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Iron Woman
Por: Hana Usagi
¤°. ¸¸. ·´¯`» De vuelta en casa «´¯`·. ¸¸.°¤
La rampa del avión militar se abrió en cuanto tocó tierra. Tony, enfundada en uno de los trajes que habían permanecido en su equipaje en Afganistán, se levantó de la silla de ruedas en la que la habían sentado, mientras se acomodaba la correa del cabestrillo en su brazo derecho. Al segundo siguiente Rhodey se encontró a su lado, ofreciéndole su brazo para que se apoyara en él y ayudarla a bajar del avión.
Pepper se acercó rápidamente a ella y poco le faltó para arrojarse a su cuerpo en un gran abrazo. Pero a pesar de la falta de fuerza que claramente quería emplear su amiga en su agarre, su brazo lastimado se resintió un poco.
—Auch —soltó al tiempo que colocaba su mano libre en la espalda de la rubia.
—Lo siento —Pepper se separó de Tony y se limpió las lágrimas que no paraban de salir de sus ojos irritados.
Tony sintió una punzada en su corazón al ver el estado en el que se encontraba su amiga. Desvió la mirada hasta ver a Happy, quien se encontraba a un lado del auto a unos cuántos metros de ellos, y pudo verlo limpiándose una lágrima traicionera él también.
Soltó un suspiro y volvió a mirar a su amiga.
—No, yo lo siento —miró a Rhodey—. Los he hecho pasar por un espantoso momento.
Pepper negó con la cabeza.
—No es tu culpa —le respondió—. Nunca hubieras podido saber que eso pasaría.
—Aun así…
—Nada —le interrumpió—, y será mejor irnos, necesitas descansar.
Tony iba a decir algo, probablemente a negarse, pero pareció darse cuenta de algo, o mejor dicho, de la falta de ello.
—¿Dónde está Ezekiel?
Pepper y Rhodey compartieron una mirada extraña por algunos segundos, diciéndose algo que ella no pudo captar. Al final, Rhodey apretó los labios y se giró, Tony pudo notar que empezaba a enfadarse.
Pepper le volvió a dirigir la mirada y Tony la observó, esperando una respuesta.
—Está en la empresa. Le comuniqué que llegarías ahora y dijo que haría todo lo posible por venir.
Tony frunció el ceño.
«¿Todo lo posible? —se preguntó en su mente—. Su novia acaba de regresar después de tres meses de secuestro, ¿y él dice que hará todo lo posible por venir?»
—Tu teléfono —le pidió a Pepper.
—Tony, no…
—Tu teléfono —repitió.
Con una mueca, Pepper le tendió el celular. Tony lo tomó y empezó a marcar el número de Ezekiel. El teléfono timbró tres veces antes de que la voz de su novio contestara de manera animada.
—¿Dónde estás? —preguntó sin saludar siquiera.
—¿Tony?
—No, el hada de los dientes —respondió sarcásticamente—. Dime dónde estás para darte dinero a cambio de los tuyos.
Escuchó como Ezekiel tragaba saliva y soltaba una risita nerviosa.
—Perdón por no haber ido al aeropuerto por ti, cariño. Es sólo que se filtró la noticia de tu rescate y los periodistas han estado prácticamente acampando fuera de la empresa. En estos momentos estaba por dar un comunicado.
Su excusa no le había satisfecho para nada, pero la información que le proporcionó sí le había interesado.
—Mantenlos ocupados.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Voy para allá —respondió secamente y colgó.
Se giró para caminar en dirección al auto, en donde Happy se apresuró a abrirle la puerta trasera. Entró y Pepper inmediatamente entró por el otro lado.
—¿A dónde, señorita? —preguntó Happy desde el asiento del conductor. Tony le regresó la mirada gracias al retrovisor, pero antes de poder responder, Pepper se le adelantó.
—Al hospital…
—No voy a ir a un hospital —se apresuró a interrumpir—. Estuve cautiva por tres meses, lo que quiero en estos momentos es una hamburguesa con queso e ir a la empresa.
—¿La empresa? —preguntó escandalizada— Tony, como acabas de decir, estuviste secuestrada por meses, necesitas descanso.
—No, lo que necesito es una hamburguesa y una conferencia de prensa. Happy, la hamburguesa primero.
—A la orden, señorita.
No tardaron mucho en llegar a Industrias Stark. Entraron por la puerta principal, siendo recibidos por los periodistas, Obadiah y Ezekiel. Éste último rápidamente se acercó a ella, pero Tony le dirigió una mirada que reflejaba todo su enfado, por lo que se acercó lentamente, con una sonrisa de disculpa y le besó una mejilla.
Tony no hizo nada por evitarlo, no cuando tenía demasiadas cámaras fijas en ella. Se separó de él y empezó a caminar en dirección al estrado, Obadiah la detuvo a la mitad para abrazarla y decirle que le alegraba tenerla de vuelta. Cuando llegó a su destino, en lugar de subirse al podio, se sentó en él.
Les pidió a todos que se sentaran frente a ella para que estuvieran más accesibles, y mientras comía una hamburguesa empezó a hablar.
—Papá era demasiado bueno conmigo —les dijo—. Siempre buscaba darme todo. Claro, mamá casi nunca lo dejaba —dijo con una sonrisa y su audiencia se rio con ella.
Dejó de lado la hamburguesa y su expresión se tornó más seria.
—El caso es, que nunca me puse a pensar realmente en su trabajo. Siempre pensé que lo que hacía un padre tan amoroso no podía ser terrible —se detuvo unos segundos, perdida en sus recuerdos—. Nunca lo vi dudar. Lo veía confiar completamente en su trabajo.
» Ahora me gustaría haberle preguntado qué pensaba de él. De las cosas que hacía. Si tenía dudas o conflictos. O si sólo era un hombre devoto a su familia y su trabajo.
Una nueva pausa, pero en esta tenía la mirada enfocada en todos los presentes, su rostro serio y sus ojos llenos de comprensión y madurez.
—Vi morir a jóvenes soldados, con las mismas armas que creé para defenderlos y protegerlos. Y me di cuenta de que me había convertido en parte de un sistema que no le rinde cuentas a nadie.
Algunos flashes iluminaron su rostro en una expresión que nunca habían visto en ella. Las voces titubeantes de algunos reporteros se escucharon, tratando de hacer preguntas, unos cuantos más levantaron sus manos con lentitud.
—¿Qué pasó allá? —preguntó un reportero en la primera fila.
Tony titubeó, pero se puso de pie y respondió:
—Me abrieron los ojos, me hicieron ver que podía ofrecerle mucho más a este mundo que sólo hacer cosas que explotan. Por eso, desde este momento, la división de manufactura de armas será clausurada —ambos Stane se colocaron a sus costados tratando de alejarla del micrófono, pero Tony no se movió hasta que terminó, los periodistas se pusieron de pie y empezaron a hacer muchas preguntas—, hasta que sepa cuál será el rumbo que le daré a esta compañía, uno que me satisfaga y que sea un bien para este país.
Al fin se retiró del estrado, dejando a los dos Stane lidiar con los reporteros y salió rápidamente de la sala hasta el auto que seguía aparcado frente a la entrada. Happy le abrió la puerta trasera y se apresuró a subir al asiento del conductor.
Le pidió que la llevara al laboratorio en donde se mantenía el reactor y en menos de cinco minutos ya estaban ahí.
Tony permaneció admirando el inmenso reactor frente a ella, escuchando sus fuertes zumbidos y sintiendo los que hacía el que tenía en su pecho, hasta que escuchó la voz de Obadiah detrás de ella.
El hombre no estaba muy feliz con lo que había hecho, pero Tony ya lo había anticipado, por lo que trató de calmarlo y proporcionarle algo de la confianza que sentía en que lograría sacar a flote Industrias Stark, tal y como lo había hecho años antes.
—¿Qué es lo que tienes? —le preguntó él con una mirada calculadora.
Tony entrecerró los ojos.
—¿Quién te lo dijo? ¿Rhodey o Pepper?
—Eso no importa.
—¿Rhodey o Pepper? —repitió.
—Quiero verlo —se limitó a decir.
—Ok, Rhodey —decidió y procedió a desabrocharse el cabestrillo y los primeros dos botones de su blusa hasta que la brillante luz del reactor se pudo apreciar.
El rostro de Obadiah cambió, se veía más relajado y más complaciente. Le dijo que él se encargaría de la junta directiva, que se lo dejara todo en sus manos y que mantuviera un bajo perfil los próximos días. Tony aceptó, en parte porque sabía que Obadiah tenía razón y en parte porque quería trabajar en lo que había estado planeando desde que fue rescatada.
Tenía mucho qué hacer.
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—¿Qué rayos fue eso? —se escuchó la pregunta en cuanto puso un pie dentro de su mansión en Malibú.
Tony dirigió la mirada a la persona que la esperaba en medio de la sala, pero la ignoró y fue hasta la cocina.
—Anthoniette, te he hecho una pregunta.
—Y yo la he ignorado —se acercó hasta el refrigerador y sacó una botella de agua, la abrió y le dio un gran trago.
—Tienes que estar desvariando. No puedes cerrar la empresa. ¿Tienes idea de a cuantas personas dejarás en la calle?
—Ah, ah. Estás equivocado —se giró para encararlo—. Yo no cerré la empresa, sólo la división de armamento.
Ezekiel Stane soltó un suspiro, cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz, tratando de calmarse. Segundos después volvió a elevar la mirada y se encontró nuevamente con los ojos de Tony.
—La división de armamento es la compañía. Somos una empresa fabricante de armas, ¿qué vamos a hacer si ya no las fabricamos?
Tony soltó un suspiro, sintiéndose de pronto muy fastidiada. No tenía ganas de hablar con Ezekiel si iba a estar hablando sobre lo que acababa de hacer.
—Escucha Ezekiel, esta conversación ya la tuve con tu padre y no pienso tenerla de nuevo contigo. Así que, si vas a estar en ese plan, la puerta te está esperando —se giró en dirección a las escaleras, necesitaba ir a su habitación y cambiarse de ropa.
—Anthoniette —la volvió a llamar con un tono de advertencia, después lo escuchó suspirar—. ¿Qué fue lo que hablaste con papá?
—Qué te lo diga él. En estos momentos no estoy con ánimos de estar contigo.
—¿Disculpa? Soy tu prometido…
—No, disculpa tú —se giró a él, a unos cuantos escalones de llegar a la cima de las escaleras, con una mirada enfadada pero también algo herida—. No estoy de humor para estar aguantando tus reproches y tu enojo, Ezekiel. ¿Tienes idea de todo lo que viví allá? No, no lo sabes, y por lo que he notado no tienes ni el más mínimo interés de saber —sus ojos se entrecerraron, su enfado aumentó—. Ni siquiera estuviste en el aeropuerto para recogerme…
—Tus amigos fueron por ti —la interrumpió en un tono que demostraba poca importancia, desestimando su comentario.
Anthoniette se detuvo para mirarle sorprendida, herida por sus palabras y el tono en ellas.
—Pero tú eres mi prometido —su voz había adquirido un tono triste, herido—. O lo eras.
Ezekiel detuvo lo que iba a decir, cerrando la boca de golpe y abriendo los ojos lo más que podían.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Lo que entendiste —esta vez su voz salió más confiada.
—Pues debo estar equivocado.
—No lo estás. Ya estoy harta Ezekiel, harta de estar defendiéndote, de jurar que me amas, de tratar de demostrarlo.
—Es lo que hago.
—No Ezekiel, es lo que yo hago. Siempre soy yo la que defiende los supuestos sentimientos que tienes por mí.
—Si esto es por lo de tus amigos, nena, ya sabes que no les caigo bien.
Tony negó con la cabeza, sus hombros caídos demostrando que ya no tenía fuerzas para seguir manteniendo su relación.
—No, esto no tiene nada que ver con ellos, o tal vez en parte, pues tú sabes que no les agradas, pero no haces nada por demostrarles que de verdad me amas, o tratar de ser su amigo. ¿Por qué yo si tengo que esforzarme en encajar con los tuyos, yendo a fiestas o viajes en los que no quiero estar, o haciendo cosas que no me gustan, pero tú no puedes poner el mismo esfuerzo para encajar con los míos?
» Sabes que ellos son mi familia. La única que me queda, y ellos junto con tía Peggy lo son todo para mí. Y si tú no puedes poner un poco de tu parte para convivir con ellos, entonces no sé qué es lo que sigo haciendo contigo.
Anthoniette volvió a negar con la cabeza un par de veces y después volvió a verlo a los ojos.
—Es todo, no más. El incidente de esta mañana sólo ha sido la gota que derramó el vaso de mi paciencia.
—Anthoniette… —su tono era más precavido, su mirada había cambiado, pero Tony no podía identificar el sentimiento que guardaba.
—Ahora tengo cosas más importantes en las que enfocarme —lo interrumpió—, como limpiar mi nombre y el de mi padre, levantar nuestra compañía desde sus cimientos, hacer un bien mayor por el mundo— se giró y subió los pocos escalones que le faltaban para llegar a la segunda planta—. No voy a tener tiempo de mantener esta relación a flote.
Y sin decir nada más, se dirigió a su habitación y la cerró de un portazo. Se acercó a la gran cama y se dejó caer en ella, las lágrimas empezaron a salir y Anthoniette se apresuró a cubrirse el rostro con una almohada.
Dolía, por supuesto que dolía. Pero sabía que era lo mejor. No podía seguir manteniendo su relación con Ezekiel, no cuando él no le daba ni un poco importancia.
—Sólo tienes que hacerte cuatro preguntas para saber si es el correcto —recordó lo que le había dicho su tía Peggy cuando Tony le confesó que Ezekiel le había propuesto matrimonio—. ¿Es lo que tu padre hubiera querido para ti?
—No lo sé —respondió titubeante y su tía Peggy hizo una mueca.
—¿Es lo que mereces?
—Tal vez.
—Lo tuyo con él, ¿es lo que realmente quieres?
—Si.
—¿Estás satisfecha con tus respuestas anteriores?
Ahí Tony había dudado, pero no más de unos cuantos segundos antes de asentir firmemente y responder:
—Sí.
Ahora podía decir sin dudar que eso no era lo que ella quería, no era lo que merecía y, obviamente, no era lo que su padre hubiera querido para ella.
Tony respiró lo más profundamente que la almohada sobre su rostro la dejó, después se la quitó de encima y se sentó sobre la cama limpiándose las lágrimas. No debía estancarse, ni siquiera un poco. Tenía que continuar, seguir con su día a día.
Se levantó de la cama y se dirigió al baño. Necesitaba una ducha, ropa limpia y un nuevo reactor en su pecho.
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Ezekiel llegó trinando de furia a su casa, le arrojó su maletín a la primera sirvienta que se plantó frente a él y se dirigió con pasos largos y fuertes hasta el salón principal, que era donde se encontraba su padre, bebiendo una copa de Brandy en uno de los sillones frente al ventanal.
—Parece que, después de todo, vamos a poder beneficiarnos con su regreso —fueron las palabras con las que lo recibió Obadiah.
Ezekiel se detuvo en su marcha, frunciendo el ceño y tratando de despejar su mente de la furia que la nublaba.
—¿De qué hablas?
—De Anthoniette.
—¿Por qué lo dices? —aún mantenía el ceño fruncido, se acercó lentamente a su padre y se sentó en la silla frente a él.
—La maldita arpía logró estabilizar el reactor.
Ezekiel bajó la mirada, analizando las palabras de su padre. Si Anthoniette había estabilizado el Reactor Arc, eso significaba que podrían entrar a la industria energética, hacer más contratos y por ende, más dinero.
—Eso es genial, ¿dónde está?
—En su pecho —el tono oscuro en la voz de su padre hacía un juego perfecto con su expresión.
—¿Qué quieres decir?
—Está en su pecho, es una miniatura comparado con el que está en la empresa, tal vez del tamaño de mi puño —dijo mientras analizaba el tamaño de su puño.
Ezekiel frunció el ceño.
—¿Y por qué está ahí?
Obadiah frunció el ceño y lo miró confundido.
—¿No te lo dijo?
Negó con la cabeza antes de responder:
—No, tuvimos una discusión y ella la finalizó terminando nuestro compromiso.
—¿Qué? —gruñó su padre— ¿Qué fue lo que pasó? Desde el principio
—Cuando llegó a su casa la enfrenté, tratando de que olvidara esa estúpida idea de cerrar la división de armamento, pero de pronto salió con cosas de que no hacía mucho por mantener nuestra relación, y no-sé-qué, al final dijo que ya no lo aguantaba y terminó el compromiso.
—¡Si serás imbécil! —bramó Obadiah, poniéndose de pie y lanzando su vaso con alcohol al otro lado del salón.
Ezekiel también se puso de pie, pero dio un par de pasos hacia atrás, para alejarse de su furioso padre.
—Si había alguien en quien ella confiara lo suficiente para dejar examinar el reactor, ¡eras tú!
Obadiah se alejó de su hijo antes de hacer algo que lamentara, y no porque se fuera a arrepentir, sino porque un ojo morado en el rostro de su hijo sería difícil de explicar.
—Te dije que no hicieras ni dijeras nada, sólo ser el estúpido novio amoroso y preocupado que se supone que eres —sus ojos estaban entrecerrados, furiosos.
Ezekiel tragó grueso, y trató de excusarse.
—Lo arreglaré, puedo hacerlo, sólo tengo…
—Olvídalo —lo interrumpió—, parece que la estupidez Stark sí tiene un límite, por fin pudo ver que eras un inútil, bueno para nada, y se ha deshecho de ti.
Ezekiel apretó sus puños con fuerza, aguantando todo lo que su padre le decía.
—Yo lo haré —se giró en dirección a las escaleras—, tú mañana tomarás un vuelo a Nueva York, te quiero preparando una junta para destituir a Anthoniette Stark de su puesto.
El hombre mayor llegó al segundo piso y sin decir nada más, se metió en su habitación, dejando a Ezekiel de pie en medio del salón, con los puños apretados y sintiéndose furioso y estúpido.
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Pepper llegó a la mansión de Tony muy temprano en la mañana del día siguiente. Jarvis la recibió con los buenos días y la ubicación de Tony, que, para su no muy grande sorpresa, se encontraba en el taller.
—¿Cuánto tiempo lleva ahí? —le preguntó mientras dejaba sus cosas sobre la mesita de centro en la sala.
—Desde anoche —le respondió la IA.
Eso sí la tomó por sorpresa. Después de haberla dejado en la puerta principal Pepper pensó que se iría directamente a la cama, pues la notaba muy cansada, y sumado a todo lo que había pasado, un buen descanso era lo que necesitaba.
—¿No ha dormido nada? —su tono era de incredulidad.
—Así es. Después de discutir con el señor Stane, tomó una ducha y bajó a su taller.
Al escuchar a Jarvis, Pepper suspiró. Ahora lo entendía todo. Si habían discutido, Tony no iba a tener descanso alguno y ella no era alguien que perdiera el tiempo.
—¿Y ahora por qué fue la discusión? —preguntó dirigiéndose a la cocina para prepararle un licuado a su amiga.
—Me parece que es mejor que ella se lo explique, señorita Potts.
Pepper detuvo sus movimientos, inclinada frente al refrigerador con una charola de fresas en la mano.
—¿Tan grave es?
—Me temo que sí señorita Potts.
Pepper tomó una honda respiración y la soltó lentamente. Se apresuró a hacer el licuado y lo vació en un vaso de vidrio, tomó una manzana de la canasta de frutas y se dirigió a las escaleras que llevaban al taller. Al llegar a las puertas de cristal pudo verla reposando en una extraña camilla, con medio cuerpo medianamente erguido y sólo con el sostén en su parte superior.
Tapeó su clave y entró, trayendo hacia ella la atención de la castaña.
—Oh, Pepper —la saludó con una sonrisa—, que bueno que llegas, necesito de tu ayuda.
Pepper frunció el ceño, pero se acercó, dejando el licuado y la manzana en una de las mesas a su paso.
—Oh, por Dios —exclamó cuando pudo ver el aparato que se posaba en el pecho de Tony, por debajo de sus senos—. ¿Es lo que te mantiene con vida?
—Era, ahora es una reliquia. Esto es lo que me mantendrá viva —le dijo mostrándole un nuevo reactor.
—¿Y qué es lo que quieres que haga? —le preguntó no sabiendo muy bien en qué la podía ayudar.
—Necesito que saques un cable que se encuentra debajo de esta cosa —se sacó el reactor de su pecho y se lo pasó, Pepper lo tomó y lo dejó en una de las mesitas a su lado.
—¿Esto es seguro? —preguntó insegura.
—Claro que sí.
—¿Y cómo voy a saber cuál cable es?
—Es el único que hay, es un cable de cobre.
Pepper acercó su mano al agujero en el pecho de su amiga y lentamente metió su mano en él.
—Ugh, esto es asqueroso, está lleno de pus.
—No es pus, es líquido inorgánico que expulsa el aparato, no mi cuerpo.
—Pues, aun así, apesta.
—Lo sé, ahora, el cable, ¿lo tienes?
—Sí, creo que sí.
—Bien, ahora lo que tienes que hacer es retirarlo, sin tocar los bo-¡oh! —exclamó al final.
—¿Qué? ¿Qué pasó? —preguntó asustada.
—Nada, debí advertirte antes, no dejes que toque los bordes, como en operando —dijo con una sonrisa.
—No es momento para tus bromas, Anthoniette —le reprendió, después suspiró y se dispuso a sacar el cable—. Ya está.
—Muy bien, ahora, hay un imán al final no lo vayas a saca-¡ah!
Demasiado tarde, Pepper ya había sacado el imán y al instante, la pantalla con los signos vitales de Tony, cerca de la camilla, empezó a emitir un sonido de alarma.
—¿Qué? ¿Qué pasó?
—N-nada, sólo me está dando un paro cardiaco.
—¿Qué? ¡Tony! Dijiste que esto era seguro.
—Está bien —su voz salía forzada—, sólo hay que conectar esto al final y todo estará bien.
Le pasó el nuevo reactor y Pepper se apresuró a conectarlo.
—¡Uff! —exclamó Tony con una sonrisa— Eso fue mucho mejor de lo que creí.
—Anthoniette, no vuelvas a pedirme que haga algo así —la reprendió, con el corazón todavía acelerado por el susto.
—¿Y a quién más se lo voy a pedir? —le preguntó con una sonrisa triste— Eres la única persona que siempre está a mi lado. En quien confío plenamente. Eres mi hermana.
Pepper se sintió conmovida por las palabras de Tony, y no deseaba estropear el momento, pero no pudo evitar preguntar:
—¿Y Ezekiel?
El rostro de Tony cambió inmediatamente, se levantó y empezó a recoger lo que había utilizado, dándole la espalda. Cuando Pepper empezó a creer que no le iba a responder, Tony dijo:
—Ya no estamos juntos.
La boca de Pepper se abrió por completo, al igual que sus ojos, sorprendida por su respuesta.
—¿Ya no…? Pero, ¿cómo? ¿por qué?
Tony suspiró, la encaró y se recargó sobre la camilla en la que había estado.
—Ya no estaba dispuesta a soportarlo.
—¿Soportarlo?
—Su poco interés en lo nuestro.
Pepper no dijo nada, sabía perfectamente de lo que hablaba su amiga y no iba a restregárselo en la cara con un "te lo dije". Tony no necesitaba eso ahora, necesitaba una amiga.
Se limpió las manos en una franela que tenía Tony sobre la mesa y se giró para tomar el licuado y ofrecérselo.
—¿Qué te parece una tarde de películas, comida chatarra y unas retas en Just Dance?
Tony sonrió ampliamente y sus ojos recuperaron algo de su brillo. Tomó el licuado de fresas y kiwi y dijo:
—Será mejor que te prepares para perder.
—¡Ha! Ya veremos, he estado practicando, esta vez no me vencerás tan fácil.
Tony soltó una risita, y después de ordenarle a Babas que limpiara el desastre, las dos se encaminaron al primer piso, Pepper todavía con el reactor en la mano. Ordenaron pizzas, hicieron palomitas y sacaron el helado del refrigerador, preparando todo para disfrutar de un día entre amigas.
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Después de ese maravilloso y agradable día en compañía de Pepper, Tony había podido descansar muy bien toda la noche. Su corazón se encontraba más tranquilo, al igual que sus pensamientos, era el momento para continuar con sus planes.
Pero primero tenía que hablar con alguien a quien deseaba integrar en lo que ansiaba crear. Sabía que le encantaría, ya podía imaginar la emoción en su cara.
Así que, por esa razón, se levantó temprano al día siguiente, salió a su encuentro enfundada en un pantalón de mezclilla negro, una blusa blanca y una chaqueta de cuero negra y calzando unos botines negros que repiqueteaban a cada uno de sus pasos, el sonido rebotando en el espacio de ese amplio hangar de las fuerzas armadas aéreas.
Llegó hasta su destino, haciendo una broma frente a los reclutas bajo el mando de su amigo y hermano, haciéndolos reír a todos.
—Qué gran sorpresa —dijo Rhodey cuando se quedaron solos, después de despachar a sus subordinados.
—¿Por qué? —preguntó confundida.
—No creí verte tan pronto caminando fuera.
—Sí, bueno, no sólo estoy caminando —paseó la mirada a su alrededor por un par de segundos, después la fijó en su amigo.
—¿En serio? —preguntó mientras se cruzaba de brazos.
—Sí, es algo fantástico, y quiero que participes.
Rhodey sonrió ampliamente.
—Genial, vas a hacer feliz a un montón de gente por aquí, después de todo ese show en la conferencia de prensa.
Tony sonrió algo incómoda, se tocó con nerviosismo el cabello que tenía atado en una coleta alta y respondió:
—Esto no es algo para el ejército —pudo ver el ceño de Rhodey fruncirse y su nerviosismo aumentó—. Es algo… diferente.
—¿Qué? ¿Ahora eres humanitaria o algo así?
—No, espera, necesito que me escuches…
—No —la interrumpió—, lo que necesitas es tiempo para pensar y despejar tu mente.
Su tono había sido duro, intransigente. Tony resintió el rechazo y la desaprobación, pero sonrió, aunque podía apostar que no se veía ni un poco real.
—Ok, está bien.
Rhodey asintió un par de veces con la cabeza y se alejó unos pasos al tiempo que decía:
—Que gusto verte, Tony. En serio.
—Sí, lo mismo digo.
—Te veo luego —le dio la espalda y se encaminó a donde sus subordinados lo esperaban sin dirigirle otra mirada a su amiga.
Tony soltó un gran suspiro, su ánimo bajó mucho después de su charla, pero eso no la iba a desanimar. Se dirigió a la salida, en donde su auto la esperaba. Cuando estuvo a punto de llegar a él, su celular empezó a timbrar.
Lo sacó de su bolsillo trasero y observó la pantalla, frunciendo el ceño ante la imagen de contacto que se mostraba. Contestó y rápidamente se lo colocó en la oreja.
—Gracias por llamar y decir que te encuentras bien —escuchó a la mujer del otro lado de la línea.
—Lo siento cariño, pero he tenido muchas cosas en mi cabeza este par de días.
Escuchó a la otra mujer suspirar antes de volver a hablar.
—Bueno, ya no importa, pero vas a tener que traer tu trasero hasta Richmond.
—¿Por qué? —preguntó preocupada— ¿Ha pasado algo?
La otra mujer bufó antes de responder:
—¿Que si ha pasado algo? ¡Por supuesto! ¡Fuiste secuestrada!
Tony relajó el cuerpo ante su respuesta sarcástica.
—Oh, lo siento, no me había dado cuenta —también respondió sarcásticamente.
—Pues acá hay alguien aquí que sí se dio cuenta.
Y entonces Tony lo entendió.
—Oh, no —dijo en un lamento.
—Así es, y es mejor que vengas de inmediato a verla si no quieres que un día de estos la encuentres frente a tu puerta principal.
Tony suspiró y dio los últimos pasos para llegar hasta su auto. Abrió la puerta al tiempo que decía:
—Ok, voy para allá, mantenla unas horas ocupada.
—¿Vas a venir hoy mismo? —preguntó sorprendida.
—Sí, apenas son las ocho de la mañana —encendió su auto y se apresuró a salir del campo militar—. No tardaré mucho, estaré ahí como a las tres de la tarde, o antes.
—Si tú lo dices —no se escuchaba muy convencida.
—Tengo un Jet privado que puede viajar a más de seiscientas millas por hora, querida, estaré ahí antes de las tres.
La otra mujer soltó una risita.
—Hasta pronto Tony.
—Hasta pronto, Sharon.
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Después de haber colgado con Sharon, Tony se apresuró a llamarle a su piloto personal, para que tuviera listo el Jet lo más pronto posible, después le marcó a Pepper, pidiéndole de favor que preparara una pequeña maleta con algunos cambios de ropa informal, pues estaría fuera por algunos días.
Pepper obviamente se reusó, pero cuando le explicó lo que haría esos días cambió de parecer, incluso le comentó que ese viaje le podría hacer bien. No lo dijo en voz alta, pero Tony supo perfectamente lo que quiso decir.
Así que, después de recoger la maleta y un rápido viaje hasta el aeropuerto en el Rolls-Royce manejado por Happy, se encontraba abordando su avión. Para las diez de la mañana ya iba volando por los cielos y para las dos de la tarde, estaba aterrizando en el Aeropuerto Internacional de Richmond, en Virginia.
Le hubiera gustado manejar un auto, pero se decidió por subirse a un taxi. Le dio la dirección al chofer, y antes de las tres de la tarde, cruzó las puertas de la Residencia para Adultos Mayores de Richmond, en donde lo primero que vio fue a una mujer rubia de más o menos su misma edad, mirando fijamente su reloj en su muñeca.
—Tres minutos para las tres —dijo la rubia en cuanto se detuvo frente a ella—. Wow, no creí que te lo tomarías tan en serio.
Tony sonrió, se quitó los lentes de sol y se bajó la capucha de la chaqueta.
—Ya deberías saber, que todo lo que digo lo digo en serio.
La rubia sonrió y la abrazó con fuerza.
—Me alegra tanto verte con bien, Tony.
—A mí también me alegra verte, Sharon —la abrazó de vuelta—. No tienes ni idea de lo que me alegra estar de vuelta.
—Bueno, creo que todos estarían felices de haber sobrevivido a un secuestro.
Finalmente se separaron y se miraron la una a la otra con una sonrisa.
—¿Cómo está? —preguntó Tony.
—Bien, lo llevó muy bien. Siempre supo que lograrías volver.
—¿Siempre? —preguntó con el ceño fruncido.
—Lo supo durante casi todo el tiempo —le explicó—. No sabemos cómo rayos lo logró, pero se enteró casi desde el principio.
—Uff, entonces me espera una buena.
Sharon asintió varias veces con una sonrisa.
—Lo siento, parece que después de todo, sí tendremos un funeral —respondió bromeando.
—Idiota, iré a verla —le avisó, pero antes de dar dos pasos Sharon la detuvo.
—Está con alguien más.
—Ah, bueno —respondió confundida—. Entonces esperaré.
—Claro que no —dijo con un bufido—. No te lo dije para que esperaras, era un simple aviso —la empujó en dirección al elevador—. No sabe que venías, pero estoy segura que no querrá esperar ni un minuto más.
—Pero de seguro será algo rudo que entre mientras está hablando con alguien más.
Sharon llamó al elevador y Tony se giró para verla directo al rostro.
—Tonterías. No sé quién es, pero debe ser alguien que buscaba una entrevista o algo así. El tipo es demasiado joven para ser amigo o conocido de ella.
El elevador llegó en ese momento y Sharon empujó a Tony a su interior. Entró ella también y presionó el botón del piso correcto.
—¿No sabes su nombre?
—No. Sólo lo vi un par de segundos mientras entraba a la habitación, luego recibí tu mensaje de que estabas por llegar y bajé.
El timbre del elevador les anunció la llegada antes de que se abrieran las puertas. No dijeron nada más en los escasos momentos que tardaron en llegar a la habitación, y cuando estuvieron frente a la puerta correcta Tony se giró para ver a Sharon.
La rubia le sonrió y le dijo con un gesto que entrara. Tony tocó un par de veces la puerta y sin esperar respuesta la abrió lentamente.
Su mirada inmediatamente se posó en la mujer que abría mucho los ojos y su sonrisa se extendía de lado a lado en su rostro.
—¡Tony! —la mujer mayor gritó, llena de felicidad y sorpresa.
Tony entró y cerró la puerta mientras le respondía la sonrisa, y se apresuró a llegar a su lado en cuánto la vio intentando levantarse de la cama en la que reposaba.
—Oh Dios mío, estás aquí —dijo la mujer al tiempo que la rodeaba con sus brazos y le daba un fuerte abrazo.
—Sí tía Peggy, aquí me tienes, sana y salva —dijo mientras le devolvía el abrazo.
—Oh, hija mía no vuelvas a darme un susto así —le acarició la espalda y el cabello, aunque más parecía que trataba de convencerse de que Tony realmente estaba ahí—. No tienes idea de cómo me he sentido estos últimos meses.
—Lo siento, trataré de no darte más de estos sustos.
—Pues más te vale —la mujer la separó de su cuerpo, y le dirigió una mirada severa, que después se suavizó, con sus ojos llenos de lágrimas, llevó sus manos hasta el rostro de Tony y le acarició las mejillas—. No puedes hacerme esto, imagina que algo te hubiera pasado, ¿qué les hubiera dicho a tus padres cuando me encontrara de nuevo con ellos? No, ¿con qué cara me atrevería a verlos de frente?
—Tranquila, tía, aquí estoy, no me ha pasado nada.
Se quedaron mirándose la una a la otra por algunos segundos antes de escuchar un carraspeo desde el otro lado de la cama de donde se encontraba Tony.
Las dos dirigieron sus miradas al lugar de donde vino el sonido. Peggy pareció recordar que el hombre frente a ellas ya se encontraba ahí desde antes de que llegara Tony.
Mientras tanto, Tony no pudo evitar sonrojarse en el momento que su mirada se encontró con la del otro sujeto. Era alto, de piel blanca y cabello rubio, con los ojos de un maravilloso color azul, el cual ni siquiera tenía con qué compararlo. Eran de un azul más hermoso que el del cielo, más brillantes que el mar, más preciosos que un par de zafiros.
—Oh, lo siento mucho —Tony escuchó a su tía hablar, pero no pudo despegar la mirada del hombre frente a ellas—, mis emociones me han distraído.
» Ella es Anthoniette Stark —su tía la presentó y el hombre frente a ella abrió mucho los ojos al escuchar su nombre, mirándola con mayor interés—. Y como puedes suponer, es la hija de Howard.
Si Tony hubiera estado en sus cinco sentidos se hubiera dado cuenta de que las palabras de su tía insinuaban que el hombre también era un conocido de su padre, pero se le escapó ya que más de la mitad de su atención seguía fija en ese hombre.
—Anthoniette —la llamó su tía, haciéndola despegar la mirada del otro y fijarla en ella—, este hombre de aquí es un muy viejo amigo —dijo como si hubiera una broma oculta—. Su nombre es Steve Rogers.
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Bueno, como pudieron leer, los grandes cambios ya están empezando. Steve y Anthoniette ya se han conocido, incluso antes de que se convirtiera en Iron Woman, y bueno, no sé si decirles esto califique como spoiler, pero los siguientes capítulos van a estar inspirados en el cómic Captain America: Man Out of Time, al tiempo que avanza la historia de Iron Man. Así que, empieza el Stony, eso sí, va a ser una relación lenta.
El capítulo me ha quedado larguísimo, casi seis mil palabras y no quise acortarlo porque este final era el que tenía planeado, ya saben, me gustan los finales de capítulos lo más dramáticos u oportunos que se pueda, y si no lo sabían, pues ya lo saben, y bueno, a lo que iba, que este capítulo sea largo no quiere decir que los que siguen serán iguales, de hecho, mi largo normal son caps de entre tres mil y cuatro mil, así que probablemente el siguiente vaya estar muy reducido comparado a este. Sólo aviso.
Creo que en este capítulo no hay nada que aclarar, pero ya saben que, si tienen alguna duda, comentario o crítica constructiva, pueden dejarme un lindo review. Trataré de responderlos a la brevedad.
Muchísimas gracias a Guest, Niwa99 y Fujoshi-chan68 por sus comentarios. Gracias por el apoyo chicas(os).
Guest: lo sé, a mi también me entristece la muerte de Yinsen, a pesar de que he visto la película muchas veces :c. Gracias por tu comentario, espero que la espera también haya valido la pena esta vez.
Niwa: Lo sé, yo también exijo un cómic de la tierra 3490, Marvel nos lo debe después de tantas referencias Stony regadas por todos los cómics. Que bueno que te agrade mi fic, y bueno, como ya leíste, estos dos ya se encontraron de forma muuuuy diferente.
Es todo por ahora, nos leemos la próxima.
::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
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