia, aportar un poco del sentido común y los métodos de investigación que los magos parecían pasar por alto como norma habitual. Enseñar a una nueva generación siempre tenia su parte positiva. El único problema era McGarrett. El mago no era un mal tipo pero era impulsivo, bestia, arrogante y tenia la absurda necesidad de controlar cada situación y esperar que todo el mundo obedecería sus ordenes sin rechistar. Pero al mismo tiempo el auror ya debería de intuir que él no era de los que obedecían a ciegas y sin embargo lo había casi secuestrado y arrastrado a su cueva por la fuerza. Tal vez era más consciente de sus propios defectos de lo que dejaba entrever. Y nadie podía negar que cuando lograban trabajar en equipo obtenían resultados.
- ¿Chin a que viene realmente todo esto de crear un equipo especializado? - preguntó curioso. - ¿Y por qué McGarrett tiene autorización sobre la policía muggle? Pensé que los magos no se mezclaban con muggles, todo eso de ocultar la existencia de la magia y eso.
- Es precisamente por eso que se ha creado este equipo – respondió Chin con un suspiro. - Recuerdas el caso Jacob supongo. Ése no era el primer criminal mágico que actuó en el mundo muggle, los magos llevan haciendo eso des de la época medieval, pero últimamente hay cada vez más casos así.
- ¿Que quieres decir? - insistió Danny intrigado.
- Criminales muggles que parecen tener demasiado conocimiento del mundo mágico – explicó Chin. - O al contrario, magos que colaboran con muggles y actúan en nuestro mundo utilizando la tecnología y vías muggles. Es como si los peor de los dos mundos se estuviera fundiendo – continuó el mago con cara preocupada. - Tu mismo me dijiste que habías encontrado rastros de magia en varios casos muggle que a nosotros nos pasaron por alto.
- Entonces no sabia que era lo que estaba sintiendo pero si – afirmó Danny. - Prácticamente des de que llegué a Londres, en Jersey nunca me encontré con casos con cosas extrañas con la frecuencia que aquí. Me parece que solo una o dos veces.
- He estado hablando con Hermione – comentó Chin. - Al parecer tu caso puede que no sea tan único como pensamos al principio, me refiero al hecho de que seas un mago sin haberlo sabido.
- Creí que fue cosa del hechizo ese que no funcionó junto con el hecho de que mi madre se mudara del país.
- Si, exacto – respondió Chin. - Pero eso no es tan extraño como puede parecer. Durante la guerra, las dos guerras de hecho, hubo muchos muggles afectados puesto que los Mortífagos disfrutaban causando el pánico entre ellos y los despreciaban – explicó el auror. - Muchos murieron. Las noticias fueron manipuladas para que parecieran accidentes fortuitos, tanto por el Gobierno Británico muggle como por el Ministerio de Magia, pero llega un momento en que hay demasiados accidentes como para que no suene sospechoso.
- ¿A donde quieres llegar Chin? - inquirió con un mal presentimiento.
- Hubo mucha gente que se fue del país en esos años, Danny, sobretodo muggles.
Eso explicaría porque sus abuelos decidieron dejar su vida acomodada en Londres y arriesgarse a empezar de nuevo en un país nuevo y desconocido. Y por que su madre nunca dijo nada sobre regresar a su tierra natal y se opuso tan firmemente a que él se mudara a Londres siguiendo a Grace.
- En ese caso puede que haya más gente como yo, que sean magos pero no lo sepan – concluyó él.
- Exacto, y no sabemos exactamente cómo se habrá adaptado la magia en ellos – continuó Chin. - Siempre se había creído que los niños que no aprendían a controlar la magia morían antes de los diez años, con contadas excepciones, pero tu lograste convertirte en adulto sin aparente efecto secundario. Es más, según Hermione, tu magia en vez de interiorizarse como seria de esperar parece haber encontrado una vía de escape, potenciando tu percepción a un nivel mucho superior al habitual. No sabemos si éste fenómeno se debe al mismo conjuro alterado o si se trata de algo psicológico, el no tener miedo de que la gente lo descubriera y por tanto no tener el impulso inconsciente de contener tu magia; como ocurría antes de la implantación de la ley del Secreto Mágico.
- Hermione me habló de su teoría hace tiempo pero no logré entender más de dos o tres palabras de su discurso – confesó él un poco avergonzado. - Algo sobre distintos grados y tipos de magia y como la mía parecía haberse enfocado en un tipo disminuyendo mi capacidad en otros.
- Es sólo un teoría pero según ella es posible que no seas capaz de crear pociones mágicas o usar hechizos puesto que toda tu habilidad mágica está enfocada en tu percepción – explicó Chin. - Pero es solo una teoría, tal vez con un poco de practica podrías aprender a controlar tu magia en otros aspectos.
- Nunca lo sabremos – replicó él, intentando cerrar el tema.
- Danny… - protestó su amigo.
- No, Chin, ya hemos hablado de ello, no me interesa aprender a hacer magia, estoy bien tal y como estoy ahora – sentenció.
- Pero podría serte útil Danny – insistió el mago. - Algún hechizo defensivo, alguno de sanación básico o incluso podrías simplemente aprender a volar con escoba. Eres mucho más de lo que eres ahora, ¿por que no quieres explorar de lo que eres capaz?
- Porque la magia es peligrosa Chin – afirmó con convicción. - Tal vez tu no te des cuenta porque es con lo que has crecido pero los humanos no deberían ser capaces de congelar las cosas, de curar con un simple gesto o de volar. Todas esas cosas implican riesgos que no estoy dispuesto a correr, ¿que pasaría si lanzo mal un hechizo y produce el efecto contrario? ¿O rebota en mi en vez de a donde estaba apuntando? Y volar suena muy divertido hasta que dejas de hacerlo y empiezas a caer. He visto como voláis Chin y no me parece normal que un deporte que implique engañar al contrario para que se estampe contra el suelo sea el deporte nacional - insistió.
- El riesgo forma parte de la vida, ¿o me vas a decir que ser un policía es el trabajo más seguro del mundo?
- No, no lo es, pero tenemos protocolos para reducir al máximo los riesgos – protestó él. - No soy policía porque sea un adicto a la Adrenalina si no porque alguien tiene que defender a los inocentes, no tengo ninguna intención de salir herido pero tengo asumido que para proteger a los demás hay cierto riesgo que es imposible de evitar – enfatizó, intentando que el mago entendiera su punto de vista. - Pero no discutamos sobre esto ahora. ¿Decías que puede haber más gente como yo?
- Si – respondió Chin aceptando su cambio de tema pero aparentemente sin gustarle ni un pelo sus evasivas. - Pero podría ser que en otra persona la magia se hubiera enfocado en otro campo. Podríamos tener a un ladrón con habilidades de camuflaje mágico por sobre de la media, o un adolescente que haga explotar las cosas sin querer cuando se enfada...
- O algún criminal que utilice sus habilidades para algo peor – acabó la frase él, viendo hacia donde se dirigía su amigo. - Lo que faltaba, psicópatas mágicos.
- Por eso la creación de nuestro equipo, al parecer conocer de tus habilidades ha abierto un sinfín de posibilidades y la gente empieza a asustarse – explicó Chin. - No los culpo. Eso y el hecho de que se acercan las elecciones supongo que son la causa que ha motivado a la Primera Ministra a crear un equipo combinado con expertos de ambos mundos para combatir el crimen donde se sospecha de colaboración entre magos y muggles o de magos que no son conscientes de ello.
- Como en el caso de McGarrett donde el mago Víctor Hesse utilizó medios y contactos muggles para asesinarlo, o como con Sang Min – concluyó él.
- Exacto.
Ambos callaron unos momentos, en el caso de Danny reflexionando sobre la situación. Tenia cierta lógica en realidad. Si había casos con rastro de magia en el mundo muggle sería mucho más sencillo si pudiera contar con algún mago para que le explicara que hechizo se había lanzado. Incluso en la detención de un mago seria mucho más arriesgado sin la colaboración de algunos lanzadores de conjuros, él podía apañárselas gracias a sus instintos pero los demás policías no tenían esa suerte. Del mismo modo al parecer los aurores eran unos inútiles cuanto a trabajo de investigación real se trataba, al estilo muggle. Podía ser que la formación de ese equipo fuera realmente útil pero no le gustaba la idea de mezclarse tanto con el mundo mágico. Tenia asumido que cuando Grace cumpliera los once no tendría más remedio pero aun faltaban dos años. Bueno, en realidad un año y dos meses puesto que el cumpleaños de su hija era en Diciembre. Diez ya, como pasaba el tiempo.
- Creí que los muggles no tenían derecho a saber nada del Mundo Mágico – preguntó él. - ¿De donde vais a sacar esos expertos?
- Hay casos puntuales donde se puede hacer alguna excepción, como por ejemplo en tu caso – respondió el mago. - En el caso de algunos squib y mestizos que también tienen derecho y conocimiento sobre ambos mundos.
- ¿Squib? ¿Que es eso? - preguntó de nuevo, recordando que McGarrett lo había llamado así minutos después de conocerse.
- Los squib son hijos de magos, normalmente nacidos en el mundo mágico, pero que no poseen magia – explicó Chin. - Es poco frecuente pero ocurre, ellos son capaces de ver a través de los conjuros anti-muggle y están habituados al Mundo Mágico pero les es difícil trabajar y estudiar en éste así que muchos padres deciden darles una oportunidad en el mundo muggle.
Así que de eso se trataba. No le parecía justo realmente.
- ¿Entonces los squib no tienen derecho a vivir en el Mundo Mágico? - inquirió él, frustrado con la intolerancia que parecía haber en éste.
- En absoluto, por supuesto que pueden pero la magia es una parte integral de nuestras vidas y supongo que es difícil para ellos vivir en un Mundo donde no son capaces de participar en algo tan fundamental – explicó su amigo, disipando sus dudas. - Para nosotros la magia es como respirar, Danny, y intentar vivir en nuestro mundo sin ella supongo que debe ser como estar conteniendo el aliento bajo el agua en una ciudad submarina rodeado de sirenas.
- ¿Sirenas? ¿Eso también es real? - musitó con un suspiro.
- Si pero no son tan hermosas como las leyendas muggles dicen y son muy pero que muy peligrosas – fue la respuesta que recibió.
- Genial, otro peligro que añadir a mi lista, ¿como voy a decirle a mi hija que la Sirenita existe pero que no puede verla por que es un monstruo peligroso? - exclamó frustrado.
- No son monstruos Danny, no se te ocurra nunca llamar a una de ellas así si quieres vivir para contarlo – le regañó Chin. - Son criaturas tan inteligentes como nosotros y como tales tienen su propia comunidad y representación en el ministerio, con derechos y deberes como cualquier otro ciudadano pero adaptados a su particular condición. Como ocurre con otras comunidades como los gigantes o los vampiros entre otros.
Gigantes, sirenas y vampiros. Y no eran considerados monstruos sino iguales que los magos, como quien habla de personas de diferente nacionalidad. Como odiaba ese mundo.
- Déjalo Chin – protestó levemente. - Si no quieres que secuestre a Grace y me la lleve lo más lejos posible de vuestro absurdo y peligroso mundo, sólo déjalo.
- Eres un exagerado Danny – suspiró Chin. - El Mundo Mágico tiene sus cosas buenas y cosas malas como en todos sitios. No te preocupes, pronto te acostumbraras y cuando lo hagas adoraras éste mundo.
Danny tenia ciertas dudas al respecto pero decidió no desilusionar a su amigo. Chin ya había tenido bastantes desengaños en su vida, no quería ser él quien lo decepcionara de nuevo.
Tal y como le había dicho el Superintendente vino alguien a buscarlo a su comisaria, un chico joven vestido con ropa normal pero que parecía nervioso y miraba a todos lados de la oficina con los ojos grandes como los de Mr. Hoppy. Sin duda un mago, probablemente uno que no sabia mucho del mundo real, fuera de su mágica burbuja. Lo sacó de allí antes de que levantara sospechas y él lo condujo hasta un coche con cristales oscuros que aunque por fuera parecía un Citroen viejo, probablemente de la década pasada, resultó ser del tamaño de una limusina por dentro. Incluso tenia los mismos sillones confortables, solo le hacia falta un bar con Martinis y chicas bonitas. Se preguntó de quien seria ese coche y si le dejaría uno prestado si lo pedía con amabilidad.
No tardaron ni diez minutos hasta llegar al destino lo que teniendo en cuenta el transito en hora punta en esa área de Londres era cosa de magia. Probablemente de forma literal. Sin embargo cuando salió del coche supo que eso debía de ser un error. Era cierto lo que le dijo a McGarrett sobre no haber hecho turismo aun pero incluso él podía reconocer ese lugar. Grandes jardines bien cuidados con fuente y estatuas incluidas, una reja dorada, un edificio de ladrillo rojizo y una estatua de un rey británico del siglo XVII en la entrada. Eso era el Kensington Palace.
- De acuerdo, no – le dijo al chico que lo miró confuso. - Muy divertido, ¿de quien ha sido la idea? ¿De Chin? Diría de McGarrett pero no se si ese Robocop sabe lo que es el sentido del humor.
- Disculpe, pero no lo entiendo – contestó el joven con inocencia, era buen actor realmente.
- Esto es el Kensington Palace, incluso alguien como yo sabe eso – le dijo señalando el lugar. - Es imposible que éste sea el lugar correcto, he estado antes en la oficina de Aurores, ¿sabes? Y se que se encuentra en el Ministerio de Magia, en la segunda planta para ser más exactos y este no es el lugar.
- El Departamento de Seguridad Mágica y Muggle no se encuentra en el Ministerio señor – le intentó explicar el auror. - Le aseguró que es aquí, no es ninguna broma.
- ¡Pero esto es un palacio! - protestó mientras lo seguía hacia la entrada. - ¿No había más lugares en toda Londres que el maldito Kensington Palace? ¿Que pasa que la monarquía británica os debe un favor o que? - continuó, incapaz de salir de su asombro mientras bordeaban la estatua de Williams III of Orange. - ¿Es que los magos tenéis que hacerlo todo a lo bestia?
El oficial no respondió y se limitó a entrar por la puerta como Pedro por su casa. Danny lo siguió, limpiándose el barro de las botas antes de entrar, le daba hasta miedo tocar nada, no fuera que lo ensuciara o rompiera. Pasaron de largo una zona llena de turistas con un guía explicándoles lo que eran los absurdos y probablemente horriblemente caros vestidos puestos en vitrinas y entraron a un cuarto de baño. Allí dentro había un lujoso y espacioso cuarto de baño como nunca había visto antes que incluso tenia sillones, ¡sillones! ¿Para que demonios alguien querría un sillón en un servicio? Para leer el periódico al parecer como estaba haciendo un hombre de mediana edad.
- Auror Watson, escoltando al Detective Daniel Williams a su nueva oficina – le dijo el auror al hombre del periódico.
El hombre levantó la mirada del periódico y la fijó en ellos dos antes de ojear el resto del cuarto. Al comprobar que estaba vacío sacó una varita y le hizo un gesto al auror. Éste sacó la suya, de un color más claro y el tío del periódico murmuró algo que hizo brillar tanto la varita del auror como el periódico por unos segundos.
- Varita registrada, es correcto, pueden pasar.
Entonces dio un par de golpes en la pared a su lado, sin siquiera levantarse del asiento, y ésta empezó a brillar y ondear como si tuviera algo debajo que estuviera levantando la pintura. Entonces apareció un pequeño agujero en el centro de la pared vacía y fue creciendo hasta dejar un arco lo suficiente grande para que pasaran con normalidad. El auror entró al pasillo, descendiendo por unas escaleras de piedra y Danny le siguió, girándose cuando oyó la pared cerrarse de golpe. No le gustaban nada los espacios cerrados.
- Ésta es la entrada por vías muggles Detective – le explicó el auror mientras seguían descendiendo por el pasillo iluminado. - Cuando esté registrado tendrá que presentar su varita para inspección antes de entrar.
- ¿Y que hago si no la llevo encima? - preguntó con humor.
- Muy gracioso, como si eso fuera a pasar – rió el joven, Danny decidió que era mejor que no supiera que en realidad no tenia ni tendría nunca una varita. - Como iba diciendo, esa es la entrada muggle pero luego hay conexión vía Red Flu o aparición hasta este punto.
Lo dijo justo cuando entraban a una gran sala con una gran chimenea pero sin apenas decoración y una puerta que brillaba de color lila. O violeta, nunca sabia cual era cual.
- ¿Que hechizo hay en esa puerta? - preguntó cuando el mago se disponía a cruzarla haciendo que se girara a verlo sorprendido.
- Es una barrera anti-magia para anular todos los posibles efectos mágicos y así detectar los intrusos antes de que lleguen a las oficinas – le explicó éste. - ¿Cómo se dio cuenta del hechizo? Fue conjurado por uno de los mejores magos en el área.
- No me cabe la menor duda – contestó él estudiando el color más de cerca pero sin tocar la puerta.
- No, quiero decir que es prácticamente indetectable – insistió el chico mirándolo con admiración por primera vez. - Y ni siquiera ha utilizado su varita.
- Oye, ¿te importaría dejar eso para más adelante? - replicó él, inseguro de cuanta gente conocía sus habilidades o de si debería intentar mantenerlo en secreto. - No me siento cómodo en los lugares cerrados la verdad.
- Oh, si, si, por supuesto. Disculpe – murmuró el chico, al parecer recuperando la compostura. - Sígame.
Y dicho eso el auror abrió la puerta y atravesó la masa gelatinosa de color lila que al parecer sólo él podía ver. Danny inspiró profundamente y cruzó la puerta con el aliento contenido, esperando alguna sensación extraña. No sintió nada. Al contrario fue como si de golpe el pequeño cosquilleo en su nuca des de que cruzó la pared mágica hubiera desaparecido por completo. Como si se acabara de hacer una ducha y se hubiera quitado todo rastro de magia de encima. Lo que tenia cierta lógica de hecho si el conjuro realmente hacia lo que el mago le había dicho. Se preguntó si éstos sentían alguna cosa.
- A partir de esta sala la aparición es imposible y no hay conexión a la Red Flu – prosiguió con su explicación el mago. - Hay una chimenea interior para conversaciones oficiales pero no está conectada a la red. Tiene que ser activada previamente por ambas partes y es unidireccional, sólo se puede salir por ella, no entrar.
- ¿Y si quisiéramos mantener una conversación con alguien? - preguntó Danny, recordando haber visto una cabeza flotando en llamas verdes en la Oficina de Aurores una vez, cuando McGarrett habló con la Primera Ministra.
- Tendrán que ser ustedes los que aparezcan en la chimenea ajena – contestó el chico. - Si alguien intentara hacerlo al revés la red se bloquearía automáticamente y esta puerta quedaría sellada. Ademas hay un conjuro Anti-Aparición en el departamento así que quedarían sellados hasta que llegara alguien del Ministerio para desactivar el bloqueo.
- ¿Y si quedamos encerrados y nadie viene a deshacer el conjuro? - protestó él, no le gustaba nada la idea de estar encerrado en un lugar pequeño.
- Hay una forma de desactivarlo des de dentro pero solo cuando hayan pasado un mínimo de veinticuatro horas – recibió en respuesta mientras el mago le entregaba su varita a un nuevo guardia, esta vez vestido de la forma extraña típica de los magos.
- ¿No os habéis pasado un poco con la seguridad? - comentó él viendo otra puerta lila que probablemente era la que debía cruzar.
- Cuando cayó el Ministerio en la ultima guerra la Oficina de Aurores fue la primera en ser atacada - le explicó el chico. - Por lo que dicen los libros de historia fue una masacre y una de las razones por las que se perdieron muchos agentes de la ley que habrían podido ayudar en la resistencia y la batalla final – musitó éste en voz baja, un claro tono dolido perceptible en su frase, Danny se preguntó a quien habría podido perder este chico en esa guerra. - La seguridad se incrementó des de entonces por supuesto pero si volviera a ocurrir es un alivio saber que algunos de los mejores agentes seguirían en pie y con los recursos necesarios para hacer frente a esa amenaza.
Danny no supo que decir a eso. Siempre había considerado una estupidez tener a todo el Gobierno del país en un mismo edificio, por muy oculto y protegido que estuviera. Era arriesgado. Por lo visto sus temores no eran infundados. Parecía que los magos al menos aprendían de sus errores, lenta pero definitivamente. Siguió al joven a través de la última masa violeta y parpadeó al encontrarse en una amplia sala iluminada con luz natural.
- ¡Danny! - oyó que lo llamaban y tuvo solo unos segundos antes de recibir el abrazo de Chin.
- Ey, Chin, ¿como estas amigo? - lo saludó feliz de ver una cara conocida.
- De maravilla – le respondió con una palmada en su hombro. - Muchas gracias agente Watson, yo me encargo a partir de aquí - le dijo al auror.
Éste saludó, miró a Danny, asintió con la cabeza, lo que él decidió interpretar como una despedida, y volvió por donde había entrado.
- ¿Entonces que piensas del lugar, Danny? - le preguntó su amigo, su mano aun en su hombro.
- ¿Sinceramente? ¿El Palacio de Kensington? - preguntó él de vuelta. - No había ningún lugar menos ostentoso que esto, ¿no? ¡Un maldito palacio! Casi me doy media vuelta en la puerta, lo digo en serio.
El auror se puso a reír y él no pudo evitar una sonrisa. Rachel se moriría cuando le dijera donde trabajaba ahora, si es que podía decírselo a alguien claro. Aun no había matizado esos detalles con nadie pero si la seguridad era tan fuerte probablemente no pudiera hacerlo. Lastima, por una vez que tenia algo que restregarle a su ex.
- Espera a que te enseñe el resto del lugar – continuó Chin. - Te va a encantar tu oficina.
- ¿Tengo oficina propia? - preguntó incrédulo, en Scotland Yard habían tenido una oficina por equipo, no por persona.
- Todos las tenemos pero el jefe te ha guardado la segunda mejor – le comentó el auror con una sonrisa y las cejas levantadas. - Justo después de la suya.
- Muy bien, Chin, quita esa cara, no se que estas pensando pero no quiero saberlo – lo regañó Danny.
Su amigo soltó una carcajada antes de proceder a hacerle de guía turístico. Al parecer el departamento estaba situado en el subsuelo del Palacio y era un antiguo refugio usado por magos del siglo XVII cuando aun vivían entre los muggles y, en consecuencia, eran perseguidos cuando éstos descubrían sus habilidades. Por lo que Chin, que parecía haberse convertido de verdad en un guía turístico, le contaba el palacio se empezó a construir en una época donde aun no se había inventado el hechizo para borrar la memoria y era más difícil esconderse de los muggles una vez descubiertos así que eran obligados a permanecer ocultos. Al parecer uno de los arquitectos era mago y construyo un escondite por debajo del palacio sin que nadie se diera cuenta y con los años el lugar se fue ampliando y mejorando, adaptándolo a las circunstancias de la época.
Visto des de esa perspectiva era más fácil entender porque los magos decidieron ocultarse y vivir separados de los muggles. Pero eso fue mucho tiempo atrás, la humanidad había evolucionado mucho des de entonces y Danny quería pensar que si pasara algo similar los muggles serian mucho más tolerantes. Quería pensar eso pero su parte más realista le recordó que si bien el ser humano individualmente podía ser inteligente, empático y tolerante; la población en masa normalmente tendía precisamente a lo contrario.
El lugar era amplio y luminoso, nunca hubiera dicho que se encontraban en el subsuelo puesto que la luz que entraba por los enormes ventanales al fondo de la sala parecía realmente luz natural. La sala que le pareció tan grande al entrar resultó ser la más pequeña del lugar, solo la recepción. Había algunos muebles aun con el embalaje protector puesto pero a juzgar por su vello erizado y el hecho de que había muebles volando de una habitación a la otra por sí solos no creía que la mudanza fuera a tardar mucho más. Des de esa sala-recibidor partía un pasillo con oficinas a ambos lados con solo la mitad inferior de pared mientras que la superior era de cristal, lo que contribuía a la iluminación del lugar pero le quitaba privacidad. Las puertas de las oficinas también eran de cristal y cada oficina era más grande que la que utilizaba su equipo entero en Scotland Yard. La mayoría disponían ya de un escritorio con una silla y algún que otro artefacto mágico que no lograba identificar. No tenían aun ningún efecto personal pero suponía que era lo normal, hasta el lugar olía a nuevo.
Al final del pasillo a la izquierda había unas escaleras con un elevador al lado, que estaba casi seguro que funcionaba sin electricidad. Chin le contó entonces que disponían de varios pisos más, por el momento vacíos, que probablemente terminarían siendo celdas provisionales, laboratorios y una enfermería.
- ¿Y la cocina? - preguntó sin verla.
- ¿Cocina? - parpadeó Chin confuso.
- La cocina, si – insistió él. - Vamos a pasar muchas horas aquí, posiblemente noches enteras, y disponer de una cocina nos facilitaría mucho las cosas. Eso sin tener en cuenta el sistema de bloqueo de las puertas que me comentó ese chico, Watson. También un buen cuarto de baño y un par de sofás cómodos irían bien, o una cama si me apuras - le explicó.
- No había pensado en ello pero sería una buena idea – asintió Chin. - Vamos a comentárselo a McGarrett, creo que estaba en la sala de reuniones.
Siguiendo a su amigo giró a la derecha por el pasillo y se encontró en una amplia sala con una mesa enorme en el centro con sillas alrededor y para su asombro varios televisiones y un par de ordenadores. McGarrett se encontraba de espaldas a ellos hablando con alguien más bajo que él y que quedaba oculto enfrente suyo. Por la posición rígida del mago golpeador debía de ser alguien importante, el hombre parecía una estatua.
- Es un honor que haya decidido colaborar con nosotros – oyó al mago decirle a quien sea que tenia en frente. - Su aportación sin duda facilitará la integración de la tecnología muggle con nuestros equipos mágicos.
- Tonterías, me moría por tener una excusa como ésta – oyó una voz de mujer que le resultó extremadamente familiar. - Todos estos artefactos no hacían más que acumular polvo en nuestro Departamento, me alegro de poder encontrarles un lugar donde sirvan a su propósito.
- ¿Steve? - preguntó Chin al acercarse.
McGarrett se giró hacia ellos, expresión seria en el rostro que se relajó un poco al identificar quien le hablaba. En frente suyo había ni más ni menos que la mismísima Hermione Weasley, vestida con una combinación de traje muggle y capa de mago encima que de alguna forma lograba lucir sin parecer salida del circo.
- Oh, ya estas aquí – le dijo McGarrett antes de girarse hacia la bruja. - Señora Weasley me gustaría presentarle al último integrante de nuestro equipo, el Detective…
- ¡Danny! - exclamó la bruja al verlo, cortando al moreno a media frase y corriendo a abrazarlo.
- Hola, Hermione – la saludó él devolviéndole el apretón y sin poder evitar sonreír ante la cara de incredulidad absoluta del mago golpeador. - ¿Que haces aquí?
- ¿Pero que dices? - le contestó ella mientras lo soltaba. - ¿De quien crees que fue la idea de formar este departamento? ¡Llevo años intentando convencer al resto del Ministerio de la importancia de mezclar nuestro conocimiento con el del mundo muggle! Ahora que hay una oportunidad no me lo perdería por nada del mundo.
No pudo evitar soltar una carcajada al ver la expresión feliz de la bruja, parecía una niña en Navidad.
- ¿Como estas Danny? - prosiguió ella a toda velocidad. - ¿Y Grace? ¿Como esta nuestra pequeña?
- Bien, bien los dos – contestó como pudo, intentando seguirle el ritmo. - Grace ya ha terminado el último libro que le regalaste y me dijo que te pidiera si tenias uno de animales mágicos donde salieran unicornios y dragones.
- ¡Esa es mi niña! - exclamó la bruja sonriendo de oreja a oreja. - Me recuerda tanto a mi a su edad, Danny. Bueno en realidad yo era un poco mayor cuando supe que era bruja pero recuerdo tener la misma curiosidad insaciable por el Mundo Mágico. Y creo que nunca logré saciarla realmente, aun sigo igual – rió la bruja.
- No ha dejado de hablar de unicornios des de que le dijiste que existían, ahora me pide uno por su cumpleaños casi cada noche – protestó él pero sin ser capaz de dejar de sonreír. - Tuve que decirle que si quería un unicornio tendría que pedírselo a su Tía Hermione porque yo no se de donde lo voy a sacar.
- Que malo eres Danny, sabes de sobra que los unicornios son animales protegidos, te lo dije – respondió la bruja. - Ahora me va a tocar a mi ser la bruja mala, ¿no?
- Mientras no le des ninguna manzana envenenada… - contraatacó él, ganándose una risa y un golpe en el brazo por parte de la bruja.
- ¿Por que iba ella a hacer eso? - murmuró McGarrett, claramente perdido.
- Era una broma Steve – explicó Chin con una sonrisa. - Es una referencia a un cuento infantil, no recuerdo el nombre ahora.
- Blancanieves y los siete enanitos – respondieron él y Hermione a la vez, mirándose con una mirada cómplice y echándose a reír de nuevo ante la cara de confusión del mago golpeador.
- ¿Has visto ya tu oficina, Danny? - preguntó la bruja. - Tiene un hechizo que en teoría lo aislará de la magia en el resto del departamento. Pensé que te sentirías más cómodo.
Un hechizo aislante. Hermione pensaba en todo, no sabia que haría sin ella. En realidad no se encontraba mal en ese instante, sentía un ligero cosquilleo y tenia los vellos de punta pero estaba empezando a habituarse a esa sensación. Aunque realmente acababa de entrar, si tenia que pasar muchas horas en ese lugar probablemente agradecería tener un lugar donde refugiarse cuando sus sentidos lo estuvieran torturando. Hermione lo guió hasta una de las oficinas que antes había pasado por alto y se dio cuenta de que la puerta tenia el mismo color que las dos puertas por las que había cruzado pero parecía menos solido, como más translucido.
- ¿Es el mismo hechizo que en las dos puertas de entrada? - preguntó parándose justo en frente.
- Parecido pero menos potente – le contestó la bruja con curiosidad. - ¿Puedes verlo? ¿Como es?
- Lila o violeta, nunca se cual es cual – respondió él absorto. - ¿Dices que es menos potente? Eso explicaría porque parece más translucido.
- Interesante – musitó Hermione. - ¿Crees que podrías ser capaz de identificar la potencia de un hechizo solo con mirarlo?
- No lo se la verdad – respondió él, fregándose la nuca. - En este caso los he visto casi juntos y he podido comparar, no se si podría hacerlo sólo con uno de ellos. Ni siquiera se si vería diferencia con otro tipo de hechizo.
- Bueno, ya lo iremos viendo, tu tranquilo – le dijo ella con su paciencia habitual. - ¿Notaste algo al cruzarlo para entrar?
- No realmente – contestó él. - En realidad me encontré mejor después de cruzarlo, ¿crees que este conjuro podría estar anulando las sensaciones que me producen otros hechizos?
Hermione lo miró un segundo, asombrada. No era una visión que ocurriera muy a menudo así que intentó disfrutar del momento.
- No se me había ocurrido esa opción – confesó ella. - En todo caso entra a tu nueva oficina y dime que piensas de ella.
Danny decidió no insistir y cruzó la puerta, sintió la misma sensación de limpieza pero esta vez no se disipó al instante si no que permaneció allí. Notó como sus hombros se relajaban, liberando una tensión que ni siquiera era consciente que tuviera. La sensación era extraña pero increíblemente placentera, como darse un largo baño en vez de una ducha rápida.
- ¡Woa! - exclamó sin poderlo evitar. - Ésto es el cielo, ¿es así como os sentís vosotros constantemente?
- No he notado ninguna diferencia así que probablemente – respondió la bruja para luego girarse hacia Chin que alzó los hombros en su típico gesto de "a mi no me mires".
- No sabéis la suerte que tenéis entonces – sentenció no sin cierto rencor. - Creo que me voy a mudar a esta oficina y no saldré hasta el año 3000 como mínimo.
La oficina era completamente muggle, tenia un escritorio con silla como las otras pero en este caso había un ordenador instalado, una televisión pequeña en una pared y una mini-cocina con una cafetera, una nevera pequeña y un microondas. No había donde cocinar de verdad pero si construían una cocina en el departamento no seria necesario. También había un sofá en un rincón y suficiente espacio para añadir algún mobiliario nuevo si lo consideraba necesario. Era perfecto.
- Es perfecto Hermione, gracias – le dijo a la bruja con sinceridad.
- De nada Danny – le sonrió ésta. - Será mejor que te deje acomodarte, aun hay algunas cosas que tengo que configurar - continuó mientras reculaba hacia la puerta. - Luego hablamos, ¿de acuerdo?
- Por supuesto – afirmó él sonriendo.
Se sentó en el sofá, que era en extremo confortable, y suspiró feliz. No se había sentido tan relajado en años, des de su última visita a casa de sus padres de hecho. Levantó la mirada cuando oyó a alguien entrar y vio a Steve McGarrett moviendo el peso de un pie al otro, como si estuviera incomodo con algo.
- ¿Que ocurre? - le preguntó impaciente.
- No es nada, solo… - musitó el mago, lo que le hizo levantar una ceja asombrado. - La señora Weasley es toda una leyenda, no tenia ni idea de que la conocieras tanto.
- Si bueno, larga historia resumida ella y Chin fueron los primeros magos que conocí cuando descubrí que era un mago. Fue la misma Hermione de hecho quien me lo hizo saber – confesó Danny. - Me han ayudado mucho con todo esto des de entonces, no se que habría sido de mi sin ellos.
McGarrett no contestó, sólo le dirigió una sonrisa un tanto incómoda antes de sacarse un sobre del interior de la túnica y dejarlo en su escritorio. Entonces se giró para salir de la habitación sin decirle nada más.
- Ey, ey, ey, espera – protestó él, levantándose y cogiendo el sobre. - ¿Que es esto?
- Tres noches en el hotel Golden – respondió él, girándose de nuevo y frotándose la nuca con una mano. - Mira, se que vas a decir que no…
- Si, tienes razón. Voy a decir que no – lo cortó él. - ¿Que pasa contigo? ¿Por que quieres arreglarme la vida de golpe?
- Tienes a Grace este fin de semana, ¿verdad? - le preguntó el mago.
Danny bajó la vista al sobre y lo abrió mientras asentía. Tenia a Grace, si, y ningún plan aun. Quedarse en su diminuto estudio todo el fin de semana era impensable pero con el caso de John McGarrett y el traslado de oficina no había siquiera pensado en que hacer con ella.
- Perfecto, he oído que este hotel tiene una granja de animales mágicos – explicó el mago. - Tienen un establo con algunos caballos alados y la habitación incluye clases de equitación y un vuelo con caballo.
Caballos alados. Jodidos Pegasos. Grace no había llegado a preguntarle aun por esa leyenda en concreto y ninguno de los dos tenia ni idea de que éstos fueran reales. Su hija adoraba a los caballos, pero ¿caballos que además podían volar? Se iba a poner histérica en cuanto se lo contara.
- Caballos alados – musitó Danny. - ¿Tienes la más mínima idea de lo que ésto significa? Voy a ser el mejor padre para Grace para toda la eternidad si la llevo a ver a un caballo alado, imagínate si ademas puede montar en uno.
- Danno, ya eres el mejor padre posible para Grace – le dijo Steve McGarrett con una sonrisa. - Sólo úsalos, disfruta de tu hija.
Y con eso se giró, aun sonriendo y sin esperar su respuesta, como si el simple hecho de entregarle un regalo como ese fuera suficiente para él. Lo llamó de nuevo.
- Ey Steve – le sonrió cuando se giró de nuevo, expectante. - Gracias.
Lo decía de todo corazón y esperaba que el otro supiera leer entre lineas lo que ese gesto significaba para él. No era sólo el regalo de Grace. Era la oportunidad que le estaba regalando con ese trabajo. Era el reconocimiento de sus habilidades intrínseco en cada gesto y palabra del mago. Era devolver la dignidad a su amigo Chin. Era la creencia de que era un padre ejemplar cuando él mismo tenia sus dudas.
Steve sólo sonrío más ampliamente y salió por la puerta sin decir nada más. Justo entonces sonó su teléfono y cuando respondió oyó a su niña al otro lado.
- Hola papi.
- Hola tesoro, ¿como ha ido el día? - le preguntó mientras se sentaba en la silla del escritorio.
- ¡Muy bien! - contestó ella – Hemos hecho materia nueva en clase y la profe ha puesto de deberes los ejercicios que no hubiéramos podido acabar a clase y como yo los he terminado a tiempo no tengo.
- Esa es mi niña – la felicitó él, orgulloso. - Mañana voy a irte a buscar al colegio, lo recuerdas ¿verdad Monkey?
- Si Danno, lo se – afirmó ella. - Mama me está preparando las cosas ahora.
- ¿De verdad? ¿Pues puedes decirle que te ponga una muda extra y también unas buenas botas, por favor?
- Claro papi, ¿pero por que? - le preguntó curiosa. - ¿Vamos a ir de excursión?
- Algo así, vamos a ir a pasar este fin de semana fuera, solos tu y yo, a un lugar muy especial – le dijo intentando hacerse el interesante.
- ¿A si? ¿Donde? - insistió su inteligente hija, haciendo las preguntas correctas a la primera.
- Me han hablado de una granja con animales un poco raros.
- ¡¿Animales mágicos?! - chilló Grace emocionada. - ¿Vamos a ver Puffskeins? ¿O Mooncalfs? ¿Y Gnomos? ¿Habrá Gnomos también? - le interrogó sin pausa, mencionando nombres que él ni siquiera sabia que eran - Leí en un libro que suelen esconderse en los jardines de las casas mágicas y hacer fechorías.
- No se si habrá Gnomos, tesoro, lo que si que sé es que habrá unos caballos muy especiales – le respondió con una sonrisa antes de dejar caer la bomba final. - Unos que pueden volar.
Se hizo silencio por unos momentos en el otro lado de la linea y justo cuando empezaba a preocuparse oyó a su hija gritar como no la había oído nunca.
- ¡Caballos alados! ¡Vamos a ver caballos alados! - gritaba tan fuerte que tuvo que apartarse el teléfono de la oreja. - ¡Mama, mama! ¡Danno va a llevarme a una granja de caballos alados este fin de semana!
Sonrió y se acomodó en la silla, dispuesto a escuchar todas las quejas de Rachel al respecto con paciencia si con eso podía llevarse a su hija a hacer realidad uno de sus sueños más viejos. ¿Quien le iba a decir cuando Grace decidió a los cinco años que quería un Pegaso por su cumpleaños que algún día podría hacer ese sueño realidad? Chúpate esa Stan no pudo evitar pensar con una sonrisa mientras al otro lado del teléfono seguía oyendo a Grace gritar por toda la casa como una loca.
- Chicos, de verdad, ¡necesitamos un nombre! - decidió Kono.
Llevaban los cuatro un rato celebrando la formación del equipo y la adquisición de sus nuevas oficinas. Aun habían cajas por abrir y muebles por llegar pero en ese momento no les importaba. Con el estomago lleno de comida y una bebida dulce que los demás llamaban Hidromiel, que al parecer era muy popular en su mundo, y las anécdotas y bromas llenando el silencio la poca decoración del lugar era lo último que importaba.
- ¿Un nombre? - preguntó él confundido.
- Si, ya sabes, una forma de llamarnos – explicó la única bruja del grupo.
- ¿Por que necesitamos un nombre? - cuestionó Steve
- Porque vamos a trabajar juntos y estaría bien – respondió ella con la lógica absurda que solo el alcohol otorgaba.
- Ya tenemos uno, ¿no? - preguntó Chin. - Creí que era Departamento de Seguridad Mágica y Muggle.
- ¿DSMM? - insistió Kono con tono de burla. - Eso suena horrible, necesitamos un nombre corto o con siglas fáciles de pronunciar – decidió sin preguntar a nadie su opinión. - ¡Yo voto por Strike Force!
- ¿Strike Force? - repitió el mago golpeador para luego intercambiar una mirada con él y Chin y ponerse a reír. Danny no pudo evitar soltar una carcajada también al oír ese nombre tan cliché.
- ¡Eh! - protestó Kono. - Es un nombre genial.
- Lo detesto – logró decir Danny entre risas.
- No voy a ir por allí gritando "¡Alto, Strike Force!" - aportó el moreno.
- Pues yo no voy a ir por allí diciendo "¡Alto, Aurores!" - añadió él. - Porque vosotros tal vez lo seáis pero yo soy policía, y como policía me quedo.
- Yo tampoco soy un auror, Danny – protestó Steve. - Soy un Mago Golpeador, es diferente.
- ¿Sabéis que? - dijo Kono con tono pensativo. - Me gusta como suena.
- ¿El que, prima? - le preguntó Chin.
- "Departamento de Aurores y Policías" - contestó ella con una sonrisa.
- DAP – musitó él, saboreando el nombre. - Incluso las siglas suenan bien.
- ¡Ey! - se quejó de nuevo Steve. - ¿Y que pasa conmigo? Yo no soy ninguna de las dos cosas.
- No vamos a llamarnos "Departamento de Aurores y Policías y Magos Golpeadores" jefe, es demasiado largo – decidió de nuevo Kono. - Y DAPMG es impronunciable.
- Y además tu eres el único Mago Golpeador del grupo, Steve – razonó Chin. - La mayoría debería decidir.
- ¿Entonces por que añadir lo de Policías? - siguió éste protestando como un niño pequeño. - Tan solo tenemos a un policía en el grupo, es lo mismo.
- Si, pero yo valgo por dos como tu, Steve – canturreó él con una sonrisa.
- ¡Que más quisieras, Danno!
- ¡Que no me llames así!
- Decidido entonces – adjudicó Kono, ignorando su pequeña disputa. - ¡DAP, Departamento de Aurores y Policías!
Los cuatro brindaron por el nuevo nombre del grupo, con Steve aun protestando en voz baja y remugando para si mismo. Danny sonrió y se acomodó más en el sillón. Por primera vez en mucho tiempo sentía que las cosas sólo podían mejorar.
NA: Para los que no sabemos como funcionan los rangos en la policía británica, aquí van algunas explicaciones:
- CoLP: City of London Police, la policía con jurisdicción sólo en la ciudad de Londres.
- Scotland Yard es el nombre popular por el que se conoce a la sede de la Metropolitan Police Service, la policía británica de la Gran Londres, la provincia de Londres. No tienen jurisdicción en la ciudad de Londres.
- Rangos: segun Wiki Danny seria un Investigator (Investigador), un rango más bajo que un Chief Investigator (Investigador Jefe), aunque el actúe como si fuera el jefe, y por encima de éste esta el Superintendente que aun tiene muchos más por encima. La lista es bastante larga en realidad.
- El Alcalde de Londres (Mayor of London) no lo es sólo de la ciudad de Londres si no de toda la provincia de Londres y tiene cierta autoridad sobre la Metropolitan Police y la CoLP en algunos aspectos de éstas.
Por lo que respeta al Kensington Palace me pareció apropiado, al fin y al cabo el Ali'iolani Hale es un antiguo palacio y tiene también la estatua de un rey en la puerta.
Gracias a todos por leer y especialmente a aquellos que han dejado Kudos, comentarios o Bookmarks. ¡Esta historia no ha hecho más que empezar!
