Caso 3: Amanda y Robin Reeves II

Resultó que el símbolo pertenecía al club Zephyr Lounge, un club nocturno bastante popular, y tras lograr acceder a sus cámaras de vigilancia externas y tras estudiar la entrada y salida de chicos y chicas jóvenes localizaron a sus dos victimas. Incluso a cámara rápida y limitando la búsqueda entre la hora de apertura y cierre del local tardaron un par de horas en encontrar lo que buscaban. Por lo que Danny oficialmente no llegaba a recoger a Grace y eso lo tenia de un humor de perros.

Las dos chicas salieron del local junto con un joven sin identificar, su primer sospechoso. No lograron identificarlo con su programa de reconocimiento facial por lo que el chico era probablemente un muggle sin antecedentes. Danny y Steve decidieron ir directamente al club nocturno cuando abriera en un par de horas y preguntar a los empleados. Con un poco de suerte seria un visitante regular del club y lograrían una identificación, o incluso se encontraría allí.

Danny tenía una camisa limpia en su oficina, por lo que no necesitó ir a casa a cambiarse, no era como si fueran a ir de incógnito de todos modos. Steve se limitó en agitar la varita y su ropa de mago desapareció para dar lugar a unos pantalones anchos con grandes bolsillos y una simple camiseta negra de manga larga. No era precisamente el tipo de ropa que alguien llevaba a un club nocturno pero no iban de incógnito así que Danny supuso que no importaba realmente.

Entrar en el local tampoco supuso ningún inconveniente cuando Danny mostró su placa y Steve sacó una igual que quien sabia de donde la había sacado, probablemente la había falsificado con magia, como todo lo que hacía. Estuvieron de suerte y el guardia de seguridad de la puerta no solo reconoció a su sospechoso si no que les dijo que estaba dentro en esos momentos.

Al instante de entrar fueron golpeados por la estridente música electrónica y las mil luces de colores cambiantes e increíblemente insuficientes para iluminar el local correctamente. Danny odiaba ese tipo de locales. Sólo había drogas, tabaco, alcohol y jóvenes hormonales santificando cada esquina. Tal vez el hecho de que nunca lograba ligar en esos lugares tuviera algo que ver con su desencanto. Eso y que no sabia bailar.

Se giró para ver la reacción de Steve, esperando verlo desorientado y perdido como siempre que mencionaba algo de su mundo, pero sin embargo éste fue directo al bar. Decidió seguirlo.

- Dos birras por favor – le oyó pedir al barman.

- ¿Qué estas haciendo? - le preguntó sorprendido. - ¿Aprovechando la hora feliz?

- Éste chaval secuestró a dos chicas – le contestó mientras sacaba algunas libras de su cartera, de donde las había sacado era una incógnita. - Va a estar atento, y si nos ve antes que nosotros a él desaparecerá.

Mientras hablaba el mago se había recostado en la barra, cerveza en mano y posición corporal relajada, como si estuviera acostumbrado a ir a ese tipo de locales.

- De modo que lo mejor es que tomemos un par de cervezas, observemos la situación y nos relajemos – prosiguió el mago.

Danny no tenía nada en contra de esa táctica a parte de que beber en el trabajo no era su estilo. Pero siempre podía fingir que bebía. Cogió la otra cerveza y fingió dar un trago mientras se giraba para imitar la posición de Steve, dejando que sus ojos observaran a la gente moviéndose en la pista. Esa era la parte buena de buscar a alguien en un local concurrido: a nadie le extrañaba que hubiera solitarios en la barra observando al personal.

- Esto se te da mejor de lo que me esperaba – confesó mientras no dejaba de estudiar los rostros parcialmente iluminados a su alrededor.

- ¿A que te refieres? - le replicó el mago.

- Pues, a esto – respondió él levantando una mano y señalando a su alrededor. - Pensé que destacarías en un ambiente tan muggle.

- Eres consciente de que me han entrenado para pasar desapercibido en el Mundo Muggle, ¿verdad? - le respondió él.

- Steve, cada vez que utilizo una metáfora o hablo de algo tan normal como la televisión o el cine pareces más perdido que un esquimal en un desierto – protestó él. - No se que es lo que te enseñaron pero tu conocimiento de mi mundo tiene muchos agujeros importantes.

- El cinema no es relevante para mi trabajo – insistió él con cierta petulancia en su voz.

Danny suspiró y bebió un trago de su cerveza, esa vez de verdad. Steve era frustrante.

- Entonces explicame cual es, o era, exactamente tu trabajo – gruñó él. - Porque de verdad que no entiendo como puedes tener libras en tu cartera y saber como pedir una cerveza correctamente pero no lo que es una película.

El mago no dijo nada durante unos momentos y Danny sospechó que no le iba a contestar. Siguió desviando su mirada y se topo con un par de chicas que los miraban descaradamente mientras hablaban entre ellas y soltaban risitas de vez en cuando. Interesante. Las dos eran jóvenes y hermosas, llevaban puestos unos vestidos que marcaban su escote y la curva de sus caderas y parecían realmente interesadas en ellos. Intentó dedicarles un gesto pero no reaccionaron, miró de reojo a Steve y entendió que no los estaban mirando a ellos dos, lo estaban mirando sólo a él. Bebió otro trago. El maldito mago siempre le arruinaba la diversión.

- Mi trabajo era perseguir a los criminales más peligrosos de mi mundo allí a donde fueran o se escondieran – oyó decir al mago. - Te sorprendería la de veces que se ocultaban en lugares así, con mucha gente y alcohol. Es el lugar perfecto para realizar sus actividades ilegales, nadie nota nunca nada, y si lo hacen creen que han visto lo que han visto por culpa del alcohol así que no le dan importancia.

Notó que Steve no había usado la palabra "magia", "magos" ni nada que se le pareciera. Probablemente era solo precaución, un tic residual más de su entrenamiento, pero Danny lo encontraba una exageración. ¿Quien iba a oírlos con esa música estridente? A no ser claro que existiera algún conjuro capaz de suprimir el sonido de fondo. Frunció el cejo al pensar en ello, cuanto más vueltas le daba más probable lo veía. Tal vez debería dejar de juzgar los métodos de McGarrett, al menos por lo que respetaba a la magia. No es que él supiera mucho del tema precisamente.

- Éste lugar tiene los ojos fijos en ti – le dijo señalando sutilmente a las chicas, en un intento de cambiar el tema de la conversación.

- ¡¿Podrías centrarte, por favor?! - exclamó el mago, sorprendiéndolo. - Sólo por una vez. Céntrate en el caso por favor.

Mientras le recriminaba eso Steve se había incorporado de la barra y usó sus manos para enfatizar su frustración, al más puro estilo Williams. Danny no entendía donde estaba el problema, solo había sido un comentario. Se incorporó él también para centrar toda su atención en él, las chicas desplazadas a segundo plano por el momento.

- Un segundo, dejame hacerte una pregunta – lo cortó.

- Adelante – contestó el mago con un gesto.

- Dos hermosas mujeres están desnudándote con la mirada, respetuosamente claro… - empezó a decir, levantando la mano para impedir que Steve lo cortara. - ¿Y tu que haces? ¿Nada? Quiero decir, ¿eres humano? ¿Necesito comprobar tu pulso? - le cogió una muñeca mientras decía la última frase. - ¿Estás vivo allí dentro?

Steve no respondió, sólo le dedicó una sonrisa de superioridad antes de alejarse de la barra. Una estúpida y picaresca sonrisa que no le había visto nunca antes.

- ¿Qué es eso? - no pudo evitar preguntarle mientras lo seguía. - ¿Qué es esa sonrisa?

- ¿Qué sonrisa? - le respondió el mago sin girarse.

- Esa estúpida sonrisa – insistió él, sonriendo al notar la incomodidad del mago. - ¿Qué te pasa hoy?

El mago siguió navegando por el lugar, Danny no sabía si buscando a su sospechoso o intentando huir de sus preguntas pero sospechaba que era lo último.

- Estás imaginando cosas – insistió el moreno, aun con la sonrisa en el rostro.

- Así que soy yo el que imagina cosas, ¡claaaaro! - replicó él con sarcasmo justo antes de que una idea cruzara por su cabeza. - Espera, espera, espera. Menudo detective de pacotilla soy – prosiguió soltando una risita. - Estuviste haciendo ejercicio en horizontal esta mañana, ¿verdad?

- ¿Ejercicio en… ? ¿Así es como lo llamáis en tu mundo o sólo lo haces tu? - protestó el mago con la nariz arrugada en disgusto.

- No me cambies el tema Steve – lo cortó él. - Por eso tenias cara de aneurisma esta mañana, ¿verdad? Porque la llamada de la Gobernadora acortó tu "cita".

El mago se detuvo en una esquina para mirarlo con mala cara, claramente no queriendo reconocer que Danny tenia razón pero sin saber como desviar el tema sin mentir directamente. Al final lo vio sacudir la cabeza antes de acercarse para responderle.

- Tienes una gran intuición, Danny – le reconoció con una sonrisa avergonzada.

Danny soltó una carcajada al ver su expresión, sin entender a que venia tanto secretismo. ¿Tal vez los magos eran más modestos en esos temas? Aunque probablemente era más cosa de Steve, no parecía ser del tipo que iba chuleando de sus conquistas a la primera ocasión.

- Gracias – le respondió.

Justo entonces doblaron la esquina y ambos notaron a su sospechoso al mismo tiempo. Se encontraba sentado en un sofá al lado de una chica joven, probablemente su futura victima.

- ¿Has notado a nuestro casanova? - dijo el mago, todo seriedad de nuevo.

- Es nuestro chico – confirmó él antes de cerrar los puños de la rabia al notar la mano con la que tocaba el hombro de la chica. - De verdad, si esa fuera mi hija me cargaría cada uno de esos mugrosos dedos, uno a uno.

Justo entonces su sospechoso alargó la otra mano y dejo caer algo en una copa con bebida, que era más que probable que fuera la de la chica. No necesitaban más que eso para intervenir.

- ¡Oh! ¡Gracias por la oportunidad! - exclamó al mismo tiempo que Steve gruñía un insulto en voz baja.

No tardaron ni dos segundos en estar al lado de la pareja, justo cuando éste levantaba la copa y se la ofrecía a la chica.

- Disculpa – interrumpió él, hablando directamente con la chica. - Baja la copa tesoro, créeme, no quieres beber eso, no con lo que te ha puesto dentro.

La chica lo miró asustada unos segundos antes de mirar la copa y abrir mucho los ojos. En seguida había recogido sus cosas y se alejaba de allí, murmurando un suave "Gracias" al pasar por su lado. Danny tuvo la súbita necesidad de pedirle un taxi a esa chica, asegurarse de que llegaba a casa y estrecharle la mano a su padre. No quería pensar en lo que podría haber pasado si ellos no llegaban a estar allí. Sacudió la cabeza, se recordó a si mismo que esa no era su hija y que Grace estaba sana y salva en casa de su madre y centró toda su rabia en el chico que protestaba, aun sentado en el sofá mientras él se sentaba a su lado.

- ¡¿Qué creéis que estáis haciendo?! - protestaba en ese momento. - ¡¿Quien os creéis que sois?!

- ¿Qué quien soy? - gruñó Steve antes de apartar un poco su camiseta, mostrando su placa de DAP y su varita.

A su lado el chico se tensó, claramente reconociendo la placa, la varita o ambas. Interesante. Si ese chico era un mago de alguna forma había escapado de su base de datos. Y si era un muggle estaba claro que sabia lo que era una varita y no era la primera vez que veía una, lo que ponía en duda el secreto mágico.

- Creo que soy alguien que acaba de pillar a un chaval poniéndole algo en la bebida a una dama – prosiguió Steve, ignorando o sin notar la tensión en su sospechoso.

- No… no se de que estás hablando – protestó levemente éste.

- ¿A no? - le preguntó él. - Entonces no vas a tener problema alguno en beberte la copa.

- No puse nada en la bebida y no tengo porque obedecerlos – replicó estúpidamente.

Steve se tensó y Danny supo que estaba a un segundo de hacer algo mágico e innecesario en un local lleno de gente así que se le adelantó. Le pasó una mano por el hombro a su sospechoso y lo acercó un poco a él.

- Escuchame con atención – le dijo sin levantar la voz ni alterar su tono. - Vas a beberte esta copa porque si no lo haces voy a romperte todos y cada uno de tus dientes antes de meter esto por tu garganta, ¿está claro?

Steve se incorporó entonces, mucho más relajado y con una sonrisa maquiavelica en el rostro.

- Yo de ti lo bebería – dijo simplemente pero con claro tono de amenaza en su voz.

No es necesario decir que por supuesto su sospechoso no tuvo más remedio que beberse la bebida con la droga que él mismo había puesto allí. Ésta empezó a hacerle efecto justo cuando salían por la puerta hasta el punto en que tuvieron que apoyarlo en una pared.

- Perfecto – gruñó Steve. - ¿Y ahora cómo lo llevamos a las oficinas?

- Todo tuyo – le sonrió Danny. - Pero antes de desaparecer devuélveme las llaves de mi coche.

- ¿Que? - protestó Steve. - Pero podemos llevarlo con el…

- Nada de borrachos o drogados en mi coche, Steven – sentenció él. - No sabes cuanto cuesta sacar el olor a vomito del interior de un vehículo.

El mago gruñó algo más en voz baja pero al final las llaves de su coche salieron volando de su bolsillo hasta depositarse en la mano extendida de Danny. Éste no pudo evitar sonreír.

- Creo que voy a tomar la ruta turística – decidió. - Aprovechar que tengo el control de mi coche de nuevo.

- No te acostumbres demasiado Danno – le soltó el mago antes de pasar el brazo de su sospechoso por encima de su hombro. - Te espero en las oficinas, no tardes.

Y dicho eso desapareció. O se apareció, como sea que los magos llamaran a eso. La sonrisa de Danny se amplió. Jugueteó con sus llaves mientras se dirigía a su coche, decidiendo que pararía en uno o dos lugares antes de dirigirse al palacio de nuevo. Al fin y al cabo estaba muerto de hambre y estaba seguro que el mago tampoco había comido en condiciones desde hacía horas. Se preguntó que locales estarían abiertos a esas horas de la noche, probablemente solo hamburgueserías comerciales. En fin, hamburguesa entonces.


Cuando llegó a las oficinas el sospechoso ya se encontraba en una de sus salas de interrogatorios, en el piso más inferior del subsuelo del palacio. No había rastro de Chin y Kono, lo que era normal teniendo en cuenta que era mucho más tarde de su horario habitual y Steve y él se bastaban para interrogar a ese idiota. No tenia sentido que todo el equipo estuviera agotado por falta de sueño así que los dos primos habían ido a descansar unas horas antes mientras ellos dos se preparaban para ir a la discoteca. Si los necesitaban estarían allí en un suspiro, ventajas de la aparición instantánea.

Como se imaginaba el sospechoso estaba completamente dormido y Steve parecía un gato enjaulado, ansioso de avanzar. Casi le gruñó cuando lo vio entrar.

- ¡Ya era hora Danny! - le dijo. - ¿Te paraste a tomar una copa extra o que?

- En realidad paré a comprar algo de comida – respondió levantando la bolsa. - He traído para ti también.

- Estoy bien, Danny, no tenemos tiempo para comer ahora – protestó éste.

- Al contrario, justamente ahora es el mejor momento para recuperar fuerzas – insistió él. - Nuestro sospechoso no va a ir a ningún lado y aunque lo despertemos ahora mismo no va a estar lo suficiente lucido para un interrogatorio.

- No debimos hacerle beber la copa entonces – gruñó el mago, claramente de mal humor.

- Oye, se que has comido tan poco como yo – le dijo él. - Lo se porque me he pasado las ultimas horas pegado a tus talones así que no intentes negarlo.

- Ya te he dicho que estoy bien – insistió éste.

- Bien no es suficiente – protestó él. - No si vas a tenerme corriendo por Londres y esquivando balas. Necesito comer antes de correr, Steven. Y tu también, así que haz el favor de sentarte.

Dicho eso se sentó en la mesa, no la mesa-ordenador-aparato mágico del centro de la sala si no una mesa más pequeña que tenían a un lado de la sala, precisamente para eso. Sacó una hamburguesa y una ración de patatas y empezó a devorarlas como si no hubiera mañana. No tardó en oír el sonido de la otra silla siendo retirada y el mago sentándose en ésta con un suspiro. Le acercó la bolsa, incitándolo a que comiera.

- ¿Burger King? - gruñó éste. - ¿No había nada menos británico, Danny? - le preguntó con sarcasmo.

- ¿Que quieres que te diga? Soy americano y me gustan las hamburguesas - respondió él. - A parte de que no conozco muchos sitios que estén abiertos a las once y media de la noche, ni siquiera en viernes.

- Hay varios sitios que abren veinticuatro horas y son mil veces mejor que esto – replicó el mago, comiéndose su comida a grandes mordiscos a pesar de sus quejas. - La próxima vez que quieras cenar dímelo y te los enseño.

No dijeron mucho más durante unos minutos, ambos disfrutando de su comida. No fue hasta que Danny casi acabó con sus patatas que no recordó algo que el mago había mencionado esa tarde.

- Entonces el campeonato de Quidditch que mencionaste antes, ¿cuando empieza exactamente?

- Este domingo – respondió el mago con una sonrisa. - El primer partido es local así que es aquí en Londres pero al ser de segunda división no usan el campo principal si no uno más pequeño.

- ¿Es peligroso? - siguió preguntando él, debatiendo consigo mismo.

- No para el publico, no normalmente al menos

- ¿Que quieres decir con no normalmente? - protestó él. - ¿Si o no? No es tan difícil de responder.

- A veces una pelota sale disparada a las gradas o los jugadores pierden el control de la escoba pero hay hechizos amortiguadores en las gradas para reducir el impacto – explicó Steve. - Y el publico tiene varita así que casi nunca ocurre nada.

Danny reflexionó sobre ello. La primera y última vez que presenció un partido de Quidditch fue cuando conoció a Kono y aunque le pareció un deporte estúpidamente peligroso para los jugadores, como publico no sufrió daño alguno. Aun así no sabia si quería exponer a Grace a ese tipo de deporte violento. Aunque por el otro lado si al final su hija iba a Hogwarts el siguiente año podría asistir a los partidos que la escuela organizaba. Y si era la única que no había ido nunca a ver un partido antes tal vez se sintiera fuera de lugar, más de lo que probablemente era inevitable por supuesto.

- ¿Que piensas? - le preguntó Steve, sacándolo de sus pensamientos. - Te aseguro que es completamente seguro, y además Chin, Kono y yo vamos a estar allí y no dejaremos que le pase nada a Grace.

- Lo se pero…

- ¡Nada de peros, Danno! - lo cortó el mago. - Te doy mi palabra de que no voy a dejar que le pase nada a Grace, ¿acaso no confías en mi?

Eso no era justo, no era justo y el mago lo sabía. Esa frase debería de estar prohibida.

- Sabes que si, Steve – suspiró él.

- Entonces, ¿está decidido? - le insistió con una amplia sonrisa. - ¿Vais a venir tu y Grace al partido del domingo?

- Que diablos, de acuerdo – asintió al final Danny. - Pero vamos a tener que resolver este caso antes si queremos ir.

- ¿Que estamos esperando entonces? - respondió el mago mientras se levantaba, se ponía lo que le quedaba de hamburguesa en la boca y con un gesto hacia desaparecer toda la basura.

Danny sonrió ante la impaciencia de su amigo antes de levantarse él también. Tenían a un sospechoso que interrogar.


Tal como Danny se había imaginado su sospechoso seguía completamente dormido, sentado en una silla de madera con las manos atadas en la espalda con una cuerda que parecía brotar de la misma silla. La sala donde estaban se encontraba completamente vacía con excepción de esa silla y estaba pobremente iluminada. No había ventanas y la principal fuente de luz era la proveniente de la puerta de cristal, la cual tenía un sospechoso brillo azulado, sin duda algún hechizo de contención.

El mago no tardó en sacar la varita y apuntar al joven con un giro de muñeca mientras murmuraba "Enervate" a lo que éste despertó de golpe, mirando a su alrededor aturdido. Cuando sus ojos se posaron en la varita que lo apuntaba soltó un grito y intentó levantarse de la silla de un salto probablemente sin aun darse cuenta de que tenia los brazos atados a la silla en cuestión. Como resultado terminó medio apoyado en ésta y medio en el suelo en una posición ridícula y posiblemente incomoda.

- Robin Reeves, ¿que hiciste con ella? - pregunto el mago golpeador, yendo directo al meollo del asunto.

- ¿Que? - respondió su sospechoso.

- Genial, ahora ha quedado más atontado de lo que ya era – gruñó él en voz baja, sin poder ni querer evitarlo.

- ¿Dónde está? - insistió Steve. - ¿Dónde está Robin Reeves?

Danny abrió la carpeta con toda la información que habían encontrado sobre el joven, cuyo nombre por cierto era Davis.

- Tengo aquí tus antecedentes – comentó mientras empezaba a andar con tranquilidad alrededor de la silla. - Hace unos años cometiste fraude con tarjetas de crédito, corrupción de una menor, y ahora te has graduado en asesinato – dicho eso cerró la carpeta y paró en frente de Davis. - Felicidades.

- ¡¿Asesinato?! - exclamó éste, mirándolo con los ojos abiertos como sandias. - ¿De que estás hablando?

- Encontraron el cuerpo de Amanda Reeves esta mañana – decidió intervenir el mago, con su mejor cara de cabreo y jugando con la varita entre los dedos.

- Yo no maté a esa chica – respondió el sospechoso con un tono de voz casi arrogante.

Ese tipo de delincuentes eran algunos de los que Danny más detestaba. No era por lo que hacían, porque la mayoría de ellos no cometían grandes crímenes, no eran genocidas, ni terroristas, ni reyes de la droga. No, lo que ellos hacían era ponérselo fácil a los delincuentes de verdad, les proporcionaban lo que ellos necesitaban, les hacían el trabajo sucio y encima tenían la desfachatez de ir de inocentes y victimas. El joven que tenia delante había drogado y secuestrado quien sabia a cuantas chicas pero probablemente nunca se había parado a pensar que les pasaba una vez las entregaba a su jefe.

- ¿No? - soltó él con sarcasmo. - Si tu no la mataste entonces tal vez tengas alguna idea de quien lo hizo.

Davis pasó la mirada de él a Steve un par de veces, claramente evaluando sus opciones. Finalmente fijó los ojos en la varita de Steve y Danny podría jurar y perjurar que lo vio tragar con nerviosismo. Definitivamente sabía lo que era una varita.

- Está bien – musitó al final. - Es cierto que drogué esas dos chicas ayer y las saqué de la discoteca.

Esa había sido una de las confesiones más sencillas de obtener de toda su carrera como policía lo que le hacía sospechar de si el chico estaba encubriendo a alguien más o si realmente era lo suficientemente estúpido como para no haberse darse cuenta hasta ese momento de las repercusiones de sus acciones. Intercambió una mirada con Steve antes de que éste se dirigiera de nuevo a su sospechoso.

- ¿Por que ellas precisamente? ¿Por que las elegiste a ellas?

- Solo hice lo que me dijeron – confesó éste. - Pero ambas estaban vivas cuando se las pasé a Kang.

- ¿Y quien es ese Kang? - gruñó Steve, claramente frustrado.

- Es el que me proporciona el trabajo - contestó el otro. - Me da cinco de los grandes por cada chica que le traigo.

Maldita sea. Cinco-mil por cada chica. Estaba claro que quien fuera ese tal Kang estaba invirtiendo mucho dinero en ese idiota sólo para secuestrar a unas chicas. Eso solo podía significar una cosa: lo que sea que hiciera con ellas le proporcionaba suficiente dinero como para permitirse ese pago por su "obtención". A saber cuantos pringados como ése tenia el tal Kang, secuestrando chicas para él. A saber cuantas jóvenes habían desaparecido de la mano de esos imbéciles.

- ¿Que hace con las chicas? - siguió preguntando el mago, claramente siguiendo la misma secuencia de ideas.

- No lo se – respondió éste. - Me pagan por proporcionar a las chicas, no por preguntar.

Perfecto; estupidez e inconsciencia en un mismo paquete. Cuanto más hablaba más seguro estaba Danny de que Davis no les iba a servir de mucho. Era el procurador, estaba claro, pero no tenia ni idea de nada y era feliz permaneciendo en la ignorancia. Estaban perdiendo un tiempo valioso pero no tenían otros hilos que tirar.

- Vale, ¿como encontramos a Kang? - decidió intervenir Danny.

- No lo se – musitó Davis justo para proseguir ante la mala mirada que le dirigió Steve. - Ni siquiera se su apellido ni su numero de teléfono.

- ¿Como le entregas a las chicas?

- Yo no… - musitó el chico. - Vale, esto va a parecer una locura pero no se como lo hago.

Eso era el colmo.

- ¡¿Como no vas a saberlo?! - exclamó Danny. - ¡Acabas de confesar que secuestraste a esas chicas!

- Si, lo se, se que suena poco creíble pero es la verdad – protestó éste mientras intentaba incorporarse. - Recuerdo a cada una de las chicas y salir con ellas de la discoteca pero no como las entrego – insistió. - Mi siguiente recuerdo es en mi cama por la mañana siguiente, con una bolsa de dinero extra.

Ese chico estaba jugando con ellos. ¿Como no iba a recordar? Pero no tenia ningún sentido estar mintiendo sobre eso y confesar el secuestro de las chicas. A no ser que estuviera encubriendo a alguien. Pero no. Había algo raro en ese chico. Algo en a mirada asustada que le lanzaba a la varita de Steve de vez en cuando, casi inconscientemente.

- ¿Que quieres decir con que no lo recuerdas? - insistió él.

- Pues eso exactamente, podría decir con exactitud que ropa llevaban las chicas o cuantos pasos hicimos hasta el parquing cercano pero a partir de allí no hay nada – insistió éste. - Y siempre es igual. Me da bastante mal rollo la verdad.

- Si tan mal lo pasas, ¿por que has seguido secuestrando chicas?

- Tío, son cinco-mil por chica – contestó éste parpadeando estúpidamente. - ¡Cinco-mil!

Como si eso lo explicara todo. Decididamente estúpido, estaba claro. Pero realmente parecía asustado, aterrado casi, y Danny no sabía bien porque pero pondría la mano en el fuego a que Davis estaba diciendo la verdad. Era una sensación, una intuición. Y sus intuiciones lo habían llevado hasta allí, con un pie en cada mundo.

- Si no recuerdas nada, ¿como te manda Kang las ordenes para la siguiente chica?

- Al cabo de unos días siempre acaba apareciendo en mi casa un sobre rojo con instrucciones.

- ¿Que quieres decir con "apareciendo"? - insistió Danny.

- Pues eso, no está allí cuando me levanto pero cuando salgo de la ducha cinco minutos después allí está – intentó explicar el joven. - No se como llega a mi habitación y nunca he oído o visto a nadie escabullirse en mi casa para dejarme una carta. A parte de que, ¿quien haría eso? Es ridículo.

Cuanto más hablaba más seguro estaba Danny de que el tan Kang era un mago. Todo indicaba a ello: perdida de memoria, las cartas que aparecían de la nada e incluso la falta de consciencia sobre sus actos. O al menos eso le gustaba pensar. Intercambió una mirada con Steve y le señaló con la cabeza a la puerta. Ambos salieron de la sala, ignorando las protestas del delincuente y cerrando tras ellos.

- ¿Piensas lo mismo que yo? - le preguntó Danny, directo al grano.

- Es muy probable que ese tal Kang o alguien de su grupo sea un mago – respondió él.

- Si, eso es lo que yo pensaba – asintió Danny. - ¿Crees que puede estar bajo algún hechizo? ¿Algo que lo haya obligado a secuestrar a esas chicas?

- Estoy seguro de que tiene algún hechizo para olvidar las transacciones y todo lo que tenga que ver con Kang pero no creo que esté bajo un hechizo de sugestión – contestó el mago, frunciendo el cejo. - Normalmente las victimas de ese tipo de hechizos no son conscientes de sus actos y Davis recuerda haberlas secuestrado. Creo que simplemente es un oportunista, solo está en esto por el dinero y no le importa lo más mínimo lo que le pase a esas chicas.

Danny asintió, asimilando la información y inconscientemente repasando alguno de sus viejos casos. ¿Podía ser posible que algunos de los delincuentes que él había detenido hubieran estado bajo un hechizo? ¿Podía ser que hubiera mandado a personas inocentes, a victimas, a la cárcel? No, no era así. Lo síntomas que Steve estaba describiendo era algo que nunca había visto en ningún sospechoso. Pero aun así la duda lo carcomía, los "¿y si?" inundando su mente por un momento. Sacudió esos pensamientos de su cabeza y maldijo por enésima vez el día que descubrió que la magia era real. Todo era mucho más sencillo antes.

- ¿Puedes deshacerlo? - le preguntó. - El hechizo para la perdida de memoria quiero decir.

- No lo se – dudó Steve. - No es mi especialidad precisamente, podría causarle daños irreparables a su mente. Vamos a tener que solicitar a un experto del ministerio.

- Eso va a tardar horas o incluso puede que días – protestó él. - Robin no tiene tanto tiempo. ¿No hay algo más que podamos hacer?

- Podríamos suministrarle Veritesarum e interrogarlo de nuevo pero no creo que le saquemos nada más, no puede contarnos lo que no recuerda, ni siquiera con poción de la verdad – explicó el mago, claramente tan frustrado como él con ese callejón sin salida.

- Creí que no era legal usar esa poción – musitó él, intentando recordar quien le había dicho eso.

- Inmunidad y medios, ¿recuerdas Danny? - replicó el mago con una media sonrisa.

Ya estaba otra vez con su prepotencia. Danny se giró del todo hacia él, dispuesto a decirle cuatro cosas sobre lo que pensaba de su inmunidad cuando vio a Steve tensarse de golpe y inclinar la cabeza hacia un lado, como si escuchara algo. Agudizó el oído, intentando oír lo que sea que el mago había oído pero a parte de los sonidos apagados de su sospechoso en la habitación insonorizada no se oía nada más.

- ¿Que pasa? - murmuró al final.

- ¡Maldita sea! - exclamó de golpe el mago justo antes de girarse y dirigirse al ascensor a toda prisa.

Danny se quedó en el mismo lugar durante unos segundos, confuso, de modo que cuando por fin reaccionó y siguió al mago, éste ya estaba en el ascensor, con las puertas cerrándose. No llegó a tiempo, las puertas se cerraron en sus narices. Pulsó el botón de llamada, impaciente y maldiciendo al arquitecto que diseñó el lugar y decidió que no era necesario añadir escaleras de emergencia. Tal vez los ascensores mágicos no se estropeaban lo que no lo hacía necesario. Sobretodo si no iban con electricidad, y con lo antiguo que era ese edificio no lo veía posible.

El numero encima de las puertas se detuvo en la planta menos uno, o sea en sus oficinas, antes de volver a bajar. Así que lo que sea que había hecho salir a Steve corriendo lo había llevado a sus oficinas. Las puertas se abrieron de nuevo y Danny entró a toda prisa, pulsando el botón de la planta y repasando mentalmente cuales eran los peores escenarios que se podía encontrar cuando esas puertas se abrieran de nuevo. ¿Una batalla mágica? ¿Algún monstruo? ¿Kono furiosa por no haber estado presente en el interrogatorio de Davis? Todos esos escenarios le parecían horribles pero ninguno se acercó de lejos a lo que vio cuando las puertas se abrieron de nuevo. Una pequeña silueta rubia se encontraba peleando a grito pelado con Steve.

- ¡… lo mínimo que podías haber hecho era contármelo! - iba diciendo en ese momento.

- ¡No te incumbe, Mary! - fue la respuesta del mago. - Era algo en lo que papá estaba trabajando, algo realmente peligroso, ¡así que te quiero bien lejos del pensadero!

Oh. Hermanos McGarrett discutiendo por lo del pensadero de su padre. Danny intentó dar un paso atrás, no queriéndose entrometer en una pelea familiar; sabía perfectamente como terminaban esas cosas y no quería ser el tercero en discordia. No entre dos magos cabreados. Su espalda chocó con las puertas cerradas del ascensor. Mierda.

- ¡Dejame entrar Steve! - gritaba entonces la bruja. - ¡Prometiste que nunca habría secretos entre nosotros! ¡Que nunca me bloquearías!

- ¡Tenía doce años Mare! - exclamó éste, pasándose una mano frenéticamente por el pelo. - ¡Han pasado más de veinte años desde eso! Y hay cosas que es mejor que no veas.

Mary dio un paso atrás, llevándose una mano al pecho como si su hermano le acabara de clavar un puñal. Y entonces levantó la mirada hacia él, con expresión decidida. O no, mierda. Una telépata cabreada y él que era incapaz de ocultar sus pensamientos a la gente normal eran una muy mala combinación. Tanteó la pared con una mano, buscando el botón de llamada urgentemente. Tenia un mal presentimiento.

- Si tu no vas a contármelo voy a tener que buscar otras fuentes – oyó que decía la bruja en voz sospechosamente modulada.

Entonces empezó el dolor. Un dolor punzante en su cabeza que lo hizo gritar a la vez que una secuencia de imágenes inconexas pasaba por en frente de sus ojos. La puerta de casa de los McGarrett abierta pero las luces apagadas. Un resplandor azulado saliendo de un recipiente de cerámica. Cayendo sin control dentro del pensadero. Un hombre mayor y supuestamente muerto sentado en una silla con la cabeza entre las manos. Otro hombre, más joven pero con la misma carga en los hombros sentado a pocos metros. El remolino de subida. La pelea con Steve.

- ¡MARY!

Y de golpe el dolor cesó, junto con la aparición de recuerdos, dejando un intenso mareo a su paso. Danny se tambaleó, apoyando una mano en la pared mientras todo le daba vueltas. ¿Donde estaba? ¿No estaba en casa de Steve? Estaba allí comiendo Donuts no hacía ni un momento atrás y ahora no sabia donde estaba. ¿Las oficinas? ¿Como había llegado allí? La cabeza le latía y con cada latido parecía que tuviera un elefante furioso allí dentro, golpeando las paredes de su cráneo. Empezó a sentir nauseas.

- ¿Danny? - oyó que alguien lo llamaba en voz suave mientras una mano lo sujetaba del brazo. - ¿Estás bien?

- Mareo – logró murmurar, aun con los ojos cerrados e intentando desesperadamente controlar las nauseas. - Necesito…

Un baño. Un cubo. Algo. No romper su récord en ese momento era imposible. Las piernas le flaquearon y acabó apoyado en la pared. Sintió un familiar aire caliente haciendo un remolino en frente de él así que abrió los ojos justo a tiempo de ver un pequeño recipiente formándose en el aire de la nada. No importaba. Las nauseas eran irrefrenables y eso era mejor que el suelo. Agarró el cubo con ambas manos justo a tiempo de vaciar el contenido de su estomago. Estuvo así durante varios minutos, maldiciendo la cena que él mismo había insistido en comprar.

Cuando las arcadas cesaron se encontró mucho mejor. Solo entonces se dio cuenta de que se encontraba sentado en el suelo sobre sus propias piernas, apoyado en la pared al lado del ascensor y abrazando lo que parecía una papelera de oficina como un naúfrago a una tabla de madera. Le llegó el olor de su propio vomito y eso casi lo hace empezar de nuevo.

- ¿Estas mejor? - oyó la voz de Steve decirle desde muy cerca.

Levantó la mirada y vio al mago arrodillado a su lado, notando por primera vez su mano acariciando en círculos su espalda. Le recordó a su madre consolandolo en una fase de gastroenteritis especialmente fuerte cuando tenia nueve años. Le recordó a si mismo haciendo lo mismo con Grace en una situación similar. Le recordó a Rachel ayudándolo tras una operación que casi le había costado la vida. Era un simple gesto pero hacia mucho tiempo que nadie se lo ofrecía.

- ¿Que diablos ha pasado? - murmuró como pudo.

La mano en su espalda se detuvo, la expresión de Steve cerrándose y volviéndose fría. Oh. Mary. Cierto, había interrumpido una pelea entre los dos magos sin querer. Una discusión sobre algo que Steve no le quería decir a su hermana, algo que él también sabia. El pensadero. La investigación de su padre. O sea que eso había sido cosa de la bruja.

- ¿Donde está Mary? - preguntó mientras empezaba a incorporarse.

El mago golpeó el cubo con su varita, haciéndolo desaparecer con contenido y todo, antes de agarrarl o de un brazo.

- En mi oficina – le respondió en voz seca. - Pero Danny…

- Se que no lo ha hecho adrede – lo interrumpió él. - O al menos lo ha hecho impulsivamente, sin pensar o saber como me afectaría.

Steve no respondió pero la mano en su brazo aflojó su agarre levemente. Estaba claro que el mago estaba enojado con su hermana pero seguía siendo su hermana pequeña así que no quería que sufriera. Que pensara que Danny iba a enojarse con ella o tomar represalias era hiriente. Debería conocerlo mejor después de todo el tiempo que habían pasado como compañeros. Steve lo condujo hasta su oficina, donde Mary se encontraba sentada con la cabeza entre las manos, claramente alterada. Se levantó cuando los oyó entrar. Tenia las mejillas llenas de lagrimas.

- ¡Danny! - exclamó para luego hacer una mueca y bajar su tono de voz considerablemente. - ¡Lo siento mucho, muchísimo!

Danny intentó quitarle importancia con un gesto con su mano mientras se sentaba en el sofá y apoyaba la cabeza en el respaldo. Steve le ofreció un vaso de agua que no dudó ni un segundo en beber, intentando desesperadamente quitarse el mal sabor de la boca.

- Eso fue horrible – musitó con los ojos cerrados pero sin enojo en la voz. - Por favor, por favor no vuelvas a hacer algo así, Mary.

- ¡Lo siento! - se disculpó ésta de nuevo.

Danny abrió los ojos para mirarla al notar el estrés en su voz. La encontró con la mirada baja y las manos arrugando su propia ropa, probablemente inconscientemente. Suspiró. Mary era una buena chica, Danny lo sabia bien, pero era impulsiva y aparentemente una bruja mucho más poderosa de lo que ella misma creía. Pero seguía siendo joven y por lo poco que había podido vislumbrar del pasado de los McGarrett no lo había tenido fácil con su habilidad. La posición tensa y mirada preocupada de su hermano eran toda la confirmación que necesitaba.

- Eh, mirame Mary – le dijo con suavidad, agarrando una de sus manos y aflojando lentamente la presión de sus dedos en la ropa. - No estoy enojado, ¿vale? Se que no querías hacerme daño.

En vez de tranquilizarla sus palabras parecieron angustiarla más aun. Danny desvió la mirada hacía Steve pero el mago parecía incluso más perdido que él. Intentó otro ángulo.

- La próxima vez que Steve te de problemas habla conmigo, ¿de acuerdo? Podemos criticarlo juntos a sus espaldas – intentó bromear, aun con la mano de la bruja entre las suyas y lanzándole una mirada significativa al mago en cuestión.

- ¿En serio, Danno? - protestó éste con fingido tono ofendido. - ¿Vas a usar a mi propia hermana en mi contra?

- Se llama empatía, dos personas con un mismo problema uniéndose para apoyarse mutuamente – siguió él, notando como la bruja se relajaba levemente ante su usual debate.

- ¿Problema? - exclamó el mago. - ¿Ahora soy un problema?

- Has sido un grano en el culo desde la primera vez que te apunté con mi pistola, Babe – afirmó él con solemnidad.

- ¿En el garaje? - murmuró Mary.

- ¡Exacto! ¿Viste eso en la mente de este cavernícola? - le preguntó él, sonriendo cuando la bruja levanto la mirada con una leve sonrisa. - Entonces debiste ver también como me robaba MI caso solo para secuestrarme de mi apartamento unas horas después.

- ¡No te secuestré! - siguió protestando el moreno, con una leve sonrisa. - Te recluté para mi equipo.

- Me desapareciste de mi casa sin mi consentimiento, Steven – rebatió él, desviando la mirada hacia el mago. - En mi mundo eso se llama secuestro.

- Pues en el mio se llama eficacia – decidió el mago. - Mucho mejor que todo ese papeleo absurdo y usar vehículos muggles en una ciudad atestada.

- Y eso lo dice el tipo que me roba las llaves de mi coche constantemente – musitó él poniendo los ojos en blanco antes de referirse a la bruja de nuevo. - Esto es con lo que tengo que lidiar cada día, ¿ves? Por eso entiendo perfectamente que Steven te sacara de tus casillas.

Mary soltó una risita y con ese sonido la tensión en el despacho se evaporó. Danny sonrió y vio por el rabillo del ojo que Steve hacía lo mismo.

- Siento mucho haber entrado tan fuerte Danny – se disculpó por enésima vez la bruja. - Estaba intentando pasar la oclumencia de Steve con tanta fuerza que no me di cuenta del efecto que te causaría a ti que no tienes ningún tipo de protección.

- Voy a tener que aprender algo de oclumencia al final – contestó él con una mueca. - De ti me fio pero supongo que habrá más legiliments por allí fuera con otras intenciones y no quiero ser un blanco fácil.

- Si quieres yo te puedo enseñar, Danno – se ofreció Steve al instante.

- No gracias, conociéndote probablemente pondrías mi vida en peligro para hacerme aprender más rápido – gruñó él, medio en serio y medio bromeando.

- No tengas la menor duda de ello – rió la bruja. - Yo podría ayudarte con ello, si quieres.

- Eso estaría genial, gracias – le agradeció.

Mary empezó a moverse inquieta en su lugar, mordiéndose levemente el labio inferior, y justo cuando Danny iba a decir algo más ésta se arrojo a sus brazos, abrazándolo con fuerza. Sorprendido le devolvió el abrazo mientras levantaba la mirada hacia el hermano de ésta, medio esperando una reacción sobre-protectora por parte del mago. Sin embargo lo encontró sonriendo ampliamente, apoyado tranquilamente en la pared, como si quisiera darles su espacio.

Fue cuando Mary lo soltó, tras un breve "gracias" murmurado contra su camisa, que Danny tuvo una idea.

- Oye Mary, eso que hiciste antes conmigo, ¿serías capaz de hacerlo con otra persona pero a menos potencia? - le preguntó.

- Supongo, si quisiera, pero no es algo que haga conscientemente – respondió ésta. - No usualmente al menos.

- ¿Crees que podrías acceder a recuerdos bloqueados por un hechizo? - prosiguió él.

A unos metros, Steve se incorporó de golpe, con ojos muy abiertos. Mary lo miraba confundida.

- ¿Que me estas pidiendo exactamente, Danny?

- Tenemos un caso de una chica desaparecida y nuestro único sospechoso parece tener un bloqueo mental en sus recuerdos, probablemente por un hechizo – explicó él. - Me preguntaba si serías capaz de acceder a ellos.

Desvió la mirada hacia Steve de nuevo puesto que éste seguía siendo su jefe y esas decisiones eran más su responsabilidad. Si el mago decidía que no era una buena idea iban a tener que esperar a un especialista del gobierno. Eso podía robarles un tiempo que no tenían pero seguía sin ser su decisión.

- Solo necesitamos saber quien le pagó para que secuestrara a esas chicas – intervino Steve, claramente a bordo con su idea. - Una ya ha sido asesinada, Mary, y su hermana puede correr la misma suerte si no los detenemos.

- Puedo intentarlo – murmuró ella. - Pero nunca he hecho algo así, no se si podré.

- Tu solo intentalo, ¿de acuerdo? - intentó animarla Danny. - Si no puedes no pasa nada, haremos venir a alguien del Ministerio por la mañana.

- De acuerdo, lo intentaré.


- Vaya, ahora entiendo a lo que os referíais, definitivamente hay algo bloqueando algunos de sus recuerdos.

Se encontraban de nuevo en la sala de interrogatorios, con Mary sentada en frente de un muy nervioso Davis.

- ¿Puedes ver que recuerdos son? - preguntó Steve.

Su hermana frunció el cejo por unos instantes, su mirada fija en el muggle.

- ¿Que está haciendo? - preguntó éste, inquieto. - Eh tíos tengo mis derechos, ¿recordáis?

- ¡Cállate! - le gruñó Danny, cansado de sus lloriqueos.

- No puedo, es como un muro, no puedo ver que hay detrás - respondió la bruja. - Pero creo que podría derribarlo.

Eso no sonaba bien.

-¿Derribarlo? - repitió él. - ¿No es peligroso? Creí que para quitar ese tipo de conjuro hacía falta ayuda profesional.

No era que pensara que Mary no sería capaz de ello, eran las consecuencias lo que le preocupan. Por muy imbécil que fuera Davis seguía siendo humano y a Danny lo habían entrenado para respetar los derechos de todo el mundo; incluyendo la escoria de la sociedad.

- No puedo quitarlo del todo pero puedo debilitarlo - respondió ella. -Sería como hacer un agujero en el muro y mirar que hay detrás, el hechizo seguiría allí pero podríamos ver los recuerdos.

Eso no sonaba tan mal, sonaba casi una buena idea. Se giró hacia Steve.

- ¿Tu que opinas? - le preguntó. - Tu eres el que entiende más de éstas cosas.

El mago lo miró por el rabillo del ojo unos instantes antes de centrar su mirada en el único muggle en la habitación.

- ¿Estás segura de ésto Mary? No es tu obligación.

- Créeme que no podrías obligarme a hacerlo, no esto - replicó ella poniendo los ojos en blanco. - Puedo hacerlo Steve, quiero hacerlo.

Los dos McGarret cruzaron idénticas miradas decididas durante unos momentos en los que Danny estaba seguro que estaban discutiendo mentalmente. Al final el mago suspiró y desvío los ojos.

- De acuerdo pero a la mínima molestia te quiero fuera, ¿está claro?

La bruja solo sonrió antes de sacar su varita del bolsillo de la túnica y con un movimiento complejo y unas palabras murmuradas hizo aparecer una silla en frente de la Davis.

- ¿Como ha... - empezó a decir éste antes de quedarse quieto, con la mirada perdida y sin decir nada.

- ¿Que demonios le ha pasado? - preguntó él mientras agitaba una mano en frente del chico más joven. - Se ha quedado paralizado.

- Es el hechizo - murmuró Steve desde detrás suyo. - Fascinante.

- Exactamente, puedo ver cómo el recuerdo es arrastrado hasta detrás del muro... - comentó la bruja en el mismo tono suave.

Justo entonces Davis parpadeó y movió la cabeza hacia los lados, como si intentara despejarse.

- Uh? - gruñó algo incomprensible antes de fruncir el cejo. - ¿Cuando habéis traído otra silla?

Danny sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Eso era lo que la magia podía hacer. La mirada de confusión e incluso un poco asustada de Davis dejaba claro que no recordaba nada de los últimos dos minutos. Nadie en esa habitación le había hechizado, se trataba de un hechizo que alguien había implantado en su cerebro quién sabia cuanto tiempo atrás y del que nadie se había dado cuenta que estuviera allí. ¿Como podía uno defenderse de algo así? ¿Como luchar contra algo que no recuerdas? Se prometió a si mismo que aprendería oclumencia y luego se aseguraría de que Grace también lo hiciera. No iba a dejar que nadie manipulara su mente de esa forma y aun menos la de su hija.

- Creo que se como acceder - oyó decir a Mary. - Si aprovecho justo el momento en que el conjuro actúa puedo usar su propio efecto para entrar en esos recuerdos.

- De acuerdo, yo me encargo de activarlo - respondió el mago. - Tú concéntrate sólo en entrar y salir.

- A mi señal - asintió ella.

Danny no podía colaborar de ninguna forma así que se limitó a observar a los dos magos trabajando en sincronía. Ante una señal que no fue capaz de ver, por lo que probablemente fuera algún mensaje telepático, Steve hizo aparecer una bola de fuego en el aire. Se mantuvo flotando encima de sus manos, cambiando paulatinamente de color. Davis volvió a tener la misma expresión perdida pero esa vez Mary hizo algo con la varita y empezó a murmurar palabras en latín que Danny no llegó a oír. Y tan pronto como había empezado todo acabó. Davis soltó un grito y se echó para atrás con tanta fuerza que acabó tumbando la silla y cayendo de espaldas. Mary bajó la varita y se apoyó en el respaldo del asiento con un suspiro. Tenia la frente perlada de sudor y parecía cansada.

- Lo tengo - dijo ésta. - Se quien es Kang.

Steve se acercó hacia ella rápidamente, la bola de fuego desapareciendo al instante.

- ¿Estás bien Mary? - le preguntó, claramente preocupado.

- Estoy bien, Steve - fue la respuesta de ésta.

Danny decidió darles unos segundos de privacidad así que se acercó al otro ocupante de la habitación.

- Hey, ¿estas bien chaval?

Éste se encontraba con la vista fija en el techo pero lo miró con ojos asustados cuando se acercó.

- Lo recuerdo - murmuró. - Kang podía hacer desaparecer a las chicas solo con tocarlas. Lo vi haciendo flotar en los aires a una chica que intentó escapar una vez - le dijo aun en tono bajo. - Quemó viva a otra que se defendió y le golpeó - lo vio tragar con dificultad mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. - Y se estuvo riendo todo el rato, mientras ella se chamuscaba entre gritos.

Danny no dijo nada, sólo se agachó y concentró toda su rabia y frustración en levantar a Davis, con silla y todo.

- ¿Que es lo que he hecho? - murmuraba entonces éste.

Danny levantó la mirada y vio que Steve y Mary los estaban mirando, esta última con los ojos llenos de lágrimas. Comprendió entonces que Mary debió haber presenciado los mismos recuerdos de Davis al estar en su mente cuando éste los recuperó. No podía ni imaginarse cómo sería eso.

- Desátalo Steve, no va a ir a ninguna parte.

El mago asintió y sacó su varita, pero antes de que pudiera hacer nada Davis gritó aterrorizado.

- ¡Eres como él! ¡Alejate de mi!

Danny se puso en frente del muggle, bloqueando a Steve de su mirada y poniéndole las manos en los hombros.

- Relajate, nadie va a hacerte nada aquí.

- ¡No lo entiendes! - replicó éste. - Kang tenia un palo como ese, es con lo que hacia sus trucos.

- Lo se - asintió él. - Hay más gente que sabe utilizar esos palos pero no todos son como Kang - intentó explicar. - Son armas, como las pistolas, los malos las usan pero también los policías, ¿verdad?

El chico más joven pareció relajarse levemente.

- ¿Entonces sois policías?

- Algo así - respondió Steve desde su lado. - Solo voy a desatarte, ¿de acuerdo?

El muggle aun parecía asustado pero asintió levemente. El mago hizo un movimiento de muñeca con la varita y las ataduras de la silla se aflojaron y cayeron inertes a los lados.

- ¿Que va a ser de mi ahora? - preguntó Davis. - Secuestré a esas chicas, soy culpable de ello.

Danny no supo que responder a ello. Era cierto que las había drogado, secuestrado y entregado a un mago psicópata pero también estaba la reacción aterrorizada de Davis al recuperar sus recuerdos. ¿Hasta que punto era el chico consciente de sus acciones?

- De momento vamos a tener que retenerte en una de nuestras celdas - respondió Steve con voz tranquila. - Por la mañana un especialista te quitará del todo el hechizo que limita tus recuerdos y se asegurará de que estés bien.

Davis tragó.

- ¿Y después?

- Vas a tener un juicio con un tribunal que valorará tu caso - prosiguió éste. - Por supuesto cualquier ayuda que puedas aportar para la investigación será beneficiosa para ti en el juicio.

- Claro, en todo lo que pueda - se apresuró a asentir éste.

Danny se apartó unos metros, evaluando la situación. Davis había cambiado su disposición radicalmente pero no sabia si era debido a haber recuperado sus recuerdos o a que estaba aterrorizado de Steve y los magos en general. No sabia que idea le gustaba menos. Se acercó a Mary, que seguía en la silla.

- ¿Mary? ¿Estas bien?

- Estoy bien Danny, es solo que es la primera vez que hago algo así.

- Lo siento, no quería que lo pasaras mal - le dijo asumiendo que se refería a los desagradables recuerdos que había presenciado. - Si lo hubiera sabido antes nunca te habría pedido tu ayuda.

- No, no, al contrario Danny - protestó ella. - No ha sido agradable, lo reconozco, pero es la primera vez que mi habilidad sirve para algo bueno - le confesó con una sonrisa tímida. - La primera vez que la uso para ayudar a alguien.

- Quizás esa sea la razón por la que tienes esa habilidad - le contestó él. - Tal vez puedas usarla para ayudar a la gente de alguna forma, no se en tu mundo pero en el mio serias la perfecta psicóloga.

Mary le sonrió.

- Nunca me lo había planteado pero puede que no sea tan mala idea, las restricciones en contra de los legiliments no son tan estrictas aqui como cuando estaba en Beauxbatons.

- ¿En donde? - le preguntó él mientras la ayudaba a incorporarse de la silla.

- Es la escuela femenina de magia de Francia - le explicó ella. - Fui allí cuando era niña.

- Creía que tu y Steve habíais ido a Hogwarts - insistió el.

- No, no, Steve se quedó en Inglaterra así que fue a Hogwarts pero yo me mudé a Francia con nuestra tía el año que cumplí once así que fui a la escuela de allí.

- ¿Por unos meses quieres decir?

- No había vuelto a pisar tierras británicas hasta hace dos semanas - le respondió la bruja mirándolo de reojo.

Eso no tenía sentido. El padre de Steve había permanecido en Londres. ¿Por que entonces mandar a su hija a Francia? Aunque fuera para vivir con un familiar era un país con una cultura y un idioma completamente distintos. ¿Que padre le haría eso a su hija?

- No te preocupes Danny - le respondió la bruja. - Simplemente no todas las niñas tienen la suerte que tiene Grace.

Y con eso y una sonrisa un poco triste Mary se alejó de él y se dirigió a su hermano.

- ¿Tenéis algún pensadero por aquí, Steve? Hay algo que tenéis que ver.


Era la primera vez que utilizaban el pensadero de su Departamento pero ya lo había visto antes, el primer día al comprobar que todo funcionara correctamente. De modo que Danny no se sorprendió cuando, tras pulsar un botón, la mesa principal de la oficina se abrió en dos y un recipiente plateado ascendió. El pensadero era muy parecido al de Steve pero éste no desprendía ninguna luz, si no supiera que no pensaría que sólo contenía agua.

- No esta mal - dijo Mary entonces. - Siempre tuviste mejores juguetes que yo, Steve.

- Mary... - gruñó su hermano. - ¿Que querías enseñarnos?

- No que. Quien - respondió ella.

Entonces sacó su varita y se la acercó a la sien, cerró los ojos unos segundos y volvió a alejarla de su rostro lentamente. Un hilo blanco pareció surgir de su frente al mismo tiempo, atado a la varita. Con un movimiento de muñeca el hilo quedó flotando en el aire y con otro movimiento la bruja empujó el hilo hasta el pensadero. Éste cayó en el agua cristalina, creando ondas que empezaron a brillar hasta que todo el liquido se iluminó. Entonces en el centro del pensadero apareció gradualmente una imagen de lo que parecía una callejuela oscura. Steve pulsó un botón en la mesa y la imagen tembló antes de empezar a ascender, cobrando tres dimensiones y ampliándose hasta que ocupó todo el espacio de la habitación. En un instante Danny y los dos magos se encontraron en el callejón del recuerdo. Era una sensación parecida a la que sintió cuando cayó en el otro pensadero pero menos tangible, podía ver la escena del pasado pero al mismo tiempo notaba la mesa bajo sus manos, como si estuviera en el callejón y en su oficina al mismo tiempo. Además había un toque insólito en el aire, más de lo habitual al menos, quizás debido a que se trataba de un recuerdo de Davis que Mary había visto. O sea que era un recuerdo de un recuerdo y quizá eso afectaba a la percepción final de la escena. Justo entonces Davis dobló la esquina, con dos chicas rubias colgando del brazo. Enseguida reconoció a Amanda y Robin Reeves.

- No me encuentro bien – murmuraba una de las chicas, la que reconoció como Amanda.

- Ya casi estamos en el coche, tranquila – le respondió Davis absorto mientras miraba a su alrededor.

-¿Dónde estamos? - respondió la otra chica, que parecía un poco más coherente que su hermana.

Justo entonces una silueta encapuchada surgió de las sombras del callejón, varita en mano. Robin soltó un pequeño grito y se llevó la mano al bolsillo.

- Expelliarmus – murmuró la silueta.

Las varitas de las dos chicas salieron volando hacia el encapuchado que las pilló al vuelo. La otra chica pareció darse cuenta entonces de la situación en la que se encontraban puesto que soltó un chillido e intentó huir. El encapuchado entonces le gritó a Davis:

- ¡No dejes que escape!

El muggle intentó agarrarla pero ésta se defendió y tras un breve forcejeo logró soltarse y empezar a correr hacia la entrada del callejón pidiendo ayuda a gritos.

El mago encapuchado soltó una maldición y agitó la varita de nuevo, lanzándole un nuevo conjuro.

- ¡Incarcerous!

Algo salió disparado de la varita y se enrolló alrededor de Amanda, haciéndola caer al suelo. Danny se acercó a ella corriendo y vio que una cuerda gruesa le rodeaba las piernas y el torso, comprimiéndolos, mientras que otra le ataba las manos y le apretaba el cuello, estrangulándola.

- ¡Para! - no pudo evitar chillar, sin darse cuenta de que la otra joven también estaba gritando desesperada.

Intentó quitarle las cuerdas del cuello pero sus manos atravesaron a la chica sin poder tocarla. No pudo hacer nada mientras veía como se asfixiaba.

- ¡Haré lo que quieras! - oyó que chillaba Robin. - ¡Lo que sea pero detente!

- Finitte -oyó de nuevo la voz del mago.

Las cuerdas desaparecieron pero Amanda no se movió ni un ápice, la boca abierta y los ojos llorosos. Por un momento Danny pensó que había muerto pero entonces oyó un leve gemido. Aun no entonces.

- Si intentas escapar, tu hermana morirá – amenazó el encapuchado.

Danny sintió una mano en el brazo y se giró rápido, la adrenalina impulsándolo a defenderse, pero se calmó al ver que era Mary. La bruja lo miraba con ojos tristes y comprensivos.

- No hay nada que puedas hacer por ellas, Danny – le dijo mientras le ayudaba a incorporarse. - Es solo un recuerdo, ya ha pasado, ya no puedes evitarlo.

- Lo se – respondió él con un hilo de voz. - Lo se pero verla así… no puedo quedarme quieto, aunque sepa que no servirá de nada, ¿entiendes?

Mary solo asintió antes de apretarle un poco el brazo y soltarlo. Danny respiró profundamente. La bruja tenia razón, tenia que analizar lo que veía con mente de detective, no con corazón de padre. Se giró hacia el encapuchado y se acercó hasta estar al lado de Steve.

- ¿Que quieres de nosotras? - le preguntaba Robin en ese momento.

- Va a ayudarme a hacer justicia señorita Reeves – le respondió el mago sin dejar de apuntarla con la varita.

Justo entonces aparecieron dos siluetas mas de entre las sombras, ambos con el rostro cubierto. A una señal del cabecilla uno de ellos agarró a la rubia.

- No, espera, mi hermana – protestó ella. - ¡Amanda!

Ambos se convirtieron en torbellinos de luz y desaparecieron, obviamente a causa de la aparición conjunta. En la calle aun quedaron los dos encapuchados y Davis, el cual estaba inmóvil pero los observaba con mirada ausente. Los magos lo ignoraron y se acercaron a Amanda, uno de ellos agachándose a comprobar su pulso. Danny y Steve los siguieron.

- ¿Es que nunca van a dejar su cara al descubierto? - gruñó él.

- Esperemos que si – respondió en tono ausente el moreno, mientras intentaba ver bajo la capucha de ese mago sin tocarlo.

- Aun está viva – oyeron decir al mago que había aparecido último, Danny decidió bautizarlo como Secuaz numero dos.

- No importa, no la necesitamos – respondió el otro. - Deshazte de ella y que sea en un lugar donde la encuentren rápido.

- Entendido.

Y dicho eso cogió a la chica de la muñeca y desapareció con ella. Sólo quedaban Davis y el primer encapuchado en el callejón.

- Vamos… - murmuró Danny.

El mago volvió hacia donde estaba el muggle, sacudiendo la mano delante de su cara y riendo cuando Davis no reaccionó.

- Debería matarte aquí mismo pero para ser un gusano insignificante has resultado ser bastante útil – le habló aunque éste no reaccionó. - Finitte.

Al pronunciar esa palabra Davis parpadeó y inspiró profundamente, como si despertara de un sueño. Sacudió la cabeza con un gruñido y saltó sorprendido cuando vio al otro hombre cerca.

- ¿Quien diablos eres? - exclamó.

- ¿No me reconoces? - respondió este con sarcasmo. - ¿Y ahora?

Mientras preguntaba eso se llevó una mano a la capucha y se la echó para atrás, descubriendo su rostro. Era un hombre joven, mucho más que Danny, con largo pelo rubio, piel clara y facciones marcadas.

- No puede ser – musitó Steve a su lado y con un movimiento de varita congeló el recuerdo. - ¡Es un Malfoy!

- ¿Le conoces? - le preguntó él.

- Su rasgos familiares son inconfundibles, ademas de que sus antepasados fueron famosos por su desprecio hacia los magos así que los aurores los tienen fichados como precaución – le respondió éste.

- Entonces concuerda con nuestro perfil, ¿no? - insistió él. - Ha utilizado a Davis como una marioneta para secuestrar quien sabe cuantas chicas.

- Si, pero su familia hace años que no se involucra en nada ilegal, después de la Segunda Guerra Mágica se esforzaron en limpiar su apellido y desvincularse de su pasado – prosiguió Steve. - No tiene sentido que ahora hagan algo así.

- ¿No podría haber sido todo una tapadera?

- Han pasado sesenta años desde la última guerra, Danny – interrumpió Mary. - En todo este tiempo la familia Malfoy no ha sido asociada a nada turbio y realmente se esforzaron en dejar claro a todo el mundo que habían cambiado. Hasta Harry Potter defendió a algunos de ellos en su juicio.

- ¿Quizás no se trate de toda la familia entonces? - meditó él en voz alta. - Una parte de ella esta definitivamente implicada.

- Son una familia poderosa Danny, no podemos detenerlo sin nada mas solido que unos recuerdos robados – respondió Steve antes de poner en marcha el recuerdo de nuevo.

Vieron en silencio como Malfoy le entregaba una bolsa de dinero a Davis y luego le lanzaba un par de conjuros, un Confundus y uno que sonó como Imperius. Y entonces el recuerdo terminó y el escenario que los envolvía desapareció. Permanecieron en la misma posición y en silencio por unos segundos, hasta que Mary habló.

- Eso es todo lo que he podido sacarle sobre esa noche.

- Es más que suficiente, al menos ahora tenemos un sospechoso – le respondió Danny al instante.

- Si, nos ha sido de mucha ayuda Mary, gracias – le agradeció entonces su hermano.

- Ha sido un placer caballeros – sonrió ella de vuelta. - Si vuelves a necesitar alguien que te resuelva un caso avísame hermanito - prosiguió guiñándole un ojo.

- Lo que tu digas – contestó éste poniendo los ojos en blanco pero con una pequeña sonrisa. - Vuelve a casa, Mare, te has ganado un buen descanso.

- De acuerdo pero que quede claro que tu y yo no hemos terminado de hablar sobre papá – le advirtió ella antes de girarse hacia Danny con una sonrisa. - ¿Te veré en unos días para las clases de oclumencia?

- Deja que te invite a algo cuando resolvamos este caso y lo discutimos, ¿te parece? - fue su respuesta.

- Mientras no me des largas – contraatacó ella. - De esta no te escapas Daniel.

- No te preocupes, me das demasiado miedo como para intentar engañarte – confesó él con una sonrisa.

- Excelente, así es como debería ser siempre.

Y dicho eso se despidió de él y de su hermano con un beso en la mejilla y se fue.

- ¿Debería preocuparme porque hayas quedado con mi hermana pequeña? - le soltó Steve con expresión seria.

- Cállate anda – le gruñó él. - Voy a llamar a Chin, te toca avisar a Kono

Un par de horas después, mucho café y una mini-siesta de diez minutos les proporcionó la energia necesaria para dar el siguiente paso. El sospechoso se llamaba Cygnus Malfoy y, cómo ya le había contado Steve, pertenecía a una familia de renombre que se caracterizaba por tener un pasado bastante sombrío. Su padre, Lucius Malfoy, fue un reconocido mortífago en ambas guerras y su hermanastro, Draco Malfoy, fue un iniciado en la segunda, permitiendo a ese grupo entrar en Hogwarts donde causaron revuelo y asesinaron a varios estudiantes y a algunos profesores, incluyendo el director. Al parecer en ese entonces éste solo tenia 16 años así que aunque ya era mayor de edad para los magos logró evitar la prisión debido a su juventud. Y al hecho que varios testigos importantes declararon en su favor, argumentando que los había salvado y ayudado a terminar la guerra. Su madre, Narcisa Malfoy, también fue exonerada por haber ocultado información a los mortífagos y haber salvado la vida de Harry Potter en la batalla final. Sin embargo ésta cayó enferma y falleció unos años después de la guerra debido a secuelas causadas por varios maleficios y torturas sufridos durante ésta. Su marido Lucius Malfoy cumplió su condena, también reducida debido a su colaboración con los aurores como informador, y se volvió a casar. Fue de este segundo matrimonio que nació Cygnus Malfoy.

Se trataba de un mago joven de unos treinta años, sin antecedentes y con una alta vida social. Por lo que sabían vivía por su cuenta en un apartamento en el centro de Londres aunque conservaba una estrecha relación con sus padres y una cordial con su hermanastro y su familia. Trabajaba gestionando las empresas de su padre y había abierto un par de negocios propios que había asociado al imperio familiar.

No encontraron nada que indicara que Cygnus tuviera ninguna relación con la familia Reeves ni ningún cargo que usar para interrogarlo.

- ¿Estáis seguros de que no podemos usar los recuerdos de Davis para traerlo a las oficinas? - preguntó él por enésima vez.

- Podríamos pero estaría fuera en cuestión de horas y nosotros habríamos perdido nuestra mejor carta – respondió Chin.

- Sin tener en cuenta que las y los periodistas del Corazón de Bruja se nos lanzarían encima como hipogrifos hambrientos – añadió Kono. - Es el soltero numero uno de Gran Bretaña.

Así que los magos también tenían celebridades, revistas del corazón y paparazzi, genial, lo que le faltaba.

- ¿Así que nuestra única opción es pillarle con las manos en la masa? - aclaró Danny. - O encontrar algo que lo incrimine.

- Exacto, y por eso precisamente tenemos que entrar en Malfoy Manor – decidió Steve mientras con un gesto hacía aparecer la imagen de una mansión enorme en el televisor. - Vamos a tener que infiltrarnos.

- Espera, espera, espera – protestó él. - No podemos entrar así como así en un domicilio privado sin una orden, dijiste que en esto el protocolo de vuestro mundo coincide con el del mio.

- Por eso he dicho "infiltrarnos" - respondió el mago. - No tenemos tiempo para esperar a una orden, los secuestradores no se han puesto en contacto con la familia aun, así que no sabemos que es lo que quieren hacer con Robin.

- ¿Y como vamos a hacer eso? - insistió Danny. - No creo que sea precisamente sencillo colarse en una mansión mágica.

- Hay una manera – dijo entonces Kono con tono pensativo.

Danny desvió la mirada hacia la bruja y la vio observando de reojo a Chin con una expresión extraña en el rostro.

- ¿Que sugieres, Kono? - la incitó a continuar.

- Hay una fiesta privada mañana, una con acceso exclusivo para el tipo de circulo social en que se mueven los Malfoy – prosiguió la bruja. - No es en Malfoy Manor pero es casi seguro que asisten, y lo mejor es que Chin y yo conocemos a alguien que nos podría colar.

Al oír su nombre el mago se incorporó y puso una expresión fruncida.

- Estas hablando del cumpleaños de Sid, ¿verdad prima? - le preguntó. - A ti quizás si que te invitaría pero a mi no me dejará ni siquiera acercarme a su mansión.

- Esperad, esperad, ¿de quien estáis hablando? - interrumpió él, confundido. - ¿Quien es Sid y de que lo conocéis?

- Es nuestro primo - dijeron Kono y Chin a la vez.

Su primo. Danny tuvo que repetirse esa frase mentalmente para comprenderla del todo. Eso no tenia sentido. Si tenían familia tan rica, ¿por que trabajaban en uno de los oficios mas peligrosos de los dos mundos? Ademas de que viendo como ambos vestían y vivían nunca se le hubiera ocurrido que eran de familias ricas. No era que encontrara nada malo en sus ropas o hogares pero no eran precisamente ostentosos.

- ¿Estáis seguros de que Malfoy acudirá a la fiesta? - preguntó entonces Steve.

- No se si Cygnus irá pero uno o dos Malfoy seguro que aparecen; siempre podemos interrogarlos para que nos digan donde encontrarlo – afirmó Kono. - Es un gran evento social y si en algo se esfuerzan las familias de ese entorno es en mantener las apariencias, los Malfoy no querrán crear una escena en publico que les pudiera perjudicar.

- O sea que la idea es presionarlos para que colaboren sin tener autorización para ello – concluyó Danny. - No entiendo porque tiene que ser en esa fiesta entonces, ¿no podríamos ir directamente a su mansión y ahorrarnos tanta vuelta?

- ¿Cuantas veces tengo que decirte que tenemos la autorización para saltarnos una o dos leyes en caso de emergencia? - gruñó Steve.

- ¡Para ti todo es una emergencia, Steven! - replicó él.

- Chicos, las peleas maritales en privado por favor – interrumpió Chin, poniéndose entre ellos dos y literalmente separándolos con las manos. - Respondiendo a tu pregunta Danny, si nos presentamos mañana en su puerta lo más probable sería que no nos abrieran o si lo hacen que no colaboren fácilmente.

- Sin tener en cuenta que estaríamos advirtiendo a Cygnus de nuestra presencia solo con pasar la puerta del jardín y activar las alarmas – añadió Kono. - Eso si logramos llegar tan lejos sin tener que usar la fuerza.

- Y estáis seguros de que colaboraran si los pillamos en la fiesta? - insistió él. - No le veo el sentido.

- Eso es porque no lo tiene, es simplemente una más de las normas estúpidas no escritas en ese tipo de familias – se encogió de hombros. - Junto con nunca deshonrar a la familia, y si lo haces no dejar que te pillen si quieres seguir formando parte de ésta.

Era increíble lo arcaico que sonaba eso, ¿como podían los magos seguir viviendo con conceptos como el honor y la deshonra? Estaban casi en el siglo XXII y esos magos seguían comportándose como si estuvieran en la edad media. Iba a comentar la estupidez de esa idea pero recordó el comentario de Chin sobre no estar en gracia con su primo. Cierto, Chin fue acusado de robar objetos del Departamento de Misterios y degradado por ello, si su familia era como Kono decía no quería imaginar lo que esa "deshonra" había supuesto para Chin.

- ¿Estás segura de que tu primo accederá? - preguntaba en ese momento Steve.

- Es familia y ademas algo como esto puede dar buen nombre a nuestro apellido – respondió ella poniendo los ojos en blanco. - Lo que me parece una estupidez pero si funciona…

- De acuerdo, contacta con él y nos informas – decidió Steve. - Una vez tengamos ese ángulo asegurado detallaremos el plan.

- Es demasiado temprano aun para que pueda hablar con él y la fiesta empieza tarde – comentó ella. - Pero puedo conseguir una lista de los invitados mientras.

- Perfecto, ponte a ello pero no estés demasiado tiempo – ordenó el moreno. - Os quiero descansados y listos en siete horas.

Siete horas. Danny miró su reloj y vio que ya eran las tres de la madrugada del sábado así que en siete horas serian las diez. Le iría bien dormir un poco.

- Creo que voy a aprovechar ese tiempo para dormir – comentó él pasándose una mano por el rostro. - Ha sido una noche muy larga.

- Por supuesto, vete tranquilo Danny, Chin y yo aguantaremos el fuerte – le sonrió Kono.

- No os olvidéis de Davis – les recordó él a gritos mientras entraba a su oficina a recoger sus cosas. - Ya lleva casi cuatro horas en esa silla.

- Esta controlado, no sufras – insistió Chin.

- De acuerdo entonces, nos vemos luego – se despidió.

- ¿Quieres que te lleve Danno? - le preguntó Steve con voz ausente.

- No, tranquilo, tu también deberías descansar – insistió él.

- De acuerdo, paso a buscarte luego entonces.

Danny se despidió de nuevo con la mano y se encaminó al ascensor. Se palpó el bolsillo, feliz de por una vez tener las llaves de su coche en éste, habría odiado tener que volver otra vez a por ellas.