CASO 2: Roland Lowry I
El lunes Danny se levantó a la hora de siempre. Se arregló y desayunó como cada día y no fue hasta que ya estaba en el coche a punto de arrancar que no recordó que ya no trabajaba para Scotland Yard; a partir de ese día trabajaba para McGarrett en el nuevo equipo. El Departamento de Aurores y Policías, tal y como los bautizó Kono la tarde del jueves. Sonrió al recordar ese momento, los cuatro estrenando las oficinas y celebrando el final del caso McGarrett seguido de uno de los mejores fines de semana que había pasado con su hija. Steve la clavó con el regalo, Grace había pasado de querer un unicornio para su cumpleaños a querer un caballo alado.
Suspiró mientras sacaba el móvil, configurando el GPS para que lo llevara al Kensington Palace. Se estaba abrochando el cinturón cuando recordó a los dos guardias y su tendencia a no dejar pasar a nadie sin una varita registrada. Y él seguía sin tener una. No es que tuviera ninguna intención de conseguir una por supuesto, pero le gustaría poder entrar a su oficina por las mañanas.
- Necesito café – murmuró para sí mismo, frotándose el rostro e intentando espabilar de una vez.
Paró el GPS y puso rumbo a una de sus cafeterías favoritas. Una vez allí pidió dos cafés y una bolsa con Donuts sin bajar del coche, usando la zona para auto-servicio. Estaba claro que si no tenia varita iba a tener que ir con un usuario hasta las oficinas y sólo conocía la dirección de uno de ellos. Puso rumbo a casa de los McGarrett.
Aparcó en frente de la casa, en el parking privado, preguntándose por que querría un mago aparcar un vehículo en su casa cuando podían desaparecer y aparecer al instante donde sea que tuvieran que ir. No había más coches en el lugar, la calle estaba prácticamente vacía y no se veía ni un alma. Teniendo en cuenta que eran las siete, que prácticamente no había salido el sol aun y el frío y humedad típicos de ese país no le extrañaba que alguien fuera reticente a salir a la calle de buena mañana.
Llamó al timbre dos veces pero nadie salió a abrir. Echó una mirada por uno de los ventanales y vio una luz blanca proviniendo de lo que parecía el salón, pero ninguna silueta. Sacó el móvil e intentó llamar a Steve pero nadie respondió. Al final, exasperado y a punto de llamar a Chin probó la puerta. Estaba abierto.
La puerta se abrió a la oscuridad y silencio de la casa. Tuvo un escalofrío que no supo si era por la magia residual o por la atmósfera tétrica del lugar. Palpó la pared en busca de un interruptor de la luz antes de recordar que esa era la casa de un mago así que probablemente no habría ni luz ni electricidad ni teléfono. Puso una mano en su arma, aun guardada en la funda y colgada de su cinturón, y entró a la casa lentamente, cerrando la puerta de nuevo.
- ¿McGarrett? - lo llamó en voz baja mientras empezaba a recorrer la casa como podía en la penumbra. - ¿Steve?
No podía sentir la presencia del mago, su aura mágica como él lo llamó, pero percibía algo mágico proviniendo del salón. Justo del mismo lugar de donde salía esa luz blanquecina. Se dirigió hacia allí, con los sentidos alerta y llamando al mago de vez en cuando en voz baja. No le gustaba nada esa situación, una casa vacía, a oscuras y con la puerta abierta no era precisamente el lugar más acogedor del mundo.
Cuando llegó a la habitación no vio a nadie y la luz blanca provenía de un recipiente que se encontraba encima de la mesa principal. Se acercó cautelosamente y se dio cuenta de que se trataba del objeto que Steve intentó sacar del garaje el primer día, cuando se conocieron.
- ¿Steve, estas por aquí? - insistió, girando sobre sí mismo y esperando ver al mago en cualquier esquina.
Dejó los cafés y la bolsa en la mesa, todo lo lejos posible del objeto de cerámica, y tras una última mirada alrededor sucumbió a la curiosidad y se acercó a éste. Steve le había dicho que era un Pensadero, un objeto donde guardar las memorias y poder volver a verlas más adelante. Suponía que seria parecido a los álbumes de fotografías o los videos caseros. A simple vista parecía un bol de cerámica normal y corriente, sin ningún dibujo ni nada característico. La última vez que lo vio estaba cubierto con una tapa del mismo color y material así que no pudo ver que tenia en su interior, fuera lo que fuera desprendía la luz blanca que pudo ver desde el exterior de la casa. Se acercó más, hasta tener el rostro prácticamente encima, estaba lleno de un liquido extraño, de un color azul oscuro que parecía estar en constante movimiento y con vetas más claras moviéndose con la corriente. Puso sus manos en el bol y se acercó más, intentando descubrir que eran esas siluetas que podía entrever en las corrientes. Entonces una de esas corrientes azul claro empezó a volverse dorada y a ocupar toda la superficie del liquido. Le pareció distinguir una habitación que le era ridículamente familiar reflejada en ese liquido antes de sentir como una fuerza lo atraía hacia adelante y sus pies dejaban el suelo.
Empezó a caer a toda velocidad, chillando e intentando agarrarse a algún lugar mientras veía unas paredes alargadas casi imposiblemente a su alrededor. Y de golpe cayó encima de un sillón, hundiéndose en él por el impacto. Se levantó de golpe mirando a su alrededor. Se encontraba en el salón. El mismo salón desde donde "cayó" a ese lugar pero había pequeñas diferencias. El fuego ardía en la chimenea y entraba la tenue luz de las últimas horas de la tarde por las ventanas. Giró sobre sí mismo. La mesa se encontraba más a la izquierda y no tenia el Pensadero encima. Tampoco sus cafés ni sus Donuts.
- … le pregunté que quería ser de mayor… - oyó decir a una voz proviniendo de algún lugar de la casa.
Desenfundó su arma al instante y se giró hacia el sonido de la voz. Había alguien más allí, donde sea que fuera allí. La voz seguía hablando pero no podía oír bien lo que decía, solo frases sueltas. Siguió el sonido lentamente.
- …le dije "Se cualquier cosa menos eso"… - pudo entender del murmuro del hombre, era la misma voz.
Llegó al pasillo y vio luz en una habitación, el estudio si recordaba bien la estructura de la casa. Estudió la casa de los McGarrett de arriba a abajo durante la investigación del padre de Steve pero se centró sobretodo en el salón, que fue donde ocurrió el crimen. Sabia que esa habitación era un pequeño estudio pero poca cosa más. No sabia quien podría estar interesado en la casa de un difunto pero lo iba a averiguar. La ausencia de Steve ademas le preocupaba, no lo imaginaba dejando entrar a cualquiera en su casa, esperaba que no estuviera herido.
- ...la vida de un auror no es sencilla. Por muy orgulloso que esté de mi trabajo, de las cosas que logré, hoy más que nada siento remordimientos - seguía diciendo la voz.
Llegó a la puerta, había una luz tenue proviniendo de la habitación, probablemente de una luz pequeña en el escritorio, y podía ver la sombra de alguien sentado en una silla. Parecía haber sólo una persona en la sala y por la voz debía tener avanzada edad. Empezaba a dudar de que fuera un delincuente, tal vez solo era un antiguo amigo del difunto. En todo caso no podía arriesgarse, sacó la cabeza tentativamente por el marco y echó una mirada rápida justo cuando la voz volvía a hablar.
- El pesó que cayó en mi familia, como los lastimó… pienso en ello todos los días.
Estaba en lo cierto, había un hombre de edad avanzada sentado en la silla del escritorio, hablando mientras una pluma escribía sola en un pergamino sobre la mesa. El hombre tenia los hombros hundidos y el rostro medio escondido entre las manos, con los codos apoyados en la mesa. Pero eso no era todo. Conocía a ese hombre. Había visto su rostro, magullado, ensangrentado, lleno de cortes y los ojos cerrados en la mesa de un laboratorio forense. Había visto fotos en movimiento de diferentes épocas, en algunas con el uniforme de auror y rodeado de sus compañeros, en otras más joven abrazando a una mujer hermosa, un niño moreno y una niña rubia más, y en fotos recientes sólo con la misma expresión corporal derrotada, como si soportara un gran peso sobre los hombros. Estaba viendo a un fantasma. Tenia en frente a John McGarrett.
- Ahora soy el único que permanece aquí, es solitario - murmuró la imitación de McGarrett con la voz cansada y resignada.
Danny no entendía lo que estaba pasando. Eso no podía ser realidad, tenia que ser algún sueño o algún conjuro o algo parecido. Se pellizcó la pierna y saltó levemente ante la punzada de dolor que sintió. Hizo un paso dentro de la habitación, la pistola bajada y la otra mano alzada, intentando formar una frase coherente en su mente. Algo que pudiera preguntar o decir para pedir explicaciones. El hombre siguió como si él no estuviera allí.
- La pérdida de mi esposa fue casi… insoportable – seguía diciendo con la misma voz derrotada.
- ¿Danny? - oyó una nueva voz, por primera vez desde que llegó a ese extraño lugar, proviniendo de una de las esquinas de la habitación.
Levantó el arma automáticamente y apuntó al origen de esa voz, un instante antes de reconocer la familiaridad de ese timbre. En frente suyo Steve McGarrett lo miraba asombrado, sentado en una silla en un rincón con los codos sobre las rodillas en lo que probablemente era una imitación inconsciente de la posición corporal de su padre. Su difunto padre. Su difunto padre que seguía hablando como si siguiera sólo en la habitación.
- Pero renunciar a mis hijos, eso… eso me rompió – oyó decir al hombre.
Danny desvió la mirada hacia él, solo entonces procesando lo que el hombre estaba diciendo, de quien estaba hablando. Sus hijos. Uno de los cuales se encontraba en la misma habitación escuchándolo todo con el rostro impasible y los ojos llorosos. No entendía que hacia Steve allí, ni siquiera sabia donde exactamente era allí, pero la situación no podía ser sana para el Mago Golpeador, no tan poco tiempo después de la muerte de su padre.
- ¡Steve! - exclamó aliviado, bajando el arma. - ¿Que está pasando? ¿Que es este lugar? ¿Como puede estar tu padre aquí?
El moreno pareció reaccionar al oírlo, se levantó de golpe y fue hacia él con expresión furiosa.
- Estoy orgulloso de ellos pero nunca lo sabrán, me he perdido demasiado de sus vidas, verlos crecer… – proseguía John McGarrett como si nada.
Danny se volvió hacia John de nuevo, sintiendo una punzada de dolor en simpatía por lo que estaba diciendo. Por lo que ese pobre hombre parecía haber sufrido y por lo que parecía haber hecho pasar a sus propios hijos. Uno de los cuales lo había enterrado sólo unos días atrás para luego oír esas frases de un fantasma. Sintió a Steve agarrándolo del brazo y se giró hacia él. Lo miraba casi tan furioso como la primera y única vez que llegaron a las manos, enfrente del apartamento de Doran.
- Supongo que no hay otra forma, al menos hasta que no resuelva esto de una vez por todas – fue lo último que oyó decir a McGarrett senior.
Sintió un tirón en el brazo y de golpe se encontró flotando hacia arriba a una velocidad mareante, haciendo el mismo camino que al caer pero en dirección opuesta. En nada se encontró de pie en el salón oscuro de donde había caído, tambaleándose y logrando mantenerse en pie gracias a la mano que aun lo agarraba del brazo.
- ¿Se puede saber que problema tienes? - le recriminó Steve al mismo tiempo que lo soltaba. - ¿Tienes por costumbre entrar en casas y recuerdos ajenos sin siquiera llamar?
- ¡He llamado! - se defendió él, buscando una silla a tientas donde sentarse. - Varias veces, y te llamé al teléfono cuando no respondiste.
- Estaba en el Pensadero, no te he oído llamar – recibió como respuesta.
- Pues lo he hecho – insistió él mientras se sentaba y se pasaba una mano por el pelo engominado. - Incluso miré por la ventana a ver si te veía antes de intentar entrar y solo vi la luz del maldito Pensadero.
- Espera, ¿has podido entrar así sin más? - le preguntó Steve, aparentemente más relajado mientras sacaba la varita y con un gesto todas las luces de aceite y la chimenea se encendían. - Debería de haber el conjuro de alarma activado.
- Pues pude entrar sin ningún problema – contestó él. - Ni siquiera estaba la puerta cerrada, lo que por cierto me parece muy descuidado de tu parte, cualquiera habría podido entrar.
Steve no dijo nada pero frunció el cejo, murmuró algo que no fue capaz de escuchar pero que iluminó su varita de un naranja amarillento que aun no había visto nunca mientras se movía por la habitación. La situación se había vuelto incomoda de golpe.
- Vine a tu casa porque sin varita no puedo pasar los controles del Kensington – le explicó él mientras lo seguía con la mirada. - Pero si prefieres que me vaya puedo llamar a Chin e ir con él.
- Depende – respondió el mago. - ¿Que hay en la bolsa?
Danny se giró hacia su bolsa con Donuts, la cual ya casi había olvidado que estaba allí, y los dos cafés. Se acercó la bolsa y sacó un Donut de ésta.
- Desayuno, ¿quieres uno? - le ofreció la bolsa.
- ¿Donuts? - preguntó en respuesta el moreno. - No gracias, prefiero conservar mis arterias como están.
Danny lo ignoró, dándole un mordisco al Donut, determinado a disfrutarlo el doble sólo para fastidiar al mago. Cogió el cartón con los cafés y los acercó hacia él.
- Te he traído café, no sabia como te gustaba así que es el básico – le dijo mientras agarraba el suyo. - Estaba caliente cuando he entrado pero supongo que es demasiado pedir que aun lo esté.
Steve le sonrió levemente mientras se acercaba y tocaba el borde del vaso de plástico con la varita. Enseguida sintió como el café se calentaba sólo en su mano. Cómo lo había hecho sin quemar el envase era un misterio. El mago hizo lo mismo con el otro café y lo cogió, dándole un sorbo.
- Prefiero té pero se agradece igualmente – le dijo con una sonrisa, el enojo prácticamente evaporado del todo. - Puedes quedarte pero no llenes mis cosas de migajas.
Danny lo miró con la boca llena para luego mirarse a si mismo y ver que ya había dejado algún rastro en la mesa del comedor. Ups.
- ¿Tienes servilletas? - le preguntó al mago todo lo inocentemente que pudo.
Éste lo miró por un momento, levantando las cejas y con una sonrisa burleta en el rostro. Hizo un movimiento con la mano libre, aparecieron unos hilos delgados como telaraña y un cajón del mueble del fondo se abrió para dejar salir un par de servilletas antes de cerrarse de nuevo. Éstas volaron hasta la mano del mago y éste las utilizo para limpiar la mesa antes de ofrecerle una.
- ¿Como haces eso? - le preguntó, habiendo notando los hilos del conjuro salir de la propia mano del mago en vez de la varita. - Sin varita quiero decir, por un momento parecías Spiderman con su telaraña.
- ¿Spiderman? - lo cuestionó el mago, claramente sin entender.
- Nada, nada, un chiste malo – rio él mientras empezaba otro Donut. - Pero en serio, ¿como lo haces?
- Es magia sin varita, Danny – le explicó éste mientras se sentaba en otra silla en frente suyo. - La magia se encuentra en el interior y alrededor de cada mago, no en la varita, éstas son solo un catalizador que nos ayuda a controlarla como y cuando queremos.
- Por eso los niños pueden hacer magia pero no la controlan – concluyó él, dándole un sorbo a su café. - Pero si se puede hacer magia sin varita, ¿no seria más practico aprender a controlarla sin éstas?
- Es mucho más difícil controlar la magia sin una varita – prosiguió el mago. - Pocos magos pueden hacerlo y los hechizos más complejos siempre necesitan de al menos una.
- Así que pocos magos pueden hacerlo pero no es la primera vez que te veo hacerlo y a ti no parece costarte – comentó él, mientras se lamia el azúcar de los dedos, le encantaban los Donuts. - Me robaste las llaves así el otro día.
- Es solo uno de mis múltiples talentos – presumió el moreno con una mirada altiva mientras se terminaba el café. - Deberías cambiarte, llegaremos tarde.
- ¿Cambiarme? - se miró las ropas que llevaba, pantalón largo, camisa blanca y corbata negra a juego con los zapatos, un look a su parecer muy profesional. - Voy perfecto.
- Vas vestido de muggle – elaboró Steve. - No es necesario, no estamos de incógnito.
- ¿Incógnito? ¿De que hablas? Voy de muggle porque soy un muggle, Steve – le dijo él, levantando una mano para frenarlo cuando el mago estuvo a punto de insistir. - Soy un detective muggle y voy vestido como todo profesional de mi ramo debería.
- No eres un muggle Danny, eres un mago, y esa forma de vestir no es la adecuada para nuestro mundo.
- Soy un muggle que a veces ve cosas mágicas, no un mago – insistió él. - No tengo intención de lucir como un mago porque no lo soy, estoy orgulloso de ser un muggle y de tener un mínimo de buen gusto al vestir.
- ¿Que quieres decir con eso? - contraatacó Steve con una sola ceja alzada.
- Dices que mi ropa no es la adecuada para tu mundo, de acuerdo, lo acepto. Sigue siendo mil veces mejor que eso que llevas puesto - le respondió señalando la túnica violeta larga que el mago llevaba encima de unos pantalones y camiseta del mismo color. - Eso, eso es ir ridículo Steve. Ademas ésta es mi corbata favorita, me la regaló Grace por el día del padre. Así es como un buen detective debería lucir siempre, esto es ser profesional.
- ¿De verdad?
- De verdad.
- ¿Las migajas de Donut van incluidas o son un toque personal? - se burló él, Danny se sacudió la camisa sin decir nada más. - Mira, lo único que digo es que nunca vas a encajar en el mundo mágico si vistes siempre como un muggle.
- ¿Quien dice que quiera encajar? No quiero encajar, Steve – rebatió él. - Ya te lo he dicho, soy un muggle y estoy orgulloso de ello, no tengo la más mínima intención de convertirme en un mago - dijo y al ver como el mago ponía los ojos en blanco decidió continuar. - Tengo 87 casos de homicidio resueltos satisfactoriamente luciendo este aspecto.
- No en un entorno mágico, Danny – insistió el mago. - Sólo digo que con ese aspecto vas a destacar en muchos de los lugares a los que vayamos, los magos te van a tomar por muggle y por un blanco fácil vayamos donde vayamos.
- Me parece perfecto – contraatacó él. - Que me infravaloren es una ventaja para mi, ya se arrepentirán de haberlo hecho cuando se encuentren con una bala entre ceja y ceja.
- No hablo sólo de los delincuentes – enfatizó el moreno. - Vayas donde vayas de nuestro mundo vas a llamar la atención vestido así.
Danny suspiró. Esa discusión no tenia ningún sentido y no los iba a llevar a ninguna parte, los dos eran demasiado testarudos para ceder y estaba claro que ambos tenían unas ideas muy claras de lo que era apropiado y lo que no. Lástima que estuvieran en polos opuestos.
- No voy a vestirme como mago Steve, y si es un requisito para el trabajo dímelo y me vuelvo a Scotland Yard – le dijo medio bromeando, medio en serio. - Solo déjalo, ¿de acuerdo?
El mago le echó una mala mirada pero no dijo nada más. Se levantó y se puso enfrente del Pensadero. Con un pase de varita la tapa de cerámica apareció gradualmente en su sitio, ocultando el contenido y la luz blanca de la vista. Una vez cerrado el mago lo levantó y lo guardó en un mueble del salón, haciendo un pase con la varita al cerrar que hizo brillar la puerta de azul por un momento. Luego se dejó caer de nuevo en la silla.
- ¿Eso era un recuerdo de tu padre? - le preguntó con toda la diplomacia que pudo. - Siento haber aparecido allí Steve, me caí dentro sin querer – se disculpó. - Ni siquiera sabia que eso era posible.
- Tranquilo Danny, no pasa nada – recibió en respuesta.
Pero si que pasaba. Los magos eran unos masoquistas y Steve en especial lo era el doble que los demás. No podía ser sano eso de visitar los recuerdos y momentos íntimos de un ser querido, sobretodo si éste había fallecido de la forma violenta en que lo había hecho su padre. Miró a su alrededor. La sala era prácticamente la misma que la que vio en ese recuerdo, sólo había sutiles diferencias, algunos muebles de menos y algunas fotos de más. Esa casa estaba detenida en el tiempo. Abrió la boca para decirle algo al respecto a Steve, cómo que no debería de hacerse eso a si mismo, que dejara que fuera alguien más quien investigara en esos recuerdos. Pero no pudo. Algo en el monologo que había oído en el Pensadero lo detuvo. Algo pasó en esa casa mucho antes de que apareciera Víctor Hesse. Algo hizo que un auror determinado como McGarrett renunciara a sus hijos, sus dos únicos hijos y los mandara lejos, fuera del país por lo que leyó en su informe cuando lo investigó. Recordaba haberse sorprendido en aquel entonces de que un padre decidiera deshacerse de sus hijos de ése modo, no pudo evitar pensar lo peor del hombre en ese momento, por muy víctima que fuera. Ahora veía que se había precipitado en juzgarlo. Algo sabía John, algo peligroso que le hizo mantener a Steve y a su hermana lejos de él y del país. Algo que quería que Steve descubriera.
- ¿Has conseguido algo de los recuerdos? - le preguntó, intentando dejar a un lado sus emociones y centrarse en los hechos.
- Más preguntas que respuestas, son recuerdos mezclados sin ningún sentido – respondió Steve. - Algunos ni siquiera son de mi padre, no se de quien son y ni siquiera me puedo imaginar como los consiguió. No es fácil obtener los recuerdos de alguien si ésta persona no lo desea.
Danny ni siquiera sabia como se obtenían los dichosos recuerdos pero podía verle su utilidad, sobretodo en su trabajo. Aunque un recuerdo era más bien una visión subjetiva de un hecho, el poder ver el momento tal y como esa persona lo percibió seria de inmensurable ayuda en una investigación.
- ¿Has hablado con Chin? - le preguntó Steve. - ¿Han encontrado algo en el acantilado?
El acantilado por donde había caído Víctor Hesse tras su pelea con Steve no constaba en ningún mapa, no en ninguno normal al menos. Chin le había explicado que una parte de ese territorio estaba protegido porque allí vivían ciertas especies de criaturas mágicas que se consideraban en peligro de extinción y, como tal, toda la zona era restringida y estaba bajo la protección del Ministerio. En la practica se resumía en que no podían usar recursos muggles ni enviar patrullas a peinar la zona en busca del cuerpo del asesino, la búsqueda estaba a cargo del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, con algún auror de apoyo. Era un proceso lento y hasta el momento no había dado buenos resultados.
- He hablado con él y él con el Departamento correspondiente – le dijo desviando la mirada y inspirando profundamente antes de darle la mala noticia. - Aun no han encontrado el cadáver de Víctor Hesse.
El mago gruñó y se cubrió los ojos con las palmas de las manos, apretando como si quisiera quitarse los ojos.
- Eso no quiere decir que no lo vayan a encontrar – continuó él, negándose a perder la esperanza y a dejar que su compañero la perdiera.
- ¿Y si aun esta vivo? - preguntó Steve, apartando las manos y mirándolo directamente.
- Le diste de lleno, ¿verdad? - le interrogó él, inclinándose para apoyar una mano en el brazo del mago.
- Dos veces, dos Sectusempra, uno cerca del cuello – le respondió Steve completamente seguro. - Lo vi sangrar antes de caer.
- Es comida de criatura mágica, ¿de acuerdo? - le dijo apretando levemente su brazo, intentando infundirle esperanza de alguna forma. - Todo el Departamento de Regulación Y Control de Criaturas Mágicas y aparentemente el mismo Jefe de Aurores son conscientes de que se trata del asesino de un auror veterano. Tienen a gente 24 horas al día, los siete días de la semana – enfatizó, recordando a Chin diciéndole exactamente lo mismo a él el día anterior cuando lo llamó para informarle. - Encontrarán el cuerpo de Hesse.
Steve pareció dispuesto a seguir discutiendo pero entonces oyeron un sonido proviniendo de una ventana. Había una lechuza con una carta en el pico esperando en la ventana. El mago se levantó para recoger la carta y el ave se fue volando. Steve abrió la carta al instante, frunciendo el cejo antes de mirarlo de nuevo.
- Avisa a Chin y a Kono, tenemos un nuevo caso.
- La victima secuestrada se llama Roland Lowry – empezó a explicarle el auror, de nuevo des del asiento del piloto de su Camaro. - Su coche fue golpeado y volcado hace una hora.
- Espera, espera, espera – lo interrumpió él. - ¿Su coche? ¿No es un mago?
- Los magos también van en coches, Danny – debatió Steve, señalándose a sí mismo con una mano y luego a su alrededor, como englobando el coche.
- Tu no cuentas, sólo lo haces porque te gusta robarme las llaves y fastidiarme – insistió él.
-¿Quien es el que necesita un pase mágico a las oficinas? - le preguntó él con retintín. - Te ofrecí llevarte apareciendo o incluso usar la Red Flu pero te negaste.
- Si, me negué – reconoció él. - Me negué porque me gustaría no empezar el primer día de la semana quemándome entre llamas verdes o congelándome en el túnel dimensional que usáis los magos para apareceros.
- Como iba diciendo… - prosiguió Steve, ignorando su ultimo comentario. - Su coche fue atacado en mitad de una de las calles más frecuentadas de la ciudad, hubo intercambio de conjuros y el resto de los ocupantes fueron asesinados. Todo ocurrió a plena luz del día.
- No es que no esté impresionado, ¿pero por que nos ocupamos nosotros del caso y no la Oficina de Aurores? - preguntó él, sin entender aún por que ese caso era jurisdicción de su departamento.
- Uno de los ocupantes fue muerto con un arma muggle – explicó el mago.
- De acuerdo, ahora veo el porque – asintió él. - ¿Dices que fue a plena luz del día? Me parece un poco exagerado para secuestrar a una sola persona, por mucho que se trate de un mago - insistió él mientras se giraba a ver a su compañero.
- Lowry no es un mago cualquiera, es un ex-Inefable – le dijo Steve dedicándole una mirada fugaz. - Supongo que no te suena de nada ese titulo, ¿no?
- Pues no – confirmó él mientras repasaba mentalmente lo poco que sabia del mundo mágico.
- Los Inefables son magos altamente cualificados que trabajan en el Departamento de Misterios del Ministerio – le explicó con tranquilidad el moreno, como si realmente no le molestara tener que explicarle cada ínfimo detalle de su mundo a Danny. - Nadie sabe exactamente que hace un Inefable pero para todos es sabido que trabajan en áreas aun desconocidas de la magia, hay rumores de que estudian como controlar con precisión fenómenos como el tiempo, los pensamientos, la muerte o el amor.
- ¿El amor? - no pudo evitar reírse Danny, eso era absurdo. - ¿Y que es lo que hacen? ¿Se dedican a cuchichear sobre romances ajenos?
Ante eso, Steve lo miró seriamente, desviando totalmente los ojos de la carretera y poniéndole los pelos de punta con su imprudencia.
- El amor es una de las magias más poderosas, Danny, no es motivo de burla – lo regañó con expresión severa. - Se cree que el primer y único mago que sobrevivió a la Maldición Imperdonable Mortal lo hizo gracias a una magia de protección antigua invocada por el amor que le profesaba su madre - insistió el mago. - Muchos conjuros de protección se basan en vínculos familiares y emocionales, y cuanto mayor la relación más fuerte es la protección.
- De acuerdo te creo, ¡ahora haz el favor de mirar por donde conduces! - le contestó él alterado, una mano agarrándose al sillón inconscientemente.
- Siguiendo con lo que estaba diciendo antes de que me interrumpieras de nuevo... – prosiguió el moreno poniendo los ojos en blanco antes de volver a mirar hacia el frente como si nada. - La victima del secuestro es un ex-Inefable por lo que posee conocimientos y secretos muy peligrosos que podrían elevar este caso al nivel de amenaza a la seguridad nacional mágica.
- De acuerdo – musitó él, intentando calmar los nervios que ese lunático había alterado con su despreocupación al volante. - ¿Que fue exactamente lo que te dijo la Primera Ministra que hiciéramos al respecto?
- Sólo dijo que lo encontráramos – sentenció él.
Danny no dijo nada más al respecto, reflexionando sobre la nueva información que acababa de recibir y la inesperada respuesta del mago a su broma. Lo miró de reojo. En algún momento había hecho desaparecer la túnica y había cambiado el color de su ropa de forma que iba vestido como una persona normal, sin nada que delatara lo lejos de la palabra normal que se encontraba en realidad. Su expresión era seria como siempre y parecía concentrado en algo, probablemente en el caso. Si lo hubiera visto por la calle, sin conocerlo, lo habría tomado por un tipo duro, uno de esos que en el fondo son buenas personas pero que van de machotes por la vida. Daba el perfil de un militar, tal vez un Marine, alguien de cierto rango en la milicia. Oírlo hablar del amor y defendiéndolo como si fuera lo más normal del mundo era, como mínimo, chocante.
No era que Danny no pensara que el amor era poderoso, él mismo había hecho y hacia locuras por ese sentimiento, primero con Rachel y luego con Grace. Al fin y al cabo estaba viviendo en esa condenada isla sin sol ni sentido común sólo por su hija, sólo por las pocas horas semanales que su ex le permitía verla. Su ex-mujer, la que una vez fue la persona que más amaba y la que él creyó era la que más lo amaba a él.
Si, el amor era poderoso pero también podía ser inconstante y peligroso. Danny era muy consciente de ello.
La zona estaba sumida en el caos. Había policías cortando el carril afectado y redirigiendo el transito y los peatones, sin acercarse a la zona y sin siquiera mirarla, como si no pudieran verla. No había curiosos, ni periodistas y la gente que pasaba por allí simplemente daban un rodeo sin detenerse ni ver nada aunque miraran directamente hacia la zona del accidente; los ojos desenfocados. Había una furgoneta blanca con la parte frontal chafada y un coche negro volcado completamente, los cristales rotos y las puertas arrancadas. En el suelo habíados cadáveres, ambos vestidos con traje y corbata pero al menos uno de ellos tenia una varita en el suelo a pocos centímetros de su mano, un buen indicio de que probablemente era un mago.
Varios magos se encontraban alrededor del lugar, un ojo puesto en los policías dirigiendo los coches y otro, al parecer, en mantener un hechizo en forma de cúpula alrededor del lugar. No era un hechizo de protección como los que Danny había visto antes, éste era de otro color y "textura", para definirlo de alguna forma. Le recordaba a la sensación de espacio distorsionado del campo de Quidditch, la misma apariencia acuosa en movimiento, pero en este caso podía ver perfectamente lo que había del otro lado, además de unas curiosas formas de color amarillo moviéndose constantemente por la cúpula, como barcos de papel flotando levemente en un rio.
- Hola Danny – oyó la voz de Chin a su espalda, sacándole de su ensoñación. - ¿Contemplando el paisaje?
- Ey Chin – respondió él con una sonrisa, girándose para saludarlo a él y a Kono. - El hechizo realmente, no se exactamente que es pero parece complejo, es casi… hipnótico.
No pudo evitar desviar la mirada de nuevo a las corrientes amarillas, el color le recordaba a los escudos de protección pero la forma era totalmente nueva.
- ¿El hechizo? - oyó preguntar a Kono, se giró para explicarse pero antes de que pudiera decir nada Steve los vio y se acercó a ellos desde el otro lado de la cúpula.
- Chicos, me alegro de veros – los saludó asintiendo con la cabeza. - Manos a la obra, vamos.
Danny puso los ojos en blanco por un segundo ante la inconfundible expresión de satisfacción de Steve. El tipo podía ser de los buenos pero estaba claro que disfrutaba con eso, con la incógnita y el rompecabezas a resolver. Danny observó con exasperación como pasaba por el lado de los aurores casi ignorándolos, parándose sólo un instante para identificarse y tomar el control de la situación. Después vio a Chin saludando a uno de los aurores sólo para ser completamente ignorado por éste, la expresión de tristeza de su amigo lo enfureció.
- Vamos Chin – le dijo suavemente al pasar por su lado, una mano en su brazo y empujándolo sutilmente lejos del maleducado auror. - No le hagas ni caso, ¿de acuerdo?
- Lo se Danny, y me lo esperaba, es solo… - le respondió éste también en un murmullo. - Yo entrené a ese auror cuando era un novato, ¿sabes? Y ahora ni siquiera es capaz de mirarme a los ojos.
- No te calientes la cabeza con eso, Chin – le aconsejó, apretando con más fuerza su brazo en un intento de controlar su propia frustración. - No vale la pena, no por gente así.
Chin asintió aun con expresión abatida y sumido en sus pensamientos, Danny levantó la mirada y se cruzó con los ojos atentos de Kono. Ésta se acercó a su primo y, tras otra mirada fugaz hacia él y una pequeña sonrisa, le sacó un nuevo tema de conversación a Chin, probablemente intentando distraerlo. Sólo pudo escuchar algo de una graduación antes de oír la voz impaciente de McGarrett apremiándolos.
- Chin, Kono, quedaros en coche de Roland y comprobad si tiene algúndocumento de alguna compañía de protección mágica, es muy posible que las victimas fueran guardaespaldas. Luego comprobad si tiene algún hechizo de rastreo, de protección o cualquierindicio que pueda indicarnos como pudo un coche mágico ser arrollado así – les ordenó sin girarse. - Danny y yo vamos a centrarnos en la furgoneta.
Siguió al Mago Golpeador hasta el vehículo en cuestión, parando un momento al lado de una de las victimas. Era un hombre de un metro setenta aproximadamente de alto y a simple vista no parecía muy corpulento, lo que no era precisamente lo que esperaría de un guardaespaldas, si la teoría de Steve era correcta. Iba vestido completamente normal, con traje de corbata e incluso una chaqueta a juego pero la punta de una vara de madera asomaba por la manga derecha. El hombre tenia cara de sorpresa y un agujero de bala en la frente y otro en el pecho. La primera hipótesis que le vino a Danny a la cabeza fue que se trataba de un mago que había sido sorprendido y muerto antes de que pudiera reaccionar, por eso la varita estaba medio escondida, como si su usuario la hubiera intentado utilizar pero sin darle tiempo.
Levantó la mirada y localizó a Steve agachado estudiando un objeto del suelo. Se acercó a él y vio el casquillo de una bala, pero no una cualquiera. Danny no era ningún experto en balística pero el diseño de esa bala era muy característico, al menos en su profesión.
- Creo que es una SS-190 – le dijo a Steve mientras recogía la bala con una mano enguantada y la ponía en una bolsa de pruebas para mandar al laboratorio de balística. - Es munición que se utiliza para perforar chalecos antibalas, Steve, y no es fácil de conseguir puesto que esta controlada.
El mago asintió mientras se incorporaba y le echaba un ojo al coche volcado desde allí. Tenia una expresión seria y concentrada en el rostro.
- Esta claro que los atacantes iban preparados para todo, y si llevaban este tipo de munición debe ser porque probablemente contaban con que seria necesaria – comentó el moreno. - Estoy casi seguro de que las victimas eran guardaespaldas y magos especialistas, probablemente contratados exclusivamente para ésta operación.
- Esta claro de que no es trabajo de aficionados – contestó él, sentándose en el asiento del copiloto y buscando en la guantera.
- ¿Que has deducido? - le preguntó el mago, centrando su atención en él de nuevo.
- La furgoneta es muy probable que haya sido robada en los últimos dos o tres días, cuando lleguemos a la oficina consultaré la matricula con la base de datos de la policía – le informó él, una clara imagen de la situación formándose en su cabeza. - Tenemos dos cadáveres, probablemente magos, de guardaespaldas que escoltaban a nuestro hombre y aun así ha sido secuestrado contra todo pronostico – prosiguió él. - Munición de armas anti-chalecos y la furgoneta ha sido abandonada, ocurriendo todo a plena luz del día, en una calle transitada y llena de testimonios. Esta claro que es un secuestro a sangre fría muy bien planificado.
- Buena teoría – musitó McGarrett. - ¿Puedes mandar la matricula directamente a tu comisaria para que lo comprueben?
- ¿Ahora? - le preguntó él pero el mago ya no lo escuchaba.
- Chin, Kono, ¿habéis encontrado algo? - los llamó Steve mientras se acercaba al jeep volcado.
Danny suspiró y sacó el móvil, le hizo una foto a la matricula y se la mandó a Peter, pidiéndole si podía comprobarla por él. Con un poco de suerte su amigo vería el mensaje pronto y le confirmaría sus sospechas. Podría haberlo llamado pero no sabia si sus antiguos compañeros estaban trabajando en algún caso nuevo en esos momentos y no quería distraerlos por algo simple que él mismo podía averiguar más tarde si no fuera por la impaciencia de su jefe.
Se acercó a sus actuales compañeros a tiempo de ver a Steve lanzar un conjuro al coche, con Kono observándolo fascinada. Esperaba que la novata no desarrollara alguna admiración excesiva por McGarrett y sus métodos, con solo uno de ellos en el equipo tenían más que suficiente.
- ¿Donde está Chin, Kono? - le preguntó al llegar a su lado mientras Steve seguía murmurando palabras incomprensibles en voz baja, agitando la varita y haciendo brillar el coche de diferentes colores.
- Al parecer hay cámaras de seguridad en las tiendas y semáforos de esta calle – le comentó ella mientras le sonreía casi tímidamente. - Ha ido a conseguir las grabaciones.
Danny asintió y juntos observaron a Steve trabajar sin tener la mas mínima idea de lo que el mago estaba haciendo. O al menos él, Kono posiblemente conocía esos conjuros, seguro que eran cosas de aurores.
- Danny – oyó de nuevo la voz de la chica, se giró a verla. - Mira, solo quería agradecerte el apoyo que le estas dando a Chin con todo el asunto de los otros aurores.
- Kono no, no me lo agradezcas, no eso – se negó él. - Chin es un buen amigo mio, solo lamento no poder hacer más por él.
- Has hecho y haces más por él de lo que tu mismo te das cuenta – respondió ella. - Chin no es solo mi primo, es uno de mis mejores amigos y ver como lo tratan sus antiguos compañeros a veces es superior a mi – le confesó la bruja, cerrando los puños. - Después de que nuestra familia lo dejara de lado pasó lo del robatorio en el Departamento de Misterios y cuando él fue acusado ni uno solo de sus compañeros o amigos lo defendió, le dieron la espalda sin pensárselo dos veces.
Danny sintió una oleada de furia recorrerle el cuerpo. Desvió los ojos hacia los magos que aun mantenían la cúpula que los mantenía lejos de la vista de la gente normal. Ni uno solo de ellos los estaba mirando pero todos estaban en tensión y le pareció ver a alguno con expresión rencorosa. Suponía que el hecho que una novata, un muggle y un auror que ellos mismos habían menospreciado tuvieran ahora autoridad sobre ellos los ponía furiosos. Que se jodieran, todos y cada uno de ellos.
- Chin se encontró de golpe sin familia ni amigos, a parte de mi claro – continuó la bruja. - Y no ha sido capaz de confiar en nadie desde entonces, o al menos hasta que tu apareciste. No sólo lograste convertirte en su amigo de la noche a la mañana sino que de alguna forma le devolviste su trabajo y su dignidad, y una oportunidad para demostrar a esos imbéciles cuan equivocados están sobre él.
- Ya se lo dije a Chin, fue cosa de Steve añadirlo al equipo y no mía – protestó él sin entender de donde sacaban esa conclusión. - Además Chin es un buen hombre, uno de los mejores, y me ha ayudado mucho más de lo que yo nunca podría ayudarlo.
- Creo que te infravaloras Danny, y mucho – lo regañó ella con expresión seria.
- No soy más que un muggle, Kono – respondió él. - Comparado con lo que vosotros hacéis supongo que soy insignificante.
- Nadie es insignificante, sin importar dónde o de quien nazca – sentenció ella.
Iba a seguir protestando, insistir en que no merecía esos halagos, que solo hizo lo que cualquier otra persona habría hecho y que Chin se merecía eso y mucho más, cuando Steve paró de lanzar hechizos y se dirigió hacia ellos con expresión pensativa.
- ¿Has encontrado algo? - le preguntó él cuando el mago llego a su lado.
- El coche tiene un hechizo de rechazo anti-muggle que debería haber impedido que cualquier muggle al volante chocara accidentalmente contra él – explicó él. - También tenia una fuerte barrera anti-magia que habría detenido cualquier tipo de conjuro o hechizo ofensivo, e incluso habría reaccionado ante otro coche mágico. Teóricamente esto no debería de haber pasado.
- Si no fuera porque ha pasado – suspiró Danny - ¿Que hace exactamente el conjuro de rechazo? - preguntó, valorando las opciones.
- Pues eso precisamente, cualquier muggle conduciendo demasiado cerca por error inevitablemente corrige su rumbo o velocidad inconscientemente, manteniendo un perímetro seguro al lado del coche. Supongo que se podría considerar un tipo de magia de sugestión mental.
- ¿Y si no hubiera sido un error? - insistió él. - No se bien como funcionan estos conjuros pero por lo que dices es una protección para conductores normales. ¿Haría algún efecto en un conductor que tuviera la clara intención de chocar con el jeep?
- No debería de ser posible esa situación, Danny – contestó Kono. - Incluso con la intención de chocar un muggle no podría acercarse más allá del perímetro de seguridad.
- Salvo que lo obligaran mágicamente – musitó Steve. - Un muggle controlado bajo una Imperio y obligado a chocar directamente no seria afectado por la restricción puesto que ninguna sugestión es más poderosa que la de ese Hechizo Imperdonable.
Un Hechizo Imperdonable. ¿Que les ocurría a los magos con los nombres dramáticos? Preguntaría que eran esos hechizos pero temía una respuesta estúpida como "Los Hechizos Imperdonables son hechizos que no pueden ser perdonados" y decidió moderar su curiosidad.
- ¿No habría sido más sencillo que fuera un mago al volante?
Los otros dos lo miraron sorprendidos, como si esa posibilidad nunca les hubiera cruzado la mente.
- Supongo que teóricamente seria posible – murmuró Kono.
- ¿Pero? - insistió él, sin entender su reticencia.
- Pero ningún mago se rebajaría a conducir un simple coche muggle – respondió McGarrett arrugando la nariz como si acabara de oler algo desagradable.
- ¡No me lo puedo creer! - exclamó él, incrédulo. - ¿Y eso me lo dices tu? ¡Estas todo el maldito día conduciendo mi coche! ¡Mi simple y muggle coche!
- Es diferente – protestó el mago.
- ¿En que exactamente? - lo interrogó él.
Por un momento el mago pareció dispuesto a decir algo para detenerse a si mismo, tal vez sin saber como responder a esa pregunta. Justo en ese momento el móvil de Danny vibró en su bolsillo, indicando que había recibido un mensaje. Lo sacó y vio que Peter le había respondido.
- La furgoneta fue robada hace un par de días – explicó a los magos. - Los propietarios pusieron una denuncia. Podríamos enviar a alguien a preguntarles sobre el robatorio pero dudo que logremos nada que nos sirva para éste caso, probablemente solo sería una pérdida de tiempo.
- Mandaré a algún auror – asintió Steve, a lo que Danny y Kono intercambiaron sonrisas satisfechas. - Tenemos que contactar con la compañía de seguridad mágica para averiguar a donde se dirigía este coche.
- Tengo algo más, chicos – dijo Kono, señalando un móvil que al parecer había sacado del coche. - Creo que es el teléfono de Roland. La ultima llamada que realizó fue a las seis de la mañana. Fue una video llamada.
- Esa fue la misma hora en la que fue secuestrado – recordó Danny. - ¿A quien iba dirigida esa llamada?
- A su hijo, Evan – respondió Kono, mirándolos a los dos sucesivamente, como si no supiera que hacer con esa información.
- Parece que tenemos un testigo – fue la única respuesta de Steve.
Danny no pudo evitar desviar su atención hacia el Mago Golpeador. Un hijo que estuvo al teléfono en el momento preciso y pudo presenciar como su padre era herido y capturado. Se parecía demasiado a la situación por la que Steve pasó cuando su padre fue asesinado. Intentó determinar si el mago estaba afectado por la similitud pero el rostro de éste era una máscara de indiferencia y seriedad. Más de lo habitual. Maldita sea. Esperaba que como mínimo el hijo de Roland fuera mayor que Grace porque sino serian dos los miembros del equipo comprometidos emocionalmente con el caso en vez de sólo uno.
Lo primero que hicieron al llegar al Departamento fue buscar toda la información posible pertinente a Roland Lowry. La mesa de la sala grande era en realidad un ordenador táctil desde donde podían dirigir cualquier información a las múltiples pantallas planas de diferentes tamaños esparcidas por la sala. Además la mitad de la mesa tenia un compartimento oculto que una vez abierto revelaba un contenedor metálico en forma de bol con un liquido claro y brillante en constante movimiento. La primera vez que lo vio no supo identificar que era ni cual era su función pero después de esa mañana era capaz de identificar un Pensadero en cualquier parte.
En las pantallas la imagen de un hombre que aparentaba unos treinta años sonreía desde diferentes imágenes en movimiento, repitiendo una secuencia de acciones de pocos segundos en un bucle infinito. Según su base de datos Roland fue un estudiante prodigio en Hogwarts, se especializó en creación avanzada de hechizos y contra-hechizos en la Academia de Harvard, a lo que Danny se preguntó si seria la misma que todo el mundo conocía o si simplemente tenia el mismo nombre, y casi inmediatamente entró en el Ministerio en un alto cargo con apenas veinte años de edad. Ascendió rápidamente y en tres años ingresó como el Inefable más joven de los últimos veinticinco años. No había registro de lo que había hecho allí, lo que corroboraba lo que Steve le había contado de los Inefables y su secreto trabajo, pero si que mencionaba su matrimonio con Chelsea Lowry y el nacimiento de su hijo Evan. Encontraron una foto del matrimonio con un bebe en brazos pero no lograron encontrar ninguna más reciente. Sabían que Evan ya tenia dieciséis años pero no había nada en la base de datos referente a él o su madre a parte del nombre y esa fotografía. La búsqueda en las bases de datos de la policía y las redes sociales no les dieron ningún resultado, lo que era de esperar al tratarse de un mago.
Steve había mandado a un auror a investigar el robatorio de la furgoneta y a otro a recoger a Evan Lowry a su casa y llevarlo hasta su oficina mientras ellos recopilaban toda la información posible. Kono estaba en su despacho, analizando el móvil de Roland en busca de familiares o amigos que pudieran darles algún indicio de a donde se dirigía el ex-Inefable en el momento del secuestro. Chin aun se encontraba localizando las grabaciones de seguridad de la escena del crimen y él y Steve se encontraban en la sala principal de las oficinas cuando oyeron a alguien llamar a la puerta de su Departamento.
- ¿Esperamos a alguien? - preguntó él con falso humor.
- Debe de ser el hijo de Roland – respondió el mago levantándose del asiento.
- Se llama Evan, Steve – lo corrigió él también levantándose y dirigiéndose a la puerta – Sólo es un crío así que más te vale comportarte con él entendido.
Una vez dicho eso se dispuso a abrir la puerta de entrada cuando el mago lo detuvo. Se giró para preguntarle porque lo detenía pero éste lo ignoró y se acercó hasta la pared, al lado de la puerta y dio dos golpes con la varita. Ese trozo de muro de golpe se volvió transparente como el cristal y pudieron ver a un hombre de mediana edad, probablemente mayor que ellos con la mano en el hombro de un adolescente tembloroso de ojos enrojecidos y asustados. Steve volvió a golpear en el mismo lugar, solo un golpe, y la pared volvió a ser solida y compacta.
- ¿Realmente era necesario? - preguntó él poniendo los ojos en blanco.
- Protocolo de seguridad, Danny – respondió el Mago Golpeador antes de abrir la puerta y saludar al chico y al mago.
Evan era un chico delgado y alto, ojos desorbitados, clara expresión de terror en el rostro y por el aspecto estaba claro que no había dormido o comido nada desde la llamada de la mañana. A Danny no le extrañaba en lo mas mínimo. Por lo que sabían había sido él mismo quien había llamado al servicio de emergencias para avisar del secuestro de su padre y en la llamada había dicho haber visto rayos de colores golpear la puerta del coche y haciéndola volar por los aires. Fue esa llamada y esa particular descripción la que había llamado la atención del Ministerio en primer lugar y el motivo por el que habían enviado aurores tan rápidamente. Que los magos fueran capaces de escuchar las conversaciones telefónicas de, como mínimo. el servicio de emergencias no era muy prometedor precisamente pero en esos momentos eso era lo de menos. Lo que Danny no entendía era porque Evan, el hijo de un mago, había llamado precisamente a ese numero. ¿Por que llamar al servicio de emergencias cuando habría sido mejor avisar a los aurores directamente?
- ¿Evan? - lo llamó con toda la delicadeza que pudo, intentando no asustarlo más. - Soy el Detective Daniel Williams y éste es mi compañero Steve McGarrett – se presentó, señalando con la cabeza a Steve al mencionar su nombre. - Estamos investigando la desaparición de tu padre y nos ayudaría mucho si pudieras responder a alguna de nuestras preguntas.
El muchacho fijó sus ojos en él, los desvió un momento para observar a Steve y al auror, del cual no sabia el nombre aun, sólo para volver a fijarse en él. Lo miró de arriba a abajo y soltó lo que pareció un suspiro de alivio antes de mirar de reojo a los otros dos.
- ¿Es un Detective? - le preguntó en voz baja. - ¿Uno de verdad?
Danny cruzó miradas con Steve por un momento, el mago con expresión seria y un poco confundida, antes de volver a mirar al chico y asintió. Pudo ver como Evan soltaba un suspiro de alivio y se acercaba un poco hacia él, lanzando miradas asustadas a los dos magos.
- ¿Puede explicarme que esta pasando aquí? - le preguntó aun en un murmullo. - ¿Quien son esta gente?
- ¿Que quieres decir? - lo instó él, aun sin entender el problema.
- ¿Por que llevan esas ropas tan ridículas? ¿Y como hacen esas cosas? - prosiguió el chico, agarrándole un brazo y temblando. - Estaba en casa y de golpe apareció éste hombre, dijo no se que de un ministerio y de mi padre y cuando me quise dar cuenta me había agarrado del brazo y aparecimos aquí. - exclamó Evan, claramente empezando a tener un ataque de pánico. - Fue casi como… como si fuera…
- Magia – respondió él, entendiendo de golpe lo que estaba pasando allí.
Se fijó en las ropas del adolescente y en su posición corporal, eran completamente normales y acorde a la moda usual para su edad y al clima. Además no parecía incomodo con esa ropa como había visto a mucha gente al llevar ropa que no era la usual, sobretodo en magos intentando pasar por muggles. Incluso Steve lucía diferente con ropas de mago, más relajado y confortable. Lo miró, evaluando la túnica morada que había aparecido de nuevo al mismo instante de cruzar la puerta del departamento, probablemente debido a los conjuros anti-magia que había en ésta. El auror llevaba el uniforme de túnica azul que había visto llevar a todos los oficiales, con sombrero de punta a juego. Los dos lucían ridículos incluso para él que ya se había acostumbrado, para cualquier otro parecerían dos lunáticos. Cualquiera normal, de su mundo vaya, cualquier muggle. Y al parecer Evan lo era.
- Tienes razón Evan, lucen completamente ridículos con esas ropas, yo pienso igual que tu – le dijo con una sonrisa. - Pero te aseguro que son buenas personas y que estas a salvo aquí. Yo soy policía y Steve, bueno, él es algo parecido.
Puso una mano en el hombro del chico, solo apoyándola allí, sin ejercer presión. Estaba claro de que ese muchacho no sabía nada de la magia ni de los magos y brujas ni de su mundo. No entendía cómo podía ser posible pero aun comprendía menos como nadie lo había notado. ¿Por que no habían encontrado información al respecto? ¿Y como demonios se le ocurría a un auror traer a un niño no mágico a su mundo apareciendo sin previo aviso?
- ¿Te ha explicado el auror...? - se interrumpió a si mismo mientras miraba al mencionado, cuestionándolo con la mirada.
- Donovan - respondió éste.
- ¿... el auror Donovan de lo que iba a hacer antes de traerte aquí? - acabó la frase, sospechando cual seria la respuesta.
- Dijo algo de una investigación y de que iba a apare… algo, pero no entendí lo que quería decir – contestó el chico, claramente asustado.
Danny fulminó con la mirada al auror. Resumiendo el oficial prácticamente había secuestrado al chico, a un muggle sin conocimiento de la magia, y lo había aparecido sin previo aviso en sus oficinas. Probablemente ni siquiera había notificado a los tutores o adultos responsables del chico, los cuales no le extrañaría que estuvieran preocupados por él y pensando lo peor. Menuda incompetencia.
- ¿Tienes hambre, Evan? - le preguntó con una sonrisa, intentando tranquilizarlo. - Tenemos una cocina en el departamento, podemos hacerte un bocata o lo que te apetezca, ¿que me dices?
- Tendría que avisar a María antes, es nuestra ama de casa – protestó él. - Se suponía que ella iba a llegar a esta hora y si no me encuentra en la casa se preocupará. Me he dejado el teléfono en casa y no se como avisarla.
Justo lo que se temía, la pobre mujer probablemente estaría al borde de un ataque de nervios. No le cabía en la cabeza el poco sentido común de ese auror, ¿o tal vez ese era el procedimiento habitual? En ese caso algo estaba muy mal con el protocolo que usaban los aurores, ¡no se podía ir secuestrando chicos por allí con esa tranquilidad! Sacó su móvil, lo desbloqueó y se lo ofreció al chico.
- Puedes usar el mio pero por favor dejame hablar con ella primero para explicarle la situación – y dicho eso se apartó de la puerta para dejar pasar a Evan. - Pasa, te enseñare donde esta la cocina y mientras la llamas yo voy a tener un par de palabritas con el auror Donovan – empujó suavemente al chico del hombro antes de dirigirle una mirada fulminante al auror. - No se mueva de aquí. Steve, no dejes que se vaya.
- Por supuesto que no – respondió el Mago Golpeador con voz grave y posición corporal tensa, sus ojos furiosos clavados en el auror.
Acompañó a Evan a la cocina, lo acomodó en una silla y le ayudó con el teléfono hasta que pudo llamar a su Ama de casa. Habló con la mujer identificándose como el Detective Williams, explicándole lo sucedido con Roland y disculpándose por haberse llevado al chico sin comentárselo primero. La mujer como era normal estaba muy preocupada y enojada, exigiendo que devolvieran al chico y, a la vez, pidiéndole que hicieran lo posible para encontrar a Roland. Él le dio su palabra de devolverlo personalmente en una hora como mucho y le pasó el teléfono al joven. Sólo entonces lo dejó solo y volvió a la entrada, dispuesto a decirle cuatro palabras bien dichas al irresponsable auror. Cuando llegó vio que Steve ya le estaba echando la bronca por él.
- ¡… su superior y voy a hacer que no vuelva a pisar la calle en los próximos tres años! - le iba diciendo cuando él llegó, parecía realmente furioso.
El auror Donovan lucía verdaderamente incomodo y preocupado, medio encogido como si intentara inconscientemente huir de las palabras del Mago Golpeador. Colocó una mano en la espalda de Steve por unos segundos, logrando que éste detuviera su monologo y se girara a mirarlo, sus hombros relajándose levemente. Parecía un poco asustado de su posible reacción e incluso un poco avergonzado. Conociéndolo probablemente estuviera asumiendo la conducta del auror como su propia responsabilidad sólo porque él había sido el que había solicitado que trajeran al chico a las oficinas en vez de ir ellos a su casa.
- Auror Donovan, ¿puede explicarme exactamente que es lo que ha ocurrido? - le pregunto con voz serena, calentando motores.
- Tal y como se nos ordenó fui a la residencia de Lowry a recoger a su hijo para su colaboración con la investigación de su padre – explicó el auror en tono profesional pero lanzándole miradas furtivas a Steve. - Una vez accedió a ayudarnos lo traje con la aparición conjunta.
- ¿Le comunicó a algún tutor que se llevaba al chico? - insistió él.
- Por lo que me informaron su único tutor es su padre, el cual como bien sabe ha sido secuestrado esta mañana – se defendió Donovan. - Teniendo en cuenta que el chico es mayor de edad asumí que…
- ¡¿Mayor de edad?! - exclamó él. - ¡Solo tiene dieciséis años! ¿Como va a ser mayor de edad?
El auror se calló de golpe, mirándolo con confusión, como si no entendiera donde estaba el problema. Fue entonces cuando Danny recordó que ya no estaba en Jersey, donde la mayoría de edad era a los veintiuno, sino en Londres donde ésta era menor. Pero incluso allí no era hasta los dieciocho así que, aunque personalmente lo consideraba demasiado pronto, Evan seguía siendo menor de edad. A no ser que…
- No puede ser – musitó girándose hacia Steve. -¡¿No me digas que los magos tienen la mayoría de edad a los dieciséis?!
- De acuerdo, no te lo voy a decir – respondió Steve sin mirarlo.
- ¡Steven! - exclamó él, exasperado.
- ¡Me has dicho que no te lo dijera! - replicó él.
Estaba rodeado de críos, todos y cada uno de ellos. Cerró los ojos y se pellizcó el puente de la nariz con dos dedos, intentando contener su frustración. ¿Es que esos dichosos magos no hacían una a derechas?
- De acuerdo, dejando de lado el hecho de que los magos tengáis la mayoría de edad establecida en una edad donde las hormonas aun controlan al cerebro… - empezó, abriendo los ojos y soltando su nariz. - Lo que personalmente me parece la estupidez más grande que he oído hasta la fecha, justo después de poner armas potenciales en niños de solo once años y esperar que se comporten como adultos… - prosiguió antes de corregirse a si mismo, notando como se salia del tema en cuestión. - El hecho importante aquí es que por lo que he podido deducir en los cinco minutos que conozco al chico es que no es un mago. No amigos míos, Evan es un muggle y como tal seguirá siendo un menor de edad hasta que no cumpla los dieciocho – concluyó él. - De manera que al llevarse a un menor de su domicilio sin notificárselo a su tutor o a algún familiar básicamente ha secuestrado al chico.
El auror Donovan lo miraba con los ojos como platos y la boca abierta. Daba toda la impresión de no dar crédito a las consecuencias de sus acciones, posiblemente ni siquiera se había percatado de que el joven no estaba acostumbrado a la magia, a pesar de estar claro en cada palabra y acción de Evan. Se preguntó si el auror era estúpido o si sencillamente no había prestado la suficiente atención.
- ¿Muggle? - musitó al final, incrédulo. - ¡Pero es el hijo de un mago! ¡Y no esta registrado como squib en ningún informe! ¿Como iba yo a suponer…?
- No lo se, ¿tal vez preguntando? - contraatacó él con sarcasmo. - ¡O simplemente abriendo los ojos en vez de secuestrar a un joven asustado usando la maldita aparición!
Sintió la mano de Steve en su hombro y se giró para verlo, viendo comprensión y empatía en su mirada. Fue entonces que se dio cuenta de que inconscientemente había estado pensando en la posibilidad de que eso le pasara a Grace. De que un mago simplemente se acercara a casa de Rachel, pusiera su mano en el hombro de su hija y se la llevara con él. Ni Rachel ni Stan podrían hacer nada para detenerlos, en solo un instante cualquiera podía ser abducido sin rastro.
- Su superior va a recibir un informe de esto, agente – sentenció Steve. - Puede irse, ya nos ocupamos del chico nosotros.
El auror asintió y se apresuró en dirigirse a la chimenea, cogió unos polvos de un pote y desapareció entre fuego verde. Steve y él cerraron la puerta pero permanecieron unos instantes allí. Danny intentaba hacer desaparecer la bola ácida de terror que había aparecido en su estomago al pensar en Grace secuestrada y Steve aun tenia una mano en su hombro, mirándolo con atención.
- ¿Estas bien? - le preguntó en voz baja.
- Si, si – asintió él. - Es una tontería, es solo que por un instante me he sentido identificado con la situación.
- Quieres decir que pensaste en la posibilidad de que Grace fuera secuestrada por un mago de la misma forma, ¿verdad? - adivinó Steve a lo que él solo pudo asentir. - Oye, si quieres puedo poner una barrera protectora en su casa, o crear un amuleto de protección para ella.
- ¿Lo harías? - le preguntó, sorprendido por el ofrecimiento.
- Por supuesto, el amuleto seria una mejor opción, o tal vez un traslador de emergencia – le explicó el mago. - Aunque tardaré unos días en tenerlo. O si prefieres podemos podemos pedir uno hecho por profesionales para el departamento, no seria mala idea que todos tengamos uno por si acaso.
Danny no pudo evitar sonreír ante la idea de Steve solicitando al Ministerio de Magia un traslador para su hija y haciéndolo pasar por material para el departamento. La devoción que el mago parecía sentir por su hija, la cual aun ni siquiera conocía, era alentadora.
- Gracias Steve – le agradeció con sinceridad. - Luego lo hablamos, ¿de acuerdo?
- Claro – respondió éste con una media sonrisa. - Primero Evan, ¿estas listo?
- Estoy detrás tuyo compañero.
Kono se encontraba en la cocina con Evan, sentados ambos en la pequeña mesa y hablando en voz baja. Cuando los vio se levantó y les hizo una seña para que la siguieran al pasillo por un momento.
- He estado buscando algún numero repetido en los mensajes y las llamadas de Roland, como dijiste – empezó la auror dirigiéndose a Steve. - Y he encontrado a una tal Natalie Reed que al parecer es la novia de la victima.
- ¿Has contactado con ella? - pregunto Steve. - Tal vez tenga alguna idea del porque han secuestrado a su novio.
- Antes de llamarla quería corroborar con Evan la relación de esta mujer con su padre, asegurarme de que la conoce – explicó ella. - Dice que si, que ha estado saliendo con su padre desde hace casi medio año. Me ha preguntado si puede quedarse con ella hasta que encontremos a su padre.
- Llámala e informala de la situación, si está de acuerdo y es lo que Evan quiere creo que seria lo más sensato – contestó él. - Estar con alguien familiar lo ayudará.
- Es posible que los secuestradores contacten con ella para pedir un rescate así que alguien tendrá que quedarse con ellos – añadió el mago. - Contacta con ella Kono y si esta dispuesta a quedarse con Evan ve con él y nos mantienes informados.
- De acuerdo jefe – asintió ella, girándose ya en dirección a su oficina.
- Otra cosa más Kono – la llamó él. - Al parecer Evan no es un mago y tengo la impresión de que no sabe que su padre lo es por lo que es posible que esta Natalie sea muggle – le explicó. - No sabemos aun porque Roland lo ha mantenido en secreto pero no es nuestro papel revelar ese tipo de información así que si no es una bruja no se lo digas.
- Entendido – contestó ella, con expresión confusa. - No entiendo como pudo ocultar algo así a su propio hijo por eso, ni por que querría hacerlo.
- Eso es lo que vamos a averiguar – decidió Steve.
Con eso él y el mago volvieron a entrar a la cocina y se acercaron al joven.
- ¿Evan? - lo llamó. - ¿Te importa que nos sentemos?
El adolescente tenia medio bocata aun en las manos y un refresco en la mesa. Saltó un poco al oírlo, como saliendo de sus pensamientos, pero al verlo sonrió un poco y asintió.
- Evan, lamento lo sucedido con el auror Donovan, ha sido un malentendido y ya ha sido puesto en su lugar – se disculpó Steve antes de sentarse. - No era nuestra intención asustarte.
- Esta bien – contestó él, aun mirando su ropa con suspicacia.
- Verás, hay algunas cosas de tu padre que creo que no sabes – empezó Danny. - Y entiendo que estés confundido, yo he pasado por lo mismo, te lo aseguro.
- ¿Que tipo de cosas? - empezó él, agitándose. - Lo han secuestrado, ¿verdad? No fue un montaje ni nada por el estilo, ¿no?
- Eso es lo que vamos a averiguar – le aseguró Steve. - Antes que nada, ¿puedes decirnos si alguna vez has visto fenómenos fuera de lógica o increíbles suceder cerca de tu padre?
- No, claro que no – contestó él. - Mi padre es uno de los hombres más aburridos y normales que conozco, ni siquiera le gustan los videojuegos.
Danny intercambió una mirada con Steve, inseguro de si era buena idea decirle al chico que su padre era un mago. Decidió empezar por lo básico.
- ¿Tienes alguna foto de tu padre Evan? - le preguntó. - ¿Algo que podamos utilizar para identificarlo?
- Si, tengo un par de fotos en mi cartera – le respondió mientras la sacaba de su bolsillo.
Les pasó dos fotos, una de su padre sólo en lo que parecía una foto de carnet y una donde salían los dos, hecha probablemente unos años atrás. Ese hombre vestido como una persona normal era definitivamente Roland. No había ninguna mujer en la foto, ni rastro de la supuesta esposa del mago.
- ¿No tienes ninguna de tu madre? - preguntó él.
El rostro de Evan se ensombreció y Danny supo al instante de que había tocado un tema doloroso.
- Mi madre murió cuando yo tenia nueve años en un accidente de coche – le explicó con ojos tristes. - No lo recuerdo realmente pero yo también estuve en el coche ese día, aun tengo una cicatriz.
Dicho eso se levantó la camiseta y les enseñó una marca circular en el pecho, a la altura del corazón. Era una marca muy extraña en realidad, demasiado perfecta para ser una quemadura y en un lugar demasiado peligroso para haber sido causada por un objeto. Notó como a su lado Steve se tensaba y una de sus manos aferraba con fuerza su silla.
- Lo siento Evan – le dijo él, aun mirando de reojo al mago a su lado. - Debe haber sido duro.
- La verdad es que recuerdo pocas cosas de ella, los médicos dijeron que había perdido parte de la memoria debido al accidente, solo recuerdo algunas cosas como su voz o su sonrisa.
- Lo siento Evan, se lo duro que es eso – dijo Steve a su lado. - Vamos a tener que hacerte algunas preguntas sobre tu padre, ¿de acuerdo?
Danny se levantó, sonriendo a la pregunta muda de Steve y fue a su despacho a recoger uno de los papeles que se usaban para las declaraciones de los testigos y un bolígrafo. Volvió a la cocina justo a tiempo de escuchar al mago preguntarle por esa mañana.
- ¿Sabes donde fue tu padre esta mañana? - le estaba preguntando en ese momento.
- No – contestó el chico. - Quiero decir, probablemente me lo comentó pero yo no le presté mucha atención – confesó con voz avergonzada antes de suspirar. - Era algo sobre una reunión importante, debería de haberle prestado más atención.
Danny apunto la información importante antes de levantar la mirada y indagar en el asunto.
- ¿Recuerdas si te dijo de que se trataba?
- La verdad es que no hablamos mucho de su trabajo – se excusó él. - Prácticamente no se a lo que se dedica, sólo se que trabaja desde casa.
- ¿Tuvo tu padre algún enfrentamiento con alguien en los últimos días? - prosiguió Steve. - Alguien que creas que pudiera querer hacerle daño.
- No, no, mi padre es la persona más aburrida que puedas imaginarte, de verdad – insistió él. - Casi no sale de casa y nunca hace nada raro o interesante.
Danny intercambió una mirada con Steve de nuevo, dudando de si contarle la verdad sobre su padre ayudaría o empeoraría la situación.
- Oye, necesito que me hagas un favor, ¿de acuerdo Evan? - empezó el mago mientras sacaba lentamente su varita del bolsillo. - Hay algo que me temo que no sabes de tu padre pero antes de que te lo contemos necesitamos comprobar una cosa.
- Esta bien – contestó el joven, luciendo nervioso. - ¿Que tengo que hacer?
- Solo quiero que sujetes esto por unos momentos – le dijo entregándole su propia varita con la empuñadura por delante. - Y me digas si sientes alguna cosa diferente.
Evan levantó una ceja y lo miró a él por unos instantes, como si dudara de la integridad mental de Steve. No le culpaba, él se preguntaba lo mismo constantemente. Asintió y le sonrió para infundirle ánimos. El muchacho cogió la varita y se los quedó mirando con una mueca en el rostro, como si estuviera conteniendo la risa.
- Agitala, por favor – insistió Steve.
Evan lo hizo un par de veces pero no sucedió nada, Danny no sintió ni el más atisbo de magia proviniendo de la varita. Negó cuando Steve lo miró, preguntándoselo en silencio.
- Gracias Evan, es suficiente – le dijo, recuperando su varita y depositándola en la mesa en frente de él. - Verás, se que esto te va a resultar extraño pero hay ciertas personas en este mundo con habilidades un poco especiales.
- ¿Que quieres decir? - preguntó Evan. - ¿Como superhéroes?
- No, no, no se refiere a eso – dijo él, dejando escapar una risita al ver la incomodidad en el rostro del mago. - ¿Sabes todos esos cuentos de hadas con magos, brujas, conjuros y pociones? - le preguntó él. - Pues la verdad es que no son cuentos, la magia realmente existe Evan.
Como era de esperar el chico no les creyó, abrió mucho los ojos y los miró incrédulo antes de soltar una risita. Justo entonces la varita de Steve se levantó sola de la mesa y fue hasta la mano del mago. Evan dio un bote de la impresión y se apartó un poco de la mesa.
- ¿Es un truco? - preguntó asustado.
Entonces Steve murmuró Avis y de la punta de su varita empezaron a surgir pequeños pájaros que empezaron a revolotear por la oficina. La mayoría desapareció tras unos segundos pero uno se aposentó en la mesa, en frente de ellos. El mago apuntó al animal y murmuró Vera verto y ante sus ojos el pájaro se transformó en una copa metálica. Tanto él como Evan soltaron una exclamación de la impresión y Steve sonrió de lado al ver su reacción.
- No es posible – murmuró el joven.
El mago al parecer no había terminado puesto que siguió apuntando a la copa para esta vez decir Engorgio con lo que la copa creció de tamaño ante sus ojos y por ultimo puso la varita en el borde de ésta y dijo Aguamenti. Un chorro de liquido transparente salió de la varita, llenando la taza. Cuando estuvo llena el chorro paro y Steve cogió la taza y bebió un sorbo antes de ofrecérselo a Evan con una sonrisa.
- ¿Quieres un poco de agua?
Cuando nadie dijo nada Steve movió de nuevo la varita, dijo Finite y con eso la copa desapareció en una explosión de humo. Danny sintió un escalofrío recorrerlo, como si su asombro no le hubiera dejado percibir los efectos mágicos hasta ese momento. Cuando se recompuso le echó una mala mirada al moreno antes de fijarse en Evan de nuevo.
- Entonces es cierto - murmuró él. - ¿Los dos sois magos?
- No – dijo él mientras Steve decía "Si" al mismo tiempo.
Lo golpeó levemente en el brazo pero decidió que no era el mejor momento para re-emprender la discusión de la mañana.
- Steve y Kono si que lo son pero yo no – explicó. - Yo soy como tu, esto también me pilló por sorpresa.
- ¿Entonces me estáis diciendo que mi padre es un mago? - les preguntó el chico. - ¿Por que nunca me lo dijo? Nunca le he visto hacer algo como eso antes.
- No lo sabemos Evan pero estamos seguros de que tuvo sus motivos – dijo Steve. - Tal vez simplemente no quería que te sintieras diferente.
- Pero si él tiene magia, ¿significa eso que yo también? - les preguntó entre asustado e ilusionado.
- Lo siento pero no creo que sea el caso – le respondió él. - Por eso Steve te ha pedido que cogieras su varita antes, no entiendo mucho del tema pero supongo que eso era una prueba para ver si tenias magia o no – argumentó antes de girarse hacia Steve, que solo asintió.
- Oh – murmuró Evan desilusionado, lo que era totalmente comprensible, al fin y al cabo ¿que adolescente no querría ser especial?
- Algunas veces hay gente que nace de magos y brujas pero no poseen magia, en nuestro mundo son llamados Squib – explicó Steve. - Por lo que sabemos tu padre vivió en el mundo mágico hasta hace siete años, cuando desapareció de nuestro mundo.
- Hace siete años… - musitó Evan. - Eso fue cuando mi madre murió, ¿creéis que fue por eso?
- No lo sabemos pero podría ser – continuó Steve. - Tal vez temió por tu seguridad y pensó que estaríais mejor viviendo en el mundo muggle.
- Eso explicaría porque le molesta tanto que salga de casa sin decirle nada – murmuró para si el muchacho. - O porque tenemos tanta seguridad en casa.
- No sabemos sus motivos Evan pero estoy seguro que razones tuvo – le dijo él. - Sea como sea, cuando lo encontremos podrás preguntárselo.
- Esta mañana tu padre tenia dos hombres con él, dos guardaespaldas – comentó Steve. - ¿Tienes alguna idea de por que tu padre contrataría guardaespaldas?
- ¿Guardaespaldas? ¿En serio? - se sorprendió Evan. - No, no tengo ni idea. Ni siquiera sabia que mi padre era un mago, no puedo creer que no me lo contara – contestó él con enojo en su voz. - Esta podría ser la ultima vez que he hablado con mi padre, ¿y sabéis que le dije? - les preguntó con los ojos llorosos. - Le dije que era un dictador solo por despertarme por la mañana. ¿Y si no puedo disculparme?
- No, no Evan – lo cortó él. - Tu padre te quiere, lo sabes, ¿verdad? Y los padres sabemos cuando nuestros hijos hablan en serio y cuando no – intentó tranquilizarlo. - ¿Que te respondió?
- Se puso a reír – contestó él con una sonrisa triste.
- ¿Lo ves? - le dijo poniéndole una mano en el hombro. – Él sabe que no lo decías en serio.
El chico solo suspiró, con los ojos llenos de lagrimas y una sonrisa triste.
- Necesito que compruebes esto, Evan – le dijo poniéndole el papel con su declaración en frente. - Es lo que nos has contado, echale un ojo y si ves algún dato erróneo me lo dices, ¿de acuerdo? - sonrió cuando el chico asintió. - Si esta todo bien pon tu nombre y tu firma al final y te llevaremos a casa de Natalie, ¿te parece bien?
Él volvió a asentir y justo entonces oyeron a alguien golpear la puerta de la cocina. Era Chin así que Steve y él salieron a hablar con él.
- Tengo el video de las cámaras de la zona – explicó él. - Voy a analizarlos ahora a ver si hay algo que nos ayude a identificar a los asaltantes.
- Bien – respondió Steve. - ¿Te pusiste en contacto con la compañía de seguridad mágica que Roland contrató para hoy?
- Si, hablé con el propietario – respondió el auror. - Al parecer los contrató para una reunión que tenia esta mañana.
- ¿A donde iban?
- Al Ministerio, al Departamento de Misterios más específicamente – fue la respuesta de Chin.
Eso tenia cierta lógica, si Roland había trabajado allí con anterioridad y si realmente había proseguido su trabajo des de casa era lógico que quisiera hablar con algún antiguo compañero.
- ¿Conoces a algún Inefable con el que podamos hablar? - le preguntó a Steve.
- A un par – respondió éste. - Voy a intentar concertar una cita.
Y con eso Steve se fue directo a la pequeña chimenea que tenían en el Departamento. Chin le dedicó una sonrisa y fue hacia el ordenador de la sala principal a empezar con las grabaciones así que el se dirigió a la oficina de Kono y golpeó la puerta abierta con los nudillos antes de entrar. Kono se encontraba sentada en su escritorio, con el teléfono en la oreja y despidiéndose de alguien.
- ¿La novia de Roland? - le preguntó.
- Si, al parecer no sabia nada del secuestro y dice que por supuesto que puede quedarse con Evan – contestó la novata. - Me ha dado la dirección.
- De acuerdo, ve con él, mantenlos vigilados y si los secuestradores entran en contacto con ellos nos avisas inmediatamente – le pidió mientras los dos salían de su oficina. - Mantén los ojos abiertos, ¿vale? Estamos tratando con magos.
- Danny, soy auror, estoy entrenada para esto – protestó ella con una sonrisa. - Lo que me recuerda, ¿vas a venir a mi ceremonia de graduación?
- Claro, si le esta permitido a un muggle como yo por supuesto – respondió él. - ¿Cuando es?
- Por supuesto que puedes venir y aunque no sea muy normal me gustaría que estuvieras allí. Es esta tarde, a las siete en la Oficina de Aurores.
- Esperemos haber resuelto este caso para entonces – contestó él, deteniéndose en frente de la puerta de la cocina. - Si se acerca la hora nos avisas y te relevamos, ¿de acuerdo?
- Tranquilo Danny, encontrar a Roland es prioritario – afirmó ella con seguridad antes de entrar en la cocina. - ¿Evan? ¿Estas listo para irnos?
- Si, gracias oficial Kalakaua – le respondió éste con una sonrisa antes de dirigirse hacia él y entregarle el documento. - Aquí tiene Detective, gracias por todo.
- A ti Evan, haremos todo lo que podamos para encontrar a tu padre – le dijo él mientras recogía el documento.
Le echó un ojo por encima mientras esos dos se dirigían a la salida. Todo parecía correcto. Sus ojos se detuvieron en la firma al final del documento. Ponía Evan Sanderson. Sanderson, no Lowry. Se volvió hacia la puerta de entrada al departamento, llamando al chico.
- ¡Evan! ¿Oye, es este tu nombre? ¿Sanderson? - le preguntó. - ¿Es el apellido de tu madre?
- No, es el de mi padre – le respondió él extrañado.
- ¿Entonces como se llama tu padre?
- Louis Sanderson – dijo él con tono un poco exasperado. - ¿Por que? ¿Hay algún problema?
- No, no, tranquilo, solo comprobaba la información que tenemos – le dijo, intentando no preocuparlo más. - Cualquier cosa nos avisas, ¿de acuerdo?
Él asintió y se volvió de nuevo. Kono lo miró extrañada pero él le indicó con gestos que luego le explicaba. Louis Sanderson. Probablemente ese era el nombre que Roland había tomado cuando decidió ir a vivir al mundo muggle pero le parecía excesivo. Normalmente la gente que cambiaba su identidad de esa forma solo tenia dos motivos: o querían cometer un delito o huían de algo. Ese caso se complicaba por momentos.
N/A: No iba a cortar el caso en éste punto si no más adelante pero me está saliendo más largo de lo esperado. Prefiero publicar esta parte ahora que tardar mucho más en hacerlo. Ya habréis notado que es la adaptación del segundo episodio, no creo que los adapte todos, sólo aquellos que considere importantes o que vea cómo integrarlos en este universo.
Gracias a todos por vuestros comentarios. Espero que os guste éste nuevo caso.
Moony Girl : Gracias por comentar, no te lo puedo agradecer por privado así que aquí va. Me alegro que te esté gustando, aquí tienes un nuevo capitulo, a ver si también te gusta.
