.
Iron Woman
Por: Hana Usagi
¤°. ¸¸. ·´¯`» Secuestro «´¯`·. ¸¸.°¤
—Anthoniette Elizabeth Stark, te juro que, si no te levantas en este preciso instante, mañana encontrarás mi renuncia sobre tu escritorio y no sabrás de mí en al menos un año.
Tony gruñó por lo bajo y se revolvió debajo de las sábanas ante las palabras de su amiga y asistente, pero no hizo ni un intento de levantarse, exasperando aún más a la rubia, quien se cruzó de brazos y se apretó el puente de la nariz tratando de calmarse.
—Jarvis, las ventanas por favor.
—A la orden señorita Potts —respondió la IA y al instante las ventanas se aclararon, dejando entrar la luz del sol de la mañana, llenando por completo la habitación y haciendo que la mujer sobre la cama se revolviera sobre ella, estirando una mano para tomar una almohada y cubrirse el rostro con ella, aunque claro, eso ya lo había previsto su asistente y había tomado la precaución de moverlas al pequeño sofá del rincón.
—Jarvis —arrastrando las palabras y en un tono de fastidio que era obstruido por la sábana, la mujer sobre la cama continuó—, se supone que eres MI asistente virtual —la mujer se incorporó, quedando sentada sobre la cama, quitándose la sábana de encima y desordenándose el cabello con una mano y el rostro con la otra—, ¿por qué obedeces las órdenes Pepper?
—Lo siento señorita Stark, pero usted me ha dicho que las peticiones de la señorita Potts deben ser acatadas al instante —respondió la IA y Tony podría jurar que escuchaba la voz de su difunto segundo padre y su peculiar tono intransigente en la de su mayordomo virtual.
Como toda respuesta, Tony chasqueó la lengua.
—Tony, tienes que levantarte ahora, de hecho, debiste hacerlo hace dos horas, son las diez de la mañana, ya deberías estar en un avión rumbo a Afganistán junto a Rhodey —regañó Pepper quien pudo ver que la cara de su amiga cambiaba a una entre miedo y consternación. Creyó que su amiga y jefa por fin había comprendido la gravedad de la situación, pero se dio cuenta de que no iba a ser tan sencillo, pues las siguientes palabras de Anthoniette no hicieron más que aumentar su furia y frustración.
—¿Las diez de la mañana? ¡Pepper! ¿Qué acaso estás loca? ¿Tienes idea de a qué hora llegué anoche? No he dormido más que unas cuantas horas —trató de volver a acostarse, pero fue retenida por el fuerte agarre de su asistente sobre su brazo.
—Oh, por supuesto que no, en este instante te levantas, tomas una ducha y te preparas para ir al aeropuerto.
Anthoniette miró la mano que sostenía su brazo con fuerza y luego levantó la mirada hasta los furiosos ojos azules de Pepper y supo que, si no se levantaba en ese instante y acataba las órdenes de su amiga, perdería a la mejor asistente que podría encontrar en su vida.
Tony soltó un suspiro, salió de la cama y a paso lento, se dirigió hasta el baño.
—La ropa que usarás ya está lista en la puerta del vestidor —escuchó la voz de Pepper desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo, haré algo para que desayunes, o almuerces —agregó lo último en un tono diferente que Tony no pudo identificar debido a la bruma remanente que la borrachera de la noche anterior le había dejado.
Se sentía muy cansada, en ese instante supo que no debió haber aceptado la invitación de Zeke de ir a Las Vegas a pasar el rato y haberse ido a dormir, como le había dicho a Pepper que había hecho.
No es que le ocultara cosas a Pepper, era sólo que ya había sido muy tarde cuando Ezekiel le había propuesto ir con algunos de sus amigos a Las Vegas, y Tony sabía que la rubia se dormía muy temprano.
Después de haber ido a unos cuantos casinos y apostado cantidades de dinero de al menos seis cifras, de las cuales ya no recordaba el resultado debido a las fuertes cantidades de alcohol que Zeke se encargaba de suministrarle, habían regresado a casa.
Tampoco recordaba mucho sobre esos momentos, pero, con la mente un poco más despejada gracias a la ducha, algunas imágenes empezaron a desfilar en su mente, acelerándole el corazón e incrementando sus nervios.
Era casi el amanecer, el chofer de Zeke los había traído hasta la mansión, entraron los dos y juntos se encaminaron hasta su habitación, en donde empezaron a besarse y a desvestirse, cayeron en la cama en un enredo de miembros y ya no podía recordar nada justo desde ese momento.
—¿Jarvis? —llamó a la IA.
—¿Sí, señorita?
—Hum… después de que Ezequiel y yo llegamos a mi habitación… yo… nosotros… —no sabía cómo expresar su duda.
—¿Quiere saber si usted y el señor Stane tuvieron relaciones sexuales?
Tony soltó un jadeo y la barra de jabón se le resbaló de las manos al tiempo de que sus mejillas se calentaron y su respiración se aceleró.
El tono que había utilizado la IA había sido uno muy seco, casi podía sentir la mirada de decepción que tendría si su mayordomo virtual fuese una persona. No le gustaba comparar o igualar a su IA con Edwin Jarvis, pero no pudo evitar evocar esa expresión de desilusión que su difunto mayordomo/segundo padre le daba cuando hacía algo que no era correcto.
No sabía exactamente por qué, pero cada vez que trataba de avanzar en su relación con Ezequiel sentía que eso no estaba bien. Después de unos cuantos intentos infructuosos, supuso que era simplemente porque no estaban casados, cosa que había desechado al instante pues no era de mente tan cerrada.
Pero, simplemente, no se sentía correcto, y justo ahora no sabía qué era lo que sentía, si nervios, remordimiento, arrepentimiento o cualquier otra cosa, simplemente sentía que nunca podría perdonarse.
—¿Lo… hicimos? —se aventuró a preguntar, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza y su cuerpo comenzó a temblar a pesar de los agradables veintiocho grados centígrados de una mañana de primavera en Malibú.
Jarvis tardó unos segundos en contestar y Tony supo que lo hacía a propósito.
—No —finalmente dijo la IA y Tony se relajó al instante, soltando un suspiro y dejando caer sus hombros. Volvió a tomar el jabón y continuó tallándose la piel.
—¿Qué fue lo que pasó después de… bueno, de que caímos en la cama?
Jarvis volvió a tardar en responder.
—Se quedó dormida.
—¿Eso es todo? —preguntó sorprendida, deteniéndose al instante— ¿Y Ezequiel? ¿Qué pasó con él? ¿Por qué no está en mi habitación?
Una vez más, Jarvis tardó en responder y Tony se dijo a sí misma que si la IA volvía a hacer eso lo desconectaría permanentemente.
—Cuando se dio cuenta de que estaba dormida la arropó y se retiró.
Cuando Tony escuchó las palabras de Jarvis un calor se plantó en su pecho, haciéndola suspirar, en parte de alivio y en parte por el comprensivo novio que tenía.
Una sonrisa se plantó en sus labios y no la dejó en un buen rato, específicamente cuando, vestida con un pantalón de mezclilla, chaqueta de cuero negra y unos botines, bajó las escaleras hacia el living en donde encontró a una furiosa Pepper en medio de la sala, con un vaso de licuado en una mano y una manzana en la otra.
—Toma —le extendió los alimentos que Tony se apresuró a recibir, y luego apuntó a la puerta de salida con una mano y la otra la colocó sobre su cadera—, ahora vete.
—Sí, señora —dijo con una sonrisa inocente y se apresuró hasta la salida.
—Señorita —la saludó Happy en cuanto puso un pie fuera de la casa—. El equipaje ya está arriba —abrió la puerta de atrás del auto para que Tony entrara.
—Ugh, Happy, cariño —dijo después de tomar un trago del delicioso licuado de plátano y fresas que su queridísima amiga había hecho para ella—, lo último que necesito en este momento es estar en el asiento de atrás de un auto y aburrirme como una ostra.
Happy frunció el ceño.
—¿Y qué sugiere hacer? ¿Quiere manejar usted? —dijo con el mismo tono educado de siempre.
El rostro de Anthoniette se iluminó al instante, tragó el nuevo sorbo que había bebido del licuado y asintió.
—Sí, pero no ése —apuntó al Rolls-Royce ejecutivo que Happy manejaba—. ¿Qué te parece una carrera?
•.¸¸.•✿•.¸¸.•✿•.¸¸.•
Había pocas cosas que Anthoniette podía disfrutar al máximo.
Una de ellas era trabajar en su taller, obviamente. Molestar a Rhodey era otra. Ver películas o series con Pepper era una más. Leer libros y cómics. Jugar con videojuegos. Salir con Ezequiel. Cosas muy comunes que sucedían en su día a día.
Pero Tony no sólo disfrutaba armando o diseñando motores, también disfrutaba hacerlos trabajar y llevarlos hasta el límite. ¿Cómo? Muy simple, en una carrera.
¿Desde cuándo había agarrado el gusto por los autos y sus motores? Pues desde que su padre había puesto una llave para tuercas en su mano y juntos restauraron el Ford Flathead Roadster del 32 el cual siempre mantenía en óptimas condiciones y que guardaba con cariño en su taller.
Ése era un gusto muy extraño y poco "femenino" según la sociedad. A Tony poco le importaba lo que dijeran de ella, nunca había hecho caso a las habladurías de la gente y no lo haría ni ahora, ni nunca, y mucho menos por algo que amaba hacer y que le recordaba tanto a su padre.
Tener a Happy a su lado había sido un regalo del cielo. Con él ahí, ya no tenía que escabullirse hasta las carreras de coches ilegales, o entrar anónimamente en carreras de motocross, porque sí, su gusto por las carreras y los motores no terminaba en los autos.
Amaba escuchar el ronroneo de los motores cuando los encendía y su rugido cuando aceleraba. También amaba sentir esas agradables vibraciones que colmaban a su cuerpo y lo hacía sentir vivo. Y ni hablar de la adrenalina.
Casi todos los fines de semana Happy y ella iban a algún terreno o carretera poco transitada y hacían una carrera. Por la ética de Happy de tratarla como a su jefa casi no podían convivir como un par de amigos, por eso había celebrado el momento en el que se le ocurrió que podía hacer carreras junto a él y sabía que él también las disfrutaba, como la que estaban teniendo ese ajetreado día.
Happy y ella sabían que no podían ir por las concurridas calles de California durante sus carreras, así que ese día tuvieron que tomar el camino largo y libre hasta el aeropuerto. En algunas ocasiones se topaban con otros autos, los cuales eran rebasados con toda precaución y continuaban con lo suyo.
En un largo tramo recto de carretera, Tony, con su Audi R8 del año, adelantó mucho a Happy y su Roll-Royce al grado de ya no poder verlo por el retrovisor. Sonrió y continuó sin bajar ni un poco la velocidad.
Cuando llegó al aeropuerto y bajó del auto, pudo ver a Happy llegar justo después de ella. Le dirigió una gran sonrisa.
—Creí que te había perdido.
—Así fue —respondió Happy mientras bajaba el equipaje del maletero—, pero tomé un atajo.
Tony soltó una carcajada al oírlo. Se giró hacia el avión y pudo ver a Rhodey muy enfadado esperándola justo en la puerta.
—Tres horas, Tony —informó mientras daba golpecitos a su reloj de muñeca—. Tres horas.
—Lo siento, Rhodey, no me sentía muy bien en la mañana —le dijo mientras lo tomaba del brazo y recargaba su cabeza en el hombro.
Rhodey entrecerró sus ojos, no terminando de creerle del todo.
—Te fuiste de fiesta con Stane, ¿verdad?
Tony frunció sus labios en una extraña mueca.
—¿Pepper te ha ido con el chisme? —le preguntó en un tono de fastidio y separándose de su amigo para sentarse en uno de los asientos.
No que estuviera enojada con su amiga, tampoco le molestaban sus acciones pues sabía que las hacía con la mejor de las intenciones, pero sabía que sus amigos no soportaban a Ezekiel, a pesar de que ponían todo su esfuerzo en ocultarlo.
Tony siempre había sido muy buena observando a la gente.
—No, pero acabas de confirmármelo.
Tony volvió a fruncir sus labios y ahora su ceño. Se cruzó de brazos y se hundió más en el asiento.
Escuchó a Rhodey suspirar y luego sentarse a su lado.
—Sabías que esto era importante. Según Pepper, a las nueve de la noche ya estabas en la cama, ¿qué fue lo que pasó?
—Sólo quise salir un rato para relajarme.
—¿Y tenía que ser precisamente anoche?
Tony murmuró algo por lo bajo y estuvo a punto de responderle cuando él volvió a hablar.
—¿Sabes qué? Olvídalo. No quiero empezar esto peleando contigo —se cambió de asiento y sacando su IPod, se colocó los audífonos y se desconectó del lugar.
Tony gruñó a causa de la desconsideración de su amigo. Sacó su viejo Game Boy y empezó una nueva partida de su Pokémon Esmeralda. Se quedó dormida justo cuando Groudon y Kyogre fueron liberados. Despertó algunas horas después, gracias a su amigo.
—Tenemos que movernos, estamos a poco más de una hora para aterrizar y hay que estar listos desde que pisemos tierra, o de lo contrario llegaremos tarde. Más —le informó.
Tony gruñó algo ininteligible, pero de todas formas se levantó y se dirigió al baño para cambiarse. Una hora después, Tony salió enfundada en un traje formal de dos piezas a la medida, por supuesto; pantalón y saco negros con unas líneas blancas casi invisibles, blusa blanca y los mismos botines de terciopelo que ya llevaba.
Su cabello estaba completamente recogido por encima de su nuca en un intrincado moño que Rhodey nunca podría aprender a hacer —por fortuna no tenía por qué hacerlo—. Su maquillaje era suave y sus labios estaban pintados de un color rojo oscuro, casi guindo.
En cuanto Tony puso un pie fuera del avión, sacó sus lentes de sol de su bolso de mano y se los colocó. No se los quitó durante todo el día, ni siquiera para la presentación del nuevo misil de Tony, la cual, para alivio y el buen ánimo de Rhodey, fue un rotundo éxito.
Al momento de volver a la base militar quiso entrar al mismo vehículo, su humor ya había mejorado bastante, pero al parecer su pequeña discusión con Tony la había puesto de malas, y ni siquiera el éxito de un nuevo contrato la haría olvidar su pequeño disgusto hacia él, pues no lo dejó entrar al mismo camper diciéndole indirectamente que era un amargado. Pero ni eso mermó su buen humor, la felicitó y se dirigió a otro vehículo.
Jamás se había arrepentido tanto en toda su vida.
•.¸¸.•✿•.¸¸.•✿•.¸¸.•
Lo primero que su cuerpo captó fue dolor.
Dolor en sus piernas. Dolor en sus brazos. Dolor en su cabeza. En todo su cuerpo. Pero el peor de todos era el dolor en el pecho.
Abrió los ojos y se asustó al ver todo negro. Después, sus ojos se acoplaron a la oscuridad y pudo darse cuenta de que estaba en algún lugar fuera del alcance de la luz del sol. Algunos segundos después reconoció el lugar como una cueva.
Sintió dificultad para respirar y llevó una de sus manos hasta su rostro en donde sus dedos se toparon con algo plástico, lo estiró y lo identificó como una cánula conectada a un tanque de oxígeno. Asustada, se lo había arrancado de mala manera e incorporado en un asqueroso catre que hacía función de camilla.
Al momento de sentarse el dolor en su pecho se hizo más intenso, haciéndola jadear y apretar los ojos en un intento de controlar el dolor.
Cuando las punzadas amainaron, abrió sus ojos y fijó su mirada en la parte superior de su torso. Estaba cubierto con una camisa blanca que no reconoció como suya, ésta era mucho más larga y más ancha, claramente una camisa de hombre.
Miró más hacia abajo, suspirando con alivio al ver que los pantalones que vestía sí eran los suyos, sucios y algo desgastados, pero suyos.
Regresando la mirada a su pecho, se arrancó los primeros botones de la camisa en su desesperación por ver qué era lo que le causaba tanto dolor. Unas vendas fue lo primero que vio, las cuales estiró hacia abajo encontrándose con un artefacto incrustado en su pecho, casi en medio de sus senos, conectado a una batería de carro.
Cuando sus manos se dirigieron a los cables para desconectarlo una voz se lo impidió.
—Yo no haría eso si fuera tú.
Tony dirigió inmediatamente su mirada a dónde provenía la voz. Era un hombre. Estaba de espaldas, afeitándose con una vieja navaja frente a un mugriento espejo. Lo único que podía identificar de él era su altura, era más alto que ella, tal vez uno setenta o setenta y cinco. Era alguien mayor juzgando por el poco cabello salpicado de canas que le quedaba sobre la cabeza. Su voz había sonado con un acento extraño, así que su lengua madre no era el inglés.
Y por lo que podía apreciar, el hombre vestía bien, a pesar de estar en una cueva, la cual estaba llena de basura, partes de carros y armas, metales tan atrofiados que Tony no podría saber para que eran usados, y unas cuantas computadoras viejas.
En algunos puntos estratégicos, Tony pudo ver unas cámaras funcionando.
—¿Qué me has hecho? —dijo con voz ronca. ¿Cuánto tiempo llevaba inconsciente?
—Salvar tu vida —respondió dando una última afeitada en una de sus patillas—. Cuando llegaste aquí estabas sufriendo un paro cardiaco a causa de la metralla que tienes incrustada en el pecho.
Tony frunció el ceño y en un esfuerzo por recordar, la imagen de bombas lanzadas al camper militar donde viajaba de regreso a la base militar y los chicos tan amables y graciosos que iban con ella, muriendo al ser atacados, se presentó en su mente, seguida de la imagen de un misil —un misil suyo— cayendo justo a su lado y explotando.
No dudaba que, de no ser por el chaleco antibalas que llevaba puesto, no hubiera sobrevivido.
El hombre se limpió los restos de espuma con una toalla y se giró para encararla. Tony tenía la sensación de que lo conocía de alguna parte.
—Quité toda la que pude, pero aún hay mucha que se dirige a tu corazón, ¿te muestro? —se acercó a ella y le entregó un frasquito de cristal con muchos pedacitos de metal en su interior—. He visto esas heridas muchas veces. Los llamamos los muertos ambulantes, porque una semana después, la metralla llega al corazón.
Tony volvió a mirar el artefacto en su pecho.
—¿Qué es esto? —lo señaló.
—Un electro magneto, conectado a una batería de carro —ahora se encontraba frente a una fogata, cocinando algo en una sartén—. Mantiene a raya los fragmentos de metralla.
Tony se reacomodó la camisa y cerró el cierre de la sudadera que llevaba puesta. Se sentó frente al hombre quien se presentó como Ho Yinsen y fue cuando Tony lo pudo reconocer.
—¿Usted es Ho Yinsen? ¿El pacifista, físico e ingeniero?
—¿Me conoces? —el hombre de verdad parecía sorprendido.
—Por supuesto —respondió con una sonrisa—. Ha sido uno de mis modelos a seguir. De hecho, fui a una de sus presentaciones, en Berna, hace ya un tiempo, a finales del noventa y nueve.
—Ah, claro. Mi presentación en Berna sobre mis últimos avances en la tecnología —recordó el hombre con una sonrisa nostálgica—. Pero para ese entonces a penas debiste ser una adolescente.
—Sí, bueno, tenía dieciséis años.
—Una edad corta para un tema algo complejo —la miró un poco confundido.
Ella se encogió de hombros antes de decir:
—Nunca ha habido algo complejo para mí —no lo había dicho con presunción, sino con simpleza, como si dijera que el cielo es azul o que el sol es cálido, y tal vez con un poco de cansancio.
Y eso era algo muy cierto. Mecánica, física, química, incluso arquitectura —la cual cursó en el MIT—, todas habían sido demasiado fáciles de aprender. Todo lo que leía lo aprendía a la primera y nunca lo olvidaba. No sabía si eso era un don o una maldición.
—Pero después de no saber de ti hace algún tiempo creí que se había retirado —continuó ella.
—Bueno, como podrás notar, fue un retiro algo forzoso.
Tony apretó los labios. Yinsen apenas había retirado la lata del fuego cuando pasos resonaron por toda la cueva junto con voces hablando en una lengua de medio oriente.
Yinsen se levantó de golpe, casi tirando la sartén con frijoles que había estado calentando. Se acercó a ella, la tomó del brazo y dijo:
—Levántate —ordenó, ella obedeció mecánicamente.
Se alejaron unos pasos del fuego hasta llegar a una superficie medianamente plana. Yinsen le pidió que se hincara y colocara sus manos en la nuca. Ella volvió a obedecer, Yinsen inmediatamente tomó la misma posición que ella.
Un grupo de hombres afganos, supuso, entró al lugar y para su total asombro, iban armados con armas de Industrias Stark. No había margen de error, reconocería sus armas entre miles.
El que parecía el líder del escuadrón empezó a hablar. Tony no entendió nada, pero Yinsen le tradujo.
Querían que construyera para ellos el misil Jerico.
—No —soltó sin esperar un segundo.
Lo siguiente que su cerebro procesó fue un agudo dolor en su mandíbula. El hombre le había dado una fuerte bofetada.
Tony giró su rostro —el cual había sido volteado por la fuerza del golpe—, hasta mirar de frente al hombre que la golpeó. Juntando toda la saliva y la sangre que pudo, le escupió al hombre calvo y gordo y repitió:
—No.
La respuesta no fue ni menor ni igual a la anterior. La torturaron por horas con el clásico tambo de agua, una tortura no muy dura en realidad, pero sabía que la próxima no sería tan benévola, y no debería tentar a la suerte cuando, al parecer, era la única mujer en el lugar.
Otro hombre se acercó a ella al final de esas largas horas de tortura. Éste, sin embargo, parecía ser el líder de toda la asociación, llamada los Diez Anillos, según le informó Yinsen, fieles compradores de Industrias Stark, y nuevamente le pidieron que fabricara el misil mientras le daban un "encantador" recorrido por toda su base de operaciones.
Cuando vio las cajas y los embalajes de Industrias Stark poblar todo el lugar, sintió como si una pesada piedra cayera hasta el fondo de su estómago. Tenía que hacer algo, pero necesitaba tiempo, así que finalmente les dijo que sí, y empezó su trabajo en la "construcción" del misil.
Después de conseguir vivir un poco más, necesitaba deshacerse de esa estorbosa batería de carro. La imagen del reactor Arc en la fábrica Stark se le vino a la mente. Era sólo un proyecto inacabado, estancado en algún punto que ya ni recordaba, pero supo que, si lo hacía funcionar, una versión de él más pequeña y portátil, sería la solución a sus problemas. Bueno, el principal de todos.
Con la ayuda de Yinsen, a quien ya le había explicado su plan y mostrado los bocetos de su idea, reunió todo lo que necesitaba de entre los materiales que había solicitado para "construir" el misil.
Esa misma noche ya tenía un reactor Arc funcional del tamaño de su puño.
Una vez libre de la batería de auto, empezó el verdadero trabajo pesado. La construcción de la armadura que llamó Mark I.
Cortar metal, soldarlo, atornillarlo.
Por un instante, casi se sintió en casa.
Recordó aquellos días que pasaba el tiempo construyendo con sus propias manos todo lo que diseñaba. Ahora todo lo que hacía era hacer planos y mandarlos a las fábricas para su construcción en masa.
El dolor en los brazos, su piel manchada de grasa en muchos puntos a lo largo de todo su cuerpo, el sudor llenándola por completo, no se había dado cuenta de que extrañaba esa sensación hasta que volvió a sentirla en todo su cuerpo.
Crear utilizando sus propias manos, eso era lo suyo.
•.¸¸.•✿•.¸¸.•✿•.¸¸.•
—Eres de Gulmira, ¿cierto? —preguntó Tony la noche siguiente, mientras cenaban un poco de sopa de vegetales y jugaban una partida de backgammon.
—Sí —respondió el hombre al tiempo que lanzaba los dados.
—¿Es agradable la vida ahí? —preguntó con genuina curiosidad.
—Antes lo era —Tony levantó la mirada para ver el rostro de su compañero, el cual no dejaba entrever ningún sentimiento—. Ahora, no estoy tan seguro.
Tony se quedó en silencio por algunos segundos, pensando en las palabras de Yinsen. Una duda se le presentó y no pudo evitar expresarla.
—¿Tienes familia? —pregunto tentativamente.
El hombre la miró fijamente por unos segundos antes de responder:
—Sí, y la veré cuando me vaya de aquí —eso la hizo relajarse un poco—. ¿Y tú, Tony? —ella le había dado permiso de usar su nombre y él, de tutearlo— ¿Tienes familia?
Ante la pregunta no pudo evitar sonreír.
—Sí. Tengo tres amigos que son casi mis hermanos y una preciosa y amorosa tía que me quiere como a su propia hija.
—Bueno, parece que sólo te falta el amor de una pareja para tener todo en la vida —dijo con una sonrisa.
Tony se sorprendió al darse cuenta de que había pasado por alto a Ezekiel. Estuvo a punto de decírselo, pero unos gritos y fuertes pasos se escucharon cerca de ellos.
Inmediatamente se levantaron y se colocaron en la posición que él le había enseñado el primer día. El líder de los Diez Anillos entró con una cara que le decía que no parecía muy contento con su desempeño.
«¿Sí?, pues ándate a la mierda, Imhotep. El misil te lo enviaré desde el escritorio de mi taller, aunque no en el empaque que esperas» pensó mientras le miraba fijamente.
La reunión terminó con una clara amenaza del líder de los Diez Anillos.
El plan había tenido que ser adelantado.
Yinsen y ella estuvieron toda la noche trabajando en lo que les faltaba para terminar el Mark I. Por fortuna ya no era mucho, pero lo que más tardaba en completarse era la carga al máximo del reactor.
Algunos hombres trataron de entrar al lugar, activando la bomba que habían construido con los explosivos que habían sacado de los misiles que desarmaron. Yinsen miró hacia la puerta destruida con nerviosismo.
—Te conseguiré tiempo, Tony.
—No —respondió ella, con el pánico subiendo por su garganta—, apégate al plan.
—Necesitas el tiempo, la carga apenas va por la mitad.
—No, Yinsen, apégate al plan —repitió.
El hombre le dirigió una última mirada y un segundo después corrió hacia la salida, debió tomar una de las armas de los hombres caídos pues lo escuchó disparar hasta casi vaciar el cartucho.
Cuando la carga finalmente estuvo completada, se encaminó a la salida, encontrándose con algunos soldados que iban a su encuentro.
Casi a la salida de la cueva, sobre algunos sacos de comida, encontró a Yinsen herido en el pecho. Se acercó lo más rápido que pudo con la armadura, y abrió su casco para poder verlo de frente.
—Vamos Yinsen, levántate. Tenemos que irnos de aquí.
—N-no… puedo.
—¡Rayos! ¡Te dije que te apegaras al plan! —estaba muy asustada, las lágrimas comenzaban a escocerle los ojos— Tienes que volver con tu familia.
—Mi f-familia ya no… existe T-tony. E-este siempre… f-fue el… plan.
Las lágrimas de Tony empezaron a rodar sobre sus mejillas sucias.
—N-no… llores. A-ahora… m-me reu… niré con ellos —le dirigió una sonrisa cansada, pero feliz—. V-vuelve… c-con la… tuya. P-protégela.
—Gracias —fue todo lo que pudo decir.
Él trató de extender su sonrisa y con esas últimas palabras, Yinsen cerró los ojos y su dificultosa respiración se detuvo por completo.
Con una mirada de furia, y con mayor decisión, se recolocó el casco y salió al encuentro de los terroristas. Activó el lanzallamas, quemando todas las armas que alcanzó. Sabía que sólo eso era necesario, los explosivos en las armas harían el resto para destruir ése lugar.
Antes de que las detonaciones comenzaran, encendió los cohetes en su espalda, los cuales había modificado para que no explotaran, y la elevaron por los cielos llevándola a al menos tres kilómetros de ahí.
Después de caer en la suavidad de la arena, se desprendió de la armadura y caminó por lo que le parecieron horas, hasta que un helicóptero de las fuerzas armadas estadounidenses voló sobre ella.
Tony pudo haber llorado de felicidad en ése momento. De hecho, un par de lágrimas se le escaparon.
Les hizo una señal de paz con sus dedos mientras se dejaba caer en la arena, todo el cansancio, el miedo que no dejó que la invadiera los días pasados, y el alivio la llenaron por completo.
Cuando vio a Rhodey bajar del helicóptero no pudo soportarlo más. Las lágrimas salieron por montones y no hubo nada que les impidiera salir. Su amigo —hermano— llegó hasta donde se encontraba, se arrodilló frente a ella y la abrazó.
—¿Qué tal estuvo el camper divertido?
Tony soltó un sonido que era una combinación de risa, jadeo y sollozo, y se abrazó más a él.
—La próxima vez no te separarás de mí.
Tony no estaba muy segura de que habría una próxima vez, pero por ahora, podía relajarse. Ya todo había terminado.
¤°. ¸¸. ·´¯`» Continuará… «´¯`·. ¸¸.°¤
Bien, creo que tengo que disculparme por la tardanza. He andado un poco loca con algunas cosas en la casa y el trabajo, además de que mi bebé —mi perro—, se enfermó, estuvo a muy poco de ser operado, pero ya está mejor y no hubo necesidad de llegar a un punto tan drástico.
Ahora, con el fic.
He agregado algunos datos y características de mi Fem!Tony, como el hecho de que sea una fanática de las carreras. Eso es algo que me ha quedado claro en las primeras dos películas, con la carrera con Happy en la primera y la carrera profesional en Mónaco en la segunda. La idea de un Tony adolescente y rebelde, escabulléndose para participar en carreras clandestinas no era algo muy difícil de idealizar para mí.
He hecho a mi Fem!Tony una gamer también. Y no es porque yo lo sea, es decir, sí, disfruto jugando uno que otro videojuego, pero no a tal grado. Prefiero leer, mil veces leer. Pero cuando pensé en lo que a un(a) niño(a) de los ochentas/noventas como Tony Stark no le podía faltar, fue: una consola de videojuegos. Además, con un Howard comprensivo, que no pensaría que los videojuegos son una pérdida de tiempo, y queriendo dejar a Anthoniette vivir los únicos aspectos de una infancia/adolescencia normal, definitivamente se lo hubiera permitido sin rechistar.
Extra: el dato del Pokémon esmeralda fue proporcionado por mi hermano. Y si leyeron con atención el summary se darán cuenta de que también se menciona.
En los comics, al menos en los primeros de Iron Man, Tony sí es un gran admirador del trabajo de Yinsen durante su tiempo en la universidad, y, dado que casualmente en el 99 (la conferencia en Berna del MCU) sucede durante el primer año de las maestrías de mi Fem!Tony, quise invertir los papeles.
Tony arquitecta. ¿Recuerdan las dos maestrías? Desde que vi a Tony diseñando personalmente la Torre de los Vengadores supe que su segunda maestría tenía que ser en la arquitectura y aquí no cambiaría por nada ese dato.
Creo que es todo, recuerden que si tienen cualquier duda o comentario pueden dejármelos en un review, o en un MP. Mi bandeja está abierta para todos.
Muchísimas gracias a Kana-23, Thais y Renesmee Black Cullen1096 por sus reviews.
Thais: Gracias chica, me alegra no ser la única que no disfruta de estas confusiones xD. Yo también amo el nombre de Anthoniette, aunque estuve a muy poco de llamarla Anthonella :S
Nos leemos luego, (la próxima vez no será una espera tan larga).
::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 12/02/2017
