CASO 3: Amanda y Robin Reeves

- ¿Cómo ha dicho que se causó esta lesión?

El buen doctor siguió observando su radiografía antes de volverse hacia él, sin inmutarse por su semi-desnudez ni por el hecho de que Danny se había presentado en la consulta cojeando y sin una visita concertada en un viernes, cuando él sabia perfectamente lo difícil que era conseguir una consulta justo antes del fin de semana. Llevaba tiempo con dolor en la rodilla pero había insistido, tozudo como él sólo, hasta que esa mañana ésta le había dicho que hasta allí había llegado y se había visto obligado a ir al médico más próximo. El buen hombre sin embargo no parecía tener prisa puesto que se sentó en una silla en frente de él, dedicándole toda su atención.

- Bueno... – empezó él. - Originalmente fue jugando al béisbol en el instituto pero no me había molestado en mucho, mucho tiempo.

- No tenemos sus datos en nuestro sistema así que supongo que no es nacido en Inglaterra – inquirió el doctor.

- No, no, soy de Nueva Jersey – explicó Danny.

- Voy a necesitar su permiso para solicitar su historial médico entonces – comentó el buen hombre.

- Por supuesto, ningún problema.

El doctor se levantó y se dirigió a un archivador, buscando algo, probablemente la documentación necesaria para hacer la solicitud. Siguió hablando mientras buscaba.

- Dice que no le había molestado hasta ahora – prosiguió, soltando un leve "aja" antes de girarse hacia él de nuevo con unos papeles en las manos. - ¿Ha ocurrido algo traumatico recientemente que haya podido causar que el daño reapareciera?

Danny tuvo que morderse la lengua para no empezar a explicarle sus desventuras al buen hombre. ¿Que si había pasado algo traumatico en el último mes y medio? En una sola palabra: Steve.

- La verdad es que sí – asintió él, intentando controlar su tono de voz. - Tengo un nuevo compañero.

Supo al instante cómo había sonado esa frase cuando vio al doctor sonreír maliciosamente. Perfecto. Incluso un hombre de unos cincuenta años, un inteligente profesional de la medicina que lo acababa de conocer y que no había visto nunca a Steve, pensaba que el mago golpeador y él eran compañeros. Compañeros "compañeros". No del tipo profesional vamos.

- Me refería más a una lesión física – dijo el otro hombre con una sonrisa y las cejas levantadas.

Danny casi pone los ojos en blanco. ¿Por qué esas cosas sólo le pasaban a él?

- No, no, éste tío es literalmente como una lesión física, Doctor – protestó él pero al ver que la sonrisa permanecía en su lugar entendió que acababa de decir otra frase que podía ser malinterpretada. - Verá, diez minutos después de conocerlo me dispararon y salí volando por una ventana, literalmente.

La sonrisa desapareció y el doctor pareció darse cuenta por fin de a que tipo de compañero se refería. Por si acaso Danny decidió elaborar su explicación.

- Pocas horas después de eso conduce un coche por mitad de un bosque sin seguir ningún camino y cuesta arriba – siguió diciendo. - Sólo para acabar, no bromeo, sólo para acabar causando que un árbol cayera encima de éste y lo destrozara. Y si, yo iba en ese coche y estaba cerca cuando el árbol lo aplastó.

Técnicamente lo del árbol no fue directamente culpa de Steve y después de eso le dejó el vehículo como nuevo pero no podía precisamente entrar en los detalles mágicos de la situación. No con un médico muggle al menos. Podría contar muchas otras experiencias similares en el mes y medio que llevaba trabajando en el DAP pero por la cara del doctor no era necesario; ya se había hecho una idea de la situación.

- ¿Condujo un coche por en medio del bosque sin seguir ninguna senda? - preguntó sorprendido el hombre. - No me extraña que acabara chocando contra un árbol.

Danny tuvo que morderse la lengua para no corregir al otro hombre. No fue exactamente así como ocurrió pero suponía que era una buena deducción por su parte. No era como si el pobre hombre pudiera ser capaz de imaginarse la locura que era últimamente la vida de Danny.

- Si, exacto, es un animal sin control – asintió él. - Y tengo la sensación de que sólo está calentando y lo peor aun está por venir.

- Auch – musitó el doctor, dedicándole una mirada llena de compasión.

- Yeah – asintió él de nuevo. - Así que, ¿cómo lo soluciono?

- Cambiando de compañero – respondió al instante el buen hombre.

Ese comentario le arrancó una sonrisa muy a su pesar. El doctor tenia razón, esa sería probablemente la solución a la mayoría de sus problemas. Pero la realidad era que no tenia voz ni voto en ese aspecto y aunque la tuviese le gustaba trabajar en el DAP, a pesar de las locuras de Steve. Le encantaba ayudar a Kono con sus prácticas de tiro dos veces por semana, observando orgulloso como iba mejorando día a día. Le entusiasmaba ver a Chin tan animado y dedicado al trabajo, siempre el primero en llegar a las oficinas y siempre con una calma interna que no le había conocido hasta entonces. Incluso le gustaba la compañía de Steve cuando éste no estaba intentando que lo mataran, muy a su pesar le gustaba que el mago golpeador se tomara su tiempo en explicarle cada término y situación del Mundo Mágico que Danny desconocía. Y sobretodo le encantaba la sonrisa de Grace cada vez que podía contarle alguna cosa nueva sobre ese Mundo que ella tanto adoraba. Así que no, esa no era una opción.

- Me gustaría pero lamentablemente no va a ocurrir – respondió él devolviéndole la sonrisa.

- En ese caso… - empezó el doctor antes de sentarse y dirigirse de nuevo a la radiografía. - Tiene un ligero desgarro en el Ligamento Cruzado Anterior.

Justo entonces el teléfono de Danny empezó a sonar. Se giró para recuperarlo del bolsillo del pantalón mientras el otro hombre seguía hablando.

- Así que va a necesitar dejar descansar esa rodilla durante un par de semanas, hacer terapia física y le recetaré algunos anti-inflamatorios.

El rostro de Steve poniendo una de sus caras ocupaba la pantalla de su móvil mientras éste seguía sonando, sólo era la fotografía que Danny tenia asociada a su numero pero eso no evitó que se tensara y mirara de reojo al doctor. Mala idea mezclar al mago con algo tan rudimentario en su mundo como una visita al médico. Decidió no responder a la llamada hasta salir de la consulta así que pulsó el botón de colgar. Maldito el día en que Steve aprendió a utilizar el teléfono.

- ¿Puedo llevármelos puestos? ¿Por favor? - respondió, refiriéndose a los anti-inflamatorios e ignorando todo lo demás.

Diez minutos más tarde salía de la consulta, con la receta de los anti-inflamatorios en una mano, un bastón prestado en la otra y las orejas pitándole tras la bronca del doctor. Por supuesto justo entonces Steve lo llamó de nuevo. Decidió contestar antes de que el mago decidiera aparecerse allí en medio, varita en mano.

- ¿Que parte de "día libre" no entiendes? - le exhibió sólo contestar.

No recibió respuesta durante unos segundos, pero cuando Steve por fin habló Danny pudo notar la risa contenida en su tono de voz.

- Buenas días para ti también, Danno.

- ¿Días? Querrás decir "tardes" - le corrigió él casi sin pensar mientras se balanceaba hasta su coche.

- Lo que sea – recibió como respuesta. - Tenemos una urgencia, la Ministra de Magia ha solicitado una audiencia con nosotros y estará en las oficinas en media hora.

Danny suspiró. Abrió su coche y dejó el bastón y la prescripción médica dentro antes de entrar, intentando no golpearse la rodilla en el proceso. Sólo le faltaría eso para acabar de arreglar su día.

- ¿A los dos? - preguntó él. - Creí que tu eras su favorito.

- No voy a negarlo – contestó éste. - Pero somos compañeros así que lo que sea que me tiene que decir nos lo tendrá que decir a los dos.

Danny no pudo evitar sonreír ante eso. El mago golpeador era un inepto en cuanto a relaciones sociales se trataba pero a veces decía cosas sin pensar que realmente le llegaban adentro. Sabía que Steve apreciaba su amistad, él también lo hacía por supuesto, pero a veces le asustaba que el mago le diera tanta prioridad en su vida; no estaba seguro de merecerla. Se preguntó no por primera vez si Steve tenía más amigos a parte de él, Kono y Chin; amigos de verdad quería decir.

- Dame quince minutos y estaré allí – le respondió antes de colgar y arrancar el coche.

- ¿Que te ha pasado? - fue lo primero que le dijo Steve al verle entrar a las oficinas apoyado en su nuevo bastón.

- Oh, es tu culpa – le respondió al instante sin ninguna compasión. - Me desgarré mi Ligamento Cruzado Anterior en alguna de nuestras divertidas aventuras – le explicó antes de elaborar en tono sarcástico. - Y cuando digo aventuras en realidad quiero decir desventuras, de verdad que no había corrido antes tanto en mis treinta años de edad como lo he hecho en las últimas semanas, persiguiéndote por todo Londres.

- ¿Por qué no has ido a San Mungo? - le preguntó entonces el mago. - Probablemente te habrían curado la rodilla en un segundo.

- He ido al hospital a ver a un doctor de verdad – protestó él mientras entraba a su oficina con Steve pegado a sus talones. - Me ha recetado anti-inflamatorios, me ha prestado este magnifico bastón y me ha ordenado descansar la rodilla – prosiguió mientras sacaba los mencionados medicamentos de la bolsa y se dirigía a su pequeña cocina a por un vaso de agua. - Así que nada de persecuciones estúpidas hoy, ¿está claro?

- Eso es una tontería, si hubieras ido a un medimago a estas alturas estarías como nuevo – siguió argumentando el mago.

- O habría tenido una reacción extraña y desconocida a la magia del hechizo o poción en cuestión – insistió él. - Sabes perfectamente que la magia me afecta de forma diferente a veces y justo antes de una cita con la Ministra de Magia no es el mejor momento para tener una reacción alérgica.

Steve no contestó pero lo miró con el cejo fruncido, claras arrugas en su frente, los ojos entrecerrados y una mueca distorsionando su boca. Conocía esa cara.

- ¿Se puede saber porque tienes cara de Aneurisma ahora mismo? - le exigió, señalando la linea de su frente con un dedo. - ¿Está Mary bien?

- ¿De qué estas hablando? - protestó el mago golpeador. - No tengo cara de Aneurisma.

- ¿Es por Mary entonces? - insistió él, notando que Steve no lo había negado. - ¿Ella te ha causado esa expresión facial?

- ¿Cuantas veces en una discusión me puedes hacer la misma estúpida pregunta? - exclamó el mago, aun sin negar su afirmación.

- "Tienes que buscar lo comprensión de los demás antes de pretender ser comprendido" - recitó Danny sólo para proseguir ante la expresión confundida y atónita del mago. - Es uno de los siete principios para lograr el éxito en esta vida.

- ¿Sabes Danny? - lo interrumpió el moreno. - A veces te pagaría dinero en efectivo solo para que te callaras.

Dicho eso salió de la oficina de Danny con paso rápido y un gruñido. Pero la Cara de Aneurisma había desaparecido.

- De nada, compañero – le gritó él para ser escuchado desde la sala principal y sonrió al oír el nuevo gruñido del mago.

Una vez sólo acomodó sus cosas y se tomó su medicación, sentándose en el sofá con cautela y levantando su pierna lesionada para apoyarla en los cojines. Se entretuvo con el teléfono, mandándole un par de textos a Grace y a Rachel, advirtiendo a ésta última de que no estaba seguro de si podría recoger a su hija por la tarde tal y como habían acordado. Dependía del caso en realidad, realmente esperaba que pudieran resolverlo antes de que su fin de semana con Grace acabara. Justo entonces apareció la Ministra de Magia por el pasillo en frente de su oficina así que Danny se levantó para ir a saludarla.

- Caballeros, gracias por acudir tan rápido – los saludó.

Era la primera vez que Danny veía realmente a la mujer en carne y hueso puesto que las veces anteriores había sido siempre a través de la Red Flu. Se trataba de una mujer entrada en años pero que se conservaba bien, vestía de la forma tradicional de los magos pero de un amarillo pálido, rehuyendo de los colores llamativos usuales. Era esbelta, su pelo era castaño claro y tenia una expresión decidida en el rostro. Junto con sus movimientos rápidos y precisos Danny tuvo la impresión de que estaba ante una poderosa mujer. No sabía hasta que punto también era una poderosa bruja pero no quería averiguarlo.

- El cuerpo de una joven de dieciocho años ha sido encontrado flotando en el Támesis, justo en mitad de una popular ruta turística muggle.

- Disculpe pero, ¿eso no seria jurisdicción de la policía muggle? – preguntó Steve, expresando lo que ambos pensaban.

- No esta vez – respondió la bruja con expresión seria mientras negaba levemente con la cabeza. - Por favor síganme.

Dicho eso se dirigió a las escaleras que llevaban a los pisos inferiores donde aun había muchas salas vacías. Los condujo más allá de la enfermería, hacia una habitación en el fondo desde donde, curiosamente, les llegaba el sonido de un piano. ¿Qué diablos hacía un piano en su Departamento? ¿Y desde cuándo estaba allí?

- Creo que aun no han conocido al Doctor Bergman – musitó ella, deteniéndose frente a la puerta cerrada. - Max es un pensador táctil y tocar el piano le ayuda a pensar. Algunos dicen que está medio loco pero yo creo que es un genio – y dicho eso empujó las puertas y entró a la habitación sin esperarlos. - ¿Max?

Danny no sabia que se esperaba pero desde luego no era una sala de autopsias tan… normal. Si no fuera por los dos o tres cachivaches extraños y el piano en un rincón sería una sala de autopsias como cualquier otra en la que había estado jamas, y había estado en muchas. Incluso el pequeño hombre sentado frente al piano, tocando con una mano mientras con la otra les hacia un gesto para que esperaran, vestía completamente normal, con ropa muggle y la bata blanca que tanto técnicos como médicos lucían en todos los laboratorios del mundo. La Ministra se detuvo a esperar con paciencia y ante la sutil mirada que él y Steve intercambiaron, sorprendidos, se giró hacía ellos de nuevo.

- Créanme cuando les digo que es un genio.

Sin decir nada los tres esperaron a que el otro hombre acabara de tocar su instrumento, una difícil y elaborada pieza a dos manos de nuevo. Cuando terminó con un exagerado gesto se levantó y sin siquiera mirarlos se dirigió hacia el cuerpo cubierto que descansaba en una mesa de operaciones en la pequeña sala contigua con paredes de cristal, murmurando algo incomprensible al pasar por su lado. Se trataba de un hombre joven bastante bajo de rasgos asiáticos, manos pequeñas, gafas redondeadas y paso acelerado.

- ¿Que es lo que ha dicho? - musitó Steve a su lado.

Le alegraba saber que no era el único que no había entendido ni una palabra de lo que el otro hombre había dicho.

- ¡Encantado de conocerte a ti también! - le soltó, incapaz de contenerse mientras los tres lo seguían.

Una vez al lado del cuerpo, el Doctor Bergman se puso unos guantes blancos estériles y empezó a hablar.

- La victima muestra síntomas de edema pulmonar, hemorragia pretequial, y espuma en las vías respiratorias – empezó a decir el Doctor con la mirada fija en el cadáver. - La causa de la muerte es definitivamente ahogamiento.

Dicho eso destapó parcialmente el cadáver. Era una chica joven, casi una niña. Tenia el pelo largo y rubio, la piel amarillenta y los labios morados. A su lado la Ministra de Magia inspiró bruscamente, Danny se giró a verla y se sorprendió al ver su expresión triste y dolorida. Conocía a la víctima entonces, eso explicaba por qué los había avisado a ellos en vez de dejar el caso en manos de la policía.

- ¿Significa eso que no estamos tratando con un homicidio? - preguntó ésta con un hilo de voz y desviando la mirada del cuerpo, ocultando parcialmente su rostro bajo la sombra de su sombrero.

- No. No significa que no estemos tratando con un homicidio – respondió automáticamente el Doctor Bergman con voz impasible.

Entonces el Doctor suspiró y su expresión neutral se tornó en una mueca, como si se hubiera dado cuenta de la brusquedad de su tono de voz.

- Oh, lo siento – se excusó, lo que Danny encontró acertado, sólo hasta que el doctor empezó a hablar de nuevo. - Eso era una frase con dos negaciones, mis disculpas. Lo que quería decir es que todavía puede que se trate de un homicidio.

Danny se quedó con la boca abierta por unos momentos. Y él que pensaba que a Steve se le daban mal las interacciones sociales. El Doctor Bergman estaba en otro nivel, ni siquiera parecía consciente del tono de voz cortante que estaba usando ni de la brusquedad con la que se estaba refiriendo a la que hasta no hacía mucho era una joven chica, probablemente llena de vida y sueños. El doctor siguió hablando mientras descubría aun más el cadáver, dejando ver las marcas de la autopsia en el pecho y magulladuras en las muñecas. Esa vez fueron tanto la Ministra como Steve quienes soltaron un sonido de sorpresa que por supuesto fue ignorado por el inconsciente doctor.

- ¿Ven esas contusiones lineales en sus muñecas? - les preguntó de forma retórica. - Son Pre-mortem.

- Marcas de ligaduras, lo que significa que estuvo atada antes de morir – añadió él.

No era la primera vez que Danny veía ese tipo de marcas ya que era tristemente usual que las victimas de un homicidio sufrieran de ligaduras antes de ser asesinados pero siempre era duro. Sobretodo cuando se trataba de una chica sólo algunos años mayor que Grace. Por la expresión de shock de la Ministra y Steve dedujo que no estaban tan habituados como él, lo que tenia sentido, ¿para que molestarse con cuerdas cuando puedes paralizar a alguien con el Petrificus Totalus?

- Exactamente – respondió el asiático. - También tiene heridas defensivas.

- De forma que ella intentó pelear – dijo Steve con voz triste.

Entonces el doctor levantó la mirada del cadáver por primera vez y los miró uno a uno con expresión sorprendida.

- Si, exacto – miró a Danny de nuevo, fijando su atención en su ropa, concretamente en su corbata. - Por cierto: ¡Hola! Soy Max Bergman.

El tono de voz alegre y sorprendido que el doctor Bergman usó para dirigirse a él lo pilló desprevenido. Notó que el buen doctor era más joven de lo que le había parecido en un principio y llevaba camisa y corbata debajo de la bata blanca. Danny no pudo evitar sonreír un momento, feliz de conocer a alguien con sensatez en el Mundo Mágico. O al menos en lo que al apropiado vestuario se refería. Porque estaba claro que al chico le faltaba uno o dos tornillos si decidía presentarse cuando ya llevaban diez minutos en la sala y después del discurso que les había soltado.

- Hola Max – le respondió, decidiendo saltarse las formalidades.

- Esto… - oyó a Steve decir a su lado con voz aturdida. - Hola Max.

Esa situación era surrealista. Decidió centrarse en el caso así que lo primero era ponerle un nombre a la víctima. Se giró hacia la Ministra de Magia puesto que estaba claro de que ella la conocía.

- Ministra, ¿tenemos una identificación de la victima? - le preguntó con toda la suavidad que pudo.

La mujer estaba apoyada con las dos manos en una mesa, con la mirada fija en el suelo y mucho más pálida que cuando llegó. La vio inspirar profundamente antes de levantar los ojos y fijarlos en él con determinación.

- Su nombre es Amanda Reeves – dijo con voz temblorosa. - Su padre es Michael Reeves y es uno de los miembros más destacados del Wizengamot. Y un viejo amigo. - prosiguió, su voz adquiriendo fuerza a medida que hablaba. - Es precisamente por eso que le prometí que pondría a mis dos mejores hombres a trabajar en el caso.

Eso explicaba de donde conocía a la chica y por qué estaba tan afectada. Por un momento Danny se enfureció. Todas las victimas tenían familiares y amigos que lamentaban sus pérdidas pero no por ello recibían un trato especial ni les adjudicaban un equipo "de élite" para resolver su caso. Estaba claro que los políticos movían sus hilos en el Mundo Mágico tanto como lo hacían los de su mundo. Desvió la mirada y la depositó en Amanda. Cubrió totalmente su cuerpo de nuevo sin decir nada, la pobre chica no tenia la culpa y desde luego que no se merecía lo que le habían hecho.

- De acuerdo – musitó Steve, retomando la conversación. - ¿Dónde estuvo Amanda anoche?

- Por lo que sus padres me han dicho las chicas fueron a ver una película en un cinema muggle, pero no llegaron a casa – respondió ella.

- ¿Una película? - repitió el mago mientras le lanzaba una mirada furtiva a él, lo que le hizo recordar que Steve aun no sabia lo que era una película.

- Al parecer querían experimentar lo que los muggles de su edad solían hacer en su tiempo libre y ir al cinema era lo primero de la lista – explicó la bruja.

- ¿Qué había después de la película en esa lista? - intervino él, notando la confusión en su compañero y tomando nota de que tenía que llevarlo a dar una vuelta por su mundo algún día. - ¿Y ademas a dicho "chicas"? O sea, ¿más de una?

- ¡Oh! Lo siento – exclamó la mujer antes de meter una mano entre los pliegues de su túnica y sacar una foto que le entregó a Steve. - La hermana de Amanda, Robin, todavía está desaparecida. La policía muggle está rastreando el río desde esta mañana pero no hay signos de ella.

Steve le pasó la fotografía. Era una foto familiar, en movimiento como todas las mágicas, y se podía ver a una pareja con dos chicas rubias, los cuatro sonriendo a la cámara y bromeando entre ellos. Una de las chicas era Amanda y dolía verla tan sonriente y alegre en esa imagen después de haber visto su cadáver frio e inmóvil. Fijó su atención en la otra chica, con un poco de suerte aun estaba viva.

- Así que puede que Robin Reeves aun esté viva – dijo Steve a su lado y por un segundo se pregunto si la legilimancia no sería un don que el mago compartía con su hermana.

- Eso esperamos todos – respondió la bruja con voz apenada. - Me gustaría que me acompañaran a ver a los padres de las chicas.

- Por supuesto, es nuestro próximo paso – asintió Danny. - Necesitamos primero unos minutos para avisar al resto de nuestro equipo de la situación, así podemos empezar a investigar, el tiempo es crucial en casos de secuestro.

- Entendido – respondió la bruja antes de sacar la varita y con un gesto y unas palabras murmuradas hizo aparecer un papel. - La casa de los Reeves se encuentra bajo un Fidelius, ésta es la dirección.

Steve asintió mientras doblaba el papel sin siquiera mirarlo y se lo guardaba bajo la túnica. Fidelius. Si su memoria no le fallaba el Fidelius era un tipo de hechizo de encubrimiento o una barrera protectora, algo por el estilo. Había oído hablar de ello en su segundo caso con Steve pero nunca había visto sus efectos, no sabia que diferencia habría con un hechizo de encubrimiento normal.

Tras una breve despedida la Ministra salió del laboratorio y sólo quedaron ellos dos y Max en la sala contigua, tocando el piano de nuevo. Steve se giró hacía él con expresión confundida mientras ambos salían de la sala.

- ¡¿Qué diablos es el cinema?!

Danny no pudo evitar soltar una risotada ante esa estúpida pregunta, siempre se olvidaba de lo ignorante que era Steve en los aspectos más cotidianos de la vida fuera de su burbuja mágica.

- Una sala de proyección, sala de cinema, o simplemente cine es un espacio acondicionado para la exhibición de películas, compuesto por lo general de una pantalla de proyección y un patio de butacas – respondió Max, levantándose de la silla y dirigiéndose hacia ellos nuevamente. - Es una de las aficiones más importantes del mundo muggle y representa un gran porcentaje de la economía en el sector del ocio.

Danny se sorprendió por esa descripción tan elaborada, parecía sacada de una enciclopedia. Aunque teniendo en cuenta la forma en la que el doctor había descrito la situación de su víctima tal vez no debería sorprenderle.

- ¿Has ido alguna vez al cine, Max? - le preguntó, realmente curioso por ese mago que vestía como un muggle y conocía detalles de su mundo.

- Voy con frecuencia – asintió él con una leve sonrisa. - ¿Es usted aficionado al cinema, Detective?

- No realmente, hace varios meses que no voy – confesó él. - Y normalmente sólo voy a ver películas de animación, tengo una hija que adora Disney así que es lo que hay.

- ¡Oh! - exclamó Max. - Entonces debería llevarla a ver la adaptación de la Bella y la Bestia, está muy lograda y la actriz que hace el papel de Bella tiene mucho talento.

- Lo tendré en cuenta – sonrió él. - Me alegro de conocerte Max, es agradable conocer a alguien del Mundo Mágico que sepa de lo que estoy hablando cuando menciono palabras como "película" o "cine" - dijo él, señalando con la cabeza a Steve.

- ¡Eh! - protestó éste.

- También es un alivio para mi Detective, no es fácil vivir entre los dos mundos – le respondió éste con expresión entre triste y avergonzada.

- Deberíamos ir a tomar algo algún día y les mostramos a estos ignorantes lo que es la cerveza de verdad – replicó él, riendo ante la expresión de fastidio de Steve.

- Tu tranquilo, haz como si yo no estuviera aquí – gruñó éste.

- Me encantaría – le sonrió ampliamente Max. - Encantado de conocerlo Detective Williams.

- Llámame Danny – le dijo él mientras estrechaba la mano del mago.

Casi esperaba sentir una corriente de electricidad recorrer su brazo al contacto con la piel del mago, tal y como le había pasado con Kono, pero no sintió nada de nada. No era tan extraño, no todos los magos poseían una magia que él pudiera percibir.

Se despidieron de Max y salieron del laboratorio, dirigiéndose al ascensor. Danny en seguida notó las miradas furtivas que Steve le iba lanzando cada dos segundos, al final explotó.

- ¿Y ahora qué es lo que te pasa? - le preguntó, exasperado. - ¿Tengo algo en el rostro o que?

- ¿Qué? ¡No! Claro que no, por que ibas a tener… - empezó a protestar el mago pero se detuvo a sí mismo. - Eso era otra expresión muggle, ¿verdad?

- Más o menos – confesó Danny. - Pero no te desvíes del tema, ¿cuál es tu problema ahora?

- No es nada – contestó al instante Steve. - Es sólo…

- ¿Sólo que? - insistió él, entrando al ascensor y pulsando el botón de las oficinas.

- Que no se como lo haces – dijo por fin el mago. - Toda esa conversación con Max… en un instante habéis pasado de ser completos desconocidos a hacer planes para quedar en el futuro próximo – elaboró Steve. - Pareciera que todo aquel que te conoce quiera ser tu amigo, no entiendo como lo haces.

- En primer lugar eso no es cierto, conozco a muchos delincuentes que no me tienen en alta estima precisamente – protestó él.

- Circunstancias atenuantes – lo interrumpió el mago. - Me refería a la gente normal.

- En segundo lugar... - continuó Danny ignorando el último comentario. - En segundo lugar hay algo llamado "conversación civilizada". Deberías probarlo algún día, realmente hace milagros.

- Danny, la última vez que te acompañé a Gringotts los duendes te saludaron por tu nombre de pila – protestó éste mientras salían del ascensor. - Eso no se consigue con "conversaciones civilizadas" - gruñó el mago antes de detenerse y agarrarlo del brazo, entrecerrando los ojos. - No tendrás sangre veela, ¿verdad?

- ¿Que es… ? Sabes que, no quiero saberlo. Y no, no tengo eso, sea lo que sea – dijo él sacudiéndose la mano de Steve del brazo con un gesto mientras empezaba a andar de nuevo. - Sólo soy educado.

- Uno de ellos te preguntó como estaba Grace – respondió Steve con voz escéptica.

- Ese fue Boogrot, el cual adora a Grace desde la primera vez que la llevé al banco – explicó Danny, quitándole importancia. - Esos vagones que utilizan los duendes son terroríficos pero al parecer mi hija es una temeraria puesto que le encantaron – confesó él con un suspiro. - Y por supuesto se ganó a Boogrot con sus mil y una preguntas sobre el lugar y los propios duendes.

- No puedo creer que incluso los duendes de Gringotts conozcan a Grace cuando a nosotros aun no nos la has presentado – protestó el mago enfurruñado.

- No es que no quiera, es que no ha surgido la ocasión – se defendió él.

Justo entonces llegaron a la sala principal de sus oficinas, donde se encontraban Kono y Chin, cada uno con una taza de café en las manos, y sonriéndoles con idénticas expresiones divertidas y un poco exasperadas. Danny decidió ignorarlos y centrarse en la desaparecida Robin. Unos minutos después, y tras una breve explicación del nuevo caso, decidieron que Kono permanecería en las oficinas por el momento, empezando a buscar toda la información posible referente a la familia Reeves y posibles sospechosos, mientras que Chin los acompañaría a visitar a los padres. Steve le pasó el papel con la dirección de la casa a Chin y éste le echó un breve vistazo antes de usar la Red Flu para llegar hasta el lugar. Steve en cambio le robó las llaves, de nuevo, y lo empujó hacia la salida.

- Vamos Danny – le dijo.

- ¿Por qué no me dices la dirección y nos vemos allí? - le preguntó, exasperado.

- La casa esta bajo un Fidelius, Danny, no serías capaz de encontrarla aunque te dijera la dirección exacta – respondió éste.

- ¿Pero tu sí? - protestó él poniendo los ojos en blanco. - ¿Qué te hace tan especial?

- Ésto – respondió él, mostrándole el papel doblado.

- ¿Un trozo de papel? - preguntó él con sarcasmo.

- No es sólo un trozo de papel, es la ubicación de la casa, escrito por él o la Guardián de su ubicación – le explicó él.

- Vale, me he perdido – confesó él mientras salían a los terrenos del Palacio y se acercaban al coche aparcado. - ¿Qué es un "Guardián"?

- El Fidelius es uno de los mejores hechizos de ocultamiento y se basa en depositar el conocimiento de ese lugar en una persona, el Guardián – explicó el mago, parando mientras entraban al coche y siguiendo una vez el motor ya estaba encendido. - El Guardián es la única persona que sabe que ese lugar existe y es el único capaz de verlo y entrar allí. De la misma forma solo ésta persona puede informar a otra de la existencia de ese lugar.

- ¿O sea que es como un guarda-secretos? - preguntó él, intentando hacerse una idea en su mente.

- Exacto, esa persona decide a quien le informa de la existencia de ese lugar así que tiene que ser alguien de la máxima confianza puesto que todo aquel al que el Guardián informe podrá ver y entrar en el lugar protegido con el hechizo.

- Por eso le diste el papel a Chin en vez de decirle la dirección directamente – dedujo él.

- Si, si le hubiera dicho la dirección, Chin habría llegado al lugar pero habría sido incapaz de ver la casa y menos aun de entrar.

- Entonces, ¿por qué no me dejas ver el papel a mi también? - protestó él. - ¿Cómo voy a entrar en el lugar si no lo haces?

- Te lo voy a enseñar una vez estemos allí – explicó Steve. - Es realmente difícil de explicar el efecto del Fidelius y quiero que lo veas con tus propios ojos. Además con tu habilidad seria una buena forma de saber si eres capaz de ver a través de ese hechizo..

Tenia sentido, tenia demasiado sentido para seguir protestando. Nadie sabia exactamente hasta dónde llegaba la percepción mágica de Danny ni si podía ser controlada. Hasta el momento siempre había sido un acto inconsciente, como una capa adicional en su visión y el ocasional escalofrío o reacción de su cuerpo a algo que nadie mas podía percibir. Pero tras su primer incidente con los Dementores fue capaz de identificar su presencia con más facilidad la segunda vez que se topó con ellos y ahora que sabía que era lo que estaba viendo empezaba a asociar colores y formas a hechizos en concreto. Los hechizos de protección y las barreras por ejemplo normalmente lucían como cúpulas o semi-cúpulas de color amarillo mientras que los hechizos de camuflaje eran como una neblina o un cristal empañado, una perturbación en el aire que hacía que las distancias parecieran inconstantes. Por supuesto había hechizos que combinaban los dos elementos. Se preguntó si sería capaz de ver el Fidelius y cómo sería.

No podía verlo. No debería de ser frustrante el no poder ver un hechizo que nadie más veía pero lo era. Danny suspiró. Tal vez empezaba a creerse demasiado importante, él o su habilidad. Estaba claro que tenia sus limitaciones, como todo el mundo.

- Descríbeme que ves, Danny – le repitió Steve por enésima vez.

- Por última vez, no veo nada raro Steven – gruñó él en respuesta, enojado sin verdadera razón. - Sólo un par de casas enormes con un jardín de césped verde, y sin duda más mimado que un coche, limitado por una verja metálica.

- ¿Que número tienen en la puerta? - insistió el mago.

Danny se acercó un poco más, entrecerrando los ojos para ver los números metálicos puestos en vertical al lado de las puertas automáticas.

- El ciento-doce el de la izquierda, y ciento-catorce el de la derecha – respondió él con seguridad.

- ¿No te parece extraño que se salten un número? - le preguntó de nuevo el mago con una sonrisa burlona.

- En realidad no – respondió él y prosiguió al ver la cara de sorpresa del moreno. - El trece es considerado un número de mala suerte y mucha gente supersticiosa decide evitarlo.

El mago se lo quedó mirando en silencio por unos momentos con expresión seria. Lo observaba con los ojos entrecerrados y la cabeza levemente inclinada hacia un lado, como si estuviera intentando ver a través de él.

- Me tomas el pelo, ¿verdad? - le preguntó al final.

- No, estoy hablando muy en serio – respondió Danny encogiéndose de hombros. - Yo no creo en esas cosas pero hay gente muy supersticiosa por el mundo. Tuve una novia en el instituto que evitaba las escaleras y los gatos negros como si fueran una condena de muerte.

El mago golpeador siguió mirándolo por unos momentos con la boca abierta antes de echarse a reír. Danny no pudo evitar sonreír al verlo y fingir cara de enojo.

- ¡Vamos! ¡Seguro que en tu mundo también hay gente así!

- Si, los hay, pero los magos supersticiosos normalmente creen en la existencia de animales mágicos imaginarios o en los poderes curativos de ciertos venenos que, obviamente, no están demostrados – respondió Steve entre risotadas. - ¿Pero de un número? ¡Y encima el trece! Si fuera el siete aun tendría cierto sentido.

- ¿El siete? - preguntó Danny, curioso. - ¿Por qué el siete?

- Es un número recurrente en muchos rituales y en la elaboración de ciertas pociones – le explicó Steve. - Está considerado como un número de gran poder mágico pero no por él en sí mismo si no por su utilización. Un siete de metal colgado en frente de una puerta no significa nada.

- En realidad creo que viene por lo de la última cena de Jesucristo, ya sabes, se suponía que en la última cena tenían que ser doce pero al asistir Judas como el decimotercero y traicionarlos ese numero está asociado a la mala suerte – decidió elaborar Danny, sintiéndose responsable de defender sus tradiciones muggles. - En otros sitios viene de cuando los Templarios fueron masacrados, precisamente un viernes trece de Octubre, creo. En esos lugares los Viernes que son Trece son considerados días de mala suerte.

- O sea que no es del todo ilogico entonces – reflexionó Steve.

- Se podría decir que la gente asoció ese numero a malas situaciones y de allí el miedo les hizo pasar la superstición a sus descendientes – respondió él encogiéndose de hombros de nuevo. - Tal y como te he dicho, son sólo supersticiones pero hay muchos edificios que no tienen piso trece por ejemplo o calles donde se saltan el número.

Y diciendo eso señaló de nuevo a las dos casas que tenían en frente, intentando poner un ejemplo. Aunque por supuesto teniendo en cuenta que se suponía que se encontraban en frente de una casa mágica invisible era posible que ese no fuera precisamente el mejor.

- No es lo que ocurre en este caso – comentó Steve antes de sacar el familiar papel de entre los pliegues de su túnica. - ¿Estás listo?

- No – respondió él con una sonrisa. - Pero nunca lo estoy en tu mundo.

Y dicho eso cogió el papel y lo acercó a sus ojos. En letra curvada y elegante ponía:

"La Mansión Reeves se encuentra en el numero 113 de la Avenida Courtenay, en Londres, Reino Unido"

Al instante de acabar de leer esa frase Danny notó movimiento en frente de él y al levantar los ojos vio incrédulo como las dos casas que un segundo antes eran contiguas empezaban a separarse. Observó atónito como una nueva casa, una mansión realmente, aparecía de la nada, con sus luces encendidas, gente moviéndose en su interior, el jardín tan pulcro y cuidado como el de sus vecinos y una verja metálica surgiendo del suelo con un ruido sordo hasta englobar todo el terreno. En menos de un minuto tenia una mansión con el numero 113 al lado de la puerta, de un estilo un poco más antiguo que sus vecinos pero bien visible.

- ¿Como…? - farfulló Danny, con la mente completamente en blanco.

- ¿La ves ahora? - le preguntó de nuevo el mago con una amplia sonrisa.

- ¡Ha salido de la nada! - exclamó él, imitando el movimiento de la verja al aparecer con sus manos inconscientemente. - ¡Antes no estaba allí!

- Al contrario, siempre ha estado allí pero hasta ahora eras incapaz de verla – rebatió Steve.

- ¿Me estas diciendo que tu la veías desde el principio? - le preguntó al mago.

- Si, pero sólo porque ya me había leído la dirección escrita por el Guardián del lugar – explicó él mientras sacaba la varita y con un simple giro de muñeca prendía fuego al papel. - ¿Entiendes ahora lo importante y peligroso que es ser el Guardián de un Fidelius?

Danny asintió atónito, incapaz de desviar los ojos de la recién aparecida mansión. Parecía real pero hasta que no estuviera en ella no lo creería. Steve tenia razón, era imposible describir el efecto de un Fidelius sin verlo en primera persona. Y además estaba claro que su habilidad no le permitía ver a través de ese hechizo.

- Vamos Danny – lo llamó Steve desde la puerta abierta, sacándolo de su ensoñación. - No tenemos tiempo que perder.

Danny asintió y lo siguió, tocando la verja al pasar. Era solida y fría, como se suponía que debía ser, era real entonces, no un hechizo.

- Bueno, ahora sabemos que no puedo ver a través de un Fidelius – musitó él para si mismo.

- No te sientas mal por ello Danny – le respondió el mago. - En cierta forma es consolador saber que eres igual que cualquier otro mago en esto, estaba empezando a sentirme inferior.

Danny puso los ojos en blanco, notando al instante la burla en el tono de voz del moreno. Le lanzo un puñetazo amistoso en el brazo mientras lo mandaba a callar. Cruzaron el amplio jardín, con Danny mirando a su alrededor, intentando convencerse a sí mismo de que eso era real y no una alucinación. Fue entonces cuando un horrible pensamiento cruzó su mente.

- Oye Steve – lo llamó. - Hay muchos pisos y casas sin el numero trece en mi mundo, ¿crees que es posible que todos ellos sean lugares protegidos bajo un Fidelius?

- Pues no tengo ni idea – respondió el mago. - Pero el Ministerio de Magia podría estar usando esa superstición que contaste para ocultar pisos protegidos. Vaya, incluso un muggle podría notar la discordancia entre los números de los pisos pero si hay una razón detrás, aunque sea sólo una superstición…

- No levantaría sospechas – concluyó Danny, tenía sentido, tenía demasiado sentido. - Eso significa que el Ministerio de Magia está promulgando y manteniendo esta superstición.

- Sólo es una teoría – protestó Steve. - Pero si, realmente me parece viable. Nunca se me había ocurrido pensar en ello.

- Perfecto, simplemente maravilloso – gruñó Danny molesto.

Si los dirigentes del Mundo Mágico tenían influencia en esa superstición y la usaban en su beneficio, ¿que otros aspectos de su mundo estaban siendo manipulados por los magos sin que nadie lo supiera? ¿Hasta que punto eran realmente mundos aislados? Danny no era alguien que creyera en teorías de conspiración gubernamental pero incluso él se asustaba con las posibilidades. Decidió no pensar en ello y centrarse en el caso, tenían a una adolescente que encontrar y a unos asesinos que encerrar.

- De acuerdo – empezó. - ¿Que es lo que sabemos de los Reeves?

- La familia Reeves es una de las más influyentes en el Mundo Mágico Británico hoy en día pero son bastante nuevos – le explicó Steve. - Provenientes de América se establecieron aquí poco después de la Segunda Guerra Mágica y en poco tiempo se habían integrado en los círculos más selectos.

- No hay nada como tener dinero – musitó Danny. - ¿A que se dedican?

- Son lo que en las altas esferas es denominado "simpatizantes de los muggles" - prosiguió Steve mientras llamaba al timbre de la puerta principal. - Michael Reeves trabaja como embajador del Reino Unido en el extranjero a parte de ser miembro del Wizengamot y su mujer es fundadora de varias asociaciones dedicadas a ayudar y orientar a familias muggles de niños magos que recién han descubierto su condición.

- La generosidad de quien nunca ha carecido de nada – gruñó Danny, guardando silencio mientras una criatura pequeña de orejas y nariz puntiagudas, vestida solo con un trapo de cocina anudado en su hombro, abría la puerta y les pedía que esperaran en una sala contigua antes de desaparecer con un chasquido. - ¿Que era eso?

- Un elfo domestico – respondió Steve, quitándole importancia con un gesto. - Son sirvientes en la mayoría de familias adineradas.

- ¿Eso que llevaba puesto era un trapo? - insistió Danny, frunciendo el cejo.

- Los elfos domésticos no pueden aceptar ni lucir ropa alguna – le contestó el mago. - Para ellos es como una carta de despido, los elfos nacen y viven para servir a una familia y darles ropa implica que ya no son necesarios en ésta. Para ellos es casi una sentencia de muerte.

- O sea que son esclavos – dedujo Danny.

- No, no lo son – protestó Steve. - Ellos quieren servir a una familia, o al menos la mayoría de ellos - insistió el mago. - Es un tema complicado, deberías hablarlo con la señora Weasley, ella impulsó muchas de las leyes para prevenir el abuso y maltrato de los elfos domésticos.

Hermione de nuevo, no era la primera vez que oía de sus ideas revolucionarias. Tal vez el nacer y crecer en el mundo muggle, como ellos dos, proporcionaba una visión diferente del mundo mágico y sus defectos que era difícil de ver para aquellos nacidos en éste. O tal vez sólo se trataba de Hermione y su enorme corazón.

- De acuerdo, me lo apunto justo debajo de preguntarle sobre los duendes y su relación conflictiva con los magos – sentenció Danny, cortando a Steve con un gesto cuando vio que intentaba protestar. - Volviendo al caso, ¿que hace exactamente un miembro del Wizengamot?

- El Wizengamot es nuestro sistema judicial, Danno – le explicó el mago con una sonrisa. - Son quienes aceptan o refutan las nuevas leyes propuestas, son los jueces en los juicios y en caso de emergencia tienen poder sobre todo el Ministerio de Magia.

O sea que no solo eran ricos si no que además ocupaban una posición de poder en el Mundo Mágico, eso ampliaba aun más la lista de posibles secuestradores. En ese preciso momento el elfo domestico apareció de nuevo y les pidió que lo acompañaran. Lo siguieron hasta una sala de estar con grandes ventanales donde se encontraba la Primera Ministra sentada en un sillón en frente de una pareja. El elfo doméstico hizo una reverencia antes de desaparecer de nuevo. Danny se estremeció pero no supo si era por la explosión momentánea de magia producida por el elfo o por la repulsión hacia esa clase de servidumbre. Steve podía decir lo que quisiera pero a él eso le parecía esclavitud.

La Ministra los presentó a la pareja y tras algunas formalidades y el pésame por la muerte de Amanda, Danny y el mago golpeador se sentaron en el sofá contiguo a la pareja y empezaron con sus preguntas.

- Tengo entendido que la noche que las chicas desaparecieron habían ido al cine, ¿es eso cierto? - preguntó Danny intentando usar su tono de voz más suave.

- Si, así es – respondió la mujer con voz entrecortada. - Siempre habían querido ir, habían oído hablar de ello a sus amigos pero nunca habían ido.

- Esos amigos de donde los conocían – preguntó Steve entonces.

- Eran amigos de la escuela, de Hogwarts, chicos y chicas nacidos en familias muggles – volvió a responder la mujer. - Son amigos casi desde el primer año y sus padres fueron algunos de los primeros en pertenecer a mi asociación.

- ¿Fueron esos amigos con las chicas al cine? - fue el turno de Danny.

- No, no, fueron solas – respondió el hombre esa vez. - Insistieron en ello de hecho, decían que querían aprender a moverse por el mundo muggle por sí mismas.

- ¿Tiene alguna idea de que motivó esa decisión? - pregunto el mago golpeador.

- Siempre hemos intentado alentar a las chicas a tener la mente abierta y a juzgar a las personas por sus hechos y no por su familia ni si por si poseen o no magia – insistió el hombre, Michael. - No queríamos que crecieran en un ambiente muggleofobo como nosotros.

- Eso es muy loable por su parte – reconoció Danny con sinceridad.

- No ha sido fácil, sobretodo siendo los dos hijos de familias mágicas y casi sin experiencia en el mundo muggle – respondió la mujer con una leve sonrisa. - Ambos nacimos en familias de filosofía sangre pura y no queríamos eso para nuestras hijas pero es difícil enseñar algo que desconoces – confesó con voz cortada. - Los amigos de las chicas han sido una fuente de conocimiento para toda la familia y siempre les estaremos agradecidos por ello.

- ¿Las chicas aun vivían con ustedes? - preguntó entonces Steve.

- Si, mantener a la familia unida y segura siempre ha sido muy importante para nosotros – respondió el hombre, mientras le pasaba una taza de té que acababa de aparecer en la mesa a su mujer. - Y ésta ha sido la casa de nuestra familia durante generaciones, hay pocos lugares más seguros que aquí.

- ¿Tuvieron en cuenta esa seguridad anoche? - preguntó Danny, sabiendo de antemano la respuesta.

- No lo creímos necesario – confesó Michael. - Nuestros rostros son conocidos en el Mundo Mágico pero en el Mundo Muggle no lo son. Por supuesto las chicas llevaban sus varitas con ellas, por lo que no imaginamos que pudiera ocurrir algo como ésto.

- Solo iban al cine – musitó su mujer con ojos llenos de lagrimas. - Miles de personas van al cine cada fin de semana y vuelven a casa sin ningún problema.

- No te culpes – interrumpió la Primera Ministra por primera vez mientras le aferraba la mano a la otra mujer. - Vamos a encontrar a Robin, ¿entendido? Lo haremos, te lo prometo.

Danny intercambió una mirada fugaz con Steve. Las promesas de ese tipo eran una mala idea en su trabajo y por la expresión disgustada del mago él también era consciente de ello. Eso no quería decir que no fueran a hacer todo lo posible por encontrar a Robin, por supuesto, pero ni siquiera sabían si se trataba de un secuestro o de un asesinato sin el cuerpo encontrado aun. No podían prometer que la encontrarían porque dar esperanzas a los padres sólo para romper esa promesa después era lo peor que podían hacer. Y que la Ministra prometiera eso cuando quienes iban a investigar el caso eran ellos le parecía bastante hipócrita.

- Es posible que sus hijas fueran un objetivo porque usted es embajador – dijo Steve, dirigiéndose al señor Reeves mientras empezaba a pasear por el lugar - ¿Hizo algún enemigo en sus viajes al extranjero?

- He viajado a muchos países, Golpeador – respondió éste. - Algunos más favorables que otros a la influencia del gobierno mágico británico, la enemistad viene con el trabajo.

- Michael, ¿alguna vez recibiste amenazas? - interrumpió la Ministra.

- Recibo Cartas Vociferadoras a mi oficina casi cada día – respondió el mago. - La seguridad se encarga de ellas antes de que exploten y guarda un registro de ellas.

Danny no sabia que era una Carta Vociferadora pero podía hacerse una idea aproximada por el nombre de ésta. Agradeció que su madre nunca supo de su herencia mágica, y por lo tanto de la existencia de esas cartas, cuando él aun era un adolescente insensato y temerario.

- Señora Reeves, usted ha fundado varias fundaciones destinadas a ayudar a familias muggles, ¿verdad? - le preguntó esta vez directamente a la mujer.

- Así es, pero no se que tiene que ver con esto – le respondió ésta.

- Bueno, estas fundaciones normalmente suelen generar grandes cantidades de dinero – se explicó él.

- ¿Que? - musitó ella, abriendo mucho los ojos. - ¿Está insinuando que la muerte de Amanda fue solo por que tengo dinero?

- Lo siento señora – se disculpó Danny al ver lo alterada que ésta estaba. - Pero estos secuestros de perfil alto son normalmente por el dinero.

- Entonces, ¿por qué no ha habido una petición de rescate aun? - inquirió el hombre.

- No lo se – confesó él, eso era lo que no le cuadraba del caso. - ¿Es posible que el Fidelius que protege la casa haya impedido de alguna forma que recibiera esa petición?

- Tal vez – afirmó él. - Pero mi oficina tiene contacto conmigo directamente y ellos tampoco no han recibido nada.

- Puede que estemos tratando de un secuestrador muggle – dijo entonces Steve. - Encontramos marcas de ataduras en las muñecas de Amanda que tuvieron que ser causadas por algún tipo de cuerda.

- ¿Por que iba un muggle a secuestrar a nuestras hijas? - protestó el señor Reeves. - No somos conocidos en el Mundo Muggle, a ojos de un muggle solo somos alguien más.

- A veces ser solo alguien más es suficiente – murmuró Danny con tristeza.

Cuando Steve y Danny llegaron a las oficinas Chin ya se encontraba allí, trabajando con Kono en la mesa-ordenador-artefacto mágico de la sala principal. Ventajas de aparecerse a todos lados, supuso Danny. A él seguía sin gustarle la idea de la aparición, menos aun después de que Hermione mencionara un día de pasada el riesgo de "despartirse". Al parecer si no se hacía bien podía ser que al aparecerse una parte del cuerpo se quedara atrás, como le pasó al marido de la bruja durante la Segunda Guerra Mágica. No tenía ningún interés en correr el riesgo, incluso si eso implicaba tardar más en llegar a los sitios y tener que soportar a Steve quitándole las llaves del coche constantemente. No entendía porque el mago se negaba a aparecerse él sólo a pesar de sus continuas protestas sobre el tema.

- ¡Hey! - saludó Steve en su dialecto cavernícola.

- Hey – respondió Chin con una ceja levantada y una medio sonrisa. - Lo he comprobado con el Departamento de Exteriores, no hay ninguna amenaza real en la correspondencia del Embajador en los últimos tres meses.

Danny se sentó, descansando su rodilla y apoyando el bastón en la mesa. Kono levantó la mirada de la mesa con una sonrisa que desapareció en ver el bastón.

- ¿Danny? ¿Que te ha pasado? - le preguntó, claramente preocupada.

- No es nada, una vieja lesión – contestó él, quitándole importancia con una mano y extrañándose de que la bruja no se hubiera percatado antes de su lesión. - Sólo he sufrido una recaída gracias a míster Cavernícola aquí presente – acabó, señalando a Steve con la cabeza.

- Si alguien tiene la culpa es tu propia cabezoneria Danny – protestó él sin girarse de las pantallas con las fotografías digitalizadas de las dos chicas. - Te dije que fueras al medimago pero nunca me haces caso.

- ¿No es una lesión mágica entonces? - insistió Kono. - Entonces Steve tiene razón, deberías ir al medimago.

- Me lesioné en el instituto Kono, es demasiado tarde para arreglar mi rodilla – suspiró él.

- No importa el tiempo que ha pasado, si la lesión no ha sido causada por un hechizo o poción o, en resumen, cualquier cosa de origen mágico se puede arreglar con la medimagia – le sonrió ella, probablemente intentando enfundarle ánimos.

- ¿O sea que la medimagia no puede curar lesiones producidas mágicamente? - preguntó él, intentando desviar el tema.

- Depende de la lesión y lo que la haya causado – respondió Chin esa vez. - Generalmente los efectos causados por maleficios son permanentes pero realmente depende del hechizo y de la motivación del mago responsable.

La motivación del atacante. De acuerdo, eso era un nuevo universo que Danny no tenia intención de tocar ni siquiera con un palo. Se movió inquieto y su rodilla le lanzó una punzada de dolor en venganza. Tal vez no sería tan mala idea ir a ver a un medimago.

- Me lo pensaré, ¿de acuerdo? - cedió al final, ignorando la sonrisa de victoria del bastardo de Steve, estaba claro que había sacado el tema a propósito.

- De acuerdo, volviendo al caso – dijo Kono tras dedicarle una ultima sonrisa. - Hay algo que no entiendo de todo esto: ¿por que matar a una chica y mantener a la otra viva?

- Bueno, si tienen intención de pedir un rescate es una forma efectiva de demostrar que van en serio, a parte de aterrorizar a los padres para que colaboren con más facilidad – respondió Steve, volviéndose hacia ella.

- La Oficina de Aurores tiene a una unidad en la casa y otra en la oficina – contribuyó Chin. - Hasta el momento no ha habido ningún contacto de los secuestradores.

- O sea que no tenemos un motivo – resumió Danny.

Los tres se quedaron en silencio unos segundos, mirando las imágenes de las dos chicas, sonrientes y llenas de vida. Al menos una de ellas no volvería a sonreír nunca más.

- De acuerdo, nos enfocaremos en como fueron secuestradas las chicas – decidió Steve. - Sabemos que fueron al cinema, o al menos eso fue lo que le dijeron a sus padres que iban a hacer.

- Cine, Steve, llámalo cine – lo corrigió Danny casi inconscientemente, Kono soltó una risita.

- El 75% de los secuestros suceden por personas que las victimas ya conocían – prosiguió el mago golpeador, ignorándolo completamente.

- Chin y yo hemos comprobado el historial de todo el personal del embajador y su mujer y todos están limpios – dijo entonces la bruja.

- ¿Que hay de los elfos domésticos? - recordó entonces Danny. - ¿Sería posible que alguno de ellos estuviera involucrado?

Los otros tres se miraron entre ellos por unos momentos, con expresiones incomodas e incrédulas. Danny entendió al instante que había dicho algo inapropiado o demasiado disparatado en su ignorancia sobre el mundo mágico.

- Eso es imposible, Danny – le empezó a explicar Chin. - Los elfos domésticos no pueden ir en contra de los deseos de sus dueños.

- Eso no es del todo cierto – musitó Steve con expresión pensativa. - Hubo un elfo domestico que rescató a Harry Potter y su equipo de las lineas enemigas durante la guerra, sacándolos de la que había sido su casa y su familia antes de ser liberado.

- No sabia eso – musitó Kono. - ¿Como es que sabes tanto del tema, jefe?

Danny no pudo evitar sonreír al ver la incomodidad de Steve ante esa pregunta, recordó entonces que éste le había confesado su obsesión con el "Trío de Héroes" durante su adolescencia.

- Eso no importa – gruñó él. - El hecho es que si que pueden desobedecer una orden pero tienen que castigarse por ello, la mayoría de las veces físicamente. No creo que ningún elfo sea capaz de secuestrar y matar a un miembro de su familia.

- Pero podría haber facilitado el acceso a alguien más, ¿no? - insistió Danny.

- Lo veo poco probable pero es mejor mantener la mente abierta – reconoció Steve.

- Hay otra posibilidad – interrumpió Chin. - Los Reeves tienen a un empleado nuevo, Russell Ellison, lo conocí en la mansión y al parecer es de algún tipo de agencia de seguridad.

- Lo he comprobado también – respondió Kono. - Su coartada concuerda. No se encontraba en el país cuando sucedió el secuestro pero acudió tan pronto como el embajador solicitó su presencia – explicó la bruja, mientras hacia aparecer una foto de un hombre de piel oscura y rasgos marcados en una de las pantallas. - No se ha movido de la mansión desde entonces.

Justo entonces la pequeña hoguera que había en un lado de la habitación cobró vida con un estallido y surgieron de la nada unas llamas verdes. Segundos después apareció la cabeza de Max en medio de las llamas.

- Buenas tardes caballeros – saludó éste de su peculiar forma.

- Max – saludó Steve con la cabeza mientras se acercaba al fuego. - ¿Que ocurre?

- He descubierto algo en el cuerpo del caso – respondió él. - ¿Les importaría venir a verme de nuevo?

- ¿Que es lo que has descubierto? - le preguntó el mago.

- Los veo en unos minutos – lo cortó Max antes de que su cabeza desapareciera junto con las llamas.

Se hizo el silencio por unos instantes, hasta que Danny rompió a reír a carcajada limpia.

- ¡Te ha colgado! - rió él. - ¡Bien por él, Dr. Bergman uno, McGarrett cero!

- Muy gracioso, Danny – respondió éste poniendo los ojos en blanco.

- ¿Alguien puede explicarme quien era? - interrumpió Kono, con una media sonrisa. - Aunque ya me cae bien.

- Ese era el Doctor Max Bergman, nuestro nuevo medico – explicó Danny, para girarse hacia Steve de nuevo. - ¿O es medimago? Creo que no lo especificó.

Pensando en ello, Max no había dado señales de poseer magia hasta el momento, y su gran conocimiento del mundo muggle y el mágico a la vez era difícil de encontrar. ¿Tal vez era hijo de muggles? ¿O incluso un Squib?

- Puedes preguntárselo en vuestra cita – le gruñó el mago mientras se dirigía a la entrada. - Anda, vamos.

- ¿Estás celoso? - le preguntó él, intentando picarlo mientras lo seguía. - ¿Son celos eso que percibo con mi increíble y mágica sensibilidad?

- ¡Oh, callate, Danno! - exclamó el mago a lo que no pudo más que reír.

Justo antes de salir de la sala pudo oír el murmullo incrédulo de Kono, lo que lo hizo reír más aun.

- ¿Ha dicho cita?

Le lanzó una mirada de reojo a Steve y lo vio sonriendo, mucho más relajado y tranquilo que cuando se conocieron, hacia ya casi un mes y medio. Se alegraba de ver que Steve se estaba adaptando bien a trabajar en equipo, sobretodo después de que él mismo le confesara que estaba poco acostumbrado a ello.

- Entonces… - oyó que decía el mago, sacándolo de su pensamientos. - ¿Este fin de semana tienes a Grace verdad?

- Si, se suponía que iba a ir a recogerla dentro de un par de horas pero esta claro que no voy a poder hasta que resolvamos este caso, que puede que termine alargándose todo el fin de semana – respondió él, recordando el mensaje irritado que le había mandado Rachel en respuesta al suyo diciendo que no podría ir a recogerla esa tarde. - Así que para recapitular: tengo una rodilla rota, una hija a la que apenas llego a ver y un trabajo que me quita el poco tiempo disponible que tengo con ella. La vida es maravillosa.

Danny sabía que había sonado mucho más sarcástico y amargado de lo que realmente se sentía pero a medida que pasaban las horas no podía evitar lamentarse por su fin de semana con Grace perdido. Por supuesto aun podían atrapar a los secuestradores a tiempo para la cena pero eso era poco realista.

- Lo siento Danny, sabes que lo ultimo que quiero es quitarte tiempo con Grace – se disculpó el mago.

- Lo se, lo se, no es tu culpa – respondió él, sintiéndose culpable. - Es solo que mi vida es un desastre ahora mismo y no veo como arreglarla.

- Puedo darte días libres extra la próxima vez que tengas a Grace – intentó el mago. - Aunque se que no compensa el tiempo perdido.

- Eso seria un detalle, la verdad – musitó él, sorprendido. - Gracias Steve pero no es necesario, no quiero favoritismos.

- ¡Venga ya, Danny! - protestó éste mientras las puertas del ascensor se abrían y ambos salían. - Lo dices como si Chin o Kono fueran a molestarse porque tengas un día más para estar con tu hija.

Sabia que no iban a molestarse y ese era precisamente el problema. Danny no estaba acostumbrado a tener gente a su alrededor que lo apoyara de la forma en que lo hacían esos tres magos. No desde que se mudó de Nueva Jersey. Ni siquiera la relación con Meka y Peter había llegado a ese nivel a pesar de conocerlos durante muchos más meses.

- De todos modos, ¿por que lo preguntabas? - le inquirió, volviendo al tema original.

- Este fin de semana empieza el campeonato de Quidditch de segunda división y estaba pensando que tal vez sería una buena ocasión para que el equipo conociera a Grace – respondió éste, sin mirarlo. - Por supuesto si de verdad no te molesta.

Danny se detuvo ante la puerta del laboratorio forense, mirando incrédulo la espalda del mago mientras éste entraba sin mirar atrás ni esperar ninguna respuesta. Sacudió la cabeza con incredulidad antes de seguirlo al laboratorio donde Max los esperaba junto al cuerpo de Amanda.

- Bienvenidos caballeros – los saludó éste con expresión seria. - Acabo de recibir el informe de toxicologia, la víctima tenia Benzodiacepina en su flujo sanguineo.

Danny lo siguió mirando fijamente, ese nombre le sonaba pero no podía ubicar de donde.

- Tal vez estén más familiarizados con su nombre en las calles: Rohypnol o "roofies".

Eso si que sabía lo que era, un vistazo a Steve sin embargo le reveló que el mago seguía sin saber de que iba la cosa.

- Es una droga de la violación – le explicó, a lo que el mago se giró a verlo claramente sorprendido. - Los chavales la utilizan en discotecas y conciertos para pasarlo bien pero hay muchos casos en que se ha usado para robatorios o asalto sexual.

- Efectivamente – corroboró Max. - Sus efectos relajantes y somníferos, junto con la perdida de memoria posterior lamentablemente la hacen una de las drogas muggles más usadas en casos de delincuencia sexual.

- O sea que puede que estemos tratando con un violador además de secuestrador – concluyó Steve. - Max, ¿encontraste alguna prueba en Amanda de que hubiera sido… perturbada sexualmente?

- No, ninguna prueba de avasallamiento sexual, solo sus heridas defensivas, como ya expliqué la vez anterior – respondió éste.

- Estoy suponiendo que esta droga es ilegal y no es común que una chica se vea drogada en el cinema – musitó Steve, antes de sacudir la cabeza y girarse hacia Max de nuevo. - Pero todo esto nos lo podrías haber dicho por la Red Flu, ¿por que nos has hecho bajar hasta aquí Max?

- No me fio de la Red Flu – respondió el doctor con expresión completamente seria.

Steve se giró hacía Danny, como diciéndole "¡¿Te lo puedes creer?!" pero Danny solo se encogió de hombros. Él no era precisamente la mejor persona para defender los atributos de un medio de comunicación basado en fuego verde mágico.

- Vale, Kono me dijo que según sus perfiles en redes sociales muggles las chicas tenían reputación de ser fiesteras – comentó Danny mientras pensaba en ello.

- ¿Cuando dijo eso? - preguntó Steve con su cara de estreñido.

- Cuando estabas ocupado robándome el coche – respondió él. - Me mandó un mensaje cuando volvíamos de casa de los Reeves; ¡no me interrumpas Steven! - dicho eso se giró hacía Max de nuevo. - ¿Tienes una luz negra?

Ambos se lo quedaron mirando con expresión confundida por unos instantes antes de que Max pareció entender a que se refería.

- ¡Oh! Se llama varita ALS en realidad – especificó. - Y no me gusta que la gente toque mi equipo, la verdad.

- ¿Puedo tener tu varita mágica por un momento, por favor? - le preguntó con sarcasmo.

- ¡Danny! - exclamó Steve a su lado, aparentemente escandalizado.

Danny los miró a ambos alternativamente, sin entender donde estaba el problema. Max incluso había hecho un paso atrás mientras que Steve tenia la mano peligrosamente cerca de donde escondía su varita. Su varita mágica. Oh.

- ¡No me refería a esa! - se excusó rápidamente. - ¡Me refería a la luz negra!

Ambos magos se relajaron al instante, Steve sacudiendo la cabeza con una media sonrisa y Max mirándolo con compasión y comprensión.

- Técnicamente, no, no puedo darle mi varita mágica puesto que no dispongo de una, Detective – le respondió Max. - Mi nivel de magia es solo vagamente superior al de un Squib por lo que soy incapaz de usar una varita mágica pero puedo usar otros artefactos mágicos.

- Vaya – musitó Danny. - No pretendía ser grosero, Max.

- Danny, no puedes pedirle a un mago que te de su varita, ni siquiera por un instante – protestó Steve con clara exasperación en su voz. - Es de muy mala educación, sin tener en cuenta que los intentos de robar la magia de otro mago se encuentran entre los crímenes más serios de nuestro mundo – le explicó mientras seguía negando con la cabeza. - Creí que lo entendiste con el caso de Nadia Zankovic.

- Solo estaba bromeando – protestó él. - Y me refería a la luz negra, no una varita de verdad, ¿para que iba yo a querer una varita? No seria capaz de usarla.

- Eso no lo sabes Danny – empezó Steve antes de que Danny lo cortara.

- Si que lo se y ahora no es el momento de llevarme la contraria Steven.

Steve calló pero soltó una risa medio disimulada como un ataque de tos que no engañó a nadie. Se giró hacia Max de nuevo y lo vio aun con el mencionado informe en las manos y mirándolos alternativamente con una expresión curiosa en el rostro. Danny levantó una mano, con la palma hacía arriba, en una clara petición por la varita ALS. Max entrecerró los ojos antes de suspirar.

- Está bien – dijo antes de cerrar el informe y girarse hacia su mesa, buscando entre varios artefactos antes de girarse con un cilindro alargado en sus manos.

- Gracias – le dijo antes de acercar la luz a una de las muñecas de Amanda.

No ocurrió nada en la primera muñeca pero cuando la acercó a la segunda los tres pudieron ver la marca de un sello que no había sido visible antes.

- Vaya, interesante – musitó Max.

- ¿Que es eso? - preguntó Steve, acercándose para ver mejor.

- Eso es un sello que ponen en todos los clubes nocturnos del mundo – explicó Danny mientras le pasaba la varita a Max y sacaba su móvil para hacer una foto del símbolo, una Z dentro de un circulo. - Se usa para salir a la calle y volver a entrar sin tener que pagar de nuevo por la entrada.

- ¿Y porque no se veía hasta ahora? - inquirió Steve.

- Estética supongo – respondió él. - Y que así es más difícil de falsificar, por supuesto.

Hizo la fotografía y le devolvió la varita ALS a Max, agradeciéndoselo de nuevo.

- No, gracias a usted Detective – le dijo el doctor. - He aprendido algo nuevo hoy, le aseguro que añadiré la comprobación con la varita ALS en todas mis autopsias a partir de ahora.

- De nada Max, pero creo que te dije que me llamaras Danny – protestó él.

- Lo siento Detective, lo olvidé – le contestó Max con sinceridad a lo que no pudo más que reír.