Lamento haber tardado tanto en actualizar la historia aqui, la verdad es que cada vez uso menos ff y mas AO3. Os recomiendo que me busqueis allí si seguís interesados en mis historias y quereis estar más al dia (eso tampoco quiere decir que actualize cada semana, ¿eh?)

En compensación aquí os dejo todo lo que queda del Caso 3 y la semana que viene colgaré sin falta el siguiente interludio entre casos.

¡Espero que os guste!


- Sigo pensando que debería ir Steve como tu acompañante – protestó por enésima vez mientras se ataba los botones de las muñecas de su camisa.

- Tonterías, lo harás bien Danny – insistió Kono, apartándole la mano de un manotazo y volviendo a desbotonar los botones.

- ¿Seguro que esta ropa está bien? Me esperaba algo más… estrafalario.

La ropa que Kono le había elegido era bastante normal, o al menos normal para él. Llevaba puesto una camisa azul claro, desabrochada en los dos primeros botones y en las muñecas, un conjunto de pantalón y chaqueta oscuros a juego y zapatos relucientes. Cuando supo que le tocaría ir de incógnito en un baile de gala de magos sangre-pura imaginó que le harían vestir una túnica de color vistoso con sombrero a juego. Sin embargo la ropa en cuestión era mucho mas parecida a su ropa habitual de lo que se habría esperado, quizás era de un estilo un poco anticuado pero en realidad no importaba. Llevaba pantalones en vez de túnica, con eso se conformaba.

- Esto es lo que se lleva en los círculos más elitistas del mundo mágico – le contestó la bruja mientras hacia un paso hacia atrás y lo observaba con atención. - O al menos es lo que llevan los hombres, las mujeres no tenemos tanta suerte. No sabes lo que daría por poder ir en pantalón en vez de con esto.

Se fijó entonces en lo que llevaba puesto la bruja y entendió al instante a que se refería. La chica llevaba un vestido largo sin mangas de un azul oscuro con detalles de un azul más claro que complementaba su propia camisa. En el pecho y la cintura la ropa se ajustaba estrechamente a su cuerpo mientras que a partir de la cadera la ropa caía con mas soltura en una amplia campana. Era la primera vez que veía a Kono en un vestido como ese y estaba claro que no era para nada del estilo de la bruja.

- ¿Entonces nada de sombreros absurdos o túnicas? - insistió él, incapaz de ocultar su esperanza.

- Nada de sombreros, tranquilo – respondió ella con una sonrisa. - Pero necesitas algo encima.

Y con un movimiento de varita y un murmullo en latín un abrigo oscuro apareció flotando desde la oficina de Kono hasta quedar suspendido a su lado. Danny tardó unos instantes en entender que la bruja pretendía aguantar en el aire la prenda de ropa hasta que él se la pusiera pero cuando lo hizo apenas tuvo que tocarla para que esta prácticamente se acomodara sola en sus hombros. Se lo terminó de arreglar casi esperando más movimiento pero el abrigo permaneció inerte. Sería todo lo practico que quisieran pero le daba un poco de grima que la ropa se moviera sola.

- ¿Que tal estoy? - le preguntó al final.

- Perfecto, solo necesitas meterte en el papel de un snob pretencioso y egocéntrico y podrías pasar por un Malfoy – le sonrió ella.

- No se si tomarme eso como un cumplido o un insulto – replicó él antes de ponerse serio de nuevo. - ¿Los chicos ya están en posición?

- Si, Steve va a estar dentro sirviendo copas y Chin va a vigilar desde fuera.

- Me muero por ver a Steve de mayordomo – sonrió él ampliamente antes de agarrar su ya inseparable bastón.

- Espera Danny – lo paró Kono quitándole con suavidad el bastón de las manos. - No puedes llevar esto, desentona demasiado.

- ¡Pero necesito un bastón! - protestó él.

- Realmente deberías haber ido a ver un medimago, Danny – replicó ella. - ¿Como vamos a explicar esto ahora?

Mientras hablaba sacó su varita y apoyó el bastón en la mesa antes de apartarse un paso. Luego inspiró profundo y empezó a soltar varias frases en latín mientras movía la varita en una complicada secuencia. La madera del bastón oscureció gradualmente y cambió de forma, alargándose y apareciendo un nuevo y elaborado cabezal. El proceso duró solo unos minutos y al terminar Danny tenia un sofisticado bastón plateado, de la altura perfecta y con un símbolo extraño grabado en el cabezal.

- No me ha quedado tan mal, siempre se me dio mal Transfiguración en la escuela – comentó Kono mientras se acercaba a estudiarlo. - De acuerdo, si te preguntan por tu cojera di que sufriste una lesión mágica en algún país exótico – decidió la bruja. - Aunque es poco probable que alguien sea tan indiscreto.

- Entendido – respondió él mientras estudiaba su nuevo bastón antes de ofrecerle el brazo.- ¿Me permite señorita?

- Por supuesto caballero, pero antes no olvide su varita – replicó ella mientras le entregaba una vara de madera.

- Kono no se si eso es buena idea – protestó él, no consideraba que fuera necesario.

- No te preocupes, no es de verdad, es solo una imitación – lo tranquilizó ella. - Pero deberías llevar una para mantener las apariencias al menos.

Seguía sin gustarle la idea, no tenia ni idea de que hacer con una varita, falsa o no. Ni siquiera sabia donde guardarla, decidió que el bolsillo interno del abrigo sería un buen lugar.

- ¿Vamos, entonces? - repitió.

- Vamos – asintió ella mientras acercaba una mano hacia él.

- ¿Es realmente necesario aparecernos? - preguntó por enésima vez. - No quiero llegar a trozos.

- Se supone que somos sangre pura elitistas Danny, y así es como acuden a las fiestas la gente como nosotros – argumentó con tono de exasperación. - Y no voy a despartirte, confía un poco más en mi.

- Eso es jugar sucio, sabes que confío en ti – gruñó él.

- Si, lo se – respondió ella con una enorme sonrisa antes de agarrarle la mano por sorpresa y apareciebdolos antes de que pudiera seguir protestando.

Danny había usado la aparición ya varias veces pero aun así seguía mareándose y necesitando unos segundos para recomponerse. Por suerte Kono no los había aparecido en la puerta sino a unos metros, en una calle secundaria medio escondida.

- ¿Estás bien? - le preguntó la bruja.

Inspiró profundamente y se incorporó antes de asentir. Se tomó un par de segundos mas para recomponerse del todo, si quería hacer bien su papel necesitaba estar al cien por cien. Cuando el mundo dejó de dar vueltas arregló su ropa, asegurándose de que no tuviera ni una sola arruga y de llevar el abrigo debidamente sobre los hombros.

- ¿Me permite, señorita Kalakaua? - preguntó mientras le ofrecía el brazo de nuevo a la bruja.

- Sería un honor, mi señor – respondió ésta sonriendo mientras depositaba su mano en el pliegue de su codo.

El papel que Danny representaba era simple: un mago sangre-pura estadounidense recién llegado a Inglaterra por negocios y que estaba interesado en invertir en el país, quizás incluso establecerse. Y Kono por supuesto era su anfitriona. De esa forma Danny podría encubrir cualquier desliz o ignorancia del mundo mágico británico alegando su origen americano. Su marcado acento solo ayudaría con la tapadera.

- Recuerda que los magos americanos llaman No-Maj a los muggles, además en general no hay ideología sangre-pura pero hay mas separación entre la sociedad muggle y la mágica allí que aquí – le recordó Kono en voz baja mientras se acercaban a la puerta iluminada. - ¿Recuerdas el nombre de tu escuela?

- Ilver… ¿mory? - intentó recordar, él.

- Casi, se llama Ilvermorny, con N – lo corrigió ella. - El nombre completo es Escuela de Magia y Hechicería Ilvermorny y esta localizada en algún punto de Massachusetts.

- ¿En algún punto? - preguntó él extrañado.

- La localización exacta es secreta, igual que la de otras escuelas y otros edificios oficiales – fue la respuesta de la bruja.

- Vuestro mundo y sus secretos – gruñó Danny molesto.

- Te acostumbrarás – se encogió de hombros Kono. - Lo que me recuerda que en América hasta hace un par de décadas había una ley prohibiendo las interacciones entre magos y No-Maj.

Al oír eso Danny estuvo a punto de detenerse y dar media vuelta. Sabía que los magos eran muggleofóbos pero eso ya era demasiado, ¿una ley oficial en contra de las relaciones entre magos y muggles? ¿Ni siquiera la amistad era permitida? ¿Y que ocurría con los magos y brujas nacidos de muggles? ¿Los separaban de sus familias desde niños? Si fue hasta veinte años atrás eso significaba que él podría haber sido uno de esos niños en el caso de que hubieran detectado su magia en aquel entonces. Era casi mas de lo que podía tolerar.

- Dime que estas exagerando – pidió en voz baja mientras sonreía educadamente a otra pareja de magos que acababan de aparecer a su lado y que por su pose altivo estaba claro que iban al mismo baile.

- Lo siento pero no, se llamaba Ley de Rappaport y creo que se creó después de un incidente que casi deja el Mundo Mágico Americano al descubierto – le explicó ella. - Hay varios libros de historia que hablan de ello por si te interesa pero no creo que ahora sea el momento.

- Cierto – asintió él, reconociendo que Kono tenia razón.

Se encontraban en frente las puertas de un jardín que incluso desde fuera parecía inmenso. Un mago vestido con túnica oscura comprobaba los nombres de los asistentes antes de dejarles cruzar unas grandes puertas metálicas que brillaban de un sospechoso color azulado. Un hechizo sin lugar a dudas. Esperaba que el primo de Kono no se hubiera olvidado de ellos.

- Muy buenas noches caballero, señorita – los saludó con educación cuando se acercaron. - ¿Me permiten sus nombres por favor?

- ¿Mi nombre? - preguntó Kono con un tono escandalizado que Danny nunca le había oído antes. - ¡Habráse visto! ¿Acaso debo pedir permiso para visitar a mis familiares?

Snob y egocéntrico, recordó Danny. Levantó un poco más la barbilla y se giró hacia su acompañante.

- No te alteres, querida – le dijo asegurándose de usar un tono condescendiente antes de girarse hacia el otro mago con mirada gélida. - Estoy seguro de que se trata de un error, ¿verdad?

El mago parecía debatirse entre su responsabilidad y el miedo a estar efectivamente cometiendo un error, probablemente temiendo provocar un escándalo social. Finalmente pareció llegar a una decisión.

- Mis disculpas señorita…

- Kalakaua, Kono Kalakaua – lo interrumpió ella con tono impaciente. - ¿Vamos a estar mucho mas tiempo aquí afuera? Esto es humillante.

- Lo lamento, señorita Kalakaua – insistió el otro hombre, esta vez con una chispa de reconocimiento en sus ojos. - Efectivamente nos notificaron su asistencia pero no había tenido el placer de conocerla hasta ahora así que no la reconocí, es todo un honor.

- Me gustaría decir que el placer es todo nuestro pero por desgracia eso seria una blasfemia – interrumpió él, colocando una mano encima de la de Kono y mirando aun mas fríamente al otro mago, el numero del novio celoso siempre funcionaba. - ¿Nos va a dejar pasar ahora?

- Por supuesto, tan solo necesito comprobar sus varitas primero – insistió el hombre, tendiéndoles una mano, indudablemente esperando que le entregaran sus varitas.

Danny se tensó, su varita era falsa al fin y al cabo así que entregarla no era una buena idea.

- Eso no será necesario, Harld – ordenó una voz masculina.

Justo entonces la puerta metálica se abrió y salió un hombre bajito, con rasgos asiáticos como los de Kono y Chin y vestido en un costoso traje azul marino.

- Kono, querida, empezaba a pensar que no acudirías – saludó a la bruja y se acercó a abrazarla.

- Primo, me alegro de verte – respondió ésta con una amplia sonrisa. - Lamento la demora pero al parecer no tengo autorización para entrar.

La bruja lanzó una mala mirada al portero, que de golpe parecía haber empalidecido. Danny le lanzó su mejor sonrisa burleta, y decidió ignorarlo completamente para presentarse al recién llegado.

- Es un honor conocerlo al fin señor, Kono me ha hablado mucho de usted – le dedicó una mirada fugaz a la bruja, que le sonrió casi tímidamente, antes de ofrecerle la mano al mago. - Soy Edward Cullen, es un placer.

- Cullen, ¿eh? - repitió éste levantando una ceja antes de estrecharle la mano. - Puede llamarme Sid. Tengo entendido que acaba de llegar de América y por el acento me atrevería a decir que de Nueva York mas concretamente.

- Nueva Jersey en realidad – corrigió él, dejando que su acento aflorara. - Aunque hace mucho que no resido en un solo lugar.

- Ya veo – musitó Sid. - Pero pasad, pasad, podemos hablar de ello dentro. Supongo que se graduó en Ilvermorny, ¿verdad?

- Con honores – asintió él mientras sutilmente recuperaba a Kono a su lado y empezaban a seguir a Sid al interior del jardín, cruzando sin problemas el hechizo de la puerta. - Fue casi en otra vida por eso.

- Por supuesto, todos nos sentimos así – asintió Sid con complicidad.

- No todos – protestó con una sonrisa la bruja. - No tengo la culpa de que os estéis volviendo sentimentales con la edad.

El mago soltó una carcajada mientras miraba a su alrededor fugazmente. Danny también lo hizo, estaban solos. Cuando volvió la vista hacia el otro hombre tenia la varita fuera, un murmullo, una onda expansiva verde y se encontraron en una burbuja aislante incluso sin dejar de andar.

- Ahora no pueden oírnos – explicó innecesariamente. - Ya sabes mis condiciones Kono, haz tus preguntas pero no causes un escándalo que pueda afectar irremediablemente al apellido de la familia.

- Lo se y lo entiendo primo – respondió esta sin dejar de sonreír ni apartarse de su lado. - Seremos cautelosos, no te causaremos ningún problema.

- Solo necesitamos hablar con los Malfoy – añadió él. - ¿Sabe si han asistido a la fiesta?

- Si, tanto Draco Malfoy y su familia como su padre y su consorte – asintió Sid. - Reservados como siempre pero están.

- ¿Y Cygnus? - preguntó Kono.

- No, no ha aparecido hoy – fue la respuesta de Sid. - Lo que es extraño porque no se pierde una fiesta ese chico.

Danny intercambió una mirada con Kono. Si no estaba en la fiesta no podrían interrogarlo, hora de pasar al plan B.

- Si quisiéramos información sobre él, ¿con quien sugieres que hablemos? - indagó la bruja.

- ¿Sobre Cygnus? Con cualquiera realmente, es uno de los solteros mas codiciados en este tipo de fiestas – se encogió de hombros Sid. - Todo el mundo lo adora. O al menos casi todo el mundo.

- ¿Casi? - insistió él mientras observaba los realmente inmensos jardines y la mansión iluminada justo delante.

- Su hermanastro Draco – especificó el mago. - Se rumorea que no se llevan bien, supongo que la segunda boda de Lucius no fue del agrado de su primerizo. Lo que no me extraña la verdad, no es usual que la cabeza de una familia como la suya arriesgue su reputación con un segundo matrimonio. - añadió con claro tono reprobador. - Aunque igualmente no es que tuvieran mucha reputación que perder por aquel entonces.

Y tras soltar tan extraña crítica, Sid hizo desaparecer el hechizo insonoro y llegaron a la mansión. Los primeros veinte minutos transcurrieron en presentaciones y salutaciones a familiares de Kono y curiosos por igual. Y entonces, puntual como un reloj, se cruzaron con Steve. Iba vestido con el traje blanco con levita de los sirvientes de la mansión y llevaba una bandeja con dos copas.

- ¿Una bebida señor? - les preguntó con expresión indiferente.

Danny tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no reírse del otro mago, cogió las dos copas y procedió a ignorarlo completamente mientras le ofrecía una a Kono.

- A tu salud, querida – brindó con una sonrisa socarrona antes de beberse la copa entera.

Todo iba según el plan, incluso la bebida había estado planificada escrupulosamente. Por supuesto no se trataba de un refrigerio normal, era una poción. Una que por lo que le dijeron les permitiría comunicarse sin necesidad de radios durante un breve periodo de tiempo. Danny no estaba seguro de como iba a funcionar y por eso casi suelta un chillido cuando oyó la voz de Kono decir "Estoy dentro" sin que esta moviera los labios. Antes de poder reaccionar oyó dos voces respondiendo "Recibido" simultáneamente. Chin y Steve, pero se suponía que el primero no había entrado a la mansión y a Steve podía verlo en la otra punta de la sala atendiendo a un grupo de magos. Entonces éste se giró, mirándole directamente y Danny oyó su voz de nuevo "¿Danny? ¿Me recibes?". Telepatía a distancia, y ademas en grupo, excelente. Se volvió hacia Kono, que sonreía con un brillo burleta en los ojos.

- ¿En serio? - le preguntó en voz baja. - ¿En serio era necesario? No necesitaba tener a Steve en mi cabeza, suficiente tengo en mi día a día.

Ignoró el "He oído eso, Danno" en su cabeza y se concentró en pasear con Kono por la sala, esperando que ella reconociera a algún Malfoy. Entonces oyó la voz de Chin "No es telepatía de por sí, solo sirve para comunicarse conscientemente. No vas a ver los pensamientos de nadie, ni nadie los tuyos, tranquilo"

- Era la forma mas efectiva – le explicó Kono tras intercambiar cumplidos con otra bruja por unos momentos.

La morena siguió hablándole, esta vez mentalmente, mientras se despedía de la bruja. "Los artilugios muggles no habrían funcionado en esta casa, Danny" oyó que le explicaba, "Y no habrían pasado la puerta"

- De acuerdo – se rindió él. - ¿Y como funciona?

"Solo tienes que mandarnos un pensamiento, Danny, como si estuvieras usando legilimancia" oyó la voz de McGarrett respondiendo, lo que no le servía de nada porque no tenia ni idea de como hacerlo. "Es cuestión de visualizarlo, Danny. Imagina que estás hablando conmigo en el teléfono" colaboró Chin. Danny lo intentó, pensó en Chin y se imaginó marcando su numero en el móvil, por muy ridículo que le pareciera. "¿Así?" preguntó y tres voces respondieron a la vez asintiendo y felicitándolo uno detrás de otro. Vaya, no había sido tan difícil. "De acuerdo chicos" oyó a Steve decir entonces, "los efectos de la poción solo van a durar unos minutos así que aprovechemos"

Dejó que Kono informara de lo que Sid les había dicho mientras observaba atónito como esta mantenía dos conversaciones simultaneas, la mental y una real con una pareja con la que se acababan de cruzar. Él a duras penas podía seguir el hilo de una. Trabajando en equipo lograron localizar tanto a Lucius Malfoy y su mujer como a Draco Malfoy en partes opuestas de la sala en pocos minutos. Después un breve debate mental, Steve se acercó a éste ultimo y tras intercambiar un par de palabras lo condujo a una sala lateral. Kono y él se apresuraron a acudir tan rápido como pudieron sin levantar sospechas. Una vez dentro se encontraron con Steve apuntando con una varita a un muy cabreado Malfoy, el cual tenia sospechosamente una mano dentro de la chaqueta.

- ¿Que significa esto? - iba diciendo en ese momento.

Danny suspiró exasperado, "¿Que ocurre?" oyó que preguntaba Chin. Le respondió "Solo Steve siendo Steve"

- ¿En serio? - protestó al aire. - ¿Medio minuto y ya estás amenazando a alguien, Steven? ¿Que ha pasado con lo de no montar un escándalo diplomático?

Kono al parecer decidió que no merecía la pena intervenir puesto que los ignoró a los dos y se dirigió directamente a Malfoy.

- Perdón por la intrusión señor Malfoy pero hay un asunto de vital importancia que debemos tratar con usted – le dijo en tono serio mientras se acercaba.

- ¿Y es necesario amenazarme? - protestó éste. - Si quieren una audiencia deberían llamar a mi secretario y concertar una cita.

- No hay tiempo para ello – gruñó McGarrett, aun sin bajar la varita.

- ¿De que va esto? - insistió Malfoy, aparentando tranquilidad pero sin dejar de ojear a Steve de vez en cuando. - ¿Quienes son ustedes?

- Aunque no lo parezca esto es un caso oficial – intentó explicar Danny mientras llegaba hasta Steve y ponía una mano en su hombro. - Cálmate, ¿quieres? - le murmuró.

El moreno lo miró con el cejo fruncido unos momentos antes de bajar la varita y dirigirse a Malfoy.

- Soy el Mago Golpeador Steve McGarrett, líder del Departamento de Aurores y Policías y este es mi equipo – se presentó a la carrera. - Necesitamos hacerle unas preguntas sobre su hermano, señor Malfoy.

- Hermanastro – especificó éste con un claro tono de desagrado en la voz. - ¿Dicen que son del DAP? Es la nueva subdivisión de la Oficina de Protección Mágica, ¿verdad?

- Así es – asintió Kono. - Soy la auror Kalakaua y él es el Detective Williams. Lamento la confusión pero necesitamos localizar a su hermanastro inmediatamente.

Ante eso Malfoy pareció deshincharse, los evaluó uno a uno con sus ojos fríos antes de volver a hablar.

- ¿Y que les hace pensar que voy a tener la mas mínima idea de donde está o que está haciendo Cygnus?

- Su hermanastro es sospechoso en un caso doble de secuestro y asesinato – lo cortó Danny. - Además de su implicación en una red organizada para secuestrar jovenes, probablemente chicas, presumiblemente para ser usadas en el mercado negro como mercancía.

- Nos gustaría pensar que usted y su familia no están involucrados – continuó Steve. - Por eso consideramos actuar con discreción en esta investigación pero si se niega a colaborar tenemos la autoridad para arrestarlos a todos ustedes en este mismo instante.

Malfoy empalideció al escucharlos, llegando incluso a apoyarse en la pared momentáneamente.

- ¿Asesinato? - murmuró con los ojos grandes. - ¿De quien?

- Amanda Reeves, la hija del embajador – respondió Kono. - Su hermana aun está desaparecida.

- ¿Y estáis seguros de que es cosa de Cygnus? - insistió él.

- Hay un testigo – asintió Danny.

Malfoy desvió la mirada y se apartó de la pared para empezar a moverse en círculos por la sala, parecía tener un tic nervioso puesto que no dejaba las manos quietas un instante.

- No tenia ni idea – murmuró. - Cygnus nunca me ha gustado, agentes, pero nunca pensé que llegaría a hacer algo así.

Parecía sincero. Realmente parecía sincero aunque al mismo tiempo no sorprendido. Quizás había sospechado algo en algún momento y por eso no se llevaban bien; o quizás era un buen actor. Justo en ese momento la puerta de la sala se abrió y apareció Lucius Malfoy, varita en una mano y bastón en el otro.

- ¿Que está pasando aquí? - bramó, amenazándolos a todos con su varita.

En un instante tres varitas mas habían aparecido alrededor de Danny, incluyendo sorprenentemente a la de Draco Malfoy.

- Dime que no lo sabías – dijo éste, la mano de la varita temblando mientras se acercaba a su padre. - ¡Dime que no sabías en lo que Cygnus estaba metido!

- ¿Draco? ¿De qué estás hablando?

- ¡Dime que no sabías nada de los secuestros de muggles! - insistió éste, alzando la voz. - ¡Que no sabías que había matado a una bruja!

Justo entonces Steve hizo un paso hacia Lucius Malfoy, sin dejar de apuntarlo con su varita.

- Baje la varita señor Malfoy si no quiere ser detenido por obstruir una investigación del DAP.

Éste pareció dudar unos instantes pero al final bajó su arma y la enfundó de nuevo dentro del bastón. Se enderezó en toda su altura y miró desafiante a Steve.

- No queremos causar problemas a los aurores, ¿verdad hijo? - le dijo a Draco pero sin desviar los ojos de McGarrett. - Aunque no creo que esta emboscada siga los protocolos adecuados, mucho me temo que voy a tener que notificarlo al Wizengamot.

- Usted mismo – respondió Steve bajando la varita. - Aunque no creo que les moleste nuestro protocolo cuando precisamente estamos investigando el asesinato de la hija de uno de sus miembros y el secuestro de su hermana.

- No has respondido a mi pregunta, padre – gruñó el otro Malfoy. - ¿Sabias o no lo que estaba haciendo Cygnus?

- Por supuesto que no – respondió este, mirando de reojo al resto de los presentes. - Pero quizás deberíamos hablar en privado.

- No – se opuso su hijo. - Vas a contar todo lo que sepas y todo lo que sospeches, y lo vas a hacer ahora.

Eso sonó a amenaza y por la tensión en la sala no fue el único que lo percibió. Intercambió una mirada con Kono y se dio cuenta que la bruja seguía el intercambio con gran interés.

- ¿Y por que debería hacer eso? - murmuró el otro Malfoy en tono gélido.

- Porque si ahora mismo el apellido Malfoy significa algo para esta sociedad es gracias a mi y a Astoria – respondió el mas joven en el mismo tono y parando justo en frente de su padre. - Si gozas del mas mínimo respeto en fiestas como esta es gracias a nuestro esfuerzo y nuestro compromiso y no voy a permitir que Cygnus o tu arrastréis a mi familia con vosotros. Voy a dejar que os hundáis solos.

Era la amenaza más extraña y suave que Danny había oído nunca pero pareció que daba su resultado porque la expresión de Lucius Malfoy pasó de arrogante a casi asustada. ¿Quien iba a decir que esos magos temían mas el desprecio social que la prisión o los agentes de la ley?

- No se en que esta metido Cygnus pero se con quien se relaciona – confesó finalmente Lucius, volviéndose hacia ellos. - Les daré sus nombres si nos dan inmunidad a mi y mi familia.

- Si Cygnus es culpable será arrestado – sentenció Steve. - No hay inmunidad posible para él.

- ¿Y mi familia? - intervino entonces Draco Malfoy.

- Necesitaremos sus declaraciones pero si no encontramos nada que los incrimine no tienen nada de que preocuparse – respondió él.

- Por supuesto todo quedará en la mas estricta confidencialidad – añadió Kono. - No es necesario que cierta información llegue a la portada de El Profeta.

- ¿Creéis que sois sutiles? - protestó entonces Lucius. - La mitad de los presentes nos habrán visto entrar en esta habitación y no se puede desaparecer desde dentro de estas paredes ¿como sugiere que salgamos de aquí sin causar un escándalo?

Esos magos se ahogaban en un vaso de agua. A parte de que no entendía de que les servia tanta magia y tanta habilidad de desaparecer en la nada si no podían usarlo cuando mas importaba.

- Disculpad – intervino Danny. - Pero eso es sencillo, solo necesitamos una distracción.

- ¿Como que? - preguntó esta vez Steve.

- Un escándalo aun mayor – sonrió él. - ¿Kono?

La bruja lo miró por unos instantes confundida pero enseguida pilló su idea al vuelo.

- ¡Oh! - exclamó con una risita y una mirada traviesa. - ¿Por que no? Será divertido.

Al final resultó que ser pillado in fragantti con tu supuesta novia en un cuarto oscuro en una fiesta llena de estirados era una de las mejores formas de distracción posibles. Y de garantizarse ser la comidilla del Corazón de Bruja después durante dos semanas enteras. Gajes del oficio.


- Muy bien Chin, ¿que tenemos?

Se encontraban de vuelta en las oficinas, alrededor de la mesa-ordenador de la sala principal recopilando los datos que habían obtenido en las ultimas horas.

- Kono y yo comprobamos la lista que nos dio el señor Malfoy y destacaron tres individuos: Lars Crabbe, Nicolás Goyle y Michael Parkinson.

- Los tres son miembros de familias sangre puras – comentó Steve.

- De acuerdo, ¿por qué esos tres? - preguntó él.

- Están ilocalizables por el momento y son del círculo más próximo a Cygnus Malfoy – respondió Kono.

- Lo que los hace sospechosos pero no es suficiente para acusarlos – argumentó Danny, añadiendo tras ver la cara de exasperación de los demás. - Solo remarco lo obvio, no digo que no sean culpables, sólo que necesitamos mas que eso.

- Danny tiene razón – lo apoyó Steve. - ¿Habéis encontrado algo mas?

- De hecho si – asintió Chin - Contacté con el Departamento de Transporte Mágico para que me informaran de las llamadas realizadas por Red Flu desde las chimeneas de los tres sospechosos desde el secuestro.

Dicho eso Chin empezó a tocar varios botones en la mesa hasta que apareció en una de las televisiones un esquema con tres direcciones postales de donde salían flechas unidireccionales hacia otras direcciones con un numero encima. Ninguna de las flechas llegaba a la dirección de la Mansión Reeves.

- ¿No decías que habías encontrado una conexión? - insistió él, confundido. - Porque yo no la veo.

- Yo tampoco vi nada al principio pero pensé que quizás habían tenido en cuenta el registro de la Autoridad de Red Flu y habían sido precavidos – explicó el mago. - Así que decidí hacerlo al revés.

Pulsó un par de botones en la pantalla táctil de la mesa y las direcciones y las fechas cambiaron. Aparecieron varias direcciones diferentes todas con flechas a una misma dirección, la Mansión Reeves. Entonces se acercó a la pantalla, tocó algunas de las lineas y estas se iluminaron.

- Estas son todas las llamadas que han entrado a la chimenea de los Reeves desde el secuestro y las fechas exactas en que fueron realizadas.

Danny observó con atención las flechas, había demasiadas, como mínimo veinte proviniendo de varias localizaciones diferentes, algunas de ellas de la misma localización.

- ¿Alguna de ellas proviene de una propiedad de nuestros sospechosos?

- Si, ésta – dicho eso la tocó con el dedo, resaltándola. - Se trata de una de las antiguas empresas de la familia Goyle, se fue a pique hace unos diez años.

- ¿Diez? - preguntó Steve. - Claro, es perfecto.

- ¿Y eso por qué? - se extrañó Danny.

- La ley que permite la supervisión de la Red Flu se estableció hace ocho años – le explicó Kono. - Antes de eso no se registraban las llamadas pero tras esa ley todas las conexiones a la Red Flu de hogares y empresas se asocian a una dirección postal y al propietario.

- Y al ser una empresa que ya no actuaba no tuvieron que registrarlo, ¿no? - dedujo Danny. - ¿Pero entonces como es que tenemos una ubicación desde donde provienen las llamadas?

- Hay un hechizo que hace que las direcciones de las chimeneas se escriban automáticamente en unos pergaminos del Departamento de Transportes en el momento en que se conectan a la Red Flu – explicó Steve. - Pero hay millones de conexiones a la Red Flu y muchas son de casas antiguas o edificios abandonados, e incluso puede que haya mas de una chimenea conectada en un mismo hogar. De modo que la gente normalmente solo inscribe en el registro las que usan con más frecuencia.

Eso no tenia mucho sentido, ¿significaba entonces que no era obligado registrar las direcciones del punto de contacto a la red? ¿Solo era voluntario?

- ¿Que sentido tiene entonces tener una ley que los ciudadanos aplican solo cuando les parece? - expresó él sin entenderlo.

- Es una ley relativamente nueva y ha tenido mucha controversia – explicó Chin. - Tienes que entender que la sociedad mágica es de tradiciones muy arraigadas y reticente a los cambios.

- Hay muchos que argumentan que ese registro es una violación de su privacidad – añadió Kono.

- ¿Por qué? - seguía sin entender Danny. - ¿Se graban las conversaciones o algo parecido?

- ¡No! ¡Claro que no! El únco caso en que eso pasó fue antes de la última guerra y solo en areas restringidas - negó la bruja, aparentemente escandalizada. - Técnicamente es posible pero sólo se hace en situacones muy específicas y tras permiso del Wizengamot. Lo que se registra autonamicamente es la hora y la dirección de las chimeneas conectadas y se conservan esos datos durante medio año como mucho.

Danny decidió no comentar que en su mundo cualquiera que quisiera usar un teléfono, publico o privado, tenia que usar una compañía telefónica y por lo tanto era sencillo acceder a un registro de sus llamadas si se tenia suficiente autoridad. Ni que en ocasiones se guardaba mas que los números de teléfono, sobretodo en casos de venta de productos por teléfono donde se grababa la conversación.

- ¿Entonces esa dirección es la de una supuesta empresa abandonada? - dijo él, redirigiendo el debate al caso de nuevo.

- Así es, pero lo que no entiendo es por qué llamarían a la Mansión Reeves – continuó Kono. - ¿Creéis que están implicados en las desapariciones de sus propias hijas?

- No, esto es un secuestro con rescate – asumió Steve.

- Pero entonces ¿por qué no nos han informado de ello? Les dijimos que si había cualquier contacto nos avisaran. – insistió la bruja. -

- Creo que tengo una idea del porque no nos informaron – respondió Steve mientras se acercaba a la pantalla. - Chin, ¿puedes sobreponer las llamadas realizadas desde la Mansión Reeves en el mismo periodo de tiempo?

- Si, claro.

Chin tocó varios botones más y varias flechas en otro color aparecieron en la pantalla, esta vez surgiendo de la dirección de los Reeves. Danny sinceramente creía que eso habría sido mucho más sencillo si en vez de un esquema tuvieran en frente una lista de llamadas en formato excel; como las que estaba acostumbrado a usar. Tanta flecha solo creaba confusión.

- Aquí – señaló Steve, tocando una dirección nueva. - Hay varias llamadas tanto saliendo como entrando de esta dirección casi desde el momento del secuestro.

Lo tocó con un dedo y las flechas correspondientes se iluminaron mucho mas que las demás, resaltándolas. Danny se levantó para observarlo de mas de cerca. Steve tenia razón, habían como mínimo cuatro llamadas diarias en ambas direcciones. Se fijo en las fechas y las horas, comparándolas con las de la dirección sospechosa y vio que algunas se habían realizado pocos minutos después de las recibidas de los sospechosos.

- Los Reeves estaban en contacto con alguien – dijo él, pensando en voz alta. - Alguien a quien llamaron justo después de recibir las llamadas de nuestros sospechosos.

- Estoy seguro de que es un especialista K&R – determinó el Mago Golpeador.

De entre todos los términos y pequeños detalles iguales en los dos mundos Danny se sorprendió que esa precisamente esa terminología lo fuera. Aunque pensándolo bien tenia lógica.

- Claro, un especialista en secuestro y rescate, de las siglas en ingles – explicó Danny. - Es un tipo de aseguradora, si el asegurado es secuestrado ellos pagan el rescate y supervisan todo el proceso – añadió para Kono, seguro de que la novata no sabia de que hablaban. - Tienen la tendencia de obstruir las investigaciones de la policía.

- ¿Os acordáis del tío nuevo del Embajador? - preguntó entonces Chin. - ¿Russell Ellison? Me dijo que se encargaba de la seguridad del Embajador pero estoy casi seguro de que es de K&R.

- Concuerda – asintió Kono. - Llegó al país poco después del secuestro, ¿recordáis? Y las llamadas que hicieron los Reeves no empiezan hasta después de su llegada.

- Entonces la dirección de su chimenea probablemente nos lleve a un hotel o algo por el estilo – reflexionó Chin. - No creo que nos sirva de mucho.

Por supuesto tenia razón. Si Ellison no era ingles y solo se encontraba en el país para coordinar el rescate de Robin era inútil intentar localizarlo siguiendo el rastro de las llamadas.

- Chicos, hay algo que se nos escapa - interrumpió Danny mientras movia el bastón de una mano a otra, pensando. - Estamos asumiendo que los secuestradores se han puesto en contacto con el Embajador para pedir un rescate economico pero si no me equivoco nuestro sospechoso proviene de una familia adinerada.

- Una de las mas ricas del Reino Unido de hecho - añadió Kono.

- Exacto - asintió él antes de proseguir. - ¿Entonces para que iban a necesitar secuestrar a esas chicas de perfil alto? ¿Para que matar a una y pedir un rescate cuando no necesitan dinero?

- Porque no quieren dinero - concluyó Chin.

- Entonces, ¿que es lo que buscan? - preguntó la bruja.

- No tengo ni idea pero iremos directamente a la principal fuente de información: los Reeves – sentenció Steve.

Cuando él y Steve regresaron a la Mansión Reeves se encontraron a la Gobernadora haciéndole compañía a la señora Reeves. Si Danny no hubiera sospechado antes de la estrecha relación de la Gobernadora con la familia esa imagen le habría abierto los ojos.

- Disculpe, ¿se encuentra su marido? - preguntó directamente Steve. - Necesitamos hablar con él.

La señora Reeves pareció sorprendida puesto que empezó a balbucear.

- No, no, él… ha tenido que salir un momento a una reunión – respondió nerviosa.

Estaba claro que mentía, cualquiera lo podría haber visto. Las señales eran obvias: desviaba la mirada, el nerviosismo y sobretodo la falta de sentido en su frase. ¿Una de sus hijas había sido asesinada, la segunda estaba desaparecida y él se preocupaba por una reunión de negocios? No tenía sentido.

- ¿Con el señor Ellison? - contraatacó Steve, dejándola muda.

- No… no lo se – contestó ella aun mas nerviosa.

Entonces la Gobernadora se levantó y se acercó a ellos, posicionándose levemente delante de su amiga y justo enfrente de Steve, en una clara posición desafiante y protectora.

- ¿Que ocurre aquí? - le reclamó.

El auror echó los hombros ligeramente para atrás y miró desafiante a la Gobernadora por unos instantes antes de desviar los ojos de nuevo. Cuando volvió a hablar su tono de voz era más moderado, menos agresivo.

- Señora Reeves sabemos que los secuestradores han estado en contacto con usted o su marido – le dijo sin embudos.

Jameson empalideció al oírlo y se giró hacia la otra mujer con expresión incrédula. Ésta los miraba sin decir nada, claramente asustada y sin saber como salir de esa situación.

- Contrataron a Russel Ellison para que negociara con los secuestradores por ustedes, ¿verdad? - añadió él, intentando no sonar demasiado brusco.

La señora Reeves desvió el rostro y lo escondió entre las manos, claramente afectada. Danny no podía ni imaginar por lo que estaba pasando la pobre mujer, una hija asesinada y la otra desaparecida. No la culpaba por intentar hacer todo lo necesario para recuperar a su hija. Pero eso solo les había complicado el trabajo y retrasado la investigación.

- Sarah – exclamó la Gobernadora, acercándose a ella. - Sarah, si sabes algo tienes que decírselo.

Eso es lo que no le gustaba de trabajar para los "amigos" de su jefa. No es que fuera culpa de las pobres chicas por supuesto, pero si se tratara de un caso normal podrían interrogar a la señora Reeves en sus oficinas en vez de estar allí esperando a que la Gobernadora la convenciera de colaborar. No le gustaban los favoritismos ni las "élites", fueran mágicas o no. Un vistazo a Steve le reveló que este a duras penas contenía su impaciencia.

- Siento mucho haberte mentido, Pat – respondió al fin Sarah. - La última carta llegó hace una hora y decía que si pagábamos el dinero nos devolverían a Robin – les confesó.

- Vale – asintió Steve, claramente incapaz de contenerse mas. - Así que su marido y Ellison han ido al punto de encuentro a pagar el rescate.

La mujer asintió, con lagrimas en los ojos.

- Lo siento, solo quiero tener de vuelta a mi hija – pudo decir antes de soltar un sollozo.

La Gobernadora la abrazó intentando consolarla y él intercambió una mirada con Steve. Ellos sabían que los secuestradores no iban tras el dinero pero no sabía si era buena idea decírselo a la pobre mujer. Claramente estaba destrozada y decirle que su única esperanza era falsa no ayudaría. Pero por otro lado necesitaban obtener información, entender que es lo que Malfoy pretendía. Danny caminó hasta sentarse en el sillón opuesto a la señora Reeves, le lanzó una mirada de advertencia a Steve y se dispuso a darle la mala noticia.

- Señora Reeves tenemos razones para sospechar que los secuestradores no están interesados en el dinero – le dijo mirándola fijamente para evaluar su reacción.

Tal y como se esperaba ella lo miró atónita unos segundos antes de desviar la mirada primero a Steve y después a Jameson antes de devolverla a él.

- ¡¿Que?! - exclamó con voz rota. - ¡Pero eso fue lo que nos pidieron!

- Tenemos a un sospechoso – intervino entonces Steve. - No lo hemos localizado pero hay un testigo que lo sitúa con sus hijas la noche del secuestro.

- ¡¿Quien?! - pidió entonces, las manos temblando. - ¿Quien tiene a mi hija?

- Lo siento pero no podemos darle el nombre aun puesto que no disponemos de suficientes pruebas – se exculpó él. - Pero se trata de un mago de una familia adinerada así que es poco probable que lo haya hecho por el dinero.

- No lo entiendo, ¿que pueden querer si no es dinero? - preguntó entonces, claramente confundida.

- Eso es lo que queremos averiguar – respondió Steve mientras se sentaba en otro sillón, al lado del suyo. - Pero primero tenemos que saber exactamente que decían las otras cartas y que pasos a tomado Ellison.

- De acuerdo – asintió ella, inspirando profundamente. - ¡Hodey! - llamó entonces.

Con una pequeña explosión de magia apareció un elfo domestico al lado de la señora Reeves. Era más pequeño que el que los recibió en la puerta, de un color más claro y con menos arrugas en la piel por lo que Danny dedujo que era más joven. Llevaba atado un pañuelo con un bordado que reconoció como el de la puerta de la mansión, probablemente el escudo de la familia.

- ¿La Ama a llamado a Hodey? - preguntó con voz aguda mientras hacia una reverencia.

- Si, Hodey estos magos están investigando la desaparición de Robin y Amanda – le explicó esta. - Y necesitan las cartas que recibimos de los secuestradores, traelas por favor. Y manda a preparar un te para los nervios. - le ordenó.

- ¡Por supuesto! - asintió en seguida la elfa. - Hodey ayudará a los señores en lo que pueda. Hodey quiere que las señoritas vuelvan a casa.

- Todos lo queremos, Hodey – medio sonrió la señora Reeves. - Las cartas y el te, por favor.

Con otra inclinación la elfa desapareció de nuevo con un "puf" y casi al instante un paquete de cartas apareció en la mesita enfrente de ellos.

- ¡Vaya! - no pudo evitar exclamar. - Esto si que es eficacia.

- Los elfos domésticos son criaturas maravillosas – comentó Sarah Reeves. - Su lealtad y dedicación no tiene precio.

Danny cogió las cartas y le pasó la mitad a Steve. No estaban firmadas y estaban escritas con una letra de caligrafía demasiado perfecta como para haber sido hecha a mano. Leyó por encima las cartas pero no encontró nada que les sirviera para acusar a Malfoy, solo eran amenazas vagas, ordenes de no contactar con los aurores y instrucciones para permitir sus llamadas por Red Flu a horas acordadas. Por lo que leyó obligaron a la misma Robin a contactarse con ellos en esas ocasiones, transmitiendo sus palabras. Eso era enfermizo.

- Tan pronto como los secuestradores contactaron con nosotros por primera vez mi marido avisó a Ellison – empezó a explicar la señora Reeves. - Llegó a Londres el mismo día con el dinero del rescate. Monitorizó las llamadas, nos dijo exactamente que decir y hacer en cada momento.

- ¿Sabe donde han ido a entregar el dinero? - preguntó entonces Steve.

- No, mi marido era el que contestaba a las llamadas, siguiendo las instrucciones de los secuestradores – respondió ella. - El señor Ellison le dijo que no me informara de la ubicación por mi seguridad.

- ¿También les pidió que nos mintieran? - la acusó Danny sin poderlo evitar.

- Dijo que involucrar a los aurores solo serviría para poner a Robin en mas peligro aun – fue su replica.

Danny lo entendía, entendía la necesidad de proteger a su hija, sobretodo después de haber perdido ya una en manos de esos mismos secuestradores. Pero esa no era la forma correcta. Ellison se había equivocado y en su arrogancia había conducido a Reeves a una trampa.

Justo entonces apareció la elfa domestica de nuevo, con una bandeja con cuatro tazas de te humeante que volaron solas hasta la mesa.

- Gracias Hodey, retirate – le agradeció su ama antes de coger la taza y dar un sorbo.

- Sabemos que no es por el dinero, ¿los secuestradores mencionaron querer algo diferente como recompensa en algún momento? - la interrogó él con suavidad. - ¿Mencionaron algo sospechoso o que le hiciera pensar que tenían un otro motivo?

- No, solo hablaron del dinero – insistió ella.

- Su marido esta en el Wizengamot – intervino entonces Steve. - ¿Ha habido alguna decisión conflictiva últimamente? ¿Alguna ley que levantara polémica?

- Pues no lo se… - empezó a decir ella antes de cortarse a si misma con expresión pensativa. - Espere, si, hace un par de meses se propuso una ley para ayudar a integrar mejor a los magos y brujas nacidos de muggles y a sus familias.

- ¿Integrarlos? - preguntó Steve. - ¿Integrarlos donde?

- Es enfocada sobretodo a los niños que ya han manifestado sus poderes mágicos pero aun son demasiado jóvenes para acudir a Hogwarts – explicó ella. - Algunos de ellos lo pasan muy mal, saben que son diferentes pero no entienden el porque y sus padres muchas veces al intentar ayudar terminan empeorando las cosas, ha habido casos de niños ingresados en centros mentales desde muy pequeños e incluso abandonos.

- Suena horrible – intervino él. - ¿Entonces en que se basaría esa ley?

- Se trataría de crear una nueva subdivisión del Departamento de Educación Mágica que se encargaría de contactar personalmente con esas familias para darles orientación y apoyo – le respondió. - Para enseñarles que lo que les pasa es normal, que no están enfermos.

- Pues la verdad es que me parece buena idea – apoyó él. - Como hijo de muggles se lo confuso que puede ser este mundo.

- Para enseñarles que lo que les pasa es normal, que no están enfermos. - No creo que el sector mas conservador del Wizengamot lo apoyara.

- No, no lo hacen, por eso esta ley lleva dos meses siendo aplazada – argumentó la señora Reeves. - Hasta ahora no ha habido mayoría para aprobarla pero tampoco para refutarla así que ambas partes han seguido defendiendo su opinión semana tras semana intentando ganar más aliados. Parecía que por fin se iba a llegar a un acuerdo favorable esta semana.

- Y asumo que su marido es uno de los defensores de esta ley – concluyó Steve.

- Él la propuso – respondió ella con un hilo de voz. - Él es quien ha ido convenciendo a los demás miembros del Wizengamot.

Allí estaba. Esa era la razón del secuestro. No era por dinero si no por motivos políticos, para obligar a Reeves a retractarse en su proposición y quien sabia en cuantas otras. Quizás incluso habían intentado acusar a un muggle de la muerte de Amanda con las marcas de sogas y ahogandola en una área frecuentada por ellos pero no les había salido bien la jugada. La discreción de la Gobernadora había impedido que la noticia fuera portada en todos los diarios mágicos y muggles, el esperado titular "Joven bruja muerta por muggle" no había visto nunca la luz. Intercambió una mirada con Steve.

- Ya tenemos un motivo – murmuró él antes de girarse hacia las dos mujeres. - ¿Hay alguna forma de localizar a su marido?

- Ahora que lo dice, creo que si – respondió la señora Reeves. - Mi marido tiene un reloj con un hechizo de protección vinculado a esta casa, estoy segura de que uno de nuestros elfos domésticos podrían llevarlo hasta él usando el reloj como referencia.

- Vale la pena intentarlo.


La aparición con elfo domestico era diferente de la normal. Danny no sabría explicar el porqué pero la sensación era completamente diferente, en vez de caer en agua helada sintió calambres por todo el cuerpo y la sensación de ser comprimido en un espacio muy pequeño dejó paso a una opresión global, como los días de verano con tanta humedad en el aire que costaba respirar. El mareo y la desorientación sin embargo eran exactamente los mismos.

Cuando la cabeza dejó de darle vueltas y pudo observar a su alrededor vio que se encontraban en una área industrial casi desierta, con varios almacenes a su alrededor.

- Esto es lo mas cerca que puede Hodey acercarse al amo – gimió la elfa tirándose de las orejas. - Hodey lo siente, Hodey no ha podido ayudar.

- Sssh – la calló Steve. - Lo has hecho bien, ahora vuelve a la mansión, nosotros nos ocuparemos.

La elfa sintió y tras una leve inclinación desapareció.

- ¿Siempre tienes que ser tan borde con la gente? - comento él, poniendo los ojos en blanco.

- ¿Y ahora que he hecho? - protestó él sin siquiera girarse a verlo, acercándose decidido a una placa con el nombre de la calle.

- Has mandado a callar a la pobre criatura – argumentó él. - Encima de que nos ha traído hasta aquí.

- Es una elfa domestica, Danny, estaba a punto de ponerse a chillar y pegarse a si misma – fue su respuesta antes de cambiar radicalmente de tema. - De acuerdo, ya se donde estamos, voy a mandar un patronus a Kono y Chin.

- Espera – lo detuvo él. - Queremos conservar el factor sorpresa, ¿recuerdas? Lo perderemos si alguien ve a una pantera plateada volar cerca de aquí.

- ¿Entonces que sugieres que haga? - protestó él. - No tenemos tiempo para buscar y mandar una lechuza.

- Solo quiero que uses la opción mas rápida, sencilla y discreta – respondió el rubio mientras sacaba el movil del bolsillo y se lo enseñaba al mago.

Éste gruñó algo en voz baja y tomó a regañadientes el movil que Danny le ofrecía, con el numero de Chin ya marcado.

- Chin, tenemos una pista de la posible ubicación – oyó que decía, decidió ignorarlo para vigilar que no hubiera nadie sospechoso cerca.

Había varios edificios de dos plantas intercalando los almacenes pero no parecían viviendas, mas bien debían ser oficinas y áreas de administración, probablemente conectadas a algunos de los grandes locales. Solo en esa calle había cinco grandes superficies, todos iguales hasta el ultimo detalle y sin ninguna señal de utilización. Ni un solo coche o motocicleta a la vista, el transporte mágico seria mas practico pero también era mas difícil de rastrear.

- Chin y Kono estarán con nosotros en cualquier momento – oyó a Steve, esa vez hablándole a él. - Deberíamos movernos.

- Tu eres el Londinense, ¿tienes alguna idea de donde podrían estar haciendo el intercambio? - le preguntó volviéndose hacia él.

- Ni idea, cualquiera de estos locales seria un buen lugar – fue la respuesta del mago.

- Lo que me temía – confesó él. - ¿Como lo hacemos entonces? ¿Nos dividimos?

- Mala idea, no creo que tengamos tanto tiempo – negó él. - Si tuviera una escoba y ellos estuvieran en el exterior aun seria posible pero a pie no lo veo factible – reflexionó con la frente arrugada en concentración. - Creo que lo mejor sería centrarnos en Ellison.

Y dicho eso sacó una tiza de un bolsillo y se arrodilló en el suelo para dibujar algo en el asfalto de la calle. Se trataba de un circulo doble con varios símbolos raros en los cuatro puntos cardinales y un triangulo en el centro.

- ¿Que estas haciendo? - preguntó curioso.

- Es una runa de localización – le respondió Steve sin parar de dibujar. - Sirve para ubicar en la dirección de conjuros activos. Tiene poco alcance pero la elfa dijo que Reeves estaba cerca.

- Y vas a usar la runa para localizar el hechizo en su reloj – concluyó Danny.

- No, no creo que ese hechizo sea lo bastante potente como para ser detectado por una runa – le rebatió él. - Pero Ellison tiene que estar cerca con un fuerte hechizo de seguimiento, controlando la situación y con un poco de suerte podré detectarlo. Esto te va a encantar Danno.

Dicho eso se levantó y se colocó justo encima del dibujo. Entonces sacó su varita y la puso plana encima de su palma extendida, murmuró unas palabras y ésta empezó a girar. Dio un par de vueltas antes de detenerse con la punta apuntando a su derecha.

- Ha funcionado – sonrió el Mago Golpeador. - Vamos.

El moreno borró las marcas de tiza con un pie antes de empezar a andar en la dirección que indicaba la varita. Tuvieron que cambiar de dirección un par de veces, siguiendo los movimientos de la vara de madera pero al final llegaron a la puerta de un almacén.

- ¿Seguro que es aquí? - murmuró Danny, sacando su arma.

- Aquí hay un fuerte conjuro activado, esperemos que sea el correcto – fue la respuesta del moreno.

Y dicho eso abrió la puerta de golpe y entró con la varita por delante. Los recibieron tres magos, dos de ellos con varitas apuntándoles mientras que el tercero se encontraba en medio de la sala con una bola brillante entre las manos y lo que parecían hologramas bailando a su alrededor. Uno de los magos con varita era Ellison.

- ¿Que están haciendo? - les gritaba en ese momento.

- ¡Bajen las varitas! - respondió Steve sin bajar ni un instante su varita. - ¡Ahora mismo! ¡Soltad vuestras varitas ya!

- No pueden estar aquí – protestó Ellison sin ceder ni un ápice. - ¡Van a conseguir que maten a esa chica!

- ¡¿Nosotros vamos a conseguir que la maten?! - le gritó Danny de vuelta, sin bajar la pistola en ningún momento. - ¡Hey! ¡Te metiste en medio de nuestra investigación y nos ocultaste información! ¡Así que a menos que tu y tus hombres estéis dispuestos a herir a un par de agentes de la ley, diles que guardes sus varitas ahora mismo! - Danny estaba cabreado, muy cabreado.

- Ahora mismo colega – insistió Steve con tono mucho mas calmado y casi divertido.

Al final Ellison bajó su varita y se giró hacia su compañero, indicándole con un gesto que hiciera lo mismo.

- ¿Donde esta el Embajador? - preguntó Steve, su varita aun apuntando.

- Está en posición para entregar el dinero – respondió el otro mago.

- Sacalo de allí, rápido – le dijo Danny, bajando el arma y usando su ahora mano libre para enfatizar lo que decía con gestos.

- Con el debido respeto, mi equipo esta especializado en este tipo de situaciones – replicó con arrogancia Ellison. - Queremos que Robin regrese con su familia.

- Por supuesto que quieren – rebatió Steve con claro tono sarcástico. - Solo porque si no su compañía les debería millones de galeones a los Reeves por incumplimiento de contrato, ¿verdad?

- El hombre que secuestró a las hijas del Embajador no está interesado en el dinero – intentó explicar Danny con la esperanza de hacer reaccionar al mago a tiempo.

Justo entonces el mago del centro, el que estaba rodeado por una pantalla mágica semitransparente, habló.

- ¿Señor? Acaban de aparecer.

Demasiado tarde, era demasiado tarde. Ya estaban allí, ahora solo podían esperar que Malfoy no hubiera acudido con intenciones asesinas.

- No es por el dinero caballeros – insistió Danny. - Lo querían a él, es una trampa.

Steve por fin bajó la varita y se acercó al mago del centro, con Ellison siguiéndole el paso. Danny dudó unos instantes antes de decidir acercarse él también. Se colocó detrás del mago con la bola brillante y se sorprendió al ver que desde ese angulo la magia que lo rodeaba se asemejaba a una vista aérea de los almacenes. Pudo ver un par de figuras pequeñas entrar por la puerta de uno de ellos, el mago del centro movió la esfera y la imagen se acercó con velocidad, ignorando el techo y las paredes del edificio y permitiendoles ver el interior como si estos no existieran. Las tres figuras vestían túnicas largas oscuras con capuchas pero estaba claro que no había ninguna adolescente con ellos.

- Robin no esta con ellos – remarcó Steve.

Ellison lo ignoró para coger un pequeño objeto de una mesa cercana.

- Embajador, ¿puede oírme? - le habló a ese objeto, que resultó ser una moneda plateada.

Con otro giro de la esfera la imagen se movió hasta que vieron al Embajador en el otro extremo del local, con una bolsa enorme a sus pies y moviéndose constantemente en un claro reflejo nervioso.

- Acaban de llegar – siguió hablando Ellison. - Quiero que mantenga la calma y haga exactamente lo que ya discutimos.

En la imagen vieron como los tres recién llegados se acercaban al embajador sin decir nada y con pase altivo y seguro. Este se volvió a verlos y se quedó petrificado observándoles. El primero de los tres sospechosos se retiró la capucha, dejando ver una melena rubia larga hasta los hombros. Sin duda alguna era Cygnus Malfoy.

- Sabes quien soy, ¿verdad? - oyeron la voz de Malfoy salir de la moneda plateada.

- Eres un Malfoy – respondió el otro mago con claro tono de sorpresa en la voz. - El segundo hijo de Lucius Malfoy.

Uno de los otros magos se acercó a coger la bolsa con el dinero, lo abrió un poco para ver el contenido y luego con un golpe de varita la encogió y se la metió entre los pliegues de la túnica.

- Por lo visto me reconoce pero no lo suficiente como para recordar mi nombre, ¿verdad? - prosiguió Malfoy. - O quizás nunca se molestó en saberlo, solo soy "el hijo de Lucius" al fin y al cabo.

- ¿Donde está? - preguntó entonces el embajador. - ¿Donde esta mi hija?

- Cerca – respondió el rubio. - Cuando tengamos lo que queremos la liberaremos.

- No estamos aquí por mi dinero, ¿verdad?

- Soy un Malfoy, Embajador, ¿realmente cree que necesito su dinero? - le contesto en tono burlesco el rubio. - Por supuesto siempre es mejor utilizar efectivo que no pueda ser relacionado con mis empresas o las de mi padre pero tengo otras formas mas sencillas de conseguir Galeones. - prosiguió Malfoy antes de sacar su varita del cinto y apuntar con ella al otro hombre. - No, Embajador, es a usted a quien queremos.

Danny intercambió una mirada con Steve, estaban en lo cierto entonces, eso no era por dinero si no por política. En la pantalla los dos secuaces de Malfoy registraban al Embajador en ese momento. Le quitaron la varita y lo obligaron a andar hasta un rincón con una mesa y una silla donde lo sentaron a la fuerza.

- Ha estado muy ocupado últimamente con sus estúpidas ideas pro-muggles – empezó a hablar Malfoy mientras se acercaba lentamente. - Y lo peor es que su estupidez se está esparciendo por el resto del Wizengamot, poniendo en peligro nuestro mundo. ¿Y por que? Por unos seres inferiores, unos gusanos que infectan nuestra tierra y nuestra cultura, envenenándola, pudriendola. - siguió con claro tono de desprecio. - Pero se ha terminado, esto termina aquí y ahora.

- No entiendo que quieres que haga – replicó Reeves. - Solo puedo expresar mi opinión en los debates del Wizengamot, no puedo cambiar su voto por ellos.

- Oh, pero si que puede, ya lo ha hecho una vez – musitó con voz suave el mago mas joven. - Engatusando a magos y brujas que nunca habrían apoyado sus estúpidas ideas, envenenándoles la mente, hechizandolos para doblegarse a su merced. - insistió con énfasis mientras se acercaba al Embajador. - No sea modesto, ya he visto lo que puede hacer, y va a seguir haciéndolo pero esta vez para las decisiones adecuadas, las correctas.

- ¿Como? - protestó éste. - ¿Vas a lanzarme un Imperio?

- O no, eso seria demasiado burdo, coaccionaría su creatividad y necesito sus habilidades en pleno rendimiento – fue la replica. - Solo vamos a hacer un Juramento.

¿Un Juramento? ¿Que diablos significaba eso? No parecía una amenaza real.

- Mierda – gruñó Steve a su lado. - Va a obligarlo a hacer un Juramento Inquebrantable.

- ¿Un que? - no pudo evitar preguntar Danny.

- Un Juramento Inquebrantable es un juramento mágico que no puede ser roto, Danny – le explicó Steve con rapidez. - El que lo rompe muere al instante.

Una promesa que no se podía romper porque eso implicaba la muerte. Sonaba a juego de niños pero si era verdad, si realmente no se podía romper podía ser muy peligroso. Malfoy podría hacerle jurar cualquier cosa y Reeves lo tendría que cumplir si no quería morir. Pensó en un momento en todas las promesas que había roto al largo de su vida, accidentalmente o expresamente; ya habría muerto varias veces si se hubieran tratado de Juramentos Inquebrantables.

- El Embajador tiene acceso a detalles de seguridad del Ministerio de Magia – decía Steve en ese momento. - Así y como infinitos recursos y una posición de peso en el Wizengamot. Un Juramento podría arruinarle la vida o incluso causar problemas a nivel nacional.

Ellison pareció por fin darse cuenta de la gravedad de la situación.

- Ordenad al equipo de apoyo que se preparen para entrar en combate – ordenó entonces a sus hombres, ignorándolos a Steve y él.

- Espera, ¿que diablos estas haciendo? - lo interrumpió Steve.

- Nos estamos quedando sin opciones, algo tenemos que hacer – replicó éste.

- ¿Tenemos? - repitió en tono incrédulo. - No "tenemos" que hacer nada, tu tienes que retirar a tus hombres para que mi compañero y yo podamos arreglar vuestro desastre.

Danny no había visto a Steve enfadado muchas veces, probablemente solo una y fue el día que lo conoció cuando terminaron llegando a las manos. El mago se exasperaba y fingía enfado cuando Danny lo sermoneaba durante mucho rato pero pocas veces se enojaba de verdad por eso. Pero en ese momento, en ese preciso momento Steve parecía furioso. Y Danny lo entendía porque el también se sentía igual. Si había algo peor que alguien entorpeciendo su trabajo era alguien que ademas de ello era tan arrogante como para poner las vidas de inocentes en peligro con su ineptitud.

- ¡Fuera, ahora! - les ordenó Steve. - No lo voy a repetir.

Al final Ellison pareció reconocer su derrota porque les dijo a sus hombres que salieran de allí, dejó la moneda plateada encima la mesa y salió tras ellos. Steve la cogió entonces y se acercó a la pantalla, con Danny siguiéndole los pasos. En el almacén. Malfoy seguía amenazando al Embajador.

- Su mujer ya ha perdido a una hija – le dijo con falso tono compasivo. - ¿De verdad quiere tener que decirle que perdió a la otra sólo porqué no hizo lo que le pidieron?

El Embajador parecía realmente perturbado con la situación, probablemente pensando en hacer lo que fuera necesario para salvar a Robin sin importar las consecuencias.

- Embajador, soy el Mago Golpeador Steve McGarret – empezó a hablar entonces Steve con un tono pausado y frio. - Mantenga la calma y escúcheme.

En la pantalla el Embajador se cubrió la boca con una mano, como si estuviera reflexionando sobre su situación.

- Dígales que está dispuesto a cooperar en todo pero que primero necesita ver a su hija – prosiguió Steve. - No podemos actuar hasta que no sepamos donde está, ¿me entiende?

Malfoy sacó un pergamino y lo puso en la mesa en frente del otro mago.

- Esto es lo que va a jurar, embajador – le explicó. - Una sola linea de menos, una sola palabra cambiada y su hija muere.

El pobre hombre parecía al borde de un colapso o de que le viniera un ataque al corazón en cualquier momento.

- Por favor, confíe en mi – insistió Steve. - Dígale a Malfoy que está dispuesto a hacer el Juramento pero que primero necesita comprobar que Robin está viva.

El mago tenia la vista fija en el pergamino en la mesa pero estaba claro que no estaba leyendo nada si no debatiéndose entre las dos voces: la de Steve y la Malfoy. Al final levantó la mirada desafiante, enfrentándose a la del otro mago.

- Lo que me pides con este Juramento es que traicione a mis principios y a mi Ministerio, a mi país – exclamó con voz temblorosa. - Y lo haré, juraré lo que quieras. Pero no hasta que sepa que mi hija está a salvo.

Ante eso Malfoy se incorporó, estudiándolo con mirada calculadora.

- Quiero ver a Robin – exigió el embajador con voz firme.

El otro mago lo observó fixamente con expresión seria antes de incorporarse y hacerle una señal a otro mago.

- Creo que la tenemos – dijo Steve antes de acercarse a la esfera brillante del hechizo. -A ver si puedo…

Puso las manos a ambos lados de la esfera flotante y los movió para atrás. La imagen a su alrededor se alejó rapidamente de la escena hasta que apenas se podian distingir las calles.

- Te has pasado – comentó él, acercandose. - Más cerca.

- Ya lo se, tengo ojos en la cara Danny – le gruñó el mago mientras movia las manos en dirección contraria esa vez.

La escena volvió a acercarse a velocidad vertiginosa hasta poder ver de nuevo a Reeves y Malfoy. Steve movió la esfera hacia un lado entonces y la imagen se movió acorde, mostrandoles el resto del edificio. A Danny le recordó a la navegación por mapas que usaban muchos mapas online. Justo entonces entraron Chin y Kono.

- Listo – decia Steve en ese momento, alejandose de la esfera y dejando la imagen fija en la entrada.

- Tenemos un problema Steve – interrumpió Chin. - Hemos localizado el almacen, a una manzana de aquí pero Malfoy ha traido a varios perros guardianes; como minimo dos magos y tres muggles.

- Estan montando guardia alrededor del edificio entero – añadió Kono. - Hemos logrado pasar sin que nos vieran dando un rodeo pero vamos a tener que quitarlos de en medio antes de entrar a por Malfoy.

- De acuerdo, necesitaremos ojos en la escena – respondió él antes de volverse hacia el rubio. - Acercate Danny.

- Me estas tomando el pelo – asumió él, mirandose la esfera azulada con recelo.

- No, estoy hablando en serio – insistió Steve, apremiandolo – Vamos, es muy fácil.

- ¿Como sabes si quiera si podré hacerlo funcionar? - protestó él. - No se lanzar conjuros.

- No es necesario, tiene su propio hechizo – argumentó el mago mientras le ponia una mano en la espalda para situarlo en frente de la esfera. - Pon las manos tocando la esfera, una a cada lado.

Danny hizo lo que le decía, la esfera palpitaba levemente y era cálida al contacto. Probó a mover los dedos un poco,como habia visto hacer a Steve y la imagen enseguida se movió. Era extremadamente sensible y el mas leve movimiento se traducia en un desplazamiento de varios metros.

- Ya lo tienes, hacia adelante y hacia atrás para acercarte o alejarte y a los lados para moverte por el lugar – le explicó. - Es muy sencillo.

Dejó a Danny allí, habituandose con el conjuro, y se dirigió a la mesa con la moneda. Sacó la varita y en un momento hizo aparecer tres monedas más, idénticas a la original. Cogió las nuevas, se guardó una entre la ropa y le dio una a Kono y otra a Chin.

- Usaremos esto para comunicarnos, nos separaremos y aturdiremos primero a los vigías antes de entrar a por el embajador – les comunicó. - Danny tu usa ésta para avisarnos de sus movimientos.

- ¿Y su hija? - preguntó entonces Chin.

- No está con él aun pero ha convencido a Malfoy para que le deje verla así que viene de camino – les resumió. - Malfoy quiere obligar a Reeves a hacer un Juramento Inquebrantable así que tenemos que actuar antes, tan pronto como veamos a Robin actuamos.

Precisamente entonces se abría la puerta de un almacen cercano en la pantalla y salían tres siluetas. Danny llamó a los otros, que se le acercaron a tiempo de ver a Robin entre dos figuras encapuchadas, casi siendo arrastrada hacia el otro edificio.

- No la pierdas Danny – ordenó Steve. - ¡Vamos chicos!

Y con eso los tres desaparecieron en torbellinos de luz que salieron por la ventana.

- No gracias, no os preocupeis por mi – gruñó él para si mismo, - Yo me quedaré en la tienda de los castigados con mi bolita brillante.

Danny movió un poco las manos hacia atrás para reducir el zoom y dio una vuelta rapida al edificio por la parte exterior. Vio a Kono y a Chin aparecer en una zona con camiones aparcados. No tenian nadie cerca así que Danny los dejó para buscar a Steve. El mago se movía por callejuelas en el lado opuesto del edificio. Tampoco tenia nadie cerca.

- ¿Danny? - sonó la voz de Steve en la sala, saliendo de la moneda.

- Despejado durante dos calles mas – confirmó él.

El mago no respondió pero aceleró el paso así que Danny lo dejó para enfocarse de nuevo en Robin, aun no había llegado al almacen pero estaba a pocos metros. No entendía por qué no la habían aparecido directamente al lado de Malfoy en vez de en el siguiente edificio. ¿Quizas por precaución? Movió la imagen de nuevo hacia la dirección aproximada de Kono y Chin, se pasó de largo y tuvo que volver pero por suerte aun no tenian ningun enemigo cerca. Eso de tener que mover la imagen constantemente era muy tedioso, seria mucho mejor si tuviera dos pantallas distintas. Volvió al interior del almacen y vio a Robin entrando.

- Chicos, la chica acaba de entrar en el almacen – dijo en voz fuerte sin moverse del lugar. - Acelerad el paso.

Observó el reencuentro de padre e hija por unos instantes antes de alejarse de nuevo, maldiciendo tener solo una "pantalla". Vio que los chicos se habían acercado lo suficiente como para hacer contacto visual antes de alejarse de nuevo en direcciones opuestas, seguramente pretendiendo rodear el edificio. Iba a seguir a Kono pero en el ultimo momento vio movimiento cerca de donde se encontraba Steve.

- Espera Steve – le advirtió.

El mago se detuvo y se medio escondió tras unos contenedores. Danny alejó aun mas la camara y la ubicó justo encima de forma que podia ver las calles como en un mapa tradicional. Cerca de una de las entradas había dos hombres vigilando.

- Tienes dos en la entrada Sur, Steve – le dijo, siguiendo sus movimientos. - Uno de ellos esta haciendo una ronda y se esta acercando a tu posición.

No parecía haberse dado cuenta de nada puesto que iba con el arma en la mano pero apuntando al suelo. Llevaba una pistola de bajo calibre así que probablemente no era un mago. Steve se movió hasta estar justo dentro del almacen, escondido tras unas cajas.

- Va con arma muggle – le explicó. - Y aparecerá justo detrás de ti en unos diez segundos.

Vio al mago moverse con cuidado, moviendo su varita y haciendo aparecer una vara de hierro de la nada. El muggle seguia andando sin percatarse de nada pero observando con atención a su alrededor. Si no fuera porque sus compañeros se encontraban en una situación delicada Danny estaría disfrutando mucho más de ese conjuro y lo que le permitía hacer. Le recordaba al Pac-Man pero con multiples enemigos y solo tres fantasmas. Y Danny en sus dias era el Dios del Pac-Man.

- Casi esta alli, espera – seguía diciendo, contando los pasos del guardia. - ¡Ahora!

Justo cuando éste pasaba por donde Steve estaba escondido éste lo golpeó con la vara y el guardia cayó de morros al suelo. No teniendo suficiente con ello el mago lo golpeó de nuevo en la espalda. Danny no sabia para que tenia tanta magia si luego lo resolvia todo a lo cavernicola.

- Auch – no pudo evitar exclamar en simpatia.

Steve enseguida estuvo encima del otro hombre, con un movimiento de varita quedó inmovil y con otro su cuerpo levitó y se escondió solo entre las cajas. Danny tenia que reconocer que ese conjuro si que sería util de aprender, sobretodo para el dia que quisiera mover muebles.

Steve siguió moviendose pero Danny se encontraba en una situación de conflicto: quería seguir a Steve para controlar que no se metiera en demasiados lios pero tambien comprobar que Chin y Kono estaban bien. Y eso sin olvidar de los Reeves, que hacía ya un par de minutos desde su encuentro. Podría alejarse con el zoom pero para que salieran todos tendría que ir demasiado lejos y no sería capaz de distinguir nada. Si hubiera una manera de partir la pantalla en dos podria al menos seguir dos situaciones al mismo tiempo. Fijó su vista en la esfera, pensando en como podría hacerlo, ¿quizás si tuviera dos esferas? Sintió de golpe algo cambiar en la esfera, como una corriente de agua fria donde antes solo habia agua caliente y de golpe la magia soltó un chispazo que le hizo apartar las manos con un leve chillido. Entonces observó atonito como la esfera se deformaba, estirandose por el centro mientras la superficie azulada seguía en contacto con sus manos a ambos lado s.

- ¿Que demonios? - murmuró incredulo.

Intentó apartar las manos de la masa gelatinosa separando las manos rapidamente pero solo logró que con un chasquido lo que había sido una gran esfera se rompiera por la mitad y se separara en dos. Danny abrió y cerró la boca como un pez sin saber que decir, y intentó separar la mano de nuevo de una de las esferas. Estas habían quedado suspendidas en el aire en un lugar fijo, con su manos aun pegadas pero girando junto con estas. Por el rabillo del ojo Danny vio movimiento y cuando levanto la mirada vio que la pantalla tambien se habia dividido en dos y que cada lado se movia acorde a una de sus manos.

- Si lo llego a saber pido un millón de dolares a ver si tambien se cumple – murmuró para si.

Probó a mover las manos, esta vez observando la pantalla y vio que ya no podia acercar y alejar la imagen pero podia mover las dos mitades separadamente. Tendría que servir por el momento. Con la izquierda buscó a Malfoy y los Reeves que se encontraban abrazados, la chica llorando, y con la derecha dio vueltas hasta que vio a alguno de sus compañeros. Chin y Kono para ser mas exactos, acercandose a una area con dos guardias.

- Chin, Kono tieneis a dos vigilantes a unos metros, doblando la esquina – le informó. - Si subis por las escaleras a vuestra izquierda estareis justo encima.

Vio como le hacían caso y una vez en posición Chin hacía algo con la varita y uno de los hombres caia inconsciente al instante. Sin embargo Kono saltó encima del otro y lo golpeó hasta noquearlo. Excelente, la novata se estaba volviendo una mini-Steve McGarrett. Incluso desde la distancia pudo ver la mirada de exasperación que Chin le lanzó a su prima antes de saltar al suelo y dirigirse ambos a la segunda entrada al almacen.

- Chicos cuando terminemos aquí vamos a tener una seria charla sobre violencia inecesaria – les recriminó. - Pero primero necesitaré que me despegueis este conjuro de la piel.

Dejando solos a los chicos volvió a seguir a Steve mientras observaba la situación de los Reeves en la otra pantalla, la cual había decidido no mover. Steve estaba casi alli pero aun quedaban dos guardias mas a parte de los dos que retenian a la chica y de Malfoy. Justo entonces con un gesto del rubio uno de sus hombres separó al embajador de su hija.

- Es suficiente – le dijo.

- ¡No! No, por favor – suplicaba éste mientras intentaba sacudirse la mano que lo apartaba de su hija.

Forcejaron unos momentos hasta que Malfoy sacó la varita y lo apuntó directamente

- Ya casi estais alli chicos – les informó Danny. - Dos reteniendo a Robin, uno con Malfoy y Reeves acercandose a la mesa en el fondo y otro en tu lado, Steve.

En ese momento Malfoy volvia a hablar.

- Ha visto a su hija, Embajador – le iba diciendo mientras a punta de varita lo empezó a conducir de nuevo hacia la mesa.. - Ahora léase el escrito y preparese para decir el Juramento, mi paciencia tiene un limite.

El señor Reeves lanzó una última mirada a su hija y al mago que la tenía retenida a punta de varita antes de dirigirse a la mesa. En el fondo uno de los magos desapareció de golpe y en silencio, como si hubiese sido atraido por una imán. Desde su punto de vista privilegiado Danny pudo ver como Steve lo ataba magicamente y lo movia lejos de la vista de los demas pero los otros magos no se percataron de nada.

- ¡Basta de juegos! - decía Malfoy en aquel momento. - ¡Si no lo hace su hija morirá!

El mago que apuntaba a Robin con la varita la apretó contra el cuello de la chica, en una clara amenaza. Reeves cogió el pergamino, miró otra vez a su hija y alargó la otra mano hacia Malfoy. Este le agarró el brazo con la suya en un apretón y el otro mago se puso enmedio y apuntó a sus manos entrelazadas.

- Juro… - empezó a decir el Embajador.

Y se desató el caos. Kono y Chin derribaron a los dos magos que retenian a Robin desde atrás y un lado respectivamente y Steve atacó al mago de la varita. El resplandor que había empezado a enredarse alrededor del apretón se apagó y inmediatamente el señor Reeves soltó el pergamino y corrió hacia su hija. Malfoy miró a su alrededor confundido por unos instantes antes de empezar a correr pero no llegó lejos. Un hechizo de Steve hizo que se le quedaran pegadas las piernas y cayó de bruces al suelo. Otro movimiento y su varita salió despedida.

Danny suspiró. Lo habían logrado. Chin se acercó al Embajador y su hija para asegurarse que estaban bien. Kono estaba atando a los complices de Malfoy con un conjuro. Y Steve se acercaba a este último, que intentaba alejarse arrstrandose por el suelo en un espectaculo ridiculo.

- ¿Que estais haciendo? - gritaba en tono desesperado. - ¿Acaso no sabeis quien soy? ¡Soy un Malfoy! ¡Soy sangre pura! ¡Escoria como vosotros no puede tocarme! ¡Mi padre os hundirá!

- Cygnus Malfoy estas arrestado por secuestro reiterado, asesinato, implicación en una red de trafico de muggles, resistencia a la autoridad, chantaje a un miembro del Wizengamot y intento de imposición de un Juramento Inquebrantable – le recitó el Mago Golpeador mientras le ataba las manos a la espalda y lo levantaba. - Y tu querido padre te ha vendido para salvar su trasero, bienvenido al mundo real.

Se había acabado. Danny intentó de nuevo sacudirse las bolas de las manos pero no había forma. Cerró los ojos e intentó mantener la calma.

- ¿Chicos? Necesito ayuda aquí – los llamó.

- ¿Danny? - oyó la voz de Chin. - ¿Va todo bien?

- No, me he quedado pegado a estas dichosas bolas brillantes y no me quieren soltar – gruñó él.

Abrió los ojos y vio como algo plateado salia volando del almacen, probablemente un Patronus, lo que significaba refuerzos.

- ¿Bolas? - habló Kono por primera vez. - ¿Como que bolas en plurar?

Danny intentó llevarse una mano a los ojos para frotarse donde le empezaba a nacer una pequeña jaqueca pero de nuevo no pudo despegar las manos. Mierda, se olvidaba de ello constantemente.

- Tu ven aquí y lo verás – respondió él.

No tardaron a aparecer aurores en el almacen y los chicos les encomendaron la protección de los Reeves y el traslado de los secuestradores. Danny lo vio todo en las pantallas sin poder hacer nada mas. Cuando quedaron libres los chicos desaparecieron del almacen y Danny sintió automaticamente el escalofrío que ya había asociado con la aparición de alguien cerca.

- ¿Que diablos? - oyó a Kono antes de verla.

- ¿Pero como has hecho esto Danny? - fue la reacción de Chin. - Ni siquiera se lo que has hecho.

- Pues si tu no lo sabes yo aun menos – replicó el rubio, girando la cabeza para verlos. - ¿Podeis venir aquí? No me puedo mover y preferiria no romperme el cuello.

Los primos lo obedecieron y enseguida se encontraron en frente de él, Chin observando incredulo la pantalla partida mientras que Kono toqueteaba con un dedo las esferas. Un tercer escalofrío le indicó que Steve acababa de aparecerse en la sala.

- ¿Que era eso tan importante? - fue lo primero que dijo en tono gruñón. - Aun tenemos que pillar a Ellison y acusarlo de algo, ese tio me mosquea.

- Obstrucción a una investigación – respondió Danny automaticamente. - Aunque no creo que lleguemos a nada al menos lo podremos retener unas horas.

- Si pero… - prosiguió el Mago Golpeador, deteniendose a mitad de la frase. - ¿Danno? ¿Que ha pasado?

- Si lo supiera ya lo habría desecho, ¿no crees? - replicó él. - Te dije que no era una buena idea que me hicieras tocar esto.

Steve se acercó con el cejo fruncido, observó con atención primero la pantalla partida y despues las dos esferas. Kono seguia tocandolas con un dedo, mandandole pequeñas corrientes de electricidad estatica con cada toque, y Chin se había acercado tambien.

- Es la primera vez que veo esto – confesó el asiatico. - A parte de que estoy seguro de que antes solo había una bola y una unica pantalla.

- Yo habia visto algo parecido – murmuró Steve. - Pero es un conjuro extremadamente complejo que requiere de dias de preparación.

- ¿Como lo has hecho, Danny? - preguntó entonces Kono. - Algo has debido hacer.

- ¡No he hecho nada! - se defendió él. - Os estaba siguiendo a vosotros y lo que ocurría dentro del almacen pero era complicado vigilar las dos zonas a la vez, sobretodo al separaros en dos grupos.

- ¿Y? - le instó Chin.

- No lo se, solo pensé que sería mucho más practico si tuviera dos pantallas y la esfera reaccionó – explicó, inconscientemente intentando mover las manos para enfatizar pero sin poder despegarse.

- ¿Que quieres decir con "reaccionó"? - insistó la bruja.

- Pues eso, solto como un chasquido y de golpe se me había pegado a las manos y era elastico – elaboró él como pudo. - Intenté separar las manos y la esfera se rompió en dos.

- ¿Y la pantalla? - preguntó Chin.

- Cuando levanté la mirada ya estaba en dos y cada mano movia una de las dos partes – terminó.

Dicho eso, movió las manos en direcciones opuestas para demostrar como las pantallas se movian independientemente.

- Fascinante – seguía murmurando Steve. - Creo que has modificado el conjuro, Danny. Lo has adaptado a lo que necesitabas, quizás inconscientemente.

- Eso no tiene sentido – protestó él. - Pero no importa, lo que importa es que ahora no me lo puedo despegar.

- Dejame probar – se ofreció Chin. - Finite Incantatem

Y con eso tanto las dos esferas como la pantalla semitransparente desaparecieron en un chasquido de luz. Danny juntó sus manos, agradecido, y las frotó entre sí. Aun notaba la sensación gelatinosa del conjuro.

- Gracias Chin – le agradeció. - ¿Te he dicho cuanto te adoro?

El mago sólo se echó a reír, sacudiendo la cabeza.

- Eres un interesado, Danny – le recriminó con una sonrisa. - Pero te queremos igual, ¿verdad prima?

- Eres nuestro muggle-no-muggle favorito, Danny – exclamó ella, agarrandole del brazo. - ¿Quieres pasar por San Mungo para que te echen un ojo?

- Me encuentro bien – protestó él. - Sólo quiero dormir y rescatar lo que pueda de mi fin de semana con Grace.

Habían empezado a andar hacia afuera del edificio, acercándose al almacen donde había ocurrido toda la acción.

- Quizás deberias ir – intervino Steve. - Y ya de paso que te miren lo de la rodilla.

Danny suspiró, estaba harto de pelear.

- Si logras convencer a Rachel por mi para que me deje tener a Grace desde esta noche hasta el lunes como teníamos acordado iré al medimago – accedió al final, demasiado agotado para discutir primero con Steve y luego con su ex-mujer.

Supo que había perdido cuando el Mago Golpeador sonrió ampliamente con esa sonrisa que asustaba a Danny, la que gritaba "¡Reto aceptado!". Nada bueno salía de ella, lo tenia comprobado.

- Yo me encargo – aseguró. - No podemos dejar que Grace se pierda su primer partido de Quiddich, ¿verdad chicos?

Cierto, había accedido a ello antes de interrogar a Davis. ¿Realmente había sido solo unas horas atrás? Ese dia le había parecido interminable. Los otros dos enseguida asintieron y se apuntaron, comentando equipos del dichoso deporte y su clasificación en un campeonato del cual Danny no sabia nada de nada. Quiddich. Seguía sin gustarle ese deporte pero una promesa era una promesa. Además de que Steve tenía razón, ya era hora de que sus compañeros conocieran a su hija. Sonrió sin poderlo evitar al verlos tan animados. Grace los iba a adorar.

Y si realmente Steve se encargaba y le ahorraba una discusión con Rachel todos ganaban, ¿verdad?