CASO 2: Roland Lowry II

NA: Me he tomado la libertad de modificar algunas cosas del universo de Rowling pero para eso están los fics, ¿no?


Con el documento aun en la mano Danny entró a la oficina de Steve casi sin mirar, sumido en hipótesis y posibles explicaciones para el cambio de identidad de Roland, y por esa misma razón no pudo contener una carcajada cuando vio a Steve, sentado en una silla al lado de su pequeña chimenea con la cabeza metida entre llamas verdes. Parecía un avestruz escondiendo la cabeza bajo tierra y creyendo que así nadie lo veía. Éste al oírlo sacó la cabeza unos segundos para lanzarle una mirada fulminante.

- ¿Te importaría no hacer tanto ruido? - le preguntó con tono autoritario. - Estoy en mitad de una conversación.

Danny se cubrió la boca con una mano mientras no podía evitar seguir soltando risitas incontroladas. El mago puso los ojos en blanco para luego ignorarlo y volver a meter la cabeza entre las llamas. A Danny le dolía el estomago del esfuerzo por intentar reprimir la risa. Cerró los ojos, pensando que tal vez si no miraba la escena podría contenerse. Ese era un momento para inmortalizar. Decidido salió a toda prisa de la oficina y se metió en la cocina, recuperó su móvil de la mesa donde Evan lo había dejado y volvió a toda prisa. Steve aun seguía imitando a un avestruz así que aprovechó para sacarle un par de fotos con el móvil. Las envió a su correo electrónico para más seguridad y le mandó una a Grace junto con un pequeño texto explicándole quien era Steve y lo que estaba haciendo en la foto. Conociendo a su hija estaría riéndose tanto como él de la imagen.

- ¿Has acabado, Danny? - oyó que le decía el mago.

Levantó la mirada y vio que éste había terminado la conversación y lo estaba mirando con su expresión entre divertida y confundida que ya se le estaba haciendo familiar. Decidió bautizarla "No se que he hecho pero a Danny le hace gracia". No le gustaba demasiado ese nombre, ya pensaría en uno mejor más adelante.

- ¿Has logrado hablar con un Inefable? - le preguntó él.

- He concertado cita con uno, si – le respondió el moreno. - Para dentro de una hora en la entrada del Departamento de Misterios.

- ¿Crees que nos podrá explicar la situación de Evan? - dijo él, para seguir antes de recibir la respuesta. - Por cierto, al parecer Roland utiliza otro nombre en el mundo normal, se hace llamar Louis Sanderson, Evan también tiene ese apellido.

- Tal vez por eso no encontramos nada de ellos en la base muggle – dedujo Steve.

- Vale la pena echar un ojo a ver si por esos nombres hallamos algo – asintió él.

Volvieron a la sala principal y buscaron los dos nuevos nombres, cada uno en una base de datos diferente. Con el nombre de Louis Sanderson no hallaron mucha información, la dirección de su casa y un par de multas de trafico a su nombre pero poco más. En cambio con el nombre de Evan enseguida encontraron cuentas a su nombre en varias paginas sociales y en webs de juegos online. El chico tenia fotos colgadas con otros chicos y chicas de su edad, probablemente sus amigos, y un par de fotos con su padre pero sin etiquetar. No parecía haber nada inusual, lo normal de un adolescente en los tiempos que corrían, pegado a internet como todo el mundo. Ni una foto ni mención de su madre y no había nada registrado a su nombre con más de siete años de antigüedad, coincidiendo con el momento en que ambos desaparecieron del radar mágico.

- ¿Que opinas? - le preguntó al mago.

- Esta claro que el incidente que causó la muerte de la mujer de Roland tiene algo que ver con su huida al mundo muggle – respondió éste. - Me preocupa la cicatriz de Evan y el hecho de que no recuerde a su madre, me refiero a que con nueve años debería de tener muchos más recuerdos de ella que las ideas superficiales que nos ha contado.

Tenia razón, él también encontraba extraña la descripción que les había dado el muchacho. Ese tipo de recuerdo sensorial era más normal en niños que habían perdido a sus padres mucho antes de los nueve años. O en casos de amnesia causada por un incidente traumático.

- ¿Que ocurre con su cicatriz? - lo alentó a continuar.

- Por la forma y el lugar sospecho que pueda haber sido causada por un hechizo, probablemente un maleficio - argumentó Steve. - Lo que me lleva a preguntarme si su madre murió realmente en un accidente de coche.

- ¿Crees que Evan nos ha mentido? - le preguntó él mientras intentaba visualizar de nuevo el rostro del chico cuando les hablo de su madre, a él le había parecido sincero.

- No, no creo que nos haya mentido pero probablemente ni siquiera él mismo sepa la verdad - contestó el mago. - Al parecer no sabe o no recuerda nada referente al Mundo Mágico y si el incidente tuvo algún hechizo involucrado entonces teóricamente Evan debería saber de la existencia de la magia.

Era cierto, no tenia sentido. Pero tampoco tenia ningún sentido que un mago con una posición respetada e importante en el ministerio decidiera sin aparente motivo desparecer en el mundo normal con su hijo y fingir que era otra persona. Engañar a su hijo de esa manera no tenía lógica, no sin una buena razón detrás. Como padre había pocas situaciones que lo impulsarían a hacerle algo así a su hija, ocultarle quien era él en realidad, y ninguna de las posibilidades era muy prometedora. Si Roland era tan buen padre como su hijo parecía creer no habría hecho algo así a no ser que el chico o él mismo estuvieran en peligro.

- Steve, por lo que tengo entendido los squib son hijos de magos que no poseen magia alguna, ¿verdad? - le preguntó, a lo que el moreno solo asintió - ¿Es posible que eso lo pusiera en peligro? Es decir, ¿son los squibs perseguidos o discriminados de alguna forma en vuestro mundo?

- En teoría no - respondió él. - Es decir, legalmente no tienen menos derechos que cualquier otro mago, hay una política tolerante que intenta evitar las distinciones de este tipo.

- ¿Pero? - le instó él, sabía que había un pero, siempre había uno.

- Siguen estando limitados en nuestro mundo simplemente por el hecho de que éste esta diseñado por y para magos y brujas - prosiguió Steve. - Tu mismo tuviste problemas esta mañana para acceder a las oficinas al no poseer varita, es lo mismo en todas partes. No es que se busque activamente desplazarlos pero en un mundo donde todo gira entorno a la magia supongo que es difícil para alguien sin ella encontrar su lugar.

Eso tenía cierta lógica, suponía que sería como se sentiría alguien sin ninguna noción de tecnología en una gran ciudad. Pero eso no explicaba la decisión tan drástica de Roland.

- Además aun ahora hay grupos con ideologías Sangre-pura, por desgracia - continuo Steve. - Aunque no es legal ni ético usar los orígenes de alguien para discriminarlo aun hay familias que de puertas adentro siguen esa mentalidad.

- Hermione me comentó algo de eso, dijo que esas ideologías eran las que habían conducido a las dos últimas guerras.

- Por supuesto que lo hizo, ella debe saber mejor que nadie lo que pueden llevar a provocar esos ideales - musito él para luego soltar una risita. - Aun no puedo creer que seas tan amigo de Hermione Weasley.

- ¿Por que no? - lo cuestionó él. - Hermione es una persona maravillosa, no te atrevas a decir nada en su contra en mi presencia.

- Claro que no, no es eso - protesto él. - Al contrario, siempre la he admirado, a el Trío de Héroes al completo de hecho.

- El Trío de Héroes? - preguntó él con una sonrisa.

- Es un nombre estúpido y cliché con el que la prensa los bautizó a ella, su marido Ronald Weasley y al jefe de aurores Harry Potter - le explicó él con una sonrisa avergonzada. - Solía tener mi habitación llena de pósteres de ellos cuando era un crío, fueron mis héroes y mi inspiración durante muchos años.

Danny soltó una risita al imaginarse a Steve de niño jugando a ser Hermione.

- Puedo invitarte la próxima vez que Grace y yo quedemos con ella si quieres - le ofreció.

Se quedó pensando en las veces que la bruja había intentado convencerlo para ir a su casa a conocer a su familia. No era que no quisiera pero las reuniones familiares normalmente ya eran intimidantes, una con una familia mágica lo aterraba.

- ¿De verdad no te importaría? - le sonrió el mago con sinceridad. - La verdad es que me gustaría mucho conocer a Grace.

Danny se giró a verlo sorprendido. La oferta realmente había sido para que Steve conociera mejor a uno de los héroes de su infancia, había mencionado a Grace casi sin pensar en ello pero al parecer el mago deseaba más conocer a su hija de nueve años que a la famosa bruja. No entendía a Steve.

- Ella también quiere conocerte - confesó con sinceridad. - Puede que le comentara que fuiste tu quien me habló de la granja de caballos alados y quiere darte las gracias - le explicó ante su mirada asombrada. - Probablemente también quiera preguntarte cosas sobre el Mundo Mágico, su padre no le sirve de mucho en ese aspecto.

- Por supuesto, me encantaría resolverle cualquier duda que tenga - se apresuró a contestar Steve, sonriendo ampliamente. - Me alegro de que le gustaran los animales.

- ¿Bromeas? - rio él. - Le encantaron, ¿a que niña de nueve años no le gustan los caballos alados? Casi se pone a llorar cuando nos íbamos.

Steve sonrió sin mirarlo, aparentemente complacido consigo mismo. Danny puso los ojos en blanco.

- Entonces, ¿a que hora decías que habías concertado la cita con el inefable? - preguntó él, volviendo a la investigación. - Porque si tenemos que llegar hasta el ministerio en plena hora punta deberíamos ir saliendo ya.

- No seas ridículo Danny, es mucho más rápido usar la Red Flu - le replicó él.

- Ya sabes lo que pienso de esa particular forma de viajar Steve - protestó él.

- Sabes tan bien como yo que en este caso, como en todos los secuestros, el tiempo es un factor esencial Danny - le replicó él. - En condiciones normales no me importa ir con el coche pero esta vez voy a tener que insistir, si quieres venir tendrá que ser o apareciéndonos o con la Red Flu. O puedes quedarte aquí y voy yo, lo que prefieras.

Muy a su pesar el mago tenía razón, en casos de secuestro las primeras 24 horas podían ser cruciales y no había duda de que los transportes mágicos aunque molestos eran mucho más rápidos. Iba a tener que aguantarse.

- Esta bien, entonces prefiero la Red Flu - aceptó él a regañadientes. - Pero me voy a llevar Poción Inhibidora por si acaso.

- Eres consciente de que ese no es el verdadero nombre de esa poción, ¿verdad? - comentó el mago con expresión divertida.

- Su nombre real es largo y absurdo así que la he rebautizado - respondió él mientras se levantaba de la silla. - ¿Además que más da? Una rosa no dejaría de ser una rosa aunque se llamara de otro modo.

- ¿Acabas de citar a Shakespeare? - oyó que decía Steve mientras él lo ignoraba y se dirigía a su oficina a por las mencionadas pociones. - ¿Romeo y Julieta? ¡¿En serio Danny?!

Danny no pudo contener la risa ante el tono asombrado en la voz del mago. Al parecer los clásicos de la literatura británica eran internacionales sin importar en que mundo vivieras. Personalmente siempre había considerado a los personajes de ese drama estúpidos e infantiles. Que ambos acabaran suicidándose le parecía una gran lección en la vida, moraleja: el amor solo trae problemas. Lastima que entendió esa parte demasiado tarde.


El Departamento de Misterios se encontraba en la planta nueve del Ministerio, a Danny le costaba respirar si empezaba a pensar en los metros y metros de tierra que los separaban de la superficie así que intentó distraerse observando alrededor. Por lo que él sabia el Ministerio de Magia tenia diez plantas todas subterráneas por lo que la numeración de cada una iba en sentido contrario al usual, y la entrada principal se encontraba en el octavo piso, de manera que había dos más por debajo. Se encontraban en el noveno.

Al abrirse las puertas del ascensor los recibió un pasillo oscuro, estrecho, sin ventanas, ladrillos negros en las paredes con columnas cuadradas y baldosas también oscuras en el suelo. Había poca iluminación en la sala, solo pequeñas antorchas con una llama azul cada dos columnas que le daban al lugar un aire aun más tétrico. Al final del pasillo se podía ver una única puerta azul y decorada con símbolos raros. Danny puso los ojos en blanco, los magos eran los reyes del dramatismo.

- ¿Así que éste es el Departamento de Misterios? Le pega el nombre – dijo con fingido entusiasmo mientras empezaba a caminar por el pasillo, el sonido de sus pasos resonando exageradamente. - Dime Steve, ¿que vino primero? ¿El nombre del Departamento o la decoración tétrica a juego?

- Teniendo en cuenta de que el Departamento de Misterios existe desde antes del siglo XVII y mucho antes de que se creara el propio Ministerio yo diría que primero fue el nombre – respondió el mago siguiéndole el juego. - ¿Pero quien sabe? Tal vez el propio departamento se bautizó a si mismo.

- El arquitecto que diseñó el lugar se tomó el nombre del departamento muy en serio – comentó él mientras se acercaba a la puerta. - Es una buena manera de saber en que planta estas supongo, aunque habría sido mucho más sencillo poner un cartelito con el nombre en la pared.

El mago soltó una risita y lo detuvo del brazo cuando iba a abrir la puerta.

- Es mejor que esperemos aquí, Danny – le explicó. - El departamento tiene varios conjuros y trampas para mantener encerrado a todo aquel que entre sin una autorización.

- Como no, no se de que me sorprende – musitó él.

Esperaron unos minutos antes de que la puerta se abriera, revelando a un mago de edad avanzada vestido con una túnica gris y sombrero puntiagudo. Se dirigió hacia ellos directamente cuando los vio, con expresión seria.

- Golpeador – saludó a Steve con un movimiento de cabeza antes de mirarlo a él, levantando una ceja al notar su ropa.

- Detective Daniel Williams – le dijo extendiendo una mano. - Es un placer.

- Michael Corner – se presentó el mago mientras le estrechaba la mano.

- Gracias por recibirnos señor – empezó Steve con educación. - Agradecemos su colaboración con la investigación.

- Roland fue un compañero muy apreciado en el departamento – respondió éste. - El chico tenia una mente prodigiosa, sobretodo en cuanto a creación de nuevos hechizos y rituales.

- Hemos descubierto que Roland ha pasado los últimos siete años viviendo en el Mundo Muggle bajo otro nombre – dijo Danny, yendo directamente al grano. - ¿Tiene alguna idea del por que de ese cambio?

- Por supuesto, eso fue después del incidente con su hijo – le explicó el mago. - Supongo que ya conocen a Evan, ¿verdad? Un gran muchacho, inteligente a pesar de su defecto de nacimiento.

Danny tardó unos segundos en darse cuenta de que el mago se estaba refiriendo al hecho de que Evan fuera un squib. Su "defecto de nacimiento" del cual el mago hablaba con verdadera pena era el haber nacido sin magia. Se tensó. Otro mago que se creía superior a la gente normal. Como odiaba ese mundo.

- Somos conscientes de que Evan es un squib señor – habló Steve antes de que él pudiera decir nada, probablemente notando su enojo. - Pero no hemos encontrado ninguna documentación de ello y además el chico parece no saber nada de la magia. ¿Sabe por que Roland le ocultaría algo así a su hijo?

- Roland es un buen amigo y un buen hombre, mucho mejor que la mayoría – prosiguió el mago. - Mucho mejor que la víbora con la que se casó, por ejemplo.

- ¿Que quiere decir? - preguntó él, sorprendido.

- Evan no manifestó ninguna habilidad mágica de pequeño pero hay niños que tardan más que otros así que ni Roland ni su mujer nunca sospecharon que pudiera ser un squib – empezó él. - Al fin y al cabo los dos provenían de una larga familia de magos sangre-pura, era impensable que su hijo no fuera un mago.

- Pero no fue así – interrumpió Steve, remarcando lo obvio.

- No, pasaban los años y seguía sin manifestar su magia así que su madre empezó a ponerse nerviosa – prosiguió el Inefable. - Ella siempre fue mucho más radical que Roland. Empezó inocentemente, haciéndole pruebas al niño para motivarlo a manifestar su poder pero como no funcionaba al final terminó convenciendo a Roland de llevarlo al medimago a hacerle un análisis de magia.

- ¿Un análisis de magia? - preguntó Steve, aparentemente escandalizado. - Tenia entendido que era peligroso realizar ese tipo de análisis en niños, sobretodo si aun no han manifestado su magia de forma natural.

- No es exactamente peligroso pero no está recomendado puesto que puede causar problemas en el desarrollo normal de la magia del niño – explicó el mago. - No es ilegal aunque es poco usual así que no tuvieron problemas en hacerle la prueba. Éstos vinieron después.

- Cuando tuvieron pruebas de que Evan no tenia magia – adivinó él.

- Exacto – afirmó el mago. - Fue una sorpresa para todos pero mientras que Roland lo aceptó e intentó adaptarse a ello su mujer enloqueció. Empezó a buscar maneras de demostrar que Evan era un mago y cuando éstas fallaron empezó a acusar a Roland de haberle hecho algo al niño, de haberlo "mutilado", como decía ella.

- ¿Entonces la cicatriz que tiene Evan en el pecho…? - preguntó Steve, a lo que el otro mago asintió con ojos tristes.

- Empezó a decir que ella lo "curaría", que Roland le había hecho algo terrible a su hijo, que le había arrebatado su magia para algún experimento secreto de nuestro departamento pero que ella le devolvería lo que era suyo.

- No puede ser… - exclamó Steve de golpe. - ¿Intentó…?

- Si, intentó hacer el ritual de donación de magia utilizando a su marido como donante.

Tanto Steve como el otro mago lucían expresiones serias y perturbadas, su rostros estaban pálidos y ambos estaban tensos. No acababa de entender de que iba todo eso pero parecía ser malo, extremadamente malo.

- Perdonad pero, ¿podríais explicarme de que va ese ritual? - les preguntó, su curiosidad hablando por él de nuevo.

Ambos magos lo miraron sorprendidos, como si no se esperaran esa pregunta. Corner parecía casi ofendido pero la expresión de Steve en seguida mutó a una de comprensión.

- Es un ritual muy antiguo, de la época medieval, que se creó para quitarle la magia a un mago y dársela a otra persona, normalmente squibs nacidos en familias importantes – explicó el mago golpeador. - Por supuesto no funciona y lo único que hace es torturar y matar a ambos, tanto al donante como al receptor.

- ¿Me estas diciendo que esa mujer intentó matar a su marido y a su hijo de nueve años solo porque éste nació sin magia? - exclamó él horrorizado.

- Ella estaba convencida de que funcionaria, Roland por supuesto no tenia ni idea de sus intenciones, la seguía queriendo a pesar de todo – prosiguió el Inefable. - Por fortuna ese día había quedado con él y al no aparecer me preocupé y avisé a los aurores, cuando estos llegaron los encontraron a los dos atados y siendo sometidos al ritual a la fuerza – se estremeció el mago. - Si no lo llego a hacer… o si los aurores hubieran tardado solo unos minutos más… no quiero ni imaginármelo.

Un silencio tenso llenó el ya de por si tétrico pasillo. Danny no podía entender como alguien le haría eso a su propio hijo y a la persona que en teoría amaba solo por una tontería como esa. Esos prejuicios absurdos que tenían los magos en general iban mucho más lejos y eran más peligrosos de lo que nunca se hubiera imaginado.

- ¿Fue entonces cuando murió la madre de Evan, entonces? - preguntó él, rompiendo el silencio.

- ¿Morir? - preguntó en respuesta el mago. - No esta muerta señor Williams, esta encerrada en Azkaban y seguirá allí todo lo que le queda de vida.

- Pero Evan nos dijo que estaba muerta – protestó él.

- Después del incidente Roland se volvió paranoico, se asustaba de su propia sombra y era incapaz de perder de vista a Evan ni por un sólo segundo – explicó él. - El chico estaba destrozado, traumatizado incluso. Fue entonces que Roland decidió que lo mejor para él, para evitar que algo similar volviera a suceder era mudarse al Mundo Muggle y vivir como ellos - concluyó el mago. - Dejó su vida y todo lo que había logrado atrás para proteger a su hijo.

Si, eso si que tenia más sentido. Probablemente él habría hecho lo mismo si hubiera estado en su situación, si alguien, especialmente Rachel, hubiera estado a punto de matar a Grace en un ataque de locura haría todo lo que fuera necesario para alejar a su hija del peligro.

- ¿Fue entonces que obliviató a Evan? - oyó que Steve preguntaba.

- Si, dijo que la mejor manera de proteger a Evan era haciendo que olvidara todo lo referente a la magia, al menos temporalmente.

- ¿Que quiere decir con eso de temporalmente? - le instigó él.

- Pues precisamente eso, el conjuro que utilizó es reversible, creo que su intención era devolverle los recuerdos cuando fuera mayor, si éste lo deseaba – concluyó el mago.

- Eso explica porque Evan tiene recuerdos confusos y porque viven como muggles pero no nos dice nada del secuestro – resumió Steve, volviendo al tema principal. - ¿Cree que es posible que la madre del chico esté involucrada?

- Imposible, sigue en Azkaban y Roland nunca mencionó a algún familiar, al parecer no se relacionaba mucho con ellos – respondió el mago. - Se conocieron en el extranjero, creo que ella era de Polonia o Rumanía, no lo se seguro.

- Que no hubiera relación familiar en aquel entonces no tiene porque significar que no haya ningún familiar por allí cabreado con Roland – comentó él, pensativo. - Es poco probable pero es mejor mantener la mente abierta. ¿Sabe el nombre de soltera de la ex-mujer de Roland?

- Si, se llama Lukovic, Chelsea Lukovic.

Danny sacó el móvil y se apuntó el nombre en una nota, con la intención de buscar toda la información posible una vez volvieran a estar en las oficinas. Definitivamente sonaba a polaco.

- Tenemos entendido que Roland tenía una reunión con alguien de su departamento esta mañana – comentó Steve. - ¿Tiene alguna idea de sobre que se podría tratar?

- Por supuesto, había quedado conmigo, quería hablarme de un nuevo descubrimiento – les explicó él. - Verán, Roland siempre tuvo una mente respetada en nuestro departamento y tras el incidente lo instigamos a que no perdiera el contacto y prosiguiera sus estudios aunque fuera desde casa. Él en cambio decidió cambiar su área de estudio, se obsesionó con la magia de protección y ocultación.

- ¿Hizo algún progreso recientemente? - prosiguió Steve. - ¿Algo que pudiera justificar su secuestro?

- Se había vuelto muy paranoico en los últimos meses, más de lo normal en él quiero decir – respondió el Inefable. - Enviaba mensajes encriptados a altas horas de la noche o enviaba Patronus directamente a casa de sus compañeros, molestándolos en horas fuera del trabajo.

- ¿Sobre que eran esos mensajes? - preguntó Danny.

- Decía que eramos vulnerables, que todos los conjuros de protección en la actualidad partían siempre de la misma base y que había encontrado una forma de desestabilizar ésta base, afectando y destruyendo a todos y cada uno de ellos – explicó el mago. - Decía que ni siquiera el Fidelius o los más complejos conjuros de ocultación y barrera eran inmunes, que debíamos modificar todos y cada uno de los conjuros de protección de nuestro mundo para evitar una catástrofe – prosiguió el hombre, con claro tono de incredulidad en su voz. - Como comprenderán esa era una demanda absurda e imposible de realizar, y menos aun sin pruebas.

- ¿Y tenía razón? - insistió Steve.

- No lo se, se suponía que hoy iba a traerme una prueba de su teoría.

Danny intercambió una mirada con Steve, el Inefable parecía poco convencido de la veracidad de los estudios de Roland pero era mucha casualidad que hubiera sido secuestrado justo el día en que llevaba la mencionada prueba al Ministerio. Alguien más sabia lo que Roland estaba haciendo y si realmente lo había logrado podían tener realmente un problema de seguridad nacional entre manos.

- ¿Y si lo consiguió? - preguntó él. - ¿Y si el motivo de su secuestro fue precisamente obtener esa prueba?

- Entonces estaremos en graves problemas muy pronto – respondió el Inefable. - Roland dice la verdad en cuanto a la base de los hechizos de protección y si alguien consiguiera la forma de neutralizar esa base no habría lugar seguro en el mundo donde esconderse.

Eso no sonaba bien, no sonaba nada bien. Intercambió una mirada con Steve y comprendió que a él tampoco le gustaba nada el giro que estaba dando esa investigación. Le dieron las gracias al Inefable por su ayuda y se despidieron, volviendo al ascensor y al vestíbulo principal del Ministerio.

- Creo que deberíamos ir a ver a Lukovic – dijo de pronto Steve, deteniéndose a mitad del vestíbulo con gente protestando a su alrededor por tener que esquivarlo.

- ¿En prisión quieres decir? - le preguntó él. - ¿Ahora? ¿De verdad crees que vale la pena?

- El secuestro fue demasiado perfecto, demasiado elaborado para no haber sido preparado con mucha antelación – se explicó el mago. - Alguien tuvo que saber que Roland iba a venir justamente hoy al Ministerio con las pruebas y tuvo que saber la ruta exacta y la hora. Es muy probable que sea un trabajo de dentro.

- Estoy de acuerdo pero precisamente por eso creo que la ex-mujer esta descartada, ha estado encerrada en Azkaban durante siete años Steve, y por lo que se sigue allí – le contestó él.

- ¿Y si de alguna forma ha escapado? - preguntó él. - No sería la primera vez que alguien se fuga de Azkaban y los Dementores no distinguen a un mago de otro, creo que es mejor asegurarse.

- ¿Dementores? - empezó a preguntar para interrumpirse a sí mismo. - Espera, no quiero saberlo. ¿Quieres ir a hacerle una visita a la ex-mujer? De acuerdo, pero hablas tu, yo tengo mala experiencia con ellas.

- ¿Con las mujeres o solo las ex-mujeres? - se burló el mago.

- Puedes reír lo que quieras pero algún día estarás en mi lugar, porque créeme el destino de todo hombre es tener a una horrible ex-mujer que lo odie, y cuando eso pase yo estaré allí para reírme de ti McGarrett – le aseguró. - Es una promesa.

- Cuento con ello – replicó el moreno con una sonrisa.

- Entonces, ¿como llegamos a Azkaban? - le preguntó, volviendo al tema importante. - ¿Red Flu?

- No, la prisión esta en una isla y no tiene conexión a la red – le explicó Steve. - Vamos a tener que aparecernos en el margen del escudo anti-aparición.

Aparición. Genial. Su día mejoraba por momentos.

- Creía que no se podía utilizar la aparición para dejar la isla – preguntó, recordando a Chin mencionándoselo. - ¿No tiene un limite en la distancia en que se puede aparecer?

- Si, pero realmente depende de la habilidad del mago – respondió el mago golpeador.

- No me lo digas, tu limite es más alto que el del mago promedio – afirmó él poniendo los ojos en blanco.

El mago no respondió, sólo le dedicó una amplia sonrisa que lo confirmaba. Como no. Steve era incapaz de hacer nada normal, siempre tenia que sobresalir en todo.

- De acuerdo – respondió resignado mientras le ponía una mano en el brazo al mago. - Acabemos con esto cuanto antes mejor.

Steve le sonrió antes de agarrarle el otro brazo y arrastrarlo con él a través del ya familiar embudo helado hacia Azkaban, la prisión de los magos de la que tanto había oído hablar.


Azkaban era un edificio de forma triangular de más de cien metros de altura, de hormigón y piedra, casi sin ventanas ni puertas, ocupando prácticamente toda el área de la roca desnuda que sobresalía en medio de un mar enloquecido y furioso. Por si eso fuera poco el edificio parecía embrujado, incluso antes de entrar, en la explanada a varios metros de la puerta, Danny podía percibir una aura oscura y asfixiante proviniendo del lugar. Tenia todo el vello del cuerpo erizado, los huesos helados y tanto sus sentidos como su sentido común le gritaban que se alejara de allí. Y aun no había ni entrado.

- Steve, este lugar tiene algo oscuro – le dijo al mago, reteniéndolo del brazo. - Puedo percibirlo incluso desde esta distancia.

El mago golpeador lo miró seriamente por unos segundos antes de desviar la vista de nuevo hacia el edificio, frunciendo el cejo.

- Tal vez seria mejor que te quedaras aquí, Danny – le dijo con voz calmada. - No había tenido en cuenta tu percepción, tienes razón, este lugar está lleno de residuos de magia negra. Y por supuesto están los Dementores.

- ¿Dementores? - preguntó él, no era la primera vez que oía esa palabra pero no sabia el significado. - ¿Y eso que es?

- Los Dementores son una de las criaturas mágicas más oscuras y malévolas que existen en nuestro mundo – le explicó el moreno. - Se alimentan de las emociones humanas, las positivas en concreto como la felicidad, el afecto o la alegría, dejando a las personas a su alrededor con lo demás: tristeza, depresión, miedo, dolor, ansiedad – prosiguió el mago con expresión sombría. - Hay una población de estas criaturas residiendo en Azkaban, actuando como guardias de los presos más peligrosos.

¿Criaturas que se alimentaban de la felicidad de aquellos que los rodeaban? ¿Como era eso siquiera posible? Cuanto más descubría del Mundo Mágico más aterrador le parecía. Y criaturas como esas eran los guardias de la prisión, eso era mucho peor que cualquier otra prisión de su mundo, ni siquiera Alcatraz fue tan terrible.

- ¡Pero eso es inhumano! - protestó él. - Si esas criaturas son tan terribles, ¿como permiten que sean los guardias de la prisión?

- El anterior Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, intentó purgar Azkaban de los Dementores y poner aurores de guardias pero con el paso de los años empezaron a aparecer nuevos Dementores de la nada dentro de las murallas – explicó Steve mientras empezaba a andar de nuevo. - Eso junto con los ataques a civiles por Dementores que escaparon la purga y empezaron a formar colonias incontrolables en el mundo mágico obligó al Ministerio a reconsiderar su decisión.

- ¿Como que aparecieron de la nada? - exclamó él. - ¿Que rayos significa eso?

- Nadie sabe de donde provienen los Dementores ni como se reproducen, Danny – prosiguió el mago. - Se descubrieron en Azkaban mucho antes de que la fortaleza fuera convertida en una prisión, poco después de la muerte de su constructor, el mago oscuro Ekrizdis, en el siglo XV – prosiguió Steve con su lección de historia. - Nadie sabe exactamente que pasó entre estos muros antes de su muerte pero se sospecha que Ekrizdis capturó innumerables marineros muggles y los usó como conejillos de indias para experimentos de magia negra de los más terribles.

- Vaya, un gran modelo a seguir – interrumpió él. - ¿Te das cuenta de que cuanto más se de tu mundo menos me gusta?

- Con su muerte los hechizos de ocultación desaparecieron y fue entonces cuando el resto del Mundo Mágico descubrió la existencia de éste lugar – prosiguió Steve ignorándolo completamente. - Para entonces ya era demasiado tarde, cuando los primeros magos entraron por primera vez en Azkaban estaba infectado de Dementores. Hay varias teorías sobre su origen pero muchos expertos opinan que nacieron de la gran acumulación de magia negra del edificio. - concluyó el mago. - Por eso aunque se intentó limpiar el lugar de Dementores eventualmente van apareciendo de nuevo.

- ¿Y no seria más fácil limpiar el lugar de la magia negra residual? - preguntó él, interesado muy a su pesar. - Es decir, si esas criaturas nacen de la magia negra lo mejor seria eliminar la fuente, ¿no?

- Teóricamente pero eso no es tan fácil de hacer, Danno – le contestó. - Este lugar ha estado inundado de magia negra, sufrimiento y muerte por demasiado tiempo. Las paredes recuerdan y no olvidan con facilidad.

Danny miró la puerta negra enfrente suyo, parecía la entrada de una cueva siniestra, escenario de las peores pesadillas posibles. El lugar era escalofriante, cierto, pero como policía ya se había visto en situaciones similares antes: tener que ir a algunos de los peores y más nauseabundos rincones del mundo en busca de respuestas.

- Esta bien, vamos a ello – sentenció, inspirando profundamente y ignorando los escalofríos que lo recorrían con cada paso.

- Danny lo digo en serio, sería mejor que esperaras aquí – insistió Steve.

- No soy ningún bebé, Steven – protestó él. - Este lugar no me gusta nada, cierto, pero el trabajo es el trabajo y nuestro deber es encontrar a Rolan. Además llevo mi poción, si la situación se vuelve intolerable siempre me la puedo tomar.

El mago golpeador lo miró atentamente con los ojos entrecerrados y la cabeza inclinada levemente hacia la derecha, como si estuviera intentando ver a través de él o decidiendo si valía la pena insistir. Al final cerró los ojos con un suspiró mientras con una mano se pellizcaba el puente de la nariz. Parecía resignado. Danny sonrió.

- Esta bien, pero a la más mínima incomodidad me avisas, te tomas la poción y sales de aquí, ¿esta claro? - sentenció Steve.

- ¡Señor, si, señor! - replicó él imitando el saludo militar.

El mago solo sacudió la cabeza con una leve sonrisa y se dirigió al guardia de la puerta para identificarse y solicitar acceso a la prisión. Danny lo siguió sin decir nada, lanzándole una mala mirada al guardia cuando éste miró su ropa con desdén. Tras unos minutos el mago los dejó entrar y otro mago se presentó como su guía.

El interior de la prisión era tan o más deprimente y tétrico que el exterior, había una presencia invisible en el lugar, como una niebla que oscurecía cada rincón y alargaba las sombras. Danny sintió un estremecimiento y no pudo evitar mirar a sus espaldas en más de una ocasión, convencido de tener a alguien siguiéndolo, podía sentir su mirada en la nuca. Siguió a Steve y al otro mago, escuchando a medias su conversación y girándose de vez en cuando. No vio a nadie en ninguna ocasión pero la sensación de estar bajo vigilancia no lo abandonó ni por un instante.

- Chelsea Lukovic es una de las prisioneras en el área controlada por los dementores debido a la gravedad de sus crimines – oyó que decía el guardia. - Pero tenemos una sala lejos de esa zona donde la pueden interrogar.

- Seria preferible – asintió Steve echándole a él una mirada fugaz. - Preferiríamos no acercarnos a los dementores si eso es posible.

- Lo entiendo completamente, no se preocupe, normalmente no salen de esa zona – explicó el mago. - Tenemos guardias patrullando el perímetro para evitar que salgan de allí, pero casi nunca se alejan de los presos. Son realmente unas criaturas horribles.

Danny empezó a notar como sus sentidos se embotaban, las voces de los dos magos parecían cada vez más lejanas, su vista se desenfocaba, empezaba a marearse levemente y un frío horrible empezaba a inundarle el cuerpo. Se detuvo y apoyó una mano en la pared, sacudiendo la cabeza intentando aclarar sus pensamientos. Algo no iba bien. Tanteó el bolsillo de su abrigo en busca de la Poción Inhibidora pero sus manos temblaban tanto que el vial le resbaló de entre los dedos y cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. Su vista se oscurecía por momentos, intentó localizar a Steve, avisarle de que algo estaba mal pero no era capaz de distinguir mas allá de sus manos. A su alrededor la niebla oscura se había espesado, llevando consigo murmullos que no lograba identificar.

Por algún motivo que no pudo entender recordó de golpe a Grace con tres años ingresada en el hospital, con una mascara de oxigeno y el rostro pálido, tenia pulmonía y no parecía mejorar, ¿y si no lo hacia? No podía perder a su hija, no a su niña. Pero la había perdido igualmente, ¿verdad? Vio a Rachel delante suyo, gritándole con lagrimas en los ojos ¡No puedo soportarlo más Danny! ¡¿Acaso tu trabajo es más importante que tu familia?! ¡¿Que nosotras?! Tenía solo quince años y nunca más iba a poder jugar al béisbol, su rodilla no lo soportaría. Llegaron al lugar demasiado tarde, el cuerpo del pequeño yacía inmóvil en un rincón, lleno de sangre y suciedad, le había fallado, no había podido salvarlo. Rachel saliendo de casa con Grace en brazos, la pequeña llorando y alargando una pequeña mano hacia él, ¡Papa! La mirada de decepción de su madre, el enojo de su padre. Las miradas recelosas y desconfiadas de sus nuevos compañeros en Scotland Yard, pero no importaba, no estaba allí para hacer amigos, no importaba. Recuerdo tras recuerdo se arremolinaban a su alrededor, ahogándolo. Sentía el dolor en la rodilla, en la espalda por la herida de bala, las quemaduras del caso del pirómano, se ahogaba como la vez que acabó una pelea en una piscina. Empezó a gritar.

Y de golpe sintió a alguien allí, esa vez de verdad. Levantó la mirada y vio a una figura oscura, más que la niebla que lo rodeaba. Llevaba una capa negra desgarrada en los extremos que le cubría el rostro pero dejaba entrever una mano esquelética, callosa, casi momificada. La figura lo estaba mirando directamente, flotaba en el aire pero se acercaba hacia él decidida, la mano extendida. Danny sintió un tirón, como si algo fuera absorbido de él, algo intangible. Los recuerdos, las imágenes, se hicieron más nítidos, más reales. Rachel le estaba dando un ultimátum: su trabajo o ella y él no podía elegir, ¿por que? ¿por que me haces esto Rachel? Llevaba dos semanas sin ver a su hija, sin ser capaz ni de hablar con ella. El juez decidió darle la custodia a Rachel porque su trabajo no era suficientemente estable. El cadáver flotaba boca abajo en el agua, estaba hinchado y verde y el olor era nauseabundo. La explosión lo arrojó a varios metros, todo le dolía pero tenia que levantarse, sus compañeros estaban allí, tenia que asegurarse de que estaban bien, por favor que estén bien. Grace alejándose tras una reja metálica de la mano de Rachel y un hombre que no era él.

- ¡Danny!

Un estallido de luz le obligó a cerrar los ojos y a cubrirse la cabeza con las manos. Sintió unas manos posarse en sus hombros y pegó un brinco, intentando alejándolas de él, no lo atraparían, no, no.

- ¡Danny! Tranquilo, estas a salvo, tranquilo.

Abrió los ojos. Se encontraba sentado en el suelo con la cabeza escondida entre las piernas dobladas, las mejillas mojadas y las manos agarrando unos brazos que lo sujetaban. Vio unos ojos grises que lo observaban con preocupación. Conocía esos ojos.

- Estas a salvo, respira profundamente.

¿Respirar? Se dio cuenta entonces de que estaba hiperventilando. Cerró los ojos e intentó disminuir la velocidad de su respiración y coger más aire en cada inspiración. Estaba funcionando, poco a poco sintió su corazón calmarse y su respiración normalizarse. Abrió los ojos de nuevo. Esa vez reconoció esos ojos y el rostro que los acompañaba. Steve.

- ¿Que ha pasado? - murmuró como pudo.

- Un dementor, Danny – le respondió el mago en el mismo tono de voz. - Era un dementor.

Recordó la figura flotante envuelta en un manto negro y rodeada por niebla oscura y gélida. Aun temblaba y podía ver a Rachel chillándole como en el día en que su matrimonio se rompió definitivamente.

- Toma, cómete esto – oyó que Steve le decía, acercándole algo oscuro. - Es chocolate, te irá bien.

Chocolate. Lo tomó y mordió un trozo. Casi al instante sintió el calor expandirse por su interior, disipando los malos pensamientos. Wow. No volvería a reírse nunca más de la relación entre las chicas y el chocolate, eso realmente funcionaba.

- Lo siento – se disculpó. - Tenias razón, no debería haber entrado.

- No, Danny, no ha sido culpa tuya – recibió en respuesta mientras el mago se levantaba y le extendía una mano. - Esto no debería de haber pasado – añadió lanzándole una mirada fulminante al guardia.

- De verdad que no lo entiendo, Golpeador – balbuceó éste. - Los dementores nunca salen de su zona, es como si algo lo hubiera atraído hasta aquí.

Danny tuvo un mal presentimiento. Recordó la sensación de ser observado, de ser perseguido, justo antes de que apareciera esa horrible criatura. Tal vez estaba siendo egocéntrico pero ¿y si el dementor había ido a por él?

- ¿Quiere eso decir que puede que acudan más? - preguntó, odiando el temblor y debilidad en su voz, parecía realmente un niño aterrado.

La mano de Steve que aun estaba aferrando la suya apretó su agarre. Supo al instante que el mago había pensado lo mismo que él, no podía explicar como lo sabia pero era así.

- Nos vamos de aquí – decidió. - Ahora mismo

- ¿Pero y que pasa con Chelsea? - protestó él débilmente, quería irse, de verdad que quería, pero habían ido hasta allí por un motivo y no podían irse con las manos vacías.

- Ya veremos, si es necesario volveré más tarde – contestó el mago. - Ahora mismo necesitas salir de aquí Danno, lo demás puede esperar.

Por un instante Danny pensó en protestar. Nunca se le había dado bien el dejar que los demás cuidaran de él, no le gustaba nada sentirse protegido, no le gustaba ser alguien que necesitara que lo protegieran. Pero entonces intentó hacer un paso y las piernas le temblaron, amenazándolo con dejarlo caer al suelo. Steve lo sujetó de los brazos hasta que recuperó la estabilidad. Miró sus manos y vio que temblaban sin que él lo pudiera evitar y aun podía notar su interior helado, a pesar del chocolate. Steve tenia razón, necesitaba salir de allí y hacerse el duro en ese momento no le aportaría nada. Miró al mago, notando su expresión decidida y determinada y asintió.

- De acuerdo, vámonos de aquí, Steve.


- Estoy bien, Chin, de verdad – insistió él, rehuyendo las manos de su amigo y negándose a permanecer más rato acostado. - Ya se me ha pasado.

El asiático lo siguió mirando con expresión preocupada unos minutos más pero dejó de insistir en que se acostara de nuevo. Hacía media hora que habían vuelto de la tétrica Azkaban y ni Steve ni Chin le habían dejado levantarse del sofá de su oficina y lo habían hinchado a chocolate. El mago golpeador se encontraba precisamente en la cocina, preparando algo que según él le ayudaría a recuperar las fuerzas. Ridículo, ambos eran unos exagerados. No pudo evitar sonreír. Sentir ese afecto proviniendo de sus amigos después de la horrible sensación de soledad y desesperación que le había dejado el dementor era la mejor medicina.

- No debiste entrar Danny – lo regañó Chin por enésima vez. - Steve dice que pudiste percibir rastos de magia negra incluso antes de entrar.

- Si, bueno, el lugar no es precisamente un parque de atracciones, ¿sabes? - intentó bromear él, sin éxito.

- Tienes que ser más consciente de tus limitaciones – siguió Chin como si nada. - Con tu sensibilidad deberías ser más cuidadoso.

- ¡Venga ya Chin! - exclamó enojado. - ¿Que debería hacer? ¿Quedarme en casa escondido? ¿Cómo voy a saber que me afecta más y que no si no me arriesgo?

- Yo no…

- Ademas, se supone que esta "habilidad" que tengo es única, no voy a poderla utilizar ni conocer sus limitaciones si no la pongo a prueba – insistió él. - La parte positiva es que ahora ya se como percibir un dementor, la próxima vez lo podré identificar mucho antes de que me afecte tanto.

- ¿Que quieres decir? - preguntó Chin.

- La niebla oscura – explicó él. - O al menos yo la percibí así, mucho antes de que apareciera el susodicho monstruo por cierto. Simplemente no sabia que era, pensé que era magia residual del lugar.

- ¿Pudiste sentir al dementor antes de que se te acercara? - volvió a preguntar el mago con los ojos muy abiertos, la única muestra de su sorpresa.

- No exactamente, tal y como yo lo vi el dementor estaba rodeado por esa niebla fría y negra – intentó explicar él. - Percibí la niebla antes de empezar a alucinar con Rachel, mi lesión de rodilla y todos esos casos viejos.

- Oh – musitó Chin. - Así que así es para ti. Cada uno percibimos los efectos de los dementores de forma diferente – explicó el mago. - Sacan lo peor de nuestras vidas y memorias así que cada cual revive sus propias y únicas pesadillas.

Eso explicaba porque había empezado a recordar todos los peores momentos de su vida. Pensó en la cara llorosa de Rachel. Con todo el dolor de la separación y la pelea por la custodia casi había olvidado su expresión ese día. Rachel siempre había sido una mujer muy segura de si misma y muy reservada, verla con la cara llena de lagrimas y esa desesperación en los ojos le dolió en su momento y muy a su pesar le seguía doliendo. Ese ultimátum fue el principio del fin. Ella le pidió que le diera más importancia a la familia, que limitara las horas en el trabajo e incluso le había suplicado que dejara de ser policía y buscara otro empleo más seguro. Pero el no pudo. Eso era lo que él era, por lo que había luchado durante tanto tiempo y lo que, a pesar de los malos momentos, realmente disfrutaba. Ser poli era parte de él. Pedirle que dejara eso de lado fue como pedirle que dejara de ser él mismo, no podía hacerlo, ni siquiera por Rachel.

- ¿Como es posible defenderse de esas criaturas, Chin? - le preguntó, intentando volver al presente y no dejarse hundir por malos recuerdos. - ¿Como se lucha contra los propios recuerdos?

- Solo hay una manera: el Expecto Patronus – respondió el mago.

- ¿El Patronus? - repitió él. - ¿No se usa para mandar mensajes?

- Se puede usar de esa forma pero esa no es su función principal – respondió Steve al entrar, con un bol y una cuchara en las manos. - Ten, come algo caliente. Te irá bien.

- No soy un crío, Steven – protestó él más por costumbre que nada mientras aceptaba la comida.

- Por supuesto que no lo eres Danno – afirmó éste con una sonrisa.

El bol estaba lleno de un cocido con verduras y carne que olía de maravilla. Como el mago había podido cocinar un plato así en tan poco tiempo era un misterio. Tomó una cucharada. Estaba muy bueno y lo más importante era que pudo sentir el calor llenándolo por dentro, disipando los pocos síntomas que el aislamiento mágico de su oficina no había podido eliminar.

- ¿Entonces que es exactamente lo que hace un Patronus? - preguntó él entre bocados.

- Los Patronus son concentraciones de magia basadas en emociones y recuerdos positivos, justo las mismas que los dementores absorben – explicó Chin.

- ¿Pero eso no seria como alimentar a la bestia? - insistió él, confundido.

- Los dementores se alimentan de los humanos pero no pueden alimentarse ni de los animales ni del Patronus – elaboró Steve. - Es un hechizo bastante complicado de hacer por eso, un Patronus incorpóreo solo los retrasa un poco mientras que si éste obtiene una forma animal puede repelerlos con más eficacia. No hay ninguna forma conocida de destruirlos, solo de ahuyentarlos.

- ¿Fue así como lo repelisteis antes? - preguntó él. - Solo vi algo blanco.

- Fue el Patronus del guardia – asintió él. - Reaccionó más rápido que yo. Lo siento Danny, no debería de haberte llevado allí.

- No empieces tu también – gruñó Danny. - Ya soy mayorcito y puedo tomar mis propias decisiones. Me dijiste que me quedara fuera y me negué así que yo soy el único responsable – suspiró con culpabilidad. - Lamento que no hayas podido interrogar a la ex-mujer de Roland. Ya me siento bien, puedes ir si quieres.

- Tal vez no sea realmente necesario – interrumpió Chin. - Si ya estas mejor Danny, hay algo que quiero enseñaros.

Dicho eso Chin se levantó y se dirigió a la puerta, haciéndoles un gesto con la mano para que lo siguieran. Danny dejó el bol vacío en su mesa y lo siguió hasta la sala grande, con Steve detrás. Una vez allí Chin señaló un video en una de las pantallas.

- Analizando las grabaciones he encontrado esto – les dijo mientras ponía el video en marcha.

En éste se podía ver el lugar de los hechos, con tres figuras saliendo de la furgoneta blanca tras el choque. Dos de ellas empezaron a lanzar rayos de diferentes colores, pero la tercera llevaba una pistola con la que hirió a uno de los magos del otro vehículo, probablemente la victima en la que Danny se fijó unas horas antes. Poco después éste fue tocado por un conjuro y cayó al suelo. Los demás mataron al otro guardaespaldas, sacando a Roland del coche y se llevándoselo en otro vehículo que no se percibía en la grabación.

- Espera, no había ningún cadáver muggle en la escena – dijo Steve en ese momento.

- Eso es porque no está muerto – explicó el otro mago, señalando la pantalla.

En efecto la figura del suelo se levantó en ese preciso momento, con una mano cubriéndose el pecho y salió del plano de la cámara.

- Lo he seguido con otras grabaciones de distintas cámaras del lugar – comentó Chin mientras tocaba un par de botones en la pantalla táctil. - Hasta que he encontrado ésto.

En otro vídeo vieron el mismo sujeto entrando en un edificio cercano.

- ¿Que lugar es ese? - preguntó él.

- Es un hotel, el London Paradis – respondió el mago. - Estaba herido así que es posible que fuera allí a esconderse.

- Y puede que aun esté allí – decidió Steve. - Vamos, ¿Danny como te encuentras?

- Estoy bien, de verdad – insistió él. - Aunque preferiría no aparecerme por un rato.

- De acuerdo, conduzco yo – sentenció el mago, robándole las llaves de nuevo con el gesto habitual.

- En serio, ¿por qué no te compras tu propio coche y dejas de robarme el mio? - se quejó Danny con resignación. - Pensé que no te gustaban los coches muggles.

No sirvió de nada, el mago golpeador ya se encontraba prácticamente en la salida. Intercambió una mirada con Chin antes de alzar las manos al cielo pidiendo paciencia cuando notó la sonrisa en el rostro de su amigo. Ten amigos para ésto.


N.A: La información al detalle sobre Azkaban la he sacado de varias fuentes de internet, como la Wiki o Pottermore.

Hasta aquí un nuevo capitulo. Es más corto de lo que me gustaría pero prefiero colgarlo ya que teneros esperando una semana más. A ver si con el siguiente capítulo logramos cerrar el caso, aun falta lo mejor de todo.

Muchas gracias a todos aquellos que han mostrado su apoyo ya sea con comentarios o simplemente leyendo hasta aquí.

Moony Girl: gracias por comentar de nuevo, me alegra que te gustara la adaptación. Aquí tienes un fragmento más del caso y ya te aviso de que si consigo poner todo lo que tengo en mente en el siguiente capitulo va a ser muuuy largo.