CASO 2: Roland Lowry IV
Chin definitivamente había encontrado algo que con un poco de suerte les llevaría hasta Roland.
- Sergei llegó desde Serbia hace dos meses – les estaba explicando en ese momento, usando el ordenador de la mesa para mostrar la ficha del sospechoso.
- ¿Solo? - preguntó Steve.
- No, llegó junto con éste hombre – dijo, ampliando una fotografía tomada del aeropuerto donde se veían los dos hombres. - Lo he identificado, se llama Drago Zankovic y es un mago de dudosa reputación en su país.
- ¿Que sabemos de él? - inquirió Danny.
- Poca cosa, pertenece a una de las familias más antiguas de Serbia, con algún antepasado involucrado en ataques a muggles con magia negra y conocida filosofía Sangre-Pura. Al parecer sigue la tradición familiar puesto que ha sido interrogado varias veces por posesión de objetos de magia negra, pero siempre ha sido absuelto – elaboró Chin. - Casado con Nadia Zankovic, sin hijos.
Dicho eso les mostró la imagen de una mujer rubia que Danny ya había visto antes. No podía ser. Sacó su móvil a toda prisa, ignorando las miradas de los otros dos y buscando la foto que Kono le había mandado menos de una hora antes. Definitivamente era la misma mujer. Puso el móvil en la mesa, al lado de la imagen de la mujer de Zankovic.
- Ahora se hace llamar Natalie Reed.
- ¿La novia de Roland? - preguntó Chin, claramente asustado.
- Ella es nuestra conexión – concluyó Steve. - Tenias razón Danny.
- No es el momento, Steve – gruñó él mientras recuperaba el móvil y llamaba a Kono a toda prisa, nadie lo cogió. - Kono no contesta.
- ¡Mierda! - exclamó Chin antes de empezar a teclear a toda velocidad en el ordenador, activando remotamente el GPS del móvil de Kono. - El teléfono está en casa de Nadia.
- Steve, ¿puedes hablar con los aurores que enviaste allí? - le preguntó ésta vez al otro mago mientras marcaba el numero de nuevo.
- Estoy en ello – respondió éste, dirigiéndose a toda prisa a la conexión Red Flu de su despacho.
Volvió a saltar el buzón de voz. Danny reprimió el deseo de estampar el móvil contra el suelo, sabiendo que no iba a servir de nada. Inspiró y expiró profundamente un par de veces. Necesitaba recuperar la calma, Kono estaba en peligro y lo necesitaba racional más que nunca. Se giró hacia Chin y lo encontró mirando fijamente el punto rojo de la pantalla que indicaba que el teléfono de Kono no se había movido del lugar.
- Está bien, necesitamos reorganizar la información de que disponemos – dijo en voz alta, llamando la atención del mago. - Roland y Natalie han estado meses saliendo juntos por lo que ella lleva tiempo infiltrada en su circulo de confianza, justo cuando él estaba trabajando en un ritual para romper hechizos protectores – esquematizó él. - Sabemos que empezó a trabajar en ello hace siete años, cuando se fugó al mundo muggle sin decirle a nadie a donde. Está claro que los secuestradores sabían quien era él y en lo que estaba trabajando, así que mi pregunta es: ¿como lo supieron?
- ¿Crees que algún otro Inefable lo traicionó? - preguntó Chin.
- Podría ser pero por lo que nos comentó Corner sólo se comunicaban con Roland vía lechuza o patronus porque éste estaba obsesionado con su seguridad, así que no creo que supieran dónde vivía – replicó él. - ¿Que sabemos de ésta mujer a parte de que está casada con Zankovic?
- Ahora mismo la busco – respondió Chin, empezando a teclear furiosamente.
Danny miró su móvil por unos segundos, preguntándose si valía la pena intentar llamar a la bruja de nuevo. Eso era su culpa, debería haber enviado a los refuerzos de inmediato en vez de esperar a que Steve avisara a los aurores. Había enviado a Kono a casa de una bruja que probablemente era una asesina. Si algo le pasaba a Kono nunca se lo perdonaría.
- Los aurores que hemos enviado dicen que la casa está desierta pero que han encontrado signos de un duelo mágico y de aparición conjunta – les comunicó Steve con expresión seria mientras entraba de nuevo a la sala. - También han encontrado el móvil de Kono y su varita en el suelo de la cocina.
Mierda. Eso significaba que no tenían forma de localizarla, podían estar en cualquier lugar en esos momentos.
- Tengo la información de Nadia Zankovic – los llamó entonces Chin. - Al parecer su nombre de soltera era Lukovic.
- Espera, ¿como la ex-mujer de Roland? - preguntó él. - ¿Tienen alguna relación familiar?
- Es su hermana pequeña – respondió Chin con voz grave.
Danny cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz. Eso era su culpa. Si hubieran podido interrogar a Chelsea en Azkaban como Steve quiso tal vez habrían podido descubrir ese detalle antes y Kono y Evan no habrían sido secuestrados. Si él no se hubiera sentido mal o si hubiera hecho caso a Steve y se hubiera quedado fuera de Azkaban puede que nada de eso hubiera ocurrido.
- Danny – oyó a Steve llamándolo al mismo tiempo en que sintió su mano en su hombro. - No te hagas esto. No es tu culpa.
- Si que lo es, si hubiéramos interrogado a Chelsea como querías… - protestó él.
- Probablemente no se nos habría ocurrido preguntar por su hermana – lo interrumpió Steve. - A parte de que en aquel entonces aun no sabíamos ni siquiera el aspecto de Natalie
Eso era cierto, Kono fue la primera en ver a la bruja cara a cara y ella no estuvo en Azkaban con ellos por lo que aun si hubieran podido ver una imagen de la hermana de Chelsea no la habrían podido identificar.
- Steve tiene razón, Danny – le dijo esta vez Chin. - Tu fuiste el único al que se le ocurrió pedirle una foto de Natalie a Kono. Sin eso no la habríamos reconocido como Nadia.
Danny se sintió un poco mejor con el apoyo de sus compañeros, algo que había echado mucho de menos en sus primeros meses en Scotland Yard. Incluso cuando ya tenia a Peter y Meka de su lado siguió sintiendo las miradas acusadoras del resto del departamento en cada caso que acababa mal. Tal vez se había acostumbrado a que todos pensaran que era su culpa cuando las cosas no salían según lo planeado. Inspiró profundamente. No era momento para la autocompasión, Kono los necesitaba, no podían perder el tiempo de esa manera.
- De acuerdo, ¿que sabemos hasta ahora? - preguntó a Chin. - ¿Sabemos si las hermanas estaban muy unidas?
- No hay mucha información al respecto pero salen juntas en muchas fotografías antiguas – respondió Chin, mostrándoles algunas imágenes estáticas de dos niñas muy parecidas entre sí. - Se llevan unos cinco años, Nadia tenia solo quince cuando su hermana se casó con Roland y se mudó a Inglaterra.
- Y algunos años después su querida hermana termina en Azkaban con cadena perpetua – añadió Danny. - Precisamente por culpa de Roland y Evan, eso puede ser un buen motivo para buscar venganza.
- Corner mencionó que Chelsea creía firmemente en las ideologías Sangre-Pura – comentó Steve a su lado. - Es posible que Nadia al ser de la misma familia tenga la misma mentalidad y desde su punto de vista probablemente las acciones de su hermana fueron justificadas.
- No todos los miembros de una familia comparten siempre los mismos ideales – protestó Chin con un tono enojado que Danny nunca le había escuchado.
- Eso es cierto Chin – asintió Steve. - Pero Nadia se casó con un hombre de una familia con claras tendencias hacía esa filosofía y sin reparos en usar magia negra con muggles – elaboró el mago golpeador. - No creo que lo hubiera hecho si no compartiera sus ideales.
- Un momento – interrumpió Danny, una idea formándose en su mente. - Creo que hemos estado enfocando el secuestro en el angulo equivocado.
- ¿Que quieres decir? - le preguntó Chin.
- Desde que averiguamos que Ivanovich formaba parte de una banda de ladrones asumimos que los secuestradores querían a Roland por su descubrimiento, para venderlo – empezó Danny. - Pero con la hermana de la ex-mujer y su marido implicados esto me parece que es mucho más personal.
- ¿A donde quieres llegar? - inquirió Steve con expresión confundida.
- Toast dijo que el ritual podía romper cualquier barrera mágica, sin importar lo fuerte que fuera, ¿no? – prosiguió él. - ¿Y si lo que quieren es usarlo para rescatar a Chelsea?
Los dos magos se quedaron en silencio, mirándolo asombrados.
- Van a usarlo en Azkaban – murmuró Chin con los ojos desorbitados.
Steve se incorporó de golpe y corrió hacia su despacho mientras Chin empezaba a teclear en la computadora, el historial de Chelsea Lowry apareciendo al lado de la foto de su hermana. Danny se quedó paralizado por unos segundos antes de decidir ir a por su arma de repuesto y un chaleco antibalas que guardaba en su despacho. Al pasar por el lado de la oficina de Steve lo vio con la cabeza entre las llamas verdes pero esa vez la imagen no le hizo gracia, había una urgencia en los movimientos del mago que no había visto la primera vez. Una vez en su despacho se equipó con lo necesario y fue directo a la pequeña nevera donde guardaba la Poción Inhibidora, se bebió una de un trago y cogió otro vial, sabiendo que si iban a Azkaban lo iba a necesitar.
Paró un momento en la cocina y se adueñó de varias tabletas de chocolate antes de volver a la sala principal donde Chin estaba duplicando mágicamente una carta, con un par de lechuzas que Danny nunca había visto aposentadas en un mueble alto. Esperó a que el mago terminara de atar las cartas y liberara a las aves por una ventana (como podían tener ventanas en una oficina subterránea era todo un misterio) antes de acercarse a él.
- Chin, ¿puedes hacerme un favor? - le preguntó.
- Claro Danny, ¿que necesitas?
- La última vez que estuve en Azkaban no pude tomarme la poción a tiempo porque se me cayó la botella y se rompió – le explicó. - ¿Hay alguna manera de hechizarla para que eso no pase de nuevo?
- Por supuesto, le pondré un hechizo irrompible – le ofreció el mago, quitándole suavemente el recipiente de las manos y poniéndose a ello.
Justo entonces Steve salió de su oficina y se reunió con ellos en la sala principal.
- Acabo de informar a la Ministra de nuestras sospechas y de la posible amenaza a Azkaban – les dijo nada más entrar.
- Yo he mandado cartas a la Oficina de Aurores y al Jefe de Aurores directamente avisándoles de la situación y solicitando su apoyo – contribuyó Chin, devolviéndole la poción a Danny.
- ¿Estamos listos entonces? - preguntó él, ajustando por enésima vez su chaleco.
- Danny… - empezó a decir el mago golpeador.
- Ni se te ocurra – lo interrumpió él. - No voy a quedarme atrás Steven, Kono nos necesita. No vas a dejarme atrás, no esta vez.
- Pero Danny, si desactivan las barreras y bloqueos de Azkaban los presos no van a ser los únicos que se fuguen – insistió el mago. - Y hay centenares de dementores en Azkaban.
Danny sintió un escalofrío al recordar al dementor. El frío que calaba los huesos, las visiones y recuerdos, la niebla negra. Le aterraba esa criatura, no iba a negarlo, pero Kono estaba en peligro y pensar en ella en esa situación superaba cualquier aprensión existente.
- Me he tomado mi poción y voy tan lleno de chocolate que parezco Santa Claus – respondió él. - No me voy a alejar de vosotros y ademas creo que ahora seré capaz de identificar su presencia mucho antes de que me afecten – intentó convencer al mago pero no parecía tener mucho efecto. - Kono esta en peligro Steve, por favor no me pidas que me quede al margen. Ella se arriesgaría por mi.
La mirada de Steve se suavizó un poco al oírlo y terminó asintiendo. Estaba claro que al mago no le gustaba para nada esa situación pero entendía los motivos de Danny. Él respiró aliviado.
- De acuerdo – aceptó. - Pero a la primera señal de dementores nos avisas y te comes el chocolate – le ordenó antes de girarse hacia Chin. - Es posible que aun no hayan activado el ritual, ya lo sabríamos si hubiera habido una fuga de Azkaban. Si se han llevado a Evan debe ser para obligar a Roland a colaborar pero necesitaran cierto tiempo para preparar el ritual.
- ¿Cuál es el plan? - preguntó Chin.
- Los localizamos y valoramos la situación antes que nada – respondió el otro mago. - Tenemos que asegurarnos de que los rehenes están a salvo, Kono no tiene su varita con ella así que probablemente esté indefensa.
- ¿Donde está ahora? - preguntó Danny. - Dijiste que los aurores la habían encontrado en casa de Nadia.
- La están trayendo a nuestras oficinas ahora mismo, pero no podemos esperarlos, procederemos según lo planeado – asintió el mago. - No es nuestra prioridad igualmente, lo más importante es asegurar a los rehenes e impedir que activen el ritual.- ¿Y si no llegamos a tiempo y lo activan? - insistió Danny, temiéndose lo peor.
- Esperemos no llegar a eso pero si es el caso damos la alarma e intentamos aguantar hasta que lleguen los refuerzos – respondió el mago con expresión grave. - Los aurores y la Primera Ministra ya están alertados así que no debería ser por demasiado tiempo.
Danny asintió sin decir nada, notando que Chin hacía lo mismo. Se sentía como si estuviera a punto de ir al campo de batalla. Sacó el móvil y le mandó un rápido mensaje a Grace, diciéndole lo mucho que la quería. No pensaba morir pero por si acaso. Cuando levantó la vista Steve lo estaba mirando con una sonrisa triste en el rostro.
- ¿Cómo vamos a llegar hasta allí? - preguntó Chin. - ¿Traslador?
- Déjamelo a mi – respondió Steve antes de agarrarlos a ambos por un brazo y arrastrarlos con su aparición.
Aparecieron medio ocultos tras unas rocas grandes en vez de en la explanada frente a la prisión como la primera vez que estuvieron allí. Danny ni siquiera se había dado cuenta entonces de la existencia de esas rocas ni su potencial para ocultarlos, pero estaba claro que Steve era mucho más observador que él. O eso o era un poco paranoico. Se giró para ver a los dos magos y sonrió al ver la expresión de sorpresa de Chin. Recordó como éste le había mencionado que era imposible aparecerse a tanta distancia, sólo para que Steve demostrara que no había nada imposible.
Observó a su alrededor. El mar seguía tan furioso como esa mañana, el viento arrastraba el agua hacia donde se encontraban y creaba un sonido de fondo que ocultaba sus voces. Danny asomó la cabeza por el lado de la roca y vio varias figuras a unos metros de ellos. Sintió entonces como alguien tiraba de él hasta quedar de nuevo tras la roca. Se giró y vio a Chin mirándolo con expresión seria.
- No seas imprudente, Danny – lo oyó murmurar.
Entonces Steve golpeó la piedra dos veces, murmuró algo y como en su departamento ésta se volvió transparente, permitiéndoles ver la escena que tenían en frente.
- ¿No nos van a ver así? - murmuró él en el mismo tono de voz.
- Solo es transparente desde este lado – explicó Chin. - Ellos solo ven una roca.
Eso era realmente muy útil. Se concentró en la escena, había tres personas sentadas en el suelo, dos juntas y atadas y la otra un poco alejada y entre dos figuras que le apuntaban con su varita. Una de las dos figuras sentadas juntas era más bajita que las otras dos por lo que, aunque no podía distinguir los rostros, dedujo que eran Kono y Evan. De modo que por eliminación el otro sujeto debía de ser Roland. A parte de ellos había dos siluetas más de pie a unos metros, andando en círculos y mirando a su alrededor, lo que los identificaba como probables guardias. En el centro había tres siluetas alrededor de Roland y frente a un dibujo brillante en el suelo, con las varitas apuntando al mago arrodillado mientras éste movía la suya en una secuencia de movimientos compleja. Incluso desde esa distancia Danny podía notar la magia acumulándose en ese lugar.
- Aun no han completado el ritual – dijo Steve en voz baja.
- No pero no creo que les falte mucho – aportó él. - Se está juntando mucha magia alrededor del dibujo en el suelo.
El mago golpeador asintió sin decir nada ni desviar la mirada de la escena.
- De acuerdo, este es el plan: nos separaremos. Danny tu encargate del vigía de la derecha y yo me ocuparé del de la izquierda – ordenó Steve. - Chin, tu centrate en liberar y proteger a los rehenes. Nos pondremos en posición y actuaremos a mi señal, esperemos pillarlos por sorpresa.
- ¿Y como nos vamos a acercar sin que nos vean? - preguntó Danny notando la poca cobertura en la explanada ante ellos.
- Usaremos un hechizo camaleónico – contestó el mago golpeador. - ¿Chin, sabes como hacerlo?
- Por supuesto – respondió el otro mago.
- Perfecto – asintió Steve para luego dirigirse a Danny. - Voy a ponerte el hechizo Danny, no te hará invisible pero será más difícil para ellos diferenciarte del entorno – le explicó. - Igualmente intenta permanecer oculto todo el tiempo que puedas puesto que el hechizo solo va a durar unos minutos y si se fijan bien puede que te vean.
Un hechizo camaleónico, desde luego los magos eran originales con los nombres. Léase el sarcasmo. No estaba muy convencido con eso de llevar un hechizo encima, no necesitaba distracciones precisamente, pero suponía que en esa situación cualquier ayuda era bienvenida.
- ¿Como voy a ver tu señal si no puedo verte, Steve? - le preguntó aun en voz baja.
- Buena pregunta – respondió el mago. - Toma ésto.
Le tendió una moneda de bronce pequeña a él y una a Chin. La observó con atención, tenia lo que parecía una cabra con cuernos retorcidos grabado en una cara, con la palabra Knut escrita encima. Nunca había visto una moneda así.
- Cuando las monedas vibren esa será mi señal, así que mantenerlas cerca – les dijo el moreno.
Danny asintió y se la puso en el bolsillo de la camisa, a la altura del corazón, así seguro que no la perdía. Entonces Steve se le acercó y tras preguntarle con la mirada levantó la varita y empezó a murmurar en voz baja. Danny sintió como la magia de Steve lo cubría desde la cabeza a los pies como si de liquido se tratase. Se miró las manos y pudo ver como se volvían levemente transparentes. Levantó la mirada y apenas pudo diferenciar a Chin de la roca en la que estaba apoyado. Ese conjuro era realmente interesante. Steve le puso una mano en el hombro por un instante antes de soltarlo y empezar a aplicarse el mismo conjuro a sí mismo. Danny decidió entonces que era el momento de moverse, sacó su pistola y pasó por el lado del mago, apretándole el brazo un instante antes de alejarse.
Danny se movió con cuidado hacia la derecha, dando un rodeo y escondiéndose detrás de cada roca y pequeño arbusto que encontraba. A medida que se acercaba pudo distinguir con más facilidad a las siluetas que se movían iluminadas por la luz de los dibujos en el suelo. Efectivamente sentados en el suelo se encontraban Evan y Kono, esta última con claros signos de pelea en el rostro y el niño con lagrimas corriéndole por las mejillas. Vio a Evan decirle algo a Kono pero no pudo oír lo que era y al instante siguiente una de las siluetas que estaba cerca de los dibujos se acercó al niño y lo agarró violentamente del pelo. Danny estaba seguro de que era Drago Zankovic y estuvo a punto de revelar su ubicación cuando lo oyó hablar.
- Te he dicho que te estuvieras callado, escoria muggle – le gritó al niño que soltó un gemido. - ¿O tal vez prefieras quedarte sin lengua?
- ¡Oye, déjalo en paz! - le respondió Kono.
Danny se tensó cuando vio a Zankovic desviar la atención hacia la bruja. Entendía lo que Kono estaba haciendo, estaba protegiendo a Evan. Él habría hecho lo mismo en su situación pero eso no evitó su preocupación.
- ¿Que has dicho? - le dijo el mago a Kono.
- ¡He dicho que lo dejes en paz, escoria! - le gritó ésta, pura determinación en su rostro.
Zankovic soltó a Evan pero con la otra mano sacudió la varita y un látigo de luz apareció en el extremo y golpeó a Kono, haciéndola caer de lado en el suelo. Roland giró el rostro para verlos al oír los gritos y Danny pudo ver que él también tenia la cara llena de sangre y un pus verdoso que le salía de debajo de un ojo. Entonces tal y como pensaba el hombre se había resistido y no había cedido hasta que los secuestradores no llegaron con su hijo y lo usaron en su contra.
Aprovechando que el guardia había desviado la atención hacia los rehenes, Danny se acercó un poco más y se escondió tras una roca, sacando levemente su arma y apuntándole. Ahora solo le hacia falta recibir la señal de Steve. Vio como una mujer rubia, que reconoció como Nadia Zankovic, se acercaba a su marido y le murmuraba algo que no pudo oír. Sin embargo la respuesta de éste le llegó alta y clara.
- Aun no, es una buena rehén, mi rehén – dijo con una sonrisa burlesca dirigida a Kono. - Cuando hayamos acabado puedes jugar todo lo que quieras con ella.
La rubia sonrió y se acercó a Kono, que aun seguía tumbada de lado en el suelo, la incorporó a la fuerza hasta que volvió a estar sentada y luego se acercó y le murmuró algo directamente en la oreja. Danny vio como Kono se tensaba y tuvo que usar todo su auto-control para no empezar a disparar antes de tiempo. Sabía mejor que nadie que si disparaba antes de que Chin y Steve estuvieran en posición perderían la poca ventaja de que disponían.
Ambos volvieron a acercarse a Roland y lo obligaron a continuar con lo que estaba haciendo. A parte de ellos había otro mago al lado del rehén, vigilando atentamente lo que éste hacia y tomando notas mágicamente con una pluma que se movía sola. Probablemente estaba creando un registro de todo el ritual para así poderlo usar más adelante sin la ayuda de Roland. Estaba claro que aunque la principal motivación de Nadia era rescatar a su hermana su marido tenia mayores planes, no le extrañaría que la estuviera usando sólo para obtener ese ritual. No sería la primera vez que presenciaba una situación parecida.
- Ya está – oyó que decía Roland.
- No intentes engañarnos, los escudos aun están activos – replicó el mago desconocido.
- Dale tiempo, el ritual está completo pero necesita un poco más de tiempo para empezar a actuar, lo juro por Merlín – contestó Roland.
- Mas te vale que funcione, por el bien de tu hijo – gruñó Drago antes de agarrarlo de un hombro y llevarlo hasta donde estaban los otros dos, sentándolo al lado de su hijo. Le hizo una señal a Nadia y ésta se acercó a controlarlos mientras él volvía al centro.
Justo en ese instante su mirada se cruzó con la de Kono y supo que ésta lo había visto incluso a pesar del hechizo de ocultación porque la vio relajarse un poco, un atisbo de sonrisa asomando a su cara por una milésima de segundo. Evan y su padre estaban hablando entre ellos y los demás estaban concentrados en el hechizo así que nadie se dio cuenta de ello. Vio a Kono percatarse de ello y acercarse a los otros dos rehenes para murmurarles algo, probablemente avisándoles de la acción inminente y indicándoles que hacer cuando ésta ocurriera. Esa chica era realmente un diamante en bruto.
Sintió la moneda en su bolsillo vibrar al mismo tiempo que una onda de magia emergía del circulo de luz, expandiéndose con velocidad. Disparó al vigía numero uno mientras que Steve le lanzaba un conjuro al numero dos y el rayo de Chin golpeaba al mago desconocido, lanzándolo por los aires. Nadia sacó entonces la varita y se dirigió rápida hacia Roland y Evan pero antes de que nadie pudiera reaccionar, Kono, que se había desatado por si sola sin que nadie se diera cuenta, se lanzó sobre ella, lanzándola al suelo. Danny salió de detrás de la roca y golpeó a su vigía con el reverso de su pistola, dejándolo aturdido y se acercó corriendo a ayudarla. Steve en cambio fue directo a Drago, intercambiando conjuros con él hasta que logró derribarlo. Kono había logrado quitarle la varita a Nadia y la mantenía apuntando a la otra bruja. Danny miró a su alrededor, viendo a todos los delincuentes neutralizados y se relajó, lo habían logrado.
Por supuesto ese fue el preciso instante en que un chillido agudo casi le rompe los tímpanos y una niebla negra mucho más intensa que la última vez apareció a su alrededor. Se giró hacia la prisión y pudo sentir la presencia oscura de decenas de dementores saliendo de ésta mucho antes de verlos.
- ¡DEMENTORES! - gritó con todas sus fuerzas antes de sentir como la niebla negra lo ahogaba.
Se llevó la mano al bolsillo, sacando el vial con la Poción Inhibidora con manos temblorosas, empezando a ver borroso y a oír los gritos de Rachel. Logró abrir la botella a ciegas y se bebió el contenido de un golpe. Sus sentidos se despejaron y pudo ver más allá de la niebla, que de golpe no era tan espesa como segundos antes. Lo que vio lo dejó petrificado. Mirara donde mirara había una figura oscura flotando en el cielo a varios metros de ellos, sus ropas moviéndose con el viento y una tras otra dirigiendo su mirada hacia ellos.
- ¡Preparad vuestros Patronus, chicos! - oyó la voz de Steve gritar en la lejanía mientras unas luces rojas iluminaban el cielo.
Miró a su alrededor. Chin corría hacia Kono, Roland y Evan mientras la bruja intentaba conjurar el hechizo sin mucho resultado y Roland buscaba algo desesperadamente entre las ropas del vigía numero dos, probablemente su varita. A varios metros de distancia Steve tenia la varita apuntando al cielo, lanzando las luces rojas en lo que posiblemente era una llamada de auxilio. Los secuestradores gritaban aterrorizados mientras intentaban librarse de sus ataduras. Entonces desvió la mirada al cielo de nuevo y vio que tenían a los dementores prácticamente encima.
En ese preciso momento Danny lo vio claro. No iban a salir de esa. No tenían a donde huir, estaban en una isla en medio de la nada, demasiado lejos para aparecerse y Steve, que era el único que podría hacerlo, no podía llevárselos a todos. Había demasiados dementores. Iban a morir. No volvería a ver a Grace, ella crecería sin su padre. Pero no importaba, ¿verdad? Ella ya tenia a un padre que podría proveerle de todo lo que ella necesitara mucho mejor de lo que nunca lo habría hecho él; tenia a Stan. Si, su hija sufriría por un tiempo pero al final crecería y se olvidaría de él. Se olvidaría del padre que prefirió su trabajo a su familia, Rachel tenia razón, siempre tuvo razón, él no las merecía.
Las visiones volvieron pero esta vez no luchó contra ellas, no tenia sentido hacerlo. Vio a Grace en el hospital, a Rachel gritando, algunos de los peores casos en que había trabajado, la vez que perdió a su compañera, el niño que no pudo salvar, Rachel de nuevo acusándolo de no valorar a su familia, su hermano Matt diciéndole que él no entendía nada, su pequeña hermanita enferma, Grace saliendo por la puerta en brazos de su madre, Kono secuestrada por su culpa, las miradas de sus compañeros en Scotland Yard, la vez que tuvo que testificar contra su propio compañero, se ahogaba en el océano, se quemaba en la explosión, se quedaba encerrado en unos baños sin luz por tres horas, Grace llorando "¡te odio papa!".
- ¡Danny! ¡Sal de allí!
Levantó la mirada y vio a una silueta oscura justo en frente de él. Sintió unos dedos esqueléticos levantándole el rostro sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Estaba cansado, demasiado cansado, tanto que no podía moverse. Sintió un tirón invisible y la cara llorosa de Grace gritándole era lo único que pudo ver por unos instantes. Luego vio a esa criatura encapuchada inclinar su cabeza hacia él, pudo ver el interior de la capa y se dio cuenta de que ese ser no tenia ojos ni nariz, solo un agujero sin labios ni dientes que seguía absorbiendo algo de él. Ese agujero se acercaba cada vez más a su rostro y él supo con certeza que tenia que alejarse pero no podía mover ni un musculo, la niebla negra oprimía su cuerpo y ese ser absorbía toda su energía y sus deseos de vivir. ¿Para que seguir luchando? Tal vez era mejor así, todos serian más felices sin él.
Y entonces una criatura blanca y brillante golpeó al dementor por el lateral, haciéndole soltar un chillido desgarrador al mismo tiempo que las manos callosas desaparecían de su rostro y él caía al suelo respirando agitadamente. Se incorporó con manos temblorosas y notó como de golpe podía respirar con más facilidad y los pensamientos suicidas habían desaparecido de su mente. Sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Chin y Kono estaban a varios metros de él, con las varitas alzadas despidiendo luz blanca y Nadia, Roland y Evan detrás de ellos hechos un ovillo en el suelo. En el caso de Kono ésta sólo lograba mantener una pequeña barrera sin forma definida, pero en cambio de la varita de Chin emergía luz blanca que terminaba en un pájaro grande que revoloteaba a su alrededor, persiguiendo a los dementores que se acercaban demasiado. Sacudió la cabeza de nuevo, intentando deshacerse de los restos del pesimismo que lo había inundado momentos atrás por efecto del dementor. Buscó a su alrededor de nuevo, sin entender como era que seguía vivo cuando recordaba perfectamente haber tenido a uno de esos monstruos a centímetros de distancia. Lo que vio lo dejó petrificado. Había una figura blanca de forma felina corriendo en círculos a su alrededor, atacando a los dementores que se acercaban demasiado pero sin llegar a alejarse nunca de él. Lo siguió con la mirada, intentando identificar que era y justo entonces, como si hubiera notado su mirada, el animal se giró y corrió hacia él, girando a su alrededor hasta que quedó a sus espaldas, con la cola moviéndose a su izquierda y la cabeza en su derecha, expresión facial de estar gruñendo pero sin producir ningún ruido. Era una pantera. Una enorme y grácil pantera.
Danny sintió una oleada de calor proviniendo del animal y antes de darse cuenta de lo que hacía había levantado una mano para tocarlo. Su mano lo atravesó como si fuera incorpóreo pero al hacerlo sintió calidez inundando su interior. Recordó a su madre arropándole cuando era pequeño, contándole un cuento y dándole un beso en la frente antes de desearle buenas noches, su madre sonriendo mientras cocinaba con él mirándola sonriente, su madre con su pequeña hermanita en los brazos haciéndole señas para que se acercara, el olor a flores que siempre desprendía, el afecto que podía leer en sus ojos, en cada gesto, su querida madre, mamá.
Danny abrió los ojos de golpe al notar a alguien agarrándole del brazo, intentó sacudirse el agarre por unos instantes, asustado de que fuera otro dementor, pero cuando giró la cabeza se topó con el rostro preocupado de Steve. Se relajó de inmediato.
- ¡Danny! - exclamó éste. - Dime que estás bien por favor, dime que he llegado a tiempo.
- Steve – murmuró él con voz ronca, sin saber bien que decir.
El mago sonrió levemente al oírlo, con los ojos brillando sospechosamente justo antes de abrazarlo con fuerza y estrecharlo contra si.
- ¡Por Merlín! - le oyó decir. - Creí que te habíamos perdido, no te atrevas a volver a asustarme así, ¡¿me oyes?!
- Estoy bien, Steve – le respondió confundido, devolviéndole el abrazo torpemente.
El mago sólo lo abrazó con más fuerza antes de hundir su nariz en su pelo y murmurar algo incomprensible. Fue entonces que Danny notó que el mago estaba temblando. Por encima del hombro de Steve pudo ver la pantera blanca haciendo guardia, tensa, en una posición que por alguna extraña razón le recordó al mago entre sus brazos. Entonces lo entendió. La pantera era el patronus de Steve, era él quien lo había salvado del dementor con su patronus y lo había protegido de lo que sea que el monstruo pretendía hacerle. Apretó al mago más fuerte entre sus brazos, eso había estado demasiado cerca.
- Gracias Steve – murmuró con un nudo en el estomago.
Éste lo soltó y a pesar de su amplia sonrisa Danny vio que tenia los ojos llorosos. El mago dirigió la mirada al frente y la pantera pareció obedecer sus pensamientos porque se dirigió en esa dirección, abriéndoles un camino en dirección a donde se encontraban Chin, Kono y los demás, aun manteniendo a raya a los dementores como podían.
- Vamos, Danny – le dijo mientras lo ayudaba a levantarse.
Danny se incorporó pero sus piernas le temblaban, amenazando con dejarlo caer. El mago pareció darse cuenta porque pasó el brazo de Danny por encima de sus hombros y lo agarró de la cintura para ayudarlo a andar, la pantera revoloteando a su alrededor. Puesto que Steve era bastante más alto que él la posición era incomoda para los dos pero aun así avanzaron con determinación. Pasaron por el lado de Lukovic y Danny notó con sorpresa que el mago seguía vivo pero no se movía, se encontraba sentado con la mirada perdida en la nada, sin brillo, vacía. Desvió la mirada, aterrado, y se concentró en andar. Con la ayuda de Steve se las apañaron para llegar hasta donde estaban los demás. Fue entonces que Danny notó que Kono a penas se mantenía consciente, su hechizo parpadeando levemente y el pájaro de Chin parecía haber encogido de tamaño.
- ¡Danny! - exclamó la bruja al verlo. - Menos mal que estás bien, pensé que… que el dementor te había…
- Estoy bien Kono – la interrumpió él.
- Me alegro – le respondió la bruja en voz triste. - No vamos a salir de esta, ¿verdad? - murmuró entonces, su conjuro parpadeando de nuevo.
- ¡Por supuesto que si, prima! - replicó Chin con más determinación que creencia. - No pienses eso ni por un instante, céntrate en tu recuerdo feliz.
- Es difícil pensar en nada feliz ahora mismo – respondió Kono.
Danny observó con atención el rostro de la bruja y entendió al instante que ésta estaba siendo afectada por los dementores de la misma forma que él unos momentos antes. Recordó el pesimismo y la depresión tan impropios de él que lo inundaron ante la presencia de los dementores.
- No vamos a morir Kono – le dijo él decidido. - No puedo morir aquí, no voy a dejar a Grace, ¡me niego a morir aquí!
- Por supuesto que no vais a morir aquí – oyó a Steve decir a su lado, la mano que aun tenia en su cintura apretándolo contra él con fuerza. - No lo voy a permitir.
Y entonces la pantera de Steve pareció brillar con más fuerza, se posicionó en frente del grupo con las patas bien aposentadas en el suelo y soltó un rugido sin sonido pero que se manifestó como una onda de luz expansiva que golpeó a los dementores y los obligó a retroceder con chillidos de dolor. Justo en ese preciso momento empezaron a aparecer otras formas blancas seguidas por varios magos en escobas que se posicionaron a su alrededor, defendiéndolos y obligando a los dementores a escapar.
Los aurores habían llegado por fin. Danny respiró aliviado por un momento antes de perder la consciencia.
Cuando despertó se encontraba acostado en una cama de sabanas blancas y olor a limpio. No le costó mucho deducir que se encontraba en un hospital.
- Hey Danny, ¿estas despierto? - oyó una voz familiar llamándolo desde su derecha.
Volteó la cabeza hacía esa dirección y vio a Kono sentada en una cama similar, con un libro entre las manos.
- Hey - la saludó antes de intentar incorporarse sin éxito.
- No te levantes Danny - le dijo la bruja. - Chin y el jefe me matarían si tuvieras una recaída ahora que por fin estás despierto.
Danny decidió hacerle caso y se acomodó en la cama. Estaba cansado como pocas veces antes en su vida, era más que agotamiento físico, diría que su alma estaba cansada si creyera en esas cosas.
- ¿Dónde estamos? - le preguntó a la bruja. - ¿San Mungo?
- No, estamos en nuestro departamento - le respondió Kono. - Acabamos de estrenar la enfermería.
La enfermería. Cierto, se suponía que sus oficinas disponían de su propia enfermería. Así y como algunas celdas, salas de interrogatorio, laboratorios forenses, una mazmorra para hacer pociones y una sala vacía para algo mágico que no entendió cuando se lo explicaron. Miró a su alrededor. La habitación no era demasiado grande, solo tenía dos camas con lo que parecía un separador entre ellas que en ese momento estaba apartado. En el fondo había un escritorio con una silla y en la misma pared varias estanterías con libros y unos artefactos que no podía identificar que juntos ocupaban menos de la mitad del espacio. La habitación en general tenia un aire impersonal que reflejaba lo nueva que era.
- ¿No tenemos medico aun? - preguntó.
- Al parecer ya tenemos mala fama y hay poca gente interesada - respondió Kono. - Pero no te preocupes, Steve y mi primo son excelentes enfermeros.
- Gracias Kono, ahora no voy a poderme sacar de la cabeza la imagen de esos dos con traje de enfermera - gruñó él, a lo que la bruja soltó una carcajada.
- ¿El uniforme normal o el de enfermera sexy? - contraatacó ésta con un guiño.
- Eres malvada - replicó él. - Retorcida hasta un nivel inesperado y alarmante.
- Seguro que al menos a Steve le quedaría mejor que a mi - insistió ella, sonrisa amplia y ojos maliciosos.
- Detente, por favor te lo suplico, no sigas por allí - le pidió él. - Ahora voy a tener pesadillas.
La bruja se puso a reír escandalosamente y Danny no pudo evitar contagiarse de modo que acabaron ambos riendo como dos lunáticos. Esas risas les habrían ido muy bien en Azkaban.
- ¿Cuanto tiempo ha pasado desde Azkaban? - le preguntó a la bruja, todo humor evaporado.
- Unas horas, no se exactamente cuantas porque estuve inconveniente por un tiempo - respondió la bruja.
- Entonces no fui el único en desmayarme - comentó a nadie en particular, sin saber si sentirse avergonzado por eso o no.
- No aguanté mucho más que tú - confesó la bruja con tono culpable. - No fui de mucha ayuda, menuda auror estoy hecha.
- Hiciste mucho más que yo - protestó él, casi avergonzado. - Al menos no tuviste que ser rescatada.
Kono lo miró fijamente por unos momentos, su mirada luciendo triste.
- Te debo una disculpa, Danny - le dijo al final.
- ¿Que? ¿Por que? - preguntó él.
- Vi como se te acercaba ese dementor y de verdad que quise ayudarte pero por más que lo intenté no logré formar un patronus corpóreo - explicó ella. - Fue muy frustrante, normalmente me sale a la primera.
- No te preocupes Kono, no fue tu culpa - la exculpó. - La situación nos superó a todos.
- ¡Si que pasa, Danny! - exclamó ella con lágrimas en los ojos. - ¡Estuviste a punto de recibir el Beso del Dementor! Si no llega a ser por el patronus de Steve...
Danny vio impotente como Kono se cubría el rostro con las manos y lo apoyaba contra las rodillas flexionadas. Entendía su culpabilidad, a él le pasaba lo mismo cada vez que un compañero era herido en servicio, pero castigarse de esa forma no servia de nada.
- Kono, quiero que me escuches con atención - le dijo y esperó a que la bruja lo mirara antes de continuar. - En nuestro trabajo hay riesgos, por muchas precauciones que tomemos siempre hay un cierto peligro que es inevitable. Cualquier día un sospechoso sin cerebro tendrá suerte y seré yo quien termine en el cementerio, o tu, o Chin o Steve. Es algo que tienes que asumir si quieres durar en éste oficio.
- ¿Como lo haces Danny? - preguntó ella en un hilo de voz. - Creía que estaba preparada pero lo de hoy... No se si voy a ser capaz la próxima vez.
- Acabas de empezar Kono, tómatelo con calma un par de días y ya verás cómo la próxima vez eres la primera en salir a la calle - intentó reconfortarla él. - ¿Crees que no me costó a mi al principio? ¿Que no me cuesta aún cada vez que pienso en Grace? - siguió él. - Todo el mundo tiene dudas, es lo normal. Lo importante es tener muy claro porque estamos en éste oficio.
- ¿Y cual es tu razón? - preguntó la bruja.
- Puede que sea irónico pero es por Grace - respondió él. - Para que ella viva en un mundo un poco más seguro, para que nunca tenga que conocer la corrupción de éste mundo. Prefiero mil veces más ser yo quien se arriesgue a que le pase nada a ella.
- Eso es realmente una muy buena razón - respondió Kono pensativa. - Seguro que lo has oído mucho pero eres un padre increíble Danny.
Él estuvo a punto de reír al oírla decir eso. No, no se lo decían mucho, más bien al contrario. Aparentemente ser policía era considerado imprudente y arriesgado y poco impropio de un buen padre. O al menos eso era lo que tanto Rachel como el juez que le dio la custodia de su hija pensaban. Solo otros policías con hijos, como Meka, entendían su punto de vista. Y Steve, que no perdía una oportunidad para elogiar lo buen padre que era. Viniendo de alguien cómo él con tantos problemas familiares no sabia si eso era reconfortante o no.
- ¿Eso del Beso del Dementor que es exactamente? - preguntó a la bruja.
- Es la peor habilidad que tienen – respondió Kono con voz grave.
- ¿Peor que absorber los buenos sentimientos? - replicó él. - ¿Es eso posible?
- Lo es – asintió ella. - Con el Beso del Dementor no absorben solo las emociones, absorben el alma de su victima.
Danny sintió un escalofrío que por una vez no tenia nada que ver con un hechizo o magia residual.
- ¿El alma? - repitió él en voz baja.
- Llamalo alma, consciencia o esencia, como quieras – insistió la bruja. - Todos los recuerdos, emociones y sensaciones que nos hacen humanos, que nos hacen estar vivos. Lo absorben todo hasta que la persona queda vacía, como una cascara sin nada dentro.
- ¿Eso fue lo que le paso a Drago Zankovic? - preguntó él recordando la expresión vacía del mago. - Lo vi y parecía un vegetal.
- Los únicos que salimos de allí con vida y coherentes somos nosotros cuatro, Roland, Evan y Nadia – asintió Kono. - Los demás sufrieron el Beso del Dementor.
Los dos se quedaron en silencio por unos momentos. Danny recordó la sensación de esas manos huesudas cogiéndole el rostro, ese agujero oscuro acercándose a él. Estuvo cerca, demasiado. Si no hubiera sido por Steve…
- El patronus de Steve es impresionante – dijo entonces la bruja. - Nunca había visto uno tan poderoso, ahuyentó a casi un centenar de dementores.
- Si, realmente es única – respondió él.
- ¿Única? - repitió Kono con confusión.
- Única, excepcional, fuera de lo común – elaboró él. - No me salen más sinónimos pero si quieres te busco un diccionario.
- No, no, me refiero a que porque el termino en femenino – explicó ella. - Los patronus que yo sepa no tienen genero.
Danny no tenia respuesta a esa pregunta, simplemente le había salido de esa forma. Recordó la sensación y emociones que lo invadieron cuando la tocó. Le hizo pensar en su madre.
- No lo se – respondió él. - Te parecerá una locura pero cuando la toqué me hizo pensar en mi madre.
Salvo que no fue realmente así. No se había dado cuenta antes pero había algo mal con los recuerdos que le provocó ese contacto. No recordaba que a su madre besándole la frente al acostarlo, ella era más de llenarle el rostro de besos, sobretodo la nariz. Y la cocina donde la vio sonriéndole era diferente a la que él recordaba. Era como si esos recuerdos no fueran suyos, a pesar de las emociones reconfortantes que lo inundaron en ese momento.
- ¿Te dejó que lo tocaras? - oyó a Kono exclamar asombrada.
- ¿Es eso inusual? - preguntó él.
- No lo se, había oído de que algunos patronus son afectuosos con sus conjuradores pero nunca había oído que pudieran serlo con otra persona – respondió ella pensativa. - ¿Pudiste tocarla realmente?
- No, lo intenté pero mi mano la atravesó – explicó él. - Aunque creo que pude sentir algunas de las emociones y recuerdos que la formaban.
- ¡¿Que?! - chilló la bruja.
Danny se incorporó como pudo hasta quedar sentado y se giró completamente hacía la bruja. Ésta lo estaba mirando con los ojos como platos y la boca abierta, en una expresión casi cómica. Danny dedujo que acababa de descubrir otra de las singularidades de su sensibilidad mágica que los demás magos no podían ni imaginar. Entonces recordó la cara de la bruja esa mañana, cuando él comentó el aspecto del escudo mágico que los aurores estaban usando para ocultar el accidente. Visto en retrospectiva estaba claro que nadie le había informado aun de su peculiar habilidad.
- Deduzco por tu sorpresa que no es algo usual – comentó Danny con una sonrisa.
- Es la primera vez que oigo algo parecido – respondió ella. - ¿Me estás diciendo que viste los recuerdos que formaban ese patronus?
- No exactamente, no se que fue lo que noté – contestó él con duda. - No vi recuerdos como en un pensadero, fue más como emociones y sensaciones y la verdad es que en ese momento no entendí lo que estaba pasando.
- ¿Pero como pudiste hacer eso? - insistió Kono.
- Pensé que Chin ya te había explicado mi habilidad – se excusó él.
- No, a no ser que te refieras a tu habilidad de hablar por los codos – lo picó ella con una sonrisa.
- Me has descubierto, ¿que me ha delatado? – le siguió el juego por un momento antes de abordar el tema importante. - Sabes que soy un muggle, ¿verdad?
La bruja ladeó la cabeza y lo estudió atentamente por unos segundos.
- Eso me dijo Chin pero cuando lo mencioné de pasada con Steve insistió en que estaba mal informada y que en realidad eras un mago – respondió ella alzando los hombros en señal de desconcierto.
- Steve no debería meterse en donde no le llaman, me va oír, te lo aseguro que me va a oír – gruñó él.
- Si, si, él y todos, ya lo se – dijo Kono poniendo los ojos en blanco. - ¿Me lo vas a contar o no?
Danny suspiró y se acomodó apoyando la espalda en el cabecero de la cama. No sabia cuantas veces había contado la misma historia ya.
- Resulta que por varias coincidencias nunca manifesté mi magia de joven ni fui a ninguna escuela de magia así que siempre he vivido en el mundo real – empezó él, resumiendo la historia todo lo que podía. - No supe nada de la existencia de la magia hasta hace un par de meses, el día que conocí a Chin.
- ¿Y esa habilidad que decías? - murmuró ella.
- Al parecer mi magia ha estado reprimida por efectos mágicos durante mucho tiempo y de alguna forma ésta se adaptó potenciando mi sensibilidad mágica – respondió él. - Los detalles son bastante confusos, vas a tener que hablar con Hermione si quieres que te lo explique mejor. Lo importante es que, aunque no se ni puedo utilizar magia voluntariamente, puedo ver y sentir la mayoría de los conjuros, incluso los que en teoría son invisibles.
- Como la barrera de ésta mañana – musitó ella, conectando los puntos.
- Exacto, iba a explicártelo entonces pero entre Steve y el caso se me fue de la cabeza – se disculpó.
Kono solo asintió distraída, fijando su mirada en las sabanas que cubrían sus piernas.
- Por eso notaste a los dementores antes que ninguno de nosotros – dedujo ella. - Cuando gritaste ni siquiera me había dado cuenta de que la barrera había caído.
- Tiene sus ventajas supongo – asintió él. - Aunque la mayoría de las veces solo me produce escalofríos y dolor de cabeza, espero superar esa parte con un poco de practica.
La bruja asintió de nuevo con la mirada fija en las sabanas, claramente dándole vueltas a lo que le acababa de contar.
- ¿Entonces puedes ver cualquier conjuro? - preguntó al final. - ¿ Que aspecto tienen?
- No se si los veo todos pero de momento llevo unos cuantos - respondió él. - Depende del conjuro, normalmente los veo físicamente como formas y figuras de colores varios pero también puedo percibir la magia de otras formas.
- ¿Como por ejemplo? - insistió ella con la mirada brillante.
- Cómo texturas, escalofríos, cambios de temperatura, no lo se, es difícil de describir - intentó explicar él. - A veces incluso puedo notar la presencia mágica de algunos magos.
- ¿En serio? - preguntó interesada. - ¿Lucimos diferentes de los muggles?
- No, no, no es algo que pueda ver con los ojos - le respondió él. - Por ejemplo cuando nos conocimos tu y yo noté tu magia cuando estrechamos nuestras manos.
-¿Por eso no me soltabas? - preguntó con una sonrisa. - Y yo que pensé que mi belleza te había dejado aturdido, que desilusión.
Danny soltó una carcajada ante la exagerada cara de tristeza de la bruja y se abstuvo de comentar nada. Ese tema era peligroso y prefería no tocarlo, plausible negación.
- ¡Vamos a probarlo! - dijo de golpe la bruja, inclinándose hacia su lado de la cama.
Cuando se incorporó de nuevo tenia su varita en las manos, la suya y no la de Nadia como ocurrió en Azkaban. Danny se tensó cuando la bruja lo apuntó con el palo.
- Espera, espera, espera - dijo a toda prisa, levantando sus manos inconscientemente en señal de Stop. - ¡No me lances ningún conjuro!
- ¿Por que no? - preguntó ésta bajando la varita. - ¿Como vas a notar su efecto entonces?
- Alta sensibilidad, ¿recuerdas? Significa que algunos conjuros me afectan más de lo normal y me producen dolor de cabeza.
- Pero llevabas un hechizo camaleónico en Azkaban - protestó la bruja, claramente confundida.
- Fue una emergencia, teníamos que sacaros de allí - explicó él. - Además lo lanzó Steve y creo que ya me estoy inmunizando a su magia.
- ¿Inmuni... que?
- Que me estoy acostumbrando a su magia y creo que ya no me afecta tanto.
- ¿Es eso posible?
- Ni idea pero en los pocos días que hemos sido compañeros ha hecho infinidad de conjuros a mi alrededor sin ninguna contemplación - protestó él. - Supongo que o me acostumbraba o me daba algo.
- Entonces, ¿no te puedo lanzar conjuros a ti pero si a objetos por ejemplo? - insistió ella.
- ¿Por que esa insistencia? - se quejó él. - ¿Soy un mono de feria ahora o que?
- No entiendo la mitad de tus comparaciones, en serio - respondió la bruja con cara de frustración. - Es como si habláramos diferentes idiomas.
- Bienvenida al club - asintió él entendiendo perfectamente la sensación. - Esta bien, cuando antes empecemos antes acabaremos. Solo no lances nada que me afecte a mi.
Kono asintió con seriedad para luego mirar a su alrededor, como decidiendo que objeto hechizar. Danny supo que se había decidido segundos antes de que la bruja sacudiera la varita y dijera Accio Jarrón. Vio los hilos marrones que ya había visto en alguna otra ocasión salir de su varita y contactar con el mencionado jarrón, arrastrándolo por el aire hasta la bruja. Con éste entre las manos se giró hacia él levantando una ceja. Danny suspiró.
- Es un hilo fino como el de una telaraña de color marrón - explicó él. - Ha salido de la varita y ha contactado con el jarrón, se ha quedado pegado de alguna forma y lo ha arrastrado hasta aquí - intentó definir el efecto con ayuda de sus manos. - Ya había visto este conjuro antes, Steve lo usa constantemente.
Solo que en el caso del mago el conjuro normalmente salia de su mano directamente en vez de su varita. Decidió guardarse esa información por el momento, Steve le había dicho que no todos los magos podían hacer magia sin varita y no sabia si su habilidad era un secreto o no. En todo caso no era él quien debería contarlo.
- Es un Encantamiento Convocador, es uno de los más básicos - asintió la bruja. - Sirve para atraer objetos concretos. También hay el hechizo contrario.
Y dicho eso pasó a demostrarle el mencionado hechizo con el mismo jarrón. Dijo Depulso y entonces los mismos hilos salieron de la varita pero esa vez parecían tener mucha más solidez, como si fueran un palo. Éste empujó el jarrón con tal fuerza que salió despedido contra la pared contraria haciéndose añicos.
- Ups - murmuró la bruja.
- Ups - la imitó él con una sonrisa.
- ¿Como era éste conjuro entonces? - le preguntó mientras se levantaba con cuidado de la cama.
- Pues muy parecido al otro - empezó él, buscando la forma de definirlo. - El aspecto y el color eran casi los mismos pero en este caso los "hilos" del otro conjuro parecían rígidos, como si fueran más sólidos - frunció el cejo frustrado. - No se como definirlo mejor, el hecho es que han empujado el jarrón en vez de arrastrarlo como antes.
- ¿O sea que es básicamente el mismo hechizo pero actúa de forma contraria? - preguntó la bruja.
- Ni idea, yo solo digo lo que veo - respondió él alzando los hombros en una clara señal de incomprensión.
- ¿Y si hago esto? - prosiguió ella. - Reparo.
El jarrón empezó a arreglarse solo, de la misma forma en que lo hizo su coche la semana anterior bajo el hechizo de Steve. En ese caso sin embargo intentó concentrarse en el conjuro en si en vez de sus efectos.
- Es diferente - empezó él, buscando las palabras. - Luce como si se basara en corrientes de aire, envuelven cada pieza y la mueven en el aire hasta la posición correcta.
- ¿Y como detecta cual es la posición correcta? - insistió ella.
- Ni idea - respondió él.
- ¿Y que me dices de esto? - prosiguió ella realizando otro conjuro.
Y así pasaron un tiempo, Kono hechizando objeto tras objeto y preguntándole como lo percibía y él sentado en la cama y respondiendo lo mejor que podía. Nunca lo reconocería pero él también tenía curiosidad por ver que tipo de conjuro podía crear la bruja y si lograba encontrar un patrón para diferenciarlos. Cómo le dijo a Chin unas horas antes necesitaba practicar con su habilidad si quería usarla en los casos.
Una hora más tarde Chin los pillo sentados en la misma cama, hablando y con la bruja hechizando una vez tras otra un pequeño objeto de forma amorfa que ya ni siquiera recordaba que era al principio de su sesión.
La expresión casi paternal de su amigo al verlos lo obligó a lanzarle el cojín en toda la cara.
Gracias a su aviso a la Oficina de Aurores y a la Ministra éstos pudieron movilizarse a tiempo de impedir que los debilitados presos de la prisión escaparan cuando las barreras cayeron y los Dementores los abandonaron. Habían evitado una fuga masiva de la prisión sólo por los pelos.
Tal y como Kono le había dicho tanto Drago Zankovic como sus cómplices, a excepción de Nadia, habían sido dementorizados y se encontraban por el momento en San Mungo a la espera de una decisión sobre su futuro.
Nadia estaba retenida por los aurores, que la estaban interrogando antes de que fuera juzgada por el Wizengamot. Por lo que les habían dicho hasta el momento la bruja quiso vengarse de su cuñado por haber encerrado a su hermana en prisión pero cuando descubrió en que trabajaba su marido la convenció para esperar y robarle el conjuro con la excusa de liberar a su hermana. Tal y como Danny sospechaba Drago la había manipulado para sus propios fines, no la estaba exculpando ni mucho menos; la bruja había buscado a Evan y Roland durante años con la única intención de matarlos. En parte agradecía la ambición de su marido, si no hubiera sido por eso se habrían encontrado dos cadáveres en vez de un secuestro.
Evan y su padre se recuperaron del efecto de los Dementores en unas horas y decidieron volver a casa. El chico estaba aun aterrado y confuso y Roland tenia una larga conversación por delante con su hijo pero ambos estaban vivos y a salvo. Esperaba que con Nadia en Azkaban Roland decidiera dejar de ocultarse. Tanta paranoia no podía. ser sana.
Kono se ofreció en acompañarles, al parecer le había cogido cierto afecto al chico, y Chin aprovechó ese momento para ponerlos al día de su plan. La bruja había perdido la ocasión de ir a su graduación y aunque su amigo dijo que solo era una formalidad también les pidió su ayuda para hacer una pequeña celebración privada.
Danny asintió al instante e incluso permitió que Steve lo apareciera en su apartamento, donde recuperó su antiguo uniforme de policía y un regalo para la bruja. Un par de apariciones más y los tres estaban listos y en posición.
Cuando Kono regresó y entró a las oficinas ellos la estaban esperando en formación y cada uno con su uniforme. La bruja se los quedó mirando sorprendida por unos instantes antes de acercarse a ellos y la verdad era que Danny no la culpaba. Miró de reojo a sus compañeros. Chin iba vestido con el abrigo largo y capa de color azul oscuro a juego que ya había visto antes a otros aurores, mientras que Steve en cambio iba completamente de negro, con botas y guantes de un material parecido al cuero pero más rígido y una chaqueta de cuero larga con dos lineas de botones en frente. Él iba con su uniforme de policía de Nueva Jersey. Los tres juntos debían de presentar un gran contraste.
- ¿Chicos? - preguntó ella con un hilo de voz.
Chin le respondió algo en un idioma que Danny no entendió pero supuso que seria su idioma natal. Sabía que tanto Chin como Kono habían nacido en Inglaterra pero pertenecían a una familia que había emigrado al país varias generaciones atrás, junto con su clara fisionomía asiática no le extrañó en lo mas mínimo que los primos tuvieran más de una lengua nativa. Steve se acercó a la bruja con seriedad y le entregó una pequeña bolsita de cuero.
- Tiene un hechizo de extensión, uno impermeable y un localizador, entre otros – explicó el mago golpeador. - Junto con cualquier objeto que puedas necesitar en el interior, desde un Bezoar a una varita de repuesto.
- Wow, eso realmente me habría venido bien – respondió la bruja apretando la bolsa en un gesto nervioso. - Gracias jefe.
- Siento que hayas estado en peligro hoy, Kono – dijo el mago con expresión seria. - Nuestro trabajo no es fácil pero somos una familia y cuidamos unos de los otros así que te prometo que siempre haremos todo lo que podamos para protegerte.
Kono no respondió pero los miró uno por uno con ojos llorosos. Steve retrocedió un paso hasta volver a la formación y Danny se adelantó, suponiendo que era su turno. Sonrió a la bruja que le respondió tímidamente y le ofreció su regalo. Kono cogió la caja que le ofrecía y la abrió, mirándolo sorprendida cuando dentro encontró una pistola.
- Es una Kel-Tec 9mm – empezó a explicarle. - Es una buena arma de respaldo, fácil de usar y suficiente pequeña como para esconderla en el cinturón o en el tobillo, sin necesidad de una funda adicional.
- Danny… – protestó Kono
- Por lo que he visto los magos dependéis demasiado de vuestras varitas, no es muy inteligente jugárselo todo a una carta, siempre va bien tener una arma de repuesto – argumentó él. - Se que ahora tienes una varita de repuesto pero créeme cuando te digo que una pistola es igual de eficaz y además tiene el factor sorpresa, ningún mago va a esperárselo.
- Es muy bonita y de verdad que agradezco el detalle pero no se si la sabré usar - replicó la bruja con tacto.
- No te preocupes por eso, yo me encargo de enseñarte – insistió él. - Ésta pistola te protegerá, me la regaló mi superior cuando me gradué de la academia de policía y desde entonces siempre me ha mantenido a salvo – dijo él antes de añadir señalando a Steve con la cabeza. - O al menos eso fue hasta que lo conocí.
Kono sonrió y por su expresión Danny estaba casi seguro de que el mago había puesto una de sus caras a su espalda. Le devolvió la sonrisa a la bruja y retrocedió un paso. Chin ocupó su lugar, entregándole un colgante a su prima.
- Chin… - protestó la bruja de nuevo.
- Hoy realmente has demostrado tu valía allí fuera, nunca dejes que nadie te diga lo contrario – le dijo el ex-auror - Este amuleto te mantendrá a salvo cuando yo no pueda, Kono.
Ésta cogió el colgante con los ojos vidriosos y volvió a mirarlos a los tres uno por uno. La emoción del momento era casi tangible. Entonces Chin se desabrochó su propia capa y la puso sobre los hombros de la bruja.
- Y para que conste – le dijo con suavidad. - No importa quien fuera a tu graduación, no me la habría perdido por nada del mundo.
Danny no entendió a que venía aquella frase pero supuso que los primos habían hablado del tema en algún momento y esa era probablemente la continuación de esa conversación. Entonces Chin se apartó de nuevo y sacó su varita, a su otro lado Steve hizo lo mismo.
- Ahora, presente su varita candidata – ordenó Chin con voz autoritaria.
Kono sonrió y se apresuró a sacarla del bolsillo y presentarla entre las dos manos, casi como en una ofrenda. Bajó la cabeza en una pequeña reverencia y la mantuvo en esa posición.
- Juro solemnemente usar mi magia, mis capacidades y mis conocimientos para proteger y defender al inocente, impartir justicia y llevar al culpable ante las autoridades correspondientes.
Mientras Kono repetía la frase Danny empezó a notar como la varita de Kono empezaba a brillar levemente. Entendió de golpe que ese no era un juramento sólo de palabra, era un juramento mágico como el que el Ministerio les impuso a Rachel y a Stan. Uno de esos juramentos que no se podían romper.
- Juro no usar nunca mi autoridad como auror para fines egoístas o con intención de lastimar a inocentes o indefensos.
Notó que Chin no había dicho nada de obedecer a las autoridades, ni estaba especificando nombres de magos o de Departamentos. Todo el juramento giraba entorno a los "inocentes" sin especificar. No sabia si eso era o no una buena idea pero suponía que realizar un juramento a un gobierno o Ministro de Magia podía ser peligroso si esta persona o sistema se corrompía, sobretodo si el mago no podía desobedecer el juramento. La varita de Kono empezó a vibrar.
- Juro procurar por el equilibrio en la magia y perseguir a aquellos que la usen incorrectamente con el fin de esclavizar, lastimar o imponerse sobre inocentes o indefensos.
Danny supuso que eso incluía a la gente como él, sin magia, aunque lo de inocente o indefenso eran términos demasiado abstractos para su gusto. Es decir alguien indefenso podía no ser inocente o al revés.
Kono repitió la frase y su varita brilló por unos segundos con más fuerza antes de apagarse. Entonces la bruja levantó la mirada con una sonrisa y giró la varita de forma que la sostenía con una mano por el mango. Steve hizo un paso y puso su varita encima de la de la bruja y empezó a hablar.
- Juro proteger y cuidar a cada miembro de este equipo así y como nunca abusar de sus habilidades para lastimar o perjudicar a inocentes.
Danny percibió como la magia de Steve salia de la varita y conectaba con la varita y la magia de Kono, formando una especie de vínculo. Sintió el vello de los brazos erizarse. Chin habló a continuación.
- Juro usar mi intelecto y conocimiento para orientar este equipo en el camino correcto, siempre con la intención de ayudar y proteger a aquel que lo necesite.
La magia de Chin se unió a la de los otros dos magos, creando un punto central donde ésta era más fuerte. Danny pudo percibir como ese juramento estaba uniendo a los tres magos, al equipo, como a más que eso. Se sintió fuera de lugar, como si no encajara, y eso no le gustó nada. Casi por instinto puso la mano en medio de las tres varitas, por encima de donde podía sentir la magia conectar. Sintió un cosquilleo en sus dedos y antes de pensarlo ya estaba hablando.
- Juro intentar controlar los arrebatos de Steve, ayudar a Kono siempre que lo necesite y apoyar a Chin incondicionalmente, usando mi sentido común y mi experiencia en el mundo real para orientar este equipo.
Pudo oír como a su lado Steve gruñía y en frente suyo Kono soltaba una risita. Por un segundo pudo percibir un atisbo de las emociones impregnadas en la magia bajo su mano. La sorpresa y felicidad de Chin por tener de nuevo una familia que lo apoyara, la emoción y alegría de Kono, la incredulidad y afecto de Steve. La magia bajo su mano pareció mezclarse por un momento antes de separarse en cuatro de nuevo y disiparse. Apartó la mano y se la miró con incredulidad, no entendía del todo lo que acababa de pasar.
- ¿Por qué has hecho eso, Danny? - le preguntó Steve entonces. - No tenias ninguna obligación de jurar nada.
- ¿Que querías que hiciera, Steven? ¿Quedarme a un lado? - protestó él. - Somos un equipo, los cuatro. No me gusta eso de quedarme al margen.
- Danny, ¿sabes siquiera que es lo que acabas de hacer? - le preguntó esta vez Chin.
- Un juramento mágico de esos que no se pueden romper – respondió él.
Los tres magos se miraron entre ellos por unos instantes.
- No es sólo eso Danny – dijo la bruja. - Has usado nuestros nombres en un juramento, nunca se debe hacer eso. Haciéndolo así te ata a nosotros como personas, no como compañeros de trabajo.
- No veo donde está el problema la verdad, vuestros juramentos son demasiado abstractos – respondió él. - No he jurado nada que no tenga intención de cumplir.
- Has jurado apoyarme incondicionalmente Danny – protestó Chin.
- Lo habría hecho de todas formas, Chin, asúmelo – dijo él encogiendo sus hombros para quitarle importancia.
- Si pero dijiste incondicionalmente, ¿y si hago algo ilegal o lastimo a alguien? - insistió él.
- Si eso llega a ocurrir, y es un gran si, se que tendrás tus razones amigo – insistió él.
Chin lo miraba como si estuviera dudando entre abrazarlo o darle una colleja.
- Has jurado ayudarme siempre – murmuró Kono a su lado.
- ¿Acaso lo dudabas? - le respondió él con una sonrisa.
La bruja sonrió de vuelta y lo abrazó con fuerza. Al separarse tenia los ojos llenos de lagrimas.
- Gracias, Danny.
El solo sonrió. La verdad era que tenia sus dudas sobre esos juramentos mágicos pero tal y como le había dicho a Chin no había jurado nada que no estuviera dispuesto a hacer de todas formas. Miró a Steve de reojo, extrañado de que fuera el único que no hubiera dicho nada y lo vio con expresión seria y sin dirigirle la mirada. Puso los ojos en blanco. Los dos primos intercambiaron una mirada y luego con idénticas sonrisas pusieron una excusa y se escondieron en sus respectivas oficinas. Cobardes.
- ¿Y ahora que te pasa, Spiderman? - le dijo mientras le ponía una mano en el hombro.
- ¿Controlar mis arrebatos? - respondió él con cierto reproche en la voz. - ¡¿En serio, Danny?!
- De hecho sólo he jurado intentar controlarlos, incluso yo conozco mis limitaciones – especificó él.
- Yo no tengo arrebatos y mucho menos necesito a alguien que me controle – protestó el mago.
- ¿Estas ofendido por que he usado la palabra control o estás celoso por que no he jurado ayudarte o apoyarte como con Kono y Chin? - insistió él con una ceja levantada.
- ¡¿Que?! - protestó el mago. - Pues claro que es por lo de controlarme. Aunque estaría bien que pensaras algo bueno de mi para variar.
Dicho eso el mago fue a sentarse en una silla en la sala principal y empezó a abrir archivos en el ordenador de la mesa, era asombroso lo rápido que había aprendido a utilizarlo. Danny suspiró. Celos y envidia entonces.
- Steve, eres una de las persones más auto-suficientes que conozco – le dijo, sentándose en otra silla. - Tu no necesitas mi ayuda mientras que Kono… la verdad es que Kono me recuerda un poco a mis hermanas, supongo que por eso quiero ayudarla en todo lo que pueda.
- ¿Tus hermanas? - le preguntó el mago aun sin mirarle. - No sabia que tuvieras hermanos.
- Dos hermanas y un hermano, todos más pequeños que yo – respondió él.
El mago asintió pero seguía sin mirarlo, parecía un niño pequeño enfurruñado la verdad.
- Y en cuanto a lo que dije sobre Chin – prosiguió él, sintiendo al mago tensarse. - Steve, sabes que te apoyo pero no puedo jurar en un juramento mágico que te apoyaré siempre incondicionalmente porque ambos sabemos que la mayoría de las veces no estamos de acuerdo en casi nada – elaboró él. - Es precisamente por eso que somos un buen equipo.
Steve pareció relajarse un poco pero seguía sin mirarlo.
- A parte de que realmente no pensé lo que estaba diciendo, me salió solo – insistió él. - Fue algo casi inconsciente.
Ante eso el mago lo miró por fin, lo observó por unos segundos antes de suspirar y cubrirse los ojos con una mano.
- Lo siento Danny, he reaccionado exageradamente – confesó él. - Es solo… no se me dan muy bien estas cosas, ¿sabes?
- ¿El que? Vas a tener que ser más especifico, Steve.
- Eso de tener un compañero, lo de trabajar en equipo – explicó el mago señalándolos a ambos con un gesto. - Los magos golpeadores normalmente trabajamos en solitario, ¿sabes? No estoy acostumbrado a coordinarme con más gente.
Eso explicaba la tendencia autoritaria y su manía de no esperar nunca a los refuerzos. Danny observó al mago por unos instantes, Steve siempre lo sorprendía. Un momento era el súper-mago autoritario e impulsivo que colgaba a los sospechosos cabeza abajo en el vacío y al segundo siguiente era ese hombre que tenia enfrente, inseguro y molesto por un comentario inconsciente suyo.
- ¿Tienes hambre? - le preguntó, cambiando el tema. - Porque yo me podría comer una vaca entera ahora mismo. Vamos, conozco un restaurante donde hacen una lasaña casi tan buena como la de mi madre.
- ¿Lasaña? - protestó él. - ¿sabes cuantas calorías tiene ese plato?
- Tonterías, no hay nada mejor para recuperarse de una pelea con dementores que un buen plato italiano – insistió él mientras se levantaba. - Voy a sacar a esos dos de sus cuevas, hay que celebrar la graduación de Kono y el caso resuelto.
Y con eso arrastró a su equipo a uno de sus restaurantes favoritos y de allí a un pub cercano donde celebrar como era debido, riendo con las caras de sorpresa de Steve y Kono con cada detalle perfectamente normal del bar; como la televisión en un rincón o el hecho de que las mesas no se limpiaran solas como al parecer era habitual en el mundo mágico.
Se acomodó en su asiento mientras se pedía otra cerveza. Se miró la mano por enésima vez. No tenia nada pero a veces podía jurar que aun sentía la magia de sus amigos acariciando su palma. Contrario a lo que se podría esperar, la sensación no era desagradable en lo más mínimo.
NA: Y con esto por fin terminamos el segundo caso, se me estaba haciendo eterno incluso a mi.
Lo siguiente será un Entre-casos donde conoceremos a algún personaje nuevo (nuevo en este universo por supuesto).
Muchas gracias por leer hasta aquí, como siempre todos los comentarios, subscripciones o favoritos se merecen un altar.
Moony Girl: Gracias por comentar, si, es un detalle de los libros que me hace mucha gracia y a la vez encuentro muy acertado. Espero que te guste este capitulo :)
