CASO 2: Roland Lowry III

El London Paradis era un hotel de clase mediana de dos o tres estrellas como mucho. Sin embargo eso no desalentaba a los miles de turistas que visitaban Londres cada día. El hotel en sí era sencillo pero estaba bien ubicado así que a Danny no le extrañó en lo más mínimo encontrar el recibidor lleno de gente. Los magos iban vestidos de forma normal, o sea al estilo muggle, pero a diferencia de él no llevaban chaleco anti-balas si no una especie de hechizo repelente. Había intentado convencerlos de lo contrario, no estaba seguro de si un hechizo seria capaz de parar una bala a corta distancia, él no había tenido problemas durante su primera investigación con magos involucrados para neutralizarlos usando su pistola. Por supuesto no tenia forma de saber si esos magos llevaban el hechizo repelente o no.

- La cámara de seguridad mostraba al sospechoso entrar en el ascensor de la derecha – especificó Chin.

- Estaba herido pero no puede ir al hospital porque seria identificado – contribuyó él mientras seguía a Steve. - Probablemente esté buscando un lugar donde esconderse e intentar recuperarse.

- Aquí hay sangre – chilló Steve desde las puertas del ascensor, asustando a un par de turistas.

Danny se acercó todo lo rápido que pudo y vio al mago sacar la varita sin siquiera disimular y agitarla cerca de la mancha.

- Es de un hombre, muy probablemente nuestro sospechoso – concluyó antes de apretar el botón. - Ha subido.

Las puertas se abrieron mostrando a una pareja de turistas con un niño de unos cinco años en medio. Steve en vez de dejarlos salir antes de entrar, como cualquier persona sensata habría hecho, entró sin siquiera mirarlos y se dirigió directamente a los botones con los números de los pisos. El del piso más alto tenia otra mancha de lo que parecía sangre.

- Ha subido al 36 – dijo justo antes de pulsar el botón.

Él y Chin entraron a toda prisa antes de que se cerraran las puertas pero la pareja de turistas no tuvieron tiempo de salir. Miró a McGarrett de reojo. Tenia la mirada fija en el numero de los pisos por los que iban pasando, la varita a plena vista y moviéndola impaciente, soltando chispas de colores de vez en cuando. El hombre, un extranjero de piel y pelo oscuros se apresuró a pulsar el botón de un piso anterior al suyo, dirigiéndole una mirada asustada al mago antes de volver con su mujer y apretar al niño entre los dos protectoramente. Danny los miró disimuladamente, estaban claramente asustados de Steve a pesar de que éste vestía ropa muggle. Tal vez podían percibir el aura de impaciencia y adrenalina contenida que exudaba el mago, parecía un prófugo o un lunático. Las chispas que seguía provocando su varita con cada movimiento, tan impaciente como él, tampoco ayudaban.

Intercambió una mirada con Chin y lo vio con expresión impasible pero ojos divertidos. Volvió a mirar a los turistas. El niño apretaba un hipopótamo de peluche como si le fuera la vida en ello, la mirada fija en la varita de Steve con expresión entre asombrada y asustada. Se aclaró la garganta disimuladamente, intentando llamar la atención del mago pero éste no le hizo ni caso. Tuvo que hacerlo un par de veces más para que éste se dignara a mirarlo y cuando lo hizo le señaló con la cabeza al trío del fondo del ascensor. Steve los miró y pareció verlos por primera vez, a judgar por su expresión sorprendida.

- Esta todo bien, somos policías – dio como única explicación antes de volver a fijar la mirada en los números.

Danny puso los ojos en blanco. Eso no había ayudado en lo más mínimo, si había tenido algún efecto había sido precisamente empeorar la situación. El hipopótamo iba a explotar en cualquier momento de lo fuerte que lo apretaban y los padres cerraron más el circulo alrededor de su hijo, alejándose levemente de Steve. Lo que tenia que aguantar. Dirigió la mirada al niño y bajó un poco la cabeza para hablarle directamente.

- ¿Te gustan los hipopótamos? - le preguntó, llamando la atención del pequeño. - A mi también me gustan, y tengo una hija a la que le encantan, a todo el mundo le gustan – el niño empezó a sonreír. - Va a estar bien – les dijo esta vez a los padres.

Éstos lo estaban mirando asombrados y aun inseguros. Justo entonces las puertas se abrieron y ambos salieron a toda prisa, llevándose al pequeño con ellos. Perfecto, simplemente perfecto. Podía añadir "asusta-niños" en la lista de habilidades del mago. Éste simplemente pulsó de nuevo el botón del piso 36, probablemente intentando que fuera más rápido.

- Tienes realmente un don con los niños – le dijo él mientras se movía, aprovechando el espacio que había quedado libre en el pequeño ascensor.

- ¿Eh? - musitó Steve, mirándolo confundido.

- Nada – replicó él sacudiendo la cabeza. - Acabas de perder el privilegio de conocer a mi hija al menos hasta que no aprendas a comportarte.

-¿Que? - contestó el mago justo cuando las puertas se abrían. - ¿Por que?

Danny simplemente lo ignoró, saliendo al pasillo mientras sacaba su arma. Se dirigió hacia un lado del pasillo vacío mientras que Steve y Chin iban en dirección contraria, buscando alguna pista de la ubicación de su sospechoso. Todas las puertas estaban cerradas y no se veía ninguna forzada. No tardó en encontrar la huella de una mano en sangre en una pared. Probablemente el tipo se mareó o tropezó y tuvo que apoyarse para no caer.

- ¡Aquí, aquí! - chilló para que los dos magos lo escucharan.

Empezó a seguir el rastro y no tardó en escuchar a los otros acercarse corriendo. Al final del pasillo sólo había la puerta de las escaleras de emergencia, esperó a que Steve llegara y lo cubriera antes de abrir la puerta. Protocolo policial y esas cosas que el mago tanto odiaba pero que reducían los riesgos de ser disparado. La barandilla de las escaleras que subían al tejado también estaban manchadas, eso era casi demasiado fácil, parecían las migajas de pan de Hansel y Gretel.

- Está en el tejado – dijo Steve, remarcando lo obvio.

Danny lo siguió por las escaleras hasta que el mago se detuvo justo antes de la puerta al exterior. Estaba moviendo la varita en una secuencia especifica de movimientos con cara de concentración. Lo escuchó decir Homenum revelio dirigido a la puerta cerrada y pudo percibir como el conjuro se expandía en esa dirección, atravesando la madera sin ningún problema, para luego regresar rebotando hasta la misma varita de la que había salido. Le recordó al funcionamiento de un radar.

- Está solo – comentó Steve. - Sólo percibo una presencia humana a unos diez metros de la puerta.

- ¿Sabes si nos está esperando? - preguntó él.

- Ni idea, con este conjuro solo puedo obtener una idea aproximada de su localización pero no de su aspecto ni de su condición física – explicó el mago.

- Sabemos que está a diez metros, es mejor que nada – asintió él, ese era otro hechizo del cual no podía negar su utilidad. - Adelante, yo te cubro compañero.

Steve no contestó, sólo le sonrió por un momento antes de concentrarse de nuevo. Abrió la puerta de golpe y salió al lugar rápidamente, con él detrás cubriendo los alrededores. No había nadie a la vista. Estaban en una especie de azotea con la salida de diversos tubos de ventilación, se separaron para abarcar la zona y no tardaron en encontrar a un tipo inconsciente detrás de uno de los tubos. Tenia un corte en el hombro de forma lineal que sangraba lenta pero constantemente, empapando su ropa negra y creando un pequeño charco a su alrededor. Era un hombre de unos treinta años, no demasiado musculoso, con los brazos llenos de tatuajes y un corte de pelo al estilo militar; tenia todo el aspecto de ser un matón de poco nivel. Steve se agachó a comprobar su pulso.

- ¿Esta muerto? - preguntó él sin dejar de apuntarlo.

- Todavía no – respondió él antes de levantarse y alejarse un par de pasos.

Entonces el mago apuntó al herido con la varita y dijo Enervate y éste despertó de golpe como si le hubieran tirado un vaso de agua helada. Automáticamente se llevó una mano al hombro izquierdo, cubriéndose la herida por reflejo.

- ¿Has tenido una buena siesta, princesa? - lo saludó él, fijando toda su atención en el sospechoso, analizando su reacción.

Éste lo miró sin decir nada, la mano aun cubriendo su herida pero sin hacer ningún otro movimiento.

- ¿Quien eres? - le preguntó, tanteando el terreno.

Como era de esperar el sospechoso no contestó, se limito a gruñir y apartar su mano de la herida, empapada de sangre y temblando. Sus ojos se desviaron a Chin y Steve, luciendo asustados en cuanto vio sus varitas. Interesante.

- Mi compañero te ha hecho una pregunta – intervino Chin en tono agresivo dando un paso al frente.

- ¿Donde esta Roland Lowry? - preguntó Steve, directo al grano. - ¿Que queréis de él?

Danny casi suspiró exasperado. Steve estaba siendo demasiado directo, haciendo las preguntas importantes al principio, antes de condicionar primero al sospechoso para que colaborara. Sabia que el mago era demasiado impaciente y que el tiempo era un factor importante en ese caso pero de esa forma no lograrían nada. Había interrogado a muchos sujetos como éste en Jersey y la mejor manera de lograr su colaboración era la manipulación psicológica. Estos tipos normalmente eran mucho musculo y poco cerebro y era sencillo engañarlos. Puso la mano en el brazo de Steve para darle a entender que él se encargaba y se agachó en frente del herido.

- Hey, esa herida se ve fatal – empezó. - Y por el aspecto estoy seguro de que no es una herida normal, te golpearon con uno de esos rayos, ¿verdad? - le dijo, notando como el tipo abría mucho los ojos de la sorpresa. - A mi también me golpearon con uno de esos y te aseguro que ese corte no se va a cerrar con puntos ni vendas, vas a seguir perdiendo sangre hasta que te desangres si no hacemos algo al respecto.

El tipo seguía sin decir nada pero Danny podía leer su miedo en los ojos.

- Y eso en el caso de que no se te infecte – prosiguió él, usando su mejor tono empático. - Las bacterias van a entrar en tu flujo sanguíneo y, creeme, no quieres que pase eso – le dijo con una media sonrisa, notando como el otro empezaba a dudar. - Te puede causar sepsis, colapse de los órganos internos y antes de que te des cuenta te destroza los riñones – soltó enfatizando con las manos, miró por un instante a Steve y lo vio tenso y con los brazos cruzados, posición que no pronosticaba nada bueno. - Y por lo que he oído la diálisis no es precisamente divertida.

El sospechoso empezaba a moverse inquieto lo que era una buena señal. A su lado también Steve empezó a pasearse y eso, eso, no era la mejor de las noticias. El mago era demasiado impaciente. Esperaba que como mínimo lo respetara lo suficiente como para no intervenir en su interrogatorio.

- ¿De verdad esos tipos merecen que mueras por ellos? - le preguntó, ignorando al mago. - Te utilizaron y ahora que ya has hecho tu papel se han desecho de ti. Apuesto a que te han dado por muerto – insistió él. - Y probablemente estés de suerte porque conozco esa gente y lo que pueden llegar a hacer con sus palos de madera, si llegan a pensar que aun vivías no me cabe la menor duda de que habían terminado contigo ellos mismos.

Lo tenia. Mencionar que sabia lo que los magos podían hacer había sido la clave. Tal y como pensaba ese hombre no era un mago, era un matón sin cuidado ni piedad por supuesto, pero no había visto nada mágico hasta esa mañana. Por eso no había intentado ponerse en contacto con los otros y en vez de eso se había escondido. Estaba asustado de ellos, de los magos en general, y sinceramente no lo culpaba. Insinuar lo que éstos le harían y el hecho de que conocía de ese tema había creado un vinculo de empatía, le había hecho creer al otro hombre que él lo ayudaría. Solo faltaba un ultimo empujón.

- Danno, muévete – oyó que Steve le ordenaba, no podía ser.

Se levantó, dispuesto a discutir con el mago por interrumpir, pero éste automáticamente levantó la varita y apuntó al otro hombre.

- Petrificus totalus

Conocía ese hechizo, lo conocía bien. Vio como el cuerpo del otro quedaba paralizado, las piernas se juntaron y los brazos se pegaron al cuerpo, un reflejo verde claro recorriendo por un instante su silueta. El hechizo paralizante que Chin le lanzó el día que se conocieron. Como odiaba ese conjuro.

- ¿Que estas haciendo? - le preguntó al mago, empezando a cabrearse.

- Chin, dame una hoja de papel – siguió ordenando el mago sin hacerle el menor caso.

El otro mago saco el pergamino que siempre llevaba con las anotaciones de la percepción de Danny y cortó un trozo con un pase de varita. McGarrett agarró la mano ensangrentada del hombre paralizado y apretó el pulgar contra el papel, dejando sus huellas dactilares en éste.

- Busca esa huella en la base de datos muggle – le dijo a Chin antes de levantarse y apuntar de nuevo al otro hombre con su varita.

- Mobilicorpus

El cuerpo aun paralizado de su sospechoso se irguió solo, flotando levemente en el aire, atado con unas cuerdas rosadas que salían de la varita del mago. Éste empezó a andar hasta el borde de la azotea, con el sospechoso flotando en frente suyo a unos centímetros del suelo.

- ¡Eh! ¿Se puede saber cual es tu problema? - le gritó, exasperado. - ¿Que pretendes hacer?

El moreno siguió caminando hasta que el sospechoso acabo flotando en el vacío, más allá del borde del edificio. Eso no podía ser cierto, el mago golpeador no podía estar tan loco.

- Finite incantatem – pronunció el mago, a lo que las cuerdas rosas desaparecieron y el otro hombre empezó a caer en el vacío con un chillido desesperado.

- ¡Hey! ¡¿Pero que haces?! - gritó él, corriendo hacia el borde.

- Levicorpus

Esta vez aparecieron unas cadenas también rosadas pero de un color más oscuro sujetando sólo las piernas del muggle de forma que acabó flotando al revés en la nada. El hombre seguía gritando y moviendo los brazos con desesperación. Lo comprendía, lo comprendía perfectamente.

- ¡¿Estas loco?! - le gritó al mago.

- ¿Quieres jugar? - le decía éste al otro hombre, ignorándolo a él completamente. - ¡Pues juguemos!

Se acercó hasta Steve y estuvo a punto de golpearlo, agarrarlo del brazo, hacer algo, cualquier cosa. Pero se contuvo, no sabia si el contacto haría que el mago perdiera la concentración del hechizo, ni siquiera sabia si necesitaba concentrarse para mantenerlo o no pero no podía arriesgarse. No se atrevió a moverlo ni tocarlo pero eso no quería decir que no hiciera nada.

- ¡Esto no es Guantanamo! ¿Me oyes? - le gritó con toda la capacidad de sus pulmones. - ¡No puedes dejar a alguien colgando en la nada!

- Todo lo que tengo que hacer es decir que viniste hacia mi con una arma desenfundada, me defendí y tropezaste – seguía diciendo el mago en tono calmado, ignorando a Danny completamente.

- ¡Eh, escuchame! - le gritó él, haciéndose oír por encima de los gritos del otro hombre. - ¡Si el sospechoso muere no va a poder confesar!

Steve desvió la mirada unos momentos del otro hombre para mirarlo con expresión confundida y un poco molesta. Molesta. Como si él fuera el psicópata irracional que tenia a otro hombre suspendido cabeza abajo en la nada.

- ¡Ergo, si muere no nos sirve de nada! - continuó él sin pausar, intentando inútilmente hacer entrar en razón al mago.

Éste lo siguió mirando por unos instantes, su expresión volviéndose casi divertida antes de desviar la mirada de nuevo a su victima y proseguir con su interrogatorio.

- ¿Crees que a alguien va a importarle una mierda? - le dijo. - Mataste a uno de los nuestros, nadie va a pestañear, estaría haciéndole un favor al mundo.

- ¡Steve!

- Niñas, ya podéis parar de jugar – oyó a Chin decir con toda la calma del mundo. - Tengo una coincidencia con su huella dactilar en la base de datos de la Interpol.

Les estaba mostrando su móvil con una fotografía del sujeto en la pantalla y los estaba mirando con una media sonrisa y clara exasperación. Como si la situación no fuera nada inusual para él, como si Steve y él hubieran estado jugando de verdad. Esos magos estaban todos locos de remate.

- ¿Ergo? ¿En serio Danny? - le estaba diciendo Steve con una sonrisa. - Vas usando palabras de la prehistoria y luego tienes el descaro de acusar a los magos de anticuados.

Steve estaba sonriendo. Por lo visto para él había sido todo sólo una broma, algo cotidiano y normal. Como si de verdad pensara que Danny había estado chillándole hasta quedarse sin voz sólo por el placer de oírse a sí mismo, y quizás para hacer un numerito ante su sospechoso. El mago no tenia ni idea de lo cabreado que estaba Danny pero se iba a enterar, por su madre que se iba a enterar.

- Tu y yo vamos a tener una larga conversación después, ¿me oyes? – le advirtió sin intentar disimular en lo más mínimo su mosqueo y señalándolo con un dedo. - ¡Suéltalo ahora mismo!

El mago golpeador abrió mucho los ojos y su sonrisa desapareció al instante. Lo miraba confundido y asombrado pero no arrepentido ni culpable. Parecía un cachorro siendo regañado por destrozar unos zapatos: consciente de que algo no estaba bien pero sin saber el que, ni el porque. Abrió la boca dispuesto a decir algo pero en el ultimo instante la volvió a cerrar, se giró hacia el hombre colgando, deshizo el hechizo y lo soltó en tierra firme. Éste no se movió del lugar, temblando y murmurando en voz baja. Danny respiró aliviado pero los ignoró a los dos para centrarse en Chin y lo que había averiguado.

- Su nombre es Sergei Ivanovich con nacionalidad en Serbia y una larga lista de antecedentes penales – empezó Chin. - Forma parte de una banda de ladrones de bancos y joyas.

- ¿Ladrones? - preguntó él extrañado, no era el perfil que se esperaba precisamente. - Los ladrones normalmente roban objetos, no secuestran a la gente en plena calle.

- Tal vez han decidido ascender a otros pastos – contestó Chin, claramente valorando las opciones.

- O tal vez sabían exactamente que era lo que Roland quería enseñarle al Inefable y pensaron que podrían sacar una buena tajada por ello – replicó Steve.

- Estamos hablando de una banda de ladrones muggles, ¿verdad? - protestó él. - ¿Cómo alguien así se entera de uno de los secretos de vuestro mundo? ¿Y a quien diablos le venderían algo así?

- Puede que no tenga nada que ver, puede que fuera en solitario o que alguien lo contratase – prosiguió Chin, mirando a Ivanovich con curiosidad.

Había algo que se les escapaba. No tenia ningún sentido. ¿Por que iba alguien normal a interesarse por robar algo del mundo mágico? Sobretodo teniendo en cuenta de que para empezar no debería ni siquiera saber de su existencia, con todo eso del Secreto de la Magia que el Ministerio tanto defendía. Además los otros sujetos que salían en la grabación eran magos. Tal vez lo habían utilizado sólo para pasar desapercibidos y despistar a los aurores, o quizá fue su vía de entrada de incógnito al país. Pero ¿por que un mago iba a querer entrar de incógnito por vías muggles cuando había muchas de mágicas?

- Espera, ¿has dicho Serbia? - preguntó él de nuevo, sacudido por un repentino golpe de inspiración. - La ex-mujer de Roland era extranjera, de algún país Europeo que el Inefable no nos pudo confirmar – explicó él.

- Dijo que era de Polonia o Rumania, Danny, no Serbia – se opuso Steve al instante.

- El tipo no sabia el país exacto y se como sois los europeos, tenéis tantos países pequeños que los generalizáis en dos o tres de mayores y más populares – replicó él, mirando furioso al mago. - Sobretodo los ingleses, que os creéis el centro del universo, y eso sin añadir la arrogancia propia de los magos.

Steve le lanzó una mala mirada, claramente ofendido por el comentario pero por una vez no replicó. Afortunadamente para él porque Danny no estaba para bromas.

- ¿A donde quieres llegar Danny? - le preguntó Chin, claramente ignorando la tensión en el aire. - ¿Crees que la ex-mujer esta involucrada?

- Tal vez no, esta en prisión al fin y al cabo – respondió él. - Pero puede que tenga familiares de los que no tenemos constancia que tengan interés personal en vengarse del hombre que mandó a Chelsea a Azkaban.

- Es una buena teoría, vale la pena tenerla en cuenta – contestó Steve. - Chin llevate a nuestro amigo a las oficinas, enciérralo y intenta sacarle todo lo que puedas – ordenó el mago. - Después profundiza en su historial, céntrate sobretodo en cuando, como y con quien llegó a Londres, con quien se ha encontrado desde entonces y donde ha estado.

Mientras el mago empezaba a dar ordenes, Danny se agachó para esposar al sospechoso, extrañamente dócil y cooperativo de golpe, al menos con él. No le pasó por alto como el hombre pareció relajarse al sentir el metal de las esposas. Supuso que después de haber estado atado con magia, las esposas eran algo reconocible y familiar.

- Entendido – respondió Chin.

Danny se levantó y dejó que su amigo ayudara al sospechoso a incorporarse, dirigiéndole a él una sonrisa comprensiva y una pequeña sonrisa antes de desaparecer en un remolino gris, arrastrando al muggle con él. Casi podía compadecerlo por ser aparecido sin avisar de esa forma. Si no fuera por su historial delictivo, claro. Se giró hacia el otro mago y lo vio andando decidido hacia el borde de la azotea.

- ¿Y ahora a donde vas? - le soltó, harto de su actitud.

- Los dos vamos a ir a casa de Roland ahora, ¿esta claro? - le respondió éste, girándose hacia él y andando de espaldas unos momentos antes de volver a girarse. - A ver que encontramos allí.

- ¿Vas a ir volando? - le replicó él. - ¿Puedes volar sin escoba?

El mago se detuvo de golpe y permaneció unos segundos en esa posición antes de dar media vuelta y dirigirse a la puerta que Danny tenia a su espalda. No podía ser. ¿De verdad el mago se había olvidado de que no llevaba su escoba sin él? Eso era casi cómico.

- Ni una palabra – lo amenazó el mago con un dedo levantado al pasar por su lado.

Por un segundo Danny tuvo ganas de reír. ¿Como podía alguien cabrearle tanto en unos instantes y acto seguido hacer algo tan absurdo? Pensaría que Steve lo había hecho a posta si no fuera por su expresión avergonzada. Ridículo. Ese mago era ridículo, alocado y absurdo al mismo tiempo. Danny inspiró profundamente antes de volver a entrar al edificio, aun tenían una conversación pendiente.


Danny era una de esas personas que hablaban por los codos y nunca se contenía ni reprimía su opinión, sobretodo cuando ésta difería de la de otra persona. Sin embargo todos aquellos que lo conocían de verdad sabían que cuando estaba realmente cabreado o cuando algo lo superaba emocionalmente se callaba y era entonces cuando había que temerle. Sus hermanos siempre lo habían llamado la calma que precedía a la tormenta. Podía contar con los dedos de una mano las veces en que eso había sucedido. Ese momento era uno de ellos.

Podía notar las miradas confundidas que le dirigía Steve desde el asiento del conductor. Lo miró por un momento pero tuvo que desviar la mirada de nuevo hacia adelante porque cada vez que lo veía recordaba lo que había pasado en la azotea del hotel. Los gritos aterrorizados de su sospechoso, su mirada de autentico terror, la voz fría e impasible del mago golpeador y como la mano de la varita no tembló ni por un instante. Lo peor era que si hubiera querido habría podido liberar al otro hombre del conjuro en cualquier momento y dejar que muriera allí mismo. Y luego no tenia más que borrarles la memoria a él y a Chin y así no habría testimonios. Podría incluso hacerlo ahora y librarse de su bronca, casi deseaba que le borrara esos recuerdos que no podía dejar de revivir una vez tras otra. La magia era terrible e implacable y él se sentía impotente ante ella. Tal vez era buena idea mantenerla en secreto del mundo real, probablemente solo causaría pánico y caos.

- ¿Danny? - oyó que lo llamaba finalmente el mago, con voz dubitativa. - ¿No vas a decir nada?

Inspiró profundamente e intentó ordenar sus pensamientos. Tenía que haber alguna forma de hacerle entender al mago golpeador que no podía ir por allí colgando a la gente en el aire y quedarse tan ancho. Había protocolos, derechos humanos, abogados y un montón de burocracia que podía poner en libertad al peor de los homicidas sólo por un error en un papel. No sabía como funcionaba el sistema judicial mágico pero si sus agentes de la autoridad estaban autorizados para intimidar y torturar libremente a cualquier sospechoso no le extrañaba que fueran tan malos investigando de verdad. No tenía claro de si quería colaborar en un sistema arbitrario como ese.

- Suéltalo – oyó que insistía el moreno. - Tan solo sacalo de dentro antes de que te haga daño.

- Por favor, no me hables por ahora – respondió él.

- ¿Entonces ahora no vamos a dirigirnos la palabra, como si fuéramos niños? - contestó el mago, su tono de voz volviéndose el tono de superioridad que Danny tanto odiaba. - ¿Como vamos a… ?

- ¡¿Puedes callarte por un momento?! - terminó explotando Danny. - Es mi turno de hablar.

A su lado Steve asintió con expresión solemne y se concentró en la carretera mientras le hacía un gesto con la mano para que empezara. Danny respiró profundamente e intentó calmarse un poco antes de empezar. Intentó.

- Sergei Ivanovich es un sospechoso. Eso significa que lo tratamos como a una fuente de información y luego lo empapelamos, ¿de acuerdo? - empezó, gesticulando con las manos y subiendo el tono de voz inconscientemente con cada palabra. - Torturarlo y matarlo no forma parte de la descripción de nuestro trabajo.

- ¡¿Matarlo?! - lo interrumpió Steve, ofendido. - No iba a…

- ¿Por que estás hablando? - le espetó él cada vez más irritado.

- Solo estoy intentando explicarte que… - insistió el mago.

- ¡¿Por que están tus labios moviéndose?! - le gritó él al final, a punto de estrangularlo.

Steve levantó una mano en señal de paz, cerró su maldita boca y le hizo un gesto para que continuara, con un poco de suerte sin más interrupciones. Lucía una expresión mosqueada que pocas veces le había visto pero Danny también estaba de mal humor y desde su punto de vista el mago no tenia ningún derecho a sentirse ofendido o insultado. Sólo uno de los dos tenía razón allí y no era McGarrett.

- Se perfectamente que la Ministra te dio carta blanca, ¡pero tener inmunidad y medios no te da permiso de colgar a alguien cabeza abajo en la nada! - continuó él, de nuevo empezando calmado y acabando a pleno grito sin poderlo evitar. - Lo tenia a punto de caramelo, sólo necesitaba un poco más de tiempo para entrar en su cabeza y lo habría logrado sin recurrir a la violencia que tu tanto amas – prosiguió, dejando notar un poco de su frustración e humillación cuando Steve interrumpió su interrogatorio como si él no fuera capaz de hacer su trabajo. - Así es como el trabajo de investigación funciona en el mundo real. Es así como se consiguen resultados verdaderos y sin todos esos trucos mágicos que deberían estar prohibidos. ¿Es esto demasiado difícil de entender para ti?

Se giró hacía Steve esperando oír su respuesta. Pero éste se mantuvo callado y con la mirada fija en la carretera. Lo miró de reojo un par de veces antes de hacerle un gesto con la mano y responderle.

- ¿Puedo hablar ya? - le preguntó con expresión seria.

- ¡Por supuesto! - exclamó él.

- De acuerdo entonces – respondió el mago antes de acomodarse levemente en el asiento y proseguir. - La única forma de hacer hablar Ivanovich era bajo sugestión mágica o miedo a morir.

- ¿Sugestión mágica? - preguntó, curioso muy a su pesar.

- Me refiero bajo Veritaserum, la poción de la verdad, o algún conjuro de control mental como el Imperio – explicó el mago. - Y para tu información la utilización de ambos en interrogatorios está prohibido sin permiso excepcional del Wizengamot o del propio sospechoso.

- ¿Así que te decidiste por el miedo a la muerte? - concluyó él. - ¡Eso es absurdo! La gente confesaría cualquier cosa con tal de no morir, y eso no tiene porque implicar que sea la verdad.

- Es un muggle – replicó Steve.

- ¿Y que? ¿Que quieres decir con eso? - preguntó él, empezando a ofenderse.

- Significa que cuando ésta investigación haya concluido le borrarán la memoria de todo efecto mágico que haya presenciado antes de encerrarlo en alguna prisión muggle – explicó el mago. - Para preservar el Estatuto Internacional del Secreto Mágico.

- ¿Y que con eso? ¿Acaso eso te da permiso para hacer lo que sea con él, solo por que es muggle y no recordara nada luego? - se escandalizó Danny. - ¿Es eso lo que hacéis los magos? ¿Abusar y torturar a los muggles y luego borrar todo rastro de ello? - eso no podía ser cierto, no podía estar pasando. - ¿Es eso lo que he de esperar de cualquier mago? ¿De ti? ¿O es que ya lo has hecho y simplemente no lo recuerdo?

- ¡¿Que?! - exclamó Steve, desviando los ojos de la carretera para mirarlo incrédulo. - ¿Como puedes pensar eso de los magos? ¡¿De mi?! ¡Nunca haría algo como eso!

- ¿Entonces conmigo es inmoral pero con Ivanovich es perfectamente racional? - insistió él, intentando entender al mago y hacer que él entendiera su punto de vista. - ¿Por que es diferente, Steve? ¿Donde está el limite entre lo moral y lo inmoral?

- ¡Ivanovich es un ladrón y un asesino! - protestó él. - No puedo creer que lo estés defendiendo.

- Ivanovich puede que sea culpable pero si usas esos métodos con todos los sospechosos, ¿que pasara el día que te equivoques con uno?

- ¿Que quieres decir? - musitó Steve.

- Exactamente eso, que pasaría si alguien que creíamos culpable en realidad no lo era, ¿como te sentirías entonces? ¿Podrías seguir defendiendo que lo que hiciste estuvo bien? - lo interrogó Danny. - O imagínate que encontramos un sospechoso que ha actuado bajo esa magia de control mental que mencionaste antes, ¿en ese caso seria moral o inmoral torturarlo para obtener información?

- Yo no… - murmuró el mago. - No lo se, Danny – confesó al final. - Nunca me había parado a pensar en eso, no es precisamente material que se de en la academia.

El mago parecía realmente pensativo y confundido. Danny decidió darle un respiro. Si el mago había sido educado para usar ese tipo de tácticas en los interrogatorios y era lo que había usado toda su vida tal vez era pedirle demasiado que cambiara sus métodos. El simple hecho de que el mago golpeador parecía estar contemplando y valorando lo que él le acababa de explicar decía mucho del tipo de persona que era en realidad. Danny esperaba que el mago no estuviera arrepintiéndose de todas las veces que había usado esas técnicas en el pasado porque esa no era su intención.

- Danny has de entender que cuando te enfrentas a un mago no hay tiempo para vacilar – dijo Steve de repente. - Hay millones de hechizos peores que el Levicorpus y eso sin contar los que están prohibidos por el Ministerio. Éste incluso se podría considerar un hechizo para niños.

- No creo que los críos lo utilizaran en el borde de un edificio y amenazaran con dejar caer al otro. O eso prefiero pensar – protestó Danny. - Mira, entiendo que tenemos una base diferente Steve, de verdad – prosiguió, su enojo reemplazado por melancolía. - Pero en mi mundo esta clase de comportamiento está mal; todo ser humano tiene derechos sin importar lo que haya hecho o no y hay muchos protocolos a seguir en nuestro oficio. Inocente hasta que se demuestre lo contrario, ¿sabes? - le explicó. - No te imaginas las veces que el culpable ha escapado del sistema judicial por un error burocrático o la tan usada "brutalidad policial".

- En el Mundo Mágico también hay restricciones Danny – comentó el mago.

- Entonces tal vez deberíamos sentarnos un día y comparar notas – decidió él. - No se, buscar un punto intermedio.

El mago asintió, aun con el cejo fruncido y expresión seria.

- Este fin de semana no tienes a Grace, ¿verdad? - le preguntó. - ¿Por que no pasas por mi casa y hablamos de ello?

- No hay mejor forma de pasar un sábado que entre papeles – protestó él sin fuerzas.

- Yo pago la comida – insistió el moreno.

- Entonces, ¿como podría negarme? - le respondió él con una leve sonrisa.

Un silencio incomodo inundó el coche, la camaradería de esa mañana totalmente evaporada. Danny no podía parar de pensar en lo que Steve le había dicho. Supo desde el primer instante que provenían de mundos diferentes pero no se había dado cuenta de lo distantes que eran éstos en realidad. Ya no estaba seguro de si trabajar juntos era una buena idea, al fin y al cabo solo era el segundo caso en el que trabajaban, el primero oficial, y sus métodos ya empezaban a chocar. Tal vez era él el que debería ceder, era el único normal en el equipo, el único muggle quería decir, y si eso fuera una democracia él perdería seguro. Pero Danny no era esa clase de persona. No podía ver como algo injusto o erróneo ocurría en frente suyo y no hacer algo al respecto. Si no podía cambiar la forma de trabajar de ese equipo probablemente tendría que dejarlo, lo que no le apetecía para nada.

- Solo para que conste, no iba a matarlo – comentó Steve de la nada.

- Esta bien saber eso – respondió él, sin saber bien como tomarse esa confesión.

Esperaba sinceramente que no todos los magos fueran como Steve porque si era así de verdad que iba a exigir que le borraran la memoria y los mandarán de nuevo a él y a su hija a Nueva Jersey.


Roland y Evan vivían en una casa enorme, con jardín y piscina cubierta y un avanzado sistema de seguridad y vigilancia que cubría todo el perímetro. Eso sin tener en cuenta el brillo amarillo que desprendía todo el muro exterior. Dos aurores los recibieron en la entrada, asegurándoles de que el área estaba protegida y que podían contrarrestar el hechizo de barrera a su señal. Steve les ordenó que lo quitaran sólo el tiempo suficiente para poder entrar y salir y que siguieran patrullando el perímetro.

Danny observó atónito como los aurores abrían un hueco en la barrera amarilla, justo en frente de la puerta para que pudieran pasar. Lo hizo en el instante en que ésta quedó despejada, sin esperar confirmación de los magos e ignorando sus advertencias. Steve lo siguió con una sonrisa pero no dijo nada. El muy idiota parecía incluso orgulloso. De que, Danny no lo sabia ni quería saberlo.

- Hechizo de barrera, cámaras de seguridad, cerraduras dobles, dos puertas separadas al edificio… - enumeró él mientras cruzaba el jardín hacia la entrada principal. - Sólo le falta una torre de vigilancia con metralletas.

- Evan decía la verdad – contestó Steve. - Su padre se tomaba muy en serio su seguridad.

- Bueno, esto es la prueba definitiva de que por muy paranoico que seas no significa que no vayan a atraparte.

Con eso abrió la puerta principal, con una llave normal sin ningún truco mágico, y entró a la casa. Todo estaba en orden, ni siquiera había polvo acumulado en los muebles más altos. Sinceramente no parecía el hogar de un hombre sólo y su hijo pero Danny supuso que para eso la gente tenia amas de casa que limpiaban por ellos.

- Está bien, estamos buscando archivos, ordenadores, viales o cualquier rastro de magia que pueda ayudarnos a tener una idea de porque se llevaron a Roland – ordenó Steve.

- Gracias, Inspector Obvio – replicó él. - Se lo que me hago, ¿recuerdas?

Pasó por el lado del mago, empujándolo levemente con el hombro. Lo cabreaba irracionalmente que Steve le diera ordenes en momentos como ése, como si Danny no tuviera más de quince años dedicados a ese trabajo a sus espaldas. Se dirigió a la parte trasera de la casa hasta llegar a una sala de estar con decoración en colores suaves excepto en una pared que era azul brillante. Danny se extrañó de ello. Abrió una puerta al patio desde el mismo salón y observó las dimensiones de la casa desde fuera. Todo parecía normal, la pared azul se encontraba al final del edificio. Volvió a entrar y se quedó mirando esa pared, confuso. Estaba seguro de que allí había gato encerrado.

- ¿Te has quedado dormido con los ojos abiertos? - oyó la voz de Steve.

Se giró y lo vio en medio de la sala, mirando la misma pared que él pero con expresión relajada, como si no hubiera nada inusual allí.

- Muy gracioso – respondió. - Dime, ¿a ti te parece normal esa pared?

Al parecer eso llamó la atención del mago porque se giró hacia él completamente antes de fijarse en la pared de nuevo, ladeando la cabeza para volver a mirarlo a él después.

- Como las otras, ¿por que? - le preguntó.

- Tan solo me preguntaba porque alguien pintaría esa pared de ese azul tan chillón cuando el resto de la habitación esta decorada con tonos pastel – respondió él con las manos en los bolsillos.

Steve abrió mucho los ojos al oírlo y casi al instante sacó su varita de quien sabe donde y apuntó a la pared. Musitó Verdimilius y unas chispas verdes empezaron a salir de su varita, bañando lo que había alrededor. Cuando éstas tocaron la pared cambiaron de color y Danny pudo notar por la mirada que Steve le dirigió que él no era el único que había notado el cambio en el conjuro. Entonces Steve movió la varita en círculos para luego apuntar a la pared y pronunciar Dissendium. Justo entonces la pared azul empezó a moverse hacia adelante hasta dejar un hueco por donde Steve entró sin dudar. Danny oyó su expresión de asombro incluso antes de asomar la cabeza tras él.

- Wow.

La habitación oculta contenía todos los objetos mágicos que el resto de la casa carecía. Las paredes estaban llenas de estanterías con libros y más libros, algunos de aspecto realmente antiguo, y papeles con dibujos y gráficos complejos, en un idioma incomprensible. Una gran mesa de escritorio llena de pergaminos ocupaba la parte central de la estancia y en una de las paredes había tres grandes calderos sobre brasas apagadas, con estanterías llenas de viales con substancias raras y nombres aun más raros encima. En un rincón había una pequeña jaula con lo que parecían unos duendes azules con alas transparentes que proferían agudos chillidos mientras enseñaban los dientes amenazantes y no paraban de revolotear en el pequeño espacio.

- Bueno, el mago aquí eres tu - dijo Danny, mirando a su alrededor sin entender nada de nada.

- Soy un mago, si, y siempre se me dieron bien tanto Pociones como Runas - contestó Steve, al parecer tan perdido como él. - Pero esto está en otro nivel, vamos a necesitar a alguien experto en creación de hechizos para sacarle sentido a todo esto.

- ¿Conoces a alguien así? - le preguntó él.

- De hecho si - respondió Steve. - No es exactamente un profesional cualificado pero es un genio.

- Perfecto, vamos a buscarlo - respondió él dirigiéndose a la puerta.

- Espera Danny - lo llamó el mago, se giró y lo vio con una mano levantada a pocos centímetros de su brazo, como si lo hubiera querido agarrar pero hubiera dudado en el último minuto. - Mira, no te lo tomes a mal pero ésta vez es mejor que vaya sólo.

En cualquier otro día a Danny no le habría molestado eso, o a menos no demasiado, pero ese día precisamente Steve había tentado su paciencia suficientes veces.

- ¿Así que así van a ser las cosas ahora? - replicó él con voz calmada. - ¿Tenemos una pequeña discusión perfectamente razonable y civilizada y de golpe ya no estoy cualificado para hacer mi trabajo?

- ¿De que hablas Danny? - le contestó Steve. - Has sido tu quien ha encontrado esta habitación, yo probablemente la habría pasado por alto. Estás más que cualificado, de hecho no quiero a nadie más como compañero – insistió el mago. - Creí que lo había dejado claro el primer día.

Ante eso Danny no supo que decir. Quería seguir protestando pero el enojo se había evaporado con la expresión sincera de Steve.

- ¿Entonces? - inquirió al final.

- Toast no se mueve por los mejores círculos, precisamente – confesó el mago. - Vive en uno de los rincones más oscuros del Londres mágico, será peligroso para mi pero para ti sin varita ni la habilidad de defenderte mágicamente y vistiendo como un muggle sería un suicidio.

- ¿Si sabéis que ese lugar es tan peligroso por que no simplemente hacéis una redada con los aurores? - preguntó él sin entender el proceder de los magos.

- Es un secreto a voces que en ese lugar hay varios practicantes de magia negra pero hasta ahora siempre han evadido de una forma o otra cada operación de los aurores – confesó el mago. - Si fuera por mi haría volar el barrio entero pero oficialmente sin pruebas suficientes no podemos arrestar a nadie – prosiguió mientras con un movimiento de varita hacía aparecer una capa negra con capucha. - A parte de que practicar la magia negra ocasionalmente o comprar objetos mágicos en una tienda sospechosa no está exactamente prohibido.

Dicho eso el mago se cubrió con la capa negra, poniéndose la capucha hasta que le ocultaba el rostro y cerrando la capa por delante, dejando solo un hueco pequeño para poder sacar la varita. Danny suspiró. Tal vez era mejor así, ya había tenido suficiente de magia por un día.

- Está bien, voy a examinar el resto de la casa a ver si encuentro algo y llamaré a Kono para ver como le va – decidió él. - Avísame cuando estéis de vuelta.

Vio al mago asentir pero no pudo verle la cara ni su expresión debido a la capucha. Entonces lo vio desaparecer en el torbellino gris al que ya se estaba habituando. Salió de la sala oculta y exploró el resto de la casa pero no encontró nada a destacar. Al final volvió al salón, se sentó en uno de los sillones y sacó el móvil para llamar a Kono. Gracias a Hermione todos los miembros del equipo disponían de un móvil mágico como el suyo pero aunque Chin le había pillado el gusto enseguida, Kono y Steve aun eran renuentes a usarlos. Sabía que sólo sería cosa de tiempo, una vez los probaran serían incapaces de dejar de utilizarlos. Kono respondió al tercer tono, apareciendo su expresión concentrada en la pantalla.

- Hey, Kono – la saludó con una sonrisa. - ¿Como va todo por allí?

- ¿Danny? - respondió la bruja, acercándose el teléfono al rostro y luego alejándolo con expresión confundida. - ¿Esto es en tiempo real o una grabación?

Danny no pudo evitar soltar una carcajada ante la incredulidad y asombro de Kono con algo tan usual como una video-llamada.

- Es en tiempo real, es una video-llamada, Kono – le respondió aun sonriendo. - Supongo que es el equivalente a vuestra Red Flu.

- Créeme, esto no tiene nada en común con la Red Flu – contestó la bruja. - Es muy extraño, creo que ahora se como te sientes tu cada vez que usamos algún aparato mágico.

- Y eso que aun no has descubierto las maravillas de internet – comentó él. - Ahora en serio, ¿como va por allí?

- Sigo en casa de Natalie Reed con ella y Evan pero de momento no han recibido ninguna llamada pidiendo un rescate – respondió ella en tono profesional. - Evan sigue preocupado pero la verdad es que la mujer tiene algo que no me gusta, parece demasiado calmada con todo lo que está pasando.

Eso era interesante. Teniendo en cuenta su hipótesis de que era un trabajo hecho desde dentro era muy posible que esa Natalie fuera una informante, tal vez sin ser consciente de ello. También podía ser que estuviera en el ajo. No podían dejar ninguna opción al aire.

- Escucha Kono, sospechamos que quien secuestró a Roland lo hizo para hacerse con algo que había creado, un conjuro o un objeto mágico, aun no lo sabemos – le explicó. - Fue secuestrado justo el mismo día que se disponía a entregarlo a los Inefables así que los secuestradores sabían sus movimientos. Es muy posible de que se trate de un trabajo desde dentro y esa Natalie puede ser su fuente de información – concluyó él intentando enfatizar la importancia de la situación. - Puede que sea una victima, puede que sea una de los secuestradores o puede que no tenga nada que ver. En todo caso ten mucho cuidado, no bajes la guardia.

- Entendido Danny – asintió la bruja con expresión seria.

- Voy a solicitar una patrulla de apoyo a la CoLP ahora mismo, tu mantente cerca de Evan y no la pierdas de vista – le ordenó. - Y si puedes mándame una fotografía de esa Natalie sin que se de cuenta.

- ¿Una fotografía? - preguntó la bruja confundida. - Pero no llevo ninguna cámara de fotos conmigo y no tengo ninguna lechuza con la que enviártela.

Danny necesitó unos segundos para entender lo que Kono le estaba diciendo. No podía ser. ¿O sea que los magos aun usaban cámaras instantáneas de las antiguas? No pudo evitar soltar una carcajada de la sorpresa.

- Puedes hacer una foto digital con el móvil, Kono – le explicó con una sonrisa. - Y me la puedes enviar al instante con un mensaje de texto o vía internet.

- ¿En serio? - respondió la bruja con expresión alucinada. - ¿Y como lo hago?

- Dile a Evan que te ayude, los adolescentes son unos cracks con la tecnología – le sugirió. - No le digas que es para la investigación por eso, dile que el móvil es nuevo y no sabes usarlo bien aun o algo así. Lo que la verdad me sorprende puesto que tu primo ya lo maneja mejor que yo.

- A Chin siempre le ha fascinado la tecnología muggle – le explicó Kono con una sonrisa. - Y gracias a Malia pudo acceder a ella durante un tiempo, solía hablarme de las maravillas de la televisión pero la verdad es que nunca le hice demasiado caso.

- ¿Malia? - preguntó él intrigado.

- Fue su prometida durante un tiempo, hasta que fue suspendido de los aurores – le explicó la bruja.

- ¿Que pasó? - insistió él, preocupado por el tiempo pasado de la oración.

- Lo siento Danny pero no es exactamente mi historia por contar, ya he hablado de más – confesó la morena con cara apenada. - Vas a tener que esperar a que Chin te lo cuente por si mismo, solo puedo decirte que mi primo lo pasó muy mal, aun lo hace.

- No se porque eso no me sorprende – dijo él con un suspiro. - Cuanto más lo conozco más hipócrita me siento por pensar que mi vida ha sido dura.

- Si, Chin lo ha pasado mal durante mucho tiempo – asintió Kono. - Pero las cosas están mejorando, lo puedo notar, sólo tenemos que estar allí para él.

- Eso es algo que si que puedo hacer – respondió él con una sonrisa justo antes de notar un escalofrío y ver aparecer el mismo torbellino gris que ya se le estaba haciendo familiar. - Tengo que dejarte Kono, McImpaciente está de vuelta.

- De acuerdo Danny, cuenta hasta diez antes de gritarle de nuevo – rió Kono.

- ¿Como sabes…?

- Chin me ha llamado y me lo ha contado – respondió la bruja. - Te dejo, voy a ver si logro hacer esa foto.

- Ten cuidado.

- Tu también, jefe.

Y con eso la bruja colgó. Danny se quedó mirando la pantalla en negro por unos momentos. Lo había llamado jefe. No sabia como tomarse eso, al fin y al cabo todos sabían quien era el verdadero jefe del equipo. Levantó la vista y vio al mencionado quitándose la capucha de la capa, un chico de poco más de veinte años, alto, pálido y con expresión un poco ida a su lado. Si no supiera que no aseguraría que ese chaval iba drogado hasta las cejas. Tal vez llevaba el equivalente en el mundo mágico, si es que eso era posible.

- Danny, te presento a Toast – le dijo el mago golpeador, con una mano en el hombro del otro mago. - Ha accedido a ayudarnos.

- ¿Ha accedido o lo has obligado? - preguntó él, levantándose del asiento y dirigiéndose al joven. - Soy el Detective Daniel Williams, es un placer.

- Hola, yo soy Toast – le respondió éste estrechándole la mano. - ¿Por que vas vestido como muggle?

Danny frunció el cejo, harto de que todos los magos lo juzgaran por su vestuario, el cual era perfectamente normal y profesional, muchas gracias.

- Vamos Toast – interrumpió Steve. - Déjame mostrarte lo que hemos descubierto.

Dicho eso empujó suavemente al otro mago hasta la habitación oculta y le explicó por encima lo que necesitaban que averiguara y porque. El rostro del chico se transformó cuando vio los diagramas y soltó un leve chillido de asombro justo antes de sacar la varita y empezar a agitarla, haciendo brillar los dibujos en una secuencia aparentemente aleatoria. Danny no tenia ni idea de lo que el joven estaba haciendo así que se acercó a Steve y junto a él observó al mago trabajar.

- ¿De dónde lo has sacado? - preguntó señalando con la cabeza al joven. - ¿Y de verdad se llama Toast?

- Su verdadero nombre es Adam Charles – empezó el mago. - Hace unos años lo arrestamos por creación ilegal de pociones peligrosas, al final resultó ser un buen chico con muy malos amigos que se aprovechaban de su talento para las pociones.

- ¿Y te compadeciste de él? - preguntó Danny sin extrañarse en lo más mínimo.

- No, solo hablé bien de él ante el Wizengamot – respondió el mago. - Al fin y al cabo Adam sacó Extraordinario en todos los EXTASIS y tenía una beca para una de las mejores academias de Creación de Conjuros y Pociones Avanzadas incluso antes de acabar Hogwarts, es un genio – explicó el mago antes de titubear. - O al menos durante 45 minutos al día.

- ¿Y el resto del tiempo? - preguntó él, temiendo la respuesta.

- Enganchado a la Poción Alucinógena – confesó Steve.

- O sea que es un Yonkie, un Yonkie Mágico

- Es un buen chico, Danny, de verdad – insistió el mago. - Solo ha perdido un poco el rumbo. Él dice que le ayuda a ver las secuencias y los conjuros son básicamente una secuencia de movimientos y palabras así que...

Danny decidió no responder a eso. Observando a Toast moverse por el lugar, casi brincando de un pergamino a otro para luego tomar muestras de los calderos y hacerle caras a los duendes azules podía entender porque el mago se había compadecido de él. Al parecer Steve tenia debilidad por los desamparados, los abandonados. Se preguntó donde lo dejaba a él a los ojos del mago, esperaba no ser otra de sus causas benéficas. Justo entonces su móvil vibró y al sacarlo vio que Kono le había mandado dos imágenes, una de ella con Evan y otra de una mujer rubia limpiando un vaso en la cocina. Esa debía de ser Natalie. Le reenvió la fotografía a Chin junto con un mensaje pidiéndole que cuando tuviera un momento buscara referencias en su historial, cualquier cosa sospechosa.

- ¿Que estas haciendo? - le preguntó Steve a su lado.

- He hablado con Kono y le he pedido que me mandara una fotografía de Natalie Reed, para tener con que comparar en caso de que obtengamos pruebas de que esta involucrada – le explicó.

- ¿Crees que lo esta? - inquirió el mago.

- Creo que de una forma o otra los secuestradores obtuvieron información desde una fuente muy cercana a Roland sobre lo que estaba investigando y sobre sus movimientos – elaboró él. - Puede que Natalie haya sido condicionada mágicamente, que sea una cómplice o que no tenga nada que ver pero prefiero tener todas las opciones cubiertas.

- Bien pensado Danny – asintió el moreno.

- Por cierto, iba a mandar una patrulla de policías a su casa para que apoyaran a Kono en caso de que mis sospechas sean ciertas pero tal vez sea mejor que mandemos aurores, solo por si acaso Natalie resulta ser una bruja.

- Si, mejor aurores – dijo el mago, con su tono de superioridad que siempre usaba cuando implicaba que los magos eran mejores que los muggles.

Danny se volvió hacia él y estaba a punto de decirle exactamente que pensaba de ese tonito de voz cuando Toast soltó una exclamación de asombro.

- ¡No puede ser! - chilló. - ¡Esto no es real!

- ¿Que has descubierto? - le preguntó Steve, acercándose a él.

- Había oído rumores sobre este tío – confesó Toast. - Sobre lo que estaba haciendo, pero pensé que eran solo una leyenda urbana. Era demasiado increíble para ser verdad.

Hizo un par de movimientos más de varita y algunos de los pergaminos volaron hasta apilarse en el aire uno encima del otro, formando un dibujo completo.

- Realmente lo logró – musitó el joven con voz asombrada.

- ¿El que? ¿Que es lo que ha hecho? - insistió Steve.

- Ha construido una llave maestra – explicó el mago más joven, girándose hacia él. - Es un ritual que elimina temporalmente toda barrera mágica, hechizo de ocultación y de contención en una área. Probablemente también anule las barreras anti-aparición.

- Espera, espera, espera – exclamó Danny. - ¿Todo tipo de hechizo de protección? ¿Sin importar la potencia de éste?

- Ha encontrado una forma de des-estructurar la composición básica de este tipo de hechizo – respondió Toast. - No importa si se trata de un pequeño conjuro en el diario privado de una niña o de la barrera que oculta Hogwarts, si están lo bastante cerca quedarán anulados durante unos minutos.

- ¿Afectaría a los hechizos del Ministerio o a casas bajo el Fidelio? - especificó Steve, una imagen formándose claramente en su mente.

- Por supuesto, todos esos hechizos tienen la misma estructura mágica – insistió el joven. - Lo que hasta ahora no me había dado cuenta pero es un error monstruoso.

- ¿Y ese ritual crees que podrías descubrir exactamente como es? - preguntó Danny.

- No lo se, faltan documentos, y probablemente alguna poción también. Creo que es bastante complejo – respondió el mago. - ¿Por que quieres que lo haga?

- Pensaba en que si sabemos el hechizo tal vez podamos encontrar una forma de contrarrestarlo, anularlo de alguna forma – explicó Danny. - No se mucho del tema pero imagino que debe ser como los antídotos para venenos.

Los dos magos lo miraron asombrados por unos instantes antes de mirarse entre sí, Steve asintió sin decir nada.

- Lo puedo intentar pero un ritual de ésta complexidad me puede costar días de entender en la totalidad, ya no te digo encontrar la forma de invertirlo.

- Intentalo Toast, por favor – le pidió Steve. - Hay dos aurores en la entrada principal, les voy a explicar la situación así que si descubres alguna cosa más, lo que sea, pídeles a ellos que nos informen, ¿de acuerdo?

- De acuerdo – asintió el mago antes de volverse a los documentos, clara cara de concentración en el rostro.

Danny y Steve salieron de la sala y se dirigieron a la salida, ambos meditando sobre las consecuencias de las acciones de Roland. El Inefable tenia razón, esa información era demasiado peligrosa, sobretodo en malas manos. Salieron del lugar y se pararon unos momentos a hablar con los aurores, informándoles de la presencia de Toast y pidiéndoles que enviaren un par de aurores de respaldo a casa de Natalie pero sin mencionar el ritual, cuanta menos gente supiera de ello mejor.

- ¿Y ahora que? - preguntó Danny una vez en el asiento del copiloto.

- Volvamos a las oficinas y esperemos que Chin haya encontrado algo – respondió el mago.

Danny asintió, empezaba a creer que ese caso terminaría muy mal.


Se que dije que iba a acabar el caso en éste capítulo pero me estaba saliendo increíblemente largo así que al final decidí partirlo en dos.

¡No dudéis en darme vuestra opinión!

Gracias por leer.