ENTRE-CASOS: Callejón Diagon
La semana pasó sumergida entre papeleo sobre el secuestro de Roland Lowry y un caso relativamente sencillo que resultó no ser más que un par de adolescentes violando el Decreto para la Razonable Restricción de la Brujería en Menores de Edad; Danny nunca entendería la manía de los magos con los títulos largos y absurdos. Antes de darse cuenta ya era sábado por la mañana y justo cuando se debatía entre hacer el vago todo el día o volver a la oficina y adelantar papeleo atrasado recordó que McGarrett le había invitado a su casa para comparar los protocolos usados por policías y magos golpeadores.
La verdad era que el mago no le había dicho nada más al respecto en toda la semana así que Danny no estaba seguro de si la propuesta aun seguía en pie, pero ese era su fin de semana sin Grace, más de 48 horribles horas sin ver a su hija ni trabajo que lo distrajera de ello. Danny se conocía lo suficiente a sí mismo como para saber que sin una excusa para salir se iba a pasar el fin de semana entero en frente del televisor comiendo comida basura y deprimiéndose a si mismo pensando en lo que su niña estaría haciendo en esos momentos. Decidido se duchó, cambió y estaba en el coche comprando café y Donuts en su cafetería habitual en menos de veinte minutos.
La casa de los McGarrett lucía un poco menos deprimente a la luz del día pero seguía teniendo un aire tétrico que no le gustaba nada. Danny llamó a la puerta, haciendo malabares con el café y la bolsa, pero como ya era habitual nadie contestó. Insistió un par de veces y tras el tercer golpe la puerta se abrió por si sola, sin nadie detrás.
- Esto se pone cada vez peor – murmuró para sí mismo.
Miró a su alrededor y golpeó la puerta una vez más, llamando a Steve en voz alta pero al no recibir respuesta decidió entrar. La casa no estaba tan oscura como la última vez que estuvo en ella, justo antes del caso de Roland, porque la mañana londinense entraba por las ventanas pero la luz pálida en vez de darle calidez a las paredes las hacia lucir tristes y deprimentes. Era como si la calidez del sol no pudiera entrar en esa casa. Recordó a Steve hablando de como los edificios mágicos podían absorber la magia y las emociones de aquellos que habían vivido en ellos por mucho tiempo. El mago hablaba de Azkaban en aquel entonces pero se preguntó si sería posible que algo parecido ocurriera en la casa de los McGarrett; al fin y al cabo esas paredes habían visto años de soledad, tristeza y sufrimiento.
- Oh – oyó una exclamación detrás de él, pillándolo por sorpresa.
Se giró hacia el sonido, extrañado al no reconocer la voz y se encontró con una mujer joven, guapa y esbelta que lo miraba con curiosidad.
- Vaya, entonces no soy la única que piensa que esta casa está maldita – le oyó comentar en voz baja.
- ¿Disculpe? - musitó él, sin entender de que le estaba hablando esa mujer ni quien era.
- ¡Me alegro de conocerte por fin, Danny! - exclamó ella de golpe con una gran sonrisa. - He visto muchas cosas sobre ti.
Y dicho eso la chica se acercó a él con una gran sonrisa. Danny estaba confuso. Se fijó en la ropa que llevaba ésta y se dio cuenta de que era una camiseta ridículamente grande y unos pantalones anchos de deporte. Era la típica ropa que alguien llevaba para estar cómodo en casa o para dormir. Pero eso no explicaba quien era esa chica ni porque llevaba un atuendo así en casa ajena. A no ser…
- No, no, no sigas por allí por favor – protestó ella con una risita. - No quiero tener pesadillas.
- No entiendo… - intentó protestar él pero fue interrumpido de nuevo.
- No soy la novia de Steve, ni su querida, ni nada por el estilo – insistió ella. - Me llamo Mary y soy su hermana así que por favor no me hagas ver cosas raras, no me va el incesto, ¿sabes?
Danny abrió y cerró la boca un par de veces como un pez fuera del agua, estrechando la mano que ella le ofrecía casi sin pensar. Mary McGarrett. Así que esa chica era la hermana de Steve, recordaba las pocas fotografías de los dos hermanos con sus padres que usó durante la investigación de John McGarrett. La pequeña niña rubia sonriendo al lado de su madre mientras su hermano la molestaba, juguetón. No pudo evitar pensar en el padre de Steve y eso lo llevó a pensar en el mago golpeador, sobretodo en los momentos cruciales de su investigación, como cuando cruzaron armas por primera vez, cuando lo golpeó o las múltiples discusiones y diferencias de opinión que habían tenido en el primer caso juntos. Era casi nostálgico.
- ¡Oh! - exclamó Mary de nuevo y cuando Danny se fijó en ella la vio con una sonrisa en el rostro y ojos tristes. - Así que tu y Steve os conocisteis cuando investigabais el asesinato de mi padre.
- Si, más o menos – respondió él, notando algo extraño en la chica. - ¿Te lo ha contado Steve?
La joven soltó una carcajada justo antes de levantar una ceja con mirada picara.
- Steve no me ha dicho nada de nada, como siempre – respondió ella.
Los dos se quedaron en silencio por unos momentos, Danny no sabia que decir. Justo entonces se dio cuenta de que había entrado en casa ajena sin que lo invitaran. No era la primera vez que lo hacía, por supuesto, pero Steve no parecía estar en la casa y suponía que su hermana no se sentiría cómoda con tener a un desconocido allí. Reorganizó sus ideas y estaba a punto de disculparse y excusar su intromisión lo más educadamente posible cuando la rubia lo interrumpió de nuevo.
- No te preocupes por haber entrado sin llamar, deja que te robe un Donut y en paz – le dijo antes de centrar su atención en la bolsa sin abrir que Danny había dejado en la mesa.
- He llamado pero nadie ha abierto y entonces cuando estaba a punto… - empezó a excusarse para interrumpirse a sí mismo cuando se dio cuenta por primera vez de que Mary había respondido antes de que él dijera nada. - ¿Como sabias que iba a disculparme por eso?
- No tienes filtro, Danny – le explicó ella mientras sacaba un Donut de la bolsa y le daba un bocado. - Deberías pedirle a mi hermano que te enseñara Oclumencia, ni siquiera me estoy esforzando.
Oclumencia. ¿De que le sonaba eso? Probablemente era uno de esos términos mágicos que Chin y Steve le habían mencionado de pasada, sin entrar en mucho detalle. Eso explicaría porque le era familiar el termino pero no era capaz de recordar el significado. No como la palabra Dementor, esa no la iba a olvidar en la vida, no después de su ultima visita a Azkaban. Se estremeció al recordar esos dedos agarrándole la barbilla, ese agujero negro acercándose a él.
- ¡Por Merlín! - exclamó de golpe la chica, devolviéndolo al presente. - ¡¿Estuviste a punto de recibir el Beso del Dementor?! ¿Cómo sobreviviste?
Parecía aterrorizada y asombrada a la vez. De golpe sin que pudiera evitarlo los recuerdos de ese momento volvieron con fuerza por sí solos, la sensación de desesperanza, el frío, el Dementor, la luz del Patronus chocando contra éste, la posición defensiva de la pantera, la aparición de Steve a su lado, su mirada asustada y el abrazo. Y entonces los recuerdos dejaron de sucederse. Danny inspiró profundamente, dándose cuenta de que había dejado de respirar por varios segundos. Se sentía mareado, apoyó una mano en la mesa para no caer.
- Lo siento, lo siento, lo siento – oyó que alguien le decía mientras unas manos lo conducían hasta una silla, se sentó en ella. - Ha sido sin querer, no lo he podido evitar.
Danny cerró los ojos y agachó la cabeza hasta ponerla entre las rodillas, esperando a que el mareo remitiera. Solo necesitaba unos momentos.
- Si, si, por supuesto – le respondió Mary a algo que ni siquiera había dicho aun. - Tómate el tiempo que necesites. Lo siento mucho Danny, de verdad.
Él no se movió ni un milímetro, concentrado en respirar y superar el mareo sin dejar que las nauseas lo superaran. Cuando se encontró mejor decidió permanecer en esa posición unos segundos más mientras rebobinaba mentalmente la conversación. Se dio cuenta entonces de que la bruja, porque tenia que serlo, había sido capaz de adelantarse a todas sus preguntas o opiniones, respondiéndole antes de que él dijera nada. O al menos en voz alta.
- ¿Puedes leerme la mente? - le preguntó levantando la mirada.
La bruja parecía nerviosa, cambiaba el peso de un pie al otro y se retorcía las manos constantemente en un gesto casi impulsivo.
- No lo he hecho expresamente – protestó ella con voz baja y débil. - Es solo que a veces es más difícil hacer oídos sordos y en tu caso es como si estuvieras gritando tus pensamientos a los cuatro vientos.
Danny sonrió muy a su pesar. Si, suponía que eso era típico de él, aparentemente era incapaz de estar callado ni siquiera cuando no decía nada. Herencia Williams en todo su esplendor. Levantó la mirada de nuevo cuando oyó a Mary soltar una risita espontanea para luego taparse la boca con las manos, casi asustada de su propia reacción. Estaba claro que había oído su broma interior. De nuevo.
- Lo siento – se disculpó automáticamente aunque sin saber como remediar la situación.
- No te disculpes – le respondió ella. - No es tu culpa, soy yo la que esta haciendo algo malo.
Algo en esa frase no le gustó nada. Parecía más algo que la bruja se decía a si misma o que había oído muchas veces antes que algo que realmente creyera.
- Has dicho que no lo estabas haciendo expresamente, que estaba gritando mis pensamientos, ¿es eso verdad? - le preguntó él.
- Pude oírte desde la habitación – murmuró ella. - Por eso sabia que estabas aquí.
- Entonces no es tu culpa sino mía – insistió él. - Perdón por gritar, no es mi intención pero no se como dejar de hacerlo – se disculpó de nuevo. - Ni siquiera se si soy físicamente capaz, todo eso de poner la mente en blanco no es para mi.
Rachel lo había obligado a ir a unas clases de meditación y auto-control con ella durante un tiempo en un intento de encontrar la forma de dejar de discutir por todo y salvar su matrimonio. No hacía falta decir que había sido un completo fracaso, él no estaba hecho para estar quieto y en silencio. Y sus problemas matrimoniales eran mucho más que solo el choque de sus personalidades explosivas. Al final no había servido de nada, Rachel se había llevado a Grace, se había mudado a su tierra natal y se había casado de nuevo. Todo por ser incapaz de controlar su temperamento.
- Lo piensas de verdad – oyó a la bruja decir con tono incrédulo, Danny no sabia si seguía hablando de su disculpa previa o si era una respuesta a su último pensamiento. - De verdad crees que es tu culpa y que no hay nada malo con lo que he hecho.
- Has dicho que había sido sin querer – insistió él. - No tengo ni idea de como funciona ésto la verdad. ¿Como es siquiera posible oír los pensamientos ajenos? ¿Puedes oír lo que piensa la gente constantemente o tienes que concentrarte en ello?
- La mayoría de los Legiliments tienen que concentrarse para hacerlo pero no es así en mi caso – respondió ella con una leve sonrisa mientras se sentaba en otra silla. - Siempre he podido saber lo que la gente a mi alrededor pensaba, desde que era una niña.
- Debe ser agotador – musitó él.
- Al principio lo era – reconoció ella. - Pero con el tiempo aprendí a no hacer mucho caso de las voces, están allí pero normalmente no las escucho.
- ¿No te da jaquecas? - insistió él. - Solo de pensar en ello ya me duele la cabeza.
Mary rió de nuevo, mucho más relajada. Señaló uno de los cafés que Danny había traído y tras su asentimiento cogió uno y le dio un sorbo.
- Le falta azúcar – protestó levemente antes de sacar la varita de algún lugar y convocar un recipiente y una cuchara desde la cocina, Danny nunca se cansaría de ver los objetos flotar en el aire por sí solos. - Es como te he dicho, normalmente es parecido a estar en una sala o un restaurante lleno de gente hablando entre ellos al mismo tiempo – le explicó. - Oigo diferentes voces pero no entiendo lo que dicen a no ser que me concentre en ellos.
- Pero conmigo no te ha costado – insistió él, mientras sacaba un Donut de la bolsa. - Por cierto, ¿donde esta Steve? Se suponía que habíamos quedado hoy pero no se si lo recuerda.
- Lo recuerda, te aseguro que lo recuerda, lleva pensando en eso desde que llegué – le respondió ella con una sonrisa. - Tu eres un poco diferente, tus pensamientos son más fuertes de lo normal, más pronunciados, sería como si tuvieras una voz potente – siguió explicando. - A parte de que al no haber nadie más cerca tus pensamientos aun destacan más.
- ¿Y lo de antes? - inquirió. - Quiero decir cuando estaba pensando en Azkaban, de golpe ha sido como ver una película a velocidad ultra-rápida.
- ¿Película? - le preguntó ella, con expresión confusa.
- Si, ya sabes, una peli o una serie – le intentó explicar, notando por la expresión de la chica que no lo estaba entendiendo. - ¿Un documental? ¿Cinema? ¡Dime que al menos sabes lo que es una televisión!
- ¡Oh! - exclamó ella. - ¡Eso si! Son esos artefactos cúbicos que los muggles utilizan tanto, ¿verdad?
Danny casi se golpea la frente con la palma de la mano de la frustración. Sabia que los magos no tenían ordenadores pero es que ni siquiera tener televisión era algo impensable para él. ¡No saber ni lo que era una película! ¿Como se distraían los magos entonces?
- Lo interesante no es la TV en sí sino lo que se puede ver en ella, las películas son como… ¡obras de teatro! - elaboró él con la inspiración abandonándole, no tenia ni idea de como explicar algo que para él era tan rutinario. - Sabes lo que es el teatro, ¿verdad?
- Si claro, nosotros también tenemos obras teatrales pero son en grandes locales – respondió ella, sacudiendo la cabeza. - Seria imposible caber en esas cajas tan pequeñas y no seria practico.
- ¡No, no, así no es como va! - protestó él, enfatizando con las manos. - Primero se graba la película en frente de una cámara y luego se transmite por diferentes tipos de señales a las TV de cada casa. O se grava en pequeños DVD o Blu-Ray que se ponen a la venta.
- No entiendo nada Danny, lo siento – se disculpó ella con cara apenada. - Es como si hablaras chino para mi, ¿que es "grabar"? ¿O "deuvede"?
Danny se cubrió los ojos con las manos y soltó un gruñido de frustración. Como pensaba era demasiado difícil de explicar, o al menos para él que siempre había sido más de demostrar las cosas que explicarlas. Lo único que se le ocurría que podría funcionar sería ponerle a Mary una película. El problema era que obviamente Steve no tenia televisión en esa casa y él casi no tenia nada en la suya, normalmente solo miraba partidos de Fútbol o Béisbol o alquilaba películas para Grace. Tal vez llevarla a un cine podría funcionar pero le asustaba lo que la bruja podría causar con la impresión. Aunque tal vez había una manera indirecta de enseñárselo.
- Tengo una idea – decidió con una sonrisa. - ¿Puedes hacer lo que hiciste antes con mis recuerdos de Azkaban pero con otros? Por ejemplo si me recuerdo en mi mismo viendo la TV, ¿podrías ver ese momento?
Mary lo miró por unos momentos sin decir nada pero con cara de sorpresa, boca abierta incluida. Frunció el cejo al ver esa expresión, no entendía donde estaba el problema, ¿tal vez era algo demasiado personal? Por supuesto que no le gustaría que Mary hurgara en su mente o viera según que cosas pero él viendo el ultimo partido de los Jets no le importaba.
- ¿Me estas pidiendo de verdad que te lea la mente? - murmuró ella en voz baja.
- No todo por supuesto, solo un pequeño recuerdo, para que entiendas lo que es la televisión – elaboró él. - Es decir, ¿si pienso en mis recuerdos relacionados con ello no vas a ver otra cosa no?
- Si quisiera podría ver todos y cada uno de tus recuerdos en este mismo instante, Danny – le dijo ella de forma brusca. - No lo voy a hacer por supuesto pero no necesitaría tu colaboración para hacerlo si quisiera.
- Vaya, eso es realmente útil – respondió él admirado. - Reconozco que me hubiera gustado saber que pensaba mi ex, eso nos habría ahorrado muchos problemas a los dos.
- ¡No es una broma, Danny! - exclamó la rubia con expresión asustada. - ¡Te aseguro que puedo hacerlo! ¡Puedo saber cada uno de tus secretos en solo un instante!
Danny la miró sin decir nada por unos momentos, la miró de verdad. La expresión alegre y despreocupada había dado lugar a una asustada, aterrorizada sería una descripción más acertada. Su mente automáticamente intentó entender el porque de esa reacción. Podía ser que el problema no fuera lo que él había supuesto; no era que Danny hubiera hecho algo indebido al ofrecerse a enseñarle esos momentos sino que Mary daba por supuesto que nadie lo haría, que nadie querría que viera ningún recuerdo. Probablemente ese fuera uno más de los prejuicios de los magos. Maldita sea, iba a necesitar una lista.
- Aquí la cuestión no es lo que puedas o no hacer, Mary – empezó con voz calmada. - Sino lo que quieres y/o vayas a hacer. Si te pido que solo veas ese recuerdo, ¿vas a ponerte a curiosear por mi mente a tu antojo?
- ¡Por supuesto que no! - protestó ella. - Eso no estaría bien.
- Pues esa es la respuesta – insistió él. - Todos podemos hacer muchas cosas indebidas si nos lo proponemos; si quisiera podría sacar la pistola ahora mismo y dispararte. Pero eso no quiere decir que lo vaya a hacer.
- Pero… - musitó ella. - ¿Como sabes que voy a hacer solo lo que me pides?
- Tu misma has dicho que podías hacerlo en cualquier momento si así quisieras – sentenció él, sacudiendo su mano como si quisiera apartar una mosca, intentando quitarle importancia. - Supongo que es solo cuestión de confianza.
- Confianza – repitió ella. - ¿Como puedes confiar en mi? Nos acabamos de conocer.
- Eres la hermana de Steve y la hija de un buen policía, no creo que seas mala persona – le respondió él con una sonrisa. - Ademas suelo acertar bastante con estas cosas, algo me dice que eres de confianza.
Mary se lo quedó mirando durante unos segundos, con los ojos muy abiertos y sospechosamente brillantes. Entonces los entrecerró y torció la cabeza hacia un lado levemente.
- Lo piensas de verdad – murmuró. - De verdad no te importaría que mirara en tus recuerdos, en algunos al menos - entonces sonrió y colocó una mano encima de una de las suyas. - Gracias Danny, no te imaginas lo que eso llega a significar para mi. Ahora entiendo porque mi hermano no puede dejar de pensar en ti.
Esa última frase, dicha con toda la naturalidad del mundo, lo dejó sin aliento por unos instantes. No sabía como tomárselo. ¿Steve pensaba en él constantemente? Recordó las primeras frases que le había dedicado la rubia, le había dicho que se alegraba de conocerlo "al fin". En ese momento no había prestado atención a ese detalle pero en ese momento entendió que la bruja lo reconoció porque de alguna manera ya lo había visto antes. Y al parecer lo había visto en la mente de su compañero. Precisamente en el momento en que iba a preguntar por eso sintió un escalofrío justo antes de ver aparecer un familiar torbellino en el centro de la sala. Hablando del rey de Roma.
- ¿Danny? - exclamó cuando lo vio, las manos ocupadas con un par de bolsas de papel llenas. - No te esperaba hoy.
- Buenos días para ti también, Steve - le respondió poniendo los ojos en blanco. - Fuiste tu quien me invitaste, ¿recuerdas?
Antes de que el mago pudiera responder su hermana se adelantó.
- No mientas Steve - lo regañó con una sonrisa. - Ambos sabemos que no has pensado en nada más en toda la mañana - y dicho eso se volvió hacía Danny. - Ha estado todo el día de un humor de perros porque pensaba que te habías olvidado de ello, Danny.
-¡Mary! - protestó el mago para fulminarla con su mirada.
Los hermanos se quedaron mirando fijamente durante varios minutos, Mary con una sonrisa traviesa en el rostro y Steve con mirada seria, y Danny no tardó en darse cuenta de que estaban "hablando" con sus pensamientos. Los observó en silencio, asombrado y maravillado. Recordó que Mary le había dicho que su hermano nunca le decía nada, entonces no había pillado el doble sentido de la frase pero viéndolos en ese momento lo entendió. Steve no le decía nada con palabras porque se comunicaba con ella mentalmente. No pudo evitar sonreír al pensar en ello, le alegraba que Steve no fuera supersticioso con la habilidad de su hermana. Mary desvió la mirada de su hermano para sonreírle, probablemente había oído su último comentario. Él le sonrió de vuelta y le guiñó un ojo ante la mirada asombrada del mago.
- Creo que sería mejor que me fuera - dijo él a desgana. - Supongo que querréis poneros al día.
- No tienes que irte Danny - le respondió Steve en seguida. - No molestas.
- De hecho tengo que pasar por el Callejón Diagon a comprar un par de cosas - comentó Mary. - Así que no dejéis vuestros planes de lado por mi.
- ¿El Callejón Diagon? - preguntó él, incapaz de contener su curiosidad habitual.
- Es uno de los barrios mágicos de Londres - le explicó Steve automáticamente, como siempre que mencionaba algún aspecto desconocido de su mundo. - Es un barrio comercial muy importante puesto que es donde hay el banco Gringotts.
- ¿Nunca has estado allí Danny? - preguntó Mary para luego contestarse a si misma. - Oh, ya veo que no.
- Mary... - gruñó Steve de nuevo.
- No pasa nada Steve - replicó ella, poniendo cara de exasperación. - A Danny no le importa.
El mago golpeador lo miró sorprendido pero no dijo nada al respecto. Mary rompió de nuevo el silencio.
- ¿Por que no vamos juntos? - propuso con una sonrisa. - Apuesto a que aun ni siquiera tienes una cuenta en el banco, ¿verdad Danny?
- Tengo mi propia cuenta gracias - replicó él.
- Pero una cuenta muggle no te va a servir a partir de ahora - insistió Steve. - Mary tiene razón, vas a necesitar una cuenta en el banco mágico si vas a trabajar para el Ministerio de Magia.
Genial. Como si haber tenido que cambiar todos sus escasos ahorros de dolares a libras no hubiera sido suficiente. Danny estaba seguro de que había perdido más con el cambio de moneda que lo que ganó en dos meses. ¿Y de que le serviría cobrar en moneda mágica si iba a necesitar dinero en el mundo real?
- En Gringotts puedes cambiar los galeones y knuts a libras si te hace falta pero la mayoría de los productos diarios los puedes comprar allí, incluso te ahorrarías dinero – insistió la bruja. - No hay impuestos de importación y exportación que encarezcan el producto cuando se utilizan transportes mágicos.
- Y además Grace va a necesitar algunas cosas cuando empiece Hogwarts el año que viene – comentó Steve. - En el Callejón Diagon vas a encontrar todo lo que le pueda hacer falta en el colegio.
Danny le echó una mala mirada a los hermanos antes de suspirar. Muy a su pesar tuvo que reconocer que tenían razón, había estado postergando cualquier contacto con ese mundo pero si Grace iba a formar parte de él lo mejor sería habituarse cuando antes mejor.
- Está bien, está bien – aceptó él a regañadientes. - ¡Pero que sepas que no te permito usar a mi hija para hacerme chantaje emocional, Steven!
Se terminó su café de un trago mientras ignoraba la risita de Mary y el "Si funciona..." murmurado de Steve. Le echó una mirada a la bolsa solo para descubrir que todos sus Donuts habían desaparecido como por arte de magia. Oyó una risita y levantó la mirada sólo para ver a Mary relamiéndose los dedos.
- Me debes un desayuno – le dijo fingiendo enojo.
- Sin problemas, podemos desayunar en Floreant – respondió ella levantándose y cambiando su ropa con un movimiento de varita. - Aunque lo mejor son sus helados los desayunos no están mal.
- ¿Que es exactamente lo que tienes que comprar Mary? - preguntó su hermano mientras se dirigía a la cocina aun con las manos llenas.
- Quiero pasar por Malkin Sisters para comprarme un par de túnicas nuevas – fue su respuesta. - Por supuesto no pretendo que me acompañéis a comprar ropa, chicos, preferiría no tener que escuchar vuestro aburrimiento.
- Parece ser que eso de ir a comprar ropa sigue siendo más típico de chicas incluso cuando el estilo es horrible – no pudo evitar decir Danny con sarcasmo. - Me alegra que al menos eso sea familiar.
- No creas que te vas a librar por mucho tiempo, Danny, tu también deberías comprarte alguna túnica – lo amenazó ella. - No puedes ir con esa ropa por nuestro mundo.
- Pero bueno, ¿que os pasa a los McGarrett con mi ropa? - protestó él.
- Es ropa muggle – respondieron dos voces al mismo tiempo.
- Wow, en estéreo, genial – prosiguió él, poniendo los ojos en blanco. - ¿Podemos irnos ya?
Nadie le contestó así que bajo la mirada de nuevo para observar a los dos hermanos. Lo miraban con idénticas expresiones de confusión. ¿Y ahora que había dicho? Rebobinó su propia frase y dedujo que lo que no entendían era el comentario sobre sonar en estéreo. Suspiró. No le apetecía tener que explicar la broma, perdería su gracia si lo hiciera. Entonces recordó que no tenia porque hacerlo, al menos no con la bruja. Sonrió mientras le guiñaba un ojo y se concentró en recordarse a si mismo de adolescente jugueteando con su antiguo equipo de música y luego en varias de las ocasiones en que él o sus amigos habían usado esa misma broma y el contexto. Vio como Mary abría mucho los ojos antes de soltar una carcajada.
- ¡Ya veo, ahora lo entiendo! - exclamó ella. - He de reconocer que tiene su gracia.
- ¡Eh! - protestó Steve. - Eso si que no, no os podéis aliar en mi contra, ¡eso no es justo!
Danny intercambió una mirada con Mary y luego tuvo una idea. Sonrió cuando vio los ojos de la bruja brillar peligrosamente, lo había oído, perfecto.
- ¿Es que aun no sabes hermanito… - empezó ella con tono meloso.
- … que la vida no es justa? - terminó él la frase.
Steve los miró alternativamente durante unos segundos con la boca abierta antes de soltar lo que parecía un gruñido y salir de la habitación refunfuñando en voz baja. Él y Mary empezaron a reír a carcajada limpia.
- Oh Danny – le dijo ella. - ¡Como nos vamos a reír!
Él no pudo evitar reír con más fuerza, le encantaba como pensaba esa chica.
Steve y Mary lo aparecieron en un callejón oscuro y desde allí lo condujeron por la calle Charing Cross hacía lo que parecía un pub de mala muerte. Lo curioso era que al principio no fue capaz de ver el cartel del lugar pero a medida que se iban acercando éste se hizo más y más claro hasta que pudo distinguir el dibujo. Se trataba de una especie de olla vieja y grande en negro con tres patas largas sobre un fondo amarillento. Las letras El Caldero Chorreante encima del dibujo no dejaban dudas de lo que era el dibujo en cuestión. Miró a su alrededor, como ya parecía habitual la gente que paseaba por la calle no se fijaba en ese pequeño local, entre una tienda de electrónica y otra de ropa. Se fijó en la única ventana visible del pub, que ocupaba casi toda la pared al lado de la puerta, y no le sorprendió en absoluto notar la leve deformidad de la realidad que ya empezaba a asociar con los conjuros de ocultamiento.
Siguió a los magos al interior del lugar y se sorprendió cuando por dentro éste parecía mucho más amplio y soleado de lo que la diminuta entrada daba a entender. Se trataba de un bar británico típico del país, de aspecto antiguo pero reformado, los muebles tanto del bar como las mesas, sillas y sillones eran relativamente nuevos y estaban en buen estado, el suelo relucía y las paredes pintadas de un color claro le daban más luminosidad al lugar. A un lado había unas escaleras por donde vio bajar a un niño en pijama seguido de un mago con túnica y expresión cansada; probablemente ese lugar era también un hostal entonces. Muchas mesas estaban ocupadas por magos y brujas con sus estrafalarias ropas, algunos de ellos desayunando con un periódico con imágenes en movimiento en frente de ellos. Un chico joven iba limpiando las mesas con un simple gesto de varita y los vasos y platos vacíos volvían solos a la cocina.
- ¡No me lo puedo creer! - oyó entonces decir a una mujer bastante entrada en años. - ¡Pero si es la pequeña Mary!
Ésta sonrió cuando la vio y no tardó en ir a saludarla con un abrazo.
- Me alegro de verte Hannah – oyó que le decía. - Hace mucho tiempo, ¿como está la familia?
Steve también se acercó a saludar y tras una breve conversación y promesas de pasar mas a menudo por el lugar lograron despedirse de la efusiva mujer y condujeron a Danny hacia el patio de atrás del pub. Se detuvieron enfrente de una pared de ladrillo rojizo de al menos cinco metros de alto. Danny miró a su alrededor. El patio no tenia más de veinte metros cuadrados y no había más salida que la del pub.
- ¿Que hacemos aquí? ¿Os habéis perdido? - preguntó a los magos con tono burlesco.
- Dímelo tu Danny – le respondió Steve con una sonrisa. - ¿Ves algo extraño por aquí?
- A parte de un tipo de casi dos metros vestido como si fuera un crío en Halloween no, nada raro.
- Muy gracioso – respondió éste. - Vamos, seguro que lo puedes hacer mejor.
Danny suspiró, no le apetecía nada empezar el día usando su sensibilidad. Al fin y al cabo era sábado, debería de tener el día libre de esas cosas. Aunque tal vez se lo había buscado yendo a casa del mago de visita en vez de quedarse en casa viendo la televisión. Miró a su alrededor con desgana, intentando ver si había algo inusual. No vio nada al principio pero cuando posó sus ojos por segunda vez en la pared de ladrillo notó algo extraño. Se acercó y puso una mano en la pared, era sólida pero a sus ojos los ladrillos del centro parecían borrosos, casi translucidos aunque era incapaz de ver que había detrás de ellos. Percibió una especie de corriente bajo su mano que le provocó un escalofrío. No sabia que era lo que buscaba pero estaba claro que fuera lo que fuera era allí.
- Está pared tiene magia infundada aunque no logro identificar el hechizo – comentó, girándose hacía el mago que lo miraba sonriente.
- Es un hechizo muy antiguo y prácticamente indetectable – le explicó él. - Ni siquiera yo se cual es.
- ¿Y para que sirve? - preguntó Danny.
- Observa – le respondió Steve.
Dicho eso sacó la varita y golpeó unos ladrillos en concreto, haciendo un circulo alrededor de uno central. Entonces éstos empezaron a hundirse en la pared y a moverse hacia los lados, girando sobre si mismos hasta formar un arco lo suficiente grande como para que tres personas pasaran lado a lado. Y después del arco se podía vislumbrar una calle atestada de gente.
- Bienvenido al callejón Diagon, Danny – le dijo Mary con una sonrisa mientras lo agarraba de un brazo y lo empujaba hacia la calle.
No había palabras suficientes para describir ese lugar. Parecía una calle antigua, muy antigua, con edificios de madera y ladrillo bajos, de dos o tres plantas como máximo, grandes escaparates en la parte frontal y luces de aceite colgando cada dos ventanas. La gente ocupaba cada rincón del lugar de forma que Danny prácticamente no andaba, era llevado por la corriente de gente. Había magos y brujas entrando y saliendo de los edificios, niños con la nariz pegada a un escaparate con escobas en exposición, búhos descansando tranquilamente en la puerta de otro local, tres magos comparando calderos y discutiendo sobre cual era el mejor en otro. El olor de animales, especias y otros productos raros se mezclaba con el sudor de la gente y el olor típico de ciudad. Y la magia estaba en todas partes. De vez en cuando alguno de los magos y brujas que lo rozaban al pasar le producían un escalofrío., desde el interior de algunos edificios podía vislumbrar los colores brillantes de hechizos siendo realizados y objetos mágicos y las cosas se movían solas por doquier. Se dejó llevar con un McGarrett a cada lado, escuchando sus explicaciones rápidas sin ser capaz ni de pensar, menos aun de decir nada.
- Esa es la tienda de calderos – señaló Steve al local de los magos discutiendo. - Presumen de tener todo tipo de calderos, incluso plegables, pero la verdad es que yo prefiero los de toda la vida. Las pociones no saben igual si son hechas en uno de oro o aluminio.
- En esa dirección solía haber una tienda de objetos inútiles de segunda mano pero creo que la cerraron para abrir una cadena de ropa muggle – le estaba diciendo Mary al mismo tiempo. - Se está haciendo popular eso de tener tiendas de ropa muggle en nuestro mundo pero son extremadamente caras, lo que me parece una locura. Yo prefiero ir a Malkin Sisters – continuó señalando una tienda al lado de la de los calderos. - Tienen túnicas hechas a medida, buen ojo para los colores y no son unos hipócritas.
- ¿Acaso ocurre a menudo? - preguntó Danny
- Te sorprenderías de lo frecuente que es, sobretodo en vendedores – respondió Mary con tono resignado. - No te imaginas lo difícil que es sonreírle educadamente a alguien cuando tras su sonrisa puedes ver y oír como te menosprecia.
Danny pensó en ello por un momento. Recordó todas las veces en que alguien de confianza y que él consideraba amigo resultó que en realidad no lo tenia a él en la misma estima. Todas las sonrisas falsas de Rachel en los últimos años de su matrimonio, siempre con su educación británica y sus perfectos modales. Tal vez si hubiera sabido lo que pensaban desde el primer momento se habría ahorrado el sufrimiento, cierto, pero tampoco habría disfrutado los buenos momentos de la misma forma. Dijeran lo que dijeran a veces la ignorancia era felicidad.
- Eso tiene que ser duro – respondió él, solidarizándose. - Debe ser muy difícil para ti confiar en alguien.
Mary lo miró sorprendida por unos instantes antes de sonreír ampliamente y agarrarle un brazo.
- Es difícil – reconoció. - Pero mi don también me ayuda a valorar más las pocas personas sinceras y directas que conozco.
Danny la miró fijamente, dándose cuenta al instante de que estaba hablando de él. Le sonrió. Prácticamente acababa de conocer a esa chica pero ya la tenia en gran estima, de alguna forma estaban en sintonía. De repente Mary se tensó y puso los ojos en blanco antes de soltarle el brazo y alejarse un paso. Danny la miró confundido y ella le señaló a Steve con un leve gesto de cabeza y una media sonrisa. Cuando se giró a verlo se encontró con un rostro serio, sin expresión alguna pero con la mirada puesta al frente, evitando mirarlos. Fijándose más notó que Steve tenia las manos cerradas en puños y sus nudillos estaban blancos de la fuerza que estaba aplicando. Tal vez llevarse tan bien con la hermana pequeña del mago golpeador no era una buena idea pero no era algo que Danny pudiera evitar. Y por supuesto no veía a Mary de esa forma, tendría que hablar muy seriamente con Steve al respecto. Primero Kono y ahora Mary, parecía que era incapaz de llevarse bien con una chica sin que sus familiares más próximos quisieran matarlo.
- Allí enfrente está Gringotts – dijo Mary rompiendo el tenso silencio. - ¿Por que no vais y os informáis sobre cómo abrir una cuenta para Danny mientras yo voy a Malkin Sisters? Podemos quedar dentro de una hora aquí y ir a comer algo.
Eso era un claro intento de dejarlos a solas, probablemente huyendo del malhumor de Steve. ¿Por que la gente siempre esperaba que fuera él quien lidiara con el mago golpeador y sus abruptos cambios de humor? Le lanzó una mala mirada a Mary, pensando tan fuerte como pudo "Me debes una por esto" pero no intentó detenerla cuando se alejó con una sonrisa. Eso de la telepatía era realmente muy útil.
Una vez solos Steve le indicó con un gesto la dirección y empezó a andar sin esperarlo. Danny se negó a correr detrás de él así que lo siguió a su ritmo y no pasó mucho hasta que el mago se detuvo para esperarlo. Danny intentó no sonreír y esperó hasta estar a su nivel para empezar a hablar.
- ¿Sabes? Tu hermana no es como me esperaba - empezó, ignorando la expresión seria de Steve. - A parte de su aberración hereditaria por la ropa adecuada para un buen profesional parece bastante guay, mucho para ser una McGarrett.
- ¿Que quieres decir con eso? - protestó el mago, aun tenso. - ¿ Estas diciendo que yo no soy guay ?
- Tal vez en ciertas situaciones , ya sabes, cuando tenemos a una horda de Dementores acechando o un edificio está a punto de derrumbarse encima nuestro eres genial, increíble - elaboró él, notando como el mago a su lado se relajaba gradualmente. - Pero a lo que se refiere a interacción humana , mamífero a mamífero, necesitas mejorar mucho.
- Eso no tiene ningún sentido - protestó él. - Se comunicarme perfectamente, Danny.
- ¿Tengo que recordarte el incidente con el niño del hipopótamo? - contraatacó él. - Aunque en realidad entiendo de dónde lo has sacado, supongo que tener una hermana que sabe exactamente lo que piensas no hace necesaria la comunicación verbal.
- Mary no tiene culpa de nada - la defendió él automáticamente.
- Por supuesto que no, Mary es genial, ya te lo he dicho antes.
Mientras hablaban se habían ido moviendo por la calle, por lo que parecía dirigiéndose hacia un gran edificio blanco con columnas en la entrada que incluso él podía notar que no estaban alineadas. Estructuralmente hablando ese edificio no debería de aguantarse en pie así que probablemente había magia involucrada, para variar. Danny sacudió la cabeza. Poder hacer magia no debería ser una excusa para construir chapuzas arquitectónicas como esa.
- ¿Entonces no te preocupa su habilidad? - preguntó Steve en voz baja. - Se que puede ser impactante al principio.
- No me molesta lo que puede hacer si es lo que estas preguntando - respondió él. - No quiere decir que quiera que vea todos mis recuerdos y pensamientos por supuesto, algunos de ellos podrían causarle un trauma , la verdad. Pero he hablado con ella y me explicó que no era algo que pudiera controlar exactamente - hizo una pausa antes de comentar con sarcasmo. - Al parecer alzo la voz incluso dentro de mi mente.
- No se porque me sorprende - rio él. - Si quieres puedo enseñarte Oclumencia, o al menos lo suficiente para ocultar los recuerdos que no quieres que la gente lea.
- Mary comentó algo de eso - musitó él. - ¿Se puede aprender? ¿No es algo de nacimiento como lo que ella hace?
- Tanto la Legilim a ncia como la Oclumencia pueden ser aprendidas aunque no es fácil y no todo el mundo es capaz de ello - le explicó él, deteniéndose en la entrada del edificio. - Mary es un caso excepcional, ella ha sido una Legiliment desde que era una niña, para ella es tan fácil como andar.
- Vaya, deduzco que no es muy frecuente tener esa habilidad entonces.
- No, pero tampoco es tan rara - respondió él. - Aunque eso no le ha evitado los prejuicios.
- Algo así me había supuesto por su reacción cuando le dije que no me importaba – comentó él. - Los magos en general sois en excesivo prejuiciosos, los muggles, los squibs, los legiliment… - gruñó él con enojo. - Tal parece que cualquiera que no entre dentro de vuestra concepción de "normal" mereciera ser odiado y repudiado.
- No todos los magos somos así, Danny – protestó Steve.
- Puede que no seas tan exagerado pero se que consideras a los muggles inferiores a los magos, Steven – lo regañó él. - Por eso no puedes aceptar que yo sea un muggle.
- No lo acepto porque no es verdad – insistió él. - Y puede que haya subestimado a los muggles, es cierto, pero estoy intentando ser más objetivo con ellos.
- ¿A si? - preguntó él con sarcasmo. - ¿Desde cuando exactamente?
- Desde que te conocí – le respondió el mago mirándole fijamente. - Tienes razón, al principio te subestimé, pero me demostraste lo equivocado que estaba y lo sigues haciendo a diario. De verdad te agradezco que seas tan abierto con Mary, lo ha pasado muy mal en el pasado por culpa de los estúpidos prejuicios de la gente.
Danny desvió la mirada incomodo. Había algo en la forma en que Steve lo miraba que a veces lo ponía de los nervios. Se sentía como el sujeto de un experimento a veces, siendo estudiado y analizado con meticulosidad. Esperaba que la curiosidad de Steve no lo llevara a intentar diseccionarlo, eso no seria agradable precisamente.
- Entonces, ¿esto es Gringotts? - preguntó señalando el edificio blanco con la cabeza, en un nada sutil intento de cambiar el tema de la conversación.
- Si, este es el Banco Mágico de Inglaterra, Gringotts – le respondió el mago. - Antes de entrar tengo que advertirte de que la mayoría de trabajadores del banco son duendes.
- ¿Duendes? - exclamó Danny sorprendido.
- Los veras enseguida, sólo recuerda que los duendes son criaturas inteligentes iguales que nosotros, no son animales – le advirtió Steve. - Suelen ser malcarados, gruñones y desconfiados, sobretodo de los magos, pero son los mejores economistas del mundo, de hecho son prácticamente los creadores del sistema económico m á gico.
- ¿Como son físicamente? - preguntó él, intentando prepararse.
- Son bajitos y humanoides pero no son agradables a la vista – reconoció Steve. - Sobretodo intenta ser siempre respetuoso con ellos pero no te dejes arrollar. Los duendes y los magos tenemos una conflictiva historia e incluso ahora que han pasado siglos desde la ultima guerra entre nosotros las relaciones entre nuestras especies son delicadas.
Genial. Eso era perfecto. O sea que los magos eran tan estúpidos como para depositar todo el poder económico de su mundo en una especie que no los aguantaba. Totalmente lógico.
- Nunca entenderé a los magos – gruñó él. - ¿Seguro que no puedo cobrar en mi cuenta muggle?
- No Danny, lo siento – le respondió el mago con una leve sonrisa.
- En fin, vamos a ello – aceptó él.
Con eso Steve le apretó el brazo un instante antes de girarse y empezar a subir las escaleras. Danny lo siguió, observando a su alrededor. Se dio cuenta de que lo que al principio había creído que era sólo una capa de pintura blanca recubriendo la fachada del edificio era en realidad mármol blanco pulido. Al final de las escaleras unas enormes puertas de bronce bruñido estaban flanqueadas por dos diminutas figuras a cada lado. Se fijó en ellas y se dio cuenta de que, tal y como los había descrito Steve, se trataban de criaturas humanoides de dedos largos, orejas y nariz largas y puntiagudas y rostros marcadamente agresivos. Vestían con trajes elegantes hechos a medida, zapatos impecables y iban armados con dos grandes bastones que Danny no dudaba que sabrían utilizar si fuera necesario. Sus ojos negros mostraban una inteligencia y desconfianza asombrosa. Se preguntó por un momento cual era realmente la historia entre esas criaturas y los magos, que había pasado para forzar esa convivencia cuando estaba claro que ninguno toleraba al otro. Probablemente Hermione sabría la respuesta.
Danny se detuvo un instante ante las puertas, mirando a los duendes e intentando no parecer grosero por ello. Les dedicó una leve inclinación de cabeza, primero a uno y después al otro y vio complacido como uno de ellos le devolvía el gesto lentamente. Sólo entonces siguió a Steve que se encontraba aguantando las puertas abiertas mientras lo observaba atónito.
- ¿A que a venido eso? - le preguntó en un susurro.
- Me pareció apropiado – respondió Danny, encogiéndose de hombros.
Después de las puertas del exterior se encontraron en un corto vestíbulo con varias puertas, flanqueadas de nuevo por duendes. Danny los saludó de nuevo con un gesto respetuoso pero sin decir nada antes de entrar para hallarse en una larga y alta sala recubierta de mármol tanto en el suelo como en las paredes y con grandes lamparas de araña colgando del alto techo a intervalos regulares. A ambos lados de la sala y durante toda su longitud había varias hileras de mesas altas con duendes sentados en altos taburetes, sumergidos entre monedas, joyas o papeles. No había dos duendes iguales aunque todos poseían ciertas características en común como la nariz y las orejas largas, la piel de aspecto áspero y color claro y los ojos negros e inteligentes. Todos y cada uno de ellos vestía con traje a medida y muchos usaban gafas y lentes al observar con atención las gemas y monedas. Ninguno les prestó la más mínima atención mientras ellos andaban hasta el final del pasillo, donde una mesa con tres duendes los aguardaba para atenderlos.
- Buenos días – saludó Steve con educación. - Me llamo Steve McGarrett y me gustaría acceder a la bóveda de mi difunto padre John McGarrett.
El duende levantó la mirada de los papeles y lo estudió durante unos momentos antes de responderle.
- Vamos a necesitar una prueba oficial de su defunción, un documento identificativo y la llave de la bóveda antes de proceder – dijo el duende con expresión agria.
- Por supuesto, aquí tengo los documentos necesarios – respondió Steve con expresión serena e inexpresiva. - Y en cuanto a la identificación confío en que mi varita sea suficiente, está registrada en el departamento de magos golpeadores.
- Vamos a requerir de unos momentos para comprobar la veracidad de esos documentos – respondió el duende mientras a su señal se acercaba otro duende al que le pasó los documentos. - ¿Hay algo mas en lo que pueda servirlos, señores?
El tono de voz con el que el duende había pronunciado la ultima frase estaba lleno de veneno, Danny notó el especial énfasis que la criatura había puesto en la palabra "servirlos" y se preguntó de nuevo cual era la causa de ese odio entre duendes y magos.
- En realidad si, mi amigo desearía abrir una bóveda nueva – respondió Steve en tono cortante mientras le dirigía una mirada.
Ante eso Danny se adelantó, sonrió educadamente y le dedicó una pequeña inclinación con la cabeza al duende antes de empezar a hablar con toda la educación de que era capaz.
- Buenos días, mi nombre es Daniel Williams y como mi amigo ha comentado desearía abrir una cuenta nueva en su banco, si eso es posible.
El duende lo estudió fijamente con sus penetrantes ojos negros mientras Danny se esforzaba en mantener su posición corporal lo más casual posible.
- Nunca antes ha habido un Williams en nuestros registros – replicó el duende con aspereza.
- Así es – respondió Danny con tranquilidad. - Soy la primera persona en mi familia en requerir sus servicios, tengo antepasados muggles y hasta ahora he estado usando sus bancos - se explicó él. - Ruego disculpe mi desconocimiento de sus protocolos.
El duende lo siguió mirando fijamente con su expresión inmutable pero Danny estaba seguro de que había cierta relajación en la posición corporal de la criatura. Tal vez reconocer que no era exactamente un mago había ayudado. O quizá era algo que había dicho.
- Un recién llegado, entiendo – musitó éste. - ¿Desearía abrir una cuenta personal o familiar?
- ¿Cuál es la diferencia entre ellas? - preguntó él intentando mantener el tono civilizado.
- Con una bóveda individual sólo usted tendría acceso mientras que si se tratara de una cuenta familiar los miembros de su familia podrían tener el mismo acceso que usted, suponiendo que tuvieran la llave correcta, por supuesto – le explicó el duende.
- ¿Podría decidir que miembros de mi familia quiero que tengan acceso? - siguió preguntando él, pensando en Rachel y Stan. - Tengo una hija aun menor de edad y su madre actualmente tiene otra pareja, por supuesto mi hija tiene todo el derecho del mundo pero no me gustaría que mi ex-mujer y su marido tuvieran acceso a nuestra bóveda.
Una chispa de reconocimiento y comprensión pasó por los ojos del duende y Danny casi podía jurar que el duende estaba a punto de sonreír.
- Por supuesto, entiendo la situación perfectamente – le respondió. - En Gringotts nos enorgullecemos de preservar y proteger las pertenencias de nuestros clientes. Sólo aquellos que usted decida podrán tener acceso a su bóveda.
- Eso es perfecto – respondió Danny con una sonrisa. - Hay otra cuestión que me gustaría comentar, actualmente todo mi dinero es muggle, ¿supondría eso un problema?
- En absoluto, el dinero que desee ingresar será convertido a la moneda del mundo mágico y guardado en ese formato – le explicó el duende. - Sin embargo hay algo que debo advertirle, somos conscientes de que la economía muggle utiliza cuentas digitales y tarjetas de plástico asociadas a las cuentas de los clientes – el duende hizo una pausa y Danny asintió. - En nuestro mundo tal sistema no es viable, la única forma de pago es el efectivo.
- Vaya – musitó Danny. - Lo lamento pero no llevo mi dinero en efectivo en este momento.
- No hay ningún problema, le tomaremos los datos y le reservaremos una bóveda durante diez días – decidió el duende. - Si desea usarla tendrá ese plazo para hacer el primer ingreso en efectivo. Si tarda más tiempo va a tener que pagar una penalización.
- Estupendo, muchas gracias – le dijo Danny sonriendo e ignorando la ultima frase del duende.
- En ese caso mi asistente le tomará los datos – le dijo el duende señalando al duende a su derecha.
- Entendido, gracias de nuevo – insistió Danny, satisfecho con la conversación civilizada que acababa de tener con la que aparentemente era una de las razas más opuestas a los magos.
Finalizada la conversación saludó al siguiente duende y lo siguió a un despacho pequeño al cual se accedía por una puerta a la derecha de la mesa. Steve hizo el amago de seguirlo pero el duende le gruñó que no podía estar presente a no ser que fuera co-propietario de la bóveda. El mago se tensó ante eso y Danny tuvo que lanzarle una mirada de advertencia para impedir que éste actuara precipitadamente. Sinceramente no entendía porque tanta hostilidad, a él los duendes le habían parecido muy capaces y unos grandes profesionales.
El asistente, que se presentó como Bogroot, le preguntó infinidad de cosas, algunas lógicas como su nombre, edad y residencia, y otras extrañas como su comida favorita, su primera mascota, que pie tenia más grande o cual era su tipo de música favorita. Danny respondió a todas las preguntas y aguantó con paciencia que el duende le tomara algunas medidas físicas como su altura o el ancho de sus hombros con una cinta métrica que se movía sola. Se negó a aportar su sangre cuando el duende le ofreció esa opción como "adicional prueba de seguridad" y a cambio tuvo que aguantar muchas más preguntas sobre su vida personal y sus preferencias. Entendía que todas esas preguntas eran una forma de asegurarse que nadie se hacía pasar por él, sobretodo en un mundo donde la magia hacía maravillas, pero la idea de donar su sangre no le gustaba. Sabía por Hermione que muchos conjuros usaban partes del cuerpo como las uñas, piel muerta, pelos o sangre para controlar o maldecir a la gente y precisamente por eso no tenia ninguna intención de dejar su sangre en manos de nadie si lo podía evitar. Aunque eso le impidiera tener una bóveda de máxima seguridad. No era que la necesitara realmente, no era rico precisamente.
Cuando salió del despacho se encontró a Steve sentado en una silla en una posición rígida, los músculos en tensión, un saco pequeño en una mano y la otra sospechosamente cerca del bolsillo donde guardaba la varita. Los duendes a su alrededor lo miraban con expresiones agrias y enojadas en el rostro. Danny inspiró profundamente, armándose de paciencia antes de despedirse de Bogroot y dirigirse hacia su amigo. Éste se levantó al instante y hizo un paso hacia él. Danny lo agarró del brazo y lo empezó a arrastrar hacia la salida, saludando al duende que lo había atendido con una leve inclinación de cabeza. Ninguno dijo nada hasta que estuvieron a cierta distancia del banco, entonces Steve se giró hacia él y lo agarró de los brazos.
- ¿Estas bien Danny? - le preguntó. - Me olvidé de advertirte sobre los contratos de los duendes, no firmaste nada, ¿no?
- No, Steven, no he firmado ningún contrato, mágico o no – le respondió él poniendo los ojos en blanco. - Bogroot me informó de ello y me ofreció la opción de firmar un contrato de sangre pero la rechacé.
- ¿La rechazaste? - repitió el mago.
- Si, Steve, la rechacé. Aunque no te lo parezca no soy un completo inútil, Hermione me advirtió de la magia vinculante por sangre y no tengo ninguna intención de someter mi voluntad a nadie – le replicó él molesto con su actitud. - ¿Además que se supone que estabas haciendo con ese numerito? ¿Que ibas a hacer, liarte a hechizos con los duendes sólo porque no te habían dejado entrar conmigo?
- Los duendes no son de confianza, ya te lo he explicado – protestó él.
- Si no fueran de confianza no tendrían el peso de la economía mágica en sus manos – replicó él. - De hecho fueron perfectamente correctos conmigo cuando supieron que era muggle así que puede que sea solo con los magos con quien tienen problemas.
- ¿Correctos? - musitó Steve. - Danny, son duendes, no serían correctos ni si les fuera la vida en ello.
- Pues yo creo que esa actitud es precisamente la razón de vuestra enemistad – replicó él. - No puedes recibir respeto sin profesarlo antes.
- Lo que tu digas Danny – dijo al fin el mago, levantando las manos en señal de paz.
- ¿Pudiste acceder a tu bóveda? - le preguntó él para cambiar el tema.
- Si, tengo todo lo que necesito – le respondió el mago, agitando el saco que llevaba atado a la cintura.
- Vamos entonces a buscar a Mary – decidió él - Me muero de hambre.
- Danno, tu siempre tienes hambre – respondió el mago con una sonrisa.
Danny no contestó. Giró la cabeza para echar un ultimo vistazo al banco. Los guardias de la puerta seguían inmóviles, dos pequeñas figuras oscuras contrastando con la fachada blanca. Decidió que lo primero que haría cuando llegara a casa sería llamar a Hermione y preguntarle por esa especie, no entendía el por qué de tanta desconfianza pero conociendo a los magos tal vez era algo que había ido pasando de padres a hijos. Tal vez el ser un recién llegado le permitía ver las cosas con más imparcialidad.
O tal vez sólo tengo buena mano con las especies gruñonas y desconfiadas, pensó al mirar a Steve que aun tenía el cejo fruncido y los hombros tensos. No pudo evitar sonreír con un sentimiento peligrosamente parecido al afecto.
NA: Lamento mucho haber tardado tanto en actualizar esta vez, el trabajo me ha absorbido últimamente. Voy a intentar recuperar el ritmo anterior pero sea como sea la historia no ha terminado ni mucho menos.
Gracias a todos aquellos y aquellas que han leído hasta aquí. Espero que os guste este interludio.
